1202 - 17.07.2016 - No era una señora

Los artículos de la columna de Pérez-Reverte en ‘El semanal’ y otros escritos suyos

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Rogorn
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1202 - 17.07.2016 - No era una señora

Mensaje por Rogorn » Lun Jul 18, 2016 7:37 am

NO ERA UNA SEÑORA

Ayer me quedé de pasta de boniato. Estaba a punto de entrar en una librería y coincidí en la puerta con una señora. Al menos, creí que lo era. Una mujer sobre los cuarenta años, normalmente vestida, quizá con un punto demasiado juvenil para su edad. Por lo demás, de aspecto agradable. Ni elegante ni ordinaria. Ni guapa ni fea. Coincidimos en la puerta, como digo, viniendo ella de un lado de la calle y yo de la dirección contraria. Y en el umbral mismo, por reflejo automático, me detuve para cederle el paso. Desde hace casi sesenta años -su trabajo les costó a mis padres, en su momento- eso es algo que hago ante cualquiera: mujer, hombre, niño; incluso ante los que van por el centro de Madrid en calzoncillos y chanclas, torso desnudo y camiseta al hombro, impregnando el aire de aroma veraniego; tan desahogados, ellos y la madre que los parió, como si estuvieran en el paseo marítimo de una playa o vinieran de chapotear en la alberca del pueblo.

Me detuve en el umbral, como digo. Para cederle el paso a la señora, igual que se lo habría cedido al lucero del alba. Incluso a mi peor enemigo. Hasta a un inspector de Hacienda se lo habría cedido. Pero mi error fue considerar señora a la que sólo era presunta; porque al ver que me detenía ante ella, en vez de decir «gracias» o no decir nada y pasar adelante, me miró con una expresión extraña, entre arrogante y agresiva, como si acabara de dirigirle un insulto atroz, y me soltó en la cara: «Eso es machista».

Oigan. Tengo sesenta y cuatro tacos de almanaque a la espalda, y entre lo que lees, y lo que viajas, y lo que sea, he visto un poco de todo; pero esto de la señora, o la individua, en la puerta, no me había ocurrido nunca. En mi vida. Así que háganse cargo del estupor. Calculen el puntazo de que eso le pase a un fulano de mis años y generación, educado, entre otros, por un abuelo que nació en el siglo XIX, y del que aprendí, a temprana edad, cosas como que a las mujeres se las precede cuando bajan por una escalera y se les va detrás cuando la suben, por si les tropiezan los tacones, que cuando es posible se les abre la puerta de los automóviles, que uno se levanta del asiento cuando ellas llegan o se marchan, que se camina a su lado por el lado exterior de las aceras -«Que no digan que la llevas fuera», bromeaba mi padre con una sonrisa- y cosas así. Calculen todo eso, o imagínenlo si su educación familiar dejó de incluirlo en el paquete, y pónganse en mi lugar, parado ante la puerta de la librería, mirando la cara de aquella prójima.

Habría querido disponer de tiempo, por mi parte, y de paciencia, por la de ella, para decir lo que me hubiera gustado decirle. Algo así como se equivoca usted, señora o lo que sea. Cederle el paso en la puerta, o en cualquier sitio, no es un acto machista en absoluto, como tampoco lo es el hecho de no sentarme nunca en un transporte público, porque al final acabo avergonzándome cuando veo a una embarazada o a alguien de más edad que la mía, de pie y sin asiento que ocupar. Como no lo es ceder el lugar en la cola o el primer taxi disponible a quien viene agobiado y con prisa, o quitarte el sombrero -porque algunos, señora o lo que usted sea, usamos a veces panamá en verano y fieltro en invierno- cuando saludas a alguien, del mismo modo que te lo quitas -que para eso también lo llevas, para quitártelo- cuando entras en una casa o un lugar público. Así que entérate, cretina de concurso. Cederte el paso no tiene nada de especial porque es un reflejo instintivo, natural, que a la gente de buena crianza, y de ésa todavía hay mucha, le surge espontánea ante varones, hembras, ancianos, niños, e incluso políticos y admiradores de Almodóvar. Ni siquiera es por ti. Ni siquiera porque seas mujer, que también, sino porque la buena educación, desde decir buenos días a ceder el paso o quitarte la puta gorra de rapero, si la llevas, facilita la vida y crea lazos solidarios entre los desconocidos que la practican.

Y, bueno. Me habría gustado decir todo eso de golpe, allí mismo; pero no hubo tiempo. Tampoco sé si lo iba a entender. Así que permanecí inmóvil, mirándola con una sonrisa que, por supuesto, le resbaló por encima como si llevara un impermeable; porque al ver que me quedaba quieto y sin decir nada, cruzó el umbral con aire de estar gravemente ofendida. «Lo he hecho polvo», debía de pensar. Y yo la vi entrar mientras pensaba, a mi vez: No es por ti, boba. Sé de sobra que no lo mereces. Es por mí. Por la idea que algunos procuramos mantener de nosotros mismos. Algo que, mientras te veo entrar en esa librería que de tan poca utilidad parece serte, me hace sonreír con absoluto desprecio.

XL Semanal, 17 de julio de 2016

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agustinadearagon
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Mensaje por agustinadearagon » Mar Jul 19, 2016 6:16 pm

Lo triste es que cada vez haya menos caballeros y señoras. Cada vez más "gente".
"Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro quizá esté muy oscuro para leer". G.M.

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Ada
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Mensaje por Ada » Vie Jul 22, 2016 8:38 am

Carta a Pérez Reverte de una señora cualquiera
Barbijaputa - eldiario.es - 21/07/2016

Ayer no me quedé de pasta de boniato, ayer fue un día más.

Me levanté a las 6'45 de la mañana, como cada mañana. Desperté a las niñas, les di el desayuno y las vestí. La mayor ya está en el colegio, así que ahora tengo que hacer doble trayecto: primero a la guardería a dejar a la pequeña y luego hasta el colegio de la otra. No sé en qué momento estas tareas empezaron a recaer exclusivamente en mí, a veces me pregunto si es dejadez de mi marido o es por la culpa que siento cuando delego las cuestiones de mis hijas en él. A veces me apetece no hacer nada, y que por un día lo haga todo él, pero miro a mi alrededor y eso no pasa en ningún sitio, entonces doy por hecho que la equivocada y la egoísta soy yo. Luego llegué al trabajo un poco tarde, corriendo pero sin correr del todo, para no romperme un tacón -no sería la primera vez que me pasa-. Mi jefe, que no tiene bastante con obligarnos a las chicas a usar tacones e ir maquilladas, me echó una miradita desaprobadora de las suyas. Desde que hace dos semanas tuve que irme del trabajo porque la pequeña se puso mala no me quita ojo de encima. Los años anteriores de puntualidad y cero ausencias, al parecer, no cuentan.

A media mañana un compañero me dio un masaje en el cuello que yo no había pedido; decía que me veía muy tensa, y que mi postura frente al ordenador no era "óptima". Me deshice de él como buenamente pude, sin parecer grosera. Por un lado me ofende, pero por otra parte no sé explicar por qué, al fin y al cabo sólo estaba siendo amable. Aunque yo también soy amable y no voy a su mesa a masajearle nada. No sé, a veces no sé identificar por qué me molestan ciertas cosas.

Luego tuve una reunión, la típica reunión semanal con proveedores, ésa en la que rara vez hablo porque ya hablan mis compañeros y ya hablan los proveedores. A veces meto una palabra de canto, pero o no me oyen o me cortan. El otro día un superior cogió de mis manos el informe que yo había tardado 2 días en redactar y se lo leyó al resto porque "yo lo resumo, no te preocupes". Creo que soy más útil en mi escritorio haciendo el papeleo que en esas reuniones, la verdad.

Al salir del curro caminé hasta una librería para relajarme un poco, para estar sola, con la esperanza de dar con un libro que me evadiera por las noches, tras caer rendida en la cama. En el trayecto, un adolescente pasó por mi lado y me llamó "MILF", que a saber qué es eso, pero por su cara juraría que es una postura del kamasutra. Me sentí asqueada, no veo la hora de llegar a la menopausia, de no ser físicamente atrayente para el macho medio, de ser un poco invisible después de tantos años siendo una mujer en estado fértil y, por lo tanto, visible, cosificable y sexualizable.

Estaba a punto de entrar en la librería cuando coincidí en la puerta con un señor. El caso es que me sonaba. ¡Claro! Era Pérez-Reverte, me leí de él 'La tabla de Flandes' y me gustó. Lástima que diera también con un texto que tiene, donde describía a una mujer con la que se topó por la calle, y que andaba con sus tacones como una "marmota dominguera", asegurando a continuación que le dieron ganas de sacrificarla de un escopetazo como a un caballo. Sería gracioso si no fuera porque es verdad que hay hombres que matan a escopetazos a sus mujeres. A escopetazos y de formas mucho más crueles. Él me miró y, automáticamente, me sentí juzgada. Seguro que pensaba que debería sacrificarme por mis andares, pero es que yo ni siquiera quiero usar estos tacones: me obligan. Una ira contenida me subió desde el estómago. Él se detuvo en el umbral y, abriendo la puerta, se quedó a la espera para que yo pasara.

«Eso es machista», me atreví a decirle. Básicamente porque no puede uno publicar que quiere sacrificar a mujeres a escopetazos por cómo andan y luego cederles el paso como si las quisiera y las respetara.

Obviamente no estaba cediéndome el paso porque quisiera hacerme la vida más fácil; lo que le motiva a hacerlo es la imagen que se proyecta -a sí mismo- de él abriéndole la puerta a una mujer. Lo sé porque él mismo lo dijo unas horas más tarde en un artículo que me dedicó, llamado 'No era una señora': "No es por ti, boba. Sé de sobra que no lo mereces. Es por mí. Por la idea que algunos procuramos mantener de nosotros mismos. Algo que, mientras te veo entrar en esa librería que de tan poca utilidad parece serte, me hace sonreír con absoluto desprecio".

Ya sé que no era por mí, ya sé que era por usted. Yo, sin embargo, cuando le llamé machista lo hice por los dos: por usted y por mí; aún tengo la esperanza de que, a base de pequeños revulsivos de este tipo, los hombres hagan autocrítica y dejen de evaluar nuestro físico como si fuéramos ganado, de tocarnos sin que lo pidamos, de copar nuestros espacios, de decirnos cómo vestir y hasta de valorar nuestros andares cuando ustedes no han tenido que subirse a unos tacones en su vida; y tampoco pierdo la esperanza de que, en vez de eso, empiecen por fin a centrarse en qué tipo de sociedad están construyendo con sus acciones y su forma de pensar.

Y obviamente sí que soy una señora, porque de haber sido un señor no me habrían dedicado un artículo entero para mí por una simple frase. Y eso lo aprendí, precisamente, en los libros de otras escritoras que me van abriendo los ojos, esos libros que usted asegura que no me han servido de nada. Frecuentar una librería, señor Reverte, no es sinónimo de nada si se acaba leyendo únicamente lo que le da la razón a uno mismo.
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Vie Jul 22, 2016 1:22 pm

'Barbijaputa', la feminista radical de Ignacio Escolar, inicia ahora una cruzada contra Pérez-Reverte
R Marbán - periodistadigital.com - 22/07/2016

Guerra abierta entre el escritor Arturo Pérez-Reverte y 'Barbijaputa', esa colaboradora de Eldiario.es, que dirige Ignacio Escolar, y que actúa de especie de guardiana de las esencias del feminismo más radical. Como uno y otro acostumbran a no morderse la lengua y ser meridianamente claros a la hora de formular sus postulados, a buen seguro que esta primera batalla desembocará en ulteriores enfrentamientos. Todo viene a cuento de una columna publicada por Pérez-Reverte en XL Semanal, donde colabora semanalmente, y que se titula 'No era una señora'. El escritor cuenta un hecho real que protagonizon una mujer cualquiera y él mismo, que se apartó para cederle el paso en la puerta de entrada de una librería. Un gesto que fue recibido por ella de mal modo, puesto que le reprendió por ello: "Eso es machista". Pues 'Barbijaputa' se ha escocido en su púlpito y ha acudido rauda a contestar al afamado escritor en una columna publicada en Eldiario.es. En ella, la colaboradora antepone cuáles son las circunstancias de una mujer cualquiera que bien pudiera ser la protagonista del texto de Reverte y que le acabó llamando "machista", como encargarse de las niñas, compaginarlo con el trabajo, sortear a un compañero de oficina que quería darle un masaje y lidiar con aquellos superiores que le hacen de menos. Se refiere a otro artículo de Pérez-Reverte donde, recreando un paseo con el también escritor Javier Marías, utiliza una hipérbole para exagerar intencionadamente la desolación que le supuso encontrarse a una mujer con buena planta que no sabía caminar sobre sus tacones.

Lo curioso es que lo que realmente le ha molestado a 'Barbijaputa' es toda esa serie de circunstancias anteriores del día a día de esa mujer corriente y común que protagoniza su artículo de las cuales, se entiende, Pérez-Reverte no debería ser culpable. Él basó su artículo en función de una vivencia personal de un hecho concreto que presenció.

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Mensaje por Rogorn » Vie Jul 22, 2016 1:44 pm

En Twitter, a partir del 21 de julio:

-Cristineteta: @Barbijaputa, mira, otra perlita más de Perez Reverte

-Barbijaputa: capasao

-Cristineteta: Ahora sí, no te lo había enlazado. ¡A disfrutarlo! Piénselo dos (o tres) veces http://www.perezreverte.com/articulo/pa ... res-veces/

-Barbijaputa: por qué llama juez a la jueza? Y hace victim blaming con las maltratadas a tope.

-Cristineteta: lo tengo que ir leyendo a trozos pq me pone de tan mal humor que me dan ganas de pegar al pobre q tengo al lado en el tren. en lugar de preguntarse pq una mujer maltratada defiende al maltratador, se ríe de ella por hacerlo y ya está.

-Barbijaputa: forma parte de ese 40% de españoles que culpa a la mujer por no huir

-Cristineteta: en serio, alguien debería parar a este señor. Es un referente para mucha gente

-Barbijaputa: Qué opinas de esta portada, @perezreverte? Tengo sincera curiosidad. https://twitter.com/Barbijaputa/status/ ... 5074211840

-perezreverte: Que cada cual barre para su casa. Esto es internet, señora mía. No querrá que me sorprenda, a mi edad y a estas alturas.

-RocMonge: titular d sensacionalismo periodistico, hay q leer artículo a q se refiere entero para juzgar a @perezreverte

-Barbijaputa: 1. El artículo ya lo leí. 2. Mi pregunta es cómo se siente respecto a esta interpretación.

-RocMonge: había entendido q la pregunta era gral. Ya veo que le preguntas directamente a el. Lo siento.

-Barbijaputa: no pasa nada. Es que no tendría sentido que le pidiera explicaciones a él por un titular que no ha escrito. IGUAL le escribo una réplica a @perezreverte desde la posición de la señora. <3 Pero es que también quiero escribirle a Jorge Cremades sobre "Cómo pasar las vacaciones con tu novio machirulo" Mesacumula el trabajo. ¿A quién le escribo una carta primero?

(47% Jorge Cremades 53% Pérez Reverte 1,705 votos • Resultados finales)

-GingerTonic_: Desde mi punto de vista, a @perezreverte. Creo firmemente que va a ser, en un futuro, un aliado cojonudo.

-Barbijaputa: es que yo también lo creo!! aunque no sé en qué me baso. Creí que era la única que pensaba esto. ¿Os imagináis que lo conseguimos?

-ciudadanabe (retuiteado por Barbijaputa): igual os pasa como a mí, que le leía de niña y en el fondo me apena hacerlo ahora con otra perspectiva.

-Barbijaputa: Bueno, pues ya le he escrito un post a @perezreverte, con toda la esperanza de que acabe hecho un feminazi. Sale a las 8 para socias. @perezreverte he escrito una réplica a ese artículo. Mañana está en abierto, a ver qué te parece.

-perezreverte: Espero que haya sido una réplica al artículo, y no al estúpido titular. Un saludo.

-barbijaputa: (Espero que le guste a la señora de la librería, ya que ella no ha tenido oportunidad de contestar al artículo y a los insultos)

-perezreverte: Su artículo de hoy ya lo había escrito yo hace tiempo, señora mía. http://www.perezreverte.com/articulo/pa ... eligrosas/

-barbijaputa: con esto (se empeña usted en la vestimenta y aspecto de las mujeres) quiere decir que sí al "hijoputa" pero no al "machista"? Me ha contestado Reverte con el punto por delante y ahora tengo las menciones llena de cabestros. 😥 Veo un poco así asao lo de tener a Reverte de aliado feminista, chicas.

-Daniel_Asensio: y dale con llamarte a ti y a todas las mujeres "señora". Rocío Jurado style! señora!

-perezreverte: Si tiene muchos seguidores con el nivel intelectual de éste, no la envidio, señora mía

-perezreverte: ¿Acaso no matan a los caballos?, o matar a mujeres con escopetazos. Leer ayuda a comprender lo que otros escriben http://www.kindlegarten.es/2014/03/acas ... orace.html

-AporMenchaca: En el fondo le está bien Sr. @perezreverte por andar riendole las gracias a gentuza como @Barbijaputa A su edad. Y con lo que ha visto.

-perezreverte: Tiene usted toda la razón del mundo. Para qué le digo que no, si sí.

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bowman
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Mensaje por bowman » Vie Jul 22, 2016 5:44 pm

Jodó, como está el patio
<div>El último que apague la luz.</div>

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Siana
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Mensaje por Siana » Vie Jul 22, 2016 5:52 pm

:roll:

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Jubonamarillo
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Mensaje por Jubonamarillo » Dom Jul 24, 2016 1:40 pm

Esto se soluciona no yendo más a las librerías y descargándose los libros de páginas piratas de Internet :wink: :wink:
Y al finalizar os hiero

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Jul 26, 2016 11:25 pm

Carta de un hombre a Pérez-Reverte
cancargol.net - 25/07/2016

Después de leer el artículo de Pérez-Reverte y la respuesta de una señora cualquiera de @Barbijaputa, me he quedado con las ganas de expresar, sobre todo, que no todos los hombres pensamos como Pérez-Reverte. Que algunos comprendemos la losa del machismo para ofendernos por un comentario y publicarlo a los cuatro vientos humillando desde su atalaya machista.

Intentaré explicarme. Sí, usted, Pérez-Reverte, es un machista. Quizás no por ceder el paso a todo el mundo, sino por escribir ciertos artículos donde habla entre otras cosas de disparar a las mujeres que usen tacones sin saber andar con ellos. Como si tuvieran elección. Y no, no me sirve la excusa de la edad. Sí, asumo que recibió una educación machista, como todos. Pero hay algunos que no hacemos alarde de la superioridad que nos otorga la sociedad por nuestros geniales [sic]. Una pregunta, ¿a partir de qué edad se puede ser machista y excusarse en la edad?

Si usted no es capaz de ver el machismo en esta sociedad como deduzco de sus artículos, entonces es que esa señora anónima acertó con usted. ¿Se ha planteado la posibilidad que esa señora le reconociera y hubiera leído sus artículos? Quizás entendió mal sus palabras y no le dijo “eso es machista”, sino “usted es un machista”. Yo, como hombre que soy y consciente de la losa que el machismo carga sobre nuestra sociedad, si alguien me llama machista me miro y analizo mi comportamiento. Seguramente acertará. No se me ocurriría escribir un artículo, uno faltón donde llamo inculta a una señora y dudo de su feminidad por ese comentario.

Analice un dia cualquiera suyo de su vida, y dígame si no hay pequeños comportamientos machistas en su conducta. Yo lo hago. Y me asusto a menudo. Y si tan gentil caballero es, intente ser más educado y no falte al respeto de esa señora anónima. Usted con sus palabras e insultos da alas a muchos machitos ibéricos, que al leerle se creen con una superioridad moral alarmante. Y si no encuentra preocupante vivir en una sociedad machista como la nuestra, dígaselo a las madres y padres de esas mujeres que mueren en nuestro país asesinadas por sus parejas.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Jul 26, 2016 11:30 pm

Machismos, feminismos y Pérez-Reverte
Andrés ErCheca - elgatoenelteclado.blogspot

El feminismo es un movimiento social y político que se inicia formalmente a finales del siglo XVIII -aunque sin adoptar todavía esta denominación- y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación, y explotación de que han sido y son objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquella requiera.

Quiero expresar mis mayores respetos a dicho movimiento, y a las feministas, movimiento con el cual me siento identificado, aunque sea hombre, no es mi culpa, nací así, respeto el feminismo. No osaré considerarme feminista, pero sí estoy dispuesto a manifestarme con feministas, como con cualquier otro colectivo oprimido de esta sociedad, ya que pienso que las mujeres siguen siendo discriminadas, oprimidas, explotadas y maltratadas por razón de sexo y tienen que defenderse, denunciar las agresiones, exigir ser respetadas y seguir luchando por sus derechos.

Dicho ésto, hay una serie de personas que se dedican a llamar la atención en los medios de comunicación y en las redes sociales, y que ellas mismas se consideran a sí mismas ejemplo de lo que es "ser feminista". Muchas de estas personas, me da igual el sexo que tengan (eso es secundario, somos personas antes de nada), consideran que ser feminista es mostrar hostilidad a los hombres por el hecho de ser hombres, y sin conocerlos, sin tratarles como personas, como individuos, al margen de su sexo, los juzgan, “les dan caña”, los insultan y etiquetan, por ser hombres, como machistas, o como estas personas consideren, por el simple hecho de no darles la razón, no seguirles el juego o no opinar como ellas.

Una de estas talibanes del pseudoprogresismo pseudofeminista que más fama tiene ahora mismo, es alguien conocida como Barbijaputa, osea, alguien que no da la cara en Twitter, que se esconde bajo pseudónimo, nada nuevo en internet. Esta perfil de Twitter, también columnista de eldiario.es, diario que sigo y me gusta, presume de encender la ira de muchos hombres “enseñandoles feminismo”. Bueno, eso se cree, porque lo único que enseña es que en nombre del feminismo, y no representándolo ni por asomo, se esconden muchas personas intolerantes que juzgan a los demás por su sexo y no como individuos o personas iguales en derechos y con distintas formas de pensar. Personas como Barbijaputa creen que el feminismo consiste en insultar, mostrarse borde y agresiva con las personas, solo porque creen que eso es ser muy reivindicativa y muy “feminista”. A mí este comportamiento me parece más del típico macho alfa y de movimientos totalitarios y reaccionarios, no es propio de ningún feminismo ni feminista. Se puede ser feminista siendo educad@, amable, femenino, masculino, o como se quiera ser, sin comportarse de forma borde o maleducada. Aunque también se puede ser como Barbijaputa, una provocadora, sin más, todo lo demás (lo del feminismo y tal) es como un adorno para su personaje. Es mi opinión, como la suya cuando te juzga e insulta como machista, por expresar una opinión distinta a la suya y a su visión paleta y cerrada de lo que es el feminismo, solo una opinión más, sin más valor. Sobre todo cuando te juzga de machista por leer a alguien que ella piensa que es machista: Pérez-Reverte. Con opiniones así de sustentadas y argumentadas: ¿quién necesita estudios?

Quiero decir que no soy machista, ni aunque lo diga Barbijaputa u otr@, aunque quizá inconscientemente lo sea, como Barbijaputa intenta aleccionarnos a muchos hombres, porque aunque tu digas que no eres algo, si una "autoridad" como Barbijaputa te acusa o insulta de algo, ya eres eso, digas lo que digas y argumentes lo que argumentes en tu defensa, ella inquisidoramente te ha juzgado y eso para ella es un hecho, no un insulto, porque lo dice ella, esos son sus razonamientos y porque ella sí te representa como mujer y feminista, aunque sea un personaje anónimo que no dé la cara. Será por eso, que eso le da licencia para humillar y someter a los hombres como los hombres. Seguro que todos han sometido y humillado durante siglos a las mujeres. Es la Eduardo Inda del feminismo. Del pseudofeminismo.

No soy machista, o no creo serlo, quizá esté equivocado, pero ser machista o ser feminista se demuestra con hechos, y los hechos se demuestran con acciones y un hecho no lo es solo porque alguien diga que algo es un hecho sin que lo sea (perdón por el trabalenguas). Como digo, si fuera machista, preferiría serlo antes que ser un maleducado y un grosero como este personaje, y ni soy tan famoso y ni aunque lo fuera me dedicaría a ir por ahí insultando a la gente porque no opine como yo. Aquí os dejo mi anécdota con este personaje y que cada quién opine, pero eso sí, que si me insultan, que lo hagan con clase, tengan el sexo que tengan y se definan feministas o como les de la gana. Hasta para eso hay que tener nivel.

Todo venía a cuento de un artículo de Arturo Pérez-Reverte, 'No era una señora', de la réplica de este personaje: 'Carta a Pérez-Reverte de una señora cualquiera' y de mi defensa del artículo de Reverte. Recomiendo, antes de nada, leer ambos artículos, incluido el de Barbijaputa, y luego mi conversación de Twitter. En esta conversación defendía que es compatible ser feminista y no ser grosero o maleducado y es compatible ser educado con una mujer y no ser etiquetado de machista. ¿Por qué es machista que un hombre ceda el paso a una mujer? ¿Es machista que una mujer ceda el paso a una mujer? ¿Es machista que un hombre ceda el paso a un hombre? ¿O se trata simplemente de prejuicios? ¿Sólo es machista ceder el paso a una mujer pero no a un hombre? Yo opino que es educado, de tener buenas maneras, ceder el paso a una mujer, a un hombre, o a alguien, tenga el genero que tenga, o no tenga ninguno, y sea de la especie que sea, alienígenas incluidos. Ya está bien de talibanes que se hacen llamar feministas y progresistas y solo son autoritarios e intelorantes disfrazados.

P.D. Por cierto, este personaje ha borrado el twit en el que me insultaba acusándome de machista porque leía a Reverte. Ante tal argumento que mostraba su nivel intelectual, lo borró el twit. Hizo muy bien.

http://elgatoenelteclado.blogspot.com.e ... verte.html

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Jul 28, 2016 9:38 am

Del cerebro a las trompas de Falopio
Alfredo Conde - laregion.es - 28/07/2016

El abuelo de Pérez-Reverte nació en el siglo XIX; el mío también, en 1870, y también me dio pautas de comportamiento que todavía conservo. Algunas de ellas algo sometidas a revisión, si bien es cierto. Por ejemplo, el de Don Arturo le indicó a él la conveniencia de subir las escaleras detrás de las señoras -por si le fallaban los tacones, se venían abajo y uno siempre podría intentar recogerlas en sus varoniles brazos- mientras que el mío debió de revisar la norma, a la altura de los años cincuenta del pasado siglo, de forma que sugirió la conveniencia de hacerlo dos o tres peldaños por delante de ellas y del lado contrario al del pasamanos, para evitar que ellas se sintiesen observadas mientras las subían y el rendido galán, dispuesto siempre a recogerlas con presteza (y con premura) no les quitaba ojo de sus hermosas y casi siempre sugerentes pantorrillas.

Debo reconocer que, entonces, mi abuelo ya estaba mayor y ni que decir tiene que en condiciones poco propicias ni siquiera para recoger del suelo un pañuelito de seda; mucho menos una señora en brazos por muy en sazón que estuviese la dama. Con todo, aún era capaz de subirse a un mulo, llamado Perico, con el que transitaba por los montes circundantes de Allariz en busca de las casas de los enfermos que atendía. Lo hizo hasta los ochenta años de su edad, fecha en la que sus hijos decidieron apearlo de la mula, dicho sea así para no tener que mentar la burra; algo que mi abuelo nunca merecería, tratándose de él. Yo también admiré mucho a mi abuelo. Todavía, a la altura de mi edad y a las de mis hermanos y primos, sus nietos todos veneramos su memoria.

Cuando yo era de obra de siete u ocho años, un día, sentado él a la mesa de su consulta, me sentó en sus rodillas y dibujando el esquema de una vagina con sus correspondientes Trompas de Falopio, me dijo que iba a explicarme cómo se llegaba a la vida. Le respondí que eso ya me lo había explicado mi padre, exactamente con el mismo dibujo. Entonces él, sin inmutarse, cambió de tercio. Echó mano de una calavera que tenía sobre su mesa de consulta. En aquel tiempo todavía algunos médicos siempre tenían una a mano así dispuesta. Lo hacían tanto para recordar que su profesión siempre estaría dedicada al fracaso y que, por lo tanto, nada de soberbia en el trato con el enfermo, como para indicarle a este que quien nace siempre muere y que de lo que se trata es de retrasar el trance. Así cogió mi abuelo la calavera, les decía, y me respondió que, dado que mi padre ya me había explicado cómo se llega a la vida, él, me iba a explicar cómo y por qué se transitaba y se salía de ella. Empezó señalándole una fisura craneal que, si me permitiese levantarla, me iba a ofrecer la vista de un cerebro que… El caso es que entendí mejor lo de las Trompas de Falopio.

Entonces los abuelos podían ser así, como el de Pérez-Reverte o como el mío, con independencia de su condición u oficio, de su origen y circunstancia. El otro día, cuando supe de las indicaciones del abuelo del escritor cartagenero, me enteré también de que a Pérez-Reverte le habían llamado machista. Lo hizo una señora a la que él le cedió el paso según iba a entrar en una librería. Lo contó en la colaboración semanal que mantiene en uno de esos suplementos dominicales, llenos de publicidad y colorines, que nos regalan reportajes periodísticos y artículos literarios con los que entretener esas horas de asueto que, al menos en principio, deben ser comunes a la mayoría de los mortales; pero que dejan de serlo en cuanto estos son marinos, médicos o militares e incluso escritores sin ninguna otra autoridad sobre ellos que la propia; ya saben, ningún otro peor jefe que el que puedas resultar ser tu de ti mismo.

Eso mismo que cuenta Pérez-Reverte me sucedió a mí en 1967, en Nueva York, siendo yo marino y pretendiendo entrar en una cafetería llamada Kristal perteneciente a una cadena de ellas, a la sazón existente, no sé hoy. Le cedí el paso a tres doncellas -lo digo porque, en el recuerdo, se me ofrecen como tres vírgenes necias de las del pórtico de la catedral de Colonia- y la emprendieron a bolsazos con mi muy humilde arquitectura. Confieso que les dije que lo mío era pura y simple buena educación y, acto seguido, entré delante de ellas y cerré la puerta de modo que pude haberle dado con ella en las narices a cualquiera de las tres. Ignoro lo que hubiera opinado mi abuelo y me imagino lo que diría de mi el de Pérez-Reverte. Pero confieso que no me siento orgulloso de mi hazaña pese a que, de modo afortunado, no fracturé ningún apéndice nasal de tan aguerridas amazonas. Hoy, públicamente confesada mi culpa, podré sentirme ya liberado de ella. Cosas de la educación recibida, probablemente.

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Mensaje por Rogorn » Vie Jul 29, 2016 9:42 am

Señoras de ayer, mujeres de hoy
Ainhoa Bódalo - eldiario.es - 28/07/2016

Estimado, querido, respetado… Vacilo un poco a la hora de dirigirme a usted, señor Pérez-Reverte, no gozo de la misma instrucción académica ni he tenido los mismos recursos como para averiguar cuál es la forma correcta de llamarlo. Le llamaré Sr. Si no es mucha molestia.

Primero y antes que nada, decirle que soy, bueno, fui, hace tiempo, una gran admiradora de su trabajo, se me antojaban sus textos elegantes, pero ya no. No después de leer artículos que usted mismo ha escrito burlándose de las mujeres o quejándose de las mismas al recriminarle un acto machista o micromachista, llámelo como guste.

Quiero que entienda que soy mujer, lo soy desde el primer soplo de aire que tomé al nacer y lo seré hasta mi último suspiro, estoy orgullosa de ello, pero no por mi género o mi condición, lo estoy por mujeres, aquellas mujeres hoy olvidadas, que conquistaron tales derechos que hoy me permiten estar aquí, sin miedo a represalias o cárcel, escribiéndole. También quiero que comprenda que no le escribo desde el odio. No le odio por ser hombre, pero quizás usted sí me odie por ser Feminista y pertenecer al Movimiento Democrático de Mujeres, más concretamente el de la Región de Murcia.

No he podido salir de mi asombro cuando hace escasos días llegó a mí una publicación en la que se quejaba de una señora porque le llamó machista al sujetarle la puerta. Debe entender que los tiempos han cambiado, no vale con quedarse anclado en una edad de oro o en un año clásico en el cual las mujeres eran meros objetos humanos de decoración de galantes hombres. Tengo treinta años y perdone la osadía, pero usted no es nadie para juzgarme a mí o a cualquier mujer ni por los andares ni por la ropa que llevamos. Vivimos en el año 2016 y aún tenemos que dar explicaciones, para variar, por nuestros actos, pero ustedes, los hombres, y más concretamente usted Sr. No debe dar explicaciones de nada ni se arrepiente de sus palabras. Eso sí lo considero una osadía repleta de soberbia por su parte.

Déjeme explicarle varias cosas. El día que juzgó a ésa mujer rubia, de preciosas curvas, vestida con un traje de falda corto negro y tacones, lo hizo como si de ganado u objeto se tratase, después reparó en su forma de andar y se burló de tal manera que aún no entiendo cómo no se le ha caído la cara de vergüenza, llegando a decir que se la sacrificase para que dejara de sufrir. En ningún momento se paró a pensar que quizás aquella mujer llevaba una larga caminata con un calzado poco apropiado para ello, no empatizó ni un ápice, no pensó que a lo mejor su trabajo la fuerza a llevar unos tacones porque es mujer y debe llevarlos, esos comentarios debemos aceptarlos porque usted es un ilustrado y una letra de la Rae, pero usted no puede asimilar que sencillamente es Machista y no quiere poner remedio a ello.

Aún no he conocido ninguna empresaria mujer que fuerce a llevar tacones y minifalda al trabajo, pero sí he conocido a muchos empresarios hombres que han intentado forzarme a ello por mi condición de mujer. Le invito a que un día se ponga en su propia casa para no pasar vergüenza unos tacones de más de 8 cm de altura, de aguja y camine, trate de caminar y podrá entender que no es tan sencillo, también vista una minifalda de tubo, estrecha, ajustada, verá que entonces sus palabras de aquel día dejan de tener sentido.

Se ha sentido muy ofendido por haber sido llamado machista, que no es más que una realidad a la que debería hacer frente lo antes posible, pero nosotras debemos callar y consentir que nos trate de una forma poco cívica y para nada a la altura de su fama, sinceramente, esperaba más de usted. Nosotras no hemos escrito las reglas, pero sí las estamos reescribiendo para hacer una sociedad más justa.

Mi segundo asombro llegó cuando escribió un artículo en que trataba a una señora de presunta señora por no aceptar un gesto que usted considera cortés y nosotras consideramos micromachismo. No le faltó tiempo para insultarla, eso sí, siempre de una forma muy sutil y exquisitamente literaria, pero no todo vale. No todo es aceptable. Ha de despertar y darse cuenta de que las mujeres de hoy día no somos menos mujeres por no aceptar que nos paguen una cena o nos regalen un ramo de flores. No se debería medir la educación, la clase y la elegancia con ése tipo de baremo, es peligroso cual navaja de doble filo.

Sé que todo esto no le sonará más que a un discurso más de una feminista resentida, desde ya le aviso que está totalmente equivocado, pero de lleno, aunque entiendo que su ego y orgullo no le permitirán ver la esencia de mis palabras, no es algo que me preocupe. Simplemente quería hacer llegar hasta usted un pensamiento y una decepción. El machismo es una gran lacra que llevamos arrastrando en nuestra sociedad desde hace demasiados años, cuando alega que no quedan mujeres como las de antes sólo puedo decirle que menos mal, porque le recuerdo que aquellas mujeres eran meros objetos decorativos en las fiestas, muchas de ellas tenían que aguantar violaciones de sus maridos, palizas, guantazos y humillaciones públicas. Menos mal que ya no quedan mujeres así, que las que ahora vivimos en el planeta hemos despertado ante la realidad y procuramos que el machismo no siga avanzando, porque le recuerdo que el machismo mata. Desde que comenzó el año más de 60 mujeres han visto su vida desvanecerse entre las manos de sus asesinos. Muchas de ellas asesinadas por decir No, por no querer una copa en un bar, por no aceptar una cena, muchas de ellas hoy ya no viven por no aceptar lo que para usted es algo cortés y para nosotras machismo.

Para terminar y sin ánimo de sonar arrogante quiero hacer una referencia a lo que usted considera cortesía. El hecho de ceder el paso a una mujer nos viene de la edad media. Cuando el hombre dejaba pasar a su mujer delante de él a riesgo de encontrar en la sala algún peligro, pensándolo bien comprenderá que nos resulte algo machista, usted me cede el paso por si alguna amenaza pudiera aparecer y no ser usted "la diana". Seguramente ante esto preparará un gran argumento tipo: si lo cedo soy un machista por la descripción que ofrece, pero si no lo hago se me tacharía de mal educado. No Sr. Reverte, nosotras no le tacharíamos de nada, de hecho hasta lo agradeceríamos. Usted mismo tiene prejuicios sobre lo que es o no educación y cortesía. Nosotras no hemos escrito las reglas, pero sí las estamos reescribiendo para hacer una sociedad más justa. No le imagino cediendo el paso a una persona transgénero, sinceramente, no me lo imagino. Ejemplos como éste le pudo poner muchos, como el por qué al subir o bajar las escaleras las mujeres, por protocolo, han de ir detrás del hombre, el por qué en un coche se le cede el paso a una mujer, etc, pero tampoco quiero cansarle.

Simplemente, con todo esto, me gustaría conseguir que pensase un poco las cosas antes de escribirlas, pues llega a mucha gente y de igual manera que puede ser algo muy bueno se puede tornar en un arma contra usted mismo. Muchas madres y padres hoy tienen que llorar el asesinato de sus hijas y usted no es nadie para frivolizar tanto un tema tan grave y que en el S. XXI afecta a tantas mujeres a lo largo y ancho del mundo.

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Mensaje por Rogorn » Dom Jul 31, 2016 9:47 am

Pérez-Reverte
Lucía Estévez - laregion.es - 30/07/2016

Desde el momento en el que una profesora de Lengua me descubrió a Pérez-Reverte, admiré su trabajo, su tono crítico y su punto de vista respecto a ciertos temas, que coincidía con el mío. Hasta que comenzó con los artículos misóginos.

Ay, Arturo Arturo. Verás, tengo unos recién cumplidos 18 años, una mente que la mayoría de las veces utilizo para pensar y una vocación periodística que creía compartir contigo. Y sí, estás en lo cierto, no soy una "mujer como las de antes". Al igual que millones en el mundo. Y te voy a decir algo, ya me lo agradecerás. Cada día que salgo de casa me enfrento al mundo que me exige dar lo mejor como mujer o caer en las críticas de impertinentes como usted.

Sí, yo también me pongo tacones sin tener pajolera idea de andar con ellos, porque me gusta y no sé, igual es un atrevimiento, pero creo que soy libre de hacerlo. Cuando estoy en casa me acuesto en el sofá de la forma menos femenina posible y estoy esperando el momento en el que mi importancia por el qué dirán me lo permita hacer públicamente, como se espatarrará usted en la barra del bar con la cerveza en la mano fichando mujeres rubias de vestidos negros que "ya no son como las mujeres de antes".

Discúlpeme también si mi vocabulario no es acorde a sus gustos misóginos. Digo palabrotas, palabras que no existen y me río de forma escandalosa. Plantéese si a lo mejor lo hago aposta para escandalizar a personajes como usted. Y ojalá, como dije antes, utilizara mi libertad de hacer lo que me plazca con más frecuencia y menos reparo, porque lo último que me apetece al final del día, tras quitarme la máscara de mujer acorde a las convenciones sociales, es agradecerle con todo mi corazón que me deje pasar en la puerta de una librería. Pase usted, no se preocupe que no se le acaba la educación ni la masculinidad. Puede llamarme cretina.

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Mensaje por Rogorn » Dom Jul 31, 2016 10:03 am

De bobas y bobalicones
Rubén Cabecera Soriano - encabecera.blogspot - 31/07/2016

Reconozco una contenida admiración por usted, señor Pérez-Reverte: admiración por su obra literaria, de la que me considero asiduo lector —en el tintero tengo aún la 'Jodía Pavía', pero quiero corroborar antes de adquirirla, que la cosa no está muy allá, que no es el mismo magnífico relato del 2000, aunque confieso que me pone mucho esa caricatura de Francisco I sudoroso, buscando palabritas con las que explicar su prisión en Madrid a su mamá; y me permitirá que no adquiera 'Todo Alatriste', porque, una a una, tengo leídas en papel todas y cada una de estas novelas—; y también admiración por su obra periodística que muestra y demuestra su compromiso con un trabajo noble, aunque hoy "emputado" —usted, como miembro de la Real Academia Española, entenderá la licencia no pronominal— y perentorio por y para la sociedad. Decía antes también que esa admiración es contenida, porque, de no ser así, sería un bobalicón, ferviente y fanático seguidor —o "fan", que dicen ahora— sin personalidad y manipulable, y eso, comprenderá, no lo quiero, ni seguramente lo querría usted porque evita así asaltos callejeros, bolígrafo en mano y libro escrito por usted en la otra, para pedirle que autografíe la primera página con dedicatoria incluida. Por mi parte, de darse semejante encuentro, preferiría un café —té para mí, por favor— y una charla, más o menos larga, según la disponibilidad de cada cual, para disfrutar recordando algún pasaje de la historia o poniendo verde a los políticos de turno, que ese no es mal deporte.

Leí allá por julio de 2007 —la fecha ha sido revisada, no tengo tan buena memoria— una de sus Patentes de Corso titulada 'Mujeres como las de antes'. Aclaro, en consecuencia, que interpreto su contenido contextualizado como en su momento lo estuvieron las actuaciones de los Blake, Drake, Cook o Hawkins. No me gustó. No era cuestión de estilo, impecable como siempre y reconocible como merece, sino que fue el contenido lo que me chirrió: las mujeres no son como las de antes ni como las de ahora, son mujeres y punto. Las hay verdes, azules y amarillas, eso es objetivo, al igual que ocurre con los hombres, y también las hay altas, bajas, gordas, flacas, guapas y feas; todo esto último es más subjetivo porque toca comparar, pero no difiere en gran medida de lo que ocurre con el sexo contrario —no el género, le doy la razón—, aunque en esta lectura podríamos comenzar a introducir numerosas variables entre las que cabría destacar la evidente cosificación de las mujeres. Sin embargo, en lo que a la educación y a las oportunidades se refiere, las diferencias entre hombres y mujeres son fácilmente contrastables y desgraciadamente demostrables, aunque quiero creer que poco a poco se van diluyendo, acompañadas, eso sí, de alguna extraña suerte de leyes que, muy posiblemente, fomenten más bien la desigualdad, pero ¿qué podemos esperar de nuestros legisladores, cuya finalidad no es otra que no coger frío en sus posaderas? En definitiva, no hay mujeres como las de antes porque si antes había una mujer que respondía a ese estereotipo era consecuencia de una situación extraordinaria que en la actualidad no debería llamarnos la atención. A pesar de todo esto, el tiempo me descubriría mi equivocación interpretando su texto. De otra parte, no creo que sea justo acusarle de machista, como alguien se ha atrevido a hacer, por muy libre que sea de hacerlo, porque ha resaltado usted de forma pública y en repetidas ocasiones las virtudes y valores de las mujeres como, seguramente, ninguna o ningún —que también hay hombres con este perfil— feminista llegará a hacer nunca.

El caso es que recientemente leí 'No era una señora' y comprendí mi error con 'Mujeres como las de antes'. Esas mujeres a las que hacía referencia en el 2007 han mutado en las no señoras del 2016, y la culpa es nuestra. Sí, nuestra. Seguramente seamos más responsables unos que otros, pero no deja de ser un adeudo de todo el sexo masculino con nuestro complementario —lo justo es incorporar también aquí, con matices, al sexo femenino—. Hemos logrado, léase como plural sociativo, con ciertas actitudes que promulgaban los valores con los que nos bien-educamos algunos, que muchas mujeres educadas en esos mismos valores o en los heredados se trasformen en bobas, pero la culpa, como digo, es nuestra, solo nuestra. Hemos convertido a mujeres sometidas en mujeres dominantes e intolerantes, y realizar un gesto, un simple gesto de respeto y educación puede convertirse en un acto ofensivo según para quiénes. Es una actitud defensiva, reivindicativa y posiblemente justificable, así pues, no las culpo, no. Las mujeres han sufrido históricamente más de lo que debían, por más que me puedan parecer exageradas ciertas reacciones y, vaya por delante, que ante ese mismo umbral, mi gesto habría sido idéntico, tanto para ella como para cualquier otro, y, muy probablemente mi reacción ante su fanatismo, idéntico al suyo señor Reverte.

Otra cosa son los dimes y diretes que surgen, y las reacciones que suscitan comentarios de hombres como usted, de reconocido prestigio e influencia pública, en el vulgo que somos nosotros —como me incluyo en esa caterva, permítame aclarar que no tiene connotaciones peyorativas—. Aquí es fácil recurrir al populismo que tanto agrada a ciertos sectores de la sociedad. Y leí a Barbijaputa, que sin caer en ese cliché, con su inteligente y aguda versión del encuentro en el umbral de la librería en el que se personifica en la mujer a la que usted cedió el paso, aclara los motivos por los que denomina machista su comportamiento. Magnífico, bravo por Barbijaputa, sencillamente me encantó la réplica y que conste que este escritor o escritora —vaya a ser que la ofenda, de ser mujer, si solo utilizo el género masculino— no siempre es santo de mi devoción —recuerde que no me considero bobalicón y no tengo por costumbre dejarme influenciar por facilismos literarios—. Seguramente son los gajes del oficio a los que usted, más que nadie por usar la verdad, su verdad, como arma arrojadiza sin tapujos, se ve sometido de ordinario, pero hay que reconocer que este prosista —maravillosa la riqueza del lenguaje que te permite usar palabras ambivalentes en género frente a la indefinición que ofrece el pseudónimo— ha dado en el clavo. El caso es que Barbijaputa viene a decir con mayor sagacidad y menos benevolencia, aunque haya manipulado los matices, lo mismo que yo he reflejado en los párrafos anteriores y que también usted ha venido diciendo en numerosas ocasiones como aquella de 1994 acerca de las 'Mujeres de armas tomar': son magníficos seres, fuertes como nadie, sufridoras, valientes y, además y por si fuera poco, paren o más delicadamente, como me gusta a mí, dan la vida.

Todo tiene, en definitiva, al menos, dos versiones, y los extremos son nocivos, nefastos, solo provocan odios y represalias y, por supuesto, nunca reflejan el pensamiento de la mayoría. Desgraciadamente la mujer se ha visto y se ve sometida al poder y mandato del hombre —es obvio que en algunas sociedades este sometimiento es más denigrante y beligerante que en otras, aunque nuestra occidentalidad no nos libra de la lacra de la violencia por razón de sexo—, y es comprensible que, cuando exista la imprescindible libertad, haya mujeres que no reconozcan un gesto amable y educado de un hombre y lo interpreten, con todo el derecho del mundo, aunque con excesivo celo, como una señal inequívoca de machismo. De aquellos polvos estos lodos, como diría mi abuelo quien también me enseñó que siempre hay que dejar salir antes de entrar.

Ahora, señor Reverte, y llegado el caso me dirijo también a usted, Barbijaputa, viene la parte utópica, así que le aconsejo, si se dan las casualidades oportunas y tiene acceso a este texto, que este párrafo final se lo salte, por mucho que la última frase sea más o menos memorable. Como imagino que llego tarde a esta frívola polémica en concreto, pero, sin embargo, esta cuestión tiene tal trascendencia en el mundo en el que vivimos y afecta a sociedades tan diversas y con tan variopinto nivel de desarrollo —signifique esto lo que quiera que signifique— que lo convierte en un problema universal, quiero recuperarla nuevamente, a riesgo de ser redundante: palabras grandes para problemas grandes, pero con soluciones difíciles que deben luchar contra sempiternas inercias y tradiciones que cuesta generaciones enteras superar. Dejemos de ser bobas y bobalicones, y respetemos nuestra identidad sexual, o la que quiera que sea; seguramente lograremos una sociedad mucho más justa e igualitaria, pero, eso sí, desde la educación y sin histrionismos.

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Mensaje por Rogorn » Sab Ago 13, 2016 2:53 pm

Era una señora y tú un educado machista
Laura Segovia - laurasegoviamiranda.com - 13/08/2016

Un educado machista y un prepotente. Que no pasa nada, oiga, pero que serlo, lo eres. Esto es lo que me salió tras leer el artículo de Arturo Pérez-Reverte 'No era una señora'.

Me pareció todo un despliegue de ego, de falta de empatía y de pestilente aire de superioridad… Y que conste que no es por la edad, pero uno empieza ya a envejecer (que no a hacerse mayor) sin pública dignidad. Mira que me lo he tenido que releer para dar crédito a esa manifestación de ofendido cascarrabias, y todo porque me he encontrado el artículo de marras por las redes una y otra vez. Suelo leer lo que publica, y alguna rara vez he coincidido, unas en el fondo, otras en la forma, la inmensa mayoría no coincido, y en esta ocasión me ha salido replicar a ese alegato contra la mala educación ejemplificándolo él mismo con lo que tanto critica.

No es mejor persona el que lo aparenta y no así actúa. No es menos agresivo quien se calla a la cara y apuñala por la espalda. No está en disposición de dar clases quien no ha sido llamado para ello. No es mejor ser condescendiente que inoportunamente sincero. No, no me parece a mí que ante un acto de rechazo de nuestra inocente gentileza nos siente tan mal y nos toque tanto el orgullo que uno desprecie hasta el género de donde venga y suponga la más pestilente de las suertes para con esa persona, en este caso mujer.

En el fondo ni era tan inocente ni era tan gentil… Esa señora se sabría claramente las elementales normas de urbanidad, que nacen machistas y discriminatorias, pues las normas son reflejo de los principios que imperan en la sociedad. Que eso de ceder el paso y abrir la puerta ante un conciudadano nadie lo discute como acto gentil, pero cederlo expresamente un hombre ante una mujer, además de acto gentil es un acto machista, pues encierra la protección que al género masculino se le atribuía sobre las mujeres, incluso sobre las ajenas a su propiedad.

¿Que se ha quedado como un acto inocente? Bueno, de inocentadas está el mundo lleno… Y cada cual se toma la guerra y sus batallas donde cree debe pelearlas. A mí personalmente me encantaría que todo ser viviente me cediera el paso allá por donde apoyo el pie, y más si ando móvil en mano, pero vaya, si bien no le hago ascos a actos gentiles, sí me repele la condescendencia por mi género. Ciertamente, la mayoría de veces me encuentra enfrascada en mis cosas y me agota la energía librar todas las contiendas machistas, y cada cual las libra a su manera. Así que me hice mi propio reglamento, que intento conjugar con el corriente y común que circula por ahí:

–Me dejo ceder el paso cuando me conviene por comodidad, no representa excesiva molestia por quien se brindó antes y desde luego, los lunes y demás días de madrugar.

–Cedo el paso siempre a mujeres con tacones más altos que yo, niños que manchan, personas cansadas, estresadas, cargadas, con prisas y a los hombres en estado de muy buen ver, por aquello de… A algunos hasta los escolto con mi mirada para cerciorarme de que nada les ocurre tras cruzar el umbral que tan amablemente les dejé atravesar en primer puesto.

Así que no se preocupe, mi querido escritor, muso de éstas mis letrillas, que si usted y yo nos cruzamos me dejaré agasajar por su próvida educación para que descanse su alterado ánimo. Si acaso la mala fortuna me lleva a no reconocerle (que supongo el caso contrario a esa señora que ya poseía antecedentes periodísticos suficientes y de ahí su ácido comentario), y ambos quedamos detenidos por nuestras respectivas educaciones, espero no se moleste si, contraviniendo todos los códigos, le cedo el paso. Aunque sea usted un señor, pese a finalizar la lectura de su citado artículo.

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Mensaje por Rogorn » Lun Ago 15, 2016 9:24 pm

Se trata de ser educado
Hugo Lemos - diarioelpueblo.com.uy - 15/08/2016

“Siempre que te subas a un ómnibus y veas que una mujer embarazada, o mayor de edad, o un hombre ya adulto mayor, vayan parados, dejáles el asiento, ellos lo precisan más que vos”. Ese fue un consejo que me dieron en mi casa, una enseñanza de vida, una forma de comprender las cosas como son y como deben ser. Para mí no significaron otra cosa que respeto, tolerancia, compartir y ayudar a que el otro se sienta bien. Nunca lo tomé como un acto machista. Por el contrario, esas cuestiones de género que hoy se ven exacerbadas muchas veces me parecen ridículas, porque lo que generan son más diferencias sociales y una brecha innecesaria entre hombres y mujeres, que en vez de generar condiciones de igualdad, apuntan a tirar a separar más a la sociedad.

El otro día leía lo que le pasó nada más y nada menos que al destacado escritor español Arturo Pérez-Reverte, quien narró en una notable editorial que cuando estaba entrando a una librería en Madrid, le cedió el paso a una mujer en la puerta del lugar, ya que cuando este iba a ingresar se topó con la señora, la cual, en vez de agradecerle el gesto de buena educación, se lo increpó diciéndole que era un gesto machista. El escritor quedó anonadado con la respuesta de la mujer, ya que no entendía cómo al querer cederle el paso a alguien podían acusarlo de cometer violencia de género. Entonces se preguntaba si él, que acostumbraba a ceder el paso a la gente más allá del sexo que ostente el individuo destinatario de su actitud, cometería un acto similar cuando el paso se lo cedía a un hombre.

Sin embargo, las políticas de género apuntan al reconocimiento de los derechos de las mujeres y de los distintos colectivos sociales que componen nuestra sociedad. Sobre todo de estos últimos, porque enfatizar el derecho de la mujer suena a que la misma antes no era reconocida, y quizás no lo haya sido en su plenitud, aunque nuestro país ha sido pionero, al igual que Inglaterra, en esto, y las mujeres han conquistado espacios de poder, merecidamente, porque tienen la misma capacidad que cualquier hombre, por la sencilla razón de que son personas y seres humanos al igual que los demás. Entonces sin importar su género, tienen la misma potencialidad de desarrollo de sus capacidades, al igual que los hombres.

Eso nadie podría negarlo, sería un disparate el solo hecho de pensar lo contrario. Vivimos en un mundo gobernado por mujeres fuertes, inteligentes, destacadas y tremendamente poderosas. A la vista están quiénes gobiernan y han gobernado el mundo, como Angela Merkel, Michelle Bachelet, antes Margaret Thatcher, y probablemente en un futuro cercano Hillary Clinton lidere a la nación más poderosa del mundo. También tuvimos ejemplos más cercanos, como el de Dilma Rousseff, y aunque a mi juicio no es un buen ejemplo, al menos estuvo en el poder y cabe mencionarla a Cristina Fernández.

Pero estoy seguro que a ninguna de estas personas que acabo de nombrar se les ocurriría pensar que porque alguien les dé el asiento en el ómnibus o les ceda el paso al ingresar a un lugar están siendo pasibles de un gesto machista, porque sería absurdo ponerle una etiqueta a un gesto de buena educación. La buena educación, que es la que se ha perdido en estos tiempos, pasó de ser algo natural a ser una cuestión singular, extraña y hasta en ciertos momentos mal entendida por las personas que no la conocen. Vivimos en tiempos donde todo da lo mismo y hasta contradictoriamente así, permitimos la violencia contra niños, niñas, adolescentes, adultos mayores, hombres y mujeres, lesionamos los valores de la gente, queriendo suplantarlos por una nueva idea de vida donde no importa nada y todo lo validamos; cuando por otro lado se exige respeto y cumplimiento de los derechos de ciertos sectores sociales, que tienen los mismos derechos que los demás, pero que se excluyen para ser distintos y reclamar derechos diferentes, casi como que estén por encima de los derechos de los demás. Eso no es defender el género de nadie, no es pelear por mejores condiciones de vida para gente que ha sido hostigada siempre, sino que es hacer parecer que hay gente diferente que merece un tratamiento especial y que no se ve comprendida en el principio constitucional de que “todos somos iguales ante la ley”.

El otro día me encontré a una mujer conocida, cuando la vi con sus hijos pequeños y me decía que venía de hacer mandados y que cuando llegara a la casa tenía que cocinar, hacer los deberes de la escuela con sus niños y después aprontarlos para dormir. Yo pretendí elogiarla diciéndole que era una “muy buena madre” y me formuló determinados epítetos, no contra mí, sino contra la vida, porque se sentía frustrada, ya que su hogar era monoparental, y entonces entendía que los demás pensábamos que esa lista de actividades que me había anunciado estaba dentro de su rol de mujer y que a su juicio eso era un mandato social equivocado y no sé cuánta cosa más. Traté de hacerla entender que muchas veces a mí como padre me tocaba hacer algo parecido, más allá de que no vivía en un hogar monoparental, usualmente tenía que levantar a mi hijo del jardín, hacer los mandados, darle de comer, cuidarlo y extender por ello mi horario laboral, entre otras cosas, pero de igual forma, eso para esta persona no era lo mismo. El hecho de tener que enfrentar un mundo donde los hombres que ella conocía vivían solteros y usando su tiempo para el ocio, acotaba su mirada a que había que derrocar lo que ella entendía que era un mandato social por el cual tenía que cargar sola con sus hijos, porque pasaba de ser persona a un burro de carga. Pero traté de explicarle que así era la lamentable situación que ella debía soportar, aunque aún así podía cambiarla cuando quisiera.

Si bien vivimos en una sociedad donde la violencia de género campea, esta es la que se da por el aprovechamiento de la condición que ostenta la víctima con su determinado género y no por otra cosa, no es bueno naturalizarla y trasladarla a todos los ámbitos de la vida y a todos los sectores sociales y a los problemas que nos tocan vivir a diario, porque eso termina tergiversando el verdadero sentido de la lucha por los derechos y los espacios que reclaman tanto las mujeres como determinados colectivos sociales. Por eso no creo que debamos ser extremistas de pensar que cuando un hombre quiere ser amable con una mujer está sometiéndola a su dominio o algo parecido, por el contrario, se trata de una persona que quiere ser amable con otro ser en su misma condición y si lo hace con buena educación y corrección, es algo que alienta a creer que un mejor mundo aún es posible.

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Mensaje por Rogorn » Jue Ago 18, 2016 9:53 am

Soy feminista y leo a Pérez-Reverte
Marta Bilbao - whatnowgeny.wordpress - 28/07/2016

A Pérez-Reverte se le ha llamado de todo. Durante años como columnista, y ahora mucho más debido a que, con esto de internet, parece que todo el mundo lleva un megáfono en el culo, la gente se ha dirigido a él con palabras tan bonitas como rojo, machista, fascista, retrógrado, homófobo, racista y hasta se ha dicho que hace apología de la violencia y el conflicto bélico.

Es cierto que la mayoría de gente critica por criticar, alimentados por una "cultura Sálvame" en la que se les han inculcado que meterse con los demás es la única manera de sobrellevar su falta de educación y su baja autoestima. El mundo está lleno de malcriados en la calle que han desembocado en trolls de internet. Sin embargo, lo que llama la atención en el caso Pérez-Reverte es que provoca un sentimiento de amor-odio entre la población perteneciente a una sección que se podría denominar como culta, educada y lógica.

Todavía recuerdo una anécdota de cuando estaba en el instituto y tendría unos trece años. Mi, por aquel entonces, profesora de lengua española nos animaba a leer y escribir de la mejor manera que se puede motivar a un niño o adolescente: sugiriendo géneros interesantes y sin obligación. En una de sus sugerencias, nos recomendó leer las columnas dominicales de Pérez-Reverte en 'El Semanal'. Yo, que con mis trece años ya era una fiel lectora, aunque no lograse entender completamente todo lo que decía (en ocasiones tampoco hoy lo comprendo), me quedé sorprendida ante la manera en que mi profesora terminó su frase: “Aunque, para decir verdad, Pérez-Reverte tiene un lenguaje bastante soez y utiliza demasiadas palabrotas.” Ahí estaba: la primera vez que alguien me hablaba en público sobre Pérez-Reverte ya había utilizado una descripción favorable y desfavorable al mismo tiempo. El Yin y el Yang. Amor y odio.

Hoy he vuelto a leer un aluvión de críticas sobre su persona. En este caso, le ha tocado al machismo. Concretamente, era un texto de 'Locas del Coño' (que tiene muchos artículos muy buenos e interesantísimos) y criticaba dos artículos del columnista: 'No era una señora' y 'Mujeres como las de antes'. Primero de todo, creo que el adjetivo "feminista" define bastante bien mis ideales. Creo y defiendo la igualdad salarial entre hombres y mujeres, condeno la violencia machista, soy parte activa en la defensa de los derechos de las mujeres y creo que todavía queda mucho camino por recorrer, como es el caso en muchas otras desigualdades sociales que todavía seguimos arrastrando. También considero que he visto diversos casos de discriminación, lo cual no es de extrañar siendo que trabajo en plantas de producción donde el 90% son hombres. Pero también, en algunas de estas mismas plantas, he visto que la igualdad es una realidad y la gente se ha dirigido a mí con el respeto (o la falta de él) que lo haría ante un hombre.

Por eso, Pérez-Reverte ha vuelto a crear en mí una sensación de confusión. Y he vuelto a releer los artículos. En el primero, Pérez-Reverte explica su desconcierto al abrir la puerta a una señora y recibir el insulto de "machista". Y, sinceramente, yo estaría también desconcertada. Para mí, el mayor desconcierto proviene de que el hecho de abrir una puerta no está haciendo daño a nadie. Al contrario, es un gesto que se hace por educación y para ayudar a otra persona. Es como si a alguien se le caen las llaves y no se da cuenta, y una persona educada le avisa, se agacha a recogerlas y se las da. ¿Le llamarías machista? Al mismo tiempo, si alguien no abriese una puerta, tampoco lo llamaría "feminista". Según la educación y los valores, hay gente que decide abrir puertas y otra que no. Y lo mismo ocurre con ceder el asiento en el autobús, llamar de usted o ayudar a cargar maletas. Yo soy de esas que se levanta del autobús para ceder asiento a gente de la tercera edad, mujeres embarazadas o personas con discapacidad, con niños pequeños o cargando bultos. Y la razón es que, si yo me encontrara en esa situación, apreciaría que me cediesen el sitio. Así de simple. Porque ante un frenazo inesperado, esa gente tiene más posibilidades de caerse que yo. Y no considero que sea algo machista, ni feminista, ni que esté llamando viejo o inválido a alguien. Simplemente, me parece pura lógica.

Después, está el tema de las maletas. Al pensar en ello, dos recuerdos me han venido a la mente. El primero se remonta a 2010, cuando acababa de llegar a Londres e iba cargada hasta arriba, como todo estudiante la primera vez que se va a vivir a un país extranjero: una mochila al hombro, una bolsa cruzada y dos maletas enormes, una en cada mano. Al salir del metro, me encontré con una sucesión interminable de escaleras que tendría que escalar para poder salir a la superficie. Suspiré, me armé de valor y empecé a subir los peldaños, lento pero seguro. En ese momento, un hombre de unos sesenta años me vio, se acercó y se ofreció a subir una de mis pesadas maletas. Le dije que sí y le agradecí el detalle, porque es exactamente lo mismo que habría hecho yo si nuestros papeles hubiesen estado a la inversa. El segundo me ocurrió hace poco tiempo. Adoro viajar en cuanto tengo días libres, así que tomé un bus, un avión y un tren para visitar a un amigo. Llegaba bastante cansada, cargada con la mochila del ordenador y una maleta, y creo que me lo notó en la cara. Así que nada más llegar me arrancó la maleta de las manos y la llevó durante todo el camino hasta el restaurante. Y, una vez más, lo agradecí. No sé si serán casualidades de la vida, pero éste es un gesto que lo he visto principalmente en mis amigos varones homosexuales. Es como si los hombres heterosexuales estuviesen asustados de que la sociedad les fuese a llamar machista por hacer algo así, o que se intuyan unas falsas dobles intenciones, o que se les llame pagafantas. Cuando no es más que un gesto amable entre amigos.

El segundo artículo tiene un tono bastante más crítico. En él, Pérez-Reverte se queja de que cada vez escasea más el tipo de mujer que le gusta (y que denomina "mujeres como las de antes"). En pocas palabras, se refiere al tipo de mujer con curvas, falda de tubo, andares femeninos y zapatos de tacón. Al más puro estilo Sofía Loren, Ava Gardner y Grace Kelly (mujeres que, en efecto, son muy guapas y tienen mucho estilo). Pues señor Pérez-Reverte, qué pena. Para usted, digo. Igual que para mí es una pena de que cada vez escaseen más los tomates que me gustan, como el tomate de Zaragoza, o los melocotones inigualables, como los de Calanda. Sobre todo en Bélgica, que aquí no saben a nada. A mí, por ejemplo, los hombres me gustan afeitados. Principalmente, porque no pinchan y yo soy de piel sensible. Así que, si sigo esa lógica, usted de primeras no me va a parecer físicamente atractivo. Aunque intuyo que es recíproco, ya que nunca me verá con tacones, ni falda de tubo, ni moviendo las caderas al son de una melodía imaginaria. Principalmente, porque me encanta caminar y los tacones me parecen el demonio, ya que no me permiten moverme todo lo rápido que necesito para poder conseguir sobrevivir al día a día. Además, hacen que me duelan los pies. No me los pongo ni para las bodas, donde considero que lo más importante es pasar un buen rato con los novios hasta que ellos decidan que se acaba, que para eso es su día, y no estar sentada en una silla porque no puedo ni caminar y ahogarles la fiesta demasiado pronto. Y las faldas de tubo no me dan libertad de movimiento. Así que a usted le atrae un tipo de mujer que no soy yo. Ni siquiera me maquillo, ya que eso significaría perder veinte minutos por la mañana y quince por la noche. Y, para peinarme, utilizo como máximo diez. Si pudiera, haría como Mark Zuckerberg y vestiría todos los días con la misma camiseta y el mismo pantalón, para ganar en eficiencia y tener tiempo para lo que es verdaderamente importante para mí, como salir a correr, escribir un par de páginas o quedar a tomar un café. Personalmente, nunca se me ha pasado por la cabeza cambiar esa parte de mí para gustarle a nadie. Básicamente porque nunca lo he visto necesario (ni tampoco creo que sea el mensaje que está intentando mandar con su artículo). He cambiado muchas cosas de mí a propósito: he aprendido idiomas, he intentado enriquecer mi vocabulario, me he esforzado para escribir sin faltas gramaticales o de ortografía, he leído para ganar cultura y muchas otras cosas. Porque esas son las cosas que considero una pena que no sean más abundantes en la sociedad, no los tacones o el vaivén de unas caderas.

Para mí, aquí acaba mi reflexión después de leer su artículo. ¿Considero que sea usted machista porque le guste ese tipo de mujer? No. ¿Consideraría que es usted feminista si le gustasen las mujeres con pelos en el sobaco? Tampoco. Otro tema es debatir si el texto tiene tono ofensivo, sobre todo cuando se refiere a unas mujeres con las que se cruzó como “focas desechos de tienta que pasan junto a nosotros vestidas con pantalón pirata, lorzas al aire y camiseta sudada”. En este caso, si alguien me pidiese opinión, diría que no considero que éste sea un comentario necesario ni constructivo, ya que esas mujeres tienen todo el derecho del mundo a vestir como quieran y a sudar. A usted no le gusta, lo ha dejado claro. Chicas, avisadas quedáis, si ese es vuestro estilo, no le pidáis el número de teléfono a Arturo porque os vais a llevar un chasco. También puede ser que se trate de ironía, sarcasmo o un recurso literario que no he llegado a entender del todo, como me pasaba cuando tenía trece años. Porque lo que no pretendo es entender todos y cada uno de los matices literarios escritos por un profesional con años de experiencia, igual que yo no le exigiría a Pérez-Reverte que me comprendiese a la perfección si yo le hablase de reactores químicos.

De cualquier manera, usted ha hecho ese comentario porque esa es su columna de opinión. Y éste es, para mí, el quid de la cuestión. Que usted debería tener derecho a escribir lo que se le antoje en su propia columna y a compartir su opinión. Ni la mía, ni la de la mayoría, ni la censurada por el gobierno, ni la consideraba políticamente correcta por la sociedad. La opinión de Arturo Pérez-Reverte. Y a Arturo le gusta ese tipo de mujer. Y eso Arturo no lo va a poder cambiar, porque es su gusto. Igual que a mí no me gusta el fútbol y no por eso digo que todos los hinchas tienen encefalograma plano e intento que cambien y lean a Shakespeare en vez de ir a un estadio. Porque esos serán mis gustos, no los suyos. El no intentar cambiar los gustos y opiniones de alguien, a mi parecer, se llama respeto. ¿Me gusta el tipo de mujer que Pérez-Reverte describe en ese artículo? No, a mí me gustan las mujeres valientes, inteligentes, respetuosas, libres y buenas personas. ¿Me gusta cómo escribe Pérez-Reverte? Sí, mucho. Y sobre todo algunos de sus artículos en los que sí que considero que está hablando en serio, como 'Mujeres peligrosas' y 'Mujeres de armas tomar'. ¿Y, me gusta la tortilla de patata? Sí, me enloquece, pero siempre con cebolla, por favor.

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Mensaje por endeavour » Mié Sep 28, 2016 10:16 am

Pero cuánto tonto puede haber por metro cuadrado en España? Lo de feminazis se queda corto ante estos y estas progres de manual.

Sólo vale su opinión, lo de los demás es clasificable, lo de ellos es lo normal.

Si es que es mejor ignorar y seguir con lo que uno cree y listo. Aquí los tontos hacen debate de todo. Desfaenats se dice en mi tierra.

Yo también cedo el paso, dejo salir antes de entrar, me levanto en el metro o ni siquiera me siento y así les ahorro a mis rodillas el levantarme. Porque me lo enseñaron, creo, y si no lo hicieron, porque me gusta hacerlo. Y a quien no le guste que le den por culo. O por saco, no se me vayan a ofender algunos.

Un saludo

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Mensaje por Victoria » Vie Sep 30, 2016 12:21 am

Pues a mí este último artículo no me parece ni de "feminazi" (que para mí sigue sin ser un insulto dado el asqueroso personaje que acuñó término y teniendo en cuenta a qué mujeres se lo aplicaba) ni excluyente con opiniones ajenas, así en general. En absoluto. Y reconozco que el de Barbijaputa me hizo cierta gracia, sinceramente.

Más cuestionable me suena decir que España ha sido junto con Reino Unido un país pionero en lo que se refiere a los derechos de la mujer. Tampoco me parece de recibo limitar los problemas en materia de igualdad a la cuestión de la violencia de género, porque hay mucho más. ¿Que hay muchas idioteces dichas en diversas intervenciones de este hilo? Sep. Como en la gran mayoría, por otra parte. Yo sigo pensando que el artículo que más pupa le hizo en esto sentido, por expresarlo de alguna manera, fue el de la soldado Mari Pili y el de abatir a las paseantes de un escopetazo, sep. XD

PD. Sí, hay mucha gente que ha sido educada de otra manera. No, no he llamado nunca cabrón a nadie sólo por abrirme una puerta. No, no es lo mismo abrírsela sólo a las mujeres que a todo el que pasa, independientemente de su sexo.
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

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Wladimir
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Mensaje por Wladimir » Mar Oct 18, 2016 9:27 am

Hola.
¿Podría alguien explicarme, por favor, qué quiere decir la expresión "llevar a alguien fuera" en el fragmento siguiente?

Calculen el puntazo de que eso le pase a un fulano de mis años y generación, educado, entre otros, por un abuelo que nació en el siglo XIX, y del que aprendí, a temprana edad, cosas como que a las mujeres se las precede cuando bajan por una escalera y se les va detrás cuando la suben, por si les tropiezan los tacones, que cuando es posible se les abre la puerta de los automóviles, que uno se levanta del asiento cuando ellas llegan o se marchan, que se camina a su lado por el lado exterior de las aceras –«Que no digan que la llevas fuera», bromeaba mi padre con una sonrisa– y cosas así.

Gracias de antemano y un saludo de Rusia.
Última edición por Wladimir el Mar Oct 18, 2016 12:51 pm, editado 1 vez en total.

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