Entrevistas con Arturo

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mar May 15, 2018 11:00 am

"A mí no me gusta escribir, me gusta imaginar historias"
Entrevista de Hugo Alconada Mon - lanacion.com.ar - 15/05/2018

Gabriel García Márquez, una vez que le preguntaron qué sentía frente a la página en blanco, dijo que le daba ganas de vomitar. Hasta que cierta vez leyó el consejo de Hemingway: hay que escribir y escribir sin pausa, hasta que el autor sienta que lo hace como si alguien le está dictando ese texto al oído y la escritura fluye sin esfuerzo. Los más grandes autores han develado sus estrategias a la hora de escribir. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, España, 1951), el formidable autor de 'Alatriste' que acaba de publicar 'Eva', traza mapas de sus historias, colecciona nombres para sus personajes y se toma muy en serio la investigación. Ahora, abre el arcón donde guarda celosamente su método para alcanzar la excelencia.

-Cuando usted no está promocionando un libro suyo, ¿cómo es un día habitual de trabajo?
-Me levanto temprano, a las siete y media, más o menos, hago ejercicio, nado un poco, corro, camino, saco a los perros. Después me doy una ducha y a las ocho y media he desayunado y a las nueve estoy trabajando ya. Trabajo toda la mañana, hago una pausa a media mañana, quizá. De vez en cuando me tomo una aspirina. Y a mediodía termino. Como. Por la tarde repaso lo que escribo por la mañana. Le hago una primera corrección. Y luego, leo. Eso cuando estoy en Madrid. Leo o veo películas, esa es mi rutina diaria.

-¿Escribe a mano?
-Escribo en ordenador, pero corrijo a mano. En el papel hago una lectura corrigiendo con pluma estilográfica. Corrijo y vuelvo a meter en el ordenador. Doy varias pasadas. Hasta que creo que el contenido es suficiente.

-¿Cuánto del primer borrador ve la luz en las librerías?
-Dos tercios. Del resto elimino mucho. El mejor amigo del escritor, después de la papelera, es el marcador para tachar líneas. Tras escribir un párrafo de diez o quince líneas, si puedo eliminar una o dos, las quito sin compasión. Es duro, a veces esas líneas han llevado hora y media de trabajo. Pero hay una cosa que se desarrolla con los años... Llevo treinta escribiendo novelas. Uno tiene instintos narrativos. Se da cuenta...

-Si funciona.
-Si funciona o no. A veces hay problemas técnicos serios. Cuando era joven pensaba que el español era una lengua formidable. Lo es, sin duda. Pero yo pensaba que tenía soluciones para todo. A veces estoy con un párrafo y en un momento me doy cuenta de que no hay recursos estilísticos adecuados para resolverlo. A lo mejor tengo que repetir tres veces el verbo "haber". No tengo otra solución. O debo meter dos gerundios seguidos o cerca. Uno debe decidir entre el estilo y la eficacia. Y siempre me inclino por la eficacia. Incluso, hay veces que creo que soy más eficaz si vulnero la forma, el estilo; prefiero mantener la eficacia y transgredir un poco el reglamento.

-¿'La reina del sur' conllevó el esfuerzo adicional de escribir con modismos mexicanos?
-Sí, pero fue un placer adicional, un experimento interesante. Viví algún tiempo en Sinaloa, en el norte, con mi amigo el escritor Elmer Mendoza, experto en el habla norteña. Caminaba con un bloc de notas, cada cosa que escuchaba la apuntaba. ¿Oye, qué significa? Lo anotaba. Me hice un glosario personal. Ahí hay un poco, no de arrogancia, pero sí de chulería, como decimos en España, un poco de desafío de autor. A ver si soy capaz de contar una novela en mexicano, que funcione para los mexicanos. Fue un desafío duro, porque el estilo mexicano, el habla, la jerga... También me pasó con Alatriste, llevar el habla del siglo XVII al actual, que se pueda entender sin ser arcaico ni anacrónico. Cada novela es un desafío estilístico diferente.

-¿Cuál fue el mayor?
-¿El más duro de todos? Quizá, técnicamente, 'Un día de cólera'. Es una novela sobre el alzamiento de los españoles contra los franceses del 2 de mayo de 1808. Tenía la relación de todos los muertos y heridos, la conseguí en los viejos archivos. Entonces, quise construir una novela con todos esos personajes. Dotar a la novela de la acción simultánea en cada lugar de Madrid, coordinar a todos esos personajes, con grandes paneles... Estructuralmente, fue la más compleja.

-¿Qué son los paneles? ¿Pizarras en las que volcaba qué ocurría en cada momento con cada personaje?
-Sí, eso es.

-Imagino que tenía un mapa antiguo con las calles de Madrid.
-Lo tenía. Tenía relaciones de testigos de la época. Si sabía que había muerto un personaje en la calle Toledo, buscaba referencias del combate en la calle Toledo. Todo eso lo llevaba al panel. Lo anotaba según las horas del día. Fue un esfuerzo estructural. Pero los desafíos son importantes. Motivan mucho. Me apetece ver si soy capaz. De resolver con eficacia personajes, estilo, tono, punto de vista. Buscar esas novedades que me impidan caer en la rutina. Son desafíos muy interesantes.

-En 'Eva' llega a decir que Falcó siente el peso de los 570 gramos del arma. Usted compró el arma, compró cada uno de los objetos personales de Falcó. ¿Cuál es el sentido de tener...?
-Bueno, aparte del placer... Yo soy escritor porque me la paso muy bien. Mi instinto de coleccionista, de cazador, se completa adquiriendo aquellos objetos en los que hay un placer personal que no tiene nada que ver con la literatura. Pero hay una cosa importante que es que los objetos a veces te hablan. Un arma, una pluma estilográfica, una pitillera de carey, una corbata. Yo recuerdo que cuando escribí 'La piel del tambor' le compré un alzacuello a un cura de Sevilla. No es igual sentirse con un alzacuello que con una camisa con corbata. Estaba en Francia y salí a la calle vestido de cura a ver cuál era la reacción de la gente. Y la actitud de la gente cambiaba. Hay un aspecto lúdico, de juego. Y hay un aspecto práctico. En el caso de Falcó, es importante la pistola. Me decidí por una emblemática: la FN Browning 1910, con la que Gavrilo Princip mató al archiduque Fernando en Sarajevo, con lo que comenzó la Primera Guerra Mundial. La conseguí en un anticuario de pistolas.

-Usted llega a escribir que se cercioró primero de que el seguro del arma estuviera puesto...
-He visto muchas veces golpear a gente con armas. Tengo una ventaja, un privilegio dudoso: he visto esas cosas. Cuando cuento la violencia, un golpe, una tortura, un grito, sangre, como cae un cuerpo al suelo... La gente no cae como en las películas. Cae como si de pronto se desmayara. Lo he visto. Tengo una memoria muy útil. Entonces, cuando tengo que acudir a estas situaciones, recurro a mis recuerdos. Por eso, mi violencia es violencia. Yo no he aprendido la violencia en la barra de un bar. Ni la he aprendido en los libros.

-¿Cuánto le queda del chip de corresponsal de guerra?
-Por mi edad, ya no soy corresponsal de guerra. Pero hay profesiones y experiencias que imprimen carácter. Cuando uno ha sido cura o ha sido prostituta o ha sido presidente o ha sido afinador de pianos, no puede evitar que su vida esté marcada por los tics, los reflejos automáticos que esa vida le dejó. O por la mirada que esa vida le dejó. Yo he sido reportero 21 años, en países y en lugares desagradables. Entonces, no me puedo librar de esa mirada. Para bien y para mal. Cuando escribo, automáticamente eso surge.

-Vuelvo a la metodología y a ese doble sombrero de escritor de textos largos, imagino que sin plazos fijos, salvo que usted mismo se lo imponga, y, por el contrario, de textos cortos, que todas las semanas tienen una fecha de entrega. ¿Cómo funciona con los textos cortos?
-Yo soy muy disciplinado. Lo soy porque la vida que llevé fue muy caótica durante muchísimos años. Sin disciplina, sin método, habría sido imposible trabajar como vivía. Pasaba de una guerra a otra. Si no hubiera marcado muy bien las puertas por las que entraba y salía, me habría perdido. Sigo teniendo esos reflejos. Los viernes toca artículo. Borro de mi cabeza la novela que estoy escribiendo. Y cuando me voy a ir de viaje hago varios para entregarlos y no fallar. Ningún domingo he fallado en la publicación.

-¿Utiliza el método del artículo breve para los libros?
-Sí. Cada noche, antes de acostarme, soy feliz porque ya estoy pensando en lo que voy a escribir al día siguiente. Sea novela o sea artículo. Entonces, a la mañana llego con una idea. Y entonces, mientras nado, mientras corro, mientras me ducho, mientras desayuno, estoy buscando ya la manera de entrar. Me siento a las nueve y empiezo a trabajar. Esos artículos que salen así, aparentemente muy espontáneos, me llevan un día de trabajo.

-Cuando estaba en México anotaba modismos. ¿Lleva un anotador o anota en el teléfono?
-Suelo llevar una libreta pequeña. Mi hábito de reportero me enseñó que cualquier lugar es bueno para escribir. Tomo notas en servilletas de bares, en tarjetas de embarque, en márgenes de periódicos.

-Vamos a Eva y Falcó. Cuando usted se sienta, ¿ya tiene su hoja de ruta, sabe hacia dónde va o hay un momento en que los personajes toman vida y lo llevan hacia otro lado?
-No, a mi ningún personaje se me escapa. Los tengo a todos asustados. Son muy disciplinados. Obedecen. Son como prusianos. Hay muchos tipos de escritor y cada uno tiene su manera. Yo necesito un método antes. Necesito una estructura. La arquitectura es muy importante.

-¿Y el nombre de los personajes?
-Colecciono nombres. Desde hace muchos años.

-¿Qué significa eso?
-Miro guías telefónicas, bibliografía, para buscar apellidos. Los que pienso que son útiles los apunto y los guardo. Nombres como Ferro, como Corso, como Faulques. Que son sonoros. Estoy convencido de que es muy importante la sonoridad. Casi ninguno de los nombres de mis personajes, incluso los secundarios, es casual. Todos responden a algo. Un cura que se llama Príamo Ferro, un viejo cura preconciliar, sucio, de sotana sucia, es perfecto.

-Usted es muy visual. Hay varios libros, no solo 'El pintor de batallas', en los que alude a la pintura. En 'Eva' alude a un pintor y a una forma de pintar para describir a una mujer que Falcó llevará a la cama. Juega todo el tiempo con esto.

-Yo intento jugar con la enciclopedia visual del lector. La gente ha visto ya mucho cine, mucha televisión. No tengo que describir un escenario para que el lector lo imagine. Pero es importante el escenario porque a veces condiciona mucho la acción. Lo que quiero es que el lector vea lo que yo veo. A lo mejor, si menciono dos detalles, el lector dispara su propia imaginación. Entonces, busco aquellos detalles -una luz, una música, un gesto, un objeto sobre la mesa- que hacen que el lector complete o construya el resto. También trabajo mucho con la luz. El otro día me decía alguien que en mis novelas muchas cosas transcurren en la penumbra. Y es que pasé mucho tiempo en lugares oscuros. En la guerra no había luz. La guerra eran sombras, voces. Tengo una marca en la muñeca, una doble marca. En un lugar llamado Mostar, corriendo de noche en medio de un tiroteo, metí la mano en una ventana y me corté dos venas y empecé a sangrar. No había luz. Pero notaba que sangraba. Un soldado se acercó y me dijo: "¿Qué te pasa?". Estoy herido. Entonces me tapó la herida, me la vendó a oscuras. Recuerdo el olor acre de ropa sucia, de sudor, su voz y sus manos. Pero nunca lo vi. No conocí a ese hombre que quizá me salvó la vida.

-¿Usted se impone algunos parámetros? "Hoy tengo que escribir dos folios". "Hoy tengo que escribir diez mil caracteres".
-No. Tengo una forma de trabajar. Sé que un día malo son dos folios. Un día bueno, cinco folios. Cuatro.

-¿Cuándo huele usted hasta acá llegué, acá se terminó la novela? Me refiero a la edición.
-No hay nunca un final. Desgraciadamente, entrego la novela cuando me aburro de ella. Cuando ya no la soporto. Es como querer divorciarme de esta mujer. Quiero separarme de ella. O de este hombre. Quiero apartarme. Ya se acabó. No tiene nada más que darme... Mi problema es que a mí no me gusta escribir. Me gusta imaginar. Escribir es la parte peor. A mí lo que me gusta es imaginar historias. Pero es que tengo que escribirlas para poder venderlas y poder vivir de eso. Es una condena, digamos, casi económica. El acto mecánico de escribir me molesta. Me gusta imaginar situaciones, personajes, acciones, la trama. Todo eso me hace muy feliz. Pero cuando ya he escrito la novela, cuando ya está terminada, después de meses de corrección, de revisión, de tal, detesto esa parte de mi trabajo. Por eso cuando por fin termino una novela, estoy dispuesto para la siguiente. Es como enamorarse. Me digo: esto va a ser amor. Esto es maravilloso.

Tres claves del método para escribir

1 La arquitectura del estilo. Dice que la estructura de la novela es decisiva. "Hago una estructura casi por capítulos", señala. "Lo aprendí leyendo a gente que conocía el oficio mejor que yo: una novela es una serie de puntos que hay que rellenar".

2 La memoria, aliada incondicional. Dice que tiene una memoria prodigiosa. Sus libros, abundantes en escenas de violencia, son en buena parte el resultado de los recuerdos de sus más de veinte años como corresponsal de guerra. "Por eso, mi violencia es violencia. -dice con énfasis|-. Yo no he aprendido la violencia en la barra de un bar. Ni la he aprendido en los libros".

3 Un coleccionista de historias. Colecciona nombres para sus personajes que encuentra en los lugares más variados, toma a cada paso notas en una libreta pequeña ("Mi hábito de reportero me enseñó que cualquier lugar es bueno para escribir") y, sobre todo, tiene los oídos atentos y los ojos muy abiertos para detectar historias. "Como todo escritor, vivo con un montón de historias a mi alrededor. Son como moscas que me acompañan, que me siguen. Una copa, una voz, una persona que pasa, una risa, una música que suena..."

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Dom Jul 01, 2018 9:57 am

"Estoy viendo morir a la Argentina que amaba"
Entrevista de Pablo Calvo - clarin.com - 30/06/2018

Echa una pastilla blanca en el agua y las burbujas invaden la copa. Pasa igual con sus palabras: alcanza con arrojar una moneda a esa fuente que es Arturo Pérez-Reverte para que broten las metáforas, los párrafos de suspenso, los relatos bélicos, el murmullo del espionaje, las hazañas de los capitanes.

Él tal vez no habría dicho “pastilla blanca”, sino que se habría tomado el trabajo de explicar su efervescencia: que el carbonato sódico, al tocar el agua, se disocia en dos iones, el ión hidrógenocarbonato y el ión sodio, y que el primero se subleva con el ácido de la pastilla y da lugar al dióxido de carbono, el gas que hace estallar la revolución en la copa. Viene de desayunar en La Biela, su café preferido de Buenos Aires, y de caminar por Recoleta entre racimos de perros que hacen flamear a sus paseadores. A Pérez-Reverte no lo distrae el WhatsApp, porque no tiene WhatsApp, decisión que le regala más tiempo a su vida de explorador de historias. Nacido en Cartagena, junto al mar Mediterráneo, fue periodista y corresponsal de guerra, y su experiencia en lugares cargados de tragedia y dolor aflora en su obra. La última es 'Eva' (Alfaguara) que pertenece a la saga de Lorenzo Falcó, ese agente libre que se mueve en los entresijos del espionaje durante la Guerra Civil Española, un hombre a la vez encantador y peligroso.

La copa de la pastilla blanca se calma, él la bebe y agradece ya no ser periodista en estos tiempos de mentiras burbujeantes y de redes sociales que han dicho varias veces, por ejemplo, que él ha muerto. Sus destrezas de capitán de yates le han permitido continuar la marcha entre las olas traicioneras de las "fake news". Y ante la propuesta de Viva de hacer a un lado la promoción de sus libros (que igual siempre son "best sellers") para hablar de los tesoros que ha rescatado de su cercanía con escritores argentinos, Pérez-Reverte acepta. Y su verba, como la pastilla blanca, se convierte en torrente:

-Arturo, ¿cómo era la voz de Osvaldo Soriano?
-Cuando hablábamos de la Argentina, triste. Yo recuerdo a Soriano hablando por teléfono, de madrugada, conversando sobre libros que habíamos leído. Nunca nos vimos en persona, pero éramos conocidos, nos teníamos respeto. Y él era para mí esa voz. Cuando yo le elogiaba sus libros, él siempre respondía con una especie de tristeza, porque él sabía que ese elogio no estaba en boca de quien debía estar en su país. Me lo hacía saber de una manera muy elegante. Sentía no ser reconocido por otros que, por cierto, hoy le prologan los libros. Esto hay que decirlo: lo despreciaban. Yo he estado aquí en conversaciones donde decían: “Este Soriano, ta, ta, ta”. No quiero decir nombres, pero tampoco quiero callarlo. Esa tristeza que él tenía… El ser argentino implica una tristeza genética, nacional; cualquier argentino lúdico debía ser triste en algún momento a la fuerza, ¿no? Y él lo era, tenía eso de no saberse querido...

-El público lo quería...
-Sí, pero él se refería a la gente que manejaba los resortes de la cultura oficial; eso le dolió siempre. Él sabía que merecía otra consideración. Yo creo que la intelectualidad argentina, la que sabe, tiene una deuda de honor con Soriano, que no se arregla haciendo prólogos. Yo entendí la Argentina gracias a Soriano. Yo le dije un día: “Maestro, es que yo, leyéndolo, he comprendido la Argentina”, igual que ahora la entiendo con los libros de Jorge Fernández Díaz. Hay escritores que te explican un país.

-¿Entonces es correcto decir que Roberto Arlt lo ayudó a contar Buenos Aires?
-Sí, Arlt es otro de esos autores fundamentales. Yo empecé a venir aquí muy temprano. Estuve en la Antártida antes de la guerra de las Malvinas, ahí conocí a algunos marinos que luego me fueron útiles como fuentes periodísticas, aunque supe más tarde que algunos de ellos se dedicaban a otras cosas... Y después cubrí la guerra, es decir, conozco bien el país. Y hay otra cosa: mi padre era muy amigo de la Argentina, le gustaban los tangos, era un magnífico bailarín. Entonces, yo me sé la letra de los tangos desde que tengo 8 o 9 años, porque él los cantaba. Ese de Gardel que dice: “Si los pastos conversaran/ esa pampa le diría/ de qué modo la quería/ con qué fiebre la adoré” ('Tomo y obligo'). Es decir, que el gaucho solo en la pampa inmensa no tiene con nadie más que hablar que con los prados. Esas imágenes me quedaron en la cabeza. Resumiendo, escribo con una gran carga emocional sobre la Argentina. Había leído a Jorge Luis Borges y entonces descubrí a Roberto Arlt, 'Los siete locos', la primera vez que vine, años ‘79, ‘80, y digo: “¡Este tío! ¿Por qué nadie me habló de él?” Porque en aquel momento nadie hablaba de Roberto Arlt. Tenemos muy flaca memoria... Ahora reivindicamos a Manuel Puig, que fue muy despreciado en su momento; a Manucho Mujica Láinez. Ahora todos “ta, ta, ta”, pero recordad que hace 20 años ésos eran “autores menores”, que no eran nada valorados por los grandes capitostes de la cultura argentina. Entonces, cuando descubrí a Arlt, me pareció de una dureza, de una crudeza, de una crueldad, de una amargura, de una violencia contenida extraordinaria. Y me enamoré de Arlt. Para mí vienen Borges y Arlt, en ese orden, en la punta de los dos grandes que me han marcado muchísimo por la manera de concebir el mundo y la literatura.

-¿Cómo fueron sus charlas de tango con el poeta Horacio Ferrer?
-Ah, fueron magníficas. Yo acudí a él porque necesitaba documentar el libro 'El tango de la Guardia Vieja'. Fuimos a cenar para mi cumpleaños a la cabaña Las Lilas. Él, Lulú, Victoria y yo. Y Horacio fue muy generoso, un hombre maravilloso, extraordinario. Yo no hablaba: sólo le ponía pretextos para que él contara. Escucharlo era repasar la historia de la Argentina, de Buenos Aires, del tango, de la música, de todo. Era un hombre encantador, muy afectuoso. Mi libro le debe mucho a Horacio Ferrer.

-¿Le hubiese gustado a usted ser entrevistado por Joaquín Soler Serrano, el periodista español que consiguió en televisión testimonios únicos de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Atahualpa Yupanqui, Ernesto Sabato?
-Sí, pero sobre todo porque Soler Serrano era un periodista a quien yo admiraba mucho, de la vieja escuela, que hizo de sus programas extraordinarios, obras maestras. Yo los tengo a todos en casa. Los de Borges son geniales... ¡hace que Borges caiga bien, je, je! Porque él, en el trato, en la conversación, no era un hombre especialmente simpático, pero Soler Serrano logra mostrarlo real, maravilloso. El conocimiento que tenía de sus entrevistados, de sus obras, los detalles de sus vidas. Es un ejemplo de cómo se hace una entrevista: el periodista retirándose, jamás poniéndose en foco, dejando toda la gloria a su entrevistado, haciéndolo hablar, acompañándolo a contar todo lo que suscita interés. Realmente Joaquín Soler Serrano los hacía brillar. El ser brillante retirándose, que es lo más difícil en una entrevista. El respeto con el que encaraba la conversación. Ya no hay gente así. Un talento impresionante. Ni siquiera los mejores son así. Ahora hay otro estilo de hacer las cosas. Es una obra maestra ese programa, por el que pasaron los más grandes escritores. Y yo me temo que no doy la talla para estar en ese elenco.

Pérez-Reverte pide ahora una aspirina. La humedad porteña lo aplasta, como el tránsito y la crispación que percibe en el ambiente. Por un segundo cambia el gesto, transpira.

-¿Qué le pasa?
-Hay algo que me entristece mucho de la Argentina, y es que para mí este país siempre ha sido un referente. Recuerdo viajar 12 horas y encontrarte con una ciudad “europea”. La calle Florida, antes de la guerra de las Malvinas: la gente se paraba a discutir, había debates, era un foro. Y hablaban de política, de fútbol, de economía. Era una ciudad griega, romana, europea, francesa. Magnífica en ese sentido. Y yo a esa ciudad la he admirado mucho, la caminé por sus librerías. Y yo a esa Argentina la amaba. Pero esa Argentina acogedora, culta, tierna, inteligente, viva, rápida, divertida... muere. ¡La estoy viendo morir! Veo cómo la cultura se repliega, veo cómo poco a poco el argentino está renegando de lo que le dio prestigio, que es justamente esa argentinidad mezcla de cultura, de humanidad, de sociabilidad, y me da mucha tristeza. Ojo, a lo mejor la Argentina que nace es otra mejor, ahí no me meto, no la estoy criticando, pero ésa, la Argentina que yo admiré, está muriendo. Vengo todos los años y me da pena ver que poco a poco va desapareciendo ese argentino tolerante, culto, hablador, culto incluso en lo popular, en el parque, en el colectivo, en los bares. Te dejaba fascinado conversar con uno de ellos, tenían una brillantez... Pero ahora están todos tensos, encabronados, me da mucha pena. Las librerías desaparecen; a los niños no se les explica en los colegios la memoria. Está desapareciendo la historia de los colegios.

El dolor de cabeza se le pasa. Ya tiene la agudeza en guardia, la mirada astuta de sus personajes.

-¿Es cierto que una noche fue espía?
-Es una historia divertida. Pues lo decidimos junto a un muy amigo, espía español, que estaba en Guinea Ecuatorial espiando. Había una operación en curso con la Embajada de España. Entonces, el espía y yo decidimos asociarnos: lo que conseguiría yo, lo utilizaría para publicar y él, para reportar a sus jefes. Hicimos una incursión en una fiesta nocturna, en el despacho del embajador, los dos para conseguir una información muy útil con la cual yo hice una exclusiva muy importante como periodista y él pasó a sus jefes lo que no se podía publicar. Cuando uno ha sido reportero como yo, en lugares inestables, siempre tiene acercamientos, siempre hay gente que pide, que quiere intercambiar datos, nunca he querido tener nada que ver con el espionaje, pero en este caso se trataba de un asunto en mi país, gente seria, solvente, una buena causa, así que decidí aprovechar eso para mi propio beneficio.

-Hablando de situaciones irreales, pensemos: ¿Qué pasaría si su personaje Lorenzo Falcó se encontrara algún día con el detective Pepe Carvalho, creado por Manuel Vázquez Montalbán?
-Je. Pues, no sé, porque Carvalho es un personaje distinto, es un detective privado, de finales del franquismo... no se hubieran encontrado nunca. De todas formas, Falcó es mucho más hijo de puta que Carvalho.

-Para las zonas oscuras de circulación de información, el periodismo tenía un antídoto: el chequeo de los datos. Las redes sociales han obstaculizado ese mecanismo, pero la pregunta es: ¿cree que el diario 'La Verdad', donde usted empezó su carrera, ahora se llamaría a lo sumo 'Algo de cierto'?
-Ahora se llamaría “La posverdad”, jaja. Sí. Es que hay un problema importante y es que las redes sociales han suplantado al periodismo riguroso. Y el público se basa cada vez más en lo que la red social dice y no en lo que el periódico publica por la mañana. Es un público impaciente, que no espera la reflexión y va directamente al titular. Entonces eso pone a circular una cantidad de información absolutamente falsa, inexacta, poco fiable, pero es la que está condicionando actitudes. Puede haber una revolución en seis horas por unos tuits, sobre un bulo, algo falso. La crisis económica, que está haciendo desaparecer los medios serios, está dejando ese espacio en manos de redes sociales no fiables y eso crea un flujo de información peligrosamente manipulable.

-Pero también hay un presidente que anuncia un bombardeo en un tuit...
-He sido periodista muchos años, conozco bien los medios, por eso me alegro de estar fuera ya. Ser periodista hoy es una grave responsabilidad. Hacer un periodismo riguroso es muy difícil porque tampoco la gente lo exige. El problema está en que el público no reclama una información fiable. Se contenta con dos titulares de tuits mal pergeñados, fuera de contexto. El público tiene lo que quiere: rapidez, inmediatez y frivolidad, y esto está generando una mala situación. No me gustaría tener ahora 20 años y ser un joven periodista.

-¿Cómo se lleva con su teléfono?
-Mi móvil es uno de esos que sirven para hablar y nada más, ni siquiera lo llevo encima. No tengo WhatsApp, no sé qué es WhatsApp. Apenas uso Twitter para comunicar novedades sobre mis libros. Entro en Twitter, porque es una herramienta muy potente, pero enseguida salgo. Y no vivo pendiente de las redes sociales. El correo electrónico lo miro una vez a la semana. Ahora la gente exige inmediatez y lo terrible es que está exigiendo también que uno corresponda a esa inmediatez, pero no es mi mundo ni me apetece. Me siento desplazado en ese sentido, poco adaptado a esa modernidad. Prefiero pasar tres horas leyendo a tres horas viendo quién me escribe por WhatsApp.

“Cinco minutos”, avisan que falta de la entrevista, pero el escritor leído por millones de personas ya se siente mejor y contesta: “Que sean diez”.

-En 'Eva', la novela que presentó en la última Feria del Libro, suena Gardel en una escena clave en Tánger. ¿Qué hace el Zorzal tan lejos?
-Bueno, porque puso música en los años ‘30. El jazz en los años ‘20 y el tango en los años ‘30. No hay situación social más o menos elegante de esa época, europea u occidental, que no haya tenido un tango de por medio, ¿no? Estaba en los espectáculos, en la radio, en la vida. Si no eras buen bailarín de tango, no tenías éxito social con las mujeres, era imposible, tenías que ser un buen bailarín. Mi padre era un hombre muy apuesto, muy guapo, con bigote, delgado, alto, ¡y un bailarín extraordinario de tango! Así que tuvo un éxito enorme con las mujeres. El tango era la música, la atmósfera. Y Gardel era ineludible. Yo soy un fan de Gardel y de las películas de Gardel. Esa sonrisa blanca, simpática, ese aspecto de bondad, de buen hombre. Tengo todas sus películas.

-Ahí en Marruecos, tan cerca Tánger de Casablanca, ¿es posible imaginar a Lorenzo Falcó parecido a Humphrey Bogart?
-Bueno, Falcó es más guapo que Humphrey Bogart y bastante más elegante. Hay esa atmósfera de cigarrillo y humo, sí, pero pocos saben que la película 'Casablanca' se llamaba 'Tánger' originalmente, lo que pasa es que, por razones políticas de ese momento, Tánger estaba tomada por las tropas franquistas y se cambió el nombre. A la hora de contar una historia de espías y contrabandistas, pensé en Beirut, que la conozco mucho, pero por razones de España, el oro, la Guerra Civil y África más cerca, Tánger me convenía más en cuanto a localización de escenario.

-Pronto publicará en la Argentina una novela de perros, cuente eso, por favor.
-La vida te quita muchas cosas y te deja muy pocas, y una de las que me dejó fue el respeto por la lealtad y por el valor, dos virtudes que tienen los perros. Me gustan mucho, me parecen el mejor compañero posible. Toda la vida he tenido perros, ahora tengo perros, me emociona acariciarlos, así que decidí hacer una novela en la cual fueran protagonistas, un policial negro, duro, clásico, seco, violento y al mismo tiempo con mucho humor. Ahí está la historia, titulada 'Los perros duros no bailan'.

-Ahí se hubiera trenzado con Soriano, fanático de los gatos.
-Bueno, los gatos no me gustan tanto. Se parecen demasiado a los humanos.

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mar Jul 17, 2018 10:38 pm

“Desprecio a aquellos que no leen”
Entrevista de Carlos Barragán, Ángel Plasencia y Gonzalo Sevilla - eloficiodelescritor.com - 05/2016

Arturo Pérez Reverte (Cartagena, 1951) es uno de los escritores españoles con más reconocimiento internacional. Ha escrito casi 30 novelas, es miembro de la Real Academia Española y columnista en 'XL Semanal'. A pesar de ser un personaje polémico, es innegable que su Capitán Alatriste ha enseñado a leer a más de una generación de españoles. En esta entrevista nos explica cómo ha llegado hasta aquí: sus influencias literarias, su pasado como periodista y por qué se debe leer para llevar una vida mejor.

-Usted ha fundado Zenda [nota del editor: la entrevista se produjo hace dos años], un espacio donde conversan artistas, lectores o editores. ¿Cree que los escritores y los intelectuales deberían agruparse con más frecuencia y crear plataformas culturales como la suya?
-Hay dos tipos de hombre en el mundo de la cultura: el apóstol, que cree que hay que salvar a la humanidad, y el artista, que hace el arte y luego si la humanidad se salva bien, pero no es cosa suya. Ese soy yo. Yo no escribo para hacer mejor el mundo o para que la gente sea más feliz. Yo escribo porque me lo paso bien, gano pasta y es un mundo en el cual estoy a gusto. No se trata de que el artista deba o no deba involucrarse. El que es egoísta, ególatra, cerrado en sí mismo o asocial puede ser tan buen artista o más que el otro. El arte como utilidad está bien, ya decían los clásicos que lo útil es bello, pero es cierto también que lo bello es útil.

-¿Cree que parte de su éxito se debe a la combinación de la lectura de los clásicos con las estructuras de los best-seller norteamericanos de los años cincuenta y sesenta?
-Yo tuve mucha suerte como lector porque crecí en una casa con biblioteca grande. Mi abuelo tenía una biblioteca de las clásicas: Balzac, Tolstoi, Dostoievski, Conrad… Pero tenía una abuela que era muy lectora de novela moderna. Leía narrativa policíaca americana: Irving Wallace, Frank Slaughter, Frank Yerby… Allí leí muchísimo best-seller americano con los que no descubrí la literatura nutritiva, sino la forma de contar historias y atrapar al lector: lecciones de cómo empezar un párrafo, cómo terminarlo o cómo cortar un capítulo y hacer que el lector siga queriendo pasar las hojas. En definitiva, aprendí las técnicas del best-seller que son muy buenas, muy útiles y muy importantes. Mi manera de contar la extraje de una combinación de fondo clásico unida a esa otra literatura operativamente moderna. Por eso en mis novelas coexiste el mundo más reflexivo con fórmulas muy americanas. Quizás ha sido esa combinación lo que ha hecho que mi público sea tan amplio.

-¿Falta hoy día una mayor lectura de los clásicos?
-Hay una cosa que es muy importante para un escritor: la formación. Yo tuve la suerte de tener una preparación buena y eso se nota en la obra. La gente, aunque no lo vea, lo huele, lo intuye. Un escritor joven lo primero que necesitaría es nutrirse de los clásicos griegos y latinos. ¡De ahí venimos! Los grandes mitos y los grandes temas: la mujer, el adulterio, el hijo no querido, la muerte, el viaje, el regreso… Después el Siglo de Oro: Quevedo, Lope, Calderón, Cervantes… Ahí es donde un escritor español aprende a afilar la espada, donde coge las herramientas técnicas, el vocabulario, el lenguaje y la riqueza. A ese poso clásico se añaden unas herramientas técnicas y un aprendizaje del manejo de la lengua. Y después, la gran novela del XIX y XX: Balzac, Galdós, Tolstoi, Dostoievski, Conrad. Aquellos que enseñan a estructurar una novela. Con lo cual, un joven escritor que no ha leído a Homero, ni a Quevedo ni a Thomas Mann ni a Balzac se puede ir a hacer puñetas, porque no tiene nada. Que ni se moleste. Por muy listo que sea y mucho talento que tenga, no tendrá las herramientas, la educación técnica ni la formación intelectual suficiente para poder contar novelas como dios manda. Aunque fuese una novela contra todo eso, aunque después se dedique a romperlo. Picasso llegó a ser lo que es siendo primero un pintor extraordinariamente clásico. Después fue rompiendo ese clasicismo, pero hasta para romper primero se debe conocer.

-En su obra hay tres arquetipos. El héroe que, como le define usted, es un soldado en territorio enemigo: solitario y triste como Faulques, Pepe Lobo o incluso Alatriste; el malo, como Raposo y Malatesta; y la mujer, que la define usted como más lúcida: Tánger o Mecha. ¿Cuál de los tres se acerca más al concepto revertiano?
-Lo revertiano es un territorio: todo es revertiano. Hay escritores que construyen su mundo narrativo a base de lecturas o de imaginación. Otros tenemos la suerte de que podemos añadir vida. Este territorio está hecho de mis viajes, mis guerras, mis amores, mis odios, mis filias, mis canas… Por ello, todos los personajes tienen un parentesco y son consanguíneos, pero los desarrollo según las necesidades. Hay novelas que me exigen un personaje más revertiano, es decir, que tenga de los ingredientes más manifiestos; otras me piden menos. Una novela es un artefacto que se construye con herramientas y los personajes son una más. En ese sentido no podría decirte si Alatriste es más revertiano que Pepe Lobo. Todos lo son. Pero según el territorio en el que estoy contando, la dosis es mayor o menor. Por ejemplo, en 'La tabla de Flandes' aparece un personaje, César, que es homosexual. Teóricamente mis personajes son tíos muy machotes, no son homosexuales. Pero no. Porque ese personaje es muy revertiano por la lealtad, las ideas, su disposición a matar… aunque sea homosexual. Es tan revertiano como puede serlo el capitán Alatriste.

-Sobre ese héroe revertiano, usted muchas veces explica que el suyo es un héroe más parecido a Ulises que a Aquiles. Y es extraño porque, al menos en la actualidad, la gente prefiere un héroe invencible como Aquiles.
-Sí, pero yo no. Yo escribo por mi placer y a mí la vida me ha quitado la inocencia. Cuando tenía veinte años podía ser Aquiles, pero ya no puedo. Ahora soy Ulises. Yo he estado en Troya, he degollado a troyanos dormidos, me he follado a las mujeres de los troyanos en la cama donde estaba la sangre de sus maridos, he vuelto con la sangre en las uñas… Tengo un concepto muy malo del ser humano. El ser humano es un cabrón con pintas. La vida luego te hace manifestarlo o no, pero lo eres. Y en mis novelas se transmite esa fatiga.

-En cuanto a Alatriste, más allá del personaje, se ha convertido en un arquetipo de la sociedad española. ¿Cómo se consigue técnicamente no desgastar a un personaje durante siete libros?
-He dejado de hacerlo porque he visto que se estaba desgastando. No para el lector, sino para mí. Todo personaje de serie tiene un desgaste. Alatriste es un personaje muy potente, que explica muchas cosas. El lector que lee Alatriste comprende España muy bien, para eso lo escribí. Tú lees Alatriste y sabes por qué somos así. Somos como somos porque fuimos como fuimos. Esa función social o de tipo didáctica está cumplida ya, con siete novelas basta. Cuando vi que estaba repitiéndome a mí mismo, paré. Pero estoy muy contento, Alatriste es mi mayor satisfacción. ¡Está en los colegios! Que mis sobrinos y mis nietos me digan “ese libro es del abuelo” me hace una ilusión tremenda.

-Usted ya ha citado algunos autores, como Galdós, que le interesaron durante una época de su vida pero que ahora le aburren…
-¡Pero no por culpa de ellos!

-Sin embargo, otros autores como Conrad nunca se ha cansado de leerlos. ¿La obra de Pérez-Reverte qué tal va a envejecer?
-Hay autores que han sido fundamentales durante tu adolescencia pero que a los veinte ya te han dado todo lo que te tenían que dar. No porque sean malos, sino porque ya te han llevado por donde te tenían que llevar. Otros autores sí que envejecen contigo y te acompañan. Me pasa con Conrad, pero ya no me ocurre con Dumas, ni con Stendhal ni con Galdós. Yo tengo una ventaja grande. Al tener una obra tan dilatada, tengo desde un libro elemental y divertido como 'La sombra del águila' o 'Cachito' a libros gamberros, novelas complejas como 'Hombres buenos' o de aventuras como 'La Reina del sur', 'La carta esférica', 'Alatriste'…Tengo un libro para cada momento. Por ejemplo, 'Hombres buenos' puedes leerla con sesenta años. De hecho, ¡la entiendes mejor con esa edad! Pero todos caducamos, como los yogures. Al final, el lector es el lector, una vida que se va moviendo. Y no puedes seguirle. Encontrará otras cosas que le llenarán más que mis libros. No tiene nada de dramático ni de trágico. La vida es así.

-Como aquello que decía Patrick O’Brian de que es mucho más importante el contenido de la obra que el autor. Es decir, el escritor no importa.
-¡Claro! O’Brian era un tramposo, un tío que mintió y se puso un nombre que no era el suyo. Pero como escritor era inmenso. ¡Inmenso! Nadie ha hecho una serie de novelas navales como la suya. Por eso, es muy importante no conocer al autor. Yo siempre lo recomiendo.

-Usted no querría conocer a Thomas Mann.
-Lo decía con todos, pero es que Mann era un pedazo de capullo. Siempre digo que es un error acercarse demasiado al autor porque puede caer bien o mal. Y si cae mal resulta que ya no lo lees igual. Al final lo que cuenta de un autor es su libro. Si la obra es buena… ¡Es buena! Siempre hay que separar vida y literatura.

-Centrándonos en el proceso de escribir, ¿Alguna vez se ha planteado cambiar el género?
-Bueno, cada domingo hago una columna en el 'XL Semanal' y ahí escribo de todo.

-La pregunta iba dirigida más a si alguna vez usted ha escrito poesía o teatro.
-Soy de poesía, pero no soy lector de mucha poesía. Me gusta mucho Quevedo. Es el mejor poeta español de la historia, por encima de cualquiera, de Miguel Hernández o de Machado que son inmensos. Mis cuatro poetas de cabecera son Quevedo, Hernández, Machado y Jorge Manrique. Las 'Coplas a la muerte de mi padre' es lo mejor que se ha hecho en la literatura española probablemente. Esos versos son extraordinarios tanto por la forma como por el contenido. Quevedo es fundamental. Al leer un soneto de Quevedo parece que habla de la España actual. Nadie entendió este país como Quevedo. Y el lenguaje es extraordinario. Fuera de esos cuatros grandes poetas, aunque haya otros que me gusten, a ninguno de ellos le pongo a la misma altura. Me gustaría aclarar que a mí los poetas me gustan por el concepto, no tanto por la forma, sino por lo que tienen dentro. La forma poética no me importa. Me seduce, me gusta… pero un poeta que hace magníficos versos y no dice nada, un poeta surrealista, dadaísta… para mí no tiene el menor interés, con todo el respeto.

-La estética no le importa.
-Claro, es como las canciones. Yo no soy muy musiquero, pero a mí me gusta la copla, el tango y el bolero porque me cuentan historias. Ojalá pudiera hacer eso yo, contar mis historias en tres minutos de música. Me gusta que me cuenten historias. ¿La forma? Poesía, canción, novela, relato… me da igual. Por eso aquel poeta que es más intimista, intuitivo o más hermético no me interesa. Lo respeto y pienso que es bonito, pero no me produce ningún tipo de emoción sensible.

-¿Nunca, ni siquiera en la intimidad, ha pensado en componer unos versos?
-En mi vida he hecho seis poemas que yo recuerde. Que nunca han salido a la luz. ¡Ni saldrán a la luz! (risas). Estaban escritos para mujeres, era demasiado joven.

-Parafraseando a Ivo en 'El pintor de batallas', ¿nada de lo que escribe usted es por remordimiento o expiación?
-'El pintor de batallas' es una novela, es ficción y es mentira. Lo que pasa es que está sostenido en hechos reales, el 80% de lo que se cuenta es real. Yo no tengo remordimientos. Tengo fantasmas, como todo el mundo. Hay cosas que hice mal, sobre todo en la época que estaba en la televisión. Por entonces vendías a tu madre o a tu hermana con tal de transmitir y salir en primera, lo que hubiera a tu alrededor no te importaba. Generaba una especie de indiferencia técnica hacia el lector. Útil, porque si no no habría sido buen reportero, sería una hermana de la Caridad o de Médicos Sin Fronteras. Ayudar a la gente es otro trabajo distinto. Eso sí, mirar el reloj tanto me hizo no fijarme en las personas. Hubo gente a la que no ayudé y a la que dejé atrás porque tenía que retransmitir. Yo recuerdo a esos niños, a esas mujeres o a esos ancianos y me siento mal, triste y amargo porque no los ayudé o no pude hacerlo. Pero mi trabajo era contar lo que estaba pasando, era mi única forma de ayudar. Es un tema que los reporteros siempre discutimos cuando nos tomamos una copa. Tengo fantasmas y quizá también remordimientos, pero nunca me quita el sueño.

-Decía Houellebecq que para escribir hacen falta altibajos. ¿A usted le ocurre?
-No. Cada escritor es un mundo distinto. Hay algunos, como yo, que somos muy lineales. Otros que necesitan deprimirse para escribir. Otros como Javier Marías que son unos agonías y siempre están diciendo: “No sé si voy a terminar la novela” o “no sé si lo haré”. A mí no me ocurre. Eso de la angustia como móvil creativo puede ser positivo, pero otras veces te impide crear. No hay una norma. En mi caso yo soy de los estables, necesito estar sereno, tranquilo.

-Usted planifica la elaboración de sus novelas mediante esquemas. ¿Nunca ha improvisado y ha acabado escribiendo una novela distinta a la pensada inicialmente?
-Trazo un plano que cumplo disciplinadamente, pero siempre dejo un margen razonable a la improvisación para los capítulos que puedan surgir. Un 30% de mis novelas queda sujeto a situaciones que voy descubriendo mientras escribo el libro. Durante el desarrollo de la novelas se van abriendo puertas por las que me interno que no había visto al principio.

-El final de un libro, ¿está planeado desde un principio?
-El final suelo tenerlo previsto. Yo soy marino, paso mucho tiempo navegando. Para navegar ahora existen aparatos como los plotter y esas boberías, pero cuando empecé todavía se empleaba el sextante para tomar la posición y aún no se aplicaba el GPS. Entonces había que planificar el viaje estableciendo una ruta, unos horarios y unos paisajes por los que ibas a ir pasando hasta llegar a tu destino. Después de hacer todo lo planificado, el día establecido a la hora calculada mirabas por los prismáticos y, de pronto, veías una luz a lo lejos. Contabas con el cronómetro el número de ocultaciones y destellos y, tras consultar la carta de faros, confirmabas que habías llegado a tu destino. Llegar al punto que trazaste al salir es muy hermoso y agradable, seas marino o escritor. Cuando escribo, el faro lo tengo ya localizado y hay veces que sé hasta las palabras exactas con las que quiero terminar el libro. Esto me ocurre muy a menudo, pero no siempre. Me pasó con 'La carta esférica', 'El tango de Guardia Vieja', 'Hombres buenos'… Otras veces llegas y dices: “¡Coño, si este es el final!”. Me sucedió con la redacción de 'Cachito: un asunto de honor'. Es un relato corto y cuando lo estaba escribiendo, de pronto, en la escena en la que el protagonista se enfrenta a su enemigo con una navaja, dije: ¡Ah, pero si he llegado al final! No tuve siquiera que contar la pelea porque sabía que ya había terminado.

-En cuanto al lugar y al momento, ¿cuáles son las condiciones idóneas para que Pérez-Reverte escriba?
-Siempre escribo por las mañanas en mi casa. Si no estoy ahí, solamente corrijo. Las correcciones las hago sobre manuscrito y, después, paso todos los cambios al ordenador. Yo necesito escribir en la bodega de libros de mi casa porque no hay ruidos, ni nadie que me moleste. Trabajo más o menos hasta las tres de la tarde durante todos los días de mi vida, menos aquellos en los que estoy navegando. Siempre escribo en silencio, sin música ni nada que me incite a la distracción.

-Usted ha dicho que cuando alguien termina de escribir no tiene que enseñar su trabajo nunca a nadie que le quiera.
-Claro, eso yo no lo hago jamás. Quienes te quieren no te dicen nunca la verdad. No hay que enseñárselo a nadie de tu entorno, a no ser que te quieras follar a una chica. ¡Entonces lo entiendo! El que no te aprecia siempre será mucho más sincero en la valoración de tu trabajo.

-¿Usted sabe cuándo ha escrito algo de calidad?
-Sí. La primera fase de valoración es de uno mismo y hay que asumirlo con dos cojones. Otra cosa es que cuando la novela ya está hecha, la empieces a enseñar. Entonces sí te interesa saber qué dicen de ti el crítico y el editor. Decía Raymond Chandler que el escritor no tiene más que sus cojones. Un escritor solamente tiene las ideas de su cabeza y una máquina de escribir o un ordenador. Con esas dos herramientas debe convencer a la gente de que esa historia es interesante, buena y, por supuesto, de que se gaste el dinero para que él pueda vivir de ello. Entonces, solo tiene su imaginación y sus cojones. No tiene nada más. Escribir de verdad es muy duro. Todos los días, tengas o no tengas ganas, tienes que vivir sabiendo que todo lo que haces (comer, beber, reír…) vale para la novela. El escritor de verdad vive todo el tiempo, hasta mientras duerme, pensando en qué va a escribir al día siguiente. Eso es un esfuerzo tan duro… Oriana Fallaci, amiga mía en la Guerra del Golfo, me decía: “Arturo, escribir mata más que las bombas”. Y tiene razón, supone un destrozo físico muy importante. Durante el proceso de escritura estás en soledad, con tu bolígrafo y tu papel, sin ningún espejo que te diga qué bonito eres. Eso se traduce en un año o dos años de tu vida. A mi edad, ese tiempo es oro puro. Por eso yo admiro tanto a los escritores. Hasta ser mal escritor es muy duro. Hay escritores profesionales que son mediocres en su oficio. Nunca hablo mal de los escritores, salvo que se metan conmigo.

-¿Por qué es importante leer?
-Como he dicho antes, a mí los apóstoles no me gustan. Que lea la gente me importa un carajo. Yo leo y tengo libros. Pepe Perona, catedrático de Literatura en Murcia, decía en una conferencia: “No leáis, no merece la pena. Si leéis vais a ser bichos raros. Follad con vuestras novias. No vayáis a bibliotecas, que me pegáis los chicles en las mesas. Dejadme tranquilo. La lectura no produce más que infelicidad a los tontos y, como casi todos sois tontos, no vais a ser felices”. Sin llegar a ese extremo de caricatura, le doy la razón. Quien quiera que lea, aunque lo que haga la gente me importa una mierda. Lo único que me preocupa es que al no haber lectores se publican menos libros, pero que la gente sea más culta me importa un carajo. Yo escribo para mí, para mis amigos, para la gente que quiero y para mis lectores. En ese sentido, no estoy dispuesto a hacer ningún alegato a favor de la lectura. Pero… te diré una cosa: hay que ser imbécil para, pudiendo ser soldado de Napoleón, guerrero en las Termópilas, prisionero de Zenda, pudiendo follarte a Milady en 'Los Tres Mosqueteros', viajar a la luna con Verne, ser pirata en el Caribe, ser un viejo homosexual músico en Venecia o ser un Miguel Strogoff… ¡y no hacerlo por diez putos euros en la cuesta de Moyano! Un libro te permite ser todo eso en tu casa, sólo con pasar las páginas. Hay que ser idiota para teniendo la posibilidad de vivir mil vidas que nunca vivirías ni de coña en la mierda de vida que llevas, desaproveches esa oportunidad. No animo, ¡desprecio a aquellos que no leen! Por ejemplo, esa mujer que está todo el día planchando en su casa, esperando a que el marido, que es una mala bestia, se la folle los sábados. Con sólo abrir un libro ¡es Heidi!, ¡es Sisí Emperatriz! ¡o es la Reina del Sur! ¿Qué mejor compensación por una vida mediocre o frustrada que un buen libro que te haga soñar? Ese es el argumento, pero allá cada cual.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Sab Sep 08, 2018 2:47 pm

Portavozas y pilotas: últimas tentaciones de caer en el absurdo
Entrevista de Matilde Sánchez - clarin.com - 07/09/2018

Quizás él lleva en sí mismo la solución de todos los problemas idiomáticos. Su karma -las es de su doble apellido- es la vocal que más se reitera en el español y el recurso propuesto por las jóvenes generaciones para sortear los plurales masculinos que absorben la diferencia con la terminación femenina. Para algunos estudiosos, sin embargo, el nuestro sigue siendo el idioma con más carga de tradición autoritaria. Hace cinco años el peruano Julio Ortega alertaba que se trata de “la lengua con más peso de ideología conservadora”, y con mayor “incidencia de las pestes ideológicas” del machismo, el racismo y la xenofobia. “En el uso –escribe Ortega- estamos eximidos de dar la fuente de verificación: su validación tiene al yo como centro de autoridad (“Porque lo digo yo”, anuncia un puño en la mesa)”.

El consenso en la Real Academia Española no comparte esta crítica. Ante la iniciativa revisionista de la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, en julio el narrador Arturo Pérez-Reverte, autor de decenas de novelas, entre ellas la saga con el capitán Alatriste, prometía renunciar a su plaza T en la RAE si el Ejecutivo les instruyera depurar de incorrección de género la Constitución del país, en pos de fórmulas inclusivas. Acotemos que fue la inmensa popularidad de su obra narrativa la que catapultó a Pérez-Reverte a la RAE, convirtiéndolo en una suerte de “miembro del público”, el único integrante “votado”, por así decir, en una institución históricamente autocrática. En ese sentido, Alatriste parece haber optado por abrazar la tradición en lugar de buscar la influencia de los aires renovadores.

Pocos días después de esta conversación telefónica, a fines de agosto, la RAE precisó por Twitter su definición de dos palabras de gran circulación en 2018. "Machirulo" y "feminazi" quisieron conformar los campos de la polémica por el lenguaje inclusivo. El acrónimo de «feminista» + «nazi», explicó la Academia, nombra con intención despectiva a la “feminista radicalizada”, mientras que “machirulo” se usa como intensificación de la palabra "machista", al casarla con "chulo". Así respondió Pérez-Reverte.

-El lenguaje surge para nombrar las cosas. Y las cosas han cambiado. ¿Estamos perdiendo algo con la falta de evolución de la lengua?
-No hay falta de evolución de la lengua, al contrario. La lengua, todas las lenguas, evolucionan continuamente de forma natural. Eso es imparable. Y precisamente las academias, los diccionarios, sus filólogos y estudiosos están ahí para seguir esa evolución y tomar nota de ella en esos registros de uso a los que llamamos diccionarios, ortografías y gramáticas. Pero no puede ponerse el carro delante de los bueyes. Una lengua no se transforma en dos días por la voluntad de un colectivo concreto, sino porque la sociedad en común asume los cambios y los refleja en su habla. Cambien ustedes la sociedad y ya verán cómo la lengua y los diccionarios -que son sus notarios y no sus policías- reflejan ese cambio.

-Usted amenazó con dejar la RAE si esta se pronuncia a favor de una reestructuración del género: ¿cuál de las correcciones propuestas le parece la más inviable o risible (el doble plural es inmemorial, es el “damas y caballeros”, "todas y todos")?
-Es una estupidez culpar de la desigualdad al diccionario o la gramática, que se limitan a reflejar el uso que la sociedad da a la lengua en cada momento de su historia. Gracias a ello podemos comprender a qué se referían hace siglos al usar tal o cual palabra, o qué pretendemos decir al construir ahora tal o cual frase. Si cambiamos la sociedad, la lengua la reflejará. El diccionario no es un manual de ética sino una guía técnica.

-La iniciativa a partir de la “e” neutra en verdad busca superar el recurso de la equis y la arroba (el todxs y tod@s, por ejemplo), que son impronunciables; pero también para evitar el engorroso desdoblamiento, el "todos y todas".
-Hay desdoblamientos útiles e incluso necesarios y otros que no lo son. Los útiles han existido siempre y dependen del contexto en que se emplean. Lo que resulta absurdo es meterlos a la fuerza donde no son necesarios. Otra cosa es que el uso acabe haciendo necesarios algunos de ellos, y entonces deben, sin ninguna duda, incorporarse. Decir que en un colegio hay niños y niñas es de lo más normal. O que una familia con dos niños y dos niñas tiene hijos e hijas. Pero decir que los niños y las niñas deben asistir a la fiesta de fin de curso vestidos y vestidas de fiesta con sus padres y sus madres y sus abuelos y abuelas para que éstos y éstas, aquellos y aquéllas, conozcan a los profesores y profesoras… Me parece una gilipollez excesiva. O una boludez, como dicen allá. Ahí, en la frontera de lo que es necesario, radica la cuestión.

-¿Lo más urgente no sería ocuparse de sortear formas discriminadoras? Los diccionarios deberían actualizar lo que hoy resulta peyorativo y antes era naturalizado, palabras como "mujerzuela", "mariconería"...
-Me parece muy bien que se eviten las fórmulas peyorativas. Debe hacerse, sin duda. Pero es que en realidad eso ya se hace, o se intenta, marcando usos como poco aconsejables. Pero los diccionarios creados durante tres siglos no pueden cambiarse de un día para otro. Tengamos presente que no todo vale… El lenguaje lleva siglos fraguándose; su economía requiere de tiempo. Y no es verdad que cambiando el lenguaje se eliminará la discriminacion. La exageración, el ridículo y la artificialidad nunca cambian nada para mejor sino que envilecen y estropean argumentos perfectamente legítimos. De todas formas, una cosa es adecuar todo eso y otra, como piden algunos colectivos disparatados, eliminarlo por decreto. Hay formas discriminatorias y despectivas que deben mantenerse, pues sólo de ese modo pueden interpretarse los textos en los que antes esas formas aparecían. Si Cervantes usaba la palabra “fregona” como término despectivo, no podemos borrarla, pues sin ella en el diccionario no podríamos comprender el 'Quijote'. Lo que se hace es poner la marca peyorativa en el diccionario. Pero a muchos bobos eso no le basta. Exigen censurar siglos de literatura. Exigen amordazar a Cervantes. Lo que de verdad hay que hacer es que la gente deje de usarlas. Pero ésa ya es misión de los educadores.

-El campo de las profesiones y oficios, por ejemplo, es de los más atrasados... En Argentina se feminizaron algunos –presidenta, jueza-, mientras en España y América Latina se emplean fórmulas como “la juez”, “la piloto”.
-Adaptar palabras tradicionalmente masculinas a las mujeres que ahora desempeñan esas funciones es necesario y oportuno. Ocurre que no se puede forzar ni obligar a la gente a cruzar el umbral del disparate. Decir jueza, feminizando una palabra neutra, puede ser comprensible, y hasta aceptable en estos tiempos. Pero decir "portavoces y portavozas" es una barbaridad.

-Sin embargo, sería interesante que las instituciones más tradicionales pudieran dar respuesta al fuerte compromiso generacional.
-Son el sentido común y los lingüistas profesionales los que deben establecer las referencias para que los hablantes sepan a qué atenerse. Pero pasa es que los políticos y ciertos colectivos, unos deliberadamente y otros por simple ignorancia de las mínimas normas, han hecho de la lengua un arma de guerra, sin importarles los daños causados.

-¿No teme que se fosilice el español? Hoy ha cambiado el “sensor”; registramos corrientes infinitesimales de machismo apenas percibidas hace cinco años…
-No lo temo, dado que mi herramienta evoluciona. Pero otra cosa es que me obliguen a emplear giros ridículos o fuera de toda lógica. Hay académicas que también piensan así. Pensemos, por ejemplo, en la inclusión de la palabra machirulo. Yo estoy de acuerdo con que se incluya, al igual que académicas como Soledad Puértolas. Toda palabra que se usa con frecuencia debe incorporarse, pues se ha ganado el derecho. No se trata de una sublevación sino de un lógico reajuste, propio del tiempo en que vivimos. Un reajuste que era necesario. Pero justamente lo que pone en peligro que ese reajuste sea positivo es la difusa frontera que algunos colectivos están deshaciendo entre lo necesario y razonable y lo disparatado y ridículo. El feminismo inteligente, culto y con claridad de ideas, el realmente necesario, se ve perjudicado por esos grupúsculos radicales o esos políticos analfabetos que envilecen la lucha por la igualdad y que, paradójicamente, generan reacciones contrarias a lo que se busca. Las primeras que deberían procurar que no las mezclaran con esa gente son las verdaderas feministas. Las que tiene conocimientos y cerebro, y saben dónde acaba lo razonable y dónde empiezan la demagogia y la estupidez. Lo que ocurre es que como académico, y también como escritor, para quien la lengua es una muy seria herramienta de trabajo, no puedo tolerar que la ignorancia, el oportunismo, la demagogia, la estupidez y a veces la mala fe me manoseen y envilezcan aquello con lo que me gano el pan. Necesito una lengua limpia y eficaz para ganarme dignamente con ella la vida. Por eso me enfurece tanto que me la quieran enturbiar. En la Real Academia Española hay académicos, sobre todo los escritores (Marías, Vargas, etc, y también escritoras mujeres como Soledad Puértolas o Carmen Iglesias) que pensamos de modo parecido y creemos que hay que defender ciertas normas mínimas, con las que nos enfrentamos cada día al folio en blanco.

-¿Usted ve extenderse estos reclamos a la revisión del canon literario, históricamente centrado en los escritores varones?
-Esto de que el canon literario está históricamente centrado en escritores varones no es cierto. Pudo serlo en el pasado, pero hace mucho que no. Y tampoco lo del pasado es del todo exacto. Por ejemplo, el canon presente en mi biblioteca incluye a María de Zayas, Sor Juana Inés de la Cruz, Madame de Staël, Emilia Pardo Bazán, Silvina Ocampo, las hermanas Brontë, Mary Shelley, Simone de Beauvoir, Agatha Christie, Patricia Highsmith, Vicky Baum, Dorothy Parker, Virginia Woolf, Almudena Grandes, Claudia Piñeiro… En cuanto al presente, dese una vuelta por las librerías y verá que hay publicadas ahora más mujeres que hombres. Y es más, en este momento en España se conocen más escritoras vivas hispanoamericanas que escritores hispanoamericanos: Elena Poniatowska, Laura Restrepo, Mayra Santos-Febres, Dulce Chacón, Claudia Piñeiro, Marcela Serrano y tantas otras… Por no hablar ya de lo que está llegando en el siglo XXI, donde la mujer como escritora y protagonista se está adueñando de todo. Felizmente, porque ya iba siendo hora.

-Estas enumeraciones -tediosas pero necesarias- son una práctica muy reciente; ¿cree que el cambio será perdurable?
-El hombre como material narrativo, está agotado ya. Desde Homero hasta el siglo XX, fue exprimido como un limón, apenas da de sí. Ahora, la heroína narrativa, la escritora, la protagonista, es la mujer. Se enfrenta a desafíos antes desconocidos para ella; es una mujer nueva, que no se había dado hasta ahora. Eso va a generar una literatura nueva y fascinante. Sin duda la mujer será el gran personaje, la protagonista indiscutible de este siglo que hemos empezado. Pero no porque se haya buscado artificialmente, sino por natural desarrollo de las cosas. Y lo mismo ocurrirá con la lengua. Tenemos un gran surgimiento del héroe femenino. Es el personaje del siglo XXI.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Lun Oct 22, 2018 11:19 am

"El cáncer del mundo es la estupidez, no la maldad"
Entrevista de Jorge Dávila - eldia.es - 21/10/2018

"Es su entrevista, usted manda". Con esa frase autoriza el fuego cruzado un escritor curtido en mil batallas. Las últimas asociadas con la tercera entrega de la serie protagonizada por Falcó ('Sabotaje'), novela que trajo a Arturo Pérez-Reverte a la isla de Tenerife ocho años después de su última visita. "Con Falcó busco el lado oscuro y luminoso del ser humano", asegura el excorresponsal en varios conflictos bélicos que se desataron en las últimas décadas del pasado siglo: "A mí no me gustaba ir a la guerra, lo que yo quería era contemplarla desde dentro para analizar a las personas que acudían a ella".

-¿Habrá una cuarta entrega de la saga de Lorenzo Falcó?
-Sí, pero hay cosas que quiero hacer antes... Como no sé el tiempo que me queda de vida y de escritura prefiero aclarar unas historias que tengo pendientes y que no quisiera dejar de escribir. Si vivo lo suficiente volveré a él, también a Alatriste.

-¿Si hacemos caso a cómo ha evolucionando esta ficción, la historia hubiera cambiado varias veces?
-Si hubiera salvado a José Antonio (Primo de Rivera) y se dan otro tipo de situaciones ya estaríamos hablando de otra cosa. Esa es la parte divertida de una novela. A diferencia del historiador, el novelista puede llegar a hacer trampas con la historia. Eso lo aprendí siendo un niño mientras leía a Dumas... Un novelista tiene derecho a entrar a saco en la historia sin ningún escrúpulo. Conservando un marco de rigor general, y advirtiendo al lector de que lo que tiene entre sus manos solo es una ficción, uno puede llegar a hacer cualquier cosa. A partir de ahí, existe la posibilidad de que Hitler gane la Segunda Guerra Mundial o defender incluso que Stalin era un buen hombre.

-¿'Sabojate' es tan crudo como 'Falcó' o 'Eva'?
-La vida es cruda: el mundo de los espías y las guerras clandestinas también lo son. Falcó es un tipo muy peligroso y por eso lo utilizan. En esta novela hay lo que hubo en las otras, es decir, acción, aventura, crueldad, dolor, humor...

-¿Si rascas un poco en el alma del personaje principal aparece un tipo que no tiene tan mal corazón?
-El desafío era ese; el reto era que el lector se tragara a un personaje que es un torturador, un asesino, un depredador, un machista... Quería probar si funcionaba y para compensar todo eso lo hice elegante, encantador, guapo, simpático y, por supuesto, le di unos códigos y unas lealtades personales que él explota. En esta vida he conocido a malos de verdad, pero malos auténticos de los que torturan y matan de verdad. Algunos han llegado a ser amigos míos porque la vida de un reportero te hace ser amigo de gente compleja. Lo del malo, malo y el bueno, bueno nunca lo tuve claro. El ser humano es una trama de grises. La misma persona puede hacer cosas maravillosa y crueles no solo en una vida, sino en un solo día. Yo lo he visto. Con Falcó busco el lado oscuro y luminoso del ser humano.

-¿Esos malos han sido inspiratorios?
-Para todas, no solo en el caso de Lorenzo Falcó... De un malo casi siempre aprendes más que de un bueno. Un bueno te enseña, pero un malo te enseña tanto en positivo como en negativo. A toda esa gente ruin que he tenido la oportunidad de conocer en situaciones límite, tipos con sus ángulos y que no eran totalmente redondos, le debo muchas lecciones de vida. El francotirador de Sarajevo, el torturador de Angola, el oficial de Abu-Haidar de Beirut... A todos ellos los vi cometer barbaridades que posibilitaron que yo obtuviera de la crueldad y el dolor unos beneficios personales e intelectuales interesantes.

-¿Esos sótanos de la vida fueron determinantes a la hora de completar el tránsito del periodismo a la literatura?
-Yo escribo desde mi memoria y cuando hablo de crueldad o violencia no estoy exponiendo algo que aprendí en el cine, en la barra de un bar o leyendo un libro. Ese horror lo he vivido en directo. Mis novelas están escritas a partir de mis memorias. Ese capital personal me lo he generado yo: he pagado un precio alto por tenerlo; nadie me ha regalado nada. Cuando le hablo de costes no me refiero solo a un desgaste físico, sino también personal, pero he sobrevivido. Ese capital me lo he currado. Fui donde quise, pagué la tarifa correspondiente y me lo traje. Mi mirada es mi botín de vida y con él escribo novelas...

-¿España, Marruecos, Francia... Ya ha elegido el escenario de la próxima entrega de Falcó?
-Sí algún día vuelvo con Falcó, que eso es algo que no depende de mí sino del tiempo que me resta de vida, tengo varios destinos preparados para él en América o en Italia.

-Al igual que en su día ocurrió con el capitán Alatriste, este es uno de esos personajes que un escritor se "saca de la chistera", con todo el respeto del mundo, para convertirse en un compañero de viajes de largo recorrido.
-Los míos no salen de una chistera... En mi caso, todos los personajes son acumulativos: tú vas viviendo y leyendo. De esa forman se sedimentan una serie de conocimientos que resultan determinantes a la hora de planificar una historia y sus personajes. Yo soy un cazador de historias, pero no un cazador que hace "pum" y se conforma con lo primero que se cruza en mi imaginación. Todo lo que aparece en mis libros me resulta familiar. No son inventos. Lo que pasa es que hay algo dentro de mí (una música, una luz, un paisaje, una persona o una voz) que dispara una idea que ronda mi cabeza para hacer una historia con ello. Pero eso estaba conmigo, yo no descubro nada nuevo sino que lo ordeno... Con esto no le quiero decir que me lo sepa todo, pero cuando decides escribir una novela progresas en su conocimiento a partir de las vivencias personales. Yo no soy uno de esos escritores que van dando salida al material que está pendiente de una publicación, soy un autor que se alimenta de su propio trabajo. Cada novela me estimula para salir adelante porque me siento un escritor activo y vivo.

-¿Cómo se logra ese equilibrio entre el protagonista y el resto de los personajes?
-Eso no es casual. Soy un novelista que acumula 30 años viviendo de esto... Yo no me siento un novelista inocente. No lo puedo ser porque en esas tres décadas he trabajado y leído mucho. Ese equilibrio del que habla es deliberado y profesional. Una novela es un problema narrativo que debo resolver para que el lector viva en mi mundo, vea lo que yo veo y comparta mi aventura. Para que eso suceda debo convencerlo. ¿Cómo lo hago? Con un estilo, una estructura, unas herramientas, un lenguaje, una trama, unos puntos de vistas... Eso es experiencia, es oficio y es trabajo. Yo no me pongo a escribir en base a si llega o no ese momento de inspiración, yo me levanto con el mismo deseo del que va todos los días a la oficina para organizar sistemáticamente cómo quiero que evolucione la historia en la que estoy trabajando. En mis novelas no hay nada casual desde hace muchos años.

-Bosnia, Chipre, Croacia, El Salvador, Libia, Líbano, Mozambique... Usted ha ejercido de corresponsal en muchos conflictos bélicos, pero hay uno que le dejó una huella imborrable: ¿la guerra de Eritrea?
-Eritrea fue duro en lo personal. Yo tenía 25 años y fue una campaña extremadamente compleja que se desarrolló en medio de unas condiciones extremas: hubo calor, hambre y sufrimiento. Vi matar a prisioneros y vi violar a mujeres. Lo bueno y lo malo de la vida se juntó en Eritrea. Me tocó ser testigo directo de cómo la misma gente era capaz en un solo día de hacer cosas realmente maravillosas y otras deleznables. Esa guerra fue una lección personal importante.

-¿Pero esa guerra no le cogió sin experiencia?
-Sí, ya era un veterano en ese tipo de conflictos. Había estado en la guerra de Chipre, la del Líbano, Las Malvinas, el conflicto militar del sur de Palestina, el Sáhara, El Salvador... Yo fui veterano demasiado pronto.

-¿Colocarse en primera línea fue una decisión personal?
-Decidí ir a la guerra deliberadamente porque quería conocer esa realidad... De niño fui un lector apasionado y quería saber si todo lo que había leído era verdad. Si ese mundo existía y cómo me iba a sentir yo dentro de él. Primero estuve navegando en un petrolero y después fui a la guerra. Se suponía que allí se concentraba la adrenalina, la aventura y la experiencia personal de un joven de 22 años. A mí no me gustaba ir a la guerra, lo que yo quería era contemplarla desde dentro para analizar a las personas que acudían en ella... La guerra es algo horrible, pero me interesaban los seres humanos que se mueven en ella. Ahí aprendí a contrastar mis lecturas con la realidad.

-¿Esos escenarios hubieran sido ideales para Lorenzo Falcó?
-Falcó existe para la literatura porque su autor visitó esos escenarios; yo conocí a muchos Falcó en zonas de guerra.

-¿Se aburrió o lo aburrieron del periodismo?
-No, me hice mayor... Pasaron dos cosas. Primero, yo tenía 44 años y notaba que envejecía: no es lo mismo estar todo el día caminando por el desierto bajo el sol con la única sombra de tu sombrero y con 20 años, que pasar unos cuantos días sin comer y sin dormir a los 44. Entendí que el físico ya no me acompañaba. Pero, además, después de cubrir la primera Guerra del Golfo y la de los Balcanes me di cuenta de que el periodismo que venía no me gustaba. Llegó el teléfono satélite y unos directos que no tenían nada que ver con vivir la lucha en primera línea. Recuerdo estar en Sarajevo y pedirme tres directos. Lo único que piensas en ese momento es: si quieren tres directos ¿cuándo demonios voy a ir al frente para verificar lo que está pasando? Ellos contestaban que me lo contaban con la información que les habían llegado por las agencias. Yo era un reportero honrado, un "mercenario" de la información que no podía admitir una injerencia de ese gravedad y mantenerme callado. Me la jugaba persiguiendo los mejores datos que le podía trasladar a los espectadores. Además, comencé a percibir que molestaba... Hubo jornadas en las que me llamaban para reprocharme que les había enviado imágenes en las que había muchos muertos. Yo les decía que hoy habían matado a 27 personas haciendo la cola para comprar el pan. Venía un periodismo mucho más blandito y conciliador que no era el que yo hacía... Buscaban otro rollito con directos que se hacían a cientos de kilómetros de donde se estaban matando dos bandos. Hasta entonces yo era mi jefe y el dueño de mis actos, pero cuando aparecieron los teléfonos vía satélite se acabó mi autonomía. Un reportero en manos de un jefe que está en una redacción de Madrid no es un reportero. Hice 'Territorio comanche' y me fui.

-¿Reconoce el modelo periodístico de 2018?
-Es otro periodismo. No digo que sea mejor ni peor, pero es algo distinto al que yo conocí. Evidentemente, es peor. Antes informar tenía un componente de verdad que hoy está anulado por el mundo virtual. Ahora con un móvil y Twitter te puedes convertir en algo que no eres. Durante la Guerra de los Balcanes yo era el único tío que estaba en Sarajevo. Hoy, en cambio, tienes mil intermediarios que falsean, manipulan o mienten a golpe de tuit. En la actualidad hay un caudal informativo desmesurado en el que resulta complicado distinguir lo fiable de lo no fiable. El problema de internet es que no discrimina y si no tienes una gran cultura o una sólida formación intelectual es relativamente sencillo caer en una de sus millones de trampas. Yo no soy demasiado listo, pero era evidente que era el periodismo que venía y decidí marcharme a casa.

-¿Las redes sociales han matado a la vieja escuela?
-A la vieja y a la nueva... Las redes sociales han matado al periodismo; ahora hay otra cosa. El periodismo ha muerto. Murió. Lo mataron las redes sociales, sin duda, y lo que tenemos hoy en día lo podemos llamar flujo de información. Vamos a ver. Un periodista serio que trabaja en un medio de comunicación solvente ante la ciudadanía tiene el mismo peso social que un desgraciado con una cuenta de Twitter que va pegando tortas a la gente por la calle. Cualquier analfabeto con un tuit puede tener muchos más seguidores que un profesional de la comunicación honrado. Además, ese descerebrado no se contenta con eso sino que encima se atreve a manejar la información. Eso hace que el rigor de un buen periodista quede oscurecido por el barullo: estoy seguro que un tío que sale en 'Operación Triunfo' tiene más seguidores que yo.

-¿Eso sí que es transitar por un "territorio minado"?
-El problema es que es relativamente sencillo caer en una de esas trampas... Hasta los viejos zorros como yo se nos puede ir un día la cabeza con un tuit que borras de inmediato porque percibes que ese no es el espacio en el que debes exponer tu opinión. Incluso a los medios de comunicación serios, que únicamente persiguen "clicks" para lograr una rentabilidad publicitaria, les importa un carajo el rigor y prefieren jugar con la ambigüedad de un "fake" para obtener el mayor número de entradas.

-¿Qué culpa se le puede achacar a la "postverdad"?
-Esto no es culpa de nadie, son los tiempos que han cambiado... Hay una cosa que debemos entender de una vez por todas y que está en relación a que no siempre hay culpables. El mundo se mueve en una dirección. Durante de la Ilustración se movió en dirección a la luz y la cultura, en los años 30 en torno a la oscuridad y la barbarie, en los 70 hacia la democracia... Las dinámicas de la historia y de la vida son así. A partir de ahí, cada uno debe decidir si participa o no de esos cambios porque en la vida no hay soluciones, solo hay que vivirla.

-¿Alguna vez ha sido "tentado" por la política?
-Tentado no... Me vinieron a buscar muchas veces, pero nunca me sentí tentado porque siempre los mandé a hacer puñetas a todos. Una vez, incluso, se empeñaron en convencerme de que podía llegar a ser el alcalde de Cartagena. Hoy todavía me estoy riendo de aquella oferta. La política contamina todo lo que toca. A veces coincidido con ellos en una exposición y al día siguiente, cuando veo la información en un periódico, digo: "¡Mira este/a, fue para salir en la foto!"

-Las malas lenguas apunta que tiene tantos enemigos como el capitán Alatriste.
-Yo creo que más... Pero desconfía de aquel que no tiene enemigos, eso significaría que se ha movido poco. Caminar es elegir y cuando eso ocurre ya te has ganado unos cuantos enemigos. En este país la gente se ha acostumbrado a estar conmigo o contra mí. Está prohibido ser indiferente porque solo existen aliados y enemigos... Los enemigos son buenos. Gracián, que es un autor que recomiendo que se lea y nadie lee, dice que "un sabio aprovecha más los enemigos que los amigos", porque los enemigos son los que te permiten estar en alerta. Saber que estás entre enemigos es lo que te mantiene despierto, vivo y, sobre todo, lúcido. ¡También tengo unos cuantos amigos!

Arturo Pérez-Reverte dice no sentirse un justiciero cuando pone su firma al servicio de 'A sangre fría' o 'Patente de corso'. "Yo no creo en la justicia... Esas opiniones suenan a desahogo o ajuste de cuentas. Eso no es lo mismo que ser un justiciero. Yo no estoy dispuesto a morir llevándome las amarguras que me causan los tontos, los irresponsables o los malvados", enumeró sin obviar que le gusta "ajustar públicamente mis cuentas cada semana".

El autor de la serie del capitán Alatriste señala que "de joven me indignaba la maldad, pero ahora me indigna la estupidez. Es mucho peor un tonto que un malvado", añadió antes de aclarar esa reflexión. "Con un malvado, incluso, puedes negociar o contarle que lo vas a matar por malvado, pero con un tonto la cosa cambia. Ahí no hay nada que negociar y, encima, cuando lo quieres matar te pregunta. ¿Por qué me matas, por qué me matas...? Pues te mato por tonto".

El autor de 'Territorio comanche', entre otros títulos, declara que siempre ha hablado claro. "No es que ahora no tenga pelos en la lengua. En realidad, nunca los tuve... Una vez tuve una enganchada con un ministro en directo que trataba de explicarme desde Bruselas cómo estaban las cosas en Sarajevo, que era donde yo estaba. ¡Véngase para acá, déjese de reuniones con los generales serbios y meta los pies en los charcos de sangre, que es donde los tengo yo metidos ahora mismo", rescata de un episodio que vivió en RTVE.

El novelista cartagenero sostiene que hay que estar alerta cuando "el tonto se convierte en cómplice del malvado por interés, por incultura, por miedo o, simplemente, porque es tonto. Cuando se alían la estupidez y la incultura las consecuencias son devastadoras. En mis artículos semanales puedo coquetear o tomarme una copa con un malvado, pero la incultura me cabrea", añadiendo que el cáncer del mundo es la estupidez, no la maldad", sentenció.

El miembro de la Real Academia Española (RAE) admite que en la actualidad disfruta de los privilegios que me ha proporcionado la vida. "Nadie me ha regalado nada; todo me lo que ganado a pulso. Son el resultado de una larga vida de trabajo, No soy un llorón. Como mucho, me verán cabreado o atacando a alguien, pero yo no soy uno de esos periodistas o novelistas que van llorando por las esquinas", concluyó.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Lun Nov 26, 2018 10:28 am

“No escribiría La Reina del Sur ahora, cuando han muerto los narcos con códigos”
Entrevista de Mónica Maristain - sinembargo.mx - 25/11/2018

No quiere que se contamine el español, ama a los perros y hoy no escribiría 'La reina del sur'. Todo se ha ensuciado, dice el escritor Arturo Pérez-Reverte (1951), al punto que respeta a los gatos pero se parecen demasiado a los humanos, así que para él los perros, que no sean como sus amos, aunque al final sí son como sus dueños: asesinos o buena gente. Así lo recordó en su novela 'Los perros duros no bailan' (Alfaguara), en un tratado sobre la lealtad, que le parece la única cualidad del hombre por la que vale la pena confiar y luchar y que es la misma que Lorenzo Falcó destaca de su compañera, Malena Eizaguirre, una hembra de fiar, seria y valerosa.

'Sabotaje' (Alfaguara) es la tercera parte del detective, un hombre que representa el éxito de Pérez-Reverte, que ya ha creado la Reina del Sur y el Capitán Alatriste, en una obra que tiene su efecto y su sustancia y muchísimos lectores. “Podría dedicarme a leer y a navegar, sería un anciano feliz”, dice Arturo, cuando le preguntamos por qué escribir, “pero todavía tengo en mi imaginación algunas cosas que quiero contar, por otro lado, escribir me divierte”.

-Esta es la novela que promueve, en la FIL Guadalajara, donde viene desde hace 25 años. Me decía usted que Lorenzo Falcó era mucho más encantador en este ambiente.
–Sí, claro, es un París relajado, él se siente más cómodo, como yo lo estaría también, pero sigue siendo un pirata y un lobo peligroso. En cuanto a maneras, París facilita las cosas, pero él tiene intenciones malísimas.

–¿Qué pasa con el 'Guernica', de Pablo Picasso?
–Toda novela tiene un punto que la desencadena. En este caso para mí, el 'Guernica' me resulta fascinante y Picasso como artista un grande, aunque no tan buena persona. Me hubiera gustado hacer ese tipo de travesuras. Una novela es la manera de hacer las cosas que no puedes hacer en la vida, tanto para el escritor como para el lector: amar a quien no puedes amar, matar a quien no pudiste matar, multiplicar la vida. Romper el 'Guernica' era una osadía y de ahí arrancó la novela.

–Hay una mirada avanzada sobre la mujer, incluso en el caso de decir que Picasso era una mala persona.
–Era una muy mala persona, pero la izquierda lo ha iconizado. La izquierda tiene contradicciones y olvida que Picasso era machista, que maltrataba a las mujeres física y psicológicamente, pero no dicho por mí, sino avalado por sus mujeres, por sus hijos, sus amigos. Era cruel, era dominante, agresivo con ellas, eso está aprobado históricamente. Esa parte se obvia, se oculta. De izquierda puedes ser una mala persona y de derecha ser una excelente persona, no tienen nada que ver las ideas. Quería en mi novela hacer una incursión por el lado realista de la vida de Picasso. Como Picasso era un icono de la izquierda, todo lo negativo de él se niega. Picasso es un personaje secundario de mi novela.

–Hay dos mujeres muy potentes, Eva Neretva y Malena Eizaguirre, muy potentes en la historia.
–Como todas las mujeres en mis novelas. Todos mis personajes son así, desde 'La Reina del Sur' hasta 'El tango de la Guardia Vieja'. Son las mujeres que me interesan. Todos los tipos de mujeres, como todos los tipos de hombres, son respetables, pero narrativamente me interesan esos: mujeres duras, fuertes, las mujeres capaces de plantearse al hombre como enemigo, como desafío, como compañero, pero siempre en un plano de igualdad o superiores. La verdad es que en mis novelas las mujeres son superiores a los hombres, por eso cuando me discuten por el lenguaje inclusivo o las feministas me acusan de machista, siempre digo: "Un momento: una cosa es que defienda un lenguaje limpio, eficaz y no contaminado por razones políticas y sociológicas, pero eso no significa que no defienda a la mujer, no defienda lo natural. La mujer ocupa un lugar en la sociedad que se le ha negado hasta ahora y que está recuperando. De hecho hay una novela mía, 'La reina del sur', que se utiliza como texto de trabajo en cátedras feministas en la universidad.

–Dice Falcó en un momento de su compañera que es fiel, rescata ese valor.
–Yo tengo unos años y he vivido en lugares extremos muchas veces. La vida te va despojando de inocencias que tienes cuando eres niño. Esas palabras que grabas con mayúsculas -Amor, Patria, Bandera-, la vida te las va poniendo con minúsculas. La lealtad es una de las pocas palabras que conserva la mayúscula, y todavía la conservas como código, como regla. La palabra lealtad, la palabra dignidad, la palabra valor, la palabra coraje, para mí siguen siendo muy importantes. Son las únicas virtudes que todavía en este momento, a mi edad, todavía me conmueven. Falcó, que al fin y al cabo es una criatura mía, participa de esa mirada en algunas cosas. En ese sentido, Falcó aprecia la lealtad en buena medida, como la aprecia su autor.

–El español tiene muchísimos misterios. Hoy acaba de sacar una columna hablando de las jergas. El lenguaje cambia.

–El idioma castellano que es el que me interesa. Lo hablamos 550 millones de hablantes. Justamente lo que nos une es que usted y yo hablamos en castellano. Yo soy español, usted es argentina y hablamos en México. Esta es una patria indiscutible. Uno puede discutir la españolidad, la mexicanidad, la argentinidad, pero la hispanidad de la lengua nadie la discute. Es una herramienta muy eficaz, muy útil, imperfecta como todas, pero no puedo permitir que me la contaminen. No le reprocharía nunca a usted o a otra persona que hablen como quieran, pero a la hora de escribir no puedo concebir que me quieran contaminar la lengua por razones no lingüísticas, políticas o sociales. La lengua debe evolucionar, pero de acuerdo a una cosa que se llama limpieza, sentido común, belleza, panhispanismo. Como escritor defiendo mi herramienta de trabajo, yo no puedo escribir una novela que comience diciendo: “Todos y todas aquella mañana bajaron por la escalera…”. Yo no puedo hacer eso. Defiendo con radicalidad las normas básicas de la lengua española, acepto lo inclusivo, siempre y cuando no vulnere el sentido común y lo razonable, pero fuera de ese terreno estoy a favor de cualquier tipo de evolución.

–A veces hemos perdido batallas como la coma antes de la y…
–Yo uso la coma antes de la y. ¿Sabe qué pasa? Fui educado con mucho rigor, por una familia que me enseñó a leer y a escribir y me obligaba a expresarme bien. Hay una cuestión que es para mí práctica. Yo soy académico. La academia ha quitado la tilde del solo, del este y de aquel. Yo sigo usando la tilde, porque si no me confundo. Lo necesito. A veces, cuando estoy construyendo una frase, una vulneración menor como la coma antes de la y, una vulneración de la norma, me la permito porque expresa mejor lo que quiero decir. En mi estructura de trabajo, la coma antes de la y la utilizo con frecuencia. No pretendo imponerla, pero yo en mis textos lo hago. Pero creo que esas son cuestiones menores, ¿no?

–Pensaba en Élmer Mendoza, que se encontró recientemente con usted en España. ¿Ha podido ver el lenguaje de los narcos, el lenguaje de Sinaloa?

–Él me llevó por ahí, fue mi maestro, mi Virgilio en ese bosque proceloso de la noche. Nos hicimos muy amigos y aprendí mucho de él. Hay una cosa que me fascina mucho de América, pero sobre todo de México, que tiene esa frontera con los Estados Unidos, donde se juntan unos factores muy interesantes. De una parte está la gente rural, con pocos estudios, la gente a menudo analfabeta; luego está el inglés, que es próximo y contamina mucho, y después el español. Entonces, en esa combinación salen unas construcciones verbales fascinantes. Un campesino analfabeto de Sinaloa crea un lenguaje mucho más potente que un académico español. Eso me fascinó. He dedicado mucho tiempo a mirarlo, a leerlo, y justamente 'La Reina del Sur' la construyo con ese lenguaje.

–'La Reina del Sur' me parece que no podría vivir ahora…
–Yo esa novela no la escribiría ahora, no al menos así. Cuando yo fui a Sinaloa todavía vivían los viejos narcos con sus antiguos códigos: las mujeres y los niños no. Pero al desaparecer esa generación, al ser encarcelados o morir, aparece una nueva generación, la de los ratas, la de la gente de segundo nivel, subalternos, que ya no tienen esos códigos. Entonces, el narco se vuelve triste, cruel, inhumano, de una manera que no era antes. La simpatía que yo podría sentir hace 15 años por el campesino que cultiva y pasa sus fardos al otro lado ya no es la misma. Antes me emocionaba un narcocorrido, los de ahora me producen rechazo.

–Se escuchan menos los narcocorridos.
–No, se siguen escuchando. Si vas a Culiacán, de pronto pasa una camioneta con los narcocorridos a todo volumen…

–¿Le gustan los perros? Lo digo por la novela anterior, que me encantó
–No es que me gusten, los adoro. Me parecen los seres más interesantes de la naturaleza. No hay perros malos, hay amos malos. Un perro es una lealtad en busca de una causa, como digo en esa novela, son los hombres los que los hacen malos, los hacen asesinos o los hacen crueles. También están los que los hacen maravillosos. Por eso a menudo el perro termina pareciéndose al amo, en lo bueno y en lo malo

–¿Los gatos?
–Los respeto, pero se parecen demasiado a los humanos como para que me gusten. El gato no me inspira la simpatía que me inspiran los perros. El gato es taimado, el perro es leal, el gato puede abandonarte: un día se fue, le apeteció y ya no está más con uno.

–¿Por qué escribir? Hay un momento en que los autores dejan de tener imaginación.
–Yo la tengo todavía. Y sobre todo porque me divierte. Escribir es una aventura, es leer, viajar a los lugares. El escribir me mantiene vivo, me permite ordenar recuerdos, calmar remordimientos, hacer cosas que no hice. Escribir me mantiene una lucidez extrema, me mantiene despierto. Si dejara de escribir, envejecería, sería un anciano que navegaría y leería, feliz y sereno, pero me faltaría ese impulso, esa excitación que siento cada día cada vez que me siento frente al ordenador con los folios que tengo en la cabeza.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mié Ene 16, 2019 11:33 pm

Pérez-Reverte: Cuestionario Universal con Nervio
Entrevista de Andrés Calamaro - nerviodigital.com - 16/01/2019

Dicen que Arturo Pérez-Reverte vive entre incunables y viejos sables y mosquetes. Dicen que está curtido en verdaderas batallas, que fue corresponsal de guerra por veinte años. Que fue marino mercante. Que Polanski lo adaptó al cine. Que cena en Casa Lucio en compañía de jóvenes tertulianos. Que las mujeres se dan vuelta para verlo. Que vendió millones de libros. Y tiene el don extraordinario de narrar intrigas y violencia, siempre con elegancia y detalles que permiten adivinar quién es Arturo Perez Reverte.

-¿Está leyendo algún libro?
-Varios. Uno de ellos, por segunda vez, es 'La herida', del gran argentino Jorge Fernández Díaz.

-¿Quiere nombrarme tres películas que le hayan gustado mucho?
-'Río Bravo', 'La regla del juego', 'El hombre tranquilo'.

-¿Quiénes son sus tres argentinos, públicos o históricos, preferidos?
-Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, y el buzo táctico bajito de la foto de portada famosa, cuando los ingleses salieron con los brazos en alto rindiéndose en Puerto Argentino.

-¿Puede nombrarme tres toreros?
-Manolete, Joselito, Belmonte.

-¿Cuál es su personaje histórico preferido?
-Napoleón Bonaparte.

-¿Cuál es su personaje preferido de ficción?
-El capitán Nemo.

-“Un viejo adversario despide a un amigo” ¿Para quién diría esta frase?
-Para D'Artagnan y Rochefort en 'Veinte años después'.

-¿Probó la marihuana?
-Sí, un par de veces.

-¿Consume psicofármacos?
-A lo más que llego es a la aspirina.

-¿Puede nombrarme sus tres tangos preferidos?
-'Cambalache', 'La cumparsita', 'Volver'.

-¿Sabe afinar una guitarra?
-No. Pero las desafino como nadie.

-¿Cuánto se miente en política, un 50%?
-Un 95 %

-¿Vinilo, CD o Spotify?
-Desde hace tiempo, CD.

-¿Tiene alguna serie (de TV) para recomendar?
-'Band of Brothers'. Obra maestra.

-¿Gardel inventó el tango o es el tango que inventó a Gardel?
-El tango inventó a Gardel, que fue lo bastante listo para dejarse inventar.

-¿Sabe cebar un buen mate?
-Siempre me lo ceban.

-¿Cuánto tiempo puede soportar sin teléfono?
-Indefinidamente. Soy de los pocos que pueden decir eso.

-¿Iría de vacaciones a un lugar sin electricidad?
-Ya he ido. Y volvería.

-¿Escucha jazz, puede nombrarme tres músicos notables de jazz?
-Algo escucho. Miles Davis, Dizzy Gillespie, Billie Holiday.

-¿Y de flamenco?
-No puedo.

-¿Sus tres futbolistas preferidos?
-No me gusta el fútbol. Dicho sea sin ánimo de ofender. Incluso dicho sea con ánimo.

-¿Tres discos favoritos?
-Discos, no sabría decirle. Canciones: 'Pedro Navaja' (Rubén Blades), 'Sapore di sale' (Gino Paoli), 'Luna de miel' (Gloria Lasso)

-¿Julio Sosa o Roberto Goyeneche?
-Usted pretende que me pronuncie entre papá y mamá. Pero los quiero igual a los dos.

-¿Manu Ginóbili es uno de los argentinos mas importantes de la historia, es correcto?
-No tengo idea. Pero lo será, si usted lo dice. Yo con los amigos discuto poco.

-¿Maradona es más grande que Walt Disney, es correcto?
-No. Eso es incorrecto. En mi opinión, Maradona no es grande. Sólo fue un extraordinario futbolista. Ser grande es otra cosa. Disney, por ejemplo, sí fue grande. Borges fue grande. Los pilotos que atacaban la flota británica en Malvinas eran grandes.

-¿El Che Guevara era hincha de Rosario Central, es correcto?
-No tengo ni la menor idea.

-¿Sabe quién fue Hector Lavoe?
-Hombre, claro. ¿Quién no conoce Juanito Alimaña?

-¿Le gustan las corridas de toros?
-Antes sí. Con los años me he ido retrayendo de ir. Hoy no sabría decirle.

-“Del paraíso me gusta el clima pero en el infierno tengo mas amigos” ¿Suscribe a este frase?
-Absolutamente. Pero es que en mi caso no es una frase, sino que es una certeza biográfica.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mar Mar 19, 2019 11:42 pm

«En España nos entusiasma correr hacia el abismo»
Jesús Álvarez - abc.es - 19/03/2019

Arturo Pérez-Reverte no es demasiado optimista sobre el futuro de España y en eso parece coincidir con Ignacio Camacho, aunque con ciertos matices, según pusieron de manifiesto ambos escritores y periodistas españoles en el coloquio que mantuvieron este martes en la Casa de ABC de Sevilla, que celebraba el tercer encuentro del ciclo de debate y pensamiento abierto con motivo del noventa aniversario del periódico.

Tanto el director de ABC de Sevilla, Álvaro Ybarra, como la presidenta editora de ABC, Catalina Luca de Tena, que presentaron a los invitados, destacaron la mirada lúcida de ambos sobre el pasado, presente y futuro de España en un coloquio que tuvo por título «Verdades y mentiras: España en su laberinto».

Pérez Reverte aseguró que «cualquiera que haya leído historia de España no puede ser optimista» y que «cuando España está a punto de llegar a un lugar razonable, siempre surge algo, normalmente desde dentro, que se lo impide». Sobre la Transición, aseguró que «estamos viendo la demolición de sus estructuras fundamentales», y recordó que se le llamó «catastrofista» cuando predijo hace quince años que en España «abrir tumbas y cajas de Pandora que son luego difíciles de cerrar es el camino directo al desastre. En España nos entusiasma caminar hacia el abismo», dijo.

El autor tuvo palabras gruesas hacia el expresidente de Gobierno socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, al que acusó de romper el espíritu de concordia que hizo posible la Transición. «Una cosa es ayudar a los familiares a encontrar los restos de sus seres queridos y otra distinta es querer ganar la Guerra Civil», dijo. Y llamó «cretino» al actual mediador del conflicto en Venezuela: «Los tontos suelen se mucho más peligrosos que los malvados», dijo.

El autor arremetió contra «el mito de la II República», que relacionó con el desconocimiento de la Historia de España y la manipulación de los planes de estudio. Payne -recordó Camacho- acaba de retratarla como un gran fracaso y Pérez Reverte coincidió con él e insistió en que «el gran problema de España es la educación y la falta de cultura y que sólo una gran reforma con planes que no sean a cuatro años sino a veinte o treinta podría enderezar el rumbo».

Pérez-Reverte aseguró que «en los centros educativos se persigue la inteligencia y se iguala por abajo, y los jóvenes salen del instituto sin saber nada de Historia y eso los vuelve muy vulnerables a los populismos», advirtió.

A este respecto, aseguró que «la izquierda le ha regalado la bandera y los símbolos de España a la derecha» y que «por la manipulación franquista de la historia, estos partidos se ha avergonzado de su bandera y de sus símbolos, que han regalado a la derecha, en vez de limpiarlos de esa contaminación y defenderlos», dijo.

Pérez-Reverte fue muy crítico con los nacionalismos catalán y vasco, pero admitió que su método de crear una identidad y un enemigo sirvió para unirlos en un sentimiento de pertenencia, «lo cual nunca se hizo en España». «Detesto el resultado del nacionalismo catalán pero admiro su método», añadió.

También subrayó el odio y la falta de respeto al adversario que ha caracterizado históricamente a los españoles. «En España no se trata de convencer al adversario sino de aniquilarlo», dijo.

Camacho le preguntó su opinión sobre la monarquía y dijo que Felipe VI «es previsible, sabe escuchar, está formado y bastante controlado». Aunque aseguró que cualquiera que haya leído debe ser republicano («yo soy republicano pero de la república de Graco, como cualquiera que haya leído», dijo), i vamos a poner de presidente de la República a Sánchez, Casado, Rivera, Abascal o Echenique, prefiero al alto. Es previsible, sabe escuchar y está bastante controlado».

Habló también de la guillotina, en sentido figurado, que no llegó a España tras la Revolución Francesa «y que impidió el cierre de una etapa oscura y el inicio de otra de luces y libertades». Y terminó lamentando que «en España se ahonden las diferencias en lugar de fomentar las coincidencias».

Camacho sacó a colación en el coloquio esta cita de la historiadora Carmen Iglesias para tratar de matizar el pesimismo sobre el futuro de España del que hizo gala, una vez más, Pérez-Reverte.

Y habló del espíritu de «banalidad» que se ha apoderado de la política y las tertulias periodísticas. A este respecto, el autor cartagenero dijo que cuando él ejercía el periodismo, «los periodistas podían pasar de un periódico a otro sin ningún problema, aunque fueran de ideología opuesta, algo que es imposible que suceda ahora, porque los medios exigen a sus periodistas que asuman la línea editorial», dijo.

Camacho le pidió también a su interlocutor que se pronunciara sobre los últimos ocho meses de Pedro Sánchez en la Moncloa al hilo de las duras críticas que el creador de Alatriste vertió sobre los dos últimos expresidentes, José Luis Rodríguez Zapatero, al que llamó «cretino», o Mariano Rajoy, del que se burló por su pasividad en el desafío secesionista de la Generalitat «sentado sobre sus aparejos. Pérez-Reverte prefirió no opinar sobre el actual líder socialista.

Vídeo: https://sevilla.abc.es/sevilla/sevi-art ... ticia.html

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Ada
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Ada » Jue Abr 11, 2019 2:42 pm

Entrevista en la revista Arte de vivir
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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Vie Abr 26, 2019 6:33 pm

"No hago novelas para cambiar el mundo, sino para divertirme"
Entrevista de Marcela Ayora - lanacion.com.ar - 26/04/0219

Es sabido, los clásicos siempre están ahí. Cruzan el tiempo. Se sostienen. La relación de Arturo Pérez-Reverte con la Argentina revisa, una y otra vez, los puntos que tienden su tejido con este lado del Atlántico. La presentación de un libro nuevo, el encuentro con sus lectores, su amistad con Jorge Fernández Díaz, con quien comparte, entre otras cosas, que ambos ficcionan mundos de espías. En el marco de la 45°Feria del Libro, el escritor español (Cartagena, 1951) miembro de la Real Academia Española (RAE), autor de largas novelas y sus sagas, viene a presentar 'Sabotaje' (Alfaguara), título con el que se cierra la trilogía de Lorenzo Falcó, el espía "amoral", que en esta aventura tiene la tarea de impedir que el 'Guernica', de Picasso, pase a la historia.

-Habías dicho que Falcó se iba a retirar en Buenos Aires. Viviría en el Alvear, desayunaría con su amigo Remil. ¿Cuán cerca está el narrador de cumplir esa promesa?
-Sí, voy a hacerla. Un libro, no sé. Ahora acabo de terminar una novela nueva que se publicará en otoño, me queda un mes de trabajar para corregir y después quiero cumplir mi promesa con Jorge Fernández Díaz. Será un relato corto. Contaré cómo una mañana Remil y su jefe están en el Hotel Alvear y ven bajar a un señor mayor, español, que se va andando a La Biela a desayunar. Y se van con él. No sé si haría una novela. Porque no sé lo que me queda como escritor, si me queda una novela o veinte. Depende del tiempo de vida.

-Frente a tantas discusiones sobre el lenguaje que te hicieron enojar, ¿no cansa, a veces, ser académico?
-No me canso porque no le dedico más que el tiempo suficiente. Yo no estoy en contra del lenguaje inclusivo. Soy consciente de que ha estado en manos de un sistema heteropatriarcal, que ha sido injusto con la mujer. Estoy de acuerdo. En mis novelas, los personajes femeninos saben bien cómo considero a la mujer. Es más, mi novela 'La reina del sur' se utiliza en una cátedra de literatura feminista como ejemplo de novela feminista. Dicho lo cual, hay una cosa que se llama lenguaje. Yo trabajo con eso, como el mecánico trabaja con palancas, llaves inglesas. No puedo permitir que me perturben la herramienta con la que trabajo. Puedo aceptar que se modifique y modernice, como la tecnología nueva en un auto, lo que no quiero es que me quieran cambiar la máquina o que alguien que no sabe de mecánica me quiera decir cómo arreglar un coche. La estupidez es la frontera, el sentido común. No puedo aceptar que me digan que hay que escribir con la arroba. Es que escribo todos los días, me gano la vida con esto, ¿cómo voy a transformar mi escritura? No me toquen la herramienta.

-Barcelona es ciudad invitada en esta Feria del Libro. ¿A qué españoles recomendarías?
-Sergio Vila-Sanjuán. Es el director del suplemento cultural más importante y antiguo en 'La Vanguardia'. Un hombre muy interesante, brillante, el que mejor puede hablar de cultura, sobre Cataluña, España. También a Rosa Montero, es una feminista formada. Tiene prestigio.

-De cara a las próximas elecciones del domingo en España, ¿en qué lugar está la cultura en relación con esto?
-No existe en este debate político que lleva tanto tiempo ya, porque hay muchas tensiones diferentes que están en juego. Dolorosamente, la cultura está ausente por completo; es el lujo complementario, el adorno. Hace poco salió una entrevista al presidente Sánchez donde hablaba de libros, y fue el único momento en que habló de cultura, de lo concreto, de libros, pero nadie le ha preguntado qué lee. Nunca se ha sido tan poco libre como en este momento. En España, la Argentina, en Occidente.

-¿A qué te referís?
-Antes había dos grandes factores represores de la libertad: la Iglesia y los totalitarismos políticos. Podrían ser tanto comunistas o de izquierdas como de derechas. Pero contra eso podías luchar. Yo podía decir "quiero defender el aborto", y nadie me metía en la cárcel. Pero ahora te pueden denunciar por tocar sin querer, sin intención, a alguien. O que se diga algo sobre los niños y la educación. Todo lo que se dice está sometido a la sanción social, a las redes sociales. Y la gente, aun estando de acuerdo con eso, no lo manifiesta por miedo a ser víctimas de eso. Nunca hemos estado tan sometidos a la presión social como ahora.

-Volvamos a 'Sabotaje'. Muchos lectores se preguntan sobre ese contraste entre Falcó y el porqué de tu elección por el 'Guernica', de Picasso.
-Es que es la Guerra Civil española y un cuadro emblemático. La idea de tener a mi espía franquista queriendo arruinarle el cuadro a Picasso me encantaba. El París de esa época es un París mitificado, y me apetecía meter ahí a Falcó, que es un lobo, un tipo que no lee libros, que no sabe de arte, que lo que le gusta es la adrenalina. A ese personaje le parece bien cargarse el Picasso. Yo soy un novelista, no hago novelas para cambiar el mundo, yo las hago para divertirme. Cuento historias y me la paso muy bien.

--

“Nadie que conozca la historia argentina puede ser optimista”
clarin.com - 26/04/2019

No. No va a hablar de las elecciones de este fin de semana en España, porque el horno no está para bollos. “Soy un hombre que cuenta historias y que escribe novelas”, dice Arturo Pérez-Reverte, actuando una modestia que sabe fuera de registro. Y será mejor así, porque su última novela, 'Sabotaje', que cierra la trilogía protagonizada por el mercenario Lorenzo Falcó, será la excusa para charlar con los lectores el domingo a las 16 en la sala más grande de la 45ª Feria del Libro: la José Hernández, con capacidad para mil personas. Habrá que ver si no se quedan cortos con la cantidad de sillas, porque este autor español tiene seguidores fieles en la Argentina. De eso, las pasiones que genera, charló con 'Clarín', aunque se hayan colado otros temas que suele visitar: el lenguaje inclusivo y el feminismo, el periodismo, el futuro de Europa y su cuenta de Twitter.

Falcó es un asesino sin remordimientos. Como hay muchos en la literatura, aunque este tenga algo singular: no necesita ser disculpado. No hay aquí una familia ausente, carencias en la infancia o un trauma de adolescencia. “Falcó es un hijo de puta”, dice entre risas Pérez-Reverte, y se acomoda en un sillón Luis XV. En su tercera y última (por el momento) aventura, debe infiltrarse en la París de los años 30 con la misión de destruir el cuadro que Pablo Picasso expondrá en el pabellón español de la Exposición Universal de 1937: el 'Guernica'. Para saber si lo logrará o no hay que leer la novela. Pero quienes conocen a Falcó saben que no es de los que dejan trabajos a medias.

–Han señalado en España un paralelismo entre la París de la novela, ajena a la Segunda Guerra Mundial que se avecinaba, y la Europa del presente. ¿Es algo deliberado?
–Yo he escrito novelas durante treinta años y lo que quería era contar una historia. Como puedo escribir las novelas que me apetecen, me dedico durante un dos o tres años a un tema, viajando y conociendo, lo cual me lleva a un estado de felicidad. En este caso, quería contar una historia del París de los años 30 y me puse a ello, pero yo no pretendía hacer paralelismos, aunque es inevitable cuando se lee historia –y esto tiene un poco de historia– encontrar rastros en el presente de aquello.

–Sobre todo porque es un pasado muy particular, de gestación del fascismo y del surgimiento del nazismo. No es cualquier momento visto desde el presente.
–No, claro. Pero ahí hay un poco de travesura, porque el París de aquella época ha sido muy mitificado desde lo cultural. Convergen figuras emblemáticas como Ernest Hemingway, F. Scott Fitzgerald, Pablo Picasso o John Dos Passos, entre otros, y a mí me apetecía meter ahí un lobo, alguien al que todo eso le diera igual, que ni siquiera lee libros, que no sabe quién es Hemingway...

–Pero es clara la inminencia de algo terrible a lo largo de la novela.
–Eso es cierto, pero no fue deliberado. Trabajo con un mundo y elementos que conozco bien, y de ahí se desprenden, sin que lo buscara, un momento crítico de Europa que, como cualquier otro momento crítico, sirve de lección para la siguiente época. Y este es el caso. Pero también es cierto –y por eso no es tan preocupante– que entonces había varios elementos que no se dan ahora: las masas eran mucho más analfabetas que hoy, estaban mucho más explotadas económicamente, socialmente había unas situaciones de injusticia que hoy en día –aunque el mundo siga siendo injusto– en Europa se ha mejorado mucho; y finalmente estaban el fascismo, el comunismo, el socialismo, el anarquismo, el nazismo, el nacionalsocialismo... En aquel entonces estas eran palabras de esperanza, porque había incluso gente muy honrada que creía que el comunismo, el nazismo o incluso el fascismo eran soluciones para los problemas de su país. Después, la historia demostró que esas eran vías perniciosas y tóxicas, pero eso ha sido con el tiempo. Ahora, somos más cultos –dentro de lo que cabe– y sobre todo tenemos la experiencia de lo ocurrido antes, con lo cual yo no creo que la palabra "ismo" nos lleve a una al desastre. Son otras las cosas que nos llevarán al desastre.

-¿No es optimista con respecto al futuro de Europa?
–Yo soy muy pesimista, porque nadie que haya leído historia puede ser optimista, desde mi punto de vista. Sucede lo mismo con la Argentina: nadie que conozca la historia de este país puede ser optimista sobre lo que vendrá. Porque un lector no es otra cosa que una persona más informada que la media. Lo mismo pasa en Europa. Yo soy europeo y formo parte de una cadena cultural que nace con Platón y con Aristóteles y sigue con la Biblia y el Corán, y Virgilio, y Dante, Voltaire, Montesquieu, Rousseau y Marx hasta ahora. Con esa herencia cultural que está incorporada en mi ADN veo que la Europa actual está muriendo. Vendrá otra cosa, y yo no sé si será mejor o peor. Lo que está claro es que aquel otro en el que fui educado está desapareciendo. Entonces, lo asumo, pero no puedo evitar la melancolía, porque puedo estar tuiteando y hablando de un juego de Internet y también lamentarme de que Virgilio no se vea en las escuelas. Son cosas compatibles perfectamente.

–Habla de twittear pero hace el gesto de escribir a máquina y no el de usar el celular con el dedo. ¿No usa su teléfono para usar las redes sociales?
–Ese gesto es muy significativo porque mi móvil es un Nokia antiguo que solo sirve para llamar por teléfono. Solo cuando viajo el extranjero llevo este más moderno porque el mío ya no capta la señal. Pero cuando vuelvo lo apago, lo guardo y uso el mío que no tiene ni Internet ni cámara de fotos siquiera. Y es que yo entro de vez en cuando, no estoy todo el puto día con el Twitter, porque creo que es bueno estar en las tecnologías sin que esas tecnologías te aprisionen. Por lo menos, yo no lo necesito.

–¿Lo cansan las polémicas y los malos entendidos que se generan en su cuenta de Twitter?
–Con la edad que tengo ya me da igual que no me entiendan: me puedo permitir los malos entendidos y ningún problema. Yo entré a Twitter de una forma un poco ingenua: hace ocho o nueve años no usaba nada y un amigo me explicó que era una buena manera para responder las muchas cartas y mensajes que me llegan. Pero entonces, yo pensaba que aquello era como una charla de bar en la que digo “hay que ver, estoy de Macri hasta las narices” y pues no pasa nada. Pero no es así: si lo pones en Twitter, sale de ahí hacia los periódicos, que titularán “Pérez-Reverte atacó a Macri” y todo eso. Entonces me di cuenta de eso, y no digo que me metiese en líos, pero sí generó muchas polémicas. Hoy en día tengo algo más de dos millones de seguidores, que no he buscado pero están ahí, y ahora sí lo veo como una herramienta que da influencia y que me divierte, porque a mis 67 años conservo el gusto por la travesura: fui un chico travieso y fui un periodista travieso, y entonces de vez en cuando doy una patada al avispero y me quedo a ver lo que pasa.

–¿Por qué cree que sus opiniones generan tantas pasiones y rechazos, desde la política hasta el feminismo?
–Eso es verdad, y es curioso, porque yo nunca hablo de política. Y con las feministas es por el lenguaje inclusivo. Lo del feminismo es un ejemplo muy claro: cualquiera que haya leído mis novelas sabe que mis personajes femeninos son absolutamente antimachistas, así como tengo muchos artículos a favor de la igualdad de las mujeres desde siempre. Lo que pasa es que con el lenguaje inclusivo yo he sido muy radical, porque el idioma es mi herramienta. Entonces, si usted me dice que yo debo escribir "todes" para no ser machista, yo no voy a escribir una novela usando "todes". Es ante la estupidez, ante ese tipo de radicalismos absurdos, que sí he sido muy contundente. Ahora la gente que a lo mejor no me ha leído nunca solo se entera de titulares que dicen “Pérez-Reverte ataca el lenguaje inclusivo”, “Pérez-Reverte es machista”, y por eso es un ejemplo más de lo que son las redes sociales: potencian todo eso y alimentan tanto los amores como los odios.

–No acepta el "todes", pero tampoco quitarle la tilde a "sólo" y a "éste", como manda la RAE.
–Exacto. Ahí estoy en contra de la Academia, porque yo necesito la tilde, es una cuestión de coherencia técnica. Nada más. Porque yo acepto que el lenguaje debe evolucionar: ¿Cómo no va a evolucionar el lenguaje, si ha sido absolutamente heteropatriarcal durante muchísimos siglos? Yo digo sin problema "presidenta" aunque no haga falta el femenino, del mismo modo que acepto un montón de modificaciones. Otra cosa es que impere la estupidez y que yo admita que cualquier niñata o cualquier colectivo de Niñas Feministas de Úbeda decrete que ahora se dicen las cosas de tal o cual manera. Yo no me pliego a lo que diga el colectivo de cuatro analfabetas. Me niego a eso.

–Fue usted periodista durante más de veinte años. ¿Cree que tiene este oficio un rol que jugar en el mundo del futuro?
–Creo que es verdad que está en extinción, pero sigue siendo necesario. Lo que sucede es que la gente no se da cuenta. La ciudadanía ha perdido la percepción de lo necesario que es el periodismo y cree que puede sustituirlo con Internet o Twitter. Y están equivocados. Porque el material en bruto no es información: es caos y ruido hasta que el intermediario culto, formado, profesional y adiestrado le da forma para que sea comprensible. Esa es la gran tragedia de la comunicación en el mundo actual y la gente no se da cuenta de eso y pagará muy caro el error. Ya lo está pagando muy caro en varias partes del mundo.

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Sab Abr 27, 2019 8:44 pm

"De los malos a menudo se aprende mucho más que de los buenos"
Télam - 27/04/2019

Con 'Sabotaje', Arturo Pérez-Reverte vuelve a poner en el centro de escena a Lorenzo Falcó, el espía "amoral" con el que cierra una trilogía que transcurre en plena Guerra Civil Española y que ahora tendrá como misión sabotear el Guernica, de Pablo Picasso, ícono de la lucha de los Republicanos para salvar España. La historia transcurre en el París de los años 30, que para el autor representa un tiempo "mítico" al que siente que rescata en esta historia, dedicada a su tío Lorenzo Pérez-Reverte, quien fue voluntario en la Guerra Civil como soldado de la República.

Autor de treinta novelas, miembro de la Real Academia Española y cronista de guerra durante 21 años, Pérez-Reverte presentará 'Sabotaje' mañana a las 16 en la sala José Hernández de la Feria del Libro de Buenos Aires. En diálogo con Télam, el autor habló de cómo concibió esta historia y de su oficio de escritor que le representa "un acto de felicidad permanente".

-¿Qué tiene el villano que lo atrajo particularmente para crear esta trilogía?
-El malo se pasea por lugares de la vida que el bueno no. Entonces, cuando como novelista tienes que profundizar en los ángulos oscuros del mal, la experiencia transmitida por los malvados es más interesante. Sobre todo porque mis personajes se mueven en la zona oscura de la vida. Ejercen la tortura, la violencia, matan. No hago novelas para denunciar el mal, ni novelas moralistas, hago novelas contando cómo es la vida real que viví.

-¿En qué medida su experiencia como corresponsal de guerra lo llevó a escribir esta trilogía y gran parte de su obra?
-Nadie pone en su obra lo que no tiene. En mi caso estuve en contacto con la violencia y con el lado oscuro de la vida durante mucho tiempo, y por eso a la hora de contar este tipo de historias extremas de violencia, muerte y tortura recurro a mi experiencia personal.

-¿En qué circunstancias como corresponsal de guerra vio escenas de tortura?
-He visto apalear a mucha gente en Angola, y en 1978 cuando acompañaba a la guerrilla UNITA antigubernamental (Unión Nacional para la Independencia Total de Angola) había un mercenario portugués con el que habían tomado un lugar, que comenzó a torturar a un jefe opositor al que le querían sacar información. Yo con otros más estábamos en un bar tomando una cerveza, caliente por cierto, y oíamos los gritos del hombre al que torturaban en el interrogatorio. De tanto en tanto, el portugués volvía a donde estábamos, tomaba una cerveza, me contaba lo que ocurría y regresaba a la tortura. Yo aprendí más del ser humano en esa media hora de conversación con él que en muchos años de vida, y por eso creo que lo bueno que tiene estar con los verdugos es que se aprenden muchas cosas. De los malos a menudo se aprende más que de los buenos.

-¿Cómo fue construir un personaje como Falcó?
-Me apetecía la historia de un personaje que no tiene moral, que puede matar, torturar, que puede hacer cosas oscuras sin remordimientos y no necesita psicoanalistas. En la vida aprendí que el remordimiento es muy raro: si una persona drogada atropella a un niño en su cochecito en un paso de peatones, en el momento dirá "qué horror", pero a la semana habrá buscado un montón de coartadas mentales: estaba deprimido, estaba drogado porque mi mujer me dejó, el semáforo tenía mala luz y no pude ver al niño... He visto a un montón de gente hacer atrocidades y encontrar justificaciones. Pero Falcó es un hijo de puta y actúa como tal y duerme tranquilamente. Me apetecía mucho hacer esto y por eso le dediqué tres novelas.

-¿Por qué eligió para este libro un sabotaje al 'Guernica'?
-Yo soy un escritor feliz, para mí escribir es un acto de felicidad permanente, por eso lo hago. Una novela significa uno o dos años de felicidad: leer sobre el tema que te propones, viajar a los sitios, imaginar escenas. En ese contexto me hubiera gustado hacer una jugarreta, una putada a Picasso, no al 'Guernica', porque me gusta mucho, pero conservo una parte lúdica de cuando era pequeño y siento que he multiplicado mi vida escribiendo sobre esto: yo he sido Falcó y eso me ha dado un año de diversión, de pasármelo bien.

-¿Qué le inspiraba el París de los años 30 para esta historia?
-Fue una travesura. Para mí el París de los años 30 es mítico a través de figuras como Malraux, Man Ray, Picasso, Hemingway... Ese mundo mítico me apetecía, pero eso está contado mil veces, lo hace Woody Allen en 'Medianoche en París'. Entonces mi desafío fue meter ahí un tipo que le importara un carajo la literatura, que ve el 'Guernica' y es como si viera una zanahoria, porque no le gusta el arte ni le importa. Va allí porque tiene que joder el 'Guernica', no respeta nada de la gente con la que va a tratar y ve en Hemingway a un fanfarrón borracho y le pega una paliza en un bar y se queda muy tranquilo. Es una travesura personal y quería mover a mi lobo por ese mundo mítico. Ese fue el objetivo por el cual elegí París.

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Rogorn
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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Dom Abr 28, 2019 2:19 pm

“Hoy el hombre está agotado como limón de paella, ya se ha escrito todo sobre él”
Entrevista de Loreley Gaffoglio - infobae.com - 28/04/2019

Llegó el martes pasado de Madrid y como todos los años en los que visita la Feria del Libro, volvió sobre sus ritos porteños: caminó solo por la ciudad, visitó librerías de viejo y se reservó espacios acordados con antelación para juntarse con amigos. Sólo con los más íntimos Arturo Pérez-Reverte compartirá sus convicciones políticas y hablará sobre la situación de Argentina o las elecciones en España. Su ideología política, al igual que su mundo privado, serán siempre un enigma para su legión de fieles lectores en 40 países.

Ni siquiera en la trilogía del sombrío espía Lorenzo Falcó, ambientada durante la Guerra Civil Española, brotará una pista sobre su adhesión o rechazo a uno u otro bando. Su aséptica neutralidad narrativa honra aquel axioma revertiano que dice que el mundo de las guerras (y de los políticos) se divide entre malos y peores.

Tan sólo días después de su arribo, y saciada su soledad creativa, compartirá algo de su mundo. Y es por esa hendidura que por momentos se abre y rasga las paredes del hotel Alvear cuando se podrá ingresar (unos instantes, no más) al cifrado mundo del cartagenero. Un planeta amurallado con celo, restringido para una observación de 360 grados. Pero él abre un intersticio y como de refilón por allí aflora su esencia, en la que vida y literatura actúan como inescindible fusión. Por eso es como si en la entrevista deambularan en el espacio que ocupa el escritor –los ojos enceguecidos, húmedos por el fulgor del reflector de la cámara–, los personajes de ficción que la obstinación de su narrativa convierte como en seres reales.

Por allí merodea Lorenzó Falcó, encantador asesino al servicio del Generalísimo, echando humo de tabaco en un ámbito a tono con su sofisticación. Pero a medida que Pérez-Reverte desgrana su literatura junto a la trastienda de su novela 'Sabotaje', convoca a muchas otras criaturas. Irrumpe la narcotraficante mexicana Teresa Mendoza, la Reina del Sur, y aquel truhán de guante blanco, avezado bailarín de los tangos de la vieja guardia, el porteño Max Costa. La escena podría ser una ensoñación pero es a la vez real. Así vive Pérez-Reverte su cotidianidad: en una soledad multitudinaria donde la cohorte de sus personajes, caminan, se sientan, se levantan y se marchan a su par.

Megaestrella literaria, filoso articulista, flemático académico de la RAE y navegante infatigable, quienes no han sucumbido a sus novelas lo conocen por la acidez de sus tuits, capaz de retrucarle, sin distinción de castas, a quien ose interponer una gillipollez. Sea una feminista de barricada o un mandatario mexicano (con apellido español) pasando pretéritas facturas al Rey Felipe de España por la colonización de Hernán Cortés. Es ahí cuando don Arturo (y las redes sociales lo saben bien) desenvainará su espada, como Alatriste, para batirse a duelo "contra la estupidez".

–Suele decir que cada novela supone un aprendizaje. ¿Qué incorporó con 'Sabotaje'?
-Aprendes sobre tú mismo, porque cada novela es un ejercicio de introspección. ¿Qué harías tú puesto en esta situación? ¿Cómo reaccionarías ante esto y lo otro? He descubierto que yo también podría ser cruel y hacer cosas que a lo mejor en la vida normal no hago. Cosas que tienen que ver con los lados oscuros del ser humano.

–¿Como cuáles?
–No es lugar para abrir el corazón. Pero viví mucho tiempo en un mundo hostil. Durante 21 años fui reportero en países en guerra y eso te sitúa en un lugar en el cual la violencia, la dureza de la vida, el dolor, el estrago, el caos, se asumen con mayor naturalidad. Hoy me sorprenden más la bondad, la estabilidad, la serenidad. El ser humano es un animal muy peligroso. Esa ha sido mi conclusión. Y mis novelas tratan sobre eso habitualmente.

–¿De qué se aprende más: de la grandeza de la gente o de su maldad?
–El mal es una muy buena escuela y con la edad, a mis 67 años, creo que he aprendido más de los malos que de los buenos. Cuando era joven pensaba que el ser humano noble era un maestro excelente de vida y a veces lo sigue siendo. Pero la vida tiene lugares muy oscuros y ahí la bondad no llega. Durante la parte de mi vida que transcurrió en el lado del mal como reportero de guerra descubrí que allí se pueden obtener un montón de lecciones. La observación y proximidad al mal, incluso cuando el malvado te explica sus motivos, que a veces no digo que son comprensibles, pero sí muy naturales al ser humano, te dan una lucidez interesante sobre lo que es la vida.

–¿Se tocan en algún punto tangencial Falcó, ese mercenario sin escrúpulos al servicio de Franco, con su biografía?
–Nadie pone lo que no tiene. O se lo inventa o lo roba. No soy ninguno de mis personajes, ni masculinos ni femeninos. Pero ellos se nutren de lo que yo me nutrí y esa proximidad con ciertos mundos extremos en mis novelas está presente siempre. He visto torturar y hacer cosas de las que el ser humano no puede estar orgulloso. Cuando lo escribo sé de lo que hablo, creo que el lector lo percibe. Ese bagaje no fue traumático en mi juventud. Los libros me ayudaron digerir esas cosas. Pero es cierto que todo eso me dejó un material que ahora, con la lucidez de los años, los libros leídos, la vida vivida, puedo situar de manera organizada y serena. Entonces no soy yo nunca, pero todo el tiempo soy yo.

–En medio de la Guerra Civil española el objetivo de Falcó es infiltrarse en el mundo de Picasso para destruir el símbolo antibelicista del arte: el Guernica. Y en ese afán no sólo se vincula con el artista, también se topa con grandes exponentes de la literatura y del arte de entreguerras. ¿Por qué esos guiños culturales?
–El París de los años 30 es un París mítico por los héroes culturales que allí recalaban. Me apetecía meter a un depredador inculto como Falcó, un cazador peligroso, que no sabe ni le importa saber quiénes son André Malraux, John Dos Passos, Scott Fitzgerald; que ve un cuadro de Picasso y le da igual. Me interesaba contrastar esos dos mundos como punto de partida.

–Se presume por los diálogos socarrones que también se da el lujo de ajustar cuentas con algunos de ellos.
–Me divirtió mucho escribir 'Sabotaje' porque en esta novela hay una cierta iconoclastia. Los periodistas, y yo lo he sido muchos años, estamos en contacto con los grandes nombres: pasan por tu vida presidentes, artistas, gente digamos mítica, y uno los ve de una manera diferente a cómo los ve el gran público. Los ves en su realidad, con sus agujeros, zurcidos en el traje de lentejuelas, con su maquillaje corrido y con su humanidad a veces, incluso, mediocre. Esa desmitificación y humanización de los grandes personajes a través de la mirada de otro que no los valora como mitos en absoluto para mí era interesante. Y también, es cierto, hay algo de ajuste de cuentas personal, porque Hemingway como escritor es inmenso, pero a mí me cae mal. Me parece un fanfarrón, un tipo con la virilidad exacerbada, siempre con la caza, la muerte, la pesca y las mil guerras en las que estuvo. Quería que alguien le diera una paliza por mí. Igual que me apetecía besar a Marlene Dietrich, uno de mis grandes mitos eróticos y cinematográficos, algo que Falcó hace en el baño de un cabaret. Ese tipo de guiños, que solamente los entiendo yo a lo mejor, es el lujo que una novela como 'Sabotaje' me ha permitido.

–Pero los lectores que conocen su obra perciben esa travesura y lo imaginan escribiéndola con una sonrisa contenida.
–Es que soy un escritor feliz. Hay amigos míos que dicen: "La página en blanco es un sufrimiento". "No, chico, te has equivocado de profesión", les digo. Por eso yo elijo temas que me harán feliz durante uno o dos años. Vivir en un mundo que te estás creando tú es un privilegio extraordinario. Hay escritores muy respetables que escriben novelas agónicas, de sufrimiento, de desgarro. Me parece muy bien, las leo, incluso hay algunos que son amigos míos, pero no es mi tipo de literatura. A veces me pregunto si yo no escribiera novelas, y si no fuera lector sobre todo, ¿cómo me las arreglaría para soportar el mundo cuando no me gusta? Por eso cada noche me acuesto pensando en la escena del día siguiente y me duermo como un niño esperando a los Reyes Magos por la mañana cuando llegue el momento de eso.

–En esta última novela de la trilogía es como que todo se potenciara, desde la adrenalina al erotismo y el sexo. ¿Hay un Pérez-Reverte más desatado?
–No es eso. Esta vez es más atrevida sexualmente porque Falcó es un tipo que está en el margen de muchas cosas, incluido el sexo. Había que ocuparse de sus osadías. También es cierto que he sido siempre muy prudente con el sexo, no por pudor moral, sino porque mal tratado puede incluso volverse en contra del autor. Entonces, son escenas muy cuidadosamente estudiadas y descriptas. Nada es espontáneo. No soy un escritor pasional, que se deja arrastrar por los impulsos. Soy un escritor cerebral. Y si algo no me gusta elimino, tacho, busco "la" palabra, el término justo.

–¿Aspirá a que Falcó llegue al cine como Alatriste, La Reina del Sur, El club Dumas, El maestro de esgrima…?
–Un productor español y director me lo ha pedido. Pero es demasiado pronto. Hay que darle tiempo al lector a que construya en su imaginario al personaje. Meterle la interpretación de un director, de un productor o de un guionista al lector significa condicionarlo. Tiene apenas tres años en las librerías. Cuando Falcó esté asentado, a lo mejor un director pueda hacer su propia versión del personaje, que nunca será la mía.

–Le prometió a otro escritor, Jorge Fernández Díaz, que Falcó en su vejez se encontraría en Buenos Aires con Remil, otro agente canalla creado por él, personaje 'El puñal' y de 'La herida'. ¿Va a cumplir?
–Acabo de terminar una nueva novela, todavía en corrección, que saldrá en Navidad y justamente mi plan es escribir ese relato corto en el verano. Falcó vive en el Hotel Alvear, desayuna cada mañana en La Biela, y ahí se encuentra con Remil y su jefe, el Almirante. Es un homenaje de amigos, en la Argentina.

–¿Cuál fue su intervención en la segunda parte de 'La Reina del Sur', serie que acaba de estrenarse en México?
–No quería hacer la segunda parte. La primera fue un éxito y la novela está ahí. Pero vinieron los productores y Kate del Castillo, muy ilusionada con el personaje, y me convencieron. Hice una trama básica, inventé una historia, una segunda parte, no como novela sino como tratamiento narrativo. Vinieron los guionistas y trabajamos durante muchos días metidos en un hotel de Madrid, generando situaciones, personajes secundarios, derivaciones de la trama, hasta generar una estructura compleja para un guión. Luego, ya me aparté y los guionistas desarrollaron cada capítulo. He visto tres episodios que me mandaron y está muy bien. No es mi novela, es una historia basada en mi historia desarrollada para telenovela. Me dicen que ha colapsado las audiencias, así que estoy contento por ellos.

–Se lo ve como un escritor que anda por la vida solo, con su mundo, sus amigos, sus viajes, pero siempre como un hombre que va y viene solo. ¿Es una imposición de la vida del escritor en la que no hay lugar para otras personas?
–Esa pregunta es muy buena. Da para una conferencia; la voy a tratar de resumir. Un buen escritor siempre está solo. Nunca puede estar en relación con los demás. Hay una parte de él que exige la soledad. Es imposible que la interacción con los demás, en el momento de trabajar, sea productiva. Es perturbadora. Y esa soledad que arrastra el escritor, en casos patológicos es mala. En mi caso es nutritiva. Tengo amigos, vida social, familiar, pero cuando viajo a Nápoles, a San Petersburgo o a Angola con una idea de una novela en la cabeza estoy solo. Y me gusta ser un escritor que está solo. Me siento, leo, camino, miro, tomo notas, incluso cuando hablo con la gente estoy solo. Necesito de esa egoísta soledad para que el mundo que estoy adquiriendo tome cuerpo y nada lo perturbe. Los amores, las pasiones, las discusiones, las tensiones, los apuros familiares, económicos, sociales, políticos acechan el mundo del escritor. Hay escritores que conozco para quienes la perturbación continua del mundo exterior es una lucha. Y es terrible, crea tensiones horrorosas, y es admirable cuando pueden superarlas. Soy tan egoísta como escritor que puedo cerrar la puerta a todo aquello. Quizá por mi vida como reportero: pasaba del horror a tener que escribirlo; de un viaje a Sarajevo a una vida familiar. Ese adiestramiento de entrar y salir de dos mundos diferentes ayudó a disciplinarme y dejar fuera lo que me perturba.

–¿Su entorno lo comprende?
–Si el entorno de un escritor no lo comprende, hay que cambiar de entorno. Toda la gente con la que me relaciono, amistades, familia, lo que sea, procura alimentar ese aislamiento, esa soledad técnica, profesional, que no significa vital. Hay un ejemplo: Thomas Mann escribía en su casa y su familia lo aislaba. No había ni un ruido. "Papá está trabajando", decían. Pero un día él estaba solo. Llegó el lechero a cobrar la factura. Mann no entendía nada. No sabía dónde estaba el dinero y se encontró durante 10 minutos, completamente desconcertado ante el lechero porque había una irrupción en su mundo.

–A los personajes que ha creado y con los cuales ha tenido una relación particularmente intensa, los abandona cuando las novelas se terminan. ¿A cuál le ha costado más soltar?
–Es una pregunta bastante interesante. Es doloroso apartarse de ellos. Vives con ellos, hombres o mujeres, durante años a veces. Están en tu cabeza fraguándose durante mucho tiempo mientras haces otras novelas. Y un día, tras estar cada día con ellos luchando, escribiendo, dialogando, formando parte de tu vida, y tras saberlo todo de ellos, terminas, cierras y se van. Es como divorciarse de una mujer a la que amas. Quizás del que más sentí separarme fue de Teresa Mendoza, la Reina del Sur. Estuve mucho tiempo en México para elaborarla. Requería por mi parte un gran esfuerzo para poder entenderla como mujer, entender sus motivaciones, sus tragedias, su lucha, su ajuste de cuentas con los hombres. De hecho, en una facultad de psicología feminista en España utilizan a La Reina del Sur como libro de texto. Con ella fue como tener una amante, una mujer, una esposa, y cuando se marchó por la mañana, me sentí muy melancólico. Pero me pasa un poco con todos. Ellos son como una especie de familia, de amigos, de amores que morirán conmigo.

–Esas dos vidas paralelas, ¿entran en tensión?
–No, se combinan. Mi imaginación y mi vida se mezclan continuamente. Tengo el hábito de vivir con ese mundo a cuestas. Estoy sentado, comiendo en un restaurante de Buenos Aires y mis personajes, los escritos y los por escribir, están conmigo, interactúan. Y a veces estoy soñando, o estoy leyendo y se superponen con los seres reales. Y a veces también pienso en ellos como personajes de verdad y en personajes reales como personajes de ficción. Esa especie de terreno difuso, ambiguo, es maravilloso. Yo me psicoanalizo leyendo. Cuando eres un tipo con una vida normal, que ha digerido bien el mundo, vivir en esa zona es bueno, no perturba. Si fuese un tipo inestable, con traumas, eso me crearía tensiones, esquizofrenias, momentos terribles de angustia. Pero a mí me serenan, me enriquecen. Voy por la vida con ese mundo alrededor, una especie de nube, que me permite además apartarme de lo que no me gusta. Del mundo actual, de los políticos, de la sociedad, de lo que me desagrada. Interpongo mi mundo de imaginación, mis personajes, mis novelas, las leídas y las escritas y allí también están Stendhal, Balzac, Conrad, Dostoyevski, Lampedusa, o mis propias novelas mezcladas con ellas.

–Sobre su faceta de académico, ¿hubo un cambio de postura respecto al lenguaje inclusivo?
–No es que yo me haya convertido a las tesis feministas, siempre creí que el lenguaje debe ser inclusivo. Tienen razón las feministas cuando dicen que el lenguaje ha estado condicionado por una sociedad patriarcal. Pero el límite es el sentido común. Lo que pasa es que cuando criticas la estupidez la gente piensa que te estas refiriendo a todo el lenguaje inclusivo. Necesito que el lenguaje sea claro, diáfano, y eficaz para contar historias. Defiendo mi herramienta de trabajo. Hay detalles que son negociables como la natural modernización del lenguaje, sino estaríamos hablando latín. Utilizo el señores y señoras, lectores y lectoras, y niños y niñas cuando hace falta. Pero no digo los alumnos y las alumnas. Digo los alumnos. Es economía del lenguaje. Otra cosa es que me pliegue a la estupidez de que todes les vaques son explotadas y no pueden dar leche. No. ¡Váyanse al carajo! Eso viene de sectores analfabetos del feminismo, que intentan imponer el analfabetismo. Mi cuñada es una feminista académica, seria y jamás se pliega a eso. El error está en poner a cualquier enloquecida que dice que las abejas son hembras explotadas al mismo nivel que a una profesora universitaria, con amplio currículum en feminismo intelectual, a la cual sí hay que escuchar.

–Otro punto conflictivo es el revisionismo feminista en la literatura, con obras canónicas censuradas por ser consideradas sexistas.
–Durante 3.000 años el hombre ha sido el protagonista de la literatura, porque lo era de la vida social. Y cuando la mujer era protagonista como Electra, Antígona, Madame Bovary, era siempre como rehén o resultado de la acción del hombre. Pero ahora hay una mujer nueva. Ana Karenina y la Dorotea del Quijote sirven como análisis sociológico de un momento histórico. Hoy el hombre está agotado como limón de paella, ya se ha escrito todo sobre él. La gran protagonista de la narrativa audiovisual y literaria del siglo XXI es la mujer y tiene unos conflictos interesantísimos. Pero borrar 3.000 años de literatura es un error. Lo que hay que hacer es compararla justamente para ver cómo ha cambiado la mujer y aquel mundo.

–Hay otra tensión cultural pero sin distinción de género: la que juzga el pasado con la moral de hoy, como sucedió con López Obrador, el presidente de México, cuando le exigió una disculpa al rey de España por la Conquista.
–Es un error. Al pasado hay que estudiarlo con ojos del presente pero no juzgarlo. La Argentina que exterminó a los indios no es la Argentina de ahora. Eso no ocurriría ahora, pero entonces ocurrió y nadie protestó por eso. Hay que contextualizar las cosas. Al pasado hay que conocerlo porque explica al presente. Somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos. Pero de ahí a querer cambiar el pasado por la medida actual es claramente un despropósito.

–Por último, suele decir que muchas veces siente más empatía por los perros que por seres humanos. Como escritor, ¿no hay una contradicción en eso?
–Eso es llevar el argumento al extremo. Lo que digo y es verdad es que los perros tienen virtudes que yo desearía ver más en los seres humanos. Como lealtad, valor, coraje, dignidad. Por eso, a veces mi experiencia de vida ha hecho que me fíe más de los perros que de muchos seres humanos.

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“Argentina y España son una sucesión de ocasiones perdidas”
Entrevista de Diego Jemio - tn.com.ar - 28/04/2019

“¿Qué prefieres? ¿Respuestas largas o más bien cortas?”, pregunta Arturo Pérez-Reverte en uno de esos salones desangelados de un hotel cinco estrellas en Recoleta. El español es un viejo lobo en el mar de la literatura y de la promoción de libros. Sus lectores se cuentan por millones, ya sea en sus historias de aventuras como de espionaje, que comenzó a incursionar con la saga de Lorenzo Falcó. Ahora llegó a la Feria Internacional del Libro para presentar 'Sabotaje', el último libro de la saga. Transcurre en mayo de 1937 en plena Guerra Civil. Falcó tiene una misión nada fácil: impedir que Pablo Picasso llegue a la Exposición Universal de París con su obra 'Guernica', encargada por el Gobierno de la Segunda República Española. El espía conoce poco y nada de arte, odia a los “rojos” y mata sin compasión.

-Las novelas de espionaje son algo reciente en tu carrera. ¿Cómo nació el placer placer por ese género?
-En mi novela 'El tango de la guardia vieja', que transcurre en Barracas, aparecían espías. A raíz de eso, tuve que trabajar en el tema. Cuando comencé a documentarme, me quedó el gusto por el momento y el tema. Me apetecía hacer algo que tuviese a los espías de fondo. Con esa idea, apareció el personaje de Lorenzo Falcó.

-Un tipo al que definiste como “un perfecto hijo de puta”.
-Definitivamente lo es. El gran desafío fue hacer que el lector aceptara a un personaje así. Es fácil que acepten a un tío noble y bueno. Pero Falcó tortura y asesina sin ningún miramiento. En general, la gente le da al acto de matar un valor trascendente. Hay gente que lo puede hacer sin ningún pudor, con una naturaleza técnica.

-¿Conociste gente así?
-Sí, claro, en mis años de reportero. Me apetecía contar un personaje con esas características. Para hacerlo tragable, necesitaba que sea simpático. Las mujeres quieren llevárselo a la cama y los hombres quieren tomar una copa con él.

-Buscás en mercados de antigüedades los objetos que usan tus personajes. ¿Es algo meramente lúdico o te ayuda a la hora de crearlos?
-Hay una parte lúdica en la búsqueda de catálogos antiguos e incluso muchos lectores me escriben para contarme las cosas que encontraron. Sin abusar de ello, siento que ayudan a conformar al personaje. A lo mejor tú no sabes que el reloj Patek Philippe era de lujo, pero intuyes que eso significa algo. Con los pequeños detalles vas formando un ambiente.

-Escribiste la historia del podcast de ficción 'Bienvenido a la vida peligrosa'. ¿Qué te interesa de ese formato nuevo?
-No conocía los podcasts. Mi mundo es el de la literatura, pero me encargaron ese trabajo y Guillermo Arriaga hizo el desarrollo del guión. No fue mi idea experimentar ni abrir un nuevo camino, pero me resultó muy interesante el resultado final y lo pasé muy bien.

-Cuando sacaste el libro 'Una historia de España', dijiste que el español es una persona muy peligrosa y que el país tenía una tendencia suicida. ¿Lo seguís pensando? ¿El cambio de gobierno en tu país no te genera ninguna ilusión?
-Tampoco soy muy optimista respecto de tu país. Argentina y España son una sucesión de ocasiones perdidas. Siempre que están a punto de conseguir algo, se preocupan por demolerlo. Nunca consiguen dar el paso que los sitúa en el lugar bueno. Eso es muy español y muy argentino. Creo que en lugar de los respectivos escudos en sus banderas, deberían tener la piedra del mito de Sísifo. En cuanto a las elecciones, no hablo de política en estos tiempos de votación.

-¿Documentar sigue siendo una tarea más gozosa que la escritura?
-La escritura no me gusta. Yo detesto escribir porque me da una pereza tremenda. Me gusta imaginar, preparar, documentar e ir a los sitios. Me gusta el trabajo que exige hacer la novela, pero el acto de escribir me desagrada profundamente.

-Te disgusta hacerlo, pero sos bastante prolífico...
-Bueno, es mi trabajo. Cuando hay gente que compra mis libros, me están otorgando una gran libertad. No tengo que trabajar en un periódico ni en un ministerio para poder vivir. Mi única esclavitud es escribir porque vivo de esto.

-¿Extrañás algo de tu época de reportero de guerra? ¿O te parece un trabajo de otra vida?
-Extraño mi juventud. Caminar muchos kilómetros bajo el sol en África y no morir de calor. Estar en una cárcel de Sudán tres días -de hecho lo hice- y salir vivo de ahí. Ya no tengo edad para hacerlo. También extraño estar en un bar de Beirut y cagarme a botellazos con algún hijo de puta. Ahora no podría. O, si lo hago, el tipo probablemente me ganaría.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mié May 01, 2019 9:04 am

“Los tontos son más peligrosos que los malos”
Entrevista de Marcelo Longobardi - CNN - 29/04/2019

Arturo Pérez Reverte nació en Cartagena, España, hace sesenta y siete años. La mitad de su vida la dedicó a la corresponsalía de guerra para la prestigiosa señal Radiotelevisión Española (RTVE). Una conversación en Bangkok le planteó un interrogante, y decidió reconvertirse al mundo de la literatura. Sagas como 'Las Aventuras del capitán Alatriste' y la serie de 'Falcó' le valieron el reconocimiento internacional. El último domingo, tras su visita a la Feria del Libro de Buenos Aires, participó como invitado de 'En Diálogo con Longobardi', ciclo de entrevistas que Marcelo Longobardi conduce por la señal CNN.

Sobre su transformación de corresponsal de guerra a escritor, Pérez Reverte confesó que “siempre” ha sido lector pero que fue un hecho particular el que lo hizo refundar su oficio: “Una día, volviendo de una guerra −de las que volví como siempre un poco tocado−, me dijo el médico: "Quédate un par de meses tranquilo, sin viajar". Y para matar el tiempo escribí una novela. Y para mi sorpresa me sentí bien. Luego escribí otra, viajé y durante un tiempo, entre guerra y guerra, en casa escribía. Y de pronto me encontré en el año 90 con 'La tabla de Flandes', que fue un éxito internacional y eso me cambió la vida: me enseñó que había una manera de dejar de ser periodista, lo cual era muy importante”. “Yo había visto a muchos periodistas, siempre recuerdo a uno de ellos en un burdel de Bangkok, que no sabían volver, que no tenían a nadie, y pensé: yo no quiero terminar como este, no quiero terminar mi vida contándole mi vida a un joven reportero en un burdel de Bangkok”, recordó el español.

El actual integrante de la Real Academia Española analizó el rol del periodismo en épocas de redes sociales y fake news: “Al periodismo lo están matando. Pero es triste porque el periodismo hace falta. La información en crudo no vale, cualquiera del oficio sabe que el hecho contado y transmitido por Twitter al receptor no vale: necesita un intermediario que lo filtre, lo explique, lo presente, lo diseccione, lo edite. Esa es la palabra. La gente cree que acceder al vídeo del iraquí degollando al rehén es suficiente y no es así, hace falta alguien que edite, no políticamente, profesionalmente, que jerarquice las cosas y que dé credibilidad: la fuente es fiable o esta fuente no es fiable. Esa aceptación por parte del receptor de todo lo original como bueno y ese alejamiento, esa marginación del periodista como intermediario calificado y honorable de ese proceso, es muy peligrosa, se está produciendo”. En tal sentido, Pérez Reverte agregó: “El periodismo sigue siendo necesario, las redes sociales creen que no es necesario y ese es uno de los graves problemas que está teniendo en este momento la humanidad y tendrá consecuencias muy grandes de cara al futuro”.

“De la guerra se puede aprender muchísimo porque observas cosas que en la vida real no verías. Un año de guerra, un día de guerra, te explican sobre un ser humano más que muchos libros y mucha vida”, aseguró el autor, y confesó: “Comprendí el mundo, la vida, las relaciones, la gente, el mal, el bien, y aprendí también una cosa que para mí ha sido decisiva: que es que a veces del mal aprendes más que el bien, del aparente mal aprendes más que del aparente bien, y que los tontos son más peligrosos que los malos”.

Respecto a las enseñanzas que los conflictos bélicos dejaron en su vida, Pérez Reverte aseguró que “en la guerra ves al hombre como es porque no hay comida, no hay agua, hay que sobrevivir, estar sometido a un montón de pasiones y del grado más oscuro del ser humano”. “Una vez en Sarajevo le pagué a un francotirador serbio para que me dejara estar con él una hora mientras trabajaba: estuve con él tirado en la terraza y él me contaba por qué disparaba, cómo mataba a los niños, como una chica común era más difícil porque se movía mucho, como una chica a la que le iba a tirar no le disparó porque se acordó de su hija”, rememoró el autor de 'El francotirador paciente'.

Por último, Pérez-Reverte reveló su relación con sus “amigos torturadores” y las enseñanzas que esa amistad le dejó: “Cuando era un joven reportero viajé a la Antártida Argentina y conocí unos jóvenes oficiales de Marina, chicos encantadores. Nos hicimos amigos en el año 77 o 76, después cuando mantuve el contacto, de vez en cuando iban allí, me llamaban, una copa en Madrid, salimos de noche. Después llegó la guerra de las Malvinas y vine yo a cubrirla, estuve aquí seis meses en Buenos Aires y los llamé, eran militares entonces me daban información. Al cabo de un tiempo leo: Escuela Mecánica de la Armada. Eran ellos, las fotos de Ricardo Cavallo, Astiz: eran mis amigos de antes. Jamás hubo una sola mención en el tiempo, ninguna pista, y ellos no llevaban las de torturador puesta: aquí eran mis amigos, chicos jóvenes, simpáticos, encantadores, marinos, eran los de la ESMA”. Pérez-Reverte consideró que semejante sorpresa también le dio “una lección fascinante: “El mal no está ni siquiera en los ojos. Tengo buenos recuerdos todavía, lo pasé muy bien con ellos, me reía, contábamos chistes y después esa misma gente torturaba y mataba. Para mí fue una lección de humildad de vida espectacular. Esas cosas, cuando las acumulas en la vida, te das cuenta de que trazar líneas entre el bien y el mal, distinguir, es muy difícil receta”.

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"El malvado te acerca más a la realidad del mundo"
Entrevista de José del Río - lanacion.com.ar - 01/05/2019

El periodista y escritor español Arturo Pérez-Reverte estuvo en Mesa Chica , el programa de LN+ , y mostró su preocupación por el hecho de que "ahora hay una represión enorme de la libertad" y un deseo por callar a quienes piensan distinto: "Stalin, Hitler, Videla... primero lo escuchas porque es muy importante saber qué hay en la cabeza del monstruo, del tirano y del malvado. Yo he hablado con muchos malvados en mi vida y escuchando se comprende el mal".

Si bien sostuvo que la misma persona puede ser héroe o villano porque el bien y el mal son relativos, Pérez-Reverte dijo que, a lo largo de su vida, aprendió más de los malos que de los buenos porque "el malvado tiene más ángulos de sombra y oscuridades". "En el mundo hay más mal que bien", señaló, y en línea con esto opinó que "con el malvado te acercas más a la realidad del mundo". Así dijo que, entre los villanos que más lo cautivaron, están un francotirador que conoció en Sarajevo y un mercenario portugués que torturaba a un prisionero. El periodista les consultaba por qué lo hacían. "Acercarte al mecanismo del mal es muy educativo".

Este amante de la Argentina se lamentó al ver que "cada vez puede ser un poco peor". Para él, los argentinos están inmersos "en una especie de pesimismo fatal". Entonces, contó que tiene amigos que están enfrentados y que ya no se hablan y lanzó: "Hay una insolidaridad y una permanente guerra civil intelectual que me desagrada mucho. Lo peor que veo es cuando se quiere tapar la boca a otro".

Pérez-Reverte trabajó como corresponsal durante la Guerra de Malvinas . "Por primera vez en mi vida, no fui imparcial", reveló el periodista, quien se debatía en un duelo interno. Él pensaba que si la Argentina ganaba, la Junta Militar se iba a perpetuar en el poder de por vida, pero por otro lado, se inclinaba por la Argentina porque no quería que mataran a "sus paisanos". "Los chicos que se morían en Malvinas se llamaban Fernández o Sánchez, eran mis paisanos y primos", recordó.

El español confesó que el momento que más le dolió de la guerra fue cuando escuchó el grito de gol de las casas porteñas, en pleno mundial del '82. "Ahí dije: 'Van a perder, este país no puede ganar la guerra'. Para mí, oír ese gol fue el momento más doloroso de la Guerra", contó, y se hizo eco de quienes sostienen que ese Mundial fue "una maniobra de distracción". "Es evidente que fue una gran canallada, una gran jugada sucia de la Junta Militar, que utilizó eso para perpetuarse en el poder, pero le salió mal".

Tal como cuestionó, muchos jóvenes "pagaron eso con su vida", y agregó: "Me avergüenza como amante de la Argentina que se los haya olvidado y que no se los reconozca". Para el intelectual, incluso los ingleses "reconocieron el valor, la honradez, la decencia y el coraje" de esos soldados, pero en la Argentina "se procura olvidarlo y taparlo".

Vídeo:
https://www.lanacion.com.ar/politica/ar ... nid2243241

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Jue May 09, 2019 11:35 pm

"Escribí esta novela para vengarme de Hemingway"
Entrevista de Máximo Soto - ambito.com - 08/05/2019

Un elegante sicario, un crápula ganador, un mercenario tan violento como seductor, un falangista converso por puro proceder: eso es Lorenzo Falcó, personaje que le ha llevado a escribir un ciclo de novelas a Arturo Pérez-Reverte, que estuvo en la Feria del Libro para presentar 'Sabotaje' (Alfaguara), que iba a ser la tercera y última, pero que ahora tendrá alguna historia más, por lo pronto una donde se viene a vivir a Buenos Aires. Reportero de guerra durante veinte años, luego se pasó a la literatura. Ha publicado cerca de cincuenta libros, conquistando unos veinte millones de lectores. Varias de sus novelas han sido llevadas al cine, a la televisión y al cómic. En su breve visita dialogamos con él.

-¿Calculó que se leería su novela 'Sabotaje' para saber si se realizó o se intentó realizar un atentado al 'Guernica' de Picasso?
-Hay una parte de travesura en manipular la historia y jugar con ella. Es un excitante impulso creativo. En el caso de 'Sabotaje' lo divertido era que el lector creyera que eso de destruir el más famoso cuadro de Picasso por su poder simbólico, por cómo se lo podía utilizar ante el conflicto de España, ante la Guerra Civil, había ocurrido de verdad. De hecho, hay gente que lo piensa, y que quiere saber si se proyectó realmente destruir esa famosísima obra, y si se salvó, si es que se salvó.

-Hay algo de Ian Fleming, de James Bond en el personaje del espía Lorenzo Falcó.
-El envoltorio es evidentemente canónico, pero busqué otra complejidad.

-Falcó, sicario, mercenario del franquismo, tiene la orden de destruir en París al escritor Leo Bayard (que representa a André Malraux), que ayuda a los republicanos. Siendo su exacto opuesto, ¿Falcó parece respetar a Malraux?
-Falcó tiene que eliminarlo, quitarlo del medio. No es nada personal. Él es capaz de destruir a alguien que respeta sin ningún problema. Así es Falcó. A su vez, yo le dedico el libro a mi tío Lorenzo, que fue soldado de la República. La novela tiene un montón de niveles. Es de aventuras, de peripecias, de espías, de pasiones, pero tiene capas más complejas, con cosas de fondo y trasfondo. El aspecto ideológico, social, histórico, la Guerra Civil como telón de fondo. La elección del bando del mal. En aquel tiempo los comunistas eran los buenos, ahora sabemos que no lo eran. No es una simple novela policial, y por eso ofrece un montón de lecturas. Si bien hay respeto de Falcó por Malraux, no pasa lo mismo con Hemingway. Creo que escribí esta novela para pegarle una paliza a Hemingway. A mí como escritor me parece inmenso, pero como persona un hijo de puta, fanfarrón, machista, con ese torpe culto a la virilidad, a la caza, es ese agrandado que a Scott Fitzgerald trató muy mal acaso porque lo ayudó. Yo tenía cuentas pendientes con ese Hemingway. Yo he hecho guerras como él, y más que él. Yo entiendo lo que había en su cabeza. Y me molesta, y me hubiera gustado darle trompadas. Entonces, Falcó se las da por mí. Bueno, también recibe un beso de Marlene Dietrich que me hubiera gustado recibir.

-¿Falcó piensa que la culpa se olvida si sirve para conseguir un sobre gordo?
-A menudo. De las dos o tres cosas que aprendí en la vida está que no hay culpa que sobreviva al dinero o al tiempo. A los días de cometer una muerte accidental, tras unos vinos te montas una película mental para justificarte. Eso de que le quitan el sueño los remordimientos es mentira. La otra es la recompensa metálica que hace llevar al olvido, tanto a víctimas como a victimarios. Yo he pagado dinero, he sobornado gente, a policías, aduaneros, dueños de hoteles, a francotiradores para conocer sus historias, y no se resisten. Falcó nace de una vida, de libros leídos, de gente conocida, de Falcós que he conocido, de lugares de combate, sale de la realidad.

-Más que novelas de aventuras o thrillers, sus novelas son novelas de personajes.
-En una novela lo divertido es crear personajes. La acción está muy bien, pero si no hay un personaje que la sustente, no es lo mismo. Yo necesito contar con un personaje con quien llevarme bien, con quien compartir mi vida durante un año y medio de trabajo. Y hay que crearlo. Un tipo con quien te irías de copas, mujeres con las que te irías a la cama. Tener esa relación que es lo que hace que la novela merezca la pena y te ilusione. Una trama no es nada sin eso. Si al personaje lo profundizo es en mi propio beneficio, para poder creer en él.

-¿Como miembro de la Real Academia, qué piensa del llamado lenguaje “inclusivo”?
-Que más que inclusivo es excluyente. Eso de la igualdad está muy bien, pero en eso de lo inclusivo en el lenguaje hay un límite que es la estupidez. El lenguaje tiene que evolucionar, cómo no va a hacerlo, de otra manera hablaríamos en latín. Tiene que irse moviendo con los tiempos, tiene que ir evolucionando con las necesidades sociales, pero hay un límite que es no volver al lenguaje un disparate. El lenguaje es mi herramienta y yo no puedo dejar que me manipulen, me perturben, me estropeen, la herramienta que tiene que ser limpia y eficaz para mi trabajo, por eso mi oposición ante la imbecilidad y mi aceptación de lo que es razonable.

-¿Con 'Sabotaje' concluye la historia de Falcó?
-De momento, sí. Tengo más historias de Falcó en la cabeza, pero no sé si las escribiré. Pero no quiero abandonarlo todavía. Sé que termina su vida en Buenos Aires, que vende sus Picassos, que se compra como Horacio Ferrer un apartamento en el Hotel Alvear, que desayuna en La Biela y pasea por la Recoleta. No sé si habrá otras novelas, pero el relato de la vejez de Falcó lo haré.

-¿Y ahora qué escribe?
-Una novela a la que he dedicado mucho tiempo e ilusión porque es un modo distinto de contar un episodio de la historia de España. Y que contiene la épica del héroe enfrentado a su destino, como siempre.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Jue May 23, 2019 9:54 pm

https://www.kp.ru/daily/26980/4039553/

Артуро Перес-Реверте: На параде в Москве я увидел не военную, а человеческую Россию
Прославленный писатель в эксклюзивном интервью kp.ru о профессии военного журналиста, о том, почему писателю важно бывать на месте событий и о том, как видеть то, чего не видят другие
ЕВГЕНИЯ КОРОБКОВА

Легендарный Артуро Перес-Реверте не раз признавал: так, как любят его российские женщины - не любит больше никтоЛегендарный Артуро Перес-Реверте не раз признавал: так, как любят его российские женщины - не любит больше никто

Наверное, на месте обозревателя "КП" Евгении Коробковой мечтали очутиться многие россиянки. Легендарный Артуро Перес-Реверте (по его роману Полански снял свои "Девятые врата") не раз признавал: так, как любят его российские женщины - не любит больше никто. Поклонницы из нашей страны не первый год заваливают испанца письмами с признаниями в любви и приглашениями в Россию.

Прежде чем стать автором исторических романов, Реверте больше двадцати лет проработал военным журналистом. Исколесил полмира, повидал то, чего хватит не на одну жизнь, но в нашей стране оказался впервые.

Во время трансляции парада Победы 9 мая с Красной площади камера не раз вылавливала среди зрителей на трибунах красивое худощавое лицо Реверте. Он приехал к нам накануне нашего самого большого праздника с особой миссией. Подробнее о которой рассказал нашей газете.

"Нет ничего хуже, чем дуралей с телефоном, называющий себя журналистом"

- Артуро, это же ваш первый визит в Россию?

- Да, первый. Я всю жизнь хотел попасть сюда и, наконец, свершилось.

- Когда на экранах транслировали парад Победы, все, конечно, увидели и вас среди зрителей. Вы специально приехали на парад?

- Я приехал по делу, но подгадал приезд под 9 мая, чтобы хоть одним глазком увидеть, что же, что же такое этот легендарный парад на Красной площади. Дело в том, что у меня есть друг-художник Аугусто Феррер-Далмау, он почти как брат мне. Аугусто написал картину, как русские войска защищают гуманитарный конвой в Сирии и попросил, чтобы я сделал официальную презентацию этой картины в России. А уже с российской стороны, когда узнали, что я приезжаю - пригласили меня посмотреть на парад.

- Мы привыкли думать, что нашу миссию в Сирии у вас на Западе воспринимают иначе…

- Не везде. До сих пор есть адекватные люди, способные понять, где правда, а где наветы. Аугусто - независимый художник-баталист, он практически как репортер. Все, что пишет - видел своими глазами, и с русскими в Сирии был.

- Ага! Получается, что объективный взгляд все-таки существует? А раньше в своих колонках в испанских газетах вы часто писали, что разочаровались в журналистике.

-Раньше писал, а теперь передумал. Меня в последнее время страшно занимает одна проблема: из журналистики исчезает фигура журналиста как интерпретатора событий. Это плохо, потому что реальность должна быть передана читателю специально подготовленными людьми. Не гаджетами, не блогерами, не камерами слежения, а специально подготовленными людьми. Но сейчас, благодаря соцсетям, это передающее звено перестало иметь значение. Любой дуралей с телефоном называет себя журналистом.

- Почему вы думаете, что это плохо?

- Потому что людям нельзя давать сырой контент. Потому что без предающего звена теряется вера в происходящее. Раньше эту веру нес человек-посредник, а сейчас никто.

- Вы не заблуждаетесь? В советское время ходил анекдот про «Правду», в которой нет правды.

- Поверьте, я 21 год отработал военным журналистом, поэтому знаю, о чем говорю. Допустим, в советские годы, если я читал «Правду" или агенство Тасс, я понимал, что это официальная позиция России. И зная это, мог анализировать то, что скрыто и то, что на поверхности. Это как в вашем фильме, помните: «ага, раз некрасивая женщина поругала эту обувь, значит, это модная обувь и ее было бы неплохо приобрести». Считайте меня странным, но мне даже манипулятивная журналистика милее, чем то, что творится сейчас, когда информация просачивается свободно и бессмысленно

- Кстати, по поводу прекрасных соцсетей. Там накануне 9 мая разразился, как у нас говорят, срач по поводу фотографий детей в военной форме. Вы как военный журналист что об этом думаете?

- Ну я же не могу критиковать страну, в которую приехал. Везде, не только у вас, детей фотографируют в военной форме. Это мода такая. Мне она категорически не нравится, я бы свою дочь не стал обряжать в это и, собственно, никогда и не делал этого.

Поклонницы из нашей страны не первый год заваливают испанца письмами с признаниями в любви и приглашениями в Россию Фото: EAST NEWS
Поклонницы из нашей страны не первый год заваливают испанца письмами с признаниями в любви и приглашениями в Россию
Фото: EAST NEWS

"Через 50 лет литература исчезнет как жанр"

- Вы только что говорили о том, что ждет журналистику, а какие прогнозы по поводу литературы?

- Все просто, Я уверен, что через пятьдесят лет литература вообще закончится. Когда со мной общаются молодые люди, начинающие писатели, и просят совет, что делать, чтобы раскрутиться, я им отвечаю: «бросайте это дело». Если бы мне было двадцать лет, я бы создавал сериалы или видеоигры. В будущем, они заменят роман. Я прекрасно понимаю, что мне очень повезло. В девяностые годы мои романы продавались в Испании тиражом миллион экземпляров. Можете себе представить? Сейчас тираж тоже очень хорош, но он упал втрое! Падение тиражей происходит у всех, это не частный случай, а реальность.

Я не говорю, что в будущем не нужны будут рассказчики историй. Просто, носителем этих историй для широкой аудитории будет уже не бумага. Истории будут поставляться нам как сериалы или игры.

- Кстати, вы смотрите «Игры престолов»?

- Моя дочь - да, она суперфанатка. А я предпочитаю другие сериалы. Отличный немецкий сериал «Вавилон-Берлин»; "Макмафия", "Карточный домик", "Американцы", "Чрезвычайно английский скандал", "Правосудие"... я могу продолжать до бесконечности.

- А вам нравятся фильмы и сериалы по вашим произведениям?

- Видите ли, какое дело... я знаю около 13 фильмов по своим книгам, но я эти фильмы не соотношу с собой. Каждый читатель адаптирует прочитанное по-своему. Ваш, например, «Дон Кихот» совсем не такой, как мой. То же касается и видения режиссера. Когда Роман Полански снимал свои «Девятые врата», он предлагал работать вместе, но я отказался. Сказал: это твой фильм, это твое видение. Я не несу ответственность за фильмы, снятые по моим книгам.

"Я слишком долго жил, чтобы выбрать безоговорочно одну сторону на войне"

- О ваших любимых сериалах мы узнали, а что скажете о ваших литературных предпочтениях?

- С этим сложнее, потому что я книжный человек. Я начал читать в восемь лет, потому что вырос в доме с огромной библиотекой. В моей личной библиотеке сейчас около 30 тысяч книг. Когда мне было 17 лет, я запоем читал Толстого и Достоевского. «Войну и мир" четыре раза, наверное, перечитал. Но сейчас назвать какие-то произведения сложно. Когда долго живешь - пейзаж меняется, так и книги, которые ты любил и читал - тоже меняются. Сейчас я люблю уже не те книги, которые любил в 17 лет. Ну, конечно, Томас Манн, конечно, Стендаль, конечно, великая греческая литература...

- Но каждый писатель ведет диалог с другим, умершим писателем. С кем вы беседуете?

- Если вопрос ставить таким образом... То с Сервантесом. Всю жизнь я перечитываю "Дон Кихота" и всякий раз открываю его как новое произведение.

Мне кажется, уметь возвращаться к прочитанному - очень важно. Когда читатель не открывает старые книги как новые - это значит, что он мертв как читатель.

- У нас на Красной площади грядет книжная ярмарка и практически каждый год писатели, выступающие перед читателями, поднимают один и тот же вопрос: Чему учит литература.

- Не закрывать глаза. Как вы знаете - я треть жизни был военным журналистом - я видел разные ужасы. В Анголе я видел человеческую мясорубку. В Бейруте на моих глазах расстреливали людей, в Мозамбике - пытали, а в Боснии насиловали женщин... И каждый раз после увиденного я прятался и брал в руки книги. Только книги позволили не сойти с ума, только книги сохранили во мне веру в человека. Моя библиотека, которая теперь у меня в голове, - она работает для меня как фильтр перед моими глазами.

- Будучи журналистом, вы занимались написанием текстов в жанре нонфикшн, но, став писателем, ушли в фикшн. Почему? Ведь нонфикшн сегодня популярнее и востребованнее.

- Моя жизнь была очень насыщенной: я ушел из дома молодым, работал на нефтяных кораблях, 21 год прожил на войнах, со мной куча всего произошло. Поскольку я жил очень интенсивно, то для меня было бы потерей времени писать то, что я уже прожил. Потому я решил умножать свою жизнь на тысячу жизней и описывать то, что я еще не прожил, поэтому, как бы это старомодно ни звучало, я выбрал фикшн.

- У многих россиян родственники воевали на фронтах Испании. Нет ли у вас идеи написать об Испанской войне?

- Ну, я часто пишу в газету о русских пилотах Испанской войны. Например, в Испании есть деревня, где разбился русский летчик. Однажды поехали в эту деревню, чтобы найти, где он похоронен, и, к удивлению, искать вообще не пришлось. На поле, где лежал летчик, со времен войны пахали тракторы и вокруг могилы оставляли нераспаханный кусочек… Это было очень трогательно. Кроме того, я ведь уже затронул тему испанской войны в своих трех последних романах про агента Фалько. Там есть русские герои, мужчина и женщина, которые воюют в Испании. Вторая книга из цикла вышла в России в ноябре прошлого года, она называется «Ева», а третья у вас выйдет осенью, называться будет «Саботаж».

- А была ли в вашей жизни, настоящей или выдуманной, война, на которой вы бы безоговорочно приняли участие на какой-либо стороне?

- Я слишком долго прожил и слишком много прочитал, чтобы выбрать группировку. Конечно, случись война, я бы дрался. Но я считаю, что неправильно умирать за Испанию, за Россию, за любую страну. Правильно - за людей, за любовь, за семью, за дружбу, за достоинство.

"Пока мы с вами говорим, за вашей спиной раза три уже прошел Троцкий"

- Даже ваши недоброжелатели не могут не признать, что ваши книги отличает большая достоверность, внимание к деталям, точность. Что самое важное при работе над исторической книгой?

- Для меня очень важно присутствие на месте. Без личного присутствие ничего не сложится.

- А что дает это присутствие, если события произошли триста лет назад и следов не осталось?

- Следы всегда остаются. Я для себя понял следующее, что я - как человек - состою из дикого количество книг, которые я прочел, перемешанных с жизненным опытом. И эта адская смесь со временем приобрела способность трансформировать реальность. Вот мы сейчас с вами сидим в «Метрополе», говорим уже почти час, а я вижу, как у вас за спиной ходит Троцкий. Он уже раза три вышел и зашел, пока мы говорили.

- Зачем вы приехали на парад? Что вы рассчитывали увидеть в трансформированной реальности?

- Имеете в виду, видел ли я Сталина на трибуне?

- Ну например.

- Не вглядывался. Мне было интересно совсем другое. Многие зарубежные журналисты, глядя на военный парад в России, потом говорят, что это бравада перед Западом, что это какой-то патриотический, в плохом смысле, акт; что это все рассчитано на устрашение Запада и много чего еще. Так вот, я этого не видел. Для меня парад показал не военную, а человеческую Россию. И было в нем безграничное море почтения к тем русским, которые страдали, сражались и умирали и ничего не получили для себя. Я сидел на трибуне, а сам думал о фильме Тарковского «Иваново детство» и плакал. Передо мной стоял Иван, который в грязи, в поту и в трудах прожил свою трудную жизнь. Передо мной стоял Иван, который страдал, и верил, и умирал. Передо мной стоял Иван, который ставил знамя на рейхстаг и в итоге ничего не получил для себя. Этого Ивана я видел. Этого Ивана я буду помнить всю свою жизнь. Этому Ивану я кланяюсь.

Мир состоит из сукиных сынов. Но когда я смотрел на этих людей, которые жили как жили сто лет и по своей вере, по своему желанию, а не по принуждению - как один встали и ушли защищать то, что не потрогать руками, то, что многим непонятно вообще - в этот момент просыпается вера в людей, и любовь к людям, и сострадание к ним.

КСТАТИ

6 мая Артуро Перес-Реверте принял участие в "Литмосте", отвечая в прямом эфире на вопросы читателей со всей России. Аналогичные литмосты, соединяющие читателей и писателей пройдут во время книжной ярмарки на Красной площади. Следите за расписанием!

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Mar Sep 17, 2019 11:01 am

«Nunca hemos sido menos libres que ahora»
Entrevista de Salvador Sostres - abc.es - 09/08/2019

-No me creo que le guste la vacación.
-Nunca me ha gustado. En lo que la gente llama vacación yo paso el tiempo trabajando. Y cuando navego tampoco es vacación. El ocio es muy aburrido.

-No puede dejar de escribir.
-Lo que no puedo es dejar de leer ni de imaginar. Escribir me parece la parte más vulgar del proceso, pero no me puedo pasar dos años leyendo e imaginando, porque de algo tengo que vivir.

-Y ahora con la tecnología puede hacerlo en cualquier parte.
-Tengo un Nokia y antiguo. Leo siempre en papel. Escribo en ordenador, pero lo imprimo, lo corrijo en el papel, y luego meto los cambios en la máquina. Soy un lector adiestrado en el hábito, en la costumbre. A fin de cuentas son las maneras las que nos definen.

-Su mejor edad, su mejor talento.
-Si por edad entiendes la experiencia y por talento te refieres a aprovechar mejor mis recursos y los de mi alrededor, puede que sea un buen momento.

-También me refiero al hombre vital y seductor.
-No siempre la edad mejora al hombre. He visto a jóvenes brillantes convertidos con el tiempo en payasos de sí mismos. Yo preferiría tener 30 años y que me bastara una mochila para ir por el mundo.

-No se puede quejar.
-No me quejo, y es cierto que el futuro ya no me preocupa, sobre todo porque el mío es ya sólo a medio plazo. Pero añoro al chico sin ataduras ni responsabilidades que hacía de reportero en un mundo en llamas. He ganado tranquilidad pero he perdido adrenalina y libertad.

-Todos hemos perdido libertad. Federico lo decía ayer.
-Nunca hemos sido menos libres. Yo viví los 70, aún bajo el franquismo, y fuera de la política, la libertad era absoluta. Ahora vivimos entre montones de inquisiciones. Y este puritanismo espantoso. Nunca he sentido mi libertad personal tan amenazada como en los últimos 10 años. La estupidez es una mala compañera de viaje de la libertad.

-La estupidez.
-El malo es suficientemente inteligente para darte la libertad que sabe que necesitas. El estúpido te las niega todas. Primero nos mandaron los ricos, luego los resentidos y ahora los estúpidos.

-¡Los rencorosos!
-Hablo del ajuste de cuentas de finales del siglo XX. Al menos los resentidos tenían lecturas, agallas, inteligencia, desesperación, ganas de pelear. Los estúpidos no son nada pero son muchos. Las redes sociales son un buen escaparate de esta estupidez.

-Pero.
-Pero no es su culpa. Los hombres siempre buscamos culpables ajenos de los propios errores, olvidando que todo esto –y también los políticos– lo hemos fabricado nosotros. Torra, Sánchez o Rufián no tienen realmente la culpa. Nosotros somos los culpables de que estén ahí.

-¿Le importa?
-Es morbosamente divertido comprobar cómo se cumplen algunos de mis pronósticos escritos en artículos de hace 20 años. Los que entonces me llamaban pesimista hoy me dan la razón.

-Ignacio Camacho.
-Es el columnista más fino y sensato. Hace años me llamaba pesimista y ahora reconoce que más bien soy realista.

-La ficción.
-Con mis novelas no pretendo mejorar el mundo ni hacer ningún bien. No tengo objetivo moral, social o intelectual. Me gusta contar historias, imaginarlas. Disfruto sobre todo imaginándolas, pero tengo que escribirlas para financiarme.

-Su vida, su literatura.
-Con la mirada que mi vida me dejó escribo hoy mis novelas.

-El mundo.
-El mundo tal como lo conocí está en demolición. El mundo presente no me interesa demasiado como novelista.

-La demolición.
-Yo vengo de un mundo en que Homero, Platón, Aristóteles, Shakesperare, Cervantes, Montaigne o Velázquez tenían un sentido y formaban un sustrato sobre el que fui educado. Ellos son mi interés y están en demolición. Ese Occidente, luz del mundo, está desapareciendo. Todas mis novelas están relacionadas con la certeza de este mundo y me incita que así sea.

-Todos los genios creen que su mundo se apaga y al final perdura.
-Homero desaparece. Pregunta por la calle quién es Homero, o Montaigne. Nos ha tocado el final de un ciclo. No me siento desgraciado. Es una hermosa nostalgia de fin de fiesta. Me siento Fabrizio Salina paseando por Palermo con esa música que resume todas las cosas hermosas. Claro que para entenderlo hay que haber leído 'El Gatopardo'.

-Una sopa fría.
-El salmorejo.

-Una textura.
-La piel bronceada -de una mujer, naturalmente-.

-Una canción.
-Más bien una melodía: 'Europa', de Santana.

-Bueno, y una canción.
-'Sapore di sale'.

-Un amor.
-Con 15 años cualquier amor es adecuado.

-Un olor.
-Tomillo mezclado con salitre, junto al mar.

-Resucite a uno que no conoció.
-Me gustaría tomarme unas copas con Joseph Conrad, despacio, mientras anochece, hasta que ya sólo fuéramos dos voces en la oscuridad.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Vie Nov 08, 2019 5:55 pm

“Nuestra historia es una atávica y perenne guerra civil”
Entrevista de Víctor Manuel Amela - lavanguardia.com - 08/11/2019

Pérez-Reverte describe al Cid a su buen amigo Augusto Ferrer-Dalmau, el mejor pintor de batallas de mundo, que lo pinta en la cubierta del libro: a caballo, escudo en la espalda, loriga, casco y espada, se despide de Jimena, su esposa, antes del destierro. El libro es 'Sidi' (Alfaguara), novelón de los de toda la vida: acción y aventura, reyes falibles y soldados valientes, lealtades y supervivencia en guerras de frontera. Mimbres con los que trabaja muy bien Arturo Pérez-Reverte, que nos transporta con pasión a las Españas del ­siglo XI. Ahora navega en su velero y ha hecho escala en Barcelona para esta entrevista y para departir con el historiador José Enrique Ruiz-Domènec en el Cercle del Liceu.

-¿Cuál es su bien más preciado?
-¡La colección de álbumes de Tintín con lomo de tela!

-¡Ay! Los míos... ardieron en un incendio.
-¡Trágica pérdida!

-Hemos soñado con emular a Tintín...
-Vengo de Tintín, del Jabato, del Capitán Trueno, de los tebeos... y de una biblioteca.

-¿Qué biblioteca?
-La que había en casa, herencia de un abuelo, con todos los clásicos (de Cervantes a Galdós), y de una abuela, con novelas modernas (de Agatha Christie a Dashiell Hammett).

-¿Qué novelas prefería?
-No distinguía. La literatura es placer. Aspiro a contar historias, nunca a sermonear.

-¿Es la del Cid una buena historia?
-Mi dulce abuelita de chocolate con pastas recitaba de memoria 'La leyenda del Cid' de Zorrilla con efusión de sangre, degollinas, manos cortadas... ¡Eso me cautivó de niño!

-¿Y por qué reescribirla ahora?
-He sentido que puedo relatar esa historia a lo John Ford –¡es Dios para mí!–, como un fabuloso western ibérico del siglo XI, brega de frontera en la que un hombre sobresale...

-¡Sidi!
-Significa señor: así llamaron los moros al guerrero Rodrigo Díaz de Vivar. Sidi: el Cid.

-¿Trabajaba el Cid para los moros?
-Desterrado de Castilla por el rey, partió con una mesnada de cuarenta leales. La hizo crecer hasta ser doscientos: ¡era un líder!

-Pinte a su Cid en cuatro adjetivos.
-Duro. Astuto. Cruel. Leal. Observo su conducta y... es un compendio de liderazgo.

-¿Qué virtudes adornan al líder?
-Menciona por su nombre a cada soldado, a cada uno mira a los ojos mientras arenga...

-Les hace sentir importantes, claro.
-Y él se pone al frente en batalla. Nada ordena a sus hombres que él no haga también. Si hay éxitos, nunca se olvida de elogiarlos.

-¿Y si hay fracasos?
-Carga él con toda la responsabilidad.

-Qué infrecuente, esto...
-¡Así la lealtad y disciplina son plenas! Hasta el extremo de sacrificar sus vidas.

-¿Y así era?
-Sólo así se llega a ser leyenda: hasta los moros le mencionan en sus crónicas. Y acabará casando a su hija María con el conde de Barcelona Ramon Berenger III.

-¿Tuvo el Cid tratos en Catalunya, pues?
-Francos, se les llamaba. El Cid se ofreció al conde Berenguer Ramon II, que le rechazó y tildó de “malcalçats” a sus hombres.

-“Malcalzados”, un pelín faltón...
-El Cid luego le derrotará y le hará prisionero. Y se quedó con su espada, la Tizona.

-¡Vamos de guerra en guerra, ay!
-Sí, nuestra historia es una perenne guerra civil: mi vecino es mi enemigo. Pulsión atávica que yo atribuyo al aislamiento que nos impuso la fragmentada orografía peninsular...

-Buena hipótesis... Hasta que nos unimos todos contra el invasor francés.
-¡Ja! Lo parece, pues mientras ya estábamos dividiéndonos en facciones enfrentadas.

-La historia de España le apasiona, veo.
-De los 32.000 volúmenes de mi biblioteca, 9.000 son de historia: también he escrito, por eso, 'Una historia de España'.

-Leer esa obra ha inspirado su última película a Amenábar, ha declarado el.
-Y a mí me inspira el periodista Manuel Chaves Nogales, que a fines de 1936 escribe: “Había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros”.

-¡Es el impresionante prólogo del libro de Chaves Nogales a 'A sangre y fuego'!
-Propongo que en todas las escuelas de España se lea ese texto y se analice línea por linea durante un mes entero, ¡qué gran lección!

-Voto a favor.
-Y también, ¡qué tragedia haber orillado latín y griego! Estructuran la mente para pensar bien. Sin humanidades, te aborregas: serás rehén del primer demagogo que pase.

-¿La historia es maestra del presente?
-Necesitamos épica común: Franco manipuló la figura del Cid, y la democracia debiera haberla limpiado... pero la ha ignorado.

-¿Qué escena de 'Sidi' le ha complacido más escribir?
-Unos guerreros morabitos, prisioneros del Cid, son degollados según estaba convenido en la guerra... y les vemos morir con decoro.

-¿Qué es morir con decoro?
-Asumir la regla del juego, no revolverte histéricamente contra tu inapelable destino. Nuestros abuelos conservaban ese decoro, esa entereza que nosotros hemos olvidado.

-Entraban en batalla, cuenta usted, en ayunas y habiendo vaciado el vientre...
-Si te herían en la tripa, con comida o heces dentro... ¡infección! Lo he visto en las guerras del Polisario, de Croacia, en tantas... En 'Sidi' traspongo escenas y emociones que yo mismo he conocido en campos de batalla.

-¿Y que reflexión le suscita en este momento el conflicto catalán?
-España es un lugar en el que hemos vivido juntos. Una historia común que me inspira camaradería. Pero yo no soy analista político: sólo soy un tipo que cuenta historias.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Jue Nov 14, 2019 9:54 pm

“El acto técnico de escribir me molesta mucho, pero me gusta imaginar y leer”
Abel Peña - elidealgallego.com - 13/11/2019

Arenas abría una nueva librería, en el número ocho de la avenida de Oza, y lo hizo por todo lo alto, con dos invitados de excepción: el exalcalde Francisco Vázquez y el escritor y académico Arturo Pérez-Reverte, que fue el encargado de descubrir una placa en la que se conmemoraba el acontecimiento. El escritor acudió a la ocasión enfundado en una gabardina y un sombrero, pronunció un discurso tan lacónico como él mismo en el que pronosticó que un día, lugares como este serían el refugio de unos cuantos frikis amantes de libros (“en 25 años”). Firmó unos cuantos libros y se fotografió con los admiradores que llenaban el local de dos pisos. Muchos de los ejemplares eran de 'Sidi', su novela sobre la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador.

-Usted nunca había llegado tan atrás en la historia. Escribió sobre el Dos de Mayo, sobre Trafalgar, sobre el Siglo de Oro... Pero nunca alto tan remoto.
-Escribiendo no, pero en mi biblioteca y en mi vida como lector la figura del Cid estaba muy presente desde niño. En casa de mis abuelos, la biblioteca paterna había libros sobre el Cid que yo leí de niño y estaba en mi imaginario. Entonces, bueno, las historias van saliendo, y un día se me ocurrió.

-De todas estas, o cualquier otra ¿cuál es su época preferida de la historia?
-No tengo una época preferida. Ahora, en mi biblioteca, tengo unos 30.000 libros de los que 8.000 y 9.000 serán libros de historia. Así que toda: desde la historia clásica a la contemporánea me interesa. Me interesa lo que ocurre cuando los seres humanos son llevados al extremo en situaciones personales donde no hay gran esperanza

-¿Cómo cree que se aproxima la gente a la historia? ¿De una forma crítica? ¿Instrumentalista?
-No lo sé. Yo solo soy un novelista. Lo que sí puedo decir es que, como la historia ha desaparecido de los planes escolares, ya no se enseña en los colegios, imagino que la gente quiere lo que le niegan ¿Y dónde lo encuentran? En las librerías. Nunca ha habido tanto bum de literatura histórica ni de novelas como en los últimos tiempos. Probablemente, para compensar la ausencia de la historia en al educación de la gente.

-En otra ocasión había dicho que el Cid es leyenda en un 70%.
-Más. Quizá en un 80%.

-Bien, pongamos un 80%. ¿Qué ha significado para usted esa falta de datos reales a la hora de escribir?
-Eso ha sido una ventaja, porque yo lo que he hecho ha sido, primero: he leído todo cuanto se puede leer sobre el Cid. Lo que no he comprado, lo he buscado y lo he consultado. Entonces, la parte rigurosamente histórica la he respetado.

-¿Y la parte de leyenda?
-La parte de leyenda, por supuesto, la he manipulado como novelista que soy. Al fin y al cabo, es una novela, no un libro de historia. Un novelista no tiene obligación de respetar la historia más que para, digamos, no cometer aberraciones históricas pero por lo demás, eres libre. Por eso soy novelista y no soy historiador.

-Escritor, en todo caso. Los dos pertenecen a la misma disciplina.
-A mí escribir no me gusta, el acto técnico de escribir me molesta mucho, pero me gusta imaginar, y leer. La fase de documentarme, de leer, de hacerme especialista en el Cid durante un año, sí que me gusta.

-El Campeador se movía, como usted (cuando era corresponsal de guerra), por la frontera. A salto de mata, de un lado a otro. Eso también le habrá gustado contarlo.
-A mí las fronteras me gustan mucho. Yo he vivido en ellas mucho tiempo, sé como se comporta la gente en ellas, cómo son. Yo mismo he sido personaje de frontera. Es un mundo que me resulta muy familiar y me apetecía llevarlo a la literatura en el siglo XI.

-El Cid que ha escrito ¿diría que es como muchos de sus anteriores personajes? Todos parecen tener en común que continúan con sus vidas por inercia, incluso cuando ya no creen en nada y no conservan ninguna ilusión.
-Cada novelista lleva en su novela su mirada sobre el mundo. A mí me interesa esa parte del mundo. A otros les interesan otras: el amor, otros sentimientos... A mí me interesa lo que ocurre cuando los seres humanos son llevados al extremo en situaciones personales, o físicas, donde no hay gran esperanza, cómo hacen para sobrevivir. Si me apuras es un más bien una historia de supervivencia, en vez de una historia, digamos, clásica.

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Re: Entrevistas con Arturo

Mensaje por Rogorn » Jue Nov 14, 2019 11:45 pm

«Vivimos ajenos a la realidad, en una especie de trinchera de algodón»
lavozdegalicia.es - 14/11/2019

Bajo una cortina de lluvia, también de seguidores apiñados ante el estreno de una librería, A Coruña ha recibido Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951), el novelista. Ha venido a lo Lorenzo Falcó en el aspecto, con sombrero y gabardina, para inaugurar en A Coruña, el martes más literario del otoño, la nueva Arenas, una acogedora casa para los libros en la avenida de Oza, que les recibe con malla y yelmo, aguerrida en el escaparate y en la defensa de su papel. «Abrir una librería es un acto de valor. Una librería es una trinchera, para afrontar lo oscuro de estos tiempos», aseguró en el acto de inauguración el autor de Sidi, un relato de frontera, que acerca al lector a un Cid particular, épico pero humano, a la fuerza de la intuición y el instinto, a la crudeza de la guerra. El Cid Campeador no fue el primer flechazo literario para el escritor, que descubrió de pequeño La leyenda del Cid, de Zorrilla, en la biblioteca de su bisabuela. ¿Cómo fue cambiando su visión del mito a lo largo de los años? «Cambió rápidamente. En el colegio, a los 9 años, en historia de España se hablaba del Cid, y era un Cid absolutamente franquistizado, muy politizado. El paladín de la cruzada», recuerda el académico. «Tuve muchos Cids en mi vida -continúa-. Manejé varias versiones diferentes, pero había leído, tenía una familia con biblioteca. Y una biblioteca es un antídoto contra todo. La biblioteca me daba la vacuna para no dejarme influir por los Cids exteriores. Me hice una idea bastante plural, de un Cid mercenario, hombre de frontera, con talento, con inteligencia. Esa idea del Cid de espada de herejes yo no la tuve en ningún momento».

-¿Su voz y su temperamento están en este Ruy Díaz? ¿Es parecido a usted?
-No lo es. Lo que pasa es que yo he vivido en frontera. La vida del escritor es la mirada que tiene. Mi mirada está condicionada por la vida que pasé. Esos 21 años que pasé en frontera me dejaron una forma de mirar el mundo. Esa experiencia, esa conformación de la mirada que me dejó la vida, la pongo en novela. El Cid no soy yo, pero lo vemos con mis ojos.

-Ha manifestado su voluntad de limpiar la visión antigua y más rancia del Cid, para darle aires de wéstern.
-Le he querido quitar al Cid la camisa azul.

-Se agradece...
-Bueno, pero no lo hice para que me lo agradecierais. Yo no tengo ninguna misión. En contra de lo que dicen algunos, creo que el novelista no tiene ninguna misión. Su única misión es ser eficaz, que la historia esté bien, que los lectores la vivan. Si además quiere cambiar el mundo, es cosa de él. Pero no tiene obligación, es un acto voluntario. En este caso, yo no quería limpiar al Cid, sino contar mi Cid. Y lo conté.

-¿Fue el de Vivar su primer flechazo literario?
-Tengo 68 años, y he tenido muchos flechazos literarios.

-¿No recuerda el primero?
-'Los tres mosqueteros'. Fue muy potente. El Cid fue de los primeros, pero fue madurando después, el concepto España se ha ido conformando. Pero el libro, la literatura pura, fueron al principio 'Los tres mosqueteros'.

-«Lo peor no era el combate, sino la espera», escribe. ¿Ve la guerra como la describe en 'Sidi'?
-Es como la describo. La guerra es así.

-¿«Nueve partes de paciencia y una de coraje»?
-Sí. Hay cosas que no conozco, o que ignoro, o que entiendo mal, pero hay un par de ellas que conozco bien. La guerra de 'Sidi' es la guerra de verdad, la guerra medieval, obviamente. La guerra de verdad, esa no me la han contado.

-¿Tiene la impresión de que esta sociedad está, como entonces, atrapada entre dos mundos?
-Tengo la sensación de que la sociedad de hoy vive ajena a la realidad. La sociedad occidental, quiero decir; porque hay sociedades que viven la realidad todos los días. Vivimos ajenos a la realidad; vivimos en una especie de trinchera de algodón que parece que nos protege de todo, hasta que llegan el terrorista, el tsunami, el corte eléctrico... y se va todo el carajo. Creo que la sociedad actual vive de espaldas a la realidad y eso la hace más vulnerable todavía.

-Quizá no escribe para cambiar el mundo, pero el poder de la literatura, de la palabra, es brutal.
-Sí, pero eso no es asunto mío... Ni siquiera cuando tuiteo lo hago para mejorar nada. Lo hago porque es mi desahogo, me expreso, ajusto cuentas, pero no lo hago para cambiar nada.

-Pero tiene un poder.
-Si yo pensara en el poder que tengo, no lo utilizaría. Al escribir no estoy pensando en el receptor. No hay un modelo concreto, como de libros. Me leen igual en China que en Rusia que en Bolivia que en Islandia... Yo cuento lo que hay, y el que quiere entrar, estupendo.

-¿Cree que 'Sidi' es su mejor novela, como dicen?
-No.

-¿Cuál diría que es su mejor libro?
-No lo sé. Eso no me lo planteo. Este es mi último libro. Pero uno va a un libro con lo que trae de los anteriores. Aprende el oficio, los trucos nobles del oficio y pone lo mejor que tiene. Supongo que ahora soy mejor novelista que hace 20 años...

-Hace más de veinte escribió ya 'Territorio comanche'. Fue muy celebrado.
-Pero he aprendido cosas que antes no sabía. Miro el mundo de otra manera. No sé. 'Sidi' es mi último libro.

-¿Cómo ve la literatura, como un campo de batalla o un navegar turbulento?
-Veo la literatura como un consuelo, como un analgésico, como una compañía, como una solución para muchas cosas, ¿no? Cuando estaba en Sarajevo, esos días duros que llegabas al hotel y dejabas huellas de sangre, y veías la suela de caucho en el suelo de haber pisado lo que no debías pisar... Me sentaba, abría la 'Ilíada', o abría la 'Eneida', o abría 'La cartuja de Parma' o 'Crimen y castigo', encendía la linterna, porque no había luz, y durante esa hora que estaba leyendo, el mundo volvía otra vez a retomar su lugar. Hay una escena en 'Alatriste', en la novela 'Corsarios de Levante', de una batalla naval, desastrosa... Alatriste lleva en el bolsillo un libro de sonetos. Y le pregunta uno: «¿Para qué lleva un libro aquí?». «Para soportar días como este». Pues esa es la cuestión; la literatura me ayuda a soportar días, años y mundos como este.

-Recuerdo su cuento de Navidad, el que reinventaba la fábula de la cigarra y la hormiga. Cómo la hormiga, viendo que la jeta conseguía más fruto que el trabajo, acababa por mandarle recuerdos a Esopo «y a la madre que lo parió».
-Fue de los primeros.

-¿Echa de menos esos primeros momentos?
-No, echo de menos mi inocencia. Entonces, creía que había muchas cosas que tenían solución, que el mundo era mejorable, que el ser humano era bueno y que la sociedad lo hacía malo.

-¿Y no es así?
-Es al revés. El ser humano es un animal que sobrevive, que caza, y las reglas sociales son las que lo hacen soportable.

-Siempre viaja en buena compañía. ¿Qué libros le han acompañado en este viaje a Galicia?
-Estoy releyendo 'La forja de un rebelde', de Arturo Barea; en este viaje me acompaña el cuarto volumen de la serie.

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