1175 - 10.01.2016 - El mendigo del perro

Los artículos de la columna de Pérez-Reverte en ‘El semanal’ y otros escritos suyos

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Rogorn
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1175 - 10.01.2016 - El mendigo del perro

Mensaje por Rogorn » Lun Ene 11, 2016 10:54 am

EL MENDIGO DEL PERRO

Lo conozco desde hace muchos años, siete u ocho por lo menos, un día en el que pasé por su lado y lo vi de pie junto a sus habituales cartones cerca de la Plaza Mayor de Madrid, interrogando a la gente que pasaba. Me han quitado a mi perro, decía angustiado. Lo dejé aquí para ir ahí enfrente, y ya no está. Alguien se lo ha llevado. Y lo tengo con vacunas y con todo en regla. Su zozobra era auténtica, sincera, así que me detuve e hice lo que pude por ayudarlo. Preguntamos por la zona, hablé con unos guardias municipales. Después tuve que irme, tras intentar tranquilizarlo. Ya verá como aparece, le dije. Si lo hubieran atropellado, se sabría. Seguro que está por ahí cerca, rondando a alguna perra, o viviendo un poco su vida. Y los guardias han prometido ocuparse de eso. Me fui sin poder olvidar su gesto desesperado, ni sus últimas palabras: «Es mi compañero, no podré dormir hasta que lo encuentre». Volví a pasar por allí dos o tres días después, y el perro -un chucho negro, grande y apacible- estaba allí con él, como si tal cosa. «Lo trajeron los guindillas -dijo-. Se lo había llevado un hijo de puta».

Desde entonces, cada vez que paso por el lugar donde suele estar sentado sobre sus cartones, a menudo leyendo algún diario arrugado o un libro muy ajado y de páginas amarillentas mientras el perro apoya el hocico en sus piernas, me detengo a charlar un rato con él. Luego suelo darle un billete de cinco o diez euros, según los días. Para el pienso del chucho, digo, procurando así no ofenderlo y que lo acepte con naturalidad. Y él se lo guarda sin decir nada y me estrecha la mano. No sé si bebe, pero nunca lo he visto hacerlo, ni trazas de eso. Es un hombre inteligente y educado, sobre los cuarenta años largos, que tuvo una vida anterior muy distinta, de la que sin embargo nunca habla. Tampoco le he preguntado jamás cuál es su nombre, ni él me lo ha dicho. Lo llamo amigo y él me llama don Arturo. Conversamos sobre la calle, el frío del invierno y el calor del verano, el libro que está leyendo o los ciudadanos que hacen cola en el cajero automático que tiene cerca. A veces sale el tema de la política y los políticos -«Son todos iguales, don Arturo; gente que no tiene perros, y se les nota»-, y hace un par de años tuvo una frase gloriosa. Fue cuando los indignados tenían tomada la Puerta del Sol y aquello era una verbena, con todos los mendigos de Madrid sumados a la fiesta, confraternizando entre litronas. Le pregunté cómo era que no iba también allí, que estaba a dos pasos, y respondió muy serio: «Ahí no hay más que chusma, así que vamos a no mezclar». Y otro día que anduve por allí con Darío Villanueva, director de la Real Academia, me detuve como siempre a saludarlo; y al día siguiente, cuando pasé de nuevo, me dijo, orgulloso «Ayer fue demasiado, don Arturo. Dos académicos parados delante de mi perro y mis cartones».

En los últimos tiempos estuve una temporada sin verlo por allí. Ni perro, ni nada. Desaparecido. Me extrañó, después de tantos años. Pensé que había cambiado de sitio, o de ciudad. Y lo eché de menos, pues aquel lugar de la calle no era el mismo sin él. Hasta que al fin, hace pocos días, una tarde a última hora, yendo a cenar a la Taberna del Capitán Alatriste de mi amigo Félix Colomo, lo vi de nuevo. El mendigo estaba de nuevo en el sitio de siempre, leyendo sentado sobre cartones con las piernas cruzadas y el perro lamiéndole una mano a lengüetazos. Me paré a saludarlo, gratamente sorprendido. Se puso en pie y charlamos un rato. Había estado de viaje, dijo. Cosas de familia. No quise indagar, por miedo a ser indiscreto; pero él, tras pensarlo un poco, dijo: «Fui a ver a mi hija». Debió de verme cara de sorpresa, porque tras un silencio añadió. «Hacía muchos años que no la veía, y ahora ha cumplido los dieciocho». Lo dijo de una forma extraña, casi confidencial, con un eco de ternura que nunca le había yo advertido en la voz. Y qué tal fue el encuentro, pregunté. Se quedó callado otro instante. «Salió bien -dijo al fin-. Mejor de lo que pensaba, porque la verdad es que fui con miedo. Me gasté lo poco que tenía, pero valió la pena». Y entonces, tras una breve indecisión, sacó una cartera mugrienta, y de ella una fotografía que puso en mis manos: una chica jovencita con la cabeza apoyada en el hombro de un individuo al que apenas reconocí: afeitado, limpio, con el pelo peinado hacia atrás, una camisa bien planchada y en la boca una sonrisa que nunca le había visto antes. La del hombre que fue, supuse; la del que por unos días había vuelto a ser junto a su hija. «Es guapísima», comenté, devolviéndole la foto. Y él asintió sereno, orgulloso, mientras volvía a guardarla en la cartera.

XL Semanal, 10 de enero de 2016

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nexus6
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Mensaje por nexus6 » Lun Ene 11, 2016 12:56 pm

Qué Maravilla.
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Ene 12, 2016 10:25 pm

Pérez-Reverte y el mendigo
Vicente Torres - periodistadigital.com - 12/01/2016

En su último artículo publicado en 'El Semanal' Arturo Pérez-Reverte da noticia de un mendigo al que ve desde hace años. Según su relato, este menesteroso todavía tiene la cabeza en su sitio y produce dolor la situación en que se encuentra. Proliferan en los medios los anuncios para triunfar en la vida; también hay entrevistas con personas que dicen conocer el secreto para conseguirlo. No hay, en cambio, ningún anuncio sobre cómo ayudar a levantarse a quien se ha caído.

Alguien, cuyo nombre no recuerdo, dijo: "Si sabes nadar y se está ahogando alguien, tienes la obligación moral de salvarlo, salvo que se trate de Aznar o Bush". Esta coletilla final, con la que se pretende reforzar lo primero, hace el efecto contrario, porque si para su autor Bush y Aznar no merecen ser salvados, para quien está contemplando cómo se ahoga alguien puede pensar que es precisamente quien se está ahogando el que no merece ser salvado. En realidad, es habitual esto último. Son más los que tratan de impedir que quien está en apuros logre salir de ellos que los dispuestos a echar una mano.

En la infancia y en la vejez, sobre todo si la salud flaquea, es lógico el egoísmo. Hay que emplear las fuerzas de que se dispone en sobrevivir. Pero en los años de madurez el egoísmo sobra. El ser humano es un animal social y todos necesitamos de todos. El modo en que la sociedad trata a los más vulnerables muestra su grado de desarrollo. Si la sociedad española tuviera más madurez volvería la espalda a todos esos políticos que explotan y fomentan el egoísmo y los bajos instintos y atendería más los responsables procuran, con hechos, el bien común.

A cualquier persona bien le gustaría saber que el mendigo del que habla Pérez-Reverte había encontrado un punto de apoyo en las instituciones que le permitiera encontrar la vía para reincorporarse a la vida normal.

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Ada
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Mensaje por Ada » Lun Feb 01, 2016 5:43 pm

Cuántas historias desconocidas quedan detrás de rostros anónimos. Si los mirásemos a la cara de cuando en cuando....qué pena y qué bonito homenaje de Arturo
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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endeavour
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Mensaje por endeavour » Sab Abr 16, 2016 3:55 am

Muy buena. Joder macho qué coincidencia. Cerca del hospital al que suelo acudir me pasó algo que me dejó un poco contrariado. Allí hay un chaval, unos 30 años, extranjero con rastas y muy rubio, con un chucho muy feo pero que siempre está con él.

Pues resulta que pasé por al lado y ni los vi. Y la acera no es muy ancha. Seguí andando unos metros y mi cerebro se encendió. Algo raro había pasado o había visto. Me giré y lo vi allí sentado en el suelo, con el perro y una gorrita con monedas.

Me quedé sorprendido. No es que sea un buen samaritano ni nada por el estilo, pero me da vergüenza pasar por el lado de muchos y no darles nada. Pero es que a este ni lo vi. Tal es el grado de deshumanización al que a veces llegamos. No tuve más remedio que volver y echarle unas monedas y le pregunté por el perro. Me dijo el nombre y los años con un fuerte acento del norte de Europa, tanto que no entendí nada. Quizá es una tontería pero me sentí mejor. No me gustó nada mi indiferencia inicial, hasta el punto de no haberlos visto ni siquiera.

Gracias.
Un saludo.

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