Pérez-Reverte, Duke of Corso del Reino de Redonda

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nexus6
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Mensaje por nexus6 » Mié May 02, 2012 5:53 pm

De Javier Marías, Camarada. :wink:
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir

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aik
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Mensaje por aik » Mié May 02, 2012 6:33 pm

Marias escribió:La postura de la jerarquía católica al respecto no es siquiera digna de mención, pues ella entera es una anomalía brutal desde hace tiem­po


A mi este es el Marias que me gusta. :lol:

Juas! :D
"Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)

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Violette
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Mensaje por Violette » Sab May 05, 2012 8:34 am

El_Curioso_Impertinente escribió::?

Tengo que ir rápido a Soria. Ya mismo. Antes de que no se distinga de cualquier otra ciudad, de que en San Saturio pongan una discoteca o un "centro de interpretación" o una mierda de ladrillo rojo parida por Moneo. Antes de que no merezca la pena.

Bueno... ¿TODAVÍA merece la pena? :(


Merece la pena y mucho Curioso. La zona de laguna negra es una zona espectacular. En las proximidades hay un camping que ha respetado en casi todo el terreno donde se asienta. Es una maravilla estar allí, con poquita civilización y desayunar con las ardillas corriendo alrededor. La ribera de un río próximo con una agua tan cristalina (y tan fría) que parece mentira que lleve agua, y unas moreras como hacía tiempo que no había visto. No dejes de perderte por esa zona si tienes ocasión, y si te vas bien preparado, anímate a subir a las fuentes del Duero... es una verdadera gozada.
¿Para qué sirve un libro sin imágenes ni diálogos?

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nexus6
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Mensaje por nexus6 » Mar May 08, 2012 8:53 pm

Tiempos ridículos
6 de mayo de 2012

La mejor definición escueta que he leído sobre nuestra época la encontré en un modesto artículo sobre el ocaso de los neuróticos aparecido en el suplemento del New York Times que este diario incluye los jueves. No la daba el autor, sino alguien a quien éste citaba, la catedrática de Psiquiatría del Weill Cornell Medical College, Barbara Milrod, quien dictaminaba: “Vivimos tiempos ridículos, y si a uno le parece que todo tiene sentido, lo más probable es que no esté bien” (de la cabeza, se sobreentendía). Tampoco estaba mal la observación de otro experto, Peter Stearns: “Creo que algunas de las cualidades que solíamos atribuir a los neuróticos simplemente se han normalizado. Nos hemos acostumbrado tanto a que la gente tenga preocupaciones y miedos constantes que la categoría ha quedado obsoleta”. O, si entendí bien y en otras palabras: si todo el mundo está neurótico o histérico (ya sé que son cosas distintas, ahora empleo esos términos en sentido coloquial y figurado), nadie es ya percibido como lo uno ni como lo otro, del mismo modo que si todos estuvieran locos –lo cual ya no descarto–, nadie sería tenido por tal, o si acaso sólo los cuerdos, que serían los que se desviarían de la norma; o que si todo el mundo mintiera –lo cual tampoco descarto–, el vocablo “mentiroso” dejaría de tener sentido, puesto que la mentira continua sería nuestra forma natural de comunicarnos, y no ceñirse a ella una anomalía. Quien dijera la verdad sería el reprobable, el antisocial y el subversivo.

A mi parecer no estamos muy lejos de todo eso, y en lo referente a los neuróticos e histéricos, creo que en efecto han desaparecido… por la superabundancia de ellos. En nuestro país el fenómeno resulta palmario, y además, la progresiva invisibilidad de esas figuras implica también la de la iracundia y los insultos, que entre nosotros suelen acompañarlas. Estas dos últimas cosas se perciben ya poco, por ser tan habituales, o es más, por constituir nuestra principal manera de opinar y de expresarnos. Da la impresión de que los españoles tengan permanentemente cargada la escopeta de la desmesura y los improperios, a la espera de que alguien haga algo “indebido”, u opine lo que los fastidia, o meta la pata, para vaciársela en plena cara. El antiguo neurótico se caracterizaba, entre otras cosas, por dar tremenda importancia a lo que carecía de ella o tenía poca, y era alguien, por tanto, que vivía sin cesar en ascuas, atacado por cualquier incidente. Con motivo del viaje del Rey a Botsuana hemos visto proliferar a neuróticos e histéricos de esos antiguos, sólo que ahora sus reacciones pasan por normales, en consonancia con los diagnósticos de Stearns y Milrod.

Al cerciorarse de que el Rey se había ido a África a cazar elefantes, y que no era la primera vez, varias de mis colegas columnistas de este diario (si lo pongo en femenino es porque la mayoría han sido mujeres, aunque no haya faltado algún varón) se han lanzado como Erinias a exigir que el Rey se largue, o que se acabe la monarquía, o que se jubile sin más tardanza, y lo mismo han reclamado tertulianos, comentaristas, dirigentes políticos, analistas y redactores de Cartas al Director. Jamás he cazado ni me resulta agradable la gente que va de cacería, creo que podrían ahorrárselas. Aún menos simpáticos me son quienes se desplazan hasta muy lejos, y se gastan grandes sumas, por darse el gusto de abatir una pieza mayor, de las que no tenemos por estos pagos. Pero no considero que mi opinión personal deba prevalecer hasta el punto de que esas prácticas se prohíban, o de que quienes se entregan a ellas hayan de ser castigados o despedidos o expulsados. Hay muchas actividades que preferiría que no existieran, y entre ellas está la caza, pero procuro no ponerme hecho una furia porque no estén abolidas. Mucho más grave que cargarse un búfalo o un elefante (que probablemente han sido criados para safaris tan sólo, como el toro de lidia para las corridas) me parece la pena de muerte que se aplica en demasiados países, y no veo que mis soliviantadas colegas exijan que Obama dimita como Presidente de una nación en gran parte de cuyo territorio se ajusticia a seres humanos, incluidos algunos que cometieron su crimen siendo menores de edad: se aguarda a que se hagan adultos, con la mayor hipocresía, y entonces se los apiola por lo que hicieron cuando aún no lo eran.

Ante tamaña canallada del Rey (irse a pegar tiros a animales grandes), todas las demás consideraciones se han ido a paseo. De pronto, este Rey ya no nos vale, o no queremos más monarquía (no soy ni he sido nunca monárquico, pero no me haría ninguna gracia que nuestro Jefe de Estado fuera Aznar, o Aguirre, o Bono, individuos que podrían salir elegidos). Sí, el viaje del Rey resulta antipático en casi todos los sentidos. Pero es desproporcionado, propio de neuróticos o histéricos, juzgar que eso ya lo invalida, o a la institución que representa y con la que mal no nos ha ido. Para exigir un cambio así tiene que haber más motivos, más serios, más de peso, más meditados y racionales, más ponderados y argumentados. Pero aquí no hay quien no esté dispuesto a salir de cacería, en cuanto se ojea una pieza (ahora hablo metafóricamente: hoy todo debe aclararse, por lo que señalaban Stearns y Milrod), y por eso las escopetas están bien cargadas, a ver quién se pone a tiro. Sí, vivimos tiempos ridículos. Lo peor es que en España la mayoría de la gente se siente en ellos como pez en el agua.
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nexus6
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Mensaje por nexus6 » Mar May 08, 2012 9:56 pm

Terra España

El escritor británico Philip Pullman, premio Reino de Redonda
El novelista y ensayista británico Philip Pullman ha ganado el XII Premio Reino de Redonda, instituido en 2001 para distinguir anualmente la obra de un escritor o cineasta extranjero, y de lengua no española, en su conjunto, y creado por el escritor Javier Marías.

Philip Pullman, nacido en Norwich en 1946, pasa a ser 'Duke of Cittàgazze', nombre de un lugar por él inventado en su famosa trilogía 'La materia oscura', compuesta por 'Luces del norte', 'La daga' y 'El catalejo lacado'. También es autor de 'Contra la identidad', con prólogo de Fernando Savater.

Según informa Javier Marías en un comunicado, Philip Pullman formará parte de este culto reino imaginario por 'su completa y brillante creación de un universo paralelo con implicaciones políticas y satíricas en la mejor tradición de la 'Utopía' de Tomás Moro, 'El País de las Maravillas', de Lewis Carroll'.

Así como por, 'Las crónicas de Narnia', de C.S. Lewis; 'El señor de los anillos' de Tolkien y 'El señor de las moscas' de William Golding, 'valiéndose de una desbordante fantasía y bajo el disfraz de literatura juvenil, llegando así a muy amplias capas de lectores'.

Este año de 2012 han participado en las votaciones del premio un prestigioso jurado formado por Pedro Almodovar, John Ashbery, Antony Beevor, William Boyd, Michel Braudeau, Pietro Citati, J M Coetzze, Agustín Díaz Yanes, Roger Dobson, Umberto Eco, Sir John Elliott, Marc Fumaroli, Pere Gimferrer, Arturo Pérez-Reverte, Francisco Rico, Fernando Savater, Mario Vargas Llosa, Luis Antonio de Villena y Juan Villoro.

El nuevo miembro de este reino imaginario ha declarado, tras conocer la noticia, que considera 'un muy alto honor este premio' y convertirse en 'duque' del Reino de Redonda.

'El hecho de que casi todo lo relativo a este Reino sea imaginario habla mucho en su favor, sin duda alguna. Sus 'duques' y 'duquesas', sin embargo, no lo son en absoluto, sino muy reales y admirables, y me siento enormemente orgulloso de unirme a ellos', ha explicado.

El premio está dotado con 2.000 euros aportados por la editorial Reino de Redonda, S.L., y con el título de 'Duque redondino'.
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Victoria
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Mensaje por Victoria » Mar May 08, 2012 10:49 pm

“Vivimos tiempos ridículos, y si a uno le parece que todo tiene sentido, lo más probable es que no esté bien”

Sin duda. Cuanto más leo a Marías más me gusta. Gracias por colgarlo Nexus.
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

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Violette
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Mensaje por Violette » Mié May 09, 2012 9:25 am

Victoria escribió:“Vivimos tiempos ridículos, y si a uno le parece que todo tiene sentido, lo más probable es que no esté bien”

Sin duda. Cuanto más leo a Marías más me gusta. Gracias por colgarlo Nexus.


Me queda mucho por leer de Marías, pero "Los enamoramientos" ha sido un libro que me ha decepcionado bastante. de hecho me ha costado terminarlo. Quizá esperaba otra cosa de él, algo más intrspectivo desde distitnos puntos de vista, pero el planteamineto del libro me ha resultado en muchos párrafos previsible y los personajes bastante planos, poco diferenciados los unos de lso otros sobre todo en el lenguaje. quizá esa era la pretensión del autor, el plantearnos una sociedad tan uniforme que todos parecemos iguales. en cualquier caso, hasta de lso libros que no gustan se aprende.
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Mensaje por Victoria » Mié May 09, 2012 11:38 am

¿En serio Violette? Yo acabo de empezarlo. Ya te diré... :roll:
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Mensaje por Violette » Mié May 09, 2012 1:35 pm

Victoria escribió:¿En serio Violette? Yo acabo de empezarlo. Ya te diré... :roll:


pues lo tomé con mucha ilusión Victoria, porque había leído uno de relatos cortos -de cuyo nombre me acuerdo- que me había encantado, y conozco las críticas de "corazón tan blanco", así que pensé que este podría estar bien. También conocía el primer capítulo por haberlo leído antes de comprar el libro, pero la verdad es que me ha gustado poco. No digo nada más y esperamos a que tú lo termines y nos des tu opinión. Ya sabes que en esto hay tanta variedad como en los helados -de lentejas, de ajo.. etc... yo prefiero los tradicionaels-
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grognard
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Mensaje por grognard » Mar Jun 05, 2012 10:16 am

Con tu permiso Nexus. Que te mejores. Un abrazo camarada.

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grognard
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Mensaje por grognard » Mar Jun 05, 2012 10:17 am

¿A qué tanta ansia?
13.05.2012

En alguna ocasión: he recordado cómo mi padre, que permaneció hasta el final de la Guerra Civil junto a Besteiro en Madrid, se asombraba de lo que había visto en las últimas, semanas de la contienda, cuando se sabía a ciencia cierta que la capital iba a caer en manos de Franco, de sus falangistas, sus requetés y sus moros, todos por el estilo de vengativos y sanguinarios y dispuestos a escarmen­tar a base de bien a la ciudad que más se les había resistido. En medio de esas boqueadas de la Republica, había personas que se peleaban por entrar en su Gobierno con algún cargo o car­guito, a sabiendas de que su ocupación iba a ser efímera y, sobre todo, de que ese breve lucimiento sólo iba a traerles graves problemas una vez que la victoria de los “nacionales” fuera un hecho: detenciones, cárcel, represalias, exilio o fusilamiento. Gente que tal vez habría pasado bastante inadvertida se ofre­cía a significarse en perjuicio suyo, y no -contaba mi padre, que asistió a ello- por lealtad, espíritu de sacrificio o necesi­dad, no se trataba de eso. Las cartas esta­ban ya echadas y poco importaba quiénes llevaran a cabo la rendición. La vanidad derrotaba al instinto de conservación, y a esos individuos los tentaba más “figurar”, aunque fuera sólo un mes o unas semanas, que precaverse de cara al inminente e irremediable futuro. “Después de eso”, decía Julián Marías, “nada de lo que los humanos hagan por ambición o vanidad logrará sorprenderme”.

No sé si se habrán dado muchos más ejemplos parecidos. Lo tradicional, ya se sabe, es que las ratas corran a abandonar el barco cuando ya es seguro que va a hun­dirse. Es de esperar, en todo caso, que semejantes tentaciones no tengan lugar nunca más aquí en circunstancias tan extremas y trágicas. Y sin embargo, salvando las insalvables distancias… Al cabo de cinco meses de Gobierno de Rajoy, y vistos los pano­ramas político y económico, cabe preguntarse por qué él y su partido tenían tanta prisa por ejercer el poder. Dieron larga ta­barra con las elecciones anticipadas, y finalmente las obtuvie­ron, pero incluso entonces les parecieron tardías. Según ellos, cada día con Zapatero arruinaba aún más a España, y ese pro­ceso sólo se detendría -e invertiría en seguida- con el PP al mando. Sabían cómo remediar la situación, si bien nunca explicaron en qué consistiría el remedio, o si acaso por la vía negati­va: no mermarían el poder adquisitivo de los pensionistas, no subirían los impuestos, no incrementarían el IVA, no obligarían al copago farmacéutico, no deteriorarían la educación, no abaratarían el despido, no desprotegerían a los más débiles (para­dos, “dependientes”, jubilados), no aumentarían el desempleo y menos aún el de los jóvenes, no privarían a nadie de asistencia sanitaria, no paralizarían la actividad de los ministerios, no impondrían grandes recortes, no dificultarían el crecimiento, no pondrían trabas a los “emprendedores” (al contrario), no… Exacto: no tomarían ninguna de las medidas que ya han toma­do, por activa o por pasiva, en el plazo de cinco rápidos meses.

Mintieron a sabiendas, qué duda cabe. Es imposible que an­tes de las elecciones no supieran que les iba a tocar hacer cuanto dijeron que no harían, o que se verían forzados a ello por Berlín y Bruselas. Puede que, una vez en el poder, hayan descubierto alguna cosilla con la que no contaban o algún engaño del ante­rior Gobierno. Pero no podían ignorar que la situación era malí­sima y que además, en contra de lo que afirmaban, no tenían ni idea de cómo superarla o salir de ella. Es imposible que no tuvie­ran conciencia del quebranto para la población que sus medidas iban a suponer y del desagrado con que se recibirían; del grave daño que infligirían a millones de familias, de lo antipático que iba a resultar su Gobierno. “Me va a costar una huelga general”, anticipó Rajoy al referirse a la reforma labo­ral que proyectaba (lo dijo en privado, pero lo delató un micrófono). Y si estaban al tan­to de todo esto, como no podían por menos de estarlo, ¿qué los impulsó a querer hacer­se cargo, lo antes posible, de tamaño y pre­visible desastre? ¿A qué tanta ansia? Se en­tendería si hubiera creído sinceramente que ellos iban a gestionar mejor la crisis, que en verdad tenían soluciones. Pero es evidente que ni lo creían ni las tenían. Cuanto más tiempo pasa, más dan la im­presión de estar improvisando –como Zapatero-, de sentirse desbordados, de ir dando saltos con la lengua fuera para llegar siempre tarde, como el perro que persigue una cometa que su amo elevará en cuanto el animal se acerque. Mientras tanto, la gente lo pasa cada vez peor y, lo que es más grave, pierde toda esperanza y no entiende nada. ¿No iban a cambiar las cosas in­mediatamente? Casi todos acabamos hartos de las tontunas del anterior Presidente y de su permanente optimismo supersticio­so. No hay nada que no se eche de menos, sin embargo; hasta lo lastimoso. Quizá haya un término medio entre ese optimismo injustificado y el pesimismo siniestro de Rajoy y los suyos. Estos han olvidado que a la gente hay que dejarle un mínimo resquicio de ilusión y de esperanza, aunque sean semifalsas. En cualquier circunstancia, la esperanza se conserva mientras se necesite tenerla. Lo que no se puede hacer es arrebatarla, con desaliento no se va a ningún sitio. Quién sabe si hasta los vanidosos del final de la Guerra, los que aspiraban a un cargo o carguito casi póstumos que se iban a volver en su contra, creyeran que se podía producir un milagro y que la República acabaría ganando. Al menos eso, aunque iluso, explicaría un poco su ansia.

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grognard
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Mensaje por grognard » Mar Jun 05, 2012 10:19 am

La dificultad de ser intachable.
20.05.2012

Ahora que Pep Guardiola ha abandonado el Barça tras cuatro temporadas de éxitos, títulos y juego incompara­bles, hay que reconocer el enorme problema al que se ha enfrentado, sobre todo en un país como este. En él hay algunas personas -siempre pocas- que intentan hacer su tra­bajo, triunfar -ambición bien lícita- y a la vez no resultar ofensi­vas para los demás. Pero esa es una tarea casi imposible. Cuando alguien destaca y no se pone prepotente ni chulo, ni se dedica a subrayar su propia excelencia; cuando trata de restar importancia a sus logros y no tomárselos muy en serio ni jalearse a sí mismo), y atribuir el mérito a la suerte y a otros -en el caso de Guardiola, a sus jugadores-; cuando no saca pecho sino que lo encoge, y procura ser respetuoso y elogioso con quienes no alcanzan tanto o son derrotados por él, y se muestra educado a ultranza, por lo general no se le permite comportarse de ese modo, como si la mera existencia de ese alguien prudente, modesto, cultivado y cortés fuera un ultraje. Tal vez lo sea, porque inmediatamente acentúa el contraste con la mayor parte del resto.

España, en su conjunto, y con excepciones, es un país con ten­dencia a la vileza, y por eso, con frecuencia, penaliza y castiga a quien no participa de ella. Recuerdo cómo muchos intelectuales que habían servido o apoyado a Franco du­rante su dictadura -varios al principio, cuando la represión era más feroz- se justi­ficaron diciendo que había que ganarse la vida, o que habían actuado así para evitar represalias contra un pariente cercano, o que -qué queríamos- habían jurado lealtad al Movimiento porque si no no habrían en­trado en la Universidad; y, sobre todo, aducían que todo el mundo había hecho lo mismo, que nadie había quedado sin pringarse en aquellos tiem­pos tan duros, sin importarles que esto último fuera una gran fal­sedad y que además permanecieran vivos algunos que no se ha­bían prestado a lo que ellos sí se prestaron: gente que malvivió por negarse a apoyar o a ensalzar a Franco, o que se fue al exilio, o que padeció larga cárcel o se sumergió en la clandestinidad. Por no hablar de los ejecutados por la misma razón. Se hizo como si estos individuos no hubieran existido y se lanzó la especie de que todo el mundo se manchó. Así se diluyen las culpas, que en cambio son imposibles de ocultar si hay ejemplos de inocencia y de intachabilidad.

Cuando hay alguien que, en el campo que sea (y por fortuna el del fútbol es leve y en absoluto trágico), se esfuerza por ser intachable, se le mete el dedo en el ojo reiteradamente a ver si reacciona de mala manera y se lo puede arrastrar a la vileza y al fango en que los españoles y españolizados se sienten tan cómo­dos. Por su afán de conducirse civilizadamente en medio de sus éxitos, a Guardiola se lo ridiculizó primero con la zafiedad también habitual aquí (“Mea colonia”, “Es un cursi y un empalago­so”, “Va de filósofo”, “Nos restriega que lee libros”, “Se hace el santo”, “Ya está bien de ir de modestito”, “Que lo elijan Presi­dente de la Generalitat”). Después se lo acusó de haber ganado lo que había ganado con trampas, favores arbitrales, de la Fede­ración, de la FIFA, de la UEFA y de Zapatero, cuando la superio­ridad de su equipo había sido tan palmaria e indiscutible que convertía en mediocres al Manchester United, el Arsenal o el Real Madrid. Tan evidente era su supremacía que los partidos del Barça empezaban a aburrir a los no culés pese al maravilloso juego desplegado: les faltaba dramatismo, incertidumbre, temor. Ahora, cuando ha decidido marcharse tras una temporada brillante en la que no ha conquistado la Liga ni la Copa de Euro­pa, han saltado voces mezquinas que lo han tildado de cobarde y de escurrir el bulto: “Cuando pintan bastos para su equipo”, han dicho, mientras ese equipo ha mantenido su fútbol admira­ble y ha machacado a la mayoría de sus rivales.

Es muy difícil ser intachable en España. Por lo general no sé consiente, como si eso fuera un pésimo ejemplo o un precedente peligrosísimo. Se intenta por todos los medios que quien as­pira a ello descienda a la arena y se líe a mamporros y navajazos, para que todos estén igualados. Se lo provoca, se lo insulta, se le hace burla, se lo difama, se arrojan sos­pechas sobre su labor. El iluso en cuestión­ aguanta estoicamente los chaparrones, los venenos, las cuchilladas y los golpes al hí­gado, sin reaccionar, sin ponerse a la altura de sus detractores. Está empeñado en ser intachable, y ya eso es otro pecado: “Pretende estar por encima, ¿qué se cree? Aquí hay que ensuciarse”. Eso es lo que normalmente se busca en España, que se ensucie todo el mundo, para que se note menos la suciedad ambiente. Las más de las veces el iluso se harta, como es natural, y sucumbe: antes o después se lo obliga a defenderse, porque si uno no repar­te algo de estopa, su educación y su contención se toman por debilidad y la tunda arrecia hasta dejarlo tendido en la lona o camino del hospital. Guardiola, al marcharse, ha felicitado a su mayor ri­val por su victoria y ha añadido una breve frase, más bien críptica (“Han pasado muchas cosas que han quedado tapadas por nuestro silencio”), que quienes lo malquieren se han apresurado a ver como un triunfo, como la claudicación de su caballerosidad. Ya son ganas. Tras cuatro años de méritos incomparables, Guardiola se va sin haberse puesto una sola medalla y sin haberse rebajado a participar en la reyerta nacional, que es lo que se le exige a todo dios. No me extrañaría que, él que puede elegir su destino, no volviera a entrenar nunca en este país.

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grognard
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Mensaje por grognard » Mar Jun 05, 2012 10:21 am

Cuidado con el tiempo pueril
27.05.2012

Uno de los más claros indicios de la infantilización de nuestra época es la percepción distorsionada que he­mos adquirido del tiempo. Como sabe todo el mundo con buena memoria o con críos cerca, los niños no con­ciben, o muy a duras penas, el futuro y el pasado. La inmediatez los domina, sienten una urgencia enfermiza por satisfacer sus necesidades y deseos, disipar sus miedos, poner fin instantáneo a cualquier angustia. Si tienen hambre o sed han de comer o beber ya, el menor retraso les parece una eternidad y una catástrofe; lo mismo si deben hacer pis o les acomete el sueño, o si se aburren, o si se enfadan o se ponen tristes. Se desesperan con facilidad ante las contrariedades, y precisan que se las remedie sin tardanza. En parte es debido a que aún carecen de conciencia de que las cosas pasan, es decir, se interrumpen y evolucionan, son sustituidas y jamás persisten. Al no tener visión de futuro, ni apenas recuer­do de lo dejado atrás, creen que cada momento presente es para siempre, no comprenden la transitoriedad de las circunstancias y por eso no saben esperar para cambiarlas. Cada minuto que viven les parece que deter­mina todos los venideros: si tienen hambre, piensan que la tendrán indefinidamente; si su madre se va al trabajo, están convencidos de que no volverá nunca, experimentan su temporal ausencia como definitiva; si su padre los regaña enojado, sienten que eso es permanente y que jamás volverá a quererlos, a sonreír y a jugar con ellos. Es una existencia un poco animalesca, sin duda, y por lo tanto plagada de alarmas y sobresaltos. Lentamente se va corrigiendo, se va aprendiendo la duración, se entiende que casi todo es provisional y se empieza a vislumbrar la inquietud por el futuro en los periodos alegres y prósperos, pero también la esperanza en medio de las adversidades.

En nuestra época, en buena medida, se ha desandado con ra­pidez lo andado a lo largo de los siglos, hasta el punto de que de­masiados adultos se han instalado en esa percepción pueril del tiempo (hablo sólo de nuestras sociedades occidentales u occi­dentalizadas). Se ha desaprendido que no todo se puede conse­guir y que no a todo se tiene derecho por el mero azar de existir. Al contrario: durante años se ha creído que se nos debía todo, y además gratis, siendo el ejemplo más conspicuo de esto la convicción de que la “cultura”, en concreto (es decir, películas y series de televisión, música y libros), había de estar disponible, sin soltar un céntimo, para cualquiera con un ratón de ordenador a mano.

De pronto, con la crisis, se ha producido un vuelco para el que la gente no está preparada. Primero en Grecia, pero también desde hace un año o dos en Italia, hay una epidemia silenciosa de suicidios, principalmente de pequeños y medianos empresarios. Sólo en la región del Véneto, una de las más ricas, se han matado una treintena de empresarios en lo que va de año. Sus muertes no siem­pre aparecen en los periódicos, o a lo sumo en los locales. El drama de uno de ellos era que no podía satisfacer con el fisco una deuda de 15.000 euros. Dado que probablemente en Italia, como en Espa­ña que yo sepa, no se va a la cárcel por deudas como se iba a la Marshalsea de Dickens hasta 1842, el apuro no parecía tan grave como para quitarse la vida. Las cuitas de otros suicidas, por lo visto, no eran tampoco tan trágicas, objetivamente, como para adoptar solución tan irreversible. Quizá intervenga en ello la incapacidad para esperar, que se ha trasladado o contagiado de los niños a los adultos, la sensación insoportable de que lo que es en cada presen­te seguirá siendo igual para siempre, y de que por tanto no hay vuel­ta de hoja para un presente aciago. Pero también otra incapacidad: la de llevar una vida peor de la que se ha conocido, la de rebajar el nivel económico a que se ha estado acostumbrado, la de verse como un perdedor, o un fue, o un venido a menos. La piel se nos ha hecho muy fina y delicada en el transcurso de unos pocos de­cenios, cualquier sinsabor nos la hiere y des­garra, cualquier revés se nos convierte en calamidad inaguantable. La gente de cin­cuenta o más años llegó a padecer las penu­rias de la postguerra y la situación actual no la pilla tan de sorpresa, no le produce el estu­por -la incomprensión, de hecho- que asalta a las generaciones más jóvenes. Esta situa­ción de deterioro del nivel de vida es proba­ble, además, que vaya para bastante largo. Uno se pregunta si lo que mi amigo Agustín Díaz Yanes ha contado en su inquietante novela de política-ficción Simpatía por el diablo (la primera que escribe, visto lo difícil que se ha puesto hacer cine) puede tener mu­cho menos de ficción de lo que aparenta, si detrás de la crisis no hay una operación concebida para hacer que la gente retroceda a la precariedad como norma, a tiempos con menor bienestar y menos derechos, y lo acepte y se resigne. De momento, y por lo que sucede en Grecia e Italia -y puede empezar a ocurrir pronto en España-, esto último está costando, Y tal vez por eso haya tantos suicidios digamos- exagerados. Si la cosa va para largo y obedece a un plan trazado contra el que será arduo resistirse, más vale que recupere­mos a toda prisa la percepción del tiempo propia de la edad adulta y no de la infancia, la que nos permite saber que siempre escampa y que sólo hay que aguantar y aguardar para ver pasar el cadáver del enemigo, que hoy suele llevar careta de político, alcalde, banquero, especulador, tertuliano, constructor, economista o juez; con mis disculpas para los que no son enemigos, que también haylos.

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grognard
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Mensaje por grognard » Mar Jun 05, 2012 10:22 am

Así que cada viernes peor.
03.06.2012

El Partido Popular no aprende de sus errores del pasado, o, lo que aún tiene peor remedio, está incapacitado para aprender porque a su frente hay siempre personas con pocos escrúpulos e inteligencia mediocre. En 2004, esas personas creyeron que habían perdido las elecciones por culpa de los atentados del 11-M. Se negaron a aceptar que no había sido por los atentados mismos, sino por las flagrantes menti­ras del Gobierno de Aznar respecto a ellos, con los Ministros Acebes y Palacio como principales voceros en el interior y en el exterior, respectivamente. Tantas fueron su terquedad y su idiotez (pues esa terquedad era contraproducente, y más se volvía en su contra cuanto más la sostenían) que inventaron la llamada teoría de la conspiración, junto con no pocos periodis­tas lunáticos y mendaces, según la cual aquellos atentados los habría organizado una siniestra red compuesta por etarras, al­gún islamista suelto, policías españoles, franceses y marroquíes, fiscales y jueces, con Rubalcaba como taimado Fu-Manchú o Doctor No que dirige y maneja los hilos del mundo, dotado de una visión de fu­turo tan extraordinaria y alambicada que merecería ser considerado un genio so­brenatural y un portentoso adivino.

Como la inteligencia de los dirigentes del PP da para poco (también la de los del PSOE, con alguna excepción, dicho sea de paso), nunca repararon en que, aparte de la reacción indignada ante sus falacias so­bre el 11-M, la gente estaba escarmentada y harta de la forma en que había gobernado Aznar durante su segunda legislatura, cuando contó con mayoría absoluta: a golpe de decreto-ley y de imposiciones, de no escuchar ni consultar a nadie, de despreciar a los demás partidos y por tanto a los ciudadanos que los habían votado (sumados, eran más de los que habían optado por el PP), de hacer oídos sordos al 90% de la población que se oponía a la Guerra de Irak, con las terribles y pre­visibles consecuencias que ésta iba a tener y de hecho tuvo y aún tiene… Ahora, con una mayoría absoluta aún más holgada, el PP y su Gobierno vuelven a juzgar que eso les da carta blanca, cuando la carta blanca no existe ni puede existir en democracia. Rajoy, con inusitada chulería, ha anunciado repetidas veces que “cada vier­nes, reformas; y el que viene, también: sin descanso”. Luego, en el colmo de la inconsecuencia, ha reconocido -por una parte- que su Gobierno está tomando decisiones que él dijo que no tomaría en la campaña para las elecciones, y ha afirmado -por otra- que se siente legitimado para tomar esas decisiones por el aval que los votantes le dieron en las urnas el pasado 20-N. O, en otras palabras: “Incumplo todas mis promesas porque la gente me otorgó su confianza en la creencia de que las cumpliría y para que las cumpliera”. No cabe mayor mentecatez, mayor absurdo. La realidad es la con­traria: Rajoy, al faltar sistemáticamente a su palabra en el plazo de pocos meses, ya ha deslegitimado las elecciones del 20- N, y su par­tido ha tenido ocasión de olérselo tras perder en favor de otras formaciones la Junta de Andalucía, que daba por conquistada antes de las autonómicas que allí se celebraron. A estas alturas es evi­dente que Rubalcaba acertaba en el debate televisado que mantu­vo con Rajoy en vísperas de las generales: “Usted tiene una agenda oculta, díganos cuál es”, le insistía, y Rajoy negaba. Claro que la tenía, se está viendo viernes tras viernes, y también el que viene.

Pero no es sólo eso. Los Gobiernos, por absolutísima que sea la mayoría que posean, nunca son el Estado, sino quienes lo tie­nen en préstamo (no en propiedad) y lo representan durante un periodo. Y hay elementos del Estado que no pueden cambiarse legítimamente, aunque quizá sí legalmente. Tal vez un Gobierno estaría facultado para vender al extranjero el Museo del Prado, pero sería inaceptable que lo hiciera. Del mismo o parecido modo, no puede privatizar ni desmante­lar lo que el conjunto de la ciudadanía considera irrenunciable: la sanidad, la educación y el transporte públicos, por ejemplo. Cada individuo cede parte de su soberanía y de su dinero en beneficio del todo, a condición de que ese todo, el Esta­do (más allá de cualquier Gobierno transitorio), me proteja y reconozca mis dere­chos. Si un Gobierno determinado me los recorta y me desprotege y me priva, y adelgaza, debilita o vacía de contenido el Estado, está actuando al margen de éste y rompiendo el contrato o pacto social que nos une y vincula a todos. “No hay otra posibi­lidad”, se defienden Rajoy y los suyos, y con ese cómodo argu­mento -no es ni argumento- fomentan el despido y envían al paro a más personas, dejan a los llamados “dependientes” sin ayuda, encarecen, deterioran y limitan la educación, imponen el copago farmacéutico y sanitario, torpedean el consumo y conde­nan al cierre a numerosos comercios, y así hacen saltar por los aires aquello por lo que todos estamos dispuestos a ceder parte de nuestra soberanía y de nuestro dinero, en pro del conjunto. Sí hay otra posibilidad, Rajoy elige siempre dónde recorta y dónde no, ya lo creo. Hay cosas que el individuo por sí solo no puede procurarse, pero sí el individuo formando parte del Estado. Si un Gobierno toma medidas, viernes tras viernes, que atentan contra la idea de Estado tal como la hemos aceptado o sobreentendido; si aplica una política de “sálvese sólo quien pueda, y el que no, que hubiera ganado más dinero antes”, entonces está quebran­do el pacto esencial y se deslegitima a sí mismo, por muchos vo­tos engañados que cosechara, en unas elecciones tuertas.

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aik
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Mensaje por aik » Mar Jun 05, 2012 12:24 pm

Gracias Grognard, por esta perla.

Marias escribió:Rajoy, al faltar sistemáticamente a su palabra en el plazo de pocos meses, ya ha deslegitimado las elecciones del 20- N,


Esto, aunque éticamente muy cierto, tiene alguna base legal?
Pregunto; por si alguien lo sabe.
Porque, aunque parece una obviedad, pudiera ser que a nadie se le halla ocurrido que el actual gobierno esté fuera de la ley.

No sé, no sé... :roll:
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Mensaje por grognard » Mar Jun 05, 2012 12:56 pm

sólo hay que aguantar y aguardar(...)

Confiar y esperar.

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Mensaje por Ada » Mar Jun 05, 2012 1:23 pm

¿No os da la impresión de estar viviendo dentro de una bomba y oir el tic tac de la cuenta atrás retumbando en la cabeza?
Las paredes cubiertas de libros ya no ocultan el tic tac
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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vetinari
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Mensaje por vetinari » Mar Jun 05, 2012 8:16 pm

Ada escribió:¿No os da la impresión de estar viviendo dentro de una bomba y oir el tic tac de la cuenta atrás retumbando en la cabeza?


Sí, exactamente.
"...Efialtes aparecerá finalmente,
y pasarán los persas" Cavafis
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"Freedom is just another word for nothing left to loose" Janis Joplin

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Mensaje por El_Curioso_Impertinente » Mar Jun 05, 2012 9:23 pm

aik escribió:Gracias Grognard, por esta perla.

Marias escribió:Rajoy, al faltar sistemáticamente a su palabra en el plazo de pocos meses, ya ha deslegitimado las elecciones del 20- N,


Esto, aunque éticamente muy cierto, tiene alguna base legal?
Pregunto; por si alguien lo sabe.
Porque, aunque parece una obviedad, pudiera ser que a nadie se le halla ocurrido que el actual gobierno esté fuera de la ley.

No sé, no sé... :roll:


En 1986 Lluís Llach denunció a Felipe González por incumplir su promesa electoral de sacar a España de la OTAN. Le admitieron la demanda a trámite (al juez no se le hizo la prueba del alcohol, pena) y luego se la tumbaron. Para mucha gente fue el hazmerreír, pero puso de manifiesto que un programa electoral no es un contrato. Ganadas las elecciones y hasta las próximas, un gobierno puede hacer impunemente lo contrario de lo que prometió :(
Todos los seres humanos cometen errores, pero algunos seres humanos cometen más errores que otros y a ésos se los llama "tontos" (Fray Guillermo de Baskerville).

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Victoria
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Mensaje por Victoria » Mié Jun 06, 2012 10:45 am

Ada escribió:¿No os da la impresión de estar viviendo dentro de una bomba y oir el tic tac de la cuenta atrás retumbando en la cabeza?
Las paredes cubiertas de libros ya no ocultan el tic tac


Sip. Es como estar oyéndolo y respirándolo permanentemente... la sensación de que si enciendes un mechero, como el aire está ya tan viciado, va a explotar. Como si no pudieras sacudirte la sensación de encima ni cuando duermes... :evil:
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

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