Entrevistas con Arturo

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Dom May 28, 2017 9:40 am

"Las redes sociales están llenas de gente con ideología, pero sin biblioteca"
lanacion.com.ar - 28/05/2017

En burdeles de Bangkok, lejos del olor a pólvora y el repiqueteo de las balas, hubo un tiempo en que el joven corresponsal de guerra les prestaba el oído a veteranos colegas. Entre copas y desahogos vivenciales, esos tipos curtidos por la barbarie, marcados por el desarraigo y la soledad, eran hábiles periodistas de trincheras. Siempre urgidos por llegar primeros para contarle al mundo cómo muta la vida bajo el asedio, a aquellos viejos reporteros los años de guerras "los hacían envejecer muy mal". Desorientados en tiempos de paz, la lucidez para interpretar el mundo en aguas serenas los hundía incluso en una suerte de vacío existencial.

Arturo Pérez-Reverte no quería terminar como ellos. Lo olfateó rápido, en esas tertulias de madrugada y cigarrillos entre historias de mil batallas: "El periodismo de guerra es bueno -dedujo- mientras uno sepa salirse a tiempo." Igual que cuando se renuncia a un amor que jamás llegará a buen puerto. Los años y las revueltas armadas se sucedían y el avezado corresponsal -firma descollante del diario 'Pueblo' y más tarde de la TVE-, no había urdido siquiera su retirada.

El reposo del guerrero, aquel que lo estrenó como novelista, sobrevino tras la guerra civil angoleña en los años 80: "Una enfermedad tropical, de las muchas que he tenido, aunque nunca una venérea", se confiesa, lo mantuvo meses en Madrid lejos del ruedo. Para matar el tiempo, por placer y divertimento, se impuso escribir una novela. 'El húsar', el soldado imberbe de la infantería ligera, ávido por entrar en combate y repeler a las huestes napoleónicas, pasó sin pena ni gloria. Tras el golpe de Estado en Túnez en 1987, al reportero lo acechó otro ímpetu literario: nació, así, de un tirón, 'El maestro de esgrima', una suerte de reescritura de las novelas de Dumas.

Aunque sin ansias de fama -después de todo, era un periodista de fajina, un outsider de las letras-, su tercer libro, tal vez, sosegaría su inventiva. Pero con 'La tabla de Flandes', éxito descomunal en toda Europa, se fraguaba el Pérez-Reverte novelista.

"Soy un escritor accidental, nunca tuve vocación de ser escritor", evoca este Athos de las letras, temido articulista y prolífico autor de 25 novelas imperecederas. El cartaginés exhibe los modos de un dandy. Conversa con paciencia de orfebre en un ámbito que desentona con sus recuerdos bélicos. Entre mármoles de arabescato, copas de cristal y una vista soberbia al Río de la Plata, el décimo piso del Hotel Alvear perfila, sin embargo, su presente como megaestrella literaria.

"Es un caballero, pero no es un caballero", dirá el rey Arturo, al citar a la actriz Gloria Swanson en un film de los años treinta, 'Esta noche o nunca', sobre su último personaje, Falcó. Una descripción elíptica que también proyecta (o deforma) al audaz ex reportero de guerra, al novelista encumbrado, marino insomne y díscolo académico de la Lengua, que una semana más tarde firmará parado y estoico ejemplares de su obra hasta que las velas se apaguen en la Feria del libro.

-Para saber quién es Pérez-Reverte y conocer sus vivencias en la guerra, ¿hay que leer 'El pintor de batallas'?
-Mi biografía está repartida en todas mis novelas, porque les presto a mis personajes la mirada que mi vida y mis lecturas me han dejado. Pero 'El pintor de batallas' es una novela autobiográfica. Tiene un cinco por ciento de novelesco: todo lo que cuento, lo que ocurre, las circunstancias, y hasta la mirada del protagonista, son reales.

-¿Por qué nunca volviste a abordar ese registro, entre filosófico y confesional, que para muchos es tu obra más deslumbrante?
-No fue una novela feliz; pero era lo que necesitaba escribir. Durante un año y medio ajusté cuentas con mis recuerdos. Usé los que no eran agradables, casi como un ejercicio de reflexión personal. Todo ese álbum de fotos oscuras en 21 años de guerra pesaba demasiado y pensé que escribiendo sobre eso ordenaría la memoria. Si 'Territorio comanche' había sido un libro más lúdico, sobre cómo se vive en ese mundo, 'El pintor' fue algo mucho más duro y profundo que decía: "Mirad cómo se ve este mundo". Esa gimnasia cumplió su cometido y a partir de allí mi vida como novelista cambió. Cerré una puerta y abrí otras. No hubo ni habrá otro libro igual. Escribo para pasarlo bien. Soy un escritor feliz, pero lo soy aún más cuando escribo las historias que quiero y que me faltan contar.

-Esa novela contiene una de las escenas sexuales más magistrales de la literatura contemporánea ¿Es un desafío abordar ese terreno?
-No, cada novela tiene su exigencia. En 'Hombres buenos' el almirante lee literatura erótica y hay mucha delicadeza. En 'Falcó', el sexo es más brutal. En 'El pintor' esa escena en Venecia es intensa, porque su historia de amor lo es. Intento que lo erótico esté en sintonía con el contexto general del libro. Jamás me autocensuro, aunque puedo equivocarme. Y muchas veces dejo que el lector complete las escenas.

-Olvido, el gran amor que acecha al protagonista, ¿existió?
-Ya no recuerdo si existió o no. Tampoco importa: vida y literatura son una misma cosa.

-¿Umberto Eco te marcó como novelista?
-No, fue clave por otras razones. Él entendía a la literatura como yo. Cuando empecé a escribir se hacían novelas aburridas; la trama no importaba pero sí el estilo. En la Argentina hay mucho de eso, escritores que no tienen nada que decir. Esa literatura onanista, vaciada de ideas, que se mira al espejo. ¡Y a mí qué coño me importa! Estaba escribiendo 'La tabla de Flandes' y al leer 'El nombre de la rosa' tuve la certeza de que no estaba solo ni equivocado: Que hace falta haber leído mucho para poder escribir. Que el teatro griego, Homero, Virgilio, Dante, Cervantes, Montaigne, Stendhal, todo es un mismo lugar y que 'El asesinato de Roger Ackroyd' de Agatha Christie es tan obra maestra como 'La marcha de Radetzky' de Joseph Roth. Es como cuando luchas contra un temporal: estás mojado, llevas días sin dormir, tratando de no perderte y, de pronto, ves un puntito en el radar. Otro velero con las velas izadas, peleando como tú. Lo ves, le mandas un mensaje de radio y luego observas cómo se va perdiendo en el temporal hasta desaparecer. Ahí te dices: "No estoy solo". Así me hizo sentir Eco. "No soy yo el raro, los raros son ellos."

-¿Cuál es el momento de mayor inseguridad al escribir?
-Cuando voy por la mitad de la novela. Te pongo otro ejemplo del mar: trazas un rumbo hacia el cabo Spartivento, y de golpe todo se va al carajo: no te funciona la electrónica, sólo tienes la carta náutica, el piloto automático y el compás. Calculas el rumbo, pero llevas navegando un día y ya no sabes si vas bien o vas mal, pero ruegas haber hecho bien los cálculos. Pasa igual en la novela: en la mitad dejo de verla desde afuera y pierdo la conciencia de la calidad de mi trabajo. "Espero haber hecho bien los cálculos -me digo-, porque ya no puedo ver si voy bien o mal y tengo que seguir." Ese es el momento de incertidumbre que, como todo, se sobrelleva con cojones.

-¿Nunca te hunde?
-Es estresante, claro, pero a mí no me hunde nada. Si no lo hizo la guerra, me hundirán los años, pero no la vida.

-¿Volverías a elegir esa vida?
-Sin duda. La guerra es una forja estupenda para quien sobrevive a ella. Esos años con libros en la mochila me ayudaron a interpretar la guerra, a digerirla de una manera intelectualmente razonable. Les debo todo. Sin eso, no sería escritor ni sería nada. Pero la guerra también es útil y sirve mucho para la paz. Te inyecta realidad en dosis muy intensas, y si tienes estómago y una buena constitución, la soportas. Ves lo peor y ves lo mejor. Gente solidaria que se sacrifica, que tiene fe, valor, dignidad, orgullo. La guerra tiene una parte horrible y una parte nutritiva para quien sabe o puede mirarla con lucidez. Pero si eres cirujano de casos extremos, abogada de mujeres violadas, bombero o policía, también te acercas al horror.

-¿Te dejó traumas?
-No visibles, al menos. Pero no todos logran sobrevivirla emocionalmente. Soy un tipo estable, duermo bien. Cuando los recuerdos se hacen demasiado presentes, cojo un libro o voy a navegar y todo se sitúa de nuevo en su sitio.

-¿La imaginación no basta para escribir, hay que vivir primero?
-Sí. Hice bien en priorizar eso. Yo quería ir a la guerra y navegar; ver cómo era eso. Siempre elegiría la experiencia. Escribir es secundario. Haber tenido una vida intensa te mantiene vivo como escritor. Muchos están muertos sin saber que lo están. Porque en la vida todo se agota. La ventaja es tener la mochila llena y seguir siendo lector, porque tus viejas lecturas se resignifican con tu biografía.

-¿La de los Balcanes fue tu guerra más atroz?
-En todas vi lo peor. En El Salvador daba la vuelta por los basureros y contaba siete cadáveres de niños atados con alambre, quemados con cigarrillos. En el Líbano vi matar prisioneros. Pero los Balcanes fueron muy fatigosos: tres años de continua barbarie.

-Nunca quedó claro si usaste armas.
-Sólo una vez, por necesidad, en el 77, en Eritrea. No me gusta contarlo. Fue una derrota devastadora. Las fuerzas etíopes atacaron, hubo una matanza y había que huir hacia la frontera con Sudán. "Toma un arma y búscate la vida -me dijeron-. No podemos cuidar de ti". Luchamos con un grupo para abrirnos paso hasta cruzar la frontera. No recuerdo si llegué a tirar. Sí que como iba armado, los sudaneses me confundieron con un mercenario y me encarcelaron una semana en Sudán. Además, tenía disentería; podría haber muerto. Si hay que ir al infierno, ya sé cómo es.

-En tus novelas asoma cierta mirada indulgente hacia aquel que comete atrocidades.
-No es eso. He visto a gente infame hacer cosas maravillosas y a amigos hacer canalladas. En Eritrea, durante los combates, me asignaron un soldado, Boldai, que me cuidaba cuando enfermé. Boldai atravesaba el fuego etíope para buscarme agua. Cuando su ejército tomó la ciudad, lo vi matar prisioneros y violar mujeres delante de mí. Sé cómo ellas gritan cuando las violan y cómo luego se resignan. Y ese tipo era mi amigo.

-¿Cuál fue tu reacción?
-Imagínate una ciudad ardiendo, llena de muertos, donde se remataban a los heridos y yo diciéndole al eritreo: "Oye, no, eso está mal". ¿Qué podía hacer salvo negarme a participar? Ellos insistían. Muy pocas certezas sobreviven a eso. No puedes pedirme que vea el mundo como alguien que no ha estado allí. Tampoco se lo puedes pedir a un ex combatiente de Malvinas. Otra cosa que he aprendido es que el remordimiento es muy raro y es fugaz. Por higiene mental, siempre se encuentra un justificativo para no sufrir. Y al final todo el mundo -desde aquel que va borracho y atropella a un niño al que mata para robarte el reloj- encontrará un pretexto para aliviar esas cargas en la conciencia.

-¿Cuáles son las tuyas?
-No te las voy a contar a ti. Más que cosas malas en mi vida como reportero fueron las cosas que podría haber hecho y no hice. Son imágenes que me revisitan y que, como todos, también necesito justificar: tenía que transmitir, no era mi guerra, me hubieran matado. Las chicas violadas que gritaban en Eritrea, ¿qué iba a hacer? Por poco me matan a mí también. Pero los gritos siguen aquí [se toca la cabeza]. El niño herido que me miraba en Nicosia [Chipre] con el oso de peluche; el chico en Paso de Las Yeguas [Nicaragua] que me pedía ayuda cuando diez tíos de Somoza se lo llevaban y lo iban a matar; el perro en Beirut con la pata rota. ¿Pude hacer algo? Hasta yo mismo me busco coartadas morales. Imagínate ahora al hijo de puta de la ESMA. Ninguno tiene remordimientos. Todos dirán que hacían su deber y cumplían órdenes.

-Un concepto muy revertiano, el hombre como ángel y bestia.
-Nadie es ciento por ciento hijo de puta. Hasta el más miserable es capaz de un acto de grandeza, lo cual no lo excusa de ser un hijo de puta. Mira, en el año 78 viajé a la Antártida en un barco de la Armada, el 'Bahía Buen Suceso', hundido por los ingleses después de la guerra de Malvinas. Era un viaje científico a las bases argentinas y ahí conocí a varios oficiales jóvenes encantadores de la marina. Tipos elegantes, brillantes, divertidos y nos hicimos muy amigos. Me daban información, viajamos a varios sitios y cenábamos en la Costanera. Algunos fueron mis contactos durante la guerra de Malvinas. Años después, abro el periódico y reconozco sus fotos. El titular decía: "Detuvieron a los represores de la ESMA". Eran Ricardo Cavallo, a quien conocía como Marcelo, y otros. Esto demuestra que no siempre identificas el mal cuando lo tienes cerca. Y eso que soy experto en detectar hijos de puta. A éstos ni los olí.

-¿Cómo fue tu experiencia en Malvinas?
-Cubrí la guerra desde Buenos Aires, me quedé seis meses y una vez me llevaron en un Hércules a Puerto Argentino por el día. Mi experiencia no fue halagadora para la Argentina. Vi chicos desorientados en una guerra imposible de ganar. Recuerdo menos el hecho de haber estado en las islas aquel día que lo que sucedía aquí. Trasmitía cada noche para el diario 'Pueblo' desde un Entel de la calle Florida y días antes del fin de la guerra venía por la calle y oí que en los bares todos gritaban goool. Mientras los chicos están muriendo -pensaba-, éstos celebran el gol de Maradona. Ese día comprendí que la Argentina iba a perder y que merecía perder. Siempre he procurado no tomar partido en las guerras, ya que todos los bandos tienen motivos para hacer lo que hacen. Pero en Malvinas sin querer lo tomé. Esos pilotos llamados Sánchez, Pérez, de bigotes, peinados para atrás, que iban con esos cojones contra la flota inglesa, eran italianos, españoles, eran mis primos, mis hermanos. No podía evitar tener esa proximidad psicológica con ellos. ¿Y si ganan? -pensaba-. Estos hijos de puta de la Junta Militar van a estar reforzados. Un día llamé exultante al diario: "Le hemos dado a la 'Invencible'", dije. "Le habrán dado, querrás decir", me corrigió. Era mi guerra también, algo rarísimo. Al margen de que los ingleses me caen bastante mal.

-¿Por qué dejaste El bar de Lola, tu espacio de debate los domingos en Twitter?
-Porque me cansé de que un simple tuiteo se convirtiera en titular de prensa todos los lunes. Era ridículo que una cosa dicha en tono relajado se tradujera luego en "Pérez-Reverte insultó a una feminista". Mis lectores saben quién soy, no se guían por un tuit. Y para el que no entienda, que lea y aprenda. Era fatigoso tener que explicar cosas obvias. Las redes son formidables, pero están llenas de analfabetos, gente con ideología pero sin biblioteca, y pocos jerarquizan. Es el lector el que debe discernir e interpretar. Dan igual valor a una feminista de barricada que a un premio Nobel.

-¿Tiene utilidad hacerse de enemigos?
-Es inevitable. Sin querer vas haciéndolos, porque la vida significa tomar opciones. Pero el enemigo es útil. Es como el mar, que es muy hijo de puta. Saber que lo es, que está ahí esperando que cometas un error para acabar contigo, te da, como decía Conrad, una saludable incertidumbre. No te duermes nunca. Cuando navego solo, pongo el piloto automático y un despertador cada 15 minutos. Duermo en cubierta atento a los mercantes. El saber que estoy en peligro, me mantiene vivo. La vida es igual: saber que hay enemigos te ayuda a cuidarte más. A recordar que el mundo es un lugar peligroso y que debes estar alerta, adiestrado, listo para combatir.

-¿No es extenuante?
-No para un guerrero. El mundo se divide entre sacerdotes y guerreros: los que manipulan sin correr riesgos y los que los asumen. A mí me gusta pelear.

-Las feministas te asedian.
-Las más radicales, que como los fundamentalistas de cualquier tipo, son muy folclóricas. Es ahí cuando la estupidez me enfada. Si me hubieran leído, sabrían que en mis novelas las mujeres superan al hombre. El único tipo de mujer que me interesa, literaria o personalmente, es la mujer valiente. No es el amor ni el sexo lo que las perfila, sino la lealtad. Es gente a la que consideras un igual.

-¿Fuiste un niño feliz?
-Muy feliz. Crecí con la biblioteca de mis abuelos y de mi padre, con libertad, junto al Mediterráneo. Era una época en la que se podía correr sin peligro por el campo, ir a las montañas, a la playa. Andaba horas por los montes jugando a lo que había leído. Esa mezcla de libertad infantil y de lecturas -era muy imaginativo- fueron mi forma de comprender el mundo. Estudié con los hermanos maristas, pero casi todo lo aprendí en casa.

-¿Quién te enseñó a navegar?
-Mi tío era capitán de la marina mercante y desde muy pequeño mi padre, que era ingeniero, me llevaba a navegar. Trabajaba en una refinería de petróleo y se embarcaba hacia Arabia Saudita, Irak para comprobar la calidad del crudo en los pozos. Crecí entre cuentos de mar y ajedrez. Ya de chico no veía al mar como un límite, sino como un camino. Nunca me sentí tan bien como el día en que conseguí ser capitán de yate, el título máximo para un civil. Más que los libros que escribí, ése es mi mayor orgullo.

-¿Qué tipo de travesías hacés?
-Hace poco fui a Cerdeña y volví. Como no tengo jefes, me voy a Alicante y zarpo desde allí. Puede ser un par de días hasta un mes. Navego todo el año, con buen o mal tiempo, me da igual. El mar limpia la cabeza y allí todo deja de tener importancia: Rajoy, la capa de ozono, el fin del mundo. Sólo eres libre de verdad en ese desierto que es el mar.

-¿Tenés hermanos?
-Sí, un hermano y dos hermanas, soy el mayor. Nunca hablo de la retaguardia.

-¿Por qué?
-Porque, como decía un amigo: "Que los divierta su puta madre".

-¡Qué lástima! Tus novelas y relatos tuvieron 13 adaptaciones al cine y a la TV. ¿La literatura está condenada a migrar hacia la pantalla?
-Sí. La narrativa, como la novelística, en una generación estarán muertas. Si fuera un joven escritor, con ambición literaria, escribiría guiones para series. El guión tiene el mismo valor literario que la novela, sólo que en él interviene más gente. Ya quisiéramos tener en literatura la misma calidad que hoy tienen muchas series. El mundo que viene es audiovisual. La letra impresa está condenada a desaparecer. Tardará más o menos. Pero no hay que dramatizar.

-¿La alta cultura volverá a ser para una élite?
-Creo que habrá una diferenciación clara: una cultura popular de masas, más mediocre, diluida, pasteurizada y otra de elite, de consumo personal, fragmentada en individuos. Una suerte de gueto de culto individual como en plan monacal: el individuo con su biblioteca, su música y sus consumos personales. La cultura tal y como la hemos entendido desde Homero hasta ahora, como mecanismo que tira de la sociedad, como referencia moral, intelectual y salvación del hombre, está condenada a muerte. Creo que trasmutará en una especie de híbrido, donde se mezclarán Borges con la telenovela mexicana; la Mona Lisa y la Venecia de turistas. Será una cultura sin jerarquización, donde para la gente tendrá igual importancia una selfie en la torre Eiffel que asistir a un concierto en la Ópera de Viena. La paradoja es que la cultura ha accedido a lugares impensados, pero todo ha debido devaluarse para tornarse accesible, con lo cual lo positivo de la cultura se pierde.

-¿La salvación es entonces individual?
-Sí. La salvación colectiva es imposible. Lo he visto, no es teoría. ¿Quiénes se salvan? Los más listos, más egoístas, hábiles y rápidos. Eso también lo aprendí en el mar: el primero que muere es el idiota. Y si el estúpido es el que promueve el nivel de salvación, estamos todos condenados. Hay que apartarse de él y buscar tu propia salida.

-Como España, la Argentina tiene un pasado traumático no resuelto. ¿Es una entelequia aspirar a una historia más neutral para las próximas generaciones?
-Eso se logra con cultura, entendiendo que todos tienen muertos en el armario. No hay que negarle al malo que hable. Si Hitler diera hoy una conferencia, habría que ir a oírlo. Pero hoy se confunde diálogo con apostolado, sin tener en cuenta de que todo sirve para comprender. En Sarajevo le pagué a un francotirador para que me dejara acompañarlo. Me contó por qué mataba y cómo elegía a sus víctimas. Si hubiera dicho a éste no lo saco en el telediario, habría renunciado a ese conocimiento. Nunca vas a convencer a un hijo de puta de que no lo sea, pero puedes entender por qué lo es y de esa forma evitar cruzarte con él.

-Hoy eso no es políticamente correcto, aunque es la regla del periodismo.
-Me da igual. Lo difícil es complejo, la gente no acepta las ambigüedades porque no es culta. He escuchado a asesinos, torturadores, criminales, y eso me ha enriquecido. Pero para eso hay que estar educado. Porque si te acercas sin nada, la vida te arrastra. Hay que ser alumnos continuos de la vida. Europa está acabada por esa carencia.

-¿El islam es la otra amenaza?
-El islam es una norma medieval incompatible con un mundo democrático moderno. Es anacrónico y su aplicación a un sistema democrático occidental basado en Platón, la Revolución Francesa, el feminismo y los derechos humanos, es incompatible con la libertad.

-Cultura, inteligencia o belleza, ¿qué valorás más?
-¿A qué edad? Varía, hay momentos para cada cosa. Puedes empezar por la belleza, seguir por la cultura y llegar a la inteligencia. Pero después de esa tercera etapa, vuelve la belleza. Es una belleza diferente, matizada por la cultura y la inteligencia, y eso la convierte en una belleza distinta. A mi edad busco la fusión de las tres en todas las cosas.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Jun 01, 2017 7:24 pm

Encuentro digital con Arturo Pérez-Reverte
zendalibros.com - 26/05/2017

–Buenos días y gracias por acompañarme hoy. Han entrado hasta ahora varios centenares de preguntas y siguen entrando. Por supuesto, en una hora no hay tiempo para responder a todos. El equipo de Zenda las está seleccionando y me las envía. Espero que comprendan las limitaciones del formato. Al terminar, se efectuará el sorteo de forma aleatoria para ver a quiénes corresponden los tres libros prometidos, que irán dedicados. Gracias, y vamos a ello.

–¿A quién prefiere, a Charlotte Brontë o a Emily Brontë? (Cervantina)
–A Anne Brontë, la tercera hermana. Ese toque de novela gótica me gusta mucho.

–Usted, además de escritor, también fue reportero de prensa de televisión, radio y prensa. Como reportero de prensa cubrió entre otros conflictos, las guerras de las Malvinas, Chipre, la del Golfo y la guerra de Bosnia. ¿Entre escritor y corresponsal de prensa cuál prefiere? (Álvaro Soler-Serrano)
–El escritor actual no lo sería sin el reportero que fui. De ahí la mirada con la que hoy escribo novelas.

–Después de leer su relato 'Ojos azules', me nació una duda simple pero ruidosa: ¿cuál es su opinión sobre el proceso de la conquista española en América (en territorio mexicano específicamente)? (Ranferi Pimentel Bautista)
–Mi opinión es que unos conquistadores que eran unos animales crueles, ambiciosos y desesperados hicieron, sin proponérselo, una gesta épica que cambió la historia del mundo.

–¿De qué libro le hubiera gustado ser el autor? (Laura Mendoza)
–De 'Historia de la Revolución Francesa', de Michelet.

–Más que una pregunta es una sugerencia. ¿No le apetece escribir otra novela ambientada en México? Específicamente en la Ciudad de México. Creo que, dada su capacidad para crear historias y la cantidad de historias que a diario crea mi ciudad, sería fabuloso leer el resultado de una noche de bodas Reverte-CDMX. Saludos afectuosos. (Irene Núñez)
–Si yo fuera mexicano, el DF me daría para escribir novelas el resto de mi vida.

–¿Qué le llevó a utilizar un lenguaje anacrónico en su obra 'Cabo Trafalgar', obra que por otro lado contrasta con el gran rigor histórico del que hace gala (no es peloteo, oiga. No lo digo yo, lo dicen críticos bastante mas eruditos). Gracias por su atención. (Rubén González)
–Los anacronismos reforzaban el esperpento. Trafalgar fue un esperpento. España es un esperpento.

–Me gustó 'El Gatopardo'. Me gustaría leer su novela con protagonista cansado con un perro fiel al lado hasta el desenlace o casi, 'La carta esférica' y 'Perros e hijos de perra' aparte. ¿El perro de caza o el pastor? ¿Cuál compañía le sería más interesante? (Jun Shigemura)
–Caza, pastor o compañía, cualquier perro es interesante. Más leales, sin duda, que los seres humanos.

–En estos tiempos que corren, ¿qué le parece que la incultura es lo que se lleva, y la mala educación, cada vez a edades más tempranas, se generaliza? Usted como padre, ¿qué claves daría para hacer que nuestros hijos lean desde temprana edad de forma habitual y qué títulos recomendaría? (Mario Ruiz)
–Llenar su habitación de cuentos, tebeos y libros. Es decir, tenerlos rodeados hasta que se rindan.

–¿Son 'Falcó' y 'El Puñal', de Jorge Fernández Díaz, novelas hermanas, o al menos con personajes hermanos? (Mariano Arias)
–Los que son hermanos son los autores. Tengo previsto un relato corto en el que Remil y Falcó se encuentren en Buenos Aires.

–Usted afirmó hace unos meses en una entrevista en 'Papel', de 'El Mundo', que reconoce tener una deuda con la suerte. Si la suerte estuviese generosa y le concediera otra oportunidad, ¿qué le pediría? (Roberto Mesa)
–Cuando llegue el momento, un final breve y coherente. Las agonías largas, como dice alguno de mis personajes, hacen perder la compostura.

–¿Hay algo que aún le sorprenda, a pesar de las canas y las lecturas? (L. Stardust)
–Me siguen sorprendiendo la sagacidad de las mujeres y la lealtad de los perros. Pero lo que más me sigue sorprendiendo es la infinita capacidad de estupidez que posee el ser humano.

–Me parece que el tema como corresponsal de guerra que aborda en 'Territorio Comanche' no lo ha vuelto a abordar en ninguna de sus publicaciones posteriores. ¿Es así? Y de ser así, ¿por qué razón? (Ángel Santos)
–Sí lo abordé, en 'El pintor de batallas'.

–¿Cree que es necesario idear un esquema de la estructura de la novela antes de comenzar a escribir las primeras páginas? En ese caso, ¿cómo idea el suyo? (Sergio Pellicer)
-Para otros autores no es necesario, aunque para mí sí lo es. Paso mucho tiempo estructurando la trama y los personajes antes de empezar a escribir de verdad.

–Si pudiera elegir una época para nacer y vivir, ¿cuál hubiera sido y por qué? (Alicia Barcala)
–La mía fue, y es, buena. Quizá habría preferido nacer diez años antes.

–Me gustaría saber qué 10 libros le gustaría tener en una isla desierta en caso de naufragio, cosa que evidentemente no deseo que se produzca. Muchas gracias por su atención, Don Arturo.
–Los ensayos de Montaigne, la Biblia, el 'Quijote', 'Historia de la revolución francesa', la 'Ilíada', la 'Odisea' y 'Los tres mosqueteros'. El resto rellénelo con Shakespeare.

–Es bien sabido que durante muchos años desempeñó su trabajo en el campo del periodismo, pero creo que debió de haber un punto de inflexión en el que decidió pasar de periodista a novelista. No sé si sería de manera gradual o repentina, y esa es la pregunta que le quiero plantear. ¿Cómo decidió empezar a escribir novelas? (David Cortés)
–Cuando empecé a tener la mochila demasiado llena de cosas que el periodismo no resolvía.

–¿Por qué cree que siendo en la actualidad tan fácil el acceso a los clásicos de la literatura y el pensamiento universal la gente no se acerca a ellos? (Maeve Roloro)
–Porque en nuestra infinita capacidad de suicidio cultural, cada vez tendemos más a lo inmediato y lo fácil. Una comodidad que ya estamos pagando muy cara.

–Siempre me he preguntado quiénes son, en su historia vital, Olvido Ferrara y Mecha Inzunza; hoy se lo pregunto a usted. Mujeres así no se inventan, señor mío. (Maruxa Vila)
–Le aseguro que no se inventan. Además de con su imaginación, un novelista también escribe con su propia vida.

–Hola, don Arturo. Miro el mundo hoy, y lo veo huérfano de ideales, de causas justas, de líderes que enarbolen ilusiones, de intelectuales con redaños para ir contracorriente. Vivimos el fin de una era, y me apena que mi hija de dos años no va a poder vivir ni las migajas del estado de bienestar. ¿Cómo le voy preparando para lo que se nos viene encima? Saludos. (Julián Lorenzo)
–Con sentido común y con libros. Enseñándole a saber que siempre hay un iceberg para todo 'Titanic'. Adiestrándolo para que, como escribí una vez, sea capaz de pensar como un griego, luchar como un troyano y morir con la serenidad de un romano.

–En 'El pintor de batallas', el protagonista (el cual estuvo durante décadas describiendo las guerras contemporáneas del mundo, al igual que usted) es partidario de una postura muy cercana al pensamiento de Hobbes, resaltando la crueldad del hombre como una de las características mas importantes de la naturaleza. ¿Esta es solo la visión de su personaje, o por el contrario es también la de su creador? (Manel Gómez)
–Es la de su creador. La mirada que me dejaron 21 años como reportero. En ninguna de mis novelas soy tanto yo mismo como en 'El pintor de batallas'.

–Una curiosidad. ¿Lo de la cafiaspirina es autobiográfico? (Miguel Angel Villalba)
–Absolutamente autobiográfico.

–Buenos días. De un cartagenero a otro, aunque usted mucho más cosmopolita, curtido, y tantos adjetivos que sólo reflejarían mi admiración: ¿Para cuándo una novela ambientada en Cartagena? Un saludo y muchas gracias. (Francisco Belchí)
–Tengo dos: 'La carta esférica' y 'Falcó'.

–Buenos días. Se da el caso de que tengo muchas historias que contar, pero pocas palabras para hacerlo. Siempre he tenido la duda de si el escritor nace o se hace. ¿Usted qué opina al respecto? ¿Puedo albergar esperanzas de que algún día mi humilde persona pueda ser autora de un libro sin tener los dones para hacerlo? (Mercedes García)
–Escribir novelas no es obligatorio, como tampoco lo es tocar el violín. Yo sería un pésimo violinista. En cualquier caso, no hay escritor posible sin lecturas que lo formen y sin vida que le forje la mirada. Supongo que, además, hace falta cierto talento para el oficio.

–¿Qué le parece la supresión, por parte de la RAE, de tildes en palabras como sólo, guión o truhán? (Aclaro que yo sigo y seguiré acentuándolas, tal como me enseñaron a hacerlo correctamente en mi infancia). (Sergio Sancho)
–Como académico, me declaré insumiso ante esa norma de la Academia cuya oportunidad no comparto. Como novelista, necesito esas tildes y las utilizo en mis libros. Y recomiendo a todos que lo sigan haciendo cuando les parezca oportuno o necesario.

–¿Qué le diría Don Pedro Zárate y Queralt a Oriol Junqueras? (José Madrid)
–Como hombre de las Luces, ilustrado, culto e hidalgo del siglo XVIII, dudo que le dirigiera la palabra. De todas formas, imagino que en un diálogo intelectual entre ambos, el almirante masacraría a Junqueras sin ninguna duda. Y sin piedad.

–“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”, escribía Borges al inicio de su poema 'Un lector'. ¿Cree usted que todavía le quedan muchos libros buenos por descubrir, o prefiere releer las obras maestras que ya ha descubierto? (José Manuel Benito)
–Releer, a mi edad, permite ver cosas en los libros leídos antes que uno no había advertido. Releo más que leo. Eso no excluye sorpresas agradables, naturalmente.

–¿Cómo lleva la imagen de ser un hombre que se come los erizos de mar sin pelar? ¿Cree que mucha gente confunde el Arturo Pérez-Reverte persona con el Arturo Pérez-Reverte personaje de las patentes de corso? (Barlés)
–Por supuesto que lo confunden. Las patentes de corso son una válvula de escape de un personaje creado expresamente para ellas. Un artificio narrativo destinado a patear ingles indiferentes o estúpidas. En la vida real respeto los semáforos, ayudo a las ancianitas a cruzar la calle y soy tierno como un oso mimosín, o casi.

–¿Qué libro recomendaría a un chaval de 15 años para ayudarle a comprender mejor el mundo? (Eugenio Prados)
–'La isla del tesoro', 'El guardián entre el centeno' y 'El señor de las moscas'.

–¿Cómo era el Arturo que en 1971 marchó a cubrir su primera guerra? ¿Y cómo era el Arturo que en 1994 dejó las guerras? (De haber compartido época, usted hubiera sido amigo de Joseph Roth y Stefan Zweig). (Francisco José Crespo Villalba)
–En 1971, lector, soñador e ingenuo. En 1994, lector, lúcido y fatigado.

–Cuando uno escribe una novela como ésta (o cualquiera), además de la noble actividad de ganarse la vida, ¿qué pretende?: ¿divertir? ¿enseñar? ¿compartir? ¿o realmente no pretende nada en especial? (Enrique Argüelles)
–Yo soy un novelista. No un apóstol ni un redentor de la humanidad. Escribo para construirme mundos en los que soy feliz. Lo que haga el lector con esos mundos o con otros no es asunto mío.

–¿Escribe usted alguna vez a mano? Y si es así, ¿lo hace con estilográfica, lapicero, bolígrafo...? (María José Hernández Martín)
–Escribo en ordenador, corrijo con lápiz y estilográfica, según el momento, vuelvo a pasarlo todo a ordenador, vuelvo a corregir, vuelvo a pasarlo a ordenador...

–Don Arturo, echémosle imaginación. A día de hoy, año 2017, usted con 20 años, ¿volvería a enrolarse en esos barcos que zarpaban de Cartagena, con el petate lleno de novelas y estudiaría periodismo en busca de aventuras, o ese ya no es el camino? Fuera de la lectura, el mejor refugio sin duda, para los que aún no tenemos la luz pagada hasta el día que nos salten los plomos definitivamente. ¿Qué nos queda? (Jordi Aguade)
–Enrolarse en un barco, real o simbólico, con una mochila de libros e irse a la isla de los piratas siempre es el camino para quienes tienen en la cabeza lo que yo tenía entonces. Siempre y cuando se esté dispuesto a pagar el precio, naturalmente.

–No sé si acostumbras a leer de vez en cuando algún libro sin que te lo hayan recomendado previamente o sin referencias sobre su autor, pero en esos casos, ¿cuánto sueles tardar en decidir si el libro es bueno o no? (Ángela Bones)
–Entre cinco y diez páginas. La vida es demasiado corta para perder tiempo en libros inciertos.

–¿En qué se está equivocando Pablo Iglesias? (Miguel Ángel)
–En creer que algunos no hemos leído libros donde se cuenta que todo ha ocurrido ya, y que lo único nuevo es lo olvidado. Y algunos, además de biblioteca, hemos viajado y tenemos buena memoria.

–Estimado Don Arturo, soy fan de años. La primera vez lo vi al lado de Germán Dehesa y desde entonces me enamoré de sus libros. Pronto encontré a otros que tenían el mismo sentimiento en el foro de Corso, ¿se acuerda? Allá por 1999 vino a México, a una Feria del Libro y participó en un encuentro llamado 'Las menudas honras'. Llovía bastante y al terminar el evento usted tenía una gran sonrisa. Yo siempre he pensado que usted estaba contento. Mi pregunta es: ¿Qué piensa cuando tiene este tipo de eventos, cuando está junto a sus lectores? ¿Significamos algo o sólo somos un trámite? Larga vida, don Arturo, y mil gracias por todo. (Citlali Lelis)
–Nadie que me haya visto atender uno por uno a mis lectores, de pie y durante horas, puede pensar que son un trámite. A ellos les debo mi libertad, mi independencia y las ganas de escribir novelas.

–Me gustaría preguntarle cuánto hay de Arturo Pérez-Reverte en su personaje Falcó. (Eugenio Vergaz)
–Más de lo que pretendía.

–¿Cuál es el personaje al que le tiene más cariño, tanto de los que ha creado usted como de los que ha conocido (de ficción, se sobreentiende)? (Alberto Conchado)
–Jaime Astarloa, maestro de esgrima.

–Si pudiera hacerlo ahora, ¿qué consejo le daría a aquel Arturo Pérez-Reverte de 25 años de edad? (Ginés Alberto Meroño Ruiz)
–Que mirase más a los ojos de las mujeres y menos a las tetas de las mujeres. Hoy sería sabio.

–Cuando estuvo en la carrera estudiando Periodismo, a la vez simultáneamente estuvo realizando estudios de ciencias políticas. ¿Qué le desencantó o no le gustó para no dedicarse a ello? Pienso que sería usted una buena baza para la política española. (Javier Cano)
–La política me interesa como conocimiento, no como ejercicio.

–Soy una fiel seguidora de sus novelas y me gustaría saber qué planes o ideas tiene usted para el futuro. ¿Quizá una segunda entrega de Falcó? ¿Tal vez algo que mantenga su esencia literaria pero sea una nueva novela diferente? (Carolina Torre)
–Acabo de terminar la segunda de Falcó.

–Usted ha visto la peor cara del ser humano, y así también ha podido comprobar la mejor cara del mismo en las situaciones más adversas. ¿Cómo se percibe el mundo después de haber estado en el infierno? (Eva Martínez)
–Como un lugar peligroso, lleno de hijos de puta.

–Las mujeres de sus novelas son fuertes, con personalidad y carácter. ¿Son fruto de su imaginación o de la literatura o busca ejemplos en la vida real de amistades, conocidas o familiares? (Bibiana Vega Rodríguez)
–Tienen poco de imaginación. Son las mujeres que me interesan, tanto en la literatura como en la vida.

–Me gustaría saber qué personaje histórico sería para usted un referente tanto intelectual como moral. A día de hoy, con todas las noticias que nos inundan cada mañana, parece que falta alguien que dé un poco de luz entre tanta oscuridad. ¿Quién quisiera usted que estuviera presente en nuestra sociedad para “iluminarnos”? (Fernando Vallina)
–Sócrates.

–Usted frecuentemente critica a los sectores más radicales del movimiento feminista, lo que ha llevado a muchos a considerarle machista o misógino, pero las mujeres que aparecen en sus libros distan bastante del prototipo de mujer dependiente del hombre ¿Qué significa para usted la lucha de la mujer por su liberación y para erradicar las costumbres discriminatorias de la sociedad? (Michelle Harrison)
–Una lucha necesaria y urgente que no podemos permitir sea ridiculizada o envilecida por algunas analfabetas, folclóricas que perjudican, más que favorecen. El feminismo es necesario, pero la inteligencia también.

–¿Cómo enseñaría a debatir en calma sobre la Guerra Civil a la juventud que está aprendiendo en Twitter? (Marta Álvarez Jiménez)
–Explicándoles que ecuanimidad no significa equidistancia. Acudiendo a los testimonios de quienes lo vivieron, no a la manipulación partidista de quienes lo utilizan como herramienta política.

–¿Qué caprichos le gusta darse? ¿Cuál ha sido el último si se puede saber? Un saludo y gracias. (Marta Rodríguez)
–Sables de caballería. Del siglo XIX. Y cenar con amigos fieles como Antonio Lucas, Manuel Jabois, Edu Galán, David Gistau, Raúl del Pozo y otros.

–Los toreros siempre dicen que se dejan la mejor faena por hacer. Supongo que a los escritores les ocurrirá lo mismo, que el mejor libro es el que está por escribir. ¿Es cierta esa sensación en su caso? (Roberto Ruiz)
–Cada novela que empiezo me produce esa sensación. Luego la acabo y pienso que será la siguiente.

–¿Qué le diría hoy mismo a Donald Trump si pudiese tomar un café con él? (Luis Mencía)
–Le diría payaso. Dicho sea con todo el respeto para los payasos que son respetables.

–Vivir en España cada vez duele más. ¿Qué hace que una persona con sus recursos continúe aquí y no marche hacia un país más amable? (Mariló Martínez)
–Por una parte, aunque a veces me indigne, sigo pensando que España es un buen lugar. Por otra parte, confieso que mi lado malvado siente auténtica curiosidad por ver cómo termina este disparate.

-Hasta aquí hemos llegado. Hubo muchísimas preguntas y los amigos de Zenda seleccionaron entre ellas, haciéndolo lo mejor que pudieron. Gracias por la compañía. Ahora están sorteando entre esos centenares de preguntas para enviar tres libros firmados. Fue un placer y fue un honor su compañía. Gracias por esa lealtad de amigos y por esa confianza de lectores. Un abrazo

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Sab Ago 19, 2017 11:15 am

Pérez-Reverte: «Ora basta buonismo, con i fanatici non si può dialogare»
Entrevista de Elisabetta Rosaspina - corriere.it - 19/08/2017

«Di fronte a un nemico senza scrupoli né freni etici, le nostre democrazie ci hanno messo in condizioni d’inferiorità. Ma l’Europa rifiuta di guardare in faccia la realtà: c’è una guerra, una guerra santa e non la possiamo vincere con il dialogo». Arturo Pérez-Reverte è conosciuto in Italia soprattutto come romanziere, in particolare per la saga di cappa e spada del Capitano Diego Alatriste, ma in Spagna è noto anche come reporter di guerra e per la sua penna polemica, quando scrive di attualità per la rivista 'XL Semanal'. L’ultima delle sue preoccupazioni è di apparire politicamente scorretto. La prima è per l’inadeguatezza dei timonieri dell’Europa nella burrasca che sta attraversando.

-Perché è convinto che il dialogo non serva?
-Perché, dopo 21 anni come inviato di guerra in Medio Oriente, mi è ormai chiaro che l’Islam è incompatibile con la democrazia. Una società retta da leggi religiose non è compatibile con una società basata su leggi democratiche. Sono d’accordo con Oriana Fallaci, che conosceva bene il mondo arabo, a differenza degli idioti che l’hanno attaccata. Prima ancora di lei, nel 18esimo secolo, l’enciclopedista francese Holbach metteva in guardia i suoi contemporanei: quando gli uomini credono di non dover temere altri che Dio, non si fermano davanti a nulla. Questo è il fanatismo religioso e non lo si contrasta con il buonismo, né con la timidezza, né con la codardia.

-Quindi?
-Quindi l’Europa non ha gli strumenti per difendersi dai jihadisti, per confrontarsi con le nuove sfide. La nostra democrazia, i grandi progressi, le idee generate dalla Rivoluzione francese ci mettono in condizione di inferiorità. L’Europa è in un problema senza soluzione, perché la stessa essenza democratica degli Stati europei impedisce di usare i mezzi necessari.

-E quali sarebbero?
-Questo non lo so. Io sto descrivendo la situazione, non ho le soluzioni. Ma finché l’Europa penserà che la guerra si vinca con il dialogo e i negoziati, non ne uscirà. I governi europei mentono ai loro cittadini, nascondono loro la situazione: la verità è che non siamo preparati alle sfide in arrivo. Abbiamo creduto che la violenza esistesse lontano da noi: in Siria, in Iraq, o in Nicaragua e Salvador, dimenticando che la violenza è ovunque nel mondo; e adesso ci stiamo bruscamente risvegliando. Dobbiamo educare i nostri figli a vivere nella realtà e a non credersi a Disneyworld. Con violenza e dolore si dovrà convivere, perché il mondo è popolato di violenti e non soltanto per motivazioni religiose. La violenza può essere dettata dall’ambizione o dalla lussuria e può rompere in ogni momento il paradiso idilliaco in cui credevamo di vivere. Ma la realtà s’impone sempre: durante il fascismo in Italia, come durante il franchismo in Spagna o, più recentemente, nei Balcani.

-D’accordo, dobbiamo accettare la realtà e spiegare ai nostri figli che il mondo è un luogo pericoloso. E poi?
-E poi non dobbiamo dimenticare quanto è costato all’Occidente, in termini di secoli, di sofferenze, di sforzi e di sangue, liberarsi dai fantasmi oscuri imposti anche dalla nostra religione: l’Inquisizione, i processi e le carceri ecclesiastiche. Molta gente si è battuta eroicamente per la libertà, negli ultimi secoli, e per l’emancipazione femminile. Anche per la libertà di mia figlia di portare una minigonna, senza essere chiamata puttana. Il mondo si globalizza e l’immigrazione non solo è inevitabile, ma è benvenuta. Abbiamo bisogno degli immigrati, per ragioni demografiche e come forza lavoro giovane, ma non possiamo rinunciare al lungo cammino fatto dalla nostra civiltà, né retrocedere».

-Stiamo retrocedendo?
-Sì, se una donna si copre il capo o una pubblicità viene ritirata per non offendere la sensibilità degli immigrati musulmani. Sì, se accettiamo che una donna rifiuti, o che suo marito la obblighi a rifiutare di essere visitata da un medico uomo in un ospedale pubblico. Sì, retrocediamo se permettiamo a una maestra di velarsi per fare lezione in una scuola pubblica: che messaggio sull’indipendenza femminile può trasmettere ai bambini? Chi arriva è ben accetto, ma deve adeguarsi alle nostre regole. Nessuno può esigere che le cambiamo e che torniamo al Medio Evo, perché ci è costato molto uscirne. Questa fermezza, questo coraggio nel difendere il nostro modo di vivere all’occidentale e le linee rosse, i nostri politici non ce l’hanno.

-Perché?
-Per paura di sentirsi chiamare xenofobi, razzisti o fascisti. Ripeto: l’immigrazione è un bene, ci è necessaria. Ma quando un imam predica in una moschea occidentale spiegando agli uomini che possono picchiare le loro mogli per educarle, va preso, messo su un aereo e rimandato al suo Paese. Non si può indossare il burqa soltanto per avere la propria tranquillità. Dal mio punto di vista, l’Europa non ha questa capacità di resistenza, per mancanza di coraggio. A lungo termine, sarà una guerra persa».

-Eppure la stragrande maggioranza degli islamici che vivono in Europa non è fatta di fanatici religiosi.
-Certo. Ma se in una strada vivono dieci famiglie non fanatiche e una sì, le altre tenderanno a diventare più rigorose per non sentirsi giudicate. È un meccanismo che ho visto molto chiaramente in Iran, sotto Khomeini: si chiama paura sociale. Paura delle critiche, di non essere considerati buoni musulmani dal vicinato, delle chiacchiere dal parrucchiere sulla signora la cui figlia va in giro troppo scollata. Chi esercita quelle pressioni nei quartieri musulmani, come polizia religiosa controllata dagli imam, va incarcerato e condannato per estorsione e ricatto. Ecco dove devono intervenire gli Stati, anziché accettare tutto nell’illusione di guadagnarsi il quieto vivere.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mar Oct 10, 2017 9:41 am

"Independência da Catalunha não vai acontecer, porque é processo sem lógica"
Lusa - 10/10/2017

O escritor Arturo Pérez-Reverte não acredita na independência da Catalunha por considerar ser um processo "sem qualquer lógica" e afirma que o problema de Espanha é o mesmo de que padece o resto do mundo: falta de cultura.

Em entrevista à agência Lusa, a propósito do lançamento do seu mais recente livro, 'Falcó', Arturo Pérez-Reverte falou sobre Espanha, escusando-se a dar directamente a sua opinião quanto ao processo de independência da Catalunha. "Não quero falar, é um tema tão estupidamente absurdo que não quero falar sobre este tema, deixem-me de fora da Catalunha, não quero saber nada disso", afirmou. Contudo, questionado sobre o futuro de Espanha caso a Catalunha declare a independência, o escritor foi taxativo: "Isso não vai acontecer, é impossível". "A curto ou médio prazo é impossível, é um processo absolutamente contrário a qualquer lei da lógica, então não pode acontecer", acrescentou.

Para Arturo Pérez-Reverte, o processo em causa "transcende a Catalunha, é um problema da Espanha actual e do mundo actual, que é a "falta de cultura". "Quando se criam gerações de jovens sem memória histórica, quando a História desaparece das escolas, os jovens são presas fáceis e manipuláveis pelos sem-vergonha e medíocres e canalhas da política. É um problema de cultura, na Catalunha, como em toda a Europa, é um problema de cultura, porque sem cultura, sem jovens e nações cultas é impossível que algo funcione bem na Europa, falo de Portugal, de Espanha e do resto da Europa", disse.

Mostrando-se "pessimista" em relação ao futuro, o escritor considera que Lisboa é mais um exemplo de como a cultura da Europa "está a morrer", em grande parte devido ao excesso de turismo. "Um turismo inculto, massivo, analfabeto, que só produz algum dinheiro, mas que acaba por destruir muito, e Portugal entrou nessa dinâmica diabólica do turismo e creio que no futuro, culturalmente, Lisboa está condenada como estão outras cidades de Europa", vaticina. Assinalando que há muitos anos que vai a Lisboa, cidade que considerava um dos últimos "refúgios" a salvo na Europa, o escritor diz que cada vez a "conhece menos", com "milhares de turistas que estão a arrasar a cidade, que não a compreendem, não a conhecem, não a querem conhecer, não se preocupam em entender, nem tão pouco em aprender a dizer 'obrigada'".

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"É uma estupidez enorme o que se está a passar em Espanha"
Maria João Costa - sapo.pt - 10/10/2017

O escritor espanhol Arturo Pérez-Reverte considera uma “estupidez enorme o que se está a passar em Espanha” e diz que o referendo sobre a independência da Catalunha é um assunto "penosamente triste".

Em entrevista à 'Renascença' sobre o seu mais recente livro, 'Falcó', agora editado em Portugal, Arturo Pérez-Reverte mostrou-se reticente em falar sobre os mais recentes acontecimentos no país. “Eu, sobre a Catalunha não quis falar, nem em Espanha", disse. “Muita gente perguntou. Telefonaram-me os amigos do ‘Le Figaro’, do ‘Le Monde’, do ‘Corriere della Sera', de jornais portugueses e eu disse sempre que não queria falar de Espanha! Nem dessa estupidez enorme que se está a passar em Espanha. Vejo como uma estupidez enorme e por isso não quero falar dela”, afirmou ainda. “Digamos que é um assunto penosamente triste para se estar a falar desta estupidez nesta altura”, resumiu.

Durante a conversa, Arturo Pérez-Reverte defendeu também que Portugal e Espanha deveriam fazer parte de uma confederação ibérica. “Deveriam estar juntos”. “Para mim é um erro histórico serem países diferentes. Deveriam ter a sua autonomia, cada um com as suas leis, como uma confederação, como lhe quiseres chamar. Nisso estou de acordo com o que dizia José Saramago, que a confederação ibérica deveria ter sido feita há muitos anos porque temos inclusive uma história comum. Mas, bom, por vezes a história produz este tipo de casos absurdos. Sempre que venho a Portugal penso que foi uma oportunidade perdida para que pudéssemos ter feito algo muito bonito juntos”, considera.

A entrevista a Arturo Pérez-Reverte vai ser emitida no programa 'Ensaio Geral' da próxima sexta-feira, dia 13.

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Dom Nov 12, 2017 10:16 am

"La vileza, la infamia y la irresponsabilidad que abocaron a la Guerra Civil siguen estando ahí"
Entrevista de Mariano Gasparet - elespanol.es - 12/11/2017

Como en el nuevo periodismo todo se tolera, empezaré esta entrevista en primera persona para poner en situación al lector. Mis jefes me dan un teléfono y me ordenan entrevistar al periodista, escritor y académico Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). Aunque intuyo la celada -éste hombre quiere hablar de su último libro, no protagonizar un Hablando sobre España- no estoy dispuesto a perder la oportunidad: lo tengo a tiro y considero una falta menor no haber leído 'Eva' ni 'Falcó' (Alfaguara).

Quedo con el escritor decidido a engañarle un poco, a llevármelo al huerto aprovechando que la Guerra Civil es el telón de fondo de la serie 'Falcó', para hacerle hablar de política, de Cataluña y de España. Por supuesto se da cuenta: charlamos en el Palace de Madrid y hubo momentos en que pensé que se iba a levantar y me iba a mandar a hacer gárgaras. Muy al contrario, se rió lo suyo y me regaló un ejemplar de 'Eva' al despedirnos. Salí del hotel con la sensación de haberme comportado como un patán: pero qué menos que una porción de remordimientos, a nadie puede salirle gratis intentar levantarle la cartera a un tipo de la madera del Capitán Alatriste; a un tipo como Lorenzo Falcó.

-¿Le gusta provocar en Twitter?, le suelto antes de sentarnos.
-No me gusta, pero sí me divierte, es un poco como echarle de comer a los patos.

-¿El apellido de su último héroe, Lorenzo Falcó, tiene algo que ver con el clásico sobre la Guerra Civil de César Falcón, ‘Madrid’?
-Nada, nada. Yo navego mucho y tengo mucha relación con el Cabo Falcó, por donde paso mucho cada vez que voy a Italia. Sí que es verdad que, como todo escritor profesional, colecciono apellidos y nombres para mis novelas, y Lorenzo es el nombre de un tío mío que vivió esa época de una manera muy intensa.

-También escribió ‘La Guerra Civil contada a los jóvenes’ (Algafuara, 2015), una historia ilustrada por Fernando Vicente sobre la contienda que vendió 80.000 ejemplares. ¿Qué representa para usted la Guerra Civil?
-Me interesa como novelista, no para explicarla. Para eso están los libros de Juan Pablo Fusi o los de otros historiadores solventes. O el manual que escribí para jóvenes al que has hecho referencia. O el prólogo de 'A sangre y fuego', de Chaves Nogales, un libro de relatos que debería ser de lectura obligatoria en los colegios.

-¿Por qué?
-Debería ser materia de estudio obligatoria un año: en las clases de historia, de ética, de literatura, de lo que quieras… Eso haría mejores a los chicos, haría mejores españoles y mejores ciudadanos, y sobre todo eliminaría un montón de vilezas que, desde hace tiempo, nos meten en la sangre. Dicho lo cual, para mí la Guerra Civil es un telón de fondo en el que coloco a mis personajes. Es un escenario magnífico y terrible: los años 30, la Guerra española, el inicio de la Segunda Guerra Mundial, los totalitarismos… fue el final de un mundo y el inicio de otro.

-¿A qué se refiere?
-A algo muy interesante: los ismos, el fascismo, el nazismo, el comunismo no tenían mala prensa, al contrario. No se sabía nada del Gulag, ni de Auschwitz y todavía había mucha gente decente que creía en los ismos como soluciones políticas. Es que el nazismo era cool, su diseño, su arquitectura; lo mismo podemos decir del fascismo italiano. Todo eso se veía de un modo muy distinto a como lo vemos ahora.

-¿Qué queda de todo ese mundo en la España actual?
-Por fortuna, ese mundo no existe. Aunque había también unas maneras; hasta un campesino tenía una actitud de dignidad personal, de gallardía humana, una conciencia del valor de la educación, ese saber que un hijo educado tenía más posibilidades de prosperar, el sentido del sacrificio… Todo eso constituía una moral, independientemente de la política, que se ha perdido y que sí echo en falta.

-¿Ha pensado alguna vez, a raíz de todo esto de Cataluña, que podría volver a producirse un conflicto civil en España?
-No, no lo creo porque hemos llegado a un grado de confort que lo impide. Quien vive con cierto confort, quien tiene un coche, y un televisor, y una cuenta en el banco por humilde que sea, y a los hijos estudiando… pues se tienta mucho la ropa. Aunque seguimos viviendo en una sociedad muy injusta, ahora se vive mejor que hace 80 o 90 años. Ahora, cuando has leído historia, cuando has vivido una guerra, y yo de las veintitantas guerras que hice como reportero siete fueron guerras civiles, reconoces síntomas muy desagradables. Ves que la vileza, la infamia, la irresponsabilidad y la falta de escrúpulos de algunos políticos siguen existiendo. Es decir, aunque el mundo actual es diferente y hace imposible un conflicto como aquel, los impulsos de las personas que sí hicieron posible aquello siguen estando aquí. Si les dieras pistolas, les dieras incultura, les dieras crisis social y les dieras en el exterior fascismos y comunismos la volveríamos a tener.

-Es lo que dijo aquel ex militar ruso que se enfrentó a los manifestantes independentistas que cortaban una carretera en Barcelona: “¡Mañana tendréis armas!”.
-Sí, sí, dijo: “No tenéis ni puta idea; os van a dar armas y ya veréis”. Lo tuiteé, me acuerdo.

-¿Qué está pasando en Cataluña y en España?
-No le voy a hablar de Cataluña. Sí diré que, con todo esto, Cataluña ha demostrado que es enormemente española. Ese berlanguiano desenlace del asunto demuestra que es tan española como el resto de España.

-¿Tenemos los gobernantes que nos merecemos?
-Los votamos, los votamos... Cuando en el 36 unos campesinos analfabetos queman vivos al alcalde y al cura, pues puedo entenderlo; no justificarlo, ojo, pero sí entenderlo por la incultura, la manipulación y la desesperación de esa gente... Pero esa crueldad entre comillas "inocente" de hace un siglo ahora es injustificable. Ahora nadie es inocente, ahora hay educación obligatoria, hay televisión, hay internet, hay periódicos. Ahora el que es analfabeto, real o figurado, es porque quiere. El que se deja manipular es porque le resulta más cómodo que le manipulen. Eso del gobernante malo y el súbdito bueno no me lo creo. Eso de qué buen vasallo sería si tuviera buen señor es una gran mentira. Los señores los creamos los vasallos, y son los esclavos los que hacen a los amos.

-Usted siempre dice que en el mundo hay “oportunistas, cobardes, sinvergüenzas y luego ingenuos manipulables y analfabetos de buena voluntad”. ¿No son ahora los ingenuos y los analfabetos más manipulables como consecuencia de la revolución tecnológica?
-Pero porque quieren. El ejemplo lo vemos en las redes sociales: son estupendas por el enorme caudal de información que ofrecen, pero no discriminan, no jerarquizan, se mezcla el oro con la basura, la calidad con la porquería; y lo que dice Vargas Llosa y lo que dice un analfabeto o un demagogo como Rufián comparecen a la vez. Si no hay cultura, no hay formación y no hay preparación intelectual, pues el receptor no distingue y el mismo valor da a un tuit de Rufián que a un enunciado de Thomas Mann. Ese es el problema, la falta de cultura. Y hablo de cultura, no en plan elitista, sino como un conocimiento básico del mundo que permita discernir y distinguir.

-¿Qué le parece todo lo que ha pasado en Cataluña?
-Mira, he estado en mi mundo, promocionando la novela, fuera de España… lo de Cataluña lo he seguido de lejos.

-Hace unas semanas, en una entrevista en ‘El País’, el hispanista John Elliot vinculaba el descontento que motiva el problema catalán a los siglos XVI y XVII: revuelta ‘dels segadors’, Felipe IV y Felipe V, Guerra de Secesión y Decretos de Nueva Planta. ¿Qué le parece como tesis?
-Es cierto, es cierto, el origen está ahí. España es un país que nunca cuajó como Estado. En Francia hubo una Revolución que acabó con el Antiguo Régimen, acabó con los privilegios feudales y jacobinizó el país y lo convirtió en un Estado fuerte, organizado y moderno. Eso permitió que, en teoría, no hubiese privilegios, que los privilegios estuviesen supeditados al bien común. En España nunca hubo guillotina, ni revolución y jamás fue purgado. Los de siempre, los curas, los aristócratas, el dinero y la Monarquía fueron pasando de un sitio a otro sin perder sus privilegios. Lo mismo pasó con los privilegios territoriales. La República Francesa aplastó La Vendée y la hizo sumisa a la idea de la patria y la nación francesa. Eso en España nunca ocurrió, nunca hubo un Gobierno central lo bastante fuerte como para imponer su centralismo y nunca hubo un Gobierno lo bastante plural como para crear un Estado Federal real con competencias lo claramente delimitadas… [Silencio, Pérez Reverte me mira unos segundos]. ¿Pero cómo me estás haciendo esta entrevista?

-Es muy interesante todo lo que está diciendo.
-[Ríe] Bueno, bueno, pues lo resumo: en España nunca fraguó ni el Estado plurinacional ni el Estado central. ¿Mi opinión personal? Yo soy jacobino, a mí me gustan los Estados fuertes; no ahora, ojo, digo históricamente. Creo que el camino para que España hubiera sido un Estado moderno y fuerte hubiera sido un XVIII y un principio del XIX jacobinos: una idea de nación a la francesa. Pero en España eso no se dio. Aquí se mantuvieron todos los vicios y malformaciones ancestrales y la modernidad nunca pudo combinarlas. Por eso Cataluña y el País Vasco no son más que los residuos, los restos, las consecuencias, dramáticas a veces y grotescas otras, de un Estado que nunca supo conformar su identidad de una manera coherente, ni jacobinamente, ni plurinacionalmente.

-¿Estos territorios siempre han mantenido privilegios?
-Es que los privilegios siguen ahí. El problema de España es que los privilegios nunca han desaparecido; al contrario, se ha incrementado la insolidaridad.

-Sin embargo Puigdemont en su exilio flamenco y toda su corte venden la idea de que España no es una democracia y que el franquismo continúa.
-Bueno, eso no vamos ni a comentarlo. Esa estupidez grotesca me niego a comentarla.

-¿Y por qué tienen predicamento esas tesis en parte de la sociedad catalana y española?
-Bueno, llegado a este punto, he de decir que yo sólo soy un tipo que cuenta historias. He hecho una concesión y estamos hablando de historia, que a mí me gusta mucho, pero no soy analista político ni analista social. A mí realmente... no es que me dé igual, porque soy ciudadano español. Pero estoy muy lejos de todo esto. Yo no soy la persona adecuada para esclarecer eso; para eso hay que ir a gente como Juan Pablo Fusi, como Carmen Iglesias… pero yo no. ¿Vale como respuesta?

-Sí, pero comprenda que abuse un poco.
-Sí, y comprende que yo no me deje abusar. Estamos en plan bien; y yo puedo llegar hasta donde he llegado porque me interesa la historia, porque soy lector de historia, porque soy un tipo que ha vivido guerras… Hasta ahí llego, pero no estoy capacitado para analizar determinadas cosas. Yo estoy aquí sentado no porque analice la vida política, sino porque cuento historias y me las leen.

-¿Y aquello de la misión del intelectual?
-Un momento, un momento. Yo no soy un intelectual, allá cada cual. Yo soy un novelista que cuenta historias; yo fui un reportero que anduvo por el mundo y, a la vuelta, con la mochila llena, me puse a contar historias a partir de lo que viví y de la mirada que esa vida me dejó. No escribo para hacer mejor el mundo, escribo porque me apetece y ya está. Es que un novelista no tiene una misión. El artista que cree que dice que trabaja para hacer mejor el mundo miente como un bellaco, es un demagogo y un embustero.

-A lo mejor se lo cree.
-Pues allá él. Pero es que yo cuando era reportero no fui a la guerra para hacer mejor el mundo. Yo fui a la guerra porque la guerra era un lugar fascinante, porque me permitía una forma de vida que me gustaba, porque podía vivir con lo puesto y una mochila y empezar cada día una crónica con autonomía y lejos de mis jefes; era joven, había adrenalina, emociones, aventura… Era periodista y ese era mi trabajo. Pero no iba a la guerra para pararla ni para hacer mejor el mundo. Estaba en Sarajevo y me jugaba la vida todos los días para que la gente que estaba en su casa supiera lo que estaba pasando allí porque ese era mi trabajo. Yo era un mercenario honrado, cobraba por mi trabajo y lo hacía bien, pero no para hacer mejor el mundo. Bueno, en Bosnia acababas pidiendo auxilio para ellos, pero eso es otra cosa. Mi misión es contar historias lo mejor que pueda.

-Y como lector y gran conocedor de la historia. ¿Qué le parece la proclamación de la República por parte de Puigdemont en comparación con las proclamaciones anteriores de Maciá en 1931 y Companys en 1934? ¿Está a la altura de la Historia?
-Pues que en España la tragedia se repite como farsa.

-¿Y la perspectiva de que esto se pueda solucionar con las elecciones del 21-D?
-Pero yo qué cojones sé. Ni idea, ni idea, no lo sé, y no voy a hablar algo que no sé. Eso me interesa relativamente. Claro que me preocupa, pero mi vida no depende de que Cataluña sea o no independiente. Mi futuro no está en Cataluña. A mí me leen en 42 lenguas y si Cataluña es independiente pues imagino que allí tendría un editor local, catalán, yo qué sé.

-¿Y la imagen de España en el exterior por todo esto; ha percibido algo?
-Claro que lo he percibido. Penosa, tristísima, grotesca, de vergüenza.

-¿Se ha descuidado la imagen exterior?
-De verdad, no quiero hablar más de Cataluña. En cuanto a imagen hemos salido muy mal parados internacionalmente por la vileza de unos y la estupidez de los otros. Y con eso termino.

-¿Y el hecho de que haya propagandistas activos exteriores a sueldo, como Assange?
-Mi labor de cortesía respecto a ti como entrevistador, en lo que refiere a Cataluña, ha terminado ya. No te quejarás, ¿no? ¿Esto es una entrevista sobre Cataluña, verdad?

-Bueno, es una entrevista sobre España.
-Pues Cataluña ya está.

-Decía Stanley G. Payne que el café para todos no funcionó, que se deberían haber delimitado mucho más las competencias de las distintas Comunidades.
-Vuelvo a decirte otra vez, que por lo visto no lo he dicho con bastante nitidez, que yo soy un tipo que cuenta historias. No soy un analista político, ni un sociólogo, ni un filósofo, ni un intelectual. Fui reportero y ahora soy escritor.

-Ya, pero muchas veces ha hablado sobre la Transición.
-Sí, pero cuando lo he hecho ha sido como algo personal, en artículos y cuidando mucho lo que escribía, no en una entrevista. En las entrevistas no digo esas cosas, porque momentos como este tienen sus peligros, porque los titulares, como sabes, son resúmenes. No me interesa hablar de eso, no hablo en mi casa, ni con mis amigos. ¿Me entiendes?

-Sí claro. Hablemos de la Guerra Civil, que es el escenario de sus novelas de la saga 'Falcó'. Imagino que seguirán nuevas novelas.
-Sí, va a seguir porque, aunque iba a ser una novela, me lo pasé muy bien y voy a hacer al menos tres o cuatro.

-¿Y sobre el capitán Alatriste? Se lo pregunto porque he visto que un señor se lo pedía por la calle.
-Sí que me lo piden, sí. Bueno, no sé. Tengo 66 años y no sé lo que voy a vivir y cuanto tiempo me queda.

-Pero si está usted muy bien.
-Bueno, el mundo se divide entre la gente que sabe que se va a morir y la que no. Y yo sé que me voy a morir. Yo aprendí muy joven, y eso ha condicionado toda mi vida, que todo es muy frágil en la vida, todo: la salud, la cordura… No sé si me quedan dos años o diez, dos novelas o diez, y he de elegir muy bien lo que hago. No voy a malgastar el tiempo en cosas que no me apetecen. Y ahora me apetece mucho hacer 'Falcó'.

-¿Es un tema cerrado la Guerra Civil para los españoles?
-No, no es un tema cerrado. Era un tema cerrado, claramente cerrado. Pero [silencio largo], hubo estúpidos y malvados, y siempre es peor un estúpido que un malvado; hubo una conjunción planetaria de estupidez y de maldad que hizo, hará como diez años, que el tema de la Guerra Civil se convirtiera en arma política de nuevo. Y entonces, ¿qué pasó?, pues que cayeron sobre esa arma para utilizarla generaciones de políticos y no políticos jóvenes que no tenían la formación adecuada. No tenía ni la edad, ni el conocimiento; ni la lucidez; ni la experiencia; ni la habían estudiado lo suficiente. Y la utilizaron con una alegría irresponsable el nosotros y ellos, las cunetas, las no cunetas… Se resucitó otra vez lo que parecía tan bien calmado. De esa estupidez, convertida en maldad por pura estupidez, surgió un revival de la Guerra Civil que en nada ha beneficiado a nadie, y ha perjudicado mucho a todos. Porque, además, y de esto sí hablo con gusto, hay idiotas que confunde la equidistancia con la ecuanimidad.

-¿A qué se refiere?
-Cuando uno ve una guerra civil desde fuera, los Balcanes, Nicaragua… y yo he hecho siete, eh, está todo claro: Franco malo, República buena; serbios malos, bosnios buenos; somocistas malos, sandinistas buenos; Videla malo, montoneros malos… Pero cuando te acercas a ellos, y hablas, y te fumas un cigarrillo, y te salpica la sangre; y los ves morir, matar, torturar… Entonces las líneas claras se difuminan: te doy mi palabra de honor de que es así. Al aplicar a la Guerra Civil un criterio de buenos y malos se pervierte la realidad. Ser ecuánime es ver la barbarie y la crueldad estés donde estés respecto al conflicto. Por eso te he citado antes a Chaves Nogales. Pues bien, esto en España es imposible porque estos idiotas han conseguido que, de nuevo, nadie reconozca virtudes en el adversario y que aceptemos, sin cuestionarlas, las supuestas verdades de nuestro bando.

-Eso es genuinamente español…
-Hemos vuelto a ese español tan peligroso que no quiere al adversario vencido o convencido, sino exterminado: y a ser posible, a su mujer rapada y humillada y al hijo expulsado de la escuela. Eso, que es muy español, y que tiene su orígen en la Inquisición, y que fue borrado de nuestro mecanismo de relación social, ha vuelto. Por eso te encuentras a un niñato que no tiene ni idea de lo que fue aquello, ni ha leído nada, manejando conceptos de 140 caracteres y dando lecciones. Y todo porque se destapó la cazuela por razones tácticas inmediatas y se arruinó el trabajo, si quieres imperfecto, realizado hasta entonces.

-Este 'revival' comenzó en las manifestaciones de la Guerra de Irak con una profusión de banderas republicanas sin precedentes años atrás, ¿verdad?
-El político que, con su irresponsabilidad, más ha complicado España desde la Guerra Civil ha sido José Luis Rodríguez Zapatero.

-¿Ahora el 'revival' es de banderas españolas?
-Por suerte el español ya no es el mismo. Pero esto mismo, con pistolas, con incultura, con desesperación, con fascismos y comunismos, es lo que pasó en el 36. Mi padre y mi tío eran niños bien y lucharon por la República. A mi suegro, que era un joven de izquierdas, aragonés y duro como el granito, le tocó luchar con los nacionales y fue herido en combate. Decir que las dos Españas estaban ideologizadas y que fue el pueblo contra los generales y los curas es una simplificación y un disparate. Una Guerra Civil no se simplifica en 140 caracteres.

-¿Quizá está cambiando la percepción sobre la bandera española? ¿Ya no simboliza la derecha?
-Yo a las banderas no les tengo mucho… Pero en España hemos tenido un problema grave por culpa de la izquierda. El franquismo contaminó la Historia de España de fanfarria patriotera: ¡le pusieron camisa azul al Cid! Y cuando llegó la democracia, la izquierda, en lugar de limpiar la historia e incorporarla a la vida cotidiana, le cedió la palabra España a la derecha y le regaló la bandera. Cuando España es sufrir juntos y la Historia de España es la Historia de un sufrimiento colectivo. Ahora hay tímidos intentos de recuperar esos conceptos… Oye, ¿tú has leído 'Eva'?

-No.
-[Se ríe] ¿Y 'Falcó'?

-No.
-[Se ríe a carcajadas] Ah, por eso no paras de preguntarme cosas sobre España. ¿Pero te has leído alguna novela mía?

-Sí, muchas. ¿El personaje de Eva es un compendio de todas las mujeres de sus novelas?
-Sí, yo he conocido a esas mujeres que, en un mundo hostil, compiten en igualdad de condiciones con los hombres. Además, Eva es una mujer comunista en los años 30. Había muchas mujeres increíbles en esa época. Hay una película tremenda de José Luis Arévalo, 'Rojo y negro', sobre la resistencia falangista en el Madrid rojo, que es extraordinariamente buena. Esa mujer luchadora, comprometida, existía en ambos bandos. Y no hablo de una mujer política, como La Pasionaria, que huyó a Valencia y luego a la URSS, sino de las mujeres que se quedaron, que lucharon y que fueron torturadas y fueron a la cárcel. Ese tipo de mujer, que yo he conocido y que también aparece en los libros de Arthur Koestler y de John Dos Passos, es el molde de Eva. Eran personas que se la jugaban de verdad. Esa mujeres de los años 30 abrieron el camino.

-¿Cuando te llaman machista en las redes sociales cómo te lo tomas?
-Que lean mis novelas. A mí sólo me tratan de machista quienes no me han leído y los folclóricos que consideran que burlarse del todos y todas es machista.

-¿Las redes sociales han distorsionado o están distorsionando, frivolizando, el feminismo?
-Claro, es que las simplezas que circulan son material fácilmente comprable por parte de personas que no tienen más capacidad. Hay una especie de mercado analfabeto en torno a las redes sociales, donde se difunden sin esfuerzo esa cosas. Pero a Twitter se viene llorado. Yo me divierto mucho porque me permite observar el mundo.

-Cómo han afectado las redes sociales al periodismo?
-Lo han destrozado, lo han matado, al menos el periodismo en el que yo me eduqué. El problema es que ningún medio puede competir con la basura y la basura se difunde con mucha más facilidad, genera más clics, y eso hace que el rigor se repliegue poco a poco. La sustitución del discurso profesional, coherente y trabajado por el discurso fácil y poco riguroso es peligrosa.

-¿Qué consejo le darías a los jóvenes que empiezan?
-Que no se hagan periodistas: la mayor alegría que me dio mi hija fue cuando me dijo que no quería hacerse periodista, que quería ser historiadora y arqueóloga. Y ojo, es terrible, porque el único contrapoder, la única fuerza que permite limitar, controlar, denunciar, asustar a los innumerables hijos de puta que manejan los resortes del poder, dentro y fuera de España, es la existencia de una prensa libre, culta y con público. Sólo le tiene miedo a eso. Las redes sociales son perfectas para los políticos porque allí ellos pueden manipular. Cualquier Rufián puede hacerse popular con cuatro tuits ingeniosos o infames. Por eso es tan triste que desaparezca, como está desapareciendo, la prensa solvente. Porque se quedan sin jueces y sin testigos; y los poderosos sin testigos son muy peligrosos.

-¿Y a un joven que quiera escribir?
-Que escriba para series de televisión y para los videojuegos. Hay mucho talento en los videojuegos.

-¿Qué pensó usted cuando oyó a los de Podemos copiarle la idea de que había que poner una guillotina en la Puesta del Sol?
-Eso lo dije yo en el 88, y aparece en 'El maestro de esgrima'. Ellos no saben qué es una guillotina, no saben lo que están diciendo; y si lo saben, es peor todavía.

-También le copiaron el uso de conceptos como "casta" y "élite".
-Bueno, no son la misma cosa. La palabra "casta" la escribí yo en un artículo llamado 'Los amos del mundo' en el 98. Lo que está mal visto es la palabra "élite". Las élites son sospechosas. Todo el sistema educativo está confeccionado para aplastar la inteligencia en cuanto aparece, para que no haya ningún niño que destaque sobre el resto. Se iguala en la mediocridad cuando la élite es buena porque señala caminos y objetivos a la sociedad. La gente brillante es necesaria. ¿Qué eran Churchill, Adenauer, Einstein, Stefan Zweig, Thomas Mann, Caravaggio, Miguel Ángel, Plutarco…? Eran élites, naturalmente. En España, como todo lo negativo lo abordamos con entusiasmo, estamos exterminando a las élites. Eso es terrible, es un suicidio social, político y cultural a que esto nos está llevando.

-Todo por la igualdad.
-Es que no somos iguales, por suerte. Al hacer sospechosa a la élite renunciamos a sus enormes ventajas.

-¿Es usted optimista?
-No, no, no puedo serlo. Tengo 66 años, 21 de ellos viendo guerras, una inteligencia mediana y 30.000 libros en mi biblioteca. No puedo ser optimista porque sé que no somos nada, que somos muy vulnerables.

-Bueno, la estadística dice que estamos mejor, que hay menos hambre y que la esperanza de vida es mayor.
-Si el objetivo es la esperanza de vida, apaga y vámonos. Los occidentales le damos demasiada importancia a la vida cuando somos como hormigas bajo la bota de un dios implacable. Y esa bota una vez es un tsunami, otra un terremoto y otra una furgoneta en las Ramblas. Vivimos en la parte buena del cosmos, pero a veces la parte mala nos salpica. Es importante que seamos conscientes. La vida humana no vale nada, los seres humanos somos cinco litros de sangre. Sólo la cultura sirve de consuelo. Y 'Falcó', por volver de una vez a mi novela, de la que no me has preguntado nada, lo sabe muy bien. Lo que le hace interesante no es la inteligencia de su autor, sino que no es un cantamañanas buenista. Es un tipo que sabe que el mundo es una broma de mal gusto, y lo disfruta.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Lun Nov 20, 2017 8:23 pm

"La prensa rigurosa está siendo suplantada por un montón de manipuladores y demagogos"
Entrevista de Virginia Drake - xlsemanal.com - 19/11/2017

Desde 1992, no ha faltado un solo domingo a su cita con nuestra revista. El académico y genial escritor se ha hecho mayor con nosotros. Le hemos pedido que reflexione sobre uno de los grandes fenómenos de nuestro tiempo: las redes sociales.

Si nuestra revista cumple tres décadas, también lo hace la carrera literaria de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). Hace 30 años, Arturo acababa de publicar su primera novela, 'El húsar', mientras cubría los conflictos bélicos para RTVE y empezaba a dar contenido a 'El maestro de esgrima'. De sus inicios como novelista, de su encuentro con 'XLSemanal' hace 25 años, de las redes sociales y del paso del tiempo contemplado desde la atalaya de un hombre maduro, hablamos con él.

-'La vida de 'XLSemanal' y la de Arturo Pérez-Reverte novelista nacieron a la vez. Se puede decir que estamos de doble celebración.
-Curiosamente, así es. En 1987 fue la primera vez que empecé a escribir con la consciencia de estar haciendo una novela. Por esa época empezaba ya a sentirme novelista.

-¿Qué retrato haría de la España de aquel año?
-No podría hacerlo. Solo en 1987 fui reportero en casi una decena de países. Pasaba la mayor parte del año fuera. Hasta el 94, en que me retiré, nunca tuve una mirada directa sobre España. la veía desde fuera.

-Su salida de TVE estuvo acompañada de un cierto desencuentro: «¡Que os den morcilla!», escribió en su carta de despedida.
-En 1993 me pidieron que dejara de cubrir guerras para hacer un programa de sucesos que se llamaba 'Código uno'. El programa lo colocamos número 1 de audiencia, pero a mí no me gustaba. En una conferencia en Pamplona dije que era basura y decidí dejarlo y volver a la guerra, con gran disgusto para TVE.

-Acababa de empezar su etapa de columnista en 'XLSemanal'.
-Yo no me considero columnista. Un columnista es alguien que opina de manera directa sobre hechos políticos y sociales concretos e inmediatos. Yo soy un escritor que escribe artículos literarios en los que narra recuerdos, guiños a los amigos, anécdotas personales…

-Y usted ¿cómo ha evolucionado?
-Al principio era un reportero que acababa de dejar de serlo. Tenía los instintos profesionales mucho más en carne viva. Ahora soy un escritor sexagenario largo y mi mirada es más reflexiva. He cambiado en ciertas cosas, como todas las personas mayores.

-¿En qué, por ejemplo?
-Sobre todo, se ha acentuado mi desprecio por la estupidez. Si antes la maldad, la guerra o el dolor me irritaban y me hacían darle a la tecla con furia, con los años he descubierto que peor que todo eso es la estupidez. La estupidez humana -española y no española- me enfurece.

-¿Se ha hecho más intransigente?
-Con lo único con lo que me he vuelto intransigente es con la estupidez. Yo puedo discutir, dialogar e incluso aprender de un malvado si es inteligente, pero con un estúpido no hay nada que hacer. Gran parte de los males de la sociedad española actual provienen no de la maldad, sino de la estupidez. Lo he dicho alguna vez. si juntas a un malvado con mil idiotas, obtienes mil y un malvados.

-¿Y cómo cree que ha cambiado nuestra revista en 30 años?
-Ha evolucionado al ritmo de la sociedad: se ha perfeccionado, se ha depurado, se ha modernizado y ha ido abordando líneas editoriales y de reportaje muy diversas. Creo que ha evolucionado muy bien, mientras que otros suplementos se han quedado viejos y caducos o han hecho reformas artificiales. 'XLSemanal' ha evolucionado de forma natural, poco a poco; siendo el mismo, pero a la vez cambiando a mejor. Y esta modernización me gusta mucho porque ha mantenido el vínculo con el viejo periodismo que se hacía en la época en la que yo empecé en él y, sin romperlo, lo ha ido desarrollando hacia territorios nuevos, adaptándose a los nuevos tiempos.

-Sin duda, el gran cambio de estos tiempos son las redes sociales.
-A mí las redes no me han cambiado mucho porque soy de la vieja guardia y en mi vida pesa más mi biblioteca, como en buena parte de mi generación.

-Pero usted es activo en las redes…
-Por eso puedo hablar con autoridad. Son un medio de comunicación muy potente, por eso las utilizo. Lo que no hago es vivir ‘en’ las redes sociales: viajo sin Internet, llevo un teléfono antiguo sin conexión a la Red, me conecto solo cuando estoy en un hotel tranquilo o en mi casa, y poco más.

-¿No mantiene relación con sus lectores?
-Sí, en la medida que puedo. A través de las redes doy información y les contesto cuando me hacen consultas ortográficas y gramaticales o incluso cuando me piden ayuda con perros abandonados… Y lo hago con mucho gusto.

-¿Para usted la Red es más un aliado o un estorbo?
-Es un aliado que, cada lunes, hace que mi artículo del 'XLSemanal' llegue a cualquier parte del mundo. Pero yo soy muy prudente porque las redes sociales son muy peligrosas: por ellas fluye mucha información, pero no discriminan, no jerarquizan y no filtran. En la Red, tanto peso puede tener una opinión de Vargas Llosa como la de un analfabeto populista. De la cultura del receptor y de su capacidad de filtrar depende todo.

-Entonces, ¿cuál es su veredicto?
-En un mundo como este -inculto, complejo, lleno de ruido y con muy poco criterio-, las redes sociales crean mucha confusión porque no siempre el receptor filtra adecuadamente; y, por eso, en los últimos tiempos me he vuelto más prudente. Yo antes conversaba con los tuiteros que me seguían -ahora me siguen 1.900.000- y al día siguiente leía titulares fuera de contexto en la prensa. Descontextualizada, la red social es muy peligrosa.

-¿Cómo evitar que una información falsa se convierta en creíble a través de la Red?
-Ese es el problema y es gravísimo. La prensa rigurosa está siendo sofocada y suplantada por un montón de aficionados, manipuladores y espontáneos que forman un grupo heterogéneo en el que prima la ausencia de rigor. Ese rigor que se le exige al periodista, y que él se exige a sí mismo, pierde la batalla frente al populismo, a la demagogia barata, a la noticia sin confirmar y al sensacionalismo fácil de las redes sociales. Este es un territorio muy peligroso. Al final, la gente se está comportando, está votando y está pensando más según lo que le ofrece la red social populista, desordenada o irresponsable que lo que le ofrece el medio riguroso y contrastado. La información veraz ha sido sustituida por el ruido y el rumor de las redes sociales

-Es paradójico que un invento que revoluciona el siglo sea una amenaza.
-Igual que el turismo masivo va a matar la cultura en Europa, las redes sociales van a matar el periodismo.

-¿Le queda algún gramo de optimismo por alguna parte?
-Sí; el conocimiento que te dan los libros, la observación y el sentido común permiten no arreglar el mundo -que no tiene arreglo-, pero sí al menos comprender por qué ocurren las cosas. La cultura es un analgésico, no quita la causa del mal, pero ayuda a soportarlo. La cultura es la aspirina de la vida y más en tiempos turbulentos como estos.

-¿No vamos a mejor?
-Yo pasé buena parte de mi vida en el mundo real, que es la guerra y es donde la gente sufre, se mata, roba, depreda, muere… Pero la gente ha vivido en un mundo irreal por creer que habíamos resuelto el problema de la vida, que todo iba a ser ya estupendo para siempre: derechos del hombre, confort, economía… Algunos advertimos durante estos 20 años que esto era un puro espejismo, anunciamos la crisis cuando nadie la veía y nos llamaron ‘agoreros’, sin aceptar que estábamos inmersos en una burbuja falsa. Después, la realidad terminó imponiéndose; y descubrimos que ni seguridad ni economía boyante ni nada. que vivimos en un lugar muy peligroso, muy cambiante, en el que únicamente la cultura, el coraje, la dignidad y el valor te pueden ayudar, al menos, a soportarlo.

-¿Qué futuro nos augura?
-A mí el futuro no me preocupa, porque yo no voy a estar aquí. Que cada uno haga su trabajo y asuma su cuota de responsabilidad.

-Pero tiene una hija…
-Yo he educado a mi hija para que sea culta, para que pelee, para que esté bien formada, hable muchos idiomas, conozca el mundo, tenga una gran biblioteca… He hecho bien mi trabajo. Ahora es ella la que tiene que pelear por su trabajo y por su futuro.

-Parece que le pesan los años.
-Hacerse mayor tiene muchos inconvenientes, pero también una gran ventaja. te va creando una saludable indiferencia. No es que sea indiferente del todo porque soy humano, tengo sentimientos, amistades, amores, odios… pero llegar a cierta edad me va distanciando. Saber que tu plazo es limitado hace que todo sea más fácil de asumir y mucho más confortable. Incluso no tienes que preocuparte ni siquiera por ahorrar porque no vas a estar aquí dentro de 30 años.

-¿Pensar que su futuro es así de corto no le desasosiega?
-Al contrario, pensar que tu futuro son 10 o 15 años ayuda una barbaridad, al menos a mí. Me consuela muchísimo, me llena de un estoicismo útil para soportar las adversidades y, sobre todo, me deja dormir por las noches en vez de estar angustiado pensando en el futuro. Digamos que yo ya estoy en la fase de observación. Observar cuando las viejas pasiones se alejan, observar cuando los viejos impulsos ya no te zarandean, observar cuando tienes la vida resuelta, observar cuando lo único que te preocupa es contar historias, es un privilegio. He tenido mucha suerte de llegar hasta aquí de esa manera. Me gusta mucho observar y es a lo que me voy a dedicar hasta que acabe: a observar y a navegar, que es mi otra vida.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Lun Nov 27, 2017 7:19 pm

"No puedo permitirme no ser feliz a la edad que tengo"
DPA - 26/11/2017

"El escritor no tiene más obligación que contar bien una buena historia", asegura el español Arturo Pérez-Reverte, quien se encuentra en la ciudad mexicana de Guadalajara para presentar 'Eva', su segunda novela protagonizada por el espía Lorenzo Falcó. En entrevista en un hotel frente a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, que lo tiene como uno de sus invitados estelares, Pérez-Reverte aclara que no tuvo ninguna intención de escribir sobre la Guerra Civil, telón de fondo del libro. "Es un momento muy interesante, hay muchas intrigas, me da mucho juego narrativo y la elegí por pura técnica".

"Hay un tipo de escritor que me irrita un poco", comenta. Y apunta al "escritor apóstol", "el que hace de su novela una herramienta de reivindicación, de lucha, de convencimiento". "Es el lector quien debe elegir éste me gusta o éste no me gusta, o sacar conclusiones. No hay más misión que contar bien una buena historia, y si no, pues no contar nada. Yo procuro de ser de esta clase de escritor", reafirma con contundencia.

El exreportero de guerra, curtido en conflictos como el de las Malvinas, El Salvador, Nicaragua o los Balcanes, se define como un escritor profesional que trabaja ocho horas diarias. "Yo no soy un artista, no soy un creador artístico, soy un tipo que cuenta historias lo mejor que puede". En su más reciente libro -publicado por Alfaguara y que Pérez-Reverte presentará esta tarde en la FIL- una nueva misión encomendada por el franquismo conduce a Falcó hasta Tánger, donde su destino se cruzará nuevamente con la agente soviética Eva Neretva. Actualmente se encuentra escribiendo la tercera novela de la serie. "Yo creo que todavía queda Falcó, por lo menos una o dos novelas más de Falcó creo que quedan", adelanta.

¿Qué le atrae literariamente del inescrupuloso espía Falcó? "Me apetecía contar un personaje que fuese un antihéroe de verdad, un tipo violento, cruel, capaz de torturar, de matar, que las mujeres le importan como objeto a depredar, sin ningún respeto por ellas, sin ningún respeto por la vida humana". "El desafío era conseguir que a ese tipo los lectores lo aceptasen como compañero de lectura. Me lo propuse como desafío y parece que lo he conseguido. Llevo 30 años escribiendo novelas, y la vertiente del héroe canalla no la había tocado todavía, es una experiencia nueva para mí y es satisfactoria. Es hasta un desahogo poder ser políticamente incorrecto en este tiempo", apunta el académico de la lengua y novelista.

A la pregunta de dónde se encuentran buenas historias, Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) afirma sin dudar: "Yo tengo una ventaja grande. Fui 21 años reportero en países en guerra y entonces a mí las historias estas no me las han contado, yo no las he aprendido yendo al cine ni leyendo a Stevenson ni a Jack London, las he vivido". Y reflexiona: "Si hubiera sido un escritor de barra de bar, o de biblioteca, pues a lo mejor ya estaría agotado como escritor hace mucho tiempo. Llevo 30 años escribiendo novelas y todavía me siento ante ellas con la ilusión, con la expectación del que se siente ante algo nuevo. Quizás porque no he dejado de ser lector, siempre digo que soy un lector que accidentalmente escribe novelas". Pérez-Reverte valora sobre todo una "actitud de cazador lúcido". "Es la que me hace sentir bien y escribo por eso", afirma. ¿Es algo que le dejó el periodismo? "Supongo que sí", dice. Pero luego se corrige: "Quizás me hice periodista porque era cazador".

A la pregunta de si escribir es una forma de exorcizar vivencias traumáticas, responde que no. "Exorcizar no, porque eso está ahí. Yo llevo eso, lo llevo ahí y a veces es malo y a veces es bueno, a veces me crea malestar y a veces me hace sentir incómodo. Te despiertas de noche y recuerdas, o de pronto una cosa, un sonido, un niño, un perro que ladra, te vienen imágenes desagradables, pero otras veces las imágenes son buenas, porque también en la guerra y en esa vida hay momentos muy buenos, muy intensos, de reflexión, de lucidez. La guerra es educativa también", subraya.

¿Por qué sus libros tienen tanto éxito? El autor de novelas como 'La tabla de Flandes' y la saga 'El capitán Alatriste', con más de 20 millones de lectores en todo el mundo, elude definiciones: "No lo sé, pregúntale a ellos". Y añade: "Cuando era pequeño mi abuela me contaba un viejo proverbio que era francés o alemán, que no existe en español. Más o menos es la gallina que puso el huevo de oro murió con el cuello roto queriendo mirar cómo lo ponía. O sea que si quieres poner bien, no mires. Entonces prefiero no analizar, el lector sabe por qué me lee".

Pérez-Reverte disfruta con la literatura. "Escribo por placer, a mí me gusta mucho esto. Yo tengo la vida resuelta hace mucho tiempo. A mi edad, ¿sufrir? Si no fuera feliz no escribiría novelas, haría otra cosa, me dedicaría a tocar el violín, a ver la televisión, a ver cine, a ver películas de John Ford.... pero si hago esto es porque soy muy feliz con esto. No puedo permitirme no ser feliz a la edad que tengo".

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mié Nov 29, 2017 12:26 am

Arturo Pérez-Reverte: licencia para hablar
Entrevista de César Suárez - telva.com - 28/11/2017

Dice que vive en los años 30, como el protagonista de sus últimas novelas, Lorenzo Falcó. En concreto, 1937, donde nos sitúa 'Eva', la segunda entrega de su saga. Huye de "la vileza del mundanal ruido". Gruñe, pero no muerte [sic]. Es hosco y desconfiado, pero también bravo y entusiasta. Así ve el panorama Arturo Pérez-Reverte, uno de los hombres intelectualmente más atractivos que puedes tener delante.

Aturo [sic] no ha venido hoy a dar caña. "No me preguntes por Cataluña", es lo primero que dice. "Pero si toda España habla de Cataluña, digo, "Pues yo no, ¿qué más?", corta. La negativa es previa a cualquier alusión, quizá porque se conoce y sabe que acabará soltando la lengua. Una [sic] móvil antiguo, funciona con SMS -asegura que los tuits se los sube un amigo- y cuando viaja no se conecta a Internet. Además, dice que el presente es vulgar y huye de él. "Pase lo que pase en octubre, el daño es irreparable y el mal es colectivo, pues todos somos culpables. Por estúpidos. Por indiferentes y por cobardes", dejó escrito en su artículo semanal.

-¿Por qué se enfada usted tanto?
-Me cabreo porque yo pensaba que lo peor eran los malos, los típicos hijos de puta, pero con el tiempo me he dado cuenta de que no. Lo peor son los idiotas. Si pones a un malo con mil estúpidos, salen 1.001 malos. Pero lo pero [sic] es la ignorancia, la estupidez, el fanatismo, la incultura. Aprendí a despreciar la idiotez, y creo que no me equivoco. Por eso mis estallidos en redes sociales, "¡arde Twitter con Reverte!", dicen, se producen cuando alguien suelta tal tontería que no lo soporto.

-Parece que hay mucho hipodeputa [sic] suelto.
-Pero con el malo puedes negociar. El malo hace su papel en la vida, te mantiene alerta, en forma. Eso no es lo que me indigna. Al malo le matas y entiende que le mates porque es malo. Pero al imbécil le matas y encima te pregunta: ¿Por qué me matas? Pues te mato porque eres gilipollas. Si te fijas, todas mis polémicas arrancan como respuesta a una estupidez.

Y dicho esto, como nos va la marca, le proponemos hacer la foto principal recostado y descalzo -pero vestido- en la cama de la suite Real del hotel Palace de Madrid. "Como si vinieras de recoger el Premio Nobel y estuvieras descansando antes de ir a una cena de gala...", argumento en un simulacro de inocencia. Échale guindas al pavo. Entonces él me apunta fijamente con su mirada afilada y dice: "Ni de coña". "Pero si...", titubeo. "Que no, que ya soy perro viejo para estas cosas, que no voy a dar el espectáculo. Yo os digo dónde vamos a hacer la foto". Y punto: media vuelta.

Entrevistar a Pérez-Reverte es entrar en un duelo de espadas en el que sabes que no vas a ganar. Quizá te deje que le toques con la punta del florete, como el maestro que permite que el alumno curioso se aproxime. Te lleva por donde quiere y hacia donde le interesa. Al fotógrafo le hace dudar sobre el objetivo que está utilizando, cuestiona que la luz sea adecuada, le explica que va a ir girando su cabeza en un travelling lento de izquierda a derecha, "yo te voy cambiando la mirada", y que avise porque no oye el clic del disparador. "No me digas cómo tengo que posar, que he sido monaguillo antes que fraile".

Sí, Pérez-Reverte es hosco, exigente, desconfiado, soberbio. Pero también es franco, valiente, entusiasta, leal. No acepta la ambigüedad. Te palmea el brazo cuando enfatiza. Detesta a los tibios. No está loco por incordiar, como algunos piensan. Es rocoso, de nervio prieto. Pertenece a una especie de hombre difícil de encontrar hoy en día. Es uno de los tipos intelectualmente más atractivos que puedes tener delante. Lo sabe. Y se vende caro.

"¿Qué me relaje? Yo quiero una actitud de gallardo, que es la mía. No me relajo nunca". Se levanta del sofá a por un vaso de agua del grifo -la de la botella está fría- para diluir un analgésico. Lorenzo Falcó, el protagonista de sus dos últimas novelas, tira de cafiaspirina a menudo. Arturo le da al Actrón. "Es una de las pocas cosas en las que me parezco a mi personaje. Los dolores de cabeza son mi punto flaco". Falcó es un espía del aparato de inteligencia del Movimiento Nacional durante la Guerra Civil: un asesino cruel, canalla, seductor, mujeriego, carismático, amoral.

-¿A quién no le gustaría ser Lorenzo Falcó alguna vez?
-Es un error buscar al novelista en los personajes de la novela, porque me puedo inventar un personaje violador sin serlo yo. Ni siquiera tengo instintos de violador. Pero a veces le cedes a tus personajes ciertas cosas.

-¿Falcó es su antítesis?
-Yo no bebo alcohol, no fumo desde hace muchos años, hago ejercicio, nado en verano, navego. Cada mañana me pongo a trabajar a las ocho, como quien va a la oficina. Soy disciplinario y riguroso. Me documento de cada detalle. No hay nada bohemio en mi vida ni en mi forma de trabajar. Esto hace que mi esfuerzo sea rentable. Si estuviera todo el día pendiente de lo que ha dicho Rajoy o Puigdemont, no haría otra cosa. Falcó es un personaje muy elaborado. Quería crear a alguien con quien los hombres quisieran tomarse una copa y las mujeres irse a la cama. Un tipo duro, sin ideología, pero con amigos y amantes en todas partes.

-Dedica Eva a su amigo el escritor Jorge Fernández Díaz, "por la hermandad, por el honor". A usted estas virtudes sí le importan.
-Una aclaración: mi amigo es el escritor argentino, no el ministro . Lo que pasa es que el honor, la dignidad, el orgullo y estas grandes palabras están devaluadas. Hoy en día, si tú dices de alguien que es bueno y honrado, pasa por tonto. A Falcó no le define el honor, pero no vas desencaminado con la pregunta. Falcó tiene sus códigos, respeta a sus iguales. Alatriste era un héroe cansado. Fue noble de corazón pero la vida le ha emputecido. Falcó es un cabrón desde niño, pícaro, liante, golfo. Dice: "Estoy vivo, soy guapo, el mundo está lleno de mujeres estupendas, aventuras y adrenalina, pues voy a emborracharme de todo eso hasta que me muera":

-¿Conoce a gente así?
-Hombre, claro. He tratado con muchos tipos amorales en mi vida: asesinos, torturadores, narcotraficantes. Todo lo que narro lo he visto, no me lo invento ni me lo han contado.

-¿Qué causas merecen la pena?
-Hoy en día el hombre apenas tiene causas por las que pelear. Todas ya se han luchado, y a menudo hemos fracasado. El discurso político, económico y social del hombre está caducado. El cambio, la mujer sí tiene causas nuevas por liberar, aún tiene retos, y eso le hace enfrentarse a la vida con más decisión y coraje. El hombre está desgastado por la historia.

-Eva es un enigma
-Es que la mujer es un misterio...Te voy a desarrollar esto, que te puede ser útil o no, pero me parece interesante. Si tengo algo en la cabeza y no lo digo, se me olvida, ya llegarás a mi edad...

-¿Se le olvidan las palabras?
-No. Me pasa cuando me levanto, por ejemplo, a llamar por teléfono a Mariano, y entonces se cruza otra cosa y se me olvida para qué me había levantado, y al final no llamo a Mariano. ¿Pero de qué estábamos hablando?

-La mujer, esa gran desconocida
-¡Ah! Verás. El hombre occidental como protagonista está muy visto. Ha sido exprimido en todas sus facetas. Los tíos han reblandecido su actitud ante el mundo porque la vida ya no es tan dura, aunque nuestra naturaleza sigue siendo la misma de siempre. Pero la mujer del siglo XXI se enfrenta a desafíos muy diferentes, porque su mundo sí ha cambiado. Ella es contradicción cuando ama y cuando sufre. Su mundo está por explorar. El hombre ya no sorprende; la mujer sí. El verdadero héroe cinematográfico y narrativo de este siglo es la mujer.

-A veces le llaman a usted machista.
-¡Son las ultrafeministas radicales! Quien me llama machista es que no me ha leído. Dudo que haya tantas novelas en castellano con mujeres protagonistas como las mías. Falcó es machista porque su época también lo era, ¡y algunas me identifican con él! Pues muy bien. Puedes sentarte y perder el tiempo explicándote, cosa que no sirve para nada; o puedes mandarles directamente al carajo. El que no sabe, que entienda, y el que no entiende, que hubiera estudiado.

-Dicen que cuando a uno le llaman facha o machista públicamente, ya se siente liberado para decir lo que le de la gana.
-Yo lo que no acepto es ese folclorismo estúpido de algunas que van de feministas. Alguna vez he escrito un artículo burlándome de los códigos machistas, ¡burlándome de nosotros mismos!, de la manada de tontos que ven unas tetas y empiezan a salivar... Y un grupo de feministas analfabetas se lo toman en serio, como si yo hiciera un alarde de masculinidad. Eso demuestra hasta qué punto la estupidez ha llegado a adueñarse de nuestros mecanismos sociales... Pero ya no quiero ir más allá. Sólo quería citarte mi punto de fricción con el feminismo.

-Un personaje de su novela dice: "Los españoles estáis majaras, lleváis veneno en la leche".
-Eso se lo he prestado yo. La frase es mía literal, aunque es una mala expresión.

-Me recuerda usted a Baroja, cuando decía: "Si hay que hablar mal de un tipo, me sacan a mí, y cuando hay que repartir los elogios, me dejan a un lado. Es un lugar común".
-(Risas). Yo no me siento así, porque no estoy solo, como lo estaba Baroja. Es cierto que soy polémico y me meto en más fregaos de los que quisiera, pero tengo muchos amigos y lectores que me apoyan. Yo gruño, pero jamás he sentido soledad. Cosa que, por otra parte, no me importaría.

-También es pesimista, como Baroja.
-Pío Baroja, Pérez Galdós y Valle-Inclán fueron tres pilares de mi adolescencia. Crecí en una casa, la de mi abuelo, con una gran biblioteca. Todos los grandes autores estaban allí. Él jamás me dijo "no cojas este libro". Ciertas ideas que tengo muy arraigadas: el analfabetismo y la incultura como males de España, la brutalidad y el cerrilismo del carácter español..., las tomé de Baroja. Yo empiezo a comprender las claves de lo bueno y lo malo de ser español, sobre todo de lo malo, con estos tres escritores. Y lo hice muy temprano. Todo español debería leer bien a Galdós, a Baroja y a Valle. Te dan vitaminas, defensas contra la ignorancia.

-¿España tiene remedio?
-(Contrariado). Voy a permitirme una pequeña incursión en lo político, pero muy pequeña, porque no me apetece envilecer esta conversación. El problema es que la mayoría de los españoles actuales carecen de los mecanismos necesarios para comprenderse como españoles, porque nos han eliminado la historia de los colegios, y la que se da está tan manipulada, es tan banal, que deja a los niños indefensos frente al primer imbécil con ínfulas que se presenta. Cuando lees, cuando sabes, en cuanto alguien te viene con milongas le paras los pies. Pero los políticos nos han escamoteado la historia, la memoria de España. Con algunos 'Episodios Nacionales' de Galdós, 'El ruedo ibérico' de Valle-Inclán y 'Zalacaín el aventurero', de Baroja, un buen profesor tiene material suficiente para hacer una labor extraordinaria. La cultura es disponer de herramientas para hilar el presente con la memoria del pasado.

-¿Y Europa?
-Ocurre lo mismo. Si no sabemos de dónde venimos, ¿cómo diablos nos vamos a entender? El mundo en el que vivimos viene de Dante, de Voltaire, de Montesquieu, de Montaigne, de Thomas Mann... Escritores a los que hoy no lee ni su padre, y que además han sido condenados a muerte en los colegios. La Europa de Grecia y Roma, del Renacimiento y la Enciclopedia, ha desaparecido y no va a volver. Estamos creando generaciones de huérfanos que no tienen ni idea de nada. El único antídoto contra la vileza y la envidia es la cultura. Hablo de cultura de verdad, no la de diseño. La falta de identidad lleva al caos. Eso es lo que ocurre en Cataluña, pero no menciones Cataluña, por favor, que no quiero meterme ahí...

-¿Cuándo empezó a leer?
-Empecé a ver libros antes de saber leer, porque mi abuelo era ilustrador y tenía muchos libros antiguos de estampas. Luego, mi madre hizo una cosa estupenda. En mi Primera Comunión pidió a todos los familiares que sólo me regalasen libros. Así que empecé a formar mi propia biblioteca, que ahora tiene 30.000 ejemplares. El buen lector es aquel que piensa que todos los libros hablan de él. Yo era un niño soñador, aventurero. Descubrí la lectura con 'Los tres mosqueteros', de Dumas, y me sentí D'Artagnan. Ahora me siento Athos.

-¿Qué hacía Athos?
-Estaba viejo, cansado, vivía amores contrariados, tenía un sentido de la dignidad y la decadencia muy acusado.

-¿Qué salvaría si se incendiara su biblioteca?
-Mis libros de Tintín, con lomo de tela. Y mis perros... Yo me sentía como Tintín; ahora como el capitán Haddock. Ya he pasado al otro lado, tengo 66 años. Releo los libros que leí de joven, y es una experiencia fascinante.

-¿Qué relee?
-Clásicos griegos y latinos, libros que traduje en su día, la 'Anábasis' de Jenofonte, la 'Eneida', la 'Odisea'... A Dickens vuelvo con frecuencia. No es lo mismo leer 'Historia de dos ciudades' con quince años que ahora. Ya he visto revoluciones, he visto ejecuciones. Esa novela tiene el mejor comienzo literario que existe: "Era el mejor y el peor de los tiempos..."

-¿Leer asegura la felicidad?
-No. Los libros te hacen más desgraciado. Leer te da lucidez para ver cosas que de otra manera no verías. Ves lo que hay detrás de las ideas y de las personas. Un inocente cree en la bandera, en la política, en el amor, en la chispa de la vida... Pero cuando sabes lo que hay detrás, ves manipulación, desvergüenza, latrocinio, hipocresía, vileza. La lucidez te lleva a lugares muy tristes. Leer no te da la felicidad, pero te otorga la capacidad de analizar, que es más importante que ser feliz. Yo he visto muchas tragedias gordas, he visto gente caer tiroteada delante de mis ojos. Leer te permite afrontar con serenidad el dolor de lo inesperado. A las personas que quiero no les deseo felicidad, sino serenidad.

-¿Dónde quedan sus años de reportero?
-Están grabados en mi cabeza. Esos años me enseñaron a mirar. Yo me voy a la guerra con 20 años y una mochila llena de libros. Mi mirada está educada en el horror, y eso no se va de la cabeza jamás. No me quedaron traumas, pero sí un sentido del humor negro, una visión agresiva y desesperanzada de la vida, y sobre todo un desprecio enorme por los estúpidos.

-¿Qué busca?
-Navegar, leer, escribir... Envejecer con una serenidad razonable.

Y se despide, con el mismo donaire con que apareció: "Perdonadme que haya puesto tantas pegas, pero como ya todos somos veteranos de batallas, me entendéis".

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Dom Dic 03, 2017 10:43 am

"En Twitter da igual la basura que diga Rufián que lo que escriba Vargas Llosa"
Entrevista de Sergio Fernández y Nacho Labarga - marca.com - 03/12/2017

Esta semana la podría haber escrito perfectamente Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). Crimimales de guerra que toman veneno en las narices del juez que les condena. "Se aprende más de los malos", sentencia estudiadamente duro el autor, que no ha ideado este desenlace pero sí muchos otros leídos con avidez en todo el mundo. Atiende a 'Marca' queriendo controlar los detalles. "Nunca se deja de ser periodista, como nunca se deja de ser puta", asegura mientras se interesa por el objetivo que usará el fotógrafo y marca la pauta de cómo quiere que se hagan las cosas. Es una entrevista diferente para 'Marca', está claro. Medio en broma le hacemos la pregunta de rigor: ¿Messi o Cristiano? ¿Qué respuesta esperan? "Ninguno de los dos". Esto promete. "Es que no me caen ni bien ni mal. No tengo ni actitud positiva ni negativa hacia ellos. No desprecio el fútbol, esto hay que matizarlo bien. En absoluto. Simplemente no soy aficionado". Allá vamos.

-No le gusta el fútbol, pero en su último libro, Eva, sale un derbi lisboeta. Algo sí que sabe.
-Hombre, analfabeto no soy, aunque tampoco muy aficionado al fútbol. Tengo amigos como Javier Marías, con el que guardo una gran relación, que es un fanático del Real Madrid. Vivo en el mundo y sé que el fútbol influye en la vida de mucha gente. Es evidente que si alguna vez hago alguna mención tiene mucha transcendencia. Pese a que no lo siga demasiado eso no quiere decir que desprecie el fútbol.

-¿Siente que hay una actitud esnob del mundo de la cultura hacia el deporte? A Rajoy le dan palos por leer el 'Marca'.
-No hay problema en que Rajoy lea el 'Marca'. Sí lo habría si sólo leyera este periódico. Amigos míos como Juan Cruz o Javier Marías hablan mucho de deporte, pero el lector no puede vivir sólo de leer periódicos deportivos. Yo no sigo ni el fútbol, ni el tenis, ni las motos ni nada pero sí aprovecho para pinchar a mis amigos futboleros.

-¿Qué le parece el periodismo deportivo?
-El periodismo deportivo es el que mejor se hace porque no está contaminado por la política. Es mucho más libre. No me interesa el contenido, pero sí la manera en que se cuenta. Hay muchos genios narrando partidos en la radio, titulando... Eso sí que se parecía a lo que yo hacía. Eso es fascinante.

-Lo que sí le seduce es el ajedrez.
-Es lo más cerca que he estado del deporte, pero también paso mucho tiempo en el mar. Soy marino, aunque no regatero ni crucerista. Mi parte más deportiva tiene que ver siempre con el mar. Navego, pero nunca hago nada que tenga que ver con deportes de equipo. Paso muchas horas en el mar. Siempre hice paracaidismo, buceo... Soy más individualista, no de deporte por equipos.

-Pero, aunque no los practique, ¿no sigue otras disciplinas?
-En este sentido poco puedo colaborar con vosotros. No soy perfil de vuestro periódico.

-En lo que sí es prolífico es a la hora de publicar libros. ¿Escribe en el mar?
-Pasar tiempo en el mar y escribir son dos cosas distintas. Yo escribo en casa porque soy un escritor libre. No tengo jefes, ni horarios. Escribo a mi aire. Por eso me puedo ir un mes a navegar o escaparme unos días por ahí y luego seguir trabajando. No tengo a nadie que controle mi tiempo y puedo permitirme este tipo de cosas.

-En cualquier caso, su ritmo de publicación no es habitual. Sobre todo últimamente.
-Va por temporadas. Hay novelas que tardo dos años en escribirlas y otras que me cuesta uno. Cuando son series como Alatriste resulta más sencillo y tardo menos tiempo.

-¿Lo hace solo?
-A veces sí y otras acompañado. Tengo un velero y soy dueño de mi tiempo. Sin duda soy alguien con suerte.

-¿Le sirven esas expediciones para entrenarse como un futbolista lo hace sobre el césped?
-No, no. Para mí el mar me sirve para desconectar. La vela obliga a estar muy pendiente de todo. Son muchos días. Cuando hay temporal no puedes decir 'me voy a puerto', te lo tienes que comer. El mar significa dejar atrás la tierra, las novelas, las preocupaciones y las inquietudes. El mar me absorbe. Me sirve para limpiarme y oxigenarme, me olvido de todo aquello que tiene que ver con mi trabajo normal. Ahora acabo de llegar de un viaje por Niza, Génova y me voy a Buenos Aires, México y Estados Unidos. Cuando vienen rachas duras me voy al mar, que es como mi resguardo.

-Entonces, ¿cómo se entrena para escribir?
-De la misma manera que en el deporte hay que entrenar para tener una buena forma física, para escribir hay que estar en buena forma, física e intelectual. Cuido la comida, desayuno una cosa u otra. Escribir son horas, horas y horas. Es un esfuerzo continuo, día tras día. Hace falta una actitud física, pero también una buena forma intelectual. Igual que un jugador se entrena con su equipo, aquí me toca leer libros que pueden ayudar a escribir sobre un tema que estoy trabajando. También leo libros que no tienen nada que ver con lo que estoy escribiendo pero me generan un estado de ánimo o una actitud creativa. Tengo que crear una actitud predispuesta al trabajo.

-'Eva' es el segundo volumen de la serie protagnizada por Lorenzo Falcó. Un 'prototipo' de personaje que le encanta: duro, práctico, aparentemente desapasionado, mala persona si hace falta... Hay varios Falcó o Alatristes en su obra, como en 'El Club Dumas', por citar alguno.
-Muchos de ellos tienen cosas que yo he vivido. Durante 21 años viví en zonas de conflicto en situaciones parecidas a las de Falcó, por lo que el personaje me resulta muy familiar. Hay mucho de vida y no de teoría imaginativa o literatura. Escribo novelas con carácter autobiográfico. La vida que llevé me ayuda a mirar estas cosas. Lo de matar, violar, torturar o la muerte. Lo he vivido. No es teoría, lo he visto.

-Pero no pega nada, por ejemplo, que luego a Falcó le gusten los perros. Ahí ha puesto usted de su parte porque le encantan.
-Sí, porque hago guiños que tienen que ver con lo mío.

-Recuerdo haberle leído una vez que el periodista es un hijo de puta. Así, en frío.
-Eso fue una significación del periodista que lo escribió. No creo haberlo dicho así.

-¿Cómo era en su época en la guerra?
-En territorio de guerra todo es muy duro. La vida es dura. Allí tienes que llegar a tiempo a un teléfono, conseguir gasolina, un avión... No siempre es fácil. Yo he hecho cosas fuera por las que aquí iría a la cárcel. En la guerra juegas con otras normas, allí no hay árbitros. El árbitro eres tú. Tu conciencia y tu moral. Estás lejos de tus jefes, tienes dinero etc. Tú decides y eso es tu responsabilidad.

-"Tienes dinero". Eso era antes, me temo.
-Es verdad que ahora ha cambiado, por eso me fui. Después de la Guerra del Golfo y de los Balcanes vi lo que venía y no me gustaba. Tendría que haberme reciclado. Mis novelas funcionaban bien, publico en 40 países y por eso decidí cambiar de vida. Con 'Territorio Comanche' en el 94, me retiré. Y no me arrepiento, aunque echo de menos cosas. Ser periodista te imprime carácter. Te hace ver a la gente de otra manera. Yo todavía tengo la mirada de periodista, tengo ese tic, no puedo evitarlo. Nunca dejas de ser periodista como nunca dejas de ser puta o cura.

-¿Qué es lo que mejor le funcionan en sus novelas?
-No hay ninguna novela mía que no haya ido bien y son todas diferentes: las hay intimistas como 'El Pintor de Batallas', de época como 'Alatriste', de espías como 'Falcó'... Todas han funcionado. El denominador común no sabría decir cuál es. Sí que hay mucho de mirada real. Tengo 66 años. Escribo sobre cosas de verdad. Imagino que el lector eso lo reconoce. No me puedo quejar, me considero un escritor afortunado.

-Siempre hay una presencia femenina muy importante en todas sus obras.
-Así es. Hay un mito de que el duro es el hombre y eso es mentira. Yo he visto a mujeres en situaciones muy extremas. Las he visto en situaciones caóticas. La mujer corre mejor la maratón que el hombre. El hombre tiene un impulso magnífico en los 100 metros, pero quien es capaz de sobreponerse y de tener coraje moral para aguantar son las mujeres. Tengo cantidad de anécdotas de mujeres en la guerra o en el mar que son increíbles.

-Hablemos de Twitter. Porque ahí entra usted al barro. Y no sé si le pega mucho.
-Me gusta, pero hay barros a los que no bajo. No me pongo a debatir con todo el mundo. Se exagera un poco. Me parece una herramienta muy interesante. A mí me leen mucho. Me llegan muchos correos y demás que no tengo tiempo para contestar. Si lo hiciera pasaría mi vida contestando cartas. Cuando apareció Twitter me pareció una buena idea para poder contestar a la gente. Ahí hay mucha basura. Es una herramienta útil. No viajo con Internet, no lo miro habitualmente, quizá puedo estar una semana sin mirarlo. Es una aplicación interesante y divertida. Llegas a mucha gente. Un mensaje mío tiene mucha difusión.

-Ahí hay gente hasta que le pregunta hasta dudas ortográficas.
-El problema que tiene es que, como las redes sociales en general, no discrimina. No hay filtros ni jerarquía. Igual da la basura que diga Rufián que lo escriba Vargas Llosa o el Premio Nobel de Física. Si el receptor no está preparado le da igual valor a un tuit de uno que del otro. El lector tiene que estar formado para poder jerarquizar.

-¿Qué le gusta leer en Twitter?
-Me gustan muchas cosas. Sigo a la revista 'Mongolia', que son amigos míos. A la gente le extraña, pero yo me divierto mucho.

-Vaya racha de actualidad. Si no le inspira todo lo que pasa en España... ¿Supera la realidad a la ficción? ¿Cataluña?
-No quiero hablar mucho del tema catalán, pero como he dicho alguna vez ahí se demuestra que Cataluña es España porque es 'berlanguiana'. Él hubiese hecho una película fantástica de todo eso.

-Su sobrino juega al fútbol profesionalmente y dijo que usted se parecería a Diego Costa. ¿Eso es un halago?
-Es hijo de una prima mía, nos vemos poquito. No conozco a Diego Costa, así que realmente no sé por qué puede decirlo o si tiene razón o no.

-En sus novelas aparecen muchas cosas de todo menos educativas.
-He tratado con canallas, asesinos, torturadores... y de ellos he aprendido muchas cosas interesantes. He tenido conversaciones con ellas muy educativas. Te das cuenta de que el ser humano no es blanco y negro o del Madrid y del Atleti. Hasta el mayor criminal tiene cosas muy interesantes, puede ser un padre de familia o un hijo estupendo. Acercarme de esa manera en las guerras fue muy bueno porque quita todos los barnices. Te enseña al ser humano tal y como es.

-Habla con nostalgia de esa época dura en la que trataba con gente así.
-Era mi periodo de aprendizaje. Se aprende más de los malos que de los buenos y esto es importante.

-Volvemos al periodismo: ¿son mejores los telediarios de ahora que los de su época?
-Son diferentes, son otra manera de ver el periodismo. Ahora hay un reportero entrando cada cinco minutos, eso antes era impensable. Antes el directo era para entrar y contar lo que habías conseguido. Ahora se entra sin haber salido a la calle. Por eso me fui porque el que venía era diferente y yo no quería centrarme en ese periodismo.

-¿Y en qué ha mejorado?
-Ha mejorado en la inmediatez. Antes estaba en Angola y tenía que coger un teléfono. Había informaciones mías que tardaban una semana en llegar a Madrid y ahora eso es inmediato. Ahora cualquier persona puede dar información a través de las redes. Pero también puede ser falso. Antes en la tele se necesitaba mucha rigurosidad. Se ha visto con lo de Cataluña que se han sacado imágenes de otros momentos. Es menos fiable.

-Recientemente hubo mucha polémica con la camiseta de la selección. ¿Cómo la hubiese resuelto Falcó? Él trabajaba igual para republicanos que para franquistas.
-Lo veo desde fuera y por eso mi criterio es poco cualificado. A mí me gustan las camisetas como las de toda la vida: roja por arriba y azul por debajo. Los detallitos y dibujitos, pues bueno. No creo que haya ninguna tendencia republicana, creo que ha sido una mera casualidad. A mí me gustan las camisetas de toda la vida con el escudo de España y sin demasiadas moderneces.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Vie Dic 15, 2017 11:05 am

Protagonista Robb Report: Arturo Pérez-Reverte
Gonzalo Toca - robbreport.es - 14/12/2017

Cuando uno de sus personajes acaricia una pistola FN Browning, su autor también la acaricia en la soledad de su bodega, la carga y la descarga. Clic. Clac. Escucha el sonido, siente su olor a muerte. Cuando Lorenzo Falcó busca en los bolsillos de su gabardina un paquete de tabaco y un mechero, ahí está de nuevo su creador tocando con los dedos su cajetilla de cigarrillos John Player y su mechero Roller Parker. Cuando Pérez-Reverte habla y escribe sobre Tánger, recuerda y revive las ciudades peligrosas, desde Manila a Kinshasa, donde fue testigo excepcional de la aventura, del horror, de los excesos.

Su relación con lo que escribe es tan física que huele sus palabras. No se considera un intelectual, sino, más bien, un novelista, fetichista, padre y marino que esculpe ideas e historias con sus manos y el barro de la imaginación y la memoria. Su nueva trama la acaba de publicar Alfaguara y es la segunda parte de la serie sobre Lorenzo Falcó, 'Eva', una mujer que podría ser, para su autor, tan bella y peligrosa como el mar. Pérez-Reverte, hay que decirlo, sólo reconoce una patria: el Mediterráneo.

-En ese Tánger de Falcó hay algo de 'Casablanca', en Falcó hay algo de Bogart y en Eva se puede adivinar una Lauren Bacall. ¿Qué relación existe entre esta serie y el cine negro y entre el cine en general y tus novelas?
-Lo que sostiene ambiental y documentalmente estas novelas es mucho más complejo y mucho más antiguo. Hay relación con el cine negro o con 'Casablanca', claro, pero también la hay con las películas de Hitchcock o las del cine americano de los años treinta y, sobre todo, con la literatura de espías anterior. Hablamos de autores como Somerset Maugham o Eric Ambler y de los folletines que se publicaban en las revistas en los años veinte y treinta.

-Tus protagonistas en ésta y otras novelas son supervivientes, personajes que han sufrido y han visto lo suficiente como para creer que el mundo es injusto y corrupto y que ellos tienen que serlo para vivir en él.
-Eso no ocurre en todas mis novelas. Hay héroes morales y héroes amorales. Falcó es un héroe amoral. Él no actúa llevado ni por motivos ideológicos ni por desilusiones ni por estragos de la vida. Él era un sinvergüenza desde pequeño. Le gustan las mujeres, el lujo, los viajes, la violencia y, al mismo tiempo, es simpático, elegante, guapo, se viste bien y también les gusta a las mujeres. Le he dado sólo una cosa mía: la mirada lúcida, amarga, escéptica y cruel ante el mundo. Falcó mezcla un lado elegante y otro canalla. Es un tipo que cree que la vida es una aventura magnífica, peligrosa y fascinante. Y quiere aprovecharla al máximo.

-¿Tus héroes amorales no tienen algo que ver con nuestros políticos?
-Los políticos son gentuza que ha llegado donde está mediante mecanismos a menudo infames o viles. Sólo el 1% y a veces ni ésos me merecen el menor respeto. La política va descartando a la gente noble, limpia, recta y franca y… va dejando únicamente a los arribistas y los oportunistas. Llegar alto en política siempre tiene que ser sospechoso. Mis personajes no son así: son marginales, violentos, asesinos a veces, crueles, sí, pero poseen sus propios códigos, que los justifican porque se apoyan en valores como la lealtad, el coraje, la dignidad o la coherencia. Nada de eso lo vas a ver en política.

-Tu novela se desarrolla en una ciudad corrupta, aventurera y sin ley como era Tánger en los años treinta. ¿Conoces ciudades así?
-He estado en ciudades así como, por ejemplo, Nápoles, Kinshasa, Bangkok, Manila y algunos barrios de México DF y de Buenos Aires. En todas ellas se respira el mismo ambiente y la misma peligrosidad, y la riqueza de un submundo de personajes marginales y variopintos. Esas ciudades que he mencionado y algunas más las he vivido como reportero. En países en guerra, en países infames, en burdeles, en bares cutres con traficantes, he navegado en barcos que pasaban armas, he cruzado fronteras de noche y clandestinamente, he sobornado, he mentido y he estado con gente que lo hacía. Cuando yo hablo de violencia, de horror, de dolor o de delincuentes, hablo de lo que yo he vivido. Cuando escribo, recurro a mi memoria y a mis amigos para inspirarme y documentarme. No soy un aventurero de barra de bar.

-Tienes una relación intensa con la historia y con el mar que también se aprecia en lo que escribes. ¿Qué es para ti el mar?
-Es un lugar limpio, que te obliga a estar despierto, que te mata cuando te duermes e incluso cuando no, que acaba primero con los idiotas y que puede acabar después con los listos, que es muy peligroso y te lleva a estar alerta, a mantenerte lúcido y vivo. Allí no hay ni rajoys, ni puigdemonts, ni ultraizquierda ni ultraderecha. Todo lo que es de la tierra queda lejos. Decía Joseph Conrad que la verdadera felicidad del marino empieza a diez millas de la costa, y es verdad. Allí sólo piensas en tu velero, en el viento, en sobrevivir, en no perderte. El mar es perfecto: sólo necesitas unos libros para leer cuando hay buen tiempo, algo para comer y tabaco si fumas. Por eso amo el mar y, sobre todo, el Mediterráneo, que además es historia. ¿Sabes lo que es echar el ancla donde la echaron las galeras romanas o los barcos de piratas berberiscos? ¿Y fondear bajo una torre vigía del siglo XVI? ¿O esos atardeceres rojos, tranquilos y sin viento en los que parece que estás con Ulises a bordo de su nave? El Mediterráneo es mi patria.

-Tu pasión por el mar y la historia y por transmitirlos a través de tus personajes no sólo se traslada a la literatura, sino también a tu propia familia. Tu hija es historiadora.
-Cuando mi hija nació, le monté una habitación con tebeos y cuentos y, cuando empezó a crecer, le puse libros. ¿Que se iba castigada a su cuarto? No tenía nada más que libros: ni televisión ni ordenador. Leer era natural. La llevé a ciudades como París, Florencia o Roma y allí ella completaba lo que había leído con lo que estaba viendo. No iba a hacerse selfies al Foro romano, sino a comprender la forma en la que vivían sus antepasados. Ella es arqueóloga marina y especialista en navegación antigua, fenicia, griega y romana. Trabaja sacando barcos hundidos.

-El pasado es fundamental para ti, ¿pero qué es el futuro?
-Cuando miro al futuro, sólo veo pasado. No existe. Me pueden quedar de vida de seis meses a quince años. La ventaja de llegar a cierta edad es que el futuro te importa un carajo. Lo que quiero es envejecer con serenidad. No me gusta la tecnología, simplemente la utilizo cuando me viene bien. De hecho, viajo sin internet y les pido a mis amigos que me suban un tuit en particular de vez en cuando. Cuando trabajo, tengo dos ordenadores, uno en la bodega, donde escribo y me concentro, y otro arriba, desde donde envío los documentos y navego en la red. También tengo dos teléfonos de la marca Nokia sin internet: uno enseña mi número y el otro tiene el número oculto.

-Los objetos son muy importantes para ti. Eres un fetichista.
-Cada uno tiene sus fetiches, aunque no soy supersticioso. Mira, si hubiera un incendio en mi casa, lo primero que salvaría es la colección de 'Tintín'. Desde hace mucho tiempo, en invierno uso sombrero de fieltro y en verano un Panamá. Tengo el mismo coche, un Volkswagen Golf negro de hace quince años, sólido, compacto, alemán y no lo quiero cambiar. ¿Quién quiere esos coches modernos llenos de electrónica? ¡Pero si les pasa cualquier cosa y se quedan paralizados!

-Esta constelación de objetos es la que te ayuda a crear tus novelas.
-¡Claro! Con la serie Falcó, estoy comprando objetos que yo no uso pero que sé que él usaría. Por ejemplo, el mechero Parker Roller Beacon, la pluma Parker Sheaffer Balance verde jade, la pistola FN Browning 1910, la hoja de afeitar Gillette que lleva en la badana del sombrero. Tengo un rincón de trabajo en mi casa donde están las cosas de Falcó. Cuando escribo la novela, me rodeo de ellas, las toco y las miro. Veo y compro un montón de revistas, periódicos y películas de la época. Cuando escribo que Falcó va a utilizar su pistola, yo cojo la pistola, la amartillo, la cargo, la descargo; cuando va a fumar un cigarrillo, yo cojo la caja de cigarrillos John Player; cuando va a tomar una aspirina, cojo el tubo de cristal de aspirinas. Todo eso me crea un estado de ánimo que me permite ser feliz… y yo sólo escribo para ser feliz.

-En los intelectuales españoles suele destacar su amor por las ideas y su desprecio por el sudor, por los deportes, por lo físico. Tú, sin embargo, tienes una relación física con las palabras, con las ideas y con los personajes.
-Mis personajes, igual que yo, se equipan para la vida. Uno es lo que ha leído, lo que ha vivido y lo que imagina. Cuando era reportero, estaba en Sarajevo e iba a ir al frente, que era todos los días, tenía mis objetos, que eran mi linterna Maglite, mi magnetófono, mi cuchilla para ir rigurosamente afeitado, mis dólares y marcos para sobornar a los serbios, mi navajita, mi caja de aspirinas o mi caja de preservativos, que no solamente servían para el sexo. Un preservativo permite hacer un magnífico torniquete o, en medio de una lluvia que te moja durante días, puede utilizarse para guardar dentro –y secos– un mechero o una caja de cerillas. Llevas encima todo lo que necesitas para sobrevivir. Por eso, a mí y a mis personajes se nos puede conocer por los objetos.

-En tu caso, no sólo son los objetos, sino también los animales. Por ejemplo, en Twitter alternas las frases incendiarias y duras con la ternura de los retuits de perros que necesitan un amo. ¿Qué relación hay entre los animales, tu obra y tú mismo?
-Es que mataría con mis propias manos a quien torturara a un perro. La vida te quita o te matiza muchas palabras como el amor, la patria, el patriotismo o el honor. Al final, te quedan muy pocas que te ericen la piel: en mi caso, la lealtad, el coraje, el valor y la dignidad. Puedes fingir y comprar muchas cosas, pero no ésas. Un malvado puede ser amigo mío si tiene esas cualidades, y algunos de mis amigos malvados las tienen. Lo que quiero decir es que he sido testigo, a veces con vergüenza porque estaba allí y no podía hacer nada, de lo que es capaz de hacer el ser humano. Por eso, yo detesto al ser humano y amo a los perros, porque son los seres más leales del mundo, porque matan y mueren por su amo a cambio de una caricia, porque tienen coraje, dignidad y gallardía.

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mié Ene 03, 2018 1:49 pm

Abordar el pasado aclara el presente: Pérez-Reverte
Jesús Alejo Santiago - milenio.com - 30/12/2017

La narrativa de Arturo Pérez-Reverte suele nutrirse de miradas al pasado y no solo a través de las sagas del Capitán Alatriste o del detective Falcó, sino en novelas como 'Un día de cólera', 'El asedio', 'Hombres buenos' o 'La carta esférica' —'La reina del Sur' o 'El francotirador paciente' están entre las excepciones—. Todo ello por un convencimiento del escritor español: la historia es el presente.

“En todas mis novelas está la historia, de alguna forma: como misterio, como enigma, como sujeto directo de la acción. Soy mediterráneo y tengo esa tradición de que la historia está vinculada a la memoria… para mí la historia es el presente, no es algo que se estudie, no es solo académico, es un motivo para comprender. Para mí, siempre, escribir sobre el pasado es aclarar el presente”, cuenta el colaborador de 'Milenio', quien para complementar la afirmación asegura que cada una de sus novelas, histórica o no, le ayuda a entender mejor el presente: “Somos lo que somos, porque fuimos lo que fuimos”.

Se pensaría que esa comprensión de su tiempo haría de Pérez-Reverte un escritor un tanto más optimista, pero viene a su memoria el hecho de que somos producto de un montón de generaciones, de gente que ha sufrido, matado y luchado, “fuimos guerreros, sacerdotes, conquistadores, víctimas o verdugos”.

“Entonces, cuando uno va a la biblioteca y lee, nos damos cuenta que buena parte de lo que somos viene de los hombres y las mujeres que nos hicieron, por eso me da tanta pena cuando los colegios desaparecen a la historia como asignatura, porque privar a los jóvenes de eso es privarlos de la comprensión de sí mismos, quedarnos huérfanos”.

Al ser humano lo conoce no solo en su faceta de literato, sino también como corresponsal de guerra; desde ambas trincheras se construye una mirada en la que se dice convencido de que el ser humano ha entrado en un proceso muy complicado y muy peligroso, porque antes tenía esperanza, sobre todo había palabras que daban esperanza, más allá de lo polémicas que nos suenen en la actualidad: “Socialismo, fascismo o cualquier palabra que la gente honrada, cuando aún no había Auschwitz ni Mussolinis, veía como soluciones”, en palabras del escritor español.

“Incluso los anarquistas se movían por una especie de inocencia política o de fe personal, pero hemos visto que en el siglo XX fue la gran decepción: todas las grandes palabras, las grandes historias, terminaron en lo que terminaron: si el siglo XX comenzó como uno de esperanza, terminó siendo uno de decepción, la gente no encuentra grandes palabras nobles, sino un rencor justificado para destruir aquello injusto, porque el futuro como cambio solidario de la humanidad ya se ha perdido, ya no se cree en eso”.

En su literatura, Arturo Pérez-Reverte cuenta con una serie de personajes que están cerca de la idea del héroe, el Capitán Alatriste o el mismo detective Falcó, pero no lo son de corazón puro, porque el mismo escritor ya no cree en eso, “la vida que llevé me orilló a ya no verlos: ya no puedo ver al héroe inocente, ya todos son oscuros: mi mirada está llena de la oscuridad del ser humano que he visto desde que era reportero”.

Sin embargo, reconoce que si bien el escritor es un tanto pesimista, el ser humano no lo es, “la parte intelectual me lleva a pensar que nadie lúcido puede ser optimista en el mundo que vivimos, pero como ser humano sí hay cosas: está el amor, la amistad, los libros, la solidaridad, un montón de cosas que hacen que el ser humano sí pueda salvarse en lo individual”.

Su más reciente novela lleva por título 'Eva' (Alfaguara, 2017), la nueva aventura del detective Lorenzo Falcó y que transcurre en plena guerra civil española, a la que considera como una época de las últimas oportunidades para los seres humanos.

“Los años 30 fueron los de la guerra mundial, vino el final de un mundo, el capitalismo triunfante: aún había gente con fe, el mundo podía cambiarse para bien; el mundo pudo ser mejor en ese momento, cuando había mucho heroísmo, gente que tenía fe, que se jugaba la vida: mujeres heroicas, falsos pasaportes, un mundo de conspiraciones, de gente que quería darle la vuelta al panorama”.

Pérez-Reverte es un escritor que disfruta de la creación, que se imagina las novelas como si estuviera en su lectura, por eso se define como un lector que accidentalmente escribe novelas, por eso no acude a conferencias o a mesas redondas.

-¿A quién acompañarías en una aventura: a Falcó o a Alatriste?
-Depende. Si es para divertirme, sin duda a Falcó: con él las chicas y la diversión están garantizadas. Ahora, si tuviera que confiarle a alguien mi vida, mi honor… ese sería Alatriste: Falcó es un buen compañero para vivir y Alatriste es un buen compañero para morir.

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Mensaje por amadeusm » Lun Feb 12, 2018 4:34 pm

Me encantan este tipo de entrevistas pues se aprende mucho del autor

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mar Feb 20, 2018 3:20 pm

"Ninguna mujer que haya leído una novela mía me acusará jamás de machista"
Patricio Zunini - infobae.com - 17/02/2018

Irreverente y provocador como siempre, el autor de la saga de Falcó habló en Madrid con Infobae Cultura sobre el personaje de su saga, un inescrupuloso que ocupa la vereda de enfrente de su clásico personaje Alatriste, "un héroe moral". También reflexionó sobre el oficio de escribir y la capacidad que tiene la escritura de alejarlo de la melancolía: "Escribir me permite envejecer sintiéndome todavía parte del mundo que viví. Y eso es mi salvación"

Acostumbrado a moverse con comodidad en ambientes imponentes, Arturo Pérez-Reverte espera a Infobae Cultura en el lobby del Palace Hotel de Madrid. El lugar es simplemente deslumbrante: paredes revestidas en madera oscura, grandes cuadros y arañas de cristal hacen que un espacio pensado para el tránsito cobre un nuevo sentido. Da la impresión de que fuera un anexo del Museo del Prado o del Reina Sofía, que están del otro lado del parque. Remata el salón una cúpula vidriada con círculos concéntricos de diferentes colores por los cuales, a medida que avanza la tarde, el sol va dejando diferentes tonos de verdes, rojos, azules.

El hotel, fundado en 1919, bien podría ser uno de los escenarios de 'Falcó' o 'Eva' (Alfaguara), las primeras dos novelas del "espía amoral" Lorenzo Falcó. La saga —ya está la promesa de una tercera entrega— sigue al personaje por las zonas más políticamente incómodas de la Guerra Civil española, donde el bando republicano se muestra tan cruel y corrupto como el ejército nacional. El escritor, que antes de desembarcar en la ficción se dedicó a ser corresponsal de guerra —y cubrió más de 20 conflictos—, tiene, además, una vasta trayectoria en sagas literarias, ya que, hace 22 años, le dio vida al Capitán Alatriste durante siete novelas.

Pero Alatriste y Falcó son personajes muy distintos. Más aún: opuestos. No sólo por los tres siglos que los separan —Alatriste vivió en el siglo XVII, Falcó a fines de la década del 30—, sino por las diferencias en cómo encajan el desencanto del mundo. "Alatriste es un héroe moral", dice Pérez Reverte. "Ha tenido fe y ha creído en cosas como Dios, Patria, bandera y la vida le ha ido quitando esas grandes palabras de la cabeza. Mata, hace cosas duras, pero mantiene unas reglas y códigos morales que le permiten mantener la dignidad. Falcó es un sinvergüenza. Nunca ha sido honrado, es un vividor, cínico, mujeriego, sin ningún tipo de escrúpulo moral. Pero es un tipo simpático, encantador, guapo y valiente. Yo podría confiarle mi dinero, mi hija, mi vida, mi reputación a un tipo como Alatriste, pero me iría a tomar copas con un tipo como Falcó. Y si fuera mujer, me enamoraría de un tipo como Alatriste, pero querría que me llevara a la cama un tipo como Falcó."

Pérez-Reverte piensa de una manera muy analítica, que lo lleva a responder a través de categorías y clasificaciones nunca estrictas pero tampoco abstractas. Parte aguas y luego borra las fronteras, vuelve a dividir y, otra vez, reajusta los límites. Se apropia de las preguntas y las reformula. La entrevista, entonces, es un fascinante ejercicio de pensamiento. De hecho, Pérez-Reverte se toma varios instantes en dar cada respuesta. "Falcó y Alatriste son incompatibles", dice. "Pero se da una cosa curiosa, porque ningún novelista pone lo que no tiene. Hay algo de mí en Falcó y también en Alatriste. Es evidente que no soy ni uno ni otro, pero es verdad que comparto miradas con ellos. En todas las personas se dan esas dos maneras de ver la vida".

—En algún momento, Jorge Fernández Díaz, a quien usted le dedicó 'Eva', dijo que la ficción le servía para contar las mafias. ¿A usted para qué le sirve?
—Yo no tengo una intención de contar mafias ni nada. Utilizo las mafias, cuando las utilizo, como pretexto narrativo. He tenido una vida muy agitada. Salí de casa muy joven. Había leído mucho antes de salir por lo que tenía una formación esmerada y eso me permitió, cuando fui a Beirut, a Sarajevo, a Angola, a Argentina, mirar el horror, el dolor, la tortura, la violencia, el mal, de una manera nutritiva.

—¿Qué significa "nutritiva"?
—Que me educó. No solamente educan la bondad y la belleza. El horror, la violencia, la brutalidad, la violación, la muerte, la sangre también. Educan sobre lo que es la vida y el ser humano. La vida que llevé como reportero unida a los libros que había leído y que leí durante esa época me dio una forma de mirar el mundo. Me llevó a unas conclusiones sobre la vida, el amor, la amistad, el sexo, la violencia, la condición humana. Tengo una novela que se llama 'El pintor de batallas', que es la médula de toda mi obra periodística y narrativa. Cualquiera que me quiera conocer tiene allí la clave de todo. Esa vida me dejó una mirada sobre el mundo. Y yo, escribiendo novelas, desarrollo esa mirada. Llego a conclusiones. La literatura me permite llegar al extremo. Nunca he matado, nunca he violado ni torturado. He hecho cosas duras, difíciles, amargas y no siempre santas, pero la literatura me permite ponerme en el lugar de quienes lo han hecho. Cuando hablo de nutritivo quiero decir que todo eso me dio un background, una documentación sobre el mundo y los seres humanos que utilizo ahora como base para mi trabajo como escritor.

—Estando ahora en Madrid y con la estatua de Cervantes a 100 metros, dice que salió de su casa después de haber leído y casi que parece una figura quijotesca.
—Es verdad. Qué curioso: llevo haciendo entrevistas 30 años y nunca me había planteado eso. A mí, como a Don Quijote, los libros me hicieron salir a buscar aventuras. Yo había leído libros de aventuras, de piratas, de guerras y quería saber si era verdad. Quería tener compañeros valientes, conocer a mujeres hermosas, visitar burdeles en Bangkok y estar en combates en África. Fui adonde los libros me llevaron. Y volví con mi mirada propia, con mi propia experiencia. Los libros me sacaron de casa, sin duda. Sin libros no hubiera salido. No sé qué sería, pero los libros me hicieron lo que soy.

—¿Qué libros eran?
—Cientos de libros: Conrad, Stevenson, Dumas, Stendhal, Dostoievski, Balzac, Galdós, Dickens… Ahora los leo con la mirada de quien ha vuelto de la isla de los piratas. Es una lectura muy interesante porque puedo contrastarlos con una vida vivida. Ya no son proyectos de futuro sino que se mezclan con recuerdos personales. Ahora leo muy poca novela nueva, casi lo único que hago es releer literatura o historia antigua porque es como una especie de cerrar el ciclo.

—En esa dicotomía entre literatura y vida, usted está más cerca de Hemingway que de Borges.
—Sin duda. Porque Borges viajó a través de la biblioteca. Yo tuve un doble viaje, con los libros y en la vida. Entonces, claro, vuelvo de la isla de los piratas con la mochila llena de cosas mías también. No tengo el talento de Borges pero tengo la experiencia que Borges no tuvo. No me estoy comparando con Borges, por favor.

—No, no. Es una mención que traje yo.
—Mi novela es fruto de mi biografía y de los libros. Soy lo que leído más lo que he vivido más lo que imagino, y eso me produce mucha felicidad. Mi vida como lector no ha sido un mero ejercicio de cultura o de formación o de teoría, ha sido también un ejercicio de vida. Mi vida como lector me ha llevado a una vida personal y en esa vida personal tengo un mundo propio que me acompaña. Y soy feliz porque me acuesto todas las noches pensando en qué voy a escribir.

—¿Por qué escribe?
(Pérez Reverte se queda en silencio durante 17 segundos)
—Si yo no escribiera sería un viejo en la ventana mirando caer la lluvia mientras recuerda. Tendría una magnífica biografía a la espalda, mujeres guapas, amigos estupendos, aventuras, peleas, burdeles rotos en Beirut, amaneceres grises e inciertos. Formidable, ¿no? Pero todo sería recuerdo. Sería un viejo jubilado recordando lo que fue. Escribir me permite seguir en activo. Estoy vivo. Estoy con mujeres guapas, estoy con amigos generosos, tengo peleas, viajes, incertidumbre, conozco amaneceres grises. Escribir me mantiene apartado de la ventana, de la melancolía. Me permite envejecer sintiéndome todavía parte del mundo que viví. Y eso es mi salvación. No es mi elixir de juventud, porque tampoco es que me sienta joven, pero me mantiene en activo.

—'Falcó' vendió 300.000 ejemplares. Cada uno de sus libros tiene una tirada y una expectativa de ventas enorme. ¿Hay alguna presión que sienta para no defraudar al público, a la editorial, a usted mismo?
—Ahora ya menos. Hubo un tiempo que sí, hace siete o diez años. Con la editorial no: la editorial son mercenarios, pagan bien libros que venden. Me tratan muy bien, pero un escritor es lo que vale y lo que les aporta. Una editorial es un centro comercial. No me debo a la editorial, pero al público sí. En un momento determinado temes defraudar. Llevo 30 años escribiendo novelas y hubo un momento en que temí que mi mundo se agotaría. ¿Habré contado todo? ¿Voy a repetirme? He visto a otros autores repetirse. ¿Me esperará ese futuro? Hubo un momento en que lo temí. Pero pasó el tiempo y como se me ocurrían cosas nuevas, me relajé. Cuánto me puede quedar como novelista: ¿10 años? Son tres o cuatro novelas. Me siento sin complejos. Y eso es gracias a los lectores, que me han sostenido a lo largo del tiempo. Soy un escritor relajado, ya no siento presión.

—¿Hay diferencias entre la clásica novela de espías anglosajona y la de América y España?
—Sin duda. Hay un factor humano —por usar un término de Graham Greene— en la novela meridional de espías distinto al anglosajón. Hay un mayor… Es la primera vez que intento expresarlo en voz alta. Las nuestras son más honradas. Al lector le es fácil sentirse cerca y tomarse una copa con el Mario Conde de Padura o con el Montalbano de Camilleri o con Falcó o con el Remil de Jorge Fernández Díaz. Mientras que a los anglosajones los ves como personajes más herméticos. Tú no puedes ser amigo de James Bond. Ni de Bourne. Ni siquiera del Smiley, de John Le Carré, que es el mejor de todos. Están fuera de tu territorio. Esa proximidad emocional que se da con nuestros personajes no se da con los anglosajones. Por eso, la novela policial o de espías meridional, cuando es buena, es mucho más satisfactoria y tiene mucha más calidad literaria y humana que la novela anglosajona. Un detective cubano, argentino, español o italiano es mucho más interesante, mucho más rico, mucho más humano, mucho más contradictorio, mucho más real que un detective o un espía anglosajón.

—Todos estos detectives que menciona comparten algo fundamental, que es el placer de la comida. Pienso en los platos que comen Mario Conde y el comisario Montalbano, por ejemplo.
—Porque son reales. Tú no te crees a James Bond. Lo disfrutas, lo pasas bien, pero sabes que es mentira. Tú no hueles a James Bond, no te follas a la chica de James Bond. Pero sí te follas a la mulata de Padura. O a la que se folla Falcó. O hueles los spaghetti que come Montalbano. Ese es un factor muy interesante; nunca había hablado de esto.

—Tanto en 'Falcó' como en 'Eva', el ejército republicano tiene puntos oscuros, es corrupto y cruel.
—Como el otro.

—¿Pero por qué esa caracterización?
—Primero, que es verdad. Fue así. Y mi familia luchó en el bando republicano. Después: yo he hecho muchas guerras. Tengo 21 o 22 guerras, de las cuales 7 eran guerras civiles. Y después hay un factor de provocación. Me gusta dar una visión, no equidistante porque sé dónde estoy: estoy con los republicanos, sino ecuánime. Uno puede ser republicano y asumir que en su bando había hijos de puta y en el otro había héroes también. Pero España se ha polarizado tanto que no es posible.

—¿Sigue siendo así aún hoy en día?
—Sigue siendo así. Desgraciadamente. Porque, además, hay una incultura enorme. Se habla por tuits. No se lee nada. Todo con 140 caracteres —bueno, ahora unos cuantos más. Hay algo de provocación para contar la guerra como es. La república liberal quedó destruida durante la guerra. Era imposible. Solamente quedaba o una república comunista o una dictadura fascista. Al final eran dos dictaduras. Las dos igual de nefastas.

—Eva, el personaje de 'Eva', tiene un trato muy diferente a como habla de las mujeres en sus columnas de opinión.
—Ninguna mujer que haya leído una novela mía me acusará jamás de machista. En las columnas me burlo de la estupidez, que es distinto. Yo no me burlo del feminismo. Tengo una hija. Al contrario, lo apoyo. Pero la estupidez es otra cosa. El folclore estúpido hace daño al feminismo. En todas mis columnas me burlo de los extremos, de la estupidez que intenta generar continuamente nuevos frentes para estar en titulares, para tuitear, para conseguir subvenciones. Pero jamás me he burlado del feminismo como debe ser. Nunca. En todas mis novelas, las mujeres son personajes fuertes. Hay tipas que no me han leído nunca y que se basan en el feminismo fácil de clichés para criticarme. Y, ¿sabe qué pasa?, como mis lectores me hacen libre —no en España sino en 42 países— y me conocen desde hace 30 años, me puedo permitir que los que no me conocen digan lo que quieran.

—Quería cerrar la entrevista con una pregunta urgente, que es por su opinión sobre el proceso de independencia de Cataluña.
—No. No voy a hablar de Cataluña porque al día siguiente que salga esta entrevista dirán "Pérez Reverte ha dicho tal cosa de Cataluña". Me parece una aventura grotesca y no quiero participar en ella ni siquiera tangencialmente.

Vídeo: https://www.infobae.com/america/cultura ... -machista/

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Lun Abr 16, 2018 11:31 am

"El mundo está lleno de idiotas que ignoran que van a morir, y eso empeora el estado del mundo"
fundacioncajasol.com - 01/04/2018

Tenemos la fortuna de sentarnos a dialogar con Arturo Pérez-Reverte para hablar de ‘Eva’ la segunda entrega del espía Falcó, pero sin perder de vista qué podemos esperar de Alatriste, qué le parece la figura de Chaves Nogales y qué pretende que signifique el Ciclo ‘Letras en Sevilla’. Pérez-Reverte nos subraya las diferencias entre Falcó y Alatriste, nos descubre con quién se siente más identificado y, además, nos advierte de que “el mundo está lleno de idiotas que ignoran, o pretenden ignorar, que van a morir, y eso empeora el estado del mundo”.

-‘Eva’, la segunda entrega del espía Falcó. Nos traslada al Tánger en blanco y negro. En esta ocasión vuelve a situar al espía Falcó ante una situación límite… ¿Se lo está pasando bien escribiendo con Falcó?
-Estoy disfrutando mucho con la serie, de la que ahora trabajo en la tercera novela. Pero es que se trata precisamente de eso, de disfrutar. Ver películas y fotos de la época, leer libros y revistas de entonces, ambientar la historia en ese mundo es una experiencia personal formidable. Si escribo novelas es porque trabajar en ellas me produce una gran felicidad personal, me permite vivir en ese mundo durante meses, en una especie de estado de gracia.

-¿Cuántas entregas vamos a tener del espía Falcó? ¿Cómo lo definiría? ¿Dónde está la clave de que sea un personaje que enganche al lector, cuando hablamos de un personaje singular, agresivo y que está en el bando franquista?
-No sé cuántas entregas habrá. Tres, seguro. Quizá cuatro, o más, es pronto para saberlo. Depende de que los lectores se encuentren a gusto y de que yo lo esté también. Lo de que enganche al lector es cuestión de oficio. Llevo treinta años escribiendo novelas y conozco un par de trucos profesionales. Trucos nobles, quiero decir. Ése era el desafío, que un personaje cruel, amoral, violento y criminal como Falcó fuese bien acogido por los lectores. Creo que lo he conseguido, y me alegro mucho. Crear un personaje así también es jugársela a cara o cruz. Y por lo visto salió cara.

-La vida de Falcó vuelve a pender de un hilo… ¿Es una constante en su vida? Usted ha destacado que Falcó es consciente de que va a morir. ¿Se puede vivir sin ser consciente de eso?
-El día que, muy joven, supe que un día iba a morir, y que además morir es de lo más fácil, cambió mi vida por completo. Es útil vivir con esa certeza, sin dramatismos, con la simple lucidez necesaria y útil. El mundo está lleno de idiotas que ignoran, o pretenden ignorar, que van a morir, y eso empeora el estado del mundo.

-¿Una relación amor/odio entre Eva y Falcó?
-Esa es una pregunta que debe responder el lector.

-Usted ha dicho en alguna ocasión que le ha prestado la violencia que durante 21 años como reportero conoció. ¿Hay mucho de Arturo Pérez Reverte en Falcó?
-Hay. No sé en cuánta dosis, pero también lo hay en Alatriste. O en cualquiera de mis personajes, hombres o mujeres. Supongo que nadie pone lo que no tiene.

-Entre Alatriste y Falcó, ¿con quién se queda? Si los sentara en una misma mesa. ¿Qué escena saldría? ¿Se entenderían, qué comparten? ¿Quién le cae mejor; Falcó o Alatriste?
-Alatriste es un héroe cansado, pero un héroe moral. Falcó, no. He dicho alguna vez que a Alatriste le confiaría mi vida, mi dinero, mi familia y mi reputación. Con Falcó me iría de copas o me metería, teniéndolo de compañero, en una buena pelea.

-Ha publicado siete episodios de Alatriste. ¿Nos regalará alguna aventura más del capitán Alatriste?
-Si vivo lo suficiente, sí.

-Se estrenó la película ‘Oro’. Se trata de un relato no publicado sobre la conquista de América. ¿Qué parte de la historia nos cuenta? ¿Está contento con el resultado de la película?
-Relativamente. Mi historia original estaba equilibrada en cuanto a crueldad y épica. En la película hay más crueldad que épica. Parecen más una cuadrilla de asesinos que otra cosa.

-Tras la puesta en marcha del Ciclo ‘Letras en Sevilla’, ¿Qué cree que puede aportar estas jornadas?
-Una forma nueva y espectacular de unir el nombre de Sevilla con la cultura de verdad, en el más amplio y respetable sentido de la palabra. Sacarla de su habitual onanismo ombliguista y demostrar que hay muchas cosas posibles además de las muy respetables, por otra parte, Feria de Abril y Semana Santa.

-¿Qué objetivos y programas tiene preparados para el próximo curso?
-Varios y muy interesantes. Ya los irán viendo a su debido tiempo.

-Usted ha definido a Manuel Chaves Nogales como el mejor periodista español. ¿Se puede entender y conocer España sin leer a Chaves Nogales?
-Se puede, naturalmente. Pero la España de la República y la Guerra Civil es más difícil entenderla sin él.

-¿Se reconoce tarde a Chaves Nogales? ¿Vivimos en la tercera España que define Chaves Nogales?
-Algo tarde, sí, pero más vale tarde que nunca. En realidad, Chaves Nogales es mucho más español que buena parte de los responsables en uno y otro bando de la Guerra Civil. Él tuvo la lucidez que le faltó a muchos de ellos.

-¿Llegará el día en el que se estudie a Chaves Nogales en las facultades de periodismo?
-Debería estarse estudiando ya.

-Para terminar, ¿en qué está trabajando?
-En otra novela. Siempre trabajo en otra novela.

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mié Abr 18, 2018 11:34 pm

Entrevista digital con Arturo Pérez-Reverte
elpais.com - 18/04/2018

-MAURICIO ALARCÓN: Buenas tardes señor Reverte, mi pregunta es: ¿cuál fue el punto de inflexión que le hizo escribir desde la perspectiva de un animal? Un saludo.
-Buenas tardes. Antes de responder, quiero saludar a través de este mensaje a los amigos que están esta tarde al otro lado de la línea. Son muchos y entran muy diferentes preguntas. Intentaré contestar cuantas pueda, aunque, lógicamente, deberá ser de forma aleatoria y no podré hacerlo a todas. Espero que lo comprendan. En cuanto a la respuesta, más que desde el punto de vista de un animal, se trata del punto de vista de un perro. Los perros poseen virtudes como lealtad y coraje que admiro mucho. Ojalá, he dicho muchas veces, los seres humanos tuviéramos las virtudes de los buenos perros. Pensé que era una buena puerta, esa, para asomarme a la historia que quería contar.

-MARY CEJUDO: Sr. Pérez Reverte. Aquí una admiradora de su trabajo, tanto en libros como ese ejemplo de buen columnista de "Patente de corso". Mi pregunta es ¿nota usted que escribe diferente de sus primeros libros? Es que a algunos de sus lectores nos parece ahora como más "suelto", más "libre" en la escritura (no lo digo, en absoluto, como una crítica). Reciba mis mejores deseos.
-Llevo 30 años escribiendo novelas y yo no soy el mismo que era cuando empecé a escribirlas. Un escritor evoluciona a medida que vive, resuelve unos temas literarios que le interesan y surgen otros nuevos. Incluso la forma de abordar cada novela puede ser distinta, pues cada novela requiere un tratamiento específico de estilo, trama y personajes. Pero es cierto que, en los últimos años, resueltas algunas novelas complejas que deseaba escribir, hay un tipo de narración más escueta, más picada, más breve de estructura que me apetecía mucho abordar. A eso responden mis últimas novelas, pero no sé cuál será la evolución futura. Lo que está claro es que un escritor sigue vivo mientras el desafío de abordar trabajos nuevos lo siga estimulando.

-JONH DOE: ¿Por qué cree que uno quiere tanto a sus perros? ¿Y por qué se nos rompe el alma cuando nos muere uno de ellos? Uno puede decir que es sólo un animal, pero los que los hemos tenido sabemos que es mucho más...
-He dicho alguna vez, a modo de broma pero sin ser broma del todo, que a veces siento más respeto por cómo son los perros nobles que he conocido que por cómo son algunos seres humanos que he conocido. Lo que es cierto, y lo dice quien ha tenido la tristeza de sacrificar a tres de ellos, cuando muere un buen perro el mundo se vuelve un lugar más triste y más oscuro. A mi edad hay algunas cosas que me conmueven todavía, pero le aseguro que nada me conmueve más que la mirada de un perro.

-ANTONIO ALBA: Buenas tardes estimado señor Reverte. Me encantó su nueva novela y la última entrega de Falcó. ¿Qué consejo le daría usted a un recién graduado en Historia como es mi caso, para sobrevivir en este país donde tan poco se estiman las humanidades? Un saludo y un abrazo
-Leer historia en España significa ser lúcido sobre nosotros, y ser lúcido y español, como decía uno de mis personajes, apareja siempre gran tristeza y gran desesperanza. Pero lo cierto es que las Humanidades, aunque no solucionan el mundo, sí dan consuelo para soportarlo. Son como analgésicos que no eliminan la causa del dolor pero ayudan a vivir con el dolor.

-CARLOS CRESPO: Si ahora mismo usted . Que seria? Cachorro? Perro con collar? Perro sin collar? O perro viejo?
-Perro viejo, sin collar y todavía con buenos colmillos para morder. La vida sin colmillos, y sin la decisión de usarlos cuando es necesario, pierde uno de sus principales alicientes.

-ALEJANDRA AMORÓS: Buenas tardes. Quisiera saber por qué le molesta tanto el feminismo. Adán y Eva, sí es machista, la religión católica lo es, vivimos en un mundo de abusos donde la mujer es doblemente explotada. Me encantaría que no le diera más alas a los hooligans machistas que están encantados de reafirmarse en su posición al leerle, si no es mucho pedir.
-Se equivoca usted. Mucho. No solo no me molesta el feminismo, sino que considero imprescindible la lucha de las mujeres conseguir su lugar en el mundo. Cualquiera que haya leído mis novelas o mis artículos tiene constancia clara de ello. Desafío a quien quiera a reunir una nómina de mujeres luchadoras, combativas y seguras de sí como la que he ido reuniendo en mis novelas: Adela de Otero, Teresa Mendoza, Olvido Ferrara, Tanger Soto, Eva, Moira Nikolaos... Otra cosa es que, como individuo con un sentido común razonable y una cultura razonable, me sienta ofendido en mi inteligencia por la estupidez de quienes convierten la justa y necesaria lucha feminista en un folclórico y esperpéntico número de circo. Si algunas de las llamadas feministas que tuitean frases fuera de contexto de mis artículos y novelas leyera los textos a los que corresponden, se llevaría interesantes sorpresas.

-LUIS CORTÉS: Buenas tardes, ¿crees que podremos ver a Falcó en la gran pantalla o en una serie?
-Ya me lo han pedido; pero es demasiado pronto para eso. Los lectores se están todavía haciendo una idea propia del personaje y su mundo y no quiero que se lo perturben interpretaciones que tal vez no serían las adecuadas. Cuando pasen unos años, si sigo vivo y coleando, ya hablaremos.

-JAVIER GARCIA-LOMAS: ¿Qué ha supuesto para usted la lectura/ los libros en su vida? Un saludo y gracias
-Un escritor es lo que lee, más lo que vive, más lo que imagina. Yo tuve la suerte de leer mucho y salir al mundo con una mochila llena de libros para interpretar ese mundo. Ahora, al regreso, utilizo esos libros leídos y esa vida vivida para, proyectando en ellos mi imaginación, envejecer serenamente contando historias.

-NOEL CUE: Buenas tardes Don Arturo, ¿no cree usted que a veces los españoles (académicos o no) nos sentimos dueños del español? Al fin y al cabo sólo somos menos de un 10% de los hablantes. Saludos.
-Los españoles de España olvidamos con frecuencia que nuestra lengua no nos pertenece sólo a nosotros. Sólo somos 50 millones de 550 millones de hispanohablantes. Es bueno recordarlo, y ser conscientes de que esa lengua panhispánica, rica y variada, tiene infinidad de versiones y matices que no la envilecen sino que la enriquecen. Por ponerle un ejemplo, mi novela 'La reina del sur', está escrita en español de España y en español de México, y estoy muy orgulloso de que así sea. Que un español de España use también palabras colombianas, cubanas, argentinas o mexicanas ensancha las fronteras de nuestra formidable lengua. A menudo, en mis artículos y novelas, yo las utilizo sin complejos.

-SEÑOR RAPOSO: Buenas tardes, señor Pérez-Reverte: ¿Cuál cree que es el motivo para que haya tanto maltrato animal en España?
-La estupidez y la incultura. Por lo general, el maltrato a los animales es mayor en las sociedades estúpidas e incultas. Nosotros todavía no nos hemos librado de esos dos adjetivos.

-JAVIER ROMERO: Admirado Sr. Reverte, creo que es usted de los pocos librepensadores que hay hoy en día en este país. ¿Cuándo tendremos el placer de que venga a firmar sus libros a Barcelona? Sería para mí un honor tener dedicada una de sus novelas. Un saludo.
-Voy de vez en cuando y firmo libros. Pero nunca en San Jordi. Estuve una vez, hace muchos años (aún vivía Terenci Moix), y no me sentí cómodo con el sistema. Había que ir a muchos sitios y dejar colas de gente con el libro sin firmar, para pasar de unos a otros con demasiada rapidez. Y yo nunca he dejado ni un solo lector haciendo cola y sin firmarle el libro.

-JONH DOE: Si tuviese una máquina del tiempo, ¿qué tres cosas cambiaría para que este país estuviese mejor de cómo está?
-Si pudiera cambiar algo de nuestro pasado, actuaría sobre la educación popular que casi nunca tuvimos, la solidaridad regional que nunca logramos, y procuraría alejar la nefasta influencia que la Iglesia católica tuvo durante siglos en la política, la moral y los usos sociales.

-MIGUEL PREGUNTA: ¿Es posible vivir de hacer literatura (periodismo excluido) y para hacer literatura sin aprovechar los medios / redes sociales para darse publicidad gracias a la bronca y a explotar la ira de tanto imbécil que responde embistiendo como cabestro sin mañana? Gracias, sereno académico.
-Las redes sociales tienen muchos efectos negativos, pero si se utilizan con efiacia se convierten en una útil herramienta de contacto con los lectores. Así lo entiendo yo. El problema surge cuando alguien permite que las redes sociales influyan excesivamente en su vida, en su trabajo, e incluso en su estabilidad emocional. Es necesaria mucha sangre fría para moverse por ellas, aprovechar los beneficios y encajar los daños colaterales inevitables sin que eso te quite el sueño. Como siempre le digo a los amigos que se quejan, nadie obliga a estar aquí. A las redes sociales se viene llorado de casa.

-FRANCISCO JOSÉ RAMOS: Buenas tardes. Me gustaría saber si alguna vez, siendo reportero, ha tenido que empuñar un arma para defender su integridad. Y también, a poder ser, que nos dijera qué otra profesión le hubiera gustado ejercer de no dedicarse al periodismo y a la literatura. Gracias
-Las guerras son lugares complicados donde los esquemas de comportamiento que conocemos a este lado de la colina se transforman por completo. En cuanto a la segunda pregunta, si no hubiera sido periodista habría sido, sin duda, marino. De hecho, alguna vez he dicho que lo que soy en realidad es un marino lector, que durante un tiempo fue reportero y que accidentalmente escribe novelas.

-ARRIPACHI PACHI: ¿Cuando contaremos con una Historia de España que respeten y asuman los historiadores y los políticos?
-Desgraciadamente, nunca. Como todo el mundo sabe, Caín tenía DNI español.

-ALEX ESPINA: Buenas tardes Arturo. Cree usted que aunque la juventud esté equivocada o no, ¿una sociedad que no apoye realmente a la gente joven, no va a ser una buena sociedad en el futuro?
-No sólo a la gente joven, lo que es obvio. Lo necesario sería que las mujeres, que son las que tienen en su mano el futuro demográfico y social, fuesen privilegiadas y protegidas por una sociedad que de ellas depende para sobrevivir. Es desolador que no dediquemos esfuerzos y economía a financiar la maternidad y la crianza de los hijos, invirtiendo en las madres cuando estas deciden serlo. El desamparo en el que una mujer, trabajadora o no, se encuentra cuando decide tener hijos es una de las grandes vergüenzas actuales. En España se nos llena la boca con basura demagógica pero nadie encara realmente el problema.

-ADRIÁN PÉREZ CAURIN: Buenas tardes, Sr. Reverte: ¿Qué nos recomendaría a los jóvenes ante el continuo desencanto político y social?
-Libros. Sin ellos, sin lo que hacen posible, sin la solidez que nos aportan, somos marionetas en manos de los manipuladores y los sinvergüenzas. De esa gentuza política que ostenta el poder o lo prentende, golfos de todo signo y condición que procuran erigirse, gracias a nuestra simpleza y nuestra ignorancia, en dueños de nuestras vidas. Sin libros que nos alerten contra los malvados, los oportunistas y los fanáticos, no hay esperanza de lucidez, y sin lucidez no hay lucha inteligente posible. Y quien no lucha está perdido.

-JOAQUÍN PÉREZ: Buenas tardes Sr. Reverte, siempre le estaré agradecido por sus libros y sus reflexiones, me gustaría saber hay alguna aventura que tenga pendiente y que anhele vivir en el futuro?
-Confieso que soltar amarras para el último viaje de mi vida me produce una extrema curiosidad. Me pregunto con qué talante izaré las velas cuando llegue el viento adecuado.

-ALBERT VENTURA: ¿Cree usted que le queda mucho a la política de este país para que mejore? ¿Cuándo seremos capaces de tener un gobierno honesto, eficaz y modernizador?
-Cuando los votantes, o sea, usted, yo y quienes nos rodean, seamos honestos, eficaces y modernizadores. Dicho de otro modo, la cosa va para largo.

-CARLA SANGIORGI: Buenas tardes Sr. Pérez-Reverte, ¿debemos preocuparnos por el futuro del castellano con tanto anglicismo que se "cuela" últimamente en nustro vocabulario?
-Los anglicismos no son malos cuando aportan palabras y significados que no poseemos en lengua castellana o española. Lo negativo es la estupidez de utilizarlos sustituyendo a palabras que ya poseemos, creyendo que usarlas en inglés nos da más encanto o categoría; cuando, en realidad, lo único que nos hace, en tal caso, es un poquito más gilipollas.

-JAVIER MENÉNDEZ: Recuerdo leer su novela corta El Husar, y muchas otras largas, pero especialmente esa primera novela corta me hizo un fan de sus libros, el ritmo es frenético y a la vez es una historia redonda. Posiblemente nunca le den un Nobel porque es muy difícil pero no quepa duda que por si mi fuera ya lo tendría. ¿Volverá a la novela histórica después de su aventura con perros?
-Estoy con la tercera aventura de Falcó, que se publicará en otoño, y habida cuenta de que transcurre en 1937 podemos considerarla una novela histórica.

-JOSÉ MARÍA SUÁREZ: Buenas tardes Sr. Reverte. ¿No cree Usted que en la literatura española, en general, es muy dificil encontrar el elogio hacia escritores "entretenidos"? ¿no hay cierto complejo? A diferencia de la literatura anglosajona donde nadie cuestiona la calidad literaria de Stevenson, Defoe, King, etc. Muchas gracias
-Galdós, Baroja, Valle- Inclán, Palacio Valdés, Jardiel Poncela, los Álvarez Quintero, Sénder, Foxá, García Serrano, Barea, Chaves Nogales, eran escritores muy entretenidos. Los lectores no discuten eso. Otra cosa es que, en algunos momentos, los criterios académicos sobre literatura hayan estado secuestrados por una pandilla de críticos y catedráticos cantamañanas, aficionados a pegar etiquetas en todo. Por suerte, ni antes ni ahora, los lectores se dejaron engañar.

-LOLA GONZALEZ: Buenas tardes, Don Arturo. ¿Es usted consciente de que sus personajes secundarios enamoran? ¿Por qué los amigos de sus protagonistas a veces nos roban el corazón? Me refiero a Teo en su últim novela o a Ricardo Maraña en El Asedio.
-Eso lo aprendí en el cine de John Ford. La importancia de los secundarios para respaldar al protagonista y el hilo principal de una buena historia. Mis secundarios, algunos de los cuales es entrañable para mí, deben mucho a los sargentos de John Ford y a los ayudantes de sheriff de Anthony Mann y Howard Hawks, entre otros.

-LUIS MONTIEL: Buenas tardes. Un amigo, médico croata, murió teniendo junto a su cama de hospital "El pintor de batallas" que había traducido, "a pulmón" desde nuestro idioma. Me gustaría contárselo alguna vez aunque fuera por correo electrónico.
-Se lo agradezco especialmente, pues 'El pintor de batallas' es mi novela más dura, más compleja y más autobiográfica. Una especie de clave en torno a la que se articulan las novelas que escribí antes y las que escribí después. Ayer me preguntaba un amigo por qué no escribo mi biografía, después de la vida turbulenta que he llevado. Le respondí que mis novelas son mi biografía.

-ALVARO ILLANAS: ¿España tiene a su mayor enemigo en los independentismos internos o en la globalización dominada por el mundo anglosajón?
-España tiene su mayor enemigo en la incultura, la imbecilidad y el fanatismo de los propios españoles, que somos incapaces de aprovechar las muchas virtudes que tenemos. Que somos indiferentes e incapaces de sacar partido a esa patria común impresionante, variada y poderosa formada por 550 millones de hispanos cuya verdadera y legítima bandera es 'El Quijote'. Si eso fuera así, en vez de tomarnos a cachondeo, los rubios nos tendrían verdadero miedo. Lo malo es que nos tienen tomada la medida y saben que no somos sufiente enemigo.

-SUSANA MAJUELOS: ¿Es posible que los saltos temporales de El tango de la Guardia Vieja, tan oportunos, medidos y seductores estén bailando un tango con el lector ?
-De eso se trataba. Le agradezco que sea consciente de ello.

-MIGUEL SANCHEZ: Sr. Pérez Reverte: Tenía 20 años con el primer Alatriste y ahora, con 42 espero las próximas entregas. Para cuando "Misión en París" y "La venganza de Alquezar". Soy profesor de Geografía e Historia y uso a Alatriste para hablarles a mis alumnos de la vida cotidiana en el Siglo de Oro. Gracias
-No sé si viviré lo suficiente. Pero si lo hago, supongo que algún día pagaré esa deuda. Lo que ocurre es que ya hay siete 'alatristes', y por otra parte tengo más historias que contar.

-WANDALF ROBIN: Hola. ¿Revisas mucho tus novelas? Quería saber si utilizas correctores profesionales. Gracias.
-Las reviso mucho y las entrego prácticamente listas para la edición. Sin embargo, en mi editorial hay una editora llamada Carolina que es capaz de encontrarme gazapos y erratas que me habían pasado 100 veces inadvertidas. Es una profesional increíble. Estar casado con ella y ser infiel condenaría el matrimonio a durar dos noches. Te pillaría apenas entraras por la puerta, con sólo mirarte a la cara.

-COSME CHURRUCA: Estimado señor Reverte: Es común escuchar en ocasiones por la radio a algunos periodistas hablando de "españoles y españolas" ¿No se trataría de un error, ya que "españoles" engloba ya al masculino y femenino? Gracias por su atención.
-No es un error, desgraciadamente. Es algo deliberado, aunque saben que es incorrecto. Pero el chantaje social unido a la imbecilidad producen singulares estragos. Si algo necesita una lengua para ser eficaz es la economía práctica del lenguaje, pero ahora preferimos ser correctos socialmente antes que ser eficaces y así, muy social y políticamente correctos, nos vamos poquito a poco al carajo. Pero, como decían nuestros abuelos, sarna con gusto no pica.

-CLARA GARCÍA: Buenas tardes. Como profesora de Lengua castellana y Literatura, mi principal objetivo es que mis alumnos aprendan a leer y a pensar de forma crítica y que amen la lectura. ¿Tiene alguna sugerencia o consejo al respecto? Gracias.
-Creo que la lectura en voz alta y los debates de alumnos dirigidos por profesores competentes son la mejor herramienta para crear futuros ciudadanos con alta capacidad expresiva y con buena lucidez discursiva. Justo lo que más necesitamos, y justo lo que menos tenemos y tuvimos en estos y otros tiempos.

-RAUL AGUADO: Señor Pérez-Reverte, buenas tardes. ¿Cabe esperar una Historia de España contada por usted? Ciertamente, parte de sus artículos semanales ya podrían configurarla. Pero se agradecería verlo todo en un volumen y con una proycción de obra consolidada. Muchas gracias.
-Está previsto que se publique todo en un solo volumen, revisado. Es cuestión de encontrar tiempo para ocuparme de ello.

-CARLOS MAPA: Buenas tardes Sr. Reverte. ¿Utiliza usted redes sociales de forma anónima? ¿Tiene cuenta en Forocoches?
-Nunca he hecho nada de forma anónima.

-SONCHIS DE SAIS: Manteniéndonos en las universalidades y sin descender a por debajo de las especies: ¿Cuál es la causa de la que emergen los principales problemas de nuestros tiempos?
-De la condición humana; que es a menudo, no siempre, pero muy a menudo, infame.

-FELIX LOPEZ: Muy buenas D. Arturo, si no le importa me gustaría hacerle un pregunta sobre la actualidad española: ¿usted cree que tanto Cataluña como el País Vasco tienen fundamentos históricos como para reclamar la independencia?
-En mi opinión, tienen fundamentos históricos para considerarse con lengua y cultura específicas, además de la española que les es natural. Eso es imposible rebatirlo. A partir de ahí, el resto ya no depende sólo de ellos, sino de la comunidad en la que están insertas desde hace siglos.

-ALVARO ILLANAS: Mójese, ¿Qué opina del liberalismo capitalista?
-Querido amigo, yo me mojo todos los días en casi todo lo que escribo. Pero suelo hacerlo en cuestiones más prácticas y más concretas.

-ALVARO ILLANAS: Arturo, ¿Crees en Dios?
-Cuando miro la cara de Rajoy, de Puigdemont, de Trump, pienso que ellos son la mejor prueba de que Dios no existe.

-DANIEL ALTAMIRA: Hola D. Arturo, ¿qué opina usted sobre la cadena perpetua revisable?
-Me parece muy bien que cada cierto tiempo se revisen las condenas de los condenados a cadena perpetua.

-JOSE MARIA ALOS GARCIA-ORTEGA: ¿Considera que la mejor adaptación cinematográfica de sus novelas es El maestro de esgrima?
-Sin duda. Desde luego, es la que más feliz me hizo. Más que las adaptaciones que hicieron Polanski, Jim McBride y los otros. Tengo esa vieja deuda con Pedro Olea que la dirigió, y con Antonio Cardenal, que la produjo.

-LUIS MIGUEL GONZÁLEZ: Señor Pérez-Reverte ¿cómo se las arregla para poder leer (y releer) tanto alguien que imagino debe estar tan ocupado como usted? yo soy un lector empedernido de mediana edad, y ya estoy descartando títulos de mi lista de "pendientes" porque no viviré lo suficiente para leer todo lo que me gustaría, y eso sin contar todo lo que se publique a partir de ahora.
-Cuando no estoy ni de viaje ni en el mar, por las mañanas escribo y por las tardes leo. Y, por supuesto, los viajes los hago con la mochila llena de libros. Tampoco hay nada más agradable que un día con viento de 15 nudos, mar rizada, el barómetro alto y sentado con un libro en cubierta echando un vistazo de vez en cuando. O leyendo fondeado en una cala mediterránea, junto a las ruinas de un templo romano o una antigua torre vigía medieval.

-GERARDO MARTIN: Estoy leyendo 2 libros suyos (hombres buenos y Eva), despues del magnifico Tango. Noto en cada uno de ellos el respeto al trabajo bien hecho, a la honestidad con uno mismo y con el prójimo, y quizás algo de melancolia o nostalgia de una vida pasada. La pregunta es, ¿la sucesión del tiempo, de los años, la experiencia de los errores cambia el futuro, o muere con los que lo han vivido?
-Precisamenente, los libros son la herencia que unos dejan a otros. Tanto escritores con los libros que escriben, como lectores con los libros que dejan a quienes respetan o aman. Gracias a los libros, nada se pierde. Y cada vida vivida y escrita aprovecha e instruye a las vidas que vienen detras.

-FEDE BALSEN: ¿Cree usted que el gusto por la aventura, el sueño de ir más lejos, es intrínseco al ser humano? ¿Qué sitio le queda a esa pulsión en este mundo hiperconectado?
-El sueño de ir más lejos, intelectual o físicamente, es natural a la nobleza y grandeza del ser humano. Desgraciados aquellos que se conforman con la seguridad de vivir limitados a una pequeña y cómoda parcela. Vivir es jugársela. Se gana o se pierde, pero se cumple con las reglas que honran a quien no se resigna a vegetar.

-ALVARO ILLANAS: ¿Volvería a trabajar de corresponsal de guerra o es un trabajo de juventud para coger experiencia y buscarse otro?
-Volvería a hacerlo si tuviera 20 años. Debo gran parte de lo que soy a esa vida que llevé. Pero a mis 66 no me quedan sino recordar y escribir. Cuando la calma me irrita demasiado izo las velas y me voy al mar. Gracias al mar soporto las nostalgias y las pérdidas.

-GINÉS VIDAL: ¿Se arrepiente de algún artículo escrito en su columna Patente de corso? No de la forma, sino del fondo.
-Más que arrepentirme, soy consciente de que en 25 años el punto de vista de la sociedad, y también el mío, han cambiado respecto a muchas cosas. Los artículos llevan su fecha y corresponden a esa fecha. Algunos no son válidos para este momento, y ni siquiera yo los escribiría así ahora. También yo he cambiado con esta sociedad que cambia. El error de algunos es no fijarse, u obviar deliberadamente, la fecha y el momento en que fueron escritos. Eso es muy propio de las redes sociales, que suelen eliminar el contexto cuando rescatan material añejo.

-ALFONSO LUIS GORDON: Buenas tardes , tengo 4 escritores actuales de cabecera que son Houllebecq, Vargas Llosa , Eco y usted , ¿me podria decir en 4 palabras cómo definiria a casa uno de los 3 ?
-Provocador, caballero y lúcido. Gracias por no pedir que me defina yo.

-YOL ALONSO: Buen día ¿Cuál escritor mexicano recomendaría leer?
-A dos: Elmer Mendoza y Xavier Velasco.

-MARÍA FLOR: Buenas tardes, Sr. Pérez-Reverte. Si pudiera vivir un día entero en la vida de uno de sus personajes, ¿cuál elegiría y por qué? Muchas gracias.
-Sería interesante vivir algunas de las noches que vive Lorenzo Falcó. Y en idéntica compañía. Pero tampoco es que yo me queje.

-JUAN CORTÉS: Estimado señor Pérez Reverte; si fuera ministro de cultura, que tres medidas concretas llevaría en su programa. Un saludo.
-Desalojar el ministerio y, una vez vacío, volarlo con dinamita. Con esa medida son innecesarias las otras dos.

-LUIS CAPETO: Buenas tardes, Si me tuviera que recomendar una de sus novelas, ¿Cuál seria? Y no me venda la última, por favor.
-Como no lo conozco, le recomendaría una que creo tiene elementos que apuntan a un público más bien amplio: 'La reina del Sur'.

-VÍCTOR GARCÍA: ¿Cuál cree que ha sido el país que más ha perjudicado a España a lo largo de la Historia y por qué?
-Inglaterra, sin duda. Y después, la propia España a sí misma. O a lo mejor la que más nos ha perjudicado es la propia España, e Inglaterra queda en segundo lugar.

-ALVARO ILLANAS: Arturo, ¿piensas que el capitalismo es reformable o será sustituido por otro sistema algún día?
-Es lo más probable. Pero, por suerte, yo no voy a estar aquí para verlo. Eso sí, va a ser divertido de narices.

-FRANCISCO MARIN: Buenas tardes, Don Arturo. Como lector de toda su obra, considero que cuando usted falte -ojalá que dentro de muchos años-, se le recordará principalmente por su saga Alatriste. ¿Está usted retrasando terminar la saga por algún tipo de temor a no hacerlo de la forma que se merece?Permítame agradecerle tantas tardes de disfrute, y en especial, y saliéndome de lo más común, La Sombra del Águila, Jodía Pavía y las últimas páginas de Corsarios de Levante.
-Dentro de unos años no se me recordará en absoluto, pero tampoco pasa nada. He visto desaparecer demasiadas cosas como para que eso me preocupe. Lo que nadie podrá quitarme es lo bien que me lo he pasado y me lo sigo pasando con la vida que llevé como reportero y con la vida que llevo como novelista.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Vie Abr 27, 2018 7:53 pm

“El libro de papel está sentenciado a muerte”
Telam - 26/04/2018

"Creo que el libro como papel está sentenciado a muerte y no lo va a matar e-book sino el celular. La gente, que antes compraba un libro, está mandando mensajes y esas cosas en las redes", aseguro en Buenos Aires el escritor español Arturo Pérez-Reverte.

El escritor español Arturo Pérez-Reverte aseguró que el héroe masculino está agotado en la literatura y que ahora se presenta una nueva figura, “la de la mujer”, en el marco de la publicación de la novela 'Eva', de la serie Falcó, que presentará el próximo sábado a las 20 en la sala Jorge Luis Borges de la Feria del Libro de Buenos Aires.

El primer libro de la saga ambientada en los años 30 tiene como protagonista a un espía franquista de nombre Falcó, un aventurero que gusta del peligro y la adrenalina, refinado y buen amante, que se mueve como si el mundo fuese sumamente fascinante. Falcó había conocido a Eva en el libro que lo tenía como protagonista, pero su autor necesitó de un segundo tomo para desarrollar la historia de ambos. El periodista, escritor y ex corresponsal de guerra español, que publicó también 'La Reina del Sur' y la saga del Capitán Alatriste llegó a Buenos Aires para presentar entonces 'Eva', a quien describe como "una agente soviética que tiene mucha fe y cree en un futuro mejor para el proletariado y para la humanidad”.

“Falcó es un depredador de hombres y de mujeres. Le gusta el sexo pero en Eva encuentra un igual. Ella no es una presa de caza, es un enemigo de su misma talla. Ante ella Falcó se para de otra manera porque la admira y sobre todo la respeta. Hay una relación de amor muy singular. La muerte siempre los anda merodeando”, confiesa sobre sus personajes.

–Una nueva mujer fuerte en este trabajo. ¿Qué tiene de particular tu Eva?
-Todas las mujeres de mis libros están por arriba de lo convencional. Son mujeres que luchan y pelean. Son héroes solitarias por cuestiones sociales complejas. Históricamente, la mujer tuvo que luchar batallas muy duras y, siempre sola, aunque estuviese rodeada de otras personas, vivió una soledad intensa en su interior.

–¿Y qué pasa con el hombre ante estas mujeres fuertes?
–El héroe masculino está agotado por la literatura. Fue protagonista durante muchos siglos pero ahora se nos presenta un héroe nuevo, que es la mujer dueña de su destino, no como era antes Emma Bovary o Ana Karenina, ahora es una mujer que toma sus decisiones. Cuando alguna feminista comienza a hacer locuras en las redes diciendo "Reverte machista” lo dicen porque no han leído mis novelas. Los que hemos pasado cierta línea estamos a salvo y eso no nos perjudica; el tema es que hay autores jóvenes que viven asustados por las repercusiones o el castigo que pueden darle en la red si se salen de la linea del pensamiento “correcto” y se autocensuran. No se animan a expresarse y eso es muy peligroso.

A esta altura del 2018 en España ya ha sido publicado su último trabajo, 'Los perros duros no bailan' (Random House), que en la Argentina se lanzará en junio. La novela tiene a animales como protagonistas. Entre ellos está Negro, un perro de pelea retirado que disfruta de la buena vida de ex campeón junto a sus amigos, a quienes los humanos secuestran para adentrarlos en el submundo de las luchas caninas.

–En 'Los perros duros…' rescatás la nobleza, la lealtad y todo lo que no se puede expresar con palabras, traducida en la simple mirada de un perro. ¿Qué sucedería si el ser humano se mirase más a los ojos?
-Ningún humano se mira a los ojos. Miran lo superficial: la ropa, las manos, las tetas, pero no a los ojos, y la biografía de cada uno está en los ojos. Allí hay mucha información que no se ve, y eso es muy triste. Yo amo mucho a los perros porque tienen virtudes que me gustaría que tengan los seres humanos: coraje, lealtad, dignidad, cosas que echo en falta en los seres humanos, pero que cuando los encuentro me enamoro. En esta novela, que es una historia policíaca, negra, dura y canónica lo que intento, manejando estos conceptos, es hablar de la lealtad y el valor. A mí la vida me ha quitado muchas cosas pero me ha dejado cuatro o cinco, entre ellas, el respeto por la dignidad y la lealtad. Eso es lo que más valoro en esta vida.

–En el libro uno de tus personajes dice: “Lo que echo de menos es mi juventud, ser cachorro o perro joven, creyendo que el mundo es tuyo y que los humanos son dioses y leales”. ¿Hay algo de vos en esa frase?
–Sí, lo hay. Yo también extraño eso. En toda novela hay algo propio. A veces, quizás por la vida que he llevado con muchos despojos y porque he visto muchas cosas que no me hubiera gustado ver, me remito a mi infancia y me veo como un niño moviendo el rabillo pensando que los adultos eran nobles y que el mundo era un sitio donde había bondad y justicia. Añoro esa ingenuidad.

–También hablás de que algunos personajes pasan a la “orilla oscura” cuando mueren. ¿Le tenés miedo a esa orilla?
–No. He pasado tanto tiempo rondando esa orilla… Cuando fui a la guerra asumí que cualquiera puede terminar como aquellas personas que vi tiradas como un pedazo de carne al sol. Al asumirlo me he preparado para ese momento. El mundo se divide entre los que saben y los que no saben que la muerte existe. Los que lo sabemos vivimos de una manera diferente, mucho mejor, vivimos más conscientes, todo tiene más valor porque sabes lo efímero que puede ser todo.

–¿En tus épocas de corresponsal de guerra se te cruzó por la mente tener la vida que llevás ahora?
–No, era un reportero que pensaba que algún día me haría viejo y me tendría que jubilar. Lo que sabía era que no quería terminar en un bar de putas en Bangkok o alcohólico por ahí. “Quizás algún día escriba libros o leeré o iré al mar”, me decía, pero nunca me imaginé que al escribir novelas me iba a ir tan bien. Fue una sorpresa. Pensar que hay gente que sueña con ser novelista y no lo consigue nunca y yo jamás lo pretendí. Yo soy un marino lector que, accidentalmente, se ha hecho escritor. Podría vivir tranquilamente leyendo y navegando.

–¿Qué le recomendarías a los jóvenes que quieren lanzarse a la aventura de escribir?
–Hoy todos pueden publicar, es mucho más fácil porque el mundo ha cambiado. Creo que el libro como papel está sentenciado a muerte y no lo va a matar e-book sino el celular. La gente, que antes compraba un libro, está mandando mensajes y esas cosas en las redes. O sea, la parte del ocio que cubría el libro ya fue suplantada. La gente no compra libros para matar el tiempo muerto. Hoy en día el que lee lo hace porque es un verdadero lector. Si fuera un joven escritor iría menos por una novela e iría más por las series de televisión y los videojuegos.

–Dicen que los niños no leen pero la literatura infantil está en ascenso...
–Si el niño entiende que el videojuego con el que está todo el día tiene un correlato con un libro jugaría de otra manera, pero para eso se necesitan maestros inteligentes que vinculen a Ulises con los videojuegos, para que los chicos entiendan que ese personaje tiene un origen noble y de esa manera la cultura se salvaría. A los niños hay que llevarlos por el camino de la lectura: comienzas con historietas para pasar a lecturas más complejas, pero para que ese camino se concrete con éxito faltan adultos que sepan cómo hacerlo.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Sab Abr 28, 2018 8:51 am

Pérez-Reverte y Fernández Díaz, un juego de lealtades más allá de la literatura
Loreley Gaffoglio - lanacion.com.ar - 28/04/2018

La propuesta es un juego de enroques. Una charla lúdica donde los novelistas Arturo Pérez-Reverte y Jorge Fernández Díaz examinan cada uno la vida y la obra del otro. En parte para invertir lo que se sucederá hoy en la Feria del Libro cuando el creador de 'La herida' interrogue al autor de 'Eva'. Café de por medio, la premisa no siempre se cumple. Acaso porque ambos son díscolos y otro tanto porque juntos tejen un entramado de complicidades infranqueables. "No hay amistad sin lealtad", dirá Arturo, al abrir una tertulia donde queda ampliamente demostrado que sus adictivos personajes, Remil y Falcó, hace tiempo también se embarcaron en ese mismo juego de espejos.

-¿Más allá de la literatura, con todos los guiños que eso supone y del western, ¿qué otros aspectos de la vida los emparentan?
-JFD: Aparte de un pasado común en el periodismo -él como corresponsal de guerra y yo en el periodismo policial- lo que más nos ha acercado uno lo va descubriendo con los años. En enero estuvimos juntos en Sevilla. Caminábamos por antiguas callecitas e íbamos viendo encerronas, duelos, persecuciones con espadas y tiros. El ojo épico -Borges decía que la épica era un género perdido, sólo rescatado por el western-, la mirada trepidante, "cinematográfica" de la literatura nos ha hermanado desde el minuto uno. Actúa como algo lúdico, una excusa para seguir siendo niños y jugar a las aventuras. Además, está la felicidad de leernos y de contarnos los libros. Siempre digo que la amistad con Arturo es como haber vivido en la época de Dumas y ser amigo de Dumas. Él es el novelista de aventuras más importante en lengua española.
-APRCompartimos una patria en común hecha de libros, de películas, de imaginación, de ensueños. En ese territorio común, gente como nosotros se reconoce. Es como esas masonerías que, por cuatro señales ocultas, un gesto, copones en la mesa, uno reconoce al de su cofradía. A partir del día que hicimos una entrevista y hablamos se creó ese vínculo, que el tiempo ha intensificado. Han salido más libros y también nuestras propias personas metidos en ellos. [N d R: Jorge aparece como un revolucionario rioplatense en 'El asedio' y Arturo como un capitán rendido ante las mujeres y el alcohol en 'El dilema de los próceres']. Todo ese mundo del que procedemos, de lecturas, de sueños, de imaginación, de los niños que fuimos, nos dejan códigos comunes. Palabras como lealtad, dignidad, camaradería, solidaridad -tan raras y abusadas demagógicamente hoy- nosotros las hemos practicado. En un mundo como este, donde hace tanto frío, saber que alguien te cubre la espalda es de una tranquilidad pasmosa. Nuestra amistad es un juego de lealtades.

-¿Las grandes divergencias?
-JFD: Lo que nos separa como un abismo es que yo soy argentino (ambos ríen con ganas). Él está protegido. Aún con todas las dificultades que tiene España y con las cuales él que se cabrea, vive en una sociedad que no está en situación de peligro absoluto como está la Argentina. En los últimos 14 años hemos descubierto el peligro. En el 73 teníamos 3% de inflación; hoy, 30%. La amenaza es recaer en procesos de populismo destructivo y demagógico. Somos una sociedad muy lábil. La española es más resistente, más republicana. Pero yo he decidido dar una batalla, quizás contra mí mismo y lo imbécil que fui a los 20, y en ese sentido sí hay una diferencia de visión de la sociedad.
-APR: Hemos tenido vidas muy diferentes. Él tiene más fe que yo en los seres humanos. En su corazón caben más sentimientos humanitarios que en el mío. Mi biografía me despojó de ellos, pero llevo otras cosas. Cuando me cuenta cosas que no comparto lo escucho porque me está nutriendo. Jamás intentamos convencernos de nada. Pero algo que admiro en él es que hacen falta mucho coraje para escribir lo que escribe. Teniendo un abanico de posibilidades para situarse cómodamente en la Argentina actual, eligió la más incómoda: eligió pelear y ahí se pierde o se gana y siempre saldrás con heridas en el cuerpo. Sigo sus artículos y lo he visto pelear. Tengo el orgullo de tener un amigo con cojones en una Argentina donde es fácil que te echen basura de todos lados. Y no lo hace por dinero ni ideología, sino por honradez, porque cree que lo peor es la cobardía de mantenerse callado. Lo bueno es que Argentina lo ha premiado: se lo respeta y goza del respaldo de sus lectores como novelista y periodista. Amo a la Argentina también por eso: ha sabido reconocer a un hombre que vale la pena.

-Así como tienen legiones de lectores fieles también cuentan con un nutrido grupo de detractores. Arturo con las ultrafeministas; Jorge con los setentistas y populistas. ¿Cómo enfrentan la violencia?
-JFD: Ellas se equivocan: quien lo haya leído sabe que Arturo es feminista. Pocos autores han creado el elenco de mujeres aguerridas, independientes, luchadoras, incluso más que el hombre, que él. Eva es un ejemplo, pero ellas afloran en todos sus libros. Siendo el escritor más exitoso de España en los últimos 30 años, él podría actuar con demagogia y no dividir a su público. Pero desde sus columnas (su obra periodística es excepcional) ha decidido dar una batalla contra lo políticamente correcto. Y es una lucha terrible porque hay sensibilidades nuevas muy delicadas que producen fanatismos. Arturo es de los pocos que le han puesto la proa a la locura del feminismo radicalizado cuando otros callan.
-APR: Hay un momento en el cual pasas la línea. Cuando eres joven y vulnerable, cualquier reacción brutal de un enemigo te puede dejar fuera de combate. Pero cuando tienes lectores que te conocen, una trayectoria, son esos mismos lectores los que te defienden de los ataques, organizados o no, pues he tenido de ambos. Ocurre en mi caso: salen a defenderte sin que yo intervenga para nada. La agresión no me va a quitar lectores. Puede negarme alguno de los futuros, pero al mismo tiempo me va a dar otros. No va a afectar ni mis ventas, ni mi vida ni mi nombre. Pero si yo fuera un escritor novel, sí podrían matarme o desprestigiarme. Le sucede a amigos, escritores jóvenes; no se atreven a escribir sobre ciertas cosas, porque temen que se les vayan encima y los machaquen. Yo estoy a salvo y Jorge también lo está, porque ha pasado esa línea de la que hablo. ¿Cómo lo gestionas? No lo gestionas. Haces lo que tienes que hacer. La gente honrada te reconoce como uno de los suyos y los viles, pues, seguirán intentando morderte los talones.

-Jorge, vos decidiste -como otros colegas- cortar por lo sano y cerrar tu columna a comentarios.
-JFD: Pero tengo Twitter. Mirá, con Arturo tenemos lo que yo llamo la maldición del explorador. La vida es una selva: ves que a un amigo se lo traga un león; al otro caer en un pantano y vos andás con la escopeta y dormís con ella. Eso no termina nunca y es agotador pero la vida así te mantiene lúcido y preparado para cualquier cosa. El mundo es un lugar peligroso, especialmente si querés avanzar. Y los lugares donde yo quiero entrar son tabú: los 70, con sus 1200 asesinatos por guerrilleros entre 1973 y 1976. Esos son crímenes invisibles en la Argentina. Yo ya no pido que la Justicia intervenga; pido el juicio de la historia. Y lo pido porque ninguno de la cúpula montonera o del ERP pidió perdón jamás. ¡Esos muertos no figuran en ningún sitio! Quisiera que la verdad histórica se conociera en los colegios ya que allí les venden humo. Lo vivo como una obligación zambullirme en las mentiras progresistas de Argentina, que ni siquiera son progresistas, pero ahí nadie se mete. ¿No se puede hablar mal del peronismo que lleva 70 años de hegemonía y nos ha llevado a una decadencia gigantesca? ¿No se puede decir que Perón, al regresar del exilio, organizó la AAA y, cual gánster, mandó a matar gente? Aquí es gravísimo decirlo y sobre eso se ha mentido de manera flagrante. Ayer, por ejemplo, me decían; "judío". Para mí es espectacular porque no hay nada más parecido a un moische que un asturiano. Así me disparan de todos lados. También es cierto que tengo lectores kirchneristas y eso es conmovedor. Hay actores k también que quieren hacer de Remil.
-APR: Mira, hay dos tipos de seres humanos: los que ante la amenaza en un territorio hostil se acobardan, y los que se mantienen lúcidos porque el peligro los estimula. Él y yo pertenecemos al segundo grupo

-Hablando de redes sociales: estas se han vuelto un problema para la verdad en el periodismo, ¿cómo lo ven?
-APR: A ver, las redes se han adueñado de la comunicación. Hoy tiene más influencia un tuit que un titular de un diario serio como 'La Nación' o 'El País'. Eso es así y no tiene solución. El problema es que el público receptor debería poder discriminar entre basura y calidad, pero no lo hace. No tiene mecanismos. Y no hay forma de combatirlo. La forma sería que un público lo bastante culto y educado sepa buscar aquello que sí es fiable. Pero ese público cada vez es menor. Por eso es una batalla perdida. Esto, como decimos en España, se ha ido a tomar por culo. Dentro de 20 años la información será un caudal de basura indiscriminada, en la cual todos los hijos de puta harán su agosto pescando en río revuelto y la verdad estará oculta, sepultada. Pero como yo no voy a estar aquí, me importa un carajo.
-JFD: Estoy totalmente de acuerdo.

-Hablemos de la dificultad en la literatura, de las inseguridades en la intimidad del trabajo diario.
-APR: Soy un novelista feliz, sin inseguridades, porque todo lo que observo me sirve para la literatura. El café, las venas en la mano de él, el modo en que cruzas las piernas, todo me vale y me nutre para la siguiente novela o la que tengo en la cabeza. Tomo nota visual. Soy un novelista depredador 24 horas al día. Sueño con historias que después me son útiles. Ese estado de adquisición permanente me da un estado de felicidad porque todo me es útil. No hay nada banal. No hay dificultad, al contrario. Todo encaja. Y vivo en ese mundo, aún cuando leo. La dificultad es sólo técnica. Como ser humano soy limitado. Me canso si trabajo 10 horas, hay días que estás más lúcido para crear que otros. Pero mi actitud siempre es positiva.
-JFD: No, yo sufro. Por la vida que llevo, entrar y salir de la novela es todo un deporte. Un arte complicado. Estoy muy conectado con los personajes secundarios que están siempre muy trabajados psicológicamente, y cada vez más. Con Arturo hacemos lo que yo llamo "novela popular noble", con una marca de identidad. En mi caso, para no hacer algo adocenado, suele haber una enorme dificultad, ya que en las novelas de Remil, por ejemplo, trato de encontrar un equivalente en la vida real con cada cosa que suceda en la novela. Y es dificultoso que la novela tenga un ritmo y una estructura que no sean las comunes. Yo tengo que ser innovador en la estructura, de lo contrario me aburro.

-APR: Es que si él no tuviera el "lastre" del periodismo, si pudiera prescindir de lo que no tiene que ver con la literatura, viviría como yo. Jorge utiliza las herramientas clásicas, los mecanismos narrativos nobles y con eso elabora una estructura. En ese sentido es moderno: usa lo clásico y lo reelabora. Eso es también lo que intento hacer yo. No somos huérfanos. Somos herederos de una estirpe y reconocemos a nuestros antepasados. Intentamos adaptarlo a nuestro tiempo, tomar esas viejas herramientas y transformarlas en algo eficaz hoy.
-JFD: La operación literaria de Arturo siempre es distinta de la mía. Remil es hijo de Alatriste y ha sido una influencia absoluta. 'Todo Alatriste' es uno de los grandes libros que he leído en mi vida. Todo lo que tiene Remil, de ser un soldado, de entrar en conspiraciones en la Argentina del siglo XXI, equivalen a un Alatriste infame de hoy. Y Falcó es un primo hermano de Remil.

-APR: Sí, Remil ha influido en Falcó. La relación de Cálgaris con Remil, por ejemplo, ha inspirado directamente la relación de Falcó con el almirante. ¡Pum! La he tomado y puesto en mi novela. Somos depredadores nobles. (Risas). Pero me parece necesario aclarar que para entender la Argentina de hoy no hay mejor escritor que Jorge. Ninguno cuenta la Argentina como él la cuenta. Seguir a Remil es pasearte por las tripas de la Argentina. Pero lees Fernández y Mamá y eso también es Argentina. Eso le da un valor adicional extraordinario.
-JFD: Sobre las influencias, inevitables, por cierto, tratándose de Arturo, debo reconocer que 'La logia de Cádiz' no está escrita por mí sino por él (más risas).Yo he sido su lector mucho antes de que él lo fuera de mí. La operación en Falcó es: voy a ir a Casablanca y te voy a contar cómo era el sexo entre Bogart y Bergman, te voy a mostrar que Bogart no era tan altruista como parece; hacía cosas siniestras y era capaz de apuñalar en una callejuela. Es decir, usa la mirada que la censura social entonces no podría contar. Es un viaje de hoy, con los ojos bien abiertos, para ver qué fue realmente aquello. Algo muy perturbador.

-¿Cuál es la mejor obra de cada uno incluyendo la obra periodística de ambos?
-Te voy a decepcionar. Él como yo escribe siempre la misma novela: la novela de Jorge Fernández Díaz, que escribe por entregas. Y eso lo reconozco porque hago lo mismo. Todo está allí: las mafias, la inmigración, la mirada del porteño, sus próceres, ¡hasta los sentimientos, que son bien argentinos! En conjunto hay una unidad territorial. Entonces, no puedo decir que prefiero 'Mamá' a 'La herida'. Hay autores para quienes su vinculación personal con su obra es intensísima. Y yo no puedo leer ninguna de sus novelas sin verlo a él detrás.
-JFD: Para mí es muy difícil elegir. Pero 'Todo Alatriste' es uno de los grandes libros que leí en mi vida. Pero esto que dice Arturo de mí, que yo no estoy de acuerdo, sí sirve para él. Ese hombre, ese mercenario honesto, que a veces es una mujer, que tiene una actitud épica, va actualizando los viejos mitos: la búsqueda del tesoro en 'La carta esférica'; el misterio del arte en 'La tabla de Flandes'; la rebelión de la ciudad en 'Un día de cólera', o la ciudad sitiada en 'El asedio'. A la vez, todos los personajes son amigos de Reverte. Tienen ese temperamento tan particular frente a la vida: unos pocos códigos en un mundo donde los códigos ya no existen. Por eso, los siguen a muerte, porque es la única religión que poseen.

-Jorge aspira a la perfección cuando escribe. ¿Arturo también?
-APR: No, en eso somos bien distintos. Al estilo lo cuido por razones evidentes: eres culto, has leído y por naturaleza lo cuidas. Pero no me preocupa tanto. Jorge tiene una obsesión por la precisión. Yo no paso una hora -para que se entienda el punto- buscando un adjetivo. Y no reniego ante un párrafo que no está logrado: si encuentro una errata, digo "mala suerte". A él eso le preocupa. Si puede, corregirá las obras completas. Mis novelas se han reeditado muchas veces y jamás las he corregido. Ahí están. Él es muy orfebre estilísticamente, pero a mí me importa más el efecto, el fondo. Me ha pasado en una novela de usar cuatro gerundios, y decirme: si me van bien, los uso. Para mí la lengua es una herramienta respetable, pero cuando hay que violarla, lo hago.
-JFD: Eso me produce admiración. Yo no lo puedo hacer, pero lo considero como una deficiencia. Y surge de que considero al arte del articulismo una escritura tan importante como hacer novelas. Por otro lado, sospecho mucho del resultado cuando escribo rápido, lo cual es una superchería. Cuando él escribe rápido le salen mejor las cosas. El ejemplo es 'Los perros duros no bailan', una genialidad políticamente incorrecta que cuenta Negro, can mezcla de mastín español y fila brasileño.

-¿Jorge tiene empatía con los perros?
-JFD: Tuve perro, pero me gustan mucho los gatos y colecciono en casa gatos pequeños.
-APR: A mí el gato no me gusta: es demasiado humano (risas).

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Sab Abr 28, 2018 10:19 am

“Hay un feminismo serio, respetable, y otro que es un apéndice marginal”
Juan Batalla - infobae.com - 28/04/2018

Las 11 a.m. fue la hora señalada. El punto para el intercambio, el Alvear Palace Hotel. Afuera, la ciudad se divide entre los humores y rumores de las máquinas y los pasos apurados, entre las quejas por este verano que se extiende inaudito a finales de abril y las lamentaciones por esa humedad que se traduce en neblina. Adentro todo parece pertenecer a la belle époque, los sonidos son los de las tazas de los que desayunan sin apuros, de visitantes que miran a la ciudad con ojos de asombro, de los que reconocen su pertenencia en un tipo de arquitectura más cercana a latitudes muy lejanas. Y en un punto es lógico, el lugar, el clima, el caos. Entre sillones aterciopelados y muebles de pátina dorada, sale del ascensor Arturo Pérez Reverte, de oficio escritor para esta entrevista, periodista desde siempre. Alto y de andar seguro, sus movimientos parecen calcados de algún personaje de 'Eva', la novela que vino a presentar a la Feria del Libro de Buenos y que forma parte de una nueva saga, la de Lorenzo Falcó. Solo le faltaría llevar un borsalino de ala ancha inclinado hacia alguno de los lados. Hace preguntas sobre algunas características técnicas sobre la nota que se va a producir y antes de que la claqueta deje "correr la cinta" lo explica: "Es que fui puta, antes que monja".

-Después de haber cerrado la saga del capitán Alatriste, tras siete novelas, Pérez Reverte regresa a las andadas con otro tipo duro, de esos que pueden encontrar placer en tragar su propia sangre. Existen muchas similitudes, entre aquel y éste, pero también diferencias existenciales que los colocan en las antípodas, un héroe y anti héroe. Ambos matan si hay que matar y aman cuando no lo pueden controlar, pero los mueven motivaciones opuestas, ¿son acaso ambos personajes una especie de dualidad que habita en el escritor?
-Nadie pone lo que no tiene. Ningún personaje es el autor, pero es cierto que el autor presta al personaje elementos de su vida y su mirada que lo ayudan a vivir y desarrollarse. Pero hay una gran diferencia entre ambos: Alatriste es un personaje, es un viejo soldado que tuvo fe en cosas y ahora tiene un sombrío escepticismo. Falcó, de niño, ya era un canalla, un inmoral, no cree en nada. Falcó es un aventurero puro, Alatriste es un hombre a quien la vida lo llevó a dónde lo ha llevado. Falcó ha buscado él esa vida, un tipo al que la aventura, las mujeres, la acción, la violencia le disparan la adrenalina. Él es feliz en la incertidumbre, es lo que diferencia a los personajes.

– ¿Y usted está más cerca de tener un "sombrío escepticismo" o ser "feliz con la incertidumbre"?
-Mi escepticismo no es sombrío. Es un escepticismo por llevar una vida compleja. Fui reportero en países en guerra, he leído, vivido y viajado. Tengo 67 años y hay un montón de inocencias que no pueden sobrevivir a eso. Pero no he perdido otras, mantengo la capacidad de emocionarme por cosas que aún me motivan y me gustan. Soy escéptico, es cierto, hay cosas que ya no puedo creer, pero no es sombrío. La vida me sigue pareciendo un lugar interesante y lleno de posibilidades.

Dice que el clima de Buenos Aires en esta época del año no es bueno para sus alergias, que lo mismo le había sucedido cuando pisó la ciudad por primera vez allá por 1982, cuando vino enviado para cubrir la Guerra de Malvinas. Pero esa no fue la única vez que el escritor estuvo cerca de algún conflicto bélico, son en total más de 20, quizá demasiados para un solo cuerpo, quizá suficientes para un hombre que necesitó exorcizar tanto horror en el negro sobre blanco de las tintas y las páginas.

"Un escritor es lo que imagina, más lo que ha leído, más lo que ha vivido. En mi caso, yo soy lo que he leído, crecí con una biblioteca grande, y tuve una vida que por razones diversas fue muy agitada. Cuando yo hablo de violencia, de acción, de incertidumbre, de miedo, de tortura, de muerte, no es teoría. No lo he aprendido en libros, ni es teoría narrativa de barra de bar, ni lo he visto en películas. Lo he vivido. Tiene nombre reales, olores reales. Eso es un plus, supongo que da credibilidad. Cuando mi personaje mata o tortura no es porque yo lo haya hecho, sino porque lo he visto hacer. Y eso le da una solidez al personaje que el lector tiene que, de alguna u otra forma, advertir. En ese sentido puedo decir que mis personajes se nutren bastante de mi biografía".

'Eva' no es su última creación literaria, sino 'Los perros duros no bailan' –ambas de Alfaguara-, que llegará a esta parte del mundo a partir de junio: "Es una novela negra, policial, del mundo de los perros. Salen perros neonazis, perros traficantes, policías, perras prostitutas, perros elegantes, de buena familia. Decidí contar por un perro el mundo de los perros. Me pareció una versión divertida, diferente, interesante y al mismo tiempo además me permitía poner de manifiesto algunas cosas que me interesan mucho del mundo canino. Me gustan muchos los perros porque tienen las virtudes que yo desearía de los seres humanos: lealtad, valor, dignidad, orgullo. Ese tipo de cosas".

Arturo Pérez Reverte no es solo un escritor de libros, tiene una activa participación en las cuestiones cotidianas que hacen a la vida de su país a través de su blog y las redes sociales. Eso sí, tras cada intervención no faltan aquellos que buscan notoriedad o manifiestan su rechazo, aunque a él eso lo tiene sin cuidado: "Soy un viejo zorro en el oficio de periodista y novelista y cuando alimento a la bestia lo hago conscientemente. Es muy interesante y hasta educativo comprobar las reacciones: la estupidez, la mala fe, la vileza. Yo planteo un tema y me retiro, y después observo cómo unos y otros discuten y debaten sobre eso. Me parece muy interesante".

Unas las últimas polémicas se produjo el mes pasado, aunque en aquella oportunidad nada tuvo que ver su pensamiento o sus opiniones. Un colectivo feminista español pidió que se retiren todos sus libros, como los de Javier Marías -e incluso los de Pablo Neruda– de cualquier establecimiento público por considerarlos machistas.

–¿Cómo es levantarse una mañana y leer este tipo de demandas?
-Eso es folclore, no tiene nada que ver con el feminismo. Hay un feminismo serio, respetable, que además es absolutamente necesario apoyar porque es evidente que no puede seguir así la situación de la mujer en el mundo, ni en España, ni en Argentina. Pero otra cosa es que la estupidez, el folclore, la demagogia facilona. Es un apéndice marginal que nada tiene que ver con el verdadero feminismo. No vale la pena hablar de ello.

Hace pocas semanas también, Mario Vargas Llosa, otro visitante ilustre de esta edición de la Feria del Libro, afirmó que hay cierto feminismo que actualmente es "el más resuelto enemigo de la literatura" y que "amplios sectores se ven paralizados por el temor de ser considerados reaccionarios, ultras y falócratas". "Hay autores como yo que por edad, por situación o por la obra hemos pasado una línea en la que ya no somos vulnerables. El lector nos conoce de sobra, nos lee hace 30, 40 años a Javier Marías y a mí, y sabe muy bien a qué atenerse. Aunque haya reacciones puntuales, oportunistas o absurdas no hacen daño a alguien con una obra consolidada y con una biografía ya hecha".

Sin embargo, asegura que el linchamiento en redes sociales, que luego aumenta de manera exponencial cuando llega a los medios, sí puede hacer daño a artistas que aún están desarrollando su carrera. "En autores y periodistas jóvenes, gente que está haciendo una carrera, abriéndose camino. Esa presión continua, esa especie de vigilancia permanente para ver si comete un error, para echársela encima: eso es muy peligroso. Hace que el autor se autocensure por miedo a incurrir en la ira de esos colectivos que están tan preparados a lanzarse encima con cualquier pretexto. Y eso hace que talentos notables, hombres y mujeres, se vean coartados en la manifestación de ese talento. Que estemos cercenando, yugulando el camino de esa gente hacia la posición que deben ocupar realmente en el mundo de la literatura, el periodismo, en lo que sea".

Se levanta y toma un vaso de agua. Obedece algunas instrucciones para la sesión de fotos, una aquí, otra allá, pero hay algo que lo incomoda, algo que le sigue dando vueltas por la cabeza y retoma: "Volviendo al tema de las supuestas feministas. Creo que hay muchas personas que están esperando el momento para atacar a otra, para usar a una persona pública con el fin de ellos aparecer en los medios, porque así funciona el sistema. Es más fácil decir 'Pérez Reverte es un machista, hay que prohibirlo', y tomar notoriedad. Y muchas veces, estas personas ni siquiera son un colectivo. Puede pasar con el feminismo, como con cualquier otro tema, y conmigo como con cualquier otra persona. Si escribo algo sobre las focas, es posible que alguien se sienta ofendido y me acuse de ser anti focas. Son las reglas del juego".

Regresa a la sesión de fotos. Le recomienda al fotógrafo dar dos pasos atrás debido al tipo de lente que está utilizando en la cámara. Y repite: "Es que como ya les dije: fui puta, antes que monja".

Vídeo: https://www.infobae.com/america/cultura ... -marginal/

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mié May 02, 2018 8:31 am

“Escribo una sola novela en diferentes formas”
ambito.com - 02/05/2018

El escritor español llegó al país para presentar 'Eva' en la Feria del Libro. En octubre lanzará una nueva aventura de Falcó en medio de la Guerra Civil, con Pablo Picasso. Recibió propuestas para hacer con 'Falcó' una serie de TV pero, sostiene, “no se le puede poner a Falcó la cara del actor de la serie”. En medio de la Guerra Civil, el oro del Banco de España viaja hacia Moscú y Falcó, antes republicano y ahora falangista, debe impedirlo y enfrentarse con una fanática agente soviética, en 'Eva' (Alfaguara), la nueva novela de la serie que Arturo Pérez-Reverte vino a presentar en la Feria del Libro. Las obras de Pérez-Reverte, algunas llevadas al cine y al cómic, están en 43 países. La fama que le ha dado ser permanente best-seller no ha impedido ser nombrado miembro de la Real Academia de la Lengua Española, donde se enorgullece de haber llevado "el lenguaje de la calle, ese español panhispánico que une a 550 millones de personas en el mundo". Dialogamos con él.

-A los 35 libros que lleva publicados ahora suma la serie del aventurero Falcó, de la que viene a presentar 'Eva'. ¿Cómo logró ese despliegue creador?
-Mi primera novela, 'El húsar', la escribí en 1986, cuando tenía 44 años, ya van 32 años de eso. El paso fue abandonar el periodismo y dedicarme a escribir. Así aparecieron luego 'El maestro de esgrima', 'El club Dumas' y 'La tabla de Flandes'. Hoy no hago otra cosa. Bueno, un artículo por semana para la prensa. Y cuando no estoy viajando o navegando, estoy en casa escribiendo 3 o 4 folios todos los días. Hay obras breves que llevaron unos meses y otras largas que llevaron muchísimos más. Si una novela me divierte, como las de Lorenzo Falcó, van más rápido. Es una novela canónica, policial, más cortada, más dialogada, y al ser divertida me crea un estímulo que está continuamente alimentando el trabajo.

-En 'Eva' enfrenta al falangista Falcó con la espía soviética Eva Neretva, a la que había salvado en la novela anterior.
-Era muy atractiva esa relación. Es la atracción del amor imposible. Son dos mundos con nada en común. Es una pasión desesperada. Es el contraste de la lucidez de él y el fanatismo de ella. Eva es un soldado bolchevique dispuesto a sacrificarse por la causa. Dos bandos en contraste.

-Falcó cambió de bando, pasó de republicano a franquista, pero no tiene el fanatismo de los conversos.
-Eso es deliberado. Los años 30 fueron de polarización política. Todos eran o nazis, fascistas, comunistas, socialistas o anarquistas. Y había gente honrada que creía que ese era el camino para cambiar el mundo. Aún no se sabía de Auschwitz ni de Gulags, y que eso era fatal. Y ahí está Falcó que dice a mí me gustan las aventuras, las mujeres, el peligro, la vorágine, vivir intensamente. Un aventurero puro y un amoral. No es como Alatriste, que es un soldado que ha tenido fe y al que la vida lo ha desojado de inocencia, que tiene reglas y códigos. Falcó no. Falco es un sinvergüenza desde pequeño, ese golfo que se acostaba con la criada mora. El niño bien bala perdida. Para que el público lo aceptara lo hice simpático, guapo, elegante, seductor, alguien con quien ir a tomar copas.

-El nudo de 'Eva' es el oro de España que los republicanos mandan a Moscú.
-Eso es real, pero me gusta hacer trampas con la historia, modificar hechos. Es lo de Alejandro Dumas: jugar con la historia real, meter datos de contrabando, falsificar personajes, que el de ficción se encuentre con Richelieu. Pero hay algo más. Un desafío de estas novelas. En la revisión actual de la Guerra Civil todos los buenos son republicanos y los nacionales malos. Antes era al revés. Me gusta ir a contracorriente. Falco va a ser un héroe franquista. Y mostrar que todos eran igual de hijos de puta. Algo que recién ahora se empieza a decir. Eso de que los míos no tienen defectos y los otros los tienen todos es algo muy español, y muy argentino. Quise romper con eso.

-¿Qué considera lo esencialmente revertiano?
-Los personajes de mis novelas, todos ellos, tienen la lucidez de saber que el mundo es un lugar peligroso, lleno de elementos hostiles y que para sobrevivir hay que generar códigos y reglas de supervivencia. Tienen una mirada que hace imposibles ciertas ingenuidades. Unos como Falcó son cínicos, escépticos; otros como Alatriste , desesperados. Cuando era jovencito y estudiaba latín y griego tuve que traducir la 'Anábasis' de Jenofonte, la historia de esos diez mil mercenarios griegos al servicio del rey de Persia que deciden volver a su tierra. Van por territorio enemigo y saben que no pueden permitirse perder porque si los derrotan serán liquidados. Mis personajes son héroes de Jenofonte. Son soldados en territorio enemigo que intentan llegar a algún sitio, a la vejez, la soledad, al amor, a la riqueza. Como reportero de guerra me he sentido muchas veces en territorio enemigo. En 1977 en la Guerra de Eritrea. Estaba junto a las guerrillas. Eso no tenía solución, había que huir a Sudan. Salimos 50 y llegamos 14. Un mes entero andando de noche, peleando por nuestra vida. Yo era uno de los soldados de Jenofonte, y eso no se olvida, está presente en toda mi obra. Yo digo que escribo una sola novela en diferentes formas, en distintos capítulos, pero en un mismo territorio, que es el mío. Hay amor, violencia, sexo, éxito, soledad, fracaso, guerra, coraje y más, y no se salen de ese territorio. Es mi coherencia como narrador.

-Después de 'Eva', ¿qué nos espera?
-Una nueva aventura de Falcó en medio de la Guerra Civil. Esta vez tendrá que vérselas con Pablo Picasso. Saldrá en Octubre. Aun no sé si habrá una cuarta novela. Por mi edad hay novelas condenadas a que no las escriba nunca, por eso no quiero equivocarme con lo que emprendo. Tengo propuestas para hacer con 'Falcó' una serie para televisión. Eso es peligroso. No se le puede poner a Falcó la cara del actor de la serie. Cuando se asiente en el imaginario general podrá ser, como lo fue con Alatriste.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Vie May 04, 2018 5:46 pm

Unas pocas palabras sagradas
Entrevista de Soledad Platero - ladiaria.com.uy - 04/05/2018

El español Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) estuvo en Buenos Aires para presentar en la Feria del Libro su penúltima novela, 'Eva'. Es el segundo volumen de lo que, según dice, será una trilogía. En la primera entrega ('Falcó', 2016) habíamos conocido a Lorenzo Falcó, un mercenario al servicio del bando nacional (los alzados) durante la Guerra Civil Española, y nos había quedado claro que estábamos ante un personaje tan encantador como letal y tan valeroso como cínico. En esta oportunidad lo reencontramos en otro escenario, pero siempre cumpliendo las órdenes de un alto mando que incluye a militares sublevados, falangistas y monárquicos. Los fascistas, digamos. Es 1936 y el generalísimo Francisco Franco atiende a un tiempo los frentes de batalla externos e internos, y pugna por hacerse del control de todo el bando que, más tarde o más temprano, se impondrá a sangre y fuego. En ese contexto, a Falcó le toca secuestrar la carga de oro que un mercante fletado por los republicanos pretende llevar a Moscú, así que la historia se despliega en el exótico paisaje de Tánger, entre espías de diversos orígenes que trabajan a varias puntas, mujeres hermosas que traicionan y son traicionadas, y hombres bravos o miserables. Y Eva, claro, una implacable agente soviética que Falcó conoció, amó y rescató en la novela anterior y con la que tendrá que medirse nuevamente en esta entrega. Conversamos con Pérez-Reverte en el bar del hotel, donde un rumor demasiado alto de conversaciones ajenas dificultaba las cosas, pero él, ducho en el oficio, tuvo la precaución de empuñar la grabadora y mantenerla cerca hasta que terminó de disparar sus respuestas.

-¿Por qué ambientar estas novelas en la Guerra Civil Española?
-No hay motivo, a no ser el personal: me apetecía contar una historia de espías; llevaba tiempo con esa idea en la cabeza. Terminé una novela larga ['Hombres buenos', 2015] y tuve ganas de cambiar el registro. La otra era una novela compleja, filosófica, enciclopédica, larga, morosa, conceptual, y quería una novela canónica de acción, corta, seca, de diálogos breves. Tenía la idea del personaje, y esa época era buena para situarlo; los años 30, no ya por la Guerra Civil Española, sino porque era una Europa muy interesante: el fascismo, el socialismo, la guerra que venía. Era un buen escenario, y yo no quería hacer una novela sobre la guerra civil, sino sobre un personaje en esa Europa.

-¿Estás de acuerdo con llamarla “guerra civil”? Hay quienes sostienen que eso equipara a los dos bandos, y que en realidad lo que hubo fue una invasión desde fuera contra un gobierno legítimo.
-Es falsa esa tesis. Estoy en contra de esa versión, y nadie que conozca bien la historia de la Guerra Civil Española diría eso. Fue un alzamiento militar contra un gobierno legítimo, que era el de la República; eso es indiscutible. Pero a ese alzamiento militar no solamente fueron cuatro militares ni cuatro curas: participó un buen sector de la población española que no estaba de acuerdo con las izquierdas, que era de derechas. Yo he estado en varias guerras civiles, y te aseguro que la mayoría de la gente que estaba allí estaba porque era donde le había tocado estar, no porque eligiera bando. En cualquier caso, en las guerras civiles no hay buenos ni malos: todos son malos. Las civiles son las peores guerras, porque son contra los que conoces. Son ajustes de cuentas. Y la Guerra Civil Española fue una barbarie por ambos bandos. Un caos en la República, y un caos y una represión criminal y sistemática en el lado nacional. Lo que pasa es que la República perdió la guerra, y los ganadores durante mucho tiempo reprimieron más; si hubieran ganado los comunistas, que eran los únicos disciplinados que estaban en condiciones orgánicas de ganar la guerra, habría sido lo mismo pero de otro lado. Fue una guerra civil, y te lo dice alguien que ha visto guerras civiles.

-¿Todavía están dibujadas esas dos Españas que combatieron en la guerra?
-No. Hoy España es muy distinta. Había una España inculta, analfabeta, mediatizada por los fascismos, los nazismos, los socialismos, los anarquismos y los comunismos, que ya no es la misma; ahora hay otra situación. Ese nivel de incultura enorme fue muy importante en la Guerra Civil Española. Hoy existen derechas e izquierdas, existen rencores sociales y económicos y políticos, pero la situación no tiene nada que ver con lo que yo escribí de la España de 1936.

-Leí por ahí que 'Eva' sería la más feminista de tus novelas, porque ella es el personaje fuerte. ¿Es así?
-Lo han dicho, pero no es cierto. Mi novela más feminista –y se usa en las cátedras de feminismo, por ejemplo en la Universidad de Alicante– es 'La reina del sur' [de 2002]. Esa sí es una novela feminista. 'Eva' es una novela de aventuras en la que hay un personaje que es una mujer, una agente soviética, una mujer que tiene fe. Un tipo de mujer de las que hubo muchas en los años 30, de las que lucharon por causas nobles y pagaron precios muy altos de prisión, de tortura y de muerte por militar. Eran socialistas, comunistas; 'Eva' es una de ellas, y tiene fe.

-Pero Falcó no la respeta porque ella tiene fe, sino porque la considera una igual.
-Falcó es un personaje amoral. Es un sinvergüenza, un tipo sin ideología y sin escrúpulos, y es un asesino. Lo que ocurre es que además es guapo, es simpático, es encantador y tiene un montón de cualidades que arropan esa infamia. Tiene éxito con las mujeres, que para él son objetos a depredar, y ahora encuentra a una mujer que es diferente. Y la respeta. Se encuentra a una mujer a la que él, en sus códigos infames y retorcidos, encuentra respetable. Porque es valiente, tiene fe, quiere matarlo, él quiere matarla a ella...

-Es una heroína llena de rasgos masculinos.
-¿Como cuáles? Dilos. La violencia, el coraje, la dureza, la inteligencia... ¿Esos son rasgos masculinos? Ojalá los hombres tuvieran esas virtudes. Son virtudes más femeninas que masculinas. Yo he conocido mujeres así [se ríe mucho, divertido]; esas virtudes presuntamente masculinas son más a menudo femeninas que masculinas. Y he encontrado, en la vida que he llevado, que ha sido en lugares complejos, más mujeres valientes, más mujeres crueles, más mujeres duras, más mujeres tenaces y dignas, que hombres. Entonces, esas virtudes aparentemente masculinas son virtudes muy femeninas.

-Pero son cualidades masculinas para Falcó.
-Sí, para Falcó sí. Para el mundo de Falcó. Pero ahí hay una cosa importante: lo que no podemos es mirar el año 1937 con ojos del año 2018. Un error muy común hoy en día es el de juzgar a Hernán Cortés, las invasiones inglesas, a Borges mismo, a Bioy Casares, a las Cruzadas o a la prehistoria con ojos de ONG del siglo XXI. El mundo ha cambiado, afortunadamente, pero no podemos olvidar que era otra época. Es ridículo hacer una lectura moderna: con una lectura moderna no hay nada que sobreviva. Nada, de todo lo que ha hecho la humanidad en 30 siglos de memoria escrita, sobrevive: ni la guerra de Troya, ni las Cruzadas, ni el viaje a la Luna. ¿Por qué no había mujeres en ese primer viaje? Nada sobrevive. Tenemos que entender que el mundo va cambiando para bien, y que se van consiguiendo cosas. Es como la Real Academia Española; 300 años de Academia y sólo ha habido 11 mujeres: sí, pero ocho han entrado en los últimos cinco años.

-A propósito, ¿qué hace un académico de la lengua española?
-Bueno, la Academia ha conseguido que una periodista uruguaya, un médico argentino, un estudiante colombiano, un abogado mexicano, un policía chileno utilicen la misma ortografía, la misma gramática y el mismo diccionario. Eso es un milagro extraordinario y se debe a que hay una academia de la lengua española y 22 academias más –lo que se llama la Asociación de Academias–, y coordinamos y consensuamos. Conseguir que 50 millones de hispanohablantes mantengan la misma lengua, la misma ortografía y el mismo diccionario, y una bandera que se llama 'El Quijote', y que es una patria común, es un milagro extraordinario.

-Pero mi pregunta no era qué hace la Academia, sino qué hace un escritor que es académico.
-Bueno, Ignacio Bosque es un técnico y hace la parte técnica; yo soy un escritor y estoy en la calle y hablo el lenguaje de la calle. Soy un especialista –modesto– en lengua de germanías, en el argot delincuente español de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX. Como Javier Marías y otros escritores, traemos a la Academia nuestra parte. Somos la parte práctica. Te pongo un ejemplo reciente: hace poco la Academia aceptó la palabra “iros” en vez de “idos”, en el imperativo. Y lo ha hecho, aunque los filólogos se oponían; pero los escritores dijimos: “Nadie dice ‘idos a la mierda’: la gente dice ‘iros a la mierda’”. Conseguimos que la Academia lo aceptase. Finalmente, te diré que yo no quería ser académico; cuando me lo propusieron dije que no, que no me veía ahí. Pero me convencieron varios académicos ilustres, no novelistas sino filólogos, y fui. Y estoy muy contento, muy a gusto; es un honor estar allí. Nos reunimos todos los jueves.

-¿Qué leías de niño?
-Crecí en una casa con biblioteca grande que ahora intento reconstruir. Ya superé a la de mi abuelo, que tenía unos 20.000 volúmenes. Leía libros ilustrados, leía a [Alejandro] Dumas, a Gastón Leroux, a [Emilio] Salgari, los libros que lee un chico de nueve a 12 años. Leí toda mi vida y sigo leyendo. Los libros me ayudaron mucho, porque cuando llegas con 20 años a una guerra, o llegas a lugares donde ves cosas que no se corresponden con la educación que has recibido, los libros ayudan mucho a interpretar. Yo llegaba a Beirut y leía Troya. Estudié latín y griego y había traducido a Homero y a Jenofonte, y cuando llegué a la guerra veía a Andrómaca, veía a Héctor. Me ayudaba mucho a interpretar. Sin libros quizá me habría perturbado mucho la vida que llevé al comienzo. El shock de la guerra y la brutalidad que tuve que ver. Los libros me ayudaron a digerirlo todo y asimilarlo con serenidad; me llevaron fuera, y ahora vuelvo con mi saco lleno de mi propia vida y voy sacando de allí las cosas, y con eso escribo.

-¿Cómo llegaste a ser corresponsal de guerra?
-Porque la guerra era un buen sitio. Me echaron fuera de casa los libros: yo quería vivir aventuras, quería conocer amigos y chicas guapas, vivir emociones, y pensé que la guerra era un buen sitio para probar. Y me fui a la guerra y encontré, en efecto, amigos, chicas guapas, emociones y otras cosas que no esperaba. Poco a poco, mi vida se fue adaptando, y durante 20 años viví en ese mundo. De mi trabajo como periodista 85% fueron guerras. Y en aquellos tiempos no era como ahora; éramos muy pocos los que las cubríamos, una veintena de todo el mundo, siempre los mismos. Nos llamábamos “la tribu”: en Vietnam, en Camboya, en la guerra de las Malvinas siempre éramos los mismos. Yo era el más joven de mi generación, y después fui el más viejo. Fue muy interesante, porque la guerra es una buena escuela; una escuela de lucidez. La guerra tiene mucho horror, pero también otras cosas. Aprendes mucho sobre la vida, sobre el ser humano, sobre ti mismo. Sobre la condición humana. Se te van muchas inocencias, y muchas palabras con mayúscula terminan perdiéndola. Te quedan muy poquitas: lealtad, dignidad, coraje, coherencia, consecuencia. Estuve en 22 guerras y siete de ellas eran guerras civiles, y te aseguro que en ninguna puedo decir que hubo buenos o malos. Algunas las hice con los dos bandos; en algunas, como en Líbano, había varios bandos, y todos son idénticos.

-Y esos valores como la lealtad, el coraje, ¿no son propios de un escenario de guerra?
-Y de vida normal. Los ves en todos lados. Lo que pasa es que en la guerra ves en una semana lo que a lo mejor tardas diez años en ver en la vida normal. Pero la guerra no es más que la vida normal llevada al extremo. La guerra quita el barniz, las apariencias, y deja al hombre desnudo en el egoísmo, en la violencia, en la vileza, y también en la lealtad, en la nobleza. En la guerra he visto cosas que hacen vomitar y cosas que me han emocionado. Y a veces en las mismas personas. Te pongo un ejemplo: en 1977, en Eritrea, yo estaba con la guerrilla que iba a entrar en Tessenei, el 4 de abril. Tenía malaria y disentería, estaba muy mal, y los guerreros eritreos me cuidaban como si fuera un hermano; en plena batalla iban a buscar agua para mí, que estaba con fiebre, y se jugaban la vida. Cuando llegamos a la ciudad, esos mismos guerreros que eran mis hermanos mataron prisioneros, violaron mujeres, yo los vi. Las mismas personas. Fue una lección importante: puedes ser al mismo tiempo ángel y bestia. Y eso que tal vez aquí tardas muchos años en descubrirlo, la guerra te lo enseña enseguida. Debo mucho a esos años en la guerra. Y no es el horror lo que me marcó, porque el horror también se da aquí, en una sala de hospital, en un juzgado, en un barrio marginal. Lo que me marcó fue la información tan rica que obtuve sobre la condición humana. Una vez estuve con un francotirador en Sarajevo, un tipo al que le pagué para que me dejara estar allí, y él me decía: “Los niños son más difíciles porque se mueven mucho”, “yo primero hiero a uno y cuando van a rescatarlo mato a los que van a por él, y después ya lo mato a él”. Él había sido músico, violonchelista en la orquesta de Sarajevo. La cultura y la barbarie pueden estar juntas. Ese tipo de cosas solamente las aprendes ahí.

-¿Cómo se soporta escuchar a los torturados, ver morir a los niños bajo las balas del francotirador?
-Con libros. Y hay que tener cierto temple personal. No todo el mundo puede estar allí. Ojo, para llegar allí, antes había que pasar por un montón de lugares muy complicados, pero bueno, hay quien vale para eso y quien no vale. Yo valía, era un buen reportero y hacía bien mi trabajo. Y era como Falcó: era capaz de hacerme amigo de cualquiera; confiaban en mí, cumplía los códigos, respetaba las reglas, nunca decía lo que no debía decir ni contaba lo que no debía contar. Sobreviví donde otros no sobrevivieron.

-¿No dice el propio Falcó que cuando ve a un sobreviviente se pregunta qué habrá tenido que hacer para sobrevivir?
-Eso lo aprendí ahí. Yo lo he visto. En Croacia, en 1992, vi pegarle a un hijo una paliza delante del padre. El hijo se estaba meando y el padre estaba allí sin hacer nada, paralizado de terror. Yo me hubiera tirado sobre ellos; me hubieran matado. Y el hombre estaba allí mientras torturaban al hijo y no intervenía. El ser humano es muy interesante de observar, y la guerra me dio esa posibilidad.

-¿Por qué cosas vale la pena hacer la guerra?
-La familia, los tuyos, la gente a la que quieres. Mira, suponte que tú y yo somos chicos de 20 años, antibelicistas, y la guerra nos importa una mierda. Ni la patria ni nada; somos unos chicos, nos gusta la música, pero en nuestro colegio a nuestros compañeros los movilizan para luchar. Tú no te vas a quedar en tu casa. Vas. Yo no he visto a la gente luchar por la bandera, sino porque el compañero iba, por no dejarlo solo. Y eso es admirable. Que por lealtad los seres humanos sean capaces de cruzar una llanura bajo el fuego y hacerse matar, eso es admirable. No la patria, eso es una mierda. Y son tipos que a lo mejor después van a estar violando a una mujer, pero ese momento de gloria es extraordinario. Somos una puta mierda; el ser humano es despreciable, es lo peor, pero de pronto hay un momento en el que, por lo que sea, tiene esos 30 segundos de gloria. Y si tienes el privilegio de estar allí para verlo, eso te reconcilia con toda la mierda de la humanidad.

-¿Esos 30 segundos de gloria en una situación de violencia son lo que tiene de bueno el ser humano?
-No hablo de violencia, hablo de dignidad. En el trabajo, en el metro, en el autobús, en la casa, ante el hijo, ante el padre. En la guerra eso lo estás viendo continuamente. Lo que a lo mejor no ves en una persona más que una vez en la vida, en la guerra lo ves por todos lados. Me acuerdo de una viejecita, en los Balcanes: los serbios violaban a las mujeres y los hombres del pueblo estaban peleando, entonces una abuela, con la escopeta de caza de la familia, acompañaba a las nueras y a los nietos para que no los violaran. La viejecita, con su escopeta, con unos cojones... Es eso. Ahí no hay hombres ni mujeres: es el ser humano. Todo eso lo aprendí ahí, y con esas cositas escribo novelas.

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