983 - 06.05.2012 - El perchero de Mingote

Los artículos de la columna de Pérez-Reverte en ‘El semanal’ y otros escritos suyos

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Rogorn
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983 - 06.05.2012 - El perchero de Mingote

Mensaje por Rogorn » Vie May 04, 2012 3:17 pm

EL PERCHERO DE MINGOTE

Una tarde de hace nueve años, mientras esperaba en mi entonces mesa habitual del café Gijón a que los miembros de la RAE votaran sobre mi candidatura, uno de los viejos camareros, que me conocía desde que entré por primera vez en el café siendo un jovencito imberbe, me dijo: «Hubo un tiempo en que tener una silla reservada aquí era más importante que tener un sillón en la Academia». Y tenía razón. Pero lo que pude averiguar más tarde, una vez dentro, es que había algo aun más importante que un sillón con tu letra en la sala de plenos, e incluso que una mesa reservada en el Gijón: el perchero del vestíbulo de la RAE, con sus perchas de bronce y su bastidor de madera con huecos para el bastón o el paraguas.

Tanto me asombró el descubrimiento, que a las pocas semanas le dediqué un artículo en esta misma página. 'El perchero de la Academia', se titulaba. En él explicaba su protocolo centenario: cada académico tiene su percha, identificada con el nombre, y debajo encuentra los jueves el correo que recibe. Las perchas, excepto la del director, se asignan por orden de antigüedad. Y con el paso del tiempo, los académicos que mueren dejan su lugar vacante; de manera que los que vienen detrás avanzan percha a percha. Las vacantes deberían producirse entre los académicos de más edad, pero no siempre es así. Nombres de venerables abueletes ocupan desde hace décadas algunos de los lugares más antiguos, enrocados allí mientras compañeros más jóvenes se quedan por el camino. Son loterías de la vida, registrada puntualmente en ese viejo marcador que nos recuerda, cada jueves, cómo, cada uno a su paso, nos encaminamos todos a la muerte. En lo que a mi nombre se refiere, en noviembre del 93, cuando escribí aquel artículo, ocupaba la penúltima percha, entre Margarita Salas y José Manuel Sánchez Ron. Hoy tengo diecisiete por detrás.

El último hueco en el perchero me ha dejado en el corazón un agujero del tamaño de un disparo de postas: Antonio Mingote era uno de los hombres más afectuosos y cabales que conocí en mi vida. Uno de esos venerables abuelos a los que antes me refería, y que dan a la Academia el tono, el prestigio y la solera. Sobre Antonio se ha dicho tanto en las últimas semanas -algunas veces España deja de ser madrastra ingrata y hace justicia a los mejores-, que insistir aquí sería remachar lo obvio. Pero no puedo dejarlo irse sin más. Desde que entré en la RAE formábamos parte de la misma comisión del Diccionario, la de Ciencias Humanas; y cada jueves, antes del pleno, nos reuníamos para revisar las definiciones que esa semana tocaban en suerte. Su bondad extrema, su fina caballerosidad, los ejemplos gráficos que garabateaba en los márgenes de las definiciones -conservo como un tesoro el dibujo de la palabra "canalillo"-, lo hacían entrañable. Silvia, la guapa filóloga de nuestra comisión, lo amaba en secreto. O sin él. En realidad lo amábamos todos.

Imagen

La comisión. No pueden imaginarse lo atrozmente viejo que puedo sentirme estos días, al asistir a ella. Lo incómodamente superviviente, cuando después de colgar mi mochila en el perchero compruebo que la tarjeta con mi nombre se ha movido de nuevo, avanzando otro puesto. Cuando entro en la salita donde nos reunimos, veo desocupado el lugar de Antonio Mingote y pienso en los huecos que he visto producirse en torno a esa mesa: el queridísimo Antonio Colino, el sensato Castilla del Pino, el muy fumador Ángel González, el excéntrico almirante Álvarez-Arenas, a quien cada tarde saludaba cuadrándome con un taconazo que él agradecía con una sonrisa guasona de sus ojos azules... Sólo dos de quienes hace casi una década me dieron la bienvenida siguen en esa comisión: Gregorio Salvador y José Luis Sampedro. Los otros, Javier Marías entre ellos, vinieron después. Sampedro acude siempre que la salud se lo permite, pero el veterano Gregorio no falla nunca. Está allí jueves tras jueves, ejemplo de académicos perfectos, dando tono y magisterio. Él y unos pocos más son los últimos nombres legendarios de aquella Academia en la que ingresé tímido y de puntillas, pidiendo perdón por hacerlo. Todavía lo pido cuando me siento en la comisión del Diccionario, a la derecha de Gregorio Salvador -a la izquierda se sentaba Mingote-, y lo miro respetuoso, como un fiel perro de caza miraría a su amo, esperando el dictamen docto, la autoridad definitiva sobre esto o aquello. En la RAE quedan pocos de los grandes; aunque, por suerte para quienes hablamos la lengua española, allí siguen. Y todavía se les escucha, para irritación de analfabetos e imbéciles. Después, que corra el perchero y el diablo nos lleve a todos.

XL Semanal, 6 de mayo de 2012

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Vie May 04, 2012 3:35 pm

EL PERCHERO DE LA ACADEMIA

En la Real Academia Española hay un vestíbulo con percheros y agujeritos para el bastón o el paraguas. Cada académico tiene el suyo, identificado por una tarjeta con su nombre, y ahí encuentra cada jueves el correo. Los percheros se asignan por orden de antigüedad; de manera que, según pasa el tiempo, los académicos que mueren te dejan percheros libres por delante, y los recién llegados los ocupan por detrás. Esto del perchero, me confió el primer día uno de los conserjes, críptico, tiene más importancia que el sillón con la letra correspondiente. Y por fin comprendo lo que quería decir. Durante unos meses, mi nombre estuvo en la última percha. Ahora me corresponde la penúltima, y pronto será la antepenúltima. La antigüedad en la titularídad del perchero suele ir en proporción a la edad del académico; pero no siempre es así. Nombres de ilustres veteranos siguen enrocados en los lugares más antiguos, mientras compañeros jóvenes se van quedando en las cunetas de la vida. En cualquier caso, a modo de indicador simbólico, ese lento movimiento hacia los puestos de más antigüedad equivale a un recordatorio de cómo, poco a poco, todos nos encaminamos hacia la muerte.

Ayer encontré algo espléndido en mi perchero de la RAE. Se trata de un libro editado por la Fundación Menéndez Pidal y por la Academia: ‘Léxico hispánico primitivo’ (siglos VIII al XII). No es lugar éste para comentarlo a fondo. Diré, simplificando mucho, que se trata de la culminación, parcial todavía, de un glosario proyectado en 1927 por Ramón Menéndez Pidal y ejecutado en su mayor parte por su discípulo Rafael Lapesa para rastrear las primeras palabras escritas de la lengua española -llamarla castellana es una reducción estúpida, además de inexacta- desde el siglo VIII, cuando, entre el latín vulgar, aparecieron los balbuceos del español en vocablos asturleoneses, castellanos, navarro-aragoneses, gallego-portugueses, catalanes y mozárabes. Fue una obra complejísima y dificil. En la España medieval no había diccionarios, y las voces romances de ese mundo lejano carecen de forma única, camufladas en textos escritos con letra gótica y frecuentes arabismos. Lapesa empezó a trabajar en su glosario con diecinueve años y murió a los noventa y tres sin verlo revisado ni publicado como tal, pese al esfuerzo de toda su vida, incluida la angustia de poner a salvo la documentación durante los bombardeos de la guerra civil. Ahora dirige la edición don Manuel Seco -uno de los más perfectos académicos que conozco-, quien ya trabajó con Lapesa en el Diccionario Histórico de la Academia.

El ‘Léxico’, por supuesto, interesa sobre todo a especialistas e investigadores; pero también es fascinante para el curioso que recorre sus páginas. Asistir a la afirmación, por ejemplo, de la palabra ‘mujer’ tras seguir sus peripecias durante dos siglos -mulier, mullere, mulie, mullier, mullier, muler, mugier-, o comprobar cómo la palabra ‘hombre’ se abre camino desde el año 844 a través de homo, omne, huamnne, uemne, homne, produce un estremecimiento de gratitud hacia los hombres tenaces que se quemaron los ojos cuando la informática aún no facilitaba estas cosas, y había que escudriñar con tesón y paciencia textos y más textos, fichando, ordenando, anotando. Luchando, además, contra la incomprensión y la imbecilidad de quienes, antes como ahora, tienen la obligación de apoyar estos esfuerzos, pero ven más rentable gastarse la pasta en demagogias electorales.

He dicho alguna vez que en la RAE hay dos clases de académicos. Unos son los imprescindibles, los maestros: curtidos filólogos, lingüistas, lexicógrafos. Sabios que hacen posible culminar obras como ésta. Generales honorables, en fin, que con su esfuerzo callado y su ciencia pelean en la trinchera viva del español usado por cuatrocientos millones de hispanohablantes. Otros, allí, somos los humildes batidores que hacemos almogavarías y forrajeos en el campo de batalla, regresando con nuestro botín para ayudar en lo que haga falta: escritores, científicos, historiadores, economistas. Reclutas, o casi, en contacto con la calle. La fiel infantería. Por eso, llegar un jueves y encontrar de oficio, bajo el perchero, un libro como éste, resulta un privilegio. Tenía razón el conserje: un perchero en la RAE importa más que un sillón con tu letra. En la sala de plenos todos los académicos son iguales. En las perchas centenarias late el largo camino que ha recorrido cada cual.

El Semanal, 14 de diciembre de 2003

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El lento y rápido viaje de los abrigos
Javier Marías - El País Semanal - 09/10/2011

El Almirante se murió hace poco más de dos semanas. Así era como todos conocíamos y llamábamos, en la Real Academia Española, a Don Eliseo Álvarez-Arenas, almirante auténtico, con una larga carrera militar. Si digo la verdad, nunca he leído nada escrito por él. Tengo la vaga idea de que en esa institución siempre ha habido un miembro ilustrado de su profesión (pero quizá me equivoque), necesario para la correcta definición de los innumerables y precisos términos marinos que contiene el español. El Almirante estaba en la misma comisión que yo (nos repartimos en cinco, y cada una va revisando y poniendo al día la parte del Diccionario que le corresponde), así que lo vi y lo traté bastantes jueves. De hecho, sin duda, todos los que yo he acudido a esas sesiones menos el último, ya que él nunca faltaba, a diferencia de mí. En esa última ocasión, antes del verano, Don Arturo Pérez-Reverte, que ahora quedará como mayor experto náutico, se extrañó de su ausencia. "Qué raro", dijo, "debe de estar malo". No hablaba demasiado el Almirante. Puntualizaba lo justo, no sólo en su terreno, y de vez en cuando hacía algún chiste tirando a malo (o quizá era sólo anticuado), lo cual resultaba gracioso, valga la contradicción. Siempre iba pulquérrimo y carraspeaba. Su mirada era benévola y algo irónica. Lo echaremos de menos, estoy seguro, y, cuando regrese yo la próxima vez, mi gabardina o mi abrigo habrán avanzado un paso más.

Desde que hace tres años "tomé posesión" de mi plaza (ese es el término que se emplea allí), me he dado cuenta de que la Academia tiene, para sus miembros, algo de inquietante y algo de tranquilizador, además de otros elementos buenos y malos, claro está. Es tradición que la mayoría de sus integrantes sean longevos. Por hablar sólo de los vivos, Don Martí de Riquer nació en 1914; Don José Luis Sampedro, en 1917; Don Antonio Mingote y Don José Luis Pinillos, en 1919, así que los cuatro son nonagenarios. Octogenarios hay diez, y el propio Almirante se acercaba a los ochenta y ocho, muy bien llevados. Este es el factor "tranquilizador".

En la Academia, sin embargo, hay un perchero corrido, por así decir. De él habló Don Arturo en un memorable artículo, hace ya tiempo y en otro lugar. En la parte superior del perchero hay un gancho, y sobre él una etiqueta enmarcada con el nombre de cada miembro, de modo que todos sabemos dónde debemos colgar nuestro abrigo, gabardina o paraguas. En la parte inferior (una mesa o casi pupitre, también corridos), se nos deja el correo que allí nos llega, en un montoncito. Así que no hay posibles pérdida ni confusión. Cada nuevo académico ve su etiqueta agregada, en el último lugar de la fila. Pues bien, lo "inquietante" es que, a pesar de la longevidad imperante, en los tres años transcurridos desde que mi nombre fue esmeradamente añadido, lo he visto avanzar demasiado rápido para mi gusto, y supongo que para el de cualquiera. En ese periodo de tiempo, si mal no recuerdo, han desaparecido las etiquetas de Don Carlos Castilla del Pino, Don Miguel Delibes, Don Francisco Ayala, Don Valentín García Yebra, Don Luis Ángel Rojo y ahora Don Eliseo Álvarez-Arenas. Poco antes lo habían hecho las de Don Ángel González, Don Fernando Fernán-Gómez, Don Antonio Colino y Don Claudio Guillén. Todos ellos, si no yerro en los cálculos, octogenarios, nonagenarios o incluso centenarios. Nada, por tanto, demasiado fuera de lo natural.

Pero, qué diablos, ese lento y a la vez rápido avance en el perchero es un discreto y tácito, pero innegable recordatorio de nuestra mortalidad, pese a que el orden no lo dicte la edad, sino la antigüedad en la institución. Y así, por ejemplo, el cuarto académico más veterano en la actualidad es Don Pere Gimferrer, que nació tan tarde como en 1945 y a quien auguro una vida centenaria (los poetas duran mucho, ellos en particular). Si me refiero a todos mis colegas anteponiéndoles el "Don" es porque así establece el reglamento que nos dirijamos y aludamos unos a otros no en las comisiones, pero sí en los plenos, por mucho que nos conozcamos y buenos amigos que podamos ser. En estas sesiones nos refrenamos, y a quien un minuto antes hemos llamado un asilvestrado "Paco", le diremos: "Profesor Rico, no puedo estar más en desacuerdo con usted". O nos referiremos, a quien toda la vida ha sido "Álvaro", como al "señor Pombo, cuyas propuestas son invariable y afortunadamente excéntricas". No me parece mal que sea así, como tampoco que acudamos con corbata, prenda que no suelo ponerme en casi ninguna otra ocasión. En una sociedad tan zafia y confianzuda como la española, es de agradecer que quede algún reducto -privado, eso sí- de cortesía y civilidad, aunque éstas sean artificiales (toda educación es en realidad artificial, y, en contra de lo que cree gran parte de nuestra sociedad simplista, nada hay tan brutalizador como "lo natural").

Tampoco me parece mal ese lento y rápido viaje de los abrigos, por inquietante que sea, en ese lugar. Cada vez que colgamos el nuestro de un gancho más avanzado, dedicamos un breve recuerdo a los que ya se fueron, y adquirimos mayor conciencia de que el tiempo va pasando, se va acercando. Pero también de que el tiempo casi siempre da tiempo, de que suele ser urbano y gentil y de que, a pesar de las impresiones, probablemente transcurrirán muchos jueves antes de que ese abrigo nuestro se atreva a dar un paso más.

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Siana
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Mensaje por Siana » Vie May 04, 2012 3:40 pm

Sencillamente magnífica esta semana. Gracias Ro.

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Mensaje por koora_linax » Vie May 04, 2012 4:16 pm

en noviembre del 93
:roll:

...el sensato Castilla del Pino le regaló el libro -Los peces de la amargura- de Fernando Aramburu.

Gracias Ro :wink:
"Al final lo que está en juego es como vivir con el desorden". Arturo P-R

Adeletheresa61
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Mensaje por Adeletheresa61 » Vie May 04, 2012 4:25 pm

Gracias Ro

El último hueco en el perchero me ha dejado en el corazón un agujero del tamaño de un disparo de postas: Antonio Mingote era uno de los hombres más afectuosos y cabales que conocí en mi vida.


:cry: :cry:

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Ada
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Re: 983 - 06.05.2012 - El perchero de Mingote

Mensaje por Ada » Vie May 04, 2012 5:06 pm

Son loterías de la vida, registrada puntualmente en ese viejo marcador que nos recuerda, cada jueves, cómo, cada uno a su paso, nos encaminamos todos a la muerte. (...)

El último hueco en el perchero me ha dejado en el corazón un agujero del tamaño de un disparo de postas: Antonio Mingote era uno de los hombres más afectuosos y cabales que conocí en mi vida. Uno de esos venerables abuelos a los que antes me refería, y que dan a la Academia el tono, el prestigio y la solera.


Muchas gracias Ro por compartirlo.
Os dejo una imagen de la capilla ardiente.
Arturo ha tenido la suerte de conocer a un grande

http://2.bp.blogspot.com/-cQOBPajtZQA/T ... ingote.bmp
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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Mensaje por El_Curioso_Impertinente » Vie May 04, 2012 6:26 pm

Os he puesto un viejo chiste de Mingote en el hilo de los Chistes
Todos los seres humanos cometen errores, pero algunos seres humanos cometen más errores que otros y a ésos se los llama "tontos" (Fray Guillermo de Baskerville).

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Victoria
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Re: 983 - 06.05.2012 - El perchero de Mingote

Mensaje por Victoria » Vie May 04, 2012 6:50 pm

APR escribió:Sólo dos de quienes hace casi una década me dieron la bienvenida siguen en esa comisión: Gregorio Salvador y José Luis Sampedro. Los otros, Javier Marías entre ellos, vinieron después. Sampedro acude siempre que la salud se lo permite...


Se me ponen los pelos de punta y un nudo me atraviesa la garganta cada vez que alguien o algo, me recuerda los años y la salud que arrastra ya Sampedro... Por mucho que él diga que tiene ganas de irse ya y que está cansado de tener que ponerse los dientes por la mañana y aguantar dolores me gustaría poder convertirlo en eterno. Ojalá hubiera más como él.
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

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Mensaje por nexus6 » Vie May 04, 2012 7:00 pm

Preciosa. Gracias, Boss.
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir

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Mensaje por vetinari » Vie May 04, 2012 8:49 pm

Gracias, Ro
"...Efialtes aparecerá finalmente,
y pasarán los persas" Cavafis
"No hay quien pueda comprar el ser marino cuando estás en el mar." APR
"Freedom is just another word for nothing left to loose" Janis Joplin

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Mensaje por Ginebrino » Vie May 04, 2012 9:21 pm

Pues me ha puesto los ojos vidriosos el cabrón este de Reverte.
Sinceramente bueno. Me ha tocado
-Mi Tcol, esto es un desastre! Falta de todo: Morteros, chopos, ballonetas, acémilas...
-Si se fija bien, verá que también faltan soldados.

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Mensaje por Violette » Sab May 05, 2012 8:53 am

tengo el corazón en un puño... sentir estas ausencias, y saber a ciencia cierta que, no solo se pierde un compañero de trabajo, un amigo, sino que hay una pérdida que sobrepasa lo personal y alcanza al mundo en el que vivimos, que el hueco de la percha es en realidad una carencia que ya nunca podrá llenarse con nadie...

Mingote ha sido parte de la historia de nuestro pais, el que ha reflejado con un estilo único e intransferible, lo que somos, lo que hemos sido, y lo que hemos sufrido-ganado para llegar hasta donde estamos.

El artículo además me ha recordado la delicada situación de Jose Luis Sampedro, del que estoy leyendo actualmente "La sonrisa etrusca". Ojalá aún viva mucho tiempo...
¿Para qué sirve un libro sin imágenes ni diálogos?

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aik
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Mensaje por aik » Sab May 05, 2012 12:28 pm

APR escribió:Todavía lo pido cuando me siento en la comisión del Diccionario, a la derecha de Gregorio Salvador -a la izquierda se sentaba Mingote-, y lo miro respetuoso, como un fiel perro de caza miraría a su amo, esperando el dictamen docto, la autoridad definitiva sobre esto o aquello. En la RAE quedan pocos de los grandes; aunque, por suerte para quienes hablamos la lengua española, allí siguen. Y todavía se les escucha, para irritación de analfabetos e imbéciles. Después, que corra el perchero y el diablo nos lleve a todos.


Hoy me quedo con esto. Una buena definición de como un grande respeta a otro grande. Quizás tanto o más que aquel.

Gracias por la patente Ro.
"Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)

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Mensaje por Corsaria » Dom May 06, 2012 1:57 am

Me emocionó la patente de esta semana.
Había descubierto fascinada, estremecida de placer y de miedo, que todos los libros del mundo hablaban de ella.

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Mensaje por endeavour » Dom May 06, 2012 9:20 pm

Gracias Rogorn, por la de hoy y por recordarnos las que precedieron a ésta. Un gusto releerlas. Una pena que no será la última.

Alguien escribirá sobre él algún día en el mismo sentido. Y nosotros nos quedaremos huérfanos.

Cómo pasa la vida.

un saludo.

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Mensaje por Ada » Dom May 06, 2012 10:03 pm

endeavour escribió:
Alguien escribirá sobre él algún día en el mismo sentido. Y nosotros nos quedaremos huérfanos.

Cómo pasa la vida.


Qué razón tienes.

Al final, para todos,el único consuelo posible es la muerte
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Mensaje por koora_linax » Dom May 06, 2012 11:01 pm

endeavour escribió:Gracias Rogorn, por la de hoy y por recordarnos las que precedieron a ésta. Un gusto releerlas. Una pena que no será la última.

Alguien escribirá sobre él algún día en el mismo sentido. Y nosotros nos quedaremos huérfanos.

Cómo pasa la vida.

un saludo.


“La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otras cosas.” John Lennon
"Al final lo que está en juego es como vivir con el desorden". Arturo P-R

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Mensaje por julito » Mar May 08, 2012 1:46 pm

Gracias Ro. Ya se que la patente está dedicada a Antonio Mingote, pero al mencionar a José Luis Sampedro, me acordé la magnífica entrevista que le hizo hace unos meses Jordi Évole: http://www.youtube.com/watch?v=VJ3KS3eu6H8
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero

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Victoria
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Mensaje por Victoria » Mar May 08, 2012 1:59 pm

julito escribió:Gracias Ro. Ya se que la patente está dedicada a Antonio Mingote, pero al mencionar a José Luis Sampedro, me acordé la magnífica entrevista que le hizo hace unos meses Jordi Évole: http://www.youtube.com/watch?v=VJ3KS3eu6H8


Y estuvo grandioso. Como siempre. Otro Maestro.
Gracias por el enlace Julito, la vi en su día pero no sabía que estaba colgada.
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

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endeavour
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Mensaje por endeavour » Mar May 08, 2012 6:39 pm

Gracias Julito. Qué gran pensador y escritor, José Luis Sampedro. Da gusto escucharle.

No se por qué no leo más de él. Recuerdo tanto "La sonrisa etrusca" y "Octubre, Octubre". Creo que nunca había llorado leyendo hasta que leí a Sampedro. Un grande al que por desgracia se le acerca el final. Espero que se le reconozca su grandeza.

un saludo.

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