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Noticias, entrevistas, artículos y material diverso sobre Arturo Pérez-Reverte

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Dic 30, 2014 10:41 pm

Vicente Talón - facebook.com - 27/12/2014

No recuerdo que, al dar a conocer algunas de estas fotos en el diario 'Pueblo', se suscitase ningún revuelo. Habría comentarios, por supuesto, ya que la minifalda comenzaba a tomar cuerpo en España aunque las chicas, por lo general, la sacaban de casa escondida en el bolso y al llegar al guateque o a la discoteca iban al cuarteo de baño y se la ponían. Así que ver a "militaras", inexistentes en España, vestidas de un modo tan desahogado, causaba extrañeza. El asunto cambió cuando, en la revista 'Defensa', publicamos un reportaje sobre la mujer en las Fuerzas Armadas israelíes y le di varias de estas fotos a Arturo Pérez-Reverte, que era el redactor jefe, para ayudarle a ilustrarlo. Nos quedamos muy sorprendidos al ver la reacción: numerosas cartas pidiendo más detalles en torno a esta israelí de rasgos auténticamente "sabras". Arturo aprovechó las secciones 'Los lectores escriben' y ''Defensa' responde' para ir dándole salida a más fotos en base, por ejemplo, a que habíamos escrito que era una suboficial del Ejército de Tierra aunque en realidad, según nos aclararon los entendidos, era un cabo de la Marina, etc, etc. Las cartas siguieron llegando en tropel. Tal éxito tuvieron estas fotos, y aunque espaciadas se publicaron durante tanto tiempo, que a la chica le acabamos poniendo un nombre: Raquel. Aunque ese bautizo no apareció en letras de molde, sí fue tan comentado que un día en el que visitaba una unidad del Ejército de Tierra su jefe, un coronel, me dejó de una pieza al decir con toda naturalidad: "¿Es que ya no tenéis más fotos de Raquel?". También me pidieron copias, y una de ellas, que yo sepa, adornó uno de los camarotes de un submarino.

Fotos: https://www.facebook.com/Vicente.Talon. ... =3&theater

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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Ene 01, 2015 12:48 pm

Me encantan estas historias
Gracias por traerlo
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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Ada
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Mensaje por Ada » Lun Ene 05, 2015 1:16 pm

Rogorn escribió:'Perdona si te mato, amor', de Pérez-Reverte



No sólo el texto que es redondo, muy divertido, inteligente, bien hilado (y con guiños revertianos), sino también la escenografía, el montaje con los vídeos y las interpretaciones. Muy recomendable.
El día 8 hay un encuentro con el equipo artístico a las 22.30h
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Sab Ene 10, 2015 11:44 am

Carlota Pérez-Reverte: "Estoy luchando por salir adelante y llegar a fin de mes, como tantos jóvenes"
Beatriz Navazo - mujerhoy.com - 10/01/2015

Ella es el mejor ejemplo de que el talento, además de cultivarse, también se hereda. Eso sí, en vez de escribir novelas, se estrena en el teatro con 'Perdona si te mato, amor'.

Carlota Pérez-Reverte espera a la puerta, todavía cerrada, del restaurante. Hunde las manos en los bolsillos y zapatea contra la acera para espantar el frío. Ha llegado a la cita con tres cuartos de hora de adelanto ("por si había atasco, porque había huelga de Renfe, por si me perdía...") y ha entretenido la espera recorriendo las estrechas calles sombrías del centro de Madrid en una mañana posnavideña, despejada y helada. Soporta mal el frío y confiesa que añora la suavidad del clima de Cartagena, donde trabaja como arqueóloga subacuática. Pero siempre tiene un pie en Madrid, porque es aquí donde vive su familia (sí, es hija de Arturo Pérez-Reverte y junto a él firmó el primero de los libros de 'Alatriste') y sus perros. Y ahora, además, también está en Madrid 'Perdona si te mato, amor', la obra de teatro con la que se estrena como dramaturga. Una comedia policíaca que mezcla el humor con el misterio y donde nadie es lo que parece. Buscamos el calor de una taza de té para charlar sobre el humor, los nervios del estreno y el placer heredado de la escritura.

-Confiese: ¿Cuántas veces ha visto usted la función?
-Estuve en casi todos los ensayos y, desde que se estrenó, me habré perdido un par de representaciones.

-Nervios, miedo, excitación... ¿Qué se siente en el estreno?
-Estaba muy tranquila hasta que llegué al teatro y vi al público. Impresiona mucho, porque estás presenciando la reacción de la gente en el momento. En un drama, el clima que se tiene que generar es otro, y si el público está en silencio, está bien. Pero en una comedia como esta, en la que la intención es hacer reír, esperas cada frase, anticipas los momentos en los que buscas la carcajada. Y si el auditorio no se ríe, es un fracaso. Así que yo miraba hacia atrás, escrutaba las reacciones... Sí, pasé muchísimos nervios, pero de los buenos, de los de ilusión. Fue una experiencia muy bonita.

-¿Arrancar con comedia no es arriesgar?
-Sí, porque el humor es muy subjetivo. ¡Cuántas veces haces una gracia, no se ríe nadie, y a ti te parece graciosísimo! Así que estás muy expuesta. Afortunadamente, está funcionando muy bien, la gente se ríe y sale contenta. No puedo pedir más.

-¿Ha leído las críticas?
-Sí. Es bueno escuchar y conocer la opinión de la gente, pero luego uno tiene que saber discernir y quedarse con lo constructivo, con lo que ayuda a mejorar, sin dejar que te eche abajo una mala crítica. En general, han sido bastante buenas, no he leído ninguna que diga que la obra es mala. Además, creo que el mejor crítico es el público y, si asistes a las representaciones, sabes si la obra funciona, si los actores están bien, te das cuenta de qué parte flojea... La función está viva, así que hay partes que se pueden revisar y actualizar.

-¿De dónde nace su inquietud por la escritura?
-Yo soy historiadora y arqueóloga. En mi trabajo tengo que escribir con cierta frecuencia, pero son textos muy narrativos. Tenía ganas de hacer algo más creativo, con sentido del humor.

-Su trabajo parece apasionante. ¿En qué consiste?
-El verano pasado empezamos un proyecto que incluía la 'musealización' de un pequeño yacimiento subacuático. Estuvimos llevando buceadores a verlo, trabajando en la concienciación de que no hay que expoliar, tuvimos también una escuela con estudiantes que venían a aprender de manera teórica y práctica... Ahora estoy haciendo el doctorado.

-¿La escritura es, entonces, un plan B o una afición?
-Yo tengo mi vida profesional, lo que no significa que no haga de vez en cuando otras cosas. Escribí esta obra para divertirme, por gusto.

-¿Por qué una obra de teatro?
-Tenía muchas ganas de trabajar diálogos, que creo que es algo muy complicado, y hacerlo en tono de comedia. Quería recuperar el ambiente del cine negro y de las novelas policiacas, que me encantan. Y el teatro, aunque es un formato difícil, se reveló como el que mejor se adaptaba a todo eso que yo quería expresar.

-¿Cómo fue el proceso creativo?
-La idea de esta obra nació y fue creciendo en mi cabeza durante bastante tiempo con el referente de todo lo que he leído a lo largo de mi vida. Me encanta el teatro, la novela policiaca... Cuando ya tenía la idea armada, llegó la hora de sacarla fuera y pasé tres semanas escribiendo como una loca y luego un tiempo retocando.

-¿Era posible que siendo hija de quien es no amara la historia, el mar y la escritura?
-He tenido mucha suerte de que mis padres, los dos, hayan llenado mi biblioteca con libros muy interesantes, de que me hayan llevado a visitar museos, que me hayan hecho viajar, navegar y, por supuesto, amar la historia y la literatura, porque creo que es una forma maravillosa de disfrutar de la vida.

-¿Les pidió opinión?
-Obviamente, le enseñe la obra a mi padre, pero cuando ya estaba terminada. Y le gustó. Sería tonta si, teniendo en casa a un escritor, un académico y un padre con un criterio fantástico, no lo hubiera hecho. Pero también se la enseñé a mi madre, a mi novio, a mis amigos... a la gente que creo que es inteligente.

-¿Pesa mucho el apellido?
-No, en absoluto. Quizá tienes que estar un poco más mentalizada y preparada, porque sabes que van a mirar tu trabajo más a fondo, pero mi vida profesional transcurre por otro sendero y las incursiones que hago las hago por gusto. ¿Que la gente opinará más y estará más pendiente? Probablemente, pero no voy a dejar que eso me condicione; si no, no haría nada.

-¿Cómo definiría esta obra?
-Es una pieza cómica, pero salpicada con dardos a la corrupción, la burocracia, la educación...

-¿Era importante que entre el misterio y el humor se colara una pizca de crítica social?
-Yo no quería que fuera una obra amarga y que la gente saliera enfadada o con una sensación desagradable. El objetivo es que se rían, que pasen un buen rato... Así que, el espectador que quiera simplemente quedarse con lo superficial y divertido puede hacerlo, pero al que le apetezca algo más de hondura, también encontrará algunos elementos para la reflexión.

-¿El humor le parece catártico?
-Es una herramienta de salud emocional fundamental.

-En su texto hay algunas pistas, pero ¿qué le preocupa?
-Tengo 31 años y estoy en esa fase de la carrera profesional en la que estás luchando por salir adelante y llegar a fin de mes, como tantos jóvenes.

-En uno de los gags más celebrados de su obra alude a becarios con edad de jubilarse.
-He sido becaria mucho tiempo y sé bien de lo que hablo. La mía es una generación con una preparación muy buena, pero que no encuentra salidas. Tengo amigos con títulos, máster e idiomas que se han tenido que ir fuera. Otros tienen trabajos que son un desastre y contratos horribles. Ya lo digo en mi obra: el sueño español es el trabajo fijo.

-¿Es ese el suyo también?
-Yo, de mayor, quiero ser feliz. Poder seguir trabajando en lo que me gusta y que la gente a la que quiero esté bien.

-Su padre, que tanto se duele de la deficiente educación y de la ignorancia generalizada, ¿cómo la ayudó a esquivarlas?
-Mis padres, como los de cualquiera, intentaron darme lo que era mejor para mí, que en mi caso fue ponerme muchos libros en las estanterías, llevarme a museos y facilitarme herramientas para desenvolverme en el mundo. En 'Perdona si te mato, amor' hablo de la falta de la educación formal, que es muy importante, porque nos ayuda a convivir, y que es síntoma de una falta de educación más profunda, que quizá es algo que deberíamos trabajar todos para ser ciudadanos más completos. Si tuviera un hijo querría para él que no pasara hambre ni frío, que tuviera amigos, trabajo... ¿Y qué haces para eso? Hoy le das de comer, le pones un abrigo, miras con qué amigos sale... Pero, a largo plazo, lo que haces es educarle para que sea independiente, autosuficiente y tenga herramientas para desenvolverse en el mundo, y la cultura es una fundamental. Mis padres han hecho un trabajo estupendo.

-¿Cómo nos salva la cultura?
-Ahora hay una tendencia generalizada a entender que la cultura es ocio y, por tanto, algo accesorio. Pero es más que eso: es una educación global que te da herramientas para tener criterio, para ser independiente, para que no te engañen, para tomar decisiones y las riendas de tu destino.

-Y ahora que corre tanto peligro, ¿cómo la salvamos a ella?
-No lo sé. Cada uno hace lo que puede. Yo, desde mi campo que es la historia y la arqueología, intento concienciar.

-Sus recuerdos de infancia son recuerdos...
-De muchas historias de aventuras, de espadachines, relatos con mar, sobre todo. Los libros de Salgari, de Conrad, de Dumas...

-¿De qué se discute en torno a la mesa de los Pérez-Reverte?
-Lo normal: de lo que hemos hecho, de lo que vamos a hacer.

En su ópera prima se sedimenta el poso del teatro leído (Jardiel Poncela, Mihura y los clásicos); de novelas de Agatha Christie y Raymond Chandler; de cine clásico y series americanas de nuestros días; y hasta del juego del Cluedo. En un escenario que son cinco distintos, se entrecruzan los destinos rocambolescos de 10 personajes. Todo perfectamente orquestado bajo la batuta de Alberto Castrillo-Ferrer, el director, que logra mantener la tensión sin perder la comicidad de las situaciones, enlazar humor y acción e involucrar al espectador. “"Ha sabido llevar a las tres dimensiones la historia, no solo manteniendo su esencia sino, además, enriqueciendo cada escena"”, analiza la autora. En Naves del Español Matadero (teatroespanol.es).

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Ene 29, 2015 10:49 pm

Viaje al centro del universo Fontanarrosa
José Playo - lavoz.com.ar - 29/01/2015

Todo lo que ilustró o escribió Roberto Fontanarrosa acabó rozando la genialidad. A la manera de una ráfaga jocosa, el Negro siempre sorprendía, daba en la tecla, hacía volar las chapas del aburrimiento. Son pocas las ciudades que pueden jactarse de tener una figura cultural emblemática que los representa a nivel nacional e internacional. El caso de Rosario es paradigmático; su espíritu está intrínsecamente ligado a un escritor y dibujante que cambió la forma en que muchos lectores principiantes se relacionaron con la literatura, y esa figura acabó siendo embajadora de todo un país. Cuando el “Negro” falleció, el escritor Hernán Casciari resumió el sentimiento: “Nuestros ídolos suelen ir a ballotage; ganan nuestro corazón o lo pierden, pero siempre en segunda vuelta. Hasta anoche. Ayer, por fin, se nos ha muerto alguien por unanimidad”.

Una figura de estas características tiene bien merecida una biografía como la que el periodista Horacio Vargas le escribió en el libro 'El negro Fontanarrosa (La biografía)'. A poco de su publicación, la biografía del negro (en minúsculas, como firmaba él) lleva vendidos dos mil ejemplares en todo el país, y hay un pedido de Bolivia para editarlo en esas tierras, además de la expectativa de poder colocarlo en Colombia, México y España. “Las reseñas han sido muy buenas –dice Vargas–, no es común que entre los propios colegas te digan ‘qué bueno’. Me he puesto un poco vanidoso”, resume.

No fue fácil conseguir el material (de un valor incalculable, si se tiene en cuenta que un apéndice del libro alberga una nutrida compilación de fotos que cedió la familia, además de originales y primeros trabajos publicados, cuando no discursos desgrabados en distintas disertaciones a cargo de Fontanarrosa).

“Cuando me propusieron hacer el libro –cuenta Vargas– dije ‘si no tiene el apoyo de la familia, no’. Yo conocía a la primera mujer del negro y a Franco, su hijo, entonces no hubo problema. E incluso me asesoraron, tendrías que hablar con tal y me daban el teléfono. Y con Gabriela, su segunda mujer, nos conocimos y después hablamos varias veces y finalmente me dio el apoyo”.

Una de las cosas que quedaron pactadas fue no entrar en el escabroso terreno de las disputas legales que hubo en torno a la obra del escritor rosarino, y eso quedó deliberadamente afuera para no empañar el verdadero sentido del libro.

“Me tomó un año armarlo –dice Vargas–, la idea era sacarlo en noviembre, para los 70 años del negro, y llegamos justo. Un año de entrevistas, desgrabaciones y viajes, un año de reescritura, discusión de edición. El material fotográfico es casi inédito, casi otro libro, y la historia del negro es otra. Es como si fueran varios libros dentro de un libro, los anexos funcionan con autonomía y tienen su valor”, resume.

Entre el material se cuentan el primer dibujo en 'Clarín', el primer Inodoro Pereyra, el primer Boogie el aceitoso, las cartas manuscritas, la transcripción de las conferencias. Fontanarrosa tenía gran facilidad para improvisar y varias de sus charlas (la más emblemática es la del Congreso Internacional de la Lengua, donde su aporte fue una defensa de las malas palabras) están transcriptas y funcionan casi como un cuento.

Roberto Fontanarrosa acabó convertido en una atracción cultural y la gente recorría la ciudad en su búsqueda. Pero... “El desconocido lo veía y se encontraba con un tipo que era anti-Fontanarrosa –explica Vargas–: aburrido, mudo, a veces cagándose de risa con alguna acotación que hacían los amigos. La diferencia entre él y los mortales es la oreja y la mirada, que no la tenían los otros”.

El lector silvestre puso su nombre junto al de Soriano en el podio de la escritura popular. “Eran tipos que abordan el tema del fútbol con una originalidad que rompió con lo establecido por la academia –relata el biógrafo–. Incluso él se reía cuando le decían que ahora la academia lo aceptaba, y respondía ‘a mí la única academia que me interesa es Rosario Central’”.

Para tener una idea de esa pasión futbolística alcanza con la anécdota con Pérez Reverte en Rosario. Vargas lo relata así: “Pérez-Reverte va un miércoles a presentar un libro y al negro lo habían invitado tres meses antes a estar en la mesa con él y dijo que sí. Resulta que se cambia una fecha de un partido de Central, un partido absolutamente intrascendente que no resolvía nada, pero cuando el negro se entera, le dice a Pérez-Reverte 'mire, yo lo presento pero cinco minutos, después me tengo que ir a la cancha', y nadie le creyó. Pero resulta que lo presentó y a los cinco minutos, en un teatro lleno de gente, se excusó: 'lo lamento mucho pero ahí me vienen a buscar para ir a la cancha. Muchas gracias y los dejo con Pérez-Reverte, buenas noches'. La gente se empezó a reír y hasta Reverte lo aplaudió”, grafica Vargas.

Fontanarrosa publicó 15 libros de relatos, tres novelas y cinco historietas, entre las que se cuentan las emblemáticas 'Inodoro Pereyra' y 'Boogie el aceitoso'. Además existen 12 libros con recopilaciones de sus chistes sueltos. “Cuando le preguntaban qué era ser un escritor –rememora Vargas–, él decía que lo más importante es tener una historia para contar. Era un tipo muy amplio en sus registros, tuvo una biblioteca de la infancia que era de historietas. El negro decía que el oficio se aprende copiando. A fines de los ‘70, entra en la revista 'Boom' como ilustrador de las tapas con un dibujo tremendo en pleno “Rosariazo”y después pasa a ser jefe del suplemento de humor y ahí adquiere una especialización. Hay dibujos publicitarios de él que tienen una calidad fuera de serie. Y el punto clave de su crecimiento profesional es cuando empieza a colaborar en 'Hortensia'. Una revista popular, del interior, que llegó a vender 100 mil ejemplares. Ahí conoce a muchos colegas (entre ellos a Cristóbal Reynoso, alias Crist) y mete por primera vez a Boogie y a Inodoro”.

Genialidad para los diálogos y los remates, insuperable dominio del doble sentido y una escritura impecable –con eminente raíz humorística–, hicieron que el talento del negro se volviera un corcho en las aguas del amateurismo.

“Lo que generó la biografía a partir de las respuestas que estoy teniendo es esto que imaginé que iba a pasar –dice Vargas–, gente que te cuenta ‘yo estuve con Fontanarrosa, yo lo conocí, yo tengo algo de él’, anécdotas que van desde la del quiosquero que le vendía el diario hasta la de todos los que fueron en caravana al bar El Cairo a buscar su autógrafo. O de gente que tiene dibujos que el negro dio para centenares de revistas chicas sin cobrar un peso. Así era el tipo”, resume.

El periodista, sin dudas, ha rascado el recuerdo hasta la médula, convirtiendo una biografía en un aeropuerto para comenzar un viaje hacia su obra o para terminarlo. Como sea, el trabajo es inmenso y de gran calidad. “Para mí fue un placer enorme –confiesa–; no era un amigo de confianza pero trabajamos en algunos medios e hicimos algunas cosas juntos. Es un libro que me dio mucho placer”.

Vargas adelanta que a fines de marzo o a principios de abril el libro se presentará en Córdoba. “Estoy tratando de convencer a Crist para que me acompañe”, bromea.

Mientras tanto, la mesa de los galanes en el bar El Cairo de Rosario se sigue juntando todos los días, a pesar de la ausencia del amigo. Lejos de ser una inercia, el ritual es una muestra genuina de cariño.

Así son los lectores/amigos de Fontanarrosa, así de fuerte es el sentimiento de los que se acercan al negro a través de su obra. Entre todos celebramos que alguien se haya tomado la molestia de ponerlo por escrito.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Vie Feb 06, 2015 7:08 pm

Augusto Ferrer-Dalmau: "Me gustaría pintar a Don Pelayo en Covadonga"
Pablo Batalla Cueto - mas.asturias24.es - 06/02/2015

Hay una forma corta, una media y una larga de describir a Augusto Ferrer-Dalmau. La corta es decir, simplemente, que es un catalán muy español —así se describe él mismo—. La media es explicar que es pintor; que nació en Barcelona en 1964 en el seno de una familia vinculada a la burguesía textil; que es nieto de militar y un apasionado de todo lo castrense; que se declara apolítico aunque tenga ideas muy claras en materia de recentralización, y que sus cuadros, en los cuales retrata soldados, batallas, gestas y retaguardias de todas las guerras de la historia de España, le abrieron hace dos años la puerta de la muy prestigiosa International Society of War Artists, en la cual es el único artista europeo. La larga es esta entrevista en su estudio, colgado sobre la Plaza Mayor de Valladolid —donde vive desde hace un lustro después de decidir emular a su amigo Albert Boadella y autoexiliarse de Cataluña buscando un lugar cuya españolidad nadie pusiera en cuestión— y al entrar en el cual destaca, además de su nutrida colección de sables, el cuadro que está a punto de acabar y cuya exclusiva concede a 'Asturias 24': un galeón, el famoso 'Glorioso', que surca un mar cerúleo y se recorta contra el típico cielo ferrer-dalmauano, el mismo contra el cual combaten en otros cuadros soldados de los tercios de Flandes, regulares de Ceuta, requetés carlistas, divisionarios azules e incluso algún Don Quijote: un cielo de tonos pálidos y nubes evanescentes, tiznado de sutiles matices rosáceos y anaranjados, que revela la influencia que al principio de su carrera ejerció sobre Ferrer-Dalmau la obra de Modest Urgell.

-Empecemos por hablar de influencias. ¿Qué pintores le gustan? ¿A cuáles quiere parecerse? Lo comparan con Mariano Fortuny y Josep Cusachs.
-Sí, porque son los pintores de temática militar españoles más conocidos, pero a mí lo que me gusta realmente, y lo que me ha marcado, es la pintura francesa del siglo XIX: Édouard Detaille, Ernest Meissonier, Alphonse de Neuville, también el inglés Woodville… De ellos me gusta tanto su estilo pictórico como su forma de tratar el tema militar.

-También se ha hablado de la influencia que sobre usted ejerció Antonio López.
-Sí, sobre todo en mis comienzos, cuando hacía pintura urbanística, de la cual Antonio López es el gran referente. Antonio López ha marcado una época. A mí su trabajo, y sobre todo su famoso cuadro de la Gran Vía, me marcó mucho cuando lo descubrí, y eso, unido a que estaba harto del diseño textil, que era a lo que me dedicaba entonces, me impulsó a seguir su línea y a empezar a pintar rincones de Cataluña y de la ciudad de Barcelona.

-Ganó varios premios por aquellos primeros cuadros del Paseo de Gracia o la bahía de Cadaqués. ¿Qué le impulsó a dar el salto a la temática militar?
-El tema militar ya me atraía entonces, pero necesitaba, por un lado, hacerme un hueco en el recorrido de las galerías, y por otro adquirir confianza, antes de meterme en él. Así que empecé con cuadros más convencionales de paisajes, siguiendo un poco la línea de Modest Urgell: pinturas de atardeceres un poco desoladoras, con cipreses y demás. La primera exposición que hice fue de cementerios, con cuadros un poco tétricos, pero funcionó perfectamente y me animó a seguir metido en el mundo del paisaje y especialmente en el de la marina. También empecé a hacer esos cuadros de paisajes urbanos de Barcelona y Madrid, pero un día, en una exposición de ellos que hice en la galería Arcadia de Madrid, incluí a modo de nota un cuadro militar, de un jinete. Resultó ser la estrella de la exposición, y fue entonces cuando me dije: “Ésta es la mía, ahora o nunca”. Le dije a mi marchante que quería hacer una exposición de tema militar, el marchante me dijo “tú mismo”, la hicimos al poco tiempo y tuvo mucho éxito.

-Suele ser alabado como gran pintor de caballos. Es casi su animal totémico.
-Sí, es la columna vertebral de mi pintura, porque es un animal que, además de que siempre me ha gustado muchísimo, era una pieza fundamental de cualquier ejército: movía carros, tropas, soldados… Además, estéticamente es muy poderoso; embellece cualquier cuadro. Sin embargo se ha pintado poco: sí generales a caballo, por una cuestión propagandística, pero no la caballería en sí. Siempre se ha pintado más la infantería, quizá porque el caballo es de las cosas más difíciles de pintar. Yo conozco bien al animal, porque me interesa y porque lo he montado bastante, y por eso no me resulta complicado.

-¿Los pinta de memoria, o toma modelos?
-En gran parte los pinto ya de memoria, pero tengo un gran archivo de fotografías y de apuntes que tomo en picaderos.

-Otro animal casi omnipresente en sus cuadros es el perro. De hecho, uno, el que pintó en 'Rocroi, el último tercio', fue el que lo hizo famoso gracias a un artículo de Arturo Pérez-Reverte.
-Es que el perrillo es un animal que ha acompañado siempre a las tropas; a todos los ejércitos, de cualquier época. Incluso hoy: en cualquier cuartel que uno visite siempre hay un perro en algún lado. Hace compañía, vigila cuando la soldadesca duerme y da la alerta de cualquier peligro, desde animales hasta soldados enemigos.

-Hablemos de algunos de sus cuadros. Me gustaría empezar por 'Agustina de Aragón', un cuadro singular porque a Agustina se la suele representar enfervorizada en el fragor del combate y llamando a los zaragozanos a luchar mientras dispara su cañón, pero en su cuadro aparece serena, concentrada y, sobre todo, muy joven, casi una niña.
-¡Es que Agustina de Aragón era muy joven! Tenía sólo 22 años, y es cierto: en las películas siempre nos la han caracterizado así, muy guerrera, gritando al pie del cañón. Yo preferí buscar una Agustina más joven, más agraciada quizás, y serena en el combate, que es como yo me la imagino.

-¿La escena tal como aparece en el cuadro es exclusivamente producto de su imaginación, o está documentada de alguna manera?
-No, fue imaginación. Pinté a la chica así porque me gustaba la cara, y la situación, la disposición de los muertos, el humo, etcétera, es imaginación mía.

-Dedicó aquel cuadro “a las mujeres españolas, ahora más que nunca”. ¿Por qué entonces más que nunca?
-Se lo dediqué a la mujer española porque su función en el Ejército y en la guerra está bastante olvidada, pero es fundamental. Son las madres, las esposas y las hijas de los soldados, y su apoyo, su cercanía, su recuerdo, es fundamental para ellos. Lo sé de primera mano, porque mi madre era hija de militar: un soldado no puede ir a una misión tranquilo y seguro si no tiene el apoyo de una mujer. Sobre todo el de una madre: en nuestra cultura, la madre, la figura de la madre, es muy importante. Cuando un soldado está muriéndose, a quien escribe es a su madre, no a su padre ni a su abuelo. Por eso siempre he pensado que las mujeres son la columna vertebral del Ejército español. Hoy combaten ellas mismas como soldadas, pero antes de que lo hicieran su papel ya era clave.

-Se habla mucho de la importancia de las mujeres en las retaguardias: son quienes sostienen la economía mientras los hombres luchan.
-Sí. Sostienen la casa en particular y la nación en general. Es más: creo que las mujeres son mucho más patriotas que los hombres.

-También hay numerosos estudios sobre la importancia que las mujeres en tanto madres han tenido siempre como correas de transmisión, a través de la educación que dan a sus hijos, de los valores y principios de cualquier movimiento religioso o político, desde el carlismo hasta el republicanismo.
-Sí, sí. Detrás de un patriota, sea de la ideología que sea, siempre hay una madre que también lo era. ¡Seguro! Mi propio caso es un ejemplo de ello: mi amor por lo militar y mi patriotismo se los debo a mi madre. Mi madre me leía libros, me contaba historias de soldados, veía películas de guerra conmigo… Los españoles somos muy maternos. Yo siempre digo que España no es un patriarcado, sino un matriarcado.

-Hablemos un poco de su familia. Según Wikipedia, “nació en el seno de una familia de la burguesía catalana”. ¿De qué burguesía? ¿A qué se dedicaban sus antepasados?
-Al sector textil, desde hace siglos. La típica burguesía catalana de toda la vida.

-¿Toda su familia es catalana?
-Por parte de padre, sí. Por parte de madre no, porque como militares que eran se movían de un sitio a otro.

-¿Nunca se le pasó por la cabeza seguir esa estela familiar y ser militar usted mismo?
-Me hubiese gustado muchísimo, y lo intenté, pero no hubo manera. Estuve preparándome un año para entrar en la Academia, pero las pruebas eran durísimas. Exigen un nivel altísimo, que ahora han aumentado incluso más, tanto en lo físico como en lo teórico. Se exigen, por ejemplo, conocimientos avanzados de matemáticas, que es algo en lo que yo siempre he sido malísimo. Es difícil ser militar hoy. Yo no hubiese sido un buen militar, porque soy un poco desobediente, pero de todas formas me cambiaría ahora mismo por cualquier militar de cualquier sitio con los ojos cerrados. Es una de las cosas que más me hubieran gustado ser en la vida.

-Otro de sus cuadros famosos es 'El último de Gibraltar'. En él retrata al último gobernador español del Peñón, Diego de Salinas.
-Diego de Salinas es un personaje al que la historia ha tratado mal, porque fue un gran soldado, que empezó desde abajo, en los Tercios, y llegó a donde llegó a golpe de espada. Efectivamente, fue el último gobernador español de Gibraltar. Lo fue hasta la toma del Peñón por una flota angloholandesa en 1704, cuando Salinas, después de aguantar sin medios y sin refuerzos el asedio durante días, se vio obligado a rendir la plaza presionado por las familias que vivían en el Peñón, que tenían miedo de que sus mujeres e hijos, que huían hacia Punta Europa, fueran interceptados por los ingleses. En España no estamos acostumbrados a rendir plazas, y quizás por eso no hayamos perdonado a Salinas y le hayamos olvidado. Pero fue un gran militar.

-Salinas no mira al Peñón, que se recorta contra un cielo atardecido detrás de él, sino al mar. ¿Por qué? ¿En qué esta pensando?
-Me pareció una escena bucólica: tanto el mar como el atardecer representan una idea de final.

-Al mirar el cuadro, la vista salta rápidamente de Salinas al Peñón, que aparece verdaderamente hermoso, virgen de elementos humanos y con la luz del atardecer coloreando las zonas de roca desnuda.
-El Peñón está reconstruido tal y como debía de ser en aquella época: vacío, porque estaba vacío. Apenas había nada: sólo vegetación.

-¿Cuál debe ser, a su juicio, la estrategia española para recuperar el Peñón? ¿La verja de Franco, el apretón de manos de Moratinos o un punto intermedio entre ambos extremos?
-Yo no creo que Gibraltar se recupere nunca. Lo veo muy difícil. Primero, porque los habitantes del Peñón no quieren ser españoles. Quieren seguir siendo ingleses, y si quieren seguir siendo ingleses lo que no se puede hacer es obligarlos a ser españoles. Si quisieran ser españoles, pues bueno, podríamos intentar liberarlos por medios diplomáticos. Pero no es el caso. Ojalá lo fuera, pero no lo es. Los gibraltareños están muy bien siendo ingleses, los ingleses no están por la labor de darnos el Peñón y yo no sé ni si el Peñón sigue siendo estratégicamente interesante. Es simplemente una cuestión simbólica, así que no tiene sentido hacerse mala sangre. En su momento no fuimos capaces de defender Gibraltar, después no fuimos capaces de recuperarlo y hoy no tiene sentido romper relaciones diplomáticas o entrar en un conflicto con Inglaterra por un peñón. También perdimos Cuba y Filipinas y otras muchas colonias y no por ello nos vamos a poner ahora a reclamarlas.

-'El último de Gibraltar' recuerda a otro cuadro suyo, 'Morella en la lejanía', que también forma parte de algo muy literario: la melancolía de la derrota. Uno se acuerda de Boabdil llorando al abandonar Granada, de Rafael Alberti soñando desde el exilio con volver a entrar en la propia Granada o de Pablo Milanés cantando “Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentada”.
-Sí, sí. He pintado varios cuadros en esa línea: 'El regreso a casa', por ejemplo, en el que los carlistas vuelven a casa con los sables colgados de los caballos después de ser derrotados. Me gusta mucho esa sensación melancólica, amarga, de la derrota digna. El soldado no sólo es guerra, sino también sentimiento, y ese tipo de escenas lo transmiten muy bien.

-Su obra rompe con la deshumanización propia de la pintura militar, en la que se suele preferir el gran angular abarcador de todo el campo de batalla al teleobjetivo dirigido a los rostros de los soldados.
-Sí, ése es mi propósito: mostrar que el soldado no sólo lucha, no solo mata, sino que es un ser humano con sentimientos. También tengo cuadros de despedidas de madres y esposas a los soldados antes del combate. Todo, las marchas, los campamentos, las propias batallas, los regresos a casa, unos como victoriosos y otros como derrotados, es parte del mundo militar.

-Otro de sus cuadros famosos es 'El Camino Español'. En él, un niño ofrece un vaso a un jinete que forma parte de una amplia expedición española. ¿En qué punto del famoso Camino se imagina la escena?
-Por el paisaje, me lo imagino en la frontera con Francia. No es un paisaje holandés. De todas formas, podría ser cualquier parte del Camino. Mi idea es que acaban de pasar por una ciudad, o están llegando a una ciudad, y los han puesto un poco más en orden, con las picas al hombro y con más formación. Cuando dejaban atrás las ciudades, los soldados solían relajarse y guardar las picas en los carros, pero al pasar cerca de una iban más ordenados, porque la gente se agrupaba a la vera del camino para verlos pasar y hacer negocio con ellos, como ese niño que vende, o le da, aguardiente al jinete.

-¿Es históricamente verosímil la escena? Cuesta imaginarse a la población de cualquier sitio entusiasmada con el paso constante de un ejército por sus tierras.
-Hombre, había negocio. No estamos hablando de países en guerra con España, sino de territorios españoles o aliados con España. No había saqueos: de hecho, se controlaba mucho que así fuese. Y cuando la soldadesca pasaba por las ciudades era el momento de hacer negocio: vender, comprar, cambiar… Siempre ha sido así. El Camino Español no era útil sólo para los Tercios, sino también para la población. Había que alimentar a toda esa tropa.

-¿En qué momento de los doscientos años que duró el Camino Español se imagina la escena?
-El tercio que aparece en el cuadro es el mismo que aparece en 'Rocroi, el último tercio': las mismas gentes, las mismas banderas… Mi idea era representar el antes y el después de un tercio: cómo llegaban a la batalla y cómo acababan. El antes y el después.

-Otro de sus mejores cuadros es 'Mi bandera', donde muestra a un granadero de la batalla del Cabo de San Vicente agarrando una enorme bandera rojigualda sobre un lecho de muertos con gesto desafiante y, discúlpeme, un brillo de enajenación en los ojos. ¿Hace falta estar un poco loco, o un mucho, para ser militar?
-No, a ver, lo que pasa es que el soldado español es valiente. Es muy valiente. Yo conozco muchos ejércitos y creo que los españoles son los más valientes que hay. Los españoles aguantamos mucho, pero hay un punto en el que se nos va la bola, ese momento en el que decimos “a tomar viento, hasta aquí hemos llegao”; en el que decimos “de aquí no salgo”, ya estamos dispuestos a morir y no nos importa nada. Es el momento en el que nos salta la vena patriótica, agarramos la bandera, nos emocionamos y decimos “venid a por mí, aquí estoy”. Todos los compañeros del granadero del cuadro estaban muertos, pero su cometido era defender la bandera, porque para eso era granadero, y estaba dispuesto a morir cumpliendo su deber. Luego pasó lo que pasó: le dieron por todos lados, lo dieron por muerto…

-¿Es un personaje real?
-Sí, es Martín Álvarez, un granadero de infantería. Combatió, defendió la bandera, mató a varios ingleses e incluso atravesó a un oficial con una espada y lo dejó clavado en el palo de un barco. Le dispararon y lo dieron por muerto, pero después vieron que estaba vivo y Nelson mandó que lo curasen y le dieran honores por haber defendido la bandera cuando ya no quedaba nadie. No sé por qué, pero los españoles tenemos ese puntillo. Yo siempre he dicho que todos los españoles son valientes.

-¿Todos, todos?
-Todos. Lo llevamos en la raza.

-Somos una raza de razas: celtas, iberos, fenicios, romanos, godos… "Raza" no es un término muy popular…
-Cierto, pero yo la palabra "raza" la entiendo en el sentido de que estamos formados por muchas razas, por una mezcla de razas: celtas, iberos, fenicios, romanos, godos… Tenemos de todo.

-Una raza de razas.
-Exacto, ésa es la frase. Una raza de razas. Muy bien dicho. Me gusta, sí (risas).

-De los españoles siempre se ha dicho que somos muy de arranques, de venadas, pero que resistimos poco.
-Pues yo lo veo exactamente al revés. El español es un tío que resiste un huevo. Aguantamos mucho, pero llega un momento en que decimos "hasta aquí". Y no sólo en el ataque. Atacar puede cualquiera, pero defender cuando todo está perdido no es muy corriente, y es algo muy de los españoles. Igual que tener esperanza y luchar cuando todo está perdido. Todavía recuerdo el 12-1 contra Malta. Había que meter doce goles, algo imposible. Sólo lo podía hacer un español, o un grupo de españoles. Y se hizo. Hacer lo imposible es nuestro trabajo. Va en nuestra forma de ser, en nuestra esencia. No hay más que ver los Últimos de Filipinas, Rocroi, Cartagena, Numancia… Incluso la División Azul, que hacía proezas que sorprendían a los alemanes. Los alemanes se preguntaban cómo gente del sur de Europa podía soportar temperaturas tan gélidas, de hasta cincuenta grados bajo cero. Las soportábamos —y no sólo la gente de la meseta, sino también batallones en los que todos los soldados eran andaluces— porque somos así: un pueblo muy valiente.

-Tengo la idea de haber leído alguna vez que a los nazis les horrorizaba la brutalidad de los españoles.
-No era brutalidad, era valentía. El español nunca ha sido cruel con los prisioneros. No está en nuestra forma de ser. Es más, creo que el español siente cierta lástima hacia los prisioneros. Se hace amigo de ellos. Existe la famosa Leyenda Negra sobre la conquista de América y los Tercios, pero es más leyenda que otra cosa. Nosotros no aniquilamos a los indios americanos, sino que nos fusionamos con ellos, creamos el mestizo. Norteamérica es todo lo contrario: allí, indios quedan muy pocos. Las poblaciones que han entrado en contacto con españoles siempre se han quedado con un buen recuerdo de nosotros. Sigue siendo así: yo he estado en Afganistán y he comprobado que la población afgana, que es difícil, quiere a los soldados españoles. Sucedía lo mismo en Bosnia. La población se vuelca, porque el español convive con ella. Los soldados españoles no luchan contra civiles, sino contra otros soldados. No oprimen, sino que hacen suya a la población civil. Yo he leído anécdotas relacionadas con la campaña de Rusia de cómo lloraban los rusos cuando se marchaban los españoles. Muchos, de hecho, se casaron con rusas a las que se trajeron a España. Nosotros no fuimos allá a matar al pueblo ruso.

-Lo cierto es que España ha participado en más guerras civiles que guerras internacionales.
-Sí. Decía Bismarck: "España es el país más fuerte del mundo, porque lleva siglos intentando autodestruirse y no lo ha conseguido". El peor enemigo del pueblo español es el propio pueblo español, nosotros mismos. Cuando no tenemos con quien pelear, nos peleamos con nosotros mismos. Somos unos cafres, es cierto.

-Volvamos a sus cuadros. El más famoso es 'Rocroi, el último tercio'. Las lanzas de los soldados remiten inevitablemente a 'La rendición de Breda', de Velázquez. Si en el cuadro de Velázquez, que representa un momento de auge del imperio español, las lanzas aparecen erguidas y paralelas, en el suyo, que representa el final de la hegemonía española en Europa, se muestran desordenadas. ¿Es una conexión, una alegoría, consciente?
-Sí, sí, ésa es la idea: representar la otra cara de la moneda. La paz y la guerra; las lanzas rectas y victoriosas frente al palilleo de lanzas desafiantes que se mueven porque es el momento final de la batalla.

-En sus cuadros casi nunca aparecen personajes históricos reales.
-No, pinto más a la soldadesca. Se han pintado ya demasiados generales. El museo está lleno de ellos, pero vacío de soldados. A mí me gusta pintarlos a ellos, y pintarlos tal y como eran, metiéndome un poco en la fisonomía de la época: las barbas, los bigotes, las modas… Si en la época del cuadro no se estilaban las barbas, y se estilaban en cambio las perillas, pongo perillas. Y pongo a los soldados sucios, destartalados, mal uniformados, que es como iban a la guerra. Los cuadros de batallas los encargaban los generales para ensalzar sus victorias, y en ellos los soldados aparecen perfectamente limpios y ordenados, pero la realidad era lo contrario. Yo he sido militar, y lo he sido a finales del siglo XX, y sé como íbamos: cada uno de su padre y de su madre. ¡Y éramos un ejército moderno! Pues imagínate en la época de los Tercios.

-El más singular de sus cuadros es su 'Quijote carlista', que muestra a Quijote ataviado con una boina roja y seguido por Sancho. ¿Fue un simple divertimento, o hay una historia más larga detrás de esa obra?
-Es un cuadro con mensaje. El carlismo no deja de ser un quijotismo, una ideología muy quijotesca. Y mi cuadro representa eso, lo quijotes que son los carlistas. Siguen siéndolo.

-Alguno queda todavía.
-Sí, siguen siendo los quijotes de esta España del siglo XXI. A mí el carlismo me interesa mucho, porque en mi familia ha habido carlistas desde siempre, desde la primera guerra carlista.

-En el cuadro, Don Quijote lleva una bandera rojigualda. ¿No es un error? ¿No debería llevar una con las aspas de San Andrés?
-Durante la tercera guerra carlista, la caballería carlista llevaba la misma bandera que los liberales. De hecho, todas las banderas carlistas de la tercera guerra eran rojigualdas, salvo el escudo o unidades que representaban. Hasta el uniforme era muy parecido al liberal. El símbolo identitario era la boina.

-¿Qué le parece la conversión al socialismo que el carlismo vivió a partir de los años sesenta?
-Bueno, ésa es sólo una de las muchas ramas que tiene el carlismo o que derivan del carlismo. Hay, incluso, carlistas nacionalistas vascos.

-Los carlistas fueron, de algún modo, los derrotados de los vencedores en 1939.
-Sí, se sintieron defraudados. Ellos no combatían por una determinada ideología, pero no por una dictadura, y por eso cuando acabó la guerra civil muchos no aceptaron la derrota y pasaron a ser antifranquistas y a dividirse en numerosas ramas. Unos se hicieron socialistas, otros nacionalistas… De hecho, el carlismo fue la cuna del nacionalismo. El padre de Arzalluz, por ejemplo, era requeté. Pero esa vinculación al nacionalismo viene ya del siglo XIX, después de la derrota en la tercera guerra carlista.

-¿Se siente carlista usted mismo?
-En lo tradicionalista sí, pero por lo demás yo lo que me siento es muy español y muy apolítico. Cada día más apolítico y cada día más español, más patriota. Creo en el pueblo español más que en los políticos.

-Ha pintado varios quijotes, no sólo aquél. También pintó un hermoso 'Don Quijote en la playa de Barcino'. ¿Por qué en Barcelona? ¿Motivos sentimentales, estéticos o políticos?
-Es uno de los cuadros más bonitos que he pintado. Fue un encargo de un señor que me gustó mucho, porque me hizo gracia. Yo no conocía esa parte de 'El Quijote', y poder pintar al Quijote en la playa de la que no deja de ser mi ciudad, con Montjuïc de fondo, me hizo mucha ilusión.

-Otro cuadro por el que lo han alabado mucho es 'Regimiento Asturias, sangre española'. En él llama mucho la atención el blanco de las casacas de los soldados en plena carga unido al de las banderas de San Andrés que enarbolan.
-Es un cuadro muy bonito, sí. Fue un encargo del propio Regimiento Asturias, que está en Madrid y es uno de los más antiguos de España, si no el más. Fue creado a finales del siglo XVI por Felipe IV y sigue existiendo. En la campaña del Rosellón lo llamaban El Cangrejo porque jamás le dio la espalda al enemigo en ninguna de las retiradas que se vio obligado a hacer. Tiene una larguísima historia militar: ésta es sólo una de las numerosas guerras en las cuales participó. Y sí, el blanco da mucha fuerza al cuadro, se recorta contra el fondo más oscuro. Hace ya años que pinté ese cuadro, y lo pinté con un estilo algo diferente al que sigo actualmente: es una pintura más suelta, con trazos más gruesos. Pero tiene mucha fuerza, mucho movimiento.

-El paradigma de cuadro con fuerza y movimiento de cuantos ha pintado es 'La carga de Zumalacárregui'. En él, la disposición de los jinetes y las líneas de agua que entreveran el suelo embarrado transmiten la sensación de que los soldados van a salir del cuadro y atropellarlo a uno de un momento a otro.
-He hecho varias cargas. Ésa es una de lanceros de Navarra. Zumalacárregui, el gran general carlista, impuso en la primera guerra carlista el uso de la lanza dentro de la caballería, porque era un arma muy barata. Se podía armar a los caballeros con un palo y una punta de hierro. De hecho, las grandes victorias de los carlistas en la primera guerra fueron de lanceros, porque las lanzas hacían estragos en coraceros y cazadores que iban con un mosquetón de un solo disparo o con una espada. El éxito de la idea llevó al propio ejército liberal a recuperar también la lanza. En general, las guerras carlistas fueron guerras de caballería de lanceros.

-Zumalacárregui es un personaje muy interesante.
-Fue un gran guerrero, el gran héroe del bando carlista junto con Cabrera. Llevaba prácticamente todo el frente norte, y su muerte en el sitio de Bilbao fue un gran mazazo para los carlistas.

-En todos o en al menos muchos de sus cuadros el cielo aparece teñido de los tonos rosáceos y anaranjados propios del amanecer y del atardecer. ¿Es casualidad, o responde a un determinado simbolismo o propósito estético?
-Esos cielos de colores desvaídos y esos atardeceres son algo muy propio de la pintura catalana. En los cuadros de Urgell o de Casas nunca verás esos cielos azules y resplandecientes que son quizá más propios del sur, ni la luz y el colorido de la pintura valenciana. Los propios colores de la pintura catalana son, en general, más terrosos, menos brillantes. Cuando yo pinto el mar, no pinto un mar azul brillante, sino uno de un azul más oscuro, más apagado. Pintar así da un aspecto más bonito, más romántico, a las escenas. Por otra parte, yo no me imagino una guerra bajo el azul del cielo: la pólvora, los cañonazos, nublan el cielo. La pólvora de aquella época era negra, y un simple disparo generaba una humareda impresionante, así que imagínate cientos de miles de disparos. Todo quedaba nublado en un momento. Incluso en las guerras de ahora después de doscientos disparos ya no se ve nada. Las guerras son humo y confusión. Además, el humo es una herramienta muy útil para jugar con las figuras, para recortarlas o resaltarlas.

-¿Qué fase es más larga, pintar un cuadro o documentarse para hacerlo?
-La escena previa, que a veces dura semanas. Ahora mismo, de hecho, me tengo que meter con un cuadro importante de los Tercios y estoy enfrascado en todo el planteamiento: qué figuras represento, cómo las dibujo, etcétera. Una vez he consultado toda la documentación y he decidido el planteamiento del cuadro, pintar es rápido, casi una labor mecánica.

-¿Cuánto se tarda globalmente en pintar un cuadro?
-Depende. Si es una figura, un apunte, un caballo, una semana. Si me meto en un cuadro más grande y ambicioso, meses. Mi pintura es una pintura lenta, lo que pasa es que le dedico diez horas diarias, fines de semanas incluidos. Yo no tengo una vida social. Prácticamente no salgo a la calle; sólo salgo cuando tengo cosas de trabajo: visitar una exposición, presentar algo, buscar documentación… Si no, viviría encerrado. Es el precio que estoy pagando. Todo gira en torno a mi trabajo.

-¿Pinta los cuadros de uno en uno, o pinta varios a la vez?
-Pinto varios. De hecho, me viene bien que sea así. Cuando salto de un cuadro al otro, giro el primero unos días para no verlo y poder ver fallos cuando le dé la vuelta de nuevo. Si no, no soy capaz de detectar los fallos. Otra forma de detectarlos es usar el espejo para invertir el cuadro y verlo desde otro ángulo.

-Los cuadros que pinta, ¿los pinta por iniciativa propia, o por encargo?
-Todos son encargos. Lo que pasa es que en muchos casos el encargo es “pinta lo que quieras”. Y en otros muchos me dan simplemente un tema general, una guerra o una época, y yo decido qué escena concreta pintar. Los cuadros en los que me encargan que pinte lo que quiera son siempre los más bonitos. Pero todos son por encargo.

-¿Cuánto cobra por encargo?
-Todo eso lo llevan mis marchantes. Va en función de la dificultad. Cuando me encargan un cuadro muy complicado, dejo dicho que debe ser más caro, porque me va a llevar más tiempo; si es más sencillo, les pido que no lo cobren muy caro. No sé, varía mucho.

-¿Pinta todos los encargos que le hacen, o rechaza algunos?
-Rechazo muchos, y hay cosas que jamás pintaré: jamás en la vida pintaré a un nacionalista catalán o vasco matando a un español, por ejemplo. Tampoco acepto los encargos demasiado encorsetados, en los que me dicen con demasiado detalle qué debo pintar: necesito que haya una parte de invención, de creación mía. Ah, y otros cuadros de los que huyo son los de la guerra civil española.

-Sin embargo, ha pintado alguno. Todos, por cierto, del bando nacional.
-He pintado alguno para algún amigo, pero todo lo que sea guerra civil intento aparcarlo, porque es un tema muy politizado. Me gustaría pintar soldados de los dos bandos, porque todos fueron valientes, tanto los de un bando como los de otro, y sobre todo la infantería. Arturo [Pérez-Reverte] siempre me dice: “Augusto, joder, pinta la guerra civil, pinta al bando republicano”. Pero yo le contesto: “Arturo, la gente no va a ver el cuadro de un soldado valiente, sino que va a identificarte con una ideología determinada o te va a decir esto y lo otro”. La guerra civil está muy reciente todavía, y la gente no acaba de enterrarla. Yo puedo pintar las guerras carlistas, que fueron tres guerras muy cruentas, muy duras y muy largas, y nadie me identifica por ello con un bando u otro. Pintas a un soldado carlista o a un soldado liberal y la gente lo ve simplemente bonito. Pero mañana pinto a unos republicanos cruzando el Ebro y molestaré a unos, y pinto a unos nacionales tomando una posición republicana y los otros dirán que ya está el facha de Ferrer-Dalmau pintando tal y cual. Hasta que la gente no entierre definitivamente la guerra civil yo seguiré huyendo de esta temática.

-¿No sería precisamente una forma de despolitizar el recuerdo de la guerra civil pintar cuadros de los dos bandos?
-No, no, no. Me encasillarían igual, crearía polémica igual. La gente sigue hablando de la guerra civil como si hubiese sido ayer, aunque haya pasado ya casi un siglo y no quede ya casi gente que lo viviera. La gente que queda son señores muy mayores. Estamos hablando de algo muy lejano, pero que no se acaba de enterrar porque tenemos a la prensa hablando de ello todo el santo día, la memoria histórica famosa, gente desenterrando cadáveres de un lado y del otro… Y yo no quiero entrar en ese juego. Me niego a pintar la guerra civil, a pintar un soldado de la CNT o a un falangista en primer plano, mientras se siga utilizando la guerra como un arma política.

-Pero, insisto, ha pintado por ejemplo un cuadro —por otra parte soberbio— de la batalla de Belchite, con unos nacionales de los que no cabe duda que lo son, porque tienen una bandera rojigualda.
-Sí, pero es una excepción. Ese cuadro está en una sala histórica, y lo pinté porque me gustó el tema desde el punto de vista estrictamente militar: una pieza de artillería que aguantó muchos combates. El lugar de la escena es Belchite como podría ser cualquier otro, y la guerra es la civil como podría ser cualquier otra. La bandera la puse un poco disimulada, y es cierto que Belchite se ve detrás, pero intenté que no fuera demasiado identificable.

-También ha pintado cuadros de la División Azul, un tema no menos politizado que la guerra civil.
-No, la División Azul no está politizada, o al menos yo lo creo así. A la División Azul siempre se le ha visto más la dimensión romántica y heroica: Rusia, la nieve, 50 ó 60 grados bajo cero, españoles luchando y haciendo machadas en la otra punta del mundo… Nosotros no fuimos allí a luchar contra los Aliados, sino más bien por consideraciones político-estratégicas —el alemán era un ejército victorioso y que arrasaba Europa en aquel momento— y a demostrar a los alemanes y a los rusos que España no era un país cualquiera, que los españoles aguantaban lo que no aguantaba nadie. En aquel momento existía el Plan Félix de invasión de España por los alemanes para alcanzar Gibraltar. Y nosotros fuimos a Rusia a luchar contra una ideología pero también a demostrarles a los alemanes que cuidado con los españoles, que España era un país al que no se le podía. Mis dos cuadros de la División Azul están dedicados a la batalla del Voljov, donde los españoles dimos el do de pecho. Aguantar la cabeza de puente mientras los alemanes se retiraban fue una machada nuestra, que hizo que los rusos pensaran “cuidado con los españoles”. Y además es la segunda guerra mundial, que es un tema bonito, que gusta, que es muy cinematográfico. Y entre los españoles que lucharon en la División Azul había de todo: desde falangistas hasta soldados que estaban allí por necesidad, porque se cobraba un buen sueldo en un momento en el que en España había mucha miseria. Hubo incluso republicanos perseguidos a los que se concedían privilegios a cambio de ir a Rusia. Por eso yo no tengo ningún problema en pintar a la División Azul. No fue una guerra civil, sino una de nuestras muchas guerras fuera.

-¿Qué hay de la División Leclerc? ¿No podría pintar, con esos mismos argumentos, a los republicanos españoles que liberaron París?
-Por supuesto, no descarto pintar a la División Leclerc entrando en París. Sería un cuadro muy bonito. De hecho es algo que hay que decir alto y claro: fuimos los españoles quienes liberamos París derramando mucha sangre. No importa su ideología: lo mismo los que pilotaban un IL-2 en los cielos de Rusia que los que lucharon en Francia eran españoles con mayúsculas y derrocharon valor y coraje.

-Si no existiese esa hipersensibilidad hacia el tema de la guerra civil, ¿qué gestas del bando republicano le gustaría pintar?
-Hombre, me gustaría pintar a los republicanos cruzando el Ebro con la bandera enrollada encima del hombro y los surtidores de fuego. Ahí los dos bandos demostraron valentía a raudales. Los republicanos eran españoles también, también luchaban por España. Los dos bandos fueron igual de valientes, exactamente igual. Sin embargo, es curioso: conocemos pocos hechos heroicos de los republicanos, cuando hubo muchísimos. No se han contado, y me duele. ¿Por qué los historiadores, en lugar de hablar de política, no nos cuentan la versión de los soldados, sus hechos heroicos, que hubo a raudales, igual que en el otro bando? Coño, no me habléis de Azaña, no me habléis de Largo Caballero, habladme de Pepito, de Juanito y de Menganito, que defendió no sé qué loma él solo con cinco granadas y un palo. En el bando republicano hubo cientos de hechos heroicos.

-¿Qué episodios del bando nacional pintaría?
-Hombre, hay un tema bonito que es el del alcázar de Toledo, un hecho heroico que dio la vuelta al mundo y una cosa muy española: defender, defender, defender. Sería un cuadro bonito, ése, con las ruinas del alcázar de fondo, y me gustaría mucho pintarlo, pero claro, pintas eso y te encasillan. Pintas el Ebro y te encasillan. Pintas cualquiera de las miles de batallas que hubo y te encasillan.

-¿Cree que vivirá para poder pintar esas escenas sin ser encasillado?
-No. No. Imposible. Aunque a los chavales de hoy ya no les diga nada la guerra civil, y aunque en tiempos de guerras estelares hablar de guerras en blanco y negro con palos y bayonetas suene a chino, como si viniese mi abuelo y nos hablase de las guerras carlistas, la guerra civil sigue vendiendo, poner los muertos de la guerra civil encima de la mesa sigue vendiendo, y yo ya estoy muy aburrido de ese tema. Muy, muy aburrido.

-Tampoco ha pintado nada de la Edad Media ni de la Edad Antigua, donde hay episodios míticos para el nacionalismo español como Numancia, Covadonga o Las Navas de Tolosa.
-Tengo previsto abordar esas épocas próximamente. He empezado a hacer mis pinitos con armaduras, y me gusta la temática. Tengo ganas de pintar Las Navas de Tolosa. Lo tengo en mente. También me gustaría pintar a Don Pelayo en Covadonga. Sería un cuadro precioso, y Don Pelayo es un personaje muy poco conocido. Quizás lo sea más en tu tierra, pero en el resto de España suena el nombre pero no se sabe exactamente a qué corresponde. Me gustaría pintar al Cid, la guerra contra los moros, que han sido siempre nuestros enemigos… El tema romano no me seduce tanto por el tema de la vestimenta, tanta carne… Me atraen más las armaduras y los uniformes más elaborados, y las épocas con más documentación en la que bucear. Pero sí, me gustaría pintar una Numancia, un Sagunto… Son temas bonitos que abordaré cualquier día de éstos. Y me pasará como con la marina, que empecé a abordar no hace tanto con 'Caza al amanecer': una vez entras, una vez coges el ritmo, te resulta fácil.

-Tampoco ha pintado nada de aviación.
-Me gustaría pintar algo de aviación, porque en la historia militar española ha tenido su importancia, pero donde más aviación hubo fue en la guerra civil. Me gustaría pintar a García Morato, a los ratas, los Fockers…, pero volvemos a lo mismo: ¿qué bando escoges? ¿Quién combate? De todas maneras, también hubo aviación española en la segunda guerra mundial, con muy buenos pilotos fogueados en la guerra civil: Gavilán, por ejemplo, que tuvo diez victorias contra diez cazas. Y también la hubo en la guerra del Rif, que me atrae aún más. Si pintara aviación, pintaría eso: los inicios, la época romántica de la aviación, cuando había un código de honor y los aviones salvaban vidas tirando hielo a la posición de Monte Arruit para dar de beber a los soldados sitiados. Además los biplanos son muy bonitos. Así que no descarto pintar aviación en el futuro.

-Otra laguna llamativa es el descubrimiento y la conquista de América, quizá la etapa de la historia de España más prolija en grandes gestas, llevadas a cabo además en paisajes de enorme belleza.
-Estoy en ello. Tengo previsto para este año un cuadro importante de la conquista de América: una secuencia bonita de los tercios españoles defendiéndose con mosquetones de un ataque brutal de cientos de miles de indios en medio de un descampado en México. El paisaje de México me interesa más que otros, porque no es tan selvático. La escena será en una explanada con pocos árboles.

-El Ejército actual era otra laguna hasta que le encargaron, y pintó, una patrulla de los soldados españoles actuales en Afganistán. ¿Volverá a pintar al Ejército de las últimas cuatro décadas?
-Sí, sí, sí. Creo que es importante, porque los españoles estamos haciendo muchas cosas fuera y tenemos muchas bajas. En Afganistán hemos tenido más de cien. Estas misiones "de paz" entre comillas de paz no tienen nada: vamos a la guerra, y hay que dejar constancia. La patrulla es un homenaje a todos esos soldados. Está en el Museo del Ejército. Fotografías hay cientos, pero había que pintar un cuadro para que se quedara en la pinacoteca. Y sí, seguiré pintando.

-¿Sigue habiendo gestas militares hoy?
-Sí, sí, sí. Hay cantidad de cruces rojas entregadas a soldados por actos de auténtica valentía, del tipo del soldado que va en busca del herido en medio de una lluvia de balas enemigas. Lo que pasa es que en España tenemos la manía de no contar estas cosas, que jamás salen en la prensa. ¿Por qué no contamos esto? ¿Por qué no podemos contar tranquilamente lo que Fulano o Mengano hizo en tal combate, y que la gente se sienta orgullosa? ¿Qué pasa, está mal visto? Yo, ahora, estoy metido en el proyecto de un libro que le propuse hacer a un periodista y se titulará 'Cruces rojas', y en el que entrevistamos a varios soldados premiados con cruces rojas al valor: quiénes son, de dónde vienen, qué han hecho… Hay que hacerlo, la gente tiene que saber. Hay historias espectaculares de soldados defendiéndose de ataques inverosímiles. Los americanos las cuentan, nosotros no. Yo, cuando leo que ha muerto un soldado y no me dan más información, siempre me pregunto lo mismo: “¿Qué pasó?”. Ah, un ataque, pues cuéntame el ataque, joder. Siendo españoles, me imagino actos heroicos. A un soldado le conceden una medalla y nadie sabe lo que ese hombre ha hecho. Lo saben sus compañeros, lo sabrán sus hijos y sus nietos, y poco más. ¿Qué pasa con el resto? ¿No podemos saberlo? ¿No podemos sentirnos orgulloso de lo que ha hecho ese soldado?

-Supongo que esas historias se contradicen con la imagen que el Ejército trata de transmitir de sí mismo en los anuncios televisivos: una especie de oenegé repartidora de florecillas.
-Sí, sí, eso es algo que no me gusta nada. Un soldado va a la guerra, no a repartir florecillas. Para eso están las oenegés y los jardineros, no el Ejército. El soldado es un hombre que va a luchar, a combatir, a dar su vida. Eso sí, también a ayudar a la población civil. A mí me consta que el Ejército español colabora con los civiles afganos, y que es muy querido. Pero volvemos a lo mismo: nada de esto se sabe. A mí me gustaría que cuando los soldados españoles fuesen a la guerra hubiese una despedida. Yo he estado con los soldados españoles que regresan a casa desde Afganistán en el aeropuerto y no había allí nada más que cuatro familiares. Se echaba de menos ver banderas, a la gente aplaudiendo… Habría que decir, no sé, “vuelve el contingente español, concentración a tal hora para recibirlos”. Los soldados deberían sentirse arropados cuando vuelven a casa después de varios meses pasándolas putas en medio del desierto de Don Nadie. ¿Por qué no hacemos eso que sí hacen otros países? ¿Por qué no tenemos un vídeo bonito como ése que hicieron los americanos, en el que se ve a los soldados americanos llegando de Afganistán a un aeropuerto, y cómo mientras cruzan el control alguien empieza a aplaudir, y después le sigue otro, y al final todo el mundo aplaude? Son cosas bonitas. ¿Nosotros no somos capaces de hacer vídeos de éstos?

-¿Cómo fue la elaboración de 'La patrulla'? ¿Quién se lo encargó?
-Me lo propusieron desde el Ejército de Tierra. “¿Te animas a pintar un cuadro para nosotros?”, me dijeron, y yo dije: “Sí, os lo pinto, pero os lo voy a donar, no tengo cojones de cobrar un cuadro así, me niego”. Y me fui a Afganistán. Si hubiese pintado un cuadro desde aquí, habría pintado un cuadro diferente. Lo que vi allí fue que donde estaba el valor, donde estaba el riesgo, donde estaba el sacrificio, era en las patrullas. Participé en una, estuve varios días con ellos viendo cómo actuaban, cómo soportaban el sol bajo kilos y kilos de protección, con chalecos que pesan un huevo… Yo creo que en las campañas de África los soldados españoles no lo pasaban tan mal, porque en aquella época iban con unas alpargatas, un fusil y poco más. Nada que ver con cómo van ahora de cubiertos los soldados, pese a que las caminatas y el riesgo sean los mismos. Cuando volví a España hice mi composición. No hay una foto de la escena de ese cuadro, porque es una composición a partir de diferentes figuras, con la idea de que fuese la visión del oficial que mira hacia atrás.

-La escena escogida sorprendió en su momento. Se esperaba una escena más propiamente bélica.
-Ya, pero es que la de Afganistán no es una guerra de trincheras, de combates abiertos, de “¡venga, al ataque!”. Es una guerra de sorpresas, de ataques furtivos, de un paisaje desolador, con muy pocas piedras en el suelo —no sé por qué, yo creo que se las comen—, con montañas peladas, sin árboles…

-¿Corrió peligro su vida en algún momento?
-No, en ningún momento. Estaba todo bastante controlado. Claro, podía ocurrir algo en cualquier momento, porque están en guerra, En Afganistán, en ningún momento corrió peligro mi vida, pero no lo pensé. Ni aquí, ni cuando estuve con los americanos y los georgianos. No hubo riesgo ninguno. Hombre, podría haber pasado algo, porque al fin y al cabo es una guerra. Podías toparte con una bomba en el camino y volar por los aires, pero era un riesgo pequeño. Era mayor con los americanos, porque están en una zona más caliente en la que todos los días hay bajas.

-¿Cómo fue ese desconcertante encargo estadounidense-georgiano?
-Bueno, yo pertenezco a la International Society of War Artists, de la cual formamos parte sólo quince artistas en todo el mundo, entre los cuales el único europeo soy yo. Los georgianos habían visto mi trabajo y me llamaron preguntándome si me interesaba pintar para el ejército georgiano. Yo no sabía que había soldados georgianos allá. Resulta que son más de dos mil tíos, con cientos de bajas. No me lo pensé dos veces: les dije que claro que sí, me fui allá y fue una experiencia particular. Disfruté muchísimo.

-¿Ya ha hecho el cuadro correspondiente?
-No era para un cuadro, sino para 24 bocetos con los que van a recorrer todo el mundo, con la idea de promocionar su ejército a través del arte. Se dieron cuenta de que el arte abría más puertas que fotografías y mil entrevistas. Van a recorrer con mis bocetos la mayoría de capitales de la Alianza Atlántica con vistas a promocionar su entrada en la OTAN. La exposición se presentó aquí en Valladolid el 21 de enero.

-Llama la atención el hecho de que sea el único pintor europeo de la International Society of War Artists. Indica que la pintura de guerra no sólo es rara en España, sino también en el resto de países de Europa.
-Sí. Los miembros de la ISWA son australianos, canadienses, americanos e ingleses. En Estados Unidos tienen dos o tres pintores de guerra oficiales, y hay un programa dedicado a ello. A los americanos, a los canadienses y a los ingleses les interesa el arte porque llama a mucho más público que la fotografía. Para ellos es marketing. Por eso las fuerzas armadas de esos países tienen pintores oficiales de guerra.

-¿Cómo se le hizo el ofrecimiento de entrar en la ISWA?
-Me lo hizo Michael Fay, su presidente, a quien le gustaba muchísimo mi trabajo. Para mí fue un gran honor, el mejor que podrían darme. Para un pintor de batallas, pertenecer a la ISWA es lo máximo.

-¿Cuánto tiempo lleva en la ISWA?
-Dos años. También tengo otros proyectos con otros países con los que estoy negociando para pintar sus guerras. Hasta que no se aprueben oficialmente no puedo decir de qué se trata, pero es otro proyecto bonito. En este aspecto soy un poco mercenario: si tengo que pintar chechenos, pinto chechenos; si tengo que pintar azerbaiyanos, pinto azerbaiyanos (risas).

-Hace poco cumplía con otro encargo: una pintura ecuestre de Juan Carlos I. Tardó mucho menos en terminarla que Antonio López su 'La familia real de Juan Carlos I'.
-Fue una propuesta, la de pintar al rey Juan Carlos, del Museo de la Guardia Real, en la idea de que había cuadros ecuestres de todos los reyes de la historia de España menos de Juan Carlos. A mí me pareció que si había que pintar al Rey a caballo, había que pintarlo en la época en que realmente montó a caballo, cuando era cadete de la Academia. Yo no quería pintar al Rey como rey, con su corona y demás. Creo que no hacerlo fue lo más acertado. Un cuadro de un señor mayor a caballo es una cosa como muy imperialista. También tengo previsto pintar de militar a su hijo, a Felipe.

-¿Qué le pareció el cuadro a Juan Carlos?
-Me consta que le gustó. La verdad es que me quedó bonito. El caballo es un caballo muy bonito. Es un caballo que existe de verdad, en las cuadras de la Guardia Real. Lo tomé como modelo, compré el uniforme de aquella época, vestí a un jinete de allá con él y tiré de fotos del Rey de cuando era cadete para plasmar bien la cara. En aquella época, Juan Carlos era muy agraciado.

-¿Cómo es el Rey en las distancias cortas?
-Un tío estupendo, un tío campechano, cercano, nada soberbio, nada prepotente, lo mismo que Felipe. Así me lo ha parecido todas las veces que he estado con ellos. Creo que tanto Juan Carlos como Felipe son gente muy preparada, que ha estudiado y que nos representa bien. Creo que hacen un buen trabajo. Por lo menos hablan idiomas, no como otros que no hablan ni inglés. Es terrible que pueda representarnos fuera de España un señor que no hable inglés.

-Hay dos momentos muy significativos en ese sentido: Zapatero solo en una esquina mientras los asistentes a cierta cumbre de la OTAN hablan en corro y Rajoy diciéndole a Cameron “it’s very difficult todo esto”.
-¡Es que hasta para ser jardinero te piden inglés! Yo no concibo que un hipotético presidente de la República española pueda ir por ahí sin saber ni idiomas, ni tener una presencia y unos modales básicos. La monarquía nos podrá gustar más o menos, pero con ella sabemos que cuando el Rey va al extranjero quedamos bien; que es un representante digno.

-Hemos hablado de lagunas en su obra. Las guerras carlistas son todo lo contrario: las ha cubierto con auténtica minuciosidad.
-Sí, me parecía importante. Las guerras carlistas fueron un período muy largo de la historia de España, y uno muy olvidado. Mucha gente no sabe lo que fueron las guerras carlistas, no tiene ni la más remota idea. Fueron años y años de guerra civil con batallas espectaculares, cargas de caballería, cañonazos, cientos de miles de muertos, hechos gloriosos, una vestimenta muy bonita… Fueron, en general, unas guerras muy bonitas. Crueles, pero muy vistosas. Además, la iconografía carlista, con la boina roja y demás, tiene un punto romántico muy bonito, muy nuestro. Los carlistas iban un poco de cualquier manera, algo así como los cosacos de la estepa, vestidos con lo que encontraban, pero nunca les faltaba la boina roja. Eso permite mucha composición narrativa.

-Ha pintado pocos cuadros de Cuba y Filipinas.
-De Cuba he pintado alguno y voy a seguir pintando. Tengo varios proyectos en marcha en este sentido, y concretamente uno muy bonito del que no voy a decir el título porque quiero que sea sorpresa, pero que fue una propuesta de Pérez-Reverte. Cuando Arturo me propone algo, enseguida hablamos del tema. Me da muchas ideas.

-¿Cómo sería su obra si no fuera amigo de Pérez-Reverte? ¿Qué cuadros nos habríamos perdido?
-Por lo pronto, el de Rocroi, que no sólo fue idea suya, sino que es suyo. Jamás hubiera pintado ese cuadro sin Pérez-Reverte, como tampoco el del 'Glorioso' y otros muchos cuadros para los cuales él me ha asesorado. Sobre todo me da ideas de pequeños detalles: pon a este tío dándole un machetazo a este otro, pon totalmente ciego a este tuerto, etcétera. Nos entendemos muy bien. Siempre que tengo un cuadro importante le llamo para pedirle consejo. Como nos gustan las mismas cosas, los mismos libros, las mismas películas de guerra… Los dos hemos visto prácticamente todas las que se han hecho en la historia del cine, y eso hace que podamos decir: “Oye, ¿te acuerdas de la escena tal de la película cual?”. Nos lo pasamos no bien, sino muy bien.

-Alguna vez ha contado que se conocieron en una exposición.
-Sí, en una exposición mía a la que vino porque quería conocerme y encargarme el cuadro de Rocroi. Le gustaba mi pintura desde hacía tiempo y aprovechó la ocasión para conocerme. En Arturo Pérez-Reverte encontré un alma gemela. Somos muy amigos. Con Arturo hubo feeling desde el principio, todo fue fluido desde el principio, como cuando te encuentras con un alma gemela. Tengo muchísima amistad con él.

-A la hora de decidir qué episodios pintar, ¿qué le hace decidirse por unos o por otros? ¿El simple gusto personal, o una especie de deber autoimpuesto de divulgador histórico?
-Hombre, repetir algo que ya he pintado me gusta menos. Si es un hecho nuevo me gusta más, me estimula más. No cubriré jamás toda la historia militar de España. Ni diez vidas me bastarían para ello, así que no me gusta mucho repetirme. Me gusta pensar que mi trabajo es dejar para la posteridad piezas sobre hechos importantes, reconstruir el pasado desde el arte.

-Fotografiar el pasado.
-Sí, exacto. Nosotros no somos los americanos, que hacen películas sobre su pasado. De hecho, nuestro cine no hace películas de esta temática. No sé por qué, pero nunca toca el tema. Nuestras únicas maneras de reconstruir el pasado son la escritura y la pintura. Fotografiar las escenas que muestro en mis cuadros sería muy caro, porque habría que buscar impedimenta, pagar extras, etcétera: un coste enorme. Pintar un cuadro es más fácil. No hay que comprar cientos de uniformes; basta con comprar uno. Yo tengo mis armarios llenos de uniformes que encargo hacer a sastres dándoles fotografías o grabados de la época. Con ellos cojo a un tío, o me lo pongo yo mismo, y los uso de modelo para mis cuadros. Hace poco me hice uno de cazador con todo: la guerrera, los pantalones tal cual los llevaban entonces, sin botas, con el llamado sistema Spencer de adjuntar a los pantalones un trozo de cuero que hacía de bota y que les permitía ir con alpargatas o zapatos debajo… Y con las espadas lo mismo: tengo toda la colección de sables de la Academia Española, todas las épocas. Son mis herramientas de trabajo. Cuando pinto un cuadro, me gusta que lo que salga en el cuadro sea lo que se llevaba. En cuanto veo un error en una película histórica, automáticamente la considero mala, una mierda, y yo procuro no caer en esos errores. No sólo en uniformes y demás, sino en detalles más pequeños, como por ejemplo que, si los soldados llevaban la ropa debajo de la silla de montar, la silla adquiría más volumen, y así tiene que aparecer.

-Imagino que en los museos de historia militar le darán todas las facilidades para acceder a sus piezas.
-Sí, me dejan tocarlas, fotografiarlas… Normalmente procuro comprar los objetos que necesito como modelo, pero si no lo consigo voy al museo. Tengo amigos en él y me dan todo lo que necesito.

-De todas formas, del pasado no se conoce todo. ¿No hay una parte más o menos grande que debe dejar a la imaginación?
-Sí, pero aún así no hago las cosas a boleo. Si, por ejemplo, de determinada época no se sabe cómo iban calzados los soldados, pero sí se sabe que las botas no eran fáciles de conseguir, pienso en las guerras carlistas, cuando algunos soldados iban con alpargatas o incluso descalzos y se ataban las espuelas a los tobillos, y me tomo la licencia de pensar que en esa otra época harían lo mismo. Procuro ponerme en el lugar de los soldados que represento, pensar como una persona de esa época. Otro problema es que no siempre la documentación de la época dice la verdad: por mucho que en el grabado los soldados aparezcan perfectamente bien vestiditos, los soldados reales no iban así: llevaban el pantalón roto, o llevaban pantalones de distintos colores, unos blanco, otros gris y otros marrón, porque la guerra era muy larga y los suministros de uniformes no eran eficaces. En mi cuadro de la batalla de San Marcial ves que cada uno va de su padre y de su madre, unos con los pantalones de un color y otros de otro, unos con unas botas y otros con otras. El suministro no era bueno y tiraban de lo que encontraban. ¡Pero si es que en el servicio militar, cuando yo estuve, había soldados de marrón y soldados de verde! Yo hice la mili en el tránsito entre el uniforme garbanzo y el uniforme verde, y los que llegábamos nuevos íbamos de verde, pero los veteranos iban de marrón. Estábamos en el siglo XX; imagínate en esas otras épocas en las que no había dinero para nada.

-¿Dónde hizo la mili?
-En Pamplona, en cazadores de montaña.

-¿Nunca le han advertido de un gazapo, o lo ha detectado usted mismo?
-Sí, claro. Hay cosas que pintas y que resulta que luego sale documentación que demuestra que eso no era así. Claro que sí. No somos perfectos, y para cualquier cosa siempre hay alguien que sabe más que tú. De todas formas, todos mis cuadros actuales están asesorados por gente muy preparada. Ahora mismo prácticamente no tengo gazapos. Si los hay son polémicos, no claros. Me documento con gente de primer orden, personas reconocidas. Y esas personas también pueden equivocarse, pero eso ya no es cosa mía.

-¿Cuál es su gesta militar preferida de la historia de España?
-Hostia, no sé, son tantas… Mira, una que me encanta, porque es muy nuestra, es los Últimos de Filipinas. Es una gesta muy española y muy poco conocida, una de las cosas más espectaculares y más quijotescas que han existido en la historia, no sólo en la española, sino en la del mundo entero: unos tíos que aguantan allá, que siguen aguantando aunque ya se haya rendido España porque no se lo creen, y que están allá montando ataque tras ataque y al final tienen que mandarles un periódico para decirles: “¡Señor mío, que la guerra ya terminó hace tiempo!”, y salen medio desnudos y desharrapados, y los americanos les dan honores… Vamos, una cosa gloriosa. Lo que pasa es que como tenemos tantos hechos gloriosos, no damos valor a ése, pero para mí es algo espectacular.

-La historia recuerda a la de esos soldados japoneses que aparecían en medio de las selvas de Indochina y de las propias Filipinas treinta años después del final de la segunda guerra mundial, y que se negaban a rendirse si no iba poco menos que el mismísimo emperador en persona a ordenárselo.
-Pues igual, lo mismo. Tuvieron que tirarles periódicos para decirles que la guerra se había acabado hacía un año. Las guerras de Cuba tienen actos muy bonitos y muy heroicos también, que la gente no conoce porque perdimos la guerra deshonrosamente. En Cuba fuimos grandes soldados pero perdimos la guerra. Los españoles somos así. Ganamos las batallas y perdemos las guerras.

-El comienzo de la guerra de Cuba fue también algo muy español, que ha sucedido muchas veces también en el fútbol: ir para allá pensando que se va a arrasar, que quiénes son esos nuevos ricos de Estados Unidos para hacerle sombra al glorioso ejército español, y volver vapuleados a los dos días.
-Somos un poco así, sí. Pero es que los americanos iban con un potencial que nosotros no teníamos. Fueron con todo. Aquel fue el principio del imperio americano. Allí empezaron a dominar el mundo.

-¿No le atrae la idea de pintar otros mitos no directamente militares del nacionalismo español, en la línea de cuadros míticos del historicismo decimonónico como 'El fusilamiento de Torrijos' de Gisbert, 'Los fusilamientos del 2 de mayo' de Goya o la 'Proclamación de la Constitución' de Viniegra?
-No me seduce de momento, no. La verdad es que no me atrae. Creo que el tema sociopolítico, fusilamientos, proclamaciones, etcétera, ya se ha pintado mucho. Lo que no se ha plasmado son las puras batallas.

-¿Y pintar cuadros de batallas no españolas?
-Tengo propuestas de Estados Unidos y de otros países en este sentido. Me lo estoy pensando y no lo descarto, pero ahora mismo quiero dedicar todo el tiempo que pueda a España.

-De hecho, ha pintado un cuadro no español: el del general Jackson y el ejército confederado.
-Sí, fue un encargo de un amigo, que en su momento me pareció bonito y dije “pues venga, lo hago”. Pero creo que es el único cuadro extranjero que he pintado.

-¿Qué batallas no españolas le gustaría pintar?
-Uf, hay tantas… Mira, un cuadro que me gustaría mucho pintar es el retrato de las tropas inglesas después de la batalla de Balaklava, en Crimea. Fue una carnicería, y me gustaría pintar el regreso, con los soldados mutilados, cojos, los caballos destartalados…

-¿Qué proyectos tiene en mente para el futuro inmediato?
-Tengo varios en ciernes. Un cuadro que me apetece mucho pintar y pintaré en breve es 'Gálvez, la batalla de Pensacola', en la que España intentó, y consiguió, reconquistar Florida durante la guerra de independencia norteamericana. Es un tema muy bonito y un encargo importante, y tengo previsto pintarlo pronto. También quiero pintar algo de los Tercios que tengo pendiente y quiero acabar el libro del 'Glorioso' con una serie de bocetos y otro sobre todos los uniformes de la caballería española. Estoy aún trabajando en ello, pero tengo ya muchos hechos y me falta poco para completar la lista entera.

-Su pintura tiene poco que ver con lo que se entiende por arte contemporáneo, donde la abstracción y el simbolismo son la norma. ¿Qué opinión le merece ese arte tan diferente del suyo?
-Pues la verdad es que no lo entiendo. Yo siempre he dicho que, cuando voy al circo, pago para ver el triple salto mortal, no para ver a un tío columpiándose. Valoro más el trabajo elaborado. Quizás sea un inculto en arte, no lo sé. A lo mejor no tengo capacidad intelectual suficiente para entender este tipo de arte.

-Forma parte del grupo de catalanes que emigró de Cataluña huyendo del nacionalismo catalán. ¿Tan asfixiante es el ambiente allí para un no independentista, o ese autoexilio es una manera de llamar la atención?
-No, yo cuando me marché de Cataluña no era tan famoso. Me fui porque estaba hasta los mismísimos. Me repele de manera desmedida el nacionalismo catalán, el gran negocio del nacionalismo catalán, cómo utilizan la mentira para enriquecerse, cómo hay una población de la calle que se lo ha creído. El nacionalismo catalán no es violento, eso es cierto. No es físicamente violento. Es una cosa todavía peor: un generador de incomodidad permanente. Hablar en español y que te contesten en catalán, la televisión mintiendo sobre la historia española todo el día, un victimismo barato constante, oír que España nos oprime, que España nos roba, que España se aprovecha de nosotros, cuando realmente España es el principal cliente de Cataluña… Mira, los nacionalistas hablan mucho del franquismo, pero quien más se benefició del franquismo fue Cataluña, la industria catalana, que apoyó al franquismo. Cuando acabó la guerra civil, Franco podía haber puesto las fábricas donde le diese la gana. El proteccionismo de Franco hacia Cataluña fue superior al del resto de España, y lo mismo para el País Vasco. Cataluña necesita a España. Por favor, ¿a qué estamos jugando? Yo quiero hablar en español y quiero que mi hijo se eduque en español, no quiero el catalán como una asignatura más. Quiero vivir tranquilo y poder elegir, y si no me dejan elegir, me marcho. Estoy voluntariamente exiliado.

-¿En qué cosas concretas se manifiesta esa asfixia cotidiana?
-Pues en que siempre que hablas con gente surge la política, y llega un momento en que te hartas de que te digan que España oprime y dices “yo soy español” y te marchas de esa reunión a casa y ese señor que era tu amigo desde hacía diez años ahora ya no es tu amigo, sino un gilipollas. Y si te hartas aún más, haces lo que hice yo y te vas de Cataluña a otro sitio en el que te dejen tranquilo y no tengas que demostrar tu españolidad a nadie, porque ser español sea lo normal. Viniendo a Valladolid me quité un peso de encima.

-¿Tiene amigos nacionalistas?
-No. No. No. No tengo ningún amigo nacionalista. Es incompatible conmigo.

-¿Y familiares?
-Familiares sí, porque la familia Ferrer-Dalmau es grande y hay de todo. Tengo primos y gente cercana que cojea de esto, pero como saben cómo soy ya no tocamos el tema.

-¿Va mucho a Cataluña?
-No. Voy dos o tres veces al año, pero por motivos familiares, nada más.

-¿Por qué escogió Valladolid para establecerse?
-Porque tenía amigos aquí. Mi editor es de aquí y es un gran amigo, y Valladolid me pareció una ciudad bonita, encantadora, con gente muy normal y muy sana, sin delincuencia y a dos pasos de Madrid. Siempre me ha gustado el centro de España, los campos de Castilla, que son como un mar campestre, todo plano, sin árboles. Me gusta poder ver el horizonte sin que me lo tapen los árboles. Siempre he vivido rodeado de montañas y árboles, y siempre me ha gustado mirar el mar, porque era el único horizonte que tenía cerca. Ahora puedo mirar el horizonte en el campo, y me encanta. Y me encanta el frío, salir a la calle y que me dé en la cara. Hay algo que no echo de menos de Cataluña y es el bochorno, la humedad, que es matadora tanto en verano como en invierno. El clima estricto me gusta mucho más.

-¿Cuánto tiempo lleva viviendo en Valladolid?
-Cinco años.

-¿No echa de menos Barcelona?
-Sí, porque es una ciudad preciosa, eso es indiscutible. Es una de las ciudades más bonitas de España y una ciudad muy bien concebida, muy cuadriculada, y con vistas al mar. Pero Madrid me apasiona. Es la capital más bonita que conozco. He conocido muchas ciudades del mundo, pero me quedo con Madrid.

-No es una

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Vie Feb 06, 2015 7:10 pm

-No es una opinión corriente, la suya sobre Madrid. Suele pasar por ser la gran capital más fea de Europa.
-Pues no, Madrid es espectacular, una ciudad que lo tiene todo. Y la gente de Madrid me encanta. Te encuentras de todo: gente de todos lados, de todas parte de España, muy abierta…

-"El rompeolas de todas las Españas", que decía Miguel Hernández.
-Sí, una torre de Babel, o un arca de Noé, donde están todos los animales de España (risas). Madrid es la ciudad más cosmopolita que conozco. Y me lo paso muy bien cuando voy. Tanto para salir como para trabajar es un sitio perfecto. Para mí es la mejor ciudad del mundo.

-¿Siente que, del mismo modo que algunos lo encasillan como pintor facha y menosprecian su trabajo, otros, los propios fachas, lo utilizan como arma política sin interesarse verdaderamente en su obra? ¿Hay alguien que juzgue su obra con neutralidad, sin menosprecios o ensalzamientos artificiales derivados de determinadas posiciones políticas? Estoy pensando en la entrevista que le hicieron en Intereconomía, en la que parecían más interesados en sonsacarle titulares sensacionalistas que en su obra.
-No me lo he planteado nunca. Me parece bien que cada cual utilice mis cuadros como quiera, unos desde el punto de vista histórico y otros desde el punto de vista político para determinadas reivindicaciones. Mi trabajo es vanagloriar nuestros hechos heroicos, nuestros ejércitos, y no me parece mal que lo utilicen para denunciar el nacionalismo catalán. Respecto a los que me acusan de ser facha, pues sí, la hay. Hay gente que me llama facha por pintar cuadros militares, o que me llama militarista, cuando España, el mundo entero, son lo que son gracias al mundo militar, a gente que dejó su vida por traernos a donde estamos. De no ser por ellos, España formaría parte de los Emiratos Árabes.

-¿No echa de menos que se juzgue su obra de manera neutral, con criterios exclusivamente artísticos?
-Sí que hay gente que juzga mi obra con neutralidad. La mayoría, de hecho. La mayoría entiende bien lo que yo quiero transmitir. Los que me llaman “el facha de Ferrer-Dalmau” por pintar soldados son una minoría, y para muchos de ellos no sería el facha, sino el héroe de Ferrer-Dalmau si en vez de pintar la guerra del Rif pintase el 11 de septiembre, por muy militar que fuera la escena.

-Hay muchas maneras de ser español. ¿Cuál es la suya? ¿De qué España es español Augusto Ferrer-Dalmau?
-De la del españolito de a pie, el español de siempre, el español valiente, el español honrado, trabajador, que cada día se sacrifica por su familia. Soy español de esos españoles y español de los soldados que mueren por unos ideales. De lo que no soy español es de la España del pelotazo.

-¿Es español de una España unitaria, o federal?
-Unitaria, siempre, siempre. Somos un país pequeño, aquí no caben federalismos. Lo digo muy alto: el federalismo es una cosa carísima. Un país unitario sale más barato. No somos tantos como para tener tantos países dentro de un país. Joder, es que parecen los reinos de taifas esto, en un país que cruzas de lado a lado en unas pocas horas. ¿A qué estamos jugando? ¿Qué sentido tiene tener veinte mil gobiernos?

-Entiendo que está a favor de eliminar las comunidades autónomas.
-Estoy a favor de crear un Estado centralista como el francés. Me inclino más hacia esa idea jacobina propia de la cultura francesa y de la de otros países que eliminan costes en vez de duplicarlos. Francia es algo más grande que España y sin embargo tiene un gobierno, unos ayuntamientos y ya está, y no hay ningún problema.

-¿Prefiere, como decía José Calvo Sotelo, una España roja a una España rota?
-Sí, con los ojos cerrados. Lo tengo clarísimo. Antes una España roja que una España rota. Seguro.

-¿De qué Cataluña es catalán?
-De la Cataluña de toda la vida: la del catalán trabajador, honrado y buena persona, la del industrial serio, la del catalán europeo, la del seny, que existe, que ha hecho mucho por España y que hacía que antes el catalán fuera por España y fuera bien visto, no como ahora, con el pelotazo de Pujol y compañía.

-¿Cuál debe ser el encaje de Cataluña en España?
-El de siempre: una parte más de una familia en la que cada uno tiene su función. Andalucía tiene la suya, Asturias tiene la suya y la de Cataluña es ser el motor industrial del país y la puerta de España a Europa. Una ficha más dentro del ajedrez de España. Cataluña no podría existir sin España y España no podría existir sin Cataluña.

-¿Qué le pareció la famosa y polémica frase del ministro Wert según la cual había que españolizar a los niños catalanes?
-Pues me pareció bien. Hay que dejar de mentir a los niños catalanes, hay que contarles la verdad, la verdadera historia. Decirles que España no roba a Cataluña; que Cataluña no es una nación, sino una parte de España; que todos somos uno; que somos una gran familia desde hace muchos siglos. Hay que desterrar el victimismo de una vez por todas. Lo de Pujol ha demostrado que todo esto no era más que un tinglado para ganar dinero. Llevan veinte años amontonando dinero con el tema del nacionalismo. Espero que la sociedad catalana acabe por ver claramente que el nacionalismo no es más que un gran negocio.

-¿No le atrae, en esa línea, la idea de españolizar pictóricamente mitos catalanes como los almogávares o el propio 11 de septiembre?
-Hombre, claro, sí, sí, sí. Esto hay que hacerlo. Hay que volver a poner las cosas en su sitio. Hay que decir que la guerra del 11 de septiembre fue una guerra de sucesión a un trono que no tenía nada que ver con Cataluña. Hubo una guerra civil y unos lucharon por un bando y otros por otro, pero aquello no tenía nada que ver con cuestiones nacionalistas. Y hay que decir que los almogávares eran unos guerreros valerosos entre los que había aragoneses, catalanes y gente de todas partes y que llegaron hasta la otra punta del mundo pero que no llegaron hasta la otra punta del mundo por Cataluña ni por la independencia, igual que el Tambor del Bruch no era un nacionalista que estaba en Montserrat, sino que Cataluña luchó contra los franceses igual que todos los españoles.

-¿Qué cree que va a pasar? ¿En qué se va a quedar todo esto?
-En nada. El nacionalismo desaparecerá, porque no tiene futuro en el mundo. Llegará un momento en que la sociedad catalana se dé cuenta de que esto es una tomadura de pelo, de que el mundo sigue, de que los nacionalismos no van a ningún sitio y de que cuanta más unión más fuerza. Estamos en la Unión Europea. Los nacionalismos no tienen sentido.

-¿Tampoco el español?
-¡Es que España acabará siendo Europa! Vamos hacia eso. Habrá una identidad española, una identidad francesa, una identidad inglesa, pero cada vez habrá más unión y menos fronteras. Lo que no cabe ahora mismo es que aparezca un señor y diga “somos independientes”. Y está mal decirlo, pero las lenguas también van a ir desapareciendo. Desaparecerá el alemán, desaparecerá el francés…

-Ése es, ciertamente, un escenario posible. Pero, ¿es deseable? ¿Debemos cruzarnos de brazos ante la desaparición de un patrimonio cultural humano como es la variedad lingüística?
-¡Es que eso es la evolución humana! También desapareció el latín. La humanidad evoluciona, y hoy los chavales hablan inglés y español, spanglish de hecho. En Estados Unidos la gente habla spanglish, en Alemania hablan inglés, en los países nórdicos también, y el alemán, el noruego, el sueco, acabarán desapareciendo. El catalán, evidentemente, también. Con los siglos quedará como algo coloquial, como un residuo. Habrá desaparecido por pura inercia, por falta de uso.

-¿No hay, entonces, que luchar contra esa desaparición?
-Lo que no se puede hacer es gastar dinero en ello. Tiene que ser la evolución humana la que decida qué lenguas permanecen y qué lenguas desaparecen. Si una lengua tiene futuro, seguirá hablándose. Si la gente no quiere hablarla, porque no tiene interés en ello, se dejará de habar. Decir que hay que luchar porque determinada lengua no desaparezca es como decir que hay que luchar por que la gente vaya a caballo. Si existen coches, la gente irá en coche, y el caballo quedará como algo simbólico. Las lenguas evolucionan, se mezclan, se fusionan y se enriquecen así. Todos los días salen nuevas palabras en el diccionario. Poner dinero encima de la mesa para evitar que el río que se está desbordando se desborde no tiene sentido. No se puede parar la evolución natural de las cosas con dinero. Lo que hay que fomentar es la evolución, no luchar contra el futuro. Es como luchar para mantener el latín. ¡No me jodas! Yo he estudiado latín, y menudo coñazo. Mantener las lenguas está bien, pero sin costes.

-Del mismo modo que hay un nacionalismo catalán lleno de mentiras, ¿no hay, también, un nacionalismo español lleno de mentiras? ¿No es la mentira consustancial al nacionalismo?
-No, yo creo que ahora mismo la historia española está más que estudiada. Ya no hay mentiras. Se ha investigado mucho y se han desmitificado muchas cosas. Los historiadores españoles son muy objetivos, y yo creo que ya no hay mitos. En España estudiamos la historia de forma muy realista. Otros países exageran más, pero el nuestro no. Covadonga, por ejemplo: hubo una época en que parecía una batalla campal, cuando fue una escaramuza victoriosa que luego pasó de voz en voz y se fue amplificando. Los cien guerreros pasaron a ser doscientos. Pero los historiadores ya han puesto las cosas en su sitio. Ya no quedan mitos nacionalistas españoles. Lo que queda son batallas gloriosas que sí son reales.

-¿No es ya una mentira, por ejemplo, considerar Numancia una batalla española, de la nación española? La nación española surge, como todas, en el siglo XIX; antes, la gente luchaba por la religión, por su ciudad…
-Luchaba por su pueblo. La gente de Numancia luchaba por su pueblo, y eran nuestros antepasados. ¡Éramos nosotros! Aquello no era España, claro: España nació con los Reyes Católicos. Pero somos el mismo pueblo que aquellos numantinos. Tenemos el mismo carácter, la misma forma de ser. Descendemos de ellos. Nos representan. Luchaban por un pueblo o un dios pero éramos nosotros. Cambian los símbolos, pero somos los mismos.

-Tiene dicho que el español es guerrero por naturaleza y que el soldado español aguanta lo que no aguanta nadie, ni siquiera los japoneses. ¿Boutade o realidad? ¿En qué se basa para decirlo?
-Es una realidad. Tenemos hechos gloriosos que ni los japoneses. Hemos hecho machadas espectaculares. Los japoneses se inmolaban, hacían kamikazes. El español no es un kamikaze, no quiere morir, quiere luchar, quiere vivir. Un español no va a inmolarse, no tenemos complejo de kamikazes. Tenemos complejo de aguantar, de resistir. Somos muy sufridos. No sé por qué, pero aguantamos muchísimo. Llegaron los franceses y estuvieron un tiempo aquí, pero un buen día dijimos “hasta aquí hemos llegado. Os vamos a echar”. Y los echamos en dos patadas. Somos así. No somos un pueblo de cabreo fácil, pero cuando nos cabreamos, ojo, ojo, ojo. Que corra hasta el apuntador.

-De la guerra de la Independencia tiene pocos cuadros. ¿Tiene pensado meterse más a fondo con el período en el futuro?
-Sí, voy haciendo. El que hice de la batalla de San Marcial me gustó mucho, porque fue una batalla muy bonita en la que participó gente de toda España, además de una gran victoria. Además fue en el País Vasco, y me parecía un cuadro interesante. Por cierto que fue muy divertido: el cuadro lo pintó un catalán, lo pagó un vasco —los Aperribay, propietarios de la Real Sociedad—, se presentó en el palacio de Miramar de San Sebastián gobernando Bildu y está expuesto en Toledo. Digan lo que digan los nacionalistas, somos los de siempre. Una gran familia.

-Es fundador de una revista de historia, 'FD Magazine', que va ya por el octavo número. ¿Cuál es su propósito?
-La idea era enseñar mi trabajo y hacer entrevistas a amigos con los que tengo buena relación, como Paco Marhuenda, Albert Boadella, Javier Nart o el propio Arturo. En general, lo que quiero es dar una visión cultural de la historia militar a través del arte. Eso no quita que se hable de otros temas, no deja de ser un magazine, pero la idea es ésa. No sé de ningún pintor que tenga una revista propia y me parecía interesante hacerlo. La verdad es que está teniendo éxito y mucha difusión.

-¿Cómo valora la situación política del país en general? ¿Le entusiasma alguno de los nuevos partidos que están surgiendo —Podemos, Ciudadanos, Vox, el que sea—, o sigue confiando en alguno de los tradicionales?
-No confío en ninguno. Cada día soy más apolítico.

-¿No vota?
-No está entre mis planes votar. Si voto, voto en blanco. Cada día soy más aséptico. La política me aburre mucho. De hecho, ni la sigo. Me han hablado de partidos nuevos, pero no tengo ningún interés. De lo que sí soy partidario es de que habría que dejar los escaños vacíos si no se vota. Si se vota en blanco, ese escaño debe que dejar vacío.

-¿No es desentenderse del voto una manera de alfombrar el camino de las dictaduras, un “que inventen ellos”?
-No, es una consecuencia lógica de no querer agobiarse. Que se agobie quien tiene que gobernar. Al final, estamos en la Unión Europea, y la Unión Europea lo marca todo. Yo espero poder llegar algún día a votar un presidente de la UE. Cuando sea así, quizás me meta más en política.

-¿Ve bien cómo se ha llevado a cabo la integración europea?
-Sí. El tema económico se está haciendo muy bien. Hoy en día la Unión Europea funciona. No lo veía claro al principio, pero el proyecto europeo tiene más fuerza cada día. Estamos cada vez más unidos. Los medios de comunicación modernos acercan una barbaridad las ciudades; hoy puedes traer productos de fuera al mismo coste que los de aquí. Yo viajo mucho, y ya no me siento extranjero en ningún país europeo. Voy a Francia y no me siento extranjero. Voy a Alemania y lo mismo. Estoy en Europa, estoy en mi casa. Eso era impensable hace unos años. Ibas a Alemania y te sentías extranjero. Hoy incluso pagas con la misma moneda. El hecho de usar la misma moneda, el hecho de poder chatear con un alemán o un estadounidense en tiempo real a través de Internet, es espectacular. La integración es un gran éxito, que nos da calidad de vida y nos mejora a todos.

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Mensaje por Rogorn » Dom Feb 15, 2015 8:01 pm

Roberto Navia: La gente está exigiendo más y mejor periodismo impreso
Santiago Espinoza - opinion.com.bo - 15/02/2015

En noviembre de 2013, el periodista Roberto Navia Gabriel (Santa Cruz, 1975) visitó la Feria del Libro Cochabamba para presentar 'Crónicas de perro andante' (La Hoguera), volumen que reúne textos suyos y del escritor cochabambino Claudio Ferrufino. Abordado por el mismo autor de esta entrevista, Navia habló entonces del libro que presentaba y de los vicios del periodismo impreso actual, en especial de esa perversa tendencia a imitar a la televisión con textos dietéticos, bajo el supuesto de que al lector promedio ya no le gusta leer. Consultado sobre sus nuevos proyectos, se animó, aunque con cierta reserva, a revelar que trabajaba en una investigación sobre los linchamientos, que, por su amplitud y complejidad, bien podría editarse en un nuevo libro. La entrevista finalmente salió en una versión acotada más allá de lo deseable, como dándole la razón a esos consultores que predican un periodismo impreso para no lectores. Por eso mismo, su entrevistador le prometió que haría una versión más extensa y justa del diálogo para el suplemento cultural Ramona que suele ignorar -a veces más de lo razonable- las prescripciones de brevedad y concisión que recomiendan consultores y manuales. La entrevista larga nunca salió por mera y reprochable negligencia del entrevistador.

El que sí honró su palabra fue Navia, quien se metió de lleno a la investigación sobre los linchamientos en el trópico de Cochabamba. Ese proyecto de largo aliento cosechó su primer fruto cuando se alzó con el primer Premio de Crónica Periodística Pedro Rivero Mercado, el año pasado. El galardón permitió la publicación del trabajo, titulado 'Tribus de la inquisición', un intenso relato trepidante que narra con crudeza y filo, pero sin ceder al morbo, varios linchamientos en Ivirgarzama y la vida después de los ajusticiamientos de sus sobrevivientes, de los familiares de las víctimas y de las autoridades judiciales que afrontan los casos. La calidad del trabajo fue una nueva constatación de que el cronista cruceño es dueño de una de las plumas más finas y audaces del periodismo boliviano y uno de los mejores embajadores de la prensa nacional en lides internacionales. Indicadores sobran. Ha ganado más de una decena de premios periodísticos nacionales e internacionales, desde el Nacional de Periodismo hasta el Ortega y Gasset, este último otorgado por el diario español 'El País' y uno de los más prestigiosos del periodismo en castellano. El reportaje por el que ganó este galardón, 'Esclavos made in Bolivia', le valió, entre otras cosas, ser el único boliviano incluido en el libro 'Antología de crónica latinoamericana actual', editado internacionalmente por Alfaguara.

Hace un par de semanas, 'Tribus de la inquisición' volvió a ser noticia al ser incluido en el libro 'Cotidianidades', que reúne las otras varias crónicas de autores bolivianos. Y para coronar una trayectoria perfecta, hace poco más de una semana, cuando pocos hubieran pensado que seguiría dando de que hablar, el texto le consiguió al reportero estrella de 'El Deber' otro de los reconocimientos más preciados del periodismo en español: el Premio Internacional de Periodismo Rey de España en la categoría Prensa. El galardón redondeó un inicio de año inmejorable para el periodismo boliviano, que pocos días antes celebraba que Álex Ayala ganara la Beca internacional Michael Jacobs para hacer un libro de periodismo de viaje. Como Ayala, Navia se impuso a postulantes de países con mucha mayor tradición periodística (Argentina, Colombia, España, Perú), cuestión que vuelve aún más meritorio su premio. De hecho, el Ortega y Gasset y el Rey de España son reconocimientos equiparables a los más importantes premios literarios de las letras en español (los cuales son más esquivos a los autores de ficción bolivianos).

Enterado del nuevo logro, su otrora “falluto” entrevistador lo buscó y le solicitó hacerle una nueva entrevista. Con alguna demora, siempre por culpa del autor de esta entrevista, la misma se hizo. En ella Navia habló de la fe que le tuvo y le tiene a 'Tribus de la inquisición', de los proyectos que se le vienen ahora que, con 39 años, es ya un periodista consagrado, de su sueño de hacer una escuela para periodistas, de las posibilidades de trabajar en el extranjero, de las virtudes y taras del periodismo boliviano, del lugar de Bolivia en el actual boom de la crónica latinoamericana y, entre otras cosas más, del libro que, siendo un estudiante de primer año de universidad, lo decidió a ser periodista.

-Cualquiera que postule a un concurso tiene siempre -más o menos- fe de ganarlo. ¿Qué te animó a postular 'Tribus de la inquisición' al Premio Rey de España? ¿Por qué le tenías fe a esta crónica en particular como para apuntar a un premio de ese calibre?
-Creía y creo bastante en 'Tribus de la inquisición'. Considero que es una crónica potente que tiene un sustento tremendo por todo el trabajo de reportería que he desarrollado durante meses. Tiene una estructura narrativa que, a mi juicio, le da luces a un tema tan duro como es el linchamiento a una o varias personas. Le tenía la fe puesta también porque había ganado el Premio de Crónica Pedro Rivero Mercado, para el que había sido evaluado por Martín Caparrós, Edmundo Paz Soldán y Claudia Bowles. Tenía mucha fe a la pluma, al trabajo de profundidad y quise ponerlo a prueba en las ligas mayores del periodismo iberoamericano.

-El jurado del premio valoró “la denuncia que plantea este artículo, en el que, además, se da la voz a los supervivientes, sus familiares y autoridades enviadas a solucionar esta situación”. Tras ganar el premio, ¿tuviste chance de volver a leer tu crónica? ¿Coincides en las apreciaciones del jurado?
-Con toda la avalancha y el efecto multiplicador que tiene ganar un premio no he tenido el tiempo para ojear el trabajo. Sí leí el encabezado, con esa linda experiencia de leer algo después de tiempo y, como Leila Guerriero, me pregunté dónde estaba yo cuando escribí eso. Es como si uno estuviera leyendo algo que había olvidado escribirlo. Las impresiones las tienen los lectores y muchos de ellos me las dicen, a través de internet o de forma personal. Se quedan con varias visiones. Algunos se quedan con la narrativa, otros se quedan con la estructura, otros con la sensación de incluso no saber explicar qué es lo que han sentido, pero todos han leído el texto desde su primera línea hasta la última. Creo que esa es su virtud. Es una crónica larga, de cinco páginas de tabloide, como 30 mil caracteres. Y eso da muchas satisfacciones. Que muchos se sienten a leerla y la terminen revela que la gente sí lee y no, como dicen algunos consultores, que la gente no lo hace y que hay que hacer el periódico para no lectores. Creo que ésa es la gran fortaleza de la crónica: que a uno lo agarra y no lo suelta hasta que la terminas.

-¿Cómo llegaste al tema de los linchamientos en el trópico de Cochabamba? ¿Cuál fue el potencial que le viste para hacer un trabajo de largo aliento como el de 'Tribus de la inquisición'?
-Es un tema que ladra, que canta, que a uno le grita. Yo estuve en ese territorio del trópico de Cochabamba durante varios años, cubriendo la “guerra de la coca”, incluso antes de que Evo Morales sea el Evo Morales de ahora. Entonces me enteré de los linchamientos y luego conocí una urna en la misma Policía de Ivirgarzama donde hay restos de dos personas que fueron linchados y a las que los policías y la gente les prenden velas para pedirles milagros y que ayuden a que no ocurran nuevos linchamientos. El tema me pareció escalofriante e interesante. Entonces me di cuenta de que, como decía Ryszard Kapuscinski, no solo había que buscar el qué, sino el porqué de los hechos. Y bueno, qué mejor que la crónica para investigar un tema y tener un texto que pueda ser leído sin que provoque morbo o escalofríos.

-¿Cuánto tiempo te demoró la reportería y escritura de 'Tribus de la inquisición' y con qué dificultades te enfrentaste en ese proceso?
-Me llevó varios meses de reportería y, por lo menos, un mes escribirlo. Entre los principales inconvenientes que tuve está la ley del silencio: la gente no habla de los linchamientos y es un acuerdo implícito que no está escrito en ninguna norma, pero que sí lo tienen de manera verbal. Eso ya es una tranca. Tuve la suerte de contar con testigos clave, con fuentes que han estado en primera línea, con familiares de los fallecidos, con un fiscal de acero, con sobrevivientes, con documentos, con cartas. Porque incluso tengo cartas de algunas instituciones que piden al Gobierno para que puedan liberar a aquellos que fueron acusados de linchamientos o de otras situaciones difíciles. Ha sido una telaraña exquisita, difícil y hasta tenebrosa que en ningún momento me hizo flaquear; por el contrario, me animaba bastante.

-Tras la publicación de la crónica, ¿has seguido el tema? ¿Has sabido si la situación de los linchamientos ha cambiado en el trópico de Cochabamba?
-Se apaciguó el río turbulento, pero relativamente. Lo curioso es que, mientras yo escribía el reportaje, me llamaba el fiscal para contarme que había intentos de linchamiento, que la gente se quería alzar de nuevo, que había acusaciones a personas por robos de moto. Creo que el tema no se ha solucionado para nada. No podemos decir que esto es cosa del pasado. Yo espero que no vuelva a ocurrir un solo linchamiento más en el país y no solo en el trópico de Cochabamba. Soy optimista. Sé que se han iniciado procesos contra la gente que ha linchado. En la crónica hablo de personas que han sido linchados y a los que la Justicia les ha iniciado procesos por el robo de un camión. Sin embargo no se ha hecho una investigación que haya prosperado a quienes han cometido linchamientos. Eso me parece muy curioso.

-¿En trabajos como 'Esclavos made in Bolivia', 'Tribus de la inquisición' u otros de tu autoría encuentras rasgos comunes o continuidades que permitan definir el periodismo que haces?
-Sí, que me gusta bucear en el submundo, en el mundo de los de abajo, entre quienes no tienen una voz alta para convocar a los medios de comunicación constantemente, aquéllos que existen, pero no se los ve, aquéllos que, por lo general, son los derrotados de la vida. Ése es el perfil donde yo me siento muy cómodo trabajando, investigando, soñando, viajando, metiéndome al estómago de esas bestias que están ahí abajo, muchas veces con un canto lastimero, buscando la ayuda de algo o alguien.

-Has ganado el Premio Ortega y Gasset y ahora el Rey de España, dos de los más importantes galardones del periodismo en español. Son dos premios ya consagratorios para la carrera de un periodista en Bolivia o en cualquier otros país iberoamericano. ¿Qué se viene después de este momento culminante en la carrera periodística de Roberto Navia?
-Tras el anuncio del premio se me viene un año bastante movido. Ya tengo invitaciones para dar talleres, conferencias, cursos sobre periodismo, literatura, investigación, tanto dentro como fuera de Bolivia. Tengo, por ejemplo, programado un viaje a México, donde daré un taller de una semana sobre periodismo. Tendré otro en Santa Cruz sobre periodismo y literatura y otro en Cochabamba, por invitación del Centro Simón I. Patiño. Estoy trabajando en el libro 'Tribus de la inquisición', porque aún hay muchas cosas que revelar. Me han solicitado bastante que publique un libro con mis mejores crónicas. Estoy jugando con el tiempo. Quiero profundizar en el periodismo de investigación en el lugar donde trabajo, que es el diario 'El Deber'. Planeo asistir a ferias del libro de Bolivia y fuera de Bolivia. Tengo el viaje a España (para recibir el Premio Rey de España), donde, además, quiero hacer otras investigaciones. Estoy trabajando en una escuela de periodismo, que es otro gran anhelo personal y familiar que tengo. Y es algo que me lo exige la gente. Cada vez que voy a dar una charla, los estudiantes universitarios me dicen que están con muchas ganas de entrarle más a la crónica. Y hay muchas cosas más para las que espero que Dios me dé el tiempo, la salud, la vida y las ganas a fin de seguir en este tren maravilloso que es trabajar con la palabra, con el texto, con la crónica.

-Tu trabajo te ha permitido viajar mucho, tanto dentro como fuera de Bolivia. ¿Te has planteado o te han planteado la posibilidad de trabajar de forma más permanente fuera del país?
-Escribo para varios medios internacionales. Me han estado tentando estos días para poder estar en medios internacionales. Obviamente que, por negociaciones, no puedo dar los nombres. Me están sonriendo desde México, Estados Unidos y algún lugar de Europa y otro de América Latina. Yo lo estoy analizando, mientras disfruto el sabor del premio. Va a llegar el momento en que tenga que ponerme a negociar sobre la mesa para tomar una decisión.

-El Premio Rey de España, los otros que has ganado y tu trabajo en general dignifica y prestigia al periodismo boliviano. ¿Cuál es tu diagnóstico sobre el estado actual del periodismo que se hace en el país?
-Tengo dos cosas importantes que decir sobre el tema. Por una parte, el periodismo boliviano ha desarrollado mucho su olfato y capacidad para reaccionar ante la coyuntura. Tenemos un periodismo muy vivo, en ese sentido. Ocurren los acontecimientos y nuestro periodismo está a la altura de reaccionar inmediatamente para llevarle al lector, al radioescucha y al televidente la noticia contante, sonante y caliente. Eso es muy aplaudible. Tenemos gente muy capaz en ello. Sin embargo, no lo es todo. Si bien se ha profundizado en eso, todavía no se está haciendo un periodismo de investigación militante y apostólico. Hay mucho por hacer. Las noticias mueren muy rápido por su naturaleza. Se está informando el qué, pero se está dejando de lado lo otro. Vamos en manada a un lugar, cubrimos, se enfría (la noticia) y vamos a otro. No se vuelve al lugar como debemos hacerlo los cronistas volviendo tarde al lugar para poder ver qué pasa. Si bien hay varios matices, pues, por ejemplo, el diario 'El Deber' tiene una sección de investigación, me gustaría que esto se haga a nivel nacional. Que no solo se pueda trabajar un reportaje para publicarlo en domingo, sino tener mucho más tiempo para publicarlo cada mes y así tener mayor tiempo para viajar, investigar y escribir.

-Se dice que la crónica (o periodismo narrativo, literatura de no ficción) está viviendo una suerte de boom en Latinoamérica. De hecho, se han publicado algunas antologías que certifican esta explosión, una de ellas con un trabajo tuyo (un fragmento de 'Esclavos made in Bolivia'). Sin embargo, entre unos y otros países hay diferencias. ¿Qué valoración te merece la crónica boliviana? ¿Crees que, aun asumiendo que -como dices- todavía falta cultivar mucho la investigación de largo aliento en el periodismo boliviano, se ha avanzado siquiera un poco en el campo de la crónica gracias al trabajo de periodistas como vos o Álex Ayala, entre otros?
-Alfaguara ya lo dijo: estamos viviendo un nuevo boom de las letras, como el que ocurrió con la generación de García Márquez, Vargas Llosa y compañía. Y agradezco la pregunta porque quiero rescatar a autores bolivianos que son muy competitivos, que tienen una narrativa exquisita y que no tienen nada de envidiar a otros cronistas de la región y de otras partes del mundo. Álex Ayala es uno de ellos, quien, además, acaba de ganar la Beca Michael Jacobs, lo que me parece estupendo, pues tiene una pluma fabulosa. Darwin Pinto es otro gran escritor y cronista, que está trabajando a fuego lento por cuestiones de la vida. Rocío Lloret está también en esa línea, con crónicas que han sido traducidas al portugués y publicadas en Brasil. Se trata de esfuerzos personales, a mi juicio. Más allá del aporte que pueda dar un determinado medio, sus trabajos son resultado de un trabajo que han llevado ellos mismos. Eso es obviamente aplaudible, pero si es que existiera a nivel nacional una mayor estructura en los medios y en el gremio creo que podríamos avanzar más. Los fenómenos literarios y periodísticos son así: ocurren como se dio el “grupo de Barranquilla”, con García Márquez y otros; ocurren porque la pasión es tal que, aunque existan 20 muros, uno va a saltarlos y progresar.

-Los nombres que mencionas líneas atrás son de periodistas que, con matices, trabajan como freelancers. No es tu caso, que trabajas en 'El Deber'. ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de contar con un respaldo institucional como el que tienes para hacer tu trabajo?
-Los pros son que tengo el apoyo logístico de vehículo, días para viajar. Sin embargo, también está lo otro: cuando eres freelance eres más libre de elegir tus temas y de darte los plazos que mejor te convengan para hacer tus crónicas. Pero en la vida no se puede tener todo. Yo agradezco cómo se han dado las cosas. Si tuviera más tiempo, podría hacer más cosas. Sueño todavía con eso. Creo que uno tiene que jugar con sus tiempos y con su realidad. Y si de verdad se ama esto, hay que meterle. No queda otra y hay que trabajar con alegría.

-Tu trabajo reivindica mucho la reportería, el perfil del periodista que no se queda quieto en un lugar y viaja mucho a reportear. Además de incursionar en la formación de periodistas, ¿te has planteado en algún momento la posibilidad de ocupar cargos más de escritorio, como editor o director de un medio?
-Claro que sí, porque me siento muy capaz de no solamente hacer trabajo de reportería, sino de comandar un equipo, de poder dirigir un medio de comunicación, una revista. Ahora estoy trabajando en el proyecto de la escuela de periodismo y espero tener buenas noticias dentro de poco tiempo. También estoy trabajando en una fundación que se encargue de hacer e incentivar el periodismo de investigación. Creo que es el momento de fusionar el amor a estar siempre de viaje y la posibilidad de apaciguarse desde un escritorio para poder dirigir, hacer equipo, una selección de cronistas, de periodistas de investigación. Porque Bolivia tiene muchas historias que se las están dejando pasar y la historia en algún momento nos va a sancionar, nos va a culpar, nos va a tirar de las orejas.

-El periodismo impreso está atravesando una crisis como resultado de la penetración del digital, entre otros factores. Ante esta crisis, ¿cómo ves el futuro de la prensa boliviana, en la que tu también te desenvuelves?
-El futuro lo veo brillante, con sus problemas, obviamente. Creo que los periódicos impresos y las revistas le deben mucho a la crónica, que es la que está oxigenando sus pulmones. Al diario en que trabajo le está yendo muy bien, tanto en lectores como en ventas. Creo que ya se ha derribado ese mito estúpido de que la gente no lee y que hay que darle solamente imágenes. La gente no solo está exigiendo más periodismo impreso, sino mejor periodismo impreso. Los periodistas tenemos que estar a la altura no solo de darles la pirámide invertida, sino de apostar en serio por la crónica, por el periodismo de investigación y por otros géneros. Soy muy optimista de lo que pueda venir en el futuro. Me gustaría que este amor por este periodismo sea también cultivado en la radio y televisión. A mí me parece fabuloso un fenómeno. Hace 10 años los muchachos querían dedicarse a la televisión para ser estrellas de los sets y ahora yo me topo con chicos que quieren ser cronistas. Eso era impensable hace 10 años, que la gente quisiera meterse al periódico. Me parece que hemos dado un gran salto y que Bolivia se ubica en el tren de este apasionante nuevo boom latinoamericano. Bolivia está formando parte y va a formar parte de este nuevo boom latinoamericano.

-¿Qué les recomiendas a estos jóvenes que te manifiestan su deseo de convertirse en cronistas?
-Lo primero que les recomiendo es que estén decididos a vivir intensamente. Eso implica dejar de mirar tanto las pantallas de sus teléfonos (risas). Y no solo con los jóvenes, sino con muchos hay una especie de embobamiento y se cree que las cosas se pueden conseguir a través de los smartphones. Entonces, a los muchachos les pido dejar de mirar sus smartphones y mirar los ojos de la gente. Se aprende de todo. Desde una visita a un restaurante, donde puede haber una familia que no se mira y que tampoco mira al mesero que les atiende. Lo otro que les recomiendo es que estén dispuestos a viajar y a contraer incluso enfermedades, como lo dice Kapuscinski. También les sugiero que lean bastante. Que crucen la novela de ficción con la no ficción. Que tengan una pasión desbordante por esto. Que tomen el asunto como un apostolado. Y que escriban y lean, que escriban y lean.

-¿Hay alguna lectura en particular que haya empujado a Roberto Navia hacia el periodismo y la escritura?
-Varias, muchísimas, pero si tuviera que decirte el nombre de un libro, ése sería 'Patente de Corso', de Arturo Pérez-Reverte. Yo era un muchacho todavía, estaba en una librería de Santa Cruz y no sabía que iba a ser periodista, porque estaba recién en primer año de la universidad. No lo conocía a Pérez-Reverte. En la librería tomé Patente de corso, leí la contratapa, comencé a ojear sus textos y dije: “Puta, esto es lo que quiero hacer”. Y ese libro lo llevo como un libro de cabecera.

PERFIL

Roberto Navia Gabriel nació en Santa Cruz, en 1975. Es periodista y escritor. Ha ganado el Premio Internacional de Periodismo Rey de España 2015 en categoría prensa, por la crónica “Tribus de la inquisición”. Recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo (2007) otorgado por el diario El País de España, por el reportaje de investigación “Esclavos made in Bolivia”, en el que revela el tráfico de seres humanos en talleres de costura de Argentina y Brasi; Premio Nacional de Periodismo (2006) en la categoría prensa por “La maldición de ser sudaca”, una separata sobre los bajos mundos de la migración boliviana en Europa; medalla Huáscar Cajías a las Nuevas Generaciones, concedido por la Asociación de Periodistas de La Paz; cofinalista del Premio Lorenzo Nátali (Bruselas, 2005) de la Comisión Europea; ganador del Fondo de Periodismo para reportajes de Investigación de la Fundación Unir (2006) y coganador por Bolivia del premio internacional a la Investigación Periodística de la fundación Avina (2006). En 2014 ganó el primer Premio de Crónica Periodística Pedro Rivero Mercado, por “Tribus de la inquisición”, recientemente editado, junto a otros textos, en el libro Cotidianidades (2015). En 2012 recibió el primer lugar del premio de reportaje sobre biodiversidad de Conservación Internacional por la separata “Flechas contra el asfalto”, una inmersión al Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis) antes de que los indígenas se lancen a defender su territorio amenazado por la construcción de una carretera asfaltada. La beca para periodistas internacionales Edward R. Murrow lo llevó a cinco estados de EEUU para capacitarse en periodismo de investigación y conocer de primera mano la cultura, política y economía del país del norte. Escribió, en coutoría con Darwin Pinto, el libro Un tal Evo (El País, 2007), y, en coautoría con Claudio Ferrufino, Crónicas de un perro andante (La Hoguera, 2013). Es el único boliviano incluido en el libro Antología de crónica latinoamericana actual (Darío Jaramillo, ed., Alfaguara 2012), con el texto “Venden ‘bolitas’ al precio de ‘gallina muerta” (que hace parte de su reportaje “Esclavos made in Bolivia”).

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Mensaje por Rogorn » Lun Feb 23, 2015 10:45 pm

'El Ministerio del Tiempo' recupera los años perdidos para la ciencia ficción española
Carlos Aimeur - valenciaplaza.com - 23/02/2015

Inicio del capítulo piloto de la nueve serie de TVE El Ministerio del Tiempo. Un soldado de los Tercios, que encarna Nacho Fresneda, se revuelve contra su capitán, que ordenó un ataque suicida por el que murieron cientos de hombres. El tercio intenta agredir a su superior. Le condenan a muerte. Poco antes de ser ejecutado, un monje se aproxima a él en una celda de la cárcel. Le hace una oferta que no puede rechazar. Es un trabajo para un despacho secreto de la Corona. Lo único, que tiene que aceptar que pasará por muerto para los suyos. El tercio acepta. El monje, con los rasgos faciales de Juan Gea, mira su reloj de pulsera. No. No es un error de raccord. Forma parte del guión. "Es un homenaje a la primera versión de 'Las aventuras del barón Munchausen' (Josef von Báky, 1943)", explica el guionista y cocreador de la serie, Javier Olivares.

Así empieza la nueva serie de ciencia ficción que estrenará TVE este martes 24 de febrero a las 22.30 horas. Una rara avis en el audiovisual español, donde las series fantásticas brillan por su ausencia. "Se le ha puesto un cliché al género, un tabú injusto...", dice Olivares, "y forman parte de nuestra tradición. Ahí están 'Las leyendas' de Bécquer. Una cosa es lo que le gusta a la gente, y otra lo que se dice que le gusta a la gente. Y yo creo que hay un hueco muy grande. Además, hay una tradición en la televisión española, con 'La Cabina', 'Historias para no dormir'...", añade.

'El Ministerio del Tiempo' es una serie meditada como un reloj donde todas las piezas encajan. Una idea que surge hace quince años, según comenta Olivares, y que tuvo un antes y un después: la lectura de la novela 'Las Puertas de Anubis', de Tim Powers. "A partir de ahí, de esa idea, nos influyó mucho el cine español de los años cincuenta. Mi hermano Pablo, que fue el impulsor de la serie, yo me he adaptado a su idea, diseñó todo partiendo de que fuera un anormalidad española. ¿Y qué más español que un funcionario de un Ministerio?", explica. La redacción de la serie se inició hace tres años, con un reloj cruel encima de sus cabezas: a Pablo Olivares se le había diagnosticado ELA. Los hermanos Olivares, que cuentan en su haber con éxitos como 'Los Serrano', 'Los hombres de Paco' o 'Isabel', se afanaron pues en dar forma a este viaje mental por el mapa de la Historia de España peleando, irónicamente, contra el tiempo. Junto a ellos, Anaïs Schaaff, y la colaboración de Paco López Barrio y José Ramón Fernández. Con ellos han escrito las ocho primeras entregas de esta serie que sigue el espíritu marcado por Pablo Olivares, quien pudo concluir el trabajo antes de morir.

La fantasía tuvo una primera plasmación física: un palacete antiguo, de apenas dos plantas, en un recodo poco transitado del Madrid de los Austrias, de aspecto ruinoso, rodeado de vallas, andamios y señales de peligro. Ésa sería la sede del Ministerio a la que llega Julián, un SAMUR del Madrid contemporáneo al que sus compañeros consideran un suicida y un peligro para sí mismo y los demás. Al igual que el tercio, el personaje que encarna Rodolfo Sancho ha sido reclutado por el Ministerio del Tiempo. Junto al tercio y la barcelonesa del XIX Amèlia Folch, interpretada por Aura Garrido, se incorporará a un grupo especial a las órdenes de Cayetana Guillén Cuervo y Jaime Blanch. En su trabajo no hay una máquina del tiempo. Durante el reinado de los Reyes Católicos, estos obtuvieron de un rabino judío un libro eternamente inacabado en el que se especificaban puertas temporales que comunicaban con el pasado. Este libro se guardaba en una sinagoga de Toledo que fue destruida y desde la cual se podía acceder a dichas puertas. No se puede viajar al futuro... porque no existe. El futuro se construye desde el presente. Las misiones se aplican en las dos direcciones temporales: desde el pasado al presente y viceversa, porque tan peligroso sería que los romanos que invadieron Hispania consiguieran unas ametralladoras como que Al Qaeda pudiera contactar con Boabdil.

Vista con distancia, a apenas dos días de su estreno, Olivares constata algo de lo que dice que se dio cuenta cuando leyó los capítulos ya redactados: "Es la primera serie para todos los públicos que hemos hecho". Una fantasía en la que admite que han limitado la imaginación para prestar más atención a los elementos realistas de cada época, con un trasfondo humano, emotivo: "Trata no sólo de salvar a personajes históricos, sino también de las personas que quieren reencontrarse con su pasado; algo que nos llega a todos". Humor, alusiones al cine contemporáneo como 'Terminator', bromas internas pop como ese momento en que Rodolfo Sancho, hijo de Sancho Gracia, se presenta como Curro Jiménez, y otras personales, como el Atlético de Madrid, tan presente siempre en la vida de los Olivares, colchoneros de pro... sazonan una serie que desde el primer día ha encantado a quienes se han acercado a ella. Por ejemplo: los ocho capítulos con los que abre 'El Ministerio del Tiempo' fueron al principio seis, "pero TVE nos pidió dos más". De hecho, recuerda, en cuanto leyeron los dos primeros dijeron que sí a la serie. "También convencí a los actores con los guiones".

Pero 'El Ministerio del Tiempo' no sólo sorprende por la calidad de sus libretos. Otro de sus puntos fuertes es la factura visual, adecuada a las historias, moderna, inteligente, obra del director de la serie, Marc Vigil, que ha contado con Abigail Schaaf y Jorge Dorado como directores capitulares. "Queríamos trabajar con él", explica Olivares, "porque conocía su trabajo y sabía que se ajustaba a lo que buscábamos". Cada capítulo es conclusivo y permite que los espectadores se enganchen en cualquier momento. Las referencias van desde las literarias a las cinéfilas, pasando por la televisión. HG Wells y Julio Verne se citan con trilogías como 'Regreso al futuro' y la obsesión por mantener la inviolabilidad del tiempo, además de la evidente influencia de 'Doctor Who'. Pero también hay homenajes a Pérez-Reverte, al citado Neville y conexiones con obras como un libro hoy prácticamente olvidado, una pieza singular de la literatura fantástica española: 'Un soldado español de veinte siglos', de José Gómez de Arteche. "Mi hermano lo descubrió cuando ya estábamos con el proyecto. No sé cómo lo encontró, porque él siempre descubría las cosas más extrañas. Es un libro que espero que nos sirva de referencia si hay una segunda temporada, porque hay un capítulo muy bueno ahí dentro", explica.

Ahora todo queda a expensas del público, una audiencia que espera Olivares que les acompañe. "Lo que sí que creo es que cada vez la audiencia es diferente. Y el consumo de televisión. Las mediciones tampoco tienen en cuenta muchas veces lo que se llama audiencia en diferido. Hay mucha gente que ve las series en la web", reflexiona. E igualmente incide en que ha percibido un cambio en los gustos de los espectadores. "El espíritu del mercado ha ido en una dirección e igual ha habido un cambio en los gustos del público. 'Isabel' fue un grandísimo éxito de audiencia. No sé si se estrenara ahora tendría la misma audiencia. La tercera temporada, que fue excelente, tenía menos espectadores", recuerda.

Frente a este juez implacable que es el espectador, ocho capítulos que recorren momentos de la Historia de España, como la visita de Himmler al monasterio de Montserrat, o misiones como encontrar el contrato para la pintura del 'Guernica', o evitar que Lope de Vega embarque en la nave equivocada de la Armada Invencible y se muera a los 26 años de edad. Ocho aventuras, pero también ocho juegos de espejos con la verdad y la Historia, llenos de guiños, ternura e ironía. Por eso se podría decir que, si finalmente 'El Ministerio del Tiempo' triunfa, en parte también triunfará el interés del público por la Historia de España. Una idea que le gusta a Javier Olivares. "Estamos muy acostumbrados a que los demás [países] nos cuenten sus historias y pensamos que a los demás no les interesan las nuestras. Pero tenemos que contar nuestras historias, tenemos que estar orgullosos de ellas", concluye.

Esa sería una de las premisas de una serie que inicia su andadura con un primer capítulo en el que se aproxima a la figura de Juan Martín El Empecinado, que fue un hombre clave en la Guerra de la Independencia. Precisamente, el difunto padre de Rodolfo Sancho interpretó en su día en 'Los desastres de la guerra' al guerrillero español. Y es que en El Ministerio del Tiempo, como en la vida, a veces parece que todo está conectado.

Imagen

Los hermanos Olivares y Alatriste ya tienen precedentes: aparecen en 'El sol de Breda' como personajes:

"Sebastián Copons abrió un ojo y lo volvió a cerrar. El mosquetazo de Garrote le había interrumpido la siesta que dormía al pie del parapeto, con la cabeza apoyada en una manta mugrienta. También los hermanos Olivares asomaron sus hirsutas cabezas de turcos por un recodo de la trinchera, curiosos."

"En cuanto a los Olivares, parecían gemelos, sin serlo. Tenían muy semejantes las facciones, con el rostro agitanado y el pelo y las barbas negras y tupidas en torno a unas narices gallardas, semíticas, que delataban a la legua a unos bisabuelos todavía reacios a comer tocino: cuestión que a sus camaradas dábaseles un ardite, pues en asuntos de limpieza de sangre nunca entraron los tercios, al considerar que quien la vertía peleando, harto hidalga y limpia la tenía. Los dos hermanos iban siempre juntos a todas partes, dormían espalda contra espalda, compartían hasta el último mendrugo de pan, y cuidaban uno del otro en la pelea."

"–¿Están todos? –preguntó Bragado.
Faltaban Rivas y uno de los Olivares. Pablo, el menor, con el pelo y la barba que ya no eran negros, sino grises por el polvo y la tierra, hizo ademán de meterse de nuevo dentro en busca de su hermano; pero lo contuvieron entre Garrote y Mendieta. Ahora los holandeses tiraban con mucha arcabucería desde el otro lado, harto furiosos y descompuestos por lo ocurrido, y las balas zumbaban y daban chasquidos, rebotando en los cestones de la trinchera.
–Bien jodido los hemos, pues –dijo Mendieta.
No había triunfo en su tono, sino un profundo cansancio. Aún sostenía la pala, sucia de tierra adherida a la sangre. A Copons, que respiraba con dificultad tumbado junto a Alatriste, el sudor le formaba una reluciente máscara de barro en la cara.
–¡Hideputas! –voceaba desesperado el menor de los Olivares–... ¡Herejes hideputas, así ardáis en el infierno!
Sus imprecaciones cesaron cuando Rivas asomó la cabeza por la boca del túnel, trayendo a rastras al otro Olivares, medio sofocado pero vivo. Los ojos azules del gallego estaban rojos, inyectados en sangre.
–Ay, carallo.
Su pelo rubio humeaba de azufre. De un manotazo se arrancó el lienzo de la cara, tosiendo tierra.
–Gracias a Dios –dijo, llenándose los pulmones de aire limpio.
Uno de los tudescos trajo un zaque de agua, y los hombres bebieron con avidez, uno tras otro.
–Aunque fuera orín de asno –murmuraba Garrote, derramándosele el líquido por la barbilla y el pecho.
Recostado en la trinchera y sintiendo en él los ojos de Bragado, Alatriste le quitaba la tierra y la sangre a su vizcaína.
–¿Cómo queda el túnel? –preguntó por fin el oficial.
–Limpio como esta daga.
Sin añadir nada más, Alatriste envainó el acero. Luego le retiró el cebo al pistolete que no había llegado a usar.
–Gracias a Dios –repetía Rivas una y otra vez persignándose. Los ojos azules le lloraban tierra.
Alatriste callaba. A veces, se dijo para sus adentros, Dios parece saciado. Entonces, ahíto de dolor y de sangre, mira hacia otro lado y descansa."

"–¡Ni España ni leches! –masculló Garrote, levantándose renqueante con la espada en la mano sana–... ¡Mis cojones!... ¡Cierran mis cojones!
Ignoro cómo ocurrió, pero sobrevivimos. Mis recuerdos de la ladera del reducto de Terheyden son confusos, igual que lo fue aquella acometida sin esperanza. Sé que aparecimos en lo alto del parapeto, que algunos se persignaron atropelladamente, y luego, como una jauría de perros salvajes, echamos todos a correr cuesta abajo gritando como locos, blandiendo dagas y espadas, cuando los primeros ingleses estaban a punto de coger del suelo la bandera. Se detuvieron en seco éstos, espantados por aquella aparición inesperada cuando daban por rota nuestra resistencia; y aún estaban así, mirando para arriba con las manos alargadas hacia el asta de la enseña, cuando les fuimos encima, degollándolos a mansalva. Caí sobre la bandera, apretándola entre mis brazos y resuelto a que nadie me quitara aquel trozo de lienzo si no era con la vida, y rodé con ella terraplén abajo, sobre los cuerpos del oficial muerto, y del alférez Chacón, y del buen Rivas, y sobre los ingleses que Alatriste y los demás iban tajando a medida que descendían la ladera, con tal ímpetu y ferocidad –la fuerza de los desesperados es no esperar salvación alguna– que los ingleses, espantados por la acometida, empezaron a flaquear mientras eran heridos, y a caer, y a tropezar unos con otros. Y luego uno volvió la espalda, y otros lo imitaron, y el capitán Alatriste, y Copons, y los Olivares, y Garrote y los otros, estaban rojos de sangre enemiga, ciegos de matar y de matar. E inesperadamente los ingleses echaron a correr, tal como lo cuento, echaron a correr por docenas, se fueron para atrás y los nuestros seguían hiriéndolos por las espaldas; y llegaron así junto al cadáver de Don Pedro de la Daga y siguieron más allá, dejando el suelo convertido en una carnicería, en un rastro sanguinolento de ingleses acuchillados sobre los que yo, que tropezaba y rodaba con la bandera bien sujeta entre los brazos, los seguía aullando con todas mis fuerzas, gritando a voces mi desesperación, y mi rabia, y el coraje de la casta de los hombres y mujeres que me hicieron. Y vive Dios que yo había de conocer aún muchos lances y combates, alguno tan apretado como ése. Pero todavía me echo a llorar como el chiquillo que era cuando recuerdo aquello; cuando me veo a mí mismo con apenas quince años, abrazado al absurdo trozo de lienzo ajedrezado de azul y blanco, gritando y corriendo por la sangrienta ladera del reducto de Terheyden, el día que el capitán Alatriste buscó un buen lugar donde morir, y yo lo seguí a través de los ingleses, con sus camaradas, porque íbamos a caer todos de cualquier manera, y porque nos habría avergonzado dejarlo ir solo."

--

Tuiteos de Javier Olivares cuando el estreno de LADCA:

-olivares_javier: Que se justifique el fracaso de una serie con la frase "es que las series españolas son todas así" me toca los cojones. Mucho. Cuando una serie fracasa, fracasamos todos. Pero que cada palo aguante su vela. Como todos hacemos cuando nos toca. O deberíamos hacer.

-FormulaTV: @olivares_javier: 'Que se justifique el fracaso de una serie con 'las españolas son todas así' me toca los cojones': http://frml.tv/42989

-Bluper: Los guionistas españoles, molestos con @perezreverte http://www.bluper.es/noticias/los-guion ... ez-reverte … pic.twitter.com/VgZffeQB5s

http://www.elnortedecastilla.es/gente-e ... 84256.html

-olivares_javier: Me vais a perdonar, pero en ningún momento me refería a Pérez Reverte en ese tuit. Si no, lo hubiera mencionado. Me considero amigo personal, más allá de opiniones distintas. Y de hecho en Ministerio Tiempo le debemos un gran favor.

-juanmafdez: @olivares_javier ¿A quién te referías Javier?

-olivares_javier: A quienes en blogs y tuits generalizan cuando no debn. A quienes se dejan hacer y se callan. Nunca a los que dan la cara. Aunque discrepe. Creo que alguien debería analizar de verdad lo que pasa cuando pasan cosas como ésta. Yo, desde luego, cuando le tengo que decir algo a alguien personalmente, se lo digo, tranquilo. repito: lo escribí antes de leer que Reverte dijera nada

-NachoFaerna: Si Javier o yo (también me mencionan) hubiéramos querido contestar a Reverte, habríamos contestado a Reverte

-abcesveotv: lo que no entiendo es la invención de polémicas.

-olivares_javier: Da igual. Es una bola de nieve absurda. Cogen una frase tuya y tergiversan todo lo demás. Aviso para navegantes 1: Nunca escribí nada en contestación a Pérez Reverte. Aviso para navegantes 2: Considero a Arturo un amigo y a los amigos no les contesto por redes sociales. Aviso para navegantes 3: Se está utilizando una frase mía con una absoluta indignidad para dar a entender lo que no es. Aviso para navegantes 4: Los que están tergiversando mi opinión no merecen ser llamados profesionales de la información. Aviso para navegantes 5: es curioso que se coja un tuit y se olviden los siguientes en los que rebato esa información.

Imagen

Tuiteos tras el estreno de EMDT:

-olivares_javier: Mil gracias a mi amigo y admirado @perezreverte por prestarnos a Alatriste. Nos enviaste a los Olivares a luchar en Breda. Un honor.Ahora, en agradecimiento de Pablo y mío, Alatriste viaja un poquito con nosotros en El Ministerio del Tiempo @MdT_TVE. GRACIAS
-perezreverte: Gracias por el guiño alatristesco en el Ministerio del tiempo, querido Javier. A ti y a Pablo, por las trincheras de Breda.
Última edición por Rogorn el Vie Feb 27, 2015 8:56 pm, editado 5 veces en total.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Feb 24, 2015 11:52 am

Javier Valenzuela: "Mis fuentes de información ahora son Twitter y los digitales: tengo la sensación de no perderme nada si no leo El País"
Roberto Marbán - periodistadigital.com - 24/02/2015

Decir Javier Valenzuela es decir periodismo en mayúsculas. Gracias a su trabajo en 'El País' durante muchos años, Valenzuela viajó a conflictos internacionales de todo tipo, fue corresponsal permanente en un puñado de destinos interesantes y tuvo la oportunidad de entrevistar a toda clase de líderes mundiales, aunque el que más le marcó fue Nelson Mandela que, saltándose todo protocolo, no tuvo reparos en hacer esperar a su siguiente invitado para que, una vez finalizada la entrevista con Valenzuela, ser él quien le hiciera las preguntas que le interesaban sobre España, su transición política y sus costumbres.

Ahora retirado de la primera línea del periodismo tras su salida del diario de Prisa, que asegura no echar de menos, ha aprovechado los últimos meses que ha pasado de retiro en Tánger para escribir su última novela, 'Tangerina', que fechas antes había presentado en 'Periodista Digital'. De su paso por 'El Burladero' dejó una serie de vivencias y reflexiones más que interesantes:

'Ajoblanco' era una revista libertaria porque predicaba no solo la libertad política sino todo tipo de libertades, como libertades sexuales que entonces estaban prohibidas y eran tabús y algún tipo de sustancias.

Estuve procesado por algunos artículos por delito de escándalo público al escribir que los gays podían vivir.

En 'Diario de Valencia' viví el 23F. Los soldados entraron en el periódico por órdenes del capitán Milans del Bosch, estuvimos durante horas con los soldados que ni sabían lo que hacían allí. Se atascó el baño por los carnets que se tiraban del PSOE, CCOO, el Partido Comunista... por lo que pudiera pasar tras el Golpe.

Le dije a Cebrián que la sección de Cultura de 'El País' no reflejaba los cambios que se producían en España al ser muy institucional. Así que me mandó a cubrir La Movida, sucesos y crónica negra.

Quería ser corresponsal de guerra y mi actitud me permitió sustituir a Ignacio Cembrero en Beirut. No hablaba nada de árabe, pero pensaba que eso se aprendería. Y allí me mandaron. Al llegar escuché un tiroteo e hice como en las películas, me tiré debajo de un coche ante la mirada atónita de los más veteranos que me dijeron que estaba sucediendo dos calles más allá.

Coincidí en Beirut a mediados de los años 80 con Alfonso Rojo, pero él era más veterano que yo porque había estado en Nicaragua. También con Arturo Pérez-Reverte y Manu Leguineche. Había una gran solidaridad entre los corresponsales de guerra.

A la guerra tienes que ir con traje, chaqueta y corbata porque los combatientes están en tremendo estrés y te pueden confundir, y si te ven así arreglado no produces esa confusión.

El corresponsal debe tener curiosidad e ir sin prejuicios. También hace falta un buen estómago porque en según que sitios se come muy mal. El mal corresponsal es el que odia el país en el que está. Así es imposible.

Ya no leo diarios impresos. Mis fuentes de información son Twitter y los diarios digitales. No leo medios de papel, son dinosaurios de papel, sosos, las empresas les han convertido en algo bastante sosos. Tengo la sensación de no perderme gran cosa si no leo 'El País'.

La prensa en papel se ha hecho conservadora y tiene poco interés. A la crisis del formato de los grandes periódicos están añadiéndole una crisis propia al ser todos previsibles sin diferenciarse.

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mastelerillo
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Mensaje por mastelerillo » Jue Feb 26, 2015 9:03 am

Estupenda serie en cuanto a ambientación y unos cuantos etc. mas. Sobre todo,que se hable de la historia española de esta forma puede despertar interes por saber mas . Enlace para ver el capitulo entero http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/el ... /?media=ve

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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Feb 26, 2015 9:23 am

Gracias Mastelerillo
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aik
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Mensaje por aik » Jue Feb 26, 2015 10:03 am

Simple, entretenida, anacrónica, divertida.
Me encanta. :D
"Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)

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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Feb 26, 2015 6:20 pm

Juan Eslava Galán (Arjona, Jaén, 1948) ha ganado el Premio Primavera de Novela en su decimonovena edición por la obra 'Misterioso asesinato en casa de Cervantes'. Según el fallo del jurado, la novela "es una intriga muy bien construida, escrita con una riqueza del lenguaje extraordinaria y por un autor que conoce a la perfección el mundo de Cervantes".

http://www.elcultural.es/noticias/letra ... -2015/7459


Eslava Galán, premio Primavera de Novela 2015
El escritor se hace con los 100.000 euros del galardón y suma su nombre al de autores como Juan Manuel de Prada, Use Lahoz o Máxim Huerta.

ELCULTURAL.es | 26/02/2015


Juan Eslava Galán (Arjona, Jaén, 1948) ha ganado el Premio Primavera de Novela en su decimonovena edición por la obra Misterioso asesinato en casa de Cervantes. Según el fallo del jurado, la novela "es una intriga muy bien construida, escrita con una riqueza del lenguaje extraordinaria y por un autor que conoce a la perfección el mundo de Cervantes". El premio está dotado con 100.000 euros y está convocado por la Editorial Espasa y Ámbito Cultural de El Corte Inglés. El año pasado lo obtuvo Máxim Huerta con La noche soñada.

La novela de Eslava Galán nos traslada pleno Siglo de Oro. Miguel de Cervantes y sus hermanas, conocidas como las Cervantas, han sido encarcelados por su implicación en el asesinato de Gaspar de Ezpeleta, aparecido muerto a las puertas de la casa del autor de El Quijote. La duquesa de Arjona, gran admiradora de Cervantes, requiere los servicios detectivescos de la joven Dorotea de Osuna para la defensa de su querido amigo. Según ha informado la editorial, el autor recrea una "España asolada por las guerras y con sus calles llenas de pícaros, tullidos y busconas. Un panorama en el que veremos cómo la figura femenina se rebela contra el papel secundario que le ha tocado vivir en la sociedad".

Juan Eslava Galán es doctor en Letras. Entre sus últimos trabajos destacan Historia del mundo contada para escépticos (2012), La primera guerra mundial contada para escépticos (2014) y La segunda guerra mundial contada para escépticos (2015). Es autor de las novelas En busca del unicornio (Premio Planeta 1987), El comedido hidalgo (Premio Ateneo de Sevilla 1991), Señorita (Premio de Novela Fernando Lara 1998), La mula (2003), Rey lobo (2009) y Últimas pasiones del caballero Almafiera (2011).

El Premio Primavera de Novela, que se celebra desde 1997, ha batido este año el récord de participación, con 936 obras presentadas procedentes de 33 países. España, con 424 novelas, ha encabezado la lista de participantes; seguida de Argentina, con 150; México, con 58 manuscritos; Colombia con 48 y Estados Unidos con 47 originales. En la nómina de anteriores ganadores figuran escritores como Lucía Etxebarria, Rosa Montero, Juan José Millás, Juan Manuel de Prada o Use Lahoz, entre otros.

El jurado ha estado compuesto por Antonio Soler, Ángel Basanta, Ramón Pernas, Fernando Rodríguez Lafuente, Ana Rosa Semprún y Miryam Galaz, esta última como secretaria sin voto.
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Mensaje por Ada » Mié Mar 11, 2015 12:11 pm

Augusto Ferrer-Dalmau: «No sabría cómo pintar una gran mentira»
10 de marzo de 2015. 23:22h
Carmen S. Macías .

Augusto Ferrer-Dalmau: «No sabría cómo pintar una gran mentira»

Pérez-Reverte se refiere a él como pintor de batallas. El propio Ferrer-Dalmau se define como un «idealista irresponsable que se mueve por pasión». Trabajó hace años como diseñador textil. Le encanta cocinar platos contundentes y colecciona sables de caballería. Dice que a todas horas le asiste la soledad infinita del artista. Escucha música melódica mientras pinta. Ha sido galardonado con numerosos premios por sus obras. Como los soldados que dibuja en sus batallas, es buen amigo de los suyos, y el «peor enemigo»... Le encantan los colores tierra y le gustaría ser recordado como «un catalán orgulloso de ser español».

–No me diga que en el colegio le suspendían en dibujo, como a Picasso...

–No, era de los que sacaban buenas notas. En la clase pintarrajeaba todos los libros.

–¿Y qué pintaba?

–Soldaditos, batallas, castillos... Lo que veía en las películas.

–¿Por qué pinta?

–En aquella época, era una forma de jugar. Los juguetes que no existían los pintaba. Me sigue gustando y disfruto con ello.

–¿Qué es lo más curioso que ha dibujado?

–Algún paisaje tropical que nada tiene que ver con lo mío para un amigo que me lo pidió. Me pareció una cosa absurda.

–¿Usted también tiene un retrato de Dorian Gray que envejece ?

–Sí, claro que tengo un retrato de Dorian Gray. Todo pintor que se precie tiene que tener uno en el armario.

–¿Cuántas horas pasa en su estudio?

–Todas. Mañana, tarde, noche, fines de semana... No salgo de él. Paro, duermo, continúo, como mientras pinto... Mi pintura es quien maneja mi vida social; no tengo.

–¿De qué obra se siente más orgulloso?

–De «La batalla de Rocroi» porque refleja mucho el carácter español: la resistencia, el heroísmo, el honor hasta el final. Es el reflejo de nuestro sino.

–¿Por qué siempre hazañas bélicas?

–Porque es lo que me ha apasionado siempre; es algo que me sale desde que era pequeñito. Forma parte de nuestra historia y de nuestra humanidad.

–¿Qué es lo más difícil cuando uno pinta un cuadro de esas características?

–El planteamiento y la documentación.

–¿Cómo se informa?

–Llevo con el planteamiento del cuadro de los tercios que estoy pintando ahora más de dos semanas, pensando en cómo colocar las figuras y documentándome. El conjunto general del cuadro para mí es lo más difícil.

–¿Le ha asaltado alguna vez el miedo al lienzo en blanco?

–Sí, bloquearme muchas veces. Cuando me pasa me doy un paseo, cambio de aires, dibujo otra cosa, aunque sea una tontería, y vuelvo a retomar el tema, hasta que salgo del agujero.

–¿Quién le enseñó a pintar?

–Mi madre pintaba muy bien y me enseñó cuatro trucos y yo empecé a desarrollar el resto por mi cuenta. Ella pintaba también cosas militares porque era hija de militar. Me dedicaba a mirarla y la imitaba.

–Usted que es catalán, ¿cree que pinta algo el desafío soberanista de Mas?

–No pinta nada, ni ahora, ni antes ni después.

–¿Cómo esbozaría el retrato del presidente de la Generalitat?

–No sabría cómo pintar una gran mentira, pero me iría a dar un paseo y ya encontraría la fórmula .

–¿Y el de Pujol?

–Pues quizá un traje al estilo «hermanos Dalton».

¿Cómo pintan cuatro elecciones seguidas cuando parece que el bipartidismo se acaba?

–Como siempre, todas pintan igual.

–¿Le han pedido alguna vez que pinte, por ejemplo, una mayoría absoluta?

–No, espero que no me pidan nada de esto.

–En el Debate del Estado de la Nación la oposición acusó a Rajoy de pintar una España en rosa pastel. Usted, que mezcla tanto los colores, ¿cómo la pintaría?

–Sobre un lienzo viejo con un fondo ocre empezaría a darle tonos claros.

–Dicen que fue uno de los impulsores de la Lauredada de Alcántara...

–Yo no impulsé. Eramos un grupo de personas que nos juntamos, dirigidos por Jorge Fernández Díaz, y entre todos aunamos esfuerzos. Antes de que gobernara el PP, la providencia quiso que un día Fernández Díaz fuera a la Academia de Caballería conmigo y su hermano Alberto y se interesara mucho por saber por qué no se había concedido esa Laureada. Él tomó el compromiso de que se concediera esa laureada si gobernaba, y así fue. A mí me encomendó la tarea de organizar el primer encuentro con militares amigos para saber cómo estaba la situación. Sin duda, fueron momentos de gran emoción.

–¿Dibujó algo sobre esta Laureada?

–Precisamente he pintado muchos cuadros de esta Laureada antes de que se concediera. Por ello formé parte del «grupo Alcántara», porque conocía gente relacionada con el tema y la caballería.

–Calderón de la Barca decía: «La milicia no es más que una religión de hombres honrados». ¿Lo ve así?

–Exactamente lo mismo, es una religión de hombres honrados que darían su vida si fuera necesario por todos nosotros sin distinción de credo y religión.

–Y pintando tantas batallas, ¿nunca pensó ser militar para vivirlas?

–Siempre, lo intenté, pero era un mal estudiante. Hubiese cambiado la impresión por ser militar de caballería. Vivirlas me habría ahorrado muchas horas de investigación. Cuando pinto vivo la batalla, disfruto de ello.

–¿Cuál es el objetivo de un artista como usted?

–Transmitir a la gente los éxitos gloriosos de nuestra historia militar. Para mí eso es un orgullo, y que la historia no se olvide.

–Ha estado en Afganistán haciendo bocetos... ¿siempre va a la arena para tocar el realismo?

–No puedo reconstruir el pasado porque no estuve, pero el presente sí, voy y lo veo. Ver para pintar...

–¿Y cómo hizo ese viaje en el tiempo para inmortalizar la batalla del Glorioso?

–Con la ayuda de muchísima gente, pero sobre todo de Pérez-Reverte, que conocía muchísimo todo el tema. Reconstruimos una maqueta para poder hacerlo. Fue un trabajo muy laborioso que me llevó cerca de tres meses, diez horas diarias

–¿En qué capítulo de la historia se ha embarcado ahora?

–Estoy con los tercios y me pasaré en breve a la batalla de Pensacola.

–¿Nunca se ha pintado a sí mismo en una batalla?

–No, pero no lo descarto. Si algún día lo hago, no lo diré



Leer más: Augusto Ferrer-Dalmau: «No sabría cómo pintar una gran mentira» http://www.larazon.es/augusto-ferrer-da ... IZ4nc3BfYv
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Ada
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Mensaje por Ada » Dom Mar 29, 2015 2:30 pm

Ferrer-Dalmau: «Quiero pintar a los últimos de Filipinas»
por Jesús García Calero- 29/03/2015

A punto de terminar «El milagro de Empel», un cuadro dedicado a la infantería, el pintor de batallas habla de su trayectoria y motivaciones

Día a día el cuadro que ahora ultima Augusto Ferrer-Dalmau se ha ido completando. Se titulará «El milagro de Empel», un episodio de los Tercios de Flandes en el que los duros infantes españoles sobrevivieron a un bloqueo letal por mar y a una inundación cuando, según la tradición, apareció una tabla de la Virgen, se congeló el agua de los canales y pudieron salir y asaltar a pie la flota de las Provincias Unidas. «Milagro o meteorología, el hecho es que ocurrió», nos dice Augusto Ferrer-Dalmau, ya afamado pintor de batallas que ahora prepara un viaje a Georgia, donde las pinturas sobre su ejército servirán para celebrar la fiesta nacional de esta pequeña república caucásica llena de historia, en la que nació Stalin y a la que viajaron los Argonautas en busca del Vellocino.

Ferrer-Dalmau recuerda sus inicios, los de un modesto autodidacta, un niño al que se le daba muy bien pintar soldaditos y que, poco después, se introdujo en el negocio familiar, la industria textil. Aprendió técnicas y cultivó su pasión mientras ahorraba dinero como jefe de Diseño y Decoración en varias firmas del sector hasta que pudo dar el salto a la pintura. Descendiente de una saga de empresarios textiles catalanes, de tres o cuatro generaciones, habla con franqueza sobre los estragos culturales y económicos del nacionalismo.

Ferrer-Dalmau se dio a conocer pintando marinas e imitaciones barcelonesas de los cuadros madrileños de Antonio López. Desarrolló una técnica asombrosa y un buen día, al colgar en una de sus exposiciones un cuadro de un soldado carlista que había hecho se dio cuenta de que algo extraño pasaba. «Despertó tanto interés y gustó tanto que vi una oportunidad».

La afición por la historia le viene de sus estudios en el colegio de los jesuitas de Sarriá y de su madre, «una gran lectora de historia». Confiesa que al principio le veían «como un bicho raro: ¿éste qué hace? Pero había mucha gente con sed de tener una ventana a la historia en su casa. Mi pintura ha gustado quizá también por el tema ecuestre, o por el halo romántico, no sólo lo bélico».

-Llamativo tanto amor a la historia de España en un catalán de pura cepa.

-(Risas) Los catalanes hemos hecho muchas cosas por la historia común.

-No vive en Cataluña, ¿por qué?

-Hace cinco años que dejé de vivir en Cataluña. No estaba cómodo. El entorno cambió. Estaba muy cansado de discutir, de estar siempre demostrando lo que pensaba. Llegué al hastío: ya basta. Quería disfrutar de la vida y dejar de discutir con amigos en cada comida.

-Dicen que allí muchos han perdido la vinculación emotiva con España. ¿Cree que hay quien la mantiene y no se atreve a decirlo?

-¡Claro! El catalán es una persona seria, trabajadora y formal. Ha trabajado siempre vinculado a España, y tiene un prestigio para vender sus productos. Estamos cansados de esta mala fama que nos crea una serie de políticos.

-Los que dicen: «España ens roba»

-Qué gran mentira. España es nuestro principal cliente, es el principal mercado del producto catalán. ¡Es ridículo! ¡Cómo se va a robar España a sí misma! El victimismo no da una imagen real.

-Pero es un gran negocio...

-«Nos tienen manía, nos roban…». Esto lo dice tal vez un señor cuyo padre era de Extremadura. Ridículo.

-También se ha fabricado una versión falseada de nuestra historia.

-Eso es muy gracioso. Hemos estado en las mismas guerras, combatido juntos en los mismos frentes, hemos tenido las mismas desgracias y compartido todo, desde hace siglos y siglos. La sangre de los soldados catalanes ha regado los mismos campos de batalla, es la misma historia.

-¿Por qué no cultivamos más la grandeza de nuestra historia?

-España no ha tenido la suerte que tienen los americanos, donde se hacen películas muy buenas que la gente puede ver. Apenas hemos hecho películas de nuestros hechos gloriosos. Pero se pueden pintar. Yo he tratado de recuperar esos temas.

-¿Cree que todos somos responsables?

-Sí, tenemos una historia tan extensa y lo llevamos tan dentro que no le damos el valor que merece. Si hubiéramos tenido un solo hecho glorioso lo estaríamos celebrando todos los días. Pero son cientos y miles de hechos.

-A las dos Españas sí les damos vueltas.

-Siempre estamos igual. El día que se deje de utilizar la Guerra Civil como arma política igual me da por pintar algún cuadro de esa contienda

-¿Qué le atrae de la guerra?

-Estéticamente hay cosas valiosas en la guerra, desde los uniformes al valor, el sufrimiento y heroísmo, lo mejor y lo peor del hombre. Hay una belleza que puedes palpar en una carga de caballería, oír cien caballos galopando de frente debe ser impresionante.

-¿Qué hecho histórico querría pintar y no lo ha hecho?

-Uno que es de los que más me ha emocionado siempre: los últimos de Filipinas. Si puedo lo haré este año.

-¿Qué le ha llevado a pintar «El milagro de Empel?

-Milagro o no, ocurrió la victoria. Enterrada en el barro, hallaron una tabla, cuando estaban sitiados en el montecillo de Empel y con los canales inundados, sin víveres ni ropa seca. El sufrimiento era terrible y he querido plasmar ese momento en el que pasean a la Virgen. Lo cierto es que las aguas se congelaron aquella noche y los españoles pudieron atacar los barcos a pie. Es mi homenaje a la infantería.

-¿Pinta rostros reales?

-Las caras las improviso. A veces una pincelada te da una expresión. La vas modelando, casi como si fuera barro. Retratar a un personaje real cuesta más. Y hay sorpresas: el tamborilero de este cuadro de Empel no será un europeo, sino un mestizo de América del sur, porque también venían de los Tercios de América al de Flandes.

-¿Qué nos aporta conocer hoy la grandeza de nuestra historia?

-El orgullo de quiénes somos y de dónde venimos. Estamos donde estamos porque antes hubo cientos de miles de hombres, no sólo soldados, sino el pueblo, que lucharon por lo que somos. Dieron su vida y su sangre, hicieron cosas increíbles. Gracias a eso España es un país puntero, de una cultura milenaria dentro de la gran cultura occidental.

-¿Qué destaca de esos soldados españoles que le gusta pintar?

-Que nosotros casi no atacamos, destacamos más defendiendo. En eso somos los mejores. Defender lo que está perdido, o es imposible de defender, sólo lo puede hacer un español. Pon un español y dejará de ser imposible.

-Pero somos cainitas.

-Si no tenemos con quién pelear peleamos entre nosotros. Es nuestro gran defecto. Si el ataque viene de fuera es cuando hacemos una piña, una piña letal.

-¿Y qué es hoy el Ejército español?

-Es una comunidad de hombres honrados, trabajadores, que ganan muy poco comparado con el esfuerzo que realizan. Para ser militar se exige hoy una preparación... Es dificilísimo ser oficial. Y es gente que estaría dispuesta a dar su vida por nosotros, por lo que somos. Estamos hablando de algo muy serio.

-¿Y qué es lo que somos?

-El pueblo español, con sus defectos y virtudes, que aplaudimos algunas cosas y otras que deberíamos venerar no las valoramos.

-Son los soldados de su cuadro «La patrulla». ¿Qué recuerda más de aquella convivencia con los soldados españoles en Afganistán?

-Fue una experiencia maravillosa, en la que volví a evocar mis tiempos de cazador de montaña, la vida del cuartel, muchas cosas. Pero este Ejército de ahora no tiene nada que ver con el que yo conocí. Es puntero, con un nivel igual o mejor que el americano. ¡Qué orgullo de gente muy muy preparada! Allí veías a nuestra Brigada Paracaidista, que estaba junto a los Marines, y yo les miraba y me quedaba con los españoles.

-¿Qué opina de la posible pitada al himno en la final de Copa?

-Me da mucha rabia. No pienso mirarlo, no quiero saber nada hasta que pasen unos días. Me entristece y enfada.

-¿Hay que hacer algo para impedirlo o hay que aguantarse?

-Ni lo uno ni lo otro. Hay que pedir respeto. Seamos civilizados. Igual que nosotros respetamos su ideología, respeten nuestros símbolos. Exigimos respeto, digámoslo todos bien alto. Lo único que podemos hacer es avergonzarles, ponerles en evidencia. ¿Esto es lo que vosotros vendéis? ¿Esta es la cultura que vosotros defendéis y transmitís? ¿La falta de respeto a toda una sociedad?

http://www.abc.es/cultura/20150329/abci ... 82027.html
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Lun Mar 30, 2015 8:14 pm

El CVC propone un Centro de las Letras que apoye a los autores valencianos
EFE - 30/03/2015

El pleno del Consell Valencià de Cultura (CVC) ha aprobado hoy un informe que propone la creación de un Centro Valenciano de las Letras para promover la literatura y "proporcionar información y apoyo" a los autores valencianos, según ha defendido el consejero Vicente Muñoz Puelles. En su sesión ordinaria de marzo, el Consell ha expresado que la creación del Centro se justifica por "la precariedad en que se encuentran los sectores profesionales de la cultura", "los bajos índices de lectura" y la falta "de visibilidad y reconocimiento social" de los autores valencianos. De esta forma, el informe subraya la preocupación del Consell "por el presente y el futuro del mundo de las letras" y plantea la creación de un organismo "dependiente de la Conselleria responsable de la política cultural" y similar "a los que existen en otras comunidades", como el Centro Andaluz de las Letras y la Institució de les Lletres Catalanes. (...)

Los miembros de la institución han coincidido también en aprobar, en relación con la difusión del hábito lector y de los literatos, el ofrecimiento de la Medalla de Plata de la Institución al escritor Arturo Pérez-Reverte.

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CVC propone crear el 'Centre de les Lletres Valencianes' para "promover la literatura y fomentar la lectura"
Europa Press - 30/03/2015

El pleno del Consell Valencià de Cultura (CVC) ha aprobado este lunes por unanimidad un informe sobre la creación del Centre de les Lletres Valencianes o Centro Valenciano de las Letras con la finalidad de promover la literatura y fomentar la lectura en general así como acercar los ciudadanos a la riqueza del patrimonio literario de la Comunitat, difundir la obra de los escritores valencianos contemporáneos y dar información y apoyo a los autores para facilitar su profesionalización y contribuir a su reconocimiento social. Así se ha aprobado en la sesión ordinaria de marzo, en la que se ha presentado esta propuesta redactada por la Comisión Jurídica que hace una reflexión sobre el impacto que la crisis económica, los recortes presupuestarios y las políticas de austeridad han tenido en las manifestaciones culturales o creativas, que la institución no considera "meros factores de ocio". Al respecto, el informe asegura que uno de los sectores culturales "más perjudicados" es el de la literatura escrita en la Comunitat. "La merma de los recursos de los consumidores, los continuos recortes y las dificultades de los creadores para profesionalizarse y hacerse visible son algunas de las facetas de un problema que el CVC detectó hace tiempo", indica. (...)

Tras la exposición del texto, la consejera Glòria Marcos ha asegurado que es "necesario" que se implante el Plan de Fomento de la Lectura, previsto en la Ley de Bibliotecas de la Comunidad Valenciana (Ley 4/2011) ya que "todavía no puesto en marcha". Por su parte, otra de las representantes del CVC Soledad Jiménez ha señalado el "gran aporte" que las escuelas y colegios realizan en el acercamiento de la lectura a los niños y jóvenes y ha asegurado que "conseguir la complicidad de los centros sería muy bueno para esta propuesta". Además, la institución ha propuesto la constitución de un Observatorio de la Lectura y del Libro que analice de forma permanentemente la situación del libro y de la lectura en la sociedad valenciana.

Del mismo modo, en la sesión se ha leído un manifiesto de condena de "la destrucción del patrimonio cultural iraquí" así como "el espectáculo extremo de terrorismo y barbarie" del "autodenominado" Estado Islámico. Con este escrito, el CVC "deplora enormemente y condena toda destrucción intencionada de monumentos, documentos e instituciones de cualquier civilización o cultura humana contemporánea o pasada a manos del fanatismo ideológico, la codicia o la incivilidad". Al respecto, en el manifiesto se expresa además la codnena a las acciones criminales del Estado Islámico y "su utopía de una humanidad sin historia que, por el hecho mismo de su pureza y homogeneidad, ya no sería propiamente humana". (...)

Asimismo, durante la sesión plenaria, "en relación con la difusión del hábito lector y de los literatos", el CVC ha aprobado conceder la Medalla de Plata de la institución al escritor Arturo Pérez Reverte y se ha anunciado que el próximo 27 de abril se inaugurará en la sede de la institución una exposición de homenaje al escultor Ramón de Soto, anterior vicepresidente del CVC y que falleció en octubre de 2014, con obras suyas y un breve catálogo con escritos de algunos de los consejeros más próximos a su figura.

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Ada
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Mensaje por Ada » Lun Abr 13, 2015 3:59 pm

Muere el escritor y editor francés François Maspero
París, EFE 13/abr/15 13:12 eldia.es

François Maspero, escritor y traductor francés especializado en autores hispanos como los españoles Arturo Pérez Reverte, Carlos Ruiz Zafón o el colombiano Álvaro Mutis, murió este sábado en su casa de París a los 83 años, confirmó hoy su editorial, Le Seuil.

Su cuerpo fue encontrado al día siguiente de su muerte en la bañera de su domicilio, según indicaron sus allegados a medios locales.

Nacido en una familia de historiadores víctimas de la represión nazi, Maspero empezó en la literatura como librero aunque pronto fundó una editorial que llevaba su apellido.

Durante los años 60 y 70, su establecimiento se convirtió en uno de los lugares clave de la cultura contestataria de la capital francesa gracias a la publicación de obras sobre la guerra de Argelia y el neocolonialismo.

Abiertamente de izquierdas, algunas de sus publicaciones fueron prohibidas y le costaron varias denuncias, multas y hasta la supresión de sus derechos cívicos.

A los cincuenta años cedió la editorial y, después de un accidente de moto y una tentativa de suicidio, decidió dedicarse a la escritura.

Entre sus obras hay novelas y relatos de viaje, como "La sonrisa del gato" o "Balkans-Transit".

Durante sus últimos años se dedicó a la traducción de autores hispanos, entre los que también figuraban Fernando Savater y Eduardo Mendoza.

Una de sus últimas apariciones públicas fue a finales de marzo, con ocasión de la presentación del documental del que es protagonista: "François Maspero: Los caminos de la libertad".

http://eldia.es/cultura/2015-04-13/8-Mu ... aspero.htm

Tradujo al francés: "El oro del rey", "La Reina del Sur", "El Asedio", "La carta esférica", "El tango de la Guardia Vieja" entre otros
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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Abr 16, 2015 12:57 pm

El viejo maestro de la RAE
Francisco Apaolaza - lasprovincias.es - 16/04/2015

Hay novelas como muñecas rusas en las que unas historias se guardan dentro de otras. La última de Arturo Pérez-Reverte, ‘Hombres buenos’, lleva prendida en el arranque la de un personaje casi oculto y fenomenal. El escritor recrea la aventura de los dos académicos que viajaron a Francia a hacerse con ‘L’Encyclopédie’ de Rousseau, D’Alemebert, Voltaire y Diderot, la obra más avanzada del XVIII, prohibida en Francia y España, y mecha ideológica de la Revolución Francesa. Casi nada. Cuenta también cómo un recién estrenado académico Pérez-Reverte descubre en la Biblioteca de la Real Academia Española (RAE) los 28 tomos de la primera edición de la enciclopedia -un tesoro- y el director le indica que pregunte por ellos a Gregorio Salvador, que es el que sabe del asunto. A él le dedica el libro, junto a Mingote, Antonio Colino y el almirante Álvarez Arenas. "Se lo agradezco. Soy el único que está vivo", replica Salvador. El detalle esconde la amistad entre dos hombres distintos que se respetan y una vida asombrosa que da lugar a uno de los personajes fundamentales de la lengua española. Comienza con un chaval leyendo a Galdós y Pío Baroja mientras pastorea vacas en Galicia. La muñeca rusa está abierta.

Gregorio Salvador (Cúllar, Granada, 1927) asiste a la caída de la tarde y a su propia vejez casi sorprendido, sentado en una casa moderna de hormigón con vistas a Malasaña. Tiene 88 años en un búnker de libros en el que no se ve la pared. En ese mismo salón setentero lo describe Pérez-Reverte, entre muros preñados de millones de palabras. Salvador, académico de la lengua desde 1987, y un lingüista de enorme envergadura, mira la imagen de su vida y entorna hacia arriba los ojos estrábicos de todo lo que se le ha estrechado y ensanchado el mundo. Habla y levanta las manos con las palmas hacia la cara y los dedos en movimiento, como si le toqueteara las tuercas al mecanismo de su existencia, larga, fecunda y algo extraña.

-¿Qué palabra elegiría de todas?
-A mí no me gustan mucho estas cosas de elegir. Cuando uno ha vivido tanto, las palabras tienen resonancias complejas. Me ha ocurrido mucho azarosamente. El azar me ha favorecido.

-Entonces quizás esa palabra sea "azar".
-Sí, puede ser "azar", por lo que ha tenido de inesperado y sorprendente. Por todos los lugares y situaciones a los que acudes de mala gana y al final te favorecen.

Quizás sea tarea del hombre el convertir el azar en buena suerte. A Gregorio Salvador le ha ocurrido casi de todo y mucho de ello es andanza. Esa imagen del académico en activo más longevo de la RAE y de señor catedrático es esquiva, pues ha vivido mucha aventura y bien administrada. La primera fue nacer. Ese hecho extraordinario sucede en 1927, hijo de un granadino colono en Argentina (fundó la ciudad de General Alvear, hoy de 29.000 habitantes en el estado de Mendoza) al que las cosas se le torcieron durante la Gran Guerra y que terminó sin blanca en Uruguay. Ya de vuelta en España a su pueblo natal, fue secretario del Ayuntamiento de Cúllar hasta que los falangistas se lo llevaron preso una noche de julio de 1936. Con el padre en la cárcel y huérfano de madre (había muerto unos años antes), Gregorio se marcha a vivir con su hermano mayor a Pontevedra, hasta que éste es apresado por los nacionales y sentenciado a muerte. El pequeño Gregorio se queda a vivir con su cuñada, en Lalín (Pontevedra). Hay entonces un niño de Granada que lee los ‘Episodios nacionales’ de Galdós o los cuentos de ‘Vidas sombrías’ de Pío Baroja mientras cuida el ganado. Tenía nueve años. "Como las vacas son pacíficas y solo hay que estar pendiente de si se meten en el otro prado, tuve mucho tiempo para leer. La biblioteca de la casa era amplia y necesitaba ese vivir otras vidas, ampliar mi horizonte". Ese gusto se convirtió en necesidad.

Y del norte al sur. Salvador se hizo catedrático de instituto en Algeciras y ahí conoció a uno de sus personajes clave. Participó en el 'Atlas Etnográfico y Lingüístico de Andalucía' de Manuel Alvar, del que fue su mejor discípulo, y partió por los pueblos de Andalucía como dialectólogo de campo, como un Stephen Maturin en busca de especies nuevas, palabras desconocidas que enjaular como extraños y ocultos insectos palo.

En Facinas, una pedanía de Tarifa, se encontró con un hombre. «Le llamaban Curro el Pilaro, tendría 60 años y me hizo ser quien soy». Lo entrevistó durante tres días enteros y le regaló una palabra: "verija", por "ingle". Pero le aportó algo más relacionado con Ferdinand de Saussure, padre de la lingüística moderna. "Mirando mis papeles, lo que había escrito en el cuestionario, me dijo esto: ‘No se desinquiete, maestro, que todas esas cosas que tiene "apuntás" las tengo yo en mi cabeza y cada una jalará de la que tenga que jalar’. Me estaba descubriendo el principio saussureano de la lingüística, la red de relaciones que sostiene lo que llamamos idioma". El Pilaro lo hizo lingüista, y no uno cualquiera. De Algeciras, el obispo Añoveros lo largó a Astorga -"Y si no, aténgase a las consecuencias"- como un castigo por su carácter díscolo, pero le estaba haciendo un favor, pues allí le dieron la excedencia para ir a dar clase dos semestres a la Universidad de Maryland, en Estados Unidos. Con su primer viaje pagó las deudas de estudios, con el segundo se compró un piso y se preparó la oposición a catedrático en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Cuando llegó, era imparable. Primero impartió en La Laguna, después en la Complutense y en 1987 vino la Academia, de la que fue vicedirector. Sigue acudiendo a los plenos.

-¿Un consejo?
-Que lean. A mí me fue bien.

-¿Me dice alguna palabra del diccionario que le suene bien?
-Hay palabras eufónicas, que están maravillosamente hechas y que me gustan, que tienen significados asquerosos. "Mierda" está muy bien hecha.

-¿"Populismo" es una palabra vapuleada?
-Sí. Se habla de todo con demasiada rotundidad, demasiado extremismo. Ni todo lo malo ha sido absolutamente malo; ni todo lo bueno, absolutamente bueno. Las cosas son complejas.

-¿Qué le sugiere el asunto de los huesos de Cervantes?
-Mejor sería que leyeran ‘El Quijote’.

-¿Y Podemos?
-Las cuestiones políticas ya no me preocupan, porque con la vida que me queda ya no me van a afectar. En todo caso, este tipo de apariciones me puede dar sensación de poca seriedad.

Es el primer y único ‘q’ minúscula de los asientos de la RAE. Él firmó la candidatura de Pérez-Reverte, trabaron amistad. "Me acogió como un padre, me guió, me enseñó cuanto sé de la Academia. Si todavía hay un hombre bueno allí, ese es Gregorio Salvador -dice el autor de ‘Alatriste’-. Si respeto la Academia es en parte por gente como él". En un descanso de un pleno de los jueves de hace cuatro años, le costó levantarse y pensó en alto si necesitaría un bastón. Arturo salió a comprarle uno a la Plaza Mayor, con la madera oscura y puño de plata floreada, que aparece en la novela y que solo usa desde hace un par de meses. "He tomado una consciencia muy reciente de mi edad". Por la ventana, el cielo de Madrid se deshace en grises apagados y los tejados pierden los colores como una metáfora del ocaso. "Habrá que encender una luz". Con la puerta del ascensor abierta, responde una última pregunta.

-¿Se ve como su paisano Ayala de académico con cien años?
-Ahora he entrado en una etapa en la que me doy cuenta de que esto va a peor, de que las cosas se descomponen. Me dan miedo ya los 90 que están a las puertas, no sé si quiero llegar a los cien. No creo que llegue.

-Nunca se sabe, don Gregorio.
-Nunca.
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Mensaje por Rogorn » Sab Abr 25, 2015 8:15 am

Fernández Díaz sobre la presentación de 'El puñal' en la Feria del Libro
hipercritico.com - 24/04/2015

Ayer se inauguró la Feria del Libro y mañana a las 18 30 en el Salón Borges se va a realizar una nueva presentación de la novela 'El puñal', de Jorge Fernández Díaz. La cita contará con la presencia estelar del español Arturo Pérez-Reverte, que es amigo del autor y que a su vez fue testigo del proceso de creación de la novela. 'El puñal', que plantea una historia de amor en un escenario de política, narcotráfico y corrupción, se mantiene desde hace muchos meses como un best seller. Para hablar de ese gran trabajo de ficción, Luis Majul dialogó en La Cornisa Radio con Fernández Díaz:

"Perez-Reverte fue el único que la leyó mientras la escribía y estoy muy contento de que me acompañe en la presentación. Además, mañana se va a hacer el anuncio de la filmación de la película 'El puñal'. La va a filmar Marcelo Piñeyro con capitales españoles y argentinos. Estoy realmente muy contento porque va a ser una buena experiencia" Fernández Díaz contó que ya le habían ofrecido filmar su popular libro 'Mamá', pero que su propia madre que es protagonista de la historia, se había negado a que el proyecto se lleve adelante para la pantalla grande. Con relación a la filmación de 'El puñal', el escritor y periodista afirmó que será una tarea muy difícil encontrar al actor y a la actriz ideales para que le pongan cuerpo a los dos protagonistas de la novela, que cuentan con características físicas y personales muy especiales: "Son dos personas duras que se aman de una manera pasional"

En el final de la charla, Fernández Díaz se refirió a un tema que según señaló, muchos callan: "Nadie termina de decirlo, pero entre los escritores hay listas negras en la Argentina. Hay un grupo grande, que por tener una opinión crítica con el gobierno, fueron borrados de los apoyos del estado y están siendo totalmente ignorados: Sarlo, Caparrós, Sebreli, Birmajer y otros. Eso es algo que no se dice en la feria, pero es una aberración. Y nosotros los periodistas le tenemos que poner el hombro a la situación".

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