17.01.1980 - Yugoslavia, la hora de la verdad

Los artículos de la columna de Pérez-Reverte en ‘El semanal’ y otros escritos suyos

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Rogorn
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17.01.1980 - Yugoslavia, la hora de la verdad

Mensaje por Rogorn » Dom Nov 22, 2015 12:16 pm

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YUGOSLAVIA, LA HORA DE LA VERDAD

1 - LOS RUSOS, EN LA PUERTA

EL 10 de enero el teléfono sonó en la Casa Blanca. Un Jimmy Carter abrumado por la áspera situación internacional y, lo que es más grave para él, por la sombra que esa situación arroja sobre sus esperanzas de ser reelegido en las próximas presidenciales, escuchó con el ceño fruncido la voz que le llegaba del otro lado del Atlántico. A través del hilo telefónico, un Helmut Schmidt desacostumbradamente nervioso le participaba sus inquietudes, sumando nuevos nubarrones a la ya oscura tormenta. Según el canciller alemán, un eventual deterioro del clima político en Europa, que tendría perfectamente lugar con la desaparición de escena del mariscal Tito, podría llevar a la Unión Soviética a intervenir militarmente en Yugoslavia. En otras palabras, el político alemán venía a expresar a Carter un hecho evidente: Europa es consciente de que Moscú, alentado por la crisis de Irán y reforzada su actitud por la impune invasión de Afganistán, ha perdido por completo el respeto a los Estados Unidos. Y en la lista de viejas espinas que los halcones del Kremlin sueñan con desclavarse un día, el país balcánico ocupa lugar preeminente.

La pregunta es: ¿puede hoy Occidente garantizar la independencia de Yugoslavia frente a la gran potencia del Este? A juicio de numerosos observadores, la política de la "paloma" que hoy rige los destinos de Estados Unidos, al fin y al cabo líder de las potencias occidentales, ha debilitado tanto la actitud severa de éstas frente a los generales soviéticos que todavía sueñan con cabalgadas por Europa, que Occidente parece estar olvidando elementales compromisos morales o prácticos con otros países. Por ejemplo, el diario germano 'Die Welt' llamaba hace unos días la atencion sobre la necesidad de que Occidente garantice el futuro de Yugoslavia, país de notable importancia estratégica y que, bajo la dirección de Tito, es un factor importante en el movimiento de países no alineados, desplegando esfuerzos para que este bloque se mantenga independiente de la influencia soviética.

Pues bien. La mayor parte de los observadores coinciden en asegurar que si mañana los blindados rusos cruzasen la frontera yugoslava, Occidente no dispararía ni un solo cañonazo para evitarlo. Se producirían, eso sí, las pertinentes condenas, sanciones y convocatorias del Consejo de Seguridad, con bloqueos económicos y demas aditamentos habituales. Pero todo eso está sucediendo en torno al tema de Afganistán. Y no por ello los rusos muestran indicios de disponerse a hacer las maletas.

Yugoslavia sabe todo eso. Es más, según recientes confidencias de un miembro del Presidium del Partido Comunista Yugoslavo, la URSS no ha suspendido nunca, desde 1948, sus presiones sobre el país balcánico. Desde la fecha en que Tito rompió con los padrinos de Moscú, el Kremlin, paciente, espera. Sabe que su oportunidad puede venir en la época pos-Tito. Por ello, cuando el país comienza a asomarse a ese inquietante umbral, en Belgrado se adoptan medidas para hacer frente a cualquier eventualidad. Porque todo es posible, y hoy más que nunca.

Según fuentes gubernamentales yugoslavas, la situación actual es satisfactoria en el país y dentro del Partido Comunista. El PCY ha combatido durante largo tiempo, con resultados que en Belgrado se consideran satisfactorios, las tendencias de desintegración, a pesar de que todavía no se han eliminado todos los brotes de nacionalismo, agudizados en ocasiones a causa del desigual desarrollo económico en las diversas repúblicas yugoslavas. En lo que se refiere a los pro soviéticos, estos siguen constituyendo un adversario peligroso y bien organizado, pero sus presiones más fuertes tienen lugar desde el extranjero, ya que cuando, en tiempos de la ruptura con Moscú, 24.000 personas se declararon kominformistas, se vieron obligadas a emigrar. Hoy, el pro sovietismo carece de base social en Yugoslavia, pues se reacciona con violencia contra sus más mínimos brotes, tras los que los yugoslavos creen adivinar el fantasma de los tanques de Moscú. En líneas generales, el país puede considerarse "abierto", visitado por miles de turistas cada año y con una clara independencia, que le ha valido el prestigio de que goza en el mundo no alineado.

Pero el fantasma del futuro acecha, y en Afganistán, los yugoslavos han escuchado doblar las campanas. La enfermedad de Tito lanzó el problema a primer plano. Tanto que, el día 11 de este mismo mes, las presidencias de la República y del Comité Central del PCY hicieron público un comunicado, destacando la necesidad de reforzar continuamente la defensa popular y la autoprotección social. A causa de los críticos momentos en que fue formulada, la declaración reviste especial importancia. Según se desprende de sus términos, la Presidencia y la liga de los comunistas, que llaman la atención sobre una situación internacional "peligrosamente deteriorada", apelan a la comunidad internacional, especialmente a los países no alineados, para que se desplieguen enérgicos esfuerzos que obliguen (a Moscú) a una aplicación consecuente de las resoluciones adoptadas en la cumbre de La Habana. De todas formas, y posiblemente por aquello de a Dios rogando y con el mazo dando, las dos presidencias yugoslavas llaman especialmente la atención de su pueblo sobre la necesidad de reforzar la vigilancia, subrayando que "la mayor garantía de que la política adoptada sea llevada a cabo con éxito radica en la unidad política de todas las fuerzas socialistas, trabajadores y ciudadanos, pueblos y nacionalidades yugoslavas.

Los yugoslavos temen una intervención soviética, pero también es verdad que llevan treinta años preparándose para oponerse a ella en caso de que tenga lugar. Si en 1968, sin encontrar resistencia, los rusos necesitaron veinticinco divisiones para acudir en ayuda de los "proletarios desviados por el régimen revisionista de Dubcek", en Checoslovaquia, para llegar a invadir Yugoslavia necesitarían no menos de cincuenta divisiones. Ello contando, además, con una dura resistencia local. Ningún país europeo se encuentra tan preparado como él para efectuar una guerra de guerrillas y para combatir con eficacia a lo largo de su quebrada y montañosa geografía.

Sin embargo, numerosos observadores han señalado ya que el peligro de intervención soviética en Yugoslavia no estriba sólo en las divisiones blindadas de Moscú, sino en la infiltración paulatina en las filas del PCY y del Ejército. Si después de morir Tito sobreviene una liberalización ideológica, política y económica en yugoslavia podríaterminar por plantearse la revisión del actual sistema. Pero en tal caso se daría la característica fundamental de que el titismo no podría ser desmontado con la misma facilidad que en España el franquismo, debido a que en Yugoslavia sí hay un aparato ideológico que sustenta al régimen. Ello podría originar serias tensiones que, unidas a las lógicas económicas y sociales, crearan una situación en la que los prosoviéticos decidiesen, en nombre del internacionalismo proletario, pedir ayuda a los hermanos del otro lado del Danubio.

Posiblemente, porque se tiene conciencia de ello en Belgrado, procurarán utilizar mano dura con los kominformistas. Desde la cárcel no hay forma de pedir ayuda a Moscú. Y es que a los yugoslavos no les hace maldita la gracia que les salve nadie.

Y 2 - PREPARADOS PARA LO PEOR

El triste fin de la "primavera de Praga" y la invasión de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia hicieron a los yugoslavos tomar crudamente conciencia de la amenaza que latía al otro lado de la frontera oriental. Especialmente, habida cuenta de la pasividad de las potencias occidentales, hecho que ya en 1968 no constituía ninguna novedad. De esta toma de conciencia sobre la posible necesidad de hacer frente en el futuro y en solitario a una agresión militar procedente del Este o del Oeste -con más posibilidades del primero-, habría de surgir el concepto de Defensa Popular Total en el que hoy Yugoslavia basa su independencia y soberanía. En este sentido, al día siguiente de la invasión soviética de Checoslovaquia, la Asamblea Federal yugoslava proponía una ley de defensa nacional basada en dos ejes fundamentales: cualquier invasión del territorio nacional sería rechazada por la totalidad del pueblo en armas y bajo ningún pretexto se permitiría la capitulación o rendición militar. La ley entró en vigor al año siguiente, y con ella se echaron los cimientos para la movilización popular.

En realidad, la idea de defensa popular generalizada ya estaba en el aire desde 1937, año en que Tito asumió la dirección del Partido Comunista yugoslavo. Las necesidades del momento aconsejaban que los cuadros y la base del PCY sumasen la preparación militar a la política, y ello se hizo más acuciante con el auge del fascismo en Europa y la pesada sombra que éste cernía sobre los Balcanes. Todavía antes de la guerra, en 1938, el PCY difundió una directiva a sus militantes para que se adiestrasen urgentemente en las técnicas militares.

La segunda guerra mundial se hizo sentir especialmente sobre Yugoslavia. A lo largo de cinco años de dura y cruel lucha de guerrillas, de emboscadas, escaramuzas, victorias, derrotas y grandes batallas, se fue afianzando la idea de un pueblo combatiente como factor decisivo de independencia. Tanto es así, que más de treinta años despues de finalizada la guerra, en su discurso del 11 de diciembre de 1969, Tito manifestó que el "actual concepto yugoslavo de la defensa popular total no es sino una aplicación consecuente y decidida de las grandes experiencias de la guerra popular de liberación, en nuestras condiciones de hoy".

Para resumir el meollo de la cuestión, podríamos señalar que el sistema defensivo popular total yugoslavo reside, fundamentalmente, en la "socialización" de la defensa y en el empleo de todos los recursos humanos y materiales que posee la sociedad: cada ciudadano es un soldado, y cada soldado es un ciudadano. Este sistema viene a apoyarse en los dos pilares básicos de las fuerzas armadas yugoslavas: el Ejército Popular y la Defensa Territorial.

En este punto conviene hacer una pausa para señalar que de lo expuesto anteriormente no se deduce que hoy, en caso de invasión extranjera, Yugoslavia recurriese tan sólo a la insurrección general y a la instauración de la lucha de guerrillas contra el agresor. Por supuesto, de lo que se trataría es de combinar todas las formas posibles de resistencia armada. A este respecto cabe subrayar que el Ejército Popular ha desarrollado a fondo las tácticas antitanques -los blindados son la punta de lanza soviética- y, hoy por hoy, se considera capaz de hacer frente, con éxito razonable, a una fuerza de cerros de combate que se internase en su territorio, o al menos producirle graves pérdidas. Lo mismo puede decirse de otras modalidades defensivas.

La Defensa Popular Total, en la que Yugoslavia cifra sus esperanzas de resistir las agresiones extranjeras, se articula en una doctrina. Esta doctrina es la del Estado Mayor de las FF.AA. yugoslavas, y se basa, según las fuentes oficiales, en el pensamiento militar del propio mariscal Tito. En este contexto, el objietivo del sistema defensivo yugoslavo al que aludimos consiste en mantener la libertad y la independencia nacionales, la integridad territorial y el sistema autogestionario, recurriendo a la fuerza en caso necesario, pero descartando cualquier guerra de agresión. Para la Yugoslavia socialista y autogestionaria la única guerra posible es la de defensa, con una lucha armada que levante al pueblo entero en armas.

Para defenderse frente a un posible invasor, Yugoslavia no cuenta sino con sus propias fuerzas. Una larga y triste experiencia ha demostrado que, en el mundo actual, cada país debe estar preparado para sacarse sus propias castañas del fuego. No se excluye que en caso de conflicto armado con países del Pacto de Varsovia, con la consiguiente ocupación del país, países de la OTAN enviasen material militar a los guerrilleros yugoslavos. Pero en Belgrado saben que eso sería lo máximo que en tales circunstancias podría esperarse de Occidente.

Respecto a la modalidad de las operaciones, lo previsto en los postulados fundamentales, según los resume el general Kadljevic, es que en la lucha armada dominará la forma combinada de combate, simultaneando las tareas militares del área del frente con las desarrolladas en la retaguardia. En este ámbito, la misión fundamental del Ejército sería operar en el área de frente, mientras que la Defensa Territorial -que no debo considerarse como parte separada de las fuerzas armadas únicas del país-, estaría destinada a operar en la retaguardia del invasor. Fundamentalmente, oponiendo a la "guerra relámpago" del agresor una larga y agotadora guerra de desgaste.

Ya hemos visto que el Ejército Popular constituye la fuerza de choque del concepto defensivo yugoslavo. Pero el sistema reside sobre el pueblo en general y no sólo sobre ese estamento militar. Se trata de un pueblo preparado para hacer frente, con las armas en la mano, a cualquier agresor, combatiéndolo en todos y cada uno de los lugares del país: montañas, pueblos, calles, fábricas... La Defensa Territorial, el segundo pilar defensivo yugoslavo, funciona en todos los municipios y en todas las comunidades locales y organizaciones de trabajo asociado. Su fuerza no reside tan sólo en el aspecto que podríamos llamar "armado" o de preparación técnica militar, sino especialmente en su alta eficacia organizativa y la capacidad de encuadrar, en caso de emergencia, a todos los ciudadanos del país capaces de sostener un arma. Para ser exactos, y según cálculos recientes, ocho millones de ciudadanos en pie de guerra.

Pero no hay que confundir a la Defensa Territorial con una especie de milicia popular o algo por el estilo. Por el contrario, goza de independencia respecto al Ejército, y las cadenas de mando de ambos sólo se unen a nivel de Estado Mayor. La composición federal de Yugoslavia -seis repúblicas y dos provincias autónomas- da lugar a que las unidades de la Defensa Territorial se ocupen de defender su propio territorio, desde la república o la provincia hasta el nivel mínimo del pueblo, la fábrica o el puente del lugar en cuestion. Sólo en el caso de ser ocupado por el enemigo, por ejemplo, la aldea defendida por una unidad concreta, ésta se dispersará para volver a reunirse una vez lejos del agresor y unirse a otras unidades mayores de la Defensa Territorial que se encuentren en las proximidades.

En lo que al armamento respecta, las fuerzas de Defensa Territorial disponen de un material variopinto que va desde anticuados subfusiles alemanes de la segunda guerra mundial hasta material reciente. Este armamento se encuentra almacenado en centros de utilización inmediata, de forma que aproximadamente el 50 por 100 de los efectivos de las unidades de Defensa Territorial estén a punto, en caso de emergencia, en un plazo máximo de seis horas.

Como señalaba recientemente un alto oficial yugoslavo, "nuestro país no es una gran potencia. Indudablemente, un ataque masivo de alguien muy poderoso podría llevar a la ocupación de parte o la totalidad de nuestro territorio. Pero el precio que el agresor pagaría por ello sería tan atrozmente alto, que le convendría meditar si merece la pena".

Pueblo, 17 y 18 de enero de 1980

http://www.icorso.com/hemeroteca/PUEBLO ... VERDAD.pdf

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Victoria
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Mensaje por Victoria » Dom Nov 22, 2015 2:06 pm

Tito fue siempre –no es raro– muy crítico con las intervenciones soviéticas en Afganistán, Checoslovaquia y Hungría. No le molaban ni el Pacto de Varsovia ni la OTAN.

Pero al final no fueron los soviéticos los que invadieron o desmembraron Yugoslavia, aunque la muerte de Tito fuera el pistoletazo de salida. Que se lo digan si no a un tipo con perfil de burócrata sin carisma político, llamado Milosevic. Ese discurso en Gazimestán...
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

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