La Reverteca

Noticias, entrevistas, artículos y material diverso sobre Arturo Pérez-Reverte

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Postby Rogorn on Thu Apr 13, 2017 1:51 pm

Los diálogos
Emilio Lara - abc.es - 13/04/2017

Durante mi infancia y adolescencia 'La clave' era un programa sagrado en mi casa. Su inquietante música, la película y el coloquio fueron hitos televisivos en la Transición y primeros años de la democracia. José Luis Balbín, con su omnímoda cultura, moderaba una tertulia en la que los invitados hablaban sin atropellarse ni insultarse y exponían sus argumentos con libertad. Resultaban inimaginables las bocas emputecidas, los gestos chulescos, el griterío verdulero y la sustitución del pensamiento sedimentado por eslóganes y clichés. Era para quedarse embobado ver cómo aquellos hombres y mujeres, entre la neblina del tabaco de pipa, hablaban con solvencia de variados temas. Muchas veces sus ideologías eran antagónicas, pero entre ellos se escuchaban con un respeto reverencial. A través de los televisores de abombadas pantallas, mucha gente aprendió el arte de debatir, conoció a personas que eran historia viviente y se apasionó con la historia, la literatura y el cine.

Los lectores de un periódico no sólo coincidimos básicamente en nuestra escala de valores, sino que compartimos una comunidad de creencias y afectos que nos religa con otras generaciones actuales. E incluso, en el caso de este diario de la grapa, existe un sentimiento de hermandad retrospectiva con quienes nos precedieron, pues un lector hipster y otro de bigote engominado de hace un siglo probablemente coincidirían en buena parte de sus principios. Sobre todo, en su querencia por España.

Quienes leemos el Diario de Las Tres Letras y vivimos desperdigados por la geografía hemos asistido recientemente a dos formidables entrevistas organizadas por el periódico: los Diálogos ABC, una novedosa fórmula periodística que nos permitió, vía streaming, verlos en directo a través de los dispositivos electrónicos. Ambas tardes llegué a mi casa con prisa para sentarme delante del ordenador y ver, en una abarrotada sala madrileña y con una sobria escenografía, cómo Pérez-Reverte conversaba con Ferrer-Dalmau y cómo Bieito Rubido entrevistaba a Vargas Llosa. Menudo colocón intelectual y emocional pillé. Ambos actos transcurrieron para mí en un tiempo sin relojes, fascinado por la palabra elegante y el gesto pausado. En el primer Diálogo se habló de pintar la historia; en el segundo, de literatura y vida.

Con las ciudades pasa como con las personas: unas no merecen la pena, otras queremos conocerlas más a fondo, y algunas nos dejan tan prendados que cada vez que regresamos a ellas tenemos la sensación de estar en casa. A mí me sucede con Roma, con su condensación de belleza, sus edificios ocres y sus atardeceres. Esa dulce luz romana la plasmó Ferrer-Dalmau en el cuadro 'Regimiento España 1849', en el que, con el Vaticano al fondo, los lanceros españoles escoltan a Pío IX. Y otra suave luz, esta la de un atardecer anubarrado, es la del lienzo 'Nostalgia', en el que una pareja de guardias civiles a caballo contempla un pueblo desde la distancia. En cualquiera de sus pinturas reconocemos un pasado común de gloria o derrota, pero siempre épico. Y es que el catalán Augusto Ferrer-Dalmau es más que un pintor de batallas. Es un retratista de la historia.

He paseado silbando Tipperary por el Imperial War Museum de Londres, y en el Museo de la Historia Alemana, en Berlín, al toparme con el sombrero que llevó Napoleón en Waterloo he gritado «la Garde recule!», porque en los museos, quienes pensamos con perspectiva histórica, experimentamos regresiones al montarnos en una máquina del tiempo. Algo que también consigue Ferrer-Dalmau con sus excelentes obras: fotogramas de una grandiosa película que contemplamos hechizados. Sus cuadros son los recuerdos en cinemascope de quienes hicieron la historia.

El pintor barcelonés y el escritor cartagenero charlaron como dos viejos camaradas. Hubo ironía, desdén por la gazmoña corrección política y ósmosis vital entre quien ha pintado 'El último tercio', ambientado en Rocroi y el creador de Alatriste, el celebérrimo personaje muerto literariamente en dicha batalla, en 1643. La obra de Ferrer-Dalmau no sólo tiene el magnetismo de la evocación, sino que defiende a corazón abierto un patriotismo enraizado en el pasado prolongado hasta nuestros días. Su pintura reivindicativa es auténtica kryptonita contra los del pensamiento okupa que pretenden manipular nuestra historia o silenciarla.

La esgrima dialéctica propiciada por Arturo Pérez-Reverte es la misma que podemos apreciar en los diálogos de sus novelas, en sus concisas descripciones de un paisaje o de un estado anímico. Es de la estirpe de escritores que consiguen que, al coger uno de sus libros, nos sumerjamos en ellos con idéntico placer al de quienes, sedientos y al anochecer, entraban en un garito clandestino durante la Ley Seca.

En el segundo Diálogo, Mario Vargas Llosa, preguntado por el director del periódico, habló como suele: cortejando al idioma. El premio Nobel no sólo es un embajador plenipotenciario de nuestra lengua, sino el autor de la, posiblemente, mejor novela del s. XX escrita en español: La fiesta del chivo. Con su hermoseada palabra, rememoró la Barcelona acogedora de los primeros años setenta en la que vivió y donde los independentistas eran reliquias, elogió la tauromaquia, evocó su amor por la lectura y su temprana capacidad fabuladora y reivindicó con pasión la libertad, amenazada por los populismos. Y si leerlo es un alborozo, escucharlo es dejarse llevar por el río de sus deslumbradores razonamientos, de su celebración de la vida. Por eso seguí aquel Diálogo absorto, como hacían miles de españoles cuando veían La clave, celebrando el festín de la inteligencia.

Y al igual que cuando salimos del cine comentamos una película que nos ha entusiasmado, al día siguiente de cada Diálogo los amigos nos buscamos en el trabajo para opinar, y nos mostramos en los móviles cuadros de Ferrer-Dalmau mientras los corazones sonaban a ritmo de tambor. Presté 'El asedio' y 'El sol de Breda' de Pérez-Reverte como si fuesen un botín, y dejé 'Travesuras de la niña mala' de Vargas Llosa advirtiendo que era una historia de amor inolvidable.

Y luego, pasó de mano en mano el 'ABC'.

El de siempre.
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Postby Rogorn on Fri Jun 09, 2017 5:07 pm

Pérez-Reverte, que estás en los cielos
María José Barroso Crespo - lne.es - 09/06/2017

O le amas o le odias. O le adoras desde su pedestal o rezas para que se pudra en el más ardiente de los infiernos, sin la compañía divertida que imaginó Mark Twain. Quien lleva a gala una personalidad tan arrolladora como Arturo Pérez-Reverte sabe que las reacciones que suscite nunca serán tibias. Fomenta polémicas, sacude polvo y lodos del ruedo político, levanta alfombras que tapan la historia y parece encontrarse en su salsa detectando estúpidos al estilo Quevedo: “Todos los que parecen estúpidos lo son y, además, también lo son la mitad de los que no lo parecen”. Es difícil saber de qué lado está la balanza, si de los amantes o los detractores, pero a juzgar por la interminable cola que formó en la Feria madrileña para firmar ejemplares de su último libro 'Falcó', es evidente que cuenta con el tirón del morbo para los curiosos y con la devoción de sus lectores, muchos fieles desde su primera novela 'El húsar', allá por 1986.

“Asusta pensar que acaso las admiraciones más sinceras que tenemos son de las personas que no nos han comprendido”, escribió Galdós. El personaje que Pérez-Reverte se ha creado en los últimos años para comparecer ante el público, especialmente en redes sociales, amenaza con superar en dimensiones y efectos imprevisibles a la santísima trinidad que formaban antes periodista-académico-novelista.

El escritor -o su personaje- se levanta la capa o se quita el sombrero a voluntad, mientras maneja el sable de la ironía para pinchar la indiferencia y tocar la tecla que desata un coro de voces ofendidas y discordantes. “Las patentes de corso son una válvula de escape de un personaje creado expresamente para ellas. Un artificio narrativo destinado a patear ingles indiferentes o estúpidas. En la vida real respeto los semáforos, ayudo a las ancianitas a cruzar la calle y soy tierno como un oso mimosín, o casi.” Así lo dijo en respuesta a las preguntas de los lectores de 'XL Semanal', sin ningún rubor y con la misma franqueza que escribe tuits o artículos que indignan. La enésima polémica tuvo que ver con una conocida actriz, sus tetas y una noche de copas entre amigos. El artículo recordó que el talón de Aquiles del escritor es cierto machismo trasnochado, aunque por sus novelas desfilen mujeres poderosas como “La Reina del Sur”. Un machismo como concepto enfrentado al feminismo, propio del seductor que no valora a mujeres reales porque aspira a mujeres ideales, adornadas con los mayores encantos y virtudes, elevadas sobre tacones de aguja, -cuanto más altos mejor-, para que, cuando el bastión caiga, aumente la proeza del conquistador. “Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla”, escribió Quevedo.

El Pérez-Reverte que yo tenía en los cielos como maestro no era un personaje asomado a Twitter o a la televisión mediante ningún artificio; era libre de peajes comerciales, libre de su propia marca. Durante 21 años ofreció una mirada sincera tras las gafas oscuras y llevaba en su chaleco la lucidez del periodista curtido como corresponsal de guerra. Una imagen que se ha ido transformando por los pasillos de la Academia y de la ficción literaria. En sus artículos periodísticos, Pérez-Reverte imprime toda la fuerza de la que, en ocasiones, carecen los protagonistas de sus novelas. Lo afilado y acertado de su crítica es innegable, aunque esté teñida de una visión catastrofista de la condición humana. “Escribo con tanta libertad que me sorprende que me dejen”. Y ahí radica su esencia, en el compromiso del periodista que siempre será. Ningún disfraz oculta por completo la piel del que lo luce y menos cuando importa tanto lo que se muestra. “Es posible hablar con extrema dureza de lo que se ama, precisamente porque se ama, y con la autoridad moral que nos confiere ese amor” (Capitán Alatriste)

En su haber, además, hay que anotar la creación de la mejor revista literaria en la web: Zenda. Un lujo y una esperanza de futuro para los que amamos los libros.

Pérez-Reverte dice haber construido un personaje que, –confiemos-, no le desborde. Y, si no existiera, habría que inventarlo: para que la realidad no sea tan anodina, para que nos sacuda cuando sesteamos ante las injusticias, para que encienda una chispa en el lado oscuro donde nos escondemos a menudo. Si no existiera, la vida sería tan aburrida como para desear irse con él al infierno, al cielo, o a donde le plazca.
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Postby Rogorn on Fri Jun 09, 2017 6:59 pm

María José Barroso en 'La Nueva España': "El talón de Aquiles del escritor [Arturo Pérez-Reverte] es cierto machismo trasnochado, aunque por sus novelas desfilen mujeres poderosas como “La Reina del Sur”. Un machismo como concepto enfrentado al feminismo, propio del seductor que no valora a mujeres reales porque aspira a mujeres ideales, adornadas con los mayores encantos y virtudes, elevadas sobre tacones de aguja, -cuanto más altos mejor-, para que, cuando el bastión caiga, aumente la proeza del conquistador."

Pues vamos a acudir a las fuentes, a ver qué tipo de taconeo encontramos:

Julia, la restauradora de 'La tabla de Flandes', viste "zapatos de tacón bajo y cazadora de piel sobre la falda tableada color castaño" y luego "calzado sin tacón tipo mocasín, tejanos y una cazadora deportiva, de gamuza, con un pañuelo de seda en torno al cuello". Los tacones altos, que si lo son demasiado es señal de mal gusto, solo aparecen en esta novela en el personaje de la excesiva galerista Menchu Roch: "Los tacones de Menchu —zapatos cosidos a mano, carísimos, pero dos centímetros más altos de lo preciso— dejaban dolorosas marcas en la moqueta beige".

En 'El club Dumas' Liana Taillefer, rubia a lo Kim Novak, "era bastante más alta que Corso, a pesar de que calzaba tacón bajo".

En 'La carta esférica' Tánger Soto "iba vestida con chaqueta de ante, falda oscura y zapatos de tacón bajo" y luego "sobre la camisa un chaleco de lana gris, desabotonado, y bajo la falda, amplia y oscura, zapatos negros de tacón muy bajo y medias también negras que la hacían parecer aún más delgada y alta de lo que era". En esa misma novela los únicos tacones altos que aparecen son los de una secretaria de Nino Palermo, burlonamente descrita como "ahora vestida de oscuro, falda corta, piernas visibles hasta medio muslo y modosamente juntas en las rodillas, inclinadas en línea oblicua hacia un lado, con zapatos de tacón alto. Manual de la perfecta secretaria en velada con el jefe, sección indumentaria, página cinco".

En cuanto a 'La Reina del Sur', los tacones altos, sobre todo combinados con vaqueros ajustados, son imagen más de novia hortera de narco que de señora elegante: "Brenda era una chava menuda, muy habladora, de bonitos ojos marrones, que llevaba en el tobillo derecho una cadena de oro con las iniciales de su hombre. Habían ido muchas veces juntas de compras por Culiacán, pantalones de piel muy ceñidos, uñas decoradas, tacones bien altos, Guess Jeans, Calvin Klein, Carolina Herrera... "(Teresa Mendoza) no era gran cosa, más bien menudilla, pero cuando se arreglaba quedaba aparente. (...) Un poco hortera de indumento, al estilo de las chavalas de los del hachís y el tabaco, aunque menos aparatosa: pantalones muy ceñidos, camisetas, tacones altos y todo eso. Arreglá pero informal". Luego, "estuvo un rato mirándola de lejos, con la Mahou en la mano, intentando relacionar a la joven que él conocía, la mejicanita eficiente y discreta detrás del mostrador, con aquella otra vestida con tejanos, zapatos de tacón muy alto y una chaqueta de cuero, el pelo con la raya en medio, liso y tirante hacia atrás para recogerse en la nuca a la manera de su tierra, que conversaba con el hombre sentado junto a ella a la sombra de la muralla. Una vez más pensó que no era especialmente bonita sino del montón". Y por supuesto, nada de antes muerta que sencilla: "Recorrió tres cuadras sin mirar atrás. Ni modo. Los tacones que llevaba eran demasiado altos, y comprendió que iba a torcerse un tobillo si de pronto echaba a correr. Se los quitó, guardándolos en la bolsa, y descalza dobló a la derecha en la siguiente esquina, hasta desembocar en la calle Juárez". Más adelante los tacones se usan como instrumento de trabajo: "Estaba seguro de que el gallego tenía que ver con las recientes e insólitas peticiones de Teresa de asistir a algunas de las fiestas privadas que Dris Larbi organizaba a uno y otro lado de la frontera. Quiero ir, propuso ella sin más explicaciones; y él, sorprendido, no pudo ni quiso negarse. Vale, de acuerdo, por qué no. El caso es que allí había estado, en efecto, ver para creer, la misma que en el Yamila iba de estrecha y de seria detrás de la barra, muy arreglada ahora y con mucho maquillaje y bien guapa, con aquel mismo peinado de raya en medio muy tirante hacia atrás y un vestido negro de falda corta, escotado, de esos que se pegan a un cuerpo que no estaba mal, y sobre el tacón alto unas piernas -nunca antes Dris Larbi la había visto así- en realidad bastante potables. Vestida para matar, pensó el rifeño la primera vez, cuando la recogió con un par de coches y cuatro chicas europeas para llevarla al otro lado de la frontera, más allá de Mar Chica, a un chalet de lujo".

Por su parte, Pati O'Farrell, la de la buena crianza de hace generaciones, sabe cuándo usar tacones y cuándo no: "Estaban sentadas bajo las parras del porche, en butacas de madera con almohadones de lino, una copa en la mano y mirando a la gente que se movía alrededor. Todo muy acorde, decidió Teresa, con el lugar y con los autos de la puerta. Al principio había estado preocupada por sus liváis y sus zapatos de tacón y su blusa sencilla, en especial cuando al llegar algunos la miraron raro; pero Pati O'Farrell -un vestido de algodón malva, lindas sandalias de cuero repujado, el pelo rubio tan corto como de costumbre- la tranquilizó. Aquí cada cual viste como le sale, dijo. Y así estás muy bien". Otro día, "se fueron las dos a Jerez, vestida Teresa de señora para la ocasión, chaqueta y falda gris con zapatos negros de tacón, el pelo recogido en la nuca y la raya en medio, dos sencillos aros de plata como pendientes". "(Pati) había dejado la copa vacía en una mesa y se alejaba, camino del bar: tacón alto, espalda escotada hasta la cintura, en contraste con el vestido negro que llevaba Teresa, con el único adorno de unos pendientes -pequeñas perlas sencillas- y el semanario de plata".

Esta imagen de mujer que sabe vestir lo adecuado en cada momento, y vestirlo bien, queda aumentada y mejorada en la Mecha Inzunza de 'El tango de la Guardia Vieja': en la cubierta del transatlántico "vestía de corte deportivo, falda plisada y jumper de lana a rayas. Los zapatos eran de tacón bajo, y le ovalaba el rostro inclinado sobre un libro el ala corta, acampanada, de un sombrero de paja tagal". Cuando Max abre su armario encuentra "dos maletas Vuitton muy usadas; y abajo, ropa dispuesta en perchas, estantes y cajones: una chaqueta de ante, vestidos y faldas de tonos oscuros, blusas de seda o algodón, rebecas de punto, pañuelos franceses de seda fina, zapatos ingleses e italianos buenos y cómodos, con poco tacón o suela plana". De noche, y para bailar tango, "Max apreció de nuevo, complacido, el tacto de su piel desnuda bajo el raso del vestido largo hasta los zapatos de tacón alto, que al moverse al compás de la música moldeaba las líneas de su cuerpo, tan próximas entre las manos profesionales, y no siempre indiferentes, del bailarín mundano". Más adelante, "a la luz del farol cercano vio que Mecha Inzunza se recogía el chal de seda sobre los hombros mientras miraba alrededor, impasible. Iba sin sombrero ni joyas, con un vestido claro de tarde, tacón mediano y guantes blancos largos hasta los codos". En otros momentos de la novela se la ve de la misma forma, estudiada en su indumentaria según la ocasión: "Merced a los tacones altos que realzaban el vestido de noche, su rostro quedaba a la misma altura que el de Max". "Esbelta, tranquila, caminando firme sobre tacones altos en el suave balanceo de la nave, su cuerpo imprimía líneas rectas y prolongadas, casi interminables, a un vestido verde jade largo y ligero —al menos cinco mil francos en París, rue de la Paix, calculó Max con ojo experto— que desnudaba sus brazos, hombros y espalda hasta la cintura, con un solo tirante sutil bajo la nuca que el cabello corto descubría de modo encantador. Admirado, Max llegó a una doble conclusión. Aquélla era una de esas mujeres que se veían elegantes a la primera mirada y hermosas en la segunda. También pertenecía a cierta clase de señoras nacidas para llevar, como si formasen parte de su piel, vestidos como ése". "Ella se había puesto una capa de piel de zorro gris, llevaba en las manos un pequeño bolso de lamé, estaba sola y se dirigía hacia una de las cubiertas de paseo; y Max admiró, de un rápido vistazo, la seguridad con que caminaba con tacones pese al balanceo, pues incluso el piso de un barco grande como aquél adquiría una incómoda cualidad tridimensional con marejada". "Caminaba segura sobre tacones pese al suelo húmedo, las manos en los bolsillos de un impermeable gris de cinturón muy ceñido que le acentuaba la esbeltez del talle. Recogido el cabello en una boina negra".

En 'El francotirador paciente' Lex Varela conoce a una belleza italiana que "era más alta que yo, aunque calzaba sandalias sin tacón, y realmente hermosa de rostro y formas. Un magnífico ejemplar de su raza y de su casta. Llevaba un vestido ligero de tonos claros que le descubría los brazos desde los hombros y las piernas desde las rodillas, y se ajustaba suavemente a sus caderas —más bien anchas, observé— cuando se movía por la habitación. Llevaba barniz en las uñas, pero sus manos no estaban cuidadas. Por lo demás, las maneras eran tranquilas, sin afectación. Transmitía una apacible serenidad que parecía irradiar de los ojos, muy claros incluso cuando la luz no daba directamente en su rostro. Aunque ahora parecían sombríos".

Y finalmente, la imagen más definitiva quizá sea esta del poco conocido relato 'La pasajera del San Carlos': "A ella la vi subir al barco en Cádiz. Recorrió la escala real, cinco metros de plancha inestable vibrando bajo sus tacones altos, como sólo una de cada cien mujeres sabe hacerlo: con seguro balanceo de piernas y caderas, leve como un soplo, con la brisa cómplice haciendo ondear la falda de su vestido blanco. Todo en ella parecía dorado: el cabello, las pestañas, la piel. Martín, mi tercero, que por aquel entonces era aún demasiado joven y demasiado impresionable, alargó una mano para ayudarla a pisar cubierta y ella se lo agradeció con una mirada azul que lo hizo enrojecer. Una mirada de esas por las que un hombre de los de antes era capaz de hacerse matar en el acto".

Así que cada vez que se lea un artículo de Pérez-Reverte donde se mencionen los tacones, estaría bien tener esto en mente: lo de que cuanto más altos mejor es una cosa que quién sabe de dónde ha salido (como el caballo de San Pablo o la manzana de Adán y Eva, que vayan a buscarlos en la Biblia a ver si los encuentran), y que la clave es que si no sabes, pa qué te metes.
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Postby Rogorn on Fri Jun 16, 2017 12:48 pm

Pérez-Reverte, Cartagena y toros
Francisco Vera - laopiniondemurcia.es - 16/06/2017

Hoy me pide el cuerpo hablar de nuestro ilustre paisano Arturo Pérez-Reverte. Me encuentro con mi profesor de canto y compañero José Espinosa y, entre partitura y partitura, me dice: «¡Cómo disfruto leyendo a nuestro paisano Pérez-Reverte! ¡Qué grande es tener un académico de ese calibre». Sí, maestro –le respondo–, pero qué poco lo disfrutamos. Yo he intentado varias veces contactar con él a través de su secretaria, incluso con sus familiares que son mis vecinos y no lo he conseguido. Era mi intención ponerlo al día del proyecto que el Foro Cultural Taurino de Cartagena lleva luchando desde el 2002 y las vicisitudes, desdichas y trabas que van surgiendo en el camino, hasta hoy, por conseguir un palacio multiusos para Cartagena a coste cero con inversión privada. Le quiero explicar a Espinosa el porqué de mi interés en contactar con nuestro querido escritor.

Quizá no sepa mi estimado maestro que a Arturo Pérez-Reverte le viene la afición taurina de su abuelo. Éste, los domingos, se ponía su sombrero panamá y dos puros metidos en el bolsillo de su chaqueta, y cogiendo de la mano al pequeño Arturo se encaminaba tras las mulillas y la banda de música enfilando la calle del Ángel hasta nuestra hoy maltratada plaza de toros del hospital. Aquellos eran otros tiempos en que los nietos disfrutábamos con los abuelos –hoy sustituidos por las tablet y los móviles–, y nos enseñaban y educaban con la sabiduría de aquellos hombres que trabajaban de sol a sol y, a poco que tuvieran unos minutos, los dedicaban a sus nietos. Los que entonces éramos niños quedábamos boquiabiertos cuando nos contaban sus batallitas, nos llevaban a los caballitos o a ver un espectáculo taurino.

Es posible, José Espinosa, que tampoco sepa usted que en el año 2008 la Real Maestranza de Caballería de Sevilla invitó a nuestro ilustre paisano a hacer el pregón de la feria taurina. A nuestro escritor le hizo la presentación el periodista Carlos Herrera. Pérez-Reverte le contestó que este duro trago de hacer el pregón en Sevilla es como «estar casado con una duquesa», pues en ambos casos «el honor es mayor que el placer». Dice nuestro ilustre que él aprendió en las plazas de toros lo que a día de hoy sigue valorando; esto es, «esas dos palabras, valor y dignidad, que constituyen la única, la máxima, la verdadera aristocracia del género humano» y conoció la inflexible ley del riesgo que «lamentablemente, a veces tienen que caer toreros. Si la muerte no jugase la partida de modo equitativo, nada de todo esto tendría sentido». Con esa instrucción taurina del abuelo aprendió a mirar. Fue una educación «visual, sensorial, íntima». A partir de ahí aparecieron una serie de conceptos, tales como dignidad, coraje, resignación, vida y muerte. Nuestro novelista descubrió a los veintiún años, cuando ejercía de reportero de guerra, que se repetían los mismos conceptos que en la tauromaquia, pero esta vez en Sarajevo, o en Managua, allí en el frente en las trincheras o burladeros. Y es que aquí, mi querido profesor, no es como en las obras de nuestro paisano y dramaturgo Isidoro Máiquez donde podía morir en cada obra. ¡Aquí se muere una sola vez y de verdad!

Mi insistencia en poder comunicarme con nuestro escritor Pérez-Reverte es ver si por Cartagena y su cultura podríamos contar con él para un congreso en nuestra UPCT. Pero me temo que después de tantos intentos será muy complicado.
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Postby Rogorn on Fri Jul 14, 2017 6:42 pm

Arturo Pérez-Reverte recibe el premio literario Jacques Audiberti 2017 en Francia
Europa Press - 14/07/2017

El escritor español Arturo Pérez-Reverte ha sido galardonado con el Premio Literario Jacques Audiberti 2017 que otorga la ciudad de Antibes, en la Costa Azul francesa, anunció este viernes la editorial Penguin Random House. El premio, creado en 1989 por el entonces alcalde del Ayuntamiento de Antibes, Pierre Merli, y por la Academia Francesa, tiene como objetivo distinguir a autores inspirados por la civilización mediterránea, señaló la editorial en un comunicado. Está dotado con una remuneración de 8.000 euros y entre los ganadores en el pasado ya hubo un español, Fernando Arrabal -residente en Francia-, en 1996. En su palmarés hay, mayoritariamente, literatos franceses -como Jean d'Ormesson, Jean Raspail, Amin Maalouf- pero también los italianos Oriana Fallaci, Claudio Magris y Pietro Citati; los británicos Lawrence Durrell y Patrick Leigh Fermor; el egipcio Albert Cossery; o el griego Lakos Proguidis.
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Re: La Reverteca

Postby Rogorn on Sun Oct 15, 2017 7:55 pm

Pérez Reverte y Javier Marías son de izquierdas
medium.com - 15/10/2017

De las verdades oficiales que riegan la tierra de nuestro tiempo una de las más incuestionadas es que las ideologías han muerto. Las izquierdas y las derechas ya no existen. No obstante, continúan utilizándose los apelativos de facha o fascista para desacreditar a la presunta derecha desde la supuesta izquierda; o de comunistas, rojos, perroflautas y anarquistas para insultar a la quienes son vistos como habitantes de la izquierda por otros que se consideran en la derecha. La verdad oficial afirma que no existen izquierdas y derechas, pero ellos, unos y otros, se reivindican continuamente por descalificación del contrario.

Otro de los fenómenos subversivos bajo la verdad oficial de muerte de las ideologías es que personas con sensibilidad de izquierdas son tildados de “fachas” a tenor de sus opiniones. Y lo son, insultados y deslegitimados en su “izquierdismo”, generalmente por personas que se identifican con la izquierda.
De esta forma, individuos con identidad y convicciones de izquierda se convierten en reos de un jurado popular, también o presuntamente de izquierda, que les ha sentenciado a ser considerados fachas por encima de toda evidencia o, mejor expresado, utilizando contra ellos evidencia que tradicionalmente se habría considerado una actitud propia de la izquierda: ejercer de manera constante su juicio crítico ante diversas realidades sociales. De nada sirve que antes del advenimiento de la verdad oficial de la muerte de las ideologías el juicio crítico era considerado bastante de izquierdas.

Quienes son condenados como “fachas” por sus opiniones, a pesar de sus más o menos visibles actitudes ideológicas a la izquierda en sus trayectorias, conviven además con la paradójica situación de que cuanto más intentan argumentar sus opiniones para contextualizarlas más incurren en conducta ilícita según sus juzgadores. Los acusados de “fascismo” son además apresados bajo esa figura jurídica que se denomina la “inversión de la carga de la prueba”: a priori ya son considerados culpables y es de ellos de quienes se espera que demuestren su inocencia, su pureza de pensamiento de izquierdas, carga de prueba que requeriría básicamente asumir y repetir acríticamente todos los eslóganes, argumentarios y posiciones que se consideran demostrativas de la sangre roja. Todo muy poco de izquierdas, no obstante.

En este escenario, son ejemplares prototípicos del condenado a ser facha mediante la inversión de la carga de la prueba los escritores Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías en España. Ambos intelectuales con una clara sensibilidad de izquierdas, pero “fachas irredentos” a los ojos de muchas buenas gentes de izquierda. La evidencia contra ellos para ser considerados individuos afectos incluso a la extrema derecha es que opinan en sus columnas en prensa a menudo criticando tópicos o temas considerados tabúes desde la izquierda. Ambos, por ejemplo, se han mostrado incómodos con ciertos usos del feminismo, o han descalificado posiciones de Podemos, o han defendido conceptos que desde la izquierda española se consideran propios del “fascismo”, como la idea de España. No importa que un superficial y ocasional vistazo a sus opiniones revele la posibilidad, la hipótesis si se quiere, de que intimen con algún tipo de ideología de izquierdas (véase un ejemplo reciente en Javier Marías). La verdad oficial de los que según la verdad oficial no son de izquierdas ni de derechas es que ambos escritores son de derechas.

La primera objeción que habría hacer desde la izquierda ante la crucifixión de pensadores a partir de sus postulados críticos sobre diversos asuntos es que la izquierda siempre se ha caracterizado por ser tan diversa como crítica. No es que la derecha tradicionalmente no haya sido poblada por divergentes o por abogados de la diversidad, sino que estadísticamente ha sido más probable encontrar a esos habitantes en las ideologías de izquierda. Y en esa izquierda ideológica nunca ha tenido cabida el totalitarismo o la adhesión a las verdades únicas, por mucho desgarro que haya producido en la izquierda global ser identificados con movimientos totalitarios como el falso comunismo soviético, el inexistente socialismo chino, el fallido experimento cubano o el absolutismo norcoreano. Las identificaciones simplistas, lineales e interesadas de estas desviaciones geopolíticas con la izquierda han emponzoñado el territorio de las izquierdas democráticas en países poco acostumbrados al debate pausado, como le ocurre a España.

Reivindicar sanidad y educación públicas podrían clasificarse entre los postulados de izquierdas; infraestructuras básicas de titularidad pública aunque tengan gestión y explotación privadas también; la introducción de mecanismos impositivos que contribuyan a una aminoración de los desequilibrios sociales podría considerarse de izquierdas; el reconocimiento de que la desigualdad entre hombres y mujeres tiene raíz histórica y se transmite por una variedad de mecanismos sociales estructurales que hay que detectar y corregir activamente para revertir ese desequilibrio, así mismo es un planteamiento tradicional de la izquierda.

Ahora bien, en cuanto ése que se ha manifestado a partir de las ideas anteriores menciona adicionalmente que las estructuras del Estado no deben ser más grandes sino más pequeñas y eficientes, centradas en intervenir allá donde los individuos o grupos de individuos no puedan hacerlo satisfactoriamente por sí mismos, propuesta que podría ser entendida como un argumento libertario, por el contrario comienzan las sospechas de que quien lo piensa así está derivando hacia el “fascismo”. Si además se identifica a los Ejércitos o a las Policías como bienes públicos para la protección y defensa de la comunidad a la que sirven, entonces llega enseguida el calificativo de “facha”, por más que adjuntes a tu favor, como muestra de sensibilidad de izquierdas, que no negarías la capacidad de operar a la empresas de sanidad privada pero que introducirías mayor presión fiscal a esas corporaciones –y que ellas las repercutan a sus usuarios- canalizando el extra recaudado por esa vía hacia la sanidad pública… y que lo mismo harías con la educación pública.

No hay manera, tal individuo ya estaría condenado como “facha”. Pérez Reverte y Marías son fachas.
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Re: La Reverteca

Postby Rogorn on Wed Oct 18, 2017 12:26 pm

Arturo Pérez-Reverte, premio Barcino de Novela Histórica
abc.es - 18/10/2017

Siguiendo los pasos de Simon Scarrow, Santiago Posteguillo y Lindsey Davies, entre otros, Arturo Pérez-Reverte ha sido distinguido este miércoles con el V Premio Internacional Barcino de Novela Histórica, galardón que se entregará en Barcelona a principios de noviembre coincidiendo con el certamen literario Barcelona Novela Histórica.

El jurado del premio, formado por el periodista Oscar López, la novelista Care Santos, el periodista cultural Sergi Doria, el escritor Enric Calpena, y el comisario de Barcelona Novela Histórica, Fèlix Riera, destaca en su acta que «Pérez-Reverte ha combinado a lo largo de muchos años historias mayúsculas y minúsculas, bajo una cuidada documentación, una mirada pesimista y galdosiana del pasado que por derecho propio se ha etiquetado como revertiana, y una obsesión por el lenguaje, que ha adaptado siempre que la divulgación lo ha exigido». La novela histórica, prosigue el jurado, tiene que entretener y ayudar a comprender un época, por lo que alguien que ha hecho suyas estas premisas, merece, sin duda, este galardón.

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, España, 1951) fue reportero de guerra durante veintiún años y, como novelista, suma más de veinte millones de lectores en todo el mundo. Precisamente acaba de presentar 'Eva', nueva novela de la serie protagonizada por Lorenzo Falco con la que el también académico de la RAE se traslada al Tánger de entreguerras.
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Re: La Reverteca

Postby Rogorn on Thu Oct 19, 2017 7:18 pm

Pérez-Reverte, un merecido premio Barcino de novela histórica
David Yagüe - 20minutos.es - 19/10/2017

Arturo Pérez-Reverte ha sido galardonado con el V premio internacional Barcino de novela histórica. El escritor de Cartagena toma así el testigo de los anteriores galardonados, a saber Lindsey Davis, Santiago Posteguillo, Simon Scarrow y Christian Jacq. El jurado (formado por la novelista Care Santos, el periodista Sergi Doria, el escritor Enric Calpena y el comisario del certamen, Fèlix Riera) ha fundamentado el premio en que “la novela histórica tiene que entretener, pero también debe ayudarnos a comprender una época” y que la misión del escritor es la de huir de las trampas, de los lugares comunes y construir artefactos narrativos con los que conseguir iluminar el presente desde el pasado, algo que el galardonado logra en sus novelas.

Me alegra la concesión de este premio. En primer lugar, porque no tengo dudas de que es merecido. Caiga como caiga a cada uno Pérez-Reverte como opinador, no se puede dudar de su contribución al género en España y a catapultarlo tanto en el interior como a nivel internacional. Tanto en género breve ('Ojos azules', 'La sombra del águila') como en sus novelas ('El asedio', 'El maestro de esgrima', 'Hombres buenos' o 'Un día de cólera', por poner cuatro ejemplos) ha sabido demostrar que es un autor poderoso en el género histórico, que sabe reconstruir el pasado de tal manera que dialogue con el lector del presente.

Pero es, a mi entender, la serie Alatriste lo que hace brillar con luz propia la obra histórica de Pérez-Reverte. La influencia popular y cultural de este personaje y la transmisión del mundo del siglo de Oro que ha logrado en el gran público es indudable. Tampoco se puede dudar de la influencia que está teniendo en las nuevas hornadas de escritores de género: sin ir más lejos, el jovencísimo Álvaro Arbina me contaba el año pasado que una novela del capitán de los tercios había despertado su interés por la ficción histórica. Quizá se pueda decir que no fue el primero en hacer algo parecido con el Siglo de Oro (y alguien citará, con razón, 'Decidnos quién mató al conde', de Néstor Luján) y quizá también, su imagen haya quedado algo desdibujada tras su decepcionante adaptación cinematográfica, su vulgar versión televisiva y sus algo más flojas (que no malas, sino flojas en comparación con las primeras) dos últimas entregas. Pero eso no puede desmerecer su valores innegables del conjunto de la serie y de la obra de Pérez-Reverte.

Seguramente, como otros autores minusvalorados por élites culturales, habrá despertado más interés por la historia que muchos profesores e historiadores.

Además de por su merecimiento, el galardón me satisface también por sus protagonistas. No soy tan iluso como para pensar que el autor esté promocionado su última novela Eva (Alfaguara, 2017) y que eso haga que sea más que posible su aparición en las próximas jornadas de Barcelona Novela Històrica no haya tenido cierta influencia en la concesión. Pero que en estos días de convulsión política que vivimos, el Institut de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona premie a Arturo Pérez-Reverte tiene algo de simbólico. Que la cultura mantenga en pie los puentes que los políticos se empeñan en demoler. Siempre.

¿Y a vosotros qué os parece este premio?

¡Buenas lecturas!
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Re: La Reverteca

Postby Rogorn on Sun Oct 29, 2017 8:38 pm

La Humanidad, según Reverte
diariodearousa.com - 26/10/2017

Porque la espada de Alatriste es un poco grande para llevarla entre los dientes, que si no Arturo Pérez-Reverte iría con ella a todas partes. Si ya era belicoso por naturaleza, el escritor cartagenero lleva una temporada que parece un cóctel del Cid, el Gran Capitán, el general Castaños y Millán Astray. Que se lo digan a Francino, quien lo entrevistó en la SER y se encontró con una respuesta que vale por todas las que haya recibido en su vida: “En términos generales, el ser humano es un hijo de puta, después en detalle también es otras cosas”. Tiene toda la razón; e incluso en detalle los hay que son bastardos.
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Re: La Reverteca

Postby Rogorn on Thu Nov 02, 2017 3:11 pm

Pérez-Reverte, un lúcido en Sodoma
votaycalla.com - 02/11/2017

Vengo leyendo puntualmente los artículos de Arturo Pérez-Reverte desde hace más de veinte años. Si un domingo se me pasa, al siguiente tomo ración doble, pero creo que no me he perdido ninguno en todo este tiempo. Leyendo a alguien durante dos décadas, si ese alguien se muestra tal cual es, si prescinde de esnobismos y actitudes impostadas, si logra sobreponerse al miedo al qué dirán y la consiguiente autocensura, inevitablemente acabas conociéndole. Sabes, además de lo más difundido (su pasado como corresponsal de guerra, su pasión por leer y navegar o su lealtad a los perros), que se levanta a las siete de la mañana, desayuna colacao con crispis y prensa del corazón, hace una hora de ejercicio y después escribe entre cinco y ocho horas diarias. Sabes que ama el Mediterráneo y que le gusta sentarse en las terrazas a ver pasar la vida, parapetado tras un libro o un periódico; que escucha a Sabina y a Carlos Cano y ve una peli cada noche (le van las de John Ford); es jacobino y no tiene más religión que la del tablero de ajedrez, donde encuentra consuelo y algunas certezas; frecuenta las librerías de viejo, le entusiasma la Historia, bebe ginebra azul con tónica y es adicto a las aspirinas; en su casa, además de una biblioteca con más de treinta mil libros, guarda maquetas de barcos hechas hace años por él mismo, varios sables del siglo XIX y un Kalashnikov; las autovías le aburren y le dan sueño; tiene (o tenía hasta no hace mucho) un móvil sin conexión a internet, y si le obligaran a elegir un ministro, de ahora o de antes, al que fusilar al amanecer, posiblemente escogería para que le dieran matarile a Javier Solana (y está la cosa disputada). Sabes de los fantasmas de su memoria, de camisas manchadas durante tres días con la sangre del niño que se le vació en los brazos, y sabes que en el principio fue la lluvia en las orillas de Troya mientras zarpaban las naves. Conoces sus filias y sus fobias, sus fortalezas y debilidades. Estás al tanto incluso de nimiedades, como que su palabra preferida es "ultramarinos". Conoces más de él que de algunas personas con las que tratas diariamente.

¿Cómo empezó todo? En mi caso, se cumplió al milímetro el tópico de que la adolescencia es una etapa de rebeldía. Mi padre me tuvo muy mayor, se interponía un abismo generacional entre nuestros mundos, y además me oprimía, pretendiendo que estudiara o trabajara o hiciera algo con mi vida, el muy fascista. Apenas hablábamos, excepto para discutir. Mi padre compraba 'La Verdad' (la de Cartagena, le recalcaba al dependiente de la papelería), diario que los domingos traía de regalo una revista donde escribía un tal Arturo Pérez-Reverte. Esta revista al principio se llamó el 'Suplemento Semanal', luego 'El Semanal' y ahora 'XL Semanal'. También su columna cambió de nombre, pero sólo una vez: en cuanto se le calentó la sangre, pasó a llamarse 'Patente de corso', y hasta hoy.

Pérez-Reverte fue un punto de conexión, un territorio compartido, una tregua en las hostilidades paternofiliales. Los domingos, después de comer, coincidíamos en la sala de estar: mi padre en su sillón con una taza de café, y el arriba firmante tirado en el sofá, de resaca. Algunas de esas tardes, mi padre me preguntaba: «¿has visto lo que dice hoy el paisano?». Y levantaba 'El Semanal' para leerme en voz alta algún fragmento que le hubiera llamado la atención. Eso traía como consecuencia, a veces, que habláramos del tema del artículo en cuestión. Que hablásemos de algo sin discutir. Milagro. Mi padre disfrutaba, como yo, de su ironía y su sentido del humor, pero se relamía especialmente cuando al Reverte (así nos solíamos referir a él en confianza, el Reverte) le goteaba el colmillo, clup, clup, y dejaba salir su mala leche para ciscarse en los muertos más frescos de sus señorías, en una época en la que pocos, muy pocos criticaban los privilegios y la poca vergüenza de nuestra infame y vil clase política, a la que él ya calificaba de casta.

En 1998, mientras el Pepé del amigo Ánsar, su vicepresidente y ministro de Economía, un tal Rato, y demás golfos apandadores con escaño y coche oficial, destrozaban la costa para crear la burbuja del ladrillo que trajo el milagro económico, cuando esto era Jauja y el dinero nos salía por las orejas, Reverte nos avisó de lo que venía en un artículo titulado 'Los amos del mundo'. Léanselo, no tiene desperdicio. Entonces nos machacaban con aquello de «España va bien», como ahora nos tratan de convencer de que los recortes criminales y la pérdida de derechos son «la senda de la recuperación»: voceros de políticos sin escrúpulos armados con eslóganes que caen como flechas persas sobre ciudadanos indefensos, sin cultura, acríticos y aborregados. Este clarividente artículo me hace acordarme de algo que le leí a Ortega: "Una vez más aconteció lo que es casi normal en la historia, a saber: que fue predicha. Pero una vez más también los políticos no hicieron caso de esos hombres. Eludo precisar a qué gremio pertenecían los profetas. Baste decir que en la fauna humana representan la especie opuesta al político".

Además de su papel de mediador intergeneracional, también me ayudó de otra forma. Hay un artículo en concreto, 'Oye, chaval', que me llegó en el momento justo, con veinte años. Me fui conmoviendo al leerlo, hasta el punto de que la tele de fondo dejó de escucharse, mi padre y mi hermana desaparecieron de la sala de estar, se me enturbió la vista y tuve que levantarme para encerrarme en mi habitación, donde lloré con la cara hundida en la almohada, para que nadie me escuchase. No digo que me cambiara la vida, sólo fue un pequeño golpe de timón, pero un insignificante cambio de rumbo en un momento dado puede hacer que dieciocho años después te encuentres en un punto bastante alejado de aquél al que te dirigías en origen.

Y es que no sólo de bilis vive el hombre, don Arturo se maneja con soltura en todos los palos. Una vez le leí, en una entrevista en la que la periodista nos hacía saber que había detectado cierta altanería en su respuesta, que podría haber optado por cualquier otro estilo en sus novelas. Tras un cuarto de siglo leyendo sus artículos, no tengo la más mínima duda. Porque en sus columnas hay ternura, rabia, cachondeo, inventiva, costumbrismo… Hay muchos Revertes en Pérez-Reverte, como en cada persona que merece la pena. No se ha limitado a ser un ratón de biblioteca, la suya es una biografía movida, y eso tiene que notarse. Como dice la protagonista de La Reina del Sur: "Todos los seres humanos soñaban, concluyó Teresa. Pero no del mismo modo. Unos salían a rifársela en el mar en una Phantom o al cielo en una Cessna. Otros construían maquetas como consuelo. Otros se limitaban a soñar. Y algunos construían maquetas, se la rifaban y soñaban. Todo a la vez".

En palabras de Montero Glez: «tiene esa mezcla entre intelectual y hombre de acción que a todas pone cachondas». Que nadie salte con el machismo, que Glez estaba bromeando. Ah, el machismo… Uno de los tópicos sobre Pérez-Reverte de quienes nunca le han leído. Tuits aislados, titulares de entrevistas sacados de contexto, lo que alguien dice que otro le ha contado que ha dicho el hijoputa del Reverte, o la prueba definitiva, la consigna de algún anónimo gurú o gurusa de las redes señalando el objetivo a liquidar, bastan para colgarle el sambenito de machista a cualquiera. A Pérez-Reverte le leen millones de personas en todo el mundo, la mayoría mujeres, porque las estadísticas indican que ellas leen más. Todas machistas, supongo. O igual es que son masoquistas y un poquito gilipollas. Hay que joderse, algunos se están cargando el noble y necesario movimiento feminista a lo Pedro y el lobo, viendo machismo hasta en la forma de pelar un plátano.
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Re: La Reverteca

Postby Rogorn on Sat Nov 11, 2017 11:41 am

Pérez-Reverte y la historia
Sergio Vila-Sanjuán - zendalibros.com - 11/11/2017

Glosa leída en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona, el 6 de noviembre, durante el acto de entrega a Arturo Pérez-Reverte del premio Internacional Barcino de Novela Histórica.

Señor teniente de alcalde, regidores, comisario del Festival Barcelona Novela Histórica, miembros del jurado, señoras, señores.

Más allá de las palabras del jurado, no hace falta justificar mucho este premio. En buena medida, Arturo Pérez-Reverte es responsable de que la historia, la historia amplia, la gran historia, reapareciera en la narrativa española. Su primera novela, 'El húsar', fue publicada en 1986. Hace 31 años. La fecha es importante. Los 80 fueron los años de la amnesia. La gente estaba harta de recordar hechos pasados, muy especialmente la guerra civil española, que había sido el tema estrella de la Transición. Se levantaba un país nuevo. Todos aspirábamos a vivir el presente. La narrativa de estos años es muy inmediatista. Historias de bares, de movidas, de gente moderna. Y de repente aparece Arturo Pérez-Reverte con un relato ambientado en las guerras napoleónicas. Un relato antiheroico, y una sorpresa. En su siguiente novela, 'El maestro de esgrima', el foco se desplaza al Madrid decimonónico, donde las formas tradicionales están a punto de cambiar. Apareció en 1988. Y también resultó sorprendente. Marcaba un mundo. Propio, original y que había venido para quedarse.

En la actualidad estamos viviendo un boom de la novela histórica, como demuestra el presente festival. Cada mes se publican unas cuantas y los novelistas casi tienen que rifarse las épocas que describen. Tú te encargas de los romanos, yo de los cartagineses. Tú la Cuenca medieval, yo la Zaragoza de Agustina. Pero en los años ochenta reconstruir narrativamente la España del siglo XIX constituía una rareza. No se trataba únicamente de los escenarios. También los valores que Pérez-Reverte utiliza en esas dos obras parecían sorprendentemente fuera de época. Aquellos eran los tiempos de la transgresión, el noctambulismo y la vida urbana, con Nueva York como referencia. Reverte en cambio nos habla en esos textos, y en los siguientes, de las cuestiones que a él le interesan: valentía, heroísmo, aventura, compañerismo a veces resuelto en trifulcas, nobleza de espíritu.

Y recupera, junto a la intriga histórica, el misterio bibliófilo, los rituales, los duelos, la pompa militar, toda una serie de ganchos de la novela popular decimonónica que parecían olvidados. Eso va acompañado de una visión de la historia, crítica y con voluntad ecuánime, ya que para el autor en este mundo hay gente noble, pero sobre todo encontramos muchos malvados y canallas, en todas partes, bajo todas las banderas, independientemente de la ideología que profesen.

Su consagración como novelista histórico tiene lugar sobre todo con la publicación en 1996 de la primera aventura de 'El capitán Alatriste', un antiheroe de la España imperial, veterano de los tercios de Flandes, del que han aparecido después otras seis entregas. En Alatriste se detecta de forma especialmente clara esa “mirada pesimista y galdosiana” remarcada por el jurado. Y por lo que respecta al sentido de la historia de España, ampliamente tratado en esta serie, para el autor consistiría en una trayectoria de buenas intenciones, mal encarrilada o echada a perder por hombres de poder malvados o incompetentes, y por secuaces chapuceros. Contenidos aparte, cabe destacar que la “obsesión por el lenguaje” que el acta del galardón señala estuvo en la base de su elección como miembro de la Real Academia Española. Su discurso de ingreso, el 12 de junio de 2003, versó en consecuencia sobre 'El habla de un bravo en el siglo XVII'.

Un experimento especialmente interesante lo componen sus dos novelas de no ficción, para usar la terminología de Truman Capote. En realidad crónicas de dos momentos de relevancia histórica, 'Cabo Trafalgar' y 'Un día de cólera', reposan sobre la documentación y apenas hay lugar para lo imaginado (sobre todo en la segunda, sobre el 2 de mayo de 1808 en Madrid), aunque sí para la recreación de los diálogos. Aquí el trabajo de nuestro autor enlaza con el género de la historia narrativa antes que con la narrativa histórica. Con protagonismo colectivo: para 'Un día de cólera' dice haberse limitado a reunir “medio millar de pequeñas y oscuras historias particulares registradas en archivos y libros”, con el objetivo de “devolver a la vida a quienes, durante doscientos años, sólo han sido personajes anónimos en grabados y lienzos contemporáneos, o escueta relación de víctimas en los documentos oficiales”.

Si en 'El asedio' Pérez-Reverte vuelve al entorno de las guerras napoleónicas, en 'Hombres buenos' imagina un episodio de la Ilustración española y desarrolla uno de los conceptos clave de su narrativa histórica, el de la dignidad. Esos dos académicos ya mayores que viajan a Francia y deben sobrellevar penurias y aventuras son ante todo personas dignas, para las que la capacidad de sostener una posición de honor y el compromiso con una causa constituyen prioridades vitales.

'El tango de la guardia vieja' se asoma a escenarios de los años veinte y treinta, y puede entenderse como un pórtico a su serie más reciente, la protagonizada por el espía Lorenzo Falcó. Con 'Falcó' se pondrá de manifesto una de las características claves en su narrativa, que podríamos denominar “hiperrealismo atmosférico”. Pérez- Reverte, que nunca ha olvidado al periodista que fue durante mucho tiempo, se documenta minuciosa y obsesivamente para sus tramas. Se sumerge en viejos manuscritos, mapas, memorias; rehace los caminos y recorre los callejones que sus protagonistas anduvieron siglos atrás. Se rodea de los objetos históricos que sus personajes manejaron. De ese material, siguiendo a Hemingway, asoma luego la punta del iceberg: unas referencias lo bastante significativas para despertar en la mente de un lector criado en la cultura audiovisual una inmediata evocación general de lo relatado.

En cierta ocasión declaró que la lectura de Umberto Eco le abrió el camino de lo que se podía hacer en materia narrativa. Y en 1998, en la feria de Frankfurt, en el curso de un debate con Ken Follett, Pérez-Reverte analizaba la vía europea al best seller. Y señalaba que el futuro de la novela popular continental pasaba por recuperar nuestra memoria cultural más antigua y trabajar sobre ella con vivacidad y ritmo”.

“Solo dispongo de una vida —dice por su parte su Lorenzo Falcó— Y el mundo es una aventura formidable que no estoy dispuesto a perderme”. La combinación de memoria cultural, vivacidad narrativa y aventura como norma de conducta brindan las claves de su enorme y merecido éxito. Muchas gracias.
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Re: La Reverteca

Postby Rogorn on Sat Nov 11, 2017 11:45 am

Pérez–Reverte, Grand Prix Littéraire 2017
César Guemes - eluniversal.com.mx - 14/11/2017

–¿Así que eres tú el mejicano que me leía aquí? —pronunciaba la equis como una especie de “g”, acusadamente, muy al uso de su Madrid adoptivo que lo arropó desde la juventud.

En gran medida no le faltaba razón: hace 30 años en nuestro país sus libros iniciales —con los que construyó ladrillo a ladrillo lo que después llamaron Revertelandia: la novela culta, llena de aventuras, lances, enigmas y en un castellano bien trovado—, los leía un muy selecto grupo (tan selecto que aquí el escribidor nunca supo quiénes lo conformaban) y salvo el de la voz impresa desde luego nadie escribía sobre esas obras magníficas.

El hombre provenía del siempre cruel periodismo de guerra, de mandar su nota para la televisión española mientras estallaban morteros a una distancia tan corta que era inútil quitarse, de entrevistar a tipos duros no sólo preparados intelectualmente sino capaces de cualquier acto de guerra sin despeinarse y sin perder el hilo de la conversación, y de enterrar, literalmente, un día sí y otro también, a un fotógrafo, a un reportero, a un corresponsal, todos ellos amigos en la batalla caídos tan sólo porque estaban en el lugar preciso al momento de los tiros, lo cual quiere decir a menos de 10 centímetros de donde él había estado segundos antes, fumando un cigarro.

Pero luego de sus múltiples andanzas bajo la metralla en varios continentes, y hasta con un paso más que honroso por la radio con programas hoy ejemplo de generaciones, decidió dedicarse a lo que gracias a su talento y nutrida educación le exigía: la literatura, por fortuna para sus lectores, pese a que pudo tener un muy tranquilo retiro con las medallas conseguidas.

Después de Revertelandia (El maestro de esgrima, La tabla de Flandes y El club Dumas), vino el éxito internacional, las traducciones a múltiples idiomas, tanto, que para cuando editó La piel del tambor, la agenda era ya tan extenuante —el escribidor da fe de ello— que no hubo modo de viajar a México ni casi a ningún otro país para darla a conocer en persona.

Y los premios múltiples, la entrada a la Real Academia Española, y apenas el pasado viernes el Grand Prix Littéraire Jacques Audibert 2017, y menos de una semana antes, el Premio Internacional Barcino de novela histórica.

Además acaba de pegar dos cuadrangulares, uno con Falcó y otro con Eva (también de la inaugurada saga Falcó), que se leen, ambas, en un fin de semana, pese a su considerable número de páginas. Quién sabe si le faltaba a su obra un “agente secreto”, pero es claro que entra en su mundo literario, y que el público respondió en los más de 40 idiomas a los que es traducido.

Desde siempre quiso escribir sobre su país y su historia, y de ahí viene el Capitán Alatriste, cuya primera obra fue trabajada junto con su hija Carlota, hoy reconocida dramaturga. Y desde el inicio tanto el rescate de lo mejor y peor de la vida española de siglos pasados fue, y es, un campanazo mundial.

Se cruzó en su momento, cómo negarlo, Teresita Mendoza, la reina del sur (todavía en minúsculas por entonces), sonriéndole a la vida y con la vida se fue, no sin antes imprimir en medio millar de páginas la hermosa huella de su soberano paso.

Así que otras dos novelas intachables y dos premios ganados a pulso.

El siempre extrañado merece además el amistoso título de recabrito, en superlativo, con admiración por su trabajo, un cuarto de siglo más tarde de aquella pregunta, y una respuesta: “Pues sí, Reverte. Si no, ¿quién más?”
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Re: La Reverteca

Postby Rogorn on Mon Nov 27, 2017 7:06 pm

El desafío del guante
Alfredo Conde - laregion.es - 26/11/2017

Comencé a escribir lo que ahora ustedes están empezando a leer, hace exactamente una semana, siendo la madrugada del pasado domingo y sin saber muy bien cuál iba a ser el tema de mi escritura. Esto del hábito de escribir es algo que se desarrolla por etapas; así, en unas ocasiones, te dedicas a ello hasta altas horas de la noche mientras que, en otras, lo haces preferentemente por las tardes, cuando no por las mañanas y nunca, nunca, al menos en mi caso, a las horas de comer o de cenar. Algo, esto último, que los que físicamente me conocen admitirán sin reticencias sin más que recordar mi oronda estructura corporal: más que gordo soy barrigón y tan contento.

Les decía que empecé a escribir de madrugada; antes, lógicamente, me había desayunado -frugalmente, eso sí- mientras leía el artículo semanal de Pérez-Reverte publicado en uno de esos hebdomadarios de colorines con los que nos agasajan los periódicos. A Pérez-Reverte lo vi dos veces en mi vida; una en Casa Lucio, pero lamento no recordar lo que estaba comiendo. No me fijé en su plato. Fue recién entrado al establecimiento en compañía del llorado Feliciano Fidalgo y tropezarnos directamente con su mesa mientras veía como él se levantaba de su asiento para saludar al mítico periodista y amigo que era y todavía es Feliciano y yo no apartaba la vista de quien era el compañero de mesa del escritor, una cara enormemente conocida que, pese a los años transcurridos desde entonces, nunca he logrado saber a quién correspondía estando como estoy en la certeza de que era la de alguien a quien yo debería saludar incluso con alguna efusión del ánimo. Como en el fondo de mi alma soy un señorito pueblerino, ya saben, de Allariz, ahí justo al lado, y además bastante más tímido de lo que mi aspecto hace suponer, me quedé sin saludar a aquel mi real o supuesto amigo. La segunda vez que coincidí con el escritor fue en México, en el vestíbulo de un hotel Camino Real, pero también me quedé sin saludarlo; uno que es corto y un algo retraído y túzaro.
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Re: La Reverteca

Postby Rogorn on Tue Dec 05, 2017 5:52 pm

La importancia de leer a los 9 años,por Pérez-Reverte, Mateo Díez y Emma Ríos
Pilar Rodríguez Veiga - EFE - 05/12/2017

Los alumnos españoles de 9 años han mejorado en comprensión lectora desde 2011, según concluye hoy el informe internacional PIRLS, y tres grandes de la literatura y el cómic -Arturo Pérez Reverte, Luis Mateo Díez y Emma Ríos- cuentan a Efe la importancia de leer desde la edad temprana.

"A los 9 años se hacen lectores o se pierden para siempre", afirma Pérez-Reverte, que recuerda que a esa edad el niño tiene "una curiosidad enorme y está descubriendo el mundo", por lo que si se le deja que lo haga únicamente a través de lo audiovisual "ya nunca saldrá" de ello. Por eso, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, Murcia, 1951), aboga por que en este mundo "evidentemente audiovisual" haya "profesores hábiles y padres que se preocupen" por demostrar a los pequeños que "la lectura no solo complementa sino que enriquece lo audiovisual". Este escritor, periodista y miembro de la Real Academia Española pide que se enseñe que "lo audiovisual también está basado en los viejos textos" o que "una lectura, un videojuego o una película arranca sus raíces en la literatura de aventuras, en la fantástica o en la medieval". Al saber que "los héroes mitológicos son los que inspiran en realidad los juegos actuales" los pequeños "pueden entonces proyectar en lo audiovisual una mayor riqueza intelectual", según el autor de 'El capitán Alatriste'. "Todo lo que sea vincular o mantener el hilo con la lectura y con los viejos modelos narrativos los mantendrá como lectores y no los dejará como bichos raros, aislados del mundo real", argumenta Pérez-Reverte. En su caso "no hubo problema" para incitarle a leer porque "la lectura y el cine eran los únicos mecanismos narrativos que un niño tenía", confiesa. No obstante, el también autor de 'El maestro de esgrima' reconoce: "para mí era más fácil ser lector que lo que es ahora para un niño de 9 años".
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Re: La Reverteca

Postby Rogorn on Mon Dec 11, 2017 9:52 pm

Elogio a Arturo Pérez Reverte
A. Alonso - diariosigloxxi.com - 12/12/2017

El sábado me senté con la siempre duda de cuál sería el sentido de una entrevista en la SEXTA TV a don Arturo Pérez-Reverte. Me equivoqué. Seguí toda ella hasta el final. Por fin alguien al que entrevistan es capaz de exigir, sonriendo, que se respete el tiempo de su respuesta.

En esta turbulenta sociedad en la que nos ha tocado vivir o, como diría el señor Pérez- Reverte, sociedad que hemos hecho a base de constancia hipócrita permitida, por fin alguien, “luchador” por una sociedad limpia, ha dicho y repetido ciertas claves que explicarían nuestra España, nuestros españoles y lo que nos espera...

Gracias, señor Pérez-Reverte, por decir muy claro y muy alto que la HISTORIA debe ser asignatura obligatoria con el único fin de CONOCER las realidades, reflexionar sobre ellas y mejorarlas siempre que se pueda; JAMÁS PARA ENFRENTAR. Gracias, señor Pérez-Reverte, por señalar, sin tapujos, que los PODERES FÁCTICOS INTERESADOS siempre se han mantenido y siempre han sido motivo de un desarrollo “mediático” y “controlado”. Los trajes y las formas han sido utilizados como señuelos de cambios aunque “las realidades gremiales” permanecían bien custodiadas.

Gracias, señor Pérez-Reverte, por señalar, como lo hacía mi antiguo profesor, aunque con otras palabras, que todo progreso hacia la “libertad, igualdad y fraternidad” pasa por vivir “una revolución francesa, MUTATIS MUTANDIS”. Gracias, señor Pérez-Reverte, por recordarnos a todos que se están cerrando librerías, quioscos, bibliotecas... No se lee y si no se lee NO SE PIENSA y el conocimiento se convierte en borreguil. Gracias por llamar a las cosas por su nombre porque su claridad puede que a muchos les haga reflexionar, aunque, como usted decía el sábado, será un poco difícil.

Aunque dicen que la envidia es mala consejera, en este caso yo LE ENVIDIO por su CLARIDAD, su FIRMEZA y, sobre todo, por su ÉTICA personal y profesional. ¡GRACIAS!
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Re: La Reverteca

Postby Rogorn on Tue Dec 12, 2017 10:12 pm

Bibliotecas, lecturas y otras fantasmadas
Marta Robles - lagacetadesalamanca.es - 12/12/2017

El otro día, un devoto de Pérez-Reverte ensalzaba en twitter la cultura del Académico argumentando que un hombre que se ha leído los más de 30.000 libros que él escritor atesora en su biblioteca debe de poseer una cultura incontestable. Yo no dudo de la del antiguo reportero de guerra, porque no hay más que leerlo o escucharlo para asombrarse con sus conocimientos, pero sí de la cantidad de libros que que puede .haber leído él o cualquiera. Verán, si un ser humano de 66 años -como es el caso según Wikipedia-, hubiese leído un libro al día desde su nacimiento, llevaría terminados, a día de hoy, 24.090 libros. Naturalmente, eso supondría más que una superdotación, un milagro, y, además, no le habría dejado tiempo al lector en cuestión, para dedicarle a la guerra, al cine, a la escritura y a la misma vida. La cultura está en los libros, pero también en el aire que se respira. Y sin prestarle atención a vientos y tempestades, hasta las páginas de las más bellas u osadas historias se leen de otra manera. Con todo, hay quien casi ha vivido en exclusiva en ellas; pero, ni aún así podría presumir de tantas lecturas como a veces se les adjudican a algunos. Recuerdo que en su día, hace ya muchos años, Alfonso Guerra presumía de haberse leído 11.000 ejemplares. Para que aquella cifra disparatada hubiese sido cierta cuando la pronuncio, alrededor de los cuarenta años, debería haberse leído más de un libro al día, desde los siete. Camilo José Cela decía que uno no puede considerarse culto antes de haber leído 2.000 libros; pero para poder leerlos hace falta mucho tiempo. Algo menos de cuarenta años leyendo uno a la semana. Veinte años leyendo dos cada siete días€ Y los libros, salvo extrañas excepciones –de extensión o de intensidad lectora puntual, por alguna circunstancia- no se terminan en menos. Hay muchos que, aun contando pocas páginas, requieren una atención milimétrica que exige un tiempo precioso que no se malgasta, sino todo lo contrario, cuando se dedica a la lectura que lo merece.
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Re: La Reverteca

Postby Rogorn on Thu Dec 14, 2017 11:54 pm

Modo “Piloto automático acomplejado”
Pablo G Vázquez - periodistadigital.com - 12/12/2017

Noche de sábado 9 de diciembre, con mi niño, señora y el perro ya en brazos de Morfeo, me dispongo a ociar (a falta de un plan mejor) sintonizando el Deluxe en el salón de casa. Disfruto mucho con el Sálvame Deluxe de T5 y ello básicamente por la concurrencia mancomunada de tres aspectos: a) Me entretiene y evade visionar cosas que no considero como serias e importantes; b) Un programa de tal temática con tanta audiencia sostenida da muchas pistas de cómo somos como sociedad, y ello ataja otros métodos de diagnóstico sociológico más laboriosos (al menos para mi persona); y… c) Porque me da la real gana. O igual mi deleite se debe exclusiva y sencillamente, como dice mi padre, a que soy un buen marujo. Probablemente el patxi lleve razón y las tres razones anteriormente esgrimidas sean una auto-cortina de humo, un disfraz, un auto-engaño, probablemente, pero tengo derecho a no declarar contra mí mismo, no?. Whatever!, que me desvío de lo importante, de portante.

Al minuto de tener puesta T5 me lamento en alto al verme engullido por la bella instantánea de la Excma Alcaldesa de Barcelona siendo entrevistada por Jorgeja, y procedo a pulsar L6Noche, porque para homenajes y blanqueamientos del personaltrade de un político en activo prefiero otro tipo de formatos televisivos, la verdad. Al rato de la típica/previsible y prefabricada tertulia política de dicho programa mis ojos brillan cuando aparece en escena, con la excusa de su nuevo libro, el autor de novelas que adoro: Arturo Pérez-Reverte (El Maestro de Esgrima, El Club Dumas, La Tabla de Flandes, Alatriste, Tango de la Vieja Guardia, El Pintor de batallas…).

Reverte es un tipo peculiar en su pensamiento, palabra, obra y omisión (jj), quizás por todo lo que ha vivido (recuerdo ser un enano viéndolo en el telediario de la 1 con micrófono en mano, con esos relojes marinos negros y esas gafas tan años 80 mientras informaba de conflictos bélicos tratando de no ser alcanzado por las balas). Por eso se le invita desde ese programa, porque tiene un atractivo extra-literario, invitación que a él le sirve de pasarela de su nueva novela a la par que de altavoz a gran escala de sus pensamientos. Yo no comparto muchas de sus ideas y visiones personales, sin embargo, el pasado sábado hizo un análisis que suscribo íntegramente y que yo mismo he defendido desde esta misma Tribuna en varios posts pasados y en relación a diferentes temáticas (y no solo la catalana): muchos de los que hoy defienden irracionalmente con fervor cuasi religioso ideales político-sociales rozando casi el histerismo son los mismos que de canis sufrieron el acoso e imposición hostil e insano de dichos ideales y que, en orden a poder parar la frustración y sentirse adaptados y, sobre todo, aceptados por la masa social imperante, abrazaron la Idea Única, y cada día que pasa se disponen a defenderla como el que más, no vaya a pensar el ambiente que han cejado en su “conversión”.

Eso es lo que quiso despejar Reverte cuando sugirió que a Rufi (Gabriel Rufián) lo debieron canear en el cole de pequeño. En ese contexto concreto. Y claro, ya se imaginan lo que este comentario revertiano ha conllevado: que ladren todos aquellos que utilizan la cabeza para cualquier cosa que no sea pensar, entre ellos, Ada Colau (Rufi es un caso clínicamente perdido). El apoyo de Colau a Rufi afeando a Reverte que “frivolice con el acoso escolar” es de sonrojo ajeno, y ello porque la propia alcaldesa no ha visto ni en diferido siquiera la entrevista de Reverte en la Sexta, porque de haberlo hecho, habría comprendido el contexto de lo que trataba de explicar el afamado escritor.

Hay gentes que ante algo que leen en internet ponen el piloto automático de la irracionalidad y empieza a emitir ladridos (con todo mi respeto a los canes), sin pararse a pensar en la mesura que requiere su condición de servidores públicos y, sobre todo, sin analizar los hechos con sus propios ojos, no a través del prisma mascado que los medios de desinformación proveen. Probablemente todo venga de un complejo de superioridad que encubre nada menos que una inseguridad colectiva, al fin y al cabo, Cataluña, en términos históricos no contemporáneos, y comparada con Castilla, Aragón o incluso Valencia, qué referencia posicional puede defender?

En fin, este próximo sábado, por motivos de agenda social, no podré ver el Deluxe y eso, para un buen marujo camuflado como yo, sí que es duro, se lo aseguro. A cuidarse, meus.
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