Siglo de Oro - "Juegos Bizantinos"

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Quevedo
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Mensaje por Quevedo » Lun Ago 01, 2005 10:29 pm

[Diego de Lorca]

Apenas había llegado hasta nuestra mesa la tabernera, le pedí por favor que se sentase y me dispuse a presentar el tema a ambas damas.

-Bien, el trabajo es sencillo, por lo menos, lo es de presentar a vuestras mercedes. Este domingo, Dios mediante, tendrá lugar en la Villa y Corte un sarao cortesano en El Pardo. Vos, Soledad (ella me había confesado su nombre minutos antes), tendrá que seducir a un tal Alberto del Castillo, hijo del vizconde, hasta tal punto de que él mismo os invite a su casa. Una vez allí, debeis apañaros para robarle de su escritorio cierto documento firmado por un tal Francesco Marozzo. Una vez acabado eso, debarás salir junto a un compañero que se te dirá más adelante.

Girando la cabeza hacia la tabernera (Celia, según oí al tabernero antes llamarla desde la otra punta del local), proseguí con su parte de la historia:

-En cuanto a vos, Celia... su misión será la de espiar cierta conversación privada entre el vizconde de la Encina, el duque de Uceda y el embajador genovés y sus gentilhombres, en una pequeña lengua de tierra donde tienen una caseta privada junto a un lago artificial... simplemente eso.

Por todo ello, cada una percibirá 10 escudos de oro.

-Así está el percal... ahora, vosotras decidís. En ese momento, aproveché para volver la mirada hacia Soledad y esperar una respuesta similar por su parte. Ambas se disponían a responder, así que me dispuse a escucharlas....

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quemeplace
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Mensaje por quemeplace » Mar Ago 02, 2005 11:00 am

(Celia Robles)

Voto a Dios que diez escudos de oro por escuchar una conversación no era trabajo mal pagado. Parecióme demasiado fácil y desconfié unos segundos. O la cosa era más complicada de lo que parecía o había alguien muy gordo detrás de esto... o las dos cosas. De uno u otro modo, no iba a ser yo la que rechazara semejante encargo.

-Cuente conmigo. Ya se encargará vuestra merced de exponerme los pormenores del asunto.

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Targul
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Mensaje por Targul » Mar Ago 02, 2005 11:15 am

[Soledad de la Rosa]

Sonrió, ya que sabía que aquel aquel caballerte buscaba algo más que una noche desatada. El trabajo propuesto parecía bastante sencillo y la recompensa le acomodaba.

-Puede contar vuesa merced con mis servicios, aunque no dispongo de ropa apropiada ni medio de transporte...¿Como arreglamos ese asunto?

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Targul
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Mensaje por Targul » Mar Ago 02, 2005 12:11 pm

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Caserío del chopo, camino de Alcorcón, 4 de abril de 1621

Estaba amaneciendo. Doña Violeta Casasola despertó, incómoda. No era lo suyo dormir al raso y más con las ropas pardas de viaje puestas. Mirando el cielo vespertino y aún medio oscuro recordó porque estaba allí. El despacho en el Alcázar y el fuego crepitante, la mirada penetrante de Olivares sentado en su butacón aterciopelado. La misión era sencilla. Ella, junto a un grupo de espadachines a sueldo, debía tomar el caserío del chopo, anticipándose a la llegada de Francesco Marozzo, que viajaba de incógnito a Madrid para supervisar la llegada del cargamento de palo de Brasil y los dineros de la trata de negros y llevarse las alabanzas de su patrón, el vizconde de la Encina. Una vez tomado el lugar, había que aguardar a la llegada del tipo aquella misma tarde e interrogarle acerca del comercio ilegal que sus barcos negreros hacían en las Indias, canjeando contrabandos por oro. Dinero no declarado del que el vizconde también se llevaba su pellizco.

-Ya es la hora- dijo el hombre.

Miró el rostro de aquel tipo con acento italiano, estrecho bigote y cara fiera surcada por la viruela. Iba siempre vestido de siniestro negro y portaba una pistola, una daga de mano izquierda y una espada de lazo cuyos exagerados gavilanes hubieran provocado chanzas en otras personas. Era un tipo seco con humor negro, aunque a veces hablaba bastante. Capiteanaba aquella panda de adustos bravos que cargaban más hierro que Vizcaya. Los hombres le llamaban Malatesta. Violeta se levantó, y el tipo la ayudó a poner el pie en el estribo, sentándose de lado en la silla como dama de alcurnia. Los bravos montaron y se encaminaron hacia la casona que ya despuntaba en la lejanía.

Fuego e ira. Corrieron pistoletazos y estocadas. Los hombres de Malatesta se desparramaron por el caserío como demonios, acuchillando a mansalva. Solo un caballo consiguió partir raudo de aquella matanza, cuyo jinete se aferro a sus crines mientras las balas zurreaban a su alrededor. Violeta se quedó aparte, mientras aquellos tipos confiscaban armas, arreos y bolsas a los muertos y los enterraban en una fosa común cavada en el huerto, tomando posiciones de guardia. Malatesta se acercó a la dama.

-Ya puede pasar vuestra excelencia. El jefe de los bandidos ha escapado, un tal Enríquez el Tuerto. De todos modos, parece que efectivamente pasará por aquí el señor Marozzo a la hora de la comida, y parará para proveerse de conmudio y descansar los pies. He dicho a los hombres que duerman bien esta noche para cabalgar mañana a interceptar el cargamento de palo de brasil y los otros arcones. Aunque esperemos que, al llegar, esos matachines que mencionó vuestra grandeza hayan hecho ya todo el trabajo.
Última edición por Targul el Mar Ago 02, 2005 1:34 pm, editado 1 vez en total.

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elisheva
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Mensaje por elisheva » Mar Ago 02, 2005 12:42 pm

(Violeta de Casasola)
Entré en el caserío observando las huellas de la encarnizada lucha que aún permanecían.Las órdenes del valido habían sido tajantes: La información que necesitaba era vital, así como los dineros que sangraban las arcas reales
-Ahora me retiro a descansar. Avisadme cuando haya noticias de Marozzo.
Malatesta me miró socarrón,con esa expresión insultante que significa que no responde a dueño, sino a sí mismo. Con estos tipos debes afianzar tu autoridad, me dije.
-¿A que esperais?Poned guardias en previsión de una avanzadilla.Al amanecer quiero notificación de los puestos deobservacíón.
-Así se hará, vuesa excelencia.
La espera nocturna no hizo sino avivar mi inquietud. La misión parecía fácil, pero algo me decía que no estaba todo claro.El vizconde había mostrado su inquietud por el viaje de sus riquezas y era un tipo precavido.Además había sido valedor de don Fernán de Ribadesella, y yo no las tenía todas conmigo.
Una llamada perentoria a la puerta de mis aposentos me sacó de la ensoñacion:
_Disculpad, baronesa, pero es urgente que acudais al salón. Mis hombres han encontrado a un caballero atado y amordazado en la bodega
Última edición por elisheva el Mié Ago 03, 2005 1:16 pm, editado 1 vez en total.

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Dhwilinel
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Mensaje por Dhwilinel » Mar Ago 02, 2005 3:26 pm

[Rodrido de Lozoya "el maltés"]

Me quede pensando un rato, eso puso un poco nervioso a este caballero, pero yo soy así, me gusta pensar las cosas, y la verdad que lo que proponía no parecía difícil y estaba bien pagado, al fin y al cabo yo llevaba mucha muertes encima en favor de nuestra patria y nuestra religión, unas pocas más no tendrían consecuencias peores.

-Esta bien caballero, no tengo ningún incoveniente en aceptar su propuesta. Espero ahora con impaciencia los detalles de la misma día, hora, lugar y compañeros de fatigas, aunque uno pienso que será vuesa merced y otro mi compañero de naipes.

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Viriato
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Mensaje por Viriato » Mar Ago 02, 2005 6:16 pm

[Luis de Martínez]

¿Detalles?, Mañana os espero a las primeras luces del alba en Lavapiés, allí alquilaremos un coche de caballos si carecéis de montura, ya que el domingo hay que estar en la posta de alcorcon, descansados y listos para el combate.
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"En nuestras mentes conservamos, la grandeza del ayer, tenemos voluntad de imperio, que tendrá que renacer." Alonso de Contreras

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Quevedo
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Mensaje por Quevedo » Mar Ago 02, 2005 8:05 pm

[Diego de Lorca]

-Tranquila... las ropas y joyas les serán debidamente entregadas en su tiempo y forma. Y ahora, si me disculpan vuestras mercedes, me ausentaré un rato mientras termino de atar cabos. Mientras, podeis tomar cuanto deseeis a mi salud y bolsillo.

Tras decirle esto a Soledad y a Celia, me levanté no sin antes hacer una reverencia hacia las damas (de distitna forma recibida) para terminar con el asunto.

Me acerqué a Manolillo, me senté a su lado y le comenté el asunto que a él le podía acomodar.

-A ver, Manolillo... veo que has hecho lo que te hemos pedido y lo has hecho de forma correcta.. así que la propuesta va a ser clara... este domingo, tu tendrás que entrar en una casa que te indicaremos en el momento que se te indique... rapiñar al gusto y salir junto a una mujer que previamente hará en la casa su parte del trabajo.. cosa que a tí no te afecta. Una vez lo hayas hecho, 10 escudos de oro te esperarán, amén de lo rapiñado con anterioridad... y por supuesto, si hacer lo haces bien, en un futuro, tu nombre se tendría en cuenta para misiones igual o más provechosas. ¿Qué me dices?.

Manolillo parecía tranquilo y sosegado. Su cara mostraba la imágen de la confianza en un trabajo a priori sencillo para sus buenas artes.... pero yo, como varias veces ya esa noche en esa taberna... esperaba respuesta....
Última edición por Quevedo el Mar Ago 02, 2005 8:23 pm, editado 2 veces en total.

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Throx
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Mensaje por Throx » Mar Ago 02, 2005 8:13 pm

-Mi señor, si cuando hicísteis vuestra entrada en la taberna hubiera conocido vuestras intenciones tal vez nos habríamos ahorrado ciertos pormenores. El trabajillo que me ofrecéis pinta muy bien y, aunque con la mosca detrás de la oreja, acepto de buena gana siempre y cuando se cumpla lo que decís.

Me crucé de barazos y le dije al comediante " Decidme donde y cuando, que me deslizaré de tal forma que los inqulinos pensarán que ha sido obra de fantasmas"

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Quevedo
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Mensaje por Quevedo » Mar Ago 02, 2005 9:44 pm

Ya parecía la cosa cuadrada.... así que me dispuse a cerrar las últimas instrucciones con el zagal.

-La cosa es bien sencilla, amigo... el domingo, deberás esperar en las cercanías de la casa del hijo del vizconde de la Encina.. cerca del alcázar real. A altas horas de la noche, te presentas y robas al gusto... sin más. Hasta ese momento, puedes ir por la zona para reconocer el terreno y avistar por dónde podrás entrar de la mejor forma. Lo demás, lo dejo en tus más que cualificadas manos.

Vi al alguacil y me dirigí hacia él para ser informado de las últimas horas sobre mi cometido en la historia:

-Don Luis -le dije- mis labores serán realizadas en esta historia en la parte que a usted le ocupa, eso es, que yo iré con vos y sus reclutados para sumar un acero más al cambalache.. nos veremos en el lugar y hora acordada, allí me tendreis como un clavo.. los aceros se calentarán pronto... y el mío tiene frío....

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Quevedo
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Mensaje por Quevedo » Mar Ago 02, 2005 10:01 pm

[Diego de Lorca]

Tras esto, volví a la mesa donde las doncellas hablaban (peligro manifiesto, dos mujeres hablando mientras miran de reojo a un hombre... y si ese hombre es uno mismo.. peor que peor).

-Bien... la cosa está así: el sarao es el domingo en El Pardo a la hora de comer. Mañana Sábado ireis cerca del colegio imperial de los jesuitas a casa de una meretriz para que os provea de ropas, complementos y baños diversos.. luego, el día de los acontecimientos, a la mañana, un lacayo os recogerá para llevaros al sarao y os dará los demás detalles importantes. Allí, vuestra merced, Celia, deberá controlar al vizconde de la Encina, el duque de Uceda y el embajador Genovés y sus gentilhombres... cuando después de comer se retiren.. los sigue y espía la conversación que tengan... con todo el detalle con el que sea capaz de hacerlo.

Mirando a Soledad.. continué:

-Vos, Soledad, deberás seducir como ya le dije, a Alberto del Castillo, el joven hijo del vizconde.. hacer que la lleve a su casa, y una vez allí, robar de su escritorio cierto documento firmado por Francesco Marozzo. Luego, saldrás de allí con el zagal que robará en la casa.. para hacer ver que fue un simple asalto. Al jovenzuelo, se le dejará fuera de combate, pero nunca matarlo.

-Y si no hay más preguntas, se levanta la sesión -concluí-.

Tras esto, tendí la mano a Soledad:

-Y si vos lo deseais así, estaría encantado de acompañarla a su casa... nunca se sabe cuántos peligros pueden acechar en un Madrid con cielo enlutado...

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Targul
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Mensaje por Targul » Mar Ago 02, 2005 11:42 pm

[Soledad de la Rosa]

Era hora de irse a dormir...por asi decirlo. No le vendría mal la escolta de ese caballerete, pues en la noche las sombras se mueven con la espada en la mano, esperando al escogido para ajustar cuentas. Asi pues, levantose una sonrisa, se ajustó la capa y dejó sobre la mesa cuatro marevedíes a la moza.

-Nos vemos mañana delante del colegio de los jesuitas, a las doce- dijo

La noche solo estaba iluminada por las velas de los adoratorios que los vecinos ponían en cada esquina para evitar los orines. La calle estaba silenciosa y ponia los pelos de punta. Fueron hablando en voz baja para tenerse localizados, encaminándose hacia la corrala de la ninfa, llamada así por ser lugar donde habitaban putas y había mancebías a pie de calle que, a esas horas, estarian haciendo un muy lucrativo negocio.

Saludó Soledad al portero, un hombre fiero, un rufián cuya bachillera del abrocho estaba aliviando a un tipo con sospechoso aspecto de cura disfrazado, subiendo las escaleras de la corrala. Un par de daifas la saludaron, apoyadas en un soportal hablando de sus cosas. No hubo menor comentario para el acompañante, solo las miradas de ellas, dándole a entender que si ella no cumplia, ellas se ofrecian sobradamente a hacerlo a cambio de algunos escudos.
La puerta se cerró detras de él. La estancia estaba ordenada apesar de ser bastante reducida y desvencijada. Se notaban esos detalles de mujer organizada que daban un toque hogareño a lo que en otras habitaciones vacías era un picadero, poco más que una cama.

Los ojos desparramados por la habitación se toparon con los de ella, mientras colgaba la capa y dejaba ver debajo un vestido de generoso escote donde su cabello rizado le caía en parte, desordenado. Se acercó a distancia suficiente para que él, tomándola por la cintura, le sonriera, robándole un beso largo y mojado. A Diego de Lorca le ardía el pecho. Jamás había estado con una mujer así, no por bella, sino por decidida y pasional, en conjunción con lo primero. Se dejó llevar por las sensaciones, notando como, al cabo de un larguísimo beso, durante el cúal él recorrió su cuerpo con las manos sobre la ropa, le quitaban graciosamente el sombrero, poniéndolo sobre una esquinera del dosel. Aquello significaba una cosa, desde el siglo viejo. Tocado colgado en la cama de una dama, conquista asegurada.

La sonrisa de ella era peligrosa e incitante, y se acercó a desabrocharle el cinto, en cuyo tahalí pendía espada y daga. La proximidad de sus manos tersas y suaves le alteró aún más, cosa que ella notó. Liberado del peso del cinto, comenzó a desabrocharle el jubón mientras él la besaba, impaciente, pasional. Al cabo de unos instantes, ambos yacían semidesnudos entre las sábanas revueltas, ahogándose en besos mientras Diego bombeaba insistentemente sobre la tusona, que le arañaba la espalda sin apretar, susurrándole cosas al oido, oido que mordía o anegaba de saliva, al igual que el cuello, a lo que él también respondía. Esas confidenciales pasionales dichas al oido le hicieron llegar, no una vez, sino dos, al climax, durante una larga noche de placer, en la que él sorprendió a la dama con algunos trucos aprendidos de meretrices y damiselas de dudosa reputación, en los que dedos y lengua se usaban a partes iguales. Ella hubo gran placer de ello, gimiendo como una loba, y disfrutando hasta llegar a estallar, cosa que no hacía desde al menos un año.

Al final se quedó dormida, satisfecha y con la cabeza apoyada en su torso fibroso. Para Diego de Lorca, aquella había sido una de las mejores noches de su vida. Esperaba salir vivo, el domingo, para poder gozar de algunas más. Aunque, porque no decirlo, en aquel momento no le habría importado morirse, pues creia haber visitado el cielo.

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Lauridssen
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Mensaje por Lauridssen » Mié Ago 03, 2005 12:02 am

Miguel Molero, el "Oso de somosierra"


Al fín llegabamos al meollo de la cuestión, y a mi parecer era lo mejor a esas alturas de la noche...sin más dilación, le hice un gesto de que aceptaba la tarea al caballero que nos concretaba los últimos detalles de la faena, quedé en presentarme en lavapiés en menos que pica una pulga y me levante mientras de mis tripas salia un terrible rebuzno que acrecentarían mi fama por aquellos sitios de los que huía el mismo diablo.
Salí de la taberna y me dirigí a mi sucia y desordenada habitación en la mancebía de mi vieja amiga Rogelia la roja (como su pelo), ella me dejaba una pequeña habitación siempre y cuando le ayudará a desprenderse de visitantes molestos...ya sabeis.
Bien temprano me levanté me coloque minuciosamente el coleto de cuero, el cinto con daga y espada militar, otra daga en la caña de la bota y mis dos pistolas en la en la parte trasera del cinto tapadas por la capa más mugrienta y sucia que un corral de gallinas.
Bien sabe dios que mis ojos tenían ganas de volver a ver la sangre fresca correr por mis manos una vez más y estos caballeros me iban a dar la oportunidad...

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quemeplace
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Mensaje por quemeplace » Mié Ago 03, 2005 8:19 am

(Vaya, lo que se ha perdido mi personaje por culpa de los dados :lol: )

(Celia Robles)

Don Diego -ahora ya sabía de qué me sonaba su cara, pues recordé haberlo visto en el corral de comedias- tomó la mano de Soledad y salieron de la taberna. A ese galán ya no le harían falta muchos versos aquella noche.

Mientras recogía la mesa, me quedé pensando en el asunto. Un sarao en El Pardo... Eso significaba emperifollarse como una dama y portarse fino. Lo que más me costaba en estos casos era controlar mi mala lengua. En fin, ya me había hecho pasar otras veces por dama de la corte. Sólo cabía esperar que a ningún caballerete de tres al cuarto se le ocurriera molestar en demasía y desatar mi ira, como la última vez. ¡Me costaba tanto controlar mi mal genio! De repente, mi corazón empezó a latir con rapidez y me subió el calor a la cara... ¡un sarao en El Pardo!... ¿estaría allí Álvaro? El grito de un rufián me devolvió a la realidad de la taberna:

-¡Moza! ¡Bajad de las nubes y traedme esa jarra de vino de una bendita vez! ¡Voto a Dios que si yo fuera vuestro tío os molía a palos!

Le llevé la jarra de vino y se la puse en la mesa de un golpe, esquivando al mismo tiempo sus manos largas.

Mi tío seguía algo nervioso, controlando el percal. Todavía rondaban por allí algunos de los otros individuos, pero lo que les quedaba por hacer se me daba un ardite. Yo ya tenía mi parte.

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Quevedo
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Mensaje por Quevedo » Mié Ago 03, 2005 11:18 am

quemeplace escribió:(Vaya, lo que se ha perdido mi personaje por culpa de los dados :lol:


Jejeje... tranquila.. aquí hay Diego para todas... XDDD.. (es broma, que conste, jeje). :wink:

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Alixa
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Mensaje por Alixa » Mié Ago 03, 2005 12:12 pm

Quevedo escribió:
quemeplace escribió:(Vaya, lo que se ha perdido mi personaje por culpa de los dados :lol:


Jejeje... tranquila.. aquí hay Diego para todas... XDDD.. (es broma, que conste, jeje). :wink:


Ojú con el señor Quevedo.

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Alixa
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Mensaje por Alixa » Mié Ago 03, 2005 12:25 pm

(Don Hernando de Narváez, el Jerezano)

Me desperté desorientado, atado de pies y manos, en una habitación oscura y maloliente. La cabeza me iba a estallar, recordaba en medio de la oscuridad el primero de los muchos golpes que debieron darme estos malhechores. Pero, si pretendían robarme en el camino hacia Madrid, ¿por qué me retienen atado y no me abandonaron medio muerto en el camino? ¿Por qué estoy vivo?. En estos pensamientos estaba cuando rumores, voces de hombre que se acercaban me alertaron. La puerta se abrió y deslumbrado por la luz de fuera apenas puede distinguir desde el suelo, en el que estaba tumbado, dos pares de zapatos...

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Targul
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Mensaje por Targul » Mié Ago 03, 2005 10:24 pm

Bueno, he decidido meterme en el ajo a título personal con Malatesta, espero que no os moleste la licencia. También usaré como personajes a los lacayos, especialmente el del sarao, ya que será el encargado de informar a las damas y llevar a buen puerto el encargo si algo saliera mal.

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Abrí la puerta del inmundo sótano. Había un tipo bien vestido, maniatado y hecho un ovillo. Se tapaba los ojos con las manos, molesto por la luz. Pobre diablo, de no ser por él estaría bien jodido. Conocía la fama del tal Enríquez, perito del secuestro y la extorsión. Parecía hombre de cuna, y seguro que habría conseguido de sus familiares un muy jugoso rescate. Que jodidas paradojas, pensé, tiene la vida. Ahora soy yo el caballero salvador de esta novela. Uno de mis hombres me alargó un tahalí con una espada de costillas y una daga.

-Creo que esto es de vuestra merced- dije el hombre, dejando caer el cinto junto a él.

Me agaché, fastidiado, cortando sus ataduras. Miró mi rostro, maravillánadose de que un tipo como yo le rescatara. Y a bien seguro de que, al primer gesto o palabra de más, iba a darle yo la razón. Lo habría dejado gustosamente pudríendose en aquella celda, pero tenía una dama a la chepa. Me volví a mirarla. Era una de esas mujeres de alcurnia, pero esta estaba especialmente de rompe y rasga. No me habría importado tener con ella un rato a solas, o dos.

-Vuestra excelencia decide que hacemos con él- dije, con un apunte de sonrisa.
-Llegan jinetes- adviritó uno de los sicarios.
-Disculpadme- dije- Tengo que ganarme el jornal.

Los hombres estaban bien apostados, fingiendo descuido. Mientras que algunos se encontraban en la puerta, aparentando normalidad, otros estaban escondidos en el cercano bosquecillo con las pistolas amartilladas. Bajé los escalones, plantándome en medio del camino. Me gustan esas teatralidades tan desconcertantes, que en segun que ocasiones reconfortan el ego. Eran tres hombres, según vi, el tal Marozzo y dos escoltas de capas sospechosamente abultadas. El jinete se detuvo a mi altura, saludando en español. Aquello era cosa hecha.

-Bouna sera- contesté en italiano.

El hombre me miró, confuso. Los mios estrecharon el cerco, empuñando sus pistolas. El ricohombre genovés le echó muchas asaduras (49% de B en Voluntad) y apesar de no llevar pistola, echó mano a su schiavona. Le dejé espacio, mientras sus hombres intentaban hacer caracolear los caballos para dificultar la punteria de mis hombres (12% de B en cabalgar), y vive Dios que lo consiguieron. Dos de los tiros alcanzaron a los caballos, y dos se perdieron, el gentilhombre cuarenton de buen talle tuvo problemas con su caballo, perdiéndome el frente. Aproveché el receso para encañonar a uno de los escoltas con mi pistola. El tiro salió a pedir de boca (19% de 60%, armas de fuego B+10 de buen tirador), alcanzándole el pecho (tirada de localización, 1D20, 14, daño de 8 puntos, 5+3 -tirada de 2D6-), dando con él en tierra.

Marozzo venía rehecho, tirándome una estocada excelente (06%), que yo también esquivé excelentemente (16% de 75%). Uno de sus guardias descargó un pistoletazo sobre uno de mis sicarios (48% de 50%), alcanzándole en la pierna izquierda (tirada de localización 4), volándosela literalmente (11 puntos de vida, 5+6), cayendo al suelo entre alaridos. Ataqué yo ahora, más diestro que él (18 de DES frente a 15), tirándole el herreruelo sobre la espada, con que se la trabé (31% de 75%), lanzándole una estocada fulminante (60% de 90%) que él se comió como pardillo (87% de 25% en esquivar). El piquete le pasó el brazo derecho (5+1 de daño en ropera, 1D6+1, tirada de localización 15), haciéndole soltar el arma. El tal Francesco trastabilló, (71% de 70% en una tirada de FOR, 14x5), poniéndomelo fácil.

Entretanto, mis hombres atacaban al escolta por todos los frentes. Este, fallando estrepitosamente desvíos con espada y daga (87% y 97% de 50%), recibió una estocada (dos fallan, uno saca 03% de 50%) en el brazo derecho (otra vez 14), que se lo dejó bien malherido, sino inmóvil (4 puntos de vida de 3+1 puntos de daño en el brazo, por llevar jubón de estopa). Lancé la estocada definitiva a Marozzo (67%), que la recibió nuevamente (65% de 25% en esquivar), en el bajo vientre (localización 9, 4+1 puntos de daño), encajándola con un gemido. El tipo era fuerte, después de todo. Mientras uno de mis sicarios acuchillaba al guardaespaldas en una pierna (37%, 3+1 puntos de daño), haciéndole perder pie, saqué mi daga y, con todo el tiempo del mundo, así al genovés del pelo, atándole pies y manos (la pérdida de puntos de vida indujo a Marozzo a sufrir una pérdida de Espíritu (ESP), sintiéndose derrotado). El trabajo estaba hecho, asi que arrebatándole la pistola al guardaespaldas que maté de un tiro en el pecho, disparé a bocajarro contra el caido (50% de 60%, localización 12, 6+4 puntos de daño), volándole también las costillas. Bang.

El desgraciado de la pierna aguantó los dolores (44% de 55% en ESP) mientras sus compañeros intentaban hacerle una torniquete, cortándole la hemorragia (18% de un tipo que tenía 25% en curar, eso es potra). Ese ya no iba a jugar al balón nunca más. Llame al sicario que había curado a aquel tipo, y, tras intentarlo innumerables veces, vendó las heridas de Marozzo antes de que el genovés se desangrara por ellas. Llevado en volandas por los sicarios, pues se había desmayado, lo llevaron dentro del caserío.

No había estado mal hacer un poco de ejercicio.

------------------

Esto es un ejemplo de combate. A vosotros solo os pediré las tiradas y os describiré vuestro combate por privado. Luego, juntando todo, haré un mensaje donde explicaré lo sucedido a modo de narración, omitiendo porcentajes entre paréntesis, como en este caso. Ya veis que son necesarias 3 tiradas si se acierta: la d100 (la de haber acertado), una d20 (localización de daño) y el daño correspondiente del arma. ¿Fácil no? Pues eso.

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Targul
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Mensaje por Targul » Jue Ago 04, 2005 1:16 pm

(Por petición de Juanraigh, tomo su personaje entretanto se descongestiona de trabajo veraniego)

Lavapies, 4 de abril de 1621, 7:00 am.

Gustavo Reales hacía tiempo que había llegado. Cepillaba los caballos y engrasaba las sillas con talento profesional, dentro de una corrala semiabierta que se veía desde la calle. Había madrugado mucho, tomándose una copa de cazalla para recomponerse el cuerpo. Lo primero que hizo fue ir a comprar carne en salazón y forrajear otros bastimentos de casa del conde. Luego, bajando a las caballerizas, había tomado dos caballos andariegos y de patas resistentes.

El primero en llegar fue el tal maltés, montando un caballo negro, bajito y de aspecto moruno de excelente sangre. Lo saludó con mucha política.

-Espero que no os moleste cargar con un acompañante en la silla- dijo Gustavo- Iremos más rápidos montando por parejas que alquilando una carreta, que van a paso de tortuga.

El alguacil llegó, madrugador. Se veía que estaba acostumbrado a las vigilias. Gustavo le indicó cúal era su caballo y que debía llevar un "paquete" en la silla. Llegaron todos, poco a poco durante una hora, siendo el último el actor, por la pereza de separarse de su amante. Cargaban todos espada, daga y pistola, menos Molero, que cargaba dos. Las parejas se distribuyeron del siguiente modo: Gustavo cabalgaba con el Oso por ser él el menos pesado y no fatigar al animal, Rodrigo montó con Diego de Lorca y don Luis con Ramón Zárate, que había aceptado el encargo a última hora.

Comprobaron que llevaban todo el equipamiento: las mantas, yesca y pedernal para hacer fuego, carne en salazón y un par de arenques flamencos en conserva, pan y vino, cuerda para maniatar y herraduras con sus clavos y martillo. Hecho esto, tres parejas de jinetes se alejaron de la bulliciosa capital del imperio por el camino de Alcorcón.
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Mensaje por Targul » Jue Ago 04, 2005 1:32 pm

[Soledad de la Rosa]

Se había vuelto a dormir poco después de que, a eso de las siete de la mañana, el galán se despidiera con un beso. Despertó sobre las diez, estirándose en la cama. Estaba relajada, especialmente en cierto lugar, cosa que le hizo amagar una risita. Se levantó sin prisa, arreglándose el pelo desordenado delante de un espejuelo. Se vistió con ropas informales, semejantes a la de la noche anterior, aunque menos provocativas. Bajó luego a la calle, paseando sin prisa alguna hasta el colegio imperial de los jesuitas, comprándose de camino unos altramuces para comer algo.

Se tapó el rostro con la capa, hasta la nariz, para evitar las miradas de los hombres, y aguardó pacientemente hasta que dieron las doce, y la moza de la taberna asomaba por la punta de la calle..

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