1158 - 13.09.2015 - Los godos del emperador Valente

Los artículos de la columna de Pérez-Reverte en ‘El semanal’ y otros escritos suyos

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Rogorn
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1158 - 13.09.2015 - Los godos del emperador Valente

Mensaje por Rogorn » Sab Sep 12, 2015 11:14 pm

LOS GODOS DEL EMPERADOR VALENTE

En el año 376 después de Cristo, en la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo, presionados por el avance de las hordas de Atila. Por diversas razones -entre otras, que Roma ya no era lo que había sido- se les permitió penetrar en territorio del imperio, pese a que, a diferencia de oleadas de pueblos inmigrantes anteriores, éstos no habían sido exterminados, esclavizados o sometidos, como se acostumbraba entonces. En los meses siguientes, aquellos refugiados comprobaron que el imperio romano no era el paraíso, que sus gobernantes eran débiles y corruptos, que no había riqueza y comida para todos, y que la injusticia y la codicia se cebaban en ellos. Así que dos años después de cruzar el Danubio, en Adrianópolis, esos mismos godos mataron al emperador Valente y destrozaron su ejército. Y noventa y ocho años después, sus nietos destronaron a Rómulo Augústulo, último emperador, y liquidaron lo que quedaba del imperio romano.

Y es que todo ha ocurrido ya. Otra cosa es que lo hayamos olvidado. Que gobernantes irresponsables nos borren los recursos para comprender. Desde que hay memoria, unos pueblos invadieron a otros por hambre, por ambición, por presión de quienes los invadían o maltrataban a ellos. Y todos, hasta hace poco, se defendieron y sostuvieron igual: acuchillando invasores, tomando a sus mujeres, esclavizando a sus hijos. Así se mantuvieron hasta que la Historia acabó con ellos, dando paso a otros imperios que a su vez, llegado el ocaso, sufrieron la misma suerte. El problema que hoy afronta lo que llamamos Europa, u Occidente (el imperio heredero de una civilización compleja, que hunde sus raíces en la Biblia y el Talmud y emparenta con el Corán, que florece en la Iglesia medieval y el Renacimiento, que establece los derechos y libertades del hombre con la Ilustración y la Revolución Francesa), es que todo eso -Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Newton, Voltaire- tiene fecha de caducidad y se encuentra en liquidación por derribo. Incapaz de sostenerse. De defenderse. Ya sólo tiene dinero. Y el dinero mantiene a salvo un rato, nada más.

Pagamos nuestros pecados. La desaparición de los regímenes comunistas y la guerra que un imbécil presidente norteamericano desencadenó en el Medio Oriente para instalar una democracia a la occidental en lugares donde las palabras Islam y Rais -religión mezclada con liderazgos tribales- hacen difícil la democracia, pusieron a hervir la caldera. Cayeron los centuriones -bárbaros también, como al fin de todos los imperios- que vigilaban nuestro limes. Todos esos centuriones eran unos hijos de puta, pero eran nuestros hijos de puta. Sin ellos, sobre las fronteras caen ahora oleadas de desesperados, vanguardia de los modernos bárbaros -en el sentido histórico de la palabra- que cabalgan detrás. Eso nos sitúa en una coyuntura nueva para nosotros pero vieja para el mundo. Una coyuntura inevitablemente histórica, pues estamos donde estaban los imperios incapaces de controlar las oleadas migratorias, pacíficas primero y agresivas luego. Imperios, civilizaciones, mundos que por su debilidad fueron vencidos, se transformaron o desaparecieron. Y los pocos centuriones que hoy quedan en el Rhin o el Danubio están sentenciados. Los condenan nuestro egoísmo, nuestro buenismo hipócrita, nuestra incultura histórica, nuestra cobarde incompetencia. Tarde o temprano, también por simple ley natural, por elemental supervivencia, esos últimos centuriones acabarán poniéndose de parte de los bárbaros.

A ver si nos enteramos de una vez: estas batallas, esta guerra, no se van a ganar. Ya no se puede. Nuestra propia dinámica social, religiosa, política, lo impide. Y quienes empujan por detrás a los godos lo saben. Quienes antes frenaban a unos y otros en campos de batalla, degollando a poblaciones enteras, ya no pueden hacerlo. Nuestra civilización, afortunadamente, no tolera esas atrocidades. La mala noticia es que nos pasamos de frenada. La sociedad europea exige hoy a sus ejércitos que sean oenegés, no fuerzas militares. Toda actuación vigorosa -y sólo el vigor compite con ciertas dinámicas de la Historia- queda descartada en origen, y ni siquiera Hitler encontraría hoy un Occidente tan resuelto a enfrentarse a él por las armas como lo estuvo en 1939. Cualquier actuación contra los que empujan a los godos es criticada por fuerzas pacifistas que, con tanta legitimidad ideológica como falta de realismo histórico, se oponen a eso. La demagogia sustituye a la realidad y sus consecuencias. Detalle significativo: las operaciones de vigilancia en el Mediterráneo no son para frenar la emigración, sino para ayudar a los emigrantes a alcanzar con seguridad las costas europeas. Todo, en fin, es una enorme, inevitable contradicción. El ciudadano es mejor ahora que hace siglos, y no tolera cierta clase de injusticias o crueldades. La herramienta histórica de pasar a cuchillo, por tanto, queda felizmente descartada. Ya no puede haber matanza de godos. Por fortuna para la humanidad. Por desgracia para el imperio.

Todo eso lleva al núcleo de la cuestión: Europa o como queramos llamar a este cálido ámbito de derechos y libertades, de bienestar económico y social, está roído por dentro y amenazado por fuera. Ni sabe, ni puede, ni quiere, y quizá ni debe defenderse. Vivimos la absurda paradoja de compadecer a los bárbaros, incluso de aplaudirlos, y al mismo tiempo pretender que siga intacta nuestra cómoda forma de vida. Pero las cosas no son tan simples. Los godos seguirán llegando en oleadas, anegando fronteras, caminos y ciudades. Están en su derecho, y tienen justo lo que Europa no tiene: juventud, vigor, decisión y hambre. Cuando esto ocurre hay pocas alternativas, también históricas: si son pocos, los recién llegados se integran en la cultura local y la enriquecen; si son muchos, la transforman o la destruyen. No en un día, por supuesto. Los imperios tardan siglos en desmoronarse.

Eso nos mete en el cogollo del asunto: la instalación de los godos, cuando son demasiados, en el interior del imperio. Los conflictos derivados de su presencia. Los derechos que adquieren o deben adquirir, y que es justo y lógico disfruten. Pero ni en el imperio romano ni en la actual Europa hubo o hay para todos; ni trabajo, ni comida, ni hospitales, ni espacios confortables. Además, incluso para las buenas conciencias, no es igual compadecerse de un refugiado en la frontera, de una madre con su hijo cruzando una alambrada o ahogándose en el mar, que verlos instalados en una chabola junto a la propia casa, el jardín, el campo de golf, trampeando a veces para sobrevivir en una sociedad donde las hadas madrinas tienen rota la varita mágica y arrugado el cucurucho. Donde no todos, y cada vez menos, podemos conseguir lo que ambicionamos. Y claro. Hay barriadas, ciudades que se van convirtiendo en polvorines con mecha retardada. De vez en cuando arderán, porque también eso es históricamente inevitable. Y más en una Europa donde las élites intelectuales desaparecen, sofocadas por la mediocridad, y políticos analfabetos y populistas de todo signo, según sopla, copan el poder. El recurso final será una policía más dura y represora, alentada por quienes tienen cosas que perder. Eso alumbrará nuevos conflictos: desfavorecidos clamando por lo que anhelan, ciudadanos furiosos, represalias y ajustes de cuentas. De aquí a poco tiempo, los grupos xenófobos violentos se habrán multiplicado en toda Europa. Y también los de muchos desesperados que elijan la violencia para salir del hambre, la opresión y la injusticia. También parte de la población romana -no todos eran bárbaros- ayudó a los godos en el saqueo, por congraciarse con ellos o por propia iniciativa. Ninguna pax romana beneficia a todos por igual.

Y es que no hay forma de parar la Historia. «Tiene que haber una solución», claman editorialistas de periódicos, tertulianos y ciudadanos incapaces de comprender, porque ya nadie lo explica en los colegios, que la Historia no se soluciona, sino que se vive; y, como mucho, se lee y estudia para prevenir fenómenos que nunca son nuevos, pues a menudo, en la historia de la Humanidad, lo nuevo es lo olvidado. Y lo que olvidamos es que no siempre hay solución; que a veces las cosas ocurren de forma irremediable, por pura ley natural: nuevos tiempos, nuevos bárbaros. Mucho quedará de lo viejo, mezclado con lo nuevo; pero la Europa que iluminó el mundo está sentenciada a muerte. Quizá con el tiempo y el mestizaje otros imperios sean mejores que éste; pero ni ustedes ni yo estaremos aquí para comprobarlo. Nosotros nos bajamos en la próxima. En ese trayecto sólo hay dos actitudes razonables. Una es el consuelo analgésico de buscar explicación en la ciencia y la cultura; para, si no impedirlo, que es imposible, al menos comprender por qué todo se va al carajo. Como ese romano al que me gusta imaginar sereno en la ventana de su biblioteca mientras los bárbaros saquean Roma. Pues comprender siempre ayuda a asumir. A soportar.

La otra actitud razonable, creo, es adiestrar a los jóvenes pensando en los hijos y nietos de esos jóvenes. Para que afronten con lucidez, valor, humanidad y sentido común el mundo que viene. Para que se adapten a lo inevitable, conservando lo que puedan de cuanto de bueno deje tras de sí el mundo que se extingue. Dándoles herramientas para vivir en un territorio que durante cierto tiempo será caótico, violento y peligroso. Para que peleen por aquello en lo que crean, o para que se resignen a lo inevitable; pero no por estupidez o mansedumbre, sino por lucidez. Por serenidad intelectual. Que sean lo que quieran o puedan: hagámoslos griegos que piensen, troyanos que luchen, romanos conscientes -llegado el caso- de la digna altivez del suicidio. Hagámoslos supervivientes mestizos, dispuestos a encarar sin complejos el mundo nuevo y mejorarlo; pero no los embauquemos con demagogias baratas y cuentos de Walt Disney. Ya es hora de que en los colegios, en los hogares, en la vida, hablemos a nuestros hijos mirándolos a los ojos.

XL Semanal, 13 de septiembre de 2015
Última edición por Rogorn el Mié Sep 16, 2015 4:55 pm, editado 1 vez en total.

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bowman
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Mensaje por bowman » Sab Sep 12, 2015 11:34 pm

Paz y amor.
<div>El último que apague la luz.</div>

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Riqy
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Mensaje por Riqy » Dom Sep 13, 2015 1:08 am

Hombre, los romanos no recibieron a los godos con los brazos abiertos precisamente... Les venían de coña com mano de obra baratísima y para reforzar sus legiones, eso sí. Los godos llegaron apasar tanta hambre que vendían a sus hijos a cambio de comida. Un niño de siete u ocho años se cotizaba a un perro de mediano tamaño (que tiene bastante chicha para un par de comidas)

En otro orden de cosas, el otro día me tacharon de alarmista cuando sugerí en el Face que somos unos racistas xenófobos y prepotentes al suponer que nuestra cultura europea saldrá vicrtoriosa del enfrentamiento con la cultura musulmana que nos viene encima. Que los hijos de los musulmanes negarán sus raíces y abrazarán nuestro modo de vida, que es más chupi guay y todo eso. Decía, y digo, que el islam tiene lo que tienen todas las religiones: arropa al creyente, le da una identidad y un motivo para vivir y para morir.

Algo que esta descreida Europa ya ha perdido, me temo.

Enfin, comamos y bebamos mientras los bárbaros están a la spuertas... aunque ni ese consuelo tenemos. Toca hacer dieta y pasar a base de verduritas....

Ni decadente puede ser ya uno mientras se va al cuerno su civilización, me temo.
Ricard
Los viejos roleros... nunca mueren

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grognard
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Mensaje por grognard » Dom Sep 13, 2015 6:46 am


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Siana
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Re: 13.09.2015 - Los godos del emperador Valente

Mensaje por Siana » Dom Sep 13, 2015 9:48 am

Y es que todo ha ocurrido ya.

Y dos opciones. Educación (la más difícil, y la mejor), o tener cerca esa ventana de la biblioteca. Y quizá un whisky.

Gracias Ro. Valiente y brillante como siempre el Jefe.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Dom Sep 13, 2015 12:41 pm

el otro día me tacharon de alarmista cuando sugerí en el Face que somos unos racistas xenófobos y prepotentes al suponer que nuestra cultura europea saldrá vicrtoriosa del enfrentamiento con la cultura musulmana que nos viene encima. Que los hijos de los musulmanes negarán sus raíces y abrazarán nuestro modo de vida, que es más chupi guay y todo eso. Decía, y digo, que el islam tiene lo que tienen todas las religiones: arropa al creyente, le da una identidad y un motivo para vivir y para morir. Algo que esta descreida Europa ya ha perdido, me temo.

Son dos grupos demasiado grandes como para que uno "triunfe" sobre el otro. Habrá como mucho cierto "trasvase" (musulmanes occidentalizados, occidentales islamizados), pero eso será todo en cuanto a salir victorioso.

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Costillo
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Mensaje por Costillo » Dom Sep 13, 2015 4:29 pm

Claro y diáfano. Cuando el conocimiento de la historia se une al conocimiento de la naturaleza humana surge la lucidez.

Sigamos siendo hypies, haz el amor y no la guerra, margaritas para todos, y sobre todo, seamos más buenos que nadie.
Cuando hay intención de condenar, siempre terminan apareciendo pruebas.<br>http://picasaweb.google.es/juan.povedan ... ovedano<br>

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Lun Sep 14, 2015 5:02 pm

¿Debe avergonzarse Europa?
Álvaro Abellán - lasemana.es - 14/09/2015

El drama de los desplazados y refugiados ha suscitado multitud de titulares sobre la responsabilidad de Europa. El tema es complejo y permite respuestas múltiples, pero exige, sobre todo, respuestas responsables. Porque responder verdaderamente es ofrecer respuestas responsables. Las respuestas irresponsables no son respuestas, sino reacciones, pataletas, desahogos o incluso oportunismos, estos sí, muy vergonzosos.

Decir que Europa debe avergonzarse es una de estas reacciones irresponsables, es decir, es una muy mala respuesta. En el juego territorial que sustenta todos los dramas de refugiados y desplazados hay una cosa bastante clara: la esperanza de los desplazados y refugiados no está en sus propios países –de los que huyen– sino que está en Europa, a quien piden ayuda y socorro. Esto no quiere decir que los europeos no podamos avergonzarnos de nosotros mismos, o de algunos o muchos europeos influyentes y poderosos, o de algunas acciones de nuestros gobiernos y empresarios. Esto no quiere decir tampoco que Europa no tenga parte de responsabilidad en los dramas políticos que acontecen fuera de nuestras fronteras, pues esto dejó de ser así hace muchos años y hoy todos somos en diverso grado corresponsables de todo. Pero este “en diverso grado” es importante.

Arturo Pérez-Reverte nos previene en su Patente de Corso (13-09-2015) del buenismo suicida de nuestra situación. Comparando la actual Europa con Roma –comparación evidentemente pertinente– nos recuerda que Roma cayó cuando dejó entrar hordas de bárbaros incivilizados cuando estos huían de sus propios hermanos exterminadores. Roma no supo civilizar a quienes dejó entrar masivamente y Roma dejó de ser el ideal de civilización al que acudieron aquellos desplazados hace ya más de 1500 años. ¿Pasará ahora lo mismo? Pérez-Reverte asegura que sí, aunque no llegaremos a verlo –pues estos procesos, dice, tardan siglos–. Es decir, que cuando sepamos si acertó o no en sus predicciones, ya nadie se acordará del profeta, ni de sus palabras.

Esta semana una buena amiga me decía: me estoy acordando ahora de todos los que criticaron a Angela Merkel por insolidaria. Alemania será la nación más generosa en esta crisis humanitaria, seguida de Francia y de España. Y si lo es –si lo somos–, es porque podemos serlo, cosa que, especialmente nosotros, no podríamos haber dicho hace tres años. Nadie puede dar lo que no tiene, y la mayor parte de Europa tiene. Y no me refiero sólo a recursos económicos, sino a algo mucho más importante, aunque ese algo no pueda darse al margen de una economía sana: a la posesión de sí mismo. Alemania –como la mayor parte de los países de la unión– se posee a sí misma, es decir, se gobierna a sí misma, es autónoma, es capaz de decidir, como país, a dónde quiere llegar, y es capaz de ponerse en marcha hacia ese lugar. Cosa que no pueden decir hoy ni Grecia ni los territorios diezmados con pasmosa facilidad por el Estado Islámico.

Otra cosa parece clara: si las mejores esperanzas de todos –europeos y refugiados– llegan a cumplirse, será gracias a Europa –no sólo gracias a ella, pero no sin ella– y si hoy mantenemos esa esperanza viva es porque existe algo como Europa. Con su capacidad crítica, con su economía, con sus instituciones políticas, con su bienestar, con su educación, con su ideal de humanismo, con su vocación de preservar la cultura, con sus derechos humanos, con su sensibilidad religiosa y con su capacidad para gobernarse a sí misma. Si Europa no salva todas esas cosas, Europa no tendrá nada que ofrecer a ningún refugiado. Si Europa no se conserva sí misma no podrá entregarse generosamente a sí misma. Europa no será ninguna esperanza para nadie si lo que prevalece en su corazón es la vergüenza respecto de su propia identidad.

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Victoria
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Re: 13.09.2015 - Los godos del emperador Valente

Mensaje por Victoria » Mar Sep 15, 2015 11:00 am

Las hordas de Atila las han creado o al menos financiado, dirigido y pactado con ellas, gobiernos occidentales. Han sido sus perros de presa. Algunas aún lo son. Es decir, en parte, nos guste o no, las hordas de Atila somos nosotros.
¿Los centuriones cayeron? Se empujaron uno por uno también por intereses occidentales y de los ricos gobiernos del Golfo en las mal llamadas primaveras que no fueron tales. Bienvenidos a las consecuencias de andar enredando fuera y al efecto dominó. Por algo se llaman relaciones internacionales.
¿Nos pasamos de frenada? Oh, sí. Nos pasamos de frenada consintiendo corruptelas, acciones infames, que nos borren esos recursos y esa cultura y esa memoria que se supone deberíamos tener en estos países nuestros y en esta Europa nuestra que hace mucho que entró en crisis, y no por los godos, sino por los europeos.
Yo no creo que seamos mejores que hace siglos. Somos un tanto distintos en nuestra ideosincracia, pero nos mueven los mismos instintos al final. Y los eritreos, los sudaneses, los ucranianos, los afganos, y tantos y tantos otros víctimas de guerras olvidadas siguen matando y muriendo cada día. Sólo que en vez de con machetes, se matan con fusiles y viajan en jeeps que les vendemos nosotros. EE UU, Francia, Alemania... Y España. Y en menos proporción, la gente sigue matándose por otras cuestiones –guerras aparte– no muy lejos de nuestras casas.
Y, en eso estoy de acuerdo con Riqy, tenemos un complejo de superioridad impresionante. "Europa ... está roído por dentro y amenazado por fuera. Ni sabe, ni puede, ni quiere, y quizá ni debe defenderse". Pues igual no. También vivimos nuestra propia guerra interna o global, esa que es económica y cultural. Tampoco creo que Europa sea una única cultura integradísima frente a una oleada que entra. Igual me equivoco.
Y de todas formas, eso que llamamos globalización, hace mucho ya que es imparable. Y también hace tiempo ya que los partidos xenófobos y de extrema derecha están creciendo por Europa como setas.
Igual es que yo creo que la Europa que iluminó al mundo, ya hace tiempo que no tiene luces que brillen tanto...

Hala. Linchadme. :roll: 8)
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

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Siana
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Mensaje por Siana » Mar Sep 15, 2015 3:00 pm

[quote}Igual es que yo creo que la Europa que iluminó al mundo, ya hace tiempo que no tiene luces que brillen tanto... [/quote]
No, hace tiempo que se está desmoronando por varios frentes. Bueno, al menos eso creo.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Sep 16, 2015 4:59 pm

Niños no ven delfines
Raúl del Pozo - elmundo.es - 16/09/2015

El destierro es redondo: un círculo, un anillo:
le dan vuelta tus pies, cruzas la tierra,
no es tu tierra,
te despierta la luz, y no es tu luz,
hallas hermanos: pero no es tu sangre.
Eres como un fantasma avergonzado.

Pablo Neruda desentrañó con amargura el ronco desamparo del desterrado, la distancia infinita del alma sin raíces, los barcos cargados de españoles que huían a México, pero también el poeta chileno recibió reproches de una arrepentida comunista italiana. María Antonietta Macciocchi, en su devorador libro de memorias ' Dos mil años de felicidad', le da un navajazo a Pablo, al que conoció en los viajes de la "nomenklatura". Cuenta que bebía champán, alternaba con mujeres frívolas y se hospedaba en hoteles de lujo; según la escritora, Fidel Castro le había gritado: "Cuba es demasiado pobre para permitirse un cortesano tan caro". Aunque escribiera con champán, supo expresar la agonía de la diáspora que aplasta a los homínidos desde la Edad de Piedra, especialmente a los judíos y a los griegos.

Carlos Oroza, el poeta maldito de nuestra juventud, nos daba la vara recitando que si el trigo creciera en las fronteras y no hubiera tantas patrias inútiles, otro gallo nos cantaría. Era un sueño "beat" porque ahora mismo surgen nuevas fronteras en Europa y los políticos se mueven entre la hipocresía y la compasión. Tenía razón Arturo Pérez-Reverte cuando dijo que siempre hubo centuriones en todas las fronteras del imperio. "Es contradictorio e imposible (y peligroso) disfrutar de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros".

Los 28 estados han aplaudido a los desterrados mientras colocaban alambradas. El reparto del éxodo provoca otra crisis de existencia a la Europa inacabada. Austria utiliza el ejército para parar la avalancha. Alemania suspende la comunicación por tren. Hungría arresta a los que intentan cruzar la línea de pinchos. Y ahí siguen estando las islas griegas, aquellas que cuando llegaba un errabundo le preguntaban, sentados en las eras, que de dónde venía y qué sabía. Ese mar es el de la civilización y las emigraciones, que viene a ser lo mismo. "Diáspora" es una palabra griega y una constante realidad en el Egeo, donde las riscas y el cielo se unen. Irene Hdez Velasco, enviada de 'El Mundo', escribe: "Lesbos, la isla de Safo, la tierra que tanto amaba Aristóteles, es escenario de un éxodo humano de proporciones bíblicas". La isla citada por Homero recibe, en plena vendimia, con la generosidad de siempre a los sirios, afganos, pakistaníes e iraquíes entre llantos de niños y zumbidos de mosquitos. Pero no pueden hacer más. La mayoría de la población es pobre y está acosada por los recortes. Antes, cuando llamaban a la puerta nunca se sabía si afuera estaba la propia Afrodita en forma humana u Orfeo, el encantador de delfines. Pero los niños no ven los delfines desde sus chalecos salvavidas, se agarran al cuello de sus madres para no morir. Y Europa, sitiada, con fronteras y sin ejército, no sabe qué hacer.

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Re: 13.09.2015 - Los godos del emperador Valente

Mensaje por grognard » Jue Sep 24, 2015 8:59 am

Victoria escribió:
Igual es que yo creo que la Europa que iluminó al mundo, ya hace tiempo que no tiene luces que brillen tanto...

¿La frase es tuya?

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Victoria
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Mensaje por Victoria » Jue Sep 24, 2015 9:08 am

8O
Ehmm, supongo, no la he copiado de ningún sitio, si preguntas eso.
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Mensaje por agustinadearagon » Jue Sep 24, 2015 9:52 am

No hay invento humano perfecto, pero de lo que hay, Europa es lo mejor. Y vivir en un barrio como en el que yo vivo, y tener capacidad de observación te da una idea de lo que supone la inmigración desbordante, o admisión de refugiados ilimitada. Tienen hambre y ambición. Ganas. Tienen fuerza, y mantienen su cultura. Sus constumbres. A raja tabla. Y si nosotros no consideramos que sea humano sentirnos más que nadie. Ellos sí lo sienten. No son humildes despojados dispuestos a acomodarse a lo que les den. No. Se siente con derecho. Eso sí lo aprendieron. Lo demás no. Y las ciudades, sí , se va a convertir en polvorines. Europa ha descuidado la puerta de atrás, y por ahí se le va a colar la ruina. Todos somos iguales. Pues mire usté no. Todos podemos tener los mismos derechos, pero no somos iguales. Hay quienes luchan por leyes justas, y quienes se aprovechan de ellas o de lo que se asemeja a una ley justa. Hablo de generalidades. Como siempre hay gente, en todos los lados, que mamó una bondad que es la que nos enseñaron en Disney, o en Heidi, en la abeja Maya, o en Verano Azul, etc. Al fin y al cabo, la supervivencia es cuestión de lucha y donde no hay sitio para dos, el que deja de que abofeteen dos veces acaba crucificado. Esa también es una vieja historia. Quien se hace de miel se lo comen las moscas, etc...Más allá de culturas, y de Historia, está el corazón humano, sus pasiones y esas fueron, son y serán siempre las mismas. Lo que viene no van a ser corros de la patata donde sirios, chinos, senegaleses, ... y europeos nos demos la mano. Lo que viene es lucha. Y quien no lo entienda así está en un error. Suerte de no haber tenido hijos. Sólo eso.
"Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro quizá esté muy oscuro para leer". G.M.

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Mensaje por Victoria » Jue Sep 24, 2015 5:42 pm

La patata caliente

Juan Eslava Galán - ABC - 05/09/2015

https://laverdadofende.wordpress.com/20 ... galan-abc/
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Mensaje por koora_linax » Jue Sep 24, 2015 7:46 pm

- Hay que saber cuando se es conquistado -

Discurso de Gladiator en batalla de Germania (limes)

https://www.youtube.com/watch?v=9xyj5M1FGH0
"Al final lo que está en juego es como vivir con el desorden". Arturo P-R

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Mensaje por Ada » Lun Sep 28, 2015 8:43 am

Los dolores de la inmigración
27/09/2015 00:16 por Jesús Fernando Taboada

Vivimos en un mundo de imágenes. Observamos el mundo a través de nuestros ojos y a ellos están destinados los principales hechos de nuestro diario vivir. Por ello las imágenes cobran un valor inusual, destacando aquellas cubiertas de dramatismo y otras que exaltan virtudes o destacan personajes. La televisión se ha convertido en el medio más idóneo para trasmitir y a ella recurren todos los esfuerzos para convencer. Los políticos abusan incluso de ella y sobrecargan y desalientan a los espectadores que procuran recibir mensajes cada vez más impactantes

La imagen del niño Aylan Kurdi implicó un antes y un después. Migraciones hubo siempre, existen desde el origen del mundo ya que ellas implican la búsqueda de un mundo mejor. La vibrante prosa de Arturo Pérez Reverte en un reciente artículo titulado “Llegan los godos al imperio vencido”, quien se complementa con otro de Mario Vargas LLosa sobre similar temática, nos demuestran la vigencia de un drama que cobra cada día mayor enjundia y menor posibilidad de solución. A estas dos plumas del genio de la literatura hispánica contemporánea, se agrega la voz autorizada de Su Santidad el Papa Francisco, quien en diversos foros, incluso en su trascendental mensaje ante el Capitolio norteamericano, ha hecho valer su intensa preocupación por este tema. Uno de los primeros viajes de nuestro Papa fue a la isla de Lampedusa, símbolo de la acogida dramática de aquellos refugiados que escapando de sus miserias sobrevivían malamente a las inclemencias de un Mediterráneo que se estaba convirtiendo en la barrera mortal a sus aspiraciones. Los náufragos por millares ensombrecieron la temática del mundo y las imágenes de ellos abarrotando embarcaciones precarias dieron la vuelta al mundo permitiendo que nadie quedara exento de compartir un sentimiento de humanitaria solidaridad. Luego fueron las masivas migraciones de aquellos que, a marchas forzadas, atravesaron la Europa marginal en procura de las orillas de aquellas naciones donde apreciaban existía la solución de sus dolencias. Millares de caminantes, fallidos náufragos, dolientes todos y con rostros donde se transfiguraban los horrores que justificaban su escape ensombrecieron al mundo y la imagen de ese niño muerto en las orillas de una playa estival trastocó lo que era políticamente correcto en incorrecto. Imagen esa que implicó el después, que significó el despertar de las vergüenzas que los países ricos de la Unión Europea descubrían al verse asaltados por turbas que escapaban de miserias ajenas.

Puertas se abrieron solapadamente y los negociadores de una Europa invadida se reunieron para tratar distribuir cuotas cómo si se tratare de objetos sin reconocer que están dotados de alma y espiritualidad y que conllevan una inmensa carga de dolores.

A la imagen de Aylan se superponen otras numerosas que muestran la búsqueda de refugio y asilo. Documentos fuertes y dolientes donde figuran los rostros de dolor frente al rigor de las fuerzas del orden.

Esas masas de escapados no pueden ser simplemente repertoriados como refugiados del dolor o migrantes que procuran un mejor pasar. Ello no obstante ante el fluir tan numeroso es preciso reconocer que los medios que dispone un continente aquejado de dolencias económicas, con incremento del desempleo y crisis extendida, no facultan conceder una política de puertas abiertas a esas masas que emigran y que darían futuro ejemplo a potenciales seguidores.

El bastión europeo, mítica zona que el imaginario del subdesarrollo contempla como el Edén prometido, simplemente no está en condiciones de dar satisfacción a los fugitivos del terror y la violencia. Sus limitaciones son claras y precisas si bien nadie quiere aceptarlas, dando pie a discusiones internas entre los integrantes de la Unión Europea sobre las posibilidades potenciales de conceder una posible cabida a tanta gente. Por otra parte esta situación despierta arcaicos resabios de una xenofobia larvada que potencia los extremismos.

La tolerancia tiene también sus límites y el análisis de las causales de esta situación converge en las consecuencias de la guerra civil en Siria y la exaltación del Estado Islámico como banda terrorista que abusa de un extremismo religioso con aspiraciones a retrotraer el mundo a conceptos medievales y constituye el motor de los actuales atropellos del Medio Oriente, acentuando su vorágine tradicional de violencia e inestabilidad.

No existiría una guerra contra la inmigración si se lograra consolidar la paz en Siria, donde se reconstruyen las características de la guerra fría. La posición de Moscú de defensa del alicaído dictador de Damasco contraviene con el imperativo de finiquitar con el régimen de Bechir el Hassad y dar un curso sustentable al futuro de dicho país que está en claras vías de disolución ante el arreciar de fuerzas antagónicas representadas por sunitas contra chiitas, que sirven de escudo al dirimir de fuerzas entre Arabia Saudita e Irán; ambos campeones de cada sector de la dividida fe islámica, y en la que ninguno de los dos se ha caracterizado por servir de puerto de acogida a refugiados de su propia confesión religiosa.

El problema de las migraciones afecta a todos los países por igual y es desesperanzador ver que solamente los del mundo occidental y del islam moderado, como Líbano y Turquía, se han visto concernidos frente a imágenes que sorpresivamente muestran una mayoría de hombres entre quienes buscan refugio en las playas europeas.

El arreciar de la violencia del Estado Islámico constituye el mal mayor al que deberá darse solución, sea por vía de la articulación política o por la más eficaz de la militar, hasta ahora renuente en utilizar por las potencias occidentales que no quieren comprometerse con el aporte efectivo de las necesarias tropas en la región.

Jesús Fernando Taboada fue embajador de la República Argentina ante la República de Túnez.

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Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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Mensaje por Rogorn » Mar Sep 29, 2015 9:29 am

Los nuevos "godos"
Ricardo Lafferriere - mdzol.com (Mendoza, Argentina) - 28/09/2015

La crisis de los refugiados que golpea a Europa, al poner en escena un drama que con diversos protagonistas tiene ya varios años, ha desatado opiniones que buscan encuadrarla en interpretaciones más amplias, históricas, sociológicas o económico-políticas de los caracteres más diversos. Las redes sociales son el vehículo facilitador de miradas románticas, nacionalistas, chauvinistas y también solidarias que invocan la representación del conjunto europeo, en la mayoría de las veces asumiendo una mirada homogénea que dista de ser representativa de las más de cuatrocientas millones de personas que integran el conglomerado multinacional abarcados por el sustantivo &#147;Europa&#148;.

Entre ellas se ha hecho lugar en estos días la nota de Pérez-Reverte, cuyo núcleo argumental consiste en interpretar el actual proceso emparentándolo con lo ocurrido hace mil quinientos años, en ocasión del derrumbe del Imperio Romano de Occidente. Los &#147;godos&#148; serían, en su mirada, los actuales migrantes sirios que estarían llegando a un imperio en decadencia -&#150;Europa-, no sólo débil sino también incapaz de mantener mínimos estándares de autodefensa ante una invasión que estaría buscando cambiarle su alma.

Es cierto que la historia tiende a mostrar procesos similares. Mirar hacia atrás buscando similitudes facilita la comprensión banal, en tanto la mente humana se conforma con encontrar patrones con resonancias conocidas para interpretar los fenómenos que no llega a comprender de una mirada rápida. Sin embargo, también suele ser engañoso. No hay procesos iguales. Todos son diferentes en su morfología más profunda, aunque muestren similitudes en su dinámica. Nada hay más diferente que la Europa de hoy con el Imperio Romano de ayer. Nada hay más diferente que los emigrados sirios con las tribus germanas, organizadas, con jefes guerreros, que aunque eran empujadas por los invasores &#147;hunos&#148;, conformaban sociedades estructuradas que emigraban en grupo, con lo que significa como sujetos portadores de conciencia, voluntad y hasta proyectos compartidos. Y que, en última instancia, querían parecerse lo más posible al imperio que conquistaban.

Europa es el espacio del confort y la seguridad que enmarcó el &#147;aburguesamiento&#148; de sus ciudadanos, parece decir con algo de resignación y molestia Pérez-Reverte. Estaría, en su visión, condenada al derrumbe ante los &#147;nuevos bárbaros&#148;, que, ignorantes de sus valores y sofistificación, la someterían a una tensión cuyo resultado sería la desaparición de su alma democrática, solidaria, pacífica. Sin embargo, Europa es también el continente de las guerras y las intolerancias. Los dos mayores conflictos de la historia de la humanidad, que cobraron entre ambos más de setenta millones de muertos, se produjo por intemperancia entre europeos. Europea fue la Inquisición. Europeo fue Hitler. Europeo fueron los nazis y los fascistas. Europeos fueron Mussolini y Franco, Oliveira Salazar, los coroneles griegos y Milosevic. Europeos fueron los que traicionaron en Srebrenica y los que, aprovechando la traición -¡de las Naciones Unidas!- masacraron a cientos de inocentes.

Tampoco los &#147;godos&#148; terminaron siendo tan malos. Los reinos godos originaron los países europeos modernos -entre ellos, España-. Fueron el vehículo de transmisión del cristianismo, y también los que detuvieron la invasión musulmana en el siglo VIII. No sería errado afirmar que sin los &#147;godos&#148; no existiría Europa, tal como la conocimos y la conocemos. Digresión al margen: los países en los que la influencia de los &#147;godos&#148; persistió con más fuerza son los que hoy muestran no sólo mayor desarrollo económico sino mayor calidad institucional, mayor acumulación de conocimientos científicos y mayor equidad en su convivencia. Cuanto más hacia el norte fijemos la mirada, más observaremos este fenómeno. Los países más cercanos a la herencia del viejo imperio romano -&#150;los mediterráneos, tan cercanos a nuestros afectos- son los menos consolidados, aún con sus intensas contradicciones, a las que no son ajenas sus condiciones fronterizas con el otro gran espacio civilizatorio, el del Islam.

No pareciera entonces correcto cargar las tintas forzando identificaciones en un momento tan delicado para la convivencia del mundo cercano. Los que están llegando a Europa pidiendo refugio no son las &#147;hordas godas&#148;. Son personas equiparables a un ciudadano medio europeo, que vivían con la relativa tranquilidad que podían lograr en sociedades sometidas a dictaduras feudales o patrimonialistas, a las que les llegó el horror de la guerra político-religiosa, terminando con su normalidad. Los refugiados de hoy no están llevando a cabo ninguna invasión, sino que escapan de la muerte, con la desesperación que esta angustia conlleva. Si hubiera que buscar similitudes, tal vez serían más equiparables a la angustiosa huida de los judíos que buscaban escapar de las persecuciones nazis &#150;-tan europeas, ellas&#133;-, o de los &#147;pogromos&#148; polacos, húngaros, rusos o ucranianos, que no eran precisamente musulmanes.

Y tampoco Europa es el carcomido imperio romano del siglo V, centralizado en un imperio personalizado y absolutista a pesar de la &#147;modernidad&#148; que había desparramado por la vieja Europa de los pueblos celtas, a cuyas poblaciones llegó con villas y baños, foros y acueductos, caminos y ley. La Europa de hoy tiene innumerables problemas, pero también es el espacio en el que la humanidad ha logrado mayores niveles de perfección política, económica y social. Es injusto -&#150;y peligroso- atacar a Europa por lo de bueno que tiene &#150;el estado de derecho, el repudio a la violencia, los espacios de equidad y humanismo, su disposición a recibir emigrados -y tender una mano- uniendo esa crítica a la que le realizan los que desean volver a la fuerza de los Estados fascistas, a la intolerancia de la Inquisición y a desinteresarse por la situación de los perdedores en la lucha por la vida que, aun así, son seres humanos, &#147;únicos e irrepetibles&#148;, como lo dijera hace algunos años un líder religioso de la Europa buena.

No es defendiendo &#147;"los centuriones&#148; que custodian &#147;las fronteras del imperio&#148;, que &#147;son unos hijos de puta, pero nuestros hijos de puta",&#148; como debe actuar una sociedad que en las últimas décadas ha marcado el rumbo de desarrollo solidario, democrático y tolerante. Más bien parece que si así lo hiciera, añorando a Kadafi, respaldando a Al Assad y aplaudiendo la represión de los policías húngaros sobre niños de cinco años, sería ella misma la que se habría condenado a dejar de ser lo que es, lo que la ennoblece, lo que la hace valiosa y envidiable. Muy poco respetable terminaría siendo si hace depender su futuro de los mercenarios que la cuidan, mientras ella mira para otro lado para no enterarse.

Más que repetirse, la historia avanza. Los problemas de nuestros hijos ,-a los que, coincidiendo en esto con Pérez-Reverte, debemos darle las herramientas del conocimiento, la reflexión y la disposición a la autodefensa- serán diferentes a los actuales. Los europeos de hoy son así porque son los hijos de las guerras que destrozaron el continente. Por eso abrieron sus puertas a los perseguidos políticos, a los sociales, a los económicos. Miles de compatriotas y latinoamericanos están vivos por la mano que les tendió España, Suecia, Alemania, Francia, Italia. El hecho maldito que esta situación se produzca justo en el momento en que el sistema económico global enfrenta un ajuste del tremendo disloque que le generó su globalización des-normatizada no puede conducirnos a olvidar la esencia del alma humana, europea y también nuestra en muchos valores compartidos.

Los problemas deben enfrentarse. La política debe hacerlo, teniendo en cuenta todos sus matices, sus particularidades, sus consecuencias. Una sociedad desarrollada, con cuatrocientos millones de habitantes, no puede poner el grito en el cielo porque medio millón o un millón de personas golpeen sus puertas, con desesperación, pidiendo ayuda no por un resfrío, sino porque los matan. Y tampoco puede asustarse.

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Mensaje por Rogorn » Mar Sep 29, 2015 9:37 am

Europa y los bárbaros
Carlos Salvador La Rosa - losandes.com.ar - 29/09/2015

Por estos días han aparecido dos grandes artículos acerca del tema de la emigración de Oriente Medio hacia Europa. Uno pertenece al escritor español Arturo Pérez-Reverte; el otro, al historiador italiano Loris Zanatta. Las dos notas son objeto de comparación porque con enorme profundidad -una con la belleza literaria del buen escritor, la otra con la severidad documental del buen historiador- expresan las dos grandes tendencias que se expresan en todo el mundo acerca de este fenómeno migratorio masivo: la pesimista y la optimista.

Con sutilezas y puntos intermedios porque ambos autores son muy inteligentes y medidos, Pérez-Reverte piensa que algo así como una invasión de nuevos bárbaros está avanzando sobre un imperio europeo decadente, invasión que cambiará absolutamente la faz del continente tal cual lo conocemos. Mientras, Zanatta sólo ve otra de las grandes etapas migratorias de la historia, en la que los pobres avanzan hacia los países más avanzados, y de cuya fusión surgirá un mejoramiento civilizatorio. Ambos hablan del largo plazo, tratan de leer las cosas profundas más allá de las atrocidades concretas de la historia.

Dice Pérez-Reverte: "Europa, o como queramos llamar a este cálido ambiente de derechos y libertades, de bienestar económico y social, está roída por dentro y amenazada por fuera. No sabe, no puede, no quiere y quizá no debe defenderse". Frente a eso, Zanatta sostiene: "¿Estamos entonces frente al tan cacareado ocaso de la vieja Europa y de sus valores, que tanto excita a los nac y pop de medio mundo? No lo sé. Pero de la decadencia europea se habla cíclicamente desde hace siglos y se ha vuelto casi un hobby".

Para el español, la decadencia europea ya llegó y seguirá avanzando, es una civilización vieja. Para el italiano, así como Europa occidental integró a la oriental comunista, puede hacerlo con otras civilizaciones, porque sus valores, hoy, son más avanzados -cultural e históricamente- que los que se incorporan. A partir de allí sigue el debate. Pérez Reverte: "Estamos donde estaban los imperios incapaces de controlar las oleadas migratorias, pacíficas primero y agresivas luego... Cuando esto ocurre hay pocas alternativas, también históricas: si son pocos, los recién llegados se integran en la cultura local y la enriquecen; si son muchos, la transforman o la destruyen". Zanatta: "Casi sorprende que la corriente populista hostil al mestizaje cultura y étnico no sea mucho más poderosa de lo que es... Quizá los viejos y tan vapuleados valores decimonónicos, fundamentos de una sociedad abierta y plural, hayan plantado raíces firmes y no sean tan anacrónicos como algunos creen".

Pérez-Reverte: “Los bárbaros serán cada vez más violentos y las reacciones étnicas de los europeos más xenofóbicas”. Zanatta cree que en comparación con el período de entreguerras, el etnocentrismo es muy poco frente a tanta inmigración. El español supone que estas grandes migraciones acabarán con la vieja civilización, mientras que Zanatta cree que Europa puede absorberlas, aunque no sin dificultad.

Y para el final el tema central. Pérez-Reverte: "La desaparición de los regímenes comunistas y la guerra que un imbécil presidente norteamericano desencadenó en Oriente Medio para instalar una democracia a la occidental en lugares donde las palabras Islam y rais -religión mezclada con liderazgos tribales- hacen difícil la democracia, pusieron a hervir la caldera". Zanatta: "Lo que ocurre es que el heterogéneo Islam vive hoy una traumática transformación, comparable con aquella vivida con el catolicismo latino hace un siglo, cuyo mayor canal de transmisión es la emigración. Este cambio nace con la secularización de las costumbres, el descubrimiento del individuo, la sociedad de consumo y el desafío de la laicidad, factores que socavan su mundo y los obligan a definiciones. Esto desencadena la guerra dentro del Islam".

Pérez-Reverte cree que la democracia, y especialmente la occidental, es muy difícil de inocular en Oriente Medio, mientras que Zanatta piensa que los valores liberales están entrando incipientemente dentro de esos países, y contra ese avance histórico interno es que los fundamentalistas islámicos guerrean, no sólo contra Occidente. Un gran debate sin respuesta definitiva, pero es imperioso darlo. Bienvenidas ambas ponencias.

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endeavour
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Mensaje por endeavour » Mar Dic 01, 2015 1:52 pm

Gracias por la patente y por el debate chicos. Gracias.

Un saludo.

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