Las aventuras del Bravo Bretón - Peticiones y comentarios

Relatos, poemas, fotos, blogs, partidas de rol y otras creaciones de los miembros del foro

Moderadores: Targul, Mithrand, Moderadores

Reglas del Foro
Avatar de Usuario
doctor-Q
Mensajes: 33
Registrado: Vie Mar 04, 2005 12:00 am
Ubicación: Munich

Mensaje por doctor-Q » Lun Jun 06, 2005 5:27 pm

Hola,

Me alegro mucho de que os gusten los dibujos, y muchas gracias a Targul por sus aclaraciones. Yo no soy historiador (de hecho soy MUY de ciencias) así que me vienen bien todas estas indicaciones. Por cierto Targul, ¿me podrías poner un par de imagenes de cómo iban los turcos de aquel entonces? (es para hacer un dibujo del 1er relato)

Gracias y hasta pronto,

Dr.Q

Avatar de Usuario
Targul
Mensajes: 785
Registrado: Jue Mar 03, 2005 12:00 am
Ubicación: Granada

Mensaje por Targul » Lun Jun 06, 2005 6:03 pm

Claro que si. Te pondré jenízaros, spahies y milicianos. Y con eso ya tienes el lote completo.

Imagen

Dos jenízaros y un spahí (el de la cota de mallas, caballería pesada de la guardia
del sultán).

Imagen

Estos son dos jenízaros. La palabra viene del turco "geni çeri" (nueva milicia).
Eran la "guardia pretoriana" del Sultán. Se reclutaban entre niños cristianos
cautivos o donados por las familias cristianas sujetas al Imperio Otomano (Grecia y los Balcanes)
y eran entrenados desde jóvenes en la disciplina y uso de las armas. El curioso tocado que llevan
(esa especie de gorro de tela), contiene un estuche con una cuchara de palo.
Siguiendo una tradición del desierto arábigo en la tribu se unían para comer una sopa,
en el campamento de los jenízaros había una olla con sopa de la que todos bebían,
usando esa cuchara, que era su distintivo.

Se arman con cimitarras, arcabuces o arcos compuestos. Mientras que los milicianos
usaban ballestas, hachas, arcabuces, cimitarras, chuzos, medias picas o lo que les daban.

Imagen

El primero es un arquero cilicio. El segundo un ballestero procedente de Berbería (norte de África),
que se proteje con una brigantina (chaqueta de cuero con placas de metal entrecapas).

Para un oficial turco, toma este modelo:

Imagen

Le puedes poner, si quieres, un casco turco de oficial (este es el de Solimán el Magnífico, sultán
en la época de Carlos V)

http://www.metmuseum.org/explore/knight ... helmet.jpg

Espero haberte sido de ayuda. Un saludo y gracias a ti por tus dibujos.
Última edición por Targul el Lun Jun 06, 2005 6:19 pm, editado 2 veces en total.

Avatar de Usuario
Lalaith
Mensajes: 2267
Registrado: Lun Feb 07, 2005 12:00 am
Ubicación: en las nubes
Contactar:

Mensaje por Lalaith » Lun Jun 06, 2005 6:10 pm

8O Anonadada me teneis, el uno con sus ilustraciones (Enhorabuena Doctor-Q.....son geniales!!! :D ) y el otro con sus indicaciones (en fin....simplemtente Targul :) )
Esto promete muchisimo.......
Enhorabuena a los dos!!!
Si hija de mi Amor mi Muerte fuese,
¡Qué parto tan dichoso que sería
El de mi Amor contra la vida mía!
¡Qué gloria, que el morir de amar naciese!

Avatar de Usuario
Matasiete
Mensajes: 119
Registrado: Lun Mar 07, 2005 12:00 am
Ubicación: Villa y Corte de las Españas

Mensaje por Matasiete » Mar Jun 07, 2005 10:59 am

Targul, tio, genial la idea... no se si llego tarde

El dibujo no se me da mal, pero me gustaria leer algo del Bravo Breton este....
Me encantaria aportar algo a las tramas, o escribir algun capitulo....

¿donde lo puedo leer?

Si hago dibujo ¿donde lo mando?

Dejame una direcion de correo y hablamos mas tranquilamente

Agur

Avatar de Usuario
Targul
Mensajes: 785
Registrado: Jue Mar 03, 2005 12:00 am
Ubicación: Granada

Mensaje por Targul » Mar Jun 07, 2005 11:11 am

Estimado matasiete.

Puedes leerlo aquí: http://www.capitan-alatriste.com/module ... opic&t=286.

Si haces algún dibujo puedes colgarlo aquí, como Doctor-Q. Si quieres escribirme algo en privado te doy mi e-mail por MP.

Un saludo

Avatar de Usuario
loukubes
Mensajes: 1311
Registrado: Jue Feb 10, 2005 12:00 am
Ubicación: Valencia
Contactar:

Mensaje por loukubes » Mié Jun 08, 2005 1:51 pm

Bueno...tito Targul cada dia me sorprendes con los giros que dan las aventuras...ahora me imagino q vendran los lances... :wink:
Por cierto muchisimas gracias :!: :!: :!: :!: por incluirme en la tripulación,me hace mucha ilusión y se de primera mano,q tengo el apoyo de un compi de armas.A mi tampoco me disgusta correr aventuras con vos.Caballero es un autentico placer y solo me queda decir q para lo q gusteis aqui vuestra fiel compañera de armas... :twisted:
Imagen

Avatar de Usuario
mastelerillo
Mensajes: 555
Registrado: Jue Mar 17, 2005 12:00 am
Ubicación: Algeciras (Cadiz)
Contactar:

Me ha gustado mucho tus relatos......,gracias por escribirlo

Mensaje por mastelerillo » Mié Jun 08, 2005 3:08 pm

Me gusto una barbaridad el primer relato cuando se cuenta el ataque de la nave turca contra la española,me queme la garganta gritando mientras mi mano daba mandobles tras otro,mandando turcos al infierno;luchando no ya por mi bandera sino por mi vida y la de mis compañeros.
Como sugerencia, estaria muy bien ajustar ya, cuentas a los ingleses o franceses que siempre estuvieron como pulgas hambrientas detras del cansado leon hispano,teniendo algun encuentro por tierra o por mar.De nuevo mil gracias .

Avatar de Usuario
Targul
Mensajes: 785
Registrado: Jue Mar 03, 2005 12:00 am
Ubicación: Granada

Mensaje por Targul » Mié Jun 08, 2005 3:19 pm

Señor Mastelerillo, en el último relato espero haberos satisfecho con creces. Echadle un ojo.

Un saludo cordial

Avatar de Usuario
mastelerillo
Mensajes: 555
Registrado: Jue Mar 17, 2005 12:00 am
Ubicación: Algeciras (Cadiz)
Contactar:

gracias tambien por embarcarme a mi y a unos cuantos bravos

Mensaje por mastelerillo » Mié Jun 08, 2005 3:48 pm

como algunos como yo que nos limitamos a ver como los demas participan como extras,la lectura de estas aventuras reconfortan un monton,de nuevo gracias.

Avatar de Usuario
loukubes
Mensajes: 1311
Registrado: Jue Feb 10, 2005 12:00 am
Ubicación: Valencia
Contactar:

Mensaje por loukubes » Mié Jun 08, 2005 3:55 pm

WWWWWWWWWWWWWWOOOOOOOOWWWWWWWWW!!!!!!!!!!!!!,igual q Contreras yo tambien he disfrutado como un gorrino en un maizal :!: :!: :!:
Imagen

Avatar de Usuario
mastelerillo
Mensajes: 555
Registrado: Jue Mar 17, 2005 12:00 am
Ubicación: Algeciras (Cadiz)
Contactar:

Pinchad arriba

Mensaje por mastelerillo » Mié Jun 08, 2005 4:04 pm

en el recuadro que tiene Targul donde pone "general Targul" y leed.

Avatar de Usuario
Targul
Mensajes: 785
Registrado: Jue Mar 03, 2005 12:00 am
Ubicación: Granada

Mensaje por Targul » Mié Jun 08, 2005 4:25 pm

Eso es el blog de mi novela :oops: .

¿Habéis leido también el último capítulo del bravo?

http://www.capitan-alatriste.com/module ... =5710#5710

Un saludo y gracias por los comentarios 8) . La dicha es mia, señor Mastelerillo :wink:

Avatar de Usuario
Lalaith
Mensajes: 2267
Registrado: Lun Feb 07, 2005 12:00 am
Ubicación: en las nubes
Contactar:

Mensaje por Lalaith » Mié Jun 08, 2005 8:44 pm

Ufff......madre del amor hermoso, Targul.....Esa batalla naval me ha dejado 8O ....
Gracias por compartir tu don con nosotros!!!
Si hija de mi Amor mi Muerte fuese,
¡Qué parto tan dichoso que sería
El de mi Amor contra la vida mía!
¡Qué gloria, que el morir de amar naciese!

Avatar de Usuario
mastelerillo
Mensajes: 555
Registrado: Jue Mar 17, 2005 12:00 am
Ubicación: Algeciras (Cadiz)
Contactar:

Una sugerencia que lleva tiempo rondandome....

Mensaje por mastelerillo » Dom Jun 12, 2005 9:22 pm

la cabeza desde que alguien cuyo nick no recuerdo lo "colgo" en el foro de Icorso. Se trata de la bellisima y durisima historia sobre las pretensiones inglesas de arrebatar sus posesiones a los españoles en las indias.Muy pocos conocen la tremenda gesta de la defensa de la ciudad de Cartagena de Indias.Imaginen a los ingleses calentitos tras el incidente de la oreja de Jenkins y esos españoles confiando en que un largo asedio provoque que las enfermedades tropicales minen y maten mas que los cañones.Lo tremendo ese almirante Don Blas de Lezo,al que le faltaba en las anteriores heridas navales que lo dejaron sin una pierna y la otra mas para alla que otra cosa,un brazo y el otro tocado sin un ojo pero cxon unos peazos c****** que ya los quisiese Nelson.Ya se que esta historia no es de la epoca preferida de Targul pero merece que se escriba de ella por lo oculta que permanece en los libros de historia y en la memoria.intentare "pegar la historia para que vean a un verdadero leon español .

Avatar de Usuario
mastelerillo
Mensajes: 555
Registrado: Jue Mar 17, 2005 12:00 am
Ubicación: Algeciras (Cadiz)
Contactar:

La historia de Don Blas de Lezo

Mensaje por mastelerillo » Dom Jun 12, 2005 9:27 pm

espero que os guste El Almirante Patapalo D. Blas de Lezo, General de la Armada

Nació en Pasajes (Guipúzcoa). En 1701 ingresó como guardiamarina y en 1704, ya iniciada la Guerra de Sucesión española, entró en combate como tripulante de la escuadra francesa que se enfrentó a las fuerzas combinadas de Inglaterra y Holanda en batalla librada frente a Vélez Málaga y en la que perdió la pierna izquierda por una bala de cañon, mostrando en el terrible trance tal sangre fría que admiró al mismo Almirante. Su intrepidez y serenidad en el combate fue premiado con el ascenso a alférez de navío y luego a teniente de navío. Participó en la defensa del castillo de Santa Catalina en Tolón donde perdió el ojo izquierdo. Ostentó el mando de diversos convoyes que socorrían a Felipe V en Barcelona burlando la vigilancia inglesa.

En uno de ellos fue rodeado por fuerzas superiores, y apurado supo salir incendiando alguno de los buques que le seguían, lo que rompío el círculo que le rodeaba.

En 1713 fue ascendido a Capitán de navío,
y un año más tarde fue destinado al segundo sitio de Barcelona donde perdió el brazo derecho. En esa época, y al mando de una fragata, hizo once presas a los británicos, entre ellas la del emblemático Stanhope, buque bien armado y pertrechado.Terminada la Guerra de Sucesión se le confió en 1723 el buque insignia Lanfranco y el mando de la Escuadra de los Mares del Sur,. limpiando de piratas las costas del Pacífico y capturando doce naviós holandeses e ingleses.

Contrajo matrimonio en el Perú en 1725 y en 1730 regresó a España siendo ascendido
a Jefe de la Escuadra Naval del Mediterraneo. Se trasladó a la Republica de Genova para exigir el pago de los 2.000.000 de pesos pertenecientes a España retenidos en el Banco de San Jorge, y que en desagravio se hiciera un saludo excepcional a la bandera española sopena de bombardear la ciudad. Ante la enérgica actitud el Senado genovés cedió de inmediato.

.En 1732 y a bordo del Santiago hizo una expedición a Orán comandando 54 buques y 30.000 hombres. Orán fue rendida pero Bay Hassan reunió de nuevo tropas y sitió la ciudad poniéndola en grave aprieto. Lezo acudio en socorro con seis navios y 5.000 hombres logrando ahuyentar al pirata argelino tras reñida lucha. Persiguió su nave capitana de 60 cañones que se refugio en la bahia de Mostagán defendida por dos castillos y 4.000 moros. Ello no arredró a Lezo, que entró tras la nave argelina despreciando el fuego de los fuertes incendiándola y causando además gran daño a los castillos. Patrulló luego durante meses aquellos mares impidiendo que los argelinos recibieran refuerzos de Constantinopla hasta que una epidemia le forzó a regresar a Cadiz.

En 1734 el Rey premió sus servicios promoviéndolo a General de la Armada. En 1737 regresó a América con los navios Fuerte y Conquistador y fue nombrado Comandante General de Cartagena de Indias, plaza que defendió de los embates del almirante inglés Sir Edward Vernon, página gloriosa de las armas españolas.

La Invencible inglesa contra Cartagena de Indias (1741)

La derrota de la Armada Inglesa en Cartagena de Indias en el siglo XVIII es un acontecimiento silenciado en la historia inglesa y desconcocido para la gran mayoría de españoles. La Historia está hecha de muchas mentiras, silencios y exageraciones y ésta página gloriosa de la época colonial está injustamente olvidada por el saber popular español y merece la pena contribuir a su difusión.


En Octubre de 1739 Inglaterra declara a España la guerra de la oreja de Jenkins y planea tomar la ciudad donde confluyen las riquezas de las colonias españolas, Cartagena de Indias (Colombia), dominar el comercio en el Caribe y, en una operación combinada con las fuerzas del Comodoro Anson que con el navio Septrentión y dos buques menores acosaba las colonias del Pacifico Sur, aniquilar el imperio español en América.


Aunque el origen de la guerra fue la rivalidad comercial entre las dos potencias, la causa inmediata de la conflagración fue un incidente cerca de la costa de Florida cuando el capitán de un guardacostas español, Juan León Fandiño, interceptó el Rebbeca al mando de Robert Jenkins y le hizo cortar a éste una oreja; después de lo cual le liberó con este insolente mensaje:

"Ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve".

Este suceso enardeció a la opinión pública inglesa y dió lugar a que el Gobierno inglés, presidido por su Primer Ministro Mr. Walpole, declarara la guerra a España presionado por los comerciantes de la City que apetecían la conquista de nuevos mercados.

El 13 de Marzo de 1741 apareció por "Punta Canoa", poniendo en vilo la ciudad de Cartagena, la mayor flota de guerra que jamás surcara los mares hasta el desembarco de Normandía: 2000 cañones dispuestos en 186 barcos, entre navíos de guerra, fragatas, brulotes y buques de transporte. La flota, muy superior a la Invencible de Felipe II que sólo disponía de 126 navíos, está dirigida por el almirante Sir Edward Vernon y transporta 23.600 combatientes entre marinos, soldados y esclavos negros macheteros de Jamaica. En la expedición vienen 4.000 reclutas de Virginia bajo las órdenes de Lawrence Washington, medio hermano del futuro libertador George.

Las defensas de Cartagena no pasaban, en cambio, de 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traídos del interior más la marinería y tropa de desembarco de los seis únicos navíos de guerra de los que dispone la ciudad: el Galicia que era la nave Capitana, el San Felipe, el San Carlos, el Africa, el Dragón y el Conquistador.

Este pequeño contingente está dirigido por hombres decididos a defenderse hasta morir: el Virrey Sebastián de Eslava, Teniente General de los Reales Ejercitos con larga experiencia militar, y bajo su mando, pero en el mar, el celebre General de la Armada D. Blas de Lezo, lobo de mar que ya ha participado en 22 batallas y expediciones navales perdiendo la pierna y el ojo izquierdo en Málaga y Toulon y quedándole lisiada la mano derecha en Barcelona.
Seguían en la jerarquía el Mariscal de Campo D. Melchor de Navarrete, Gobernador de la ciudad, a cuyo cargo quedó la parte administrativa y el abastecimiento de víveres,



Lezo frente al castillo de San Felipe, señalando al horizonte por donde apareció la flota de Vernon en 1.741.


y el Coronel D. Carlos Des Naux, Ingeniero militar y Director de obras de fortificación, quien actuó primero como Castellano del Castillo de San Luis de Bocachica y luego como Castellano de San Felipe de Barajas.

Aunque con algunas discrepancias de criterio en materia estratégica entre Blas de Lezo y el Virrey los cuatro hombres lograron por fin unificar su acción baja la dirección de Eslava y resistir a pie firme el embate inglés.

Años antes Vernon ya había merodeado dos veces Cartagena, y trazando círculos de buitre se había presentado frente a la bahía, pero Lezo lo había puesto en fuga con maestría de consumado marino. En la primera ocasión cerró el puerto con cadenas y situó sus buques en Bocachica para que los ingleses no pudieran entrar sin batirse con ellos e instaló en tierra un grueso cañón de 18 libras de su nave capitana lo que sorprendió al enemigo al contestar con artillería por un lado de la ciudad que consideraban desguarnecido. En la segunda dispuso sus naves de manera que con su fuego se encerrará a los navios ingleses dentro del campo de tiro largo y corto, los cuales de nuevo sorprendidos abandonaron la zona.


Ahora Vernon, envalentonado tras una acción de rapiña en la mal defendida ciudad de Portobelo (Pánama), vuelve con efectivos considerables y escribe a Lezo cartas desafiantes. Éste, como buen vasco, es tozudo y quisquilloso en cuestiones de honor:

''Hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera Usted insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía..."

Vernon despliega la flota bloqueando la entrada al puerto, y tras silenciar las baterías de "Chamba", "San Felipe" y "Santiago" desembarca tropas y artillería. Es tan impresionante el despliegue de barcos en el horizonte que algunos vecinos consideran la situación perdida y procuran ponerse a salvo. Vernon ordena un cañoneo incesante que durará 16 días y noches al castillo de San Luis de Bocachica con un promedio de "62 grandes disparos por hora". El castillo está defendido por 500 hombres al mando de Coronel Des Naux. Por su parte Lezo coloca cuatro de sus navíos, el Galicia, el San Felipe, el San Carlos y el Africa del lado interior de la bahía y en las proximidades del Castillo para apoyarlo con sus cañones. Aunque la defensa de Bocachica fue heroica con Lezo y Des Naux peleando en primera fila los defensores han de evacuarlo ante la abrumadora superioridad enemiga. Lezo hace barrenar e incendiar sus buques para obstruir el canal navegable de Bocachica, cosa que consigue parcialmente ya que el Galicia no coge fuego a tiempo. Sin embargo, se ha logrado retrasar el avance inglés de forma considerable y ello favorecerá el desarrollo de epidemias entre los asaltantes.


Los defensores optaron por replegarse totalmente a la Fortaleza de San Felipe de Barajas, motivo por el cual ni siquiera intentaron la resistencia en el Castillo de Bocagrande. Y muy contra la voluntad de Lezo, que trató de evitarlo hasta el fin pero se vió obligado por disciplina, se hundieron los dos únicos navíos que quedaban, el Dragón y el Conquistador, con el ilusorio objeto de impedir la navegación por el canal de Bocagrande. Pero al igual que en Bocachica, el sacrificio resultó en vano pues los ingleses remolcaron el casco de uno de ellos para restablecer el paso y desembarcaron en las islas de Manga y Gracia dejando a un lado el Fuerte de Manzanillo. Hecho lo cual, un regimiento de colonos norteamericanos al mando de Lawrence Washington tomaron la colina de la Popa próxima ya a San Felipe de Barajas y que había sido abandonada por los españoles.

Vernon entró entonces triunfante en la bahía con su buque Almirante con las banderas desplegadas y el estandarte de General en Jefe escoltado por dos fragatas y un paquebote, y dando la batalla por ganada despachó un correo a Jamaica e Inglaterra con tan fausta noticia. Tras ello ordena el desembarco masivo de artilleria y cañonear el Castillo de San Felipe desde mar y tierra con el fin de ablandar la resistencia final.
La defensa está formada por sólo 600 hombres bajo el mando de Lezo y Des Naux. Éste ya había resistido en Bocachica e iba a batirse de nuevo contra el empuje inglés hacia la fortaleza de San Felipe.

La defensa fue numantina y la batalla violenta. Al fin Vernon resuelve que la infantería tomará fácilmente la fortaleza pues se encuentra con daños considerables. La noche del 19 al 20 de abril se dan los hechos decisivos, los atacantes al mando del General Woork avanzan entre sombras en tres columnas de granaderos y varías compañías de soldados, además de los esclavos macheteros jamaicanos que van en vanguardía. Su progresión es lenta por el pesado equipo de guerra que transportan y por el fuego de fusilería desde las trincheras y lo alto de la fortaleza. El avance se frena ante las murallas ya que por imprevisión la longitud de las escalas para salvar el foso resultan cortas y los atacantes quedan aturdidos al no disponer de fajinas y materiales para facilitar la aproximación al fuerte. Los defensores arrecian en su fuego nutrido y certero desde lo alto, lo que origina una mortalidad espantosa.

Al alba un macabro espectáculo de muertos, mutilados y heridos vagando como espectros aparece alrededor de San Felipe haciendo evidente la hecatombe inglesa. La salida de los españoles que cargan a bayoneta calada provoca la huida desordenada de los asaltantes que pierden cientos de hombres y todos sus pertrechos.

El bombardeó inglés prosigue desde el mar 30 días más sin un objetivo claro, pero el cólera y el escorbuto comienzan a provocar decenas de muertos que flotan en la bahía lo que hace la situación desesperada.
Vernon, altivo y malgeniado, recrimina al parsimonioso General Wentworth, Jefe Supremo de las tropas de desembarco, por el ignominioso fracaso y las desavenencias llegan a un punto insostenible. Al fin el Alto Mando inglés ordena la retirada, lo que se realiza de forma lenta y sin cesar de cañonear la ciudad hasta que "no quedó ninguna vela inglesa". Los últimos veleros parten el 20 de Mayo, pero los ingleses han de incendiar cinco de ellos por falta de tripulación. En el regreso a Jamaica hunden otro y cada barco parece un hospital.


Mientras en Inglaterra se supone como cierta la victoria con arrogancia y orgullosa satisfacción. Aún se desconoce el infausto final y se acuñan medallas conmemorativas mostrando a Lezo arrodillado ante Vernon entregándole la espada con la inscripción "el orgullo español humillado por Vernon". En ellas el vencido aparece con dos piernas, dos ojos y dos brazos para obviar que es un hombre lisiado.
En el reverso había seis navios y un puerto, y alrededor la inscripción: quien tomo Portobelo con solo seis navíos, Noviembre de 1739.


Medalla inglesa con Lezo arrodillado ante Vernon, con la leyenda: "el orgullo español humillado por Vernon" (Grabado de Coverns, Amsterdam 1741)


Éstas medallas, de las que se conservan algunas todavía, fueron motivo de burla durante mucho tiempo por parte de los enemigos de Inglaterra, "debiendo ser en sus autores tanta mayor la vergüenza cuanto fue mayor su ligereza y arrogancia".

Semanas después Lezo malherido y extenuado por la batalla se hunde en las tinieblas del olvido. Sus últimos momentos se enmarcan dentro de la ingratitud y la amnesia de un camastro en algún hospital de Cartagena. Su cuerpo cercenado se deposita sin honores y se ignora donde esta enterrado.
Vernon, sabedor de la muerte de Lezo, rondó de nuevo Cartagena en 1742 con 56 navios, pero sus espías le informaron de la reparación de las defensas y de la presencia del Virrey Eslava en la ciudad por lo que no se decidió a atacar y partió a enfrentarse al juicio de la historia.

Murió en 1757 repudiado y olvidado por su pueblo, y el rey Jorge II prohibió toda publicación sobre el asalto a Cartagena que quedó así sepultado en la historia. Inglaterra no volvió a amenazar seriamente al Imperio español que subsistió un siglo más. España, en cambio, contribuyó añós más tarde al desmoronamiento de las colonias inglesas en Ámerica, hecho que también ha tratado de silenciarse: España en la Guerra de Independencia y Bernardo de Gálvez (1746-1786).



Cartagena de Indias en Marzo de 1741. Disposición de la flota inglesa de Vernon


Poco después de ello los ingleses promoverían la figura de Nelson para elevar la moral y el patriotismo ante la amenaza napoleónica. El asalto a Cartagena de Indias pasó así a ser un anecdótico episodio de mala suerte debido a enfermedades tropicales mal conocidas. El propio Nelson fue en cierto modo víctima de esta conspiración de silencio. Poco después de afirmar que los Dons sabían hacer barcos pero no pelear tuvo que retirarse humillado y sin su brazo derecho tras el intento de captura de Tenerife (Julio de 1797), cosa que también daba por hecha, y entregar su vida en Trafalgar ante los Dons que pelearon de forma valiente bajo un inepto mando francés.

Y los españoles, por contra de los ingleses, somos tan miserables que nos avergonzamos de nuestras hazañas y hurtamos al saber popular figuras como la de Blas de Lezo y Olavarrieta, marino español y vasco de Pasajes (Guipuzcoa). Su legendaria vida, y anónima muerte, contribuyó a cambiar la historia en América y no desmerece frente al mejor guión de aventuras de Hollywood.

Todo lo que se pueda hacer por difundir esta figura silenciada por unos y olvidada por otros parece insuficiente. Su lugar en la historia ha de estar junto a los grandes nombres de la época colonial. Por mi parte sólo espero que mediante esta página contribuya, aunque fuera de forma modesta, a lograr ese objetivo.

Avatar de Usuario
mastelerillo
Mensajes: 555
Registrado: Jue Mar 17, 2005 12:00 am
Ubicación: Algeciras (Cadiz)
Contactar:

?Se podria hacer desarrollar una bonita historia¿

Mensaje por mastelerillo » Dom Jun 12, 2005 10:17 pm

Esta historia ,contada como la cuenta Targul debe quedar de dulce.No consigo pegarlo con las imagenes que acompañaban esta historia contada por: Marco A. Gandarillas.

Avatar de Usuario
Targul
Mensajes: 785
Registrado: Jue Mar 03, 2005 12:00 am
Ubicación: Granada

Mensaje por Targul » Dom Jun 12, 2005 10:26 pm

Don Mastelerillo. El episodio de don Blas de Lezo y la defensa de Cartagena de Indias suscitó en mi (o comenzó a hacerlo), la idea de un pequeño relato corto cuya primera parte escribí en su dia y prometo buscar.

Sin duda, un memorable hecho de armas del ejército español y una sonada derrota de las armas británicas. "Atrevióse el león inglés de engaño armado.." como dijo Lope.

Quedad efusivamente saludado por recordarme tan memorable hazaña.

Avatar de Usuario
loukubes
Mensajes: 1311
Registrado: Jue Feb 10, 2005 12:00 am
Ubicación: Valencia
Contactar:

Mensaje por loukubes » Lun Jun 13, 2005 12:02 am

Muchisimas gracias Mastelerillo!!!!!!!!,yo lo desconocia completamente.y espero q el tito Targul encuentre su relato. :D
Imagen

Avatar de Usuario
Targul
Mensajes: 785
Registrado: Jue Mar 03, 2005 12:00 am
Ubicación: Granada

Mensaje por Targul » Lun Jun 13, 2005 1:47 pm

El engaño del inglés

Capítulo I

1741

La luz entraba por las cristaleras de la ventana. Procedía de un sol cálido que brillaba con fuerza, tal y como se esperaba de un agradable día de Marzo en la ciudad de Cartagena de Indias. Era éste un puerto dónde confluía el trasiego comercial de Las Indias del sur, desde la Patagonia a Venezuela, unidas en estrecho lazo con las islas del Mar Caribe, ahora nido de piratas que minaban las exquisitas y emprendedoras iniciativas comerciales de Felipe V, asi como las flotas del tesoro que también recalaban en Cartagena antes de partir hacia la Península. Ya desde la derrota del pretendiente Carlos, allá por el año 13 del siglo, Inglaterra había aprovechado la situación ventajosa de sus privilegios en América (nadie dudaba ya que poseía bases en las Antillas), para amenazar seriamente la presencia española en América.

La familia de Moroao, originaria de la ciudad de Santander, había aprovechado el favor real tras el apoyo a la causa de Felipe de Anjou durante la guerra para establecerse en el Nuevo Mundo. Fueron años de holganza para los Moroao, que siempre supieron compaginar un hábil sistema de amistades entre los prohombres locales con la aportación de capital a ciertas empresas comerciales que resultaron tremendamente fructíferas. No obstante, una tormentosa tarde de abril en 1733, Alfonso de Moroao y Catalina Juárez de la Cerda fallecieron en la tornaviaje desde Cuba, asaltado su bergantín por piratas ingleses, que pasaron a cuchillo a toda la tripulación.

Dejaron en Cartagena a su hijo, Diego de Moroao, que con 15 años, había sufrido altas fiebres tropicales, que le obligaron a guardar cama mientras sus padres marcharon al Caribe en solitario, temerosos de que un viaje en barco pudiera agravar su delicado estado de salud.

En sus pobres padres seguía pensando de vez en cuando, añorante de las caricias que su madre solía dedicarle cuando le daba las buenas noches, de los sabios consejos de su padre, los paseos a caballo, etc... Creció, no obstante, bajo la tutela de su tío e hizo carrera militar, como a su padre le hubiera gustado, dónde ganó el rango de teniente a los 22 años, hacía ya un año escaso.

Venía pensando esto por el enmoquetado pasillo, ajustándose el peluquín blanco al que nunca conseguía acostumbrarse, con el negro sombrero de tres picos debajo del hombro. Se topó con una criada mulata que bajó la mirada al pasar, joven, de unos 20 años, pero poco agraciada por las pecas que cubrían sus rostro de ojos miopes. El ruido de sus zapatos franceses sin tacones (siempre se negó a llevarlos, más por incomodidad que por mal gusto) era lo único que parecía escucharse en casa de los Barreda.

Se detuvo ante la puerta blanca adornada con pan de oro y antes de alzar la mano para picar en ella, desvió la mirada hacia un busto romano que montaba guardia a su lado, cuyo peso era sostenido por una marmórea y desmochada columnata blanca. Suspiró, liberando su mente de los ingratos recuerdos de juventud que se agolparon en su mente (el busto le recordaba a su padre). Era, en suma, un día que se le antojaba feliz, si no llegaba a torcerse.

Picó por fin con los nudillos guarnecidos de terciopelo blanco, suavemente. Contestó una voz femenina y suave.

-¿Quién va?
-Soy Diego

Se abrió la puerta, y apareció tras de ella una cara morena de ojos negros, con las mejillas resaltadas por el colorete, tocada con los rizos cortesanos de una corta peluca de bucles blancos que resaltaba la luminosidad de su rostro bello y joven. Apareció de entre sus labios finos una sonrisa cálida y acogedora.

-Sois vos-dijo, alzando lentamente el brazo derecho y ofreciéndole el dorso de su mano, que él tomó por la palma, con suma delicadeza.

-Sí, mi señora. Y estuve hablando con vuestro padre.

Ese no era otro que don Blas de Barreda y Campuzano, capitán de fragata de Su Majestad. Hombre grave y gestos nobles, carente de esa pedantería mayestática que suelen darse los cortesanos de Madrid.

Acentuó ella su sonrisa, imaginándose el porqué de la charla.

-No os quedéis ahí, pasad- dijo ella, retirándose a un lado de la puerta, rozándolo su larga falda blanca de intrincados encajes y motivos azules.

Entró él, cerrando tras de sí. La acompañó hasta la puerta vidriada del balcón, frente a la cúal tomaron asiento en sendos sillones, uno en frente del otro. Miró él sus ojos, buscando el consuelo de su mirada tímida, que esperaba se volviera todavía más vergonzosa cuando le contara lo que le traía allí.

-Verás, Clara.-la tuteó ahora, en la intimidad.-Hablé con tu padre sobre lo nuestro, y...

La miró ella, entre intrigada y emocionada, pues hacía casi un año que tuvieron sus primeros encuentros y paseos en secreto, quedándose prendados el uno del otro. Ansiaba casarse con él, y ser feliz a su lado, viendo crecer a sus futuros hijos y cuidando de su marido como la perfecta esposa que siempre quiso ser. Largos años de juegos con sus hermanas durante la infancia, las enseñanzas de su madre y de la profresora particular para hacer de ella una perfecta dama, alcanzarían ahora perfecta consecución si se casaba con aquel hombre de ojos verdes al que tanto amaba. Aunque aquellas no eran sino las razones que todos imaginaban, reprimía otras más profundas y secretas, como un anhelante deseo de libertad, que sólo podía conseguir através de aquel buen muchacho.

Se demoró él un momento, sonriendo a su vez, ilusionado.

-Lo hizo. Me ha dado tu mano. Dijo que le parezco un buen muchacho y que seguro que seré un perfecto yerno.

Rió ella, feliz, extendiendo sus manos para que él las tomara. No pudieron aguantarse las formalidades. Chirrió levemente el discreto miriñaque de ella al levantarse y abrazarlo, mientras una lágrima se resbalaba por su mejilla. Era el día más feliz que había tenido hasta entonces, mucho más que el de su primer vestido, su primer paseo por el campo o su primer beso. Y un beso era lo que ahora se estaban dando, ahítos de felicidad.

Quedaron así abrazados, bañados por la dulce luz que entraba por los ventanales, dos almas fundidas en una sola, dos pensamientos y dos bocas.
Última edición por Targul el Lun Jun 13, 2005 2:01 pm, editado 2 veces en total.

Avatar de Usuario
Targul
Mensajes: 785
Registrado: Jue Mar 03, 2005 12:00 am
Ubicación: Granada

Mensaje por Targul » Lun Jun 13, 2005 1:48 pm

Capítulo II


Tocaba, como cada jueves, guardia en la fortaleza de San Felipe, bastión que dominaba la ciudad de Cartagena desde lo alto de la loma. Llevaba calado el sombrero de tres picos y el espadín pendiendo del tahalí, que se bamboleaba al caminar. Las botas negras de caña alta emitían un sonido corto y repetitivo al chocar contra el suelo empedrado de la fortaleza. Todo estaba calmo en los pasillos, y los soldados de guardia, ociosos, eran sorprendidos estando sentados o mirando distraídos por la ventana, ociosidad que se esfumaba como por ensalmo cuando se escuchaban las botas del teniente por el pasillo. Aunque, porque no decirlo, el teniente estaba demasiado contento aquella mañana, y no formuló queja alguna cuando a algún soldado no le daba tiempo a erguirse como era debido, o dejar lo que estaba haciendo con la rapidez necesaria.

Su superior jerárquico, el coronel don Carlos des Naux, pasaba revista esa mañana en el castillo de Bocachica, situado en una vecina loma, dominando entrambos el paisaje de la bahía. Se asomó desde la pétrea almena contemplando despaciosamente la ciudad que yacía a sus pies, blanca y resplandeciente, con sus iglesias de piedra, sus casonas y palacetes, su puerto hoy calmo dónde reposaban los seis navíos de guerra con los que contaba la defensa de la ciudad, destacando por eslora y tamaño frente a veleros y mercantes: El Galicia, la nave capitana (un elegante tres puentes) mandaba al San Felipe, el San Carlos, el África, el Dragón y el Conquistador.

Le vino a la memoria la caballerosa rencilla verbal que tuvo en un baile de oficiales con el mutilado y veteranísimo almirante don Blas de Lezo y Olavarrieta, manco, tuerto y falto de la pierna derecha, todas honrosas heridas de guerra en veintitantas campañas para mayor gloria de Su Majestad, pero hombre inflexible, sagaz, militar nato con una sangre fría y capacidad de mando envidiables. El asunto sobrevino cuando, para su despecho, el general pidió a su prometida, doña Clara de Barreda que le hiciese el honor de concederle un baile, aún cuando él andaba, hablando con su tío. Este, profundo admirador de la figura del almirante, lo consintió. Más, fue gallarda la oposición del joven Diego, que se interpuso al veterano, dando a entender con el debido respeto que él ya había pedido tal merced con anterioridad. Se cruzaron palabras que subieron de tono, e incluso el general llegó a insinuar la posibilidad de un duelo con padrinos. La cosa quedó solucionada con la mediación del coronel des Naux, que sosegó los ánimos con sabio criterio.

Apoyó sus manos en la vieja piedra esculpida hacia tres siglos por mandato de aquellos austeros gobernadores de la imperio de los Austrias. Su mirada distraida topó de súbito, mirando al horizonte azul, por un destello blanco e impreciso que, asomando por la "Punta Canoa" le turbó grandemente. Se quedó mirando fijamente aquel punto, hasta que transcurrió un buen rato y la duda se disipó dando paso a una realidad todavía más turbadora que el peor de sus presagios. Eran velas, decenas de velas.

El Virrey Sebastián de Eslava, dictaba una carta a su escribano, mientras paseaba con donaire por su despacho enmoquetado de rojo, al aire distraído y pensativo, con una mano en la cintura y la otra bailando metódicamente por el vacío, cavilando. Todo en él eran borlas doradas, cintas y lazos de vivo color, medallas sobre la chaquetilla, zapatos de tacón con hebilla de plata y una peluca larga y blanca que le llegaba a la altura de los hombros.

-La transacción ascendió a 300.000 florines, a lo que ha de sumarse los beneficios procedentes de....-andaba dictando a su fiel escribano, un hombre algo rollizo sentando frente al escritorio, tomando cumplida nota de todo cuanto se decía, garrapateando el papel con su pluma de ganso.

Picaron a la puerta repetidas veces, lo que causó fastidio al funcionario real.

-Pasad...-dijo, con desgana.

Entró el mariscal de campo don Melchor de Navarrete con el sombrero calado, evidente falta de descaro que le hubiera costado una reprimenda de no ser tan sorprendentes las palabras que cruzaba con su superior.

-Excelencia. Una flota de bandera inglesa se aproxima a la ciudad con evidente actitud hostil-dirigió el Mariscal una mirada indiferente al secretario que había parado de escribir y los miraba con espanto- Se cuentan al menos un centenar de velas.

-Espero y deseo que se trate de un broma pesada, Melchor-dijo el Virrey, enarcando una ceja.

-Con gusto me reiría yo con vuestra excelencia de ser ese el caso, más me temo que verdad es esto que le estoy contando a vuestra grandeza. Puede su excelencia asomarse al balcón y juzgar por sí mismo-añadió el mariscal, entregándole un catalejo plegado.

El Virrey lo tomó despaciosamente, dirigiéndose al balcón, contrariado. Su secretario le abrió las puertas vidriadas, displicente. Miró el aristócrata la línea de costa sin ver nada inquietante, pero en la lejanía, efectivamente, se distinguía una multitud de puntos blancos. Desplegó el catalejo y miró a través de él esa preocupante marea blanca. En efecto, se trataba de buques, y, para más señas, buques de guerra ingleses. Apretó el virrey los labios, enfurecido por el rumbo que tomaban los acontecimientos, que intuía desde el desastre antillano del del 39 en Portobelo, cuando el almirante inglés Vernon tomó la ciudad y el puerto caribeño pobremente defendido, obteniendo a cambio un considerable botín en oro, artillería y otras especias.

-Llamad inmediatamente a la plana mayor. Declarad el estado de guerra y ordenad a los buques que guarezcan el puerto. Pedid refuerzos, haced acopio de víveres y avisad a los fuertes para que racionen las vituallas y se preparen para soportar el cerco.

El aplomo con el que el delegado real dijo esto, fue tan impresionante que el mariscal no pudo sino reverenciarse y partir raudo a cumplir las Ordenes con un escueto: “Sí, Excelencia”. Quien hubiera pensado que aquel fulano amanerado y bienquisito tuviera aquella faceta calculadora y militar. Le echaba cojones, pensó el coronel.
Se corrió prestamente la voz, y patrullas improvisadas recorrían la ciudad paralizando la actividad a gritos de: ¡Vienen los ingleses!, ¡Parapéntese en sus hogares! Cartagena vivió una rápida conmoción. El trasiego en las calles se hizo tremendo, en una ida y venida de presurosos mozos y esclavos cargando y salvando las más dispares vituallas, gente corriendo hacia sus casas o hacia el campo y otras escenas de pánico. Eran pocos los que se asomaban al puerto.

El Galicia soltaba ya amarras, enfilando en dirección a la bocana del puerto, que le seguían otros dos navíos, con las portas de los cañones ya abiertas y mucho movimiento a bordo. El almirante don Blas de Lezo miró las velas inglesas con su único ojo através del del catalejo que sostenía su también única y veterana mano. Atacaban ya los marineros los cañones con pólvora y balas, inseguros del destino que les aguardaba. Demasiadas velas en el horizonte, dictaba la prudencia. El veterano almirante no daba por perdida la esperanza. Giró sobre sus botas, mirando a la tripulación, algunos guardamarinas y marineros bisoños temblaban de miedo.

-¡¿Qué diablos es esta insubordinación?!-gritó, taconeando la cubierta con su pata de palo-¡Atajo de cobardes! ¡No pienso tolerar la indisciplina!. ¡Contramaestre!

Se acercó el oficial al punto, visiblemente cohibido por la ira de su almirante.

-¿Señor?

-Azote a los hombres que den señales de indisciplina o miedo, según el procedimiento. Arríe banda a los otros buques para que sepan que deben completar el bloqueo del puerto o yo mismo les cañonearé. ¿Entendido?

-Entendido, señor-dijo, cuadrándose.

Era evidente que el respeto que infundía en todos aquel bravo veterano era medicina más que suficiente para calmar todos los males de disciplina habidos y por haber.

El bloqueo inglés ya era un echo. El almirante Vernon supervisaba el intenso cañoneo que tenía lugar contra los buques españoles, que se replegaban despacio, sin dejar de batirse, bajo el cabo del cerro de Bocachica, cuyo fuerte vomitaba incesantemente pelotas de hierro. Rumiaba su despecho el inglés con las respuestas de Lezo a su carta instando a la rendición. Respuesta que había destrozando con sus propias manos tras leer el insolente mensaje. 'Hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera Usted insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía..."

Disponía de 2000 cañones dispuestos en 186 barcos entre navíos de guerra, fragatas, brulotes y buques de transporte. Tenía bajo su mando a militares ingleses de probado valor, 4.000 voluntarios colonos de Virginia, 2.000 esclavos macheteros de Jamaica... Creyó que ya era la oportunidad de dar a los arrogantes españoles una lección en la que pondría de manifiesto la debilidad de aquel imperio ultramarino de pacotilla, con sus colonias mal defendidas y, sobretodo, sus altísimos aranceles y el estúpido monopolio comercial que relegaba su nación a tener que comerciar oficialmente con tan solo un navío con aquellas colonias. Fue informado que gran parte de la población de Cartagena parecía huir hacia el interior del continente, sabedora de aquello iba a ser una derrota segura. Ordenó un incesante cañoneo contra el castillo, la ciudad y los buques españoles. 62 cañonazos eran disparados cada hora. El triunfo parecía en sus manos, y así, pasó un día, y otro..

El cirujano de a bordo, mr.Higgins anunció algo preocupante.

-Señor almirante. Estoy desolado. 23 hombres han contraído fiebres y otros tantos están en cama debido al escorbuto y la disentería.

-¿Tengo que preocuparme de eso?-dijo Vernon levantando la vista de sus mapas, que analizaba junto al general de los colonos, Lawrence Washington- Seguro que vos, como buen cirujano, hallareis pronto solución contra las enfermedades de la tropa.

Iba a rechistar el cirujano, sabedor de que era incapaz de combatir contra aquellas enfermedades, más fue despedido con un leve gesto de la mano enguantada del almirante.

Desembarcaron las primeras tropas inglesas, encontrando escasa o nula resistencia en las parcialmente derruidas calles de Cartagena. Entraron en tropel en el palacio del gobernador, vacío para su consternación. Los pocos habitantes que todavía quedaban en la ciudad se escondían de los soldados aunque, como en toda guerra, no se pudieron evitar vergonzosos episodios de violaciones, asesinatos y pillaje (en este caso ni siquiera se intentaron evitar).

Vernon centró luego su ataque en los navíos que rodeaban el peñón del castillo de Bocachica, que fueron cañoneados hasta la extenuación, y tuvieron que ser evacuados por sus tripulantes, replegándose a la playa. Se cumplía así el día 16 del asedio de Cartagena de Indias.

Responder