Siglo de Oro - "El bastardo de Sevilla"

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Targul
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Siglo de Oro - "El bastardo de Sevilla"

Mensaje por Targul » Sab Sep 17, 2005 7:28 pm

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Targul
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Mensaje por Targul » Sab Sep 17, 2005 7:30 pm

-Siglo de Oro-

"El bastardo de Sevilla"

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El inmundo habitáculo olía a sebo, sebo de la macilenta luz que desprendía el cirio encendido en un rincón. El hombre gemía de dolor, apretándo los músculos de sus manos atadas al respaldo de la silla. No quería hablar, a pesar de la tortura a que le estaban sometiendo, y a la que le iban a someter. El italiano tomó un atizador al rojo, marcándole el pecho. El espia gimió, alto y desgarrador, y se le oyó más allá del páramo oscuro de la casona.

-¿Quien os envía?- repetía el italiano, un tipo maduro de pelo cano, pero de mirada fria y calculadora.

Obtuvo la callada por respuesta. Nuevamente, le cruzó la cara ensangrentada, llena de moratones por los golpes. Un regero carmesí bajaba de la nariz del preso. Su expresión, cansada y ausente, denotaba que la piedad estaba muy lejos de aquella habitación. Una oscura sombra se recortó en la puerta e interpeló al italiano.

-Salvatore...-dijo, escueto.
-Señor, no quiere hablar.

La sombra se acercó a la luz. Era un hombre bajito pero fibroso, de rasgos bellos en su madurez. No obstante, la mirada y los modales eran los de un tipo frio, extremadamente calculador. El gentilhombre se acercó al preso, alzándole la barbilla con la mano protegida por un paño. Sonrió, despacio, hablandole con fuerte acento catalán.

-He conocido a muchos como tu- dijo, con voz siseante- Los tipos duros. Todos terminan hablando, pero algunos sufren más que otros. Otros ni siquiera pudieron volver a andar... o ayuntarse. ¿Pero vos no sois de esos verdad? Me fastidiaria mucho tener que mataros.

El hombre rió, bajo y sarcástico. Escupió a la cara del catalán un esputo sanguiolento, machándole. Le partió la cara de un revés.

-Fill de puta- masculló- Salvatore, cortádselos. Mis perros estan hambrientos.

Un lacayo apareció en escena, sostiendo la correa de unos perros de presa, que ladraban y se retorcían, buscando liberarse. Eso si asustó al preso. Su miedo se multiplicó cuando, cogiendo una daga, el italiano bajó la hoja a la altura de sus criadillas, mientras sus hombres lo sujetaban y le bajaban el calzón.

-El nombre- inquirió el catalán por última vez.
-Olivares...Olivares- gimió el desgraciado.

Salvatore miró a su amo, interrogante. Ribadesella sonrió, despacio. Era la sonrisa de un diablo. Hizo un gesto con la mano, contenido e indolente.

-Soltad a los perros, ellos se encargan.

Los gritos de aquel pobre diablo resonaron en la noche, através de las calles vacías de la ciudad de Sevilla.
Última edición por Targul el Sab Sep 17, 2005 8:10 pm, editado 1 vez en total.

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elisheva
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Mensaje por elisheva » Sab Sep 17, 2005 7:38 pm

[Violeta de Casasola]


Palacete de Arlanza. Madrid, 1 de Julio de 1621.


La mañana había sido más que productiva. A más de unos cuantos asuntos domésticos de los que tuve que ocuparme con el ama, los informes del italiano parecían corroborar lo que yo ya sospechaba: Ribadesella había vuelto a Sevilla, donde era intocable, tras el ajusticiamiento de sus asociados.
La entrada de Socorro interrumpió nuestro almuerzo. Portaba una pequeña bandeja de plata con una nota.
-¡Niña Violeta! – me dijo, como solía hacer en mi infancia cuando estaba preocupada- Acaba de llegar.
Tomé la nota que me tendía y rompí el lacre intacto, sin marca de sello alguno. El mensaje era breve, sólo tres palabras, pero tuvieron el efecto de hacerme levantar del asiento. Al leerlo, Malatesta soltó un velado juramento en italiano:

" Dánae. Vísperas .Hoy."

La cita era ineluctable. Lo tardío de la hora y el nombre en clave me indicaron la reserva del asunto. Comencé a pasear impaciente por la habitación mientras me mordía, sin notarlo, una esquina del labio inferior. Aguardé inquieta hasta que fue hora de salir. Malatesta me acompañaba, como en cualquier ocasión desde que se había convertido en mi sombra.

La tarde comenzaba a declinar cuando me hicieron pasar al despacho. La penumbra que se iba adueñando de la estancia me permitió comprobar que el conde-duque estaba solo. Aguardaba de pie, mesándose la perilla con la mano derecha, el codo sobre la izquierda...
-¡Excelencia...!
-Tomad asiento. Tengo algo que comunicaros.- Y sin más preámbulo, me preguntó:- Aún vais a la caza de vuestro indiano?
-¿Es que su excelencia conoce algo que pueda servirme?
-Lo que voy a deciros es absolutamente oficioso. Voy a enviaros a por ese hombre, pero si algo os ocurriera, mi implicación sería negada. Atended: Necesito las pruebas que demuestren que la factoría de salazón que dirige es en realidad una tapadera de la compañía holandesa de las Indias Occidentales, célula de una organización separatista. Buscad al traidor, conseguidme la información y haced con él lo que a bien tengáis. La conexión de Ribadesella con el de Medina Sidonia lo hace intocable para mí. No obstante, enviaré un grupo de hombres que investiguen y que estarán informados de vuestra presencia allí. ¿Os haréis acompañar por el italiano?. Parece no querer abandonar vuestra compañía.
-Me espera en el carruaje - respondí lacónica.- Es diestro con la espada y conoce el mundo de los bajos fondos. De momento me es útil.
-Está bien. Una última cosa. Vuestra partida ha de parecer un asunto privado. Viajareis a Sevilla y os instalareis en la residencia del señor de Narváez. Podéis utilizar como excusa el madrinazgo de su hija, si os place.
-Excelencia, si me permitís preguntar si.............
-El indiano conoce su paradero, sí, si era eso a lo que os referíais. Y ahora, podéis retiraros. No volveremos a vernos a no ser que volváis. Tened cuidado.
Y tras despedirse salió por una puerta oculta al fondo.

Las últimas palabras del valido renovaron la esperanza que mi corazón había dado por perdida.¿Y si fuera verdad?
Última edición por elisheva el Sab Sep 17, 2005 9:18 pm, editado 1 vez en total.

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Targul
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Mensaje por Targul » Sab Sep 17, 2005 8:54 pm

1 de julio de 1621. Alcázar Real.

El maltés se tenía tieso como una escoba, procurando no mirar al valido. Se sentía incómodo con esa ropa tan nueva, pero lo que más le incomodaba había sido la llamada de Olivares. El sumiller de corps leía unos informes antes de pasar a despachar lo suyo. Aprovechó para mirar los tapices de la sala de las batallas. San Quintín, la toma de Amberes, Maastritcht... Se estremeció identificándose con uno de aquellos arcabuceros pequeñitos, con el morrion calado y la espada al cinto, marchando dentro del cuadro de infantería hacia la ciudad sitiada mientras los cañones la batían sin cesar.

-Don Rodrigo- dijo por fin el privado.

Sus ojos se encontraron. Olivares parecía cansado, o preocupado. Esta vez no se dió uno de sus frecuentes paseos, se contentó con mirarle y apoyarse en el respaldo de la aterciopelada silla.

-Ha tiempo mostrásteis vuestra conformidad en trabajar para mi, que en este caso es trabajar para el rey.
-Así es, excelencia.

Olivares sonrió, irónico.

-¿Os acordáis del difunto Uceda?
-Le cortaron la cabeza
-Si, así es- apartó entonces unos papeles, entrelazando sus dedos- Si os he llamado es porque se debe terminar aquello que se empezó.

Lozoya aguardó, impaciente. Le gustaba que sus mandos fueran concisos dando las órdenes.

-Hay en Sevilla cierta actividad fomentada por un traidor a la corona, uno de los valedores del difunto Uceda, o protegido. Dicho sujeto responde al nombre de Fernán de Ribadesella, apodado vulgarmente como "el catalán". Dicha persona es corregidor de la ciudad hispalense y favorito de Medina-Sidonia. Así pues, alcanzo poder sobre él, pero es un poder muy "ruidoso" que echaría a perder nuestro objetivo. ¿Me voy explicando?
-Creo que si. Lo que vuestra excelencia desea es un trabajo discreto desde la misma Sevilla.

Rió el valido, corto y bajito. Asintió, aprobatorio. Miró a los soldados de los tapices, distraido.

-Lo que deseo es que vuestra merced y un grupo de bravos viajéis a Sevilla y contactéis con don Luis de Narváez, arcedario de la catedral. Él se encargará de la logística y la unión de los dos grupos.
-¿Dos grupos?
-Os auxiliará una dama y unos sicarios que recabaran información para que vuestras mercedes puedan actuar. Creo que conocéis al jefe de la cuadrilla, ese italiano -buscó el nombre- Malatesta.

No le satisfacía trabajar con su enemigo, aunque fuera de manera separada. Si lo volvía a ver, lo más seguro es que terminaran a estocadas. El valido notó la rabia en sus ojos.

-Vuestro objetivo es desarticular una red de flamencos calvinistas y traidores que operan bajo la tapadera de una fábrica de salazón de pescado. Otros objetivos secundarios, como la captura o asesinato de Ribadesella, se os darán in situ por boca del arcedario. Ahora que lo pienso, el director de dicha fábrica creo que os guarda rencor. Elrik van der Voes.
-Van der Voes...
-El hermano mayor. Guardaos de él, es un hideputa bastante peligroso, y no manejando una toledana, precisamente.
-¿A que se refiere vuesa excelencia?
-Poder y contactos.

Alguien llamó a la puerta, distrayendo la atención del valido, cuya mirada había pasado del tapiz a la puerta, y de la puerta a él. No había cambiado el matiz de su mirada desde que contemplaba a los afanados soldados del rey Felipe tomando al asalto la ciudad flamenca. Al fin y al cabo, el Maltés era otro peón más.

-Ahora debo despediros, don Rodrigo. Os he dedicado demasiado tiempo. Partid cuanto antes y pedidle a mi administrador el adelanto de vuestros honorarios. Espero que no me defraudéis. Recordad, gente con buena mano y de confianza, poco amigos de confesar bajo tormento. Sevilla será una ciudad hostil, no os fieis de nadie. Todo el mundo tiene un precio, y el catalán ha sabido pagar a media ciudad...

Se levantó despacio, mientras el Maltés se cuadraba militarmente. Aquello le hizo gracia a Olivares, que se enterneció.

-Tened cuidado, don Rodrigo. Tal vez al final de vuestro viaje halléis el tan ansiado pasaje a las Indias.

Lo miró un momento, antes de irse. En la mente del maltés caló hondo esa promesa ¿Viviría para que pudiera verla cumplida? Eso sólo lo sabía Dios.

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Dhwilinel
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Mensaje por Dhwilinel » Lun Sep 19, 2005 1:10 pm

[Rodrigo de Lozoya "el maltés"]

Saliendo del Alcázar sentí un gran orgullo, ser llamado por el conde duque para una misión no era cualquier cosa, además suponía otra buena suma de dinero y una aventura más que acercaría mis pasos hacia mi destino tan preciado "las Indias".

Por supuesto esperaba compartir este lance, sino con todos, con algunos de los caballeros de la última misión del Conde Duque, así que dirigí mis pasos al mesón Lardi, lugar frecuentado por Don Luis Martínez y a veces por Don Diego de Lorca, que a su vez era amigo de nuestro peludo amigo "el oso", de esta manera ya tendría ubicados a unos cuantos.

Entre en el mesón y fui hacia la barra a pedir un refrigerio y esperar un rato a ver si aparecía alguno, mientras tanto disfrutaría de mi vino y de mis torreznos.

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Viriato
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Mensaje por Viriato » Lun Sep 19, 2005 2:57 pm

[Alguacil Martínez "Viriato"]

Tras una larga mañana patrullando Madrid, me dirigí hacia el mesón de Lardi, para saciar mi apetito y mi sed.

Cuando entré por la puerta todos me miraron, pero no me importó mucho, pero una figura me resultó familiar y me acerqué a ella. NO sabía si era algun villano o un tierno amigo de la infancia así que fui con mi mano apoyada sobre el pomo de mi espada, por si las moscas.

Cuando la figura me miró a los ojos dije sorprendido:

"¡Pardiez, si es mi buen Rodrigo! ¿Que tal os va amigo mío?"
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"En nuestras mentes conservamos, la grandeza del ayer, tenemos voluntad de imperio, que tendrá que renacer." Alonso de Contreras

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Dhwilinel
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Mensaje por Dhwilinel » Lun Sep 19, 2005 3:50 pm

[Rodrigo de Lozoya "el maltés"]

- Muy bien mi querido Luis, veo que vos estais en plena forma. Y me alegra veros porque os andaba buscando.
Don Luis me miro curioso y contestó:
-¿A qué se debe el honor?
- Pues bien, vengo de una entrevista con el conde duque de Olivares y debido al éxito de nuestra anterior misión, ha requerido nuestros servicios, aunque esta vez nuestros pasos nos lleven más lejos, para ser exactos a Sevilla, el asunto esta relacionado con los herejes ajusticiados, y hay un traidor, al rey y Dios nuestro señor, que debe ser encontrado y ajusticiado, por lo visto un hombre de influencia en Sevilla, hay más detalles que ya aclarare en nuestro camino, porque supongo que no tendré una respuesta negativa. Eso si me dijo el conde duque que guardemos bien nuestras espaldas y solo vayamos hombres de confianza, por eso pensé en vuesa merced y bueno en Diego y su amigo el cazador, supongo que usted sabe donde vive Diego, así que ya estaría el asunto resuelto.
Bueno ¿qué os parece un viaje al sur?

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elisheva
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Mensaje por elisheva » Lun Sep 19, 2005 4:49 pm

[Violeta de Casasola]


¡Sevilla! ¡Tan cerca y a la vez tan lejos.! Ojalá estuviera allí en este momento, con ese villano en mis manos. Le sacaría la verdad aunque fuera lo último que hiciera en la vida. Cierro los ojos y veo aún la expresión de su cara cuando segó la vida de mi padre. Ese miserable consiguió arrebatarme todo lo que de bueno había tenido en la vida, incluyendo mi propia libertad, de la que se encargaron durante el año que pasé recluida en ese horrible convento. Ribadesella me debía mucho y yo estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario por cobrármelo.


Malatesta, siempre hábil para moverse en el mundo más peligroso de Madrid, había conseguido reclutar media docena de hombres de probada reputación como espadachines y hombres de palabra, entregándoles a cuenta una más que sustanciosa cantidad para garantizar mi seguridad y asumir el riesgo de la lucha.


Ya tenía organizada la partida. Don Hernando nos acompañaría de regreso a su residencia donde seríamos sus huéspedes, para evitar la posibilidad de un encuentro casual con el catalán. Narváez había dejado concluidos sus asuntos en la villa, así que nada había de retrasar nuestro viaje previsto para el próximo lunes, Dios mediante.


Además de Malatesta y los bravos, podía contar con la destreza y total confianza de mis dos mejores lacayos. Tampoco mi cochero era hombre que se arredrara ante los impedimentos. Junto con mi fiel Socorro, que no me abandonaba desde mi infancia, y mi doncella personal, la comitiva estaría formada por 14 personas. Número más que suficiente para solventar los posibles impedimentos durante la travesía.

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Viriato
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Mensaje por Viriato » Lun Sep 19, 2005 6:34 pm

[Alguacil Martínez "Viriato"]

Como queréis que os responda, yo no tengo nada que hacer, pero no obstante no iría por gusto, aunque fuese el mismísimo rey el que me encomendara la misión, sin embargo, una buena soldada quizá me haga cambiar de opinión, además, mi pappenheimer está hambrienta.
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Lauridssen
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Mensaje por Lauridssen » Lun Sep 19, 2005 10:49 pm

El Oso de somosierra

Callejeando por el Madrid de nuestro cuarto Felipe, después de hacer encargo (ahora no me acuerdo cual, jejeje) entré en la primera taberna que me crucé en el camino, me acerqué a la barra mientras hechaba un vistazo a los presentes, pardiez, para mi sorpresa me encuentro a dos viejos amigos como D. Rodrigo y el alguacil.

-¿Que tal amigos?, ponga una ronda a estos caballeros, posadero

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BRIVONA
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la menaya

Mensaje por BRIVONA » Mar Sep 20, 2005 10:14 am

Todavía no había salido el sol cuando me levanté del hundido catre que aquella noche había compartido con Juan de Lebrija. Juan era un buen hombre, pero de mano muy suelta a la hora de administrar los buenos cuartos que ganaba en la taberna que regentaba.

Sé que los gastaba jugando a los dados por mucho que él lo negase y que más de dos las cicatrices que llevaba en el pellejo eran marcas de las disputas en las timbas que frecuentaba.

Por suerte, y por el momento, yo no necesitaba su guita, pues tenía la mia propia que me ganaba cosiendo piezas de ropa para las casas, aquí y allá, donde fuera que me reclamasen.

Me vestí y me peiné entre bostezos.El día anterior había terminado de coser las últimas sábanas de un ajuar y ahora tenía que encontrar otro trabajo. Había que espabilarse, pues cada vez tengo peor la vista y hay trabajos para los que ya no valgo.

Recordé con rabia el último bordado que había hecho hacía ya unos cuantos meses al servicio de una dama de la nobleza. No había logrado clavar una puntada en el sitio y había desperdiciado la pieza. Todavía me dolían los golpes que me habían propinado hasta darse por cobrados.

Ahora solo era capaz de hacer piezas simples y Dios sabía hasta cuando. Miré a Juan que roncaba boca abajo en el catre. Quizás ya era hora de que le obligara a que nos casáramos. Ya me ocuparía de poner freno a sus despilfarros.

Decidí empezar a buscar trabajo por la casa del corregidor pues conocía a su mayordomo, y como solía portarme bien con él durante mi estancia en la casa, me recomendaba a su amo cada vez que había un trabajo de costura.
«¡Cuán gritan esos malditos! Pero ¡mal rayo me parta si, en concluyendo la carta, no pagan caros sus gritos!»

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Viriato
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Mensaje por Viriato » Mar Sep 20, 2005 8:31 pm

[Alguacil Martínez "Viriato"]


Esto ya es coincidencia, paréceme que el destino nos tiene reservado otra aventura... - Dijo el alguacil mientras se bebía medio vaso de vino...
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Targul
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Mensaje por Targul » Mié Sep 21, 2005 12:28 am

5 de julio de 1621. "Un rufián de alcurnia"

Un carruaje escoltado por un buen número de caballos y formado por catorce personas escoltaba un coche de caballos de firmes ruedas que recorría despaciosamente y desde hacía tres días el camino real de Madrid al sur de la Península.

Algunos guardias efectuaban batidas a caballo para reconocer el terreno y detectar posibles percantes con antelación, mientras la señora iba sentada en el carruaje con el ama y un viejo caballero con el que mantenía animada charla. De vez en cuando, un negro jinete se acercaba al ventanuco para intercambiar pareceres con la señora, bella y refinada, de gesto autoritario. El rufián les andaba siguiendo desde Madrid, con instrucciones sencillas de un enmascarado caballero de la corte. Su seguimiento lo hacía de lejos y con catalejo, sin delatar su presencia en ningun momento.

El día fue largo, y pararon en una inmunda posada a descansar. Llegó una hora después que la comitiva, dejando tiempo para que los guardias de la puerta (dos tipos de aspecto fiero y buena mano), no sospecharan de él. Se atusó la polvorienta capa un par de veces antes de tomar asiento en el ángulo oscuro del habitáculo, sólo iluminado por una chimenea. Pidió un poco de pan y longaniza con una jarra de vino, bueno o malo, que vació a pequeños sorbos, distraido. Su distracción era debida a la presencia de la dama, en la mesa junto a la chimenea. La estuvo observando un buen rato, profesional. Tras despedir al viejo caballero y quedarse sola con su ama y el tipo de negro, vió un cruce de miradas entre ellos, afectuoso, tal vez tentador. Había algo más que palabras entre aquellos dos, y barruntaba que la señora no iba a dormir sola. Aquello complicaba levemente las cosas.

-Señor- dijo llamando al posadero- ¿Podéis invitar a una jarra de vino a aquel gentilhombre? A mis expensas.
-¿Por algo en particular?
-Admiro su estampa.
-Entiendo- repuso, no muy convencido.

Malatesta miró al gentilhombre, que alzó su jarra levemente en saludo cortés. Sonrió, sarcástico, mirándole de hito en hito. Sombrero de ala doblada de color verde, capa larga, espada cazoleta con damasquinos en la guarda, bigote y bozo. Sus ropas delataban un aspecto aristocrático. Un caballero de viaje, resumió. Se bebió media jarra de un trago, hablando con doña Violeta. Al cabo, el gentilhombre vino a levantarse y se acercó a su mesa. Sin que nadie se percatase, derramó una ampolla de somnífero sobre la jarra del caballero, mientras actuaba.

-Disculpen vuestras mercedes mi atrevimiento, pero no he podido evitar fijarme en vuesas mercedes, y he de decir que gratamente, ya que suelo frecuentar aquesta posada y los que en ella suelen morar no son de tanta condición. Suelo hallarme, pues, bastante fuera de lugar- sonrió, sincero- Don Canuterio González de la Hiedra, para servirles.

Miró hacia un lado, entretenido.

-No quisiera causar molestias a vuestras personas, por lo que, con vuestra venia, partiré al tan merecido jergón. Les deseo buenas noches.

Marchó a su habitación, como había dicho. Abrió la ventana, y miró la luna, calculando la hora. Se sentó a la luz de la vela a leer "Política de Dios, gobierno de Cristo", mientras aguardaba. Tenía sobre el lecho la cuerda preparada, y su caballo relinchaba de vez en cuando, asustado por la oscuridad, en la linde del bosque. Pasaba las hojas despaciosamente, regodeándose en las frases más rebuscadas, haciendo tiempo hasta que escuchó los pasos, y las risas. Pegó la oreja a la madera de la pared, escuchando. El somnífero hizo efecto, y tras consumar el acto, el caballero emitió grandes ronquidos. Dejó una hora de margen, hojeando el libro, hasta que salió al pasillo. Las luces estaban apagadas, y el movimiento en la posada había cesado. Tan sólo se escuchaba, de vez en cuando, el sonido monótono de las pisadas de los guardias, en el patio de la casona.

Abrió la puerta con la ganzúa, despacio. Al cerrar, vió una sombra levantarse (pese a su cautela). La dama tomó una pistola del cinto de Malatesta, zarandeándolo brevemente. Nada, no despertaba. El rufián tomó el pañuelo mojado de cloroformo, intentando rodear a la sombra. Sonó el clic de una pistola. Era lista, además de guapa.

-Tirad lo que lleváis en las manos- dijo la mujer.
-Os ruego que soltéis ese milanés, o podréis haceros daño.

La dama se acercó bruscamente, intentando golpearle con la culata. Esquivó el golpe, intentando cogerla. Se zafó, volviéndole a apuntar.

-¡De rodillas! U os vuelo el pecho.

Tomó la pistola de un puñado, sin dificultad. Ahora las tornas se cambiaban. Haciendo caso omiso a sus insinuaciones, la durmió poniéndole el paño en la nariz. Después de atarla a la cuerda, y esta a la ventana, la bajó hasta el suelo. Con mucha agilidad, bajó por dicha cuerda y se la llevó, cual fardo, hasta su corcel. La sombra se alejó en la noche, riendo entre dientes. Aquello estaba hecho.

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Mensaje por Targul » Mié Sep 21, 2005 12:49 am

6 de julio de 1621.

Don Canuterio paró a mediodía, tras atravesar un páramo rocoso propicio para que le perdieran el rastro. No se veían jinetes en el horizonte, por lo que decidió parar a comer. La dama estaba despierta y maniatada, aunque muy callada. Le miraba muy fijamente, como intentando reconocerle.

La dejó sentada sobre la estera mientras sacaba el arenque en conserva, pan y queso que llevaba para comer. Para beber, nada más que una bota de vino. Le resultaba graciosa la imagen de la mujer, con el pelo desordenado y el gesto curioso, mirándole hacer.

-No temáis, no voy a violaros- sonrió- Se que ayer ya os dieron lo vuestro, así que no quisiera añadir más huevos al cesto. De cualquier modo, no sois mi tipo. Me van las rubias, o las pelirrojas.

Le ofreció un trozo de pan y queso, amable.

-¿Gustáis?

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Mensaje por Targul » Mié Sep 21, 2005 1:59 pm

14 de julio de 1621, Sevilla.

Raúl Rodríguez aún llevaba el macuto al hombro.

Hacía menos de tres horas que había desembarcado de nuevo en Sevilla, licenciado por méritos de guerra en Flandes. No era su licenciamiento lo que le tenía preocupado, sino la desesperanza de no haber encontrado al asesino de su hijo. Meditabundo y cabizbajo, recorría las calles camino de Triana, buscando a alguien que pudiera llevarle a su pueblo a lomos de una mula.

Dió con unos arrieros que conversaban sobre el camino de ida a un pueblo cercano al suyo, con que se acercó a preguntarles. De pronto, oyó en medio de la conversación el apellido Fabris.

-Disculpe vuesa merced..¿Quién es el señor Fabris?

El arriero lo miró con desconfianza.

-Un italiano, jefe de una cuadrilla de bravos. A veces nos roba el cargamento.
-¿Salvatore Fabris?
-Si, ¿Lo conoce vuecencia? Trabaja para ese hombre, el catalán.
-¿El catalán?
-Es un oidor de la chancillería, personaje importante allegado al duque.

Raúl sonrió, despaciosamente. Su venganza estaba a la vuelta de la esquina.

-¿No sabréis, por ventura, donde suele parar?
-Si no se encuentra callejando estará en la taberna de Escamilla o en el palacete del catalán.
-Gracias. Es todo lo que quería saber.

Se alejó en la dirección indicada, y en sus ojos refulgía la tan ansiada posibilidad de venganza.

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Mensaje por elisheva » Mié Sep 21, 2005 7:30 pm

[Violeta de Casasola]

6 de Julio de 1621.



La situación en la que me encontraba me ponía furiosa; furiosa y humillada. ¿Es que acaso ese “gentilhombre” se estaba burlando de mí?. ¡Vive Dios que averiguaría la razón de este secuestro.!

La premura del rapto y la falta de luz al maniatarme favorecieron que mis ataduras no fueran todo lo efectivas que precisaban ser. A lo largo de la cabalgada y mientras ese mal nacido se mofaba de mí había conseguido aflojarlas lo bastante para, con mucho esfuerzo y erosionándome la piel, conseguir soltar una de mis manos.

Todavía no había dicho una palabra. El gusto del cloroformo persistía en mi paladar.

-Tengo sed – Dije.-¿podéis darme un sorbo de vino?
-Ja, ja, aún notáis la resaca, ¿verdad?. Tomad, yo os ayudo.

Se agachó a mi altura para darme de beber. Rápidamente escupí lo que había bebido sobre sus ojos, lo que me consiguió el tiempo suficiente para incorporarme y empujarle con el hombro, haciéndole perder el equilibrio. El individuo cayó cual largo era, y por el sonoro lamento que emitió comprendí que se había lastimado el brazo sobre el que apoyó todo su peso. Fui más rápida de lo que imaginó y mientras soltaba mis manos me senté a horcajadas sobre él, despojándole de la daga y golpeándole a un lado de la cabeza para no perder mi ventaja.

-Decid, ¿quién sois y que queréis de mí?

El rufián soltó una carcajada ahogada; no iba a colaborar por las buenas.

-¿Acaso dudáis de que sea capaz de apuñalaros? Miradme a los ojos y comprobad que no miento.- Le dije mientras clavaba la punta de la daga en su cuello, hasta conseguir que sangrara.

El miedo soltó su lengua. Me dijo su nombre y la orden que tenía de secuestrarme y llevarme intacta a Madrid.

-¿De donde partió la orden?¿Quién os envía?
-A..Alquezar.

El ruido lejano de caballos sobresaltó a mi prisionero. Ambos adivinamos quien sería.

-Señora, ¿vais a dejar que él me mate?
-No soy tan cruel. Además esto es entre vos y yo.

Y tirando hacia atrás de su cabeza lo degollé.
Solté el arma y me puse de pie. Las respuestas del caballero me habían turbado. Alquezar no me habría perdonado que me riera ante sus insinuaciones. Y precisamente ahora un nuevo enemigo era lo que menos necesitaba.

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RaulR
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Mensaje por RaulR » Mié Sep 21, 2005 9:49 pm

Raul Rodriguez

14 de julio 1621, Sevilla

La calle en la que se encontraba la taberna de Escamilla era ancha y concurrida, y daba a una pequeña plaza donde comerciantes, pordioseros y bravos con poco que hacer holgazaneaban.

Di una vuelta por alli, buscando en cada rostro que me cruzaba aquellas fatidicas facciones que atormentaban mi sueño desde hace mas de dos años. El tal Fabris no esta por alli.

Me sente en un banco a ordenar mis alocados pensamientos. no estaba alli, pero segun decian frecuentaba esta zona. Era cuestion de tiempo. Ah, tiempo,... tiempo perdido... dos años de mi vida buscando a ese bastardo a miles de kilometros de mi casa.
Quien lo iba a decir, yo que no habia salido en mi vida de mi pueblo, que no sabia nada de politica, ni de guerras ni del mundo mas alla de las cuatro lomas que bordeaban las tierras que me vieron nacer.

Conte mi dinero. Conservaba la paga de licencia practicamente completa mas algunos ahorrillos. Era mucho dinero junto, sobre todo en estos tiempos, en los que el calor de la bebida o de las nalgas de una fulan impedian a casi cualquier tener dinero para pasado mañana. Yo en cambio, era un tipo raro, no tenia vicios. Los soldados en Flandes me miraban mal cuando les decia que prferia ahorrar a apostar mi dinero a los dados. Creo que no me dieron una cuchilada y me quitaron la bolsa porque al fin y al cabo mi trabajo les salvaba la vida. Las pistolas que yo reparaba solian poner la bala donde se suponia que debian ponerla.

Frente a mi habia una modesta casucha, cuya planta baja era el lugar de trabajo de un viejo herrero. Me acerque a el.

-Anciano,¿ en cuanto valoras este negocio?
El anciano se me quedo mirando. Parece que la pregunta era tan extravangante que no la habie comprendido muy bien.
-Anciano, te compro el negocio y la casa -le dije tendiendole la bolsa con los cuartos-
-Aqui hay mucho dinero, pero no puedo venderle mi casa, ¿a donde iria yo?
-No tiene porque irse, solo quedese el dinero y dejeme que yo lleve el negocio a partir de ahora.
El anciano, perplejo, miraba la bolsa que tenia en sus manos. Era la primera vez que le pagaban para trabajar. Desde luego la guerra debe de ser dura, algunos vienen un poco tarados, -penso.
-Bienvenido al negocio pues. Si estas intentando estafarme, poca bolsa te vas a llevar, aunque habiendome dado la tuya, no creo que ese sea tu caso. ¿sabes herrar?

Raul sonrió, con franqueza, como hacia mucho tiempo que no lo hacia.

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Dhwilinel
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Mensaje por Dhwilinel » Jue Sep 22, 2005 5:32 pm

[Rodrigo de Lozoya "el maltés"]

1 de julio de 1621. Mesón Lardy.

Me alegro ver entrar a Miguel, así que pedí otra ronda para todos y le explicé lo del trabajo, vi que asentía con el gesto y eso me alegro.

Sin más rodeos les conté que debíamos partir cuanto antes, ya tenía dinero adelantado así que lo mejor era prepararse para salir mañana al alba, quedé con ellos en el Puente de Manzanares, yo ya me encargaría de las alforjas necesarias para el viaje y les di para que alquilaran los caballos, el mío siempre estaba listo para salir. Le dije a Miguel que si por casualidad se encontraba con Diego que intentara convencerle, sino debíamos irnos los tres, porque demorarse es de vagos.

Lo único que no me convencía de este viaje es que de nuevo compartiamos el trabajo con ese negro espadachín, Malatesta, no era de fiar y tendríamos que estar con los ojos bien abiertos.

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Viriato
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Mensaje por Viriato » Vie Sep 23, 2005 5:00 pm

[ Alguacil Martínez ]

Tras aceptar el trabajo, llegué a mi casa y me preparé para una nueva aventura, estuve toda la noche afilando mi pappenheimer y mi vizcaína, y preparando mis pistolas para estar listo, ya que el italiano no era muy de fiar, especialmente desde que me pegó el tiro en el muslo....pero en caso de problemas, la cosa no terminaría como aquella vez.


"La hora de bricomanía"- Dije, guardando mi pappenheimer en la vaina, mientras salía de mi casa con destino al puente del Manzanares.
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"En nuestras mentes conservamos, la grandeza del ayer, tenemos voluntad de imperio, que tendrá que renacer." Alonso de Contreras

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Targul
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Mensaje por Targul » Vie Sep 23, 2005 10:11 pm

Malatesta bajó del caballo de un salto. Miró a los ojos de ella, indiferentes y fríos. Suavemente, hizo rodar el cadáver empujándolo con la bota. Había un charco de sangre y una mirada inexpresiva, el rostro todavía tenía la color de un vivo. Reciente, muy reciente, pensó. Junto a ella había una daga ensangrentada. Estuvo un rato quieto, frío, mirándola sin decir nada.

Estaba sorprendido, no la había creído mujer capaz de tales actos. Miró de nuevo el cádavez, convenciéndose de que aquella dama era más peligrosa de lo que aparentaba. Suspiró, quedo. Al cabo, una lúgubre sonrisa cruzó su rostro. Se le parecía, a pesar de todo. Le ofreció la mano, sincero.

-¿Estáis bien?
-He estado mejor- la miró con ira- Se supone que os pago para protegerme.
-Me había puesto algo en el vino.
-Ya...

Se levantó ella sola, digna. Sin mediar más palabra, subió a un corcel detrás de uno de sus lacayos y regresaron a la posada al anochecer. Se lavó con un barreño de agua, cambiándose antes de recibir a un preocupado don Hernando. El resto del viaje transcurrió, lánguido y sin incidentes, con la dama encerrada en un incipiente mutismo para con Malatesta, mutismo que sólo rompía para hablar con sus allegados.

La casona era grande, ajardinada en un patio interior. El lujo era austero, a la antigua usanza castellana, y la servidumbre, aunque escasa, eficiente. El arrendador se complació invitándoles a cenar, enseñándoles cada rincón de sus tierras y hablándoles de sus problemas e inquietudes. Doña Violeta tuvo gran placer de ver a Isabel, la bella hija del hidalgo, que la cautivó con su jovialidad y buenas maneras. Hablaron también, durante la cena, de la promesa de matrimonio de aquel jóven de la casa Mendoza que volvería el mes que viene de una embajada en Génova. Un buen partido, según pudo ver durante las negociaciones. Inevitablemente, la conversación cambió de tema.

-En cuanto a vuestra operación para con Ribadesella y los holandeses, mi señora- pronunciaba un grave don Hernando- Sólo puedo ofreceros la ayuda de mi hijo Luis, que es quien se cartea con las personas de corte de las que dependéis. Mi hijo es buen chico, y sabe moverse bien en ambientes palaciegos, protegido por sus votos. Él se encargará de los detalles y os ayudará en la planificación. También podéis contar con mi fiel, aunque joven, lacayo Jose Antonio. Tiene muy buena mano con la espada y es listo como el hambre. Servirá de enlace entre vos y el grupo de los bravos, que según se, han llegado ya a su destino.
"Para todo lo demás- finalizó- podéis contar conmigo".

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