1125 - 25.01.2015 - Esas jóvenes hijas de puta

Los artículos de la columna de Pérez-Reverte en ‘El semanal’ y otros escritos suyos

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Rogorn
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1125 - 25.01.2015 - Esas jóvenes hijas de puta

Mensaje por Rogorn » Mié Ene 21, 2015 10:07 pm

ESAS JÓVENES HIJAS DE PUTA

Supongo que a muchos se les habrá olvidado ya, si es que se enteraron. Por eso voy a hacer de aguafiestas, y recordarlo. Entre otras cosas, y más a menudo que muchas, el ser humano es cruel y es cobarde. Pero, por razones de conveniencia, tiene memoria flaca y sólo se acuerda de su propia crueldad y su cobardía cuando le interesa. Quizá debido a eso, la palabra remordimiento es de las menos complacientes que el hombre conoce, cuando la conoce. De las menos compatibles con su egoísmo y su bajeza moral. Por eso es la que menos consulta en el diccionario. La que menos utiliza. La que menos pronuncia.

Hace dos años, Carla Díaz Magnien, una adolescente desesperada, acosada de manera infame por dos compañeras de clase, se suicidó tirándose por un acantilado en Gijón. Y hace ahora unas semanas, un juez condenó a las dos acosadoras a la estúpida pena -no por estupidez del juez, que ahí no me meto, sino de las leyes vigentes en este disparatado país- de cuatro meses de trabajos socioeducativos. Ésas son todas las plumas que ambas pájaras dejan en este episodio. Detrás, una chica muerta, una familia destrozada, una madre enloquecida por el dolor y la injusticia, y unos vecinos, colegio y sociedad que, como de costumbre, tras las condolencias de oficio, dejan atrás el asunto y siguen tranquilos su vida.

Pero hagan el favor. Vuelvan ustedes atrás y piensen. Imaginen. Una chiquilla de catorce años, antipática para algunas compañeras, a la que insultaban a diario utilizando su estrabismo -«Carla, topacio, un ojo para acá y otro para el espacio»-, a la que alguna vez obligaron a refugiarse en los baños para escapar de agresiones, a la que llamaban bollera, a la que amenazaban con esa falta de piedad que ciertos hijos e hijas de la grandísima puta, a la espera de madurar en esplendorosos adultos, desarrollan ya desde bien jovencitos. Desde niños. Que se lo pregunten, si no, a los miles de homosexuales que todavía, pese al buen rollo que todos tenemos ahora, o decimos tener, aún sufren desprecio y acoso en el colegio. O a los gorditos, a los torpes, a los tímidos, a los cuatro ojos que no tienen los medios o la entereza de hacerse respetar a hostia limpia. Y a eso, claro, a la crueldad de las que oficiaron de verdugos, añadamos la actitud miserable del resto: la cobardía, el lavarse las manos. La indiferencia de los compañeros de clase, testigos del acoso pero dejando -anuncio de los muy miserables ciudadanos que serán en el futuro- que las cosas siguieran su curso. El silencio de los borregos, o las borregas, que nunca consideran la tragedia asunto suyo, a menos que les toque a ellos. Y el colegio, claro. Esos dignos profesores, resultado directo de la sociedad disparatada en la que vivimos, cuya escarmentada vocación consiste en pasar inadvertidos, no meterse en problemas con los padres y cobrar a fin de mes. Los que vieron lo que ocurría y miraron a otro lado, argumentando lo de siempre: «Son cosas de crías». Líos de niñas. Y mientras, Carla, pidiendo a su hermana mayor que la acompañara a la puerta del colegio. La pobre. Para protegerla.

Faltaba, claro, el Gólgota de las redes sociales. El territorio donde toda vileza, toda ruindad, tiene su asiento impune. Allí, la crucifixión de Carla fue completa. Insultos, calumnias, coro de divertidos tuiteros que, como tiburones, acudieron al olor de la sangre. Más bromas, más mofas. Más ojos bizcos, más bollera. Y los que sabían, y los que no saben, que son la mayor parte, pero se lo pasan de cine con la masacre, riendo a costa del asunto. La habitual risa de las ratas. Hasta que, incapaz de soportarlo, con el mundo encima, tal como puede caerte cuando tienes catorce años, Carla no pudo más, caminó hasta el borde de un acantilado y se arrojó por él.

Ignoro cómo fue la reacción posterior en su colegio. Imagino, como siempre, a las compis de clase abrazadas entre lágrimas como en las series de televisión, cosa que les encanta, haciéndose fotos con los móviles mientras pondrían mensajitos en plan Carla no te olvidamos, y muñequitos de peluche, y velas encendidas y flores, y todas esas gilipolleces con las que despedimos, barato, a los infelices a quienes suelen despachar nuestra cobardía, envidia, incompetencia, crueldad, desidia o estupidez. Pero, en fin. Ya que hay sentencia de por medio, espero que, con ella en la mano, la madre de Carla le saque ahora, por vía judicial, los tuétanos a ese colegio miserable que fue cómplice pasivo de la canallada cometida con su hija. Porque al final, ni escozores ni arrepentimientos ni gaitas en vinagre. En este mundo de mierda, lo único que de verdad duele, de verdad castiga, de verdad remuerde, es que te saquen la pasta.

XL Semanal, 25 de enero de 2015

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Ene 21, 2015 10:10 pm

Condenan a dos menores por acosar a una adolescente que se suicidó en Gijón
Pedro Simón y Rebeca Yanke - elmundo.es - 31/12/2014

El Juzgado de Menores de Oviedo ha condenado a dos adolescentes como autoras de un delito contra la integridad moral (acoso escolar) a Carla Díaz Magnien, la niña que se suicidó en Gijón en abril de 2013 cuando tenía 14 años. Las dos adolescentes culpables, que hoy tienen 15 y 16 años y eran compañeras de la víctima en el colegio Santo Ángel de la Guarda, han firmado el reconocimiento de los hechos y deberán realizar las tareas socioeducativas dispuestas por el juez.

La Fiscalía de Menores del Principado de Asturias decidió imputar en septiembre a las dos adolescentes, "después de las investigaciones para intentar acreditar quiénes de sus compañeras de clase pudieron haber participado en los hechos". Aunque la representación letrada de la madre de la fallecida pedía inculpar a cuatro menores, el fiscal consideró que una de ellas era inimputable por tener menos de 14 años y la otra habría participado de "forma aislada en los hechos".

Carla era alumna de 2º de la ESO en el colegio Santo Ángel de la Guarda. El 11 abril de 2013, salió de su casa en dirección contraria a la escuela, cruzó la bahía y se lanzó desde el acantilado de La Providencia. "La llamaban bizca, bollera, le echaban agua del water por encima. Le hacían rimas: 'Topacio, un ojo para aquí y otro para el espacio'. Iban a pegarla. Hasta que no pudo más", ha contado su madre, Montserrat Magnien. La niña se ocultaba los cortes que se hacía en las muñecas con pulseras. "Sabía que pasaba algo, pero no sabía el qué", relataba entonces Montserrat Magnien. "Luego supe lo que fueron aquellos dos años para ella: la insultaban, le hacían daño, la perseguían, vi un vídeo en el que aparecen unas crías riéndose diciendo que le pegaban porque les salía de los cojones".

Aunque en un primer momento el caso se archivó, la abogada Leticia de la Hoz logró su reapertura. "Puede parecer una condena simbólica pero no es así. Se está reconociendo el caso y las menores han admitido los hechos", explica De la Hoz. Dado que en España no existe un delito referido al acoso escolar como tal, los hechos son constitutivos de un ilícito contra la integridad moral, recogido en el artículo 173.1 del Código Penal.

La Fiscalía Superior del Principado de Asturias, en un comunicado que emitió poco después de que se conociera la sentencia, ha detallado que las menores condenadas "asumieron los hechos" y "aceptaron la realización de tareas socioeducativas durante cuatro meses orientadas a mejorar la empatía, el control de impulsos y la asunción de las consecuencias de sus actos". El escrito, suscrito por todas las partes, señala que que Carla "comenzó a tener problemas con los compañeros de clase" a finales de 2012.

"Cuando estaban ociosas o por simple diversión se dirigían a Carla para meterse con ella, llamándola bollera o virola;en al menos dos ocasiones en febrero de 2013 la siguieron hasta el baño, obligándola una vez a encerrarse en el retrete para esconderse de ellas y le arrojaron agua por encima de la puerta", se lee en el comunicado.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Ene 21, 2015 10:23 pm

"Es ridículo. Un menor mata a otro y no se le puede tocar"
Carlos García Pozo - elmundo.es - 02/01/2015

Montserrat Magnien podría quedarse en silencio, no decir nada a nadie y mucho menos a la prensa. Podría esconder el dolor muy en el fondo de sí misma, con la esperanza de que, a fuerza de ocultarlo, desapareciera. Pero Montse no, porque ella no es de ésas y porque sabe que ese dolor es difícil que desaparezca. Quizá con el tiempo, quizá con mucho esfuerzo, el tormento torne en desconsuelo, una angustia menor, pero sólo por conocida. Mientras tanto, Montse hace exactamente lo contrario de lo que se espera de una madre en duelo; por una hija, Carla, que con 14 años se tiró desde el acantilado de La Providencia, cerca de la playa de San Lorenzo, en Gijón. Ocurrió en abril de 2013. «20 meses, hace 20 meses que Carla no está», así mide el tiempo una madre.

A las 19:00 horas del último día del 2014, Montserrat se dejaba fotografiar en la pequeña playa asturiana de Tazones, donde pasaba el fin de año junto a su hermana, su marido y un amigo de la familia. El día anterior, 30 de diciembre, el Juzgado de Menores de Oviedo condenaba a dos adolescentes como autoras de un delito contra la integridad moral a Carla Díaz Magnien. Su Carla. La que se ve en la foto de perfil de Montse en el Whatsapp, sonriente y vestida como si fueran los felices años 20. La misma niña que, durante dos años, dos cursos, cada día, sufría insultos, maltrato, humillaciones y agresiones, dentro y fuera del colegio Santo Ángel de la Guarda. En las aulas, en los pasillos, en los baños y también en las redes sociales. "No puede ser que un niño mate a otro y porque sea menor de 13 años no se le pueda tocar. Es lamentable", dice ahora su madre.

Los nombres de lugar parecen una broma macabra. La Providencia. Santo Ángel de la Guarda. Montse arroja las palabras: "Cuatro meses no es que sea poco, es que es ridículo. Pero la ley es así y es lo que hay. A mi juicio, triste y lamentable cuando se trata de la pérdida de Carla. Yo las encerraría de por vida, pero la Ley del Menor dice lo contrario, está pensada para rehabilitarlas, no para castigarlas. Como son menores de 14 años, pueden hacer lo que les dé la gana, te pueden dar con una piedra en la cabeza a mala uva, o sacarte una navaja, y no pasa nada".

De una muerte se buscan siempre culpables pero aún más cuando se trata de un fin trágico e inesperado, cuando se trata de una vida truncada antes de lo moralmente asumible por nadie. Pero la búsqueda se hace incesante cuando se sabe que hay culpables, y no sólo en la cabeza de los que, durante toda su vida, tendrán que vivir sin Carla a su lado. Sin la hija. Sin la hermana. Los abogados de Montse, Leticia De la Hoz y Luis Manuel Fernández, agotada la vía penal, trabajan en la civil. Es el "siguiente paso", advierten.

"Castigo. Lo que queremos conseguir es el castigo al centro escolar, al director, a los responsables, a los profesores, a quien sea. Los padres llevamos a nuestros hijos al colegio y la guardia y custodia es de ellos. Piensas que está en un sitio seguro, ni por un segundo se pasa por tu cabeza que pueda ser maltratado psicológicamente, vejado, y que los adultos estén girando la cabeza".

Montserrat convive con el mutismo desde el principio. "Total y absoluto", así lo define. Si mientras sucedían los hechos nadie le informó de ello, mucha menos comunicación ha tenido con el colegio y sus integrantes desde aquel 11 de abril de 2013 en que Carla murió.

"Por parte del centro sólo he recibido malas críticas. Nada más. Nunca. Es alucinante todo desde el minuto uno. Veían que Carla faltaba a clase y no me decían nada, no me informaban. ¿Cómo es posible que una niña no llegue a clase y nadie se preocupe?". Las preguntas, como el dolor, no terminan nunca, y Montse se alimenta de porqués. "Por qué no me informaron de lo que sucedía, por qué no me avisaron de lo que le hacían". Por qué, por qué y otra vez por qué.

Cuenta su madre que Carla "no se quejaba nunca, que se hacía la fuerte siempre". No cuesta darse cuenta de quién heredó Carla esa fortaleza. No es necesario ni describirla porque, aunque entera, sin llanto apenas, está todo explicado en estos ojos, y este rostro, de la imagen. Montse mira a la cámara como si estuviera mirando a todos los que, como ella dice, "giraron la cabeza mientras Carla sufría". Que se sepa. Que se conozca, que se haga algo, esto es lo que Montse necesita.

"Lo único que no quiero es callar la boca". Ésta es la máxima que dirige ahora la vida de una madre que, reconoce, tiene días. "Esto es un tiovivo. Un día estoy bien, al siguiente mal, con un bajón tremendo. Y así sobrevivo. Mi hija mayor también está fatal, destrozada, su hermana lo era todo para ella". La sentencia del día 30, aunque no satisfaga completamente, es para una familia rota un paso hacia adelante. Pero no ha llegado en buena fecha. En plena Navidad, cuando parece que lo único que hay que hacer es juntarse con la familia, la pérdida de Carla se siente aún más.

Según el comunicado emitido por la Fiscalía Superior del Principado de Asturias, pocas horas después de conocerse la sentencia, las menores condenadas "asumieron los hechos" y "aceptaron la realización de tareas socioeducativas orientadas a mejorar la empatía, el control de impulsos y la asunción de las consecuencias de sus actos". El escrito, suscrito por todas las partes, señala que Carla "comenzó a tener problemas con los compañeros de clase" a finales de 2012, pero Montse piensa que los sufría desde tiempo atrás.

"A mí me llama la tutora de Carla mes y medio antes. Me dice que mi hija ha sido víctima de acoso por parte de unas compañeras, y que el colegio tomaría medidas. Nada más. No se me dijo nada más. Pero no dio tiempo a ir más allá, estábamos a las puertas de las vacaciones de Semana Santa y, a la vuelta, ya era 8 de abril, y el día 11 pasó lo que pasó".

Lo que pasó es que Carla murió. Pero Montse a esto no le pone palabras, porque no decir muerte, no decir murió, ayuda a mantener a Carla viva en su memoria y, sobre todo, a no perder la entereza cuando está hablando de ella. Son palabras que Montse no se permite, porque perpetúan el daño. "No hubo tiempo para reaccionar de otra manera", se lamenta.

Después del 11 de abril, llegaron esas "malas críticas". Habría problemas de otro tipo, la madre no está diciendo la verdad son sólo dos ejemplos del tipo de comentarios a los que, en los primeros días de duelo, tuvo que enfrentarse. No la llamó la directora del colegio de entonces, no la llamaron los profesores, ni las madres del resto de alumnas. No llamó nadie. Como si mirar hacia otro lado, una vez más, hiciera desaparecer los problemas.

La responsabilidad actual de los padres de las adolescentes condenadas es, para Montse, "reconducirlas duramente". "Tienen un monstruito en casa, por decirlo suavemente. Yo, si fuera ellos, estaría aterrorizada. Nunca se han comunicado conmigo. Yo tengo la desgracia de no tener conmigo a Carla pero, si estuviera en el otro bando, no sé... qué sería más difícil".

Montse no dice el otro lado, dice el otro bando, porque esto es una guerra y, sin embargo, la última frase, "qué sería más difícil", demuestra una empatía que otros no han sabido demostrar. Una vez hechas las fotos, con el último resquicio de luz del último día del año, mientras camina hacia el único bar abierto en el pueblo marinero de Tazones, se le escucha: "Ya hemos dado que hablar para mucho tiempo, una vez más".

Lo sabe, lo vive a diario, pero no le importa. "Hoy por hoy, el castigo impuesto a las agresoras de mi hija es una porquería, porque lo que piensas es que se ha llegado tarde y por Carla no se ha podido hacer nada, pero servirá como precedente, para algo servirá", vaticina. Ninguna compañera de Carla ha hablado, "quizá porque en algún momento formaron parte de ese acoso que vivía Carla, quizá ellas también participaron y se callan porque tal vez hay más. Nadie tuvo la valentía de dar la cara", repite Montse.

Después de un par de horas de conversación con 'El Mundo', cuando sólo queda despedirse y un abrazo, Montse señala la mesa de al lado, donde dos hombres tomaban algo: "Aquél es mi marido, José". Y José se acerca, ha estado escuchando la entrevista en silencio, en la retaguardia, vigilante, preocupado, pendiente de su mujer, con quien un día tuvo la suerte de concebir a Carla.

Diez años de la muerte de Jokin

Faltaban cuatro días para que cumpliera 14 años cuando Jokin Ceberio se arrojó al vacío desde lo alto de la muralla de Hondarribia, donde vivía, tras sufrir durante meses palizas y vejaciones continuadas por parte de sus compañeros de clase. Hay demasiados parecidos entre la historia de Jokin y la historia de Carla, pero entre un suceso y otro media una década. Aunque lo que le sucedió a Jokin conmocionara a la sociedad española y obligara a la reflexión, los hechos se repiten. La Fiscalía Superior del Principado de Asturias emitió un comunicado pocas horas después de que se conociera la sentencia que condenaba a las dos menores que agredían a Carla a cuatro meses de tareas socioeducativas. Esas labores de rehabilitación están centradas en «mejorar la empatía, el control de los impulsos y la asunción de las consecuencias de sus actos. "Cuando estaban ociosas, o por simple diversión, se dirigían a Carla para meterse con ella, llamándola bollera o virola. En al menos dos ocasiones, la siguieron hasta el baño, obligándola una vez a encerrarse en el retrete para esconderse de ellas y le arrojaron agua por encima de la puerta", se lee en el escrito. Dado que en España no existe el delito de acoso escolar, los hechos constituyen un ilícito contra la integridad moral, recogido en el artículo 173.1 del Código Penal.

Medidas para evitar el acoso

La Consejería de Enseñanza de la Generalitat de Cataluña, junto con la de Interior, impulsó ayer un protocolo contra «situaciones de odio y discriminación por parte de cualquier miembro de la comunidad educativa», para lo cual ha establecido una serie de indicadores, según informa Europa Press. Cuando se detecte un posible caso de acoso escolar, la dirección del centro, a través de un equipo de valoración, deberá compilar la información del suceso, entrevistar al alumnado e informar a las familias, lo que permitiría elaborar un informe. Este escrito podría designar que hay un problema o lo contrario. Si se tratara del primer caso, se clasificaría el tipo de conflicto, y si es grave, se abriría un expediente que podría acabar en sanción, o bien dirigirse a la Dirección General de Atención a la Infancia y a la Adolescencia (DGAIA) o a la Fiscalía.

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Mensaje por Victoria » Mié Ene 21, 2015 11:02 pm

Una chica muerta y otras dos que tendrán cuatro meses de charlitas, sí. Y claro durante todos los meses previos, años quizás, nadie vio/oyó nada. Lo típico. La legislación en esto está mal. Pero no sólo en el caso de los menores y en el aspecto penal/civil, hay un problema dentro de los propios centros educativos (habría que ver de qué herramientas disponen o cómo se puede/debe manejar esto) y a nivel social. Porque ni es el primer caso, ni será el último. Es que nos encanta mirar hacia otro lado.
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

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Mensaje por Siana » Jue Ene 22, 2015 12:45 am

Solo queda darle las gracias por este artículo tan absolutamente genial. Tan implacable y necesario.

Y por mi maldad aprendida a lo largo de años de vivir en un mundo inmoral, por mi parte desearles a estas hijas de puta que conozcan las mismas miserias que han provocado.

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Mensaje por viveDios » Jue Ene 22, 2015 8:02 pm

Un buena bofetada escrita con las entrañas.
Hace 10 años fue Jokin y ahora Carla, pero hay miles de niños acosados que lo viven en silencio. Muchos suicidios infantiles esconden acoso escolar.
O median padres y profesores en el asunto o tendrán que tipificarlo.
"La magia de la vida son los encuentros"
Alberto García-Alix

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remolina
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Mensaje por remolina » Vie Ene 23, 2015 1:47 pm

Buff, acabo de leerlo y no me puedo quitar la angustia horrorosa que se me ha quedado en el cuerpo.
"Aprecio a esos cabrones" APR

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Mensaje por lansquenete » Sab Ene 24, 2015 1:43 pm

A esta clase de críos crueles y miserables sólo se les ataja con el miedo a sufrir consecuencias. Por eso hay gente que ayuda a sus víctimas.

En EEUU, donde nació la idea:

http://bacaworld.org/
https://www.youtube.com/watch?x-yt-cl=8 ... 14688#t=16
http://www.mirada21.es/detalle-noticia/ ... ados-10131

Y en España:

http://asociacionmocai.org/

Una solución que no es la ideal (lo ideal sería que los castigos por maltratar a compañeros fueran eficaces, pero ¿cómo?), pero funciona.
"El grog es una mezcla secreta que lleva uno o más de lo siguiente: Queroseno, glicol propílico, acetona, ron, endulzantes artificiales, ácido sulfúrico, tinte rojo nº 2, scumm, ácido para baterías, grasa para ejes y/o pepperoni."

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Mensaje por julito » Mar Ene 27, 2015 2:10 pm

Jolín, qué guay. Esos no son Ángeles del Infierno, sino de la Guarda.
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero

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Mensaje por endeavour » Mar Ene 27, 2015 6:45 pm

En este puto país es lo de siempre. EL muerto, como está muerto, no tiene derechos. Y así seguimos.

Está claro que el acoso no está tipificado. Pero con sólo variar un poco lo que hay, no haría falta modificar todo el capítulo del Código Penal. Las vejaciones o trato degradante "con resultado de muerte" por suicidio o doloso, debería tener penas mucho más altas. Igual que aprueban decretazos, que trabajen los vagos del Congreso, que agilicen los plazos y que legislen una vez y bien y no veinte veces y mal. Mal nacidos.

Claro, que no la mataron, se quitó ella la vida. Su puta madre. Y te tienes que quedar con que a esas salvajes hijaputas les van a dar cuatro charlas los putos servicios sociales. Juro por Dios que las mato. Cuando sea y como sea, las mato. Y a tomar por culo. Qué asco.

un saludo.

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Mensaje por Rogorn » Mié Ene 28, 2015 10:00 pm

Pérez-Reverte también sacude a los profesores
Luis Enrique Ibáñez - dueloliterae.blogspot - 28/01/2015

Este tipo que más que escribir brama, este aprendiz de bergante disfrazado de escritor, este lanzallamas que parece creerse la persona más libre y brava del sistema solar, sólo porque goza dejando hojas llenas de tacos sin sentido, de gritos iracundos que espantan el pensamiento, este escritor saturado de una fama dudosa, este que se cagó en Hemingway y en las Brigadas Internacionales que vinieron a nuestro país a defender la República, y metió en el mismo saco a todos los extranjeros que vinieron a luchar en España, ya fueran fascistas italianos, o voluntarios ingleses por la democracia, él llamó a todos, con su brabuconería [sic] habitual, "hijos de puta" ('La guerra que todos perdimos'), él ha vuelto a hablar para que todos veamos la clarividencia de su inteligencia infinita.

Este señor tan vociferante ha escrito otro artículo. Lo ha titulado 'Esas jóvenes hijas de puta', con dos cojones, como a él le gusta, qué valiente, que independiente, qué espíritu más libre.

Hubo un hecho trágico, van demasiados ya, y de él se supone que quiere hablar este hombre. Y está bien recordarlo cada segundo, está bien denunciar lo que ocurre sin parar, está bien pelear para que todo se sepa y se le ponga remedio, está bien poner encima de la mesa las insoportables consecuencias de una sociedad frívola y narcotizada, adicta a Belén Esteban. Está bien que se conozcan todas las muertes que se podrían haber evitado, la de esta pobre niña, víctima de un mundo difícilmente comprensible, y la de tantos otros, como los que se lanzan al vacío desde el balcón. Está bien que esa desgraciada familia note que, al menos, no está sola.

Sin embargo, a veces parece como si, además de denunciar el hecho y la circunstancias, y mostrar mostrar su justa solidaridad con esa familia destrozada, el autor deseara también exhibir, una vez más, la insoportable indecencia de su estilo navajero. El hecho del que escribe es la sentencia con que han sido condenadas dos adolescentes por el acoso escolar que llevó a una pobre niña a suicidarse, a tirarse por un acantilado en Gijón. Después de saber esto, poco más se puede decir. Y sé que mis palabras críticas con este señor podrían ser malinterpretadas, pero creo que es necesario contestar a algunas frases. También son ya demasiados los insultos que un día sí, y otro también, recibimos los que estamos aquí abajo, intentando mantener en pie una educación sentenciada a muerte desde arriba.

Denuncia, y además puede ser cierto, puede ser bastante discutible (yo no soy Dios, como él, y dudo de casi todo, es lo que tenemos las personas normales) la sentencia del juez: cuatro meses de trabajos socioeducativos. Y a partir de ahí, después de mostrar su solidaridad con la familia de la víctima, empieza a disparar contra todo. Su texto me ha hecho recordar la portada de 'ABC' y el artículo de Alfonso Ussía sobre la sentencia en el caso de Marta del Castillo. Alfonso Ussía escribía "Lo escribí meses atrás cuando el repugnante «Cuco», más que una condena, fue objeto de un masaje judicial. No hay en España ningún rincón libre de miradas...«El Cuco», que para camuflar su antiestética se ha dejado pelo de puta... En las prisiones existen unos códigos no escritos por los propios presos que en ocasiones suplen al Código Penal" (declaraciones citadas en el artículo 'La jauría humana').

Pérez-Reverte, el justiciero, se refiere a las niñas condenadas, niñas que probablemente sean, como él dice para referirse a los profesores, "resultado directo de la sociedad disparatada en la que vivimos", se refiere a ellas, digo, con las siguientes expresiones, "ambas pájaras... hijas de puta". Supongo que si él trabajara en un instituto, solucionaría cualquier conflicto diciendo, en plan 'Yo soy la Justicia', "venid aquí, hijas de puta, os voy a dar de hostias hasta que cambiéis, pájaras".

Estoy convencido de que la muerte de esa chica en Gijón me duele a mí, y a tantos profesores, tanto, o más, que al sabio gritón Pérez-Reverte. Además, no creo ya que sus palabras chillonas sirvan para la reflexión, para las medidas oportunas, y, sobre todo, para conseguir la educación y los medios necesarios, en los institutos, y también fuera de ellos. Porque, tú, sabelotodo, ¿qué propones para esas adolescentes acosadoras, cadena perpetua, mil latigazos en la plaza pública, millones de voces llamándolas hijas de puta? Yo lo que propongo, aunque a ti te suene a mariconada (este es el código en que más a gusto te sientes), es más y mejor educación, dentro y fuera de los institutos.

Da la sensación de que el renombrado escritor es capaz de utilizar cualquier asunto, cualquier tragedia, no sólo para la necesaria denuncia, sino también para lanzar su insaciable ego por los aires, y esperar, con su sonrisa de pirata secundario, los oportunos aplausos. Aplausos que siempre le llegan, del mismo modo que en los programas de telebasura, el que más grita, siempre obtiene los mejores picos de audiencia. Parece que mucha gente en este país está ávida de carnaza. Quizá sea el único deseo que les está permitido, ahora que los sueños de justicia han sido desahuciados.

Por eso, en ese artículo que trata en principio sobre un suceso tan terrible, aprovecha para hablar de lo que no sabe. Y, así, como el que no quiere la cosa, dice de nosotros, los profesores, "Esos dignos profesores... cuya escarmentada vocación consiste en pasar inadvertidos, no meterse en problemas con los padres y cobrar a fin de mes". Pérez-Reverte demuestra no tener ningún conocimiento de cómo es, a día de hoy, la vida en un instituto (si hubiera querido seguir tu brillante estilo, habría escrito, "tú no tienes ni puta idea de cómo es ..."). Estoy convencido de que este famoso escritor no podría aguantar ni dos horas en el primer ciclo de la ESO, en un instituto marginal, ni siquiera en uno no marginal (si hubiera querido imitar tu alucinante sutileza, habría escrito, "tú no tienes cojones de aguantar dos horas...", pero no, no me gusta ese estilo).

Nosotros, los profesores estamos ya demasiado cansados (si hubiera deseado aspirar a tocar tu placentera ambigüedad, habría dicho que "estamos hasta los huevos...", pero me resulta imposible) es de recibir insultos de personas endiosadas que, desde sus cómodas poltronas, dictan sentencias desbocadas y emiten juicios sumarísimos sin tener más base que el exarcebado valor que otorgan a su propia opinión. Ya lo hicieron, entre otros, el infumable Wert ('Al señor ministro de Educación, Cultura y Deprote (ahí es nada)', su secretaria de Estado, Monserrat Gomendio ('El ataque que no cesa... más leña a los profesores') y, cómo no, el inefable José Bono ('Carta abierta a José Bono'). Sólo nos faltaba para completar el akelarre la figura orgullosa de un aguerrido escritor de moda.

Sí, yo soy un profesor, y muy digno, como tantos otros que trabajamos en las barricadas de una sociedad que nos ha dado la espalda, a nosotros y, sobre todo, a esos jóvenes que quieres defender, supongo. Me gustaría verte, con tu arrogante pose, en medio de 40 niños excluidos, abandonados, mostrando tu preclara inteligencia para detectarlo todo, para solucionarlo todo, supongo que a base de insultos y sopapos. ¿De verdad crees que nosotros paseamos por los pasillos de nuestro instituto, y cuando vemos a unos acosadores maltratar a un alumno, huimos despavoridos y nos vamos a fumar un cigarro, mientras esperamos que todo pase? No es gritando, insultando desde fuera el modo de solucionar los problemas y las tragedias que todos los días se producen en esa institución denostada por la sociedad, y denigrada por los que nos desgobiernan, en la Educación Pública, un cajón de sastre en el que todo es abandonado, a la deriva.

Ni yo, ni mis compañeros pasamos inadvertidos, que es lo que debería ocurrirte a ti. Habitamos el fango y peleamos con padres responsables, y con otros que ya hace tiempo dimitieron de su función. Y en cuanto a lo de esperar a cobrar a fin de mes, me guardo todo lo que me dicta mi estómago, vaquero. No quiero compartir tu barrizal. No hables más de nosotros. Harías mejor en centrarate en lo que mejor sabes hacer, escucharte, escupir insultos, y esperar la recompensa no merecida. Porque insisto, aquí lo único trágico, lo que nos obliga a pensar y a actuar, a todos, es lo que le ocurrió a esa chica, lo que le ocurre a tantos jóvenes en este país.

Pero eso no significa que tengamos que agachar la cabeza, y aguantar todo lo que grite el oráculo. Vaya mi solidaridad, y la de todos los profesores, con la familia de Carla Díaz Magniem. Y mi desprecio por ti.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Ene 28, 2015 10:03 pm

Esta es una de las cosas más hilarantes (sin querer) que he leído nunca. :lol:

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Mensaje por agustinadearagon » Mié Ene 28, 2015 10:30 pm

Cuando ocurre una injusticia, tan culpable es quien la provoca como el que asiste impasible y mira para otro lado.
"Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro quizá esté muy oscuro para leer". G.M.

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Mensaje por agustinadearagon » Mié Ene 28, 2015 10:31 pm

Cuando ocurre una injusticia, tan culpable es quien la provoca como el que asiste impasible y mira para otro lado.
"Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro quizá esté muy oscuro para leer". G.M.

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endeavour
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Mensaje por endeavour » Jue Ene 29, 2015 6:24 pm

Menudo retrasado mental. Por muy profesor que sea.

Más de un profesor no aguantaría otro trabajo que no fuera el suyo. No dos horas, ni una.

¿El anormal este no piensa que la mayoría hemos estado una gran parte de nuestra vida en un colegio, instituto y algunos hasta en la universidad? ¿Que no conocemos a los eminentes maestros, profesores, doctores y catedráticos? Muchos, no todos por supuesto, que viven en los mundos de yupi, que tienen la vocación de un jilguero y que son vagos hasta decir basta.

Si todos los profesores que he tenido hubieran sido como los 3 o 4 que me han marcado o enseñado de verdad, qué gran persona, ciudadano y erudito sería. Pero como por desgracia me he encontrado con un 80 por ciento de gente que no tenía vocación, que leía el periódico o fumaba, cuando se podía, pegado a la ventana sin hacernos ni puto caso o esperando impaciente que sonara la campana para largarse... pues tengo grandes lagunas en mi educación. Que si, junto a la educación de mis padres hubiera tenido otra educación paralela en mis centros escolares, creo que podría ser menos mediocre de lo que soy.

Quizá soy injusto y espero que nadie aquí se moleste, pero es mi experiencia. Y cuando me cuenta mi hermana pequeña, lo que hacen los profesores de su universidad, me indigno profundamente. Sinvergüenzas. Que los hay en todos lados, sí, pero en la educación es lo peor que le puede pasar a un país. Hay profesiones que tienen que ser un ejemplo para el resto de ciudadanos. Y en este país, salvo pobres que luchan contra viento y marea para que no se les meta en este saco, pasa en muy pocas profesiones. Con lo bonita que debe ser la docencia cuando años después te vienen alumnos y te dicen que fuiste el mejor profesor. Creo que eso debe ser una recompensa tremenda.

un saludo.

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Mensaje por koora_linax » Lun Feb 02, 2015 6:39 pm

Hoy me han venido unas chonis al trabajo y he estado a punto de perder los nervios y ser violentamente incorrecta. Una de ellas quería que le expediera un documento en el que necesita mostrar su DNI y me dice que no lo tiene. Le contesté que era imposible pues tenía que identficarse. Se va y empieza a cuchichear con su comadre en la zona de recepción. Más rápido que deprisa van y sacan el móvil dirigiendo su objetivo hacia la mesa donde me encontraba con la laboris burocrática... A esto que levanto la cabeza y pillo a las paparachis asaltando ese límite visual-espacial de la Atenea que llevo dentro. Mi jefa que es una cobarde de la pradera y se escabulle siempre abandonando el barco no sale a resolver el asunto fílmico. Así que no quedó otra que dirigirme hacia la agresora y pedirle que parara de videarme.

Si me veis por las redes con cara de mala leche pero con verbo educado echarme una mano ante semejante invasión choninera.

Esta visto que la agresión no es monopolio de un sólo sexo, es cuestión de utilizar formas de poder.
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Mensaje por Siana » Lun Feb 02, 2015 11:44 pm

Vaya tela marinera. Cosas parecidas veo, o más bien veía, casi a diario.

Mala educación e ignorancia hacen una combinación muy peligrosa.

Koora escribió:Si me veis por las redes con cara de mala leche pero con verbo educado echarme una mano ante semejante invasión choninera.

Por supuesto.

Peligro de tías. Claro que las puedes denunciar. Pero quién te protege a ti.

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endeavour
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Mensaje por endeavour » Vie Feb 06, 2015 6:35 pm

No he entendido bien por qué te han grabado. Pero si es con ánimo de colgarlo en la red y mofarse... denuncia.

un saludo.

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Mensaje por agustinadearagon » Mié Feb 11, 2015 6:00 pm

No puedo con los adolescentes maleducados. Es una señal clara de qie me estoy acartonando.
"Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro quizá esté muy oscuro para leer". G.M.

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Mensaje por Rogorn » Dom Feb 28, 2016 12:45 pm

El silencio de los borregos
Tomàs - terepe3.blogspot - 27/02/2016
(blog de los alumnos de 2º de Bachillerato del IES La Pobla de Segur)

El 25 de enero de 2015, el escritor español Arturo Pérez-Reverte publicó un artículo en el cual denunciaba el acoso sufrido por una adolescente de catorce años de Gijón por parte de dos compañeras de clase. Dicha adolescente terminó por suicidarse al verse tan atormentada por las burlas de las dos chicas. Pérez-Reverte nos cuenta que al cabo de dos años, un juez ha condenado a estas dos chicas a seis meses de trabajos socioeducativos. Según el escritor, esta pena no se corresponde a los daños que dichas adolescentes causaron tanto a la chica malograda como a su familia y a su entorno. Pérez-Reverte no culpa de ello al juez, sino que critica el sistema judicial y las leyes vigentes en España.

A continuación, el autor del artículo nos propone una labor de empatía al hacernos estar en la situación de Carla Díez, la chica que se suicidó, la cual sufría este tipo de acosos diariamente a causa de su estrabismo, la insultaban de un modo cruel, la llamaban lesbiana, etc. Como este caso, Pérez-Reverte subraya muchos otros como por ejemplo el acoso que miles de homosexuales, personas con problemas de peso o chicos introvertidos alrededor del mundo sufren a manos de sus compañeros de clase. Además de culpar a dichos acosadores, denuncia la indiferencia y la pasividad de aquellos que podrían evitar que estas atrocidades sucedan. Añade que, dicha impasibilidad conllevará que dichos jóvenes sean unos pésimos ciudadanos en el futuro.
También señala el papel de los profesores en dichas circunstancias. Los acusa de mantenerse neutrales y de no tomar medidas, diciendo que su único objetivo es el lucro y tener una buena relación con los padres y el profesorado sin tener la obligación de implicarse en los sucesos aterradores que viven muchos estudiantes.

Además del papel de los docentes, Pérez-Reverte advierte la presencia de las redes sociales. Para él han sido el instrumento de tortura para la chica acosada. Las burlas, las amenazas y los muchos insultos fueron la causa que desencadenó la tragedia. Finalmente, el escritor pone de manifiesto la hipocresía de la mayoría de personas implicadas en este suceso cuando Carla Díez se suicidó. Denuncia la actitud de la compañeras que a priori fustigaban a la pobre chica y al producirse la tragedia, adoptan el papel de víctimas que lloran afligidas la muerte de su compañera "querida".

Arturo Pérez-Reverte utiliza un lenguaje agresivo para hablar de este tema. A la hora de calificar las actitudes de muchos de los implicados, utiliza varios insultos, como por ejemplo "hijos e hijas de la grandísima puta", "borregos o borregas", "gilipolleces", etc. Para muchos, la actitud que adopta el autor del artículo puede ser excesiva. Cada uno tiene su propio punto de vista. Sin embargo, yo creo que la manera con la que Pérez-Reverte escribe el artículo está justificada. Estos sucesos, como el de Carla Díez, ocurren cada día, no solo en España, sino también en todos los lugares del planeta, sin que nadie lo denuncie o tome acciones para que no suceda. Pérez-Reverte está indignado, al igual que muchos de nosotros, ciudadanos con un mínimo de decencia moral, ante la pasividad de los poderosos, los cuales tienen en su mano que estas atrocidades terminen, pero que prefieren salvar su cuello y su bolsillo antes de implicarse en la defensa de un ser humano.

Evidentemente, también creo que este artículo podría haberse escrito con un poco más de tacto, no con el objetivo de no ofender a las acosadoras ni a las personas implicadas, sino por respeto a la familia de Carla Díez, la cual tiene que cargar con una pesada losa sobre su espalda después de que su hija falleciera. Dicho esto, no creo que la actitud de Pérez-Reverte sea errónea, puesto que cada uno puede expresar sus opiniones como quiera. Lo importante es que los ciudadanos se impliquen en estos casos y que los denuncien, ya sea moderadamente o como lo hace el autor de este artículo. Hay que luchar para que estos casos de acoso escolar y cibernético salgan a la luz y sean juzgados debidamente.

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