928 - 17.04.2011 - La tarde en la que acabó el mundo

Los artículos de la columna de Pérez-Reverte en ‘El semanal’ y otros escritos suyos

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nexus6
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928 - 17.04.2011 - La tarde en la que acabó el mundo

Mensaje por nexus6 » Mié Abr 13, 2011 7:47 am

LA TARDE EN LA QUE ACABÓ EL MUNDO

La tarde en la que acabó el mundo se besaron en la ventana, enlazados el uno con el otro. La luz declinaba afuera, apagándose poco a poco: todavía era rojiza y dorada en la distancia, tras los edificios que se recortaban en ella, mientras las primeras sombras oscurecían los ángulos de calles y edificios. Abajo no había pánico, ni carreras, ni gritos de desesperación. Una multitud serena caminaba despacio por la ciudad: parejas abrazadas, niños que iban de la mano de sus padres, ancianos parados un momento en las aceras, que miraban alrededor como quien busca identificar un rostro o un recuerdo. En los semáforos destellaban intermitentes las luces color ámbar, los coches se dejaban en la calle con las puertas abiertas, y algunos de sus propietarios ni siquiera apagaban el motor antes de alejarse lentamente, sin mirar atrás.

Las últimas tiendas se vaciaban, aunque nadie encendía los rótulos luminosos ni los escaparates. No había saqueos, ni disturbios; los policías caminaban en calma, despojándose indiferentes de sus armas y sus insignias. Los bomberos no tenían nada que hacer: estaban sentados en las escaleras de sus parques y en la puerta de los garajes, ociosos junto a sus camiones cromados y rojos, sonriendo a quienes los saludaban despidiéndose. Por toda la ciudad la gente se decía adiós igual que si fuera Navidad, estrechándose amable la mano o besándose en la cara. Casi todos sonreían serenos y melancólicos, como después de una cena o una fiesta agradable. En las aceras, inmóviles pese a no llevar correa ni estar atados, algunos perros aguardaban pacientes a sus amos, lamiendo las manos de los niños que, al pasar por su lado, los acariciaban.

El edificio estaba sin gente, desiertas las escaleras y vacíos los pisos. No había otro sonido que una música antigua, como de viejo gramófono, que sonaba en algún lugar cercano y llegaba a través de la ventana. En la habitación, el televisor estaba apagado. La luz decreciente oscurecía los lomos de los libros en sus estantes hasta hacer ilegibles las letras doradas de los títulos, y apagaba el rojo intenso del vino en las grandes copas de cristal que estaban sobre la mesa. Había un cuadro en la pared: un lienzo antiguo hecho de claroscuros, del que ya no podía verse otra cosa que trazos de sombras. Todo se oscurecía lentamente, y él propuso encender una luz; pero ella movió con infinita dulzura la cabeza y le puso dos dedos en los labios, como para rogarle que no pronunciase más palabras. De manera que permanecieron callados junto a la ventana, el uno junto al otro, haciéndose compañía en la última claridad del último día.

Se estaba bien allí, pensaron. Aguardando inmóviles y tranquilos mientras veían desvanecerse mansamente todo. Jamás, hasta esa tarde, imaginaron que pudiera ser así, en aquella inusitada paz desprovista de miedo o remordimientos. Alzaron la vista al mismo tiempo para mirar arriba, sobre la ciudad. En el cielo sin nubes ni viento, cuyo color cambiaba del rojizo nacarado a un azul cada vez más oscuro, más allá de la línea de edificios y tejados que se recortaba en el horizonte de la ciudad, se deshacía la estela de condensación del último avión que había cruzado el cielo del mundo. Cuando bajaron de nuevo los ojos, la calle estaba casi vacía. Entre la última gente que se decía adiós en las aceras vieron rostros que se parecían a los de seres queridos muertos mucho tiempo atrás. Y cuando la luz decreció más y la ciudad empezó a velarse definitivamente de sombras, todavía les fue posible distinguir al extremo de la calle, a lo lejos, la rueda del kiosco de feria que seguía dando vueltas silenciosas en el parque vacío, con un niño solitario subido a uno de los caballitos.

Él abrió la boca para decir una última palabra que lo resumiese todo, pero ella volvió a ponerle los dedos sobre los labios. Luego, estrechándose contra él, lo besó por última vez. Después se apartó un poco y volvió a mirar la calle casi desierta, los últimos transeúntes alejándose despacio por las aceras. Sonaba todavía, a través de la ventana, la música apagada del viejo gramófono. A lo lejos, en el parque, los caballitos de feria seguían dando vueltas en la penumbra, aunque el niño había desaparecido. Eso fue lo único que hizo que él sintiera, por un instante, un estremecimiento de melancolía, o de incertidumbre. Ella pareció advertirlo y se enlazó de nuevo a su cintura. Entonces él movió la cabeza, resignado, mientras sonreía a las sombras que ya lo anegaban todo. Luego le pasó a ella un brazo por los hombros, estrechándola contra sí. Y de ese modo, abrazados, muy quietos y serenos, vieron extinguirse la última luz.

XLSemanal, 17 de Abril de 2011

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Arturo en Twitter, 18.04.2011:

-carme1001car: el articulo " La tarde q. acabo el mundo" un buen relato ¿ Q. Queria decir? al leerlo da tranquiidad.y mucha confianza.
-Quise decir que así debería ser y así espero que para mí sea. Al cabo todo depende de uno mismo.

-carme1001car: Si se puede elegir espero que para mi tambien sea asi ahora a encontrar a alguien que te acompañe y tenga la misma serenidad
-La serenidad la pone uno mismo. O debe. Lo perfecto es cuando se juntan dos serenidades.

-rachelgreen20: Su último XL, no sé, parece que no fuera ud. No lo encuentro en ese relato ¿?
-Es es que no me leyó lo suficiente, querida amiga. Si en algo se me reconoce es precisamente en ese relato.

-Marrsita: Don Arturo, Sería factible que fuera el comienzo de una novela? Me ha impresionado y dejado con ganas de saber más de ellos
-¿Una novela? Nada de eso. Son reales como la vida misma. Así debería ser siempre. Así puede ser si uno se lo propone.

-pedrolopezcaler: ¿De dónde ha sacado la inspiración para el artículo de esta semana? ¿Por qué le ha apetecido escribirlo?
-Porque espero irme de esa manera. Si puedo.
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir

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Ina
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Mensaje por Ina » Mié Abr 13, 2011 8:47 am

8O :? :?:

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Intranquilo
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Mensaje por Intranquilo » Mié Abr 13, 2011 8:56 am

Si a Reverte le gustara escribir ciencia ficción, sería un maestro.

Espectacular patente/relato, me ha recordado mucho a la película Hijos de los Hombres y a la mejor tradición de la sci-fi filosófica.

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juanrahig
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Mensaje por juanrahig » Mié Abr 13, 2011 9:57 am

Me ha encantado!!!
Ha sido raro, la mayor parte no me sonaba a su estilo, pero por otro lado era puro Perez Reverte, no se si me explico.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Abr 13, 2011 10:07 am

Estaba seguro de que esta os gustaba a Lenka y a ti. :lol: Otras veces imita a Dumas o Conrad, ahora es el Reverte imitando el estilo del Juanra.

También estoy seguro que va a dejar wtf? a más de uno cuando salga en público.

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juanrahig
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Mensaje por juanrahig » Mié Abr 13, 2011 10:16 am

Rogorn escribió: Otras veces imita a Dumas o Conrad, ahora es el Reverte imitando el estilo del Juanra.
.


:lol: :lol: :lol: :lol: :lol: :lol: :lol: :lol:
ni escribiendo tres millones de páginas tendría yo el talento que tiene este texto en una sola línea.

Lo he leido por segunda vez y me alucina esa capacidad descriptiva, apenas haciendo un par de referencias a la luz del sol y a los rotulos apagados ya todo es de color sepia, y con colores apagados. Ahora mismo no tengo cerca ningún libro del tito, pero ¿no os parece que no es habitual ese arte describiendo?

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quemeplace
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Mensaje por quemeplace » Mié Abr 13, 2011 10:34 am

Sí que es una patente juanraniana, sí :lol:

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Abr 13, 2011 10:50 am

¿A que sí, Q?
Lo he leido por segunda vez y me alucina esa capacidad descriptiva, apenas haciendo un par de referencias a la luz del sol y a los rotulos apagados ya todo es de color sepia, y con colores apagados. Ahora mismo no tengo cerca ningún libro del tito, pero ¿no os parece que no es habitual ese arte describiendo?

¿No es habitual en él, dices, o en general? Sí que lo es en Arturo. Lo que pasa es que quizá la memoria se vaya a las cosas que pasan, en lugar de a las descripciones, pero tiene muchísimas donde menciona luces, reflejos, sombras, oscuridades, etc, y su efecto en lo que se ve. Hay pasajes enteros protagonizados por estos efectos:

De 'El húsar':

"También el paisaje se tornaba definido. Las tinieblas se alejaron reptando, desvaneciéndose bajo una tenue luz que daba un tono grisáceo a los árboles nudosos y retorcidos. Y entre los olivares, cubriendo hasta el horizonte los campos pardos y secos de Andalucía, Frederic vio batallones enteros que, arrastrando cañones y erizados de bayonetas, marchaban en la misma dirección, hacia la batalla."

"Jamás había pensado que un cadáver pudiera ser algo tan atrozmente desprovisto de vida. Cuando se imaginaba a sí mismo muerto, se veía con los ojos cerrados y una expresión plácida en el rostro; acaso con una suave sonrisa indeleble en la comisura de los labios. Algún camarada le cruzaría los brazos sobre el pecho, sus amigos derramarían lágrimas a su alrededor y sería llevado a hombros de éstos hacia su última morada, con un rayo de sol iluminándole el rostro cubierto por digna máscara de polvo y sangre, como correspondía a un buen y leal soldado. Y ahora descubría que muy bien pudiera no ser así. Aquellos cuerpos tendidos en el barro producían una extraña congoja, una aterradora sensación de soledad infinita bajo la luz gris de la mañana. Y Frederic sintió brotarle en el pecho una pena muy honda al pensar que una muerte como ésa podría estarle destinada."

Capítulo 1 de 'El maestro de esgrima':

"Mucho más tarde, cuando Jaime Astarloa quiso reunir los fragmentos dispersos de la tragedia e intentó recordar cómo había empezado todo, la primera imagen que le vino a la memoria fue la del marqués. Y aquella galería abierta sobre los jardines del Retiro, con los primeros calores del verano entrando a raudales por las ventanas, empujados por una luz tan cruda que obligaba a entornar los ojos cuando hería la guarda bruñida de los floretes."

"Llegados a la galería, descorrió el maestro una de las cortinas para dejar entrar la luz que llegó a raudales, multiplicada por los grandes espejos. Los rayos de sol incidieron sobre la joven, enmarcándola a contraluz en un halo dorado. Ella miró a su alrededor, visiblemente complacida por el ambiente de aquella estancia, mientras sobre la muselina de su vestido centelleaba una piedra de color violeta. Pensó el maestro que Adela de Otero siempre llevaba algo que hiciera juego con sus ojos, a los que sabia sacar indudable partido.
-Es fascinante -dijo ella, con genuina admiración. Don Jaime miró a su vez los espejos, las viejas espadas y el suelo de tarima, y se encogió de hombros.
-Sólo es una galería de esgrima -protestó, ocultamente halagado.
Ella negó con la cabeza; contemplaba su propia imagen en los espejos.
-No, es algo más. Con esta luz y las antiguas panoplias en las paredes, esas viejas cortinas y todo lo demás -sus ojos se detuvieron demasiado tiempo en los del maestro de armas, que desvió la mirada con cierto pudor-. Debe de ser un placer trabajar aquí, don Jaime. Todo es tan...
-¿Prehistórico?
Ella frunció los labios, sin apreciar la broma.
-No se trata de eso -su voz levemente ronca buscaba el término apropiado-. Quiero decir que es... Decadente -repitió la palabra como si le produjese un especial placer-. Decadente en el sentido bello del término, como una flor que se marchita en un vaso; como un buen grabado antiguo."

De 'La Reina del Sur':

Había despertado temprano, con la primera claridad gris. Canto de gallos al alba. Voz del muecín en el minarete de la mezquita. Tic tac del reloj en la mesilla. Y ella incapaz de recobrar el sueño, mirando cómo la luz aclaraba poco a poco el techo del dormitorio, con Santiago dormido boca abajo, el pelo revuelto, media cara hundida en la almohada y la áspera barba naciente de su mentón que le rozaba el hombro. Su respiración pesada y su inmovilidad casi continua, idéntica a la muerte. Y la angustia súbita que la hizo saltar de la cama, ir al cuarto de baño, abrir la llave del agua y mojarse la cara una y otra vez, mientras la mujer que la observaba desde el espejo se parecía a la mujer que la había mirado con el pelo húmedo el día que sonó el teléfono en Culiacán. Y luego Santiago reflejado detrás, los ojos hinchados por el sueño, desnudo como ella, abrazándola antes de llevarla de nuevo a la cama para hacerle el amor entre las sábanas arrugadas que olían a los dos, a semen y a tibieza de cuerpos enlazados. Y luego los fantasmas desvaneciéndose hasta nueva orden, una vez más, con la penumbra del amanecer sucio -no había nada tan sucio en el mundo como esa indecisa penumbra gris de los amaneceres- al que la luz del día, derramándose ya en caudal entre las persianas, relegaba de nuevo a los infiernos."

"Ella estaba absorta en los latidos de su propio corazón: cada amanecer le parecía más lento que nunca, semejante a esos animales que duermen durante el invierno. Un día voy a morir a esta misma hora, pensó. Me matará esa luz sucia que siempre acude a la cita."

Y en 'El asedio' hay montones por todo Cádiz:

"Sentado en la escalera de la casa desierta, Tizón tira el cigarro antes de acabarlo. Quizá sea el olor de aquel sitio, pero el humo le sabe amargo. Sobre el cielo desnudo del patio decrece la última luz poniente, y el rectángulo de claridad se apaga en el suelo, donde los gatos todavía lamen la mancha de sangre seca. Allí no hay nada más que hacer. Nada que poner en claro. Todas sus previsiones se han ido al diablo, dejando un vacío tan desolado como las ruinas de la casa."

"Por fortuna el levante sopla de cara, llevándose cualquier ruido a sotavento, lejos de oídos inoportunos. El fluir de la vaciante hacia el caño y la bahía se hace notar con mayor intensidad, desnudando el lecho del estero cuya sal nadie labra desde que llegaron los franceses. Mojarra comprende que van con retraso. Entre las turbonadas de arena y polvo que el viento sigue levantando a ráfagas, la luz naciente tras los pinares chiclaneros se extiende ya en una franja estrecha que vira despacio del azul sucio al ocre. Vamos a llegar justos, se dice. Pero con suerte, llegamos."

"Claridad de agua y sal. Casas altas y blanquísimas asomadas a los árboles de la Alameda, con macetas llenas de flores entre hierros de balcones y miradores pintados de verde, rojo y azul. Una Cádiz como la de las estampas, comprueba Lolita Palma cuando sale de la iglesia, se acomoda la mantilla blonda que lleva prendida con horquillas en la peineta, y se une a los otros invitados bajo las torres casi mejicanas del Carmen, cubriéndose los ojos con el abanico desplegado y en alto para resguardarlos de la luz. Es un día espléndido, muy apropiado para bautizar al hijo de Miguel Sánchez Guinea."

Etc. Se nota que es alguien que ha visto muchas luces, en muchos sitios y a muchas horas diferentes.

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juanrahig
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Mensaje por juanrahig » Mié Abr 13, 2011 12:02 pm

Leches Ro!!! ¿como haces eso?

:lol: :lol: :lol:

Tienes razón, lo que pasa es que la atención se va hacia otras partes.

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crisand
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Mensaje por crisand » Mié Abr 13, 2011 1:01 pm

Creo que es uno de los méritos de la película Alatriste, la iluminación en general que parece Tenebrista y que a mi particularmente me encantó.

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julito
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Mensaje por julito » Mié Abr 13, 2011 1:04 pm

Esta patente me la he leído en el curro. Y por un momento su lectura me ha atrapado tanto que he olvidado todo el jaleo que tengo a mi alrededor. Amigo como soy de relatos fantásticos y agoreros sobre cataclismos y extinciones varias, estaba esperando, a medida que avanzaba, que saltase la chispa en cualquier momento y se fuera todo al carajo. Pero la tensa calma se mantiene hasta la última palabra. Magistral.

Gracias, Nexus.
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero

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Mensaje por GabrielFeraud » Mié Abr 13, 2011 1:37 pm

Si esta patente, tal cual, la presentara D.Arturo en verso sin rima, y no la firmara podría pasar perfectamente por una de esos poemas de Benjamín Prado o Luis García Montero. Que no es por bajar el nivel de esos dos grandes poetas. Es porque D. Arturo tiene a lo mejor esa imagen por una parte de escritor de historietas de espadachines (a lo muchachada nui) y bueno, es mentira y por otra que sus libros "van de guerra y tal y cual". Una cosa es que le guste la Historia, que sea riguroso tanto en el lenguaje como en datos y formas de acontecimientos o hechos; y otra que escriba de cualquier forma. Además de no comulgar con cualquier corriente política de moda, lo que ya echa para atrás a lectores de pastel (haciendo uso de sus propias expresiones), que tienen muy en cuenta eso, y eso no sirve para nada.
He visto algunos trozos de libros que ha puesto Rogorn. Sin tanta exactitud, y sin poner el texto, recuerdo una parte de La Carta esférica donde (creo recordar) Coy estaba tumbado sobre el barco, ecuchando Satie y pensaba en las estrellas que veía desde ahí (a lo mejor mi mente ha hecho un "corta y pega" de recuerdos de esa lectura). Me gustó mucho. Y en La Piel del Tambor, una noche al pie de La Giralda, también describía esa zona tan bonita de Sevilla espectacularmente.
Buena patente.
"Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería [...] con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero" (E.I.H.D.Q.D.L.M.)

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Mensaje por koora_linax » Mié Abr 13, 2011 2:35 pm

Luz y Sombra :idea: Mezcla de presente y futuro envueltos en ficción con cierto halo decadente. Su mirada hace un recorrido lento ante el panorama desde la ventana. Me recuerda escenas del cine de Wong Kar-wai, concretamente 2046. El amor como consuelo (él y ella)...el perro lamiendo la mano...


Gracias Nexus.
"Al final lo que está en juego es como vivir con el desorden". Arturo P-R

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vetinari
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Mensaje por vetinari » Mié Abr 13, 2011 2:38 pm

Gracias, Nexus.

Patente atípica y bellísima. Me sorprende que el Jefe imagine un final tan sereno...

Lo que no sorprende en absoluto es su maestría usando el lenguaje.
"...Efialtes aparecerá finalmente,
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Abr 13, 2011 3:35 pm

Es que esas descripciones aparecen casi en cada escena, así que no hay casi ni que buscarlas. Basta abrir cualquier libro por cualquier página y habrá alguna no muy lejos. Quizá el hecho de que sus historias sean fáciles de recordar sea porque colocan el escenario de una manera muy precisa y que a la vez permite a cada uno componérsela a su gusto:

De 'La carta esférica':

"Abajo, lejos, entre la oscuridad que se extendía al otro lado de la estación, las luces prolongadas de los trenes se movían engañosamente despacio. Coy fue hasta la ventana y estuvo allí quieto, mirando el resplandor amortiguado de los barrios más alejados, las luces de la calle a sus pies, los faros de los escasos coches que transitaban por la avenida desierta. El cartel de la gasolinera estaba encendido; pero no vio a nadie, aparte del empleado que salía de su garita para atender a un automovilista. Ni el enano melancólico ni el cazador de naufragios estaban a la vista. Ella había dejado música en la minicadena. Era una melodía lentísima y triste que Coy no había oído nunca. Fue hasta allí y miró el estuche del disco: 'Aprés la pluie'. No conocía de nada a aquel E. Satie -quizás era amigo de Justine-, pero el título le pareció apropiado. La música hacía pensar en la cubierta húmeda de un barco inmóvil en un mar gris y en calma, todavía visibles en el agua los círculos concéntricos de las últimas gotas de lluvia, pequeñas ondulaciones parecidas a roce de medusas a flor de superficie o diminutas ondas de un radar, y en alguien que miraba todo eso con las manos apoyadas en una regala mojada, mientras nubes sombrías se alejaban, negras y bajas, en la línea del horizonte. Sentía nostalgia cuando alzó la vista buscando inútilmente una estrella. El resplandor de la ciudad velaba el cielo. Hizo visera hacia abajo, con una mano, y cuando sus ojos se acostumbraron pudo ver un par de ellas, débiles puntitos luminosos en la distancia. Sobre las ciudades, cuando era posible distinguir alguna, las estrellas parecían siempre amortiguadas, distintas, desprovistas de brillo y de significado. Sobre el mar, sin embargo, eran referencias útiles, caminos y compañía. Coy había pasado largas horas de guardia en alta mar acodado en un alerón, viendo desaparecer en primavera Sirio y las siete Pléyades por el cielo vespertino occidental y luego asomar en verano al otro lado de la noche, en el cielo matutino de levante. Incluso les debía la vida a las estrellas; y durante una breve e intensa etapa de su juventud, hasta le ayudaron a eludir la cárcel de Haifa. Porque cierta lúgubre madrugada de agosto, hallándose a punto de entrar en aguas libanesas a bordo del “Otago”, un pequeño carguero que navegaba sin luces de Lárnaca a Sidón para burlar el bloqueo israelí, y antes de que despuntara la farola de Ziri -un destello cada tres segundos, visible a seis millas- Coy había avistado, mientras aguardaba la aparición de Cástor y Póllux en el horizonte oriental, la silueta negra de una patrullera acechando al amparo de la línea oscura, ante la costa hacia la que se dirigían."

De 'La piel del tambor':

"Monseñor Corvo hizo una pausa para contemplar la docena de pipas inglesas que tenía alineadas en un soporte de madera de cerezo. A su espalda, tras los visillos, se adivinaban la torre de la Giralda y los arbotantes de la catedral. Había un rectángulo de sol en la piel verde que tapizaba el tablero de la mesa, y el prelado puso allí la mano del anillo con gesto en apariencia casual. La luz arrancó un reflejo a la piedra amarilla y una leve sonrisa a Lorenzo Quart."

"Por primera vez rieron todos juntos, incluido el mismo padre Ferro, a regañadientes primero y luego del mismo modo bonachón que la vez anterior. Era como si al hablar de astronomía Quart se hubiera acercado a él un poco más. Macarena se daba cuenta y parecía satisfecha, mirando alternativamente al uno y al otro. Sus ojos tenían de nuevo reflejos color de miel, y parecía feliz, recobrada aquella risa sonora y franca, de muchacho. Entonces le sugirió al párroco que le enseñase a Quart el palomar. Relucía el telescopio de latón junto a los arcos mudéjares abiertos a modo de galería en los cuatro costados de la torre, sobre los tejados de Santa Cruz. En la distancia, entre antenas de televisión y bandadas de palomas volando en todas direcciones, podían verse la Giralda, la Torre del Oro y un trecho del Guadalquivir con los trazos azules de las Jacarandas en flor de sus orillas. El resto del paisaje ante el que un siglo atrás había languidecido Carlota Bruner estaba ocupado ahora por edificios modernos de cemento, acero y cristal. No había ninguna vela blanca a la vista, ni barcos balanceándose en la corriente, y los cuatro pináculos del Archivo de Indias parecían centinelas olvidados sobre la antigua Lonja que guardaba el papel, el polvo y la memoria de un tiempo muerto."

"Los focos que iluminaban la catedral creaban un espacio irreal entre noche y luz. Desorientadas por el contraste, las palomas volaban en todas direcciones, apareciendo de pronto y desapareciendo después en la oscuridad, entre la inmensa y armónica montaña de cúpulas, pináculos y arbotantes donde campeaba la torre de la Giralda. Era casi fantástico, pensaba Lorenzo Quart. Un paisaje de fondo tan extraordinario como el de las antiguas superproducciones de Hollywood a base de tela pintada y mucho cartón piedra. La diferencia consistía en que la plaza Virgen de los Reyes era auténtica, construida a fuerza de ladrillos y de siglos —la parte más antigua databa del XII—, y no había estudio cinematográfico capaz de reproducir su aspecto impresionante, por mucho dinero o mucho talento que se le echara al asunto. Aquél era un decorado único, irrepetible. Un escenario perfecto. Sobre todo cuando Macarena Bruner anduvo por él unos pasos para detenerse bajo la enorme farola central de la plaza, y se quedó allí, inmóvil contra la claridad dorada de la piedra y los proyectores de luz. Alta y esbelta, el collar de marfil en la piel morena del cuello, el pelo recogido en cola de caballo. Los ojos negros, tranquilos, quietos en Quart.
—Apenas hay sitios así —dijo.
Era cierto, y el hombre de Roma se daba cuenta de hasta qué punto la presencia de aquella mujer acentuaba la fascinación del lugar."

-

Luego, aunque no las recuerdes, ya te han puesto el paisaje a la acción que se desarrolla en ellas sin darte casi cuenta.

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Lenka
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Mensaje por Lenka » Mié Abr 13, 2011 4:08 pm

Es totalmente "Juanra", la verdad. Aunque no sé yo si nuestro Jinete se hubiera resistido a meter algún detalle de humor, porque (aunque no sé si le ha leído) a veces le sale un ramalazo Pennac de lo más cachondo. :wink: Pero sí, es muy Juanra esta patente.

Y es muy Reverte, dentro de que la temática no sea la suya habitual. Es muy Reverte eso de ofrecernos un fin del mundo civilizado, lleno de dignidad, de respeto por uno mismo y por el otro, con los seres humanos dando lo mejor de sí mismos y terminando con elegancia. Eso es puro Reverte. Ni gritos, ni histeria, ni salvajismo gratuito, ni pánico, ni debilidad. Muy heorico. Muy a lo orquesta del Titanic. Muy tipo "esto es un tercio español". Una humanidad con clase y sabia, asumiendo que esto es todo, que hasta aquí hemos llegado y que de nada sirve ponerse a chillar. Adiós, señores, y tal. Ya nos veremos si hay algo detrás. Perfectamente asumido que tarde o temprano se acababa la fiesta. Genial, revertiano a más no poder.

Obviamente Arturo no se cree una palabra de lo que ha escrito. No tiene tanta fe en el ser humano como especie, y seguro que sabe que el mundo jamás terminaría con una dignidad semejante (salvo quizá en Japón, visto lo visto. Vete a saber si no se ha inspirado un poco en ellos). Creo que se limita a contar el fin del mundo que a él le gustaría. El broche de oro que, de alguna manera, redimiría a la humanidad de todas sus burradas y mezquindades. Supongo que le encantaría un final así, aunque no lo crea posible. Por eso es pura ciencia ficción. Él que decía que no servía para escribir así... Ya veo, ya. :lol:

Preciosa la patente, sin duda. Un regalo. El apocalipsis según Diego Alatriste. :wink:
Me alegro de no haberte matado todavía...

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vetinari
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Mensaje por vetinari » Mié Abr 13, 2011 5:01 pm

Lenka escribió: Creo que se limita a contar el fin del mundo que a él le gustaría. El broche de oro que, de alguna manera, redimiría a la humanidad de todas sus burradas y mezquindades.


Sí, eso debe ser. Aunque sabiendo lo que piensa de la humanidad, cree que es como Lenka dice, que este final no se lo cree ni él.
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Intranquilo
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Mensaje por Intranquilo » Mié Abr 13, 2011 5:04 pm

Eso está claro. Tras leer El pintor de batallas, no cabe duda.

¿O sí?

Tal vez cuando nadie tenga nada que ganar porque todo se acaba YA...

Pero no.

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lansquenete
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Mensaje por lansquenete » Mié Abr 13, 2011 8:38 pm

¡Cómo madrugáis, joíos! :lol: Yo también he flipado, he recordado las veces que el propio Arturo negaba interesarse por escribir ciencia-ficción, e, inmediatamente, las que ha cambiado de parecer en otros aspectos. Y me alegro de que cambie de registro aunque sea por una semana, que sustituya el amargo esperpento sobre lo cotidiano por la dulce tristeza en el fin del mundo.

Gracias, Jefe, por esta nueva lección de estilo, a Nexus por ponerla a nuestro alcance y a Rog por documentarla.

Ah, y a Juanra por inspirarle! :wink: (Oye, por qué no, tu blog está al alcance de todas las miradas, ¿no?)
"El grog es una mezcla secreta que lleva uno o más de lo siguiente: Queroseno, glicol propílico, acetona, ron, endulzantes artificiales, ácido sulfúrico, tinte rojo nº 2, scumm, ácido para baterías, grasa para ejes y/o pepperoni."

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elanor
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Mensaje por elanor » Jue Abr 14, 2011 2:27 am

Me ha arrastrado totalmente. ésta es de las que cuesta irse a dormir y no pensar en ella, te acompaña.

Gracias Nexus y a Rogorn por estar ahí y hacernos recordar!
En su estancia solo reposa.
Su mente baraja futuros
mientras la soledad le invade.
Su mente se enfrenta a si mismo
y al enemigo.

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