'El puente de los asesinos' (2011)

Comentarios y noticias sobre la saga de novelas ‘Las aventuras del capitán Alatriste’

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Dic 29, 2011 11:41 pm

Nuevos encuentros, viejos amigos
Mercedes Serrato - sevillaactualidad.com - 28/12/2011

El 25 de diciembre del año 2000, gracias a la mutación navideña de San Nicolás, me introduje en uno de esos submundos literarios que, si te atrapan, difícilmente te dejan salir ya de ellos, a pesar de los años. Ya llevaban tiempo en las librerías de nuestro país y, más allá de nuestras fronteras, los libros que narran la azarosa vida de don Diego Alatriste, contados por su paje, compañero y amigo, Íñigo Balboa. Curiosamente, no me habían llamado la atención estos libros, y también curiosamente tampoco recibí aquella mañana navideña el primer libro de la saga; recibí el IV, 'El oro del Rey', el que transcurre en Sevilla y, a veces, pienso que el mejor de la colección. No estrictamente porque sea así, imagino que todas las circunstancias que he detallado anteriormente influyen en esta preferencia. Tras devorar este libro, tuve que ponerme a la caza de los tres primeros que me faltaban.

El mundo que el genial Pérez-Reverte ha creado no voy a descubrírselo yo a nadie, pero sí puedo contar qué supuso para mí. En plena etapa estudiantil de la criticada ESO, yo disponía de un libro de Historia, popularmente llamado “libro de Sociales” que dedicaba al Siglo de Oro un párrafo del tamaño de un palmo. El libro de Lengua y Literatura admito que era algo más pródigo, pero no sé que ocurre a veces con los libros de texto, que son tan generales que además de para aprobar el examen no te sirven para mucho más.

No pretendo criticar esto, pero es que casi me pareció increíble que tras un par de datos de guerras luteranas y oro de las Indias se escondiera ese “modus vivendi” que don Arturo tan bien describe. Y los personajes literarios -¡ay los personajes literarios!- saltaron de los anaqueles para danzar en la novela. El genial Quevedo amigo de Diego e Íñigo, Calderón de la Barca salvando una biblioteca en una de tantas batallas en Flandes, Lope de Vega sentado en el patio de su casa… Una maravilla. Además, en todas las novelas de la serie se entretejen versos de Garcilaso, Góngora y muchos autores más; versos a colación de la narración que embellecen al texto y hacen que aquel siglo pretérito esté más vivo aún.

Con mis quince años plenos de edad del pavo, tras leer los libros de Alatriste publicados hasta entonces, decidí escribirle una carta al propio Arturo Pérez-Reverte. Una misiva de agradecimiento por una obra que, sin pretender ser didáctica, a mí me había enseñado tanto. Y Arturo, el periodista, el reportero de guerra, el escritor que años después ocuparía el sillón “t minúscula” de la RAE, me contestó. Yo mandé la carta a la editorial, pero él me contestó con una postal de 'Limpieza de sangre', de su puño y letra, con esa pluma suya tan personal, pluma física ya que le leí en una ocasión que usa un modelo específico que tiene la ventaja de no explotar en los aviones. Nunca olvidaré que ese señor tan culto, algo faltón y deslenguado en su 'Patente de corso' -de la cual por supuesto soy devota-, es de los escritores más amables que conozco. No sólo porque me escribiera, sino porque en todas las firmas de libros y conferencias que le he visto, tiene una gran simpatía y una paciencia infinita con todo el que se le acerca. Alguien que llama a las cosas por su nombre sin muchos pelos en la lengua, es el más servicial de los hombres; porque como el propio Diego Alatriste, tras las heridas del tiempo y de la guerra, tiene un gran corazón.

A mi casa sigue viniendo Papá Noel, y que no se me echen encima los tradicionalistas que, por supuesto, los Reyes también se pasan por allí. Y el caso es que, como no podía ser de otra forma, me ha dejado 'El puente de los asesinos'. Y haciendo justamente once años del primer encuentro con el espadachín de la glauca mirada, siento como si afortunadamente me reencontrara con viejos amigos.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Feb 08, 2012 3:44 pm

Venecia nevada e invernal:

http://internacional.elpais.com/interna ... 1328549776

"Hace más de 20 años que no se cubría de hielo la laguna veneciana." Lo ha hecho ahora, evidentemente, en honor a EPDLA. 8)

Adeletheresa61
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Mensaje por Adeletheresa61 » Mié Feb 08, 2012 8:48 pm

Gracias Rogorn por las fotos. Son espectaculares!

Solo he visitado Venecia una vez hace mucho. Este año en cuando pueda, volveré...y que ganas tengo!

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Abr 24, 2012 4:31 pm

'El puente de los asesinos'
Elena - blogs.elcorreo.com - 24/04/2012

A menudo creo que los lectores, frente a ciertos autores, se dividen en dos clases irreconciliables: los que aman/odian a Auster, Marías, Muñoz Molina, Pérez-Reverte... Determinados escritores suscitan sentimientos contrapuestos en ellos, y es difícil que cualquiera de los citados deje frío a un lector. “Se es” de Muñoz Molina o te parece un tostón insufrible. No hay término medio. Te angustian los párrafos largos y los recovecos narrativos de Marías o los defines como una espiral perfecta de narración. En el caso de Pérez-Reverte, a esta imposibilidad metafísica de indiferencia literaria se une su carácter de personaje público, con exposición semanal en una columna en la que busca descaradamente crear polémica, diríamos que muta en un alter ego cuyo objetivo es golpear a nuestro estómago sin dejar de dirigirse a nuestro intelecto. Y la dualidad se multiplica en tanto que en su obra va alternando novelas de diversa temática con las pertenecientes a la serie de 'Las aventuras del Capitán Alatriste'.

Venga, voy a confesarme. “Yo soy muy de Reverte”. Me gusta el tono canalla y chulesco de su columna semanal, y aunque no siempre comparta su opinión, su “fondo”, me divierte leer sus desmelenes, me reconozco en su tono a veces irónico a veces desmesurado, me regocijan sus formas, su descaro, su total impudicia y su apego por llamar a las cosas por su nombre (aunque en ocasiones yo le daría otro). Y en cuanto a su obra literaria, como mínimo me parece honesta. Creo que es un hábil narrador de historias y crea unos personajes sólidos, aunque en mi opinión no logra una línea homogénea en cuanto a calidad. Ambienta con maestría, y, sin embargo, no me siento apabullada con despliegues de datos, referencias históricas y sociales. La documentación queda soterrada, implícita, pero hace que me sienta segura de que cada detalle, cada apunte que se incorpora a la acción tiene una sólida fundamentación.

Este 'El puente de los asesinos' es ya la séptima entrega de las correrías del capitán Alatriste. A estas alturas de la serie, pocas sorpresas puede darnos ya Reverte. El personaje es ya un viejo conocido del lector, sabemos de sus orígenes, aventuras y motivaciones, así como los de su fiel compañero y presunto narrador de los episodios biográficos tanto suyos como del capitán. Y, por añadidura, ya no puedo imaginarme a Alatriste sino con los rasgos de Viggo Mortensen (aunque a veces se me fundan Alatriste con Aragorn y viceversa). No se trata ya de descubrir sus resortes psicológicos. Ya sabemos qué y a quién nos vamos a encontrar. Aventuras en una época tan gloriosa como cruel y personajes de diverso jaez y casi siempre complicados dentro de la simplicidad de sus impulsos vitales. Y yo seguiré leyendo a Alatriste por el placer de tener entre manos una buena aventura de capa y espada, por el gusto de volver a oír los ecos de las palabras y giros del Siglo de Oro, por el placer de encontrarme a Quevedo como poeta y conspirador interesado, porque sé que voy a sumergirme de la mano de un autor sólido en un época oscura, terrible y bella. Porque Alatriste es una lección de historia de España en la que olemos el sudor y nos manchamos con la sangre de unos soldados míseros y despiadados, más allá de que también se nos muestre el tablero de operaciones. Pero sobre todo, porque me entretiene, y me hace recordar que eso es leer: dejarte llevar por las andanzas de unos personajes de carne y hueso en una trama con visos de verosimilitud y enfrascarte en sus acciones y en sus emociones. Todo lo demás, adorno y palabrería.

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vetinari
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Mensaje por vetinari » Mar Abr 24, 2012 8:35 pm

Pues que razón lleva esta moza!
"...Efialtes aparecerá finalmente,
y pasarán los persas" Cavafis
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Ada
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Mensaje por Ada » Mié Abr 25, 2012 12:51 pm

Desde luego, una reseña muy acertada

Os dejo el trailer que ha preparado la editorial italiana con motivo del lanzamiento de la traducción :lol: No tienen a Esperanza pero Viggo no está mal :wink:

http://youtu.be/UTDG9gSOhAY

Aqui teneis la web de la editorial italiana donde ver todas las portadas

http://www.marcotropeaeditore.it/index2 ... &id_aut=12

Y aquí la oficial de Capitano Alatriste en italiano que está muy bien en cuanto a contenido!!
http://www.capitanoalatriste.it/
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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lansquenete
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Mensaje por lansquenete » Vie May 04, 2012 4:07 pm

¡Joder, cómo pone el tráiler con las escenas de la película y la música de Piratas del Caribe! Dan ganas de ganas de devorárselo (el libro)

A esta columnista, Elena, igual le gustaría pasarse por el foro, para compartir impresiones... :wink:
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Jun 07, 2012 9:14 am

Pan y circo
Desiderio Vaquerizo - diariodecordoba.com - 07/06/2012

Entre las muchas sentencias que recoge 'El puente de los asesinos', la última novela de Arturo Pérez-Reverte, hay una referida al carácter de los españoles del siglo XVII que, por su modernidad, podría extrapolarse sin riesgo de exageración a nuestros días, cuando tan de moda están los tesoros hundidos: "Nuestro esfuerzo y el oro de los galeones se iban en quimeras que nada tenían que ver con el comercio y la prosperidad de los pueblos, sino con la arrogancia, la religión, la holganza y el blasonar de cristianos viejos". Y es que no tenemos remedio. Nos encontramos en una de las encrucijadas más terribles de la historia reciente y la mayoría sigue como si tal cosa. Les basta con el fútbol, las bodas, las comuniones, las cañitas y la feria, en un ejercicio temerario de pan y circo que habrían suscrito sin dudar los propios romanos. Si uno se da estos días una vuelta por Córdoba, cuesta creer que somos víctimas de la peor crisis en décadas; y no me refiero sólo a la económica, sino también a la de valores, que tan estérilmente denuncia el movimiento 15M.

El nuevo modelo social está siendo diseñado al margen por completo del pobre contribuyente (o, mejor dicho, a costa exclusivamente de él), mientras nuestros políticos (unos, y otros) hacen y deshacen a su antojo, amparados por una impunidad que ofende al decoro y la decencia. Ellos actúan, sabedores de que se irán de rositas, y nosotros pagamos a precio de sangre y en posición de firmes sus tropelías e insensateces, las corruptelas y la mala gestión, la tiranía de los bancos, el mercantilismo atroz, las mentiras y el despilfarro... Mientras duró la bonanza, fueron miles los que se enriquecieron sin pudor, y no siempre de forma lícita. Hoy, las derivaciones de aquello cargan sobre las espaldas de todos. ¿Es posible mayor paradoja? Se rieron de nosotros entonces, y se están riendo ahora (unos, y otros). Por eso resulta tan extraña la apatía general, esta especie de abulia que nos mantiene expectantes y confiados en que un milagro se encargará a última hora de evitar que el sistema salte por los aires y nos veamos abocados a volver a los niveles de renta, de trabajo y de poder adquisitivo de los primeros setenta. Porque no sólo subirán y crearán nuevos impuestos; bajarán todavía más los sueldos; congelarán, o tal vez incluso eliminarán las pensiones; reducirán drásticamente los privilegios que disfrutamos desde hace años, sino que, además, la oferta laboral se estabilizará en niveles de hace cuatro décadas, y es muy posible que en cada casa tengamos que aprender, de nuevo, a vivir con un solo estipendio. Volveremos a la época de los utilitarios, de las vacaciones en Benidorm, de la nevera portátil con la sandía y la tortilla, de la emigración, mientras se esfuma el sueño al que nos dejamos arrastrar como idiotas, transmutados ingenuamente en Alicia y su país de las maravillas. Tal vez por eso, y porque es mucho lo que podemos perder, pocos tienen ganas de protestar, y, mientras la clase media desaparece entre estertores de agonía, demonizada y exprimida por éstos y por aquéllos, aceptamos nuestra suerte como hidalgos hambrientos y trasnochados que, aun así, viven muy por encima de sus posibilidades; ajenos a la certeza de que sin austeridad y esfuerzo no habrá quien salga del pozo. Tendremos, pues, que apechugar, pero tragaríamos mejor el sapo si viéramos que se lucha con convicción y contundencia contra las causas más importantes de esta debacle general: el fraude fiscal, la economía sumergida, el engaño de quienes cobran subsidios por desempleo e ingresan por trabajos subrepticios, subvenciones y becas (en perjuicio de los verdaderamente necesitados), la baja rentabilidad de las Administraciones públicas y, por supuesto, la caradura institucionalizada, las prebendas de banca y clase política, que (unos, y otros) se aplican el principio de "haced lo que os digamos, no lo que nos veáis hacer". Vienen años muy duros que nos obligarán a apretarnos los machos, pero existe también un anhelo mayoritario de que se actúe conforme a criterios racionales, justos y objetivos, que los recortes y apreturas empiecen de arriba a abajo (justo al contrario de como se está haciendo), que se extirpen de raíz enchufismo y desvergüenza, y que nos metan en cintura, aunque al final debamos retroceder en el tiempo y decirle adiós para siempre al tan manoseado y traicionero Estado del bienestar. Pero, ¿quién le pone el cascabel al gato? Desde luego, no la clase política, que bastante tiene con asegurar privilegios y supervivencia. Como Eurípides, el gran dramaturgo griego del siglo V a.C., sueño inútilmente con que la cordura se imponga y, un siglo de éstos, los laureles se otorguen a quienes "han dado muestras de honradez e inteligencia; a los grandes políticos, los más virtuosos y ejemplarizantes-, a quienes propician que una ciudad se haga grande en beneficio de todos", en vez de ensalzar y convertir en modelos sociales a arribistas, mediocres, vividores y chorizos.

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Mensaje por Adeletheresa61 » Jue Jun 07, 2012 8:34 pm

Buen articulo. Gracias Ro. Básicamente lo que muchos estamos pensando...y viendo..

Volveremos a la época de los utilitarios, de las vacaciones en Benidorm, de la nevera portátil con la sandía y la tortilla, de la emigración, mientras se esfuma el sueño al que nos dejamos arrastrar como idiotas, transmutados ingenuamente en Alicia y su país de las maravillas


Hay que remontar el estado si queremos salir de esto....

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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Ago 30, 2012 12:13 pm

No sé si este es el sitio adecuado:

Las aventuras del mercenario

Un libro sobre barcos, mares y marinos de Arturo Pérez-Reverte permite releer la saga del capitán Alatriste y rastrear su estilo y sus influencias.

POR OSVALDO GALLONE

Una vez por lustro –años más, años menos– se anuncia la aparición de la Gran Novela Americana (periodicidad similar asumen las veladas pugilísticas de Las Vegas al promocionar el Combate del Siglo, en cuyo transcurso, por lo general, es más probable contemplar un aerolito que un golpe franco). Tras el anuncio (que suele incluir portada de Time, esbozo de ensayo sociológico y cifras astronómicas de venta), el lector hispanoparlante, tanto como para no quedar desacompasado con semejante acontecimiento, suele verse compelido a interiorizarse en la idiosincrasia de las familias del Medio Oeste, adentrarse en los bosques de Vermont o recordar cuáles fueron los resultados de las primarias en el Estado de Maine promediando la década del cincuenta; temas todos ellos tan caros a sus afanes como puede serlo el manejo cotidiano del alfabeto cirílico. Por estos meses, la nominación de la nueva Gran Novela Americana escrita por el Autor del Siglo (hipérbole que no es menor teniendo en cuenta los años que restan para que termine el presente siglo) ha recaído en Jonathan Franzen, cuya primera novela, Las correcciones, editada en su momento por Seix Barral, hace gala de una ponderable escritura y de una extensión tan excesiva como los elogios que ha suscitado; de Libertad, editada por Salamandra, se puede decir exactamente lo mismo. Por todo ello, no resulta improcedente la pregunta formulada hace algunos meses por un crítico desde las páginas de Babelia, el suplemento cultural del diario español El País: “¿Ya no estamos todos un poco podridos de la Gran Novela Americana?” En tal caso, valdría la pena echar una ojeada a una saga que crece a la sombra de una lengua y una tradición comunes: la lengua castellana y la inagotable tradición cervantina.

El universo del Siglo de Oro español

La saga Las aventuras del capitán Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte, de la cual se ha editado recientemente su séptimo y, por ahora, último título, El puente de los asesinos, es, en principio, un notable fresco del Siglo de Oro español donde el lector puede pasear por un Madrid en el que, en un radio de poco más de doscientos metros, vivieron Lope de Vega en su casa de la calle de Francos, don Francisco de Quevedo en la del Niño, donde murió Miguel de Cervantes en su casa de León esquina Francos, y que fue frecuentado por Tirso de Molina y el mexicano Ruiz de Alarcón; puede ver (en el sentido más cinematográfico del término; en este sentido, la prosa de Pérez-Reverte es de una notable plasticidad) a Lope de Vega en su vejez, aureolado por la admiración de sus pares y su leyenda de impenitente seductor, o a don Francisco de Quevedo, descendido del pedestal del Parnaso, desvelado por recuperar los favores de la Corte y del conde-duque de Olivares, echándose al coleto varias jarras de vino o dispuesto a batirse con quien se atreva a elogiar a Góngora en su presencia. Son los años, como bien se dice en el volumen quinto de la serie, El caballero del jubón amarillo, en el que la novela se consideraba un arte menor (prejuicio que Cervantes sufrió como pocos), el teatro era el negocio más rentable, y la gloria estaba reservada para los poetas. Es la España del siglo XVII, ese imperio ávido y voraz, como todo imperio, por otra parte, en el que nunca se ponía el sol porque sus dominios abarcaban las Indias Occidentales, Brasil, Flandes, Italia, las posesiones de Africa, las islas Filipinas y algunos enclaves de las Indias Orientales. Pero lo que narra la saga de Alatriste es el revés de la trama del esplendor, vale decir, el barro, la sangre y la muerte que sostienen a semejante imperio. Don Diego Alatriste y Tenorio es un soldado veterano de los tercios de Flandes que se alquila como espadachín para casi todo servicio a fin de solventarse habida cuenta de las deudas que la Corona mantiene con los veteranos y que no termina jamás de pagar. Una figura que oscila entre el perfil de un mercenario y un mano de obra desocupado; un antihéroe paradigmático.
La saga abreva en la más antigua de las fuentes de la literatura: el relato de aventuras, aquél donde no hay tiempos muertos, donde cada cosa se cuenta a su tiempo sin la menor urgencia y cuya matriz son dos palabras que, manifiestas o tácitas, retroalimentan toda la trama: “Y entonces...”. No sería arriesgado suponer que el modelo privilegiado de Arturo Pérez-Reverte sea la que constituye la novela de aventuras por antonomasia y la que recortó, de una vez y para siempre el molde en el que confluyen hasta confundirse la aventura y el preciso y sincopado ritmo del folletín: El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas.

Como en toda novela de aventuras que se precie, el protagonista tiene un enemigo acérrimo, que siempre está a punto de ser ultimado pero que, por supuesto, no muere: el italiano Gualterio Malatesta, un sicario que, a la manera de los antagonistas borgeanos, se parece mucho a Alatriste, al punto de comentarle, en El caballero del jubón amarillo: “¿Alguna vez habéis pensado –dijo de pronto– en lo mucho que nos parecemos vos y yo?” Pero lo que no hay en esta saga de aventuras es lugar para el milagro o la maravilla. Basta ver el “Epílogo” del sexto volumen, Corsarios de Levante, que narra con brutal y despojado realismo el combate naval en las bocas de Escanderlu: cada vez que se preservan la vida y la libertad es a costa de sangre, combate y sufrimiento, de galeotes enloquecidos por el esfuerzo y de soldados al límite de sus fuerzas; el precio siempre es un precio pagado en carne humana.

La novela de iniciación

La saga también es, y acaso fundamentalmente, una novela de iniciación, una bildungsroman a la manera de la novela de iniciación por excelencia: Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister, de Goethe, de 1796.

Quien narra la saga es el joven Iñigo Balboa Aguirre, cuyo padre, Lope Balboa, murió peleando junto a Alatriste en un baluarte de Jülich y cuya madre pone bajo la tutela de Alatriste cuando Iñigo está a punto de cumplir trece años. Al comienzo de la saga –El capitán Alatriste–, Iñigo tiene, en efecto, trece años y se desempeña como criado y paje de Alatriste; cinco años después (El puente de los asesinos) ha participado en el sitio de Breda (El sol de Breda, tercer volumen de la saga), tomado parte en combates navales (Corsarios de Levante, sexto volumen), ha estado en manos de la Inquisición y a punto de ser ejecutado públicamente (Limpieza de sangre, segundo volumen) y recuperado un cargamento de oro para el rey Felipe IV (El oro del rey, cuarto volumen).

La saga es, pues, la novela de iniciación de Iñigo Balboa y su educación sentimental: si el capitán Alatriste vive y padece su amor imposible por la actriz María de Castro, Iñigo también tiene el suyo en la figura de Angélica de Alquézar, la sobrina del secretario real, Luis de Alquézar, y que, de todas las mujeres que conoció en su vida, al decir de Iñigo, “fue sin duda la más bella, la más inteligente, la más seductora y la más malvada” (Limpieza de sangre).

También es la iniciación literaria de Iñigo Balboa, inevitable teniendo en cuenta que vive y respira el aire de la España del Siglo de Oro. En el curso de la saga lee las dos partes del Quijote, el Guzmán de Alfarache, las Novelas ejemplares, los Sueños quevedianos y, guiado por el propio Quevedo, algunos clásicos griegos y latinos. Y aún hay lugar para que en El oro del rey, Pérez-Reverte, en un alarde de anacronismo, le rinda merecido homenaje a José Saramago y a La balsa de piedra, pues se une a los combatientes un tal Saramago el Portugués de quien se dice que está escribiendo “un interminable poema épico en el que trabajaba desde hacía veinte años, contando cómo la península Ibérica se separaba de Europa y quedaba flotando a la deriva como una balsa en el océano, tripulada por ciegos.

Y si la saga es una novela de iniciación en varios planos también es, por fuerza, heredera de la mejor tradición de la picaresca española. Iñigo y Alatriste se mueven en un ambiente que se hamaca entre lo mejor y lo peor de cada casa. Frecuentan a Quevedo, a condes-duques, cortesanos, clérigos y validos, pero tampoco le hurtan el cuerpo a malandrines, desertores y tahúres que respetan a rajatabla códigos y reglas no escritas. En especial cuando la acción se traslada, como ocurre en Limpieza de sangre, a sitios como el Patio de los Naranjos de la catedral de Sevilla, surge la España más baja y oscura, la que bulle de malhechores, rufianes y buscones, falsos tullidos y mendicantes maquillados que evocan la estremecedora corte de los milagros que Victor Hugo describe en Nuestra Señora de París.

El interminable Cervantes

Pero si hay una influencia –deliberada, visible, indisimulada– en toda la saga de Alatriste, ésa es la de Cervantes; no sólo porque se lo mencione decenas de veces, se transcriban fragmentos de entremeses, poemas y novelas, Iñigo no deje de leerlo y Quevedo de recordarlo, sino y fundamentalmente porque la estructura de la saga es eminentemente cervantina.

Aquello que funge como la célebre traducción de Cide Hamete Benengeli es un manuscrito de cuatrocientos setenta y ocho páginas, editado en Madrid y sin fecha de impresión, que se titula “Papeles del alférez Balboa”; estos papeles, o memorias, de Iñigo son los que un narrador encuentra, ordena y reescribe.

Ello deriva, necesariamente, tanto en la saga como en su confeso modelo, en el planteo de un tema sustancial: el del punto de vista. En un libro notable, El Quijote como juego, Gonzalo Torrente Ballester (el eximio novelista de, entre otras, Los gozos y las sombras, Don Juan o La saga/fuga de J.B.) se pregunta: ¿quién cuenta el Quijote? Un narrador, propone Torrente, que por ciertas señas fáciles de identidad, resulta evidente que no coincide con su autor; más aún, se puede pensar que este autor parece dispuesto a dotar de personalidad propia a su narrador; es un narrador que cuenta de oídas, a veces miente, vacila y se rectifica. De igual manera, se advierte en la saga de Pérez-Reverte un rasgo estilístico en el que no parece haberse detenido la crítica (en especial, la española): la vertiginosa muda de puntos de vista que la obra presenta. En la saga, hay un narrador privilegiado y testigo: el joven Iñigo Balboa, pero no es un testigo a tiempo completo: hay muchos momentos en que Iñigo, por meras razones espaciales, no está junto a Alatriste ni presencia sus acciones. Por lo tanto, aquí hay una muda de punto de vista en la cual surge otro narrador (un narrador a la segunda potencia) que sigue contando la acción. Tal como ocurre en el Quijote con el recurso de Cide Hamete Benengeli, en la saga la verosimilitud se asienta en los ya referidos “Papeles del alférez Balboa”, pero estas memorias no alcanzan para abarcar toda la trama; son los momentos en que se recurre a un narrador que, claramente, no es Iñigo, pero que resulta necesario para cubrir el requisito de la omnisciencia que le es connatural al relato de aventuras.

Enmarcada la acción en el Siglo de Oro y con los relieves de picaresca que ya se han mencionado, no se puede dejar de subrayar el trabajo de lenguaje que Pérez-Reverte realiza, en especial en lo tocante al uso de la germanía. La germanía fue una jerga de ladrones y rufianes compuesta de voces del idioma español pero cuyo significado difiere del consagrado por la Academia, compuesta por vocablos de orígenes harto diversos. El pasaje más ilustrativo de germanía de la saga es un diálogo mantenido entre dos marginales en el capítulo VII (“La posada del Aguilucho”) de El caballero del jubón amarillo. Nuevamente aquí, quien se levanta es la sombra de Cervantes: no hay ejemplo de uso más eximio de la germanía que Rinconete y Cortadillo, una novela ejemplar en más de un sentido.

La saga comienza con una ya mítica frase (es la misma frase con la que termina la película Alatriste, dirigida por Agustín Díaz Yanes, con Viggo Mortensen en el papel de Alatriste y estrenada en 2006) que define al protagonista por boca de Iñigo Balboa: “No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente.” En El oro del rey se da cuenta de la muerte del capitán (grado que nunca alcanza oficialmente, pero que le otorgan sus pares en batalla): muere en combate el diecinueve de mayo de 1643 en la llanura de Rocroi junto con los restos del último cuadro de la infantería española. Pero también en El oro del rey, Iñigo confiesa: “Ahora, en este viaje que para mí sigue siendo interminable –a veces rozo la sospecha de que Iñigo Balboa no morirá nunca–, poseo la resignación de los recuerdos y los silencios.” No hace falta decir que la eternidad de Iñigo Balboa garantiza la eternidad del capitán. Por más que Pérez-Reverte amenace de tanto en tanto con el fin de la saga, se puede presumir que hay Alatriste para rato. Larga vida, pues, al capitán.

http://www.revistaenie.clarin.com/liter ... 23823.html
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Mensaje por Rogorn » Jue Ago 30, 2012 12:30 pm


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Ada
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Mensaje por Ada » Lun Oct 22, 2012 12:14 pm

Lo venden en formato bolsillo a partir de la segunda semana de noviembre:

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grognard
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Mensaje por grognard » Mar Mar 26, 2013 10:14 pm

http://www.la-croix.com/Culture/Livres/ ... -19-889724

Venise la nuit

Arturo Pérez-Reverte est devenu l’«Alexandre Dumas espagnol» parce qu’il aimait raconter des histoires à sa fille. Pour la faire rêver et s’amuser lui-même. Il ne pouvait pas prévoir que ce jeu le conduirait à publier, depuis une quinzaine d’années, avec ses Aventures du capitaine Alatriste, des best-sellers rayonnant bien au-delà de l’Espagne.

Auteur aussi de livres considérés comme plus «sérieux» (1), l’ancien journaliste publie aujourd’hui le septième volume de ces aventures qui conduisent «notre héros» de Naples à Venise, dans l’Italie émiettée du XVIIesiècle, précisément en 1627.

Alatriste, bien sûr, ce nom est inspiré de Cervantès et de son «chevalier à la triste figure». Son Sancho Pança est un jeune valet, Inigo Balboa, devenu de livre en livre, à mesure qu’il prenait de l’âge, un vaillant combattant qui peut désormais se permettre de parler du capitaine comme de son «ancien maître».

Il est le narrateur de cette histoire, toujours admiratif de son capitaine encore que des impatiences de jeune adulte (il a 18 ans) le conduisent parfois au bord de la révolte. Dans une langue riche mêlant des tournures castillanes, italiennes, françaises, nous suivons ainsi (parfois avec le tournis, perdus dans des patronymes à rallonge…) au cœur de la géopolitique complexe de l’impérialisme arrogant de l’Espagne de Philippe IV.

L’affaire du moment est une conjuration d’une grande complexité, visant à assassiner, en pleine messe de minuit, à Saint-Marc, le doge de Venise, opposé à l’Espagne. Sont mêlés au complot des ambassadeurs d’Espagne à Milan, à Rome, des spadassins de toutes provenances, des Suédois, des Italiens, un prêtre fanatique, un Maure reconverti, une mère maquerelle et beaucoup de piliers de tavernes. Dire que l’affaire sera un succès serait excessif…

Mais n’en disons pas plus pour ne pas priver le lecteur de ce roman haletant et comme suspendu au-dessus de la lagune, dont les trois quarts sont consacrés à la préparation du complot et le dernier quart à son dénouement inattendu.

Plaisir de la langue, plaisir de la rencontre avec des personnages qui ne sont pas faits d’un bloc mais plutôt des soldats philosophes, remâchant sans cesse leur passé, insoucieux de leur survie, parfois tenaillés de scrupules quand des violences qu’ils pourraient commettre assaillent leur conscience.

L’un des éléments les plus passionnants de ce récit, sur le plan psychologique, concerne les rapports entre deux ennemis contraints de s’allier momentanément: le capitaine Alatriste et l’ignoble Italien Gualterio Malatesta, qui fut naguère convaincu d’avoir voulu assassiner Philippe IV mais fut récupéré comme traître utile… Les deux compères forcés ont un vieux compte à régler : chacun s’est promis d’assassiner l’autre. La mission vénitienne les contraint à une «trêve» magnifiquement décrite.

Le héros principal du roman est cependant une ville: Venise. Une ville transpercée d’humidité glauque, sous la neige d’un hiver glacial, se réchauffant dans des auberges suspectes que l’on rejoint en traversant des ponts glissants et des venelles où s’agglutinent des prostituées de partout venues.

La lie des mers est là : déserteurs, Turcs se faisant discrets, agents de l’Inquisition, espions du pape, spadassins du doge, Français sur leurs gardes, Allemands, Dalmates mercenaires, moines douteux, douaniers corrompus… Une humanité manipulée par les princes qui se déchirent autour de l’Italie, les uns pour accroître la domination de l’Espagne, les autres pour l’entraver au nom du pape et des rois de France. Il fait toujours nuit sur Venise et, dans chaque coin d’ombre, veille une dague.

Le Pont des assassins est une belle leçon d’histoire. Un passage la résume : « Quelqu’un a dit, ou écrit, qu’en ces temps fameux et terribles les Espagnols se sont tous battus, des nobles aux laboureurs. Et c’est vrai. Les uns l’ont fait parce qu’ils avaient faim de gloire et d’argent, d’autres parce qu’ils avaient faim tout court. (…) Sur les champs de bataille de la moitié du monde, des Indes aux Philippines, en Méditerranée, dans le nord de l’Afrique et dans l’Europe entière, contre toutes sortes de nations, barbares ou civilisées. (…) Nous nous sommes battus sans répit dans les Andes et les Alpes, dans les plaines d’Italie, sur les hauts plateaux mexicains, dans les forêts d’El Darien, sur les rives de l’Elbe, de l’Amazone, du Danube, de l’Escaut, de l’Orénoque, devant les côtes d’Angleterre, en Irlande, à Lépante, aux Açores, à Alger, Oran, Bahia, Otumba, Pavie, La Goulette, dans le détroit de Constantinople, sur la Mer Égée, en France, en Italie, dans les Flandres, en Allemagne. (…) Tous ont suivi leurs capitaines sous les drapeaux en loques, faisant trembler le monde entier. »

(1) Cf. notamment nos «feuilletons» des 18 décembre 2008 et 19 octobre 2011.

BRUNO FRAPPAT

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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Abr 02, 2013 5:07 pm

¿Alguien puede traducirlo? :o
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remolina
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Mensaje por remolina » Vie Abr 05, 2013 9:10 am

Ada escribió:¿Alguien puede traducirlo? :o


Puff, qué pereza. :lol:
"Aprecio a esos cabrones" APR

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Mensaje por Ada » Lun Sep 22, 2014 11:01 am

EL PUENTE DE LOS ASESINOS ARTURO PÉREZ-REVERTE

Coincidiendo con la llegada de su último libro, “El Francotirador Paciente“, voy a reseñar un trabajo anterior del autor de Cartagena, la séptima entrega de “Las aventuras del capitán Alatriste” a cargo de Pérez-Reverte, uno de los escritores españoles más amados y a la vez más odiados, y también de los más vendedores de la actualidad.

Vendedores, y a raiz de alguno de sus artículos, polémicos. Hacer una crítica de una de sus obras puede resultar hasta incómodo. Si la pones bien algunos te tacharán de fascista patriotero. Si la pones mal otros te caerán encima, pues para cierta gente Pérez-Reverte es un maestro indiscutible y casi lo ven como un gurú infalible.

Teniendo en cuenta que he leído toda la saga, es fácil imaginar que soy un seguidor de ésta, y que esta nueva novela me ha gustado mucho. Y del autor he leído buena parte de su obra y he disfrutado de casi todo lo que ha caído en mis manos. Pero, y el pero para mí es importante, hago una distinción muy clara entre el Reverte novelista del Reverte de los artículos, una distinción que casi nadie parece hacer. O lo amas o lo odias. O estás con nosotros o estás contra nosotros, parece decir la opinión general.

Por otra parte también he encontrado detractores muy sensatos a los que entiendo perfectamente, aunque no comparto sus opiniones sobre la saga, pues creo que es una visión muy negra, crítica y visceral de España y del español. Y el rollo patriotero no lo veo por ningún lado, ese que sí aparece en sus artículos.

¿Quiere decir que me trago todo lo de Reverte? Pues no. Para algunos esto será una contradicción, pero si a mí me regalas “Cuando éramos honrados mercenarios” salgo corriendo en dirección opuesta. Da miedo ver a algunos defensores de Reverte, que son la versión actualizada de lo que se crítica en sus novelas de la saga Alatriste. Para alguien como yo que ha seguido la evolución del veterano escritor, el Pérez-Reverte reunido en los artículos de “Patente de corso” no tiene que ver con el actual. Antes era más abierto, más irónico, menos repetitivo, incluso más generoso y a la hora de repartir leña era hasta más equitativo. Alguno dirá que me vuelvo a contradecir, pero prefiero mil veces al escritor de “El puente de los asesinos”, que la mayoría de artículos que escribe en su columna semanal. De estos, de vez en cuando se aprende algo pero no tanto como en el retrato crepúscular de un imperio que tan bien retrata la saga y otras obras, de Reverte.

Entrando, por fin, en materia, diré que “El puente de los asesinos” es otro libro potente, con personajes magnéticos y bien perfilados y tan disfrutable como cualquier otra entrega. No es el mejor Alatriste, el personaje de Gurriato sigue estando desaprovechado, la descripción de los compañeros andaluces y el compañero catalán, caen en el tópico más manido. Defectos menores. Las ilustraciones de Joan Mundet están bien pero no son imprescindibles y creo que es una de las razones por las que algunos, despectivamente, tachan la saga de literatura juvenil.

Pero la trama está llena de ideas geniales y malvadas, con el corrosivo y razonado anticlericalismo propio del autor. Hay momentos muy grandes ( las motivaciones de Livia Tagliapiera, la descripción de LA CALLE DE LOS ASESINOS o del histórico saqueo de Roma de 1527 ). Se nota que el autor ha disfrutado como un enano. Vuelven a aparecer Quevedo y sobre todo Gualterio Malatesta, el auténtico rey de la función, un villano que empieza a resultar simpático porque son mucho peores los reyes, políticos y sacerdotes que juegan con la vida de Alatriste, Inigo y sus camaradas. Diría que el desarrollo es menos denso que otras entregas. Posee el mismo ritmo dinámico y trepidante de toda la serie. Venecia se alza como la auténtica protagonista y te deja con ganas de más. Una obra casi magistral diría yo, y por esto sé que tal vez alguien me mande al pelotón de fusilamiento.

Hay ciertas sorpresas que hacen que la saga siga manteniendo un alto nivel, y después de su lectura uno acaba pensando que a Pérez-Reverte ( ¿la gallina de los huevos de oro de la editorial Alfaguara ? ) cierta gente lo atrae mediaticamente a su redil ignorando parte de su fuerte personalidad.

¿A qué me refiero? Hace poco, un diario muy, muy conservador, publicó una entrevista con el autor de “El asedio”, en la que, entre otras cosas dijo “ España es un país que durante muchísimos siglos ha estado en manos de reyes imbéciles, ministros corruptos y curas fanáticos”. Algo indiscutible. ¿Cuál era el título de la entrevista?: “España ha estado en manos de reyes imbéciles y ministros corruptos”. En otra parte del periódico hacían referencia a Reverte y volvían a poner la misma frase con la consiguiente omisión. Ya he visto unas cuantas así con este escritor. ¿Sintomático? ¿Casualidad? ¿Por qué todos los derechistas que alaban su obra no comentan nada o casi nada el feroz anticlericalismo de su autor? ¿ Y por qué no lo mencionan tamoco algunos de sus detractores que lo tachan de fascista?

Lo que importa es que este libro gustará a cualquier seguidor de Alatriste de la misma manera que es muy difícil que encuentre un público nuevo. Para mí, UN GRAN TRABAJO.

http://melibro.com/el-puente-de-los-ase ... z-reverte/
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Vie Nov 28, 2014 9:56 pm

Pérez-Reverte, artificieri senza frontiere
Giovanni Nardi - infinitetracce.it

Curioso errore quello contenuto nell’edizione italiana di un testo dello scrittore spagnolo Arturo Pérez-Reverte. Il libro s’intitola 'Il ponte degli Assassini' ('El puente de los Asesinos'), è edito da Marco Tropea Editore, fa parte della serie 'Le avventure del Capitano Alatriste' ed è l’ultimo apparso in Italia: è stato pubblicato nell’aprile di quest’anno. Nel romanzo il noto scrittore (è l’autore spagnolo vivente di maggior successo in tutto il mondo) immagina un compito ai limiti dell’impossibile affidato ad Alatriste: l’assassinio del Doge di Venezia Giovanni Corner. Del suo gruppo tra gli altri facevano parte cinque artificieri svedesi i quali, a pagina 252, diventano improvvisamente svizzeri. Le due parole, in italiano, si assomigliano ma non poi troppo, e non hanno radici comuni. Lo stesso è in lingua spagnola, dove lo svedese è "sueco" e lo svizzero "suizo" . Difficile allora spiegarsi il cambio di nazionalità, e lamentare ancora una volta del fatto che i benemeriti correttori di bozze sono una specie in via di estinzione.

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