Diario de asiento

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Corsaria
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Mensaje por Corsaria » Jue Ago 24, 2006 3:01 pm

Somos el mejor foro del mundo, Red... ya te lo habíamos avisado. :wink:
Había descubierto fascinada, estremecida de placer y de miedo, que todos los libros del mundo hablaban de ella.

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Redsonja
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Mensaje por Redsonja » Jue Ago 24, 2006 3:12 pm

Ya jefa... pero a este paso me echan del curro.... :lol:
yo pongo una espada y una mirada.. y vosotros ponéis el resto...

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Corsaria
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Mensaje por Corsaria » Jue Ago 24, 2006 3:27 pm

Sí, se torna complejo a veces. Lo entiendo... a mi en este momento me resulta más divertido postear que escribir la nota sobre el Chef del Park Hyatt.
Creo que por los próximos veinte minutos voy a dejar de chequear el foro... no sé cómo lograré sobrevivir... :cry: :cry:
Había descubierto fascinada, estremecida de placer y de miedo, que todos los libros del mundo hablaban de ella.

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lavega
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Mensaje por lavega » Jue Ago 24, 2006 4:19 pm

Pues yo tengo el síndrome del novato, no poder retirarme, bueno es que como dije hay mucho que leer y muy interesante. De momento lo dejo y me voy a mis obligaciones. Hasta pronto

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Corsaria
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Mensaje por Corsaria » Jue Ago 24, 2006 4:31 pm

¿Ya pasaron los veinte minutos? NO PUEDO MÄS... tengo que escribir, tengo que escribir...
Había descubierto fascinada, estremecida de placer y de miedo, que todos los libros del mundo hablaban de ella.

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lavega
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Mensaje por lavega » Jue Ago 24, 2006 4:34 pm

Corsaria lo tuyo es peor que lo mio, que tú ya eres veterana.

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Udeis
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Mensaje por Udeis » Mié Ago 30, 2006 5:55 pm

Estreno de sobremesa

No sé si alguna vez habréis ido al cine un domingo a las cuatro de la tarde, pero si os lo proponen negaos rotundamente. Hace unos días un amigo me invitó a ver una película que esperaba con ansia. Como los trabajadores por horas tienen los horarios que tienen, tuvimos que escoger la hora de la sobremesa, que es el único momento que mi mejor amigo tiene libre casi con seguridad. Así que cogí el auricular, marqué el número de teléfono que indicaba el panfleto del cine y me dispuse a reservar dos entradas. Respondió una taquillera, la taquillera, y con esa “dulzura” que caracteriza a toda señorita de detrás de una ventanilla me dijo:

-Multicines Los Narcisos, dígame.

No sé por qué estúpida razón tienen que nominar a los centros de ocio con nombres de plantas: Rosaleda, Alameda, Los Geranios… el que sea alérgico las lleva claras.

-¡¡Multicines Los Narcisos dígame!!

-Oh, perdone, querría saber el horario de la película esa de corsarios espadachines o piratas musculosos, vamos, de la última superproducción hollywoodiense.

-8:00, 12:00, 16:00, 20:00 y a las 24:00

No tuve más remedio que elegir la sesión de la sobremesa ante la opción del desayuno. La verdad es que no me apetece ver vísceras colgando de la cavidad torácica de tipos peludos a esas horas de la mañana... Siete metros de tripas que llenan la pantalla... y yo con sólo un vaso de leche en el estómago. Después de tantos saltos, huidas, golpes y estocadas, la leche se te hace yogur de tantos meneos y terminas por llenar la butaca de delante de vómito con olor a requesón. Eso sí, tendrás la suerte de no manchar a nadie porque a esa hora la mayoría de los españoles están sobando. Menos el típico grupo de ancianitas que, haciendo caso a la que más oye, entran en la sala pensando que trata de rosarios religiosos en vez de corsarios peligrosos.

Eran las 15:45 cuando llegamos al multicine y fue en ese mismo instante cuando me percaté del terrible error. Oleadas de quinceañeras con trenzas y ropas multicolores se agolpaban en las taquillas con la intención de adquirir una entrada para la última peli de uno de los guaperas de moda. Comprendí que era día de estreno.

Me armé de valor y dejé que fuese mi amigo, corpulento y decidido, quien abriera paso entre el gentío, porque no había manera de avanzar en aquella mar cerrada. Por fin logramos llegar a la cola. En efecto, no cabía duda, todas las adolescentes poseídas por un ente invisible se dirigían hacia nuestra fila musitando palabras inteligibles adornadas con grititos de exaltación y risillas desvergonzadas.

Olía a progesterona por doquier y la única presencia masculina era la de mi amigo, aprovisionado hasta las trancas de golosinas diversas y la de dos acomodadores imberbes y marcados cruelmente por un acné tan eflorescente que más que granos parecían el relieve de un torcal.

Inundación de fragancias dulzonas. Niñas de escasos quince años la mar de vivaces que no dudaban en mostrar sus armas de mujer. Es increíble el poder que tiene una minifalda para conseguir que hagan la vista gorda y colar a su portadora, gratis, en la sala con más afluencia de almas de todo el multicine. Una sonrisita inocente por aquí, unos susurros lisonjeros por allá y los pobres donceles, salivilla en los labios y expresión de triunfo bobalicón en el rostro, abrían la barrera y mirándose uno al otro, victoriosos, dejaban pasar a la experimentada jovencita que con una simpática caricia en el mentón demostraba que no era la primera vez que se salía con la suya en tales menesteres.

Segundo error de la tarde, las butacas que nos fueron asignadas se encontraban situadas justo delante de la quinceañera pizpireta y de sus amigas varias. Geno, Bea, Patri, Lidia y Conchi. Me los sé, sí, y el resto de la sala también se los aprendió a base de oír a las susodichas comentar cada escena. Pero ni la lluvia de palomitas, ni las patadas en el respaldo de mi butaca y ni siquiera el ruido de las bolsas de patatas podían competir con los alaridos emanados por sus tiernas fauces cada vez que el protagonista aparecía en pantalla.

Esto es España, y si de algo me avergüenzo es de ser española en un tiempo en el que deberíamos beneficiarnos de los progresos y avances de los que disponemos, en el que deberíamos promulgar nuestra amplia y profunda historia y la riqueza cultural que poseemos y que seamos tan necios como para copiar a un país que sólo puede presumir de potencia bélica y fanatismo patriótico hacia una bandera que no representa más que la supuesta unión de un pueblo desunido y desarraigado.

Pues bien, ante tamaña situación vamos los españoles y copiamos sus insanas costumbres; como mi mejor amigo y sus manías gastronómicas, que media hora antes de la película se zampó tres hamburguesas con tanta gula que parecía que no había probado bocado hacía días y portaba su Hipermegacombo en brazos, dispuesto a ingerirlo apenas apagaran las luces. O era verdad que llevaba varios días sin comer, o quizá el sucedáneo de carne ratonil de las hamburguesas plásticas que engulló no le alimentó como es debido.

Otra manía copiada es la de las risas enlatadas. Hemos absorbido tanta carcajada electrónica que, ante cualquier estupidez, nos reímos mecánicamente. Vamos, que me tenía que haber quedado en mi casa leyendo un buen libro en vez de aguantar durante dos horas el aullido estridente de la risa de “La Geno” y sus amigas. Por no hablar de los aplausos. Aplaudir en el cine es, quizá, la mayor de las costumbres estúpidas que hemos copiado a los americanos. En los teatros los actores los agradecen, pero en los cinemas el acto de aplaudir se convierte en otra de las muchas simplezas más propias de necios que de verdaderos espectadores.

En fin, sobreviví al estreno; y estoy aquí para contarlo. Así que si apreciáis vuestra integridad física y moral absteneos de acudir al cine en días de estreno, a no ser que la película valga realmente la pena. Aunque para saberlo no existe otra alternativa que ir a verla personalmente…
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Mensaje por Corsaria » Mar Sep 05, 2006 7:59 pm

Ay! Udéis, ya no sé ni donde tengo la cabeza! No había visto el diario de asiento de esta semana... Me dio un poco de pena por vos, pero las adolescentes también tienen que ir al cine, las pobres!!! (aunque podrían ir a uno bien lejos, donde no molesten a nadie).

Gracias por sacarme las ganas de ir este domingo al cine! :D
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Udeis
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Mensaje por Udeis » Mar Sep 05, 2006 8:03 pm

Jajaja gracias guapa ;)
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Mensaje por Udeis » Jue Sep 07, 2006 8:03 pm

¡¡Se acabó el verano!!

Cuando se aproxima el 1 de septiembre la mayoría de los españoles entran en depresión, se quejan de volver a la rutina y al trabajo. Los niños comienzan el colegio, y las actividades deportivas, y los talleres por las tardes, y las clases de baile, y las de aeróbic, y las catequesis, y las clases de refuerzo educativo y un sin fin de actividades extraescolares que no les dejan tiempo para jugar ni para molestar a sus padres.

Por eso es muy habitual ver cómo familias enteras, achicharradas por un sol cada año más nocivo, apuran hasta el último rayo antes de salir corriendo hacia el apartamento que han alquilado junto a otras tres familias más, para hacer las maletas con prisas, sin ganas, recoger de la nevera el medio kilo de embutido que les ha sobrado de los diez que llevaban para todo el mes, y acostarse a las nueve de la noche para salir bien temprano hacia sus respectivas ciudades y no sufrir atascos. Aunque el tráfico será igual de intenso a las cinco de la madrugada que a las cinco de la tarde. El problema de las retenciones reside en el mal del poblado. Una carretera es un lugar sencillo y tranquilo hasta que deciden hacerla pasar por una población. Por esta razón yo, al contrario que el resto de los españoles, deseo que llegue el 1 de septiembre. El pueblo se queda tranquilo, sereno, la gente vuelve a la calma y la policía llega incluso a escucharte.

Mi primo de diez años dice que cuando llega el verano sufro una metamorfosis. Soy igual que un mutante aparentemente inofensivo que se transforma en engendro al entrar en un vehículo. Mi cuerpo y mi mente sufren una transmutación cada vez que se encuentran dentro de un automóvil, sobre todo si soy yo la que conduce, y mi boca no cesa de proferir insultos malsonantes y groserías a todo aquel que se cruza en mi camino. Es vergonzoso, lo sé, pero es que el verano y los coches, cuando se dan simultáneamente, me producen una reacción alérgica que desemboca en diversos síntomas, como los siguientes:

El viejecillo que avanza a 5km/h ocupando los dos carriles, y sin dar opción a adelantarlo, me produce sudores fríos.

El macarra que conduce una de esas discotecas ambulantes, a las que llaman coches, llena de luces, pegatinas, plásticos y alerones multicolores, y que emana ese extraño zumbido que martillea los oídos a 140 decibelios, me produce jaqueca y dolor ocular.

El dominguero que lleva la furgoneta cargada de niños, colchonetas, barbacoas, sombrillas, toallas, la suegra, la mujer y el perro, y se para en medio de la calzada a descargar los bártulos, produciendo una cola kilométrica y desatando la ira colectiva (que en verano está a flor de piel), me produce urticaria.

Y los policías, que se supone que están para cumplir su función, que no es otra que la policial, o lo que es lo mismo, velar por el mantenimiento del orden público y la seguridad de los ciudadanos, nunca aparecen. Y quizás sean éstos últimos, a los que he bautizado como el “prurito” del verano, los que peor le sientan a mi salud.

Para explicarlo no hay nada mejor que una anécdota personal. No entiendo cómo un tipo que se salta un stop y empotra su coche contra el mío, tiene la cara tan dura como para salir de su vehículo y cantarme las cuarenta, a mí, como si fuese yo la culpable de la situación. Pero claro, según el buen hombre, donde yo debería estar es fregando los platos y no conduciendo libremente por ahí y haciendo que los buenos ciudadanos estampen la silueta de sus automóviles en mi coche…

Que si no llega a ser porque yo sí tengo educación y porque no llevo sellos en los dedos la silueta que le estampaba yo sería la de mis iniciales en la cara, para que se acordara de mí, al más puro estilo del Zorro.

Mientras ocurría toda esta aventura me convencí de que los policías al pasar las pruebas físicas no les hacen un reconocimiento auditivo. A menos de cien metros se encontraba una pareja de agentes, que saboreaban un café en la barra de un antro, y practicaban sus artes de seducción con dos simpáticas jovencitas ignorando la situación. Voy a proponer al ayuntamiento que la paga extra de verano de las fuerzas del orden sea un vale para comprar un audífono, bueno, mejor que escriban sonotone, vaya a ser que crean que se trata de un móvil de última generación...

Pues eso, entre que el buen señor pretendía hacerme ver cuál era mi puesto en la sociedad, el “prurito” que se encontraba a cien metros de distancia ajeno a todo, y la fila de coches de domingueros impacientes que no paraban de hacer sonar sus bocinas, me dio un choque anafiláctico y me desmayé. No recuerdo nada más.

Sólo sé que cuando abrí los ojos estaba en mi cama, el despertador de la radio había sonado, pero nunca me había alegrado tanto de que lo hiciera como aquel día:

-Pi, pi, piiiiiiiiiiii. Son las 7:00 de la mañana del 1 de septiembre-.
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Mensaje por Corsaria » Jue Sep 07, 2006 9:48 pm

Jajaja, Udéis... por diferentes motivos, pero tampoco para mi el verano es la mejor estación... y en Buenos Aires está empezando a hacer calor... tiemblen, ciudadanos!
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Mensaje por wando » Mar Sep 12, 2006 10:47 pm

Ya me he leido todos que los tenia atrasados.
Ya voy al dia.
Ya te dije el que me gusto emos y el que mas y para no repetirme no lo digo.
Joe cuantos ya.
Ohhhh q pena q el verano se nos va y los dias se hacen mas cortos, encima hoy llueve.
Hay que ser muy valiente para llevar el cipote azul

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Mensaje por wando » Mar Sep 12, 2006 10:50 pm

Ummmmmm lo de los policias serian locales, que son todos unos enchufados.
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Mensaje por Udeis » Mié Sep 13, 2006 12:01 am

Jejeje locales eran, sin duda.
Gracias por leerlos y gracias una vez más por tus críticas.

Wando, esta semana me pilla el toro, todavía no he escrito el asiento. A ver si mañana tengo un hueco y me pongo a trabajar.

Espero tu opinión!!
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Mensaje por Udeis » Sab Sep 16, 2006 9:59 pm

El vecinito de al lado

Hace unos días decidí dar uno de esos paseos que todos deberíamos realizar al menos una vez al mes. Me levanté al alba y caminé hacia la playa. Es interesante pasear por la ciudad cuando ésta duerme. Se trata de un lugar diferente. Una dimensión diferente. El reloj pierde su protagonismo y las personas se saludan al pasar. Esto es lo que mi abuelo paterno llamaba “educación”, palabra que hoy en día conocen muy pocas personas. Educación para levantarte de tu asiento en el autobús y dejar que un señor mayor lo ocupe; educación para saludar al entrar en algún establecimiento; educación para echarte a un lado de la acera y permitir que la persona que viene en dirección opuesta pueda pasar. Algo que los jóvenes de hoy desconocen, tal vez porque sus padres no se lo han enseñado, aunque tener educación no significa que no puedas ser a la vez un perfecto canalla.

Deambulaba con esas reflexiones en mi cabeza cuando algo hizo que me detuviese en seco. Un sentimiento, un recuerdo de mi niñez afloró de repente. La niña que soñaba con el vecinito de al lado se encontraba descalza, el mar bañaba sus tobillos, y la brisa marina, fresca y sin olor a loción solar, impregnaba su piel de sal. El único rumor el de las olas acariciando la orilla y el alboroto de las gaviotas que sobrevolaban una traíña. Abrí los ojos y los tibios rayos del sol iluminaron esa misma estampa que guardaba escondida en mi memoria. La playa desierta, algunos pescadores reparando las redes extendidas en la arena, otros tirando del copo en el rebalaje y el silencio, el silencio armónico.

Pero el encantamiento duró poco, cubetas llenas de peces diminutos saltaban velozmente de mano en mano y decidí que era hora de marcharme de aquel lugar.

Me dirigí al centro y desayuné en la terraza de una célebre cafetería del casco antiguo. En una calle llena de recuerdos históricos que se hacen presentes cuando te detienes a observar sus edificios centenarios y te transportas a aquella época. En suma, uno de esos cafés en el que los antiguos solían reunirse para debatir temas de actualidad y escuchar a los cantaores del momento, entre ellos mi bisabuelo, “El Porrilla”.

La calle estaba desierta. Sólo nos encontrábamos Stendhal y yo, bueno y el chocolate con churros, pero el trajín de los camareros, con su eterno tintineo, aportaba una nota extraña en aquella atmósfera seductora, mientras que otro recuerdo borroso intentaba abrirse paso entre tanta hermosura. El vecinito de al lado se apoderaba otra vez de mis pensamientos.

Hay quien sueña con su vecino. Y yo era una de esas personas. Eran sueños lúcidos en los que imaginaba que el hijo de mis vecinos me mandaba rosas al colegio, me recogía en una limusina y me llevaba a almorzar a París. Sueños en los que me imaginaba junto a mi vecinito de al lado, tumbados en un manto de flores silvestres, admirando las aves mientras sonaba el aria de Papageno de fondo. Yo soñaba con mi vecino de al lado. Soñaba que paseábamos entre semillas de diente de león y que cada vez que una se posaba en mi piel pedía un deseo y éste se cumplía. Yo soñaba con mi vecino de al lado, pero luego me mudé.

Había acabado de leer un capítulo de mi vida y del libro que llevaba conmigo. Alcé la vista y ahí estaba él. Mi nuevo vecino de al lado. Con éste también sueño, pero ahora más que sueños son pesadillas.

Es triste comprobar que pasas la niñez y adolescencia queriendo hacerte mayor y cuando llegas a ser adulto comprendes que nunca queremos lo que tenemos. Ahora añoro el modo en que pensaba en mi vecino de al lado. Echo de menos esas miradas inocentes que nos dedicábamos, los saludos sinceros que nos intercambiábamos y la forma que tenía de ver el mundo.

La cafetería comenzaba a llenarse de gente, gente que dormía cuando la ciudad era mágica, cuando el vecinito de al lado que llenaba mis pensamientos era aún aquel niño de ojos confiados. El hechizo volvió a romperse y decidí que era hora de marcharme de aquel lugar.

El volver a casa no es fácil cuando la ciudad despierta. Las personas vuelven a perder la educación. Nadie se mira. Nadie saluda. Los sentidos se vuelven a agudizar, pero desgraciadamente lo hacen para sortear el tráfico, evitar empujones o impedir que te roben la cartera.

Al llegar al portal tu vecino de al lado te facilita el camino y tú te transformas en Dorothy, la chica de El Mago de Oz, pero en vez de baldosas amarillas sigues el camino de notas informativas. Un itinerario de papeles adhesivos avisa de que cuando el vecino de arriba riega caen gotas en su patio, que el interruptor de la luz de la escalera hay que apretarlo muy fuerte para que funcione, que la puerta del ascensor tarda demasiado en cerrarse, que los niños al jugar en la piscina forman mucho escándalo y que la vecina de al lado, cuando se ducha, canta.

Echo de menos las notas de mi anterior vecinito de al lado, también cometía faltas de ortografía, pero él sólo tenía ocho años y aquellas eran cartas de amor.
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Mensaje por wando » Sab Sep 16, 2006 10:37 pm

Lo de por la mañna la gente se saluda es verdad. Yo lo comprobe en mis carnes cuando iba al instituto a las seis y media o cosa asi, eramos siempre los mismos a la misma hora ya hasta teniamos hecho una especia de clan (el clan de la mañana). Son de esa especie de personas que las saludas y no tienes ni idea de quien son ni en que trabajan ni nadapero que las ves pasar un diar tras otro y asi pasando varios años y luego los ves un dia normal a cualquier otra hora y lo saludas y el te saluda a ti tambien por haber pertenecido al clan y tu amigo te pregunta de que conoces tu a ese y tu no sabes que decir y resulta q es el director de los cuarenta principales y es colega tuyo de toda la vida y yo sin saberlo.
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Mensaje por Corsaria » Dom Sep 17, 2006 12:31 am

Muy bonito, Udéis... me encantó... ¡Y me hiciste acordar de mi novio de jardín de infantes! (al que todavía veo porque es de mi barrio, y estudiábamos en la misma Universidad).

Y lo de los clanes de la mañana... Yo viajaba en el mismo colectivo, a la misma hora, cinco días a la semana... Como viajaba desde el inicio del recorrido ya conocía al que vendía los boletos, al chofer del colectivo y a los cinco o seis que íbamos juntos hasta nuestras oficinas... y cuando me cambié de trabajo les juro que la primera semana los extrañé una barbaridad... 8O
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Mensaje por Finea » Dom Sep 17, 2006 1:38 pm

Que bonito Udeis...me ha encantado. Creo que todas las mujeres hemos tenido un vecino de al lado, ese primer niño que nos ha llenado la cabeza de fantasías el que ha puesto nombre al padre de nuestras muñecas, quiza no haya sido nuestro primer amor, por que cuando se tiene siete u ocho años, la palabra amor no tiene el sentido de la adolescencia, no se mezclan la piel, ni los instintos, es solo ese sentimiento suave que sabe a merienda, y corre en patines o en bicicleta, que nos hace princesas o cenicientas, que sorprendemos en las miradas y en las manos, pero no en los labios.

Yo tuve un vecino de al lado...y no se si debo contarlo aqui, pero hoy con tus palabras...

Este verano a mi vecino de la lado se lo llevado su vida loca y un coche demasiado rápido, y le he llorado y le lloro por que es como si me hubiera quedado viuda de la infancia. Viuda de aquellos dias siempre a su lado, con el babero del jardin de infancia, y luego en la placeta, volando en patines bajo la lluvia. Recuerdo su mano fria en la mia, mis fantasias y sus locuras, recuerdo cuando me dedicaba los goles en el colegio, y me regalaba las pegatinas de los pastelitos, cuando defendia a aquella niña flaquita que era yo de los ñiños crueles, con esa valentia de hombrecito que ya parece llevar dentro esas reglas sencillas que a veces nos funcionan a los hombres y a las mujeres. Siempre juntos...en la realidad de nuestros juegos, y en mis fantasias, por que él era siempre el principe de mis cuentos, mi compañero pirata, mi peter pan.

Cuando nos hicimos mayores, despues de sus reproches por que me cambiaron de colegio, despues de que nos separaran otros juegos, otros sueños, otros niños, otras calles y la vida, todavía nos reconociamos en los ojos aquella infancia perdida, y nos abrazabamos riendo como los niños que fuimos.

Y este verano se ha ido, y ya no nos separa una calle, sino algo mucho mas grande y mas negro, y cuando pienso en él como hoy, solo pido que el cielo o lo que quiera que exista para los que se van tenga las dimensiones y el color de la infancia y que yo algun dia pueda volver a mi placeta y volar con él en patines bajo la lluvia.

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Mensaje por Lenka » Dom Sep 17, 2006 3:26 pm

Finea, te mando un abrazo muy fuerte. De viudita a viudita.

(Seguro que tu Peter Pan y el mío se están riendo ahora mismo en alguna parte) :wink:
Me alegro de no haberte matado todavía...

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Mensaje por Corsaria » Dom Sep 17, 2006 4:18 pm

Abrazo fuerte a las dos! ¡Cómo me hiciste lagrimear, Finea!
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