269 - 30.08.1998 - Sanfermines y enfermeras

Los artículos de la columna de Pérez-Reverte en ‘El semanal’ y otros escritos suyos

Moderadores: Targul, Mithrand, Moderadores

Responder
Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14270
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

269 - 30.08.1998 - Sanfermines y enfermeras

Mensaje por Rogorn » Mar Mar 11, 2014 5:03 pm

SANFERMINES Y ENFERMERAS

Pues ya ves, Marina, tronquilla, a algunas enfermeras no les gusta que digas que no quieres ser enfermera. Se suben por las paredes y te acusan de insultar al muy honrado gremio, hay que ver, quién se habrá creído que es esa tía, oye, la Mayoral, despreciando e insultando y vilipendiando nuestra profesión de ese modo tan agresivo e infame. Así que, claro, escriben cartas al director poniéndote a parir. Y es que te olvidaste, colega, de que en este país el todo suele sentirse aludido en la parte, por mínima que sea, con una susceptibilidad que ya quisiéramos para otros asuntos de más enjundia. Es como si yo digo, por ejemplo, que mi vocación de toda la vida fue capador de canarios flauta, y que nunca me llamó la atención lo de ser, no sé, bombero; y el colectivo de bomberos va y se ofende, y me dice oigausté, a ver por qué insulto a los bomberos, y que si tengo algo contra los cascos y las mangueras, y que la próxima vez que se le pegue fuego a mi casa van a apagarlo mis muertos con un sifón. Y es que, entre la falta de sentido del humor y la mala leche que tenemos en este país maldito de Dios, con la tecla, Marina, hay que cogérsela siempre con papel de fumar, o con lo que industriéis las hembras en tales casos. Me refiero a la tecla y al equivalente. Y por cierto, antes de que la AEPG –Asociación de Erizas en Pie de Guerra- se abalance sobre la Olivetti, el PC o el bolígrafo, matizaré que, según el diccionario de la R.A.E., "hembra", del latín "femina", significa animal y/o persona del sexo femenino, o sea, mujer. Así que pueden ahorrarse la bronca y el sello de Fernando VII.

Por cierto, y ya que hoy vamos de broncas y de sellos, aprovecho para responder a los seis o siete lectores de Pamplona que han escrito jiñándose en mis mulés por el artículo que escribí choteándome, dicen, de los sanfermines; y para acusarme, por natural extensión, de insultar a Navarra, a la Euzkadi irredenta, al fantasma de Zumalacárregui y al "detente bala" de San Apapucio, requeté y mártir. Porque el arriba firmante, o sea, yo, se niega a comerse ese marrón. Ni he estado en Pamplona, ni visité los sanfermines en mi puta vida, ni escribí nunca sobre el asunto. Quien sí lo ha hecho, creo, en fecha reciente, ha sido mi viejo colega Javier Reverte, que no es un pseudónimo mío sino un señor que se llama así, Javier Reverte, por el morro. O sea, un fulano que ni es pariente mío ni es nada, aunque, eso sí, compartimos vieja amistad y recuerdos desde hace casi treinta años, cuando ambos nos ganábamos la vida, él como articulista y yo como reportero, en ‘Pueblo’. Así que si a alguien tienen que inflar a hostias vayan e ínflenlo a él, y a mí no me den la barrila con artículos de otros. Además, de ese modo, Javier tendrá un pretexto para huir de este país de gilipollas y largarse otra temporada al extranjero y escribir otro libro de viajes estupendo como ese de ‘El sueño de África’, que lleva la tira de tiempo encabezando la lista de más vendidos, y con razón. Que es que hay que leer mejor las firmas, listillos. Y enterarse.

Y para terminar, ya que hoy me he arrancado por el palo de los asuntos personales, quiero dar las gracias a Ángeles Caso por, ella sí, reivindicar la honra del muy honesto gremio de enfermeras y ofrecerse voluntaria para atendernos a Javier Marías y a mí en caso de estocadas o pistoletazos mutuos. Su rasgo me decide definitivamente a dejarme herir por mi vecino de página, a ser posible con el consabido tiro en el hombro; pues sólo pensar que Ángeles se ocupe de velar mi delirio vestida de Beba la Enfermera hace que se me salten los pulsos. Adoro a esa mujer desde que entramos juntos en la tele, a mediados de los años ochenta; y siempre le digo que podría ser la Barbara Cartland española pero en plan bien, si quisiera; lo que pasa es que no quiere. Si yo fuera su editor, me forraba, porque tiene todos los ingredientes: escribe bien, es educadísima, pálida, frágil, sensible y romántica, con unos ojos de a palmo, y siempre la recordaré una tarde gris de otoño embelleciendo con su mera presencia los cuadros de Brueghel el Viejo en el museo Kunst de Viena. La imagino ahora al amanecer, con su pamela y su sombrilla, recogiéndome herido sobre la hierba junto a un acantilado asturiano, como en ‘La mujer del teniente francés’, y luego aliviándome las horas de dolor con tisanas y con piezas de Chopin al piano, mirándome con esos ojos que deberían pagar impuestos. Así que te juro que nunca será tuya, Marías, perro inglés. Nevernevernever de never. O sea, nunca.

El Semanal, 30 de agosto de 1998

Avatar de Usuario
bowman
Mensajes: 5203
Registrado: Lun Ago 07, 2006 11:00 pm
Contactar:

Mensaje por bowman » Mié Mar 12, 2014 8:59 am

:lol: :lol: :lol: :lol: :lol:
¿Porqué lo de 'ahorrarse el sello de Fernando VII'?
:lol: :lol: :lol: :lol: :lol:
A ver si alguien sabe, hombre.
<div>El último que apague la luz.</div>

Avatar de Usuario
grognard
Mensajes: 4077
Registrado: Dom May 01, 2011 11:00 pm
Ubicación: emporiae

Mensaje por grognard » Mié Mar 12, 2014 9:12 am

¿Para no seguir el camino de grognard, Torrijos y demás compañeros?


No.


'El sello infame'
http://www.capitan-alatriste.com/module ... pic&t=2343

Courlitz
Mensajes: 152
Registrado: Jue Ene 31, 2008 12:00 am

Mensaje por Courlitz » Dom Mar 16, 2014 1:15 am

bowman escribió::lol: :lol: :lol: :lol: :lol:
¿Porqué lo de 'ahorrarse el sello de Fernando VII'?
:lol: :lol: :lol: :lol: :lol:
A ver si alguien sabe, hombre.
Dos semanas antes había patentado esto.

http://www.capitan-alatriste.com/module ... pic&t=2343

De nada.

Ya de paso, adjunto la secuencia completa de articulos o misivas que se cruzaron
los y las protagonistas. Por si no los teneis.


ODIO A JAVIER MARÍAS

Esto no puede quedar así, y exijo una reparación. Lo que ha hecho El Semanal conmigo es una canallada y un agravio comparativo. y ya los estoy calando: mucho premio Correo por aquí y mucha historia por allá, pero a la hora de la verdad van y te la colocan doblada. De modo que he pedido me dejen ilustrar esta página con los cuerpos -nunca mejor dicho- del delito. Así que juzguen ustedes: a una parte, la página publicitaria que el 31 de mayo acompañaba el artículo de mi vecino y hasta entonces querido colega Javier Marias. A la otra, la que acompañaba el mío. Observen, comparen, y juzguen. y no me digan, pardiez, que no es para ponerse a blasfemar en arameo. O en gomorrés. Porque uno, o sea, yo, aceptó siempre la evidencia: mi vecino Marias es un corazón que tiene todas las almas inmaculadamente blancas, un chico educado que en vez de cojones dice córcholis -que es un taco italiano-, habla inglés con acento de Oxford, saca de Shakespeare los títulos de sus novelas, y encima es más guapo y ha tenido muchas novias. También acaba de publicar una novela importante, Negra espalda del tiempo, que el arriba firmante, aunque ni él sea mi novelista favorito ni yo sea el suyo, ha leído, como todo lo que Marías escribe, con singular y extraordinario placer. Amén de todo eso, compartimos un trozo de patria común hecho de películas y libros que incluye a Nabokov, a Conrad y a Mann, a cierto común amigo que habita el 223 bis de Baker Street, y también una cinta maravillosa, épica, hecha de honor y amistad, llamada Vida y muerte del coronel Blimp. Que por cierto acaba de ser reeditada en video. Uno, que no era rencoroso -aunque sí con buena memoria-, reconocía todas esas virtudes en su vecino Marias; incluido el hecho de que él es un gentleman, género más bien raro en esta España donde todo el mundo se tutea con una grosería propia de quienes han coincidido en la misma casa de putas. En cuanto a mí, pese a que fui educado para ser un caballero, la vida, que es muy perra, me llevó por malos caminos, guerras cochambrosas, amigos etílicos, delincuentes que me enseñaron a decir tacos, y mujeres malas que me enseñaron otras cosas. Además, Marías ama a Juan Benet y de rebote a Faulkner; y a mí me importa un bledo el primero y -pese a bobalios y capullos varios- prefiero una novela de Baroja o Galdós a toda la obra, que en su día me calcé enterita, del segundo. Quiero decir con todo esto que yo tenía asumido lo de cada cual; y aunque el humo de los sacrificios de mi colega subiese recto al cielo donde van los angelitos buenos, y el mío se lo llevara un mistral de treinta nudos, no me mosqueaba por ello. Pero héte aquí que los iscariotes de El Semanal deciden recompensarlo con la vecindad de un anuncio de lencería dotado de un par de tetas soberbias -Marías escribiría senos, pero yo no estuve en Oxford-. Y todo eso se lo ponen al niño bonito así, por la cara; mientras que a mi me ponen, hay que joderse, un moro; o sea, un africano magrebí del Magreb o de la Mauritania o de donde sea el fulano, con su turbante, y con su chilaba, y con toda la, imagino, parafernalia. Y hasta ahí podíamos llegar. Que tome nota en El Semanal quien corresponda; pero exijo igualdad de trato publicitario de ahora en adelante. Si hay teta para Javier Marías, quiero teta para mí. Si hay pasión turca para mí, pues que también le vayan dando kilo y medio al de Oxford. Aquí no se va nadie de rositas, colega. Porque de lo contrario, vecino, habrá que solventar este asunto como tú ya sabes: un amanecer bajo la nieve y a sablazos en la cara, con Marina Mayoral y Ángeles Caso vestidas de enfermeras de la Señorita Pepis.

Arturo Pérez-Reverte. El Semanal, 21 de junio de 1998.
..............................................................................


NO AGUANTO A PEREZ-REVERTE
Javier Maras. El Semanal, 5-7-1998.

Hay que ver, este vecino de columna mío, Arturo Pérez-Reverte, con su tabla y su piel y su club y su esgrima, con sus Flandes y Dumas y sus tambores y su ala tan triste y hasta su Polanski, es insaciable, lo quiere y lo exige todo. No basta con que El Semanal le dedique portadas y un monográfico a cada novela nueva, ni que el ochenta por ciento de las cartas le hagan caso (da lo mismo que le arrojen pétalos o maldiciones, siempre es hacerle caso). No le basta con haber logrado que sus tacos esparcidos obtengan aplauso y se le rían todas las gracias -reconozco que las tiene-. No, además de tantas flores, quiere tetas junto a su artículo. y lo que es más grave, quiere mis tetas. y por ahí no paso. Las tetas me pertenecen y además me las he ganado a pulso (y dicho sea de paso, tampoco se crean los de este suplemento que me satisficieron mucho: poco escote, muy tapadas, a ver esa manga ancha). Casi todo le concedo, y de buen grado, al espadachín Arturo: lleva aquí más tiempo que yo, y aunque soy un par de meses mayor, sé que la veteranía es un grado. Me parece justo y benéfico que le regalen portadas, porque cada libro suyo es (¿o no?) un acontecimiento, se pongan como se pongan los estirados. Lo han comparado con Stevenson en América, lo cual él estará de acuerdo en que es una herejía, pero también es un respeto que ya yo lo quisiera. Que los lectores lo adulen se lo tiene merecido, no en vano consigue hacer reír a menudo, que es lo que más le agradezco, por españolista que se ponga a veces. Luego resulta que casi todo el mundo lo adora. Es alguien que, siendo impertinente y bravío, y en ocasiones hasta chulesco, consigue tomar enemigos en aliados entusiastas. Una persona que bien lo conoce y mejor lo quiere me lo explicó hace años: «Por él las mujeres se vuelven locas y los hombres darían hasta la camisa. Dónde se ha visto, díganme (y en España). Ese tipo de personaje lo he encontrado sólo en la ficción, y no en la más verosímil. Así que el Húsar anda por la vida real y sin embargo pertenece a la estirpe de D'Artagnan y Philip Marlowe, de Errol Flynn y el Capitán Trueno, de Gary Cooper y del mismísimo Zorro. Yo, en cambio, me la gano siempre. No sé si estoy por ahí de pendenciero o de justiciero, pero acabo cargándomela. Y hasta cuando me porto bien y soy amable con los pelmas, aun así acaban odiándome, sobre todo si son profesores. Sin retar ni la mitad que AP-R, irrito a muchísima más gente. Mi vecino reparte mandobles, y se lo agradecen los mandoblados, algo insólito. Es un tipo insoportable, esa clase de individuo que se sale con la suya, y encima con burla. Olvidé mencionar a Scaramouche, quizá a quien más se parece. Pues bien, este jovenzuelo (un par de meses le llevo), no contento con todo eso, aún protesta porque quiere tetas en su página (mis tetas, nunca diría senos, soy menos delicado y menos caballero de lo que cree), en vez de un moro de diseño. ¿Pues qué esperaba? Toda España lo ha visto durante lustros con un flotador de camuflaje y un relojón de expedicionario adornando nuestras pantallas. Con las balas rozándole el lóbulo y la flema bien puesta, jugándose el mentón sin aspavientos, como si fuera invulnerable o el peligro le trajera al fresco. En la imaginación colectiva representa al héroe cansado y sobrio que regresa de la guerra, una de las figuras más infaliblemente seductoras que en el mundo ha habido. A eso se añade un toque canalla y desafiante, un tipo acostumbrado a tratar con el hampa, a la que nunca condena porque de hecho no juzga. Dice este pimpollo que yo soy <

......................................................................

DE ENFERMERA, NO
Marina Mayoral (publicado en El Semanal el 19/7/98)

Que no, ¡vaya!, que no. Si Pérez-Reverte se empeña en batirse con Javier Marías, que, por las apariencias, malditas las ganas que tiene de batirse con él, pues que vaya de enfermera Ángeles Caso, que para eso es la buena y la encantadora, y además joven para más inri. Yo me he pasado la vida resistiéndome a ser la enfermera y a estas alturas no me da la gana. Ni por Reverte, que goza de todas mis simpatías. Miren, no es mala voluntad, es que el cuento viene de lejos. Cuando yo era niña, allá por los años cincuenta, cuando ninguno de los implicados en el desafío en cuestión habían nacido, yo jugaba ya a guerras con los niños de mi barrio. Y los niños decidían que las niñas éramos las enfermeras. Y a mí no me hacía ninguna gracia y me negaba, y entonces ellos decían, bueno, pues tú eras la reina. Y todavía me hacía menos gracia, porque la enfermera al menos se movía un poco por medio de la batalla, pero la reina lo único que hacía era esperar sentada a que acabasen de pelearse y después imponer sobre las sudorosas frentes y los agitados pechos de los vencedores las coronas y las medallas de oro y brillantes. Un latazo. Y como yo tenía un abrecartas tunecino, que parecía un puñal y que me había dado mi padre que había hecho la mili en África, y también tenía más imaginación que los chicos, porque en algo se había de notar que iba para novelista, pues acababa consiguiendo que me dejasen ser mosquetero, o pirata, o soldado; o sea, hacer de héroe, que era lo que a mí me gustaba. Sobre todo de héroe trágico. Porque lo mío siempre ha sido la tragedia. Mis héroes favoritos eran don Juan de Serrallonga, personaje novelado por Víctor Balaguer y que yo había visto en el cine; y don Pedro Pardo de Cela de quien mi abuela me contó por primera vez la verídica historia. Lo contaba tan bien -de ahí me debe de venir a mí la vena literaria- que yo siempre creí que ella misma había visto la cabeza del mariscal rebelde rodando por la plaza de la Catedral de Mondoñedo y diciendo credo, credo, credo... Los dos héroes tenían en común el haber sido decapitados y yo me pasé mi infancia de niña de posguerra representando con gran dignidad su subida al cadalso y su muerte, con credo o sin credo, según fuese uno u otro, pero siempre con gran placer; y no aquel aburrimiento de la enfermera o de la reina. Se preguntarán ustedes, como se lo preguntaba mi madre, por qué hacía siempre de hombre. Pues muy sencillo, porque hasta que fui más mayor, no me enteré de que había un montón de mujeres a las que también habían decapitado. Así que con estos antecedentes ya comprenden ustedes que de enfermera, ni hablar. Porque a estos ya me los veo yo venir. Si fuese a dicterios, otro gallo nos cantaría; ahí se podían batir a muerte y está por ver que saliera alguno vivo, pero a tortas y con las pocas ganas de Marías, y el otro que va de caballero español y camionero de corazón de oro, la cosa no da ni para poner tiritas. Aparte de que estoy segura de que los jefazos de El Semanal les mandaban a Bernabé Tierno para que los convenciera de que eso no está bien y que se diesen la mano como buenos chicos. No se les fuesen a desgraciar las estrellas del dominical. Y ahí se acababa el duelo. Y para terminar: A mi estimado colega, autor de El Maestro de Esgrima en donde aparece una señora de rompe y rasga, se le pudo ocurrir asignarnos a Ángeles Caso y a esta servidora un papel más lucido que el de enfermeras. Que estamos a la entrada del segundo milenio y que ha habido ya hasta mujeres astronautas, y que si las mujeres pueden ser ya juezas y ministras, y bomberas y mineras, también podrán ser madrinas de un duelo, vamos, digo yo. En fin, hablo por mí misma y es posible que Ángeles, que es un encanto, esté dispuesta a hacer de enfermera, aunque probablemente le guste mucho más hacer de Dama de las Camelias y morirse de amor y de tuberculosis. Pero eso que lo cuente ella. Y ahora sí que para terminar: Arturo, majo, más que desafíos lo que hay que hacer es defender a ese chico, que todo lo fino que tú quieras, pero cuando se le escapa el english humour se mete en unos líos horribles, fíjate con los alemanes. Y además dice que se va, y eso sería una gran pérdida. Así que si te ha tocado menos teta, te aguantas, tío, que otra vez será.

..............................................................................

YO SÍ QUE ME APUNTO
Ángeles Caso. (Publicado en El Semanal el 9/8/98)

Pues yo, la verdad, sí que estaría dispuesta a hacer de enfermera, Marina, qué quieres que te diga. Y no es porque sea buena, como dices (que no sé si lo seré o no, pero aquí la única que lo ha demostrado hasta ahora eres tú, y te recuerdo que todavía te debo un favor desde hace algún tiempo). Tampoco lo haría por aprovechar mi reciente experiencia en el campo veterinario; aunque me he pasado las últimas semanas currando y poniéndole inyecciones a mi perra -a la que hubo que amputar un dedo que se había cortado-, no estoy yo muy segura de que sea lo mismo pinchar a una perra que a un hombre, que ellos son mucho más quejicas y, como decía siempre mi tía Nieves, no valen para nada, y por eso los hijos los tienen las mujeres y no ellos. No, no es por nada de eso. Ni siquiera porque lo del duelo me parece muy emocionante, todos vestidos de negro, al amanecer, junto a la tapia de un cementerio, latiéndonos el corazón en las sienes, y ellos dos prestos a morir en la flor de la edad, como dos héroes de los que ya no quedan... Pues tampoco. La única, la verdadera razón por la que estaría dispuesta a hacer de enfermera de esos chicos es para poder echarles mano. No me dirás que no valen la pena, que hombres como ésos no hay tantos por el mundo. Para empezar, son magníficos escritores los dos, y bien que lo han notado por ahí, en el extranjero, donde no hacen más que darles premios y ponerlos en las listas de los libros más vendidos. (Aquí también venden mucho, pero lo de los premios ya es otro cantar, y es que ya se sabe que, según el concepto cultural-mercantil patrio, lo que vende mucho no se considera bueno. Aquí los que nos gustan son los minoritarios, y a todos se nos olvida que El Quijote de nuestras entretelas fue un best-seller de su tiempo). Pero veo que me voy por las ramas. Decía yo que con esos chicos he pasado horas estupendas, y no sólo leyéndoles. Y que me parece que, además de ser grandes escritores y muy simpáticos, están los dos buenísimos. Así que ya me veo curándoles las heridas, acallándoles los ayes, sujetándoles las cabezas temblorosas, aliviando sus sudores con pañitos de agua fresca y luego, por supuesto, contándoselo a mis amigas: “Hija, pues no sabes tú el torso que tiene Arturo, y los muslos de Javier, que ni te cuento...” Y mis amigas babeando, muertas de envidia... Y, a propósito de morirse, si te digo la verdad, yo de Dama de las Camelias no tengo vocación. Será muy bonito y muy romántico, pero a mí tanta tos y tanto esputo me da un poco de grima. Y además, ya te contaré un día la verdadera historia de Maric de Plessis, la cortesana de la que se enamoró Dumas. Anduve investigándola hace algún tiempo porque tuve que escribir un artículo sobre La Traviata (que, por cierto, sigue siendo mi ópera favorita), y te aseguro que no es ni la mitad de edificante ni la mitad de bonita de cómo nos la han contado. Claro que eso suele pasar. Sólo a veces, como decía Wilde, la vida imita al arte. Muy pocas veces. Pero vuelvo a nuestro asunto. Y una vez manifestada mi intención, aprovecho todo este lío para elevar una protesta: no me llames cursi, Arturo, pero a mí lo de “tetas” no acaba de gustarme. Según el diccionario de la Real Academia, teta es “cada uno de los órganos glandulosos y salientes que los mamíferos tienen en número par y sirven a las hembras para la secreción de la leche”. Pues, hay que ver, con lo que nos cuesta cuidarlas, dándoles cremas heladas, haciéndoles ejercicios hasta que nos salen agujetas y animándolas con wonderbrás para que luego las llaméis igual que llamáis a las de las vacas... Y digo yo, además, que si sólo fueran eso, no habríais armado tú tanto jaleo, ¿no? En fin, ya sabéis, sea como sea, esta servidora está a vuestra disposición. Al amanecer junto la tapia del cementerio y os matais un poco, o de noche en el Coq y nos tomamos todos unas copas. Lo que mejor os venga.

..........................................................................

...........rematando la faena Don Arturo con el susodicho Sanfermines y enfermeras.



Saludos y hasta pronto.

Avatar de Usuario
bowman
Mensajes: 5203
Registrado: Lun Ago 07, 2006 11:00 pm
Contactar:

Mensaje por bowman » Dom Mar 16, 2014 7:32 am

Muchas gracias
Queda así debidamente contextualizado todo.
<div>El último que apague la luz.</div>

Avatar de Usuario
grognard
Mensajes: 4077
Registrado: Dom May 01, 2011 11:00 pm
Ubicación: emporiae

Mensaje por grognard » Dom Mar 16, 2014 8:02 am

¿Tú no te ibas?



Gracias Courlitz.

Avatar de Usuario
bowman
Mensajes: 5203
Registrado: Lun Ago 07, 2006 11:00 pm
Contactar:

Mensaje por bowman » Lun Mar 17, 2014 2:19 am

<div>El último que apague la luz.</div>

Avatar de Usuario
grognard
Mensajes: 4077
Registrado: Dom May 01, 2011 11:00 pm
Ubicación: emporiae

Mensaje por grognard » Lun Mar 17, 2014 10:22 am

¿Qué será de nosotros?

Piensa en los niños.

Avatar de Usuario
aik
Mensajes: 2334
Registrado: Dom Feb 18, 2007 12:00 am
Ubicación: En la Hansa

Mensaje por aik » Lun Mar 17, 2014 10:57 am

grognard escribió:¿Qué será de nosotros?

Piensa en los niños.


Osti, que guarro, Gro. Como le propones semejante cosa. 8O
"Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)

Avatar de Usuario
agustinadearagon
Mensajes: 2636
Registrado: Vie Sep 05, 2008 11:00 pm
Ubicación: Madrid

Mensaje por agustinadearagon » Lun Mar 24, 2014 4:21 pm

"mirándome con esos ojos que deberían pagar impuestos"....

¡¡¡Qué pasote de piropo!!!
"Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro quizá esté muy oscuro para leer". G.M.

Avatar de Usuario
Ada
Mensajes: 5717
Registrado: Jue Ago 16, 2007 11:00 pm
Ubicación: Madrid
Contactar:

Mensaje por Ada » Lun Mar 24, 2014 4:30 pm

Muchas gracias a todos. me he reído mucho con la secuencia de artículos y cartas al director
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14270
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Dom Dic 13, 2015 9:51 am

Ángeles Caso: «Siempre me ha molestado mucho que me trataran como si fuese la petarda de la tele»
Azahara Villacorta - elcomercio.es - 13/12/2015

Nos estamos acostumbrando a verla como activista política, pero Ángeles Caso (Gijón, 1959) no ha aparcado su faceta de escritora. 'Todo ese fuego' es el título de su último libro, un día en la vida de las hermanas Brontë, y el miércoles (Ateneo Jovellanos, a las 19.30 horas ) lo presenta en el Aula de Cultura de 'El Comercio'. Aunque ella donde se siente cómoda es en el campo, «rodeada de musgo y de castaños», y donde se ha mudado después de desearlo durante 30 años: «Necesito árboles, verde, montañas, niebla, lluvia. No es que me guste. Es que creo que llevo la sangre de mi familia paterna, campesinos históricos de Covadonga. Está en mi código genético».

-La novela es una reivindicación de las mujeres, que, según dice, seguimos siendo personajes secundarios.
-Sí. Porque yo estoy convencida de que conseguiremos la igualdad de verdad el día en el que se vuelvan a escribir los manuales de historia.

-¿Qué pasará entonces?
-Que ese día entenderemos que nos han contado una historia que no es verdad. Nos han transmitido unos cánones que son mentira, siempre vistos desde un prisma androcéntrico. Yo ahora he aprendido a reivindicar mi mirada como escritora e incluso que el mío es diferente al trabajo de un hombre, mi mirada es distinta.

-¿En qué sentido?
-En general, los hombres se encierran en su despachos a escribir y suelen tener al lado a una mujer que se ocupa de que no se les moleste. Se ha hablado mucho de Patricia, la exmujer de Vargas Llosa, que lo hacía todo para que él se dedicase solo a escribir. Ese prototipo se da mucho. Hay muchas 'patricias' en el mundo de los escritores. En cambio, las escritoras, al mismo tiempo que escribimos, nos ocupamos de nuestros hijos y nuestros mayores, de nuestros enfermos y nuestra pareja, vamos a la compra, cambiamos pañales, hacemos deberes, ponemos lavadoras, organizamos cumpleaños... Es decir: no nos desligamos nunca de la vida real. Yo, durante años, he escrito en medio del salón, con la tele puesta, o en la cocina, vigilando que no se quemara la comida, he escrito interrumpiéndome cada frase y media porque mi hija necesitaba algo...

-¿Y cómo lo llevaba?
-Hubo un momento en que eso me molestaba: me parecía que perjudicaba a mi obra. Pero ahora me siento orgullosa de haber escrito así. A lo mejor, las obras de las mujeres no son tan redondas como las de los hombres, pero probablemente tengan más vida.

-Sin embargo, rechaza la etiqueta «femenina» para la literatura.
-Lo que reivindico es que se haga lo mismo con los hombres. Si yo hago literatura femenina, exijo que de mi amigo Pérez-Reverte se diga que hace literatura masculina para hombres. Pero eso no se dice. Se da por supuesto que la obra de los hombres es universal y que la de las mujeres es pequeñita y va dirigida solo a las personas de nuestro género. Sigue siendo algo menor respecto a la de ellos. Eso me molesta. No estamos aún equiparadas a los escritores. Y no es una percepción. Se ve en las listas de los premios. El de los críticos, por ejemplo. Lo entregan desde principios de los 50 y, desde entonces, lo han ganado tres mujeres.

-¿Le afectan los 'palos' de la crítica?
-Cada vez menos, pero sí. Lo que siempre me ha molestado mucho es que me trataran como si fuera boba. Y hay críticos que, durante años, han intentado tratarme así, como si fuese la petarda de la tele. Como me dijo una vez una persona: «No te leía porque pensé que eras la petarda de la tele».

-Para algunos, sigue siendo la chica del telediario. ¿Inevitable?
-Pero es que, vamos a ver, yo estuve en la tele dos años de mi vida y de eso hace treinta. Además, he tenido muchas posibilidades de volver y no he querido. Entre otras razones, porque nunca quise que se mezclaran las dos cosas. Y, aún así, hay gente que sigue empeñada en esto. Es una pesadez.

-Dos años que, por cierto, no le gustaron nada.
-No. Nada, nada. Lo del ser un busto parlante es horrible. Pasa por maquillaje, vístete de no sé qué manera, pasa por peluquería y siéntate delante de una cámara tiesa, rígida, a decir unas cosas que están escritas y en las que no puedes cambiar ni una coma. No tiene nada que ver conmigo: yo no me pinto, no voy a la peluquería, voy vestida de cualquier manera, nunca le he dado importancia a nada de esto...

-Era una de las caras guapas del felipismo, pero quiso ser algo más.
-Supongo que, de joven, era una tía llamativa, pero, como nunca me dediqué a explotar esa parte de mí misma ni a vivir de eso... Yo desarrollé mis neuronas, mi capacidad intelectual. Nunca me dediqué a tener que ser la más guapa ni la mejor vestida o la mejor peinada. Por suerte para mí.

-Digna hija del rector Caso.
-Sí. Ha sido la figura fundamental de mi vida. Obviamente, mi madre también, pero, desde el punto de vista de lo que yo he sido en la vida, creo que se lo debo, sobre todo, a mi padre. Y creo que estaría orgulloso. Acabamos de hacer un acto de Podemos reivindicando la figura de Jovellanos.

-Menuda la que ha montado diciendo que el ilustrado era de izquierdas.
-Estoy convencida de lo que dije. Hacer una lectura de Jovellanos desde la derecha es una lectura no solo interesada sino falsa. Basta con leer muchas de las cosas que escribió. Yo recité un poema suyo contra la propiedad privada. Lo escribió él. No me lo inventé yo. Como en otros arremete contra las corridas de toros o contra la violencia de género... Con sus escritos y su vida se empeñó en crear siempre una sociedad más justa, más igualitaria. Eso se parece más a lo que ahora llamamos izquierdas que derechas. Y, si se trata de disputárnoslo con Foro, tendremos que disputárnoslo con Foro.

-Fue muy crítica con la Universidad cuando desalojaron la casa de la calle Argüelles donde vivía su madre.
-Yo tengo muy claro lo que fue eso, pero no lo puedo decir porque a lo mejor me demandan. La Universidad no podía vender ese edificio porque era una donación particular, pero el solar sí se pudo vender. ¡Qué casualidad que nada más empezar las obras se cayera el edificio! A mí me suena raro. De todas formas, no es solo eso. Es cómo trataron a los cinco ancianos que vivían en ese edificio. En el proceso de expulsarlos murieron tres. Solo han sobrevivido dos personas. Una de ellas, mi madre. Y eso yo se lo dije al rector y a otras personas de la Universidad: que echar a esos octogenarios de las casas en las que habían vivido 40 años iba a tener un precio muy alto. Esas tres muertes recaen sobre las conciencias de la gente que tomó esa decisión y espero que sean conscientes.

-Es usted una 'podemita' convencida'. ¿La veremos como diputada?
-Cuando empecé en esto, mucha gente me dijo que me iba a sentir asqueada enseguida y el proceso ha sido absolutamente el contrario. Y tengo claro mi papel. Ahora mismo, no me veo en la primera línea, sino en la retaguardia. Es verdad que la vida da tantas vueltas que vete tú a saber.

-Pablo Iglesias acaba de llamarnos a sonreír en debate televisivo.
-Me sentí tan orgullosa de él... Le mandé una felicitación. Y ha habido intentos de burlarse de ese alegato final que lo que demuestra es que lo que queremos es implantar una nueva manera de hacer política, más cercana a la sensibilidad, al humanismo, a la empatía, muy pegada a la realidad de la gente. Hay que aprender que ser político no significa convertirte en un señor muy engolado o que está en Doñana.

-¿En su vida, hay un antes y un después de 2013, cuando Hacienda le abrió cuatro investigaciones?
-Es una experiencia más. He tenido un problema injusto, como le ha pasado a tantísimos autónomos y a otra mucha gente. Es sorprendente cómo el PP ha utilizado instituciones del Estado para hacer sus persecuciones políticas a la cultura. Y las han hecho, entre otras, con la prestigiosísima Agencia Tributaria. Yo tuve ese problema en un momento malo porque mis ingresos habían caído muchísimo, pero no pasa nada. Al revés: he aprendido cosas muy valiosas. A reírme mucho de mi misma, por ejemplo. Creo que me ha hecho más fuerte y solidaria. Hay momentos en los que pienso que, en el fondo, le tengo que estar agradecida a Montoro por hacerme mejor.

-¿Ahora vive de la literatura?
-Es difícil, aunque a veces la gente piense que ganamos fortunas.

-Habrá oído muchas veces aquello de: '¿De qué se queja si ganó los cien kilos del Planeta?'.
-Bueno, sí. Cien kilos del Planeta de los cuales cincuenta fueron para Hacienda. O sea: me quedaron cincuenta que, en aquella época, me dieron para comprarme un pisito en Madrid. Yo vivía de alquiler y lo que hice fue invertirlo en una casa. En todo caso, el Planeta es una vez en la vida. Y eso, si es. Lo normal es que ganemos poquísimo dinero. Las cifras, a veces, son escandalosamente pequeñas. Hemos vivido mucho de lo que había alrededor: artículos, conferencias... Y todo eso ha disminuido muchísimo y se paga infinitamente peor de lo que se pagaba. Se venden muchos menos libros, la gente no es consciente del daño que la piratería está haciendo... Como la mayoría de los escritores, estoy en proceso de reinvención.

-Incluso les ha pedido ya asilo político a los catalanes si se independizan.
-(Risas). No me importaría nada pedir el estatuto de refugiada política si sigue gobernado el PP. Lo digo en broma, pero también en serio. Lo grave de todo esto es que, una vez más, este país maltrata a sus creadores, a su cultura. Y creo que la sociedad española no está siendo consciente. El PP ha hecho todo lo posible para acabar con nosotros porque los creadores somos incómodos para el poder, somos moscas cojoneras. Y estos lo han hecho lo suficientemente bien como para quitarnos de en medio a nosotros, que somos la voz de los que no tienen voz. Yo, al menos, siempre me he sentido así. Y a un gobierno como el último del PP, con cierta tendencia al totalitarismo, como se ha visto con la ley mordaza, le ha venido muy bien la excusa de la crisis para ir cortando cabezas, pero el daño es para la propia sociedad.

-¿Cómo ve a Asturias ahora que ha vuelto a vivir aquí?
-Siempre me ha parecido que esta es una sociedad que tiende al victimismo. Siempre he oído a la gente quejarse mucho y actuar muy poco y siempre me ha molestado y ha generado discusiones con mis amigos. Y, aunque eso ha empezado a cambiar con la llegada de nuevas formaciones, seguimos quejándonos mucho.

Avatar de Usuario
El_Curioso_Impertinente
Mensajes: 6241
Registrado: Dom Dic 07, 2008 12:00 am
Ubicación: Regne de Mallorques

Mensaje por El_Curioso_Impertinente » Dom Dic 20, 2015 9:17 pm

Juro que no recuerdo a Ángeles Caso en la tele. No es broma :roll:
Todos los seres humanos cometen errores, pero algunos seres humanos cometen más errores que otros y a ésos se los llama "tontos" (Fray Guillermo de Baskerville).

Avatar de Usuario
agustinadearagon
Mensajes: 2636
Registrado: Vie Sep 05, 2008 11:00 pm
Ubicación: Madrid

Mensaje por agustinadearagon » Dom Dic 27, 2015 11:24 pm

Curioso. Toma rabitos se pasa para la memoria.
"Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro quizá esté muy oscuro para leer". G.M.

Responder