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grognard
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Mensaje por grognard » Mié Oct 16, 2013 12:21 pm

bowman escribió:La pescadilla que se muerde la cola.

Decías algo sobre la redacción de las cartas de Hacienda.
Última edición por grognard el Mié Oct 16, 2013 5:01 pm, editado 1 vez en total.

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bowman
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Mensaje por bowman » Mié Oct 16, 2013 4:21 pm

grognard escribió:
bowman escribió:La pescadilla que se muerde la cola.

Decías algo sobre la redacción las cartas de Hacienda.


Decía que, a base de no leer, no mejora la comprensión lectora, no ya de las sutilezas del 'Ulises' de Joyce, sino de las sutilezas ocultas en las cartas de Hacienda, cartas que son, por otra parte, literalmente incomprensibles (incluso para el mismísimo Virgilio si para ello resucitara, pero, bueno: ése es otro problema).
Última edición por bowman el Mié Oct 16, 2013 8:42 pm, editado 2 veces en total.
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grognard
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Mensaje por grognard » Mié Oct 16, 2013 4:59 pm

Debe de ser que son más de números.

(Ejercicio de listening.)
Los números y la política
http://blogs.elpais.com/la-voz-de-inaki ... itica.html


--------------------------------------------


Regla número dos del escritor: Lo que acaba de salir de tu teclado es MALO!! MALO por definición. Reflexiona sobre ello, corrígelo, haz que ojos profesionales lo lean, vuelve a reflexionar, vuelve a corregirlo. ¿No amas a tu lector, no lo haces todo por él? No merece menos. Busca ayuda. Los mejores maestros, los mejores consejeros. Si tu historia es la mejor, y sabes que lo es, no puedes traicionarla así. No luches solo.

¿Y la regla número uno? Escribe. Todos los dias.

Miguel Aceytuno.
https://www.facebook.com/miguel.aceytunocomas?fref=ts

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Ada
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Mensaje por Ada » Mié Oct 16, 2013 10:05 pm

Gracias Bow, Grognard y Aceytuno. Secundo la importancia de la regla número 1
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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agustinadearagon
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Mensaje por agustinadearagon » Mar Oct 22, 2013 8:10 am

Estoy leyendo ¿Por quién doblan las campanas? de Hemingway, y se me ponen los pelicos de punta. Nuestra guerra. Según leo y voy en el tren de camino a casa, levanto la vista y miro a la gente, y pienso. Lo hicimos, sí, y podemos volver a hacerlo. Quítales los móviles y las compras en el Mercadona. Sus pisos, sus coches. En cualquier momento, el odio se sale del vaso. Con la última gota. Y volveremos a hacerlo. Así fuimos, somos y seremos siempre.
Impresionante. Leer. Leer y no olvidar. Es la única vacuna posible. Gracias a los historiadores, a los escritores. Por intertarlo.
"Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro quizá esté muy oscuro para leer". G.M.

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Ada
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Mensaje por Ada » Vie Oct 25, 2013 8:13 am

Realmente no sé dónde "encajar" esto:

'Asesinar al Rey'
leonoticias.com - 24/10/2013

Franco, Carrero Blanco, Arias Navarro, el teniente general Gómez de Salazar, gobernador general del Sáhara, Arturo Pérez-Reverte, el Frente Polisario y un largo elenco de personajes históricos desfilan por esta nueva novela de Antonio Martínez Llamas que se ha hecho oficial este jueves a los medios de comunicación y se presentará este viernes día 25 a las ocho y media de la tarde en el Hostal de San Marcos.

En el otoño de 1975, con Franco postrado en su lecho de enfermedad, “España era un país sin rumbo, atrincherado en la improvisación”, afirma Martínez Llamas. Las preguntas de esta novela trepidante afloran en cada página sobre una situación extraña e incomprensible: ¿Por qué España dejó escapar el Sahara Occidental? ¿Por qué nadie con autoridad pidió que aquel expolio se terminara dignamente?

Martínez Llamas relata cómo Franco, tras la muerte de Carrero, tuvo sus más y sus menos con Arias Navarro, quien no estaba para la labor de emprender una guerra con Marruecos, por culpa de un “maldito desierto y de sus malolientes fosfatos”. Franco dijo a Arias que si Marruecos continuaba hostigando España respondería, a lo que el presidente del gobierno contestó con una media sonrisa que denotaba la actitud, pasiva y amarga, de una derrota.

En todo este contexto a aparece la figura de Arturo Pérez-Reverte, quien en aquellos días desempeñaba tareas de corresponsal para el periódico 'Pueblo'. Fue entonces cuando el rumor de un golpe militar en el ejército de África comenzó a tomar cuerpo. Por el medio, un cabaré “decadente y mágico”, El Oasis, donde se cocían intrigas, confidencias y conjuras.

http://leonoticias.com/frontend/leonoti ... 522-vst280
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remolina
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Mensaje por remolina » Vie Oct 25, 2013 8:15 am

Jope Ada, me lo has quitado de las teclas, lo iba a poner ahora mismo. Lamentablemente, no podré ir a la presentación, pero me da rabia, me gustaría ir a ver qué dice. Y si Arturo está al corriente de esto y ha tenido algún tipo de "colaboración" con Antonio Martínez Llamas. El libro creo que sí lo leeré, ya he leído alguno de este autor y me gusta. :wink:
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Ada
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Mensaje por Ada » Vie Oct 25, 2013 8:18 am

remolina escribió:Jope Ada, me lo has quitado de las teclas, lo iba a poner ahora mismo. Lamentablemente, no podré ir a la presentación, pero me da rabia, me gustaría ir a ver qué dice. Y si Arturo está al corriente de esto y ha tenido algún tipo de "colaboración" con Antonio Martínez Llamas. El libro creo que sí lo leeré, ya he leído alguno de este autor y me gusta. :wink:

Tienes que ir y hacernos crónica.
Y leer el libro para despellejarlo (esto...criticarlo)
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remolina
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Mensaje por remolina » Vie Oct 25, 2013 8:26 am

Ada escribió:Tienes que ir y hacernos crónica.
Y leer el libro para despellejarlo (esto...criticarlo)


Es que no puedo, en serio, si no iría de mil amores. En cuanto a lo de leer y despellejar, je, je, cuenta conmigo. :lol:
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nexus6
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Mensaje por nexus6 » Mié Oct 30, 2013 7:23 pm

ABC.es

Francisco Pizarro: la humanidad puede con la leyenda negra
jesús garcía calerocaleroje / madrid 30/10/2013
Carmen Martín Rubio ultima una biografía que demuestra su templanza, su carácter de estadista y su papel decisivo en la economía del siglo XVI

Imagen
Francisco Pizarro

Francisco Pizarro es tal vez el más controvertido de los descubridores por la leyenda negra. Audaz y determinado en sus hechos de armas, la historia no le «perdona» que a un tiempo colonizara el riquísimo imperio de los incas -y ajusticiara al emperador Atahualpa- ni que tuviera que librar batallas contra sus subordinados (el resentido Diego de Almagro) o participar en el arresto y ejecución de Núñez de Balboa -fue su lugarteniente en el descubrimiento del Pacífico, en 1513- por orden del gobernador Pedrarias Dávila.

Y sin embargo, la imagen que el mundo tiene de Pizarro bien merece una revisión, sobre todo a la luz de las cartas que escribió, poco conocidas y en las que se refleja una figura mucho más compleja, la de un estadista con sentimientos y escrúpulos ante las decisiones difíciles que debió afrontar, y también con algunas ideas muy claras que se convertirían en las virtudes fundacionales del Nuevo Mundo hispano, como la apuesta por el mestizaje, el mandato (tantas veces fracasado) de tratar bien a los indios y la pacificación. Eso es lo que asegura la historiadora Carmen Martín Rubio, que ultima una biografía sobre el conquistador, que aparecerá el próximo año y está llamada a cambiar estos prejuicios.

Según sus conclusiones, antes de juzgarle no debemos olvidar que Pizarro viene de una cuna humilde. «Aunque pertenece a una familia aristocrática de Trujillo fue rechazado por su padre. Tal vez ese hecho influye en el afán de superación que gobierna toda su biografía», comenta la historiadora.

Pizarro es hijo ilegítimo, se cría con su madre y su abuelo maternos, campesinos y roperos. Es un niño que no aprende a leer. Se conserva la partida de bautismo y allí se le consigna como Francisco González, con el apellido de la madre. «No llevará el apellido de su padre hasta los 12 años. Cuentan los cronistas -nos recuerda Martín Rubio- que un día su abuelo paterno lo vio jugando en la calle y se dio cuenta del parecido con él y con su hijo, y convence a su hijo para que le dé apellido. El padre nunca quiso saber nada de él. Ni le menciona en el testamento».

La vida de los conquistadores es pura adrenalina, su sangre y su siglo corren aceleradamente por biografías vertiginosas. Pizarro viaja a Italia a los 17 años, lucha en los Tercios junto al Gran Capitán y aprende la ciencia militar. Al comenzar el siglo XVI viaja a América. En 1513 le tenemos junto con Vasco Núñez de Balboa, descubriendo el Pacífico, en una expedición cuyo quinto centenario conmemoramos y en la que oye por primera vez a los indígenas hablar del rico reino del Birú.

En 1526 comienza a buscar el mítico imperio y en 1534 toma Cuzco, tras una década de sacrificios, horrores y hambrunas sin cuento, superando indisciplinas y desafíos que, aun hoy recordados, cortan el aliento. Gobierna y enriquece a la Corona como pocos, ya que las grandes minas están en sus dominios. La corriente de oro y plata de Perú, Charcas y Potosí que inunda Europa y funda el capitalismo, mana de su Gobierno.

En las cartas que Pizarro envió a Carlos V a través de su último secretario, recientemente recopiladas por el historiador Guillermo Lhoman Villena, se reflejan motivaciones y sentimientos incompatibles con la caricatura de la leyenda negra. Martín Rubio recuerda que, por ejemplo, cuando Almagro le vence en Abancay, escribe conmocionado por la persecución y muerte de sus hombres: .me duele y me llora el corazón, que no sé que sufrimiento me basta de no reventar con ver tales cosas e no puedo creer sino que el enemigo ha reinado en este hombre pues todas las cosas permite y consiente».«..

Poco tiempo después, tras vencer a Almagro y ejecutarle (dejando, eso sí, vivos a sus oficiales, los mismos que a la postre se conjurarían con el hijo de Almagro para asesinarle) muestra compasión por la orfandad que provoca: Tengo por [él] amor que a su padre tuve, aunque él en muerte y en vida procuró mi daño y mi deshonra, por la crianza que en mi casa tomó y porque yo le he de tener por hijo, suplico a Vuestra Majestad muy humildemente tenga de él memoria y le mande hacer mercedes, pues haciéndolas a él las recibo yo, pues su padre sirvió a Vuestra Majestad».«Don Diego, hijo del adelantado, que Dios tenga en el Cielo, queda muy pobre.

Y quien tanta riqueza proporcionó no logró convencer al Emperador del orgullo de sus hazañas: se me dé como se ha dado a los demás que han servido (...) ninguno me ha hecho ventaja como los demás lo conocen por los grandes tesoros que de mis trabajos ha recibido»«Mande que , (solicitaba la Gobernación sobre Charcas para que la explotación de sus minas le ayudasen a sostener su gobierno, una solicitud que no le fue concedida).

Sus dos últimas misivas muestran al hombre abatido, que ha dedicado su vida, energía y hacienda a vastas conquistas, exploraciones y fundación de ciudades. en el hospital cargado de deudas por sostener la tierra...»«E a mi me abate y me pone, dice en un lugar. Y luego: me dejáis a que obre natura, o muera o viva, dejándome abierta la sepultura»«Parece que, como a hombre desahuciado de vida, .

Once días después de escribir esa carta Pizarro era asesinado en su propia casa por los partidarios de Diego de Almagro, los antiguos oficiales que había perdonado, alentados por el liderazgo del hijo de su lugarteniente por el que había intercedido. Lo cierto es que solo la explotación de las minas de Charcas podrían haber vigorizado el poder económico de un hombre con tierras pero sin dinero, que había reinvertido en mejorar las ciudades y otras empresas. No murio rico, no murió bien, quien tan bien había servido a su Rey.

Así dice su testamento sobre la venta de sus bienes como única posibilidad de recuperar el dinero que necesita para sostener sus tierras: tanto de mis bienes e quanto a ellos les pareciere e bien visto fuere que son menester para cumplir e pagar este mis testamento e venderlos e rematarlos en publica almoneda para que dellos e de lo procedido dellos cumplan efectúen e paguen todo lo contenido en este micho testamento o en todos los dichos mis bienes remanecientes cumplido y efectuado este mis testamento e postrimera voluntad instituyo e dejo por mi universal eredero a Don Gonzalo Pizarro mi hijo en todos mis bienes asi del estado e marquesado que Su Majestad me tiene hecha merced como de todos los otros bienes que parecieren ser mios o pertenezcan por alguna causa o de derecho…».«…que por su propia autoridad e sin mandamiento de juez alguno puedan entrar a tomar

Una historia de amor

Cuando conquista el Perú ya es un hombre maduro, con más de 50 años. Atahualpa le regala una princesa, Quispe Sisa, de 17, hija de la cacica de Guayalas, luego bautizada como Inés Guayalas. Con ella tiene dos hijos (uno muere). Llega un paje al servicio de Pizarro, que debía ser muy esbelto y guapo. La princesa inicia una relación con el joven y Pizarro, lejos de dejarse arrastrar por la cólera, permite que Quispe Sisa se case con el joven. Desde luego, según Carmen Martín Rubio, esa no es la reacción de un hombre intemperado que se deja arrastrar por su cólera. Al contrario, la historiadora destaca que los cronistas no reportaron de Pizarro los excesos amatorios que sí se relataban de otros conquistadores.
Decide entonces casarse con otra princesa, la bellísima Cuxirimay Ocllo, bautizada Angelina Yupanqui, que había sido esposa del Inca Atahualpa. Con ella tuvo otros dos hijos, cuando ya contaba 61 y 62 años, poco antes de morir. Lo que queda claro, según la autora de la nueva biografía, es que Pizarro nunca quiso tomar esposa española, que habría podido, porque por entonces ya había mujeres españolas en América. Era consciente del nuevo mundo que nacía junto a él.
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir

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remolina
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Mensaje por remolina » Jue Oct 31, 2013 6:47 pm

Me lo apunto en la lista, gracias Nexus.
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nexus6
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Mensaje por nexus6 » Mié Nov 13, 2013 10:43 am

El País.com

Suba ‘p’arriba’ y entre adentro
El Cervantes edita 'Las 500 dudas más frecuentes del español' para aclarar dilemas de la lengua
Tereixa Constenla Madrid 12 NOV 2013

Hace unos días Víctor García de la Concha salió de su despacho corroído por una duda imperiosa.

—¿A gusto se escribe junto o separado?, le preguntó a su secretaria.

García de la Concha, director del Instituto Cervantes y antes de la Real Academia Española, confesó ayer cuál había sido su último dilema lingüístico y también que le asaltan frecuentes titubeos a propósito de las transliteraciones. “Dudar es comenzar a acertar”, afirmó durante la presentación del manual Las 500 dudas más frecuentes del español, editado por Espasa, para resolver cuestiones apremiantes sobre pronunciación, ortografía, gramática o léxico. “El año pasado”, recordó, “decía que hablábamos un español zarrapastroso. Este año tendríamos que empezar con una campaña positiva: ‘No maltrate el español. Hable y escriba bien”.

No parece que en un año se pueda superar lo zarrapastroso, aunque García de la Concha intentó desmarcarse del tono catastrófico. “El gran problema proviene de la lectura. La fijación de la norma y la riqueza de uso no se aprende en la teoría de un libro, se aprende a base de leer, uno se va empapando. Más libros, más libres. Más libros, más cultos. Más libros, más ricos”, resaltó. El buen hablar no significa atrincherarse frente a lo nuevo. “Todas las lenguas están en ebullición. Hay normas emergentes. La norma no es una prescripción de la Academia, es un aspecto de la descripción de la lengua que toma como referente al hablante medio culto”, precisó García de la Concha.

La nueva obra de consulta, coordinada por Florentino Paredes, profesor de Lengua española de la Universidad de Alcalá, sale a la calle un año después de El libro del español correcto, también del Instituto Cervantes, que se convirtió en un éxito editorial con más de 15.000 ejemplares vendidos, según Ana Rosa Semprún, directora general de Espasa.

El volumen se divide en cinco capítulos. El primero responde a seis cuestiones generales, entre ellas cuál es el nombre correcto o dónde se habla el mejor español. Los restantes resuelven incertidumbres sobre pronunciación, ortografía, gramática, léxico o redacción de textos, de las cuales se extraen los siguientes ejemplos.

¿Se debe escribir internet o Internet? “El DRAE, en su avance de la 23ª edición, presenta la entrada en minúscula, pero admite que se pueda escribir con mayúscula”.

¿Se puede usar la expresión bajo mi punto de vista? “No se considera recomendable. La preposición bajo aporta a las construcciones en las que aparece el significado de posición inferior, sea esta real o metafórica”.

¿Es correcta la frase yo de ti no me preocuparía tanto? “No, debe usarse la fórmula yo que tú”.

—- ¿Es correcto decir capaz que viene esta noche? “Sí, es correcto. Su uso es habitual en el español de América”.

¿Se puede escribir mp3? “Lo correcto es escribir MP3, con mayúsculas, puesto que se trata de siglas (Moving Picture Experts Groups, versión 3)”.

¿Está mal dicho iros ya, que se hace tarde? “Sí, la frase tiene dos errores. El primero es que se emplea mal el infinitivo por el imperativo. El segundo consiste en usar mal la forma del imperativo del verbo, cuya versión correcta es idos en el sistema que conserva la forma vosotros”.

¿Está bien dicho sube para arriba? “Sí, aunque es una expresión redundante. Estas expresiones, subir para arriba, bajar para abajo, entrar adentro, salir afuera, son admisibles en el uso oral y coloquial de la lengua, donde se utilizan generalmente con valor expresivo o enfático, pero debemos evitarlas en textos escritos”.

¿Hay dequeísmo en me alegro de que me hagas esa pregunta? “No, es una oración perfectamente construida. Hay que tener en cuenta que la secuencia de que no siempre es incorrecta”.

¿Me voy pa mi casa es un vulgarismo o un coloquialismo? “Depende. En la lengua hablada esa expresión habría que considerarla un coloquialismo (...) En el registro coloquial, por tanto, es posible decir pa en lugar de para. En cambio, la expresión pa mi casa habría que considerarla un vulgarismo si el hablante utilizase siempre pa, independientemente del contexto en que se encuentre”.
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir

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Mensaje por endeavour » Jue Nov 14, 2013 2:17 pm

Muchas gracias por los aportes. Apuntados. Pero dado que ya no compro ni cromos, dudo que los lea antes de verlos en una biblioteca... :( :( :(

un saludo.

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Mensaje por agustinadearagon » Jue Nov 14, 2013 3:16 pm

Es cuestion de esperar un poquito. Yo siempre he leido mucho de biblioteca. Por una cuestión economica, práctica y ecológica.
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Mensaje por Ada » Mar Nov 19, 2013 9:44 am

Los libros más populares de la historia (teniendo en cuenta tres factores: nº de ediciones, nº de traducciones y ventas)

http://patrulladesalvacion.com/2013/11/ ... -historia/
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Mensaje por remolina » Mié Nov 20, 2013 11:00 am

No sé, no me acaba de cuadrar muy bien esa lista. :?
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Siana
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Mensaje por Siana » Mié Nov 20, 2013 11:18 am

Un libro extraño, sorprendente, con una atmósfera que pesa sobre todos los sentidos, y que no se puede dejar de leer (estás todo el rato pensando qué demonios está pasando): "Intemperie", de Jesús Carrasco.

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Ada
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Mensaje por Ada » Mié Dic 11, 2013 4:51 pm

Ya se puede votar el libro del año en varias categorías (ensayo, novela, cómic, cuento...) en la web de El País
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/ ... 54774.html

Apostemos... ¿a que gana Alfaguara?
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bowman
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Mensaje por bowman » Mié Dic 11, 2013 7:02 pm

Ada escribió:En el otoño de 1975, con Franco postrado en su lecho de enfermedad, “España era un país sin rumbo, atrincherado en la improvisación”

Parece que no haya pasado el tiempo, que Franco siga postrado en su lecho y que el derrotista atrincherado en la improvisación al frente de un país sin rumbo sea Rajoy en vez de Arias.

Vendrán más tiempos malos..... etc.
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nexus6
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Mensaje por nexus6 » Dom Dic 15, 2013 11:52 am

El País.com

“Me avergüenzo de ser estadounidense”
Convencido de que pasará a la segunda división de la historia literaria, va ganando, a su pesar, prestigio entre las élites.
Entre la era Ford y la de Obama, ha trazado el fresco del miedo en el hombre medio americano y para el resto del mundo. Pero él no se da la más mínima importancia.
Miguel Mora 15 DIC 2013

Stephen King ha escrito cerca de 50 novelas y ha vendido más de 300 millones de ejemplares. El autor de Carrie (1973) y El resplandor (1979), el libro que Stanley Kubrick y Jack Nicholson convirtieron en una memorable película, es seguramente el escritor vivo más popular del mundo. Símbolo y metáfora de la cultura pop estadounidense y encarnación demócrata del sueño americano, King es, sin embargo, un tipo absolutamente humilde, un histrión tierno y simpático que tiende a minimizar su talento de escritor y que se toma el pelo a sí mismo sin parar, en un ejercicio que a veces parece sano y otras parece rozar el masoquismo.

Acaba de pasar por París por tercera vez en su vida para promocionar su última novela, Doctor Sueño (Plaza & Janés), que es una especie de secuela o pieza separada de El resplandor. Alojado en el lujoso hotel Bristol, ha paseado por la ciudad, ha dado una rueda de prensa masiva, ha hecho reír a miles de lectores en el inmenso teatro Rex, donde acababa de tocar Bob Dylan, y no ha parado de firmar ejemplares y de hacer amigos contando anécdotas y riéndose de su sombra. El autor de Misery ha contado que llevaba 35 años preguntándose qué habría sido del protagonista de Doctor Sueño, que no es otro que Danny Torrance, el niño que leía el pensamiento ajeno y que sobrevivía a duras penas a los ataques violentos de su padre alcohólico y abusador, Jack Torrance, en aquel hotel triste, solitario y final donde transcurría El resplandor.

Danny tiene ahora casi 40 años, le pega al trago como papá, acude a las sesiones de Alcohólicos Anónimos y cuida a ancianos que están a punto de morir. De ahí el título de una novela que es un compendio del potente universo de King: hay vampiros que comen niños para alimentarse, gente con poderes paranormales, tiroteos, rituales satánicos y sesiones de telepatía intensiva. No se pasa un miedo cerval como en El resplandor, pero es una muy legible novela de acción.

En un reciente artículo publicado en The New Yorker, Joshua Rothman ha explicado que King es el principal canal por donde fluyen todos los subgéneros de la mitad del siglo XX: ciencia ficción, terror, fantasía, ficción histórica, libros de superhéroes, fábulas posapocalípticas, western, que luego traslada a su pequeño reducto de Maine, el remoto Estado del noreste de EE UU donde vive, poblado por 1,2 millones de personas.

La prueba de su influjo en la cultura estadounidense son el cine y la televisión, que siguen rifándose sus historias. Aunque a los 65 años King sigue insistiendo en que lo que escribe no vale gran cosa, cuatro décadas de oficio y una legión de lectores en todo el mundo han acabado convenciendo a una parte de la crítica y a algunos compañeros de profesión de que su literatura pensada para entretener a la América rural pobre tiene más interés, sentido y calidad de la que él mismo cree.

En 2003, King ganó la Medalla de la National Book Foundation por su contribución a las letras americanas, un año después de que lo hiciera Philip Roth. Aquel día, el escritor Walter Mosley destacó su “casi instintivo entendimiento de los miedos que forman la psique de la clase trabajadora estadounidense”. Y añadió: “Conoce el miedo, y no solo el miedo de las fuerzas diabólicas, sino el de la soledad y la pobreza, del hambre y de lo desconocido”.

Pero sobre todo lo demás, King es un personajazo. Fue hijo de madre soltera y pobre, mide casi dos metros, es desgarbado y muy flaco, tiene una cara enorme, habla por los codos, no para de decir tacos, se ha metido varias cosechas de “cerveza, cocaína y jarabe para la tos”, toca la guitarra en una banda de rock con amigos, tiene una mujer católica “llena de hermanos”, tres hijos, cuatro nietos, una cuenta llena de ceros, ha pedido al Gobierno que le cobre más impuestos de los que paga, adora a Obama, odia al Tea Party, hace campaña contra las armas de fuego y es una mina como entrevistado: rara vez se olvida de dejar un par de titulares por respuesta.

¿Así que no le gusta venir a Europa? Vine una vez a París con mi mujer en 1991, y otra a Venecia y a Viena en 1998 con mi hijo; esa vez pasamos una noche por París, pero fuimos a ver una película de David Cronenberg. En Europa paso vergüenza: no hablo otra lengua salvo el inglés, y no me gusta ir dándomelas de celebridad. Prefiero un perfil bajo. Yo vivo en Maine, en un pueblo pequeño donde soy uno más. Cuando vengo a París soy la novedad, nadie me ha visto antes; allí llevan viéndome toda la vida y les da igual; soy el vecino.

¿Y por qué tiende a infravalorarse? Lo contrario de eso sería llamarme Il Grande, que sería lo mismo que llamarme El Gran Gilipollas. No quiero ser eso. Quiero ser tratado como una persona normal. Los escritores tenemos que mirar a la sociedad, y no al revés. Si mis editores me dicen que venga a París, es porque quieren vender libros. En las ferias de América trabajan chicas como gancho: se ponen en las puertas de los locales de striptease y mueven un poco el culo para atraer a los clientes. Aquí yo soy el que mueve el culo. En casa estoy en mi sitio, en la silla justa, escribiendo. Es ahí donde debo estar.

¿Qué se siente al haber vendido 300 millones de libros? Lo importante es saber que la cena está pagada, el número de copias que vendes da igual mientras sean suficientes para seguir escribiendo. Adoro este trabajo.

¿No siente orgullo? No sé si es orgullo, pero me hace feliz saber que mi trabajo conecta con la gente. Crecí para contar historias y entretener. En ese sentido creo que he sido un éxito. Pero el día a día es mi mujer diciendo: “Steve, baja la basura y pon el lavaplatos”.

¿Se siente maltratado por la crítica? Al principio de mi carrera vendía tantos libros que los críticos decían: “Si eso le gusta a tanta gente, no puede ser bueno”. Pero empecé joven y he logrado sobrevivir a casi todos ellos. Muchos críticos saben que llevo años tratando de demostrar que soy un escritor popular, pero serio. A veces es verdad que lo que vende mucho es muy malo, por ejemplo 50 sombras de Grey es basura, porno para mamás. Pero La sombra del viento, de Ruiz Zafón, es bueno, y Umberto Eco ha sido muy popular y es estupendo. La popularidad no siempre significa que algo sea malo. Cuando leo una crítica muy negativa, me callo la boca para que el crítico no sepa que lloriqueo. Pero siempre las leo porque quiero aprender, y cuando una crítica está bien hecha, te ayuda a saber lo que hiciste mal. Si todos dicen que algo no funciona, te puedes fiar. En todo caso, la mejor réplica a una crítica la hizo un músico del XIX cuya ópera fue demolida. Le escribió una carta al crítico diciendo: “Estoy en la habitación más pequeña de mi casa. Tengo su crítica delante, y muy pronto la tendré detrás”.

¿Cuándo decidió ser escritor? Sabía lo que haría a los doce años. Escribir nunca ha sido un trabajo. Llevo 54 años haciéndolo y todavía no puedo creer que me sigan pagando por esto. ¡De hecho, no puedo creer que nos paguen a los dos por estar haciendo esto!

Yo tampoco. ¿Es verdad que tuvo una infancia un poco ‘Oliver Twist’? No tanto. Mi padre se fue de casa cuando yo tenía dos años y mi madre trabajó muy duro para criarnos a mí y a mi hermano. Lo que más siento es que murió de cáncer antes de que yo tuviera éxito. ¡Me habría gustado tratarla como a una reina! Mi primera novela, Carrie, se publicó en abril de 1974, y ella murió en febrero. Al menos recibí el adelanto y eso sirvió para cuidarla bien. Llegó a leerla y le gustó, dijo que era maravillosa y que tendría mucho éxito.

¿Heredó de ella la imaginación? No, el sentido del humor. La fantasía y la escritura las heredé de mi padre. Solía enviar relatos a las revistas ilustradas en los años treinta y cuarenta, aunque nunca se los publicaron. Adoraba la fantasía, la ciencia ficción, las historias de terror. De pequeño encontré en casa una caja llena de libros de Lovecraft, de Clark Ashton Smith; fue como un mensaje suyo lleno de cosas buenas.

¿Cómo es su relación con el dinero? Nunca aprendí a ser rico, no dan clases para eso, y no crecí con dinero. De pequeño solía pedir 25 centavos para ir al cine o trabajar cogiendo patatas. Nunca pensé que tendría mucha pasta. Mi madre pasó sus últimos diez años cuidando de sus padres y en casa nunca hubo liquidez. En esos casos, si de repente amasas una fortuna, puedes volverte vulgar y comprarte un enorme Cadillac, trajes de tres piezas a medida y zapatos caros. Pero yo crecí en una comunidad yanqui donde la ostentación no estaba bien vista. Luego me casé con una mujer muy pegada a la tierra que se habría reído mucho si yo hubiera vuelto a casa con un abrigo de pelo de camello. Me habría dicho: “¿Quién te crees que eres? ¿Mohamed Alí?”. Aunque me vendo como una puta por los zapatos y los coches, solo tengo un coche eléctrico. Vivimos modestamente y damos dinero a las librerías de los pueblos pequeños, a Unicef, a la Cruz Roja.&#133; Seguimos el lema de J. P. Morgan: el hombre que muere millonario muere fracasado. El dinero sirve para pagar las cuentas, hacer tu trabajo, ayudar a mi familia y a mi suegro.

O sea, que es un hombre hecho a sí mismo, con conciencia social, que pide pagar más impuestos de los que paga. Todo el mundo debería pagar impuestos según sus ingresos. A mí me gusta pagarlos solo para buenas causas, y no para sufragar guerras en Irak, que fue la más estúpida del mundo. En ese sentido, encarno el sueño americano, aunque sin un Cadillac.

También hace campañas contra la venta libre de armas. ¿Una causa perdida? El problema no son las escopetas de caza. El 70% de EE UU es rural, y no tengo problema en que la gente cace ciervos y se los coma. Tener revólveres en casa tampoco me parece mal, yo mismo tengo uno, descargado y lejos del alcance de los niños. El gran problema, lo que me pone fuera de mí, son las armas semiautomáticas. Pegan 40, 60 u 80 tiros seguidos, como la que se empleó en la matanza de Connecticut. Es vergonzoso que se vendan, pero el lobby de la Asociación Nacional del Rifle trabaja para los fabricantes de armas y se basa en la fantasía de que EE UU es como hace 50 o 60 años. Dicen que las muertes de niños son el precio a pagar por la seguridad. La cultura pistolera forma parte de la cultura americana, pero odio eso, me repugna. Luego dicen que por qué nunca vengo a Francia o Alemania: porque son civilizados, y yo siento vergüenza de ser estadounidense. Amo a mi país, pero está lleno de basura.

¿Quién ganará la guerra entre Obama y el Tea Party? Los del Tea Party son unos idiotas y unos racistas que básicamente disparan contra Obama porque tiene la piel oscura. Cuando Bush arruinó al mundo entero en 2008 con sus ideas ultraliberales, no dijeron nada. Ahora ese alien ha crecido en el Partido Republicano y no va a parar hasta destruirlo, lo cual no me parece mal. Su única idea es bloquear al Gobierno, sin darse cuenta de que la situación económica es bastante mejor que con Bush. Son como una obstrucción intestinal. Espero que en 2014 los americanos decidan dar esos 30 escaños a 30 demócratas. Todo irá mejor. En todo caso, si están molestos con Obama, peor estarán en unos años: el próximo presidente llevará falda.

Háblenos de Danny Torrance, el niño de ‘El resplandor’, que ahora vuelve en ‘Doctor Sueño’. Al final de El resplandor, era 1977, Danny tenía cuatro o cinco años, porque escribí la novela en 1976, durante el bicentenario, cuando era presidente Ford. Al principio de Doctor Sueño tiene ocho años. Durante 33 años, ese niño ha estado en mi cabeza. Me preguntaba qué sería de él, si seguiría o no manteniendo ese talento, el resplandor de leer los pensamientos de la gente. Creció en una familia terrible. Su madre malherida sobrevivió de milagro a la paliza de la mesa del comedor, y el padre, Jack, era alcohólico, como yo… Sabía que Danny debía seguir estando rabioso con el mundo, porque su padre era un canalla que abusaba de ellos. La rabia es el centro del libro, de Jack a Danny hay una generación marcada por la rabia.

¿Usted bebía mucho entonces? Cuando escribí la novela, muchísimo. Pero ya sabe, los escritores tenemos que hablar de lo que conocemos.

&#133;¿Qué tomaba? Tomaba mucha cerveza.

Eso no es tan duro… Es que me tomaba una caja diaria, 24 o 25 latas…

¿Con otras sustancias? No en ese momento. Luego sí, tomé todo lo que pueda imaginarse. Cocaína, Valium, Xanax, lejía, jarabe para la tos… Digamos que era multitoxicómano. Lo malo es que entonces no había programas de ayuda, e hice de Jack un alcohólico peor que yo. Se intentaba curar la adicción por las bravas y era peor. Ahora he intentado equilibrar eso en Doctor Sueño pensando qué habría pasado si Jack hubiera tenido ayuda. Así que metí a Danny en Alcohólicos Anónimos.

Aquella novela supuso que le etiquetaran como un narrador de historias de terror. ¿Le molestó? La gente, y sobre todo los críticos y los editores, adoran las etiquetas, les gusta meter en jaulas a los autores, ponerles en una carpeta. Para los editores es como vender comida: este escritor os dará judías verdes; este, terror; este, chocolate. No me parece mal. Cuando salió Carrie, tenía dos novelas más escritas, y le pregunté al editor en Nueva York cuál prefería, una de un secuestro más literaria, Blaze, u otra de terror, Salem’s lot. Y él me dijo: “La segunda será un best seller, pero si sacamos la de terror, te encasillarán”. Y yo le dije: “Me importa un carajo si paga la cuenta del supermercado. Mi mujer me llama cariño; mis hijos, papá; mis nietos, abuelito, y yo me llamo Steve. Me da igual cómo me llamen los demás”.

¿Ha pensado en qué lugar de la literatura estadounidense quedará Stephen King? Es difícil saberlo. No sé si hay vida después, aunque no creo. Pero si quedara algo similar a la conciencia, lo último que me preocuparía es saber si me lee o no la próxima generación. Dicho esto, cuando los escritores mueren, o sus libros se siguen publicando, o desaparecen. La mayoría desaparece. Quedan solo algunos, y esos son los importantes: Faulkner, Hemingway, Scott Fitzgerald, olvidado cuando murió y rescatado más tarde. En español, Cervantes, García Márquez, Roberto Bolaño, esos quedarán. Bolaño sabía tragar drogas y beber. Pero también sucede que queda la gente más rara: de Stanley Gardner, el autor de Perry Mason, quedó muy poco; pero no quedó nada de John D. McDonald, que era estupendo. Y apenas nada de John M. Cain, pero sí de Jim Thompson. Y, más extraño aún, queda Agatha Christie… Es decir, nunca sabes quién va a perdurar. Creo que los escritores de fantasía tienen más posibilidades de quedar. Y creo que, de mis libros, resistirán El misterio de Salems’ lot, El resplandor, It y quizá La danza de la muerte. Pero no Carrie. Y quizá también Misery. Esos son los imprescindibles para la gente que los leyó, pero no estoy nada seguro de que la gente siga pensando en mi trabajo cuando palme. Quién sabe. Somerset Maugham fue muy popular en su día. Ahora nadie lo lee. Escribió grandes novelas. Alguien le preguntó por su legado, y dijo: “Estaré en la primera fila del segundo rango”. Dirán eso de mí.

¿Ve cómo prefiere militar en segunda división? Cuando estás dentro del negocio, sabes bien cuál es tu nivel de talento. Cuando lees a un escritor bueno, piensas: “Si yo pudiera escribir así”, notas mucho la diferencia entre lo que haces y lo que escribe gente como Philip Roth, Cormac McCarthy, Jonathan Franzen o Anne Tyler. Hay muchos muy buenos.

¿Sigue leyendo mucho? Todo lo que puedo, cada día, aunque veo mucha tele. Y escribo todos los días, acabo de escribir una cosa sobre Kennedy para The New York Times. Este oficio es una pasión. Más que vivir de ella, me gusta practicarla. Preferiría estar escribiendo ahora en vez de estar aquí.

Ya acabamos. No, si es usted un tipo estupendo, pero es que las ideas me vienen sin querer. Esta mañana íbamos en el coche, nos paramos al lado de un autobús donde iba una mujer sentada y pensé: ¿Y si ahora sube un tipo y le corta el cuello? Será un cuento corto, aunque eso nunca se sabe; Carrie iba a ser un relato también y acabó siendo una novela. Lo importante es esa pregunta: ¿qué pasaría si…? Ese es el motor de mis historias.

Y luego acaban en el cine o en la tele. Sí, mucha gente va al cine en el mundo y eso ayuda a hacerte popular. Pero al final todo da igual, porque un día te encuentras con gente por la calle que te reconoce y te dice: “¿Eres Stephen King? Tío, me encantan tus películas”, y otro día, en un supermercado de Florida, me para una mujer y me regaña porque escribo cosas terroríficas. Dice: “Prefiero The Shawshank redemption”. Y yo: “La escribí yo”. Y ella: “No es verdad, para nada”. Y se larga.

¿El libro electrónico le ha ayudado a vender más? ¿Qué piensa de Amazon? Amazon y el libro electrónico son fantásticos para los escritores. Si antes un editor decía no, era no. Ahora puedes editar tu libro y venderlo. Para los que llevamos tiempo en esto, es un mercado más. Antes había tapa dura, tapa blanda y audio. Ahora hay también libros digitales, que son maravillosos. Todo eso es formidable para los suministradores del material, que somos nosotros: siempre van a seguir necesitando historias. Es un problema para los editores, que siempre han sido los cancerberos de la calidad, pero muchos descubren en la red nuevos talentos. Y para los lectores es ambivalente: sin librerías, el 90% de lo que inunda en Amazon es basura. Como 50 sombras de Grey. ¡Vender eso como ficción es increíble!.
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir

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