Siglo de Oro - "El bastardo de Sevilla"

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Targul
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Mensaje por Targul » Vie Sep 23, 2005 10:58 pm

2 de julio de 1621. Puente del Manzanares.

La mañana preveía un día de bochorno veraniego. Junto al peaje de entrada a Villa y Corte, un hombre aguardaba, puntual, la llegada de sus compañeros. Comprobó las alforjas de su caballo moruno, donde cargaba buena provisión de vituallas para el viaje. El maltés palmeó el cuello tenso y caliente de su corcel, hablándole al oído. Un hombre le interrumpió en su conversación equina.

-Creo que ya estamos todos- dijo don Luis Martínez.

El alguacil llevaba un caballo cogido por el bocado, y junto a él estaba la imponente mole del "Oso", bajo la ancha ala de su sombrero y la capa donde ocultaba las pistolas. Montaron sin más, encaminándose hacia el sur.

El viaje fue largo, y dió la oportunidad al maltés de conocer más a aquellos hombres. Don Luís era flemático de gestos pero ardoroso de voluntad, pulcro y relamido, pero peligroso en combate. Formaba, no obstante, buena pareja con Molero, siempre tan optimista y arrojado, bonachón y simpático. Era un bruto entrañable. Don Luis había servido en Flandes, y había obtenido la licencia hacía poco, en Fleurus, despues de que a su compañía la diezmaran de forma que él, un triste cabo, mandó los restos (15 arcabuceros y seis piqueros), aguantando la última carga holandesa antes de conseguir, abonada por la sangre de muchos españoles, una triste victoria en aquella jornada. El Oso también había estado en la guerra, en las galeras del rey que combatían al turco. Su historia era más rebuscada, impropia de un tipo tan sencillo. Enamorado de una mora de Orán, se dió de estocadas con otro pretendiente, evadiéndose de la guarnición para evitar ser colgado. Navegó con los corsarios mallorquines al servicio del rey, capturando muchas naves con la bandera de la media luna, y ganando amargos y valiosos recuerdos en aventuras y desventuras. Eran buenos tipos, en el fondo, y se complacía en tratarlos como amigos.

15 de junio de 1621. Sevilla.

Llani les esperaba de pie, bajo un tendido y entre los parroquianos que deambulaban por la calle. Su señor le había mandado aquel trabajo tan extraño y poco usual, pero sin embargo emocionante. Le habían descrito bien a aquellos hombres: un sujeto de bigote y bozo con la cruz de Malta, treinta y pocos y aspecto soldadesco, un rubicundo gigantón peludo y un hombre moreno y repeinado. Venían a caballo y con capas de viaje llenas de polvo, o eso esperaba.

-¡Era el bravo Escamilla, prez y honra de Sevilla!- pregonaba un vocero, con la mano estirada pidiendo limosna por contar la historia del más famoso jaque que alumbró la ciudad hispalense.

Suspiró. Quizá iban a tardar un rato más.

Raúl Rodriguez salió a darse una vuelta. Era festivo y quería aprovechar para ultimar la reapertura de su fábrica de armas de fuego. Para ello, debía ir a hablar con el gremio de armeros y plateros de la ciudad, a la dirección que le había proporcionado el viejo herrero. Iba mascando una manzana comprada a dos maravedís, razonablemente madura y jugosa, mientras pensaba en lo suyo.

El Maltés estaba cansado, y llevaba al corcel de las riendas, pie a tierra, caminando entre los transeuntes que les esquivaban. Vió lo ojos de un joven que pareció reconocerles bajo la sombra de un tendido. Pero antes de acercarse al joven, tuvo un choque fortuito con un hombre maduro y reseco con aspecto de matarife.

-Porca miseria- blasfemó- A ver si miráis por do vais.

El voseo le hizo detenerse, y detuvo también la disculpa que le bailaba en los labios. Le miró fijamente, sin más. Estaba demasiado cansado para jugar a caballeros.

-¿A qué esperáis para disculparos?
-Iros al cuerno- dijo don Luis, tan fogoso como siempre- Que somos gente hidalga y principal, y os conviene no meteros en líos.

El hombre, que iba acompañado por una cuadrilla de seis bravos que cargaban más acero de Vizcaya (todos con sospechoso aspecto de gente extranjera), rió de buena gana, sarcástico.

-Vos si que no sabéis con quien os la estáis jugando, petimetre.
-Al menos yo no soy un marrano- replicó, guasón.

El italiano echó mano a la fisberta, ofendido. Hubo refulgir de centellas saliendo de las vainas, y la gente creó un círculo entre los contendientes.

-Yo os mostraré que nadie insulta impunemente a Salvatore Fabris.

Fabris... Ese hijo de puta estaba allí, delante de sus narices. Sin pensárselo dos veces, Raúl sacó uno de los revólveres de rueda y, con gran maestria y provocando gritos entre el público femenino, dejó tiesos a dos matarifes del italiano, saliéndole malo el último tiro. Hubo un silencio, y Fabris miró al pistolero, que ahora tenía una espada en la mano.

-Mi nombre es Raúl Rodríguez- dijo, despaciosamente- Tu mataste a mi hijo. Preparate a morir.

Bailaron las centellas, dándose la peor parte los hombres de Fabris, heridos y alguno muerto, cogidos por varios frentes, pues el lacayo Jose Antonio también había terciado en la pelea, atacándoles por retambufa. La gurullada, empero, disolvió el duelo con sus gritos. Antes de que se perdieran en las callejas, Rodríguez pudo hacer sangrar a su mortal enemigo, lamentablemente con un tajo de poca entidad sobre la ceja.

-¡Ténganse a la justicia!- gritaba el alguacil.

Llani reaccionó enseguida, envainando. Tomó al maltés por la manga del jubón.

-Seguidme, se donde ocultarnos.

Y se perdieron, calle abajo, rumbo a la taberna de Escamilla.
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Gurthang
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Mensaje por Gurthang » Vie Sep 23, 2005 11:35 pm

(Jose Antonio LLani)

A fe mia que correr por Sevilla en pleno junio cargando los fierros y con la gura detrás era para ciscarse en toda la corte celestial.
Después de reconocer al grupo del caballero Maltés,el gigante,el alguacil y el armero por las señas que me habia indicado mi amo y hecharles un cable con el chulito italiano de "El Catalán" y sus compinches,decidí conducirlos a una taberna cerca del corral de los naranjos.La taberna la regentaba un amiguete llamado Juan de Lebrija,que cobijaba a mas de una rata de cloaca de Sevilla que mataba por dos maravedís y que tenia por novia a la apodada "La Menaya".Tras entrar en el local sudados por la carrera y recuperando el aliento,solo hizo falta una mirada mia y un gesto que hice con la cabeza indicando la calle de fuera,comprendió enseguida y nos ocultó en un cuarto grande donde guardaba jamones y quesos.Pasado un buen rato,salimos del cuartillo y nos pusimos en una mesa a hacer las presentaciones acompañadas por jarras de vino y huevos con tocino.

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Targul
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Mensaje por Targul » Lun Sep 26, 2005 12:53 pm

Taberna de Escamilla, Sevilla. 16 de julio de 1621.

La noche estaba muy entrada y la mitad de los bravos, borrachos después de una noche de risas y vino, había abandonado la taberna. Estaban cerrando y no tardaría en personarse la gura para cerciorarse de que así fuera. Llegó antes de tiempo, cargado de fierros y despidiendo con muy malos modos a los borrachos, que los corchetes se encargaron de sacar a la calle.

-Sánchez- dijo Juan de Lebrija a modo de saludo, mientras limpiaba el interior de una jarra de barro con el trapo.
-Me han dicho que han pasado por aquí unos tipos que han matado a algunos hombres del catalán. Un caballero de Malta, un tipo muy grande, uno pequeño y barbudo y otro con pintas de gentilhombre, y se les sumó otro con aspecto de lacayo o bravo a sueldo. ¿Os suenan?

Aquella pregunta pedía exquisita prudencia al contestar. Juan asintió, dejando la jarra sobre la mesa.

-Si, pasaron por aquí. Se les veía nerviosos, tomaron un poco de vino, miraron a la calle y se fueron.
-¿Sin más?
-Oí algo de un ajuste de cuentas con el veneciano, el hombre del catalán. Pero hablaban bajito y tenía muchos clientes.
-Comprendo- el alguacil se tocó el ala del sombrero, a modo de despedida- Nos veremos mañana.
-Cuidese vuesa merced, señor alguacil.

Se fue, cerrando la puerta. Juan fue hasta la cocina, donde María acababa de fregar los cacharros. La tomó por la cintura, sonriente.

-¿Pasó algo?- preguntó ella
-Nada, se lo tragó.

De una trampilla del suelo oculta por una estera salieron los bravos, escondidos en la despensa desde hacía un rato.

-Espero que este asunto valga la pena, señor Llani, no me gustaría haber ocultado a personas que merecen pagar por sus crímenes.
-Se de esto tanto como vos- dijo el lacayo, mirando al maltés.

El silencio tenso se rompió cuando alguien picó a la puerta. Juan dejó el delantar sobre el mueble donde guardaba la vajilla, acercándose a la entrada.

-¿Quien vive?
-Soy yo.
-Padre, pasad.

Abrió la puerta a un hombre vestido de hábito negro con sombrero eclesial y alzacuellos. Era un hombre joven, de veinti tantos, pero de gesto sereno y sonrisa franca. Llevaba una cruz de madera claveteada sobre el hábito. Sin más preámbulo, se acercó a los bravos.

-Vuestra merced debe ser el maltés- dijo el hombre en un tono pulcro y átono.
-Así es, pater.
-Soy Luis de Narváez, arcediano de la catedral. Creo que os han hablado de mi.
-Acertáis, dómine.
-Sentaos, por favor- se giró hacia Juan, que les miraba- Cierra la puerta, haz el favor.

Los bravos se sentaron en torno a una mesa, mientras Juan servía vino al arcediano con mucho respeto. Desde la puerta de la cocina, la Menaya miraba y escuchaba.

-Este asunto- comenzó a decir el clérigo después de remojarse la gola con el vino de Málaga-, como bien sabrán vuesas mercedes, es muy delicado. Nuestro enemigo es un personaje eminente de esta ciudad, y tiene comprada a la gura y los jueces. Fernán Ribadesella es un próspero hombre de negocios y prestamista de la corona que controla el comercio con los extranjeros en el puerto, además de ser oidor de la chancillería y consejero del duque de Medina-Sidonia, que lo trata como a socio preferente. El catalán, como se le apoda, es un hombre frio y calculador que sale poco de su casa, y siempre fuertemente escoltado por sus hombres, casi todos extranjeros.
"Creo que vuesas mercedes han tenido un percance con Salvatore Fabris, ex-soldado y maestro de armas en la Liguria, antes de contactar fortuitamente con los holandeses. Tened cuidado con ese hombre, es viejo pero hábil con la espada, de mente fria y calculadora. También guardaos del asesino de las sombras, el tudesco. Si Ribadesella lo emplea contra vuesas mercedes querrá decir que habremos conseguido enfurecerle, o asustarle"

Los bravos escuchaban las implicaciones del asunto, atentos al detalle.

-Vuestra primera misión será abortar un desembarco ilegal de dinero y contrabandos de encaje flamenco en un paraje de Doñana al que os llevará un hombre de confianza, guía experto del paraje, que responde al nombre de Antonio. La operación se llevará a cabo de noche y con decisión. No importa el ruido que provoquéis, pero es imperativo que dejen a algun escolta vivo y dejen caer que les manda el conde de Guadalcázar. Es importante que nuestro enemigo crea que ha sido traicionado por uno de sus colaboradores, para que sus movimientos le descubran.
"Entretanto, nos mantendremos en contacto por medio de Jose Antonio, que conoce los lugares que suelo frecuentar. Él o Antonio les aclararána cualquier clase de duda o les ayudaran a conseguir el material que necesitan- se levantó, atusándose el ropón negro- Ahora, debo volver, pues me esperan. Os deseo suerte y.."
-Disculpad- interrumpió Raúl Rodriguez- Yo no dije nada pero ahora me gustaría decir a estos caballeros que me uno al grupo, me paguen o no. Tengo asuntos pendientes con Fabris y creo que dos manos más vendrían bien a estos hidalgos. Me contentaré con el fruto del saqueo de los cadáveres.
-Bien pues, señor..
-Rául Rodriguez para servir a vuestra paternidad.
-Os deseo suerte pues, señor Rodríguez.

El siervo de Dios reparó en la Menaya.

-Hija mia, mañana deberías ir a la casona de mi padre, don Hernando, a las afueras. Creo que hay una dama que tiene un trabajo muy interesante y bien pagado para ti.

Sin más, el arcediano se marchó con tanta presteza como había llegado, y los bravos salieron a alojarse en una posada dos calles más abajo. A lo lejos, sonaban las notas apagadas de una guitarra.
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Viriato
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Mensaje por Viriato » Lun Sep 26, 2005 2:41 pm

[ El alguasí ]

En seguida llegamos a la posada, y pedimos una habitación.


"Al final del pasillo a la derecha" Dijo el posadero.
"¿Perdoneme, pero, tiene vistas al rio?" Dije
"Sí" asintió el posadero.

Nada más entrar en mis compañeros escogieron cama, pero yo me interesé mas por los objetos que había en la posada y tiré varios de ellos por la ventana para recojerlos al salir posteriormente. Entre los objetos cabe citar un par de velas y un cuchillo, los cuales podrían servirme bien...

"Pero que demonios estás haciendo?" Dijo el Maltés "Eres un alguacil, no un ladron"
"Rodrigo, supongamos que son recuerdos" Dijé en tono guasón.


En ese mismo instannte entró el posadero a llevarnos nuevas sábanas y dijo al verme asomado por la ventana:

"Me place que os hayan gustado las vistas"
Última edición por Viriato el Mar Sep 27, 2005 7:01 pm, editado 1 vez en total.
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"En nuestras mentes conservamos, la grandeza del ayer, tenemos voluntad de imperio, que tendrá que renacer." Alonso de Contreras

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Dhwilinel
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Mensaje por Dhwilinel » Lun Sep 26, 2005 5:59 pm

[el maltés]

Cuando el posadero entró, pegué un respingo, por un momento pensé que había odio a Luis tirar "los recuerdos" por la ventana y la verdad que después del incidente de la mañana no estaba el horno para bollos, tampoco quería que nos hicieramos famosos en tan poco tiempo y entre los peores rufianes. Sé que a veces soy demasiado noble y el asunto no era para tanto.

Después de irse el posadero oí algunas risas de Luis y Miguel, dicen que mi cara se quedó palida, me dieron unas palmadas en la espalda y yo también reí. Les dije a todos que debiamos descansar, ya que nos esperaban jornadas duras y no se sabía por cuanto tiempo.

Le pregunté a Jose Antonio que cuando comenzaría la empresa, había que estar preparados para cualquier cosa.

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Lauridssen
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Mensaje por Lauridssen » Lun Sep 26, 2005 9:30 pm

El oso de somosierra, vuelve...

Al entrar en la habitación que nos dió el posadero, me senté en el primer catre que ví y me tiré un par de cuñas que me habia contenido ante el cura, jajaja.
D. Luis se las tomó a risa, en cambio D. Rodrigo no sabría que decir...me aligeré de carga cinegética, primero deje tres de mis cuatro pistolas con sus doce apostoles liados en una manta (la cuarta seguiría bajo la almohada), mis cuchillos arrojadizos a un lateral de la cama y al otro lado dos espadas militares y daga corta; ahora me encontraba mucho mas ligero...
A continuación me dispuse a descansar pues el día de mañana se presentaba lleno de vicisitudes y peligros...se me escapó otro cuezco...Xd...jajaja

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RaulR
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Mensaje por RaulR » Mar Sep 27, 2005 1:54 pm

Raul Rodriguez

Una vez en la habitacion, saque mis armas para limpiarlas y recargarlas. Desmonte el mecanismo y me asegure de que estaba en perfecto estado y bien afinado. Habian errado uno de mis disparos, y no era eso algo acostumbrado en mi.
Mientras, observaba al resto de la compaña, sin saber muy bien que asuntos habian reunido a gente tan dispar ni a mi con ellos. No entendia muy bien ese asunto de Ribadesella, pero la verdad es que tampoco me importaba mucho, con tal de que me acercase a mi objetivo.
Fabris era bueno con el acero, pero no era acero, sino plomo lo que deberia afrontar cuando me viese.

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Viriato
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Mensaje por Viriato » Mar Sep 27, 2005 5:03 pm

[Alguacil Martínez]

Me coloqué mi negro atuendo. Me encajé bien la gola, me puse el sombrero y coloqué bien las plumas, que eran de color rojo, como la sangre que derramaríamos por una buena causa esta noche, y me coloqué mi negra capa. Todo este oscuro atuendo hacía de mi una figura sombría.

"Señores, ha llegado el momento". - Dije mientras me arreglaba y me preparaba para abrir la puerta.

Mientras avanzaba por el pasillo sentí un extraño escalofrío, me sentí nervioso y me paré en seco... pero acaricié el pomo de mi Pappenheimer, que una vez perteneció a Van Der Voes, y me sentí aliviado...

"Esta noche tu noble hoja se volverá contra aquellos que una vez te forjaron"
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Gurthang
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Mensaje por Gurthang » Mar Sep 27, 2005 5:48 pm

(LLani)

Después de un breve descanso nos pusimos en marcha,cada uno cargando con lo que mejor sabia usar.Salimos de nuestro alojamiento y bajamos las escaleras de la posada.La noche,gracias a Dios,era fresca y podiamos embozarnos en las capas con comodidad.Aunque no vestia todo de negro,si llevaba ropas oscuras y un pañuelo de lana negra alrededor de media cara,eso y el chapeo me hacian el rostro practicamente irreconocible.Teniamos que buscar al bueno de Antonio que nos conduciria por Doñana.Tendriamos que coger una barca para bajar el Guadalquivir hasta casi salir de Sevilla y luego tomar hacia el Oeste.Seria un trayecto corto,no creo que tardasemos mas de un par de horas hasta el momento de llegar a Doñana.

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BRIVONA
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la menaya

Mensaje por BRIVONA » Mié Sep 28, 2005 9:30 am

Cuando los bravos se hubieron retirado serví un vaso de vino y se lo tendí a Juan.
No estaba muy seguro de que haber ocultado a aquella gente en la taberna, hubiese sido una buena idea. Hábía hablado de una hazaña peligrosa e incluso por el medio pesaban venganzas pesonales.Un asunto un tanto turbio, a mi entender, pero es en ese tipo de asuntos donde se mueven buenos cuartos.

- No lo pienses más, Juan. Está bien hecho, te lo digo yo. Conocemos bien a Narváez y siempre hemos salido con bien de todos sus asuntos, y con los bolsillos bien llenos.

-Esta vez es diferente, es un plan de locos. No sé por qué he aceptado.

- Si lo sabes. Es por los dados, ¿cuánto perdiste anoche?,- empezaba a enfadarme como cada vez que pienso que juega tanto.

- Ya no juego a los dados. ¡y deja de importunarme, mujer!Voy a subir a llevarles unas sábanas y tú ve a acostarte que en seguida iré.- dijo saliendo por la puerta de la cocina.

Dormí unas cuantas horas, hasta que oí llegar a Juan. Otra vez había ido a jugar. Por sus movimientos parecía bastante borracho. Se metió en la cama, puso una mano sobre mis posaderas, y así se quedó dormido.

A la mañana siguiente me dirigí a la casa de Don Hernando, como me había dicho el arcediano. No estaba muy segura de lo que había querido decir éste con lo de "un trabajo interesante", pero si había buena guita por el medio no me importaba en absoluto de lo que se tratara.

Llamé a la puerta y uno de los sirvientes de Don Hernando me hizo pasar. Parecía que estaban esperándome, pues no me preguntó a qué venía.
Me hizo pasar a una de las estancias privadas del señor de la casa. Lo sé muy bien porque en otras ocasiones había prestado mis servicios en el lugar como costurera y aquel era uno de los aposentos privados del señor.

Cuando entré, una bella dama ataviada con un carísimo vestido se abanicaba sentada al lado de la ventana, abierta de par en par, aprovechando el frescor de la mañana.
«¡Cuán gritan esos malditos! Pero ¡mal rayo me parta si, en concluyendo la carta, no pagan caros sus gritos!»

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Targul
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Mensaje por Targul » Mié Sep 28, 2005 9:32 pm

Madrugada del 16 de julio de 1621. Río Guadalquivir.

La barcaza se deslizada impulsada por el suave viento y las corrientes del río. El piloto era un hombre bajito y bigotudo, de aspecto huraño y pocas palabras. El maltés miraba al tal Antonio, que sólo había preguntado por su nombre y dado algunos detalles técnicos precisos sobre el encargo: "No bajaré, os dejaré en la otra orilla, si no regresáis en una hora me marcharé, no acudiré a las voces de ayuda...". Se le notaba demasiadamente acostumbrado a soportar según que cosas que ya no quería revivir.

Los hombres charlaban entre si, conociéndose más. Había en algunos caballerosidad reservada, mientras que otros se mostraban extrovertidos y simpáticos. Miró la luna reflejada en las tranquilas aguas del río, recordando aquella misma claridad lunar en la bahía de Orán, descamisado en el balcón de la bella Zaida, que dormía, lánguida y bella, envuelta en blancas sábanas. Los hombres callaron cuando Antonio, hosco como siempre, avisó:

-Estamos llegando, aquieten la parla.

La embarcación embarrancó en la humedecida tierra de la ribera, y los hombres se persignaron, empuñando pistolas y aceros. El maltés se santiguó, saltando a tierra en dirección a la arboleda por donde, tras un momento de silencio, escuchó lejanas voces y ruido de cadenas. Se dió la vuelta para mirar a los bravos, componiendo una mueca feroz.

-Adelante, dispersos y como sombras. No hagan ruido y aguarden a mi señal.

Y se fundieron como sombras en la espesura.
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elisheva
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Mensaje por elisheva » Mié Sep 28, 2005 11:28 pm

[Violeta de Casasola]


La mañana comenzaba a mostrarse en toda su calidez cuando tomé asiento en una de las estancias interiores de la casona, construida alrededor de un patio central donde el agua de la fuente y el verdor de las plantas mantenía una deliciosa temperatura.
Mientras me entretenía con el abanico dejé vagar la mente....Estaba incómoda; desde el secuestro en el camino no era capaz de poner de nuevo mi confianza en Malatesta. Me había fallado y pensé que sería muy difícil que volviera a gozar del estado que hasta entonces tuvo. La entrevista que tenía pendiente, por tanto, se celebraría sin su conocimiento.
Miraba por la ventana cuando oí pasos a mi espalda. Era una chica joven, guapa, y con una expresión alerta que me convenció a la primera de que sería la persona ideal para el cometido que de ella requeriría.

-Pasa, no te quedes ahí. Ponte donde pueda verte mejor.
La joven se acercó con desconfianza.
-¿Cuál es tu nombre?
-María, mi señora.
-¿Sabes por qué te he mandado llamar?
-¿Mi señora tal vez desee que le arregle alguna prenda?
-No, no es nada de eso- dije. Y haciendo una pequeña pausa le pregunté:-¿Qué estarías dispuesta a hacer por dinero?
-¡Mi señora! – contestó con gesto altivo
-¿Te has escandalizado?, Ja,ja, no te preocupes. No es nada que yo no estuviera dispuesta a hacer. Pero no es la ocasión. Atiende: necesito una muchacha que haciéndose pasar por criada me consiga unos documentos del despacho de cierto caballero. Tu pareces desenvuelta y me vienes recomendada por el hijo de mi anfitrión, Don Luis.
-Así es señora. Y...¿de que caballero se trata?
-El corregidor de la ciudad, creo que le apodan “el catalán”.
-¿Don Ferrán de Ribadesella?- Su voz vaciló ligeramente.- ¡Oh, señora! No sabéis a quien os enfrentáis.
-Esa no es cuestión que deba preocuparte.¿Aceptas el trabajo?
-Pero señora, se de buena mano que ahora no hay ninguna vacante de criada en la casa grande.
-Bien, no hay nada que no tenga arreglo. Una de las criadas habrá de salir “urgentemente” de la ciudad mañana mismo.
¿Aún no estás segura?. Piénsatelo. El pago por el trabajo consiste en una bolsa de monedas de oro. Piénsalo bien: Un taller propio, unas cuantas chicas cosiendo a tu servicio, mejores labores y encargos...
-¿Y que documentos son los que se supone que tendría que robar?.

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Lauridssen
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Mensaje por Lauridssen » Jue Sep 29, 2005 2:13 pm

El oso de somosierra

Salté fuera de la barcaza ataviado con dos pistolas, una en cada mano, otras dos esperaban en el cinto, espadas y daga aún esperaban su turno, la correa de cuero que sujetaba los doce apóstoles se cruzaba en el pecho con la correa de los cuchillos arrojadizos...sin duda todo estaba dispuesto para la escaramuza...
Que dios coja confesado a quiene se cruce en el camino del oso...

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Targul
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Mensaje por Targul » Vie Sep 30, 2005 12:14 pm

Los hombres se movieron entre los árboles como conejos, empuñando pistolas y espadas. Un sonido y un grito desgarrador les hizo sacurdise con un espasmo de incertidumbre, casi a la altura de la linde de la arboleda. Había sonado un tiro de arcabuz, y el olor sulfuroso de la mecha así lo atestiguada.

-¡La madre que los..!- blasfemó don Luis, tapándose la mano izquierda a la que le faltaban todos los dedos y parte de la palma.

La noche se iluminó con los grasientos fogonazos de los disparos. Molero, sacando dos milaneses, había dejado sin brazo derecho a un fulano que le encañonaba, fallando el otro disparo. Por su parte, el maltés le saltó la tapa de los sesos al hombre con aspecto de capataz u oficial, mientras Raúl se parapetaba tras un árbol y mataba a dos de aquellos hombres con aspecto de soldado de dos certeros tiros de revólver. Tras el tiro fallido de Llani, el maltés saltó espada en mano contra el último de los hombres enteros, que había errado su tiro.

Pasó de una estocada su brazo izquierdo, haciéndole soltar la daga con un juramento. Paró una estocada furiosa y certera que pasó a pocas pulgadas de su rostro, dándole una estocada definitiva en el vientre, que le hizo caer al suelo con un juramento. El hombre del brazo herido fue degollado inmisericordemente por un furibundo don Luis, vengándose asi del arcabucazo. Un marinero boquirrubio que había asistido a todo desde la cubierta de la barcaza, arrojo su chafarote al agua, levantando las manos.

-Nee, nee. Srinden- gemía

Molero lo ató con afecto casi paternal, mientras Llani se interesaba por el cargamento que transportaban. El hombre con aspecto de capataz tenía una llave para abrir los cofres, cuyo contenido satisfizo a todos. Palo de brasil, telas de encaje flamenco, ropajes de muy cara factura (sombreros, guantes y jubones), una espada schiavona de muy buena forja y acabado, asi como un cofre lleno de florines de oro y pagarés. En metálico habrían unos 20.000 reales, suficiente como para comprarse una casa solariega. Los hombres comenzaron a discutir sobre el reparto que, en suma, se hizo a partes iguales: 4.000 reales por cabeza.

-Guadalcázar quedará complacido- dijo el maltés, procurando que el marinero atado oyera el nombre.

El uraño Antonio se volvió amistoso cuando recibió una generosa minuta de manos del maltés, prestándoles incluso su bota de vino durante el trayecto de vuelta. Esa misma noche, guardadas las ganancias a buen recaudo en la taberna de Escamilla, don Luis y Molero visitaron el hospital, donde el físico tuvo que amputarle medio muñón para reemplazarlo por un garfio, tras cauterizar la herida con grasa hirviendo (llevaba un torniquete en la muñeca y un vendaje hecho por Molero para mitigar la pérdida de sangre). El alguacil se miraba el gancho de la mano izquierda con una sonrisa enigmática.

-Procuad no limpiaros el culo con esa mano- dijo el oso, entre risas.

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Gurthang
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Mensaje por Gurthang » Vie Sep 30, 2005 2:28 pm

(LLani)

La escaramuza habia sido rapida y efectiva.Lástima de la mano de Don Luis.Hecho lo hecho,nos aseguramos todos de que el botín quedara a buen resguardo.Después del esfuerzo y los dineros ganados decidimos darnos un atracón de comer:huevos fritos,jamón serrano,vino de Jerez,pan blanco y tajadas de carne de cerdo.Poco después estabamos todos con los jubones desabrochados y las panzas a punto de reventar,pero aun no habia terminado yo mis asuntos:debía de informar a mi amo sobre el exito de la mision.Salí por una puerta trasera y caminé lo mas aprisa que pude hacia la casa de mi señor.

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elisheva
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Mensaje por elisheva » Vie Sep 30, 2005 2:28 pm

[Violeta de Casasola]

16 de julio de 1621. Sevilla

La víspera de la festividad del Carmen don Hernando me preguntó si me gustaría acompañarlo a oír misa en la Catedral donde tendría la oportunidad de ver a su hijo el arcediano durante el acto religioso y en la procesión que la precedía. Asentí encantada, por lo que el día siguiente iniciamos la bajada a Sevilla bien temprano.
La celebración religiosa convocaba a la mayoría de los habitantes de Sevilla y arrabales. El gentío y sus voces hacía casi imposible que nuestro carruaje avanzara en demasía. Junto a mí, además de don Hernando, se sentaba mi ama, y mis fieles lacayos se mantenían erguidos en el pescante. Malatesta y sus hombres nos seguían de cerca, aunque la expresión del italiano me tenía un poco intranquila. En verdad que no podía saber qué pensaba, pero comprobé, en más de una ocasión, que no paraba de observar todo a su alrededor.

A la salida del templo nos dirigimos hacia la plaza de San Francisco en dirección a la calle de las Sierpes, donde nobles y prohombres paseaban a sus familias o mostraban sus últimas adquisiciones. Noté que los hombres que debían protegerme habían desaparecido, lo que me produjo cierta inquietud. Supuse que nos alcanzarían pronto.

La charla con Narváez era distendida, en cierto modo frívola, ya que según me señalaba tal o cual caballero, siempre tenía una anécdota o comentario que me hacía reír.
-Y ahora observad el orgullo de un hombre que se sabe poseedor de todo lo que abarca la vista. A pesar de su fama de mujeriego, dicen las malas lenguas que ha mandado matar a un par de caballeros que se atrevieron a rondar a su esposa.

Miré donde me señalaba don Hernando y de pronto lo vi: En el asiento de un carruaje que se dirigía hacia nosotros Ribadesella saludaba con gestos poco comedidos a alguien a quien yo no podía ver. Vestía ricas vestiduras y una cadena de oro adornaba su pecho. Era la primera vez que lo veía en ocho años y el recuerdo de lo pasado me asaltó como una riada imparable.

Miré al otro asiento del carruaje. En él pude observar muy bien las facciones de una dama de rasgos distinguidos y nariz alta y puntiaguda que se sentaba flanqueada por dos pequeños, uno moreno y otro de cabello dorado.
-Doña Clara, la esposa de vuestro enemigo. Va acompañada de sus hijos, el mayor, hijo de una esposa anterior que falleció, y el más pequeño, fruto del segundo matrimonio.
-¿Qué? ¿Qué es lo que decís?- Pregunté agitada, elevando la voz y olvidando mis modales.

Observé fijamente al chiquillo mayor. Aparentaba unos ocho años. Su fino cabello rubio enmarcaba un rostro de ojos azules, donde ni siquiera la redondez de la infancia conseguía disimular la prominente mandíbula propia de su familia.

Me volví rápidamente hacia mi ama, temblándome de emoción la voz:
-Socorro, ¿Tú lo has visto?¿Te has fijado bien?

¡Dios mío! La visión de ese niño borró de un plumazo el sufrimiento de los meses de embarazo y puerperio que pasé en ese odiado convento. Olvidé la crueldad del duque de Uceda cuando ordenó a Ribadesella que arrebatara al neonato de mis brazos. Olvidé incluso la lucha de mi padre por sacarme del convento y su muerte a traición...
Acababa de encontrar a mi hijo, y era el vivo retrato de su padre.
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Targul
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Mensaje por Targul » Vie Sep 30, 2005 3:10 pm

Malatesta se sentía incómodo entre tanta gente con la que tropezaba. Algunos caballeros hicieron ademán de acariciar los pomos de sus espadas, pero el gesto les moría cuando entendían que él no iba precisamente solo. Perdió de vista el carruaje de la señora, contrariado.

Uno de sus hombres gritó a un jovenzuelo que se alejaba entre la gente con su bolsa en la mano. Le persiguió, y dos hombres le acompañaron. El siciliano no quería dividir el grupo, así que salió de entre el gentío con sus hombres, camino de la calleja por donde se habían perdido sus hombres. Les llamó dos veces, oyendo sus blasfemias dos calles más abajo. Hubo después un largo rato de silencio, incómodo y tenso. Decidió acercase al lugar, donde yacían los jaques, muertos con un cuchillo arrojadizo clavado en la garganta. Los hombres desenvainaron, nerviosos.

-Ese hideputa anda por aquí, la calleja no tiene salida- dijo uno de los hombres.

Hubo un grito desgarrador, y luego otro. Un hombre fue alcanzado en el ojo por uno de aquellos cuchillos, otro en el vientre. Malatesta empuñó su pistola, escondiéndose en un portal.

-¡A cubierto!- gritó

Dos cuchillos más volaron en el aire, dejando maltrechos a otros dos hombres. Ya sólo le quedaban dos sanos y bien escondidos, que hablaban a sus compañeros para que se arrastraran hacia su posición. El tirador sólo podía estar en una ventana de los pisos superiores, en alguna de aquellas casas. Sin pensárselo dos veces, probó suerte y abrió la puerta de una patada, encañonando al ama, que estaba atada a una viga, y amordazada. Acertó. En el piso superior se escuchaban pasos, y la vieja mujer le hacía señas con los ojos. Estaba arriba. Subió despacio, escuchando los ruidos. Hubo una risa apagada, feroz y grave, que se torció cuando el siciliano abrió la puerta de golpe, encañonando al hombre.

-Quieto donde estáis.

El tipo era rubio de ojos azules y vestía de negro, lleno de oros en las manos y con dos bultos bajo la gran capa. Se giró para mirarle y sonrío con unos dientes blancos como la cal, apartándose la melena rubia del rostro y descubriendo dos pendientes de anillo dorados, uno en cada oreja.

-Vigilad donde pisáis. ¿Mmm?- dijo con un marcado acento alemán.

Se agachó rapidamente, tirando de la estera a los pies de Malatesta, que cayó sobre el piso. Antes de que pudiera levantarse y con agilidad simiesca, el hombre bajó por la fachada de la casa, sin que pudiera apuntarle. Abajo, sus hombres se batían con alguaciles y corchetes.

-Sproca madonna- blasfemó.

Abrasó el cráneo al alguacil de un pistoletazo. Bajando las escaleras empuñando espada y daga. Un corchete se le interpuso, rodela por delante. Le dió una patada al escudo, haciéndole perder el equilibro. Le cortó la garganta mientras caía, empujándole para bloquear la subida de sus compañeros. Corrió escaleras arriba, sintiendo como un pistoletazo se estrellaba contra uno de los muros cuando entraba en la habitación. Abajo ya no había ruido de lucha, y los corchetes dispararon a la puerta cerrada, bloqueada con un mueble, pensando que la sostenía con su propio cuerpo. Alguien entró por la ventana, sorprendiéndole. El tudesco empuñaba dos espadas roperas.

-¿Quién sois?- preguntó el hombre- ¿Quién os envía?

La pregunta le hizo reir. Mientras, dominaba uno de aquellos aceros, apoyando el suyo.

-Tendréis que matarme si queréis una respuesta.
-En tal caso, sabed que Klaus Hoffman tendrá el privilegio de mandaros al otro barrio.

Rompieron puerta y silla, y con ellas la concentración del tudesco. Malatesta deslizó su hoja sobre la del rival, dándole un golpe con la guarnición de la daga, seco y fuerte, en la nariz. Eso estropearía su bella faz, al menos durante un tiempo. Se revolvió contra el primero de los corchetes, pasándole el pecho con la espada. Perdió el acero en el cuerpo del rival, porque Hoffman lo agarró, tirándole al suelo con una llave. Aún tuvo tiempo de acuchillar un pie con la daga, antes de que los golpes y las cuchilladas que caían por doquier apagaran las luces de su consciencia.
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BRIVONA
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Mensaje por BRIVONA » Vie Sep 30, 2005 9:12 pm

[La Menaya]

Sin duda aquella mujer estaba loca y quería hacerme partícipe de su locura. ¡Robar documentos en casa del "catalán"! Aquel hombre no era de fiar y las historias que corrian sobre él por toda Sevilla helaban la sangre en las venas.

La mirada de la mujer estaba cargada de resolución, estaba decidida a hacerse con aquellos papeles que había que robar, y tuve claro que si yo no lo hacía, alguien más se quedaría con la recompensa.
Un negocio propio era sin duda algo que yo no debía rechazar. Si mi mala vista seguía aumentando pronto no podría coser, y además no veía porque no me merecía un poco de buena fortuna. ¡pardiez! ¡Toda mi vida había trabajado hasta reventar!
No debía pensarlo, debía aceptar, pero desde luego que regatearía y le sacaría a aquella mujer todo el oro que pudiera.

- Señora, como bien sabeis la hazaña que me pedis es demasiado peligrosa, no sé si la recompensa que me ofreceis merece el riesgo.

Ella sonrió burlonamente y dijo:
- Una bolsa de oro, ni una moneda más.
- Está bien. Mi... esposo tiene una taberna que no deberá pagar más impuestos.
- Lo sé, "la Escamilla". Está bien, digamos que por dos años, - contestó la dama.
- Digamos que por tres.
- Hecho.¡Pero no perdamos más el tiempo! ¿Sabes leer? Imagino que no - negué con la cabeza
- Está bien. Sin duda en los aposentos privados del "Catalán" encontrarás multitud de papeles a la vista. Eso no nos interesa. Registra cada rincón y busca escondirijos. Sin duda esos papeles estarán muy dificiles de encontrar. Traeme todos los papeles que encuentres escondidos.
- Así lo haré.
- Mañana por la tarde te presentas en esa casa y pides trabajo. Abre bien los ojos y los oídos. Quiero saber qué se cocina en esa casa y las visitas que la frecuentan. Si no hay novedad, cada dos días alguien irá por la noche a la "Escamilla" para que le cuentes todo lo que sepas. Debes actuar rápido. Retírate ahora.
«¡Cuán gritan esos malditos! Pero ¡mal rayo me parta si, en concluyendo la carta, no pagan caros sus gritos!»

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Viriato
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Mensaje por Viriato » Vie Sep 30, 2005 10:49 pm

[Alguacil Martínez]


Afortunadamente, no hay mal que por bien no venga -pensé.
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"En nuestras mentes conservamos, la grandeza del ayer, tenemos voluntad de imperio, que tendrá que renacer." Alonso de Contreras

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Targul
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Mensaje por Targul » Sab Oct 01, 2005 11:36 am

Estaba oscuro.

Malatesta intentó que sus ojos se acostumbraran a la penumbra, distinguiendo las primeras formas. Cadenas, un potro, argollas en la pared de piedra... Estaba en una sala de torturas, y eso no presagiaba nada bueno. Recordó fugazmente los golpes, que aún le dolían, y dedujo que le habían capturado para sacarle información.

Una puerta se abrió, y la claridad del pasillo le ofendió la vista. Entraron dos gigantones seguidos de un escribano bajito y raquítico con aspecto de rata. Intentó moverse pero comprobó que estaba atado a la pared. Los hombres le dieron la vuelta y le despojaron de un tirón de la camisa y el jubón, tirándolos a un ángulo de la estancia. Sin más, comenzaron a darle los primeros latigazos.

-Nombre- inquirió el escribano.
-Juan.
-Apellidos.
-De Austria- contestó el siciliano, riendo entre dientes.
-Muy gracioso.

Llovieron los latigazos por ambos lados, dejándole la espalda sangrante. Los tipos pegaban sin piedad y le iban a dejar hecho un eccehomo. Malatesta agarraba las cadenas, procurando no gemir. No les iba a dar esa satisfacción.

-Comencemos de nuevo- dijo el escribano- Habéis asesinado a un alguacil de esta ciudad, y a dos corchetes, resistiendoos a la detención. Sabéis que vuestro cuello tiene una soga hambrienta que le aguarda, y el juicio es inaplazable. Más os vale colaborar.
-Dadme una espada, y veremos quien le quita la vida a quien.
-Temo no poder complaceros- dijo el leguleyo con voz siseante.

Ahora eran golpes de puño, cual mazazos a un costillar sobre una tabla. Por fortuna, no le partieron ningun hueso. Le dieron la vuelta y pudo ver de nuevo el rostro del escribano, que tenía un pañuelo en la nariz. Además de feo, era amanerado y barruntaba que de vicios odiosos. Le escupió su propia sangre, a la cara. El hombre tembló de asco, luego de rabia, bramando con una mujercita rabiosa.

-Sufrireis, italiano, os lo garantizo- Sintió un golpe en el rostro, contundente, y perdió el conocimiento.

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