Siglo de Oro - "Juegos Bizantinos"

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Targul
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Mensaje por Targul » Sab Ago 06, 2005 7:49 pm

La lluvia cesó durante la segunda hora de vigilancia. A pesar de ello, el terreno estaba embarrado e iba a dificultar el lance. Los bravos de Malatesta, tres en total, secaron sus pistolas con lienzos, recargándolas. Los hombres estaban callados o hablaban en pequeños corros con voz queda. Los veteranos, que eran casi todos, se mantenian alerta, escrutando el camino.

Cascos. Los caballos sonaban pesadamente en la tierra embarrada, chapoteando. El sonido hizo a los hombres callar. Gustavo repartió las pistolas a sus hombres, pues las habría traido, por si un casual, dentro de un zurrón de fieltro. Los jaques tomaron posiciones, controlando la carretera. Alguien imitó un canto de pájaro, oculto entre las matas del otro lado del camino. Malatesta amartillo una pistola y desenvainó lentamente su espada de lazo.

Venian por el camino, y sonaba a tropel. Pronto los tuvieron encima: doce o trece hombres bien armados. Los que iban en cabeza tenían aspecto extranjero, con sombreros de copa alta, ojos claros y barbas abiertas. El batidor que iba en cabeza rebasó los primeros tramos de la tapia, mirando con interés las extrañas ruinas. De repente, las matas se movieron y una cuerda se tensó a los pies del corcel, haciéndole caer junto al jinete.

-¡Dit is een val!- exclamaron los extranjeros.

Los mercenarios salieron de entre las ruinas empuñando pistolas y espadas, mientras los escoltas del cargamento (media docena de mulas cargadas y un carruaje tirado por dos caballos) echaban mano, a su vez, a las armas. Era la hora del acero.

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Targul
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Mensaje por Targul » Dom Ago 07, 2005 1:26 pm

Voy a describir el combate en base a quien se ha portado, sin duda, como el héroe del día: Rodrigo de Lozoya, el Maltés.

Los primeros tiros dejaron a cuatro palmados. De entre las matas sonó un tiro grueso, como de arcabuz, que alcanzó al caido en el bajo vientre cuando apenas se había levantado, dando su alma al diablo. Los hombres de Malatesta erraron, casi todos, el tiro, incluido el mismo siciliano. Molero voló el brazo izquierdo a un holandés a caballo, mientras que descargaba otro pistoletazo en su pecho, matándole. Diego de Lorca erró el disparo, y don Luis sus dos disparos. Ramón Zárate hirió a un escolta en la pierna, rematándole de una estocada en el vientre.

Entretando, Rodrigo de Lozoya descargó un tremendo tiro en el pecho de uno de aquellos fulanos, dejándolo tieso sobre el caballo. A su lado, Gustavo Reales despachaba otro de un certero tiro con el milanés. Del interior del negro carruaje salió un tipo pelirrojo de alto sombrero de castor emplumado, vestido de ricos plumajes y con gallarda estampa de aristócrata, barba puntiaguda, manos enguantadas, gran gola y mirada fria. Dió cuatro pasos, apuntando a uno de los bravos de Malatesta con su pistola, matándolo de un certero disparo. Lozoya visualizó a un rival, por fin a su altura, y avanzó hacia él con la espada por delante, acompañado por Malatesta.

-¡Hergroepeer! ¡Bescherm de last!- gritó el hombre, sacando espada y daga mientras se afirmaba en guardia.

El Oso se abalanzó sobre un escolta, tirándole una estocada que paró a duras penas. Apuñaló al caballo con tanta fuerza que, encabritado, hizo caer a su enemigo de la silla, rematándole de un poderoso tajo que cercenó una de sus piernas. Murió el jinete, entre alaridos y grandes voces.

Mientras, Diego de Lorca aplastaba el cráneo de un holandés con una estocada fulminante. Por su parte, don Luis tiró una estocada a otro presunto valón, que paró este con destreza. Sin embargo, con agilidad y buena mano, el alguacil le metió la daga por el ojo, dejándolo listo de papeles. El combate se generalizó, y mientras Malatesta y Lozoya combatían encarnizadamente con el gentilhombre, que resultó ser un consumado luchador, don Luis se trababa con un holandés dificil de despachar, consiguiendo parar el alguacil con fina esgima, desviando espada y chocando la daga de su rival en la guarda de su cazoleta. Comióse el escolta una muy buena mojada con la daga, con que dió su alma al diablo. Entretanto, Zárate combatía con un holandés duro de roer, que le hirió en el brazo (tan solo un rasguño), quedando la cosa en tablas hasta la mediación de Diego de Lorca, con que pudo meterle la daga en el pecho, entre las costillas.

Los bravos de Malatesta hicieron caer a los holandeses al suelo rematándoles. Por su parte, el lacayo Gustavo se llevó una muy fea herida en la barriga, que le hizo caer al suelo. Allí, con muchas asaduras, paró una estocada, hundiendo su daga en las criadillas del rival, que cayó al suelo entre alaridos, no tardando el dar el ánima al diablo con los aparejos cogidos en una mano, cabeceando por el horrible dolor.

El duelo con el gentilhombre holandés resultó de película. Este, parando estocadas como un demonio, recibiendo heridas en las piernas y un brazo, aguantó el dolor como un león, e incluso consiguió trabar la hoja de Malatesta en su daga de ganchos, para luego dejarle el brazo derecho maltrecho de una estocada, con que el siciliano se retiró de la pelea. Quedaron solos el Maltés y su enemigo, largando y parando estocadas a espada y daga con fina esgrima. Quiso la suerte de una de las del maltés entrara, tras desviar la guardia del contrario batiendo su hoja (golpéandola corta y secamente), fastidiándole el brazo de la espada. Aún asi, el gentilhombre paró la estocada de Lozoya con la daga, llevándose un buen golpe en el bajo vientre con la de su enemigo, cayendo muerto al suelo.

-Mijn god- susurró, antes de irse por la posta con expresión fatigada.

Continuará
Última edición por Targul el Dom Ago 07, 2005 2:42 pm, editado 1 vez en total.

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Targul
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Mensaje por Targul » Dom Ago 07, 2005 2:18 pm

[Rodrigo de Lozoya]

Aquello estaba totalmente fuera de lugar. ¿Holandeses? ¿Que demonios hacían aquellos tipos escoltando un cargamento de especias? A sus compañeros, empero, parecía dárseles un ardite todo aquello. Mientras uno de los bravos de Malatesta, ducho en el arte de curar, sanaba casi milagrosamente el brazo de su amo (era un tipo duro) y curaba las heridas de los necesitados, entre ellos Gustavo Reales, que seguía en el suelo gimiendo cada dos por tres, aquel grandullón apodado el Oso registraba los cadáveres, quedándose con sus bolsas, anillos y cadenas. Convergió con don Luis a los pies del carruaje, donde estaba muerto el gentilhombre holandés. El alguacil se hizo con una muy rica espada, la del muerto, una pappenheimer forjada en Solingen de brillante guarda dorada con filigranas. También encontró una misteriosa carta escrita en holandés. El oso, por su parte, rateaba su sombrero, bolsa y anillo, un sello muy extraño con una N y una S grabadas.

Le dió a Molero por registrar el carruaje, curioso. Sonó un click a su espalda. A menos de cinco pasos, Malatesta le apuntaba con una pistola amartillada.

-Alejáos del coche- ordenó

El Oso, no buscándose más problemas, salió del mismo y se fue a sentar don Diego de Lorca, que limpiaba los sesos y la sangre de su espada, cargando las pistolas y comentando tal o cual cosa del lance. El Maltés frunció el ceño.

-¿Que hay en ese carruaje?
-Algo que sólo me incumbe a mi.

Por su parte, con un descaro propio del hombre de ley que se cree con derecho a todo, don Luis entró al carruaje sin más. Con un movimiento rápido de la mano, Malatesta descargó un disparo que alcanzó su pierna, pasándole la bala de parte a parte. Duro como era, el alguacil ignoró el disparo, crispando los dientes, echando mano a la espada. Malatesta ya había desenvainado la suya e iba a por él, sin más trámite. El acerco del maltés se cruzó en su camino.

-Antes conmigo- dijo.
-Metéos en vuestros asuntos, caballero- contestó Malatesta
-Ahora son mis asuntos.

Lo encaró el siciliano, sacando también la daga de su funda, afirmando los pies. De los espectadores, solo Molero parecía dispuesto a terciar a favor de Lozoya. Se dieron las primeras estocadas, rápidas como una serpiente. Durante unos segundos, Malatesta logró trabar la hoja de su enemigo con el guardamanos, resbalándole la daga con poca fortuna sobre el coleto de cuero del caballero. Sacó pies el Maltés, midiéndose con su adversario. Era un tipo peligroso y listo como el hambre. Sonreía a media boca, como satisfecho. Tarareó de nuevo el "tiruri ta-ta".

-Lo vuestro se acaba, Maltés. Cosas de la vida.
-¡Habláis demasiado!

Asi que, con gran habilidad, distrajo la atención del siciliano jugando rapidamente con la mano de la daga, metiéndole una cuarta de su hoja en el hombro izquierdo, resbalando sobre la suya. El oscuro espadachín apretó los dientes, rabioso. Lanzó un tajo con la daga para apartar a su enemigo, retrocediendo. Sus hombres, inquietos, habían montados en los caballos, perdiéndose para mayor confusión, camino abajo. Viéndose solo, Malatesta lanzó su daga, fallando por poco y haciendo caer al Maltés al esquivarla. En el tiempo en que tardó éste en levantarse, su enemigo ya había montado en su corcel, alejándose a galope tendido mientras gritaba:

-¡Volveremos a vernos!

En ese mismo momento, don Luis abrió un arcón grande de madera que había dentro del carruaje. El oro relumbró ante sus ojos, viéndole incrédulo. Allí había una fortuna.

----------------

Rodrigo de Lozoya gana la desventaja, "Enemigo mortal", de 15 puntos. Dhwilinel, escogete ventajas por valor a esos puntos.

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Lauridssen
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Mensaje por Lauridssen » Dom Ago 07, 2005 8:34 pm

Mal cariz tomaba el asunto...Malatesta salió huyendo como alma que llevase al diablo; Yo había preferido evitar a Malatesta, al menos por el momento, pero las circustancias y la temeridad del alguacil nos habían puesto a todos en un aprieto...pues había gente de calidad detras de aquello.
Cuando D. Luis abrió el arcón se me iluminó la cara, pero después pense que habría que contar todo aquello para decidir si valía la pena enemistarse con gente distinguida...
Pues estaba claro que no iba ir todo aquel tesoro alas arcas de mi compañero el alguacil, tendríamos que repartir como buenos hermanos o incluso intentar erreglar el entuerto, entregando el cofre a su excelencia correspondiente, en el caso de no querernos ver en problemas...en tal caso aguarde a lo que el alguacil dispusiera para decidir mi siguiente acción.

-D. Luis, que vamos a hacer con el botín?, no pensará quedarselo usted solo, jejeje

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Quevedo
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Mensaje por Quevedo » Dom Ago 07, 2005 8:36 pm

[Diego de Lorca]

Desde el final de la escaramuza hasta la marcha de Malatesta, me mantuve a un lado. No era persona dada a la rapiña, y el buitre no era mi ave favorita, así que dediqué ese momento a descansar y a atusarme las ropas lo mejor que pude. Terminé la tarea sin un rasguño, y había dejado aviados a dos hideputas holandeses... la cosa se dio bien, al fin y al cabo.

Pude ver que mis compañeros de aquel día se lanzaban a por el cargamento del carruaje... así que me acerqué a dejar clara mi posición:

- No sé si vuestras mercedes han caido en la cuenta de que están intentando apropiarse de algo que supuestamente corresponde que le llegue intacto al Conde-Duque de Olivares?... y no sé si saben que jugar con el hombre más poderoso de las Españas no es buen negocio.... que quede claro que yo ni quiero parte de ese botín, ni pretendo poner mi cuello en la misma soga en la que están vuestras mercedes poniendo el suyo. Y si tengo que cantar, cantaré cual gallo mañanero... que más amigo mío que mi pescuezo, no lo es nadie.

-Porque voto a tal -continué- que no me jugaré un cómodo futuro por cuatro monedas de oro... eso lo dejo para vuestras mercedes.

Mientras hablaba, las caras de todos se volvieron a mirarme fíjamente... sabía que mi actitud no les había gustado, y esperé sus reacciones poniendo una mano en la espada, y otra en la daga...

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Lauridssen
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Mensaje por Lauridssen » Dom Ago 07, 2005 8:49 pm

Miguel molero, el oso de somosierra...


-Voto a Dios Diego...

Fue mi expresión después de escuchar las palabras de Diego, pero un instante después, pensé en los beneficios que nos podía dar entregar personalmente aquella donación (menos la dieta, claro, que se queda en el camino) al mismisimo válido del Rey...sino queremos irnos de Madrid nos vendría bien buscarnos amigos de prestigio...de mientras terminé de cargar mis pistolas, por si las moscas...

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quemeplace
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Mensaje por quemeplace » Dom Ago 07, 2005 10:00 pm

(Celia Robles)

Como cada mañana, el sol me despertó al llegar a la altura de la almohada. Los domingos solía levantarme un poco más tarde, pero ese día salté de la cama en cuanto estuve lo bastante espabilada para recordar lo que me deparaba la jornada. No había tiempo que perder. Bajé a la cocina y puse una gran caldera con agua a calentar. Mientras esperaba, me obligué a comer algo. Cuando el agua estuvo bien caliente, la vertí en un gran barreño y le añadí agua fría. Primero me lavé el cabello y lo envolví en una sábana. Luego me desnudé -no sin antes comprobar que todavía se oían los ronquidos de mi tío en el piso de arriba- y me lavé todo el cuerpo. Me cubrí en la sábana que me había quitado de la cabeza y salí al patio, donde me senté un rato al sol hasta que se me secó un poco el cabello. Cerré los ojos. El olor a lluvia que había sentido al salir de mi altillo, un par de horas antes, había desaparecido. Tampoco hacía frío. Pasado un rato, me levanté y subí a arreglarme. Voto a Dios que el tiempo que tardé en vestirme, maquillarme y peinarme fue el mismo que necesitaba cada mañana para limpiar la taberna, hacer la compra en el mercado y preparar el guiso. Coroné la tarea colocándome la gargantilla frente al pequeño espejo, mirándome satisfecha. Una auténtica dama... de no ser que, bajo la falda de mi lujoso vestido, yo llevaba una daga, una pequeña bolsita con ciertos utensilios y una especie de pantalón negro, por si tenía que deshacerme de mi aparatoso vestido. Uno nunca sabe...

Al cruzar la taberna para salir a la calle, oí una especie de gruñido a mi espalda: era mi tío, que me miraba con los ojos como platos cual si hubiera visto un fantasma. No pude sino reír y seguir mi camino. Me dirigí a Lavapiés, primero con paso prieto, luego más lento. No estaba acostumbrada ni a los zapatos finos ni al corsé, que oprimía mi pecho y apenas me dejaba respirar. ¡Que el diablo le guarde buen sitio en el infierno al desgraciado que lo inventó!

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Targul
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Mensaje por Targul » Lun Ago 08, 2005 12:19 am

[Soledad de la Rosa]

Despertó sola. Miró derredor, con los ojos entrecerrados. Parece que la noche no había ido tan mal. Puso los pies en la caliente tablazón, estirándose. Abrió la ventana, aún era temprano, pues el sol no calentaba con fuerza. Lentamente, con poca ceremonia, se comió una manzana mientras se desperezaba, con las piernas plegadas y la espalda apoyada en el respaldo de la silla. Repasó su habitación, tan familiar, quizá en una reflexión sobre su modus vivendi.

Se lavó luego cara y manos, vistiéndose con las ropas que escogió. Ardua tarea, por lo que tuvo que llamar a dos amigas, que la ayudaron encantadas, haciendo bromas sobre su apariencia. Finalmente vestida, bajó escoltada por ellas hasta la puerta. Pidió una silla de manos en la cercana plaza y se dejó llevar hasta Lavapies. Allí, de pie junto a la corrala y el carruaje, aguardaba una damisela de buen talle, que no era otra que la moza de la taberna.

Le sonrió, saludándola. Al poco llegó el lacayo Miguel que, tras alabar la belleza de ambas damas, las ayudó a subir al carruaje, ocupando asiento junto a Soledad. Ya traqueteaba el coche, alejándose de la ciudad, cuando Miguel, sonriente, comentó:

-A fe mia que este será un dia para recordar.

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Viriato
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Mensaje por Viriato » Lun Ago 08, 2005 3:49 pm

[Alguacil Martínez]

Hice caso omiso a las advertencias del italiano y me aventuré a entrar en el carruaje, sentí un intenso dolor en mi pierna pero consegui aguantar el dolor y abrí un cofre que había en el interior del carruaje. Nunca confié en Malatesta y sin saber por qué, me cayó mal desde el principio y me causó mala impresión, pero ahora si tenía motivos, mis motivos no estaban al completo justificados, pero sospechaba que pretendía llevarse el oro...


-¡Señores! - Dije al salir del carruaje, sorprendido por la desaparición del italiano.- Hay que devolver el oro a Guadalmedina inmediatamente... Sugiero tomar otra ruta, puede que Malatesta nos esté preparando una celada...
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"En nuestras mentes conservamos, la grandeza del ayer, tenemos voluntad de imperio, que tendrá que renacer." Alonso de Contreras

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Lauridssen
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Mensaje por Lauridssen » Lun Ago 08, 2005 5:36 pm

El Alguacil cogió la opción menos arriesgada, pero de tonto no tenía un pelo...al ver que le observaba desde la puerta del carruaje (pareciome que se guardaba una bolsa), cogió una suculenta bolsa del cofre y me le dio sin mediar gesto, supongo que así quería evitar problemas por si surgían dudas sobre el camino que debia seguir el cofre...
Al fín y al cabo unas monedas más o menos no se iban a notar en aquel cofre lleno de oro; me parece que este alguacil me empieza a caer bien, a lo mejor cambia mi percepción de la justicia, jejeje

D. Luis dijo
:
-busquemos un camino seguro para devolver esta carreta, por España y por el Rey!!!

Respondí:

-Vamos Diego es hora de marcharnos...

Entretanto Diego estaba nervioso, con la mano cerca de su toledana...pero al escuchar el destino del carro se tomó un respiro mientras alejaba con alivio la diestra de la herreruza...

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Lauridssen
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Mensaje por Lauridssen » Lun Ago 08, 2005 7:22 pm

De mientras haciamos camino, decidí devolver la bolsa del cofre despues de hablar con el alguacil, que amablemente me previno de que Olivares se las gasta y que los funcionarios reales eran muy puntillosos con las arcas reales...también me afirmo D. luis que no había cogido ni una moneda....

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Quevedo
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Mensaje por Quevedo » Lun Ago 08, 2005 7:59 pm

Cuando el alguacil mostró su aceptación a la idea de devolver el oro a su (¿legítimo?) dueño, mis manos se relajaron y abandonaron los mangos de daga y espada. Asentí en un gesto afirmativo a la idea, y me dispuse a comenzar el viaje de vuelta de aquella misión, que aún no parecía haber tocado a su fin.

En el camino de vuelta, vi como Miguel devolvía el saquito con el oro que el alguacil antes le dio.... por el momento, y solo por el momento, mi amigo de la infancia parecía demostrar no ser tan bruto como parecía a simple vista....

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elisheva
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Mensaje por elisheva » Mar Ago 09, 2005 12:58 pm

[Violeta de Casasola]


La entrevista con Olivares se desarrolló en su gabinete mientras despachaba órdenes y firmaba correos sin cesar, aunque no por eso prestome menos atención. Observé su escritorio repleto de documentos y me pregunté si el mío se encontraría entre tamaña montaña de expedientes. Don Gaspar escuchó todas mis palabras y en tres o cuatro ocasiones preguntome datos que no habían quedado lo suficientemente claros o de los que no quedó satisfecho por incompletos.
Una vez que acabé de exponer mi informe despidiome sin darme tiempo a aclarar algunas dudas que habían perturbado mi descanso, pero las cuestiones de índole privado no son bien aceptadas por su excelencia.
Salí del palacio del conde duque y mientras recorría las calles de la capital del mundo recordé la invitación a la fiesta que se celebraría, Dios mediante, el domingo en el Pardo y a la cual asistiría de seguro Don Álvaro de la Marca , el joven conde cuyo padre honró con su amistad la casa de mi difunto padre incluso después de su caída en desgracia, y del cual conocía yo la afinidad que lo unía al valido real. Quizá Guadalmedina sea la respuesta que necesito para confirmar los rumores recogidos por mis confidentes y que puedan llevarme al fin hasta el hombre cuya pista pierdo una y otra vez.

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Alixa
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Mensaje por Alixa » Mié Ago 10, 2005 11:50 pm

(Don Hernando de Narvaez, el jerezano)

Aturdido aún por los acontecimientos recientes, paliza, secuestro y liberación inesperada, andaba ya por las calles del Madrid de nuestro rey Felipe Cuarto. Adecenté mis ropas lo mejor posible y con ciertos papeles "oficiales" y alguna que otra recomendación eclesiástica caminé nervioso hacia una cita concertada hacía ya varios meses con el señor más poderoso del momento. Con la excusa de entregarle un memorial sobre lindes de una villa iba a entrevistarme con el Conde-Duque de Olivares. Mis intenciones evidentemente eran otras pero no son momentos estos para contarlas. Concentrado en mi discurso, no todos lo días conversa un sencillo hidalgo con tan gran personaje, seguí caminando hasta que el ladrido de un perro con el que jugaban unos niños.....Me giré para contemplar la divertida escena, le hacían perseguir a un gato, cuando me encontré ante la mirada de la Baronesa de Arlanza.

-Buenos días mi señora- acerté a decir mientras me quitaba el sombrero para inclinarlo ante mi salvadora.

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elisheva
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Mensaje por elisheva » Jue Ago 11, 2005 11:00 am

[Violeta de Casasola]



La entrevista con Olivares no había sido para mí todo lo satisfactoria que hubiera deseado, por lo que iba enfrascada en mis nuevos planes, adormecida por el traqueteo del coche, cuando una brusca sacudida y posterior parada me sacaron de mi ensoñación.
-¿Qué ocurre, Dámaso?- pregunté al cochero.
-Nada, señora baronesa. Unos niños jugando con un perro.
Impaciente asomé mi rostro a la ventana. Un maduro caballero, al que reconocí de inmediato, se quitaba el sombrero e iniciaba un galante saludo:
-Buenos días, señora baronesa.
-¡Don Hernando!¿Sois vos?. Celebro encontraros. Observo que estáis bastante recuperado.
Bajé del carruaje ayudada por el noble hidalgo y comenzamos a caminar seguidos por mi cochero.
Conversamos sobre el resto de su viaje, si había encontrado acomodo en una buena pensión, la dificultad para hacer nuevas relaciones...
-Y ahora voy a entrevistarme con su Excelencia el conde-duque, de quien espero una merced.-me dijo mientras señalaba una cartera de cuero.-La fortuna ha concedido que os encuentre durante vuestro paseo.
Quien calla otorga, pensé, así que no desmentí su supuesto.
Me interesé por su hija y mientras respondía se me ocurrió que la fiesta del domingo podría ser una buena ocasión para él. Y yo no sería objeto de murmuraciones como en el caso de acudir en solitario. Le presenté mi oferta y accedió a ella de buen grado.
Nos citamos para el domingo y muy galantemente me ayudó a subir a mi carruaje.

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BRIVONA
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Mensaje por BRIVONA » Jue Ago 11, 2005 1:38 pm

Yo no me pierdo esto por nada del mundo....

No he jugado nunca al rol, pero con la guía del maestro Targul intentaré hacerlo lo mejor que pueda.

Estoy deseando jugar!!!!!!
Me estudio la ficha que has colgado , Targul. Cuenta conmigo.

Saludos!!!!!
«¡Cuán gritan esos malditos! Pero ¡mal rayo me parta si, en concluyendo la carta, no pagan caros sus gritos!»

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Targul
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Mensaje por Targul » Jue Ago 11, 2005 2:40 pm

Gracias Brivona, se bienvenida al juego :wink: .

----------------

El pesado traqueteo de caballos, mulas y carruaje rompía la monotonía campestre en el camino, sorpresivamente despoblado. Después del combate, habian apartado y despojado a los muertos, tomando el control del cargamento que intentaban hacer llegar a Madrid cuanto antes. Pasaron por un peaje, cuyo empleado, un hombre bastante seco y de pelo rizado, se apoyaba con pose indolente en la garita. Algo de aquello no cuadraba, y Gustavo se puso alerta.

Al acercarse al hombre, éste abandonó su mutismo, alzando el rostro semicubierto por el chapeo, mostrando un rostro enjuto y dos feas marcadas semi-cubiertas por una barba puntiaguda: un ojo aclarado por un tajo que le cruzaba media cara y el resto, a modo de muñón, de lo que había sido una oreja. El hombre apuntó a Gustavo con una pistola, sonriente.

-Justo a tiempo- dijo con voz ronca- Ahora, háganme la merced de entregarme el cargamento.

Los hombres de Enríquez el Tuerto, tres en total, salieron de la garita empuñando pistolas y ballestas. La situación había dado un extraño e inesperado giro.

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Viriato
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Mensaje por Viriato » Jue Ago 11, 2005 2:45 pm

En cuanto dijo aquello me preparé rápidamente para luchar, una vez más.

-Pardiez, no sería propio de un buen español que el cacareo de estos hideputas nos hiciese temblar.

¡A ellos! - Dije, por último.
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Lauridssen
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Mensaje por Lauridssen » Jue Ago 11, 2005 3:00 pm

Molereitor, el Oso

Nada mas ver aquel hombre esperando en la posta acaricié mis pistolas por lo que pudiese pasar...pero al ver que se hechaba la mano a la pistola no cabia duda, era hora de tirar de pistolas y a renglón seguido de toledana y daga.
Bajeme del caballo y con ambas pistolas apuntando me dirigía hacia los malhechores al grito de cierran mis cojones!!!, jajaja

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Targul
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Mensaje por Targul » Jue Ago 11, 2005 3:13 pm

Corriendo hacia los jaques, el Oso descargó dos pistoletazos con poca fortuna. Uno, en pasándole la pierna derecha a uno de los bravos, no dió con él en tierra, y el otro se perdió sin mayor fortuna entre los arbustos. Oyendo los disparos, el Tuerto mató a Gustavo Reales de otro disparo en el pecho.

Poco tiempo tuvo para rehacerse cuando, espada en alto, Don Luis y su caballo cargaron contra él. Mientras tanto, el gaditano Zárate acabó con la vida de otro atacante, diestro como siempre en el uso de las armas de fuego. Caido el ballestero, sonó segundos después el tiro de Rodrigo de Lozoya, con que le dió en el vientre, dando con el jaque, más muerto que vivo, en el suelo, agonizando entre grandes alaridos. El jaque herido en la pierna intentó, con poca fortuna, disparar a Molero, huyendo al verse solo.

Y solo estaba porque, descargando un golpe de poca entidad que resbaló sobre el coleto del bandido, don Luis bloqueó durante unos momentos más a Enríquez con su cuerpo y su caballo. Seguidamente, Enríquez le arrebató la pistola del cinto y le lanzó una estocada fallida. El alguacil, ladeándose hacia un estribo, propinó al bandolero una patada que le rompió el tabique nasal, dejándole aturdido durante unos segundos, durante los que don Luis le degolló, matándole.

Recogiendo la pistola caida durante el combate con Enríquez, Ramón descargó un pistoletazo perfecto a la cabeza del huido, matándole.

-Pardiez, que ya está bien de tanto matar- dijo don Luis.

Tras despojar a los muertos, prosiguieron el viaje hacia Madrid.

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