894 - 22.08.2010 - El vasco que humilló a los ingleses

Los artículos de la columna de Pérez-Reverte en ‘El semanal’ y otros escritos suyos

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vetinari
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Mensaje por vetinari » Jue Ago 26, 2010 9:03 pm

lansquenete escribió:Qué interesante, Koora!


Creo que me confunde usted con otra, caballero :D :D :D :D :wink:

Y lo que me pareció entender es que el ayuntamiento de Rentería sí que envíó los libros sobre don Blas a escuelas y bibliotecas, por eso me da mucha curiosidad ver en qué tono está escrito el libro. Porque si es historicamente coherente, sería una agradable sorpresa el gesto del ayuntamiento.
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lansquenete
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Mensaje por lansquenete » Jue Ago 26, 2010 10:52 pm

Ups! Eso por no prestar atención. Mil disculpas, Veti! :oops:
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Alberich
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Mensaje por Alberich » Jue Ago 26, 2010 11:12 pm

Y lo que me pareció entender es que el ayuntamiento de Rentería sí que envíó los libros sobre don Blas a escuelas y bibliotecas, por eso me da mucha curiosidad ver en qué tono está escrito el libro. Porque si es historicamente coherente, sería una agradable sorpresa el gesto del ayuntamiento.


MUY MUY agradable sorpresa
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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Sep 06, 2012 1:04 pm

En la revista Historia y vida de este mes (Septiembre de 2012) hay un articulo de 6-8 paginas sobre Blas de Lezo. Si alguna persona tiene especial interés que me lo haga saber
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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vetinari
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Mensaje por vetinari » Jue Sep 06, 2012 3:58 pm

¡¡¡¡¡¡¡Servidora!!!!!!

Por cierto ¿sabéis que en la iglesia de Lezo está uno de los pocos crucificados lampiños del mundo? Este año no hemos podido ir a verlo en directo, pero el que viene cae fijo.
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grognard
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Mensaje por grognard » Jue Sep 06, 2012 4:40 pm

vetinari escribió:Por cierto ¿sabéis que en la iglesia de Lezo está uno de los pocos crucificados lampiños del mundo?

Como se entere la señora de Borja le pone barba en un pis pas.

Adeletheresa61
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Mensaje por Adeletheresa61 » Jue Sep 06, 2012 8:38 pm

Gracias por poner la patente. Me he gustado mucho. Fascinante historia!

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Ginebrino
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Mensaje por Ginebrino » Vie Sep 07, 2012 6:55 am

Blas de Lezo Rules!!! XD
-Mi Tcol, esto es un desastre! Falta de todo: Morteros, chopos, ballonetas, acémilas...
-Si se fija bien, verá que también faltan soldados.

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nexus6
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Mensaje por nexus6 » Dom Oct 28, 2012 12:38 pm

ABC.es

Blas de Lezo, el almirante español cojo, manco y tuerto que venció a Inglaterra
Este marino consiguió resistir el ataque de la segunda flota más grande de la historia (195 buques) con sólo seis navíos en Cartagena de Indias
MANUEL P. VILLATORO 26/10/2012

Imagen
JAVIER TORRES.
Blas de Lezo, el héroe español que humilló a la armada inglesa

Valiente, honorable, buen estratega… muchos son los adjetivos que se pueden aplicar a grandes héroes como el almirante Nelson, cuyo nombre aún resuena en Gran Bretaña. Sin embargo, también son características de las que pudo presumir Blas de Lezo, un oficial tuerto, cojo y manco de la marina española que consiguió resistir el ataque de 195 navíos ingleses con apenas 6 barcos durante el Siglo XVIII.

Esta historia, digna de salir en cualquier película de la conocida saga «Piratas del Caribe», es una de las muchas en las que se ha demostrado la capacidad estratégica de la marina española de la época. Sin embargo, se suma a las docenas de hazañas que han caído en el olvido.

Cojo, manco, y tuerto

Blas de Lezo nació en Pasajes, Guipúzcoa, el 3 de febrero de 1687, aunque aún existe controversia sobre el lugar y el año en que vino al mundo. «Las fuentes son confusas y señalan otro lugar posible de nacimiento y otra fecha dos años posterior, pero en lo que no hay duda es que es un marinero vasco que se convirtió en uno de los más grandes estrategas de la Armada española en toda su historia» determina Jesús María Ruiz Vidondo, doctor en historia militar, colaborador del GEES (Grupo de Estudios Estratégicos) y profesor del instituto de educación secundaria Elortzibar.

Su carrera militar empezó en 1704, siendo todavía un adolescente. En aquellos años, en España se sucedía una guerra entre la dinastía de los Austrias y Borbones por conseguir la corona tras la muerte del rey Carlos II, sin descendencia. «Blas de Lezo había estudiado en Francia cuando esta era aliada de España en la Guerra de Sucesión. Tenía 17 años cuando se enroló de guardiamarina al servicio de la escuadra francesa al mando del conde de Toulouse», destaca el historiador.

Ese mismo año se quedaría cojo. «La pierna la perdió en la batalla de Vélez-Málaga, la más importante de la Guerra de Sucesión, en la que se enfrentaron las escuadras anglo-holandesa y la franco-española» afirma Vidondo. «Fue una dura batalla en la que una bala de cañón se llevó la pierna izquierda de Blas de Lezo, pero él continuó en su puesto de combate. Después se le tuvo que amputar, sin anestesia, el miembro por debajo de la rodilla. Cuentan las crónicas que el muchacho no profirió un lamento durante la operación», cuenta Vidondo.

Aunque el combate finalizó sin un vencedor claro, el marino comenzó a ser conocido por su heroicidad. «Blas de Lezo fue elogiado por el gran almirante francés por su intrepidez y serenidad y por su comportamiento se le ascendió a alférez de navío», explica el experto en historia militar.
El ojo lo perdió dos años más tarde, en la misma guerra, en la fortaleza de Santa Catalina de Tolón mientras luchaba contra las tropas del príncipe Eugenio de Saboya. «En esta acción y tras el impacto de un cañonazo en la fortificación, una esquirla se le alojó en su ojo izquierdo, que explotó en el acto. Perdió así para siempre la vista del mismo, pero quiso continuar en el servicio y no abandonarlo» determina Vidondo. Sin duda la suerte no estaba de su lado, pero Lezo siguió adelante.

Finalmente, cuando tenía 26 años, el destino volvió a ser esquivo con este marino. «La Guerra de Sucesión había prácticamente finalizado en julio de 1713 con la firma de la paz con Gran Bretaña, pero Cataluña seguía en armas por los partidarios de la casa de Austria. El marino participó en varios combates y bombardeos a la plaza de Barcelona. En uno de ellos, el 11 de septiembre de 1714, se acercó demasiado a las defensas enemigas y recibió un balazo de mosquete en el antebrazo derecho que le rompió varios tendones y le dejó manco para toda su vida», determina el experto. Así, y tras quedarse cojo, tuerto y sin mano, Blas de Lezo pasó a ser conocido como el «Almirante Patapalo» o el «Mediohombre». Su leyenda había comenzado.

Hazañas iniciales

Una vez finalizada la Guerra de Sucesión, Lezo se destacó por su servicio a España. Una de sus misiones más destacadas fue la que realizó en 1720 a bordo del galeón «Lanfranco». «Se le integró en una escuadra hispano-francesa al mando de Bartolomé de Urdazi con el cometido de acabar con los corsarios y piratas de los llamados Mares del Sur (Perú)», sentencia el historiador.

«Sus primeras operaciones fueron contra el corsario inglés John Clipperton. Éste logró evitarles y huir hacia Asia, donde fue capturado y ejecutado», finaliza el doctor en historia militar. Por esta y otras hazañas, el rey ascendió al «Almirante Patapalo» a teniente general en 1734. Sin embargo, su misión más difícil llegó cuando fue enviado a Cartagena de Indias (Colombia) como comandante general.

El mayor reto de Lezo

El mayor desafío de Blas de Lezo se sucedió sin duda en Colombia, donde tuvo que defender Cartagena de Indias (el centro del comercio americano y donde confluían las riquezas de las colonias españolas) de los ingleses, ansiosos de conquistar el territorio. En este caso, los británicos aprovecharon una afrenta a su imperio para intentar tomar la ciudad.

El pretexto fue el asalto a un buque británico. «En este contexto se produjo en 1738 la comparecencia de Robert Jenkins ante la Cámara de los Comunes, un contrabandista británico cuyo barco, el Rebecca, había sido apresado en abril de 1731 por un guarda costas español, que le confiscó su carga. La oposición parlamentaria y posteriormente la opinión pública sancionaron los incidentes como una ofensa al honor nacional», determina Vidondo. La excusa perfecta había llegado y se declaró la guerra a España.

Los preparativos se iniciaron, y los ingleses no escatimaron en gastos. «Para vengar la oreja de Jenkins Inglaterra armó toda una formidable flota jamás vista en la historia (a excepción de la utilizada en el desembarco de Normandía), al mando del Almirante inglés Edward Vernon. La armada estaba formada por 195 navíos, 3.000 cañones y unos 25.000 ingleses apoyados por 4.000 milicianos más de los EEUU, mandados éstos por Lawrence, hermanastro del Presidente Washington», afirma el experto en historia militar.

Por el contrario, Blas de Lezo no disponía de un gran número de soldados ni barcos para defender la ciudad. «Las defensas de Cartagena no pasaban de 3.000 hombres, 600 indios flecheros, más la marinería y tropa de infantería de marina de los seis navíos de guerra de los que disponía la ciudad: el Galicia (que era la nave Capitana), el San Felipe, el San Carlos, el África, el Dragón y el Conquistador. La proporción entre los españoles y los ingleses era de 1 español por cada 10 ingleses», explica Vidondo.
Pero, lo que tenía a su favor el «Almirante Patapalo» era un terreno que podía ser utilizado por un gran estratega como él. Y es que la entrada por mar a Cartagena de Indias sólo se podía llevar a cabo mediante dos estrechos accesos, conocidos como «bocachica» y «bocagrande». El primero, estaba defendido por dos fuertes (el de San Luis y el de San José) y el segundo por cuatro fuertes y un castillo (el de San Sebastián, el de Santa Cruz, el del Manzanillo, el de Santiago -el más alejado- y el castillo de San Felipe).

Lezo se preparó para la defensa, situó varios de sus buques en las dos entradas a las bahías y dio órdenes de que, en el caso de que se vieran superados, fueran hundidos para que no fueran apresados y para que sus restos impidieran la entrada de los navíos ingleses hasta Cartagena de Indias. La guerra había comenzado y el «Mediohombre» se preparó para la defensa.

Comienza la batalla

«El 13 de marzo de 1741 apareció la mayor flota de guerra que jamás surcara los mares hasta el desembarco de Normandía. Para el día 15 toda la armada enemiga se había desplegado en plan de cerco. Al comienzo se notó la superioridad británica y fáciles acciones les permitieron adueñarse de los alrededores de la ciudad fortificada», afirma Vidondo.

«La batalla comenzó en el mar. Tras comprobar que no podían acceder a la bahía, los ingleses comenzaron un bombardeo incesante contra los fuertes del puerto. Blas de Lezo apoyaba a los defensores con la artillería de sus navíos, que había colocado lo suficientemente cerca. Usaba bolas encadenadas, entre otras artimañas, para inutilizar los barcos ingleses», narra el historiador.

Tras acabar con varias baterías de cañones, Vernon se dispuso a desembarcar algunos de sus hombres, que lograron tomar posiciones en tierra. «Luego, el inglés se dispuso a cañonear la fortaleza de San Luis de Bocachica día y noche durante dieciséis días, el promedio de fuego era de 62 grandes disparos por cada hora», determina el experto en historia militar. El bombardeo fue masivo y los españoles tuvieron que abandonar en los días sucesivos los fuertes de San José y Santa Cruz.
El ímpetu del ataque obligó al español a tomar una decisión dura: «Lezo incendió sus buques para obstruir el canal navegable de Bocachica, aunque el Galicia no prendió fuego a tiempo. Sin embargo, logró retrasar el avance inglés de forma considerable. Blas de Lezo decidió dar la orden de replegarse ante la superioridad ofensiva y la cantidad de bajas españolas», afirma Vidondo.

A su vez, en Bocagrande se siguió la misma táctica y se hundieron los dos únicos navíos que quedaban (el Dragón y el Conquistador) para dificultar la entrada del enemigo. «El sacrificio resultó en vano, pues los ingleses remolcaron el casco de uno de ellos antes de que se hundiera para restablecer el paso y desembarcaron», sentencia el experto. Las posiciones habían sido perdidas y los españoles se defendían en el fuerte de San Sebastián y Manzanillo. Además, como último baluarte, se encontraba el castillo de San Felipe.

Vernon se cree vencedor

Los ingleses habían conseguido acabar con varias fortalezas y asentarse en las bahías de Cartagena de Indias tras pasar los obstáculos puestos por los españoles. Sin duda, sentían la victoria cerca. «Vernon entró entonces triunfante en la bahía con su buque Almirante con las banderas desplegadas dando la batalla por ganada», narra el historiador.

Vernon envió en ese momento una corbeta a Inglaterra con un mensaje en el que anunciaba su gran victoria sobre los españoles. La noticia fue recibida con grandes festejos entre la población y, debido al júbilo, se mandó acuñar una moneda conmemorativa para recordar la gran victoria. En ella, se podía leer «El orgullo español humillado por Vernon» y. además, se apreciaba un grabado de Blas de Lezo arrodillado frente al inglés.

La victoria del «Mediohombre»

Vernon estaba decidido, la hora de la victoria había llegado. Por ello, quiso darle el broche final tomando el símbolo de la resistencia española: el castillo de San Felipe, donde resistían únicamente seis centenares de soldados, según cuenta el historiador. Sin embargo, el asalto desde el frente era un suicidio, por lo que el inglés se decidió a dar la vuelta a la fortaleza y asaltar por la espalda a los españoles. «Para ello atravesaron la selva, lo que provocó la muerte por enfermedad de cientos de soldados, pero al fin llegaron y Vernon ordenó el ataque», sentencia Vidondo.

Según narra el doctor en historia, el primer asalto inglés se hizo contra una entrada de la fortaleza y se saldó con la muerte de aproximadamente 1.500 soldados a manos de los 600 españoles que consiguieron resistir y defender su posición a pesar de la inferioridad numérica. Tras este ataque inicial, Vernon se desesperó ante la posibilidad de perder una batalla que parecía hasta hace pocas horas ganada de antemano. Finalmente, y en términos de Vidondo, el oficial ordenó una nueva embestida, aunque esta vez planeó que sus soldados usarían escalas para poder atacar directamente las murallas.

En la noche del 19 de abril los ingleses se organizaron en tres grupos para atacar San Felipe. «En frente de la formación iban los esclavos jamaicanos armados con un machete», explica el doctor en historia. Sin embargo, los asaltantes se llevaron una gran sorpresa: las escalas no eran lo suficientemente largas para alcanzar la parte superior de las murallas. «El ‘Almirante Patapalo’ había ordenado cavar un foso cerca de los muros para aumentar su altura y evitar el asalto», determina Vidondo. Los españoles aprovecharon entonces y acabaron con cientos de ingleses. La batalla acababa de dar un giro inesperado debido al ingenio de un solo hombre, o más bien, «Mediohombre».

El día siguiente, según afirma el historiador, los españoles salieron de la fortaleza dispuestos a aprovechar el duro golpe psicológico que habían sufrido los ingleses. En primera línea corría Lezo, cargando al frente de la formación mientras sujetaba el arma con su único brazo. Finalmente, y tras una cruenta lucha, los menos de 600 defensores lograron que el enemigo se retirara y volviera a sus navíos. Ahora, y de forma definitiva, la victoria pertenecía a los soldados españoles y, por encima de todo, a un solo combatiente: el «Almirante Patapalo».
Después de esa batalla, se sucedieron una serie de intentos por parte de los ingleses de conquistar la plaza fuerte, pero fueron rechazados. «Vernon se retiró a sus barcos y ordenó un bombardeo masivo sobre la ciudad durante casi un mes, pero no sirvió de nada», determina el experto.

Finalmente, Vernon abandonó las aguas de Cartagena de Indias con, según los datos oficiales, unos 5.000 ingleses muertos. Sin embargo, según determina Vidondo, es difícil creer que la cifra sea tan baja, ya que el oficial tuvo que hundir varios navíos en su huída debido a que no tenía suficiente tripulación para manejarlos y no quería que cayesen en manos españolas. «Cada barco parecía un hospital», afirma el historiador.

De hecho, y según cuenta la leyenda, Vernon sentía tanto odio hacia el «Mediohombre» que, mientras se alejaba junto a su flota de vuelta a Inglaterra, gritó a los vientos «God damn you, Lezo!» (¡Que Dios te maldiga, Lezo!). Podía maldecir todo lo que quisiera, pero había sido derrotado.

La mentira del inglés

Además, según determina Vidondo, a Vernon todavía le quedaba un último mal trago: informar en Inglaterra de que la había perdido la batalla. Al llegar a su tierra, sin embargo, parece que no tuvo valor para dar a conocer la noticia públicamente, por lo que fue pasando el tiempo hasta que, finalmente, sus compatriotas descubrieron el engaño. Cuando salió a la luz, la vergüenza fue tan arrolladora para el país que se tomaron medidas más drásticas para acallar la gran derrota: «El rey Jorge II prohibió todo tipo de publicación sobre la batalla», finaliza Vidondo.

4 Preguntas a Jesús María Ruiz Vidondo
M.P.VMADRID

¿Cuáles fueron las últimas palabras de Vernon hacia Lezo tras la batalla?

Vernon optó por una retirada enviando una carta a Blas de Lezo: «Hemos decidido retirarnos para volver pronto a esta plaza después de reforzarnos en Jamaica». Lezo le contestó: «Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir».

¿Qué fue de Vernon una vez acabada la contienda?

Vernon fue relevado y expulsado de la Marina en 1746, aunque la arrogancia y el orgullo inglés hizo que le enterraran en la Abadía de Westminster, panteón de los héroes, y en su tumba pusieron: «Sometió a Charges, y en Cartagena conquistó hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria»; lo que era la forma más humillante de ocultar tan vergonzosa derrota.

¿Por qué cree que Blas de Lezo ha caído en el olvido en España?

La historia militar llena las estanterías de las librerías, pero muchas veces se trata de libros que tratan asuntos de fuera de España. Últimamente se han publicado muchos libros sobre Blas de Lezo, pero se lee poco en España y solamente se interesa una limitada cantidad de personas. En los institutos la historia de España se da solamente en 2º de Bachillerato y pensando en la selectividad. Si hoy en día se hiciese una película sobre este personaje pasaría a ser tremendamente conocido. La historia de estos héroes que ha tenido España vende mucho menos que otro tipo de programas o artículos.

¿Por qué cree que, mientras que los ingleses estudian por ejemplo a Nelson, en España no se cursa a Blas de Lezo?

Como he señalado anteriormente se han publicado últimamente algunos libros y artículos sobre este personaje, pero la historia de España no vende ni en los medios de comunicación, ni en la enseñanza en general. Los ingleses están orgullosos de su historia, y a los españoles, que tenemos una historia mucho más rica que la británica, no nos interesa nuestro pasado, solamente lo utilizamos para tergiversarlo o utilizarlo políticamente.
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir

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grognard
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Mensaje por grognard » Vie Ene 11, 2013 2:19 pm

Diario de lo ocurrido en Cartagena de Indias desde el 13 de marzo hasta el 21 de mayo de 1741. Se relata la batalla de Cartagena de Indias.

Fuente: Archivo General de Simancas. Secretaría de Marina. Marzo, abril, mayo de 1741 - Cartagena de Indias. Legajo 398.2 726. Para el mejor entendimiento del documento, he transcrito el texto actualizando el lenguaje original en el que estaba escrito.

El siguiente texto es el documento original del diario de operaciones del sitio de Cartagena de Indias de 1741. Logré dar con dicho documento gracias a la tesis de don Jorge Cerdá Crespo titulada: "La guerra de la Oreja de Jenkins: un conflicto colonial (1739-1748)". Universidad de Alicante. Por cuyas referencias pude solicitar este y otros documentos al Archivo General de Simancas. Por eso quiero dar las gracias a su autor por la realización de tan estimable trabajo que me ha servido de tanta ayuda.

http://www.todoababor.es/articulos/cart ... -1741.html

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vetinari
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Mensaje por vetinari » Sab Ene 12, 2013 7:38 pm

Mil gracias, Grognard.
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Mensaje por grognard » Mar Feb 12, 2013 12:04 pm

Un hombre entero

El País Cultura. Fernando Savater 11.02.2013
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/ ... 77411.html

Supongo que para la mayoría de la gente de letras no puede haber nada más grato que ser invitado por el Hay Festival a Cartagena de Indias, en Nueva Granada (Colombia). Alojarse en pleno casco viejo de la ciudad y desayunar en un delicioso patio todas las mañanas, junto a Mario Vargas Llosa o Julian Barnes… Hace mucho calor, incluso en enero, aunque vale la pena sudar un poco para oír luego disertar a Herta Müller o John Lee Anderson. No crean que no aprecio tales ventajas, todo lo contrario. Pero sin embargo en cuanto pude librarme de mis obligaciones me escapé, tomé un taxi y dije: “Por favor, lléveme a la estatua de don Blas”. El taxista asintió sonriendo.

Allá en Cartagena conocen mucho más que en España a don Blas de Lezo y Olabarrieta (1689-1741), el ilustre guipuzcoano de Pasajes. Me he pasado la vida leyendo novelas de aventuras, de modo que pueden creerme: ni Salgari, ni Pérez-Reverte, ni Patrick O’Brian, ni nadie habría sido capaz de inventar peripecias de riesgo y heroísmo como las que protagonizó ese pasaitarra. Los mares no han conocido marino tan intrépido ni estratega tan genial. Era solo un niño (¡12 años!) cuando embarcó por primera vez y un adolescente (17 años) cuando un obús le destrozó la pierna izquierda en una batalla: se la cortaron por debajo de la rodilla, sin anestesia ni una sola queja. Después, una serie de hechos de armas a cual más glorioso por el Mediterráneo (Génova, Orán…), por el océano Pacífico limpiando de piratas las costas de Perú, por el Caribe… Otros se especializan en disculparse o justificar sus derrotas, él prefirió dedicarse a ganar cuando lo tenía todo en contra. Pagando un alto precio, eso sí: tras la pierna perdió un brazo y un ojo. Sus compañeros de travesía, que le habían motejado de joven Patapalo, le llamaban después Medio Hombre tras sus mutilaciones. Era una forma descarnada y ruda de elogiarle, claro, porque todos sabían que en lo que cuenta no hubo nunca hombre más entero que don Blas.


Su último destino, siendo ya general de la Armada, fue defender contra los ingleses Cartagena de Indias, la llave de las posesiones españolas en América. La Royal Navy dispuso para el caso la mayor flota que nunca se había visto ni volvió a verse hasta el desembarco de Normandía: casi doscientos barcos y treinta mil hombres. Lezo contaba con seis buques y menos de tres mil soldados. Edward Vernon, el almirante inglés, estaba tan convencido de su aplastante superioridad que al primer atisbo favorable en el combate envió noticia a su rey de la victoria en Cartagena. Y este, ni corto ni perezoso, mandó acuñar una moneda conmemorativa en la que se veía a Lezo arrodillado ante su supuesto vencedor, con la leyenda: “La arrogancia de España humillada ante el almirante Vernon”. Tuvo que arrepentirse luego de tanta precipitación, cuando llegaron noticias más fiables: aunque pareciese increíble, Blas de Lezo se las arregló para diezmar a la flota británica, que no volvió a levantar cabeza hasta Trafalgar, y provocó una auténtica matanza entre sus tripulantes. Y eso que no solo tuvo en contra la desproporción de fuerzas, sino también la hostilidad del virrey Sebastián de Eslava, que obstaculizó sus decisiones y después envió a la corte de Madrid informes desfavorables sobre el incómodo subordinado. Lo ha contado noveladamente Pérez-Foncea en El héroe del Caribe (LibrosLibres) y antes el senador colombiano Pablo Victoria Vilches en El día que España derrotó a Inglaterra (Áltera).

Ya estoy ante la estatua de don Blas, bajo la mole del castillo de San Felipe. Oscura y desafiante, con su pata de palo, su manga vacía y su parche en el ojo, blandiendo la espada. A mi lado, el taxista comenta: “Cuando yo era niño, mi padre me trajo aquí, como su padre le había traído a él…”. Y yo pensé que nadie se hubiera atrevido a decirle en la cara a este vasco aguerrido que no era español.

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Mensaje por agustinadearagon » Mar Feb 12, 2013 1:20 pm

¡¡¡¡Olé, Olé, y Olé!!!!
"Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro quizá esté muy oscuro para leer". G.M.

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vetinari
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Mensaje por vetinari » Mar Feb 12, 2013 8:14 pm

También hay otra novela, MEDIOHOMBRE: LA BATALLA QUE INGLATERRA OCULTO AL MUNDO De Alber Vazquez, editada por Inedita. Claro que el autor no es tan fashion como esos con los que se codea don Fernando...
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Ginebrino
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Mensaje por Ginebrino » Mié Feb 13, 2013 7:52 am

Lo bueno Vetinari es que se esta haciendo una verdadera recuperacion de memoria historica sobre una de las figuras mas importantes de nuestra historia, que casualmente era de las mas oscuras. Una gran labor de mano de historiadores. Para que luego digan que no son importantes.
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Abr 24, 2013 5:11 pm

Ayuntamiento se plantea hacer una estatua a Blas de Lezo
Europa Press - 24/04/2013

El Ayuntamiento de Madrid hará una cuestación para dotar a la capital de una estatua del almirante Blas de Lezo, un trabajo que será guiado por una comisión presidida por el escritor Arturo Pérez-Reverte, uno de los grandes impulsores de esta iniciativa, como ha avanzado este miércoles el delegado de Las Artes, Deporte y Turismo, Fernando Villalonga, en el Pleno de Cibeles.

Blas de Lezo (1869-1741), conocido como 'Patapalo', es considerado uno de los mejores estrategas de la Armada española. Cojo, manco y tuerto, venció a Inglaterra resistiendo el ataque de una flota mucho más grande en Cartagena de Indias, lo que conllevó, en palabras de Villalonga, que hoy en América "se hable español y no inglés". La comisión capitaneada por Pérez-Reverte deberá elegir también el lugar donde se colocará la estatua, que se anunciará próximamente.

Por otro lado, el 54,1 por ciento de los votos de los madrileños han decidido el cambio de ubicación de la estatua de Don Álvaro de Bazán, que pasará de la Plaza de la Villa a la calle Montalbán. Su actual ubicación la ocupará una estatua de Felipe II. "Es el padre de Madrid capital y así se convertiría en el centro de la capitalidad", argumentó Villalonga en su momento. Y es que fue este monarca, conocido como el 'rey prudente', el que fijó en 1561 la capitalidad de España en Madrid.

La estatua, reproducción en bronce de una escultura de los hermanos Leone y Pompeo Leoni que se conserva en el Museo del Prado, se colocó en un principio entre La Almudena y el Palacio Real. Quien no se ha mostrado muy conforme con el cambio es el heredero de Álvaro de Bazán, el marqués de Santa Cruz.

Los madrileños pudieron votar hasta hace unas semanas sobre los cambios de ubicación. Lo pudieron hacer en urnas físicas y en Internet. La concejala de UPyD Patricia García no se ha mostrado a favor con el sistema elegido, que ha calificado como "más propio de una república bananera". "Ni yo soy Maduro ni usted es Capriles", le ha espetado el delegado Villalonga a la concejala.

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Abren una suscripción popular para una estatua de Blas de Lezo
Sara Medialdeas - abc.es - 24/04/2013

El Ayuntamiento abrirá una suscripción popular para erigir una estatua al almirante Blas de Lezo, que defendió Cartagena de Indias. Así lo ha adelantado el delegado de Las Artes, Fernando Villalonga, para quien gracias a este militar «en América se habla español, y no inglés».

El Gobierno municipal, que había recibido muchas peticiones para este homenaje, propondrá al escritor Arturo Pérez-Reverte que presida el proyecto. Villalonga dio esta información durante el pleno del mes de abril, en el que UPyD preguntaba por el cambio de la estatua de Don Álvaro de Bazán por la de Felipe II, que recientemente ha anunciado el Ayuntamiento. Un cambio que a UPyD le parece «una ocurrencia que no sabemos aún lo que nos va a costar», y que se acuerda tras una consulta vía internet y presencial de cuya limpieza duda mucho esta formación. Los datos oficiales dicen que ganó el sí al traslado por un 54,1% de votos, pero UPyD aseguraque en internet el porcentaje de contrarios al cambio era del 60%. «Esto es de república bananera», señaló la edil de UPyD Patricia García. Para Villalonga, «ni yo soy Nicolás Maduro ni usted es Capriles, ni hablamos de votar una Constitución».

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Ginebrino
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Mensaje por Ginebrino » Jue Abr 25, 2013 6:50 am

-Mi Tcol, esto es un desastre! Falta de todo: Morteros, chopos, ballonetas, acémilas...
-Si se fija bien, verá que también faltan soldados.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Abr 25, 2013 4:24 pm

Pérez-Reverte rechaza ir en la comisión para el monumento a Blas de Lezo
Sara Medialdea - abc.es - 25/04/2013

El escritor y periodista Arturo Pérez-Reverte ha rechazado participar en la comisión que se ocupe de la cuestación para erigir un monumento al almirante Blas de Lezo. El delegado de Las Artes anunció el miércoles en el pleno su intención de ofrecerle la dirección de dicha comisión, pero el escritor avanzó a 'ABC' que prefiere quedarse fuera. «Antes de pronunciar mi nombre -aclaró- tenían que haberme preguntado».

Según explicó Pérez-Reverte, «me parece bien cualquier iniciativa que realce la figura de Blas de Lezo; se lo merece». No obstante, matizó, «desde el Ayuntamiento de Madrid nadie me ha consultado nada» sobre el asunto. La noticia le ha causado «estupor», ya que considera que antes de mencionarle, «por cortesía» debían haberle llamado. El escritor añadió: «No tengo buen recuerdo de la primera vez que el Ayuntamiento me ofreció entrar en las iniciativas en torno al Dos de Mayo de 1808; después de mucho hablar, no hicimos nada». Por eso, indica ahora, «deseándole todo el éxito a Blas de Lezo, me quedo fuera».

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grognard
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Mensaje por grognard » Vie Abr 26, 2013 3:25 pm

Hombre precavido (aunque sea medio) vale por dos.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Sab Ago 10, 2013 10:09 am

Cojo, tuerto y manco contra los ingleses
Jesús Ruiz Mantilla - elpais.es - 10/08/2013

—Su bendición, señor obispo, por Dios se lo pido.

Doña Josefa Pacheco era muy consciente de lo que demandaba. Fuerza y un rayo de gloria por parte de Dios padre para su marido. Don Blas de Lezo, aquel obstinado vasco de Pasaia (Gipuzkoa) que no admitía en su vida más flaquezas que las debilidades que acarrean las obligaciones, debía defender Cartagena de Indias y, con ello, la entrada a saco de los ingleses en Sudamérica: una obsesión del imperio de su majestad desde los inicios de la guerra de la oreja de Jenkins, que comenzó en 1738.

Pintaban bastos. Las fuerzas andaban escandalosamente desequilibradas en proporciones de cuatro a uno. Si los ingleses contaban con 23.600 hombres a las órdenes del almirante Vernon, los españoles no pasaban de 6.000. Eso sin contar el poderío de fuego: 990 cañones frente a las 3.000 piezas de artillería británicas. Solo la fe podía salvarlos. O más bien el fanatismo. Fe que no tenían ni los propios cartageneros en su militar, ni en su monarca, Felipe V. Por aquel marzo de 1741, con la hermosa y picantona ciudad sitiada, lo último que se le había ocurrido a aquel lunático nieto del rey Sol, que se cagaba en la cama, deliraba la mayor parte del día y la noche y había contratado al castrato Farinelli para que le cantara nanas, fue enviarles como protector a un orgulloso marinero que para colmo se había presentado en el puesto cojo, manco y tuerto.

Mediohombre, le llamaban por la calle cuando sentían el toc-toc de su pata de palo. ¿Qué podía hacer aquel engendro contra la nueva armada invencible comandada por Vernon y apoyada por un tal Lawrence Washington, hermano de George Washington, futuro libertador del continente por la parte de arriba? Como mucho, plantarles cara, cosa que ya había ocurrido entre ambos militares en Gibraltar, ese todavía hoy nido de piratas posmodernos del que echan mano las autoridades españolas cuando la cosa se pone cruda. Lo malo es que, como señala el historiador colombiano Pablo Victoria en su libro 'El día que España derrotó a Inglaterra' (Áltera), en aquella ocasión, Vernon salió con 200 guineas en el bolsillo, y Lezo, con una pierna menos. Tan solo contaba 15 años y una madura adolescencia de salitre y batallas cuando tuvieron que amputarle a palo seco, sin más anestesia que unos tragos de whisky y el desmayo que le produjo su propio dolor al sentir el serrucho primero y al notar después cómo le hundían el muñón en aceite hirviendo para cortar la hemorragia.

Años después, Vernon y Lezo volvieron a enfrentarse. Su mutua persecución se fue fraguando como una leyenda en los mares. Con el tiempo, el vasco fue ascendiendo en el escalafón y disminuyendo sus facultades físicas. Más o menos dos años después de Gibraltar, perdió un ojo en Tolón cuando una esquirla de piedra se le coló entre la vista al defender un fuerte amurallado. Cuando contaba 25 años y era capitán de navío, se encontraba en el Mediterráneo. Debía abastecer a las naves que merodeaban Barcelona en la guerra de sucesión y participó en los bombardeos sobre la ciudad a bordo del Campanella cuando una bala de mosquete le atravesó el antebrazo derecho.

De esa guisa ni se le pasó por la imaginación abandonar la marina y fue a parar a Lima, donde se casó con Josefa Pacheco. Ya era una especie de santón entre los corsarios cuando dio con sus huesos en Cartagena de Indias. Por su parte, Vernon también había hecho carrera y se mostraba dispuesto a jugar en la gran liga de leyendas marinas británicas. Al español le asistía la orgullosa humildad de saberse inferior y, por tanto, verse obligado a echar mano de su inteligencia para compensar sus carencias. El inglés era un fantasma obnubilado además por el poderío de su flota, cuya grandeza acabó convirtiéndose en debilidad, como indica el experto en Lezo José Vicente Pascual.

La historia les enfrentó en 1741. Los ingleses habían decidido el asalto final. Lezo los esperaba, como el capitán Acab aguardaba en aquella gran metáfora de todos los fantasmas a Moby Dick. Querían estrangular la línea entre el norte y el sur y cortar el tráfico de riquezas hacia España por Panamá. Nadie creyó en su estrategia. Pero el viejo marino supo aprovechar las pocas ventajas que tenía al máximo. Vernon, en cambio, estaba dispuesto a ahogarse en su propia arrogancia. “Enviaron la mayor fuerza naval conocida hasta entonces en la historia de la humanidad”, comenta Pascual. Algo no repetido después hasta el desembarco de Normandía. Los bombardeos fueron los más violentos e intensos vividos en el continente americano hasta esa fecha. Lo que hizo a Vernon cometer el error de creer tan a priori en su victoria que hasta mandó noticias de la misma antes de que se produjera.

No esperaba el inglés que Lezo pudiera sacar tanto partido a la hora de acorralarlos por las estrechas entradas a la bahía de Bocachica y Bocagrande. Habilidad y fanatismo fueron cruciales. Los efectivos británicos alucinaban cuando les contemplaban rezar. Los ruegos surtieron su efecto, al parecer. Las deficiencias de abastecimiento, el calor, las enfermedades, la peste, fueron mermando las fuerzas inglesas hasta igualar números. Eso y la sangrienta batalla en tierra firme, que acabó con 2.000 bajas del enemigo y otros tantos huyendo despavoridamente. Las deserciones en masa de algunos que quisieron abrazar la fe para que se les diera bien de comer en los hospitales dio también, entre otras cosas, una victoria de la que a Lezo no le gustaba alardear. “Hemos quedado libres de estos inconvenientes”, se limitó a informar a sus superiores.

Lo que menos sospechó es que el enemigo lo tenía dentro. Sus desavenencias con el virrey de Nueva Granada, Sebastián Eslava, que le negó varias peticiones y le puso en entredicho, labraron su caída en desgracia en la corte. No tuvo tiempo de sufrirla mucho, porque la misma peste que había hecho mella en el enemigo se lo llevó por delante el 7 de septiembre de 1741. Vernon, en cambio, regresó a Inglaterra y vivió un discreto declive. Discreto porque no era cuestión de cobrarle en público un descalabro que hubiese servido de desmoralización general. Así que fue enterrado en Westminster. Lezo murió en el olvido, sin cobrar las pagas atrasadas y dejando casi a la intemperie a su familia. Dos ejemplos más de cómo cada país ha tratado a sus héroes. Los españoles los entierran como a villanos. Los ingleses disimulan con eufemismos hasta las catástrofes. En la lápida de Vernon se lee: “Sometió a Chagres y en Cartagena conquistó hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria”. Es decir, hasta su propia derrota. Si no es eso un genial eufemismo…

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