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grognard
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Mensaje por grognard » Mar Dic 18, 2012 1:21 pm

Mucha mierda!

Bueno, eso es para el teatro; pero como la vida es puro teatro...

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El_Curioso_Impertinente
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Mensaje por El_Curioso_Impertinente » Mar Dic 18, 2012 2:44 pm

Yo estaba intentando escribir una historia que me ronda por la cabeza desde hace mucho tiempo y, animado por Ada, Eli y Lenka, me había puesto a documentarme bastante en serio. Lo malo es que con la cabeza llena de imágenes de la manigua cubana, de la Loma de San Juan, los mapas del desembarco de Shafter, el fortín de El Viso, los cañones Hotchkiss, etcétera, el otro día me fui a ver El hobbit y lo que ahora tengo in mente son los Buffalo Soldiers con cara de orco y adorables elfos con uniforme milrayas forman el Regimiento Talavera, que ni les canta el aliento a ajo ni nada :?

Bueno, si sale algo, os lo digo. Si no sale nada, no os lo digo :roll:
Todos los seres humanos cometen errores, pero algunos seres humanos cometen más errores que otros y a ésos se los llama "tontos" (Fray Guillermo de Baskerville).

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Victoria
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Mensaje por Victoria » Mar Dic 18, 2012 4:46 pm

Hombre, con cara de orco o sin ella algo saldrá, ¿no? :lol: :lol:
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

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vetinari
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Mensaje por vetinari » Mar Dic 18, 2012 5:08 pm

El_Curioso_Impertinente escribió: y adorables elfos con uniforme milrayas forman el Regimiento Talavera, que ni les canta el aliento a ajo ni nada :?


:lol: :lol: :lol: :lol: :lol: :lol:
"...Efialtes aparecerá finalmente,
y pasarán los persas" Cavafis
"No hay quien pueda comprar el ser marino cuando estás en el mar." APR
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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Dic 18, 2012 5:11 pm

El_Curioso_Impertinente escribió:Yo estaba intentando escribir una historia que me ronda por la cabeza desde hace mucho tiempo y, animado por Ada, Eli y Lenka, me había puesto a documentarme bastante en serio. Lo malo es que con la cabeza llena de imágenes de la manigua cubana, de la Loma de San Juan, los mapas del desembarco de Shafter, el fortín de El Viso, los cañones Hotchkiss, etcétera, el otro día me fui a ver El hobbit y lo que ahora tengo in mente son los Buffalo Soldiers con cara de orco y adorables elfos con uniforme milrayas forman el Regimiento Talavera, que ni les canta el aliento a ajo ni nada :?

Bueno, si sale algo, os lo digo. Si no sale nada, no os lo digo :roll:


Yo creo que con todo lo que te has dicho el género literario ha de ser Steampunk(por lo menos) :lol: :lol: :lol: :lol: :lol: :lol:
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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Victoria
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Mensaje por Victoria » Mar Dic 18, 2012 5:16 pm

Y yo me estoy preguntando qué añadirás a la mezcla cuando veas Los miserables. 8)
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

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Riqy
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Mensaje por Riqy » Vie Ene 04, 2013 3:33 am

Quería yo hacer, para la novelita de capa y espada que estos días estoy terminando (antes de que ella termine conmigo) un capítulo narrando una encamisada. Algo sencillo, apenas una pincelada. Busqué un par de palabras en holandés (divino google traslator) para que el centinela hereje tuviera algo que decir antes que lo ultimaran. En concreto, “¿Quién vive?” (Wie woont?) y “Piedad” (Vroomheid).
Pero tenía una duda... ¿Cómo se pronunciaba eso en holandés? ¿Y cómo le sonaría a un cordovés del siglo XVII (que era mi protagonista y narrador del relato)?
Recordé que mi buen amigo Miguel Aceytuno se despacha la mar de bien con el alemán, y como tanto monta que monta tanto, le pregunté cómo sonaban, más o menos, los palabrso esos, en holandés.
Error.
Miguel andaba celebrando que se acababa de sacar el título de patrón de bote (o algo así) y estaba algo más animoso que de costumbre (lo que es dificil) La cosa es que no me entendió, o no me quiso entender, o me entendió demasiado...

Y esto fue lo que me envió:

"Lo que les dijo el Jaquetón al bachiller de Ibaña, también antiguo soldado saboyano en su mocedad, y al Naocher Miguelillo mientras tomaban unas jarras de vino, sobre la parla hereje y cuan culto debe ser un señor soldado, no solo para hablarla, sino incluso también para entenderla."

—Sepa vuesa merced —comenzó el Jaquetón, con aquel guasón acento indefinido de los que mucho han viajado— que ser de cuna humilde y no haber sido bachiller no quita el conocimiento ni el señorío. Que qui natura non data Salamanca non prestat, o algo así, así como lo cortés tampoco lo valiente. Y permita vuesa merced, señor bachiller, que le sirva otro azumbre de vino, no pensara que quiero desmerecer los largos años de estudio que son menester para poner tal nombre antes del nombre, que el nombre como su propio nombre dice nos nombra…
—Abrevie voacé y sírvame también a mí como menos otro azumbre —interrumpió el Naocher Miguelillo, alargando el cuartillo—. Que también es arduo seguir el camino de la mar, vacío de señales y lleno de tangentes y trigonometrías.
—En verdad tiene usted razón, señor piloto —rió el jaque, palmeando la mugrienta mesa—. Pues como gente de sabiduría… ¡Bebamos hasta que no sepamos!
Estábamos ahí, sentados en el destartalado figón, viendo al día perder su nombre y convertirse en tarde, que como su nombre indica es eso, tarde. El nada que hacer lleva al mucho hablar, y el mucho habla a que se vayan agotando los temas buenos, y se saquen de las mientes aquellas cosas que uno se avergüenza de meditar incluso cuando sienta en el beque o trono, o jardín como dicen los de la mar, aquellos tan educados.
—Mucho enseña el viajar —se atusaba los bigotes el viejo soldado, que de la milicia nunca se es antiguo, que se es por siempre, mientras bachiller y piloto asentían—. Y es por eso que somos señores soldados. Da la honra servir al Rey, sea bueno o malo da igual. Pero el señorío… lo mucho visto y mucho aprendido. Sin ir más lejos, yo en mis viajes… por ejemplo, algo he aprendido de la parla vizcaína. “Pues”, es palabra que usan para todo. O de la catalana, seca y seria como ellos. O de la gallega, que dicen que no tienen el “sí” ni el “no”, o que si lo tuvieron lo han olvidado por falta de uso.
—También mucho he viajado yo —terció el piloto—. Y hablo algo de la parla tudesca, e incluso de la de la pérfida Albión. Pero los marinos generalmente nos entendemos en una lingua franca, hecha de gestos, de nobleza y compañerismo. No hay malentendidos ni faltan palabras ahí afuera, cuando las olas pasan por encima de la galleta del mayor, ya has echado todos los rizos, y solo te queda la capa a palo seco y una oración a la Stella Maris.
—Amén —se santiguó el Jaquetón, que muy malas bascas tenía a bordo de las naos, que nunca están quietas—. Pero la que nunca he podido entender yo es la parla hereje. Esa tierra de sol que no calienta, de lluvia día sí y día también, y sin montaña, que hace que los caminos sean barro, y los campos sean barro, y lo sean las calles. ¡Y los hombres! Traidores y fementidos, que creen en una fe falsa, que dice que Nuestro Señor amaba a los ricos, y el Reino de los Cielos será de los avaros y mercachifles. ¡Y la parla! Sepan vuesas mercedes que no parece que hablen, sino que carraspeen. “Etj, etj, etj” es todo lo se les entiende, como a tísicos. Una historia voy a contarles que me aconteció, que les habla de los problemas que me trajo.
Volvía yo… bueno, dijo Nuestro Señor aquello de “no desearás la mujer del prójimo”, y por no quedarme con el deseo… en fin. Volvía yo. La ronda del pueblo de Aquiestán (1) pensó eso, que aquí están y como tan tenía que hacerse valer, y decidió darme el alto, que ya hacía mucho que andaba pasada la retreta.
Levantó la mano aquel hombre todo ceremonioso, y algo en su parla quiso decirme . Pero pobre de mí, o mejor dicho pobre de él, “Bribón” (2) entendí yo. ¡Tamaña afrenta! ¡Semejante desafuero! Ni siquiera un triste voacé…. ¡Eché mano a la filosa y me lancé hacia los corchetes! Que tal como me vieron dar voces echaron a correr, gritando algo así como “¡No hay, no hay!” (3) ¿Cómo que no hay? —pensé yo—. ¡Será el coraje que os falta a vosotros, y que a mí me sobra!
Corrimos por toda la plaza, “¡No hay, no hay!”, ellos delante, y yo detrás “¡Bellacos malandrines, venid aquí y veréis como habrá!”. Y suerte tuvieron que a su debido tiempo, y cuando ya llevábamos como media legua recorrida, un viejo soldado que también tarde se retiraba me echó encima los brazos, y desfizo el entuerto, que si no aún andaban pidiendo que hubiera.
—Si es que Nuestro Señor, maese Jaquetón, cuando quiso castigarnos por eso de Babel fueron las lenguas con lo que nos la metió. —Dijo Miguelillo, y todos bebimos, considerando la razón que tenía—. Y el de Ibaña nada dijo, como era su costumbre, pero nada pasaba por alto, como también su costumbre era.
Y después todo lo escribía….
¿Para qué? Para que se supiera.

(1). Aquisgrán
(2). Wie woont? (Quién vive?)
(3). Vroomheid (Piedad)

Y, ya que estamos de confidencias, esto fue lo que escribí yo:

"Cuchilladas encamisadas"

Se les llena mucho la gola, a los sacrismochos, cuando hablan de las llamas del Infierno. No sé yo. Sólo he estado en un Infierno, aquí, en la tierra, y no tenía llamas. Más bien todo lo contrario. Es fría como la hendidura de una monja roesantos. Y se llama Flandes.
Sé que voacé ha visto mundo, pero también sé que no ha estado allí. A ningún buen cristiano se le ha perdido nada en esa tierra, donde todo es al revés que en la nuestra. El sol no calienta, pues siempre hay nubes que van soltando sobre los hombres su fría meada. Los que allí habitan tienen la piel blanca, los ojos claros, el pelo como descolorido. Será de tanta agua, que debe desteñirlos, que bien dicen los físicos que tanta mojadura a fuerza ha de ser malo. Por ello se les han aguado las entendederas, que todos son herejes desde que asoman la cabeza del vientre de sus madres, y su afán no es otro que el de atesorar riquezas, como los asesinos de Cristo, los enjuínos. Y, como ellos, consideran que el mejor y más noble es el más avaro y más miserable de entre ellos, que desconocen nuestras tradiciones de honra, honor e hidalguía, por no saber o no querer entenderlas.
¿Y la tierra en la que viven? Llana como la palma de mi mano, sin una triste montaña que hunda sus raíces en la tierra y altere la monotonía del paisaje. Y he dicho “tierra” siendo generoso, que ahí, lo que en verdad hay, es barro. Que de tanta agua que tienen, si hacen un pozo medianamente hondo, sale el líquido y todo lo anega, y han de estar siempre con diques para prevenir inundaciones, que barrunto yo para mí que son gentes tan pecadoras que el bueno de Dios trata de ahogarlos con un Diluvio en pequeñito, sólo para ellos, y es gracias al ingenio y la perfidia del Diablo (que ayuda a los suyos) que se mantienen con vida.
La cosa es que serví al Rey allí. Y nunca olvidaré cuando despaché por la posta a mi primer hereje. Fue el día en el que conocí al Viejo.
Estábamos a varios días de viaje al este de Ostende. O eso creo yo. Nunca me aclaré mucho, con esto de los mapas. La cosa era que nuestro ejército tenía que atacar al día siguiente, y las posiciones de los herejes eran muy sólidas, y alguno había entre ellos que sabía del arte de guerrear, que nunca vi, en mis años de milicia, artillería mejor posicionada para filetearnos en cuando nos acercáramos de frente.
Pero claro, como nuestro Maestre de Campo no era un bambarria que se chupara el dedo, no pensaba enviar a sus tercios de castellanos viejos a una muerte segura.
Que no era cosa de no tener cuajo, no señor… Era cosa de saber usarlo.
Así que, de anochecida, cincuenta de nosotros montamos una encamisada para ir a visitar a los herejes, reunirlos con el Creador y, ya puestos y porque nos caían de paso, volar los polvorines. Que, sin pólvora, los cañones para poco sirven. Aquí, en tierra de herejes, y en todas partes.
Voacé ya sabe lo que es una encamisada. Pero se lo voy a decir clarito y en llano: Es un grupo de fulanos desesperados que, sin armadura y con escasas armas (para no hacer ruido) se cuelan tras las líneas enemigas. Y para reconocerse y no estorbarse, van con la camisa blanca… Y están dispuestos a despachar por la posta, sin que les tiemble el pulso dos veces, a todo aquel que se les ponga delante y no vaya de tal jaez. Aunque mucho proteste que es el Papa de Roma o un Grande de España.
Yo era soldado bisoño, un joven recién llegado en busca de una gloria y una fortuna inciertas, huyendo de la pobreza y el hambre más que ciertas que me esperaban si me quedaba en casa, como hizo mi hermano. Y con la impaciencia propia de mis pocos años pedí ir voluntario, y aún más ir en primera línea.
Y claro, como la estupidez insensata se valora en esos ambientes, fue un deseo que me fue concedido.
Así que ahí estaba yo, de barro hasta los cojones (en un sentido absolutamente literal). Nuestro cometido era silenciar a los primeros centinelas para que no dieran la voz de alarma, y que luego nuestros hermanos entraran en el campamento a orquestar la matanza. Y me iba arrastrando sobre el barro, acercándome poco a poco a mi objetivo cuando el fulano en cuestión, no sé yo que si por tener buena vista, o buen oído, o porque me tiré un pedo y me olió, mira hacia donde estoy yo y me dice:
—¿Bribón?
… Que no es que me sintiera insultado, es que me dolió que me descubriera tan pronto. Así que me alcé de una arrebolada y me arrojé sobre él como un espíritu vengador surgido del barro. El tipo tenía redaños, todo hay que decirlo, que con un hilillo de voz y los ojos muy desorbitados me desafió diciéndome:
—¡No hay! ¡No hay!
…¿Qué no tenía yo arrestos de matarle? ¡Qué equivocado estaba! Lo tumbé al suelo de un golpe, y hundiéndole la cara en el maldito barro para que no chillara le clavé no menos de media docena de veces, la daga en el cuerpo.
Los nuestros pasaron, se hizo degollina, se volaron los polvorines… Al día siguiente el ejército pasó y nos pudimos atizar a gusto, así frente a frente, viéndonos el blanco de los ojos, como nos gusta pelear a los que marchamos bajo la cruz de San Andrés.
Y el capitán que nos mandaba, y que participó como uno más en la encamisada, me alabó con muy gratas palabras, diciendo que grande había sido mi valor y mi fiereza, despachando por la posta a aquel maldito hereje.
Yo no entendía nada, pues creí que había hecho lo único que se podía hacer. Y así se lo expliqué a un soldado veterano, que, cómo voacé ya se imaginará, era el bueno del Viejo.
Que se rió mucho cuando acabé mi relato, y aún entre hipidos de risa me explicó:
—¡El pobre mentecato no te llamó “bribón”, sino que dijo “Wie woont”, que en su parla quiere decir que quién vive! Que oyó, o creyó oir algo, pero si te hubieras estado quieto lo hubiera achacado a sus miedos. Y luego, no te desafiaba al decirte “vromheid” ¡No quiere decir “no hay”, sino “piedad”!
Enrojecí tanto que un poco más y me sale la colorada a chorros por las orejas. Y él lanzó otra risotada y añadió:
—¡Pero lo hiciste bien, zagal! ¡No ensuciaste los calzones y demostrarte tener cuajo! Y no vacilar, en este negocio del matar... Que, a fin de cuentas, por eso nos pagan.
Luego pidió y obtuvo que me asignaran a la escuadra de la que era cabo. Con él hice toda la guerra.
Posiblemente, gracias a él salvé mil veces la vida.


Y estos son, amigos míos, los dos relatos que crearon dos autores a raíz de dos palabras…
Ricard
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vetinari
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Mensaje por vetinari » Vie Ene 04, 2013 9:18 pm

Gracias por compartilo, Riqy.
"...Efialtes aparecerá finalmente,
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Siana
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Mensaje por Siana » Lun Ene 07, 2013 11:23 pm

Genio y figura: los dos. Muchísimas gracias, Riqy y Miqy :wink:

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Riqy
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Mensaje por Riqy » Mar Ene 08, 2013 12:42 am

Siana escribió:Genio y figura: los dos. Muchísimas gracias, Riqy y Miqy :wink:


Nos vemos el miércoles y nos lo dices a la cara, bibliotecaria... Que ya sabes qué malas personas te van a ir a buscar...
Ricard
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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Ene 08, 2013 1:15 am

Gracias Riqy :lol:

Lo he soñado, o el Google translator tb pronuncia en otros idiomas?
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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Siana
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Mensaje por Siana » Mar Ene 08, 2013 2:02 am

Riqy escribió:Nos vemos el miércoles y nos lo dices a la cara, bibliotecaria... Que ya sabes qué malas personas te van a ir a buscar...

Si lleváis puesto el sombrero, os lo digo 8) :wink:

Ada escribió:Lo he soñado, o el Google translator tb pronuncia en otros idiomas?

Lo hace, y es utilísimo, si no se usa para hacer chorradas, como hice yo el otro día cuando lo descubrí :roll: .

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grognard
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Mensaje por grognard » Mar Ene 08, 2013 2:47 pm

Got verdomme!

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Ada
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Mensaje por Ada » Mié Abr 09, 2014 4:43 pm

LA NIÑA GRANDE

La niña grande caminaba por la vida como si todo lo que en ella había careciese de importancia. Se jactaba de haber dejado pasar muchos de los trenes que la habrían llevado a triunfar en varios ámbitos y un halo de indiferencia definía cada una de sus actuaciones. Una nube de pelo sedoso la seguía, rubio, acariciándole la espalda, en estos días de otoño cubierta por el abrigo de piel marrón, lo que hacía que parte de sus cabellos se electrizasen cual anguilas marinas para flotar, a su aire contra el aire, en un modo paralelo a sus hombros. Las gafas de pasta carey apoyadas sobre el fino tabique escudriñaban a cada cliente, a cada receptor, a cada pagador y si le convenía, le hacía gracia o, me atrevería a decir, le parecía que ya tocaba, una leve verticalidad parecida a una sonrisa se perfilaba en sus labios, dibujando, sin ser de ello consciente, un rostro confuso, ligeramente descompuesto y desconocido.

En el pueblo la temían o, al menos, esa fue mi impresión la primera vez que lo visité. La niña grande, la llamaban a escondidas, con las gafas siempre demasiado grandes, demasiado caídas y con demasiado cristal, el pelo suelto, ligeramente enredado, con un descuido en el peinado que hoy día parece estudiado pero que en aquella época en aquel recóndito lugar, permitía que cada vecino se hubiera creado una imagen propia de la chiquilla. Una marimacho, con el cuerpo malhecho, la postura encorvada, el ceño fruncido, el gesto siempre distante, enfadado y ligeramente agresivo, la mirada esquiva, fría y un poco, decían, malherida. Será que en casa o en el colegio le pasa algo, la pegan o algo, me decía Agustina, mientras tomábamos unas perrunillas en la plaza de la capilla y Agustina, ochentera de 80 años y no de pelo cardado, hombreras y tupé, parecía resoplar y resignarse ante la visión trágica que se había creado de la chiquilla. Me confesó que no había vuelto a verla desde que se fue del pueblo, o, más bien, se la llevaron del pueblo, que nadie sabía nada de dónde había ido a parar la joven ni con quién, ya que sólo su tío materno vino a recogerla y no salió del coche, por vergüenza fraterna, supongo, dice que se oyeron las campanas que tocaron sus muertos mientras el coche salía del pueblo en silencio, ajeno, como escurriéndose de la crítica de estos paletos, haciendo oídos sordos a las habladurías que persiguieron la marcha de la niña. Que si había habido abusos, que si malos tratos, que si la vida te da palos, que si parecía Puerto Hurraco, … pero ni siquiera Agustina se atrevía a decir mucho más allá que esas habladurías convenidas, que se acordaron en el pueblo, en los corrillos frente a la capilla los días posteriores al entierro. La niña grande se hizo grande y no volvió nunca al pueblo.
Su cuerpo se amoldó ajustándose proporcionalmente a sus inquietudes, a sus sueños y sus ambiciones, aunque mantuvo la montura que enmarcaba sus ojos de ratón y le confería una cierta personalidad al rostro. Con el tiempo, añadió el rojo de labios, el rojo de uñas, el perfume intenso, una esencia que ya no se fabricaba y que ella adquiría a granel en una perfumería a las afueras del polígono, donde iba con una botellita de a litro, y la llenaba puntualmente cada seis meses según se iba agotando cada gota que había frotado con ímpetu, a veces, supongo, con cierta impotencia, impaciencia o dolor, deseando borrar, eliminar los olores de cuerpos ajenos, putrefactos, restos de semen, alientos, sudores, orines o incluso heces, y, de cuando en cuando, algunas lágrimas.

A la niña grande la llamaban la intelectual y cuando venía un cliente y pedía una con clase la mandaban a ella, pues, a pesar de todo, mantenía un halo de elegancia en cada gesto, sonreía lo justo, y aún conservaba ciertas maneras, en su oficio perdidas, buenos días, por favor, muchas gracias, ha sido un placer, aunque ellos se sorprendieran cada vez preguntándose si de veras esa joven oculta tras las gafas de pasta habría disfrutado de verdad o únicamente se servía de la fórmula para ser políticamente correcta, agradar un poco más o asegurar una nueva visita o una propina mayor.

La intelectual se incorporaba, en el pequeño toilet se frotaba el cuello recientemente sudado con el perfume, los pechos y muñecas y a veces el sexo, como queriendo marcar una distancia, dejar de reconocerse en esos olores. Se vestía con diligencia, se retocaba el maquillaje y empujaba con el índice la montura de las gafas sobre el tabique, un poco más arriba, sin importar que se hubieran empañado los cristales y peinaba la melena con la cabeza echada hacia atrás con fruición, hasta que eliminaba el estatismo, y el pelo volvía a flotar rubio, sedoso, casi horizontal sobre los hombros. Salía del toilet disculpando su urgencia, mientras ellos, mecánicos, marineros, profesores de universidad, sacerdotes, directivos de paso, escritores, actores o abogados, la seguían con la mirada mientras salía, la seguían señalando su figura con el dedo índice, como pidiendo una última canción al final del concierto. Enmudecidos, por lo general, no soltaron prenda cuando les interrogué, muchos meses después. Ninguno pudo decirme qué hizo con la intelectual, si disfrutó más con una u otra postura, si les hizo correrse rápidamente o si disfrutó con ellos, si era diestra o zurda o si le gustaban más unas prácticas que otras. No recordaban siquiera el perfume, aunque sí la nariz menuda, el rojo de labios y las gafas carey, y recordaban haberse sentido como parte de un sueño, protagonistas de él sin querer creer ninguno la verdad que yo les contaba. Alguno incluso lloró cuando supo que había muerto.

Noviembre de 2013
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grognard
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Mensaje por grognard » Jue Abr 10, 2014 4:02 pm

Me dijeron que aun siendo zurda, era diestra.

Más.

¿Conoces la canción 'Big girls don't cry'?

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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Abr 10, 2014 4:18 pm

no
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Mensaje por grognard » Jue Abr 10, 2014 6:27 pm


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Riqy
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Mensaje por Riqy » Jue Abr 23, 2015 2:11 am

Feliz día de Sant Jordi, foreros y foreras...

El pirata y la carnicera

Estrenaba cargo de magistrado de la ciudad de San Julián del Ferrol (o más bien "Ferrol" a secas, como sus habitantes preferirían llamarla) el muy insigne y docto Don Domingo Salazar y Casas, hidalgo por las letras que no por las armas (que en estas tierras de las Españas se gana la carta de hidalguía por el mucho estudiar, además de por haber servido al rey en la milicia). Era hombre corpulento, de panza prieta y piernas delgadas, rostro rubicundo y sanguíneo de querubín, enmarcado en rizos de abundante cabellera ya blanca. El rostro de don Domingo, pese a su ya cierta edad, inspiraba confianza y desprendía candidez. Pero eran ambos rasgos engañosos. Don Domingo era leonés de Astorga, que es capital de la Maragatería, lo que no es decir precisamente poco. Por ello, por haberse criado entre ladrones (o, al menos, entre gentes de honradez dudosa, ya que basan lo lucrativo de su negocio en encarecer el precio del producto con el que mercadeaban) fue destino natural del bueno de don Domingo meterse a estudiar leyes y hacerse juez, que quien sabe cuando miente la gente (o al menos cuando no dice toda la verdad) tiene mucho de hecho, en el oficio.
Era, como se ha dicho, el primer día de don Domingo en el cargo, y quería empezar con buen pie. Así que tras aposentar sus más que generosas posaderas en la silla le dijo a su nuevo secretario:

-Muy bien.... ¿Cómo me has dicho que te llamabas?
-Gil de Figueroa, para serviros, excelencia. -le dijo el mentado con el musical acento de la ciudad. Don Domingo se tomo con filosofía el que fuera un gallego el que le sirviera, consolándose para si que nada mejor que un natural de la tierra para ayudarle con las gentes de la tierra.

-De acuerdo Figueroa, muéstrame los casos pendientes de sentencia. Y, hazlo por orden de gravedad. Si hay algún delito de sangre, que sea el primero.
-Uno hay, excelencia. Una viuda, que en una reyerta apuñaló a su vecino, causándole la muerte...
-Una mujer... ¿Es de familia noble?
-No, excelencia, que es carnicera y viuda...
-Pues a la horca con ella, y multa a su familia o embargo de sus propiedades si carece de parientes, para que aprenda cual es el lugar de la mujer en un mundo de hombres...
-¡Excelencia, que es doña!
-¿No me has dicho que no era de familia hidalga?
-Y no lo es, pero se ganó la hidalguía sirviendo al rey con las armas...

Don Domingo se echó hacia atrás en la silla, rascándose la calva y gruñendo para sí que nunca entendería a estos gallegos...

-Contadme el caso pues, si es que de él sabéis, que veo que ha de ser tratado con mesura...
-Algo sé, excelencia, más si tenemos cuenta que viví los hechos que os voy a contar...
Fue hace siete años, en 1589. Apenas un año antes la flota que tenía que conquistar a nuestro mayor enemigo sobre la tierra, al pérfido inglés, había sido derrotada y hundida en gran parte antes de alcanzar las costas enemigas, como sin duda recordaréis...
-¿No he de recordar? Esa grandísima flota en la que se empeñaron buena parte de las riquezas de la Hacienda del Reino, esa flota que nosotros bautizamos como "Grande y Felicísima" y nuestros enemigos, ahora, llaman "la Invencible" para humillarnos y que no olvidemos tal desastre...
-Recordad entonces que en ese año de 1589 quisieron los ingleses terminar lo empezado, y fueron esta vez ellos los que con una grandísima flota de veintisiete navíos de guerra y más de cien buques auxiliares se acercaron a nuestras costas, no a invadirnos, pues ni disponían entonces ni disponen ahora de gentes capaces ni de hígados para tal cosa, pero sí a destruir los restos de nuestra mermada flota en los puertos y quizá hacerse con abundante botín saqueando nuestras principales ciudades. Tal vez hasta hacerse con la flota de las Américas que cada año llega a Sevilla... Mandaba la expedición un general, Norris que se llamaba, y con él un almirante, el pirata (que ya no era tal, sino noble del reino) Francis Drake. Se dice que las órdenes de la expedición eran destruir lo que quedaba de la flota española, fondeada en Santander, y saquear luego Lisboa, por ser la segunda capital del Imperio. Y se dice también que no había acuerdo entre los dos mandos , que si Norris quería ceñirse a las órdenes, Drake, siguiendo el dicho de que quien ha sido ladrón una vez siempre lo será, prefería más lo de saquear ciudades. Y como, al fin y al cabo, quien maneja el barco es el que lleva al pasajero, el pobre general no supo darse cuenta (o nada pudo hacer el pobre para impedirlo) que la flota se desviaba un "poco" cuatrocientos kilómetros de nada, y que en vez de aparecer ante Santander hasta nuestras costas gallegas se arribaba. Dicen que fue por cobardía de Drake, que no quiso enfrentarse a la flota de guerra, pues él prefería asesinar inocentes. Otros dicen que fue por venganza, pues corría el rumor por tierras inglesas que de nuestro puerto del Ferrol había salido la Armada el año anterior. Por codicia, dicen unos terceros, y de todos son los que yo me creo más, que dicen que un espía le dijo a Drake que un galeón con más de 5.000 piezas de oro había llegado hasta el Ferrol, castigado por las tempestades y por ellas desviado de su puerto natural, que había de ser Sevilla. La verdad, excelencia... Es algo que sólo el Diablo lo sabe. La cosa es que una mala mañana nos amanecieron los barcos ingleses frente a nuestra costa, y un buen montón de ellos, (más de 20.000, me dijeron) se desembarcaron en la playa de Santa María de Oza y tras arrasar el barrio de la Peixería y arramblar con todo lo que encontraron se lanzaron al asalto de la Ciudad Vieja, tras cuyas murallas medievales se había refugiado tanto la población civil como la guarnición. Eran apenas 1500 soldados excelencia, y muchos de ellos de ya cierta edad, que el Ferrol era y es destino cómodo para la pobre milicia que sólo espera la hora de ser licenciada con honores y pensión. Muchos de los hombres de la ciudad, viendo cómo se las habían gastado los ingleses en la Peixería, se sumaron voluntarios a la defensa de las murallas. Uno de ellos fue un tal Gregorio de Recamonde, carnicero de profesión. Otro... Otro fue este su seguro servidor, pese a que por aquel entonces apenas tenía yo edad para que se me llamase hombre. Luchamos con valor, soldados y civiles, hermanados en la desesperación, y muchos allí murieron. Que los ingleses eran muchos. Más de diez por cada uno de nosotros, y a buen seguro que me quedo corto. Con todo, nos apañamos más o menos para mantenerlos al otro lado de las murallas, rechazando sus asaltos una y otra vez con el cuajo que da la desesperación y el luchar por la vida propia y por la de los seres que amamos, seguro que su excelencia me entiende.... Hasta que los malditos ingleses, viendo que no podian vencernos limpiamente, colocaron un ingenio de pólvora en un hueco de la muralla, y fue cómo si el Infierno abriera su maloliente boca junto debajo de nuestro trasero, y perdonadme la expresión pero no sé decirlo de mejor modo. Ante mí murió el carnicero, alcanzado por una piedra de las murallas que al saltar casi le arrancó la cabeza. A su vera quedé yo, aturdido por la explosión, viendo con impotencia cómo todos los ingleses que había parido madre entraban por la brecha, dirigidos por uno grandote que los animaba llevando bien alta su fea bandera. Entonces oí un grito que era a medias rugido de rabia y llanto de dolor, y María Mayor de la Cámara y Pita, esposa enamorada del de Recamonde, se lanzó contra el abanderado inglés. Os dirán que le dio un disparo a boca de jarro con una pistola.... Y os dirán mal, que tales armas no teníamos loa voluntarios civiles. No, excelencia. Fue una piedra. Le lanzó al abanderado una piedra del tamaño de mi puño, que le dio en la sien y lo detuvo en seco, dejándolo aturdido y sangrante. Avanzó entonces María, no con una espada o una lanza como dicen, sino con uno de los cuchillos de su profesión de carnicera, se lo clavó hasta la empuñadura en el vientre y se lo rasgó de un golpe seco, como se destripan las reses, y tal fue, que las entrañas se le desparramaron al inglés al suelo, enredándose en sus pies. Estaba el desgraciado hereje de rodillas, en estuoor agónico, sin fuerzas para sostener la bandera que María le arrebató de las manos. Y entonces, excelencia, entonces María se alzó y se giró hacia nosotros, los defensores, y gritó en nuestro gallego natal: "Quen tena honra, que me siga"... Bueno, excelencia, quizá no dijera exactamente honra, sino palabra más fuerte y malsonante, seguro que me entenderá. La cuestión es quensin esperar respuesta se lanzó contra la masa de ingleses, que miraban la escena como horrorizados, y no es para menos: una mujerona con el brazo ensangrentado hasta el codo, esgrimiendo una de sus propias banderas y arremetiendo contra ellos.
Y vive Dios, excelencia, que no cargó sola.
Pues los gallegos lanzamos un rugido que no me sonó para nada a humano, y como uno solo la seguimos por la brecha. Y no sólo los soldados y los hombres supervivientes. Mujeres, ancianos, incluso niños nos arrojamos como fieras rabiosas contra el inglés.
Y los herejes, excelencia... Los herejes retrocedieron. Que no es lo mismo saquear una ciudad poblada de civiles indefensos a los que robar y asesinar que enfrentarse a una población dispuesta a morir matando antes que rendirse. Embarcaron y se fueron para Lisboa, donde no les fue mejor, o eso dicen, que eso oí.
Esta es la historia de la tal María Pita, excelencia. Por su hazaña se salvó nuestra ciudad, y dicen que el rey quiere concederle pensión de alférez, que es cosa justa, pues al fin y al cabo tal es el grado que se merece al haberle arrebatado una enseña al enemigo. Es cierto que es mujer brava y aún pendenciera, y como viuda no tiene hombre que la defienda, que bien que se defiende ella sola. Y si un bravonel trató de pasarle la mano por la cara, de tal mujer sólo se podía esperar que reaccionara como lo hizo: Dándole al tal fulano de mojadas en el pecho y el vientre que allí se quedó en el sitio. A una mujer plebeya la condenaríais a muerte, y sería de justicia. ¿Pero cuál es el castigo que se merece un alférez del Rey honrado?

Y no dijo más el escudero de la Audiencia, y quedó callado y caviloso el magistrado.

...

Maria Pita, la heroína de la Coruña, fue condenada al destierro de su ciudad por la muerte de un vecino, en 1596. Aprovecho su castigo para viajar a la corte, donde pidió y obtuvo una recompensa por su hazaña: una pensión equivalente al sueldo de un alférez más cinco escudos mensuales, así como la licencia real para exportar mulas de España a Portugal. Casó cuatro veces y enviudó otras tantas, siendo su último marido el escudero de la Real Audiencia de Galicia Gil de Figueroa, hombre más joven que ella y que al parecer la adoraba.
Murió en Cambre en 1643, a una edad muy avanzada para la época. Según su partida de defunción solicitó ser enterrada junto a su último esposo en el convento de Santo Domingo de la Coruña. Sin embargo, a día de hoy su tumba aún no ha sido encontrada.

Ricard Ibáñez. Salamanc, Julio 2014.
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Redsonja
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Mensaje por Redsonja » Jue Abr 23, 2015 7:01 pm

La Virgen filliño, se me han revolucionado los genes leyendole. He visto a mi abuela, mujerona galega donde las hubiera (si no decime de que iba yo a salir así) con el cuchillo y la bandera empujando herejes.
Muchas gracias y feliz día!!
yo pongo una espada y una mirada.. y vosotros ponéis el resto...

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Riqy
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Mensaje por Riqy » Vie Abr 24, 2015 12:55 am

Manías de Sant Jordi, lo de compartir relatos propios... hace años lo hacía por mail, desde hace un par por redes sociales...
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