La Reverteca

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Rogorn
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Re: La Reverteca

Mensaje por Rogorn » Dom Dic 15, 2019 4:09 pm

Pérez-Reverte hereda una gabardina
Pablo Portabales - lavozdegalicia.es - 14/12/2019

La hija recuerda la frase de su padre: «Si algún día me pasa algo, esa gabardina se la das a Pérez-Reverte». Manuel Souto Candal, de 89 años, vio cumplido su sueño en vida. Aprovechó que el escritor visitó A Coruña hace unos días para regalarle la prenda. «Estuvimos esperando la cola en la librería Arenas donde estaba firmando ejemplares. Cuando por fin accedimos a él, mi padre le dio la gabardina. Nos quedamos todos sin palabras. Fue un momento cargado de sentimiento. Pérez-Reverte lo agradeció y se abrazó a mi padre. 'Esta es la que yo buscaba', le comentó», relata María, la hija. «Estuvo muy amable, pero yo no estoy acostumbrado a estas cosas y me emocioné un poco. Se la di con mucho aprecio», afirma el progenitor.

Hace poco más de un año el escritor explicó en un artículo en el suplemento 'XL Semanal' sus dificultades para encontrar una gabardina de las de antes. "Busco una de verdad, le dije al vendedor. Que me cubra hasta abajo; para cuando llueva, no mojarme. Ya no se llevan, me dijo el tío, mirándome como si yo acabara de salir del Pleistoceno. Ahora son cortas. Le respondí que una gabardina corta, amén de poco práctica, era una gilipollez. Casi un oxímoron. Y cuando intuí que el fulano estaba deseando que me largara para buscar la palabra oxímoron en Google, me fui con el rabo entre las piernas. Así que durante mucho tiempo estuve usando una vieja y estupenda gabardina que fue de mi padre, larga de verdad". Esto decía en el inicio del citado escrito.

Con el tiempo, el escritor logró adquirir una similar a la que buscaba, pero no el modelo exacto que tanto anhelaba. Manuel, como cada semana, leyó con admiración el artículo de Arturo. «Me gusta su forma de ser, su sinceridad y los tacos que mete de vez en cuando. Lo quiero un montón sin conocerlo en persona», comenta este hombre que bien le daría a Pérez-Reverte para otro artículo. Manuel fue tonelero y se pasó media vida haciendo barricas de vino artesanales en el barrio de Os Mallos de A Coruña. Al leer la reflexión sobre la gabardina se acordó de una que reunía las condiciones que exigía el escritor. Cuspidiña. La que su mujer le compró en 1990 y que apenas utilizó. «No me acuerdo lo que costó, pero no fue barata. Mi señora, que en paz descanse, y el dependiente me liaron diciendo que me quedaba muy bien, que estaba muy de moda... Pero nunca me resultó cómoda para andar, porque se me metía entre las piernas», recuerda. Por eso llamó a su hija y le dijo «busca en los armarios la gabardina Burberry, que se la vamos a regalar a Pérez-Reverte».

«Creo que se la puso una o dos veces en toda su vida», apunta María. La encontraron. Allí estaba, como el primer día. Como hace 30 años cuando liaron a Manuel en el centro comercial. Pero nadie de la familia fue capaz de encontrar en todo este tiempo la fórmula de dar con el escritor para hacerle saber que en Galicia se escondía la prenda que añoraba. Los nietos, más a la última, intentaron el contacto vía redes sociales, pero nada. Llamaron a editoriales, intentaron acceder vía correo electrónico, pero nada. «Estuvo ahí colgada hasta que nos enteramos de que venía a Galicia a la inauguración de la nueva librería Arenas y que iba a firmar ejemplares en el negocio del Cantón. De hecho pasamos por allí unos días antes para asegurarnos y confirmar el horario en el que iba a atender al público», aseguran. A sus 89 años, con dos vértebras fastidiadas y algún achaque más, este hombre hizo el esfuerzo de acercarse a la librería y cumplir con su deseo, regalarle a su autor favorito la gabardina que tanto deseaba. Un empleado del establecimiento le prestó una silla mientras esperaba su turno. No podía más. Las piernas le flaqueaban, pero la ilusión por hacer efectiva la herencia le dio las fuerzas necesarias para aguantar aquellos minutos. Manuel se convirtió en 'Sidi', el héroe de la última novela del escritor. Ahora Pérez-Reverte luce la gabardina y Souto Candal y su familia son felices contando la historia.

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Foto: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/y ... P20991.htm

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Rogorn
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Re: La Reverteca

Mensaje por Rogorn » Mar Dic 17, 2019 8:29 pm

«Y no pido perdón»: el rearme simbólico del nacionalismo español, de Marta Sánchez a Blas de Lezo
Pablo Batalla Cueto - elcuadernodigital.com - 16/12/2019

(...) Con Ferrer-Dalmau viene formando un tándem prolífico el ya citado Arturo Pérez-Reverte, guionista de algunos de sus cuadros, y que ha empezado a ilustrar con ellos sus propios libros. Su fama es mayor y más antigua que la del pintor: periodista y corresponsal de guerra, Reverte comenzó, a finales de los años ochenta, novelas rápidamente exitosas que lo han convertido en uno de los novelistas españoles más vendidos, muy conocido tanto en España como fuera de ella, en Latinoamérica y también en Europa. Novelas no siempre, pero frecuentemente históricas, ambientadas en momentos de la historia española como el Siglo de Oro (la muy popular serie Alatriste), la guerra de la Independencia (Un día de colera, El asedio…), la civil del treinta y seis (la serie Falcó) o la Edad Media (su última novela, Sidi, sobre el Cid). Además, es desde hace lustros un prolijo columnista, famoso por un estilo vitriólico y cascarrabias, obsesiones como el por él llamado feminazismo o la incultura general que percibe en España o un acendrado antipoliticismo; y ha publicado varias recopilaciones de sus artículos. Una de ellas, muy reciente, reúne una larga serie de ellos sobre la historia de España desde la prehistoria hasta la Transición, que había ido publicando correlativamente en la revista XLSemanal con el propósito de conformar «un relato ameno, personal, a ratos irónico, pero siempre único, de nuestra accidentada historia a través de los siglos». Y como todos los libros revertianos, ha alcanzado un éxito enorme: Reverte concita en torno a sí una nutridísima legión de seguidores que convierten en superventas absolutamente todo lo que publica.

La visión de la historia de España y de su presente que toda esta vasta obra histórica trasluce es ciertamente peculiar: un tremendismo plúmbeo, exagerado de toda exageración, que se regodea con deleite febril en la naturaleza «cainita y suicida» de España, en la ontológica «ruindad cainita» y la «miserable naturaleza» de sus habitantes; en el «cable suelto» que los españoles tendríamos «sumergido en bilis en algún lugar del corazón»; en una España «sucia», «enferma de sí misma», que «desprecia cuanto ignora y odia cuanto envidia» y que a juicio del escritor retorna eternamente «pidiendo cerillas y haces de leña, exigiendo cunetas y paredones donde ajustar cuentas» y «sólo se calma cuando le meten dinero en el bolsillo o ve pasar el cadáver del vecino de quien codicia la casa, el coche, la mujer, la hacienda». Somos los españoles —decía Reverte en un artículo de 2007, nada excepcional en su tono desquiciado— «gentuza que si no extermina al adversario es porque no puede; porque ahora está mal visto y queda feo en el telediario. Pero si retrocediéramos en el tiempo y nos dieran un Máuser, un despacho de Gobernación, una toga de juez en juicio sumarísimo, llenaríamos de nuevo los cementerios». Nacionalista herderiano al revés, viene a creer el escritor cartagenero en un Volksgeist maligno pero no menos imprescriptible; en una esencia perenne que convertiría inevitablemente a España, a una España acientíficamente different para mal, en un dechado de todas las inmundicias del que cualquier análisis desapasionado revela disparatada la creencia. España no ha vivido ni vive ahora dramas sustancialmente distintos que los que han atravesado a cualquier otro país del entorno. Como ejemplifica Enrique San Miguel Pérez:

"Si se examina la serie de textos constitucionales franceses entre 1791 y 1814, nos encontramos con más de los existentes en España entre 1808 y 1978. España no es una nación más inestable o más turbulenta que cualquiera de las europeas. De hecho, es la única nación europea en donde no se producen movimientos revolucionarios en 1830 y 1848. Y las revoluciones de 1820 y, sobre todo, 1868, son prácticamente incruentas".

El historiador catalán Jordi Canal argumenta convincentemente a su vez en 'Guerras civiles: una clave para entender la Europa de los siglos XIX y XX' que

"si la experiencia europea no careció desde 1914 de guerras, culturas bélicas y violencias de masas, cabría deducir que el caso español no fue tan divergente. La falta de una «cultura cívica» y la presencia de tradiciones de enfrentamiento interno serían menos una excepción que un hecho habitual en buena parte del continente. No se trata con ello de blanquear o «normalizar» la historia española, algo imposible habiendo de por medio una guerra civil tan devastadora y una cruel dictadura que llegó hasta los albores del último cuarto del siglo XX. Pero tampoco conviene olvidar que los pasados inmaculados no abundan entre los países vecinos. Ni siquiera sería necesario aludir a las matanzas, guerras sangrientas y prácticas genocidas que asolaron la Europa de la primera mitad de esa centuria. Bastaría con evocar el imparable descrédito en que fue cayendo el parlamentarismo liberal a partir de la Gran Guerra. O sería suficiente con recordar el amplio recurso a la violencia que se puede ver en las políticas internas de la mayor parte de los Estados y en los discursos y prácticas de los proyectos políticos, tanto los reaccionarios y fascistas como aquellos que aspiraban a un nuevo orden social de naturaleza revolucionaria. La crisis de legitimidad de la democracia y el «abandono» de la misma, sus «carencias» y límites, la falta de canales reales de participación y mediación o los problemas planteados de cara a la resolución pacífica y normativa de los conflictos no eran una realidad privativa de España".

Tampoco hoy tienen España y sus convulsiones demasiado de particular, por más que quieran verse de ese modo cuestiones como el independentismo catalán o la corrupción política. Nadie considera una nación fallida la británica por más que el Brexit esté sacando a relucir sus peores demonios y amenazando seriamente al Reino Unido con una balcanización como la que desde hace siglos vienen profetizando para España aspaventosos augures sempiternamente errados. Tampoco Italia, un país en el que la Mafia ha infectado las instituciones de un modo como jamás lograron hacerlo aquí el narco gallego o el gilismo (y lo intentaron, pero se toparon con una justicia eficaz, como el exdirector gerente del Fondo Monetario Internacional Rodrigo Rato o el yerno del rey, Iñaki Urdangarin, encarcelamientos que despertaron sorpresa y admiración fuera de España). Ni la Francia de los guetos en incendio permanente. Y como dice bien el historiador Diego Díaz, autor de un interesantísimo Disputar las banderas: los comunistas, España y las cuestiones nacionales, «los militantes de izquierda pensamos muchas veces en España como un espacio autoritario, hostil hacia las ideas nuevas y en general poco democrático, mientras que para los jóvenes europeos que nos escogen masivamente para pasar su año de Erasmus somos un país tolerante, tirando a progre y abierto a la diversidad».

Reverte no es, en cambio, más amable para con el presente de España que para con su pasado: antes bien, se revela más inconcesivo para con el primero que para con el segundo. De la España pretérita es capaz pese a todo de señalar —y las señala con delectación en sus columnas y textos sobre historia, que frecuentemente consisten en relatos épicos de batallas y otras hazañas, incluidas las de la División Azul— valentías, audacias y heroísmos, y salta como un resorte y clama, cuando el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador propone un acto de perdón a los indígenas por los desmanes de la conquista española del que participen el rey español, él mismo y el papa, esto que lo hace incurrir en flagrante contradicción con su propio discurso, que en realidad valdría para calificar: «Acaba uno harto de que la historia de España, con tantas luces y sombras como la de cualquier otro país, se haya convertido en el tiro al blanco de todos los demagogos, oportunistas y golfos de dentro y de fuera. Ya parece un concurso para ver quién escupe más fuerte y más lejos».

Reverte, como Marta Sánchez («Rojo, amarillo / colores que brillan / en mi corazón / y no pido perdón», dice su letra para el himno, lo que bien parece una excusatio non petita, accusatio manifesta), no pide perdón, pero tampoco se lo concede a la España presente. Es un desprecio total, monolítico, inasequible a índices de prosperidad, libertad, seguridad y nivel de vida en general o encuestas que nos sitúan a la vanguardia mundial del respeto a la diferencia, el que en el escritor despierta una España a la que vilipendia como «un Titanic con capitanes incompetentes y pasajeros aplaudiendo y haciéndose selfies con el iceberg»; «un país de fantoches, surrealista hasta el disparate», gobernado por «la podredumbre moral de una clase política capaz de prevaricar de todo, de demolerlo todo con tal de mantenerse en el poder aunque sea con respiración asistida»; «una feria de pícaros y cortabolsas que las nuevas formaciones políticas no regeneran, sino alientan». Y en ese desprecio total cuesta no adivinar —si bien justo es consignar que Reverte no lo ha formulado jamás— el embrujo inconfesable de los cirujanos de hierro que parece su corolario lógico; la aprobación del palo largo y la mano dura de los que en la Libertad sin ira de Jarcha se rechazaba que sólo ellos valieran para gobernar a los españoles; una prístina reedición española de esto que sobre los intelectuales de la Alemania de Weimar escribía Rüdiger Safranski en su espléndida biografía de Heidegger:

"Es sabido que los mandarines, acuñados por una tradición apolítica o antidemocrática, sólo en contados casos entablaron amistad con la democracia de Weimar. Ellos despreciaban lo que pertenecía a la democracia: los partidos políticos, la multiplicidad de opiniones y de estilos de vida, la relativación alternante de las llamadas «verdades», el término medio y la normalidad sin heroísmo. En estos círculos, el Estado, el pueblo, la nación, se consideraban como valores en los que pervivía una substancia metafísica en decadencia. Desde ese punto de vista, el Estado está por encima de los partidos y opera como idea moral que purifica el cuerpo del pueblo; y las personalidades directoras, los carismáticos, dan expresión al espíritu del pueblo. En el año en que apareció Ser y tiempo tronaba el rector de la Universidad de Munich, Karl Vossler, contra el resentimiento antidemocrático de sus colegas: «Siempre bajo nuevas transformaciones la antigua sinrazón: un politizar metafísico, especulativo, romántico, fanático, abstracto y místico… Se pueden oír sollozos acerca de lo sucios e incurablemente mancillados que son todos los negocios políticos, sobre lo falsos que son la prensa y los gobiernos, sobre lo malos que son los parlamentos, etcétera. Los que así gimen, presumen con tono de importancia de ser demasiado elevados y espirituales para la política»."

Reverte no es exactamente un intelectual, pero sabe parecer uno a los ojos deslumbrables de una cultura media, como un Joaquín Sabina sabe parecer un poeta en lugar del rey del ripio a los ojos impresionables del lego en poesía. Formula teorías de aspecto sesudo (como la del, por él muy subrayado, presunto doble error histórico de España: haberse equivocado de Dios en Trento y de rey durante la guerra de la Independencia; sobre el error de equivocarse de bando en la guerra del treinta y seis no dice nada Pérez-Reverte) y sabe parecer preclaro al advertir sobre tendencias de época que, en cambio, no es original en absoluto al señalar, como la crisis supuesta de una Europa acechada por nuevos bárbaros. Pero son teorías y advertencias de tetrabrik; paisajes intelectuales de cartón piedra; intuiciones elementales, simples y erradas por lo tanto, pero diestramente estucadas con el oropel de la finura estilística y el brillo de la cita erudita; algo así como una meritoria bisutería. Reverte, por otro lado, se vende a sí mismo como valeroso; como un hombre sin pelos en la lengua, de arriesgada y brutal sinceridad; pero ello también delata sus hechuras bisuteras a poco que se lo somete a un microscopio inmisericorde. En su meterse con todo y con todos (menos con el Rey y con el Ejército), Arturo Pérez-Reverte termina por no meterse con nadie en realidad y por volverse, así, el prosistema más dócil. No hay como disparar cañonazos a un enjambre de mosquitos para no matar ni uno.

Las obsesiones de presunto jacobino de Pérez-Reverte coinciden, por lo demás, punto por punto con las de la moderna ultraderecha, de la que ya se ha dicho que hoy no es ni antiilustrada ni necesariamente religiosa, por lo que el Reverte que ensalza la guillotina y carga contra los obispos no tendría el menor problema en ser admitido a ella, si solicitara la admisión: España se derrumba, Europa se derrumba, los bárbaros nos cercan, nos devoran las feminazis, la democracia no funciona, ya no hay héroes. Su furibunda antiespañolía tampoco es incompatible en realidad con un nacionalismo español que no en vano lo admira vastamente, y que como todo nacionalismo, no es el amor a España, sino muy precisamente su odio. El nacionalista quiere a su nación sólo en la medida en que se atenga estrictamente a su idea de ella; y como toda nación es compleja y variopinta, pues todas las colectividades humanas lo son, tolera mal la democracia pluralista que expresa y articula esa complejidad. «Quiero demasiado a mi país para ser nacionalista», decía el benemérito Albert Camus. El amor del nacionalista es el amor enfermo del maltratador a la mujer a la que maltrata o el del amante de los pájaros que les corta las alas y los enjaula; un amor que hiere y mata pero que, como Marta Sánchez, jamás pide perdón.

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Re: La Reverteca

Mensaje por Rogorn » Jue Ene 09, 2020 11:48 am

Las 10 frases clave del discurso de Pablo Iglesias
Rocío Esteban - larazon.es - 04/01/2020

El discurso de Pablo Iglesias ha marcado un antes y un después respecto al último debate de investidura de julio. Ahora, el líder de Podemos será vicepresidente de Pedro Sánchez tras dos meses de negociación. Una coalición que ahora es viable, y en julio no lo fue. Tanto en el discurso del líder del PSOE como el de Unidas Podemos han calado los guiños y agradecimientos por las negociaciones para dar luz a la coalición.

Estas son las principales frases del discurso de Iglesias:

“El próximo Gobierno tendrá muchos enemigos. El próximo Gobierno deberá defender la democracia con la ley, con la ley, con la ley y con la ley”.

“Si me permite un consejo, señor Casado, más Pérez Galdós y menos Pérez-Reverte”.

"A Javier Maroto: “¿Se imagina no haberse podido casar con quien le diera la gana porque en este país se hiciera lo que su partido quería?”

"El próximo Ejecutivo será el del “sí se puede”. “El Gobierno de coalición tiene la obligación de convertir el sí se puede de los movimientos sociales en políticas concretas”.

A Pedro Sánchez: “Ha señalado con acierto que la próxima etapa debe ser de avances sociales y democráticos. Quiero dar las gracias a mi grupo parlamentario por la perseverancia. “Efectivamente como decíais, no siempre sale a la primera”.

"Traición a España es vender vivienda pública a fondos buitres. Es privatizar los servicios públicos, es robar a manos llenas y financiarse ilegalmente en las campañas electorales. La tarea del próximo Gobierno es la de reparar las “traiciones a España”.

A los líderes independentistas en prisión: “Me consta que algunos de ellos han trabajado para defender el acuerdo y el diálogo y desde esta tribuna quiero darles las gracias”. A su juicio “Europa ha dejado clara la inviabilidad” de una resolución jurídica. "Hagamos políticas

A Pedro Sánchez: “Estarás al frente de una coalición histórica, para nosotros es un honor caminar con vosotros, adelante presidente, ¡sí se puede!”.

A PP y Vox: “El problema de ustedes, señorías de la ultraderecha y la ultra ultraderecha, es que antes que españoles son reaccionarios”.

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