Iros a leer este hlo

Noticias, entrevistas, artículos y material diverso sobre Arturo Pérez-Reverte

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Re: Iros a leer este hlo

Postby Rogorn on Mon Jul 24, 2017 12:45 pm

El imperativo
Antonio Garrido - diariosur.es - 23/07/2017

De la misma manera que se puso de moda lo de juez-estrella corresponde hablar de académico-estrella. Me refiero a aquellos que tienen una proyección pública significativa, a los que aparecen con frecuencia en los medios de comunicación y en las redes sociales. No cabe duda de que a Arturo Pérez-Reverte le viene el calificativo como anillo al dedo. Periodista y escritor, no es lugar ni momento de comentar su obra. Ingresó en la RAE en 2003 y ha recibido muchos premios y galardones. En este año el Premio Rey de España de Periodismo, por citar un caso. Autor de un muy leído artículo en el suplemento dominical de Vocento desde 1993 es novelista de éxito. Arturo es el que ha levantado la liebre al escribir en la red que la RAE acepta el uso de la forma de infinitivo para expresar los enunciados de imperativo. La polémica está servida y quiero hacer unas precisiones.

Un error generalizado es que los académicos, tanto de número como correspondientes y honorarios, somos unos señores que manejamos el idioma a nuestro gusto y placer, por lo que la institución recibe dardos sin cuento en la diana del diccionario, de la gramática y de la ortografía. Nada más lejos de la verdad. La RAE tiene como horizonte el uso del idioma, uso sometido a unas reglas que deben ser respetadas; mucho más cuando el empobrecimiento del idioma es una constante lamentable en estas tierras. Decir 'amoto' es vulgarismo y no se considera correcto. La mayoría decimos 'moto'. Si cambiara el uso probablemente se aceptaría, con horror por mi parte.

Desde esta perspectiva es desde la que tenemos que analizar este asunto que tanta discusión ha provocado. Muchos se han rasgado las vestiduras y comparto la opinión del escritor antes citado cuando, con ironía, afirma que hay que ver la cantidad de hablantes que usan el 'idos' y el 'comed' en lugar de 'irse' y 'comer'. Los trabajos de campo, las encuestas directas, muestran todo lo contrario. El infinitivo, guste o no, ha ganado la batalla en el uso.

El imperativo hay que estudiarlo dentro de la modalidad, dentro de los actos de habla, por eso decimos que vamos a tratar de los enunciados imperativos. Antes quiero aclarar eso de modalidad. Se trata de la manifestación en el lenguaje de nuestra actitud ante el contenido de los mensajes. Las informaciones lingüísticas son de quien las produce y en ellas también están sus puntos de vista y hasta aspectos afectivos. Un mensaje tiene un contenido y un punto de vista. Así, «¿llegó Carlos?» posee una información y una posición. Todos usamos actos de habla, muchas veces en función apelativa, pero no solo de esta manera. Las formas gramaticales son diversas. En la página 3.123 de la 'Nueva gramática' hay ejemplos de lo dicho.

El imperativo es un modo verbal y también una clase de modalidad. Tiene sus formas pero es cierto que, según algunos gramáticos, las formas imperativas acogen formas de subjuntivo. Esto ha provocado largas discusiones que han llevado a distinguir entre oraciones exhortativas: «¡Vete ya!» y las optativas: «¡Que les vaya bien!», donde más que una forma rotunda se aprecia un deseo.

Lo cierto es que hay vacilación y la norma se ha ido ampliando. El lenguaje evoluciona. En el español antiguo se admitía el imperativo con pronombre anterior: «Las manos le besad», que aparece en el Cid. Hoy no se encuentran, aunque todavía queda en usos populares. En lugar de «póngame un kilo de patatas», encontramos: «Me ponga un kilo de patatas». El imperativo va unido a la perspectiva de orden, de recomendación: «¡Venid aquí!» Poco a poco o no, la forma del infinitivo ha ido enriqueciéndose, aunque hay un uso perfecto que es el infinitivo impersonal: «¡No tocar, peligro!» que no exige flexión, es de carácter general.

La sustitución se da en las formas imperativas acabadas en -d que se corresponden con la segunda persona del plural: ¡Comed! ¡Jugad! ¡Esperad! En lenguaje coloquial se escucha: ¡Comer! ¡Jugar!, muchas veces precedidos de a. ¡A comer!, lo que es perfectamente correcto en uso y norma. La -d desaparece cuando se añade un pronombre: ¡Callaos! y no ¡Callad-os! El uso ha ido imponiendo. ¡Callaros! ¿Quién no recuerda a la genial Lola Flores gritando: ¡Si me queréis, irse! y no ¡Idos! o el más frecuente ¡Marchaos! Los que no distinguen entre vosotros y ustedes no tienen este problema.

La RAE da fe de los dos usos y ahora el hablante tiene libertad. Personalmente distingo entre lengua hablada y escrita por lo que ¡irse! me parece excesivo en la escritura. Claro que es una opinión. Entramos en el terreno resbaladizo de los niveles culturales, de los registros personales, de los gustos particulares y, por supuestos, de los contextos. En Andalucía y zonas de Centroamérica y del Río de la Plata los infinitivos pronominales tienen ganada la batalla: ¡Callarse! ¡Sentarse! El tema se complica cuando hay modificadores: El asunto tiene su cosa.
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Re: Iros a leer este hlo

Postby Rogorn on Mon Jul 24, 2017 1:04 pm

Iros todos… a la RAE
Juan Pina - vozpopuli.com - 24/07/2017

¿Limpia, fija y da esplendor? “Fijar”, lo intenta. Como muchas personas se creen ovejas necesitadas de una autoridad lingüística oficial que pastoree hasta los balidos, pues sí, la RAE consigue en cierta medida “fijar”. Pero “limpiar” y “dar esplendor”, ni por casualidad. De un tiempo a esta parte, las decisiones de la Real Academia Española (RAE) son bastante controvertidas. Si en épocas pasadas su diccionario y sus normas pudieron ser un referente esencial para los hablantes, hoy sólo constituyen una opinión más. Cabe recordar que hay muchas fuentes privadas de autoridad académica en este campo, como el 'Diccionario de Uso del Español' fundado por María Moliner.

Personalmente, me parece preferible en cualquier ámbito del conocimiento, frente a un código santificado por el dios Estado, considerar una pluralidad de fuentes de autoridad. Corresponde a cada persona, en uso del atributo fundamental de su condición humana —la razón— considerarlas y decidir con criterio propio.

Qué latino, que francés, qué jacobino, qué estatista, es la infame pretensión de reglamentar hasta lo más natural, vivo y dinámico: el idioma. Un amigo argentino me contó que en su país, décadas atrás, se tenía por superior el habla rioplatense, adornada con ciertos ribetes de mayor oficialidad. A ver qué era eso de que alguien hablara en medios o instituciones importantes con la entonación y los localismos de alguna remota provincia, desvirtuando la lengua de Gardel. Ya puestos, habrían podido hacer cooficial el lunfardo, garantizando así el secreto de las comunicaciones frente a cualquier enemigo, pues resulta aproximadamente tan ininteligible por forasteros como el guaraní del vecino Paraguay.

Pero no hay que irse tan lejos. En España, Francia o Portugal siempre se procuró establecer una normativa lingüística basada en el habla de las élites capitalinas. En tiempos del primer ministro Cavaco Silva, la casta estatal lusa andaba muy preocupada por la creciente divergencia entre el portugués americano y el hablado en Europa y África. Tan formidable peligro se tradujo, cómo no, en la correspondiente dotación de dinero de los contribuyentes para su combate.

Ya que la RAE existe, ya que de ella se benefician, supongo, las redes clientelares de rigor, ya que nos cuesta un riñón —no sólo en los Presupuestos Generales sino mediante las innumerables aportaciones de otras administraciones públicas—, pues al menos debería hacer lo posible por pasar desapercibida. Por no molestar. Sería entonces, simplemente, uno de los ene organismos que maman del erario público aumentando la cuenta astronómica que nos presenta al cobro el amigo Cristóbal. Pero no. Últimamente, la RAE exhibe una impúdica querencia hacia los focos de la atención pública, y charco que ve, charco que pisa con garbo. Puesta a significarse cual niño en reunión de adultos, la RAE ya nos tiene acostumbrados a dar por válidas opciones que para muchos resultan monstruosas por su incorrección gramatical o por su vulgaridad. No aplica, en cambio, la misma generosidad a las voces procedentes de lenguas extranjeras, sobre todo si vienen del inglés, su archienemeigo. La Academia alimenta un nacionalismo lingüístico bastante demodé (adjetivo oficializado por Santa RAE, no se me sulfuren los más patriotas).

Así, la RAE ignoró adrede que “presidente” es un adjetivo ambivalente y al incorporarlo también como sustantivo habilitó un absurdo “presidente” masculino y el femenino “presidenta”, cuando lo lógico era asignar la misma terminación a ambos géneros. Hace poco, la RAE lanzó un ataque por sorpresa contra nuestras escasas pero necesarias tildes diacríticas, robándosela por ejemplo al adverbio “sólo” (yo paso de quitársela porque me parece útil, y por rebeldía). Ahora nos dice muy solemne que ya vamos a poder decir “iros” (pero no “tomaros” o “cambiaros”), concretamente desde el próximo otoño. Se ve que esto va por temporadas, como la moda. Así lo certificó el académico Pérez-Reverte la semana pasada al tuitear (sí, verbo admitido, no me quemen por hereje) que “lo correcto sigue siendo idos pero se registrará iros como de uso habitual”. Vamos, que el sanedrín del idioma decide qué es “lo correcto”, pero luego hace un guiño amable al populacho. Ah, pero a continuación dice el conocido escritor que la RAE es “notario” y no “policía” del idioma. Ya. Pues parece lo contrario, y así lo interpreta demasiada gente mientras la RAE silba complacida mirando al techo. Como a nadie le amarga un dulce, esta vetusta institución no se esfuerza nada en aclarar su absoluta carencia de autoridad oficial y de infalibilidad papal.

¿Cuál será el siguiente guiño campechano de la RAE? Por dar ideas, ¿qué tal el popular adverbio de cantidad “mazo”? El sector macarra apreciaría sin duda el gesto. Voces como “cocreta” y “amoto” también darían esplendor a una próxima edición de ese sesudo BOE lingüístico al que muchos seguiremos respondiendo con otro gesto: mostrarle sonrientes el dedo corazón en alto. Lo expreso así porque “peineta” carece aún de la acepción oficial correspondiente: ahí tiene usted otra sugerencia, señor Pérez-Reverte.

¿Saben ustedes cuál es la mejor academia de la lengua? La inglesa. A los contribuyentes les cuesta cero libras con cero peniques. Y a los hablantes, repartidos por todo el globo, no les supone injerencia alguna. Todo ello se debe a que no existe, ni falta que hace. El inglés, la lengua más extendida del planeta, carece de regulación. Seguro que eso ha contribuido a su éxito. El Estado refrena y entorpece cuanto toca, hasta los idiomas.

El lenguaje es un orden espontáneo. Los idiomas pertenecen a sus hablantes y éstos cooperan de forma voluntaria, natural y descoordinada para entender y hacerse entender. Importan sin complejos palabras extranjeras. Acuerdan de forma dinámica, práctica y generalmente inconsciente las expresiones, los neologismos y las construcciones sintácticas que necesitan. Lo hacen a la velocidad del rayo y los diccionarios van a la zaga. No hacen falta burócratas de la lengua. No necesitamos un “notario”, señor Pérez Reverte, al menos no uno oficial. Que haya cuantos surjan, pero privados y autofinanciados. Mientras tanto, como ahora ya “se puede”, yo les digo a nuestros doctos y sesudos académicos: “iros todos… a la RAE”.
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Re: Iros a leer este hlo

Postby Rogorn on Fri Jul 28, 2017 8:30 am

La Real Academia impone la Real Gana
Matías Vallés - laopiniondezamora.es - 26/07/2017

Arturo Pérez-Reverte se ha investido portavoz de la Real Academia a la que pertenece, para sentenciar la equivalencia y por tanto el carácter intercambiable de las letras erre y de. La sustitución empezará de momento por la palabra "idos", que también puede escribirse "iros". El encogimiento del alfabeto puede conducir a barullos inesperados, cuando la riqueza que atesora el castellano deba expresarse con solo diez letras.

Pérez-Reverte es el último español que se emplea sin pelos en la lengua castellana. No sorprende tanto su dócil aceptación de un "iros" impuesto por los indoctos a quienes aporrea por sistema, como la articulación avergonzada de su concesión. En opinión del académico, "la RAE es notario de cómo hablamos, no policía". Olvida en primer lugar que los notarios están encorsetados por una normativa todavía más rígida que las fuerzas del orden. Y sobre todo, nadie que lea al novelista cuando defiende el castellano concluirá que se encuentra ante un vulgar registrador de la propiedad lingüística sin voluntad ejecutiva.

Si el académico más combativo retrocede sin pudor, la Academia entrega hasta las enaguas al proclamar oficialmente que "el diccionario no autoriza el uso de las palabras, sino que lo refleja". Aparte de que el espejo sirve una metáfora más correcta que el notario de Pérez-Reverte, la RAE de Poncio Pilatos se despoja precisamente de su autoridad, para incumplir desde la barbarie sus Estatutos. En el primer artículo de un texto legal y notarial firmado por el entonces rey, se adjudica al colectivo de eminencias la labor de "establecer y difundir los criterios de propiedad y corrección del idioma".

Que se sepa, un espejo no "establece" cuál es la figura correcta que se le coloca enfrente. La superficie azogada tampoco determina "criterios de propiedad", y mucho menos se pronuncia sobre la "corrección" de la imagen colocada ante sí. Por tanto, la RAE no solo incurre en papanatismo especular al identificar "idos" con "iros". En las excusas, traiciona sus principios fijados en la ley, algo que no puede permitirse un notario.

Convertida al guirigay asambleario, la institución declina el rango académico. Pasa de RAE a RGE, la Real Academia impone la Real Gana, mucho más española que la pretensión científica. La necesidad de ser guay, por utilizar otra palabra aprobada por el Colegio de Notarios Léxicos que no Legales, no ha llevado a los inmortales a rebajarse a nivel de calle sino de alcantarilla. Habla castellano como puedas, o como pueras.
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Re: Iros a leer este hlo

Postby Rogorn on Mon Jul 31, 2017 8:14 am

Tormenta de verano
María José Rincón - diariolibre.com - 25/07/2017

Érase una vez en que los largos y tórridos veranos españoles solo se veían sacudidos por algún que otro fichaje futbolístico. Este verano la responsable ha sido una decisión de la RAE. La ha liado el acádemico Pérez-Reverte por adelantar en Twitter que la Academia va a «aceptar» que el imperativo de segunda persona del plural del verbo ir se pueda conjugar como "iros" además de en su forma normativa "idos".

Lo de las Academias es como una condena. Si proponen cómo hay que decir las cosas son clasistas, anticuados, puristas, dinosaurios, carcamales y qué sé yo cuántas cosas más; si documentan usos establecidos hace mucho tiempo, incluso entre personas cultas, son facilones, blandengues, traidores, suma y sigue. La cuestión es que nunca llueve a gusto de todos. Hace tiempo que las Academias tratan de transmitir a los hablantes que su papel no dista mucho del de notarias de la lengua y, en todo caso, de orientadoras de aquellos hablantes, y solo de esos, que quieran ser orientados; son los hablantes los que mandan y, en última instancia, los responsables del buen uso o de la ruina del idioma.

Muchos de esos que cuestionan acremente el papel de las Academias son los que, como bien dice mi colega paisana, por filóloga y por sevillana, Ana Parrilla, son los que después ponen la coma entre sujeto y predicado o, añado yo, se olvidan de la coma del vocativo. Y no olviden que es un detalle gramatical que solo afecta al español de España, y solo en parte, porque en América cuando tenemos que mandar a algunos a alguna parte nos despachamos con un "¡váyanse!"
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Re: Iros a leer este hlo

Postby Rogorn on Mon Jul 31, 2017 8:17 am

«Iros a buscar cocretas»
Francisco Ríos - lavozdegalicia.es - 29/07/2017

«Pues si la Academia ha aceptado "iros", no sé qué tiene de malo "fúrbol"». «No le detenemos por eso, señor Villar». El diálogo, evidentemente apócrifo, es una muestra del nivel del debate en las redes sociales sobre la decisión de la Academia de aceptar "iros" como variante de la segunda persona del plural del imperativo de "irse". El trato que recibe en esos ámbitos cualquier decisión de la RAE, desde la que es de cajón hasta la más discutible, es inmisericorde. Un tuit, no muy sobrado de elegancia, sintetiza lo ocurrido estos días: «1. La RAE dice que la forma correcta es idos. 2. La gente pasa de su culo y dice iros. 3. La RAE acepta iros. 4. La gente se enfada». Algunos críticos con la Academia se sienten aludidos y se enojan de nuevo porque, aseguran, ya antes usaban "idos". Algún observador perspicaz advierte en Internet que, por fin, muchos hablantes empiezan a decir "idos" en vez de "iros". En la misma línea, pero pasando de la ironía al humor, otro atribuye a la Academia un tuit en el que esta revela que todo era una broma y que el objetivo era ver si la gente se enteraba de una vez de que la forma correcta es "idos".

Uno de los temas recurrentes para atacar a la Academia es la supuesta inclusión en el Diccionario de "cocreta", que nunca estuvo allí, ni está, ni es previsible que llegue a entrar jamás: «Normal que la RAE acepte "iros", "cocreta" y "murciégalo". Para empezar aceptaron a Pérez-Reverte». A otro que agita la cocreta le responde un tercero que el Diccionario no registra esa voz, pero el enmendado tiene la última palabra, aunque con peculiar sintaxis: «Cierto, era "almóndiga", es que ya, al final, uno se lía, pero vamos que para la primavera la tendremos». Más gracia tiene el autor de este diálogo, aunque sin dejar de tropezar en las cocretas: «¿Diga?». «¿Es usted Seño Matilde, profesora de lengua en el 87?». «Sí, ¿quién es usted?». «¿Recuerda aquel cero por poner “Iros a buscar cocretas”?». Un repaso final a los pronunciamientos de lingüistas espontáneos disgustados por la manga ancha de los académicos: «La RAE acepta “Haber si me muero”»; «La RAE acepta las sandalias con calcetines»; «La RAE acepta “Emosido Engañado”».

Qué pena que no se aprovechen más estos espacios públicos para el debate sereno, donde se aporten argumentos y reflexiones. Claro que para eso hay que tener opiniones fundadas y razonamientos sólidos.
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Re: Iros a leer este hlo

Postby Rogorn on Mon Jul 31, 2017 8:24 am

Cambios en el diccionario: más allá del populismo en la palabra
Guillermo Garabito - abc.es - 30/07/2017

Ser académico va a terminar convirtiéndose en un cargo de alto riesgo. Sobre todo los días que la RAE anuncia la actualización del Diccionario o la aceptación de neologismos. Un académico, más que «un señor que al morir se convierte en sillón», va terminar siendo un señor con dietas simbólicas por peligrosidad en las redes sociales. Desde que en las Terceras de este periódico no aparece el atinado «Dardo en la palabra» de Fernando Lázaro Carreter las palabras de uso dudoso están algo más huérfanas. Y las que se empleaban incorrectamente siguen esperando aclaración. Tenía el académico, que ocupaba el sillón «R», una vocación de escuchar a la calle y dar esplendor al habla.

La Real Academia Española acaba de devolver el interés de aquellos dardos por el idioma al gran público en general y al tuitero en particular. Lo hace cada ciertos meses con alguna decisión polémica que, en ocasiones, resulta más ritual que necesaria. Y es entonces cuando todo el mundo parece tener entusiasmo de lingüista. «A mí me gusta esta proliferación de opiniones, porque significa que la gente se preocupa por la lengua», asegura Luis Mateo Díez.

En esta ocasión fue el académico Arturo Pérez-Reverte el encargado de que ardieran las redes al descubrir que la RAE había aceptado como «uso habitual» la forma «iros» como imperativo del verbo ir, complementariamente a la conjugación hasta ahora correcta: «idos». Pero el «idos», aseguraban muchos académicos, sonaba artificial. Esta nueva decisión estuvo impulsada en el seno de la Academia por los novelistas principalmente, explica Díez. «Este caso es muy bonito porque es muy peculiar. No hubo unanimidad, hubo mayoría que en los plenos ya es bastante. Pero sí, había contrastes entre novelistas y lingüistas. La academia habla de muchas cosas y se suscitan formas, modos, palabras y usos sobre ellos. Esto partió más de los narradores, o mostramos más acuerdo. Veíamos que hacíamos un uso muy explícito de "iros". No estaba mal aceptar esa alternativa, que tiene un uso y no se ve especial rareza. Yo lo suscribo, porque yo digo "iros". La Academia debe velar por la corrección, pero debe tener cintura. "Iros" me parece más rotundo en el imperativo, la “r” establece más rotundidad. Los escritores a veces encontramos matices especiales. Los lingüistas muchas veces son más del uso que de las normas», zanja el académico.

Con los novelistas de la docta institución como protagonistas del asunto, se hace necesario preguntar a otros escritores que trabajan en el sillón de su casa -sin letra mayúscula o minúscula- y más allá de los muros de la Academia. «Aunque cada escritor escribe como puede». Juan Gómez-Jurado es de los que piensa que la decisión ha sido un acierto. «La forma "idos" era, de hecho, una forma artificial, imperfecta, poco natural. Y para eso está la RAE. Para pulir la lengua, incluso cuando nos suena mal al principio». Pero ante tantas polémicas y la pregunta constante sobre el verdadero papel de la RAE más allá del sacrosanto lema «Limpia, fija y da esplendor», se pronuncia el exministro y escritor César Antonio Molina. «La Academia debería también combatir esta ola de populismo en todos los campos que nos invaden y ser más firme en sus principios. La democracia igualmente se defiende desde la Cultura. La toma del poder por parte de algunos se hace basándose en la demagogia que crean las mentiras a través de las palabras. La Academia nunca debería bajar la guardia y entregarse a la confusión y a los guiños de quienes jamás la respetarían».

Al tema del populismo retorna el escritor Juan Manuel de Prada a raíz de los últimos mandobles en la Academia. «Suelen ser decisiones populistas. Llevan mucho tiempo instalados en el halago fácil al hablante poco escrupuloso y a quien tiene dificultades para respetar las reglas ortográficas. Han adquirido la dinámica en la que han entrado los estudios y el sistema educativo, igualar por abajo. Basta ya de atribuir solamente el populismo a Podemos». Tira de anecdotario el columnista de 'ABC' para recordar que «en un congreso sobre la lengua española, de esos que se organiza para que los zampones cada tiempo puedan llevarse la pasta del erario, Gabriel García Márquez pidió esto de simplificar normas ortográficas y el Nobel colombiano fue calificado de populista. En aquel momento se le consideró un “montonero” de la literatura y ahora esto se ha convertido en normativo. Actualmente todos los académicos lo defienden. Es el afán de congratularse con la época». Por esas lindes reside el centro de una cuestión compleja. La cuestión no es otra más que si la lengua es como un niño, con dos opciones: O educarlo o dejarlo evolucionar a su libre albedrío convirtiendo en normal algunos de los comportamientos más extendidos.

La RAE lo mismo le despoja de acento a la palabra «guión», que se lo quita a los pronombres demostrativos o al adverbio «sólo». Y se hace indisoluble la pregunta de si la incorrección es el camino para la corrección. Aceptar esos errores porque se encuentran muy extendidos. Simplificar las normas ortográficas para aquellos que no saben distinguir. Entretanto, cada cierto tiempo la piel de toro de esta España vacacional se vuelve tan fina como el papel de fumar y se ofende y se escama por los nuevos términos incluidos en el DRAE: porque siempre hay que ofenderse por algo.

Plataformas de recogidas de firmas multiplican sus visitas con frecuencia al crearse una campaña para pedir el cambio del significado de este o aquel término. «Madre», «muslamen», «gitano», «judiada» y otras tantas acepciones. «Para hacerse los modernillos cogen palabras del argot que quedaron desfasadas hace veinte años. Pero esto es más irregular. Mientras, en estas “plebeyizaciones”, se les nota mucho el plumero. En lo de los neologismos son más erráticos», defiende Prada.

Por su parte, los extranjerismos, en este lenguaje globalizado se van infiltrando en el DRAE. «En líneas generales casi todos los extranjerismos son perfectamente sustituibles. Más que nada cuando se cogen palabras extranjeras es simplemente por desconocimiento del idioma», concluye el escritor de Baracaldo. Los extranjerismos como una moda para conversar con cierto relieve y pompa. Como en el vídeo que circula por las redes sociales donde dos amigos hablan de su trabajo, sus puestos y su rutina y mantienen la conversación a base de anglicismos para darse relevancia -porque claro, decir CEO, siempre tiene más boato- pero cuando un extranjero les pregunta el camino al baño ambos demuestran no entender ni papa de inglés. «No cabe, pues, optar por decisiones tajantes, pues casi nada es tajante y neto en la vida del idioma… Sólo cabe prevenir contra el extranjerismo superfluo», recordaba con magisterio Lázaro Carreter.

A falta de nuevos dardos luminosos no queda más remedio que volver siempre a «El dardo en la palabra». A este volumen como «una lección de periodismo que vale por todo un libro de estilo», según sentenció Umbral. «El dardo en la palabra» como un «nuevo Don quijote. Certero divertido y valiente». «Sin embargo, lo natural en el lenguaje, como en todo, es cuanto el hablante ha integrado en su persona para construirse como individuo», afirmaba Fernando Lázaro Carreter.

El periodista chileno Óscar Contardo resolvía en sus redes sociales que lo de «iros» era un debate «muy peninsular. Acá no hay duda, decimos váyanse». Luis Mateo Díez está de acuerdo: «Muy cierto, pero la Academia navega mucho sobre la realidad de la lengua. Y esta es una lengua infinita, tan matizable tan matizada». El trato de usted en España, como uso general, sonaría extraño. Tampoco vale la gramática parda de Lola Flores, cuando dijo aquello de «si me queréis, irse». En ese afán renovador de los señores académicos respecto al DRAE, convendría recordar palabras de García Márquez sobre los diccionarios. «Todo diccionario de la lengua empieza a desactualizarse desde antes de ser publicado».

El Nobel fue quien en Zacatecas sugería: «Simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes (...) Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?». La lengua sigue viva. Siempre estaremos a tiempo de reescribir la historia y los libros sin acentos. Incluso de darle la razón a la RAE.

Las polémicas por acepciones que molestan a minorías, a géneros o usos que se reciben con controversia acompañan al DRAE. Bastan unos ejemplos para hacer memoria.

Judiada: (En su definición coloquial) «Mala pasada o acción que perjudica a alguien». Pero también «Multitud o conjunto de judíos».

Madre: (En su primera acepción) «Mujer o animal hembra que ha parido a otro ser de su misma especie». Pero también «Mujer que ejerce las funciones de madre». Unos cuantos famosos hace unos meses decidieron pedir a la RAE el cambio de esa definición por algo más tierno.

Hobby: «Actividad que, como afición o pasatiempo favorito, se practica habitualmente en los ratos de ocio». (¿Porque usar pasatiempo resultaba menos glamuroso?)

Hipervínculo: Enlace.

Hacker: Pirata informático. (Pero pirata quizá sonara decimonónico y tuviera reminiscencias a Espronceda.)

Almondiga, chapuzar, conceto u otubre son algunos usos aceptados por la RAE. No está, ni se la espera, la «cocreta»

Hay decisiones de la RAE que algunos editores llevan la contraria. Diego Moreno, editor de Nórdica, afirmaba que «al principio decimos seguir la norma de la RAE de no acentuar el adverbio sólo pero desde enero de 2013 hemos vuelto a poner el acento porque quitarlo era como empobrecer la lengua». «Que vamos perdiendo tildes… ¡pues vamos perdiendo tildes!» Afirmaba José María Merino a 'ABC'.
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Re: Iros a leer este hlo

Postby Rogorn on Mon Jul 31, 2017 8:29 am

‘Iros’, la última polémica para una RAE que defiende la base científica de sus decisiones
Paloma Fidalgo - bez.es - 31/07/2017

Por qué iba a ser de otra manera. También a las peloteras sobre el idioma (pelotera: riña, contienda o revuelta, según el DRAE) se les da rienda suelta en el cuadrilátero de las redes sociales, con la cuenta de Twitter de la institución que limpia, fija y da esplendor como diana, y algún que otro académico avivando el debate a favor o en contra de las palabras que ésta admite, define y modifica en su ortografía.

Bueno, fundamentalmente lo alimenta uno: el escritor Pérez-Reverte, T para los compañeros de la Real Academia Española (RAE), sin duda la cara visible en Twitter de los 46 miembros de esta entidad que nació en el siglo XVIII y hoy le toma el pulso al español en su sede junto al Museo del Prado, en reuniones con una solemnidad digna de la Corte de Alatriste. Fue, precisamente, un tuit de Reverte, en el que anunció que a partir de octubre se admitirá ‘iros’ como alternativa a ‘íos’ o ‘idos’, el que desató el último de estos líos idiomáticos, con decenas de internautas defendiendo, para sorpresa de muchos, que las antiguas formas no pierdan protagonismo.

“La polémica en redes sociales creo que ha durado un día y ha sido estopa para echar al fuego, para continuar la discusión: lo mismo nos da un tema que otro”, y el hecho de que fuera anunciado por Pérez-Reverte “con sus ademanes teatrales” impulsó “la guasa y el cacareo”, observa la escritora María Folguera. “En las redes se forman revuelos por asuntos importantes y también por cualquier cosa, así que hay que darle una importancia relativa a lo que suceda ahí”, coincide el periodista Álex Grijelmo, aunque advierte de que “la RAE soporta ahora más presiones que nunca, no siempre con argumentos lingüísticos sino a veces incluso por razones gremiales y emocionales. La parte buena de eso es que a la gente le interesa mucho lo que pase con su idioma”.

La plataforma Change.org, la mayor del mundo entre las que impulsan peticiones sociales, viene canalizando últimamente muchas de estas presiones; sonada fue la recogida de firmas en su web para reclamarle a la institución que eliminase las acepciones 'sexo débil' y 'sexo fuerte'. O, a veces, son organizaciones las que piden cambios, como el Consejo Estatal del Pueblo Gitano, que solicitó eliminar la quinta acepción de la palabra ‘gitano’, que la expresaba como ‘trapacero, que con astucias, falsedades y mentiras procura engañar a alguien en un asunto’.

Tras ambos vendavales, una misma tensión: a un lado, quienes piden cambios argumentando que determinadas definiciones y acepciones de la RAE alimentan una imagen social negativa de aquello que definen. Al otro, la RAE, reivindicando su vocación descriptiva y no normativa, su método científico que, manejando los medios de comunicación, la música, la literatura o la ciencia, parte del análisis de bases de datos que recogen cómo se usa el español en la calle, en España y en América, donde vive casi el 80 por ciento de los hispanoparlantes -por cierto que a la RAE se la acusa también de centralista-.

“El problema no es de la Academia sino de la sociedad”, opina Grijelmo. “Es como si un periódico se negase a informar sobre Trump porque no le gusta lo que dice. Si en la historia del español hay expresiones machistas y un escritor las pone en boca de un personaje machista, cualquier traductor o hablante tiene derecho a esperar que el Diccionario le explique qué significan. El problema no son las definiciones, sino que hayamos construido esos significados. No actuemos sobre el espejo”. La paz suele reinar cuando se añade en el diccionario una coletilla del tipo ‘la RAE no recomienda su uso’.

Aunque, a veces, peticiones concretas se amplían a denuncias más amplias sobre la institución. Por ejemplo, a partir del reclamo sobre ‘sexo débil’ se realizó una campaña de denuncia de machismo en la RAE, donde, en 300 años, apenas entraron siete mujeres -la primera de ellas, Carmen Conde, en 1979-, lo que podría provocar una visión androcéntrica de la realidad.

“Es relevante el dato de cuántas académicas hay en relación con el total de miembros. Pero como esos puestos son vitalicios me parece más interesante manejar el dato del porcentaje de mujeres que han ingresado en la Academia en los últimos años”, puntualiza Grijelmo.

Eso sí, entre las etiquetas que se le cuelgan a la RAE, probablemente se lleve la palma la de conservadora. La Academia no introduce un término o una acepción a menos que haya constatado su uso extendido durante cinco años, y ese tiempo a menudo se nos hace largo. “No usaría el adjetivo ‘conservadora’ sino ‘prudente”, señala Grijelmo. “No debe de resultar fácil vivir en esa tensión de actualizar continuamente el Diccionario y a la vez huir del peligro de caer en la precipitación. El genio del idioma es lento, y se toma su tiempo para ofrecer alternativas a los anglicismos, por ejemplo. Pero si se le espera un tiempo, acaba ofreciendo ‘pincho’ en vez de ‘pendrive’, como pasó en su día con ‘canguro’ y ‘babysitter’, entre otros muchos casos”.

En el terreno de la tecnología, donde los avances van mucho más rápido que la RAE, es donde representa un mayor peligro la colonización anglicista, y para evitarla se ha ampliado el significado de ‘tableta’ o se han admitido ‘tuitear’ o ‘hackear’, buscando adaptaciones semánticas o asimilaciones fonéticas. Aunque posiblemente chirrían más otros anglicismos más injustificados como briefing, hacer una call, enviar un save the date…

“Los anglicismos me parecen menos graves, pero muestran nuestro enorme complejo de inferioridad. Son como un termómetro. Y el problema no es el termómetro, sino la fiebre”, opina Grijelmo. “Los eufemismos y la manipulación política del idioma están llegando a un punto ya intolerable”, entiende. “El idioma no cambia la realidad, pero puede cambiar la percepción de la realidad".

Con todo, el epicentro de estas sacudidas que provocan las decisiones de la Academia está en su propia sede, en el Salón de Plenos, adonde llegan a discutirse las propuestas de los académicos (Pérez- Reverte cambió la definición de grafiti, y Muñoz Molina, la acepción ‘marcar paquete’). Las broncas rebasan a veces tan dignas puertas, como cuando Francisco Rico y el propio Pérez-Reverte ajustaron cuentas en la prensa por sexismo, o como cuando se abrió una brecha entre lingüistas y escritores al decidir quitarle la tilde a ‘solo’. “Me parece imprescindible que exista un lugar destinado a cuidar las palabras, a observar su comportamiento, como la bióloga que le pone una anilla en la pata a un ave. Desde luego asistimos a un cambio de paradigma cultural, y una institución de origen ilustrado como esta tiene que estar a la fuerza desconcertada”, reflexiona Folguera.

Volvamos, a la línea de salida, a la red, porque la nube no solo es un espacio donde se sirve la polémica, también es un escenario que muestra el interés por el idioma. El año 2016 pasará la historia como aquel en el que se dispararon las consultas al DRAE, con un crecimiento del 58% respecto a 2015, hasta alcanzar 800 millones, gracias a las consultas (que no es lo mismo que visitas, una visita puede suponer varias consultas) en dispositivos móviles, teléfonos y tabletas. Y es que quizá hoy las nuevas generaciones lean menos, pero escriben más en correos electrónicos, whatsapp… “No puedo creer que Internet amenace al idioma, aunque lo transforme, igual que en su día sucedió con la imprenta, o mucho antes con la propia escritura. Lengua y herramienta de escritura se necesitan, se hacen la una a la otra. Aunque el cambio sea vertiginoso, y nosotros testigos”, remata Folguera.
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Re: Iros a leer este hlo

Postby Rogorn on Wed Aug 02, 2017 11:06 am

Imperativo legal
Anne Igartiburu - mujerhoy.com - 31/07/2017

En este caso hablo de la forma verbal imperativa, cambiada y aceptada por los que deciden hacia dónde va nuestra lengua. Ya lo decía el lingüista Saussure –a quien estudiábamos los alumnos de Filología hace años e, imagino, que lo harán ahora–: una cosa es la lengua, otra el habla y otra el lenguaje. Y es cierto que, cuando se mezclan, se cuestionan expresiones y modos que llevan a debate. Se mezclan usos y costumbres, que tienen que ver con lo más importante de un ser humano: su forma de expresarse, comunicarse con los que le rodean.

Corren aires nuevos en la lengua castellana y ha habido un cambio importante en la forma de conjugar el modo imperativo de la tercera persona en plural del verbo ir. Sí, está en los debates de las redes, en informativos y en las charlas de sobremesa. Y no es para menos, porque, normalmente, se intentan seguir ‘a pies juntillas’ las reglas de conjugación, y más en el imperativo que, a la hora de hablar, solemos decirlo mal por las prisas o por la mala costumbre. Y es que... ¡cómo nos ponemos cuando algo nos suena raro! Yo, al menos, pregunto rápido si no lo tengo claro e intento decirlo en alto: «Llamadle... no llamarle», «decidme.. no decirme». ¡Claro! Bien, pues lo dicho: ¡hay cambios!

Ya podemos invitar a aquellos con los que tengamos confianza a que se vayan –a donde creamos oportuno– de una manera nueva o, al menos, aceptada por la RAE. Porque el modo ‘iros’, ha pasado a ser aceptado. Cierto es que, como digo, lo utilizábamos antes de que la Academia lo aceptara como correcto, aunque sabíamos que no lo era del todo. A la hora de escribir, quizá, nos dábamos cuenta de que lo decíamos mal, pero al hablar, utilizábamos ese imperativo a nuestro gusto. Y ahora hemos sabido, de manera extraoficial, de la mano de un académico y escritor como Arturo Pérez-Reverte, que los sabios de la lengua de nuestro país han decidido que la costumbre se haga norma ante la extrañeza de muchos.

Pero es lo que tiene el uso repetido de una acepción, que cala hondo en el acervo lingüístico y puede más que cualquier regla gramatical. Hemos podido comprobar, por ejemplo, cómo la croqueta, algo tan nuestro, también y sobre todo, es cocreta. Y así un sinfín de acepciones que, poco a poco, cobran el uso evolucionado ganando el habla sobre la lengua. El uso cotidiano las convierte palabras nuevas, aceptadas y válidas sin vergüenzas ni tapujos.

¡Pero ay! ¡Con las conjugaciones hemos topado! Ahí hay quien pone el grito en el cielo, argumentando que los modos verbales no se deberían tocar. Pero parece que hay excepciones y, quién sabe si en un futuro, veremos más cambios. Así que los condicionales que corrijo –por lo mal que, a veces, conjugamos los vascos–, el laísmo que se me ha pegado en Madrid o cualquier otro modo de la lengua que cuido y utilizo ¿podrían variar por el uso? ¿Y quizá en un futuro podré decir «si tendría hambre, te pediría un bocadillo»? ¿O «la dijo que no la llamara más»? Y voy más allá, ¿ese subjuntivo que tanto cuesta a los anglosajones y tiene matices tan ricos para nuestra lengua podría con el tiempo perder su fuerza? Creo que no. Entonces, ¿cómo se sabe y decide que un tiempo verbal es sensible de ser modificado? ¿Aceptará la RAE el tan célebre «si me queréis, irse», de nuestra querida Lola Flores?

Comentarios jocosos aparte, lo cierto es que la lengua es algo serio, a la vez que vivo, y que pertenece a la identidad más esencial de cualquier pueblo. Pero también es cierto que, históricamente, ha evolucionado con el uso y que, en esa evolución, ha tendido a simplificar. Pero no por ello debería perder toda su riqueza. Veremos hacia dónde nos lleva todo esto, y mientras tanto, ‘permitíos’ la licencia de disfrutar de las expresiones cuidadas e ‘id’ tomando nota de las novedades que llegan.
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Re:

Postby Xhatan07 on Sat Aug 12, 2017 3:21 pm

[url=http://www.rachat-de-credit-simulation.com/rachat-de-credit] crédit [/url][quote="Rogorn"]No puedo creer que esté de acuerdo con Reverte
Carmen Pacheco - revistavanityfair.es - 17/07/2017

Me preguntan si puedo escribir algo que exprese la indignación general por el último anuncio de la RAE: han aprobado "iros" como forma imperativa correcta del verbo "ir", junto a "íos" e "idos". "¡Pero si estoy de acuerdo!", protesto. La persona con la que hablo se sorprende: "¿EN SERIO?".
En mi interior, se abre un debate emocional. La genética legada por una larga línea de antepasados españoles toca una sinfonía esquizofrénica. El cuerpo me pide quejarme de la RAE, porque es esa autoridad incómoda e irrelevante a la que hay que criticar siempre. También me pide estar de acuerdo con ellos porque el anuncio huele un poco a rendición, y hay que celebrar la debilidad del enemigo. Pero claro, en Twitter hay una avalancha de gente protestando por el cambio y yo soy ese tipo de española que está siempre a la contra y [url=http://www.rachat-de-credit-simulation.com/rachat-de-credit] crédit [/url]a la vanguardia del odio. A punto estoy y todo de favear este tuit: perezreverte: "Ahora resulta que los que decían y escribían "idos" eran muchísimos y estaban todos en Twitter. Qué sorpresas te da la vida."

Imagino al resto de académicos parapetados tras sus sillones-letra, mientras mandan como siempre a Reverte a hacer el anuncio y lidiar con las hordas de Twitter. En estos momentos de confusión, siento simpatía hacia su ánimo kamikaze hasta que recuerdo que soliviantar al personal es su afición preferida.

Vuelvo a mi conversación: "¿Pero es que tú decías 'idos'?", pregunto a mi interlocutor. "¡Era lo correcto! No lo decía a menudo porque procuro no mandar mucho". Ahora sí que sí. Estoy viendo rojo. Por unos instantes, me crece bigote, me aparece un puro en el bolsillo, me llaman: que tengo reserva vitalicia en Casa Lucio. Ha ocurrido. Me he metamorfoseado en un señor. Y digo en voz alta la frase que más se ha oído en la península: «¡Es que la gente es la hostia!»

Resulta que unos pocos y yo llevamos toda la vida engañados, rodeados de gentiles hispanohablantes que, por supuesto, utilizan "idos", la forma correcta del imperativo, pero parecer ser que lo hacen en secreto. Lo susurran tan bajito que no se les oye. ¡Porque no quieren molestar! O es que prefieren usar fórmulas más corteses. Esos son. Los que te dicen "¿Querríais, por favor, iros a otra parte?". Y a ti se te queda el "iros" en la cabeza, pero claro, con su hábil treta lo han convertido en infinitivo y no se han saltado ni una norma. Te han echado a la puta calle, pero bien, con corrección, con total aprobación de la RAE. Y ahora su querida institución los ha traicionado. A Reverte le contestan al tuit que menuda gracia haber estado toda la vida aguantando risitas cuando ellos decían "idos". ¿Qué mérito tiene ahora? Se me parte el corazón. Si has escrito alguna vez ficción, entiendes su problema. Cuando un personaje tiene que echar a otros, no quieres que diga "¡idos!" porque pierde fuerza, y además queda caracterizado como el tipo de persona que habla correctamente. Es probable que eso no sea coherente con el resto de sus rasgos. Pero tampoco quieres que diga "iros" para ahorrarte la nota del editor y posteriores comentarios de los lectores. Así que generalmente optas por otra fórmula. Lo que no me esperaba es que la vida real estuviera llena de estos personajes. Los que anteponen la norma gramatical a la fuerza de su imperativo. Los que quieren quedar caracterizados como "personas que hablan siempre correctamente".

La ira revertiana se ha esfumado y se me ha quedado el cuerpo unamuno: da igual el bando de españoles enfadados que elijas; todo va a salir mal. Pareciera que el objetivo de cualquier cosa, desde la política a la gramática, fuera el conflicto en sí mismo. De unos años a esta parte la RAE se ha convertido casi en un meme cuya principal función es generar polémicas en Twitter. ¿O quizás el problema de la RAE viene de más atrás? ¡A lo mejor es eso! A lo mejor es que no hay que dar tanta relevancia a lo que los señores (más una mínima cuota de señoras aprobadas por los señores) opinen desde sus sillones. Quizá hay espacio de sobra para los que dicen "iros" y los que prefieren "idos". Dentro de muchos años la opción más débil quedará en desuso y nadie vivirá para atribuirse la victoria. Mientras tanto, permitidme que me despida con una cita. Es del músico y novelista Roberto Iniesta y dice así: "Iros todos a tomar por culo".[/quote]Puristas y todovalistas de la lengua han encontrado un nuevo frente: la palabra “iros”
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