Entrevistas con Arturo

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Postby Rogorn on Sun May 28, 2017 9:40 am

"Las redes sociales están llenas de gente con ideología, pero sin biblioteca"
lanacion.com.ar - 28/05/2017

En burdeles de Bangkok, lejos del olor a pólvora y el repiqueteo de las balas, hubo un tiempo en que el joven corresponsal de guerra les prestaba el oído a veteranos colegas. Entre copas y desahogos vivenciales, esos tipos curtidos por la barbarie, marcados por el desarraigo y la soledad, eran hábiles periodistas de trincheras. Siempre urgidos por llegar primeros para contarle al mundo cómo muta la vida bajo el asedio, a aquellos viejos reporteros los años de guerras "los hacían envejecer muy mal". Desorientados en tiempos de paz, la lucidez para interpretar el mundo en aguas serenas los hundía incluso en una suerte de vacío existencial.

Arturo Pérez-Reverte no quería terminar como ellos. Lo olfateó rápido, en esas tertulias de madrugada y cigarrillos entre historias de mil batallas: "El periodismo de guerra es bueno -dedujo- mientras uno sepa salirse a tiempo." Igual que cuando se renuncia a un amor que jamás llegará a buen puerto. Los años y las revueltas armadas se sucedían y el avezado corresponsal -firma descollante del diario 'Pueblo' y más tarde de la TVE-, no había urdido siquiera su retirada.

El reposo del guerrero, aquel que lo estrenó como novelista, sobrevino tras la guerra civil angoleña en los años 80: "Una enfermedad tropical, de las muchas que he tenido, aunque nunca una venérea", se confiesa, lo mantuvo meses en Madrid lejos del ruedo. Para matar el tiempo, por placer y divertimento, se impuso escribir una novela. 'El húsar', el soldado imberbe de la infantería ligera, ávido por entrar en combate y repeler a las huestes napoleónicas, pasó sin pena ni gloria. Tras el golpe de Estado en Túnez en 1987, al reportero lo acechó otro ímpetu literario: nació, así, de un tirón, 'El maestro de esgrima', una suerte de reescritura de las novelas de Dumas.

Aunque sin ansias de fama -después de todo, era un periodista de fajina, un outsider de las letras-, su tercer libro, tal vez, sosegaría su inventiva. Pero con 'La tabla de Flandes', éxito descomunal en toda Europa, se fraguaba el Pérez-Reverte novelista.

"Soy un escritor accidental, nunca tuve vocación de ser escritor", evoca este Athos de las letras, temido articulista y prolífico autor de 25 novelas imperecederas. El cartaginés exhibe los modos de un dandy. Conversa con paciencia de orfebre en un ámbito que desentona con sus recuerdos bélicos. Entre mármoles de arabescato, copas de cristal y una vista soberbia al Río de la Plata, el décimo piso del Hotel Alvear perfila, sin embargo, su presente como megaestrella literaria.

"Es un caballero, pero no es un caballero", dirá el rey Arturo, al citar a la actriz Gloria Swanson en un film de los años treinta, 'Esta noche o nunca', sobre su último personaje, Falcó. Una descripción elíptica que también proyecta (o deforma) al audaz ex reportero de guerra, al novelista encumbrado, marino insomne y díscolo académico de la Lengua, que una semana más tarde firmará parado y estoico ejemplares de su obra hasta que las velas se apaguen en la Feria del libro.

-Para saber quién es Pérez-Reverte y conocer sus vivencias en la guerra, ¿hay que leer 'El pintor de batallas'?
-Mi biografía está repartida en todas mis novelas, porque les presto a mis personajes la mirada que mi vida y mis lecturas me han dejado. Pero 'El pintor de batallas' es una novela autobiográfica. Tiene un cinco por ciento de novelesco: todo lo que cuento, lo que ocurre, las circunstancias, y hasta la mirada del protagonista, son reales.

-¿Por qué nunca volviste a abordar ese registro, entre filosófico y confesional, que para muchos es tu obra más deslumbrante?
-No fue una novela feliz; pero era lo que necesitaba escribir. Durante un año y medio ajusté cuentas con mis recuerdos. Usé los que no eran agradables, casi como un ejercicio de reflexión personal. Todo ese álbum de fotos oscuras en 21 años de guerra pesaba demasiado y pensé que escribiendo sobre eso ordenaría la memoria. Si 'Territorio comanche' había sido un libro más lúdico, sobre cómo se vive en ese mundo, 'El pintor' fue algo mucho más duro y profundo que decía: "Mirad cómo se ve este mundo". Esa gimnasia cumplió su cometido y a partir de allí mi vida como novelista cambió. Cerré una puerta y abrí otras. No hubo ni habrá otro libro igual. Escribo para pasarlo bien. Soy un escritor feliz, pero lo soy aún más cuando escribo las historias que quiero y que me faltan contar.

-Esa novela contiene una de las escenas sexuales más magistrales de la literatura contemporánea ¿Es un desafío abordar ese terreno?
-No, cada novela tiene su exigencia. En 'Hombres buenos' el almirante lee literatura erótica y hay mucha delicadeza. En 'Falcó', el sexo es más brutal. En 'El pintor' esa escena en Venecia es intensa, porque su historia de amor lo es. Intento que lo erótico esté en sintonía con el contexto general del libro. Jamás me autocensuro, aunque puedo equivocarme. Y muchas veces dejo que el lector complete las escenas.

-Olvido, el gran amor que acecha al protagonista, ¿existió?
-Ya no recuerdo si existió o no. Tampoco importa: vida y literatura son una misma cosa.

-¿Umberto Eco te marcó como novelista?
-No, fue clave por otras razones. Él entendía a la literatura como yo. Cuando empecé a escribir se hacían novelas aburridas; la trama no importaba pero sí el estilo. En la Argentina hay mucho de eso, escritores que no tienen nada que decir. Esa literatura onanista, vaciada de ideas, que se mira al espejo. ¡Y a mí qué coño me importa! Estaba escribiendo 'La tabla de Flandes' y al leer 'El nombre de la rosa' tuve la certeza de que no estaba solo ni equivocado: Que hace falta haber leído mucho para poder escribir. Que el teatro griego, Homero, Virgilio, Dante, Cervantes, Montaigne, Stendhal, todo es un mismo lugar y que 'El asesinato de Roger Ackroyd' de Agatha Christie es tan obra maestra como 'La marcha de Radetzky' de Joseph Roth. Es como cuando luchas contra un temporal: estás mojado, llevas días sin dormir, tratando de no perderte y, de pronto, ves un puntito en el radar. Otro velero con las velas izadas, peleando como tú. Lo ves, le mandas un mensaje de radio y luego observas cómo se va perdiendo en el temporal hasta desaparecer. Ahí te dices: "No estoy solo". Así me hizo sentir Eco. "No soy yo el raro, los raros son ellos."

-¿Cuál es el momento de mayor inseguridad al escribir?
-Cuando voy por la mitad de la novela. Te pongo otro ejemplo del mar: trazas un rumbo hacia el cabo Spartivento, y de golpe todo se va al carajo: no te funciona la electrónica, sólo tienes la carta náutica, el piloto automático y el compás. Calculas el rumbo, pero llevas navegando un día y ya no sabes si vas bien o vas mal, pero ruegas haber hecho bien los cálculos. Pasa igual en la novela: en la mitad dejo de verla desde afuera y pierdo la conciencia de la calidad de mi trabajo. "Espero haber hecho bien los cálculos -me digo-, porque ya no puedo ver si voy bien o mal y tengo que seguir." Ese es el momento de incertidumbre que, como todo, se sobrelleva con cojones.

-¿Nunca te hunde?
-Es estresante, claro, pero a mí no me hunde nada. Si no lo hizo la guerra, me hundirán los años, pero no la vida.

-¿Volverías a elegir esa vida?
-Sin duda. La guerra es una forja estupenda para quien sobrevive a ella. Esos años con libros en la mochila me ayudaron a interpretar la guerra, a digerirla de una manera intelectualmente razonable. Les debo todo. Sin eso, no sería escritor ni sería nada. Pero la guerra también es útil y sirve mucho para la paz. Te inyecta realidad en dosis muy intensas, y si tienes estómago y una buena constitución, la soportas. Ves lo peor y ves lo mejor. Gente solidaria que se sacrifica, que tiene fe, valor, dignidad, orgullo. La guerra tiene una parte horrible y una parte nutritiva para quien sabe o puede mirarla con lucidez. Pero si eres cirujano de casos extremos, abogada de mujeres violadas, bombero o policía, también te acercas al horror.

-¿Te dejó traumas?
-No visibles, al menos. Pero no todos logran sobrevivirla emocionalmente. Soy un tipo estable, duermo bien. Cuando los recuerdos se hacen demasiado presentes, cojo un libro o voy a navegar y todo se sitúa de nuevo en su sitio.

-¿La imaginación no basta para escribir, hay que vivir primero?
-Sí. Hice bien en priorizar eso. Yo quería ir a la guerra y navegar; ver cómo era eso. Siempre elegiría la experiencia. Escribir es secundario. Haber tenido una vida intensa te mantiene vivo como escritor. Muchos están muertos sin saber que lo están. Porque en la vida todo se agota. La ventaja es tener la mochila llena y seguir siendo lector, porque tus viejas lecturas se resignifican con tu biografía.

-¿La de los Balcanes fue tu guerra más atroz?
-En todas vi lo peor. En El Salvador daba la vuelta por los basureros y contaba siete cadáveres de niños atados con alambre, quemados con cigarrillos. En el Líbano vi matar prisioneros. Pero los Balcanes fueron muy fatigosos: tres años de continua barbarie.

-Nunca quedó claro si usaste armas.
-Sólo una vez, por necesidad, en el 77, en Eritrea. No me gusta contarlo. Fue una derrota devastadora. Las fuerzas etíopes atacaron, hubo una matanza y había que huir hacia la frontera con Sudán. "Toma un arma y búscate la vida -me dijeron-. No podemos cuidar de ti". Luchamos con un grupo para abrirnos paso hasta cruzar la frontera. No recuerdo si llegué a tirar. Sí que como iba armado, los sudaneses me confundieron con un mercenario y me encarcelaron una semana en Sudán. Además, tenía disentería; podría haber muerto. Si hay que ir al infierno, ya sé cómo es.

-En tus novelas asoma cierta mirada indulgente hacia aquel que comete atrocidades.
-No es eso. He visto a gente infame hacer cosas maravillosas y a amigos hacer canalladas. En Eritrea, durante los combates, me asignaron un soldado, Boldai, que me cuidaba cuando enfermé. Boldai atravesaba el fuego etíope para buscarme agua. Cuando su ejército tomó la ciudad, lo vi matar prisioneros y violar mujeres delante de mí. Sé cómo ellas gritan cuando las violan y cómo luego se resignan. Y ese tipo era mi amigo.

-¿Cuál fue tu reacción?
-Imagínate una ciudad ardiendo, llena de muertos, donde se remataban a los heridos y yo diciéndole al eritreo: "Oye, no, eso está mal". ¿Qué podía hacer salvo negarme a participar? Ellos insistían. Muy pocas certezas sobreviven a eso. No puedes pedirme que vea el mundo como alguien que no ha estado allí. Tampoco se lo puedes pedir a un ex combatiente de Malvinas. Otra cosa que he aprendido es que el remordimiento es muy raro y es fugaz. Por higiene mental, siempre se encuentra un justificativo para no sufrir. Y al final todo el mundo -desde aquel que va borracho y atropella a un niño al que mata para robarte el reloj- encontrará un pretexto para aliviar esas cargas en la conciencia.

-¿Cuáles son las tuyas?
-No te las voy a contar a ti. Más que cosas malas en mi vida como reportero fueron las cosas que podría haber hecho y no hice. Son imágenes que me revisitan y que, como todos, también necesito justificar: tenía que transmitir, no era mi guerra, me hubieran matado. Las chicas violadas que gritaban en Eritrea, ¿qué iba a hacer? Por poco me matan a mí también. Pero los gritos siguen aquí [se toca la cabeza]. El niño herido que me miraba en Nicosia [Chipre] con el oso de peluche; el chico en Paso de Las Yeguas [Nicaragua] que me pedía ayuda cuando diez tíos de Somoza se lo llevaban y lo iban a matar; el perro en Beirut con la pata rota. ¿Pude hacer algo? Hasta yo mismo me busco coartadas morales. Imagínate ahora al hijo de puta de la ESMA. Ninguno tiene remordimientos. Todos dirán que hacían su deber y cumplían órdenes.

-Un concepto muy revertiano, el hombre como ángel y bestia.
-Nadie es ciento por ciento hijo de puta. Hasta el más miserable es capaz de un acto de grandeza, lo cual no lo excusa de ser un hijo de puta. Mira, en el año 78 viajé a la Antártida en un barco de la Armada, el 'Bahía Buen Suceso', hundido por los ingleses después de la guerra de Malvinas. Era un viaje científico a las bases argentinas y ahí conocí a varios oficiales jóvenes encantadores de la marina. Tipos elegantes, brillantes, divertidos y nos hicimos muy amigos. Me daban información, viajamos a varios sitios y cenábamos en la Costanera. Algunos fueron mis contactos durante la guerra de Malvinas. Años después, abro el periódico y reconozco sus fotos. El titular decía: "Detuvieron a los represores de la ESMA". Eran Ricardo Cavallo, a quien conocía como Marcelo, y otros. Esto demuestra que no siempre identificas el mal cuando lo tienes cerca. Y eso que soy experto en detectar hijos de puta. A éstos ni los olí.

-¿Cómo fue tu experiencia en Malvinas?
-Cubrí la guerra desde Buenos Aires, me quedé seis meses y una vez me llevaron en un Hércules a Puerto Argentino por el día. Mi experiencia no fue halagadora para la Argentina. Vi chicos desorientados en una guerra imposible de ganar. Recuerdo menos el hecho de haber estado en las islas aquel día que lo que sucedía aquí. Trasmitía cada noche para el diario 'Pueblo' desde un Entel de la calle Florida y días antes del fin de la guerra venía por la calle y oí que en los bares todos gritaban goool. Mientras los chicos están muriendo -pensaba-, éstos celebran el gol de Maradona. Ese día comprendí que la Argentina iba a perder y que merecía perder. Siempre he procurado no tomar partido en las guerras, ya que todos los bandos tienen motivos para hacer lo que hacen. Pero en Malvinas sin querer lo tomé. Esos pilotos llamados Sánchez, Pérez, de bigotes, peinados para atrás, que iban con esos cojones contra la flota inglesa, eran italianos, españoles, eran mis primos, mis hermanos. No podía evitar tener esa proximidad psicológica con ellos. ¿Y si ganan? -pensaba-. Estos hijos de puta de la Junta Militar van a estar reforzados. Un día llamé exultante al diario: "Le hemos dado a la 'Invencible'", dije. "Le habrán dado, querrás decir", me corrigió. Era mi guerra también, algo rarísimo. Al margen de que los ingleses me caen bastante mal.

-¿Por qué dejaste El bar de Lola, tu espacio de debate los domingos en Twitter?
-Porque me cansé de que un simple tuiteo se convirtiera en titular de prensa todos los lunes. Era ridículo que una cosa dicha en tono relajado se tradujera luego en "Pérez-Reverte insultó a una feminista". Mis lectores saben quién soy, no se guían por un tuit. Y para el que no entienda, que lea y aprenda. Era fatigoso tener que explicar cosas obvias. Las redes son formidables, pero están llenas de analfabetos, gente con ideología pero sin biblioteca, y pocos jerarquizan. Es el lector el que debe discernir e interpretar. Dan igual valor a una feminista de barricada que a un premio Nobel.

-¿Tiene utilidad hacerse de enemigos?
-Es inevitable. Sin querer vas haciéndolos, porque la vida significa tomar opciones. Pero el enemigo es útil. Es como el mar, que es muy hijo de puta. Saber que lo es, que está ahí esperando que cometas un error para acabar contigo, te da, como decía Conrad, una saludable incertidumbre. No te duermes nunca. Cuando navego solo, pongo el piloto automático y un despertador cada 15 minutos. Duermo en cubierta atento a los mercantes. El saber que estoy en peligro, me mantiene vivo. La vida es igual: saber que hay enemigos te ayuda a cuidarte más. A recordar que el mundo es un lugar peligroso y que debes estar alerta, adiestrado, listo para combatir.

-¿No es extenuante?
-No para un guerrero. El mundo se divide entre sacerdotes y guerreros: los que manipulan sin correr riesgos y los que los asumen. A mí me gusta pelear.

-Las feministas te asedian.
-Las más radicales, que como los fundamentalistas de cualquier tipo, son muy folclóricas. Es ahí cuando la estupidez me enfada. Si me hubieran leído, sabrían que en mis novelas las mujeres superan al hombre. El único tipo de mujer que me interesa, literaria o personalmente, es la mujer valiente. No es el amor ni el sexo lo que las perfila, sino la lealtad. Es gente a la que consideras un igual.

-¿Fuiste un niño feliz?
-Muy feliz. Crecí con la biblioteca de mis abuelos y de mi padre, con libertad, junto al Mediterráneo. Era una época en la que se podía correr sin peligro por el campo, ir a las montañas, a la playa. Andaba horas por los montes jugando a lo que había leído. Esa mezcla de libertad infantil y de lecturas -era muy imaginativo- fueron mi forma de comprender el mundo. Estudié con los hermanos maristas, pero casi todo lo aprendí en casa.

-¿Quién te enseñó a navegar?
-Mi tío era capitán de la marina mercante y desde muy pequeño mi padre, que era ingeniero, me llevaba a navegar. Trabajaba en una refinería de petróleo y se embarcaba hacia Arabia Saudita, Irak para comprobar la calidad del crudo en los pozos. Crecí entre cuentos de mar y ajedrez. Ya de chico no veía al mar como un límite, sino como un camino. Nunca me sentí tan bien como el día en que conseguí ser capitán de yate, el título máximo para un civil. Más que los libros que escribí, ése es mi mayor orgullo.

-¿Qué tipo de travesías hacés?
-Hace poco fui a Cerdeña y volví. Como no tengo jefes, me voy a Alicante y zarpo desde allí. Puede ser un par de días hasta un mes. Navego todo el año, con buen o mal tiempo, me da igual. El mar limpia la cabeza y allí todo deja de tener importancia: Rajoy, la capa de ozono, el fin del mundo. Sólo eres libre de verdad en ese desierto que es el mar.

-¿Tenés hermanos?
-Sí, un hermano y dos hermanas, soy el mayor. Nunca hablo de la retaguardia.

-¿Por qué?
-Porque, como decía un amigo: "Que los divierta su puta madre".

-¡Qué lástima! Tus novelas y relatos tuvieron 13 adaptaciones al cine y a la TV. ¿La literatura está condenada a migrar hacia la pantalla?
-Sí. La narrativa, como la novelística, en una generación estarán muertas. Si fuera un joven escritor, con ambición literaria, escribiría guiones para series. El guión tiene el mismo valor literario que la novela, sólo que en él interviene más gente. Ya quisiéramos tener en literatura la misma calidad que hoy tienen muchas series. El mundo que viene es audiovisual. La letra impresa está condenada a desaparecer. Tardará más o menos. Pero no hay que dramatizar.

-¿La alta cultura volverá a ser para una élite?
-Creo que habrá una diferenciación clara: una cultura popular de masas, más mediocre, diluida, pasteurizada y otra de elite, de consumo personal, fragmentada en individuos. Una suerte de gueto de culto individual como en plan monacal: el individuo con su biblioteca, su música y sus consumos personales. La cultura tal y como la hemos entendido desde Homero hasta ahora, como mecanismo que tira de la sociedad, como referencia moral, intelectual y salvación del hombre, está condenada a muerte. Creo que trasmutará en una especie de híbrido, donde se mezclarán Borges con la telenovela mexicana; la Mona Lisa y la Venecia de turistas. Será una cultura sin jerarquización, donde para la gente tendrá igual importancia una selfie en la torre Eiffel que asistir a un concierto en la Ópera de Viena. La paradoja es que la cultura ha accedido a lugares impensados, pero todo ha debido devaluarse para tornarse accesible, con lo cual lo positivo de la cultura se pierde.

-¿La salvación es entonces individual?
-Sí. La salvación colectiva es imposible. Lo he visto, no es teoría. ¿Quiénes se salvan? Los más listos, más egoístas, hábiles y rápidos. Eso también lo aprendí en el mar: el primero que muere es el idiota. Y si el estúpido es el que promueve el nivel de salvación, estamos todos condenados. Hay que apartarse de él y buscar tu propia salida.

-Como España, la Argentina tiene un pasado traumático no resuelto. ¿Es una entelequia aspirar a una historia más neutral para las próximas generaciones?
-Eso se logra con cultura, entendiendo que todos tienen muertos en el armario. No hay que negarle al malo que hable. Si Hitler diera hoy una conferencia, habría que ir a oírlo. Pero hoy se confunde diálogo con apostolado, sin tener en cuenta de que todo sirve para comprender. En Sarajevo le pagué a un francotirador para que me dejara acompañarlo. Me contó por qué mataba y cómo elegía a sus víctimas. Si hubiera dicho a éste no lo saco en el telediario, habría renunciado a ese conocimiento. Nunca vas a convencer a un hijo de puta de que no lo sea, pero puedes entender por qué lo es y de esa forma evitar cruzarte con él.

-Hoy eso no es políticamente correcto, aunque es la regla del periodismo.
-Me da igual. Lo difícil es complejo, la gente no acepta las ambigüedades porque no es culta. He escuchado a asesinos, torturadores, criminales, y eso me ha enriquecido. Pero para eso hay que estar educado. Porque si te acercas sin nada, la vida te arrastra. Hay que ser alumnos continuos de la vida. Europa está acabada por esa carencia.

-¿El islam es la otra amenaza?
-El islam es una norma medieval incompatible con un mundo democrático moderno. Es anacrónico y su aplicación a un sistema democrático occidental basado en Platón, la Revolución Francesa, el feminismo y los derechos humanos, es incompatible con la libertad.

-Cultura, inteligencia o belleza, ¿qué valorás más?
-¿A qué edad? Varía, hay momentos para cada cosa. Puedes empezar por la belleza, seguir por la cultura y llegar a la inteligencia. Pero después de esa tercera etapa, vuelve la belleza. Es una belleza diferente, matizada por la cultura y la inteligencia, y eso la convierte en una belleza distinta. A mi edad busco la fusión de las tres en todas las cosas.
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Rogorn
 
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Postby Rogorn on Thu Jun 01, 2017 7:24 pm

Encuentro digital con Arturo Pérez-Reverte
zendalibros.com - 26/05/2017

–Buenos días y gracias por acompañarme hoy. Han entrado hasta ahora varios centenares de preguntas y siguen entrando. Por supuesto, en una hora no hay tiempo para responder a todos. El equipo de Zenda las está seleccionando y me las envía. Espero que comprendan las limitaciones del formato. Al terminar, se efectuará el sorteo de forma aleatoria para ver a quiénes corresponden los tres libros prometidos, que irán dedicados. Gracias, y vamos a ello.

–¿A quién prefiere, a Charlotte Brontë o a Emily Brontë? (Cervantina)
–A Anne Brontë, la tercera hermana. Ese toque de novela gótica me gusta mucho.

–Usted, además de escritor, también fue reportero de prensa de televisión, radio y prensa. Como reportero de prensa cubrió entre otros conflictos, las guerras de las Malvinas, Chipre, la del Golfo y la guerra de Bosnia. ¿Entre escritor y corresponsal de prensa cuál prefiere? (Álvaro Soler-Serrano)
–El escritor actual no lo sería sin el reportero que fui. De ahí la mirada con la que hoy escribo novelas.

–Después de leer su relato 'Ojos azules', me nació una duda simple pero ruidosa: ¿cuál es su opinión sobre el proceso de la conquista española en América (en territorio mexicano específicamente)? (Ranferi Pimentel Bautista)
–Mi opinión es que unos conquistadores que eran unos animales crueles, ambiciosos y desesperados hicieron, sin proponérselo, una gesta épica que cambió la historia del mundo.

–¿De qué libro le hubiera gustado ser el autor? (Laura Mendoza)
–De 'Historia de la Revolución Francesa', de Michelet.

–Más que una pregunta es una sugerencia. ¿No le apetece escribir otra novela ambientada en México? Específicamente en la Ciudad de México. Creo que, dada su capacidad para crear historias y la cantidad de historias que a diario crea mi ciudad, sería fabuloso leer el resultado de una noche de bodas Reverte-CDMX. Saludos afectuosos. (Irene Núñez)
–Si yo fuera mexicano, el DF me daría para escribir novelas el resto de mi vida.

–¿Qué le llevó a utilizar un lenguaje anacrónico en su obra 'Cabo Trafalgar', obra que por otro lado contrasta con el gran rigor histórico del que hace gala (no es peloteo, oiga. No lo digo yo, lo dicen críticos bastante mas eruditos). Gracias por su atención. (Rubén González)
–Los anacronismos reforzaban el esperpento. Trafalgar fue un esperpento. España es un esperpento.

–Me gustó 'El Gatopardo'. Me gustaría leer su novela con protagonista cansado con un perro fiel al lado hasta el desenlace o casi, 'La carta esférica' y 'Perros e hijos de perra' aparte. ¿El perro de caza o el pastor? ¿Cuál compañía le sería más interesante? (Jun Shigemura)
–Caza, pastor o compañía, cualquier perro es interesante. Más leales, sin duda, que los seres humanos.

–En estos tiempos que corren, ¿qué le parece que la incultura es lo que se lleva, y la mala educación, cada vez a edades más tempranas, se generaliza? Usted como padre, ¿qué claves daría para hacer que nuestros hijos lean desde temprana edad de forma habitual y qué títulos recomendaría? (Mario Ruiz)
–Llenar su habitación de cuentos, tebeos y libros. Es decir, tenerlos rodeados hasta que se rindan.

–¿Son 'Falcó' y 'El Puñal', de Jorge Fernández Díaz, novelas hermanas, o al menos con personajes hermanos? (Mariano Arias)
–Los que son hermanos son los autores. Tengo previsto un relato corto en el que Remil y Falcó se encuentren en Buenos Aires.

–Usted afirmó hace unos meses en una entrevista en 'Papel', de 'El Mundo', que reconoce tener una deuda con la suerte. Si la suerte estuviese generosa y le concediera otra oportunidad, ¿qué le pediría? (Roberto Mesa)
–Cuando llegue el momento, un final breve y coherente. Las agonías largas, como dice alguno de mis personajes, hacen perder la compostura.

–¿Hay algo que aún le sorprenda, a pesar de las canas y las lecturas? (L. Stardust)
–Me siguen sorprendiendo la sagacidad de las mujeres y la lealtad de los perros. Pero lo que más me sigue sorprendiendo es la infinita capacidad de estupidez que posee el ser humano.

–Me parece que el tema como corresponsal de guerra que aborda en 'Territorio Comanche' no lo ha vuelto a abordar en ninguna de sus publicaciones posteriores. ¿Es así? Y de ser así, ¿por qué razón? (Ángel Santos)
–Sí lo abordé, en 'El pintor de batallas'.

–¿Cree que es necesario idear un esquema de la estructura de la novela antes de comenzar a escribir las primeras páginas? En ese caso, ¿cómo idea el suyo? (Sergio Pellicer)
-Para otros autores no es necesario, aunque para mí sí lo es. Paso mucho tiempo estructurando la trama y los personajes antes de empezar a escribir de verdad.

–Si pudiera elegir una época para nacer y vivir, ¿cuál hubiera sido y por qué? (Alicia Barcala)
–La mía fue, y es, buena. Quizá habría preferido nacer diez años antes.

–Me gustaría saber qué 10 libros le gustaría tener en una isla desierta en caso de naufragio, cosa que evidentemente no deseo que se produzca. Muchas gracias por su atención, Don Arturo.
–Los ensayos de Montaigne, la Biblia, el 'Quijote', 'Historia de la revolución francesa', la 'Ilíada', la 'Odisea' y 'Los tres mosqueteros'. El resto rellénelo con Shakespeare.

–Es bien sabido que durante muchos años desempeñó su trabajo en el campo del periodismo, pero creo que debió de haber un punto de inflexión en el que decidió pasar de periodista a novelista. No sé si sería de manera gradual o repentina, y esa es la pregunta que le quiero plantear. ¿Cómo decidió empezar a escribir novelas? (David Cortés)
–Cuando empecé a tener la mochila demasiado llena de cosas que el periodismo no resolvía.

–¿Por qué cree que siendo en la actualidad tan fácil el acceso a los clásicos de la literatura y el pensamiento universal la gente no se acerca a ellos? (Maeve Roloro)
–Porque en nuestra infinita capacidad de suicidio cultural, cada vez tendemos más a lo inmediato y lo fácil. Una comodidad que ya estamos pagando muy cara.

–Siempre me he preguntado quiénes son, en su historia vital, Olvido Ferrara y Mecha Inzunza; hoy se lo pregunto a usted. Mujeres así no se inventan, señor mío. (Maruxa Vila)
–Le aseguro que no se inventan. Además de con su imaginación, un novelista también escribe con su propia vida.

–Hola, don Arturo. Miro el mundo hoy, y lo veo huérfano de ideales, de causas justas, de líderes que enarbolen ilusiones, de intelectuales con redaños para ir contracorriente. Vivimos el fin de una era, y me apena que mi hija de dos años no va a poder vivir ni las migajas del estado de bienestar. ¿Cómo le voy preparando para lo que se nos viene encima? Saludos. (Julián Lorenzo)
–Con sentido común y con libros. Enseñándole a saber que siempre hay un iceberg para todo 'Titanic'. Adiestrándolo para que, como escribí una vez, sea capaz de pensar como un griego, luchar como un troyano y morir con la serenidad de un romano.

–En 'El pintor de batallas', el protagonista (el cual estuvo durante décadas describiendo las guerras contemporáneas del mundo, al igual que usted) es partidario de una postura muy cercana al pensamiento de Hobbes, resaltando la crueldad del hombre como una de las características mas importantes de la naturaleza. ¿Esta es solo la visión de su personaje, o por el contrario es también la de su creador? (Manel Gómez)
–Es la de su creador. La mirada que me dejaron 21 años como reportero. En ninguna de mis novelas soy tanto yo mismo como en 'El pintor de batallas'.

–Una curiosidad. ¿Lo de la cafiaspirina es autobiográfico? (Miguel Angel Villalba)
–Absolutamente autobiográfico.

–Buenos días. De un cartagenero a otro, aunque usted mucho más cosmopolita, curtido, y tantos adjetivos que sólo reflejarían mi admiración: ¿Para cuándo una novela ambientada en Cartagena? Un saludo y muchas gracias. (Francisco Belchí)
–Tengo dos: 'La carta esférica' y 'Falcó'.

–Buenos días. Se da el caso de que tengo muchas historias que contar, pero pocas palabras para hacerlo. Siempre he tenido la duda de si el escritor nace o se hace. ¿Usted qué opina al respecto? ¿Puedo albergar esperanzas de que algún día mi humilde persona pueda ser autora de un libro sin tener los dones para hacerlo? (Mercedes García)
–Escribir novelas no es obligatorio, como tampoco lo es tocar el violín. Yo sería un pésimo violinista. En cualquier caso, no hay escritor posible sin lecturas que lo formen y sin vida que le forje la mirada. Supongo que, además, hace falta cierto talento para el oficio.

–¿Qué le parece la supresión, por parte de la RAE, de tildes en palabras como sólo, guión o truhán? (Aclaro que yo sigo y seguiré acentuándolas, tal como me enseñaron a hacerlo correctamente en mi infancia). (Sergio Sancho)
–Como académico, me declaré insumiso ante esa norma de la Academia cuya oportunidad no comparto. Como novelista, necesito esas tildes y las utilizo en mis libros. Y recomiendo a todos que lo sigan haciendo cuando les parezca oportuno o necesario.

–¿Qué le diría Don Pedro Zárate y Queralt a Oriol Junqueras? (José Madrid)
–Como hombre de las Luces, ilustrado, culto e hidalgo del siglo XVIII, dudo que le dirigiera la palabra. De todas formas, imagino que en un diálogo intelectual entre ambos, el almirante masacraría a Junqueras sin ninguna duda. Y sin piedad.

–“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”, escribía Borges al inicio de su poema 'Un lector'. ¿Cree usted que todavía le quedan muchos libros buenos por descubrir, o prefiere releer las obras maestras que ya ha descubierto? (José Manuel Benito)
–Releer, a mi edad, permite ver cosas en los libros leídos antes que uno no había advertido. Releo más que leo. Eso no excluye sorpresas agradables, naturalmente.

–¿Cómo lleva la imagen de ser un hombre que se come los erizos de mar sin pelar? ¿Cree que mucha gente confunde el Arturo Pérez-Reverte persona con el Arturo Pérez-Reverte personaje de las patentes de corso? (Barlés)
–Por supuesto que lo confunden. Las patentes de corso son una válvula de escape de un personaje creado expresamente para ellas. Un artificio narrativo destinado a patear ingles indiferentes o estúpidas. En la vida real respeto los semáforos, ayudo a las ancianitas a cruzar la calle y soy tierno como un oso mimosín, o casi.

–¿Qué libro recomendaría a un chaval de 15 años para ayudarle a comprender mejor el mundo? (Eugenio Prados)
–'La isla del tesoro', 'El guardián entre el centeno' y 'El señor de las moscas'.

–¿Cómo era el Arturo que en 1971 marchó a cubrir su primera guerra? ¿Y cómo era el Arturo que en 1994 dejó las guerras? (De haber compartido época, usted hubiera sido amigo de Joseph Roth y Stefan Zweig). (Francisco José Crespo Villalba)
–En 1971, lector, soñador e ingenuo. En 1994, lector, lúcido y fatigado.

–Cuando uno escribe una novela como ésta (o cualquiera), además de la noble actividad de ganarse la vida, ¿qué pretende?: ¿divertir? ¿enseñar? ¿compartir? ¿o realmente no pretende nada en especial? (Enrique Argüelles)
–Yo soy un novelista. No un apóstol ni un redentor de la humanidad. Escribo para construirme mundos en los que soy feliz. Lo que haga el lector con esos mundos o con otros no es asunto mío.

–¿Escribe usted alguna vez a mano? Y si es así, ¿lo hace con estilográfica, lapicero, bolígrafo...? (María José Hernández Martín)
–Escribo en ordenador, corrijo con lápiz y estilográfica, según el momento, vuelvo a pasarlo todo a ordenador, vuelvo a corregir, vuelvo a pasarlo a ordenador...

–Don Arturo, echémosle imaginación. A día de hoy, año 2017, usted con 20 años, ¿volvería a enrolarse en esos barcos que zarpaban de Cartagena, con el petate lleno de novelas y estudiaría periodismo en busca de aventuras, o ese ya no es el camino? Fuera de la lectura, el mejor refugio sin duda, para los que aún no tenemos la luz pagada hasta el día que nos salten los plomos definitivamente. ¿Qué nos queda? (Jordi Aguade)
–Enrolarse en un barco, real o simbólico, con una mochila de libros e irse a la isla de los piratas siempre es el camino para quienes tienen en la cabeza lo que yo tenía entonces. Siempre y cuando se esté dispuesto a pagar el precio, naturalmente.

–No sé si acostumbras a leer de vez en cuando algún libro sin que te lo hayan recomendado previamente o sin referencias sobre su autor, pero en esos casos, ¿cuánto sueles tardar en decidir si el libro es bueno o no? (Ángela Bones)
–Entre cinco y diez páginas. La vida es demasiado corta para perder tiempo en libros inciertos.

–¿En qué se está equivocando Pablo Iglesias? (Miguel Ángel)
–En creer que algunos no hemos leído libros donde se cuenta que todo ha ocurrido ya, y que lo único nuevo es lo olvidado. Y algunos, además de biblioteca, hemos viajado y tenemos buena memoria.

–Estimado Don Arturo, soy fan de años. La primera vez lo vi al lado de Germán Dehesa y desde entonces me enamoré de sus libros. Pronto encontré a otros que tenían el mismo sentimiento en el foro de Corso, ¿se acuerda? Allá por 1999 vino a México, a una Feria del Libro y participó en un encuentro llamado 'Las menudas honras'. Llovía bastante y al terminar el evento usted tenía una gran sonrisa. Yo siempre he pensado que usted estaba contento. Mi pregunta es: ¿Qué piensa cuando tiene este tipo de eventos, cuando está junto a sus lectores? ¿Significamos algo o sólo somos un trámite? Larga vida, don Arturo, y mil gracias por todo. (Citlali Lelis)
–Nadie que me haya visto atender uno por uno a mis lectores, de pie y durante horas, puede pensar que son un trámite. A ellos les debo mi libertad, mi independencia y las ganas de escribir novelas.

–Me gustaría preguntarle cuánto hay de Arturo Pérez-Reverte en su personaje Falcó. (Eugenio Vergaz)
–Más de lo que pretendía.

–¿Cuál es el personaje al que le tiene más cariño, tanto de los que ha creado usted como de los que ha conocido (de ficción, se sobreentiende)? (Alberto Conchado)
–Jaime Astarloa, maestro de esgrima.

–Si pudiera hacerlo ahora, ¿qué consejo le daría a aquel Arturo Pérez-Reverte de 25 años de edad? (Ginés Alberto Meroño Ruiz)
–Que mirase más a los ojos de las mujeres y menos a las tetas de las mujeres. Hoy sería sabio.

–Cuando estuvo en la carrera estudiando Periodismo, a la vez simultáneamente estuvo realizando estudios de ciencias políticas. ¿Qué le desencantó o no le gustó para no dedicarse a ello? Pienso que sería usted una buena baza para la política española. (Javier Cano)
–La política me interesa como conocimiento, no como ejercicio.

–Soy una fiel seguidora de sus novelas y me gustaría saber qué planes o ideas tiene usted para el futuro. ¿Quizá una segunda entrega de Falcó? ¿Tal vez algo que mantenga su esencia literaria pero sea una nueva novela diferente? (Carolina Torre)
–Acabo de terminar la segunda de Falcó.

–Usted ha visto la peor cara del ser humano, y así también ha podido comprobar la mejor cara del mismo en las situaciones más adversas. ¿Cómo se percibe el mundo después de haber estado en el infierno? (Eva Martínez)
–Como un lugar peligroso, lleno de hijos de puta.

–Las mujeres de sus novelas son fuertes, con personalidad y carácter. ¿Son fruto de su imaginación o de la literatura o busca ejemplos en la vida real de amistades, conocidas o familiares? (Bibiana Vega Rodríguez)
–Tienen poco de imaginación. Son las mujeres que me interesan, tanto en la literatura como en la vida.

–Me gustaría saber qué personaje histórico sería para usted un referente tanto intelectual como moral. A día de hoy, con todas las noticias que nos inundan cada mañana, parece que falta alguien que dé un poco de luz entre tanta oscuridad. ¿Quién quisiera usted que estuviera presente en nuestra sociedad para “iluminarnos”? (Fernando Vallina)
–Sócrates.

–Usted frecuentemente critica a los sectores más radicales del movimiento feminista, lo que ha llevado a muchos a considerarle machista o misógino, pero las mujeres que aparecen en sus libros distan bastante del prototipo de mujer dependiente del hombre ¿Qué significa para usted la lucha de la mujer por su liberación y para erradicar las costumbres discriminatorias de la sociedad? (Michelle Harrison)
–Una lucha necesaria y urgente que no podemos permitir sea ridiculizada o envilecida por algunas analfabetas, folclóricas que perjudican, más que favorecen. El feminismo es necesario, pero la inteligencia también.

–¿Cómo enseñaría a debatir en calma sobre la Guerra Civil a la juventud que está aprendiendo en Twitter? (Marta Álvarez Jiménez)
–Explicándoles que ecuanimidad no significa equidistancia. Acudiendo a los testimonios de quienes lo vivieron, no a la manipulación partidista de quienes lo utilizan como herramienta política.

–¿Qué caprichos le gusta darse? ¿Cuál ha sido el último si se puede saber? Un saludo y gracias. (Marta Rodríguez)
–Sables de caballería. Del siglo XIX. Y cenar con amigos fieles como Antonio Lucas, Manuel Jabois, Edu Galán, David Gistau, Raúl del Pozo y otros.

–Los toreros siempre dicen que se dejan la mejor faena por hacer. Supongo que a los escritores les ocurrirá lo mismo, que el mejor libro es el que está por escribir. ¿Es cierta esa sensación en su caso? (Roberto Ruiz)
–Cada novela que empiezo me produce esa sensación. Luego la acabo y pienso que será la siguiente.

–¿Qué le diría hoy mismo a Donald Trump si pudiese tomar un café con él? (Luis Mencía)
–Le diría payaso. Dicho sea con todo el respeto para los payasos que son respetables.

–Vivir en España cada vez duele más. ¿Qué hace que una persona con sus recursos continúe aquí y no marche hacia un país más amable? (Mariló Martínez)
–Por una parte, aunque a veces me indigne, sigo pensando que España es un buen lugar. Por otra parte, confieso que mi lado malvado siente auténtica curiosidad por ver cómo termina este disparate.

-Hasta aquí hemos llegado. Hubo muchísimas preguntas y los amigos de Zenda seleccionaron entre ellas, haciéndolo lo mejor que pudieron. Gracias por la compañía. Ahora están sorteando entre esos centenares de preguntas para enviar tres libros firmados. Fue un placer y fue un honor su compañía. Gracias por esa lealtad de amigos y por esa confianza de lectores. Un abrazo
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Re: Entrevistas con Arturo

Postby Rogorn on Sat Aug 19, 2017 11:15 am

Pérez-Reverte: «Ora basta buonismo, con i fanatici non si può dialogare»
Entrevista de Elisabetta Rosaspina - corriere.it - 19/08/2017

«Di fronte a un nemico senza scrupoli né freni etici, le nostre democrazie ci hanno messo in condizioni d’inferiorità. Ma l’Europa rifiuta di guardare in faccia la realtà: c’è una guerra, una guerra santa e non la possiamo vincere con il dialogo». Arturo Pérez-Reverte è conosciuto in Italia soprattutto come romanziere, in particolare per la saga di cappa e spada del Capitano Diego Alatriste, ma in Spagna è noto anche come reporter di guerra e per la sua penna polemica, quando scrive di attualità per la rivista 'XL Semanal'. L’ultima delle sue preoccupazioni è di apparire politicamente scorretto. La prima è per l’inadeguatezza dei timonieri dell’Europa nella burrasca che sta attraversando.

-Perché è convinto che il dialogo non serva?
-Perché, dopo 21 anni come inviato di guerra in Medio Oriente, mi è ormai chiaro che l’Islam è incompatibile con la democrazia. Una società retta da leggi religiose non è compatibile con una società basata su leggi democratiche. Sono d’accordo con Oriana Fallaci, che conosceva bene il mondo arabo, a differenza degli idioti che l’hanno attaccata. Prima ancora di lei, nel 18esimo secolo, l’enciclopedista francese Holbach metteva in guardia i suoi contemporanei: quando gli uomini credono di non dover temere altri che Dio, non si fermano davanti a nulla. Questo è il fanatismo religioso e non lo si contrasta con il buonismo, né con la timidezza, né con la codardia.

-Quindi?
-Quindi l’Europa non ha gli strumenti per difendersi dai jihadisti, per confrontarsi con le nuove sfide. La nostra democrazia, i grandi progressi, le idee generate dalla Rivoluzione francese ci mettono in condizione di inferiorità. L’Europa è in un problema senza soluzione, perché la stessa essenza democratica degli Stati europei impedisce di usare i mezzi necessari.

-E quali sarebbero?
-Questo non lo so. Io sto descrivendo la situazione, non ho le soluzioni. Ma finché l’Europa penserà che la guerra si vinca con il dialogo e i negoziati, non ne uscirà. I governi europei mentono ai loro cittadini, nascondono loro la situazione: la verità è che non siamo preparati alle sfide in arrivo. Abbiamo creduto che la violenza esistesse lontano da noi: in Siria, in Iraq, o in Nicaragua e Salvador, dimenticando che la violenza è ovunque nel mondo; e adesso ci stiamo bruscamente risvegliando. Dobbiamo educare i nostri figli a vivere nella realtà e a non credersi a Disneyworld. Con violenza e dolore si dovrà convivere, perché il mondo è popolato di violenti e non soltanto per motivazioni religiose. La violenza può essere dettata dall’ambizione o dalla lussuria e può rompere in ogni momento il paradiso idilliaco in cui credevamo di vivere. Ma la realtà s’impone sempre: durante il fascismo in Italia, come durante il franchismo in Spagna o, più recentemente, nei Balcani.

-D’accordo, dobbiamo accettare la realtà e spiegare ai nostri figli che il mondo è un luogo pericoloso. E poi?
-E poi non dobbiamo dimenticare quanto è costato all’Occidente, in termini di secoli, di sofferenze, di sforzi e di sangue, liberarsi dai fantasmi oscuri imposti anche dalla nostra religione: l’Inquisizione, i processi e le carceri ecclesiastiche. Molta gente si è battuta eroicamente per la libertà, negli ultimi secoli, e per l’emancipazione femminile. Anche per la libertà di mia figlia di portare una minigonna, senza essere chiamata puttana. Il mondo si globalizza e l’immigrazione non solo è inevitabile, ma è benvenuta. Abbiamo bisogno degli immigrati, per ragioni demografiche e come forza lavoro giovane, ma non possiamo rinunciare al lungo cammino fatto dalla nostra civiltà, né retrocedere».

-Stiamo retrocedendo?
-Sì, se una donna si copre il capo o una pubblicità viene ritirata per non offendere la sensibilità degli immigrati musulmani. Sì, se accettiamo che una donna rifiuti, o che suo marito la obblighi a rifiutare di essere visitata da un medico uomo in un ospedale pubblico. Sì, retrocediamo se permettiamo a una maestra di velarsi per fare lezione in una scuola pubblica: che messaggio sull’indipendenza femminile può trasmettere ai bambini? Chi arriva è ben accetto, ma deve adeguarsi alle nostre regole. Nessuno può esigere che le cambiamo e che torniamo al Medio Evo, perché ci è costato molto uscirne. Questa fermezza, questo coraggio nel difendere il nostro modo di vivere all’occidentale e le linee rosse, i nostri politici non ce l’hanno.

-Perché?
-Per paura di sentirsi chiamare xenofobi, razzisti o fascisti. Ripeto: l’immigrazione è un bene, ci è necessaria. Ma quando un imam predica in una moschea occidentale spiegando agli uomini che possono picchiare le loro mogli per educarle, va preso, messo su un aereo e rimandato al suo Paese. Non si può indossare il burqa soltanto per avere la propria tranquillità. Dal mio punto di vista, l’Europa non ha questa capacità di resistenza, per mancanza di coraggio. A lungo termine, sarà una guerra persa».

-Eppure la stragrande maggioranza degli islamici che vivono in Europa non è fatta di fanatici religiosi.
-Certo. Ma se in una strada vivono dieci famiglie non fanatiche e una sì, le altre tenderanno a diventare più rigorose per non sentirsi giudicate. È un meccanismo che ho visto molto chiaramente in Iran, sotto Khomeini: si chiama paura sociale. Paura delle critiche, di non essere considerati buoni musulmani dal vicinato, delle chiacchiere dal parrucchiere sulla signora la cui figlia va in giro troppo scollata. Chi esercita quelle pressioni nei quartieri musulmani, come polizia religiosa controllata dagli imam, va incarcerato e condannato per estorsione e ricatto. Ecco dove devono intervenire gli Stati, anziché accettare tutto nell’illusione di guadagnarsi il quieto vivere.
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Re: Entrevistas con Arturo

Postby Rogorn on Tue Oct 10, 2017 9:41 am

"Independência da Catalunha não vai acontecer, porque é processo sem lógica"
Lusa - 10/10/2017

O escritor Arturo Pérez-Reverte não acredita na independência da Catalunha por considerar ser um processo "sem qualquer lógica" e afirma que o problema de Espanha é o mesmo de que padece o resto do mundo: falta de cultura.

Em entrevista à agência Lusa, a propósito do lançamento do seu mais recente livro, 'Falcó', Arturo Pérez-Reverte falou sobre Espanha, escusando-se a dar directamente a sua opinião quanto ao processo de independência da Catalunha. "Não quero falar, é um tema tão estupidamente absurdo que não quero falar sobre este tema, deixem-me de fora da Catalunha, não quero saber nada disso", afirmou. Contudo, questionado sobre o futuro de Espanha caso a Catalunha declare a independência, o escritor foi taxativo: "Isso não vai acontecer, é impossível". "A curto ou médio prazo é impossível, é um processo absolutamente contrário a qualquer lei da lógica, então não pode acontecer", acrescentou.

Para Arturo Pérez-Reverte, o processo em causa "transcende a Catalunha, é um problema da Espanha actual e do mundo actual, que é a "falta de cultura". "Quando se criam gerações de jovens sem memória histórica, quando a História desaparece das escolas, os jovens são presas fáceis e manipuláveis pelos sem-vergonha e medíocres e canalhas da política. É um problema de cultura, na Catalunha, como em toda a Europa, é um problema de cultura, porque sem cultura, sem jovens e nações cultas é impossível que algo funcione bem na Europa, falo de Portugal, de Espanha e do resto da Europa", disse.

Mostrando-se "pessimista" em relação ao futuro, o escritor considera que Lisboa é mais um exemplo de como a cultura da Europa "está a morrer", em grande parte devido ao excesso de turismo. "Um turismo inculto, massivo, analfabeto, que só produz algum dinheiro, mas que acaba por destruir muito, e Portugal entrou nessa dinâmica diabólica do turismo e creio que no futuro, culturalmente, Lisboa está condenada como estão outras cidades de Europa", vaticina. Assinalando que há muitos anos que vai a Lisboa, cidade que considerava um dos últimos "refúgios" a salvo na Europa, o escritor diz que cada vez a "conhece menos", com "milhares de turistas que estão a arrasar a cidade, que não a compreendem, não a conhecem, não a querem conhecer, não se preocupam em entender, nem tão pouco em aprender a dizer 'obrigada'".

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"É uma estupidez enorme o que se está a passar em Espanha"
Maria João Costa - sapo.pt - 10/10/2017

O escritor espanhol Arturo Pérez-Reverte considera uma “estupidez enorme o que se está a passar em Espanha” e diz que o referendo sobre a independência da Catalunha é um assunto "penosamente triste".

Em entrevista à 'Renascença' sobre o seu mais recente livro, 'Falcó', agora editado em Portugal, Arturo Pérez-Reverte mostrou-se reticente em falar sobre os mais recentes acontecimentos no país. “Eu, sobre a Catalunha não quis falar, nem em Espanha", disse. “Muita gente perguntou. Telefonaram-me os amigos do ‘Le Figaro’, do ‘Le Monde’, do ‘Corriere della Sera', de jornais portugueses e eu disse sempre que não queria falar de Espanha! Nem dessa estupidez enorme que se está a passar em Espanha. Vejo como uma estupidez enorme e por isso não quero falar dela”, afirmou ainda. “Digamos que é um assunto penosamente triste para se estar a falar desta estupidez nesta altura”, resumiu.

Durante a conversa, Arturo Pérez-Reverte defendeu também que Portugal e Espanha deveriam fazer parte de uma confederação ibérica. “Deveriam estar juntos”. “Para mim é um erro histórico serem países diferentes. Deveriam ter a sua autonomia, cada um com as suas leis, como uma confederação, como lhe quiseres chamar. Nisso estou de acordo com o que dizia José Saramago, que a confederação ibérica deveria ter sido feita há muitos anos porque temos inclusive uma história comum. Mas, bom, por vezes a história produz este tipo de casos absurdos. Sempre que venho a Portugal penso que foi uma oportunidade perdida para que pudéssemos ter feito algo muito bonito juntos”, considera.

A entrevista a Arturo Pérez-Reverte vai ser emitida no programa 'Ensaio Geral' da próxima sexta-feira, dia 13.
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Re: Entrevistas con Arturo

Postby Rogorn on Sun Nov 12, 2017 10:16 am

"La vileza, la infamia y la irresponsabilidad que abocaron a la Guerra Civil siguen estando ahí"
Entrevista de Mariano Gasparet - elespanol.es - 12/11/2017

Como en el nuevo periodismo todo se tolera, empezaré esta entrevista en primera persona para poner en situación al lector. Mis jefes me dan un teléfono y me ordenan entrevistar al periodista, escritor y académico Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). Aunque intuyo la celada -éste hombre quiere hablar de su último libro, no protagonizar un Hablando sobre España- no estoy dispuesto a perder la oportunidad: lo tengo a tiro y considero una falta menor no haber leído 'Eva' ni 'Falcó' (Alfaguara).

Quedo con el escritor decidido a engañarle un poco, a llevármelo al huerto aprovechando que la Guerra Civil es el telón de fondo de la serie 'Falcó', para hacerle hablar de política, de Cataluña y de España. Por supuesto se da cuenta: charlamos en el Palace de Madrid y hubo momentos en que pensé que se iba a levantar y me iba a mandar a hacer gárgaras. Muy al contrario, se rió lo suyo y me regaló un ejemplar de 'Eva' al despedirnos. Salí del hotel con la sensación de haberme comportado como un patán: pero qué menos que una porción de remordimientos, a nadie puede salirle gratis intentar levantarle la cartera a un tipo de la madera del Capitán Alatriste; a un tipo como Lorenzo Falcó.

-¿Le gusta provocar en Twitter?, le suelto antes de sentarnos.
-No me gusta, pero sí me divierte, es un poco como echarle de comer a los patos.

-¿El apellido de su último héroe, Lorenzo Falcó, tiene algo que ver con el clásico sobre la Guerra Civil de César Falcón, ‘Madrid’?
-Nada, nada. Yo navego mucho y tengo mucha relación con el Cabo Falcó, por donde paso mucho cada vez que voy a Italia. Sí que es verdad que, como todo escritor profesional, colecciono apellidos y nombres para mis novelas, y Lorenzo es el nombre de un tío mío que vivió esa época de una manera muy intensa.

-También escribió ‘La Guerra Civil contada a los jóvenes’ (Algafuara, 2015), una historia ilustrada por Fernando Vicente sobre la contienda que vendió 80.000 ejemplares. ¿Qué representa para usted la Guerra Civil?
-Me interesa como novelista, no para explicarla. Para eso están los libros de Juan Pablo Fusi o los de otros historiadores solventes. O el manual que escribí para jóvenes al que has hecho referencia. O el prólogo de 'A sangre y fuego', de Chaves Nogales, un libro de relatos que debería ser de lectura obligatoria en los colegios.

-¿Por qué?
-Debería ser materia de estudio obligatoria un año: en las clases de historia, de ética, de literatura, de lo que quieras… Eso haría mejores a los chicos, haría mejores españoles y mejores ciudadanos, y sobre todo eliminaría un montón de vilezas que, desde hace tiempo, nos meten en la sangre. Dicho lo cual, para mí la Guerra Civil es un telón de fondo en el que coloco a mis personajes. Es un escenario magnífico y terrible: los años 30, la Guerra española, el inicio de la Segunda Guerra Mundial, los totalitarismos… fue el final de un mundo y el inicio de otro.

-¿A qué se refiere?
-A algo muy interesante: los ismos, el fascismo, el nazismo, el comunismo no tenían mala prensa, al contrario. No se sabía nada del Gulag, ni de Auschwitz y todavía había mucha gente decente que creía en los ismos como soluciones políticas. Es que el nazismo era cool, su diseño, su arquitectura; lo mismo podemos decir del fascismo italiano. Todo eso se veía de un modo muy distinto a como lo vemos ahora.

-¿Qué queda de todo ese mundo en la España actual?
-Por fortuna, ese mundo no existe. Aunque había también unas maneras; hasta un campesino tenía una actitud de dignidad personal, de gallardía humana, una conciencia del valor de la educación, ese saber que un hijo educado tenía más posibilidades de prosperar, el sentido del sacrificio… Todo eso constituía una moral, independientemente de la política, que se ha perdido y que sí echo en falta.

-¿Ha pensado alguna vez, a raíz de todo esto de Cataluña, que podría volver a producirse un conflicto civil en España?
-No, no lo creo porque hemos llegado a un grado de confort que lo impide. Quien vive con cierto confort, quien tiene un coche, y un televisor, y una cuenta en el banco por humilde que sea, y a los hijos estudiando… pues se tienta mucho la ropa. Aunque seguimos viviendo en una sociedad muy injusta, ahora se vive mejor que hace 80 o 90 años. Ahora, cuando has leído historia, cuando has vivido una guerra, y yo de las veintitantas guerras que hice como reportero siete fueron guerras civiles, reconoces síntomas muy desagradables. Ves que la vileza, la infamia, la irresponsabilidad y la falta de escrúpulos de algunos políticos siguen existiendo. Es decir, aunque el mundo actual es diferente y hace imposible un conflicto como aquel, los impulsos de las personas que sí hicieron posible aquello siguen estando aquí. Si les dieras pistolas, les dieras incultura, les dieras crisis social y les dieras en el exterior fascismos y comunismos la volveríamos a tener.

-Es lo que dijo aquel ex militar ruso que se enfrentó a los manifestantes independentistas que cortaban una carretera en Barcelona: “¡Mañana tendréis armas!”.
-Sí, sí, dijo: “No tenéis ni puta idea; os van a dar armas y ya veréis”. Lo tuiteé, me acuerdo.

-¿Qué está pasando en Cataluña y en España?
-No le voy a hablar de Cataluña. Sí diré que, con todo esto, Cataluña ha demostrado que es enormemente española. Ese berlanguiano desenlace del asunto demuestra que es tan española como el resto de España.

-¿Tenemos los gobernantes que nos merecemos?
-Los votamos, los votamos... Cuando en el 36 unos campesinos analfabetos queman vivos al alcalde y al cura, pues puedo entenderlo; no justificarlo, ojo, pero sí entenderlo por la incultura, la manipulación y la desesperación de esa gente... Pero esa crueldad entre comillas "inocente" de hace un siglo ahora es injustificable. Ahora nadie es inocente, ahora hay educación obligatoria, hay televisión, hay internet, hay periódicos. Ahora el que es analfabeto, real o figurado, es porque quiere. El que se deja manipular es porque le resulta más cómodo que le manipulen. Eso del gobernante malo y el súbdito bueno no me lo creo. Eso de qué buen vasallo sería si tuviera buen señor es una gran mentira. Los señores los creamos los vasallos, y son los esclavos los que hacen a los amos.

-Usted siempre dice que en el mundo hay “oportunistas, cobardes, sinvergüenzas y luego ingenuos manipulables y analfabetos de buena voluntad”. ¿No son ahora los ingenuos y los analfabetos más manipulables como consecuencia de la revolución tecnológica?
-Pero porque quieren. El ejemplo lo vemos en las redes sociales: son estupendas por el enorme caudal de información que ofrecen, pero no discriminan, no jerarquizan, se mezcla el oro con la basura, la calidad con la porquería; y lo que dice Vargas Llosa y lo que dice un analfabeto o un demagogo como Rufián comparecen a la vez. Si no hay cultura, no hay formación y no hay preparación intelectual, pues el receptor no distingue y el mismo valor da a un tuit de Rufián que a un enunciado de Thomas Mann. Ese es el problema, la falta de cultura. Y hablo de cultura, no en plan elitista, sino como un conocimiento básico del mundo que permita discernir y distinguir.

-¿Qué le parece todo lo que ha pasado en Cataluña?
-Mira, he estado en mi mundo, promocionando la novela, fuera de España… lo de Cataluña lo he seguido de lejos.

-Hace unas semanas, en una entrevista en ‘El País’, el hispanista John Elliot vinculaba el descontento que motiva el problema catalán a los siglos XVI y XVII: revuelta ‘dels segadors’, Felipe IV y Felipe V, Guerra de Secesión y Decretos de Nueva Planta. ¿Qué le parece como tesis?
-Es cierto, es cierto, el origen está ahí. España es un país que nunca cuajó como Estado. En Francia hubo una Revolución que acabó con el Antiguo Régimen, acabó con los privilegios feudales y jacobinizó el país y lo convirtió en un Estado fuerte, organizado y moderno. Eso permitió que, en teoría, no hubiese privilegios, que los privilegios estuviesen supeditados al bien común. En España nunca hubo guillotina, ni revolución y jamás fue purgado. Los de siempre, los curas, los aristócratas, el dinero y la Monarquía fueron pasando de un sitio a otro sin perder sus privilegios. Lo mismo pasó con los privilegios territoriales. La República Francesa aplastó La Vendée y la hizo sumisa a la idea de la patria y la nación francesa. Eso en España nunca ocurrió, nunca hubo un Gobierno central lo bastante fuerte como para imponer su centralismo y nunca hubo un Gobierno lo bastante plural como para crear un Estado Federal real con competencias lo claramente delimitadas… [Silencio, Pérez Reverte me mira unos segundos]. ¿Pero cómo me estás haciendo esta entrevista?

-Es muy interesante todo lo que está diciendo.
-[Ríe] Bueno, bueno, pues lo resumo: en España nunca fraguó ni el Estado plurinacional ni el Estado central. ¿Mi opinión personal? Yo soy jacobino, a mí me gustan los Estados fuertes; no ahora, ojo, digo históricamente. Creo que el camino para que España hubiera sido un Estado moderno y fuerte hubiera sido un XVIII y un principio del XIX jacobinos: una idea de nación a la francesa. Pero en España eso no se dio. Aquí se mantuvieron todos los vicios y malformaciones ancestrales y la modernidad nunca pudo combinarlas. Por eso Cataluña y el País Vasco no son más que los residuos, los restos, las consecuencias, dramáticas a veces y grotescas otras, de un Estado que nunca supo conformar su identidad de una manera coherente, ni jacobinamente, ni plurinacionalmente.

-¿Estos territorios siempre han mantenido privilegios?
-Es que los privilegios siguen ahí. El problema de España es que los privilegios nunca han desaparecido; al contrario, se ha incrementado la insolidaridad.

-Sin embargo Puigdemont en su exilio flamenco y toda su corte venden la idea de que España no es una democracia y que el franquismo continúa.
-Bueno, eso no vamos ni a comentarlo. Esa estupidez grotesca me niego a comentarla.

-¿Y por qué tienen predicamento esas tesis en parte de la sociedad catalana y española?
-Bueno, llegado a este punto, he de decir que yo sólo soy un tipo que cuenta historias. He hecho una concesión y estamos hablando de historia, que a mí me gusta mucho, pero no soy analista político ni analista social. A mí realmente... no es que me dé igual, porque soy ciudadano español. Pero estoy muy lejos de todo esto. Yo no soy la persona adecuada para esclarecer eso; para eso hay que ir a gente como Juan Pablo Fusi, como Carmen Iglesias… pero yo no. ¿Vale como respuesta?

-Sí, pero comprenda que abuse un poco.
-Sí, y comprende que yo no me deje abusar. Estamos en plan bien; y yo puedo llegar hasta donde he llegado porque me interesa la historia, porque soy lector de historia, porque soy un tipo que ha vivido guerras… Hasta ahí llego, pero no estoy capacitado para analizar determinadas cosas. Yo estoy aquí sentado no porque analice la vida política, sino porque cuento historias y me las leen.

-¿Y aquello de la misión del intelectual?
-Un momento, un momento. Yo no soy un intelectual, allá cada cual. Yo soy un novelista que cuenta historias; yo fui un reportero que anduvo por el mundo y, a la vuelta, con la mochila llena, me puse a contar historias a partir de lo que viví y de la mirada que esa vida me dejó. No escribo para hacer mejor el mundo, escribo porque me apetece y ya está. Es que un novelista no tiene una misión. El artista que cree que dice que trabaja para hacer mejor el mundo miente como un bellaco, es un demagogo y un embustero.

-A lo mejor se lo cree.
-Pues allá él. Pero es que yo cuando era reportero no fui a la guerra para hacer mejor el mundo. Yo fui a la guerra porque la guerra era un lugar fascinante, porque me permitía una forma de vida que me gustaba, porque podía vivir con lo puesto y una mochila y empezar cada día una crónica con autonomía y lejos de mis jefes; era joven, había adrenalina, emociones, aventura… Era periodista y ese era mi trabajo. Pero no iba a la guerra para pararla ni para hacer mejor el mundo. Estaba en Sarajevo y me jugaba la vida todos los días para que la gente que estaba en su casa supiera lo que estaba pasando allí porque ese era mi trabajo. Yo era un mercenario honrado, cobraba por mi trabajo y lo hacía bien, pero no para hacer mejor el mundo. Bueno, en Bosnia acababas pidiendo auxilio para ellos, pero eso es otra cosa. Mi misión es contar historias lo mejor que pueda.

-Y como lector y gran conocedor de la historia. ¿Qué le parece la proclamación de la República por parte de Puigdemont en comparación con las proclamaciones anteriores de Maciá en 1931 y Companys en 1934? ¿Está a la altura de la Historia?
-Pues que en España la tragedia se repite como farsa.

-¿Y la perspectiva de que esto se pueda solucionar con las elecciones del 21-D?
-Pero yo qué cojones sé. Ni idea, ni idea, no lo sé, y no voy a hablar algo que no sé. Eso me interesa relativamente. Claro que me preocupa, pero mi vida no depende de que Cataluña sea o no independiente. Mi futuro no está en Cataluña. A mí me leen en 42 lenguas y si Cataluña es independiente pues imagino que allí tendría un editor local, catalán, yo qué sé.

-¿Y la imagen de España en el exterior por todo esto; ha percibido algo?
-Claro que lo he percibido. Penosa, tristísima, grotesca, de vergüenza.

-¿Se ha descuidado la imagen exterior?
-De verdad, no quiero hablar más de Cataluña. En cuanto a imagen hemos salido muy mal parados internacionalmente por la vileza de unos y la estupidez de los otros. Y con eso termino.

-¿Y el hecho de que haya propagandistas activos exteriores a sueldo, como Assange?
-Mi labor de cortesía respecto a ti como entrevistador, en lo que refiere a Cataluña, ha terminado ya. No te quejarás, ¿no? ¿Esto es una entrevista sobre Cataluña, verdad?

-Bueno, es una entrevista sobre España.
-Pues Cataluña ya está.

-Decía Stanley G. Payne que el café para todos no funcionó, que se deberían haber delimitado mucho más las competencias de las distintas Comunidades.
-Vuelvo a decirte otra vez, que por lo visto no lo he dicho con bastante nitidez, que yo soy un tipo que cuenta historias. No soy un analista político, ni un sociólogo, ni un filósofo, ni un intelectual. Fui reportero y ahora soy escritor.

-Ya, pero muchas veces ha hablado sobre la Transición.
-Sí, pero cuando lo he hecho ha sido como algo personal, en artículos y cuidando mucho lo que escribía, no en una entrevista. En las entrevistas no digo esas cosas, porque momentos como este tienen sus peligros, porque los titulares, como sabes, son resúmenes. No me interesa hablar de eso, no hablo en mi casa, ni con mis amigos. ¿Me entiendes?

-Sí claro. Hablemos de la Guerra Civil, que es el escenario de sus novelas de la saga 'Falcó'. Imagino que seguirán nuevas novelas.
-Sí, va a seguir porque, aunque iba a ser una novela, me lo pasé muy bien y voy a hacer al menos tres o cuatro.

-¿Y sobre el capitán Alatriste? Se lo pregunto porque he visto que un señor se lo pedía por la calle.
-Sí que me lo piden, sí. Bueno, no sé. Tengo 66 años y no sé lo que voy a vivir y cuanto tiempo me queda.

-Pero si está usted muy bien.
-Bueno, el mundo se divide entre la gente que sabe que se va a morir y la que no. Y yo sé que me voy a morir. Yo aprendí muy joven, y eso ha condicionado toda mi vida, que todo es muy frágil en la vida, todo: la salud, la cordura… No sé si me quedan dos años o diez, dos novelas o diez, y he de elegir muy bien lo que hago. No voy a malgastar el tiempo en cosas que no me apetecen. Y ahora me apetece mucho hacer 'Falcó'.

-¿Es un tema cerrado la Guerra Civil para los españoles?
-No, no es un tema cerrado. Era un tema cerrado, claramente cerrado. Pero [silencio largo], hubo estúpidos y malvados, y siempre es peor un estúpido que un malvado; hubo una conjunción planetaria de estupidez y de maldad que hizo, hará como diez años, que el tema de la Guerra Civil se convirtiera en arma política de nuevo. Y entonces, ¿qué pasó?, pues que cayeron sobre esa arma para utilizarla generaciones de políticos y no políticos jóvenes que no tenían la formación adecuada. No tenía ni la edad, ni el conocimiento; ni la lucidez; ni la experiencia; ni la habían estudiado lo suficiente. Y la utilizaron con una alegría irresponsable el nosotros y ellos, las cunetas, las no cunetas… Se resucitó otra vez lo que parecía tan bien calmado. De esa estupidez, convertida en maldad por pura estupidez, surgió un revival de la Guerra Civil que en nada ha beneficiado a nadie, y ha perjudicado mucho a todos. Porque, además, y de esto sí hablo con gusto, hay idiotas que confunde la equidistancia con la ecuanimidad.

-¿A qué se refiere?
-Cuando uno ve una guerra civil desde fuera, los Balcanes, Nicaragua… y yo he hecho siete, eh, está todo claro: Franco malo, República buena; serbios malos, bosnios buenos; somocistas malos, sandinistas buenos; Videla malo, montoneros malos… Pero cuando te acercas a ellos, y hablas, y te fumas un cigarrillo, y te salpica la sangre; y los ves morir, matar, torturar… Entonces las líneas claras se difuminan: te doy mi palabra de honor de que es así. Al aplicar a la Guerra Civil un criterio de buenos y malos se pervierte la realidad. Ser ecuánime es ver la barbarie y la crueldad estés donde estés respecto al conflicto. Por eso te he citado antes a Chaves Nogales. Pues bien, esto en España es imposible porque estos idiotas han conseguido que, de nuevo, nadie reconozca virtudes en el adversario y que aceptemos, sin cuestionarlas, las supuestas verdades de nuestro bando.

-Eso es genuinamente español…
-Hemos vuelto a ese español tan peligroso que no quiere al adversario vencido o convencido, sino exterminado: y a ser posible, a su mujer rapada y humillada y al hijo expulsado de la escuela. Eso, que es muy español, y que tiene su orígen en la Inquisición, y que fue borrado de nuestro mecanismo de relación social, ha vuelto. Por eso te encuentras a un niñato que no tiene ni idea de lo que fue aquello, ni ha leído nada, manejando conceptos de 140 caracteres y dando lecciones. Y todo porque se destapó la cazuela por razones tácticas inmediatas y se arruinó el trabajo, si quieres imperfecto, realizado hasta entonces.

-Este 'revival' comenzó en las manifestaciones de la Guerra de Irak con una profusión de banderas republicanas sin precedentes años atrás, ¿verdad?
-El político que, con su irresponsabilidad, más ha complicado España desde la Guerra Civil ha sido José Luis Rodríguez Zapatero.

-¿Ahora el 'revival' es de banderas españolas?
-Por suerte el español ya no es el mismo. Pero esto mismo, con pistolas, con incultura, con desesperación, con fascismos y comunismos, es lo que pasó en el 36. Mi padre y mi tío eran niños bien y lucharon por la República. A mi suegro, que era un joven de izquierdas, aragonés y duro como el granito, le tocó luchar con los nacionales y fue herido en combate. Decir que las dos Españas estaban ideologizadas y que fue el pueblo contra los generales y los curas es una simplificación y un disparate. Una Guerra Civil no se simplifica en 140 caracteres.

-¿Quizá está cambiando la percepción sobre la bandera española? ¿Ya no simboliza la derecha?
-Yo a las banderas no les tengo mucho… Pero en España hemos tenido un problema grave por culpa de la izquierda. El franquismo contaminó la Historia de España de fanfarria patriotera: ¡le pusieron camisa azul al Cid! Y cuando llegó la democracia, la izquierda, en lugar de limpiar la historia e incorporarla a la vida cotidiana, le cedió la palabra España a la derecha y le regaló la bandera. Cuando España es sufrir juntos y la Historia de España es la Historia de un sufrimiento colectivo. Ahora hay tímidos intentos de recuperar esos conceptos… Oye, ¿tú has leído 'Eva'?

-No.
-[Se ríe] ¿Y 'Falcó'?

-No.
-[Se ríe a carcajadas] Ah, por eso no paras de preguntarme cosas sobre España. ¿Pero te has leído alguna novela mía?

-Sí, muchas. ¿El personaje de Eva es un compendio de todas las mujeres de sus novelas?
-Sí, yo he conocido a esas mujeres que, en un mundo hostil, compiten en igualdad de condiciones con los hombres. Además, Eva es una mujer comunista en los años 30. Había muchas mujeres increíbles en esa época. Hay una película tremenda de José Luis Arévalo, 'Rojo y negro', sobre la resistencia falangista en el Madrid rojo, que es extraordinariamente buena. Esa mujer luchadora, comprometida, existía en ambos bandos. Y no hablo de una mujer política, como La Pasionaria, que huyó a Valencia y luego a la URSS, sino de las mujeres que se quedaron, que lucharon y que fueron torturadas y fueron a la cárcel. Ese tipo de mujer, que yo he conocido y que también aparece en los libros de Arthur Koestler y de John Dos Passos, es el molde de Eva. Eran personas que se la jugaban de verdad. Esa mujeres de los años 30 abrieron el camino.

-¿Cuando te llaman machista en las redes sociales cómo te lo tomas?
-Que lean mis novelas. A mí sólo me tratan de machista quienes no me han leído y los folclóricos que consideran que burlarse del todos y todas es machista.

-¿Las redes sociales han distorsionado o están distorsionando, frivolizando, el feminismo?
-Claro, es que las simplezas que circulan son material fácilmente comprable por parte de personas que no tienen más capacidad. Hay una especie de mercado analfabeto en torno a las redes sociales, donde se difunden sin esfuerzo esa cosas. Pero a Twitter se viene llorado. Yo me divierto mucho porque me permite observar el mundo.

-Cómo han afectado las redes sociales al periodismo?
-Lo han destrozado, lo han matado, al menos el periodismo en el que yo me eduqué. El problema es que ningún medio puede competir con la basura y la basura se difunde con mucha más facilidad, genera más clics, y eso hace que el rigor se repliegue poco a poco. La sustitución del discurso profesional, coherente y trabajado por el discurso fácil y poco riguroso es peligrosa.

-¿Qué consejo le darías a los jóvenes que empiezan?
-Que no se hagan periodistas: la mayor alegría que me dio mi hija fue cuando me dijo que no quería hacerse periodista, que quería ser historiadora y arqueóloga. Y ojo, es terrible, porque el único contrapoder, la única fuerza que permite limitar, controlar, denunciar, asustar a los innumerables hijos de puta que manejan los resortes del poder, dentro y fuera de España, es la existencia de una prensa libre, culta y con público. Sólo le tiene miedo a eso. Las redes sociales son perfectas para los políticos porque allí ellos pueden manipular. Cualquier Rufián puede hacerse popular con cuatro tuits ingeniosos o infames. Por eso es tan triste que desaparezca, como está desapareciendo, la prensa solvente. Porque se quedan sin jueces y sin testigos; y los poderosos sin testigos son muy peligrosos.

-¿Y a un joven que quiera escribir?
-Que escriba para series de televisión y para los videojuegos. Hay mucho talento en los videojuegos.

-¿Qué pensó usted cuando oyó a los de Podemos copiarle la idea de que había que poner una guillotina en la Puesta del Sol?
-Eso lo dije yo en el 88, y aparece en 'El maestro de esgrima'. Ellos no saben qué es una guillotina, no saben lo que están diciendo; y si lo saben, es peor todavía.

-También le copiaron el uso de conceptos como "casta" y "élite".
-Bueno, no son la misma cosa. La palabra "casta" la escribí yo en un artículo llamado 'Los amos del mundo' en el 98. Lo que está mal visto es la palabra "élite". Las élites son sospechosas. Todo el sistema educativo está confeccionado para aplastar la inteligencia en cuanto aparece, para que no haya ningún niño que destaque sobre el resto. Se iguala en la mediocridad cuando la élite es buena porque señala caminos y objetivos a la sociedad. La gente brillante es necesaria. ¿Qué eran Churchill, Adenauer, Einstein, Stefan Zweig, Thomas Mann, Caravaggio, Miguel Ángel, Plutarco…? Eran élites, naturalmente. En España, como todo lo negativo lo abordamos con entusiasmo, estamos exterminando a las élites. Eso es terrible, es un suicidio social, político y cultural a que esto nos está llevando.

-Todo por la igualdad.
-Es que no somos iguales, por suerte. Al hacer sospechosa a la élite renunciamos a sus enormes ventajas.

-¿Es usted optimista?
-No, no, no puedo serlo. Tengo 66 años, 21 de ellos viendo guerras, una inteligencia mediana y 30.000 libros en mi biblioteca. No puedo ser optimista porque sé que no somos nada, que somos muy vulnerables.

-Bueno, la estadística dice que estamos mejor, que hay menos hambre y que la esperanza de vida es mayor.
-Si el objetivo es la esperanza de vida, apaga y vámonos. Los occidentales le damos demasiada importancia a la vida cuando somos como hormigas bajo la bota de un dios implacable. Y esa bota una vez es un tsunami, otra un terremoto y otra una furgoneta en las Ramblas. Vivimos en la parte buena del cosmos, pero a veces la parte mala nos salpica. Es importante que seamos conscientes. La vida humana no vale nada, los seres humanos somos cinco litros de sangre. Sólo la cultura sirve de consuelo. Y 'Falcó', por volver de una vez a mi novela, de la que no me has preguntado nada, lo sabe muy bien. Lo que le hace interesante no es la inteligencia de su autor, sino que no es un cantamañanas buenista. Es un tipo que sabe que el mundo es una broma de mal gusto, y lo disfruta.
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