Siglo de Oro - "Juegos Bizantinos"

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Lauridssen
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Mensaje por Lauridssen » Jue Ago 04, 2005 3:17 pm

Miguel molero, más conocido como el auténtico "oso de somosierra", los demás son imitaciones, jajaja


Bien temprano partí hacia el punto de encuentro; puntualidad y profesionalidad eran vitales para acrecentar mi reputación de matarife, pues siempre me gustó sacrificar enormes guarros en la granja de mi tía Paca...jejeje, aunque ahora había dejado la elaboración de morcillas y chorizos; dedicandome ahora a despachar hombres hechos y derechos...
Llegué a la cuadra, saludé con el terrible rebuzno (acrecentando mi fama en la capital) tan carácterístico en buen oso de somosierra, rasqueme el pecho...hube de compartir montura con hombre enjuto y ligero; aún así la pobre bestia no iba todo lo ligera que quisiera. Tampoco estaba muy contento mi compañero de monta, creo que mi terrible edor a machote de somosierra tenía algo que ver, al fín y al cabo todos tenemos nuestra cruz; ahora que caigo la verdad es que huelo a estiercol, jajaja
partimos en poco rato, lo que tardó en llegar el pinta de diego de Lorca, parecía que aquella fulana le había hecho trabajar de lo lindo, esperemos que guarde energías para la refriega...sino ya le salvariamos el pellejo, jejeje
Con estas guisas partimos hacia nuestro destino, lo que no puedo negar que ya tenía ganas de entrar en acción...

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quemeplace
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Mensaje por quemeplace » Jue Ago 04, 2005 3:21 pm

Eran las doce menos cuarto cuando salí a la calle. Mala hora era para dejar a mi tío solo en la taberna, pero un poco más de trabajo no le vendría mal para rebajar la panza.
El sol brillaba, pero hacía frío, así es que me arrebujé en mi mantón y apreté el paso. Como al llegar a la plaza vi que me sobraba tiempo, me entretuve un poco mirando unos puestos de artesanos antes de tomar la calle Toledo. Al llegar al colegio, en seguida distinguí la figura de Soledad. Estaba apoyada en una columna, con el rostro medio tapado. Al verme, se descubrió. Tuve que contener la risa, porque a esa mujer le habían quitado diez años de la noche a la mañana. Decidí no tomarme licencias antes de tiempo, así es que me mordí la lengua y no hice comentario alguno sobre el asunto.

-Pues aquí estamos -le dije-: ¿y ahora qué?

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Targul
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Mensaje por Targul » Jue Ago 04, 2005 4:42 pm

[Soledad de la Rosa]

Sonreí. La chica parecía nerviosa o preocupada, aunque tenia un toque irónico. No le escapaba que el mismo hombre con el que se acostó flitreó con ella, siendo rechazado. No era mucho, pero seguro que ella había atado cabos. Miré una calleja que lindaba con uno de las laterales del colegio.

-La seña es allí, el cuarto portal, al final del callejón.

----------------

El callejón estaba sucio y una rata pasó entre dos escondrijos frente suya. La puerta estaba al final de la calle, escondida tras un guardacantón de mampostería. Soledad picó tres veces, tal y como estaba acordado. Hubo un silencio, luego el férreo y chirriante sonido de un pestillo descorriéndose, y la puerta se abrió dejando ver el rostro hosco de una vieja mujer que tendría cerca de unos cincuenta. Era vulgar, menuda, regordeta, de busto exagerado y rostro surcado por algunas arrugas. Miró a las damiselas, haciéndoles un gesto para que pasaran. Cerró la puerta tras suya.

-Deben de ser las damas para el sarao- dijo, manteniéndolas en el portal- El señor me pidió que las proveyera de ropas y baño, asi como de otras cosas. Acompáñenme.

Subieron al segundo piso, a una habitación pequeña donde habían varios armarios, un tocador y varias perchas.

-Pueden ir mirando vestidos mientras yo preparo la tina para el baño.

Como mujeres curiosas y coquetas anduvieron comparando y alabando casi todos los trajes, indecisas sobre cúal usar. Al cabo la señora había arrastrado a la habitación un barreño grande y alto que llenó con un caldero de agua humeante. Soledad se desnudó primero, del todo, lo cual era bastante impúdico y reflejaba bien su condición. La meretriz la estuvo ayudando a quitarse la mugre, mientras discutía con Celia acerca de los complementos, joyas y tocados.

-¿Quien será la manceba?- preguntó la mujer.
-Yo- repuso Soledad.
-Entonces lavaos bien ahí abajo.

Le dió por reir, fuerte. Solo pensaba calentar a aquel pimpollo, no dejarle que hollara en ella. La meretriz no había mudado el gesto hosco.

-Nunca se sabe cuanta fuerza tiene un hombre ansioso, y don Alberto es recio mozo. Además, conviene que os dejéis.
-No es mi intención que llegue a tales.
-No se estará quieto en el carruaje, camino a su casa. Os lo garantizo.

Aquello era el mundo de Soledad, sabía como darle a un hombre las dósis justas para mantenerlo en vilo y seguro de su triunfo hasta el momento de darle el toque de gracia.

-Dejad eso de mi cuenta- zanjó con la mujer, mirando de nuevo a Celia- Creo que será el verde, el de los estampados.

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quemeplace
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Mensaje por quemeplace » Jue Ago 04, 2005 8:00 pm

(Celia Robles)

-¿El verde para vos? Sí, es el más escotado: os ayudará en vuestro cometido. Yo creo que tomaré el granate y crema. El azul me gusta más, pero pesa más que un costal de harina. No podría ni moverme con él.

-¿Y qué pensáis hacer con un vestido de dama? -se entrometió la señora- ¿Saltar tapias?
-Quién sabe... -dije distraída, rebuscando en el tocador- Creo que ya tengo las joyas: me pondré esta gargantilla de piedras oscuras, este anillo y pulsera a juego y un par de anillos más.

Me miré en el enorme espejo sujetando la gargantilla sobre mi cuello. No recordaba haberme visto jamás en un espejo de cuerpo entero.

-Iros desnudando, muchacha.
-¿Yo? Verá... será mejor que yo me ocupe de mi aseo mañana, antes de vestirme.
-Bobadas, el señor me ha encargado que me asegure de que quedéis perfumadas y relucientes. No parecéis sucia, pero oléis a taberna, qué queréis que os diga.
-Pues precisamente, señora, si me bañara ahora, mañana apestaría igual, ya que de aquí me voy derechita de nuevo al trabajo.
-¡Pardiez! Pues tenéis razón. ¿Y vos? -dijo mirando a Soledad- ¿También váis a trabajar hoy? Ja, ja, ja... En ese caso, haced el favor de daros mañana un repasito. También os daré a las dos unos perfumes.

Recogí en un montón el vestido, el corsé, las mil piezas que iban bajo la falda y cuyo nombre ni sabía, unos zapatos que amenazaban con transformarse en instrumento de tortura (harían competencia con el corsé) y lo acomodé todo en un gran paño que me dió la señora, atando las puntas. Las joyas y el perfume los guardé en una bolsita de raso que hacía juego con el vestido.

-Pues si no mandan nada más, una servidora se retira. A vos, Soledad, os veo mañana.

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Targul
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Mensaje por Targul » Jue Ago 04, 2005 8:11 pm

Breve cosilla histórica...

La gente del XVII es que no se lavaba, por lo común, nada más que la cara y las manos (lo que la gente veía). El resto del cuerpo podía pasar meses, aún años, sin lavarse. Así que un dia más que menos, seguirán oliendo "a limpio" para el resto de los mortales :lol: .

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quemeplace
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Mensaje por quemeplace » Jue Ago 04, 2005 8:15 pm

Ya, Targul, pero una no puede hacerse pasar por dama de la corte si huele a vino, a humo y a ambiente rancio de taberna. Hay que disfrazar esos olores. Y los de la tusona, pues también :wink:

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elisheva
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Mensaje por elisheva » Jue Ago 04, 2005 10:24 pm

(Violeta de Casasola)


Rápidamente adecenté mis ropas y mi cabello y repasé mi aspecto en la ventana, aprobando la que aún era mi mejor arma, lo que no era óbice para asegurarme de que mi fiel daga bizantina permanecía bien oculta en los pliegues de mi falda.
Bajé al salón intrigada con la escueta explicación que Malatesta se había dignado a darme.
_Acompañadme a la bodega.
Bajé cuidadosamente los húmedos escalones con una mano siguiendo el perfil de la pared y con la otra sujetando el amplio vuelo de mi falda de viaje.
Observé la figura de lo que parecía un caballero de mediana edad, bastante magullado, aunque no parecía herido de gravedad. Los hombres de Malatesta se ocupaban de desatarlo, aunque sospecho que si no fuera por mi presencia le habrían cortado algo más que sus ligaduras.
_Subidlo al salón y calentad algo de vino con especias - ordené.
_Llegan jinetes _comentó uno de los rufianes.
Malatesta salió tras disculparse, y yo me quedé sola en el salón con el caballero, que empezaba a recuperar el color.
_Muchas gracias , mi señora. Mi nombre es Don Hernando de Narváez, hidalgo y terrateniente. ¿A quien debo la gracia de mi liberación?
_Violeta de Casasola, Baronesa de Arlanza. Celebro comprobar que no hay nada grave en sus lesiones.
_Aún no entiendo que ha pasado –dijo el jerezano.
_Sospecho que os tendieron una emboscada para pedir un rescate por vos, pero los hombre de mi escolta frustraron sus planes. Aunque debo advertiros que su cabecilla consiguió escapar.
_Aún así mi señora tendréis mi gatitud eternamente.
Me contó el motivo de su viaje y sus incidencias, y yo mentí ocultándole el motivo del mío.
_Debo encontrarme aquí con unas personas- dije- pero si os encontráis en condiciones de cabalgar os proveeré con lo que necesiteis para llegar hasta Madrid.
Durante la conversación no podía dejar de oir el fragor de la lucha que se celebraba no lejos de allí, y que ocupaba mi concentración.
_Mi señora baronesa, os quedo muy agradecido. No dudad en solicitar mis servicios, por pobres que pueda ser, si así os parecen necesarios.Adios
Mientras se alejaba por el camino observé como los hombres de Malatesta traían a Marozzo en volandas.Suspiré con alivio, pues ahora comenzaba la parte más difícil de mi misión.
Sentaron al infeliz en una silla y lo ataron para que no se derrumbara.Marozzo me miraba con ojos como platos, aunque se notaba que no era hombre que sucumbiera al primer envite.
_¿Dónde está vuestro salvoconducto?- pregunté, obteniendo la callada por respuesta.
Me preparé para la larga noche que me esperaba

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Targul
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Mensaje por Targul » Vie Ago 05, 2005 12:09 pm

[Gualterio Malatesta]

Entré, envainando la hoja limpiada en la capa de uno de los muertos. Los hombres ya se afanaban registrando a los caidos antes de despojarlos y llevarlos al huerto de la parte trasera de la casa, donde iban a compartir mortaja con los bandoleros de la noche anterior. Despaciosamente, y a la vista del interrogado, quiteme la capa y los guantes, conservando el sombrero. Distraidamente, introduje un atizador en las brasas y me senté delante del interrogado, en pose indolente, limpiándome las uñas con la daga.

Sonreí, despacio. Aquella iba a ser una jornada larga e interesante. Dejé hablar a la dama de dulce metal de voz, mirando a los ojos de Marozzo. Más le valía responder, por su propio bien (tirada de intimidación, 49% de 75%). El genovés tragó saliva (76% de 75% en una tirada de ESP).

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Targul
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Mensaje por Targul » Vie Ago 05, 2005 2:32 pm

[Soledad de la Rosa]

Bien aseada y con el vestido empacado dejado en su habitación, resolvió darse una vuelta. Bajó a la fuente del acero, donde menudeaban damas y otras personas que tomaban el agua por sus propiedades curativas. Se fijó en las primeras, pues hacía mucho tiempo que no frecuentaba ambientes cortesanos y las modas cambian. Tras analizar bien gestos y comentarios, bajó en busca del lacayo Manuel.

La dirección que le habían dado estaba, sorprendentemente, lindando con el Alcázar Real. Era un palacete grande y viejo en cuya puerta entreabierta se escuchaban voces apagadas y el chocar de dos aceros. Disimuladamente, se asomó al interior. Dos hombres se batían con espadas negras de entrenamiento y gruesos petos de cuero bajo la atenta mirada de un tercero, maduro y aristocrático, que corregía sus movimientos con un bastón.

-Don Manuel, sois harto aficionado a parar en remesón, sabed que el batimento desequilibra la guardia del contrario, y en consecuencia se puede intentar un movimiento trepidante, en este caso uñas afuera con un movimiento de la hoja remiso o natural.

El maestro de esgrima reparó en la puerta, apoyándose la mano enguantada en la cadera.

-Si mi señora desea mirar la verdadera filosofía y destreza de las armas, puede ocupar asiento bajo los soportales.

Entró sin más, saludando con la cabeza. Ató cabos y reconoció al hombre. Era el maestro de armas del rey, don Luis Pacheco de Narváez. Tomó sin más, asiento en la base de una columnata. Manuel la reconoció, saludándola con la cabeza y una sonrisa. Prosiguió sin más la clase. Como mujer que era, no pudo evitar maravillarse al contemplar a tres hombres vigorosos y diestros batiéndose con compases armónicos y peligrosos, sus miradas calculdoras, los gestos rápidos y la caballerosidad que mostraban al vencer o ser derrotados. Acabada la clase, el lacayo se acercó a ella, secándose el sudor en un paño perfumado.

-¿Que se le ofrece a mi señora?- preguntó.
-Detalles.
-Ah, lo supuse- repuso, sonriente- disparad a placer.
-Donde y como viajaremos, por ejemplo.
-Mañana a las ocho en Lavapies, en una corrala que se ve abierta desde la calle, propiedad de uno de los arrendados del señor. Habrá allí un coche con dos caballos, sin heráldica en la puerta, de color negro. El cochero es hombre de confianza, y carga una pistola en su macuto, por si los imprevistos.
-¿Como reconoceré al tal Alberto del Castillo?
-Yo os lo señalaré, aunque presentaros será cosa vuestra, pues yo tendré que escoltar a la otra dama.
-Entiendo. Parece sencillo...
-Lo es.

Aquel hombre ya la miraba con ojos de interés, asi que resolvió levantarse, despidiéndose. Se marchó, sintiéndose blanco de todas las miradas. Anduvo callejeando hasta la Taberna del Ángel, donde ya era la hora del condumio. Sentóse en una mesa, reflexionando. Era un dia extraño, pues a veces le daba por pensar en ese lindo con quien había amanecido. Intentó alejar de su mente las palabras amor o sentimiento, pues conocía demasiado bien a los hombres. Miró a la moza de la taberna, que la saludó con una sonrisa. Despues de servirle la comida, llevó él mismo su plato al patio donde ella estaba fregando los cacharros, ayudándola en el menester mientras le comentaba los pormenores.

Comenzaba a caerle bien esa chica coqueta. Rieron juntas un rato, bromeando acerca de mil y un temas. El hosco tabernero pasó un par de veces su lado, entrando a la despensa, dispesándole un par de miradas extrañas.

-Debe de ser una tortura trabajar con él- comentó.

Se quedó allí hasta por la atardecida cuando, tras despedirse de la chica con una sonrisa, fue una noche más a ganarse el jornal con su perro oficio.

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Targul
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Mensaje por Targul » Vie Ago 05, 2005 3:47 pm

[Gustavo Robles]

Llevaban más de medio dia de viaje y aquel tipo seguía oliendo francamente mal. Parecía que dormía con los cerdos, por lo menos. Habían parado a comer, lo cúal le había dado tiempo para analizar a aquellos hombres que charlaban en parejas. El más diestro parecía el tal maltés, apodo que dedujo por la cruz de su jubón. Sus gestos pausados y calmos, las miradas frias y las preguntas escuetas denotaban a un tipo plático en cuestiones bélicas.

Asimismo, el llamado don Luis parecía acostumbrado a tirar de tizona, aunque se le notaban ciertos aires amanerados y petulantes cuando hablaba con el melenudo Zárate, un tipo con acento gaditano y que mimaba a su pistola como a la niña de sus ojos. Por otra parte, el tal Diego parecía fuera de lugar, por su vestimenta y maneras, asi como por su cara de pisaverde, que contrastaba con el aspecto de mole peluda y fortachona de su compañero, apodado "el Oso".

Sea como fuere, estaban ya llegando ya a la altura del caserío que el señor conde le comentó. Los hombres se inquietaron al ver, como si tal cosa, un guardia sentado en el portal con un arcabuz de rueda apoyado en la pared. Detuvo al caballo frente a él, y dijo el santo y seña:

-Garellano.

El bravo se levantó de la silla, llamando a alguien dentro de la casa. Salió, algo disgustado por haber sido importunado, un sujeto vestido de negro, de tez marcada por la viruela, pelo rizado y fino bigote. Parecía un escarramán ciertamente peligroso. El hombre miró a los jaques que iban subidos al caballo, componiendo una risa sarcástica. Parecía, a todas luces, que no daba por ellos ni un ochavo. Hablóme con acento italiano.

-La posta está a dos horas de viaje. Calculo que el cargamento pasará por allí mañana a mediodía, más o menos. Intentaré reunirme con vuesas mercedes para echarles una mano... Aunque veo que van sobrados.

Sonrió aún más sarcásticamente, despidiéndose sin más. Les vió marchar, moviendo negativamente la cabeza mientras entraba de nuevo en la casa. Dentro de dos horas podrían estirar las piernas de una vez por todas.

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Lauridssen
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Mensaje por Lauridssen » Vie Ago 05, 2005 4:10 pm

Miguel molero o más conocido como el "oso somoserril"


De mientras cabalgábamos hacia nuestra misión, me vinieron a la cabeza recuerdos de la casa de mi entrañable tía paca, bondadosa e ingenua aunque un poco burra si que era...por aquellos tiempos me llamaban matapuercos; debido a mi temprano oficio de matarife de guarros, no me vino mal pues mas tarde hube de extender mi oficio a otras clases de puercos, y estos si eran verdaderos guarros...
Después de mucho camino, hicimos un pequeño alto en un caserío de paso a nuestro destino, allí dimos santo y seña...
Se dirigió a nuestro grupo un bravo con unas pintas de poco fiar, aunque a mi no me asusta ni mi padre y puesto en refriega aún no me he cruzado con rufián que me aguantase aliento...
Despues de escuchar las breves indicaciones que nos hizo el tipo de enlutado, a lo mejor se le había muerto un familiar recientemente (dignas palabras de mi tía paca), lancé otro rebuzno (el meneo del viaje), me rasqué el mastil de mi pica (si te pica te rascas, joé) y seguimos viaje a somosierra...perdón...a donde este caballero nos lleve, aunque aquí mi persona ve a pocos hijosdalgo presentes...

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elisheva
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Mensaje por elisheva » Vie Ago 05, 2005 8:06 pm

(Violeta de Casasola)
Estaba claro que Marozzo no pensaba facilitarme la labor, a pesar de la inquietante presencia de Malatesta a mi espalda, a contraluz ,frente al resplandor de la chimenea.
-¿Y bien, caballero? ¿Va a dejar vuesa merced a una dama intrigada, o me veré en la obligación de solicitarla "ayuda" de mi acompañante?
Ni siquiera la amenaza implicita en la pregunta hizo que mi prisionero abriera la boca. Comencé a pasear arriba y abajo por la habitación, una y otra vez, mientras Marozzo me seguía fijamente con la mirada. Bruscamente me giré y acercando mi rostro al suyo susurre con un pequeño mohín de fastidio en los labios...
-¿Es que no deseais complacerme?
-.........
-Entonces encomendaos a los santos protectores.
Malatesta abandonó su asiento mientras yo volvía la mirada

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Targul
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Mensaje por Targul » Vie Ago 05, 2005 8:49 pm

[Gualterio Malatesta]

"Tiruri ta ta"

Le gustaba tararear esa sonata que le traía tantos recuerdos. La dama se veía aplicada a lo suyo, profesional. El genovés, apesar de sus heridas y de tener un pie en la tumba, parecía un hueso duro de roer. Al final le dejó el campo listo. Levantóse despaciosamente, acercándose al prisionero. Acarició su garganta con la punta de la daga, sonriendo como un lobo.

-Ora, lascili parlano di questo contrabbando.
-I ora qualche cosa- respondió.
-En español, por favor- dijo, zumbón- ¿Sabéis? Sería una pena que no supierais nada de verdad, porque estoy tentado de dejaros marchar... despues de cortaros las criadillas con un cuchillo al rojo, claro.

Aquello ya eran palabras mayores, así que el genovés compuso un gesto de espanto ante el rostro duro y terrorífico del siciliano. Y comenzó a hablar, y habló por los codos. Nombres, implicaciones, lo que se llevaba cada parte, como cuando y porqué.

El asunto resultó ser realmente complejo. El vizconde de la Encina aprovechó sus tratos con el asentista Jaan van der Voes, cuyos barcos negreros eran escoltados por pretendidos barcos valones de escolta, que no eran otra cosa que navíos de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales. Así pues, fomentando la rebeldía del sector criollo e indiano, los flamencos comerciaban con ellos manteniendo la tapadera del asiento de van der Voes mediante la entrada en el ajo del vizconde de la Encina, que encubría su actividad a cambio de parte de los beneficios. Los hombres de negocios genoveses actuaban como prestamistas y banqueros de esta curiosa opa, llevándose también su parte. Y, es más, estos hecho ponían en entredicho la lealtad del duque de Uceda, antiguo valido del rey don Felipe III.

En resumen, al vizconde de la Encina le quedaban pocos dias de vida antes de que toda la corte de las Españas se deleitara viendo como le cortaban la cabeza por alta traición. Una jugada maestra de Olivares que, de paso, complacía al conde de Guadalmedina. En cuanto a Marozzo, terminó de hablar, mirando los ojos inexpresivos de Malatesta.

-¿Y ahora?
-Lo lamento por vos- se permitió vosearlo, con una gran sonrisa- Pero sabéis demasiado.

Con un gesto deshusado, mientras guardaba la daga, indicó a sus hombres que se lo llevaran al huerto, donde al cabo de un momento se escuchó un gorjeo apagado, como de ahogarse en sangre. El oscuro espadachín se sirvió una copa. Su rostro mostraba una imagen cansada pero complacida. Ahora ninguna obligación lo ataba a la dama allí presente, salvo la certeza de que, si no regreseva, Olivares pondría precio a su cabeza. Ofreció a la dama la copa con galantería sincera.

-Ahora, si os parece, hablemos de vuestra excelencia, mi señora.

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Mensaje por elisheva » Vie Ago 05, 2005 9:19 pm

(Violeta de Casasola)

Brindamos por la perfecta consecución de la misión que nos había llevado hasta allí. A pesar del cansancio el italiano se veía alerta, con esa mirada que da a entender estar dispuesto a cualquier cosa.
Te convendría tenerlo de tu parte - pensé - Aprovechar su disposición para la lucha, su destreza y , sí, ¿por qué no?, su indiferencia ante la muerte ajena.
Imaginé que precio pondría a sus servicios, pero yo estaba dispuesta a todo por librarme de mis enemigos.
-Tengo una oferta de trabajo para vos. No sería inmediata pero quisiera teneros a mi servicio. Es algo personal que podía tener relación con el asunto que llevamos entre manos.
-¡Tamaño honor me complace! -dijo con sorna-. ¡Atender a las necesidades de una dama a la vez que a las de la corona!
-Pensadlo y venid a verme cuando regreseis a Madrid. Ahora parto a informar al valido
-Mandaré a dos hombres de mi cuadrilla que os acompañen.
-Así sea.


Salimos al exterior y me ayudó a montar en mi corcel. Su mano se demoró un momento más de lo correcto sobre mi bota...
-Recordad que tenemos una cita- dijo. Y entró en el caserón.
Última edición por elisheva el Vie Ago 05, 2005 11:54 pm, editado 1 vez en total.

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Mensaje por quemeplace » Vie Ago 05, 2005 11:20 pm

(Celia Robles)

El duro día de trabajo no me había hecho olvidar ninguno de los dos asuntos que me rondaban por la cabeza. Uno de ellos era el encargo de Don Diego que, si bien no parecía presentar mayores dificultades, no dejaba de ser un riesgo. El otro de los asuntos tenía ojos, manos y boca, entre otras cosas. Temía y deseaba a la vez encontrarme en El Pardo con aquel hombre que me había robado todo lo que se le puede robar a una mujer que no tiene nada.

Soledad había estado en la taberna por la tarde. Me había dicho dónde encontrarnos al día siguiente y me había hablado del tal Manuel, el lacayo (me pregunto de quién) que me señalaría los señores a los que debía espiar y me mostraría el lugar donde pensaban tener esa conversación. Supongo que tendría que estar pendiente de ellos tanto en la fiesta como cuando se retiraran en privado. En fin, mejor no pensar antes de tiempo. Mañana actuaría según las circunstancias.

Una vez terminados mis quehaceres en la taberna, ya vacía, crucé el patio y subí a mi altillo por las viejas escaleras de madera. El lujoso vestido, tendido sobre una silla, destacaba sobremanera en la humilde alcoba.

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Mensaje por Targul » Vie Ago 05, 2005 11:33 pm

Breve recesillo...ejem.

Trasteando mis mensajes privados resulta que se me han borrado todos (la culpa es mia), por lo que he perdido algunas fichas. A ver si sois tan amables de volvermelas a mandar para guardarlas en el disco duro.

Los damnificados son:

Lauridssen
LaLebrijana (se que estás de vacaciones, y me acuerdo un poco de tus características, nonti preocupare)
Quemeplace (y a mi también me place que te plazca...ejem, perdon, siempre quise decirlo :lol: )

Y no se si me como alguno, creo que no.

Pues eso, apelo a vuestra comprensión antes de que me degolleis :roll: .

Saludete

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quemeplace
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Mensaje por quemeplace » Sab Ago 06, 2005 12:02 am

Targul escribió:Quemeplace (y a mi también me place que te plazca...ejem, perdon, siempre quise decirlo :lol: )


Pues no te cortes, que me place que te plazca que me plazca. Por cierto, el nick me lo puse por Malatesta, que dice esa frase varias veces en la primera novela (y en otras también). Como lo diga en la peli, me voy a sentir aludida :lol:

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Mensaje por Targul » Sab Ago 06, 2005 12:08 pm

Imagen

Posta de Alcorcón, 5 de abril de 1621. La emboscada.

Ramón Zárate abrió el postigo de la ventana, blasfemando. El cielo estaba plomizo, y de él caía una cortina de lluvia que inutilazaría las pistolas sino andaban con tiento. Se frotó los ojos, despertando al tal Luis, que dormía a pierna suelta en la misma cama, pues habían pagado "media con limpio", por salir más barato. Se sentó luego de lavarse la cara, cargando la pistola y envolviendo la cazoleta en un lienzo para impedir que se mojara la pólvora. Afiló luego la espada, despaciosamente. Alguien picó a la puerta, era Gustavo.

-Sugiero que prescindan de pistolas, no parece que las podamos usar- dijo.

Parecía que iba a ser un trabajo a espada y daga, a la vieja usanza. A pesar de ello, Ramón decidió llevar la suya, probando suerte. El encargado de la posta hizo como que no veía, tras ensebársele convenientemente las manos, como un grupo de hombres armados hasta las encías desayunaba antes de salir a las caballerizas, con la que estaba cayendo.

Los jaques montaron, alejándose de allí camino arriba. A la altura de un mal paso, angosto y en cuya linde con el bosque se encontraban las ruinas de una casona, con sus paredes semiderruidas y partes de la tapia aún en pie. En el otro lado, unas espesas matas cubrían un caminillo natural que se adentraba en el bosque. Se oyó un silbido que les alertó. Sonaba musical, algo parecido a "tiruri ta-ta". Malatesta salió de detrás de la tapia. El agua le chorreaba por el ala del sombrero.

-Que me place- dijo- Ya estamos todos.

Señaló con el mentón las ruinas.

-Acomódense por ahí, pero sin ser visibles. Pronto comenzará la fiesta.

Y la boca se le torció en una sonrisa siniestra.

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Dhwilinel
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Mensaje por Dhwilinel » Sab Ago 06, 2005 2:26 pm

[Rodrigo de Lozoya "el maltés"]

Depués del duro día de ayer, casi todo el rato cabalgando (aunque para mi no era tan horrible gracias a mi buen caballo, que gran cariño le cogí desde que me lo apropie en una de aquellas batallas contra berberiscos, del nombre real no supe, así que le bautizé "Fulgor", y desde ese momento el animal lo aceptó como propio, desde luego que fuerza y brio no le faltaban), por fin tuve un rato en el que pude organizar mis pensamientos, allí sentado en un rincón, mientras me resbalaban las gotas de lluvia fría por el sombrero. Recordaba los momentos anteriores a una gran batalla, como me subía la adrenalina pensarlo, pero esto de asaltar realmente no me suponía un esfuerzo, mi espada estaba preparada y no tenía ni el más mínimo temor, era un trabajo y punto, necesario para mi vuelta. aunque supongo que no sería el último si quería recuperarlo todo.

Mi actitud debía ser fría para con el resto de compañeros, pero siendo pensativo es lo que te pasa que al final no te relacionas mucho, Don Luis me parecía el más correcto de todos, se veía que estaba acostumbrado a su trabajo, Diego de Lorca mi compañero de monta era bastante simpático y nos amenizo el viaje con sus poemas pero esta mañana cuando se levantó le vi el rostro un poco palido, no se, pero me daba en la nariz que no solía hacer este tipo de cosas.

Bueno y allí estabamos todos esperando a que llegara nuestro momento, esperaba que fuera pronto, porque la humedad no es buena para los huesos.

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Quevedo
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Registrado: Mié Jul 20, 2005 11:00 pm

Mensaje por Quevedo » Sab Ago 06, 2005 3:26 pm

[Diego de Lorca]

Aquella mañana me levanté con un dolor de trasero de padre y muy señor mío... los largos viajes a caballo no eran lo mío, y la palidez de mi rostro así lo reflejaba.

De todas formas, pronto empezaría lo que yo mismo había bautizado como "la expedición de los aceros", y eso me acomodaba. Mi apariencia no era la de mis distinguidos acompañantes, pero eso en cierto modo, me daba ventaja en lo que pronto nos ocuparía.

No pocas veces me vi obligado a blandir la espada en asuntos de distinta índole, y una vez más, aunque el escenario fuera otro, no me impresionaba lo más mínimo... a fín de cuentas, el escenario no tiene ni espada, ni daga, ni sabe luchar.

En aquel momento, bajo la lluvia, se me vinieron a la cabeza unos versos que en cierta mancebía parí hacía no mucho:

<<El aire lo corta una daga,
la sangre hiela los miedos,
la muerte quiere su paga,
pronto sonarán los aceros.

Tranquilo vos, don Diego,
que su cuerpo vivo lo quiero,
que arda en el infierno y en su fuego,
si mi espada no uso con esmero.

Estas cosas tiene la vida,
de ella hace falta reírse,
porque ya sea a la vuelta o a la ida,
No queda, sino batirse>>.

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