17.10.2016 - Paco Rico, autor de 'El Quijote'

Los artículos de la columna de Pérez-Reverte en ‘El semanal’ y otros escritos suyos

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endeavour
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Mensaje por endeavour » Dom Oct 30, 2016 12:43 pm

Menuda película se ha montado. Pero seguimos sin resolver el problema del miembro y miembra. Yo ya no se si utilizar médico o médica, policio o policia, etc, etc, etc.

Y pienso que la Academia debe fijar en un sentido u otro. Ya.

Un saludo.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Lun Oct 31, 2016 5:38 pm

La singular batalla del capitán Alatriste contra “el género y la génera”
María Márquez Guerrero - blogs.publico.es - 29/10/2016

El debate mediático sobre el sexismo lingüístico se ha reavivado recientemente con las publicaciones de los académicos. Álvarez de Miranda, Pérez-Reverte, Gil Fernández y F. Rico. Sin entrar en la pelea cuerpo a cuerpo, con palabras que hieren como espadas, lo interesante es analizar si con estas intervenciones se produce algún tipo de avance en la clarificación de una cuestión que es relevante lingüística y socialmente, pues afecta a los modos de representación simbólica de más de la mitad de la población, esto es a su visibilización o su encubrimiento discursivos.

Las alarmas se dispararon con la utilización del femenino genérico por parte de la diputada de EH Bildu, Marian Beitialarrangoitia, durante la penúltima sesión de investidura de Rajoy. El profesor Álvarez de Miranda ('Nosotras venimos dispuestos', 'El País' 6/9/2016) manifestaba su estupor, recordando “evidencia tan indudable” como que el masculino es el género no marcado en español. Sin entrar en el análisis de los ejemplos aducidos, en el artículo no se tienen en cuenta la intención particular del acto de habla, ni el contexto, el Parlamento, donde se utilizaba la lengua en su función metalingüística como herramienta de acción política. Similar confusión entre los distintos usos, variedades y formas del lenguaje según los fines comunicativos está también en la base de los análisis de las 'Guías y documentos para un uso no sexista del lenguaje', que, recordemos, no van dirigidas al uso cotidiano, sino a la Administración y a los medios de comunicación ("lengua cultivada", J. C. Moreno Cabrera).

Lo cierto es que se desconocen profundamente los consejos de estas guías, pues la parodia que han sufrido por parte de ciertos ilustres escritores y académicos ha conseguido confundirnos completamente, tergiversando sus legítimas reivindicaciones. Por supuesto, como ocurre con todas las corrientes de pensamiento, movimientos ideológicos o culturales, también la lucha contra el sexismo lingüístico ha generado su propio fundamentalismo. Baste con mencionar la 'Guía sobre comunicación socioambiental con perspectiva de género', publicada por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. Resultan grotescas la tentativa de sustituir "futbolista" por "persona que se dedica al fútbol", o la de reescribir las legendarias palabras de la madre de Boabdil cuando éste pierde Granada. Aunque es una excepción de entre el conjunto de guías que puede consultarse, sin embargo, ha sido la más difundida, una verdadera joya para enturbiar el debate y generar polémica.

Salvo excepciones desafortunadas, las guías no cuestionan el uso, sino el abuso del masculino genérico; todas condenan las indiscriminadas e interminables duplicaciones y, por supuesto, cualquier medio que, so pretexto de combatir el sexismo, no haga otra cosa que exaltar las diferencias y perpetuar los estereotipos. En estos documentos, se apoya la creación de femeninos específicos, que, por cierto, es una tendencia general desde los orígenes del idioma, donde no existían, por ejemplo, las formas "señora, infanta, parturienta, trabajadora" etc, a pesar de que al siempre audaz capitán Alatriste, habitual en estas lides, un sustantivo como "jueza" le parezca una extraña y refinada “perla”. En todos los casos, estos femeninos específicos afectan exclusivamente a los sustantivos con referencia personal, nunca a los sustantivos con referencia inanimada o a los adjetivos, pues solo sobre el sustantivo recae el peso de la identificación referencial.

Pues bien, a pesar de la racionalidad de estos consejos, las parodias -siempre ingeniosas y con mucha frecuencia ácidas e hirientes- han hecho desfilar ante nuestra imaginación lobos machistas, “feminazis” “imbécilas”, “soplapollas y soplapollos políticamente correctos”, “jóvenes y jóvenas votantes y votantas”, y, en algún mal “dío”, una “mana” tonta buscando su “turna” en este festival de “el género y la génera”. Y claro está, entre tanto ruido, el temor ha generado sus monstruos, por ejemplo, el de una abrumadora variación lingüística, desatada y caótica, que terminaría por romper nuestro idioma. Afortunadamente, esa ilimitada libertad creativa solo existe en la ficción…, y en el corazón de algún Humpty Dumpty que todavía cree que vivimos en el país de las maravillas, donde el significado y la forma de las palabras pueden acomodarse alegremente a nuestros deseos. Al contrario, el carácter convencional del lenguaje implica que la lengua no pueda cambiar por la voluntad libre y consciente de ningún individuo o grupo, ni, por tanto, tampoco a golpe de decretos o mediante lecciones magistrales. Luego el espanto del capitán Alatriste, y de otros ilustres escritores y lingüistas, no pasa de ser un miedo irracional, como el que sobrecoge en la noche a Don Quijote y a Sancho Panza, cuando oyendo el ruido acompasado de los batanes lo identifican con el estruendo de los pasos de algún terrible gigante. Tal vez, como don Quijote, el capitán Alatriste busque una grandiosa aventura que resucite la edad dorada de las letras… Sin embargo, en la tranquilidad del amanecer, los desdobles que le quitan el sueño son tan inofensivos como los rústicos batanes.

De hecho, el propio Pérez-Reverte los utiliza cuando quiere designar con total claridad y precisión la referencia deseada. Y no me refiero a su artículo 'No siempre limpia y da esplendor', donde están traídos paródicamente, a modo de cita hiriente vuelta contra sus adversarios, “algún tonto del ciruelo y alguna talibancita tonta de la pepitilla”. Me refiero a otros artículos suyos, como, por ejemplo, 'Esas jóvenes hijas de puta', donde trata de visibilizar la violencia femenina a raíz del suicidio de una chica a la que varias compañeras “amenazaban con esa falta de piedad que ciertos hijos e hijas de la grandísima puta […] desarrollan ya desde bien jovencitos”. Aunque utiliza desdobles en algunas otras partes del artículo (“El silencio de los borregos, o las borregas, que nunca consideran la tragedia asunto suyo, a menos que les toque a ellos”), no necesita repetirlos continuamente haciendo farragosa su prosa, basta con que especifique una vez (y lo recuerde alguna más, si es muy largo el texto) para que la referencia esté claramente identificada. Ya en el resto del artículo, el masculino cumple a la perfección su cometido de género no marcado capaz de una referencia global. Lógicamente, dado el marco cognitivo al que remite el texto (la violencia en nuestras sociedades), si el articulista no precisara con desdobles, los lectores interpretaríamos automáticamente que el masculino hace una referencia específica, solo a varones. Por tanto, su artículo es un ejemplo de lenguaje no sexista que muestra cómo los desdobles son absolutamente necesarios en ciertos contextos, sólo afectan a los sustantivos con referencia personal, y no dan lugar necesariamente a una prosa machacona que atente contra el principio de economía. Al contrario, el mensaje llega sin ambigüedad, claro y transparente, cumpliendo con las exigencias de precisión y eficacia de nuestra comunicación.

Con su artículo, el capitán Alatriste muestra que no hay ningún problema lingüístico, nada inquietante que afecte a la relación de la lengua con el pensamiento y la realidad. Que más bien se trata, como decía Coseriu, de un problema de la razón consigo misma y, en última instancia, de la voluntad de visibilizar o de encubrir ciertas presencias. No extraña que, consciente de lo necesarias que son la claridad y la precisión para que todas y todos se sientan incluidos, en el programa de la Sexta Noche, Pérez Reverte se dirigiera a “los lectores y lectoras” ante quienes promocionaba su nuevo libro. Y es que, a veces, los problemas los genera la propia razón y se dirimen con el corazón.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Nov 23, 2016 6:48 pm

La revolución feminista de las palabras
Mar García Puig - eldiario.es - 22/11/2016

Ellas y ellos, vecinas y vecinos. Exageración o infravaloración. Histéricas o machos. Han sido multitud las polémicas que se han generado en torno al lenguaje no sexista desde que en 1973 la lingüista norteamericana Robin Lakoff planteó una primera reflexión sobre la inequitativa relación de hombres y mujeres con el lenguaje. La última que hemos presenciado en el ring mediático ha sido entre Arturo Pérez-Reverte y Francisco Rico, quienes, con la excusa de debatir sobre el lenguaje sacaron a pasear sendos egos, quedando patente que ninguno de los dos académicos carecía de él.

Hablando de egolatría, hablemos de la Real Academia Española y repasemos la capacidad de los detractores del lenguaje no sexista de ignorar reiteradamente los más de cuarenta años de lingüística feminista y sus aportaciones, tanto desde la academia como desde el activismo. Una ingente y como mínimo interesante bibliografía es ninguneada por la Real Academia al completo en un alarde de autoridad necesitada de defender su feudo. Con cierto tufo machista, por cierto.

En realidad la Academia incurre en una negación de la lingüística general del último siglo, y se olvida en sus debates de citar las teorías lingüísticas posteriores al estructuralismo, que han mostrado cómo el lenguaje no sólo refleja sino que desempeña un papel protagonista en la creación y perpetuación del sistema social. En palabras del lingüista británico JL Austin, “se hacen cosas con las palabras”.

De hecho, también a través del lenguaje podemos resistirnos y subvertir el orden establecido. Aunque Pérez-Reverte no lo crea. Al contrario, afirmaba hace poco en una entrevista que si la sociedad es machista la Real Academia debe reflejarlo. Resistamos y subvirtamos pues, a pesar de Pérez-Reverte. Y recordémosle aquella frase de la Premio Nobel Toni Morrisson “el lenguaje opresivo hace más que representar la violencia, es violencia.

Porque los seres humanos no estamos a merced de la lengua de forma pasiva, nuestro lenguaje tiene consecuencias en todos los ámbitos del patriarcado. Hace no tantos años los crímenes machistas eran despachados por los medios de comunicación como crímenes "pasionales", un término que remitía a la esfera privada y que conllevaba una fuerte carga semántica de inevitabilidad y enajenación. Posteriormente pasamos a hablar de "violencia de género", explicitando así que se trata de una violencia marcada por el sistema de género. Hoy en día las feministas luchamos para que se le llame "violencia machista", de forma que se explicite en el propio lenguaje la causa y el enemigo a batir.

Pasional, de género, machista. El lenguaje se rebela, avanza y lucha aunque la resistencia y subversión no sean bien recibidas por los guardianes del orden. Lo muestran en infinitas columnas y espacios ridiculizando y caricaturizando las propuestas del lenguaje inclusivo, las propuestas para visibilizar realidades que afectan a las mujeres, como el feminicidio, como las familias monomarentales, ¿o debería decir monomaternales? Rechazan toda apropiación social del lenguaje, arrogándose el papel del experto: la lingüística es una y coincide con mi discurso, lo que se aparte de él es científicamente disparatado. La gramática prescriptiva que practican se disfraza de neutralidad, cuando en realidad está impregnada de la ideología de la superioridad masculina y la diferencia sexual.

Así sucede, por ejemplo, en el tan debatido masculino genérico. Diversos estudios de psicología social han medido el impacto de las formas masculinas consideradas genéricas y muestran que hombres y mujeres tienden a identificar estas formas como masculinas, y que por tanto las tan cacareadas afirmaciones del tipo “las mujeres se reconocen en el masculino genérico” no tienen ninguna validez científica. Robin Lakoff, Sara Mills, Julia Penelope, Dale Spender, Patrizia Violi y Mercedes Bengoechea y Eulàlia Lledó en nuestro país, son algunos de los nombres de las lingüistas que han trabajado la lingüística de corpus, el análisis del discurso, la pragmática o la sociolingüística, disciplinas fundamentales a través de las cuales se ha puesto en duda la pretendida neutralidad de la lengua.

Pero lo cierto es que pese a las mencionadas resistencias, el uso de un lenguaje no sexista se está extendiendo. En la esfera política comienza a ser común escuchar ciudadanía en lugar de ciudadano, diputados y diputadas, incluso en la bancada conservadora, que lo pronuncia como por inercia. El propio Pérez-Reverte hablaba hace poco del lector y la lectora. Tal vez el masculino genérico esté herido de gravedad. Por eso, conscientemente, apelamos a la necesidad de que los y las representantes políticas aprendamos de estos lenguajes construidos desde la opresión y apostemos por un lenguaje que no dé la espalda a nadie, verdaderamente inclusivo, que abrace a todos y todas por igual.

No nos engañamos, no creemos que podamos aspirar a un lenguaje libre de sexismo y completamente neutro, el lenguaje nunca lo es. Pero sí podemos y debemos aspirar a un lenguaje más consciente, que sea también agente del cambio del proceso transformador que estamos viviendo. Porque, como dijo Julia Kristeva, "¿cómo podemos concebir una lucha revolucionaria que no implique una revolución en el discurso?"

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