588 - 10.10.2004 - Ya no hay canallas así

Los artículos de la columna de Pérez-Reverte en ‘El semanal’ y otros escritos suyos

Moderadores: Targul, Mithrand, Moderadores

Responder
Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14268
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

588 - 10.10.2004 - Ya no hay canallas así

Mensaje por Rogorn » Vie Feb 08, 2008 10:16 pm

YA NO HAY CANALLAS ASÍ

Lo juro por mis muertos más frescos: ayer por la noche pasé hora y media de absoluta felicidad, sentado en una butaca del teatro Bellas Artes de Madrid. Todavía esta mañana, al mirarme al espejo, tenía una sonrisa de bobo en la cara. Porque la obra es magnífica. Se llama ‘La cena’, escrita por Jean Claude Brisville e interpretada por Josep María Flotats y Carmelo Gómez. Y me siento a darle a la tecla, impresionado aún. Les debo esta página al autor, a Flotats, a Carmelo. El texto, traducido por Mauro Armiño, es extraordinario; de una inteligencia y elegancia extremas. Y los intérpretes lo bordan. Teatro de verdad. Actores de verdad. El local estaba lleno y lo seguirá estando, supongo. Cualquier espectador, cualquier lector que tenga esa joya a mano y no vaya a verla –soltando, eso sí, la escalofriante suma de veintitantos mortadelos por butaca– merece ‘Salsa rosa’, ‘Crónicas marcianas’ y ‘Gran hermano’ para el resto de su puta vida.

El vicio del brazo del crimen, en afortunada y clásica descripción de Chateaubriand: Talleyrand, ex ministro de Exteriores de Napoleón, y Fouché, ex jefe de su policía. Dos animales políticos astutos, implacables, crueles, extraordinarios, que sobrevivieron y prosperaron en aquellos tiempos turbulentos bajo distintos amos y regímenes: la república, el directorio, el consulado, el imperio napoleónico y la restauración borbónica. Dos tenebrosos talentos, dos mentes maestras en la intriga y el chantaje, enfrentadas en una supuesta cena en la noche del 6 al 7 de julio de 1815, en un París ocupado por los vencedores de Waterloo, con una Francia a disposición de quien se apodere de ella. La finura de buena cuna, la ironía y la sutilísima inteligencia de Charles Maurice de Talleyrand, la serpiente diplomática, frente a la astucia perversa, la ambición arribista, la implacable eficacia del lobo carnicero y policial que encarna el sombrío Joseph Fouché. Dos supervivientes natos, dos genios cínicos que desnudan uno ante otro, por necesidad, por supervivencia, los infernales mecanismos del poder de entonces, y de siempre. Y eso, que resulta fascinante para cualquier espectador, intensifica el interés, y el goce, de quien conozca media docena de lecturas útiles para completar personajes y contexto: las memorias de Talleyrand, las de Fouché, las de Godoy, las de Metternich, y la espléndida biografía talleyrandesca de Louis Madelin, entre otras. Y sobre todo, la reveladora, breve y perfecta de Fouché que escribió Stefan Zweig, intuyendo claramente, el pobre, por quién sonaban las campanas.

Pero sobre todo, viendo hablar y moverse por el escenario a esos dos titanes de la política, el espectador español se ve enfrentado a una reflexión inquietante y sombría: mientras Francia tenía a Fouché y a Talleyrand, Austria a Metternich e Inglaterra a Pitt, España tuvo a Godoy, principe de la Paz y ministro universal, cuyo mérito principal –Trafalgar e invasión napoleónica aparte– consistió en hacerle la pelota al rey y calzarse a una reina más golfa que María Martillo. Y a continuación, para rematar el paisaje, vino un vil zurullo llamado Fernando VII, con el canónigo Escóiquiz apuntándole al oído a quién tenía que encarcelar y a quién tenía que fusilar. Quiero decir con esto que, hasta en el reparto de malvados, a los españoles nos tocaron siempre los desechos de tienta y los mierdas sin remedio. Aquí, hasta para mentir, robar, manipular, nuestros hombres públicos fueron –y lo siguen siendo–, salvo contadas e ilustres excepciones, bajunos, mediocres, torpes, y a menudo analfabetos de cultura kleenex sin clase ni luces.

Por eso, anoche, sentado en mi butaca, no pude menos que envidiar a quienes, en la nómina de su historia, cuentan con sólidos malvados como Talleyrand y Fouché: monstruos políticos sin escrúpulos, pero con la grandeza de un talento inmenso que les permitió mover los hilos del mundo. Ahora son otros tiempos, otras morales al uso, y ya no hay canallas así. No estoy seguro de si por suerte o por desgracia. Fíjense en el imbécil de Bush. Pero aquellos dos son referencia imprescindible. En cuanto a nosotros, apostaría a que nueve de cada diez políticos españoles no saben quién fue Fouché, o Talleyrand; y encima están convencidos de que ni maldita falta les hace. Si éste fuera un lugar serio, ‘La cena’ debería representarse en el Parlamento, con asistencia obligatoria de la peña que allí se busca la vida. Para que se les caiga la cara de vergüenza.

El Semanal, 10 de octubre de 2004

Avatar de Usuario
Hanibal
Mensajes: 501
Registrado: Jue Mar 02, 2006 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Hanibal » Vie Feb 08, 2008 10:22 pm

Vaya, ¿esa obra se sigue representando?
"Vivimos como soñamos, solos"

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14268
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Vie Feb 08, 2008 10:30 pm

Siempre se puede buscar, aunque lo dudo. La Patente es de hace cuatro años. Carmelo incluso ha hecho 'La carta esférica' desde entonces, jeje. Seguramente esté publicada en libro.

Avatar de Usuario
Hanibal
Mensajes: 501
Registrado: Jue Mar 02, 2006 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Hanibal » Vie Feb 08, 2008 10:34 pm

okis, gracias ;)
"Vivimos como soñamos, solos"

Avatar de Usuario
Carlota_Bruner
Mensajes: 482
Registrado: Jue Nov 29, 2007 12:00 am

Mensaje por Carlota_Bruner » Vie Feb 08, 2008 11:47 pm

Gracias Ro!
"Fue como si hubiera caído un rayo a sus pies, y ya jamás pudo resignarse"

Avatar de Usuario
koora_linax
Mensajes: 3032
Registrado: Sab Sep 02, 2006 11:00 pm
Ubicación: Córdoba

Mensaje por koora_linax » Sab Feb 09, 2008 2:30 pm

Ya que ultimamente hablamos de "gastronomía" en algunos post, no estaría de más decir algo de C. M. de Talleyrand y su relación con la cocina. Este artículito lo he bajado del blog que tiene mi hermano Paco sobre el saber para comer.

CHARLES MAURICE DE TALLEYRAND ( 1754-1838)

«El único rey al que no he traicionado ha sido el rey de los quesos: el queso de Brien». ( Charles Maurice de Talleyrand )

A lo largo de la historia han existido personajes que, han pasado a la posteridad por su relación con la cocina, con la gastronomía; los ejemplos serían innumerables pero seguramente ninguno equiparable a Charles-Maurice de Talleyrand.
Talleyrand, que sirvió a lo largo de su vida pública a la República, al Directorio, a Napoleón y a Luís XVIII, fue varias veces ministro de Asuntos Exteriores, y siempre mantuvo que para el éxito de las negociaciones era más importante contar con buenos cocineros que con buenos diplomáticos. Naturalmente, él tuvo a su servicio al mejor de su época, Antoine Careme. Sabemos de su delicadeza, de su exquisitez, como sabemos que volcaba todos sus esfuerzos, tanto gastronómicos como diplomáticos, en las cenas.
Príncipe de Benevento, Obispo de Autun, Ministro francés y embajador, a quien la gastronomía ayudó mucho. Él recibía cada mañana el proyecto de la minuta de una sola comida que tomaba, que era la cena. Para cenar tenía ordinariamente, diez o doce invitados y la minuta se componía de sopas, dos platos de pescado, cuatro entradas, dos asados, cuatro entremeses y los correspondientes postres. Además de ser un extraordinario gastrónomo y anfitrión, Talleyrand fue también un buen conversador. La mesa y la sobremesa de Talleyrand eran tan importantes casi como su cocina, como su calidad de gourmet. Pensaba que una forma de gobernar era mediante la mesa. Talleyrand decía que un buen cocinero era más importante en el momento de las negociaciones que los mejores diplomáticos En una ocasión Napoleón le preguntó cómo había llegado a ser el mejor conversador de su época. A lo que Talleyrand respondió: "Bien, señor, del mismo modo que su majestad escoge a poder ser el campo de batalla para librar su combate, yo escojo también el terreno de la conversación." No es de extrañar, pues que haya pasado a la historia como uno de los grandes diplomáticos, como un hombre que ha sido el ornato de cualquier mesa porque unía el refinamiento del gastrónomo, la autoridad irreprochable del anfitrión y la soberbia inteligencia del conversador. Tenia fama, no obstante, de ser personalmente sobrio, durante el dia sólo tomaba varias tazas de infusión de manzanilla y en la cena sólo consumía la sopa, pescado y un plato fuerte : filete de corazón de ternera o costillas de cordero asadas. No tomaba postre y bebía vino de Burdeos y un poco de Jerez.

Gracias Rogorn :wink:
"Al final lo que está en juego es como vivir con el desorden". Arturo P-R

Responder