Material publicado sobre 'Corsarios de Levante'

Comentarios y noticias sobre la saga de novelas ‘Las aventuras del capitán Alatriste’

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Rogorn
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Material publicado sobre 'Corsarios de Levante'

Mensaje por Rogorn » Sab Dic 02, 2006 2:21 pm

Querría tener recopiladas en un solo hilo las críticas publicadas sobre el nuevo libro de Alatriste. La verdad es que a mí me interesan más las de medios propiamente dichos que las del tipo BlogDeMiOmbligo.Com, pero mientras estén bien escritas deberían ser bienvenidas.

La primera, de Jacinto Antón para El País
encontrada por Jubonamarillo

(Ojo spoilers)

Pardiez que hay coraje en 'Corsarios de Levante', el primer Alatriste poscinematográfico. Y emoción. Y aventura. Y amistad. Arturo Pérez-Reverte nos lanza una novela que es como una buena estocada: rápida, directa y efectiva, con la engañosa sencillez de la esgrima del maestro. Nos encontramos en el inicio del relato -un mediodía de mayo de 1627- con el Capitán Alatriste e Íñigo de Balboa (17 años recién cumplidos) navegando ya a toda castaña en una galera española a la caza de una galeota berberisca. "¡Aferra las dos! ¡Ropa fuera! ¡Pasaboga!". El cómitre con su látigo tejiendo en las espaldas de los galeotes "un jubón de amapolas". Tensión, besos a los escapularios, las mechas de los arcabuces a punto, hambre de botín. Acaso miedo ("miente quien diga que nunca conoció el miedo, pues no hay cosa que no tenga su día"). Seguirá el pandemónium de un abordaje sangriento en el que Pérez-Reverte trazará el ancho escenario histórico en que nos vamos a mover: la peligrosa "turbulenta frontera mediterránea, encrucijada de razas, lenguas y viejos odios".

La novela no dejará de ir subiendo en intensidad hasta un final absolutamente espectacular, con cinco galeras turcas mortalmente enfrentadas a la nuestra en las costas de Anatolia, un pequeño Lepanto con hechuras de Trafalgar. Un trance malo, sin duda: "No hay otra, esta noche cenamos con Cristo o en Constantinopla". Ahí llega Uluch Cimarra, jenízaro grande pegando mandobles feroces y gritando "¡bir mum!" ("hijos de la gran puta", con perdón, en turco).

Persecuciones y batallas navales por todos los rincones del Mediterráneo, el ataque a un campamento moro en un uadi cerca de Orán (ecos de Beau Geste -"ah, pero es que eso era nuestro Beau Geste", señala Pérez-Reverte-), peligrosos galanteos en Nápoles, "pepitoria del mundo"; el escamoteo de la escultural favorita del bajá de Chipre... El horror (ahorcamientos, desollamientos, los sesos volantes del caporal Conesa, el niño que espanta las moscas de la cabeza cortada de su padre, el culpable recuerdo de Alatriste de la represión de los moriscos) y también el humor (en el golfo de Escanderlu, situación desesperada, tres galeras que van a jugársela al amanecer contra la flota turca; dice el capitán Urdemalas: "Ningún socorro a nadie. Cada cual para sí y puto el último". A lo que recuerda oportunamente el sargento Quemado: "El último somos nosotros"). ¡Vaya singladura, Arturo!

"Me he inventado pocas cosas, las situaciones son auténticas; es un tema que tengo localizado hace muchos años y me lo sé. Manejo mucho material de la época, de las campañas corsarias de España y Nápoles. Hay mucho trabajo detrás. He leído libros enteros que me han servido para una sola línea de la novela. Lo asombroso es que esa gente que muestro eran realmente así. El coraje, la aventura, la crueldad, eran los mismos que muestro. Había realmente individuos que saltaban a una galera enemiga solos. Eran una gente peligrosísima. Éramos muy peligrosos. Esa singularidad, esa arrogancia, sentirse dueños del mundo, poseedores de la religión verdadera. Alatriste me permite entrar en la psicología de aquellos tíos. Cuando lees esas acciones... eran tíos asombrosos, una combinación de valor, desesperación, ambición y salvajismo absolutamente español. Un país de miserables era el nuestro. Ser soldado, ir a América, a Flandes, al Mediterráneo, era salir de la miseria a por botín. Eso sí, como hidalgos y vendiendo cara la piel, pues hacen de su reputación, de su dignidad personal -que es lo único que poseen- una filosofía de vida". Como aquello de que los "señores soldados", la infantería embarcada, no reman en la galera ni que les vaya la vida en ello. La tropa no boga ni hartos de alboroque, que dicen en la novela. "Efectivamente. Eso es cierto. Lo cuenta Cervantes. No reman. Remar es cosa de los galeotes y para el soldado es deshonroso. Al leer el libro te pueden parecer unos animales, unos marcianos. Pero eran así, exactamente así. Alonso de Contreras, Jerónimo de Pasamontes, Osuna y sus capitanes...

Lo de las bocas de Escanderlu, esa lucha atroz y desproporcionada en el mar, tres a ocho... "Esa batalla ocurrió. Y el episodio real es aún más increíble: un bajel y dos galeras contra treinta. Lo dicho, hay mucho material, mucha documentación, el siglo XVII es muy rico en ella, pero es un tema poco trabajado, en buena parte desconocido. Se habla mucho del pirata turco, del corsario berberisco... pero nosotros hicimos lo mismo en esa frontera mestiza que era el Mediterráneo. Los españoles hicimos mucho el corso".

Al turco, al moro, al berberisco, se le mata y destaza si hace falta, pero es una rivalidad sana; en cambio a los ingleses... "Ése viene de fuera a robar, es un intruso, al moro lo conoces bien, incluso frecuentemente, si tiene reaños, se le admira; es de aquí, vecino del mismo patio. Se le odia, se le degüella, pero con un respeto".

¿No se ha teñido un punto este Alatriste de la negra perspectiva de 'El pintor de batallas' (Alfaguara), la anterior novela de Pérez-Reverte? "No, lo que pasa es que Íñigo ha crecido y eso hace que surjan unas lucideces y amarguras en la relación que no se daban cuando era más joven. Hay enfrentamientos. Cosas que cualquier padre que haya tenido hijos adolescentes entiende".

A Pérez-Reverte le gusta especialmente el episodio del soldado varado en Orán, el viejo veterano Malacalza. "Se entiende en él lo que era el abandono de España a sus gentes, cómo todo se fue perdiendo por desidia". Le place también el lance del "rufián de entremés", cuando Íñigo se ve metido en una clásica situación de enredo en Nápoles, rico vergel...

Para él ha sido, por supuesto, "un gustazo", hacer una novela con tanta trama marina. "He manejado cartografía de la época, he analizado cada barco, cada derrotero, cada maniobra, cada viento". Como con Patrick O'Brian, el lector siente que navega en las páginas, aunque los capitanes de mar y de guerra del escritor inglés nunca soltarían una retahíla tan elocuente como los de Pérez-Reverte: "Bogad, cuarta a babor, me cago en Satán, bogad malditos, bogad, amolla ese cabo, tensa aquella driza, bogad que ya son nuestros, bogad u os arranco la piel, bellacos, voto a Dios y a la hostia que vi alzar".

El mundo de la galera que describe Corsarios de Levante es muy bestia. "Era así. Un infierno hediondo e insalubre. Piensa que a lo máximo que te condenaban era a remar diez años, porque nadie aguantaba más vivo. Era durísimo. Y ellos, las gentes de entonces, también, para aguantarlo. Si ahora navegar ya es jodido, en aquella época, con guerra, esclavitud... Ya lo decían: 'La galera, dela Dios a quien la quiera".

Eran tiempos crueles, esa crueldad aparece en la novela. "Esta novela no se puede escribir desde el siglo XXI, es un error aplicar nuestros criterios éticos -como hacen muchos autores de novela histórica, especialmente mujeres- a otras épocas. No se puede juzgar. La crueldad era algo natural, impuesto por la supervivencia limitada, por las circunstancias; ¿cómo ibas a tomar prisioneros heridos en una galera abarrotada ya?: al agua con ellos. Así era el mundo. Mataban, pero también sabían morir cuando venían mal dadas. Con dignidad, con fatalismo profesional".

'Corsarios de Levante' es la primera novela de Alatriste tras encarnarse en la gran pantalla. "La película estaba bien, pero Alatriste existe antes y después de ella. Alatriste no ha de luchar con la película, que es un complemento. Tenía curiosidad para reencontrar a Alatriste después de la película. No hay ningún problema, Alatriste está intacto. No está contaminado. La película se adaptaba mucho a los libros, era muy fiel, no los violentaba. Al no hacer Viggo (Mortensen) ni Agustín (Díaz Yanes) su capitán, sino basarlo en las novelas, no ha habido otro Alatriste diferente".

Hace diez años que nació Alatriste, con esa frase -"no era el hombre más honrado", etcétera- que ya ha saltado a los colegios y al cine. Pérez-Reverte recuerda: "Hice desde el principio un plan que he ido siguiendo, que he ido ampliando pero sin cambiarlo. El cuadro inicial se mantiene".

En 'Corsarios de Levante', descubrimos que Malatesta está vivo, que Luis de Alquézar conspira desde América y que Angélica -"he crecido por dentro y por fuera", escribe a Íñigo- lanza el cebo desde allí. Pero nuestros héroes no cruzarán el charco en el futuro. "Sería falso llevar a Alatriste a América, la gente de su clase no iba tan lejos, a no ser para quedarse. Seguirán por el Mediterráneo, irán a París... Y Rocroi espera".

Hablar de los diez años de Alatriste -tantos años como heridas- da pie a recalcar algunas cosas. "No es justo poner a Alatriste en la estela de la novela popular de aventuras. Alatriste es mucho más complejo. La serie maneja mecanismos humanos, documentación y desarrollos lingüísticos que son ajenos a Salgari o a Dumas. Alatriste, y no se entienda esto como una herejía, va más allá que Dumas. En relación con Alatriste se puede usar la asociación con la novela de aventuras y sus mecanismos -yo mismo hago uso de ello-, pero al tiempo hay en Alatriste una cantidad de información, reflexión y trama complejísima que trasciende el género. El lector lúcido constata que hay un trabajo ímprobo de creación de un lenguaje. Alatriste no es un pastiche, es una obra viva y fresca, nueva".

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Sab Dic 02, 2006 2:24 pm

El credo del capitán, por Francisco Rico, en El País

'No picaré en el cebo de la vida,
turbio nombre que Dios puso a la muerte;
la farsa de la historia, de la suerte,
me pilla con la máscara vestida,
y la naturaleza, esa homicida,
de tanto aporrearme, se ha hecho inerte.
Naturaleza, historia y Dios, Reverte,
no harán que me desangre por su herida.
En nadie creo ya, en nadie espero,
y no me amo yo más que a otro del hato.
Guardo la compostura, veo y río,
O si acaso desprecio... Nada quiero.
Sólo matar el tiempo en quienes mato,
batiendo el ala triste del hastío.'
Esto habló un capitán, hombre de chapa,
tiró la copa y se terció la capa.

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Mensaje por Rogorn » Sab Dic 02, 2006 2:26 pm

'Una pica en Flandes', por Carmen Iglesias, en El País

Diez años de éxito popular de las aventuras del Capitán Alatriste, soldado de los Tercios Españoles en pleno siglo XVII, es una hazaña casi tan importante en nuestro tiempo como era en su época "poner una pica en Flandes". Arturo Pérez-Reverte ha conseguido que una criatura de ficción se haya convertido, y más todavía al ser llevado al cine, en un héroe español, no por perdedor y matón menos héroe -más bien al contrario-, cuyas aventuras nada tienen que envidiar a las que nos deslumbraban en las historias del Oeste americano, cuando los valientes personajes se enfrentaban a todas las dificultades con su particular código ético: la lealtad a la palabra dada se cumple por encima de todo, las cosas que se empiezan no pueden dejarse a medias, la dignidad personal está por encima del éxito inmediato, al enemigo -y sobre todo a aquel que exhibe una crueldad deliberada- no se le perdona jamás, incluso aunque se le perdone la vida. Además, Alatriste es siempre leal a sus juramentos, pero no es fiel; en la antigua Castilla la diferencia entre el terreno de la lealtad y el de la fidelidad era bastante claro: fiel es el que sigue al Señor sin preguntarse por la justicia de su causa, leal es aquel que procura que el señor no cometa injusticia.

Los personajes pueden ser ficticios, pero no lo son ni sus sentimientos ni el sentido de los hechos de su entorno. En un país que, como decía conmovedoramente María Zambrano, "no acepta su propia historia" y la entiende solamente "como sombra, como culpa solamente" -igual por lo demás que en su percepción hacia las mujeres, remataba-; en un país como España cuyos ciudadanos "tienen historia a pesar suyo -proseguía Zambrano en sus comentarios a los Episodios de Galdós-; (los españoles) no la viven, no se entregan a ella con la consecuente docilidad del europeo y especialmente del francés"; en un país con tal ambiente intelectual y emocional en amplios sectores dirigentes, como también han observado asombrados muchos de nuestros mejores hispanistas, que el Capitán Alatriste -soldado valiente y espadachín a sueldo en la dura España del barroco- incite a interesarse mínimamente por la historia de su época y que ésta haya sido recreada con tanto mimo en una obra de ficción es siempre un soplo de aire fresco. Pues, a mi parecer, estamos ante una escritura que recoge cuidadosamente hechos y datos históricos, pero que nunca ha pretendido entrar en ese obsoleto apartado de la "novela histórica" que últimamente se prodiga con una textura tan plana, sino que se recrea en la alegría de contar una historia, en la libertad de utilizar la ficción para aventurar verosímilmente las posibilidades de unos personajes en un contexto cotidiano que les ha tocado vivir y sobre el que actúan de forma que el lector puede reconocer en sus reacciones sus propias realidades existenciales o sus sueños de libertad y dignidad personal.

Alatriste es un superviviente, un guerrero -un buen guerrero profesional- que sobrevive en el multinacional "ejército católico" de S. M., en un momento en que el número de soldados españoles en Flandes -la temible infantería de las Españas, en la que los españoles eran una minoría que combatía siempre junta y no se rendía jamás- dependía en buena medida de las fluctuaciones de la economía castellana y de una curva de salarios que quedaba desbordada por los precios y que obligaba a aceptar el oficio de soldado, como estudió excelentemente G. Parker. Pues hay que recordar que España, en palabras de Díez del Corral, "era un país con vocación guerrera y capaz de movilizar para llevar a cabo sus empresas bélicas gentes de las más variadas nacionalidades de Europa, pero justamente porque no era una 'sociedad militar' en el sentido estricto del término", como podía ser la Suecia de Gustavo Adolfo y Carlos XI y poco después en los casos de Prusia y Rusia, la población española no estaba organizada para fines de reclutamiento militar. Por ello precisamente algunos arbitristas de la época estimaban ya que la declinación de la monarquía hispánica, bajo el Gobierno de los últimos Austrias, se debía al poco entusiasmo militar de sus monarcas: "Se ha cambiado la espada por la pluma... y así vamos", se decía críticamente. Y el juicio que se dio de Felipe IV en el siglo siguiente, por contraste con el ímpetu guerrero de Felipe V, "el Animoso", era tremendamente negativo, incluso en un escritor como León de Arroyal que en sus Cartas al conde de Llerena seguía estimando que la falta de espíritu bélico del monarca y sus inclinaciones por la música, la pintura, los libros, la poesía, "mientras que la monarquía ardía en guerras y turbación" era motivo para considerarle muy por debajo del título de Grande que se le quiso dar. El ejemplo de los monarcas arrastraba a toda la sociedad.

En las relaciones entrecruzadas o fronterizas que en ocasiones se establece entre la novela y la historia, la popularidad del Alatriste de Pérez-Reverte es resultado de un cruce feliz entre saber contar una historia, disfrutándola, y por ello haber sabido crear vida y no simplemente copiar o inventar pasados históricos. Los personajes pueden ser ficticios, pero no lo son ni sus sentimientos ni el sentido de los hechos de su entorno. Como decía un personaje de Thornton Wilder: "Nada es como se cuenta, pero todo es verdad". El mundo de los seres humanos está lleno de personajes literarios, tan importantes para la mentalidad y el imaginario social como los históricos. Alatriste es para nosotros uno de ellos.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Sab Dic 02, 2006 2:27 pm

'Guerras fraternales', por Justo Navarro, en El País

Nadie se ha arrepentido de ser valiente, o eso oí una vez, y valiente es Diego Alatriste, capitán crepuscular y cansado en un mar fabuloso de cristianos contra musulmanes, el Mediterráneo, matriz de razas, lenguas y viejos odios fraternos: "Nadie se degüella mejor y más a gusto que quien harto se conoce", ahora y en 1627, cuando empieza Corsarios de Levante. El pasado es también un país de aventuras.

A bordo de La Mulata, galera de 24 bancos, en persecución de un bajel berberisco, viajamos hacia un turbión de peripecias, de Cartagena a los Dardanelos, entre abordajes y matanzas, amistad, valentía, lealtad, y sus contrarios. Arturo Pérez-Reverte imagina con fervor lo perdido, la materialidad y el alma de un siglo XVII de soldados: cómo se navegaba, se combatía, se vivía, se padecía y se gozaba. Dos cronistas lo cuentan: un narrador sin nombre e invisible, que sigue a Alatriste hasta el fondo de su conciencia, y el feliz Íñigo Balboa, testigo de los hechos, huérfano de veterano en Flandes y protegido del capitán.

Balboa, alegremente engreído de su juventud, se presenta como "bachiller en Flandes y licenciado en las galeras del rey". Es soldado, pero todavía no es el hombre que cree ser, ni el que debería, o eso le dice Alatriste, pues Balboa, a sus 17 años, ya se le sube a las barbas. Ya no ve en el capitán lo que veía. Pero Alatriste aparece más sólido y más próximo en su nueva aventura, ojos claros y atentos bajo el sombrero viejo, parco en palabras y ademán, sólo rico en cicatrices y muertos a sus espaldas, amigo de diluir la memoria excesiva en vino. Ahora vemos el gesto de Viggo Mortensen sobre la cara que dibuja Joan Mundet.

En un momento de distancia entre el héroe humilde y el discípulo soberbio, el discípulo envidia la forma de morir que le supone al capitán: la calma digna, el conocimiento de lo que significa vivir. Alatriste y Balboa se disponen para un combate probablemente desastroso, en franca inferioridad, y la mirada de Balboa sobre su protector nos deja ver dos cosas: la valía de los dos amigos y el afecto del joven hacia el viejo. "Joven, gallardo y español bajo las banderas de la famosa infantería de España, mayor potencia y azote del orbe", el casi adolescente Íñigo Balboa es visto con aprecio e ironía, como si lo mirara el capitán.

El Mediterráneo de 1627 fue una sorda guerra civil que Alatriste vive con el recuerdo de 1609: la expulsión de los moriscos, aquel sangriento episodio entre españoles. Pero la acción aplaza las cavilaciones, y un abordaje nos espera frente a Alborán, en Orán un asalto, piratas ingleses en Lampedusa, una batalla tabernaria y campal entre españoles y venecianos en Malta, lances de garito en Nápoles, la caza de un botín fabuloso en las costas de Anatolia, el rapto de la favorita del bajá de Chipre, el encuentro mortal con ocho galeras turcas en el Cabo Negro. La galera, por fin, será "una astilla ensangrentada", y el combate ha sido onomatopéyico, en primer plano. Crock, se rompe una nariz. Ris, ras, el puñal abre un cuello. Zumban las moscas sobre la sangre en cubierta.

Arturo Pérez-Reverte imagina y nombra aquel universo: armas y barcos y sensaciones, cómo se mide el tiempo allí. En cargar el arcabuz se emplean dos avemarías, lo que falta para el ataque se mide en credos, dos credos, y la soldadesca reza con diversos acentos, de vizcaínos a andaluces, todos en latín católico y al servicio del rey, sólo unidos "en rezar y matar". Y, quizá porque la literatura española valió alguna vez para construir nuestra conciencia lingüística y civil, Alatriste emprende la batalla decisiva llevando en el bolsillo los Sueños, que acaba de mandarle Quevedo. También Cervantes y Lope de Vega pasan por este Alatriste apasionado y asombrado ante el mundo ido.

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Targul
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Mensaje por Targul » Sab Dic 02, 2006 4:22 pm

En la página oficial de Joan Mundet han subido las ilustraciones de la novela nueva.

http://www.joanmundet.com

Un saludo

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adosinda
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Mensaje por adosinda » Sab Dic 02, 2006 4:38 pm

Gracias por el aviso. Me encantan las nuevas ilustraciones. Y algunos comentarios me han hecho pensar...SPOILERS









En algunas se menciona la palabra hijo. ¿El capitán ya lo expresa abiertamente?...Que ganas tengo de que llegue el Lunes (y esta es la primera vez en mi vida...)

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Mensaje por lansquenete » Sab Dic 02, 2006 7:07 pm

Gracias, Rogorn, por las elocuentes críticas, y Targul , por el enlace a las ilustraciones. Me quema la impaciencia, voy a tener que agenciarme un mapa del mediterráneo para situarme durante la lectura, y aprender del profesor una nueva lección sobre nuestra historia.
"El grog es una mezcla secreta que lleva uno o más de lo siguiente: Queroseno, glicol propílico, acetona, ron, endulzantes artificiales, ácido sulfúrico, tinte rojo nº 2, scumm, ácido para baterías, grasa para ejes y/o pepperoni."

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Mensaje por Rogorn » Sab Dic 02, 2006 7:10 pm

Puedes aprovechar para hacerte ya de paso con la guía de Juan Eslava Galán 'Viaje a los escenarios del capitán Alatriste', que trae material sobre el tema. Y el Google Earth será útil también, jeje.

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Alberich
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Mensaje por Alberich » Sab Dic 02, 2006 7:33 pm

Pardiez! En verdad que Joan Mundet se ha superado!!
"And now I know how Joan of Arc felt
Now I know how Joan of Arc felt..."

Trinidad

Mensaje por Trinidad » Sab Dic 02, 2006 8:39 pm

Gracias Rogorn y Jubonamarillo por los artículos, y Targul por el enlace a las ilustraciones.

He encontrado un mapa del Mediterráneo que puede hacer el apaño. El inconveniente es que está en francés, pero no hay ningún problema con los nombres de las ciudades y mares, porque se parecen mucho al español.
Para el que le interese quepinche.

Para los que no tengan el Google Earth, lo he subido a megaupload. Es un programa excelente, veréis como os gusta.
Pinchad aquí para descargároslo.

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Corsaria
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Mensaje por Corsaria » Dom Dic 03, 2006 1:49 pm

No sé si este es el lugar, pero acá cuelgo un pedazo del nuevo libro que salió en un diario español. Si está repetido, lo borro...


-Hay que ahorcar al arráez -dijo el capitán Urdemalas.

Lo comentó en voz baja, sólo para los oídos del alférez Muelas, el cómitre, el sargento Albaladejo, el piloto y dos soldados de confianza o caporales, uno de los cuales era Diego Alatriste. Estaban reunidos en consejo a popa de la Mulata, junto al fanal, mirando hacia la galeota corsaria aún enclavada por el espolón de la galera, los remos destrozados y entrándole agua por la brecha. Todos convenían en que era inútil remolcarla: se anegaría de allí a poco, yéndose al fondo sin remedio.

-Es renegado español -Urdemalas se rascaba la barba-. Un tal Boix, mallorquín. Por mal nombre, Yusuf Bocha.

-Está herido -apuntó el cómitre.

-Pues arriba con él, antes de que muera por su cuenta.

El capitán de galera miraba el sol, ya cerca del horizonte. Quedaba una hora de luz, calculó Alatriste. Para entonces los prisioneros debían encontrarse encadenados a bordo de la Mulata, y ésta rumbo a un puerto amigo donde venderlos. En ese momento los interrogaban para averiguar lengua y nación, poniéndolos aparte: renegados, moriscos, turcos, moros. Cada nave corsaria era una babel pródiga en sorpresas. No era extraño encontrar a bordo a renegados de origen cristiano, como era el caso. Incluso ingleses u holandeses. Por eso, en lo de colgar al arráez, nadie discutía el asunto.

-Aparejen de una vez la soga.

Aquello, sabía de sobra Alatriste, iba de oficio. Para un renegado al mando de una embarcación que se había resistido y hecho muertos en la galera, acabar con indigestión de esparto era obligado. Y más, siendo español.

-No será sólo al arráez -aclaraba el alférez Muelas-. También hay moriscos: el piloto y otros cuatro, al menos. Había muchos más, casi todos hornacheros, pero están muertos... O muriéndose.

-¿Y los otros cautivos?

-Moros bagarinos y gente de Salé. Hay dos rubios, y les están mirando el prepucio a ver si son tajados o cristianos.

-Pues ya se sabe: si están tajados, al remo; y luego, a la Inquisición. Y si no, a colgar de la entena... ¿Cuántos muertos nos han hecho?

-Nueve, más los que no lleguen a mañana. Sin contar la chusma.

Urdemalas dio una palmada impaciente, de fastidio.

-¿Juro a mí!

Era marino curtido, rudo de maneras, con treinta años de Mediterráneo en la piel agrietada por el sol y en las canas de la barba. Sabía de sobra cómo tratar a aquella gente que anochecía en Berbería y amanecía en la costa de España, hacía de ordinario presa y se volvía, tranquilamente, a dormir a sus casas:

-Soga para los seis, y que el diablo se harte.

Un soldado llegó con noticias para el alférez Muelas, y éste se volvió a Urdemalas.

-Me dicen que los dos rubios están tajados, señor capitán... Un renegado francés y otro de Liorna.

-Pues al remo con ellos.

Todo aquello explicaba el duro empeño de la galeota: sus tripulantes sabían a qué atenerse. Casi todos los moriscos a bordo habían preferido morir luchando antes que rendirse; y en eso se les notaba -según comentó desapasionadamente el alférez Muelas-, aunque perros de agua, qué tierra los había parido. Después de todo, era universal que los soldados españoles no respetaban la vida de los compatriotas renegados que patroneaban embarcaciones corsarias, ni tampoco la de sus tripulantes cuando eran moriscos, excepto si éstos venían a las manos sin luchar, en cuyo caso eran entregados a la Inquisición. Los moriscos, moros bautizados pero sospechosos en su fe, habían sido expulsados de España dieciocho años antes, después de muchas sangrientas revueltas, sospechas, falsas conversiones, traiciones y turbulencias. Maltratados, asesinados por los caminos, despojados de lo que llevaban consigo, violadas sus mujeres e hijas, se vieron al fin arrojados a la costa norteafricana, donde tampoco sus hermanos moros les hicieron grato recibimiento. Establecidos al fin en puertos corsarios del norte de África -Túnez, Argel y sobre todo Salé, el más cercano a las costas andaluzas-, eran ahora los enemigos más feroces y odiados, por ser también los más crueles con sus presas españolas, tanto en el mar como en sus incursiones contra la costa peninsular. Que asolaban sin piedad, con su conocimiento del terreno y con el lógico rencor de quien salda viejas cuentas, como contaba en La buena guarda el gran Lope:



Y moros de Argel, piratas, /

entre calas y recodos, /

donde después salen todos/

tienen ocultas fragatas.



-Pero cuélguenlos sin alardes -recomendó Urdemalas-. Que no se alboroten los cautivos. Cuando todos estén asegurados y con las cadenas puestas.

-Vamos a perder dinero, señor capitán -protestó el cómitre, que veía colgar de una entena otros miles de reales desperdiciados. El cómitre era aún más tacaño que el capitán de galera, tenía ruin cara y peor alma, y conseguía un sobresueldo, a medias con el alguacil de a bordo, con lo que sacaba de sobornos y cohechos a los galeotes.

-Me cago en los dineros de vuesamerced -Urdemalas fulminaba al cómitre con la mirada-. Y en quien los engendró.

El otro, hecho de antiguo al trato con el capitán de la Mulata, encogió los hombros y se alejó por la crujía, pidiendo unas cuantas sogas al sotacómitre y al alguacil. Éstos desherraban a la chusma muerta durante el combate -cuatro esclavos moros, un holandés y tres españoles condenados a remar en galeras- para echar sus cuerpos al mar y poner a corsarios en los grilletes vacantes. Otra media docena de galeotes heridos y de aspecto miserable, tumbados entre lamentos sobre sus bancos ensangrentados y con las calcetas y manillas puestas, esperaba a ser atendida por el barbero, que hacía a bordo las funciones de sangrador y cirujano. Cualquier herida, por terrible que fuera, la trataba éste con vinagre y sal, a usanza de galera.

Los ojos de Diego Alatriste dieron en los del capitán Urdemalas.

-Dos de los moriscos son jóvenes -dijo.

Era cierto. Los había visto al tiempo que caía herido el arráez: dos chiquillos acurrucados entre los bancos de popa, intentando hurtar el cuerpo al acero. Él mismo los había puesto aparte, salvándolos del degüello.

Urdemalas torció el gesto, un punto desabrido.

-¿Cuánto de jóvenes?

-Lo suficiente.

-¿Nacidos en España?

-Ni idea.

-¿Tajados?

-Supongo.

El marino masculló con fastidio un juro a mí y un pese a tal, mirando pensativo a su interlocutor. Luego se volvió a medias al sargento Albaladejo.

-Ocúpese vuesamerced, señor sargento. Que les miren el vello... Si tienen pelo en los aparejos, tienen cuello para el cabo de Palos, como hay Dios. Y si no, al remo.

Albaladejo se fue también por la crujía, camino de la galeota, a desgana. Bajarles los zaragüelles a dos muchachos para ver si salían hombres ahorcables o carne de remo, no era su ocupación favorita. Pero iba en el sueldo. Por su parte, el capitán de galera seguía observando a Diego Alatriste. Lo encaraba otra vez, inquisitivo, como preguntándose si sus reticencias sobre los dos jóvenes cautivos respondían a algo más que al sentido común. Muchachos o no, nacidos en España o fuera de ella -los últimos moriscos, murcianos del valle de Ricote, habían salido hacia el año catorce-, para Urdemalas, como para la mayor parte de los españoles, la compasión estaba fuera de lugar. Sólo dos meses atrás, durante un desembarco en la costa de Almería, los corsarios se habían llevado esclavos a setenta y cuatro hombres, mujeres y niños de un mismo pueblo, tras ponerlo a saco y crucificar al alcalde y a once vecinos cuyos nombres traían en una lista. Una mujer que pudo esconderse afirmó después que varios de los asaltantes eran moriscos, antiguos moradores del lugar.

Y es que todo el mundo tenía asuntos que ajustar en aquella turbulenta frontera mediterránea, encrucijada de razas, lenguas y viejos odios. En el caso de los moriscos, gente plática en las caletas, aguadas y caminos de una tierra a la que regresaban para vengarse, jugaba a su favor la ventaja que Miguel de Cervantes -que de corsarios sabía mucho, por soldado y por cautivo- había señalado poco tiempo atrás en 'Los tratos de Argel':



Nací y crecí, cual dije, en esta tierra, /

y sé bien sus entradas y salidas /

y la parte mejor de hacerle guerra.



-Vuesamerced anduvo por allí, ¿verdad? -inquirió Urdemalas-. El año nueve, en lo de Valencia.

Asintió Alatriste. Pocos secretos se guardaban en el estrecho espacio de una nave. Urdemalas y él tenían amigos comunes, era soldado aventajado y cumplía a bordo funciones de cabo de tropa. El marino y el veterano se respetaban, pero cada uno hacía rancho aparte.

-Cuentan -prosiguió el capitán de galera- que ayudásteis a reprimir a esa gentuza... A los que se echaron al monte.

-Ayudé -respondió Alatriste.

Era un modo de resumirlo, se dijo. Las batidas montaña arriba, entre las peñas, sudando bajo el sol. Las partidas de rebeldes emboscados, los golpes de mano, las represalias, las matanzas. Crueldad por ambos bandos, y la pobre gente cristiana o morisca cogida en medio y pagando la loza rota, como siempre. Violaciones y asesinatos impunes, todo a cuenta de lo mismo. Y luego, aquellas filas de infelices marchando por los caminos, obligados a dejar sus casas y malvender cuanto no podían llevar consigo, vejados, saqueados por los campesinos o por los mismos soldados -no pocos desertaron para robarles- que los conducían a las naves y al exilio.

-Por mi honra -el capitán Urdemalas sonreía, avieso- que no parecéis muy orgulloso del servicio hecho a Dios y al rey.

Alatriste miró con fijeza a su interlocutor. Luego se llevó dos dedos de la mano izquierda al mostacho, atusándolo despacio.

-¿Se refiere a lo de hoy, señor capitán de galera, o a lo del año nueve?

Había hablado muy claro y muy frío, casi en voz baja. Urdemalas cambió una mirada incómoda con el alférez Muelas, el piloto y el otro cabo de tropa.

-Nada tengo que objetar a lo de hoy -repuso en tono diferente, mirándolo como si le contase las cicatrices de la cara-. Con diez como vuesamerced tomaba yo Argel en una noche. Sólo que...

Sordo al elogio, Alatriste seguía atusándose el mostacho.

-Sólo que, ¿qué?

-Bueno -Urdemalas encogió los hombros-. Aquí nos conocemos todos. Cuentan que no quedásteis contento en lo de Valencia... Y que os mudásteis con vuestra espada a otra parte.

-¿Y tenéis alguna opinión personal sobre eso, señor capitán?



http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/ ... 61203.html
Había descubierto fascinada, estremecida de placer y de miedo, que todos los libros del mundo hablaban de ella.

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adosinda
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Mensaje por adosinda » Dom Dic 03, 2006 4:10 pm

Mañana, mañana por fin estará en mis manos...Gracias Corsaria, no lo habia leido.

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Mensaje por elisheva » Dom Dic 03, 2006 4:15 pm

Gracias a Corsaria y Trinidad por compartirlo con nosotros.
...En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada...

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Corsaria
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Mensaje por Corsaria » Dom Dic 03, 2006 8:27 pm

Un artículo pequeño. Con foto de d. Arturo con pañuelo... (no le sienta del todo bien, pero a él se le perdona) :wink:


http://www.elmundo.es/elmundo/2006/12/0 ... 59598.html
Había descubierto fascinada, estremecida de placer y de miedo, que todos los libros del mundo hablaban de ella.

Trinidad

Mensaje por Trinidad » Dom Dic 03, 2006 8:46 pm

¡Muahh, muahh, muahh! (risa malvada), mañana será mío, ¡muahh, muahh, muahh!

Gracias Corsaria.

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Mensaje por juanrahig » Dom Dic 03, 2006 11:52 pm

Muy buenas las ilustraciones. Yo los artículos los leeré cuando ya me haya leido, que por otro lado no será esta semana si no más bien la siguiente. Pero vamos sin prisa, a ver si hay suerte y lo tengo para leerlo en el tren camino de los madriles.

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Mensaje por Corsaria » Lun Dic 04, 2006 12:52 am

Basta!!! Acá no empiezan a venderlo mañana... aunque mañana empezará mi tortura a la gente de Alfaguara, a ver si a ellos les llegó...
Había descubierto fascinada, estremecida de placer y de miedo, que todos los libros del mundo hablaban de ella.

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Mensaje por Niklaasbergen » Lun Dic 04, 2006 2:01 pm

Gracias a todos por los artículos,muy interesantes...
Esta tarde será miiiiiiiiiiiiiiiiiioooooooooooooooooooo!!!!!!! Ja,Ja,Ja,!!!!!!
"El pesimista se queja del viento, el optimista que espera que cambie, el realista ajusta las velas"

Trinidad

Mensaje por Trinidad » Lun Dic 04, 2006 2:10 pm

En la web de Alfaguara, podéis leer el primer capítulo.

Perdonad si no es aquí, pero me parecía el hilo más indicado para publicar el mensaje.

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Mensaje por Corsaria » Lun Dic 04, 2006 8:09 pm

Sale a la venta sexta entrega de capitán Alatriste






Madrid.- Diez años después de la publicación del primer libro de la exitosa colección dedicada al capitán Alatriste, en homenaje a los espadachines del siglo XVII, llega a las librerías españolas "Corsarios de Levante", de la mano de Arturo Pérez-Reverte.

La sexta entrega de la serie embarca al lector en la galera "La Mulata", y surca con él el Mediterráneo, "encrucijada de razas, lenguas y viejos odios", desde las costas de Berbería a las bocas de Constantinopla, informó Efe.

El académico y apasionado del mar Arturo Pérez-Reverte abandona en ''Corsarios de Levante'' tierra firme para trasladar a los lectores a una época de escaramuzas, desembarcos, saqueos, abordajes, corsarios, piratas y esclavos.

Pérez-Reverte, traducido a más de treinta idiomas, ha hecho esperar a los lectores tres años desde que apareció "El caballero del jubón amarillo" para reencontrarse con sus lectores que en anteriores entregas habían revivido el Madrid de Felipe IV, la rendición de Breda o la Sevilla de 1626.

Nápoles, Orán y Malta serán algunos de los puntos que servirán para escenificar, en tierra firme, lo que se cuenta en "Corsarios de Levante".

Esta sexta entrega sobre el capitán de los Tercios Españoles aparece después del éxito con el que ha sido recibido en los cines la película "Alatriste", protagonizada por Viggo Mortensen y dirigida por Agustín Díaz Yanes.

La cinta, que reunió también a destacados actores españoles como Ariadna Gil, Blanca Portillo, Elena Anaya, Unax Ugalde, Javier Cámara o Eduardo Noriega, es hasta el momento la más cara del cine español, con un presupuesto de unos 31 millones de dólares.

"Corsarios de Levante" es por el momento el último episodio de una colección que comenzó a finales de 1996 con "El capitán Alatriste", un homenaje a las novelas de espadachines y de pícaros y a un imperio, el español, que en siglo XVII comenzaba a caminar hacia al declive.

Arturo Pérez-Reverte, enamorado de la historia española, siguió narrando su particular visión de ésta con "Limpieza de sangre", "El sol de Breda", "El oro del rey" y "El caballero del jubón amarillo".

http://politica.eluniversal.com/2006/12 ... 1435.shtml
Había descubierto fascinada, estremecida de placer y de miedo, que todos los libros del mundo hablaban de ella.

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