La Reverteca

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Dom Oct 25, 2020 10:21 am

Arturo Pérez-Reverte: Un escritor sin parangón
booktoland.blogspot - 25/10/2020

Arturo Pérez-Reverte probablemente sea uno de los escritores coetáneos más polémicos del mundo de la literatura. Sus comentarios en las redes sociales y sus libros históricos parece que no son del agrado de toda su audiencia, y en más de una ocasión ha sido citado por reputados políticos y figuras culturales para reprocharle ciertas actitudes controvertidas. Supongo que no habrá quien no recuerde la famosa frase de Pablo Iglesias, durante la investidura a Pedro Sánchez en el Congreso, que agitó al mundo entero: "Más Pérez Galdós y menos Pérez-Reverte". Sin embargo, no podemos decir que su público al completo se encuentre en desacuerdo con sus posturas. En la otra cara de la moneda tenemos a sus fieles seguidores que, tal y como si nos encontráramos en el medievo, presentan batalla a los detractores de su líder, siempre que su honor y valentía se ponen en duda. Nunca se ha visto una guerra de tal envergadura en el siglo XXI y, pese a que los ganadores (desconocidos hasta el momento) aún están sumergidos en el belicoso mundo castrense, hay una cosa que aquí, en BooktoLand, tenemos clara: nosotros no nos lo vamos a perder. ¡Bienvenidos!

Más periodista que escritor, Pérez-Reverte ha tenido una vida marcada por los conflictos armados. Durante veintiún años, entre 1973 y 1994, el cartagenero trabajó como reportero de guerra en distintos puntos del globo, viviendo multitud de experiencias traumáticas, no aptas para personas sensibles, que le sirvieron para cultivar varias obras literarias con el transcurso del tiempo. Yo, desgraciadamente, sólo les puedo hablar de una de ellas, tratando de recurrir en este artículo, con exclusividad, a mi propia experiencia. 'Territorio comanche'. El libro, de ciento cuarenta y cuatro páginas, tiene lugar en las Guerras Yugoslavas y narra la historia de dos corresponsales de TVE. Ambos, a la espera de que las fuerzas croatas detonen un puente, con el fin de detener el avance del Ejército de la República de Bosnia-Herzegovina, rememoran experiencias pasadas mientras viven un exasperante episodio de la contienda en una tarde, cuando transcurre la trama y donde el lector permanece todo el tiempo.
Personalmente, y sin tratar de influir en la valoración de nadie, la obra me pareció de una magnífica calidad. Entretiene y acercar al lector la labor del periodista de guerra. ¿Qué más se puede pedir? Reverte cautiva a quién lo lee. Aunque, como sucede la mayoría de las veces, no todos pensamos igual. Seguramente, el lector guerrero esté preparando su armamento, dispuesto a enfrentarse al enemigo y reducir sus fuerzas. ¿Qué opinan ustedes sobre que un reportero cuente en un libro episodios de una guerra reciente? ¿Piensan que, en estos casos, los escritores pueden manipular la opinión de su público a través de la narrativa? ¿O, más bien, politizarla?

Años después de este libro, Reverte vuelve a suscitar polémica con la trilogía 'Falcó', cuya fecha de lanzamiento consta en el año 2016. Esta vez lo hace en un escenario más familiar para los españoles, ya no solo por su cercanía en el tiempo sino por el vínculo emocional que nos une a él: la Guerra Civil Española. Y, de nuevo (¡qué sorpresa!), nos encontramos soldados enfrentados. Algunos, como legítimo jurado, creen que es perjudicial para una democracia remover el pasado así, mientras que otros, con iguales derechos, defienden todo lo contrario, apostando por que es necesario hablar de estos temas, independientemente del enfoque que se le quiera dar.

En el primer libro, llamado de la misma manera que la trilogía, se nos cuenta la aventura de un espía, Lorenzo Falcó, que trabaja para el servicio de inteligencia franquista tras haber sido contrabandista durante años. El personaje es descrito como un hombre enfrentado al mundo en general que, a pesar de tener bien claro a quien deber obedecer, dice tener un único bando: él mismo. Su misión en esta entrega es liberar al político falangista José Antonio Primo de Rivera de una cárcel en Alicante, donde realmente estuvo preso por posesión ilícita de armas. Sin embargo, no lo tendrá tan fácil, pues antes deberá infiltrarse en territorio republicano. Un auténtico reto. Sus otros dos libros son 'Eva' y 'Sabotaje'. ¿Qué les parece? Narrativamente sólo me caben buenas valoraciones, pero también es verdad que cada vez parece que el contexto histórico de los libros de Reverte son más peliagudos. ¿Creen que estos temas deben de evitar tratarse desde una perspectiva de un personaje franquista? ¿Es bueno acercar a la sociedad una realidad pasada que, quizás, ha sido distorsionada por la polarización política nacional?

Cuál sea la respuesta, pensar que un escritor puede promulgar actitudes erróneas conlleva llevar nuestro punto de mira, por igual, a las películas, los documentales, la radio, los periódicos... Y, si somos perspicaces, nos daremos cuenta de que en el mundo de la cultura hay personajes de todo tipo. Desde radicales hasta moderados de cualquiera de las ideologías. Sin embargo, el problema puede llegar cuando quien lee piensa que la realidad de ese espía es la única existente. Ahí si se nos presenta un dilema gordo. En este tema en concreto yo creo que una solución, por encima de otras que se puedan promulgar, podría ser fortalecer el sistema educativo dándole a las nuevas generaciones una visión más objetiva y un conocimiento histórico decente. Sólo así nos libraremos de los extremismos y las malas interpretaciones. Educar, educar y educar. Cuando dejemos de investigar y ser curiosos, así como de leer y ser leídos, será el momento en el que estemos condenados a la mentira.

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Rogorn
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Re: La Reverteca

Mensaje por Rogorn » Mar Oct 27, 2020 10:04 am

Raúl del Pozo y el amor cipotudo
Juan Soto Ivars - elconfidencial.com - 27/10/2020

(...) Seguí leyéndolo en su dacha de 'El Mundo', que heredó de Umbral y donde a mi juicio ha hecho cosas más grandes que él, hasta que años más tarde, fruto de otra invitación de Antonio Lucas, estuve en la famosa cena que Arturo Pérez-Reverte organiza en Casa Lucio. Pérez-Reverte me regaló una bola de cristal con nieve dentro y el Titanic y el iceberg, que tengo desde entonces en mi mesa, y esta vez pude conocer mejor a Raúl del Pozo pese a que él no se presentó. Resulta que el ausente era el único tema de conversación. Su mujer, Natalia, había fallecido meses atrás. Raúl, que había sido un golfo, estaba ahora solo y devastado. Los amigos de Lucio (Lucas, Galán, Gistau y Pérez-Reverte aquella noche) hablaban con apremio de la necesidad de cuidar de él sin que notara que lo estaban cuidando. Trazaban planes, planteaban cenas como encerronas y visitas como emboscadas en los desfiladeros de Cuenca. Se comprometieron a llamarlo por teléfono cada día. El único que incumplió la promesa fue Gistau, y lo hizo porque lo tumbó un ictus pocas semanas más tarde. Estos hombres, a los que la histeria posmoderna y la cipotudofobia ha cubierto de una fama injusta de insensibles, demostraban por Raúl del Pozo un cariño y una atención

En esta cena me conmovió el amor que esos tipos duros profesaban al amigo. Estos hombres, a los que la histeria posmoderna y la cipotudofobia ha cubierto de una fama injusta de insensibles, demostraban por Raúl del Pozo un cariño y una atención digna de las enfermeras honorarias de la Cruz Colorá o de los protagonistas de Peckinpah, que pegan cuatro tiros y se rompen de emoción sin cambiar de plano. Contaban anécdotas de Raúl del Pozo con nombres importantes y velaban, como una logia masónica, por guardar el secreto hasta la tumba.

Quienes confunden el cuidado de los otros con una lejía lingüística y el respeto a los diferentes con la vigilancia de un consistorio calvinista no hubieran podido entender aquella tierna camaradería. Hoy la amistad viril, con su testosterona y su lealtad, con sus tacos y su nobleza, con ese punto natural de misoginia de los hombres que han sufrido por amor, siempre está bajo sospecha. De ahí que me haya parecido extraordinaria, anacrónica y liberadora la lectura de 'No le des más whisky a la perrita', el libro donde Julio Valdeón y Jesús Úbeda biografían a Raúl de Pozo huyendo (sin éxito) de la loa. Valdeón y Úbeda describen a Raúl del Pozo con el mismo candor apasionado que vi en Casa Lucio aquella noche, cuando cuatro tipos duros planeaban cuidar de un hombre que se había quedado desvalido sin que éste se diera cuenta de que lo estaban cuidando. Es un recorrido por la vida y las andanzas del columnista veterano en el que los autores intentan hacerle creer -y hacerse creer a sí mismos- que conseguirán escribir un relato que no desborde cariño por los cuatro costados. Fracasan, como he dicho, y esto es lo que hace el libro más hermoso. (...)

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Mensaje por Rogorn » Vie Nov 13, 2020 10:07 pm

'Solotildismo'
Eloy M Cebrián - latribunadealbacete.es - 13/11/2020

En estos tiempos tremendos que nos aquejan, acordarse de que existen las nimiedades no deja de ser un consuelo, y la que quiero abordar hoy quizás sea la más insignificante de todas ellas. Se trata de la discusión sobre si «solo» debe escribirse con tilde o sin ella. Durante mucho tiempo la RAE ordenaba el uso de la tilde cuando «solo» equivalía a «solamente», es decir, cuando se trataba de un adverbio en lugar de un adjetivo. No sé por qué, pero esa pintoresca regla ortográfica caló muy hondo en la conciencia de los estudiantes de este país, como si el hecho de distinguir cuándo «solo» había de tildarse lo convirtiera a uno en miembro de una élite cultural. Pero, ay, en su Ortografía de 2010 la Academia decidió renunciar a esa regla, junto con aquella otra (también muy resultona) de que los demostrativos debían escribirse con tilde cuando eran pronombres. Es más, esa tilde que antes era preceptiva pasó a tildarse de falta de ortografía, de modo que si ahora ustedes escriben «Sólo sé que no sé nada», no solo no se les considerará cultos, sino que se habrán hecho acreedores a las orejas de burro. Con lo que la Academia no contaba era con el aguerrido Arturo Pérez-Reverte, que lleva años clamando desde el tuiter que él seguirá escribiendo los «solos» adverbiales con tilde le pese a quien le pese. Y, a modo de desafío, esgrime este ejemplo: «Sólo uso la tilde cuando estoy solo, pero sólo para sentirme menos solo». Se aprovecha Pérez-Reverte de que la Real Academia no es una institución castrense, pues de otro modo ya lo habrían ejecutado sumariamente junto con todos sus secuaces. Y concluyo declinando cualquier responsabilidad sobre los «sólos» que pudieran aparecer en esta columna y las venideras. Los solotildistas son una secta tan insidiosa como los Iluminati. Y acechan por todas partes.

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Mensaje por Rogorn » Dom Nov 15, 2020 1:13 pm

"El problema es que ahora cualquiera puede apropiarse de la memoria de la Guerra Civil"
libertaddigital.com - 15/11/2020

El último programa de 'Cowboys de medianoche' ha tenido un invitado especial. Arturo Pérez-Reverte se ha unido a los habituales José Luis Garci, Luis Alberto de Cuenca, Eduardo Torres-Dulce y Luis Herrero para hablar de cine y literatura, pero sobre todo para presentar su última novela, 'Línea de fuego' (Alfaguara), ambientada en la Batalla del Ebro de la Guerra Civil Española.

"Yo quería coger de la mano al lector y llevarle a ver cómo es de verdad una guerra", ha comentado el escritor. "Porque lo peor de una guerra no siempre son los tiros". "Quería además que viese lo que le pasó a su abuelo Manolo, a su tío Paco o a su bisabuelo Fernando. Porque resulta que la Guerra Civil no es una cosa ajena a ningún español. Está en la memoria genética de todos los que descendemos de ahí". Pese a todo, también ha reconocido que no se ha tratado "para nada" de un libro fácil de escribir, sino más bien de uno que le "incomodaba bastante", centrado en un tema que ha "intentado evitar durante muchos años". "El asunto es que ha pasado el tiempo y quienes de verdad vivieron la guerra han ido muriendo. Es curioso porque además fue gente a la que nunca le gustó hablar del asunto. Eran muy pudorosos porque no querían contaminar a los que vinimos detrás. No querían contagiarnos el odio. Y el problema es que ahora cualquiera puede apropiarse de esa memoria. A mí me llevan los diablos cuando oigo a un político treintañero, rufianesco o no rufianesco, en las Cortes, contándonos lo que fue la Guerra Civil, cuando ni la vivió ni la supo ni la leyó". Por eso, según ha explicado, ha decidido ponerse con ello él ahora. "He querido dejar mi versión. Ya sé que una novela no va a cambiar el mundo ni nada. Pero yo, que algo sé de guerras; y a mí, a quien sí me contaron la guerra quienes la vivieron de verdad; creo que puedo contar cómo se ve la guerra de verdad cuando se está en la guerra de verdad. Nada más".

A la intervención de Luis Herrero, que ha apuntado hacia la ausencia de maniqueísmos del texto, Pérez-Reverte ha respondido que "lo que sí hay es una realidad". "Existió un bando ilegítimo, el golpista. Y eso es así estés con quien estés. Desde ese punto de vista es mucho más fácil defender cierta legitimidad en el bando republicano. Lo que pasa es que después, cuando te acercas a los seres humanos que hicieron la guerra, la cosa cambia completamente. Te das cuenta de que nada es tan sencillo nunca". Su intención, según él mismo ha relatado, pasa porque al lector, "después de 50 o 100 páginas, ya no le importe de qué bando es el personaje sobre el que esté leyendo en esos momentos. Que simplemente sea el ser humano quien le enganche". Un objetivo que, según los Cowboys, ha cumplido "con creces".

Desde un plano más genérico, la guerra es para Reverte un tema fundamental. "Es monstruosa. Pero si eres capaz de mirarla con lucidez y ecuanimidad, puede enseñarte muchas cosas". Por ejemplo, algo que se ha esforzado por transmitir es una sensación concreta: "En la guerra nunca tienes una visión de conjunto. Cada uno hace su guerra parcial. Ese saber que formas parte de un conjunto geométrico perfecto, del que tú sólo eres una pequeñísima porción, es algo que me interesa mucho". La guerra como caos en la que "el miedo deja paso a la mera supervivencia o al rencor. En la que se actúa por una serie de instintos de grupo. La lealtad es fundamental". Por eso se ha esforzado por rescatar una serie de valores, que se acentúan en ese tipo de situaciones, cuando la crudeza de la muerte se muestra con su cara más siniestra. "El ser humano, cuando siente la impunidad que le da empuñar un arma, actúa de manera diferente. Se dan todo tipo de reacciones. Las más viles y también las más luminosas. Y yo quería que quedase constancia de eso". Se ha acordado entonces de sus lecturas, como la Ilíada, que siempre le ayudaron a ver las guerras que cubrió con una mirada determinada. "Es posible que gracias a eso no me volviese loco". Y también de los grandes maestros del cine. "John Ford fue el pionero, el que estableció el canon. De él surgen esas palabras que utilizo en mis novelas: Dignidad, coraje, lealtad. Son las únicas que permanecen intactas, después de que la vida haya emputecido a todas las demás. Porque no existe nadie que pueda minarlas realmente. Todo eso nos enseñó Ford con sus películas".

Como colofón, y alargando el tema cinéfilo, Garci ha querido señalar cómo han cambiado las cosas, cuando hace años "no se podía ver a Ford, porque era fascista". Siguiendo esa línea, todos han celebrado que "el tiempo haya terminado por colocar las cosas en su sitio". "Que les den por culo", ha zanjado Reverte. "Ahora ya nadie sensato se atreve a hablar mal de John Ford".

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