LADCA: Comentarios y análisis

Películas, series, cómics y otros materiales basados en las obras de Pérez-Reverte

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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Feb 10, 2015 9:46 am

Saldrá en El Ministerio del tiempo de La1 y apareció en Crematorio en La Sexta
A mí me gustó mucho en Stockholm http://www.filmaffinity.com/es/film366118.html
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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endeavour
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Mensaje por endeavour » Jue Feb 12, 2015 12:48 am

A mi me tiene cautivado la infanta.

Su peinado, jajajaja. Es la caña.

Me gustan mucho los actores, creo que lo hacen muy bien. Me gusta la serie.

un saludo.

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Siana
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Mensaje por Siana » Jue Feb 12, 2015 1:08 am

Me encanta esta serie. Un disfrute total.

Las historias están muy bien entrelazadas.

Casi me da pena que estos dos no se puedan casar...Y ahora no recuerdo muy bien cuándo desaparecen los ingleses de escena, pero va a ser una lástima. Son geniales.

Momentos que me he partido. Quevedo diciéndole al zagal "quítate esa cara de pasmado que parece que acabes de llegar del pueblo". Copons, que hoy ha estado que se salía, con lo de "¿zanquiu? ¡los cojones zanquiu!".

Y ese final :)! no queda sino batirnos.

Un detalle nomás. ¿Dónde está la pedazo cicatriz que le tenía que haber quedado a la Castro en el brazo?

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Copons_de_la_Baraja
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Mensaje por Copons_de_la_Baraja » Jue Feb 12, 2015 6:38 pm

el capi le hizo un "curasana curasana" milagroso...

Yo estoy empezando a pensar que alargar el primer libro con tantos capitulos es excesivo... pero igual es que quiero que avance la Historia (con mayúsculas) y no estar siempre en el mismo momento histórico....

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Feb 12, 2015 11:33 pm

LADCA 6: Entre lobos

Comenzamos en París con Richelieu más maquiavélico que nunca (literalmente, está leyendo 'El príncipe', sentado a su mesa), y por si le faltara algún detalle de malo de película, tiene un gato negro llamado Lucifer. También sigue poniendo acento francés cuando habla en español con un ministro francés que habla con acento español interpretado por un húngaro doblado. "Qué sogpgesa, señog ministgo". Aparte de dar "prestigio" con su nombre a la historia, este Richelieu está en cierto: al final será la candidata francesa quien se case con el príncipe Carlos de Inglaterra, no la infanta española.

Mientras, su gran rival diplomático de la época, Olivares, sigue jugando al gato y al ratón con los ingleses: la excusa dada para el continuo "vuelva usted mañana" es la falta de dispensa papal para la boda. Esto, al menos, a ojos de la Historia con hache mayúscula. Porque, al igual que ocurre con la primera novela de Alatriste, en este episodio de LADCA se va a hacer pasar a Carlos y Buckingham por un trago ficticio: ya fueron "atacados" por Alatriste y Malatesta, y ahora van a estar a punto de participar en la "boda secreta" del primero. Para contrarrestar la amenaza de Buckingham de que habrá guerra hispano-inglesa si Carlos no se lleva a la infanta, el Olivares de la serie propone casarse de incógnito y por las bravas.

En la Taberna del Turco, Quevedo está desatado en plan contestatario, criticando a los reyes que escriben obritas y dan fiestas mientras el pueblo pasa hambre, buena ocasión para que pronuncie sus famosos versos "no he de callar / por más que con el dedo, / ya tocando la boca / o ya la frente, / silencio avises / o amenaces miedo". Quizá lo que le fastidie sea que la obra que se iba a representar en la corte no es suya. Lo cual va a cambiar rápido, y no parece que se moleste por ello. Por de pronto, aparece el alguacil Saldaña, y se lo lleva de allí, aunque no parece que el motivo sea el equivalente aureosecular de la Ley Mordaza.

Lo de la ficticia boda secreta puede tener un pase (aunque creo yo que le quedaría mejor a un Olivares implusivo y metepatas, en lugar de al metódico y mesurado que está interpretando Gary Piquer), pero que para planearla recurra a Quevedo requiere una suspensión de la incredulidad un tanto mayor. Eso, o que el plan incluya un engaño dentro de otro, como ya veremos. El gancho para que Quevedo acepte es que Olivares le perdonaría el destierro que el poeta se había ganado con sus chanzas sobre los Alquézar, cosa que Quevedo se ve obligado a aceptar. No está mal pensado, además, que dado que Quevedo tiene acceso al palacio debido a la mencionada obra de teatro en la que está "asesorando", pueda usar ese privilegio para convencer a Carlos y Buckingham del plan, aunque luego no se le ve hacerlo. Alatriste, que ha seguido a Quevedo para asegurarse de que no le va a pasar nada en compañía de Saldaña, garantiza verse metido en el ajo también al ser descubierto escuchando. Seguramente no habría hecho falta, ya que Quevedo habría recurrido a la veteranía de Alatriste de todas formas (en las novelas, Quevedo mete a Alatriste en hasta tres misiones diferentes, por ejemplo), pero así no puede escaparse.

Mientras, en la corte, Angélica anda de rivalidades con Luisa, una colega húngara en la meninez, peleándose por ser la favorita de la infanta. Luisa la acusa de leer los wasaps que María Ana envía a Carlos. O algo así. Cosas de chicas. Y una vez que la infanta arruga el morro y elige a Luisa para que la desvista esa noche (cosa habitual por la dificultad de los vestidos, no se pongan libidinosos vuesas mercedes), Luisa muestra la carta que tiene en la manga. Literalmente. Una carta de Carlos, que no se explica cómo ha conseguido Luisa. Un poema de amor no suyo, sino de Lope. Ya de robar...

Están Carlos y Buckingham comentando la jugada de hacer dos bodas, una por lo católico en Madrid y otra por lo anglicano en Londres, cuando aparece Teresa de Mendoza y Alquézar. Buckingham parece haberse cansado de su rollito de primavera (literalmente también, debemos de estar por abril o mayo del '23) y la desamiga del Facebook. Que estáis casada, que os estoy haciendo un favor, y que yo también os he amado. Cuando ella se va, Carlos se carcajea de la gran actuación de su favorito.

Los detalles de la bodarrápida se van concretando: la infanta sale a montar los viernes con una amiga, la marquesa de Hinojosa, y el plan es usar la capilla de su residencia para la ceremonia clandestina. Problema: que el marqués es antiboda. Debilidad: el marqués es jugador empedernido. Solución: hacerle una maniobra envolvente estilo 'El golpe' para endeudarlo y chantajearlo. El marqués está interpretado por Luis Zahera, que también participó en la versión de 'Alatriste' de Díaz Yanes, interpretando a un soldado/bravo portugués, con lo cual hace doblete alatristesco.

Tras tanto disimulo con el plan de la boda, al final es el propio Olivares quien se lo propone a la infanta. Oyendo de Olivares que Carlos podría volverse pronto a Inglaterra, dado que su padre, el rey Jacobo, está enfermo (moriría dos años después), María Ana se ablanda, pero en su beatería no acepta casarse sin permiso del papa ("antes tomo los votos de monja"). Olivares la convence diciendo que en caso de hechos consumados el papa se vería obligado a bendecir la boda, y que el matrimonio "haría más por la causa católica que treinta años de guerra". Para rematar la jugada, Olivares miente asegurando que Carlos estaría dispuesto a convertirse, cosa que el inglés nunca prometió. En ese caso, ella acepta.

Caridad le hace a Íñigo un traje de personita mayor para ir a palacio, y mientras le tira de la sisa, intenta sonsacarle sobre Alatriste, pero el rapaz no confiesa. Parece contenta de la bronca que tuvieron Alatriste y María en el episodio anterior, pero no se fía, y hace bien.

"Veo que habéis olvidado el tuteo". Mientras Alatriste y Guadalmedina preparaban el desplumaje del marqués de Hinojosa, un pisaverde de alcurnia se tropezó con el capitán y casi tienen más que palabras ("Pedid disculpas" "¿Al conde?" "No. A mí"). Más tarde se encuentran por la calle de nuevo, y la manera de hablarse cambia. Los guionistas de LADCA dicen que una cosa que Arturo Pérez-Reverte les remarcó bastante es la importancia de los tratamientos entre personas, que no es lo mismo un tú que un vuestra merced que un excelencia, y que por usar lo no debido, por descuido o aposta, en aquella época de tanta soberbia había broncas de consecuencias serias. Una manera segura de despreciar a alguien era no usar el tratamiento apropiado, y esta escena es una muestra de ello.

De vuelta en el Alcázar, las damas de la corte ensayan una escena de 'El mundo por de dentro', parte de 'Los sueños' de Quevedo, delante del mismísimo autor. Una de las cosas que a mí siempre me repatearon más de 'Aguila roja' es su renuncia completa a aprovechar la ocasión de hacer una serie sobre (en principio) el Siglo de Oro para intentar reflejar algo de la literatura del momento. En LADCA tampoco es que se pare la serie entera para ver una obra de teatro o leer un párrafo largo de un autor, pero no falta episodio sin una o más menciones a algo real de la época, frecuentemente textos, lo cual es muy de agradecer.

El ensayo no va nada bien, ya la que infanta tiene la mente puesta en su bodaventura de más tarde, y mientras, Angélica se arrima a Íñigo para ver qué puede rascar de rumores cortesanos, ya que la infanta la tiene en la nevera. Íñigo vuelve a no soltar prenda por ahora. Más tarde, en la taberna, continúa la dinámica entre Íñigo y Copons por la que es este, y no Alatriste, quien le cuenta cosas de la guerra, tanto batallitas como parte de la trastienda menos gloriosa: "Sangre, barro, muerte y miseria, eso es ser soldado" o "es mejor reventar allí que morir de hambre aquí" son parte de sus lecciones de hoy. La Lebri lo desmitifica aún más: "Eso es lo que se os da mejor a los hombres: ir a matar al país más lejano y dejar atrás a vuestras mujeres. ¿Sabes por qué lo hacen? Porque les da más miedo esto que aquello". Quevedo, a su vez, desmitifica a la propia Caridad: "¿Tu estás peleada con el capitán, verdad?... Íñigo, nunca te enamores". Demasiado tarde.

En el tugurio, Guadalmedina despluma a Hinojosa usando una baraja marcada que Alatriste obligó a usar al garitero del lugar. Al principio de la serie se nos había establecido que Copons era diestro tahúr, así que es una pena que no lo hayan usado para esto. Una vez chantajeado el pardillo, María de Castro oye a Guadalmedina, Quevedo y Alatriste hablar del plan. Alatriste la pilla escuchando, pero ella logra escaquearse con una excusa. Guadalmedina se escama, manda a Alatriste seguirla, y efectivamente, ella se ha ido a contarle el asunto a Bocanegra, esperando hacer méritos para que el fraile suelte a su hermanastra la monja herética. Cuando Alatriste la sorprende a la salida, es María esta vez quien recurre al truco de cambiar de tema a base de morreo apasionado.

En casa de los Alquézar, Teresa está teniendo un muy mal día: tras ser abandonada por Buckingham, se ve sustituida en el favor de la reina por la espía francesa madame de Brissac (recordemos que lo mismo le acaba de pasar a su hija Angélica con otra menina de la infanta), y luego se ve obligada a arrastrarse delante de su marido: "He sido una estúpida, yo te quiero". "Mira, Teresa, hay palabras que entre tú y yo ya no tienen ningún sentido. No lloras por mí, sino por él", le responde Luis. Muy a menudo, las historias de los perdedores son más interesantes que las de los ganadores, y las subtramas de los Alquézar, todo querer y no poder, jugando con desventaja a un juego muy peligroso, se están revelando como muy útiles en este sentido.

Y lo peor aún está por llegar, porque Angélica, engañada por Íñigo, se traga la milonga de que la infanta se va a casar... con Dios, metiéndose a monja. Esta estratagema de Íñigo para quitarse atención de encima en el día de la boda secreta podría haber funcionado... de no ser por María, que le pasó el plan auténtico a Bocanegra, que a su vez se lo cuenta a Alquézar padre (o tío) vía bronca de tres pares: "No me habéis decepcionado a mí, sino a Dios". Con Buckingham habiendo abandonado a Teresa, la utilidad como espías de los Alquézar ha disminuido bastante, sobre todo si encima la sobrina se cree bacalás como la de Íñigo. Resultado final: bofetón de tito Luis a la zagala, harto ya de tanto pringarla toda la familia.

"¡La boda era solo una maniobra para mantener distraídos a esos ingleses!" Quevedo ha adelantado la hora de la boda, dado que coincidía con un ensayo extra de su obra de teatro, en el que la reina insistía tras haber visto tan verde y distraída a la infanta. De todo esto no se avisó a Olivares para no molestarle y para que pudiera hacerse el sueco si quería, pero ahora al enterarse el valido, resulta que era todo un engaño dentro de otro, ya que su plan auténtico era evitar la boda justo antes de producirse. De todas formas, no sé muy bien con qué excusa había pensado hacerlo, ya que fue él mismo en persona quien le propuso la idea a la infanta.

En fin, que llega el bodorrio y se desata la marimorena. Primero resulta que el cura era un esbirro de Bocanegra disfrazado, al que Alatriste descubre al extrañarse de que el dómine Pérez no esté allí y al fijarse en las botas de su sustituto ante el altar. Lo degüella en el acto, y aparecen más esbirros, entre ellos Malatesta, dispuesto como siempre a despachar a un par de extras y escapar, porque quien escapa hoy vivirá para etcétera etcétera. Buckingham, Carlos y hasta Copons tienen ocasión de lucirse con las espadas en una larga secuencia de estocadas, carreras, disparos y emboscadas. La cosa acaba sin nadie importante muerto (en esta serie la verdad es que los importantes están a salvo, lo cual a veces le quita tensión al asunto), y con Copons llevándose un collar de oro de recuerdo.

Cada uno tendrá su opinión de la interpretación del rollo del príncipe y la infanta como una historia de amor capuleto/montesco donde dos almas puras se ven estorbadas por el estúpido, politizado y prejuiciado mundo circundante, pero la verdad es que los dos actores, una vez metidos en harina, no lo hacen nada mal a la hora de tirar por ese registro: él es rubio, guiri, de ojos azules y un poco tolai, y ella pasa la mitad del tiempo con cara de suspiros de arrobo romántico, pero de alguna forma extraña, resulta que cuela si aceptas el tema. No voy a llegar a compararlo con 'La princesa prometida', pero a ratos un aire se le da. De todas formas, su intento de boda rebelde de hoy queda arruinado, suerte tienen con salir indemnes, y cada mochuelo se vuelve a su olivo.

De vuelta al Alcázar, como si no hubiera pasao nada, la infanta consigue por fin clavar la frase que se le atravesaba en los ensayos: "¡Qué lástima tan bien empleada es la que se tiene a una viuda, pues por sí una mujer es sola, y viuda mucho más!" Quizá porque ahora se ve reflejada en ella.

Angélica promete venganza y sufrimientos a Íñigo por su mentira. Alquézar, siempre en plan buitre, intenta salvar parte de los muebles proponiendo contar todo lo de hoy al rey para que se cabree y haga caer a Olivares, pero Bocanegra se opone por ahora. Alatriste también se cabrea con María y le dice que si vuelve a verla la mata. Sí, sí. Ya, ya.

Yendo hacia adelante, me cabe la duda de cuánto carrete le puede quedar a la trama del Spanish Match. Ya se oye algún rumorcillo de cansancio en Twitter, y la verdad es que si la película de Díaz Yanes intentó cubrir mucho en poco tiempo, la serie puede tener el problema contrario: resultar repetitiva y cansina al menos en este aspecto. Es cierto, sin embargo, que todo el cortejo este duró casi seis meses en la vida real, mientras que la serie durará la mitad. Porque, uniendo con esto, hay que decir que si yo la semana pasada pedía un "no la cancelamos porque no nos sale de los cojones" a Telecinco, parece que, con otro lenguaje, se ha logrado. Quizá sea todo debido en parte al éxito de 'Gran hermano VIP' (cosas veredes), que provoca que Telecinco no tenga grandes urgencias en la noche del miércoles y pueda mantener en antena una serie con menos de un 7% de share, pero sea como sea, parece que se emitirán todos los episodios. Al final, habrá que encargarle al padre Bocanegra que rece por Belén Esteban.

Notas sueltas:

-"Exagerando mis cojones, Copons."

-"¿No quieres ser un soldado? Pues obedece."

-"En mosca cerrada no entran bocas."

-Va a haber que ir pensando en llevarlo de putas.
-Sebastián, que es un niño.
-Pues por eso lo digo.

-Hombre, Copons, te has lavado.
-Vamos de boda, ¿no?

-Thank you.
-¿Zenkiu?... La puta de oros...

-"No queda más que batirnos, y que Dios reparta suerte"

-Tuiteo de Alfonso "Copons" Sánchez: "Hoy primer encuentro Copons/Buckingham... Ni Legolas y Gimli ni ostias..."

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Redsonja
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Mensaje por Redsonja » Vie Feb 13, 2015 9:58 pm

Siana escribió:
Momentos que me he partido. Quevedo diciéndole al zagal "quítate esa cara de pasmado que parece que acabes de llegar del pueblo". Copons, que hoy ha estado que se salía, con lo de "¿zanquiu? ¡los cojones zanquiu!".

Y las respuesta de Alatriste a Malatesta??
"Al carajo!!..
perdón??...
Que os vayáis al carajo!!"

O cuando amenaza a la de Castro?? Las dos veces??
Que morbazo oyes....

Yo la estoy disfrutando cómo una enana.
yo pongo una espada y una mirada.. y vosotros ponéis el resto...

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Siana
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Mensaje por Siana » Vie Feb 13, 2015 10:42 pm

:lol:

Yo también, de verdad :D

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endeavour
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Mensaje por endeavour » Mié Feb 18, 2015 11:34 pm

Pues creo que para mi se ha acabado. Fin de la historia. A las 23:30 hoy. Si querían hundirla los de telecirco, ahí están. Ya lo tienen.

No podía ser de otra manera en este canal.

un saludo.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Feb 19, 2015 9:48 am

Pueden verse todos los episodios gratis y legalmente en la web de Telecinco a cualquier hora:

http://www.telecinco.es/alatriste/capit ... ros/23676/

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Feb 19, 2015 5:48 pm

LADCA 7: Herida que duele y no se siente

La semana pasada Manuel Gancedo, el actor que interpreta al dómine Pérez, nos dio un toquecillo en Facebook sobre que su personaje no aparece mucho en estos comentarios. Bueno, pues vamos a ponerle remedio, y dado que es de las personas relacionadas con la serie que más nos sigue (o más lo demuestra), le dedicamos el análisis de hoy.

El dómine es un personaje que está en los guiones mayormente para ayudar a los principales de la manera que necesiten. Por ejemplo, en el episodio pasado iba a ser él quien casara en secreto a Carlos y María Ana. En otro episodio buscó un doctor para una herida de Alatriste, en otro facilitó que Alatriste y su excamarada el padre Ferrán volvieran a contactar, etc. Nunca es el principal, pero nunca falta por ahí. La llegada de Íñigo le ha dado otro cometido adicional, el de educarlo más o menos formalmente, aunque está claro desde el principio que los latines no van a ser lo suyo. Pérez es un hombre bueno, decente y tragoncete que aparece principalmente (o casi solo) en dos sitios: su asilo para pobres y la taberna de la Lebrijana, donde parece haber una especie de acuerdo tácito que a cambio de apoyo religioso/moral para la dueña, al dómine nunca le faltará una tapita que echarse al gaznate. Hijo de su tiempo, el dómine está verdaderamente preocupado, porque dos de las personas que más quiere, Diego y Caridad, están "viviendo en pecado", y como buen amigo, intenta arreglarles la situación, pero no por encarnar una imposición de un tiempo tan intolerante como el suyo, sino porque evitarles una condena al infierno es parte de sus creencias más íntimas: lo solícito que es con ellos podría parecerse a cómo hoy en día se podría recomendar a alguien a quien queremos un seguro de vida, un testamento a tiempo o un plan de pensiones. Cuando no lo consigue, por negativa de él, al menos le sirve de tabla de confesión moral a ella. Y en el episodio de hoy, incluso de apoyo supersticioso, al creer Caridad que los ruidos que vienen de su despensa podrían ser un fantasma. Un poco ingenua la mujer, sobre todo tratándose de una despensa llena en tiempos de hambre, pero bueno, lo aceptaremos como alivio cómico. "¿No te das cuenta de que es mucho mejor tener fantasmas que ratones? Los ratones no se comen el queso", se le cachondea Quevedo.

En el Spanish Match la cosa empieza a torcerse definitivamente: después del fracasado intento de casarse clandestinamente, Carlos y María Ana son castigados a la cama sin cenar por el rey Felipe, y se cancela la representación de la obra de Quevedo, en quien Olivares, con todo el morro, ha cargado la culpa de la creación del plan, junto a Guadalmedina, que también pilla colleja real, quedando confinado en su palacio sine die. Y como la mierda rueda cuesta abajo, el conde se cabrea y ordena a Alatriste que mate a María de Castro, a quien considera culpable del fracaso de la boda por haberles oído planearla e írselo a contar al inquisidor Bocanegra. Guadalmedina es bastante osado en muchas cosas, pero no las piensa mucho: encargar ese trabajo en concreto a Alatriste es la peor idea posible, y la mejor forma de asegurar que no vaya a hacerse. Podría pensarse que recurrir a Alatriste para ello al menos mantiene el asunto reducido en cuanto a personas metidas en el ajo, pero eso se derrumba en cuanto Guadalmedina mete a otros tres sicarios en el asunto. Además, para haber sido compañeros de armas, tampoco parece conocer muy bien a Diego: cuando Alatriste objeta que María es una mujer, el conde replica que desde cuándo a ti te importa eso. "Yo no mato mujeres" es la obvia respuesta. El capitán, tras poner varias excusas, como que es de día, que María es demasiado famosa o que probablemente ya se haya ido de Madrid ("es lo que yo hubiera hecho"), al final se aviene a ejecutar la orden, pero ello es lógicamente para evitar que ocurra, y cuando Guadalmedina le impone "a Muñiz y otros dos", parece verdaderamente dolido por que el conde no confíe en él. El dómine Pérez, dicho sea de paso, juega su papel aquí también, ya que es quien avisa a Copons para que vaya en ayuda de Alatriste y al menos iguale un poco los aceros. Y finalmente es lo que ocurre: dos de los lacayos cometen el error de intentar violar a María antes de matarla, y Alatriste aprovecha para despacharlos, mientras que al tercero se lo deja ir sin botas y con un pinchazo de daga en un pie, dado por Copons.

Sin embargo, durante la reyerta Alatriste sufre una herida en la pierna, que le acompañará de forma importante el resto del episodio. Todos odiamos esas heridas de cine, donde te clavan algo hasta donde pone Toledo o te pegan un tiro, y el prota tira palante tan tranquilo, así que es de agradecer que aquí se la tomen en serio, aunque al principio parece mucho más grave: el puñal del contrario se le queda clavado en la pierna a Alatriste, y este simplemente se lo desclava como si tal cosa. Después, Copons los lleva a refugiarse a una "casa de la bruja tuerta de Henares", abandonada, mientras escampa el tema. No se sabe muy bien cómo de lejos está la casa de la ciudad, pero a Alatriste le da tiempo a darse un par de paseos de acá para allá en el mismo día, con su pata coja y todo.

Mientras, Guadalmedina monta en cólera cuando le llega el esbirro restante con las malas nuevas y está a punto de salir él mismo a arreglar las cosas, violando su arresto domiciliario, cuando sale nada menos que Olivares de detrás de sus escaleras (¿qué pintaba ahí el mismísimo valido?) y en vez de eso la cosa se transforma en una misión para intentar encontrar un culpable alternativo para el fracaso de la boda, ya que según el esbirro, Alatriste estaba seguro de que María no había sido. Sin embargo, Guadalmedina pone precio a la cabeza de Alatriste, pero el teniente Saldaña le echa un cable, asegurando a Caridad que hará la vista gorda si Diego entra o sale por la puerta de la ciudad que él vigila. Alatriste piensa que el reventador de la boda fue Alquézar, ya que su sicario en jefe, Malatesta, era quien dirigía el ataque, pero Quevedo lo convence para que deje estar al secretario real por ahora. Su comentario ("Alquézar no va a permitir que asaltemos su casa otra vez") queda incluso un tanto meta, porque la verdad es que ya hemos visto unas cuantas incursiones en su mansión anteriormente, y ya vale de ir a ese pozo a por agua. En lugar de eso, Quevedo propone "atacar esa parte del cuerpo que no tenemos ni tú ni yo: sus cuernos. Bueno, al menos eso creo". El plan es publicar otro nuevo poema satírico/sexual sobre la esposa del secretario que obligue a Alquézar a salir de su casa hecho una furia en busca de Quevedo. El poema adaptado en el episodio se basa en un soneto auténtico de Quevedo que dice:

Cornudo eres, Fulano, hasta los codos,
y puedes rastrillar con las dos sienes;
tan largos y tendidos cuernos tienes,
que, si no los enfaldas, harás lodos.

Tienes el talle tú que tienen todos,
pues justo a los vestidos todos vienes;
del sudor de tu frente te mantienes:
Dios lo mandó, mas no por tales modos.

Taba es tu hacienda; pan y carne sacas
del hueso que te sirve de cabello;
marido en nombre, y en acción difunto,

mas con palma o cabestro de las vacas:
que al otro mundo te hacen ir doncella
los que no dejan tu mujer un punto.

El dómine Pérez no está conforme con esta línea de ataque, ya que según él Teresa de Mendoza y Alquézar es un alma noble que se dedica a ayudar a los enfermos y menesterosos, y no refocilándose con don Francisco en su propio hospicio, para más inri.

A todo esto, Bocanegra sigue urdiendo planes para acabar con los herejes anglicanos: junto al nuncio papal, cardenal Massimi (personaje real), piensa que lo mejor es atacarlos en su viaje de vuelta a Inglaterra. Massimi acepta ayudar a cambio de que lo nombren arzobispo de Toledo. Bocanegra no dice ni sí ni no, pero obliga a Massimi a besarle el anillo antes de irse, para dejar claro quién manda allí.

En la casa abandonada, Copons le cuenta a María que conoce a Alatriste desde hace 15 años, cuando se alistaron siendo "zagalicos". Cuando María pregunta por las mujeres anteriores del capi, Copons pasa mucho de ella. Alatriste vuelve a la casa, y Copons los deja allí solos. María echa el resto, paseándose en corpiño y enseñándole a Diego exáctamente dónde tiene "heridas": en el corazón. Y la del cuello que él le hizo, y por la que ella lleva una gargantilla que ahora él le quita. Y claro, ante tal despliegue al final hubo cópula, como diría Fernando Fernán-Gómez en 'Belle époque'. A la mañana siguiente los pajaritos cantan y las nubes se levantan y María quiere irse a las Indias a empezar de nuevo. ¿Y tu hermana, y tus joyas, y tu fama?, le recuerda Alatriste. A María se le agua la fiesta, dice que eso no es justo, y Diego le responde. "Esto es España, María, aquí no hay más justicia que la que uno compra", otra frase que trasciende los siglos. De vuelta a las calles, un corchete detiene a Alatriste, convencido de que que es hombre por el que Guadalmedina da cien ducados, pero Saldaña lo deja ir: "Alatriste es más fornido y más bien parecido", se chotea.

En la taberna, el ratón/fantasma resulta ser Dorotea, la niña cortabolsas que le dio un morreo a Íñigo hace unas semanas. Caridad quiere denunciarla al alguacil, pero Íñigo y el dómine, con ojos de corderito degollao, ablandan a la posadera, que deja a la zagala quedarse a ayudar al menos ese día.

Alquézar se entera del nuevo soneto de Quevedo, y sabe por un criado que es cierto que a Teresa y a Quevedo se les ha visto juntos en el asilo del dómine. Tras las calabazas de Buckingham, Teresa está de un beato subido, haciendo buenas obras y oración para expiar sus pecados, y no parece que sea un plan ni una pose. De hecho, Patricia Vico, la actriz que hace de Teresa, ya dijo en una entrevista que la de Alquézar es una mujer con sus maldades pero ultracatólica, así que resulta interesante ver su mezcla de trepa sin remilgos por un lado y asidua de los reclinatorios por otro. "Así que ahora en vez de Teresa de Alquézar vas a ser Teresa de Jesús", se burla su marido. El dómine sigue impresionado con su bondad, pero Quevedo no se traga sus muestras de fe, esperanza y caridad.

Carlos y María Ana andan suspirando en sus respectivos aposentos, cosa que Angélica aprovecha para volver a hacer de llevanotas entre uno y otra, escondidos en libros de San Juan de la Cruz. Al final, ambos acaban metidos en un confe, como en la casa de 'Gran Hermano', dándose de besitos. Qué lástima que en la vida real María Ana no tocara a Carlos ni con una pértiga. Lo del cura a quien le da un infarto (supongo) al verlos imagino yo que era en plan humor negro, pero en pantalla queda un tanto raro, la verdad.

Caridad está mosca por la herida de Alatriste, y la mosca pasa a grajo cuando empiezan a llegar cazarrecompensas a la taberna que mencionan una mujer en relación con el hombre que buscan. Uno de los que aparece es Malatesta, aún herido desde la emboscada de la boda, que quiere saber también dónde está Alatriste, pero no para entregarlo, sino para matarlo él en persona. Malatesta, que luego vuelve a intentar ayudar a Íñigo, se confirma como un tío un tanto raro que hace lo que le da la gana a veces dentro de su oficio. Caridad sigue a Alatriste esa noche (vaya veterano de mis narices) y le ve darse un morreo con María. De vuelta en la taberna, en la que es seguramente la mejor escena del episodio, Caridad acaba pagando su furia y su frustración con Dorotea, que simplemente pasaba por allí a beber agua: "¿Te crees que no sé a lo que has venido? Eres igual que ella. Pero a Íñigo no le vas a hacer daño". Acojona tanto a la chavala que al final Caridad le pide perdón, pero ella se fuga despavorida y no vuelve. A la mañana siguiente, quien está mosca es Íñigo, pero Caridad contraataca: "Hay mujeres así, se marchan sin importarles nada más. Debería enseñártelo tu capitán". A renglón seguido ella encuentra en la basura una venda con sangre de Alatriste, y ya no puede más: va a casa de Guadalmedina y le dice dónde está escondida María, con la condición de que no haga daño a Alatriste. Tanto odio y revenimiento tiene Caridad por dentro que a pesar de su pasado como prostituta ni siquiera acepta pago en dinero por su información: con tal de que Alatriste salga sano y salvo y María no, lo da por bien empleado. "En cuanto acabéis con esa bruja, Alatriste entrará en razón, estoy segura".

En la corte, Olivares se encuentra de repente con que el cardenal Massimi se ha convertido en el sabor del mes, ya que fue el primero en avisar a Felipe de la boda clandestina, y ahora Olivares ve su valimiento en peligro. Felipe, a sus 18 años, parece querer empezar a gobernar por sí mismo, pero el ímpetu no le durará gran cosa. Aprovechando su auge, Massimi aconseja a Felipe hacer que se marchen los ingleses, solos cual vinieron, como había planeado Bocanegra.

Alquézar finalmente sale de su escondrijo y se va cuatro contra dos contra Alatriste y Quevedo en el asilo del dómine. Obviamente, ganan los nuestros, Alquézar ve que no había cuernos, sino engaño de otro tipo, y Alatriste se conforma con que Alquézar le confiese quién reveló lo de la boda, aunque eso sea humillante delante de su esposa. Con la información, Alatriste se va a casa de Guadalmedina, pero este ya ha salido de expedición de castigo contra María en la choza abandonada, a la cual solo defiende Copons, a quien Guadalmedina no parece reconocer. Copons, a base de matemáticas, logra retrasar el ataque lo suficiente para que llegue Alatriste al galope y pueda enseñar a Guadalmedina lo que le dijo Alquézar: fue el cardenal Massimi quien reveló lo de la boda, rompiendo el secreto de confesión de la infanta. María es, pues, inocente. "Diego, no hablemos de María y de inocencia en la misma frase. Son incompatibles. Y si vuelves a montar a una de mis yeguas, te mataré sin tiempo a dar explicaciones." Guadalmedina lleva la confesión a Olivares, y ambos a Felipe, y aunque este culpa a ambos del origen del plan, su ira se dirige contra Massimi, por haber puesto en peligro la vida de Carlos y María Ana... y por saber ahora secretos de estado, tras sus últimos días de amistad con Felipe. Además de condenar a Massimi (Guadalmedina será "las manos" en este asunto), Felipe y Olivares resuelven no seguir adelante con el Spanish Match, sino solo usarlo para dar largas a los ingleses cuanto más mejor, y usar ese cebo para evitar que ayuden mucho a los holandeses o alemanes protestantes.

La infanta, mientras, habla en persona con Alatriste y le da un collar cuyo valor no es el de su metal sino para pedir un favor cuando lo necesite. Diego ya lleva recolectadas dos prendas similares, una de María Ana y otra de Carlos. Voy a preguntar a los roleros expertos que me digan cuánto valor tendría eso en sus partidas.

El episodio acaba con Guadalmedina "tomando posesión" de María otra vez, mientras Diego vuelve con Caridad. Sin embargo, en las miradas del capitán y de la actriz se nota que están pensando en otras cosas. O personas. Por su parte, Íñigo está a la puerta de la taberna, seguramente esperando otra vez a que vuelva Dorotea.

De nuevo, se ve que en este juego los guionistas están usando todas las piezas, y en cada episodio se encuentran formas de que los movimientos de unas afecten a todas o casi todas las demás, lo cual es admirable. Esta partida tiene ya su propio ecosistema, y las reacciones suele ser muy consistentes con las motivaciones de cada personaje. Además, las acciones tienen sus consecuencias, y estas se llevan de un episodio a otro, aunque hoy por ejemplo me pregunto por qué Bocanegra se va de rositas, pero bueno, con la muerte de un cardenal debería haber bastante. Por cierto, a no ser que sea una versión extra ficcionalizada (los protagonistas parecen llamarlo Mazzini, con zz de pizza, en vez de Massimi), estamos matando a alguien real que no moriría hasta diez años más tarde. ¿Significa esto que igual en otro episodio palma Quevedo? ¿O Carlos? Mwahaha.

Notas sueltas:

-María Ana: Carlos y ese capitán...
-Angélica: ...Alatriste.
Qué buena ocasión para haber metido un "Batiste, o El Triste", como hace Angélica en los libros, que siempre se lía, seguramente aposta, con el nombre del capi. Esto, por cierto, está hecho en homenaje a cómo en los cómics de Tintín, de los que Pérez-Reverte es acérrimo, la diva Bianca Castafiore siempre se equivoca con el nombre del capitán Haddock.

-María: Algún día no estaré cerca. ¿Y entonces qué harás?
-Alatriste: No recibir tantas estocadas.

-Malatesta: Hay un remedio mejor que todos los emplastes y las sangrías.
-Íñigo: ¿Rezar?
-Malatesta: Odiar.

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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Feb 19, 2015 6:25 pm

Me pareció buenísima la escena en la que Caridad y Dómine descubren al "falso ratón"


Los reclinatorios y los trepas se han llevado siempre bien
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Feb 19, 2015 6:47 pm

Es cierto, entre Íñigo y Dorotea hay una química que hasta los mayores han pillado. Malatesta amenaza pon pincharla a ella para que él confiese, Alatriste le dice a él que ojito con ella, y hasta Caridad y el dómine "amenazan" con llamar a Íñigo ante la inquisición, tras lo cual ella sale del escondrijo y confiesa.

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Mensaje por Rogorn » Vie Feb 27, 2015 8:58 pm

LADCA 8: Una tregua con el diablo

La semana pasada un imaginario besuqueo entre el príncipe Carlos y la infanta María Ana provocó la muerte por susto repentino del confesor real, el padre Damián, al sorprenderlos con las manos en la masa. Dicho suceso tiene un par de repercusiones en el episodio siguiente: el primero de ellos es que por Real Cédula se cierren las mancebías y las casas de juego y se suspendan las obras de teatro. "Ni putas, ni cartas, ni risas", sentencia Quevedo. "Envidio la suerte del confesor real". Luego continúa rezongando junto a Íñigo: "Aquí la Santa Madre Iglesia manda hasta dentro de las tumbas". Con la jornada estropeada (ciertamente, las obras en las corralas entonces se representaban de día, para aprovechar la luz), Alatriste va a interesarse por cómo va a afectar el cierre a su compañía favorita. Álvaro de Cózar, yendo al grano, le dice que María de Castro no está allí, sino con un buen comprador de "cosas que le gustan a María". Cuando la conversación se pone un tanto tensa, Cózar se pone práctico: "Al menos yo saco algo de mis cuernos, no como otros". Sin embargo, como en todo hay clases, Felipe IV busca la manera de evitar que la prohibición que él mismo ha firmado afecte a la obra que tanto tiempo llevan practicando las personalidades de dentro de la corte, entre ellas las mismísimas reina e infanta, y busca la manera de conseguir que su nuevo confesor, Fray Emilio Bocanegra (y esta es la segunda consecuencia) haga la vista gorda, a cambio de convertir la comedia prevista en algo más trágico y menos pagano, pero Bocanegra está más interesado en intentar aprovechar la muerte del antiguo confesor para usarla como señal divina contra el Spanish Match. Olivares anima a Felipe con un "¿sois o no sois el rey?", pero el monarca se debate entre sus poderes terrenales y su miedo a lo que pase tras su muerte. Es cierto que en esto Felipe era bastante veleta, a la vez defensor de la fe y pecador constante, señor de vidas y haciendas pero temeroso de la ira de Dios.

A pesar de los continuos líos en los que se mete, a Alatriste nunca le falta quien le encargue un trabajito, y esta vez llega de nuevo de la mano de Olivares, quien le encarga proteger a un enviado alemán de los Fúcar. Los Fúcar eran como se llamaba en España a los Függer, una familia católica de banqueros bávaros que se ganaban la vida, entre otras cosas, haciendo préstamos a las casas reales europeas, entre ellas la española. Con tanta guerra y tanto imperio, así se iba de la península el oro y la plata que llegaba de América. Aún hay una calle en Madrid que lleva su nombre. El encargo le llega a Alatriste vía Guadalmedina, a pesar de que los dos están peleados, debido aún al fracaso de la boda real clandestina. Ambos se intercambian indirectas sobre no ser recaderos de nadie, y el encuentro acaba con una imagen muy de los libros, la de Alatriste mesándose el mostacho para evitar sacar la espada cuando no debería, en este caso cuando tras la tensa conversación, Diego ve a María sentada a la mesa con Guadalmedina: no cabía duda de que era él a quien se refería Cózar antes.

El alemán es un cincuentón rubio y fuertote que resulta que ya era amigo de Luis de Alquézar. Tan amigote que incluso ya le había buscado también un guardaespaldas por su cuenta: nada menos que Gualterio Malatesta. De manera que en este episodio tendremos de nuevo a Alatriste y Malatesta trabajando juntos, pero no revueltos, una dinámica que en las novelas siempre ha dado buen fruto. Preocupado Alquézar por que los dos puedan liarse a espadazos entre ellos y descuidar el encargo, Malatesta lo tranquiliza muy a su estilo: "Todo a su tiempo. De momento sabremos distinguir entre el placer y el trabajo".

Con las casas de juego cerradas, a Caridad la Lebrijana se le llena la taberna de clientes que se sacan las barajas y se ponen a jugar en sus mesas. En otro episodio ya prohibió a Copons jugar allí, pero ahora no parece hacerle ascos al llenazo que tiene. La primera imagen que tuvimos de Copons en la serie fue con una baraja en la mano, y hoy por fin se desarrolla su perfil de ludópata: pierde los ahorros con un tahúr de los de parche en el ojo, pero sospecha que le han hecho trampa y se va con el cabreo consiguiente.

Por alguna razón, volvemos a ver a Richelieu en París. Me imagino, como ya dije al principio de la serie, que está aquí para dar realce con su nombre casi legendario (o sin casi) a la importancia de la trama, pero con tanto por resolver por otras partes, parece innecesario andarlo sacando todo el tiempo en su alcoba entre tableros de ajedrez y damiselas impresionables. Tampoco parece necesario que su espía, madame de Brissac, se haya pegado un viaje de vuelta desde Madrid solamente para echarse indirectas mutuamente sobre quién se acuesta con quién en ausencia de quién. Quizá en episodios futuros (y mientras se sigue esperando que algún día se publique la octava novela de la saga, 'Misión en París') todo esto tenga su importancia.

Las alemanas Sonia y Sabine, que han llegado con los alemanes, tiran los tejos a Alatriste y Malatesta, pero estos, que ya de por sí son bastante serios, al estar de misión juntos tienen cara de sequedad extra, se vigilan por el rabillo del ojo todo el rato, y no tienen el horno para bollos. Hacen bien, porque obviamente, el encargo no va a pasar plácidamente.

Al final, la obra de la corte se va a representar, y durante los ensayos queda claro que Angélica de Alquézar ha perdido el favor de la infanta a manos de la húngara Luisa, y se ha quedado meramente para ir a por cafés. Bueno, chocolate, pero para el caso nos sirve. Para más inri, toda esta humillación ocurre ante la mirada de Íñigo. Por su parte, Quevedo se ve obligado a cambiar sus versos cómicos por otros trágicos, e incluso, a idea del rey, a meter en la obra una escopeta en manos de la diosa romana Diana.

Alatriste y María hablan sobre por qué los dos siguen al servicio de Guadalmedina, cuando el conde ha estado a punto de matarlos a ambos. María le sale con que si el destino, con que si las cosas siempre han sido así y siempre lo serán, pero Diego corta por lo sano: "Podrá meterte en su cama, pero tú... tú eres mía". Morreostacho. Aparece Malatesta a interrumpirlos: "Teníais razón: es muy fácil entrar en este palacio". La verdad es que Malatesta como metacomentarista irónico de la serie sería un puntazo. Por cierto, que en esta escena los tres personajes dicen "eso es cosa mía": va a haber que convertir esa frase en lingotazo obligatorio cada vez que la digan, y menuda curda cada miércoles. Total, a las horas que ponen la serie...

Otra de las cosas que tendría su caña es saber algo más de Asunta, la rolliza aya de Angélica, a quien aún recuerdo sonriendo de oreja a oreja mientras peinaba a Angélica y ambas escuchaban tan complacidas los gemidos de Íñigo siendo torturado por Malatesta. Ahora es ella quien ante los ultrajes sufridos por su ama, tiene la idea de envenenar el chocolate de Luisa, plan que le arruina Íñigo al darse cuenta y hacer caer la taza. Dado que además Asunta está interpretada por una actriz húngara, Judit Dobos, podríamos ponernos en plan diabólico-draculoso-Erszebét Báthory y todo (la Báthory murió 8 años antes de cuando está ambientada la serie). 'Las maléficas aventuras de Asunta y Angélica' podrían ser una de terror de no te menees.

Copons se ha quedado tan to rayao por perder a los naipes ayer ("las cartas son peor que las mujeres, Caridad") que ahora se dedica a observar al tuerto jugar con otros a ver si le pilla el truco. Y al final lo consigue: mientras una húngara medio despechugada con la que está conchabado lisonjea al contrario, el tuerto aprovecha el momento para sustituir sus cartas por otras con las que ganar. Más tarde, Copons convence a la moza (con la ayuda de una daga en el cuello en medio de un callejón) para tenderle una trampa.

Ocioso durante los ensayos, Íñigo se ofrece para cargar de fogueo la escopeta que se usará en la obra de teatro. El rapaz dice que vio a su padre hacerlo muchas veces y que puede hacerlo él. Ahora es Asunta quien observa la maniobra de él y pone cara de urdir algo. Y lo que urde es que mientras Angélica le dice a Íñigo que no era veneno para matar a Luisa sino solamente ricino para que su rival se fuera por la pata pabajo en público, Asunta carga la escopeta con bala de verdad.

Minuto 34: ¡Malatesta silba! Episodio abundante en momentos novelescos.

Si recordamos de episodios anteriores, Íñigo estuvo trabajando unos días de aprendiz en una platería, lugar que abandonó tó cabreao y tajándole la cara al platero. Ahora las alemanas van de compras por su tienda, y Alatriste las convence para que paguen 5000 reales por una joya que no llega a 2000. Los Alatriste siempre pagan su deudas. A todo esto, tanto Alatriste como Malatesta se han coscado de que los están siguiendo y deciden convertir a los cazadores en cazados: van a la iglesia del dómine Pérez, este las mete en una cripta con la excusa de ver "el brazo incorrupto del faraón de Egipto" y así los dos se pueden cepillar tranquilamente a cuatro esbirros alemanes.

En la taberna, Copons irrumpe espada en mano y propone al fullero jugar una partida mano a mano, "de verdad", sin cartas marcadas "ni apuntadores ni puticas". En medio de la partida, aparece el alguacil Martín Saldaña, ordena a Copons darse preso, y cuando este se resiste, le clava una daga en la barriga. Sí, Alatriste también pone cara de pensar "hosstiá", y se lo lleva de allí mientras Saldaña entrega el dinero al dómine Pérez para sus pobres. Saldaña va a ver a Copons, que está tendido en el camastro de Alatriste en la taberna, se parten los dos de la risa, dejando al dómine atónito, y Alatriste se caga en tó al comprender que ha sido todo una farsa montada por ambos. Por la referencia que se hace a un "molinero de Jülich", nos enteramos también de que este numerito ya lo hicieron antes Copons y Alatriste en las guerras de Flandes y Alemania. ¡Alatriste sonríe! Mientras le dura el buen humor, le da un morreostacho a la Lebri y se baja a tomarse un vino. En estas aparece María vestida de hombre, Alatriste se pone como una moto y se van fuera los dos a darse el lote, mientras es ella ahora quien le dice que le da igual quién le caliente la cama "porque tú eres mío".

En la corte, finalmente se representa la obra con María Ana como Diana la cazadora. Lo que se oye son versos de la 'Euterpe' de Quevedo:

Estábase la Efesia cazadora
dando en aljófar el sudor al baño,
cuando en rabiosa luz se abrasa el año
y la vida en incendios se evapora.

De sí Narciso y Ninfa se enamora,
mas viendo conducido de su engaño
que se acerca Acteón, temiendo el daño,
fueron las Ninfas velo a su señora.

Con la arena intentaron el cegalle,
mas luego que de amor miró el trofeo,
cegó más noblemente con su talle.

Su frente endureció con arco feo,
sus perros intentaron de matalle,
mas adelantóse a todos su deseo.

Al menos, Felipe no se atribuye estos versos, pero sí una "escena anterior" que no hemos visto, pero por la cara que pone su esposa la reina al mencionarse, no ha debido de ser como para entrar en el Parnaso. En medio de la representación, Íñigo se extraña de que no esté presente el príncipe Carlos, y Quevedo le dice que es porque su perro ha muerto esa tarde, posiblemente envenenado. Íñigo recuerda haber visto al perro lamer trozos de la taza rota del chocolate de Luisa y se da cuenta de que Angélica le mentía al decir que era solamente ricino, no veneno. Además, ve detrás de él a Asunta toda expectante mientras la infanta levanta la escopeta para "disparar" de mentira a Luisa al final de la obra, y se cosca de lo que va a pasar. Demasiado tarde. Se oye el disparo, le da a Luisa en todo el pecho y la mata. La corte entera, que se estaba quedando sopa, aplaude el realismo, pero enseguida se persignan todos ante la desgracia. Felipe reacciona diciendo que es un castigo divino ante la soberbia de Olivares, que le había animado a seguir con la obra (en realidad había animado al rey a ser rey y a ser menos pagafantas con Bocanegra), Íñigo sale por patas antes de que se sepa que era él el "encargado" de cargar la escopeta, y Asunta se persigna también, pero con mucho retintín.

A todo esto, Malatesta está aprovechando su guardia para retozar con su "guardada" alemana. Así la guarda bien a conciencia. En español y en italiano. Llega Alatriste a relevarlo y ve a más esbirros merodeando. Sale Malatesta recién acabado de vestir. Alatriste le pregunta: "¿dónde estabais?" El siciliano responde: "¿y vos?" Lo justo es justo, piensa Diego, y se vuelven a la faena. Los esbirros raptan a una de las alemanas mientras Diego y Gualterio siguen a lo suyo: el italiano les dispara, el español desvía su disparo, la bala hiere a la alemana mientras se la llevan y los dos se hacen promesas de amor mutuo: "La próxima vez que me toquéis sois hombre muerto". "La próxima vez que os toque será para mataros". Acaban anunciando fin a la tregua y deciden buscar cada uno a la alemana por su lado... y madrugar al otro antes de que te madrugue él a ti.

Notas sueltas:

"Yo no soy un caballero. Ni siquiera tengo caballo."

"En esta ciudad honrados son solo los muertos."

Como ya dijimos antes, parte de la experiencia de esta serie está en las circunstancias que están rodeando su emisión. Esta semana, en un rizar el rizo casi increíble si no fuera España, ha venido a sumarse a la fiesta la teleserie 'El Ministerio del Tiempo', que tiene a un personaje tan parecido a Alatriste que incluso lo apodan Alatriste. El actor que lo encarna, Nacho Fresneda, ha sido unánimemente alabado por la crítica (y los tuiteros), y aunque tor Luna se merece sus felicitaciones por el Alatriste que hace en LADCA, en EMDT se puede ver meridianamente claro cómo de bien habría funcionado un Alatriste "como el de los libros". Para más información sobre las conexiones entre las dos series, vía los hermanos Olivares, Pérez-Reverte y demás, remito a este enlace: http://capitan-alatriste.com/modules.ph ... &start=308

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Copons_de_la_Baraja
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Mensaje por Copons_de_la_Baraja » Sab Feb 28, 2015 11:28 am

Al final telecinco ha podido conmingo, el capitulo del miercoles no lo pude terminar, me dormía en el sillón. La serie la echan demasiado tarde y la gente tiene que madrugar. Ya los veré online. :(

Charneco
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Mensaje por Charneco » Sab Feb 28, 2015 12:38 pm

Es una verdadera lástima. En casa nos ha pasado lo mismo...cita ineludible durante estos capítulos para mi padre y para mí, ahora tenemos que dejarla para el fin de semana, que es el único momento en que nos va bien a los dos... :( . Almenos podremos reverla pronto, de principio a fin y sin las agotadoras interrupciones de los anuncios.

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Mensaje por Rogorn » Vie Mar 06, 2015 9:55 pm

LADCA 9: Fugitivos

"Eres muy bella, María, pero ni por la mismísima Venus me jugaría el cuello por una rea de la Inquisición". Todavía falta un cuarto de siglo para que Velázquez pinte la 'Venus del espejo', pero Guadalmedina y María ya ensayan la pose en la cama. Además, la escena se acompaña de un verso de Góngora, "ilustre y hermosísima María" que este heredó a su vez de Garcilaso de la Vega. Más adelante, María recitará en sus ensayos un poema de Lope de Vega. En una semana en la que además se emitió el segundo episodio de 'El ministerio del tiempo', en el que Lope y la Armada de 1588 son el centro, no ha sido mala semana para recordar los clásicos. La propia TVE parece que siempre le tuvo miedo a hacer eso en 'Águila Roja' (no fuera a ser que la gente dijera "argh, cultura, cambio de canal"), pero como se ve, no se hunde el mundo por contar lo que fuimos. Mientras, recordemos que Cózar en el episodio anterior le dijo a Alatriste que María se había ido con alguien que pudiera darle las cosas que ella buscaba. Bueno, pues no tarda en hacer una petición al conde, y Guadalmedina, aunque sabe que está siendo utilizado hasta cierto punto, no pica, ya que lógicamente, la petición tiene que ver con la hermanastra monja de María, y "la Inquisición son palabras mayores". Guadalmedina ya tiene de María lo que quiere, e incluso el ofrecimiento de ella de ser su esclava o dormir a los pies de su cama sería un estorbo más que otra cosa. Hay alguna frase por ahí en el sentido de que las putas son mujeres a las que no se les paga para que se queden, sino para que se vayan, y por ahí tira Guadalmedina ahora, a quien ni siquiera le importa ser insultado por María. "Ah, ya, el viejo truco", parece decirse a sí mismo. Pues no, ni por esas. El conde no se va a jugar su Grandeza de España por nadie. A todo esto, durante esta escena el conde se va comiendo una manzana. No sé si procede algún tipo de lectura simbólica en plan pecados originales y demás, pero no es la primera vez que se ve a Guadalmedina comiendo fruta mientras habla con alguien.

Olivares y Alquézar comparten algo desde hoy, y es el haber fichado a un sicario para el asunto de los banqueros alemanes ("rendimos pleitesía al Banco Central Europeo", se decía en #MdT2 también esta semana), en una misión que por ahora se ha torcido y mucho, así que se ven obligados a seguir conspirando en común para arreglar el desaguisado. Deciden reforzar las guardias en las puertas de Madrid, lo cual son malas noticias para Íñigo. El rapaz demuestra bastante cuajo al decidir pirárselas por la vereda él solo (hasta Oñate se quiere ir, yendo por toda la orilla) para evitar que se lo cepillen por la muerte de la menina Luisa de Monzón, en lugar de refugiarse bajo las faldas de la Lebri o la espada de Alatriste (que por otra parte suficiente tarea tiene ya).

Malatesta sospecha que la prima de la alemana está metida en el ajo del secuestro de la otra prima, y que el llevarse a la cama al italiano fue parte de ello, así que la tortura un poco. Lo normal en estos casos. A renglón seguido, se revela que la prima secuestrada estaba compinchada con (y enamorada de) su secuestrador.

El mencionado poema de Lope, que María ensaya en el teatro, es este:

Es la mujer del hombre lo más bueno,
y locura decir que lo más malo.
Su vida suele ser y su regalo,
su muerte suele ser y su veneno.

Cielo a los ojos cándido y sereno,
que muchas veces al infierno igualo.
Por raro al mundo su valor señalo,
por falso al hombre su rigor condeno.

Ella nos da su sangre, ella nos cría,
no ha hecho el cielo cosa más ingrata.
Es un ángel, y a veces una arpía.

Quiere, aborrece, trata bien, maltrata,
y es la mujer, al fin, como sangría,
que a veces da salud y a veces mata.

Un tema sensible, el de la fatiguita que pueden dar las mujeres a los hombres, que recuerda a María que no tiene el horno para bollos a ese respecto: en los últimos episodios no ha hecho más que ser usada por los hombres (y a menudo es ella quien lo provoca, para conseguir ciertos fines de ellos, así que no está exenta de culpa en absoluto), y el bajón le pilla de repente, uno que quizá llevaba años gestándose. También a Caridad le pasa con la huida de Íñigo. Dado su pasado como prostituta en tiempos como aquellos, es más que posible que ya haya parido algún hijo, pero en la serie (y en las novelas) no se la ve cuidar de ninguno, así que seguramente haya proyectado en él algún anhelo materno. Añadiendo además a eso el hecho de que Alatriste lleva unos meses seguidos en Madrid, sería lógico que estuviera viviendo mentalmente una fantasía, y una de las del peor tipo, que son las que casi puedes tocar con la punta de los dedos que se haga realidad, para que luego seguramente no ocurra: en su caso sería formar una especie de familia más o menos apacible, con su taberna, su hombre y su rapaz. Alatriste lo arregla (o ahonda más en la herida) de la única manera que sabe: morreostacho al canto. Una de las ventajas que tenía la serie, como concepto, era el de poder ahondar más en los personajes, y más desde que se supo que el alcance se iba a limitar a unos pocos meses, los de la estancia de Carlos en España. Me alegro de que las sucesivas misiones en las que se ven envueltos los personajes (recordemos que esto, desde la primera novela, se llama "las aventuras" del capitán Alatriste, con lo de "aventuras" dicho bien alto y claro) no se coman la construcción de personajes y se encuentre tiempo para darles matices y sentimientos. Hoy esto se ve en estas dos mujeres comiéndose la cabeza y la moral por causa de los hombres en su vida.

Otro de los ejemplos en este sentido es el del dómine Pérez, cuya parroquia de barrio mezcla lo serio con lo humorístico de la misma forma que la vida es una tragicomedia continua: hoy, en medio del acoger a Íñigo a sagrado, el páter encuentra tiempo para echar la bronca a quienes intentan usar el lugar como picadero barato, y sus imprecaciones al oír detalles de la muerte de la menina le pueden hacer parecer un tanto "¿en qué mundo crees que vives?", pero por otro lado su capacidad de sorpresa y su falta de cinismo refuerzan su talante de hombre decente en un lugar de gran importancia social, como es una iglesia de barrio llena de gente necesitada. Es todo un predecesor del padre Príamo Ferro, que en otra novela de Pérez-Reverte, cuatro siglos más tarde dirá: "Mientras una pobre mujer necesite arrodillarse en busca de esperanza o consuelo, mi pequeña iglesia debe mantenerse en pie. Con toda nuestra miserable condición a cuestas, los curas como yo seguimos siendo necesarios... Somos la vieja y parcheada piel del tambor sobre la que aún redobla la gloria de Dios." Así también es el dómine.

Y otra ventaja de las series es el poder encontrar personajes nuevos, de los que uno se puede encariñar a mayores. Uno de los que a mí me molan es Dorotea, la pícara vestida de muchacho con ganas de irse a las Indias (aprovecho aquí para recomendar a quien pueda encontrarlo que se lea 'La monja alférez', de Ricard Ibáñez), y que ya ha tenido un par de desencuentros con Íñigo. Aquí de momento ya se ha hecho su propia banda de malandrines después de casi acabar violada por la anterior, y Alatriste, en plan irregulares de Sherlock Holmes, también la tiene fichada con buen ojo crítico.

Reaparece en escena el cardenal Massimi, a quien yo hacía muerto hace dos episodios (quien había palmado en realidad era el confesor real, de susto real en el confesionario). Trae consigo la aceptación papal a la boda hereje-católica, justo ahora que cada vez conviene menos. La realidad fue bastante más complicada, pero aquí, para simplificar en la ficción, resulta que Olivares ahora no puede usar al papa como excusa para bloquear el matrimonio y tendrá que mojarse ante su temible familia real. Carlos y María, en una conversación que nunca existió, también intentan resumir las idas y venidas del Spanish Match y sus implicaciones religiosas y políticas: él se muestra dispuesto a convertirse, por amor, ella, aún presa de su propia fantasía de convertir a un pueblo entero a la verdadera religión, está encantada con la noticia, y Buckingham hace de intolerante anti-conversión. Por curiosidad, quien quiera leer las condiciones reales que se pusieron a la posible boda hacia mayo de 1623, puede leerlas aquí: http://tinyurl.com/rrelijion

Alatriste y Quevedo se encuentran con Íñigo en sagrado, y el chaval rehúsa decir quién tiene la culpa de lo de la escopeta. Va saliendo testarrón como su amo, y aficionado a que sus cosas son sus cosas. También a meterse en líos por cosas de mujeres, y en este caso obviamente es a Angélica a quien quiere proteger más que a sí mismo incluso.

Mientras, el caso de los alemanes se ha ido aclarando: la esposa del banquero estaba conchabada con su instructor de equitación para fingir un rapto y fugarse. Pero la cosa ha ido tan mal que la esposa está herida grave, su prima muerta y torturada por Malatesta y el marido se ha enterado de todo el fregado. Es más, ahora hasta da recompensa para que los rematen en vez de protegerlos. Alquézar incluso añade una recompensa adicional, no tanto por congraciarse con el banquero alemán sino debido a su reciente hipersensibilidad en el tema cornamental. Malatesta está encantado de la vida con la misión (al menos a su manera), pero sus planes ahora vuelven a encontrarse frente a frente con los de Alatriste. Diego ha encontrado a los alemanes y quiere usarlos como moneda de cambio con Olivares para que perdone a Íñigo. Todo esto acaba, tras unas cuantas revueltas, en un duelo entre Alatriste y Malatesta. Martín Saldaña, testigo privilegiado que sabe que si está atento a estos dos, le resolverán el caso ellos solos, les deja pelear hasta que Alatriste tumba al italiano, y luego los interrumpe, salvando el pellejo de Gualterio. Por cierto, que para quien no lo haya visto ya, merece mucho la pena ver este vídeo del entrenamiento que Aitor Luna hizo con el maestro de esgrima Jesús Esperanza y otro colaborador en preparación para la serie. https://www.youtube.com/watch?v=i85WvHjVJck El asunto de los alemanes acaba arreglado con que el banquero prefiere que la mujer se le haya fugado en secreto y decir en público que se la mataron en España (usando para ello el cadáver de la prima) antes que quedar como cornudo en público. Así que pelillos a la mar y todo el mundo libre.

Íñigo salta la tapia de los Alquézar, que ya llevaba mucho tiempo sin ocurrir, pero en vez de arreglarlo con Angélica lo empeora. Se les ha pegado la tontería de los mayores y se amenazan mutuamente. Por su parte, Asunta, el aya húngara de Angélica y causante verdadera de la muerte de la menina, se huele que igual acaba pillando ella por el asunto y revela a Alquézar dónde está acogido Íñigo. Alquézar vulnera el sagrado entrando con una decena de hombres a por Íñigo. Quevedo y Alatriste les aguantan espalda con espalda y espada con espada justo hasta que aparece Angélica: la niña se ha enterado de lo que hizo Asunta, y escamada por lo mucho que su aya le insiste hoy en que se tome el chocolate, la delata. Para evitar el escándalo público, Asunta acepta la oportunidad que le brindan los Alquézar (tío y sobrina, la esposa no aparece en el episodio) y se suicida con una daga.

En la corte, Felipe IV recibe tan radiantemente feliz a Carlos tras la noticia de su intención de convertirse que al de Gales se le ve un tanto acojonado cuando se empieza a hablar en serio de catequesis, bautismos públicos y ceremonias sin cuento. Steenie Buckingham, mientras, rechina los dientes.

En la posada, Íñigo y Quevedo practican con espadas mientras Caridad le dice al Guaje que está más flaco. Y para acabar, nada mejor que Quevedo citándose a sí mismo:

Amor me ocupa el seso y los sentidos.
Absorto estoy en éxtasi amoroso.
No me concede tregua ni reposo
esta guerra civil de los nacidos.

Explayose el raudal de mis gemidos
por el grande distrito y doloroso
del corazón en su penar dichoso,
y mis memorias anegó en olvidos.

Todo soy ruinas, todo soy destrozos,
escándalo funesto a los amantes,
que fabrican de lástima sus gozos.

Los que han de ser y los que fueron antes,
estudien su salud en mis sollozos,
y envidien mi dolor, si son constantes.

Ideal para recitárselo a María mientras se desnuda.

Citas sueltas:

-Yo no mato mujeres.
-Ningún problema. La mato yo.

-¡Has asesinado a una Menina de España!

-Camino del infierno los hemos dejado. O sea, de Sevilla.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Sab Mar 14, 2015 12:10 am

LADCA 10: Yo mato

La educación de Íñigo en la taberna del Turco continúa. Pero esta vez nada de latines: se trata de barajas, en clase impartida por el licenciado Copons, en concreto 'De cómo no pasarse en las siete y media'. La segunda lección es que aunque te juegues con amigos la daga de tu padre, si pierdes hay que pagar la deuda. "Pero por favor, no le digas nada al capitán". Y es que Alatriste nunca ha sido el más honesto ni el más etcétera, pero nunca ha sido tampoco aficionado al juego, o al menos solo lo suficiente para tocarle la moral a Copons. "No juegues, pero si juegas gánales", es el consejo final de Alatriste al respecto para Íñigo. Mientras, en el piso de arriba, Caridad vuelve a estar de morros: "¿Cuándo pensabas decírmelo?", suelta un tanto tramposamente, a ver qué pesca, pero Alatriste tiene la veteranía de preguntar a qué se refiere, antes de mojarse. Y lo que pasa es que Diego ha decidido volver a alistarse en los tercios. Aunque en la serie no se ha dicho, las novelas comienzan con un Alatriste recuperándose de una herida aún fresca, y por eso en este momento Diego no está en el frente. La llamada Tregua de los Doce Años con los rebeldes holandeses acabó en 1621, hace dos años en cuanto a la trama de la serie respecta, y aún le queda bastante cuerda a un conflicto que no por nada se llamó la Guerra de los Ochenta Años. "¿Y qué quieres que haga?", pregunta él. "Lo sabes de sobra", responde ella. Morreostacho, obviamente, para ella símbolo de esperanza y casi de promesa, y para él método de echar balones fuera por ahora. Y no contenta con eso, Caridad se opone a que Íñigo también se vaya con ellos. Verdes la ha segado.

En el Spanish Match, recordemos que acaba de llegar el permiso papal para la boda católico-hereje, y las negociaciones se centran ahora en intentar conseguir el golpe maestro: que Carlos se convierta al catolicismo e incluso que se bautice en Madrid. Buckingham, que hasta ahora ha cedido a todas las últimas peticiones de Madrid ("sea, sea, sea"), intenta escurrirse de esta última y proponer que se bautice en Londres ("su padre el rey querrá estar en el bautizo", intenta ayudar Alquézar, un tanto pueblerinamente). Y tanto intenta escurrirse Buckingham que Olivares sospecha que la intención de los ingleses es prometer cosas que luego no cumplirán cuando se vayan. Siguen varias proclamas en torno al valor de la palabra de un inglés, y de si allí es el parlamento o el rey quien manda. La verdad es que en los dominios de Jacobo I el parlamento tenía mucha más fuerza que en los de Felipe IV, y de hecho una de las motivaciones británicas para el intento de boda era que el dinero que llegara de España junto a la novia y a la mejora de relaciones podría permitir a la corte inglesa gobernar sin tener que depender de lo que votara su parlamento en cuestiones económicas. De ahí que el embajador, conde de Bristol, tenga tantas ganas de pasar al tema de la dote.

Con su rival Luisa, la Menina de España, muerta, Angélica ha vuelto a recuperar la confianza principal de la infanta María Ana, cosa que refuerza teniéndola al día de lo que se va enterando de las negociaciones. María Ana aún tiene su idea romántica de que Carlos se convierta por amor... por amor a Dios, claro, que una es una princesa. Por su parte, Carlos sigue haciendo de príncipe enamorado hasta las cachas, pero no tanto como para convertirse, y confiesa a Steenie (otra vez hablando los dos en español con acento) que "si tengo que convertirme lo hago, y luego en Londres es otra cosa". En realidad Carlos jamás estuvo siquiera cerca de querer convertirse, pero en alguna de sus cartas a casa sí que se puede detectar alguna indirecta en plan "...y bueno, supongo que esto no colaría, ¿no?", pero eso fue todo. Al menos, que se sepa históricamente, que para eso está luego la ficción.

Picado por la partida de siete y media que ha perdido con Alatriste, Copons tiene como punto de honra pagarle a Alatriste ese mismo día los cuatro escudos que le debe, y cuando un panadero local llega a la taberna con "un trabajito" para Alatriste (asustar a un pretendiente) que Diego rechaza, Copons se ofrece de pinchador de pisaverdes. El panadero duda, pero Copons se define como hombre de "menos escrúpulos y más necesidad" que Alatriste y se agencia el trabajo.

Quevedo ha escrito malas críticas sobre las actuaciones de María de Castro (y esto que cada uno se lo tome como quiera), y ella reacciona pidiéndole a Alatriste que le dé "un escarmiento a Quevedo" o "no te quiero ver más", y a Cózar que le pida "una satisfacción". "¿Es que ya no quedan hombres en esta corte?". Auch. Vaya diva nos ha salido la Castrovenko. "Eso digo yo, ¿no queda ninguno, que tienes que recurrir a tu marido?", repone Cózar, realzando la nota que siempre toca de "cornuto contento" y hasta sarcástico de sí mismo.

Íñigo no solo se quiere ir a la guerra sino que se quiere llevar consigo a una novieta/esclava/ama de casa que haga cosas de mujeres, en la persona de Dorotea la cortabolsas. "Que te friegue tu amiga la damisela", le responde ella. En estas llega el dómine Pérez a interrumpir con la cuarta declinación y se lleva al zagal agarrado de una oreja. Dorotea se va a vagabundear por ahí, con la fortuna (buena o mala) de presenciar el momento en el que Malatesta mata al nuncio Massimi (o en esta versión de la historia, Mazzini) por encargo de Bocanegra, que no puede soportar que haya traído de Roma el permiso del papa para la boda. Malatesta descubre a Dorotea, ésta se apaña para zafarse de él y hasta llevarse su daga, y entonces aparece por allí Copons, que venía a lo del encargo del panadero. Viendo el cadáver del nuncio, lo desvalija de un par de joyas y al salir de allí se encuentra a Saldaña y sus corchetes, que lo arrestan. Claramente, lo del panadero era todo una trampa de Bocanegra/Malatesta para cargarle el asesinato del nuncio al contratao que pasara por allí, y recordemos que el elegido en principio era Alatriste.

Por su parte, Cózar se ha tomado en serio lo de hacer algo respecto a las críticas de Quevedo, y ahora descubrimos un motivo adicional: que el autor de la obra criticada era él mismo. Cuando ambos se encuentran para hablar del tema, la cosa acaba casi en farsa: Cózar comete el error de ofrecer dinero a Quevedo para que cambie de opinión, este se lo toma como un insulto ("queréis que os dé placer a cambio de dinero, es decir, que me estáis llamando puta"), y en un bochornoso duelo (Cózar por lo poco donoso, Quevedo por lo borracho que iba, pota incluida delante de la taberna) el actor acaba por los suelos apaleado además de cornudo.

Íñigo sigue empeñado en pavonearse como futuro soldado ante las nenas, y habiendo fracasado mayormente ante Dorotea, ahora lo intenta con Angélica, que recibe la noticia muy en plan como es ella: le prohíbe que se vaya ("no te lo permito") porque a lo mejor "quiero ser yo quien te quite la vida... yo te he salvado la vida y la perderás cuando a mí me dé la gana". Y para que no la olvide, Angélica le hace una quemadura en un brazo con el gancho de la lumbre, y luego se la besa (la quemadura). Afortunadamente, entra la tía Teresa a interrumpir, Íñigo se las pira y la tía encierra a Angélica en la bodega, diciéndole "aleja de ti el pecado". "¿El pecado? ¿Me lo dices tú, furcia?" Un tanto crudo, pero no le falta razón, la verdad. Sin embargo, el tito Luis toma partido contra la niña, le echa un sermón sobre la honra de ser un Alquézar, amenaza con meterla en un convento y finalmente la azota. Por otra parte, el pavoneo de Íñigo parece estar funcionando, ya que Dorotea le regala a Íñigo la daga que le robó a Malatesta, que hasta lleva una inscripción en italiano, 'Io uccido' ('Yo mato', el título del episodio).

Alatriste y Quevedo van a casa de Saldaña a ver qué pueden hacer para salvar a Copons, y allí se enteran de dos cosas: una, que a Copons lo van a ejecutar al día siguiente, y otra, que a Saldaña le pone los cuernos su mujer, ya que la pillan con otro en plena faena. En las novelas Saldaña debe incluso su cargo a sus cuernos, que lleva con consentimiento, pero sin permitir que nadie le mire ni de medio lao al respecto. Aquí el enfoque parece diferente.

Tras la muerte de Massimi/Mazzini, Felipe, tan supersticioso como siempre, se lo toma todo como una señal divina, y mete a Bocanegra a sustituirlo como representante en las negociaciones con los ingleses. Buckingham se lo toma como un obstáculo definitivo y empieza a mencionar a Carlos que lo mejor sería irse yendo, que esta gente querrá acostarse. Carlos se niega.

María sigue emperrada contra Quevedo, y como ni Cózar ni Alatriste vengan su afrenta, ahora pica a Guadalmedina, que tampoco se apunta: "De ahí salgo o muerto o con un soneto a mi costa, y no sé cuál de las dos cosas prefiero, la verdad". Así que como ya no quedan hombres, María se asoma ella misma por la taberna, donde a pesar de decir que Diego ya no le interesa, Caridad le mete un par de derechazos ("el burdel está dos calles más abajo" y "pensaba que la lengua era tu especialidad").

Malatesta le echa el guante a Dorotea en busca de su daga, Íñigo la salva, luego ella lo salva a él, y después del susto se dan un piquito (aquí el que no se monta un trío amoroso lo despiden). Viendo las cosas feas, deciden derle la daga a Quevedo, que pide a Dorotea declarar ante Olivares. Por su parte, usando la excusa de despedirse de Copons, Alatriste, Vicuña y el dómine consiguen que Saldaña les deje pasar a verlo. Una vez en la celda, el dómine ("que Dios me perdone") saca un montón de armas de debajo del hábito y se intentan fugar llevándose al aragonés. Tras unas cuantas estocadas y algún extra muerto, llega Quevedo con el perdón de Olivares y se pueden ir todos para casita tranquilamente. Sebastián Copons es uno de los personajes más estimados de la saga (me atrevo a decir que tanto en la serie como en las novelas, a pesar de la diferencia de personalidad entre ambos), y aquí se demuestra cómo tanta gente se ha puesto manos a la obra para intentar salvarlo, incluso por dos vías diferentes.

Olivares aprovecha el papel de Malatesta en el lío para apartar a Bocanegra de las negociaciones con los ingleses y Saldaña le pega un tiro al amante de su mujer en plena fuga. Como no le ha visto la cara, él le pregunta su nombre a la esposa, y esta dice... "Alatriste".

Juargs.

Notas sueltas:

-Actrices... Putas que saben leer.
-¿Y tú, sabes leer?
-A ti sí.

-¿No decíais que la obra era una porquería, la actriz mediocre y ni siquiera se la entiende?
-Es de Flandes.
-¿Qué pasa, que no hay suficientes putas en Madrid, que ahora hay que traerlas de Holanda?

(Con las dos citas anteriores se podría hacer un comentario en plan meta sobre de quién o de qué situación está hablando Caridad exactamente, pero no vamos a ser malos)

-Mejor morir de una estocada que de hambre y miseria.
-No creo que tú mueras de hambre, Copons, que comes por cuatro.

-Yo solo conozco dos formas de decir no, y una la he usado ya.

-Si quisiera una mujer que me abroncara estaría casado.

-Yo soy hombre de pocos vicios, y cristianos.

-Tengo una duda que me corroe... Es que no sé si es pecado.
-Generalmente, lo es.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Sab Mar 21, 2015 9:50 pm

LADCA 11: La muerte de Martín Saldaña

La trama de la hermana monja hereje de María de Castro llevaba un tiempo ahí aparcada, y ahora vuelve a la palestra: en el comienzo del episodio María sale a la calle, muy en plan caperucita roja, como acostumbra, y se encuentra un ominoso palo para hogueras (por cierto, que en el juego de las múltiples comparaciones entre LADCA y EMDT, Aura Garrido tiene papel dual, como monja en una y universitaria adelantada a su tiempo en otra).

En el corral de comedias se representa una escena sin diálogo en la que Cózar interpreta a un marido cornudo que llega a casa y se encuentra a su legítima con un espadachín arma en ristre. El arte imitando a la vida, etc. Quevedo y Alatriste intercambian alzado de cejas. Al menos, la actriz del escenario no es María, sino otra, o ya sería demasiado recochineo. Quevedo, que está mosca con Cózar, cuyos versos considera ripios, está deseando que empiece lo de Lope. Esta vez toca 'Las bizarrías de Belisa':

[Salen Belisa con vestido entero de luto galán, flores negras en el cabello, guantes de seda negra y valona, y Finea. (Belisa rompe una carta que tiene en la mano)

Finea: ¿Así rasgas el papel?
Belisa: Cánsame el conde, Finea.]

Por su parte, queda pendiente el tema desde el episodio anterior de Martín Saldaña y la mentirosa de su mujer, que le dijo a su marido que su amante era Alatriste. ¿Será el título del episodio spoiler o cebo? Por el momento, se aparece Saldaña por la taberna con cara de pocos amigos a esperar a Diego. Todo esto mientras hay comedia con la Castro a la vez, así que ¿donde si no va a estar Alatriste? Menudo investigador nos ha salido. Además, la representación resulta noticiosa porque María, con la cabeza en lo de su hermana, se olvida de sus frases durante este parlamento y no acaba la obra, que ha de suspenderse con canónico lanzamiento de verduras:

Una tarde, cuando el sol
dicen que en el mar se esconde
y se le ponen delante
las cabezas de los montes,
cuando por aquella raya
que con varios tornasoles
divide el cielo y la tierra
y los días y las noches
nubes de púrpura y oro
van usurpando colores
a las plumas de los aires
y a las ramas de los bosques,
iba sola con Finea,
amiga Celia, en mi coche,
tan sol de mi libertad
cuanto luego fui Faetonte.

Alatriste, obviamente, se va al "backstage" a ver qué pasa con la diva. Quevedo, mientras, dice parte de este soneto suyo a Íñigo:

A fugitivas sombras doy abrazos;
en los sueños se cansa el alma mía;
paso luchando a solas noche y día
con un trasgo que traigo entre mis brazos.

Cuando le quiero más ceñir con lazos,
y viendo mi sudor, se me desvía,
vuelvo con nueva fuerza a mi porfía,
y temas con amor me hacen pedazos.

Voyme a vengar en una imagen vana
que no se aparta de los ojos míos;
búrlame, y de burlarme corre ufana.

Empiézola a seguir, fáltanme bríos;
y como de alcanzarla tengo gana,
hago correr tras ella el llanto en ríos.

En el "camerino", Alatriste aparta a Cózar de la puerta y se mete él a consolar a María. Esta aún lleva el traje de luto que requiere la obra que representaba, subrayando su ánimo fúnebre en ese momento. Le llora a Diego sobre el tema, y él pone cara de misión imposible que él va a hacer posible. Para empezar, le pide a María el collar aquel con el que la infanta María Ana le prometió hacerle un favor para recompensarle el haberla salvado cuando lo de la emboscada en su intento de boda clandestina con el príncipe Carlos. Cuando Diego sale de allí, es el turno de que entre Guadalmedina al consolatorio. Alatriste se va para la taberna tan tranquilo, y de repente Saldaña le larga un mandoble y le conmina a sacar "la espada, cojones". Se ponen a luchar, Alatriste simplemente parando y esquivando mientras intenta pensar qué mosca le ha picado a Martín, hasta que ya se harta y lo hiere en el hombro. Es la secuencia de esgrima más conseguida que ha rodado la serie hasta ahora. No sé si todo se ha rodado en orden cronológico, pero si es así, desde luego que se nota la práctica que los actores han tenido durante meses con sus maestros. Cuando por fin Saldaña suelta la razón de su cabreo, se va acompañado de Copons, mientras que Caridad se vuelve para la posada con mirada furibunda de "el cabrón este ya me la ha pegao otra vez" y tira las cosas de él por la ventana. "Es lo que tienen los cuernos", filosofa Quevedo, "que uno se arranca detrás de la primera capa que se agita". Alatriste busca y aborda a la esposa de Saldaña por la calle, la amenaza espada al cuello para que le diga quién es su amante, pero ella no suelta prenda. Y aquí a Diego se le interponen las reglas: nada de maltratar mujeres, así que la deja marchar (en las novelas sí lo ha hecho alguna vez, hasta cierto punto, y cuando las apuestas eran más altas, desde luego).

En casa de los Alquézar, mientras, hay planes de boda también: le han buscado a Angélica, que ya está en edad de merecer, a un tal Antonio Carrión, hijo de comerciantes de telas toledanos, sin títulos ni grandezas pero muy ricos. Angélica pone morros a casarse con un plebeyo, pero su tita le recuerda que Íñigo no es precisamente un príncipe. Así que es esto o el convento, le dice. "A mí las dos opciones me parecen bien... aunque me apetece más la segunda". La muchacha se queda mirando ominosamente una muñeca y al fuego de su chimenea. Al día siguiente invita a Íñigo a su coche de caballos, le cuenta la movida y le come el tarro para que como futuro capitán y miles gloriosus que va a ser, luche por ella. Y no se anda con chiquitas: "Mátalo, Íñigo, mátalo si me quieres de verdad". El zagal a su vez busca una prueba de amor de ella, un besito o algo, pero la moza pasa mucho.

Secuencia onírica habemus. Felipe IV sueña con su padre, Felipe III, sentado a la lumbre quejándose de frío y pidiéndole que nunca deje que su hermana se case con un hereje. Como sueño no es muy sutil, la verdad (y además es históricamente cierto que Felipe III murió, entre otras cosas, de un frío mal curado). A la mañana siguiente, cuando toca firmar las capitulaciones para la boda real, con permiso papal y claudicación inglesa incluidos, se raja con la pluma ya sobre el papel. Carlos reacciona con una carita de pena que da a su vez pena. "Esperaremos lo que haga falta", dice a la infanta con esos ojitos azules. María Ana, por su parte, reacciona dolida y digna al mismo tiempo. Es una lástima que nada de esto fuera así en la realidad, porque ambos actores al menos le echan convicción a sus papeles. Por de pronto, la infanta continúa con sus clases de inglés: "Guat diu yu guant", y así, pero es el peor momento posible para que Quevedo se le presente allí con el collar y el favor que le debe a Alatriste, así que ni siquiera recibe al poeta. Entonces Íñigo se ofrece a intentarlo vía Angélica, cosa que no acaba de gustar a Quevedo ni al capi, pero aceptan.

Entre medias de todo esto, el dómine Pérez está empeñado en que todos se lleven bien (sobre todo Diego y Caridad), así que se va a ver a Saldaña, que está convaleciente del puntazo que le dio Alatriste. Despertando entre sudores y viendo la cara de un cura encima de él, pregunta: "Coño, ¿tan mal estoy?". Pero el dómine no viene a dar extremaunciones, sino a acompañar a Caridad, que tiene experiencia de haber atendido a soldados en campaña y viene con un ungüento o algo (y también a echar un vistazo a la que cree su competencia). La posadera se extraña de que Martín tenga tanta fiebre por una herida que no parece infectada, y la esposa de él, Sagrario, parece muy interesada en que se beba su chocolate. En esta serie el chocolate tiene mucho peligro, como sabemos, y no es casualidad que el goloso del páter sea quien sospeche de dicha bebida ahora. Sagrario rechaza probar el chocolate, Diego saca la espada a pasear, y al final uno de los criados, que se hacía pasar por médico, acaba confesando el nombre del amante, el marqués de Riofrío, que intentaba envenenar a Saldaña conchabado con la esposa.

Llega noticia a Madrid de que el papa ha muerto, y Olivares usa la excusa para retrasar el matrimonio, ya que hay que pedir otra bula y tal y cual. Buckingham, hartito ya de tanto vuelva usted mañana, propone un pacto de prometer boda y luego no cumplirla. Mientras, ha vuelto de París la primamante de Richelieu, esta vez con un retrato de una candidata francesa para Carlos (con que que finalmente se casará), y renueva sus relaciones (de esas y de las otras) con el duque inglés.

Angélica por fin le da a María Ana, Infanta de España, la nota y el collar de Alatriste para ella, y esta se ve obligada, como Infanta de España que es, a intentar cumplir su palabra, aunque sin promesas. Con su costumbre de convertirlo todo en una bonita historia de amores, se muestra impresionada por el gesto de que Alatriste gaste su favor en ayudar a María, y pregunta a Angélica si alguna vez ha sentido ganas de dejarlo todo por amor. Vaya con la preguntita, precisamente ahora. Porque a todo esto, el tal Antonio Carrión, hijo del telarero, resulta ser un mozo no mal parecido y bastante cortés, y tras conocerlo, Angélica ha prometido a su tía obececer y casarse con él. Sí, sí, ya, ya. Íñigo se va a por él en mitad de la calle, todo alatristesco, incluso en lo de "mi nombre es cosa mía", empuja a su criado y lo reta a un duelo en los caños de Peral, como mandan los cánones y las personas mayores.

María Ana hace la petición del favor a Felipe (al entrar está a punto de pillarlo mirando estampitas pornográficas, que el rey de medio planeta se apresura a esconder en un libro). Felipe intenta escurrirse, porque liberar a sor Inés es un favor que iría contra la Inquisición, pero la Infanta de España menciona, así como soslayadamente, que Inés es hermana de María de Castro, la churri esa tan jamona que te lleva Guadalmedina a ver al teatro, y entonces Felipe IV el Salidillo cambia de opinión y ordena a Bocanegra liberar a la monja. Es bueno ser rey.

La vida sentimental de Íñigo ya va siendo tan complicada como la de su amo ("amo", por cierto, es como él llama a Alatriste en las novelas), y ahora resulta que al duelo que ha montado para impresionar a una nena (Angélica) se lleva de padrino a otra nena (la mangui Dorotea). Llega Antonio, que antes de empezar el duelo se quita su capa azul celeste y la dobla cuidadosamente varias veces. Mientras, Íñigo se deja de remilgos y usa la suya para protegerse uno de los brazos e intentar usarla como estorbo para el contrario. El rapaz desarma a Antonio, le dice que pase de Angélica, el pavo se va despavorido y Dorotea besa a Íñigo. "Por imbécil", dice a modo de excusaplicación. Los Carrión se las piran de Madrid, y Angélica se regodea con el fracaso de su tía: "Si tanta necesidad de dinero tiene, sé de un sitio donde se le paga muy bien lo que vuestra merced les ofrece... aunque, la verdad, no creo que nadie pague mucho por ello".

El criado falso-médico ha hecho creer al de Riofrío que Saldaña está muerto o en camino, y tras matar al criado (vía Malatesta) el marqués se presenta en casa del alguacil para fugarse con su viuda. Sin embargo, esto es una trampa, y Saldaña está vivo, aunque con el brazo en cabestrillo. Alatriste se deshace de dos esbirros, Saldaña se ocupa del marqués, y afuera, Malatesta se las ve con Copons ("Eh, tú, Macarroni, ¿adónde te crees que vas?"), aunque sin mucha fortuna, porque acaba siendo usado de rehén por el italiano. Cuando el cadáver del marqués cae por la ventana, Malatesta reacciona más con fastidio profesional que otra cosa: "Capitán, vais a ser mi ruina: aún no me había pagado". Deja ir a Copons y se va justo antes de que lleguen una mano de corchetes y/o soldados. Saldaña se declara autor de todas las muertes por derecho de cornamenta, y santas pascuas.

Finalmente, sueltan a Inés de su celda, no sin que Bocanegra suelte un parlamento sobre la ira de dios y blablablá. Íñigo le pide a Angélica su beso de recompensa, pero tampoco se lo da, porque no ha matado al Antonio, sino que solo lo ha espantado. Íñigo vuelve a donde Caridad, y allí se encuentra con que como recompensa por lo de la carta y el collar, los de la taberna, de regalo del amigo invisible, le han comprado una espada de verdad. El episodio acaba con María abrazando agradecida a Alatriste. En el coche de caballos que la traía está Guadalmedina, con cara de "esta noche te toca el polvo con ella a ti, que te lo has ganado, pero no te acostumbres", mientras que Diego lo ve marcharse con cara de "a lo que me acostumbre es cosa mía". Mientras, María le está pidiendo irse juntos de Madrid, ahora que la hermana está libre.

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Mensaje por Redsonja » Dom Mar 22, 2015 1:22 pm

Esa mirada largamente mantenida en primer plano de Diego, como escena final... "este hideputa sabe algo y ese algo me va a joder más que los cuernos a Saldaña". Los que sabemos el precio de la liberación, ¿no escuchastéis algo así como en voz en off viendo la expresión de su semblante?.

A mi me sigue enamorando este Alatriste. La Serie está muy bien llevada (obviando defectos de fabricación) y por mi, podrían llevarla perfectamente hasta Venecia.

Lo que mejora Iñigo en maneras lo sigue destrozando Angélica en interpretación. Si pudiera la difuminaria cómo en el capítulo ese de Black Mirrow. La o-di-o.

Metiendo a Malatesta en todos los saraos, mantienen su personaje de cazarecompensas perfectamente encajado en la historia.

Como me gustaría que siguieran con la serie.
yo pongo una espada y una mirada.. y vosotros ponéis el resto...

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Mensaje por Ada » Mié Mar 25, 2015 6:09 pm

Parece que Telecinco ha cancelado los capítulos que quedan hasta nuevo aviso. Hoy sólo ponen GH
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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