1213 - 02.10.2016 - No siempre limpia y da esplendor

Los artículos de la columna de Pérez-Reverte en ‘El semanal’ y otros escritos suyos

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Ada
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1213 - 02.10.2016 - No siempre limpia y da esplendor

Mensaje por Ada » Lun Oct 03, 2016 9:26 am

NO SIEMPRE LIMPIA Y DA ESPLENDOR

Este artículo de hoy es una disculpa y una confesión de impotencia. Durante los trece años que llevo en la Real Academia Española he recibido, como otros compañeros, numerosos comentarios, sugerencias y peticiones de ayuda. Se nos han enviado repetidas muestras de disparates lingüísticos vinculados a la política, al feminismo radical, a la incultura, a la demagogia políticamente correcta o a la simple estupidez; de todo aquello que, contrario al sentido común de una lengua hermosa y sabia como la castellana, la ensucia y envilece. Y debo decir, en honor a la Academia, que a lo largo de todo ese tiempo he asistido a muchos intentos por ayudar a quienes piden consejo o amparo ante la estupidez, la arbitrariedad y el despropósito. Por dar respuesta eficaz a las quejas de ciudadanos indignados con el maltrato que de la lengua se hace en medios informativos y televisiones, apoyar a padres a cuyos hijos se impide estudiar en castellano, orientar a funcionarios de autonomías donde las autoridades locales imponen disparates que violentan el sentido común, o defender a quienes son víctimas de acoso por no pretender sino ejercer su derecho a hablar y escribir con propiedad la lengua española.

Sin embargo, muy rara vez la Academia ha hecho oír en público la voz de su autoridad. Sólo recuerdo un caso en trece años, pese a que cada denuncia, cada sugerencia razonable, ha sido llevada a los plenos de los jueves por algunos de nosotros pidiendo intervenciones menos discretas y más contundentes. El último debate fue antes del verano, cuando funcionarios y profesores andaluces pidieron amparo ante unas nuevas normas que pueden obligar a los profesores, en clase, a utilizar el ridículo desdoblamiento de género que, excepto algunos políticos demagogos y algunos imbéciles, nadie utiliza en el habla real. Eso nos llevó en la RAE a un animado debate, en el que algunos, incluido el director, nos mostramos partidarios de escribir una carta a la Junta de Andalucía para señalar ese despropósito. Pero la iniciativa, cual todas las anteriores sobre esta materia, no salió adelante. La Academia, como tantas otras veces, volvió a guardar silencio.

Esto requiere una explicación. En la Academia, los acuerdos se toman por unanimidad o mayoría; pero allí, como en otros lugares, hay de todo. Eso incluye a acomplejados y timoratos.

Es mucha la presión exterior, y eso lo comprendes. No todo el mundo es capaz de afrontar consecuencias en forma de etiqueta machista, o verse acosado por el matonismo ultrafeminista radical, que exige sumisión a sus delirios lingüísticos bajo pena de duras campañas por parte de palmeros y sicarios analfabetos en las redes sociales. Lo notas en las miradas cómplices o aprobatorias cuando planteas algo conflictivo, miradas que luego contrastan con los silencios a la hora de mojarse o de votar. «Para qué nos vamos a meter en política», argumenta alguno, para quien meterse en política es todo aquello que nos lleve a opinar en público. Incluso la iniciativa –hasta hoy frustrada– de que la RAE presente y difunda un informe anual sobre el estado de la lengua, la consideran injerencia.

El único ejemplo reciente de coraje público lo dimos cuando Ignacio Bosque, quizá nuestro más brillante compañero, presentó su famoso informe contra la estupidez de género y génera. Aun así, el profesor Bosque lo hizo como iniciativa personal, y algunos académicos se negaban a refrendarlo hasta que tuvieron que plegarse a la mayoría. Aquello era, apuntaban como siempre, «meternos en política».

Y es que, como dije antes, en la RAE hay de todo. Gente noble y valiente y gente que no lo es. Académicos hombres y mujeres de altísimo nivel, y también, como en todas partes, algún tonto del ciruelo y alguna talibancita tonta de la pepitilla. En Felipe IV sigue cumpliéndose aquel viejo dicho: hay académicos que dan lustre a la RAE, y otros a los que la RAE da lustre. Que acabaron ahí por carambolas, cuotas o azares, y deben a la Academia buena parte de lo que son, o aparentan ser, ahora.

Pero en fin. Unos cuantos académicos lo seguiremos intentando. La RAE lo merece: notario de la lengua española y vértebra capital de una patria de 500 millones de hispanohablantes cuya bandera es 'El Quijote'. A veces, es cierto, en episodios como los que acabo de narrar, apetece coger la puerta e irse; pero no es cosa de regalar esa satisfacción. Mejor seguir dentro dando por saco, peleando por el sentido común, llamando cada jueves pusilánimes a los que lo son, y estúpidos a quienes creen que por meter la cabeza en un agujero no se les queda el culo al aire.

XL Semanal, 2 de octubre de 2016
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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koora_linax
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Mensaje por koora_linax » Mié Oct 05, 2016 10:24 pm

Es cierto que en Andalucía sobre todo en el profesorado y en los documentos administrativos la cosa está bastante liada; incluso en textos universitarios.

No entiendo mucho como funciona la RAE pero al igual que hacen guias Estilo de ese lenguaje sexsita, la Academía podía editar la suya con ese sentido común que propone Arturo...

Gracias Ada
Última edición por koora_linax el Vie Oct 28, 2016 10:33 pm, editado 1 vez en total.
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Oct 12, 2016 1:58 pm

Los académicos y las académicas discuten sobre sexismo lingüístico
Jesús Ruiz Mantilla - elpais.es - 12/10/2016

En los pasados Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, Jorge Dueñas, el entrenador de la selección femenina española de balonmano, sorprendía al realizar sus declaraciones en televisión después de cualquier partido. A cada paso, con una voz varonil de aúpa, soltaba: “Nosotras…”. Se trataba de una situación natural, aunque lingüísticamente extraña. En los ámbitos donde existe una mayoría preponderante de mujeres, ¿conviene seguir utilizando el masculino?

Dentro de su contexto, Dueñas y otros muchos entrenadores, ante sus chicas, se diluyen en un pronombre femenino. Es una de las cuestiones que desde hace años preocupa de una manera creciente en la Real Academia Española (RAE), donde las tendencias sociales y políticas partidarias de eliminar lo que consideran un uso sexista del lenguaje ponen en jaque la estructura del idioma. No es que quite el sueño este caso específico, si no que en aras de una corrección política o de apoyar a colectivos que dicen sentirse discriminados, se propongan usos de género diferenciados: compañeros y compañeras; candidatos y candidatas... La cuestión entre los académicos es candente: ¿deben entrar como institución en una creciente tendencia pública alimentada por movimientos políticos y sociales o deben mantenerse al margen?

Hace cuatro años, el lingüista y académico Ignacio Bosque publicó un informe, firmado por todos los miembros de la RAE, titulado 'Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer'. Desde entonces, el debate no ha cesado. En la calle, en las instituciones y, dicen, en menor intensidad pero a veces con virulencia, dentro de la misma institución. Un artículo firmado por el escritor y también académico Arturo Pérez-Reverte el 2 de octubre en su sección 'Patente de Corso', del 'XL Semanal', lo ponía de manifiesto e invitaba a no permanecer pasivos ante las peticiones “de amparo ante unas normas que pueden obligar a los profesores, en clase, a utilizar el ridículo desdoblamiento de género”. Le respondió en una carta abierta un compañero de la institución, el filólogo Juan Gil, quien le dijo que la RAE no es “el Constitucional” y no puede dar “amparo a nadie”. “La cuestión que se debate es política, y la respuesta, si es que se le debe dar respuesta, debe ser asimismo política”, añadía.

En tiempos que tienden a la síntesis, las tesis de la doble utilización de género añade otro problema. En opinión de Pedro Álvarez de Miranda, “los desdobles van en contra de la economía de lenguaje”. Para el catedrático y lexicógrafo resultan agotadores. “Otra cosa”, añade, “es que, en ciertos ámbitos y contextos se realicen matices conscientes. Algún alumno mío me apuntaba que en su clase del colegio había profesores que, ante una mayoría de número femenina en su aula, se dirigía a todos como: ‘niñas…’. Puede ser una solución, aunque nunca impuesta”.

En Colombia, algunos profesores han hecho pruebas concretas sobre documentos bien calientes. Es el caso del profesor y filólogo Rodrigo Galarza. Según la revista 'Semana', éste se dedicó a examinar las 297 páginas del acuerdo de paz firmado entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC en La Habana y a eliminar todos los adjetivos tendentes a dejar patente un lenguaje incluyente. Después de prescindir de un buen número de “guerrilleros y guerrilleras” a la par, el texto del acuerdo quedó en 204 páginas, 93 menos. El ejemplo colombiano resume perfectamente otra de las tesis de Ignacio Bosque. "Los partidarios de doblar el género lo son en situaciones muy formales. Son asuntos que se esgrimen en forma de banderas, el problema con eso es que no puedes andar con una bandera puesta por la calle todos los días". Y el lenguaje supone un uso permanente y cotidiano que no cae en la cuenta de determinadas posturas, por muy buenas intenciones que lleven. En eso, se rige por una ley propia, tan lógica como insondable.

Frente a quienes desean llevar la discusión al campo de la esfera pública están los que se centran en un debate lingüístico. Bosque insiste: “Con el pasado informe queríamos dejar clara nuestra postura, pero sabíamos perfectamente que no se resolvería el asunto. Más cuando algunos se empeñan en llevarlo al plano político. Simplemente digo que, antes de pasar al mismo, antes de saber en qué campos o situaciones se producen discursos sexistas frente a los que todos estamos en contra, por supuesto, hay que entrar en los detalles lingüísticos”. Para empezar, la estructura de las lenguas románicas. Todas utilizan el masculino plural como genérico para ambos sexos. Por motivos atávicos, patriarcales, antropológicos… Los que se quieran esgrimir, pero así es. ¿A qué precio se puede cambiar ese uso que se ha convertido desde hace siglos en natural? A un precio político, creen muchos de los que observan con preocupación que se quiera revertir de una forma impuesta y un tanto artificial. “Va a ser imposible. Si alguien intenta así forzar la lengua está abocado al fracaso”, advierte Pedro Álvarez de Miranda, miembro de la RAE, filólogo, lexicógrafo y catedrático de la Autónoma de Madrid.

El debate dentro de la academia se centra en responder ante ciertas iniciativas públicas –sobre todo una promovida por la Junta de Andalucía en varios ámbitos— enviando cartas de recomendación o no ante determinadas propuestas. Pero entre sus miembros existen diferentes sensibilidades, dentro del consenso que supuso el informe elaborado por Bosque. Aunque no existan discrepancias dramáticas, apuntan, sí se presentan matices.

La filóloga Inés Fernández-Ordóñez, la más joven de los miembros de la institución, los pone de manifiesto: “Existen numerosos colectivos que consideran al masculino un modo no inclusivo. Entre ellos, algunos proponen soluciones que no coinciden con los usos clásicos del español. Por ejemplo, utilizar un término neutro como profesorado en vez de los profesores”. Y prosigue: “Es difícil. En las lenguas, una vez que una estructura se fosiliza no es fácilmente reversible. En ciertos contextos, yo no usaría la diferenciación candidatos y candidatas, pero no por eso desde la RAE debemos censurarlo”. Inés Fernández-Ordóñez se muestra partidaria de abrazar y no rechazar: “Las estructuras lingüísticas son heredadas y no se pueden cambiar por decreto. A dichos colectivos se les ha hecho ver que la estructura de nuestra lengua funciona así, pero proponen cambiarla y, es más, lo practican. Deben ser respetados. La lengua supone cambio permanente y lo mismo que si antes no se podía convivir fuera del matrimonio y hoy solo el 20% de la población se casa, debemos mostrarnos abiertos”.

¿Tantos como para que se abandone el masculino como uso genérico? “No ha pasado y no creo que vaya a pasar”, apunta la filóloga. “Pero, lo mismo que en los últimos años, en pos del panhispanismo, desde la academia se han aceptado como válidos usos de cada país de habla hispana, debemos permanecer atentos y abiertos a todo cambio”.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Oct 13, 2016 8:29 pm

Las académicas y los académicos
Francisco Rico - elpais.com - 13/10/2016

Con un título de soterrada elegancia irónica, 'Los académicos y las académicas' ('El País', 12 de octubre), Jesús Ruiz Mantilla da cuenta del enésimo episodio en “la más que civil batalla” (diría Juan de Mena) de quienes rechazan por sexista el uso natural y espontáneo del castellano y se empecinan en introducir especificaciones tan artificiales, tan insensatas como “nosotros y nosotras”. La cosa arranca ahora de una pieza publicada en la prensa y en la Red, en la que Arturo Pérez-Reverte embiste contra los miembros de la Academia que se negaron a hacer suya la petición que unos supuestos profesores le habían enderezado a él a título personal: se trataría de pedir amparo (?) frente a la sugerencia surgida en la Junta de Andalucía de imponer en las aulas los “todos y todas”, “los madrileños y las madrileñas” y demás prevaricaciones por el estilo.

Aunque con obvia base lingüística, es una cuestión política, en la que la Real Academia Española (RAE) no tiene por qué entremeterse, por más que nunca sobre recordar por quien sea cuál es la realidad del idioma que la institución se limita a registrar en su Gramática. Ahora bien, es el caso que el alatristemente célebre productor de best sellers no deja de incurrir a su modo en “el ridículo desdoblamiento de género” que con razón denuncia. Cito a la letra: “En la RAE —escribe— hay de todo. Gente noble y valiente y gente que no lo es. Académicos hombres y mujeres de altísimo nivel, y también, como en todas partes, algún tonto del ciruelo y alguna talibancita tonta de la pepitilla”. (Gloso en latín el último sustantivo: pudienda muliebris.) En ese contexto, advertimos que el primer “gente” es un rodeo del mismo tipo que “la ciudadanía” para evitar “los ciudadanos” y que en seguida viene el palmario desdoblamiento “hombres y mujeres”.

Con todo, le sigue otro aun más pintoresca y penosamente sexista. Podía haber hablado de académicos tontos y talibanes, pero le parece preferible discriminar soezmente: “tonto del ciruelo” y “talibancita tonta de la pepitilla”. Pero nótese que “alguno” tiene ahí un valor genérico, inespecífico, funcionando de hecho como un ambiguo plural: “alguno” no quita que haya más de uno, casi lo postula. A falta de cualquier precisión de nombres, no sé cómo habrán recibido el maltrato los miembros de la docta casa, y en especial todas las dignísimas señoras académicas, de la veterana Margarita Salas a la novel Clara Janés.

La conclusión, en palabras del propio Reverte: “Hay académicos que dan lustre a la RAE, y otros a los que la RAE da lustre”.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Sab Oct 15, 2016 4:26 pm

Vestuario
Manuel Rodríguez Rivero - elpais.com - 15/10/2016

Me da la impresión de que algunos académicos de la bendita lengua no practican mucho lo que Ortega y Gasset, que nunca llegó a serlo, llamaba “arte de la sigética”, cuyo principio fundamental es que para que alguien consiga decir algo es preciso que sea capaz de silenciar todo lo demás (véase 'Pasado y porvenir para el hombre actual', tomo VI, Obras Completas, Taurus). Leo en un reciente artículo de Arturo Pérez-Reverte, uno de los más conspicuos académicos, su queja acerca de las presuntas dificultades y trabas que encuentran, entre algunos de sus compañeros (“acomplejados y timoratos”) de la docta casa, ciertas iniciativas “contundentes” planteadas, en los no menos doctos plenos, para combatir lo que considera disparates lingüísticos, más o menos propiciados por los políticos, los medios y determinados segmentos de la ciudadanía (desde el absurdo “desdoblamiento de género” hasta otras imposiciones de la corrección política). En todo caso, lo que aquí me interesa señalar es que, según nuestro autor, entre esos académicos “acomplejados y timoratos” que no quieren “meterse en política” y no secundan con su voto las iniciativas del otro sector (“gente noble y valiente”) hay, “como en todas partes, algún tonto del ciruelo y alguna talibancita tonta de la pepitilla”. Repito: de la ­p-e-p-i-t-i-l-l-a. Más allá de la identidad de los señalados, he consultado al respecto a amigos expertos en lenguaje rufianesco de bar y germanía y me aclaran que, en el mismo contexto que “ciruelo”, la pepitilla se refiere, sí, a eso tan íntimo en lo que ustedes, improbables y escandalizados lectores, están pensando. En fin, que APR, como el eximio candidato presidencial DT, controla perfectamente el lenguaje de “vestuario” (locker-room talk). Y ahora viene mi pregunta: ¿para cuándo la sospechada acepción de “pepitilla” llegará al DRAE?

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Mensaje por agustinadearagon » Jue Oct 27, 2016 3:53 pm

Es cuestión de que se utilice mucho. Una vez se repita un vocablo, ellos, la RAE, lo acoge en su senos, lo limpia y da esplendor. Así que a utilizar mucho "la pepitilla", y al final, estará oficialmente aceptado su uso en la lengua. Que es cómo debe de ser. Ea!
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Mensaje por koora_linax » Vie Oct 28, 2016 10:34 pm

agustinadearagon escribió:Es cuestión de que se utilice mucho. Una vez se repita un vocablo, ellos, la RAE, lo acoge en su senos, lo limpia y da esplendor. Así que a utilizar mucho "la pepitilla", y al final, estará oficialmente aceptado su uso en la lengua. Que es cómo debe de ser. Ea!


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endeavour
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Mensaje por endeavour » Dom Oct 30, 2016 12:19 pm

Menuda polémica entre Don Arturo y Don Francisco. Habrá duelo al amanecer?

Un saludo.

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Mensaje por Rogorn » Dom Nov 20, 2016 10:57 am

Pérez-Reverte y las tontas de "la pepitilla"
José María Gómez de la Torre - navalmoral.hoy.es - 19/11/2016

Considero a Arturo Pérez Reverte un buen escritor, agudo pensador y buen polemista, poseedor de una experiencia vital inestimable adquirida en los tiempos de corresponsal de guerra, donde tuvo que ver, sentir y vivir situaciones dramáticas y espeluznantes. Pero a veces le pierde la fogosidad de su carácter, que le lleva a defender sus tesis con excesiva vehemencia y, en más de una ocasión, con intemperancia.

Así, en el artículo 'No siempre limpia y da esplendor' publicado el 3 de octubre pasado hablando de académicos de la RAE (Real Academia Española) no proclives a manifestarse respecto al uso «de disparates lingüísticos vinculados a la política, al feminismo radical, a la incultura, a la demagogia políticamente correcta o a la simple estupidez; de todo aquello que, contrario al sentido común de una lengua hermosa y sabia como la castellana, la ensucia y envilece» los calificaba de tontos del ciruelo o talibancitas tontas de la pepitilla. Aun cuando pienso que tiene razón en cuanto al uso del desdoblamiento de género innecesario, en su artículo sobraban los juicios de valor respecto a los que piensan de otra forma o a los que pensando como él no se atreven a decirlo para dar una imagen políticamente correcta.

Hace unos meses, profesores andaluces se dirigieron a la RAE para pedir ayuda ante unas nuevas normas de la Junta de Andalucía que los obliga, en clase, a utilizar el ridículo desdoblamiento de género que nadie utiliza en el habla real. Según esa norma, en las aulas no pueden decir "los andaluces" sino "la población andaluza", no pueden hablar de "los políticos" sino de "la clase política", y por supuesto tampoco deben decir profesores, ni alumnos, ni padres de alumnos, ni trabajadores, sino profesores y profesoras, alumnos y alumnas, padres y madres de alumnos y alumnas, trabajadores y trabajadoras y suma y sigue, con el fin de acabar con el sustantivo de uso genérico para toda la especie. Que para eso están atentos y atentas, concienciados y concienciadas, los diputados y las diputadas autonómicos y autonómicas andaluces y andaluzas que fueron elegidos y elegidas por nosotros y nosotras; para que la educación de nuestros hijos y nuestras hijas, niños y niñas de hoy, futuros y futuras adultos y adultas garantice que el día de mañana observen la igualdad de derechos entre todos y todas, hombres y mujeres andaluces y andaluzas y aún más allá, y hagan que aquellas no queden ocultas por la preeminencia de lo masculino en el idioma. Por supuesto que, a pesar de la aparente corrección, cualquiera puede criticar este último párrafo, porque en él antepongo los nombres masculinos a los femeninos, no sé si por visceral machismo o por simple descortesía.

A los pocos días de publicado el artículo de Pérez-Reverte, oí en un programa de radio a Carmen Lomana defendiendo el lenguaje inclusivo del desdoblamiento de las palabras de género. La verdad que me estaba haciendo un lío, porque siempre pensé y estudié que el adjetivo inclusivo se aplicaba al masculino cuando en su significado comprendía a los dos géneros. Vamos, que cuando decimos "vamos todos" nos referimos a todos: hombres, mujeres, niños y niñas. Pero no. Las feministas defienden un lenguaje que llaman "inclusivo" que resulta ser más justo, menos violento, un lenguaje no utilizado contra nadie como arma de exclusión y opresión en la sociedad; un lenguaje menos machista y masculinista neutralizando los usos del masculino singular al sustituirlos por otras expresiones o por la inclusión también del femenino singular en un gesto democrático y civilizado.

Y enrevesado, añado yo. El lenguaje no determina la forma de vida de la sociedad donde se desarrolla, sino que es producto derivado de los usos y circunstancias de esa sociedad. Es cierto que las palabras cuentan, que no son neutrales y que a veces dicen mucho acerca del pensamiento de quienes las pronuncian. Pero creo que es iluso pretender cambiar los defectos sociales, la invisibilidad de la mujer en el caso que nos ocupa, haciendo enrevesada la forma de comunicación entre las personas. Si del idioma dependiera habría menos machismo en los países de habla inglesa que en el nuestro y no estoy seguro de que sea así.

Me gustaría saber si la presidenta de la Junta de Andalucía, socialista ella, puesta dar visibilidad a la mujer, va a cambiar, y cómo, la letra del himno de su partido. Complicado me parece: «Arriba los pobres (y las pobres) del mundo/en pie los esclavos (y las esclavas) sin pan/alcémonos todos (y todas)… El día que el triunfo alcancemos/ni esclavos ni dueños habrá...(y aquí ¿qué añadir: "ni esclavas ni dueños" o "ni esclavos ni dueñas" o "ni esclavas ni dueñas"?)». Le sugiero una solución: hacer una letra para hombres y otra para mujeres y repetir cada estrofa cambiando el género. Remontándome a aquel lejano 23 de febrero de 1981, pienso que en el asalto al Congreso Tejero se anticipó al pensamiento feminista al no dar preeminencia al género masculino, cuando ordenó «¡Todo el mundo al suelo!» y más tarde el «¡Se sienten, coño!».

Por cierto, he titulado el artículo con el improperio de Pérez Reverte, "tontas de la pepitilla" en lugar del "tontos del ciruelo" para que no me tilden de machista.

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