'Falcó' (2016)

Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

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Postby Rogorn on Thu May 04, 2017 10:53 pm

“Nadie pelea como la mujer cuando tiene que hacerlo”
Entrevista de Mariana Arias - perfil.com - 04/05/2017

Su caballerosidad es un rasgo de carácter que, luego confiesa, viene de su educación. Prima junto con su simpatía y la lucidez que lo lleva a escribir novelas como esta última que trae a la Argentina. Su nombre es 'Falcó', como el del protagonista; un hombre peligroso y a la vez entrañable, con valores que para, Arturo Pérez-Reverte, son dignos de admiración: valor y entereza ante su destino.

-¿Cada novela es un ejercicio de entrenamiento?
-Yo soy un lector que accidentalmente escribe novelas. Algunos autores dejan de ser lectores y lentamente mueren, aunque caminen, están muertos. Al hacer una novela te obligas a leer y eso te devuelve la inocencia, descubres cosas y es muy estimulante.

-Oriana Fallaci te dijo poco antes de morir: "Arturo, es que escribir novelas mata más que las bombas". ¿Es un gran esfuerzo también estar permanentemente conectado con la escritura, buscando información, trabajando en la creación?
-Lo que pasa es que, al ser un escritor profesional como yo, una novela es un trabajo. Cada novela es un desafío y un problema de eficacia a resolver. Un trabajo disciplinado. yo me levanto cada día a las 7 de la mañana, hago ejercicio, voy a nadar, y luego trabajo de 8 a 3 de la tarde, todos los días de mi vida. A veces tengo ganas y a veces no. Es un esfuerzo muy agradable y gratificante pero agota. Y Oriana decía eso.

-¿Tu propia vida, tus vivencias están un poco en cada libro?
-A veces me pasa que tengo recuerdos y no sé si sucedieron realmente o los escribí. La vida se mezcla con la literatura, es una situación incómoda pero al mismo tiempo me gusta.

-“El infierno es un poderoso estimulante” es una frase que inicia tu libro. Para Falcó, el protagonista está hecha a medida. La guerra es el ámbito y es el infierno que lo estimula.
-Hay gente que necesita la adrenalina, la aventura, la incertidumbre, incluso el miedo. Gente que necesita caminar por la vida y sentir que está en territorio hostil. Como en el mar, es peligroso y tienes que estar preparado siempre para lo imprevisto. Cuando trabajaba en la guerra a mí no me gustaba la guerra. Me gustaba cómo me sentía yo en la guerra. La guerra me obligaba a estar siempre bien despierto. Esa sensación se la he prestado a Falcó, para quien el peligro significa un estimulo.

-La guerra fue tu universo de vida durante 21 años, estuviste en conflictos armados en Chipre, Líbano, las Malvinas, El Salvador, Nicaragua, Angola, El Golfo. Aunque de todas ellas, la guerra de Eritrea, en 1977 te marcó especialmente, anduviste desaparecido varios meses y te ayudaron tus amigos de la guerrilla. ¿Qué has aprendido en la guerra?
-Aprendí que en la guerra no hay buenos y malos. En Eritrea, los amigos que yo había tenido, los que me cuidaban, en combate, mataban prisioneros, violaban mujeres. Entonces me di cuenta de que el hombre es al mismo tiempo bueno y malo, oscuro y luminoso. Eso me rompió todos los esquemas del bien y el mal. De esa mirada es de donde sale 'Falcó'.

-Es una mirada escéptica, de pérdida de confianza en el ser humano, sin embargo hay ciertos valores, como la grandeza y su capacidad de pelear y enfrentarse a la dureza de la vida, la valentía, que destacas y rescatas…
-Yo fui muy bien educado, para ser un caballero, con reglas, con palabras como: honor, patria, dignidad, bandera, amor. Luego salí a un mundo de canallas y me fueron arrancando esos recursos. Cuando ya no los tuve, me tuve que agarrar de los pocos que me quedaban. Cuando veo en la gente solidaridad y lealtad, eso me reconcilia.

-El escenario de 'Falcó' es la Guerra Civil Española, los años 30 y 40 del siglo XX y la creación de un personaje en el que la fortaleza y el instinto de supervivencia mandan. ¿Te cae bien Falcó? ¿En que se parecen?
-A tí también te cae bien, porque me costó trabajo crearlo para que te cayera bien. Tiene claros y oscuros, el desafío era hacer de Falcó que es un tipo amoral, un criminal, mata, tortura, trata a las mujeres de manera machista. Hacerlo también guapo, simpático, inteligente, seductor y encantador, Un tipo con el que los hombres pudiesen tomarse una copa y las mujeres irse con él a la cama.

-A él le gustan las mujeres valientes como Eva Rengel, que tenia algo sólido y oscuro que Falcó puede reconocer, porque está hecho de la misma materia: frío, desarraigo... Y ahí pierde un poco los estribos. ¿Siempre las mujeres son tu debilidad? ¿La obsesión?
-El hombre no es interesante en términos narrativos, desde Homero hasta acá está todo contado, pero la mujer tiene distintos ángulos: lucidez, estragos, amarguras, sombra, coraje. Son fascinantes. Por eso en mis novelas siempre están las mujeres. Mujeres capaces de pelear. Nadie pelea como la mujer cuando tiene que hacerlo, ese es el tipo de mujer que me interesa, la mujer capaz de defender lo suyo. Nadie como una mujer puede desmontar a un hombre. Lo hace minuciosamente. Esa capacidad implacable de lucidez y de análisis es propia de la mujer.

-En la guerra, Falcó ve enfrentados, en las calles de España, a falangistas, socialistas, comunistas, anarquistas, matándose entre ellos, muchos se conocían de las universidades, habían sido hasta amigos. No se sabía bien cuáles eran los bandos. La diferencia es que su guerra era otra y en ella, los bandos estaban claros, de un lado él y del otro todos los demás, esa era su ideología. ¿Este cuento es como develar la confusión, la incoherencia, el escepticismo respecto a las grandes ideas?
-Hice varias guerras civiles como reportero y una cosa que aprendí ahí es que cuando estás lejos se ve todo claro. En España, Franco era el malo y los republicanos eran los buenos, aquí los milicos eran los malos, los Montoneros eran los buenos. Cuando te acercas y estas con ellos, te fumas un cigarrillo, te das cuenta de que son humanos, entre un chico de 16 años que es comunista y otro que es falangista no hay ninguna diferencia, la vida los ha puesto ahí. Ver esto es bueno porque te cura de las etiquetas.

-¿Se están perdiendo las ideologías en el mundo?
-Algunas no es malo que se pierdan. Creo que se están diluyendo, el problema está en que está llegando el populismo, que no es una ideología sino un estado de ánimo. La ideología tiene un fundamento, el populismo no lo tiene. El populismo esta lleno de impulsos, siempre recurre al pueblo al que dice representar. Me preocupa la sustitución de algunas ideas por el populismo.

-Para Falcó la palabra patria no tiene valor. El populismo usa esa palabra.
-En latín, "patria" significa "la tierra de tus antepasados". No es una bandera. es el lugar de la memoria donde están tus ancestros. Lo otro, esa patria de bandera por la que hay que morir o matar, es peligrosa porque los canallas utilizan la palabra patria para envolver sus negocios sucios.

-Nicolás Maduro usa la palabra patria en Venezuela.
-Maduro es un sinvergüenza que usa palabras nobles para fines perversos.

-¿Qué pensás de la llegada de Trump a Estados Unidos?
-Es justo lo que hablamos de la llegada del populismo, Trump no es republicano ni demócrata, es populista. la utilización de la ideología para una aventura personal.
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Postby Rogorn on Fri May 05, 2017 9:09 am

"Nunca he visto a nadie morir por ideas ni por la patria"
Entrevista de Laureano Debat - clarin.com - 04/05/2017

“La noche es neutral. Es de quien la utiliza, no ayuda ni a unos ni a otros”, piensa Falcó, insomne en su habitación, fumando y planeando una operación comando. Una frase que es la esencia del personaje que Arturo Pérez-Reverte ha creado para su último libro: un tipo sin otro bando que el suyo personal y que actúa en una España polarizada como nunca en toda su historia. Un aventurero en busca de adrenalina y que se basta de sí mismo para torcer el destino a su favor. 'Falcó' (Alfaguara) transcurre en el otoño de 1936, unos meses después del levantamiento franquista que da comienzo a la Guerra Civil. Y con un protagonista que, tras viajar por el mundo traficando armas, ahora trabaja para los nacionales en plena insurgencia. Un mujeriego, bon vivant y con un sentido de la moral opuesto a los valores de Dios, patria o familia. Pérez-Reverte lo presenta mañana en la Feria del Libro, a las 20, en la sala Borges.

Antes, el escritor recibió a Clarín en su casa del barrio de Las Matas, en la urbanización de Las Rozas (a 17 kilómetros de Madrid). En la charla muestra su biblioteca, distribuida en tres plantas, por géneros, países y épocas: libros de historia, enciclopedias, diccionarios, escritores argentinos, siglo XVII en España y, así, hasta superar los 32 mil ejemplares. Se detiene en el estante reservado a Joseph Conrad, el único escritor en toda la casa de quien hay una fotografía colgada. “Cuando estoy trabajando y me encuentro en un momento difícil, narrativamente hablando, vengo aquí y digo: a ver, maestro, ¿qué hago? Cojo cualquiera de sus libros y leo. Y es como tomarte una aspirina. De pronto, todo otra vez se pone en su lugar y parece sencillo, todo se ordena”. En un rincón, hay una carta naval desplegada para su próxima incursión como navegante en el Mediterráneo. En varias galerías, su colección de más de 120 sables de caballería, todos originales. Por donde haya una mesa, hay libros encima. Coloco mi grabador sobre las tapas duras del tomo completo del 'Borges', de Adolfo Bioy Casares.

-¿Por qué novelar la operación para liberar a Primo de Rivera? ¿Qué lo cautivó de este hecho?
-No me apetecía el hecho en sí, yo quería contar una historia en la Guerra Civil que no fuera la típica novela de buenos y malos, con un personaje que no fuera ni de unos ni de otros. Lo de Primo de Rivera me daba un pretexto narrativo muy bueno, no se había novelado y era un territorio donde se podía mover la novela con tranquilidad. Lo de José Antonio, en realidad, me es indiferente. Pero sí era muy eficaz como pretexto narrativo, por eso lo elegí a él.

-¿Le hubiese gustado cubrir la Guerra Civil Española como lo hace un cronista de guerra?
-La verdad que no. Una de las ventajas que tenían mis guerras era que no eran mías. Me iba a Sudán, Angola o Bosnia y siempre tenía el consuelo de que aquella Troya que ardía no era mi Troya. Después con los años descubrí que siempre es tu Troya, ¿no? Que el muerto, aunque sea sudanés, angoleño, bosnio o croata, siempre tiene el rostro de un amigo tuyo, de tu hijo, de tu hermano...

-Falcó podría parecer de antemano un personaje antipático. Pero luego nos seduce.
-Es un hijo de puta, mujeriego y golfo, pero gusta a las mujeres y cae bien a los hombres. Y esas son armas que él utiliza para sobrevivir y medrar. Es un tipo encantador, socialmente. Lo que pasa es que, moralmente, no lo es. Falcó puede caer antipático a aquellos que creen que la ideología es imprescindible. Cuando uno mira las cosas de lejos, con la historia o la ideología como marco, es muy fácil distinguir las cosas buenas de las malas. Es evidente que la República era buena y que los otros eran malos, eso está claro ¿no? Pero, como dice mi amigo el pintor de batallas Augusto Ferrer-Dalmau, “yo no pinto ideologías, pinto seres humanos en la guerra”. Cuando te acercas a los seres humanos, la cosa ya no está tan clara. Yo he estado en guerras civiles como la de Nicaragua, por ejemplo, donde el bando somocista era el malo. Y cuando te acercas y estás con ellos, te das cuenta que son unos pobres desgraciados que están ahí con el fusil intentando sobrevivir. Yo nunca he visto a nadie morir por ideas ni por la patria. La gente lucha por sus amigos, porque le ha tocado, porque no tiene más remedio o por sobrevivir.

-“El mundo es una aventura formidable que no estoy dispuesto a perderme”, dice Falcó. Pareciera que lo mueve más un deseo por saciar su sed de viajes, mujeres y acción, más que el dinero.
-Sí, porque Falcó es un aventurero. Yo he conocido a gente así, que no la mueven ni ideologías ni ambiciones ni dinero. Les va la marcha, la tensión y la adrenalina. Hay asesinos, torturadores, criminales que son gente interesante. Yo pasé ocho horas en la terraza de un hotel en Sarajevo junto a un francotirador, al que había pagado para que me dejara estar y hablar con él. Me contó cómo lo hacía y por qué disparaba y a quién. Ese tío no estaba ahí por Serbia ni por dinero, sino porque le gustaba disparar. Era un cazador y cazaba seres humanos. Por eso que poner etiquetas es estúpido y peligroso, porque impide acercarte a la naturaleza de las cosas. Si quitas la etiqueta y te acercas al que está al lado y le dices “venga, tómate una copa conmigo, hijo de puta”, a lo mejor estás horrorizado moralmente, pero fascinado intelectualmente.

-El narrador de su novela es una tercera persona omnisciente que, por momentos, pareciera fundirse con la voz de Falcó, como si fuera el propio personaje quien narre.
-Se asoma un poco a su monólogo interior sin asomarse demasiado. Esta vez, quería crear un artefacto que fuese fluido, eficaz, con un ritmo preciso, con un lenguaje más cortante y con diálogos más secos. Aquí empleé todo lo que he aprendido como novelista en estos 30 años. Es una novela más cortada y sincopada, con mucha acción y menos descripción. Hay un producto mucho más afinado. Porque una novela si no es eficaz no es buena, sin peros. Y eficaz ¿qué es? Que produzca en el lector exactamente lo que el escritor quiere que se produzca, más las cosas que se deriven de ello. Si la novela no funciona, es una mala novela.

-¿Cuáles son sus escritores argentinos favoritos?
-Roberto Arlt es el mayor escritor argentino. Lo gracioso es que cuando yo empecé a ir a Argentina, hace ya 40 años, era considerado un escritor menor. Y todos estos gilipollas que ahora le hacen prólogos a Arlt, entonces lo despreciaban y no hablaban de él. Como también despreciaban a Soriano, al que mataron de pena por no reconocerle su talento. Nadie entiende la Argentina mejor que si lee a Soriano o a Arlt. Leer a Borges no, porque Borges no es argentino sino universal, es otra cosa.

-¿Trata de ser exacto con los detalles de lugares reales que describe en sus novelas?
-No trato de ser exacto: debo serlo. Siempre hay un margen de ficción y de manipulación, pero intento ser exacto, más que nada por honor profesional. Me gusta que mis novelas estén muy bien documentadas. Por ejemplo, en 'El tango de la Guardia Vieja', si digo que al salir de la estación de Barracas camina y cruza a la derecha donde está el colegio tal, el manicomio, la fábrica de cerveza tal, me gusta que los argentinos que saben eso y que a lo mejor son tres digan "qué cabrón, se lo ha preparado". Es una especie de vanidad personal.

-Me mostró el primer manuscrito de la nueva entrega de 'Falcó'. ¿Cuánta vida tiene este personaje?
-No sé cuántos haré, es un experimento. Ha ido tan bien que por eso me animé a hacer el segundo. Por lo menos haré tres, todos ambientados en la Guerra Civil. También puedo hablar de historias retrospectivas anteriores a esto. Todo puede ocurrir.
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Postby Rogorn on Sun May 07, 2017 7:13 pm

"Escribir novelas es la forma que encontré de calmar las huellas que me dejó la guerra"
Entrevista de Walter Duer - El Mercurio - 07/05/2017

¿Es posible sentir cariño por un asesino y mercenario, que en medio de la Guerra Civil española puede tomar partido por cualquiera de los bandos sin el menor remordimiento? Devoto de la transgresión y cronista de guerra durante más de dos décadas, el novelista español Arturo Pérez-Reverte, de 65 años, estuvo en la Feria del Libro de Buenos Aires para presentar a Falcó, protagonista de su última novela: un hombre capaz de torturar y matar, pero también ingenioso, guapo y seductor. Un antihéroe brutal y, a la vez, encantador.

-¿Qué característica tiene Falcó que te gustaría tener?
-Veinte años menos. Por lo demás, estoy muy satisfecho con mi vida. Todo me salió bien, tuve mucha suerte. Si bien no nos parecemos en muchísimas cosas con Falcó, coincidimos en nuestra forma de mirar el mundo. Al parirlo, además, le hice un inmenso favor: no le coloqué ninguna mochila de tormentos o remordimientos. Es un aventurero, un niño que juega en un mundo peligroso con reglas peligrosas. Gracias a esa ausencia de conciencia y de escrúpulos es que puede cometer atrocidades, y transitar sus peripecias entre la adrenalina y las mujeres, sin que eso le genere pesadillas.

-¿Es posible escapar de esa mochila? Faulques, de 'El pintor de batallas', por ejemplo, parecía incapaz de librarse de esos tormentos.
-El caso de Faulques es diferente, porque si bien 'El pintor de batallas' tiene el formato tradicional de novela, es una autobiografía. Sus recuerdos son mis recuerdos. Es cierto, es difícil escapar de la mochila que te deja la guerra. Lo mismo ocurre cuando trabajas en la guardia de un hospital o eres el abogado de un criminal. Todo lo que implica proximidad con la parte más cruel y sangrienta del ser humano, te va cargando de imágenes que te acompañarán toda la vida. Y sientes que has participado de ese dolor, de ese mal. Pero el ser humano es capaz de montar cualquier coartada para no tener remordimientos. Apuesto mi reloj a que cualquier asesino tiene veinte razones que le permiten dormir tranquilo. Yo mismo he dejado de hacer cosas que debí haber hecho en medio de un campo de batalla y, al día de hoy, me digo a mí mismo que ya eran las tres de la tarde, que necesitaba mandar la información... Siempre encuentro una excusa. En fin, escribir novelas es la forma que encontré de calmar las huellas que me dejó la guerra.

-¿Por qué has elegido la Guerra Civil como escenario?
-Cuando el ser humano es inculto, la complejidad le repele, por lo que apela a las etiquetas para simplificar la situación. España ha abusado de las etiquetas con la Guerra Civil: Franco es malo y los republicanos buenos, o viceversa, de acuerdo a dónde esté parado cada quien. En mi época de reportero aprendí que si bien de lejos todo se ve claro, cuando uno se acerca al ser humano las cosas cambian. ¿O acaso un falangista de 17 años es más detestable que un comunista de 17 años? Hacer pasear a Falcó por ese espacio tan ambiguo fue una provocación. Tuvo una buena acogida en España, así es que asumo que los lectores la entendieron.

-Dentro de ese mundo oscuro en el que se mueve Falcó, parecería que tiene en claro determinados códigos que jamás traiciona. ¿Cómo se construye esa suerte de ética paralela?
-En mi caso, y el de Falcó es parecido, fui un chico educado para ser un caballero, como lo habían sido mi padre y mi abuelo. Luego la vida me llevó por lugares en los que ser un caballero no servía para nada y sufrí un despojo de los valores que me habían inculcado. El vacío es muy grande y si uno no es capaz de llenarlo con algo, se vuelve loco. "De toda esta porquería que veo acá, ¿qué es lo único que no falla?", me pregunté. Recurrí entonces a una serie de elementos que no se devalúan para construir una nueva moral, una nueva ética: lealtad, dignidad, coraje, valor, solidaridad. Ese mecanismo, que tanto me sirvió, se lo transmití al personaje.

-¿Qué hace querible a Falcó?
-El desafío técnico para mí fue muy importante: necesitaba que el lector aceptase a un tipo que era un torturador, un asesino, un inescrupuloso. Así es que lo hice guapo, le di elegancia, encanto... A diferencia de lo que ocurre en muchas novelas, que leemos "era inteligente y simpático", y debemos creerle al autor bajo palabra, porque nada de lo que ocurre o de lo que dice ese personaje lo demuestra, aquí trabajé en que quedara claro que era inteligente y simpático sin necesidad de decirlo. Además, en las formas, Falcó es un caballero con la certeza de que no lo es. Dicen que las mujeres se casan con los caballeros, pero se enamoran de los canallas, por lo que la dualidad de Falcó lo hace en este sentido muy atractivo.

-¿La segunda historia de Falcó está en pleno proceso, verdad?
-Sí. En principio iba a ser una novela más larga, pero mientras la escribía lo pasaba tan bien con ella que decidí que dure, al menos, dos entregas más. Es que me permite vivir inmerso en revistas, en el cine, en la literatura, en la moda y en los objetos de los años 30, un mundo diferente al vulgarmente mediocre que tenemos hoy. Si la novela elige al escritor, en este caso, Falcó lo hizo, además, en el momento exacto.
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Postby Rogorn on Tue May 09, 2017 9:27 am

“La cultura occidental está condenada a muerte”
Entrevista de Nicolás Lucca - noticias.perfil.com - 09/05/2017

Pocos novelistas pueden ostentar la etiqueta “Ha roto el molde” pegada en la solapa del saco. En el caso de los periodistas, el número se reduce a cuantos dedos tenga una persona en una mano. Arturo Pérez-Reverte puede darse el lujo de mostrar la misma medalla en ambos terrenos. Por creativo, por provocador, por indomable. Una mentalidad que deja a quienes coinciden con sus ideas, como a quienes no, chiquititos ante el ¿coraje? ¿falta de filtros? ¿honestidad imprudente? del cartaginés que no tiene ningún problema en gritar sin levantar la voz que Europa está vieja y es cobarde frente al avance de los extremistas religiosos. Viniendo de él, la provocación se convierte en una afirmación incómoda: a lo largo de toda su vida ha ejercido el periodismo como corresponsal de guerra en tantos conflictos bélicos que hace practicamente imposible una refutación. Él no sólo sabe de qué habla: lo vivió.

Desde el lobby de un hotel de la Recoleta porteña, don Pérez-Reverte recibe a 'Noticias' y este periodista se siente microscópico sin saber si no resulta una exageración tratarlo como colega, dado que su labor como novelista ya lo ha trascendido, pero nunca se deja de ser periodista…

–Sí, se deja de ser periodista –afirma Pérez-Reverte y, mientras soluciona el enigma de su entrevistador, dispara su primer balazo de incorrección–, lo que pasa es que es como cuando uno ha sido puta o ha sido sacerdote: queda algo que ya no se puede borrar. Se puede dejar de ser periodista pero nunca se pierde la mirada que te da el periodismo, una especie de lucidez extrema, de escepticismo oculto. Una cultura no hecha de libros, sino hecha de conocimientos del ser humano. Y uno ya nunca puede mirar a la gente igual cuando uno ha sido periodista, como cuando ha sido puta o ha sido sacerdote. O policía. Uno nunca puede olvidar el periodista que fue, aunque no ejerza como tal. Y hay cosas que ya no se creen como tal, hay fes imposibles, hay palabras con mayúsculas que ya son imposibles y tienen minúsculas todo el tiempo.

–¿El escepticismo le ha jugado en contra?
–No, me ha jugado a favor. El escepticismo hace el mundo más frío, más gris, más hostil. Uno desearía encontrar en la gente virtudes que sólo encuentra en los perros o en los niños. El problema está en que el haber sido periodista –o haber sido puta, o sacerdote o policía– hace que uno vea cosas que no querría ver. Yo puedo ver un joven educado, bien vestido, con chaqueta, camisa blanca, las manos cuidadas, bien peinado, una barba recortada, pero mi especie me dice que ese joven a la vez puede ser un hijo de puta absoluto. Pone siempre una cierta distancia y eso es bueno, es práctico, es útil, pero también es desolador, porque uno quisiera que el chico que se sienta confiara tu vida. Pero la experiencia hace que uno se frene.

–Sus afirmaciones desde lo que está pasando en Europa con los conflictos migratorios…
–(Interrumpe) No es un conflicto de migraciones: es un conflicto de historia. La historia está cumpliendo su inevitable rigor de siglos.

–¿Qué es lo que le preocupa de la situación actual de Europa?
–A mí no me preocupa nada porque tengo 65 años. Mi vida está hecha, he vivido como he querido, he tenido una vida muy satisfactoria, he tenido mucha suerte, todo me ha salido bien, estuve donde quise estar, escribo libros, navego, soy dueño de mi vida, de mi tiempo, de mi dinero. En ese sentido no me preocupa. Lo que pasa es que observo la realidad. Y la realidad es como es. Cuando has vivido la historia en primera persona, has sido testigo de ella, o tienes la edad suficiente para que las pasiones, los impulsos y las etiquetas fáciles no pesen tanto como la lucidez, el análisis y el conocimiento del ser humano, te das cuenta de que hay cosas que ocurren inevitablemente. Es complicado responder esto, pero voy a utilizar un ejemplo. Hay una novela que se llama 'El cazador de barcos', de Justin Scott, que es una obra maestra, el mejor libro de barcos que se ha escrito en el siglo XX. Y en ese libro hay un punto en el cual dice el protagonista: “En el mar puedes hacerlo todo bien, pero aún así el mar te matará. Pero si eres buen marino, al menos tendrás el consuelo de saber en qué latitud-longitud estás cuando el mar te mate”. Pues eso es lo que yo quiero. Lo que intento es, a mí mismo y a mis lectores, situarlos en que latitud-longitud están. Que sepan dónde están y por qué el mar los mata. Pero matarlos, los va a matar igual.

–No hay solución.
–La historia no se soluciona, se vive. La cultura occidental está condenada a muerte. Aristóteles, Homero, Dante, Virgilio, Shakespeare, Borges, Cervantes, Rembrandt, Bioy, todo eso se va al carajo. Porque ha pasado su época, porque ahora viene otra época distinta. Tardará a lo mejor un siglo, dos siglos o tres, pero eso pasará y vendrá otra cosa, otra cultura diferente, mezclada, mestiza, no lo sé, no me importa, no voy a estar aquí para verlo. Pero es evidente que hay un sistema de valores, que son la Ilustración, la Revolución Francesa, las ideas, los derechos del hombre, que están en cuestión. Yo me limito a ser notario, a contarlo. Y también a decir “frente a eso no hay solución”. Hay analgésicos: no quitan la causa del dolor, pero ayudan a soportar el dolor. La única forma de asistir al final de un mundo es tener la lucidez bastante para comprender que ese mundo tiene que acabar. Mi actitud es esa. Todo responde a lo mismo: es una actitud ante un final de época.

–¿No hay una falta de comprensión de los ciudadanos de occidente sobre la gravedad de este tema?
–Hay una diferencia que es para mí muy importante: nuestros abuelos, la generación que precedió a la mía y todavía parte de la mía, tenía también la certeza de que el mundo es un lugar peligroso, hostil y donde las cosas son caducas, donde se muere con facilidad, donde el ser humano es un hijo de puta depredador. Pero eso lo hemos olvidado, porque somos tan estúpidos… Educamos a nuestros hijos diciendo “el 'Titanic' es insumergible”. El 'Titanic' tiene siempre un iceberg delante. Siempre lo hay. Pero les hemos hecho creer que el 'Titanic' nunca se hunde. Estamos creando generaciones ajenas a la realidad, incapaces de comprender. Entonces, cuando viene el golpe, cuando viene la dictadura de Videla, cuando viene la bomba del montonero, cuando viene la guerra civil española, cuando viene el tsunami, cuando viene la guerra de Aleppo, cuando viene el meteorito, la gente dice “no puede ser”. Claro que puede ser, idiota: son las reglas, solamente que lo habíamos olvidado. Occidente ha olvidado de dónde viene, ha olvidado su historia. Parece que es nuevo, pero en realidad es sumamente olvidado. Mis artículos, toda mi actitud intelectual -si se le puede llamar intelectual a mi actitud, ya que solo soy un tipo que cuenta historias-, se encamina a gritar, repetir, recordar a aquellos que quieren o que entienden “mira, chico, esto es un lugar muy jodido”. No es que ahora estemos peor. Habíamos creído que nunca íbamos a estar mal. Lo habíamos olvidado.

–¿No estamos equivocando la puntería sobre los problemas reales, como si quisiéramos pintar la pared cuando está en riesgo que se caiga?
–Eso es propio de todo final de época. Hay un escritor romano llamado Amiano Marcelino que se queja de los últimos tiempos de Roma: “Ahora las calles están llenas de jóvenes tocando el tambor vestidos como los bárbaros y cantan hasta la madrugada y molestan a los vecinos”. Fue en el siglo IV y ya se quejaba de lo mismo. Hay una cosa que está clara, para mí: el mundo occidental, sin cultura, sin la médula espinal de la cultura, no es nada. Nosotros somos lo que somos porque tenemos derechos humanos, tenemos Platón, Virgilio, Arístoteles, Dante. Pero ese mundo está sentenciado a muerte. Platón está muerto, Virgilio está muerto, Cervantes está muerto, Borges está muerto. El mundo actual no tiene herramientas defensivas. Todo el sistema educativo, argentino, español, occidental actual está encaminado a destruir la inteligencia, no a potenciarla. Antes, la élite se consideraba necesaria para tirar del carro. Élites culturales, científicas, políticas, de todo tipo. Antes, la educación era una vía adecuada para localizar y destacar aquellos brillantes que podían ser útiles a la sociedad en distintos aspectos. Ahora es al revés: la mediocridad. En un colegio un niño de siete años brillante será machacado por el sistema para no dejar atrás al torpe de la clase. Esa inversión de valores, esa falta de respeto por la ciencia y la élite como mecanismo motor de la sociedad, es propia de los finales de época: cuando todos los mediocres creen ser iguales que los que no lo son. ¿Qué es Twitter? Todos los mediocres intentando hacerse oír para callar la voz de los que realmente sí son brillantes. No hay salvación. No hay solución, es un problema de cultura. La cultura que crea occidente, la que nos nutrió, está desapareciendo.

La conversación vira hacia 'Falcó' (Alfaguara, 2016), su última novela, que ha convertido en apasionante un triste período del siglo XX, y a lo que rodea a la obra en sí. Cada lector habrá tenido su percepción, pero bueno, la tiranía del entrevistador lleva a preguntar por las propias.

–¿Qué es lo que hace que nos resulte agradable consumir tragedias viejas y nos resulten insoportables las tragedias de hoy?
–La pregunta es muy inteligente, pero no estoy de acuerdo. Nos llevaría a un debate ajeno a la entrevista, pero creo que no es así. La historia, la memoria, nos permite soportar cosas que en el presente nos serían insoportable. Es sencillo: la película que yo vi recientemente de Ricardo Darín, 'Capitán Kóblic', es una película insoportablemente sórdida porque está muy cerca en el tiempo. La historia contando como tiraban a la gente del castillo a los fosos a los prisioneros sarracenos de las cruzadaas es soportable. Al tenerlo tan cerca nos sentimos afectados. Cuando al horror lo sentimos cerca, nos hace reaccionar. Pero cuando lo sentimos distante, lo podemos soportar. Por eso el ser humano prefiere olvidar que el horror pertenece al ahora. Y es el error grave que comete. No es que el libro sea romántico. Al hablar de otra época hace que sean soportables cosas que hoy son insoportables. Hay una escena de tortura en el libro. Si esa escena la contáramos aquí en la ESMA, sería completamente inaceptable que un protagonista torture de esa manera. Pero al haber pasado un siglo, es más tolerable. El ser humano es así de estúpido.

–Las mujeres que he consultado sobre la percepción que tienen de Lorenzo Falcó han respondido que es “adorable”.
–(Sonríe) Es que las mujeres son unas cabronas. Todas lo son. Está clarísimo: Falcó es un hijo de una gran puta. Si ese hijo de una gran puta hubiera sido un tipo sucio, feo, vulgar, mediocre, habría sido intolerable por todos. Pero no. Ahí está la habilidad técnica del autor, que no es tonto y conoce su oficio. Decidí dotarlo de otras cosas: inteligencia, simpatía, gracia, pero sobre todo el descaro del sinvergüenza simpático. Y eso con las mujeres no falla jamás. Las mujeres se casan con los caballeros pero se enamoran de los canallas. Es una constante histórica, no es una expresión mía. No es que yo diga “yo pienso qué”. Está probado históricamente y cualquier persona con canas en la barba sabe muy bien a qué me refiero. Yo cuando iba al colegio y tenía amigas, tenía 14 años y era un chico bien educado. Iba a ser un caballero. Me di cuenta que a las chicas el que las besaba era el malote, el sinvergüenza de la clase. Ahí empecé a entender eso. Una novela es un artefacto narrativo que debe funcionar con eficacia.Yo recurrí a todo aquellos que yo sé de la vida para que mi héroe fuese aceptado por lectores hombres y lectores mujeres. Debo haberlo hecho bien.

–¿A los hombres nos pasa lo mismo?
–No exactamente. Los hombres somos muy elementales, somos de piñón fijo. La mujer es diferente, es mucho más inteligente que nosotros, tiene unas percepciones de la vida mucho más reales que las nuestras. La mujer sabe que está en el Titanic, el hombre lo ignora. Por razones históricas, genéticas, la mujer tiene una lucidez de la que el hombre carece.

–¿Qué satisfacciones le trajo Falcó?
–Yo detesto escribir. Lo que me gusta es imaginar. Hay algo que para mí es muy importante: un escritor tiene una fecha de caducidad, como los yogures. Depende de su talento, se agota. Es un escritor muy lindo pero está muerto. Y el que ha muerto y no lo sabe, es tristísimo, porque va por la vida sin saberlo. Hay escritores que mantienen el vínculo y siguen vivos. Al escribir Falcó descubrí una cosa: yo no estoy muerto porque sigo siendo lector. Y cuando un escritor pierde de vista al lector que fue, muere. Me puse a leer libros antiguos, ver Hitchcock, leer revistas de la época. Me he dado cuenta que sigo teniendo el impulso inocente, candoroso del lector que descubre cosas. Por eso sé que aún no estoy muerto. Paradójicamente es más sencillo que los otros, más escueto, más lacónico, más canónico, más adelgazado, pero justamente por eso, al obligarme a hacer un ejercicio de literatura intelectualmente mucho más sobrio, me ha puesto en un lugar de lector. Y he descubierto que todavía soy lector, lo he confirmado y eso me hace muy feliz.
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Postby Rogorn on Thu May 18, 2017 1:43 pm

“La historia no es más que un pretexto para mostrar al personaje”
Entrevista de Máximo Soto - ámbito.com - 17/05/2017

Desde 1986, en 30 años, Arturo Pérez-Reverte lleva publicados 34 libros, de los cuales 19 son novelas, más 7 de la saga del Capitán Alatriste, y 8 libros de ensayos. De ellos, 11 pasaron al cine o la televisión, y 5 al comic. Su fama internacional la debe principalmente a 'El club Dumas', 'La piel del tambor', 'La reina del sur', 'El tango de la vieja guardia' [sic] y 'Hombres buenos', entre otros; desde 2003 es miembro de la Real Academia Española. Volvió por Buenos Aires para participar de la Feria del Libro y presentar 'Falcó', su nueva novela. Dialogamos con él:

-Falcó es su nuevo personaje, háblenos un poco de él.
-Mis novelas son pretextos para hablar de personajes. A mi no me interesa la guerra, me interesan los hombres en la guerra. El sexo no me interesa como tal, me interesan los seres humanos en el sexo. Falcó es un pretexto para hablar de personas que no tienen fe pero sí principios de los que no hablan y les sirven para vivir. Falcó es un hijo de puta, un aventurero simpático, una espía, un vividor, un tipo amoral, elegante, mujeriego, políticamente incorrecto. En un mundo dominado por las ideologías él no tienen ninguna, sólo está condicionado por su propio interés. Sabe que al final todo se puede comprar menos un puñado de ideas. Se puede comprar belleza, sexo, aventuras, objetos, pero no se puede comprar dignidad, orgullo, lealtad, coraje. Eso se tiene o no se tiene. Eso está en el código genético. Mis héroes pueden ser unos cabrones pero tienen ese tipo de virtudes que los redimen ante el lector y ante mí mismo. Y Falcó es uno más de esa cadena.

-A Falcó lo contratan para liberar a José Antonio Primo de Rivera, líder de la Falange, de la cárcel de Alicante, en la que lo tienen encerrado los republicanos.
-Necesitaba un episodio de la Guerra Civil que fuera bueno para una operación de espionaje, y sobre ese hecho no se había novelado nunca nada. Siguiendo a Hitchcock, pensé que el rescate de José Antonio podía ser un excelente macguffin [un elemento de suspenso como pretexto, que hace que los personajes avancen en la trama]. Mi objetivo no era ni por asomo explicar la Guerra Civil, ni comentarla, ni juzgarla. Lo que me importaba era y es Falcó, su forma de ver el mundo, sus convicciones.

-¿Se justifica que se vuelque al bando falangista?
-Es que él no es falangista, él no es nada. O, mejor, es un cínico oportunista. Es un tipo que se está moviendo en ese territorio por interés, no por ideología sentimental. Él caza solo. Es un degenerado, violento, cruel, pero atractivo. Un mercenario de sí mismo. No tiene una fe que lo ampare, va por las suyas. Sabe que amparado por una fe, una bandera, hasta un imbécil puede hacer cosas que parezcan heroicas. Y lo que da grandeza al ser humano es la capacidad de pelear y enfrentar por sí mismo la dureza de la vida, como creo que bien lo expone el capitán Alatriste.

-¿Falcó es, además de mercenario, un dandy en medio de la contienda?
-El de esa época era un mundo de hambre, miseria, violencia, pero también de un glamour que no permite alcanzar a vislumbrar hasta dónde llegarán los totalitarismos que están emergiendo. Pero el infierno en que las ideologías terminaron sumiendo a Europa en los 30 y los 40 no debe impedirnos ver que en su origen, antes de que fueran envilecidas por la puerca condición humana, fueron soluciones que mucha gente honrada creyó adecuadas. Fueron supuestas ideas de avanzada antes de que se supiera que terminarían en los Auschwitz y los Gulag, y se certificara el fracaso de las ideologías por el horror, la tragedia mundial a la que llevaron. Falcó no sólo goza la adrenalina de las aventuras y es capaz de matar sin remordimientos, también goza del glamour de su época, los trajes ingleses a medida y la caza de las mujeres más guapas, mientras se pasea por un mundo donde cada vez pareciera más que la vida no vale nada.

-¿Qué tiene en común el capitán Alatriste, que lo llevó a escribir una saga de ocho novelas, con las aventuras de Lorenzo Falcó, niño bien pasado a la marginalidad, ex contrabandista de armas, agente de los servicios de inteligencia al mejor postor?
-Falcó es un sinvergüenza, Alatriste un soldado perdido. Falcó tiene principios pero no códigos. Alatriste ha perdido su fe, pero tiene códigos, lealtades, un canon que le sirve de guía para la vida. Con Falcó me resulta interesante, un amigo de copas, Alatriste alguien fraterno en quien siempre puedo confiar.

-Dejó la historia de Falcó abierta, ¿continuará?
-Estoy concluyendo la segunda novela que transcurre en Tánger en 1937, y creo que llevará nombre de mujer.
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Postby Ada on Fri Jun 16, 2017 10:35 am

'Falcó'. Arturo Pérez-Reverte
elmisteriodelasletras.blogspot - 15/06/2017

Solo me quedaba reseñar una novela de espías para completar la #YincanaCriminal2017, y teniendo en cuenta que no hace mucho leí este libro, no demasiado extenso, que cumple perfectamente con el requisito de espionaje que plantea esa casilla de la yincana, no me ha importado releerlo para traer aquí mis impresiones.

Lorenzo Falcó, el personaje protagonista y que da título al libro, trabaja para el Almirante, jefe del SNI (Servicio Nacional de Información y Operaciones). El Almirante es el responsable del núcleo duro del espionaje franquista, y en Salamanca lo apodaban el Jabalí. Además del SNI, estaba el SIIF (Servicio de Información e Investigación de la Falange, la milicia paramilitar fascista, al frente del cual estaba Ángel Luis Poveda.

Los múltiples organismos de espías y contraespías españoles se hacían la competencia y a menudo se entorpecían unos a otros. El SNIO dependía del cuartel general, supervisado directamente por Nicolás Franco, hermano del Caudillo. El servicio estaba especializado en infiltración, sabotaje y asesinatos de elementos enemigos, tanto en zona republicana como en el extranjero. En él se encuadraba el llamado Grupo Lucero, al que pertenecía Lorenzo Falcó, un reducido equipo de élite, hombres y mujeres, que en jerga de los servicios secretos locales era conocido como Grupo de Asuntos Sucios.

Falcó provenía de una buena familia andaluza vinculada a las bodegas, al vino y a sus exportaciones a Inglaterra. Con 37 años ya había viajado por América, Europa y había recorrido España.

Todo esto que acabo de contar, apuntes tomados del propio libro, son para indicar quién es Falcó y en qué bando milita, aunque lo que queda claro en el libro, tomando las propias palabras del protagonista, es que los bandos para él estaban claros: de una parte él, y de la otra todos los demás.

Pérez-Reverte ha creado un personaje peculiar, aunque no sé si puede resultarnos simpático. Sabemos por las conversaciones que mantiene que ha participado en multitud de asuntos y guerras, siempre con idea de conseguir algo, o bien su propio beneficio o salvar su vida, y el caso que hoy aquí nos trae no va a ser diferente. Sabemos que Falcó "trabaja" en el bando de los sublevados, en la oficina de espionaje, y es por ello y por los contactos que posee que es elegido para llevar a cabo una importante misión que puede cambiar la historia, intentar liberar de la cárcel de Alicante al fundador de la Falange, y todo ello pondrá en peligro la vida del protagonista y de los participantes que lo acompañan en esta misión.

Falcó es un caradura, está pagado de sí mismo, se aprovecha de sus encantos personales para acabar en los brazos de mujeres casadas casi delante de sus maridos... Al principio del libro puede resultarnos totalmente antipático, porque ayuda a señalar a una mujer que acabará siendo asesinada por los sublevados; Falcó no debe mancharse las manos en esta misión, solo señalar y mantener a la mujer vigilada hasta que sea ejecutada. No es esta una buena manera de empezar el libro, pero a lo largo de sus páginas descubrimos que Falcó no milita realmente en una idea específica, sino que vela por sí mismo, sin importarle si tiene que ayudar a uno u otro bando. Es un personaje que juega con dos barajas, siempre pensando en su propio bienestar, pero a lo largo de la trama encontramos acciones llevadas a cabo por este personaje que hace que nos reconciliemos algo con él. De todas formas, no parece ser trigo limpio, y no sé si el autor tiene pensado continuar con la saga o corta aquí con el personaje, pero si finalmente decide continuar, ya que queda mucha guerra civil por delante para hacer de escenario a las andanzas del personaje, seguro que le daré una oportunidad si cae en mis manos.

Hace poco leí el libro de Pérez-Reverte en el que acercaba la guerra civil a los jóvenes, y debo decir que lo disfruté, porque allí contaba de forma amena los acontecimientos más importantes ocurridos en uno u otro bando. En este caso, con la historia de Falcó, si bien ha querido que milite en las filas franquistas, habla también de uno y otro bando y de las atrocidades que se perpetraron, según quién fuera ganando en cada zona de España. Falcó se verá enfrentado también a los suyos, que en ocasiones se toman el poder como algo con lo que abusar del resto, aunque no siempre las cosas les salgan bien:
"-Me río porque, por más que pienso, sólo se me ocurren dos posibilidades. Una es que yo saque ahora mi pitillera, echemos un cigarro cada uno, y luego cada cual siga su camino, más amigos que cochinos... La otra es que os acompañe, como decís, y una vez estemos donde queráis llevarme, hable con vuestro jefe de centuria y luego llamemos por teléfono al camarada Poveda, jefe del SIIF, o al cuartel general del Caudillo, o al de la Armada, o al de la madre que os parió... Y mañana, a estas horas, estaréis los tres cantando el Cara al sol en una trinchera de Navalcarnero, mientras salváis gloriosamente a la patria. Con dos cojones." (Pág. 39)
Una misión de espionaje destinada a salvar a uno de los suyos, o al menos a alguien apreciado por los suyos, implica entrar en contacto con el otro bando y tratar de pasar desapercibido, como si se fuera uno más de ellos:

"Madrid resiste la furiosa ofensiva fascista era el titular principal de El Noticiero. Y más abajo, a dos columnas: En Cartagena siguen los bombardeos criminales sobre la población civil. Apoyado en la pared junto a la barra del bar Americano, Lorenzo Falcó dobló el periódico y lo puso sobre el mostrador, junto al vaso de cerveza. Se había comprado una gorra de pichi y puesto en la solapa de la cazadora una insignia del Partido Comunista: una hoz y martillo de metal dorado y rojo que había comprado en una tienda cercana, y que contribuía -al menos ésa era la intención- a mimetizarlo más con el paisaje. Era la hora del aperitivo, hacía buen tiempo, y los bares y cafés de la calle Mayor hormigueaban de gente. Muchos eran hombres jóvenes, en edad militar, que conseguían no ser movilizados y quedarse en la retaguardia bajo la etiqueta salvadora de personal imprescindible." (Pág. 131)

La historia se desarrolla en el otoño del 36, cuando algunos creían que la guerra iba a terminarse pronto. El escenario histórico que el autor recrea en el libro está muy bien conseguido, y de la mano del protagonista asistimos a bombardeos, asaltos y a momentos de ocio que se podían vivir en las zonas que no estaban cercanas a la guerra. Con personajes muy bien perfilados y haciendo un recorrido exhaustivo por los diferentes escenarios en los que se desarrolla la trama, el autor ha conseguido escenificar un momento álgido de la historia de España, describiendo horrores de uno y otro bando; en este sentido Pérez-Reverte no parece tomar partido por uno u otro bando, y el hecho de que haya elegido que el protagonista milite en el bando franquista resulta curioso, porque, al menos en mi caso, las novelas que he leído ambientadas en esta época de la historia de España y con las que he disfrutado, tienen como protagonistas a personajes del bando perdedor.

Quizá estemos ante una historia de aventuras un poco lejana, tanto por los hechos que relata y la forma en cómo son presentados, como por la elección del personaje, ejemplo de tipo duro y mujeriego que vela por sí mismo y que combate su propia guerra, buscando un beneficio personal en todo lo que hace. Estamos ante una novela bastante corta, y fácil de leer, plagada de diálogos y que nos acerca a casi el inicio de la guerra civil de nuestro país, así que si tenéis oportunidad de dedicarle un poco de vuestro tiempo, yo de vosotros la leería. Sé que a mucha gente no le gusta Pérez-Reverte, porque en ocasiones sus opiniones son un poco bruscas, pero soy de la opinión que hay que acercarse a las obras por los libros mismos y no tanto por si el escritor que lo ha creado nos cae más bien o más mal. Además, en el caso de Pérez-Reverte, el número de novelas escritas por él es tan elevado que si no le diéramos oportunidad a su obra nos perderíamos títulos interesantes. Personalmente, si decide continuar con las aventuras de Falcó, le daré otra oportunidad, a ver cómo evoluciona el personaje. Mi primera aproximación a él no ha resultado ser mala.
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Postby Ada on Mon Jul 10, 2017 12:14 pm

FALCÓ: EN TIEMPOS DE GUERRA

La nueva obra del siempre interesante Arturo Pérez-Reverte nos trae la vida de un policía en plena Guerra Civil española. Aparentemente estamos ante una nueva saga que se inicia bajo este título: Falcó, y que da nombre al protagonista de la historia. Lorenzo Falcó, policía afín a la patria que en plena Guerra Civil recibe el encargo de sus superiores de ayudar a liberar a Primo de Rivera de su prisión en Alicante. Falcó deberá moverse entre el bando nacional y el republicano con tino para evitar un fatal destino.

Bajo esta premisa, Pérez-Reverte ha construido un personaje muy oscuro, pasional, leal, justo, y desencantado con lo que va en contra de sus férreos principios. Un hombre de los que ya, ni a día de hoy quedan. Reverte parece cambiar de tornas y quiere contar una historia para un público joven. Después de varias obras para un público mucho más selecto y maduro, vuelve a dirigirse a uno mucho más joven a los que quiere encandilar a la lectura con Falcó.

Parece que va a volver a las sagas, después de su exitoso Alatriste. También es una forma de asegurarse cierto éxito frente a épocas de vacas flacas. Mientras alterna obras de mayor calado que puedan no funcionar del todo bien, siempre quedará la novela ligera y de fácil lectura que encandile a todos.

Así es Falcó, una historia nueva, pero con un final muy predecible, como si uno estuviera viendo la primera temporada de una serie que sabe que va a seguir y necesita vivo a su personaje principal. No hay nada magistral en ella. Ni siquiera el personaje es diferente a otros que ha hecho el autor. Estamos ante una obra menor de Reverte pero de un éxito mayor dada su facilidad para enganchar al lector con una historia sencilla de espías, de novela negra clásica. Sin duda alguna es una buena obra para leer ahora en el tiempo estival. Simple y pura distracción.

Nunca está de más alternar lectura ociosa con la formativa, y Falcó además, será una de esas novelas, ligeras, que les gustará. Porque está bien estructurada y narrada, y para este tipo de obras es lo único que hay que pedir, cierta seriedad y que no quede en una pieza vulgar.
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Postby Rogorn on Mon Jul 17, 2017 1:39 pm

Pérez-Reverte publicará el 17 de octubre 'Eva', una nueva aventura de Lorenzo Falcó
Europa Press - 17/07/2017

Arturo Pérez-Reverte publicará el próximo 17 de octubre la novela 'Eva', una nueva aventura de Lorenzo Falcó, que llega tras el éxito internacional de 'Falcó', con más de 300.000 ejemplares vendidos en español.

La realidad y la ficción vuelven a enlazarse en este relato, una novela que se desarrolla en marzo de 1937, en plena Guerra Civil, según ha avanzado este lunes 17 de julio la editorial Alfaguara en un comunicado. Una nueva misión lleva a Lorenzo Falcó hasta Tánger, "turbulenta encrucijada de espías, tráficos ilícitos y conspiraciones", con el encargo de conseguir que el capitán de un barco cargado con oro del Banco de España cambie de bandera. Espías nacionales, republicanos y soviéticos, hombres y mujeres, se enfrentan en una guerra oscura y sucia en la que acabarán regresando peligrosos fantasmas del pasado.

--

Vídeo de presentación: https://www.youtube.com/watch?v=F_P0AKipu9E
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Re: 'Falcó' (2016)

Postby Rogorn on Fri Sep 15, 2017 5:16 pm

Pérez-Reverte, il mio nuovo eroe Falcó
ANSA - 15/09/2017

Guarda in faccia la realtà senza fare sconti alle nuove generazioni e neppure a quelle che le hanno precedute, Arturo Pérez-Reverte, che inaugura una nuova serie con il romanzo 'Il codice dello Scorpione' in cui debutta un nuovo agente, l'amorale Lorenzo Falcó. Ex trafficante d'armi, spia franchista che non ha religione, Falcó ama il pericolo e le donne.

"Con Falcó ho voluto presentare un eroe senza ideologia, se non il proprio interesse, dove il conflitto e il personaggio sono un'avventura, non una questione ideologica", dice il giornalista-scrittore che ha già pronto il secondo libro della serie, in uscita il prossimo ottobre in Spagna e ha terminato da poco il terzo. "Tre sono sicuri, poi vediamo se sarà più di una trilogia", annuncia, e spiega che "non è finita neppure con il Capitano Alatriste", protagonista di sette libri, che è l'opposto di Lorenzo Falcó. "C'e' una differenza fondamentale fra i due personaggi: Alatriste ha avuto fede, ha creduto in parole come Dio, patria, bandiera, ma la sua vita lo ha spogliato di queste parole. E' uno spogliato. Falcó e' un perfetto figlio di puttana fin da piccolo, non crede in nulla se non che la vita sia un'avventura, e' machista, violento, ma quando trova dei veri valori nelle persone, le rispetta", racconta Perez-Reverte. "Bisogna ricordare pero' -aggiunge- che e' un personaggio del '37, non possiamo confrontare il suo sguardo con quello di un uomo del 2017". Lo scrittore ci tiene anche a precisare: "non sono ne' Alatriste ne' Falcó, ma il mio sguardo sul mondo assomiglia al loro, e tutta la mia vita di romanziere e' una lotta per evitare di essere troppo presente nei miei personaggi".

Falco' non e' comunque un personaggio inventato, letterario: "Lo ho conosciuto. Quando parlo di morti e uccisioni parlo di cose personali, che ho visto con i miei occhi in 21 anni da reporter di guerra. Falcó viene dalla mia memoria, viene dalla mia stessa vita, e questo gli da un elemento in piu' di realta' di cui sono soddisfatto", dice Pérez-Reverte, che e' arrivato alla professione di reporter dai libri ("per vedere se quello che raccontavano era vero. Davanti all'orrore leggevo le Vite di Plutarco") e alla fine ai libri che "non sono di memoria, ma la mia memoria", e' tornato.

Ambientato nel 1936, nei giorni della guerra civile spagnola, 'Il codice dello scorpione' mette in discussione anche la visione di questo scontro. "C'e' un nuovo sguardo sulla guerra civile spagnola, molto manicheo. Una guerra di militari cattivi contro il popolo buono, ma gli scontri civili sono più complessi, e non c'e' bisogno di spiegarlo a un italiano", spiega Pérez-Reverte, 66 anni, che dal 2003 e' membro della Reale Accademia di Spagna e ha visto i suoi libri tradotti in 40 lingue. Per 21 anni reporter di guerra, ora scrittore che attinge ai ricordi delle tante e terribili cose che ha visto "il peccato della nostra generazione -dice- e' non aver educato i giovani alla complessità. Oggi quello che muove le idee sono i tweet, ma il mondo non si può riassumere in 140 caratteri. Ci vogliono uguali nella mediocrita'. I ragazzi esigono etichette facili, il bianco o il nero, non amano le sfumature. Li abbiamo educati a questo. Il mondo in cui siamo cresciuti noi e' destinato a morire". E incalza lo scrittore, che è stato ospite dell'ultima edizione del Festivaletteratura di Mantova: "La nostra e' una battaglia persa, non la vinceremo anche se ognuno di noi fa la sua piccola battaglia di retroguardia. Dovremmo educare i nostri figli in questo mondo complesso e confuso a pensare come i greci, lottare come i troiani e morire come i romani" sottolinea e aggiunge che "l'Europa e' andata a farsi friggere e che Roma, come modello dell'impero d'Occidente, convinta di poter trattare con i barbari, merita di essere distrutta".
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Re: 'Falcó' (2016)

Postby Rogorn on Mon Sep 18, 2017 4:26 pm

Arturo Pérez-Reverte: 'Falcó'
César Muñoz - unlibroaldia.blogspot - 18/09/2017

Valoración: se deja leer.

Lorenzo Falcó es el mercenario ficticio que Arturo Pérez-Reverte ha concebido para dar pie a un ciclo que constará, por lo pronto, de este primer volumen y de otro más, que llevará por título 'Eva'. La Guerra civil no es un ambiente ajeno a los escritos del autor cartaginés: antecedentes suyos que trataron el tema serían las colaboraciones en 'El Semanal' de 'ABC' o el tomo 'La Guerra civil contada a los jóvenes'. La imprecisa postura que mantiene sobre esta cuestión continúa enfrentando a sus seguidores y detractores en una polémica que se anuncia duradera.

El libro presenta un tiempo —aquellas décadas del siglo XX que explotaron a España como laboratorio político— y un país —espías a pie de pista, bien o mal pagados; más libertinaje militar del que se piensa; una nación dividida en bandos, suscritos a su vez a lealtades que actúan como infamantes parteaguas-. En medio, una galería de caracteres distintivos de su creador que se relacionan de diversas maneras (escabrosos erotismos incluidos) con el agente secreto Falcó, encargado del motín que pretende liberar a Primo de Rivera de la prisión de Alicante. Su jefe es un almirante gallego ocupado con frecuencia en sacarle las castañas del fuego. Los secuaces, Eva Rengel, intachable mujer fatal; Juan Portela y los hermanos Cari y Ginés Montero, falangistas disconformes con las órdenes del protagonista; y algún secundario ocurrente, como el sicario Araña o el confiado Estévez.

Tal vez la obra ejerza como punto de partida de las siguientes entregas. Para calificarla de sospechosa basta saber que la constante puesta en escena de personajes y lugares comunes cede poco paso a la acción, así como que Reverte (tan contrario a Faulkner o Bolaño) nunca da cabida al pretexto estilístico. El tan provechoso paso del río Pisuerga por Valladolid permitiría debatir ad infinitum si la serie que comienza con 'Falcó' no será, en realidad, una treta por parte de narrador o editorial con el fin de sacar una rentabilidad parecida a la que proporcionaron 'Las aventuras del capitán Alatriste', cuyo estreno, por cierto, tenía mucho más contenido. No sé si a medida que se conozcan las andanzas de este espía el interés individual de su primer tomo disminuirá. El aleatorio público me dispensará que sea poco adepto a los (casi siempre) excusables alargamientos y, por ende, persona desautorizada a la hora de juzgar este aspecto, típico de sagas como la que comienza con esta novela.
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Re: 'Falcó' (2016)

Postby Ada on Tue Sep 19, 2017 11:05 am

[quote="Rogorn"]Pérez-Reverte, il mio nuovo eroe Falcó
ANSA - 15/09/2017

Guarda in faccia la realtà senza fare sconti alle nuove generazioni e neppure a quelle che le hanno precedute, Arturo Pérez-Reverte, che inaugura una nuova serie con il romanzo 'Il codice dello Scorpione' in cui debutta un nuovo agente, l'amorale Lorenzo Falcó. Ex trafficante d'armi, spia franchista che non ha religione, Falcó ama il pericolo e le donne.

"Con Falcó ho voluto presentare un eroe senza ideologia, se non il proprio interesse, dove il conflitto e il personaggio sono un'avventura, non una questione ideologica", dice il giornalista-scrittore che ha già pronto il secondo libro della serie, in uscita il prossimo ottobre in Spagna e ha terminato da poco il terzo. "Tre sono sicuri, poi vediamo se sarà più di una trilogia", annuncia, e spiega che "non è finita neppure con il Capitano Alatriste", protagonista di sette libri, che è l'opposto di Lorenzo Falcó. "C'e' una differenza fondamentale fra i due personaggi: Alatriste ha avuto fede, ha creduto in parole come Dio, patria, bandiera, ma la sua vita lo ha spogliato di queste parole. E' uno spogliato. Falcó e' un perfetto figlio di puttana fin da piccolo, non crede in nulla se non che la vita sia un'avventura, e' machista, violento, ma quando trova dei veri valori nelle persone, le rispetta", racconta Perez-Reverte. "Bisogna ricordare pero' -aggiunge- che e' un personaggio del '37, non possiamo confrontare il suo sguardo con quello di un uomo del 2017". Lo scrittore ci tiene anche a precisare: "non sono ne' Alatriste ne' Falcó, ma il mio sguardo sul mondo assomiglia al loro, e tutta la mia vita di romanziere e' una lotta per evitare di essere troppo presente nei miei personaggi".

Falco' non e' comunque un personaggio inventato, letterario: "Lo ho conosciuto. Quando parlo di morti e uccisioni parlo di cose personali, che ho visto con i miei occhi in 21 anni da reporter di guerra. Falcó viene dalla mia memoria, viene dalla mia stessa vita, e questo gli da un elemento in piu' di realta' di cui sono soddisfatto", dice Pérez-Reverte, che e' arrivato alla professione di reporter dai libri ("per vedere se quello che raccontavano era vero. Davanti all'orrore leggevo le Vite di Plutarco") e alla fine ai libri che "non sono di memoria, ma la mia memoria", e' tornato.

Ambientato nel 1936, nei giorni della guerra civile spagnola, 'Il codice dello scorpione' mette in discussione anche la visione di questo scontro. "C'e' un nuovo sguardo sulla guerra civile spagnola, molto manicheo. Una guerra di militari cattivi contro il popolo buono, ma gli scontri civili sono più complessi, e non c'e' bisogno di spiegarlo a un italiano", spiega Pérez-Reverte, 66 anni, che dal 2003 e' membro della Reale Accademia di Spagna e ha visto i suoi libri tradotti in 40 lingue. Per 21 anni reporter di guerra, ora scrittore che attinge ai ricordi delle tante e terribili cose che ha visto "il peccato della nostra generazione -dice- e' non aver educato i giovani alla complessità. Oggi quello che muove le idee sono i tweet, ma il mondo non si può riassumere in 140 caratteri. Ci vogliono uguali nella mediocrita'. I ragazzi esigono etichette facili, il bianco o il nero, non amano le sfumature. Li abbiamo educati a questo. Il mondo in cui siamo cresciuti noi e' destinato a morire". E incalza lo scrittore, che è stato ospite dell'ultima edizione del Festivaletteratura di Mantova: "La nostra e' una battaglia persa, non la vinceremo anche se ognuno di noi fa la sua piccola battaglia di retroguardia. Dovremmo educare i nostri figli in questo mondo complesso e confuso a pensare come i greci, lottare come i troiani e morire come i romani" sottolinea e aggiunge che "l'Europa e' andata a farsi friggere e che Roma, come modello dell'impero d'Occidente, convinta di poter trattare con i barbari, merita di essere distrutta".[/quote]

MI NUEVO HÉROE ES FALCÓ
Mira de frente la realidad sin hacer de menos a las nuevas generaciones ni a quienes le han precedido, Pérez-Reverte inaugura una nueva serie con la novela EL CODIGO DEL ESCORPIÓN, en la que debuta un nuevo gente, el amoral Lorenzo Falcó .Ex traficante de armas, espía franquista sin religión, Falcó ama el peligro y a las mujeres.
“Con Falcó he querido presentar un héroe sin ideología, más allá del propio interés, donde el conflicto dramático y el personaje son una aventura no una cuestión de ideología” dice el periodista y escritor que ya tiene listo el segundo libro de la serie – saldrá el próximo octubre en España- y ha terminado recientemente el tercero “Tres libros son seguros, veremos después si será algo más que una trilogía”, anuncia y explica que “no ha terminado ni siquiera la saga de El capitán Alatriste”, protagonista de siete libros que es lo contrario a Lorenzo Falcó “Hay una diferencia fundamental entre los dos personajes, Alatriste tuvo fe, ha creído en palabras como Dios, patria, bandera, pero su vida lo ha despojado de estas palabras . Está “desheredado/desnudo” .Falcó es un perfecto hijo de puta desde pequeño, no cree en nada más que la vida es una aventura .Es machista, violento, pero cuando encuentra auténticos valores en las personas, las respeta”, dice Pérez-Reverte “Es necesario recordar sin embargo- añade- que es un personaje del año 37, no podemos enfrentar su mirada con la de un hombre del año 2017”. El escritor precisa aún más “No soy ni Falcó ni Alatriste, pero mi mirada sobre el mundo se parece a la de ellos, toda mi vida de novelista es una lucha para evitar estar demasiado presente en la esencia de mis personajes”.
Falcó no es sin embargo un personaje inventado, literario. “Lo he conocido. Cuando hablo de muertos y asesinatos hablo de cosas personales, que he visto con mis ojos en veintiún años de reportero de guerra. Falcó viene de mi memoria, de mi propia vida y esto le da un ingrediente de más realismo del que estoy satisfecho”, dice Pérez-Reverte, que llegó a la profesión de reportero a partir de los libros (“para ver si lo que contaban era verdadero Delante del horror leía las Vidas de Plutarco”) y finalmente a los libros, que “no son de memoria, más que de mi memoria”, ha regresado
Ambientado en 1936, en los días de la guerra civil española, EL CODIGO DEL ESCORPION trae en discusión también la visión de este enfrentamiento: “Hay una nueva mirada sobre la guerra Civil española, muy maniquea Una guerra de militares malos contra los ciudadanos buenos, pero los enfrentamientos civiles son mucho más complejos, no es necesario explicárselo a un italiano” explica Pérez-Reverte, 66 años, miembro de la RAE que ha visto sus libros traducidos en 40 lenguas. Durante 21 años fue reportero de guerra, ahora escritor que dibuja los recuerdos de todo lo terrible que vio “el pecado de nuestra generación-dice- es no haber educado a los jóvenes en la complejidad. Hoy todo lo que mueve las ideas son los tuits, pero el mundo no se puede resumir en 140 caracteres. Se necesita gente igual de mediocre Los jóvenes exigen etiquetas fáciles, el blanco y el negro, no les gustan los matices. Los hemos educado así. El mundo en el que nosotros crecimos está destinado a morir.
El autor – invitado en la última edición del Festival literario de Mantua- insta: “La nuestra es una batalla perdida, no la venceremos ni aunque cada uno de nosotros haga su pequeña lucha en la retaguardia .Debemos educar a nuestros hijos, en este mundo complejo y confuso, a pensar como los griegos, luchar como los troyanos, y morir como los romanos” subraya y añade que “Europa se ha ido a tomar por culo y Roma-como modelo del imperio occidental- convencida de poder tratar con los bárbaros, merece ser destruida”
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Re: 'Falcó' (2016)

Postby Rogorn on Wed Sep 20, 2017 9:41 am

L'antieroe di Pérez-Reverte? Un burattino del franchismo
Stenio Solinas - ilgiornale.it - 20/09/2017

Allo scoppio dell'insurrezione militare in Marocco del 17 luglio 1936, il trentatreenne José Antonio Primo de Rivera, fondatore della Falange e ex deputato in Parlamento, era già in cella d'isolamento. Lo avevano arrestato a Madrid nel marzo di quello stesso anno, subito dopo la vittoria del Fronte popolare -socialisti, radicali, comunisti e anarchici- alle elezioni, e poi trasferito nel carcere di Alicante. Figlio di quel Primo de Rivera che, con il consenso di Alfonso XIII, aveva instaurato dal 1923 al 1930 una dittatura militare benedetta dalla Chiesa e sostenuta dai ceti conservatori, al termine della quale de Rivera si era esiliato a Parigi, il re si era ritrovato senza la corona e la Spagna con la Repubblica, José Antonio non aveva le stesse idee del padre, senza per questo aver abbracciato quelle dei suoi avversari. La Falange, cui aveva dato vita nel 1933, si rifaceva al fascismo, il fascismo-movimento più che il fascismo-regime: era nazionale, era interclassista, era anticapitalista.

All'indomani, dunque, dell'alzamiento del generale Franco nel protettorato africano e dei generali Queipo de Llano a Siviglia e Mola a Pamplona, quella che era la più significativa forza d'opposizione politica si ritrovava senza il suo leader e i militari ribelli senza chi poteva essere loro alleato, ma anche loro alter ego. Stimato da Unamuno, amico di Maria Zambrano e di García Lorca, teorizzatore del suo movimento come di «un progetto politico messo nelle mani dei poeti», José Antonio era, come ha scritto Andrés Trapiello nel suo 'Las armas y las letras', «la sola figura politica prestigiosa dell'epoca» e nella guerra civile che andava precisando i suoi contorni, fra il rosso dei repubblicani e il nero dei mori e del clero ribelli al governo legittimo, non c'era spazio per la sua camicia azzurra di capo della Falange. Così, José Antonio venne fucilato nel novembre del '36 su ordine del Fronte Popolare e subito trasformato da Franco nel più stupefacente santino retorico bellico e poi post-bellico, quello stesso Franco divenuto proprio allora «generalissimo» e che però si era ben guardato dal cercare, in qualunque modo, di tirarlo fuori dal carcere. Gli serviva un eroe morto, non un rivale vivo.

I mesi in cui il destino di José Antonio Primo de Rivera si compì, sono il periodo scelto da Arturo Pérez-Reverte per ambientare 'Il codice dello scorpione' (Rizzoli, pagg. 332, euro 20, traduzione di Bruno Arpaia), dove la finzione romanzesca è al servizio di quei complicati intrecci storico-politico-ideologici prima delineati, il gioco di specchi fra verità e menzogna, la ragion di Stato, reale e/o presunta, come etica, l'utilizzo di ogni mezzo per il raggiungimento dell'unico fine degno di considerazione: il potere. Lo sfondo in cui la storia si svolge dà al romanzo una tensione extratemporale, perché la guerra civile è una categoria universale, identica cioè pur nella diversità delle epoche storiche, come già ebbe a scrivere Henry de Montherlant nel mettere in scena quella romana fra Cesare e Pompeo: «Io non sono la guerra delle trincee e dei campi di battaglia. Sono la guerra delle piazze inferocite, la guerra delle prigioni e delle strade, del vicino contro il vicino, del rivale contro il rivale, dell'amico contro l'amico. Io sono la Guerra Civile, io sono la buona guerra, quella dove si sa perché si uccide e chi si uccide: il lupo divora l'agnello, ma non lo odia; ma il lupo odia il lupo».

E un lupo è infatti il Lorenzo Falcó protagonista del romanzo, a cui il franchismo affida la missione di far evadere José Antonio dal carcere e contemporaneamente trama perché in quel carcere muoia. Falcó in fondo è stato scelto perché è uno che alla vigilia del golpe militare, quando sta per essere reclutato, si è limitato a chiedere: «Siamo pro o siamo contro?». Non è però solo opportunismo, cinismo, mancanza di ideali, è che in quella Spagna i confini, di qualsiasi tipo, sono incerti da troppo tempo e il grido di dolore di Ortega y Gasset per la decadenza del suo Paese, «la Spagna invertebrata», ha mischiato le carte della destra come della sinistra, del pensiero liberale e di quello aristocratico, delle masse e delle élites, della conservazione e della rivoluzione. Così, quando alla fine si arriva alla resa dei conti del 1936 succede che spesso le scelte di campo, intellettuali e no, siano casuali: dipende da dove ci si trova, da chi comanda, da chi si conosce. E la vendetta, come la salvezza si muovono nella medesima logica, perché la guerra civile riguarda chi fa parte della stessa società, frequenta gli stessi luoghi, è andato nelle stesse scuole, ama le stesse donne.

C'è chi ha paragonato Pérez-Reverte a un Dumas del XXI secolo e il paragone non è né arrischiato né banale. Ciò che però interessa in una comparazione del genere non è tanto il modo in cui lo schema dei romanzi dumasiani, la serialità, l'intrigo, l'avventura, viene riproposto quasi due secoli dopo, quanto la visione del mondo a essi sottesa. Che li ambienti nel XVII secolo, il ciclo dei moschettieri, o nel XIX 'Il Conte di Montecristo', Alexandre Dumas li fa muovere all'interno di un mondo circoscritto in cui il bene e il male si fronteggiano e sono riconoscibili: una legittimità reale per cui combattere, un'offesa ingiusta da lavare con il sangue, una fedeltà, un amore, un'amicizia per cui morire, la dignità e il rispetto di se stessi per poter continuare a vivere. Noi sappiamo benissimo, come del resto benissimo lo sapeva lo stesso Dumas, che anche allora l'inganno, la vigliaccheria, il tornaconto volgare, la furbizia e il tradimento la facevano da padrone, e però era la cornice del tempo a dettare le regole, e non importa se e quanto fosse ipocrita e/o disattesa. C'era il cavaliere, il gentleman, e c'era l'avventuriero, il fuorilegge. Poteva capitare che il primo si tramutasse nel secondo, per la difesa di una causa persa, ma mai il contrario, se non per una forma di ascesi, una sorta di grazia redimente.

Essendo nato nella seconda metà del Novecento, Pérez-Reverte si ritrova con questo meccanismo ormai inceppato, ma ciò non ha a che fare con l'essere umano, che è sempre lo stesso, quanto con il sistema di valori che gli sta intorno. La modernità, parliamo di quella occidentale, ha finito con l'uccidere il vecchio mondo e il codice comportamentale che portava con sé, rozzo se si vuole, semplicistico, eppure reale. Al suo posto, dopo un interregno nel nome delle ideologie rivelatosi fallimentare, ne ha messo uno indistinto e insieme universale, più sofisticato magari, egualmente teorico e tuttavia astratto. Non esistono più cioè cause concrete, tangibili, per cui abbia senso vivere e morire, la propria terra, la propria donna, la bandiera e/o la famiglia, per dirla sbrigativamente, relegate anzi fra gli strumenti inutili e dannosi di un passato da dimenticare. Ci son invece quelle remote e non verificabili, la pace nel mondo, la fratellanza, la santificazione della natura, l'umanitarismo, il cosmopolitismo, che volendo nella loro vaghezza dire tutto, finiscono con il non dire più niente.

Così il mondo post-moderno di Pérez-Reverte può essere popolato soltanto di antieroi, ovvero di eroi con un'etica tutta propria e particolare, e in assoluto contrasto con lo spirito del loro tempo, laddove quello pre-moderno di Dumas aveva la sua ragion d'essere proprio in eroi che al loro spirito del tempo facevano riferimento. È una caduta verticale delle idealità, e lo è al punto tale che anche nei suoi romanzi storici, la serie del Capitano Alatriste, Pérez-Reverte getta sul suo soldato di ventura seicentesco lo sguardo disincantato di chi si trova a vivere tre secoli dopo. Si potrà obiettare che il mercenario è una figura tipica di quell'epoca, ma il punto è un altro: nella società del suo tempo quel soldato avrebbe voluto elevarsi, è il rango di cavaliere quello cui aspira, e non importa quanto e se si tratti di una impresa impossibile. Secoli dopo, l'occhio della postmodernità lo inchioda invece alla sua condizione: non credendo più in alcuna palingenesi, ne fa l'eroe della propria dannazione.

Nel 'Codice dello scorpione', l'antieroe Lorenzo Falcó assolve proprio a questa funzione e non sorprende che dovendo scegliere un periodo in cui situare una nuova saga Pérez-Reverte opti per quello più sanguinoso e tragico del suo Paese, appunto la guerra civile del '36-39. È un conflitto dove naturalmente ci sono anche gli idealisti, quelli in buona fede, quelli disposti a morire per la causa in cui credono e lo scrittore è troppo buono storico per non sapere che esistono in entrambi gli schieramenti che si fronteggiano, che non è una lotta dove il Bene sta da un lato e il Male dall'altro. E però è un idealismo che è proprio il mondo moderno uscito dalla Grande Guerra a rendere fragile, perché le antiche forme di convivenza, i rituali che le garantivano, sono stati spazzati via dalla tecnica, dalle masse, dalla distruzione delle masse attraverso la tecnica, e il nuovo mondo si ritrova con delle parole d'ordine che non valgono più nulla, oppure finiscono con il rappresentare l'esatto contrario del loro significato. Il secolo delle ideologie non riesce a fare di quest'ultime l'asse portante delle scelte e dei comportamenti, il nuovo motivo per cui vivere e morire. Nessuna di esse è così pura da giustificare i delitti che il militante commette in suo nome. Alla fine, c'è l'orrore, ma non c'è più l'onore.

Così, il referente dell'antieroe Falcó si trova amaramente a constatare «di aver servito una monarchia e una repubblica e non so chi servirò in futuro. Questo lavoro sarebbe insopportabile se non avesse certe regole contorte. Forse non saranno regole convenzionali, e nemmeno degne, ma sono le nostre. Anche se la principale è proprio l'apparente assenza di regole». Detto in altri termini, «ognuno ha la sua lealtà» come confessa Falcó al termine della sua missione, unico retaggio possibile di quell'«uno per tutti, tutti per uno» di D'Artagnan e compagni. Non esistono più le cause, sono rimasti gli individui.
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Re: 'Falcó' (2016)

Postby Rogorn on Sun Oct 08, 2017 9:35 am

«Falcó es muy revertiano»
Colpisa - 08/10/2017

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) publica 'Eva', la segunda entrega de su serie protagonizada por Lorenzo Falcó. En 'Eva', en las librerías a partir del 17 de octubre, hay más humor, más incorrección, aventura y lucha. Son 16 capítulos que mantienen sujeto al lector. El escritor y académico habla aquí de su nuevo libro.

-'Eva' es la segunda entrega de la serie. Hay más acción... y mar, claro.
-Lo tiene. Aunque no es una novela de mar. Lo que sí es cierto es que, desde hace mucho tiempo, tenía en mente una novela sobre marinos en tierra. 'Eva' me ha dado la oportunidad de escribirla.

-Comenzamos a saber más cosas de Falcó: su familia, su soledad...
-Falcó evoluciona. Lo bueno de una serie es que conoces más a los personajes. La narración exige una mayor encarnadura. Ya lo hemos visto en unas situaciones, así que nos toca verlo en otras.

-En 'Eva', Falcó tiene que pelear más, que exponerse más, pero también hay más humor.
-Sí, hay un humor muy de Falcó. Un humor negro, cínico. No es un humor simpático.

-Hablemos de la mujer central de esta historia. Eva demuestra ser todavía más fuerte que Falcó.
-Ellas siempre son más fuertes. Falcó es un hombre peligroso y duro. Pero Eva le ha abierto grietas y él es consciente de eso.

-Una vez más, la militante Eva sigue reprochándole a Falcó el no creer en nada.
-Porque ella tiene fe en la revolución y el comunismo. En aquel tiempo, los ismos (el fascismo, el comunismo, el nazismo) eran percibidos como soluciones a graves problemas sociales y políticos. Por eso existieron muchos que creyeron de buena fe. Eva es de esos. Fue gente que lo pagó muy caro: con el exilio, la vida, la soledad, la cárcel. Justamente por eso Eva le reprocha a Falcó: «Eres un vividor y yo soy una mujer con fe. Yo mato, yo puedo torturar, pero lo hago porque sé que cambio el mundo para mejor. Tú, hijo de la gran puta, lo haces porque para ti es una aventura. No tienes un objetivo noble que lo justifique». Ese es el razonamiento. Algo como «tu maldad es injustificable, pero la mía sí». Es un dilema moral serio.

-Falcó y las mujeres: veremos a fondo esa faceta...
-Él es un depredador. Es guapo, peligroso, valiente y un hombre al que le gustan mucho las mujeres. Y es lo bastante guapo para poder tenerlas. Su actitud ante ellas es la de un cazador. Es así. ¿Eso es políticamente incorrecto? Naturalmente que lo es, pero el mundo siempre ha sido así. Justo esa incorrección política de Falcó es uno de los aspectos que me gusta de él.

-¿Falcó resume los claroscuros del ser humano que usted ha visto en la guerra?
-Esta es una novela que transcurre en el mundo real. Las personas han olvidado que el mundo es un lugar muy peligroso: la gente viola, mata, tortura, roba y hasta los que presumen de ser muy rectos, cuando les toca, lo hacen. Cuando todo se va al carajo, la gente se vuelve muy peligrosa. Mi novela se mueve en ese mundo real.

-¿Por qué Tánger?
-Tánger está elegido deliberadamente: un lugar en el que el poder es corrupto y todos pueden comprar, sobornar.

-¿Lisardo Queralt es mucho más oscuro de lo que pensábamos?
-Él es el malo de verdad. Queralt simboliza para mí muchas cosas. Puedo tomarme una copa con Paquito Araña, con un Garrison, con Eva, pero no con un hijo de puta como este. Porque hay hijos de puta que tienen rasgos que los humanizan, Queralt no. Hay gente, como él, compacta en su maldad.

-Vuelve Paquito Araña, personaje que se pinta las uñas para torturar a otro, y que introduce humor y crueldad a partes iguales.
-Aquí crece Paquito Araña. Los personajes secundarios son fundamentales. John Ford me enseñó que los sargentos son los que hacen las películas. Puede estar John Wayne pero sin Victor McLaglen la película no se sostiene. Doy mucha importancia a los personajes secundarios. Paquito Araña tiene muchos contrastes. Es homosexual y un torturador. Es muy maricón, pero viene de un pasado violento y es peligroso como nadie. Es capaz de pintarse las uñas y de cometer la peor brutalidad. Cuando degüella lo hace con una frialdad absoluta, sin pasión. Hay muchos secundarios importantes: el Almirante, los capitanes también me gustan mucho.

-Los capitanes Navia y Quirós como personajes tienen un código.
-Hay una cosa peculiar entre la gente de mar. Si miras la historia de las guerras navales, la guerra en el mar es más cruel, porque el mar es más despiadado. Entre los marinos hay un código mayor que entre la gente de tierra. Existe una camaradería, aunque sean enemigos, se rescatan. Los marinos son muy revertianos, en ese sentido. Me apetecía mucho que en una guerra civil tan violenta y cruel como la nuestra, aparecieran personajes como ellos, con unos códigos de humanidad y honor. Esos dos personajes los simbolizan.

-Y ambos aceptan su destino.
-Yo he visto hombres y mujeres así. Personas a las que van a matar y que ese día se levantan, se lavan la cara, montan las armas. Esa gente capaz de asumir su destino inmediato con la naturalidad de quien juega y asume esas reglas. Me gusta esa gente que sabe pagar sin descomponer el gesto. Ese marino asumiendo su destino con naturalidad me gusta. Los he admirado por eso.

-Los ha visto, por supuesto.
-Escribo con mi propia vida, con mis recuerdos, mis amigos, mis odios. Todo eso está ahí. Es una gran ventaja: las cosas que escribo las he vivido. Sé cómo huele el miedo, porque huele. No es una figura literaria. Sé cómo huele un tipo cuando lo han torturado. Ese sudor frío. Eso es oro puro, me da seguridad a la hora de construir esas situaciones.

-'El cabaret de la 'Hamruch''. En ese capítulo la tripulación republicana y nacional pelean juntas en un bar contra unos marinos ingleses que los insultan.
-Sí, cuando les llaman sucios españoles. Esta novela está escrita para poder contar esa escena, la tengo en la cabeza desde hace ya mucho tiempo: dos tripulaciones enemigas que se hacen amigas en tierra.

-Falcó, Eva, los capitanes... todos van hasta el final. Los héroes de Pérez-Reverte no desertan.
-Es verdad. Mis héroes no desertan. Pueden ser asesinos, torturadores, crueles, muchas cosas, pero no son desertores ni cobardes.

-En esa genealogía de los héroes revertianos, ¿cómo se comporta Falcó?
-Falcó es muy revertiano.

-En un hipotético salón de héroes suyos, ¿cómo se relaciona Falcó con el resto?
-Alatriste es un mercenario, pero tiene un fondo moral. Falcó no. Él tiene impulsos. Lealtad hacia gente como Eva o el Almirante, pero no tiene una ética general. No tiene códigos. Cualquier lector de Pérez-Reverte reconoce a Falcó y a Eva, ambos son puro Reverte; lo que no puede hacer un autor es repetir el cliché. Mi propio placer me exige dar variaciones, aunque el territorio sea el mismo. A la hora de asumir Falcó decidí deliberadamente su incorrección; cargar las tintas en lo moral. Está deliberadamente apartado de Alatriste. De todos mis personajes, con Lucas Corso de 'El Club Dumas', es el más cínico. Si los ordenamos en opuestos, en el colmo de la moralidad estaría Astarloa, de 'El maestro de esgrima', y el almirante Zárate, de 'Hombres buenos'. Son la extrema bondad, honradez y decencia. En el otro extremo estaría Falcó.

-El próximo Falcó será en Biarritz. ¿Qué pasará con Falcó? ¿Adónde va a parar?
-Vamos a verlo evolucionar en los siguientes años, seguro. No sé cuántas novelas voy a escribir, depende de las ganas que tenga y de cómo las acojan los lectores. Lo que sí puedo decir es que veremos a Falcó en los siguientes diez años.

-¿Cómo será de mayor?
-Voy a escribir un relato para explicarlo. Falcó se jubila en Buenos Aires en los años sesenta. Consigue un golpe de suerte, una renta. Toma una habitación en el Hotel Alvear, se instala allí, y allí envejece hasta su muerte en la Recoleta.
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Re: 'Falcó' (2016)

Postby Rogorn on Sun Oct 08, 2017 9:50 am

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Re: 'Falcó' (2016)

Postby Rogorn on Sun Oct 08, 2017 11:38 am

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Re: 'Falcó' (2016)

Postby Rogorn on Tue Oct 10, 2017 4:01 pm

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Re: 'Falcó' (2016)

Postby Rogorn on Thu Oct 12, 2017 10:50 pm

12.10.2017 - Entrevista presentando 'Falcó' en Portugal:
https://www.youtube.com/watch?v=3T39WpaFHXE
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Re: 'Falcó' (2016)

Postby Rogorn on Fri Oct 13, 2017 5:00 pm

Spagna ‘36, la missione impossibile firmata Pérez-Reverte
Entrevista de Marco Cicala - repubblica.it - 01/09/2017

Scusate tanto, ma "gran figlio di puttana" mi sembra la formula più decorosa per definire il protagonista di 'Il codice dello scorpione', il nuovo romanzo di Arturo Pérez-Reverte in uscita da Rizzoli. A scanso di equivoci la propongo all’autore. Lui me la approva senza riserve. Quindi tutto a posto.

Nome: Lorenzo Falcó. Età: 37 anni. Professione: avventuriero, ex trafficante d’armi, ora spia franchista agli albori della Guerra civile spagnola. Segni particolari: bello, elegante, cinico, seduttore. Siamo nel 1936 e i vertici fascisti gli affidano una di quelle missioni che se poi riesci a raccontarle da vivo significa che sei proprio un fuoriclasse. L’obiettivo è penetrare in territorio nemico e con un commando prelevare dal carcere di Alicante José Antonio Primo de Rivera, il fondatore della Falange Española imprigionato dai repubblicani pochi mesi prima che in Spagna si scatenasse l’inferno. Ma Francisco Franco è davvero interessato a far liberare un "leader" carismatico che una volta fuori potrebbe rubargli la scena? Anche no. Del resto, come in ogni brava "spy story", nulla e nessuno è come appare. In fondo, nemmeno quel duro di Falcó.

Oltre a una non modica quantità di morti ammazzati, nel 'Codice dello scorpione' ci sono grand hotel, vodka martini, treni che attraversano frontiere nella notte, falangiste avvenenti e misteriose. I cappelli sono Borsalino grigio perla, gli accendisigari Parker Beacon d’argento massiccio, le auto Hispano-Suiza. Se le atmosfere retrò spinte fino al feticismo vi danno l’itterizia, girate alla larga. Se invece vi mandano in sollucchero preparatevi alla crapula.

-Non più di vent’anni fa la Guerra civile era ancora un mezzo tabù per gli scrittori spagnoli. Oggi spopola. Siamo alla moda?
-Sì, ma il mio non è un romanzo su quella guerra. Il conflitto è solo uno sfondo. Come materia narrativa, la Guerra civil non mi interessa. Mi interessa invece raccontare gli esseri umani in momenti duri, lacerati, estremi. Le guerre sono tra quelli.

Nella sua prima vita da reporter lui ne ha coperte una ventina, «sette delle quali civili» puntualizza sotto le volte déco del Palace, il sontuoso hotel madrileno nel quale è uso ricevere la stampa. A 66 anni Arturo Pérez-Reverte è una –perlomeno inconsueta– figura di scrittore felice. Ha sbancato con romanzoni quali 'La Regina del Sud' o 'Il club Dumas', ma soprattutto con la saga spadaccina del Capitano Alatriste. Anche 'Il codice dello scorpione' ha tutti i requisiti del primo di una serie: «Infatti ho già finito il secondo. Uscirà a fine ottobre».

Non è che Falcó sia un eroe fascista. Come quasi tutti i protagonisti di Pérez-Reverte è un coriaceo disincantato, uno che ha tolto la maiuscola ai paroloni coi quali si mandano gli uomini al macello: onore, patria, bandiera… Al momento del golpe franchista, lo sentiamo chiedere al suo capo: «I generali si sono sollevati contro la Repubblica, noi siamo favorevoli o contrari?». Ma non è venale opportunismo mercenario: Falcó va dove lo porta il suo fiuto animale per la peripezia, il rischio, il piacere. «Volevo un personaggio che fosse perfetto nella sua amoralità. Alatriste aveva dei codici: Falcó non ne ha. O ne ha infinitamente di meno. È uno che uccide e tortura senza rimorsi. Però annusa subito la presenza dei tipi che gli assomigliano, lupi come lui in quel territorio ostile che è la vita. E quando li riconosce gli è leale».

-Perché piazzarlo dal lato dei fascisti?
-Lo richiedeva il tipo di storia che volevo raccontare e poi oggi in Spagna si scrivono romanzi solo con eroi repubblicani.

E qui salta fuori la vena del Pérez-Reverte “novelista peleón”, romanziere attaccabrighe. Il polemista scorretto e un po’ guascone che dai giornali o tramite social spruzza olio bollente sullo strapotere dei social medesimi, sull’ultrafemminismo, sul buonismo umanitario o, appunto, sulla sempre litigiosa memoria della Guerra civile. «In Spagna», dice, «è in atto un pericoloso processo di revisione storica. I testimoni diretti sono quasi tutti scomparsi, e i giovani si avvicinano a quell’epoca attraverso Twitter o i nuovi romanzi. Una letteratura pro-repubblicana. Manichea, come lo era stata quella franchista. È chiaro che di fronte alla sollevazione fascista la Repubblica rappresentò la ragione e la legalità, ma non è questo il punto. Il punto è che se le guerre le guardi da lontano la demarcazione tra buoni e cattivi, chiamiamoli così, ti appare netta. Ma appena ti ci immergi le cose si fanno più opache. Le guerre non sono scontri tra ideologie, sono tragedie e basta. E nel ‘36 un giovane della Falange poteva essere idealista quanto un suo coetaneo comunista».

-Già, ma così non c’è il rischio di accomodarsi in una salomonica equidistanza?
-Non si tratta di essere equidistanti. Oggi parliamo di nazismo, fascismo, comunismo sapendo che cosa sono stati Auschwitz, i Gulag, la guerra... Ma negli anni Venti tutti quegli “ismi” erano parole vergini che non avevano ancora rivelato il loro lato oscuro. Utopie che attraevano intelligenze, seducevano menti brillanti, una gioventù che voleva cambiare tutto...».

-In Spagna la Falange costituì la grande novità sulla scena politica.
-Anche se oggi può sembrarci assurdo, incarnava il Moderno, il futuro. Del resto José Antonio non assomigliava né a un gangster come Hitler né a un pagliaccio vanitoso come Mussolini. Era un avvocato di buona famiglia, bello, poliglotta, ammirato in società, uno che con il suo peculiare fascismo stregava gli intellettuali. Non solo quelli di destra.

-Venne fucilato dai repubblicani, ma cosa si sa storicamente dei tentativi di liberarlo?
-Il blitz che racconto nel libro è del tutto inventato, però è dimostrato che ce ne furono almeno tre. Tutti boicottati sotto sotto da Franco. Il Caudillo temeva la popolarità di José Antonio, aveva paura che gli facesse ombra, non voleva troppi galli nel pollaio.

Peréz Reverte è un tipo di trascinante simpatia, ma animato da un fermo pessimismo antropologico. Nei suoi libri la Storia è un un postaccio inospitale senza possibilità di redenzione. «Per quanto possibile» dice, «nei miei romanzi cerco di fare in modo che il lettore guardi il passato con gli occhi del passato. Invece oggi più che mai si giudica la Storia con gli occhiali del presente. Uno sguardo da ONG. E così Giulio Cesare diventa un fascista, Traiano quello stronzo imperialista che fece massacrare i poveri Parti, Cortés un genocida… Intervistandomi una giornalista è insorta: “Ma il suo personaggio è un maschilista orrendo!”. Certo, ho risposto, lei pensa che il 1936 fosse un anno femminista?».

Anche così Pérez-Reverte si è fatto una reputazione di scrittore “cipotudo”, letteralmente “cazzuto”, ma tradurremmo “testosteronico”. Lui gongola un po’ nel brodo di quella nomea. Però non è un Mickey Spillane del romanzo storico. E si difende: «Ad attaccarmi sono le femministe più esagitate e folcloristiche. Quelle, per capirci, secondo cui le mucche al pascolo non sarebbero che femmine sfruttate. Chiunque abbia letto i miei romanzi sa che sono pieni di donne di estrema intelligenza. All’università di Alicante 'La Regina del Sud' è utilizzato come libro di testo dalla cattedra di femminismo». Raccontava la storia di una narcotrafficante.

-Quanto c’è di Pérez-Reverte nel personaggio di Falcó?
-Ho qualche principio morale di più rispetto a lui.Però il suo scetticismo è anche il mio. Siamo entrambi convinti dell’invincibile idiozia dell’essere umano. Non è una visione del mondo che mi sono scelto. Sono un ragazzo di buona famiglia, ho studiato. Ma poi…

Poi che? Poi i 21 anni da inviato di guerra. Africa, Medio Oriente, America Latina, Bosnia… Ha riempito intere agende con storie che gli sarebbero servite per i romanzi. «In Angola c’era un portoghese simpatico, si chiamava Felipe. Faceva l’aguzzino. Ogni tanto veniva a farsi un bicchiere al bar dell’albergo, poi se ne tornava a torturare. Mi spiegò i trucchi del mestiere… Le tecniche per lavorarsi i tipi stupidi o gli intelligenti. I legami che si creano tra torturatore e torturato…».

Reverte era di quei giornalisti che partono con lo zaino pieno di libri. Gli chiedo di quali autori non potrebbe fare a meno: «Stendhal, Balzac, Mann, Fitzgerald, Hemingway mi hanno reso molto felice. Però certi grandi scrittori sono come i limoni: una volta che li hai spremuti fino in fondo non ti danno più nulla di nuovo. Altri invece mutano insieme a te, si adattano alle tue età, rileggendoli scopri cose che ti erano sfuggite. Ma sono pochissimi. A me succede con Conrad. E naturalmente con Omero e Virgilio. L’Eneide non smetto di rileggerla». Recita a memoria: «Come lupi rapaci che una tremenda fame ha spinto fuori alla cieca nella nebbia, e nel covo li aspettano i lupetti abbandonati, secche le fauci, ce ne andiamo attraverso le frecce...». Si scopre il polso: «Guardi, mi viene ancora la pelle d’oca... Se smette di essere lettore uno scrittore è finito». Beh, magari non solo lui...

«I libri aiutano a sopportare il male, il dolore, le oscenità del presente. Se un sacco di gente continua a privarsi di quella consolazione sono affari suoi. Mi sono speso molto in campagne per l’avvicinamento alla lettura, ma adesso sono stufo dell’apostolato. Se a creare dibattito non sono più un Mario Vargas Llosa o un Luciano Canfora, ma un influencer analfabeta di 30 anni su Twitter, allora mi arrendo. Lei conosce la Cuesta de Moyano?». Certo, è il mercatino madrileno dei libri usati, sta qui dietro. «Lì con cinque euro puoi portarti via una busta di capolavori. Ormai chi non legge non ha più scuse. Se non lo fanno è perché non vogliono. E allora che si fottano».
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Re: 'Falcó' (2016)

Postby Rogorn on Sat Oct 14, 2017 10:32 am

“Que Eva sea mujer es lo de menos: es un guerrero”
Entrevista de Jesús Fernández Úbeda - zendalibros.com - 14/10/2017

Hubo un tiempo en que, como ahora canta Sabina, pareció que la Revolución –con mayúscula– no tenía “un talón de Aquiles al portador”. Los mesías que proclamaron la fe del Hombre Nuevo consiguieron, ya fuere con sentimentalismos o con argumentos intelectuales –cuando alguien no pasaba por ese aro, en general, terminaba o bien con un tiro en la nuca o bien en Siberia–, crear una legión de discípulos convencidísimos, fieros, heroicos y criminales, dispuestos a perder la vida por y para ese amanecer venidero y, científicamente –según ellos-, objetivo, necesario y urgente para la Humanidad. En este regimiento ideológico y letal nos ubica Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) a la coprotagonista de su última novela: 'Eva' (Alfaguara, 2017).

Esta segunda aventura de Lorenzo Falcó es más reposada que su antecesora. ¿Hay menos acción? En absoluto. Lo que sí hace Pérez-Reverte es, a través de diálogos, recuerdos y situaciones extremas, desarrollar y ofrecer un retrato más profundo de sus personajes, tipos complejos que sobreviven en un ecosistema, la heterogénea Tánger, en 1937, que es un cóctel molotov discreto y oscuro, con ganas de estallar en su contrario. El espía jerezano tiene el encargo de conseguir que el capitán de un barco cargado con el oro del Banco de España se pase al bando nacional. En esta misión, su mayor obstáculo es una mujer que le turba el pulso, de la que no sabe si está enamorado, pero a la que reconoce como igual.

Con motivo de la publicación de 'Eva', Zenda conversa con el autor en la sede de Alfaguara, en una habitación abarrotada de libros, con vistas a no pocos balcones que exhiben la bandera de España como reacción a ese asunto que, desde hace ya ni se sabe, ocupa las portadas de todos los periódicos.

-Señor Pérez-Reverte, ¿ha pensado alguna vez, como Falcó en el arranque de la novela: “No quiero que me maten esta noche”?
-Pues sí. Ni "este día". Alguna vez lo he pensado, sí. Fueron veintiún años en la guerra. Ten en cuenta una cosa que es importante para mí: muchas de las cosas que cuento en 'Falcó' y en otras novelas no me las han contado, no es teoría narrativa, no es imaginación, no lo he visto en el cine, ni en la tele ni en los libros. Son cosas que he vivido yo: hay sensaciones, sentimientos, actitudes, mías o de otros. Es más fácil, a la hora de arropar las historias que cuento, utilizar estos recuerdos personales. Nada es “yo”: es una novela de ficción, no un libro de testimonio. Ni este ni ningún otro. Pero sí que es cierto que la manera de mirar, la violencia, el horror, e incluso las luces... Claro, a veces me han disparado. Sí, lo he pensado, y le he prestado a Falcó ese sentimiento.

-¿Cuánto de cerca ha visto a esa última carta que juega la Muerte?
-Tampoco hay que exagerar. Todos la vemos: quien cruza una calle cuando el semáforo está en rojo, o quien se arriesga colgando un libro en una escalera que se puede caer, o el que conduce un coche, o el que hace montañismo se arriesga a eso. Lo que pasa es que, por la vida que llevé, la dosis fue muy intensa. Pero también hubo otros momentos. Mi vida como reportero no fue un drama continuo: también hubo momentos agradables y divertidos. Pero sí que pensabas "a lo mejor es esta vez", o "¿qué hago aquí?".

-Por fortuna, ha esquivado esa carta mortal, ha sobrevivido. En 'Eva', leemos que Falcó, cuando se cruzaba con algún superviviente, “se preguntaba qué clase de bajeza habría cometido para sobrevivir”. ¿Ha recurrido usted, en algún momento, a alguna de estas bajezas?
-Vamos a ver. Bajezas como tal, no. Yo tengo muy claro que hay un período de mi vida, que son esos veintiún años, en los cuales hice cosas que aquí no haría. Viví en mundos en los que hoy no vivo. Es una vida muy diferente a ésta, que no se puede juzgar con los ojos de ésta. Hay que estar allí para verlo. Un error terrible de la gente es juzgar cosas, situaciones extraordinarias, con los ojos de lo ordinario; situaciones del pasado con ojos del presente, etcétera. Eso lo tengo muy claro. He hecho cosas de las que no estoy orgulloso, de esas que te cuestan el remordimiento. Tú vas a transmitir tu crónica y tienes que entrar a las tres en el telediario, y son las tres menos cuarto, y vas a toda pastilla por las calles de Sarajevo, y a lo mejor ves cosas alrededor en las que podrías intervenir, pero dices: “Es que no llego al telediario, y yo estoy aquí para el telediario, no para hacer de Médicos Sin Fronteras”. Eso no ocurre impunemente: cuando llegas al hotel por la noche y te sientas, todas esas imágenes te vienen a la cabeza, y con los años se van acumulando. Son muchas imágenes acumuladas, y eso hace que no siempre sea cómoda la memoria. En ese sentido, si no para sobrevivir, sí que hice cosas de las que no estoy orgulloso para hacer bien mi trabajo. Ser profesional en lugares como una guerra implica pagar precios morales a menudo muy altos. Y eso no se olvida.

-¿Se descubre más sobre la naturaleza esencial del ser humano en un momento de pelea que en “siglos de cultura, educación y paz”?
-Sin duda, tengo la certeza absoluta. En otros tiempos, ahora ya no, claro, con mi edad, me he peleado físicamente. Pero no peleas de bar, sino de esas en las que, si perdías, te podían cortar el cuello. Sé cuándo el ser humano lucha por su supervivencia, cuándo pelea físicamente: ahí no hay reglas, ni códigos morales ni ideas humanitarias que valgan. Pelear tú o ver pelear a alguien de esa manera te demuestra que el ser humano es un animal peligroso al que la civilización, la educación, la cultura o el sentido común le dan barnices que lo hacen tolerable, soportable, pero, cuando por alguna razón política, histórica, social, de lujuria, de ambición, de necesidad, de sed, de hambre, salta ese barniz protector, aparece el hombre que fue, y ese hombre es muy peligroso. Yo sé lo peligroso que es el ser humano. ¿Sabes qué pasa? En este mundo en que vivimos, confortable y bien situado, a veces lo olvidamos. Pensamos que la vida y el ser humano es esto, y esto es el ser humano domesticado por siglos de cultura, educación, coacción social, política, militar, etcétera. Pero cuando desaparece el freno, el barniz, esa especie de caucho que nos hemos puesto alrededor y de nuevo surge el ser humano en su esencia original, se demuestra lo que es.

-¿Simpatiza hoy con alguna causa, o sólo es, como Falcó, “un tipo que mira”?
-Falcó no es casual, es el resultado de una mirada. Un novelista es una mirada, y la mirada del novelista es aquella que los libros y la vida le dejan. Es evidente que Falcó no soy yo, pero es verdad que Falcó sería imposible sin mí. (Piensa) Falcó es un tipo que sabe lo que es el mundo. Y lo sabe porque yo lo sé: yo se lo he prestado. Sin mi mirada, Falcó no sería nada. Mira el mundo con mis ojos. Esa mirada, evidentemente, no puede ser ni patriótica, ni entusiasta, ni humanitaria, porque no lo es. Cuando era crío, yo creía en muchas cosas, pero la vida me ha quitado todas esas cosas y muchas más. Ese despojo me ha hecho inútil para ciertas palabras o compromisos. Tengo otros, ojo. Pero están esas banderas de ahí enfrente (las de los balcones), y me parecen muy bien, las respeto. Es un acto de coraje, no escupo sobre eso, pero nunca pondría una bandera en mi balcón. Si acaso, la pondría para joder (risas), para provocar, crear reacciones. ¿Sabes qué pasa? Que he visto demasiadas banderas, y he visto demasiado hijo de puta envuelto en banderas, demasiado infeliz cegado por banderas, demasiado cadáver bajo una bandera, y esas banderas me producen un rechazo automático, no intelectual, no razonado. Hay gente a la que la bandera le suscita emociones; a mí me produce un rechazo racional. He visto tantas, y en momentos tan tristes, tan amargos, que no me son simpáticas. Quizá me lo fueron cuando era joven. Todos hemos tenido banderas, reales o imaginarias, simbólicas o físicas, pero no soy hombre de banderas, no.

-¿Por qué merecería la pena arremangarse?
-Siempre hay cosas: por los amigos, las lealtades, los códigos que tienes, las reglas propias. Cuando la vida te despoja de todas las grandes palabras, te queda media docena. El problema es cuando no tienes ninguna causa, pero mientras tengas un amigo, un amor, un perro por quien luchar, matar o morir, ¿no?, igual el ser humano se sigue salvando. Lo malo es cuando ha perdido cualquier lealtad y no tiene más que su egoísmo. Mientras tengas algo, el ser humano sigue valiendo. El problema es cuando el despojo es tanto que te quita hasta eso. (Piensa) Es muy triste no tener nada por lo que morir. Y no hablo de la patria o de la ideología, sino de cosas inmediatas: un amigo, un perro, una mujer, un hombre por el que morir, jugarte la vida, arriesgar. Eso es la soledad de verdad.

-Antes había hablado de la luz.
-Me he dado cuenta mientras escribía esta novela. En casi todas mis novelas ocurren muchas cosas en sombras, en la oscuridad, de noche, sin luz: voces, ruidos, bultos, gente que se queda hablando en la oscuridad, el ruido… Me he dado cuenta: a diferencia del ser humano habitual, moderno, de mí en mi vida actual, pasé mucho tiempo en lugares donde la luz era rara. En la guerra, la luz es rara. Con la luz te disparan. O no hay medios para encender luz. Ese ámbito de la oscuridad te hace lo que a los ciegos: desarrollar un montón de percepciones que no son posibles en nuestra vida iluminada. Con esta novela, me he dado cuenta de que, en esos veintiún años, desarrollé una capacidad de percepción del mundo en la oscuridad de la que carecía antes y que nunca hubiera tenido sin esa vida. Es una tontería, pero no lo es tanto: significa hasta qué punto la vida que llevé me marcó y no sólo en sentimientos recios, agudos o graves, sino en lo cotidiano: yo, de noche, me desenvuelvo muy bien. En mi casa, en mi jardín, por la calle, me muevo muy bien en la oscuridad. No me asusta. Aquí tenemos a Jeosm, que es de mis grandes amigos. Jeosm, por su vida grafitera, sabe muy bien lo que estoy diciendo.

-Jeosm: Totalmente. Se te dilatan las pupilas, y a los cinco minutos empiezas a ver con claridad.
-Lo que tú desarrollas en tu guerrilla urbana (a Jeosm), yo lo desarrollé en mi vida de guerra de verdad. De ahí viene que seamos amigos. Hay un montón de cosas que tú en tu mundo de guerreros urbanos, y yo en el mío, de guerreros de los otros, nos ha hecho amigos.

-¿Es el español un pueblo que siempre necesita a alguien a quien joder?
-Históricamente sí. Está en todas mis novelas y mis artículos: hay una tendencia del español que no tienen otros países, hay una especie de vileza o mala leche genética que se manifiesta a veces en tonterías, a veces en cosas muy graves. Va desde la broma en el café a la matanza. Es un proceso histórico de malos gobiernos, guerras, convulsiones políticas, sociales, económicas… Quizá el español no sea culpable de ello, lo han hecho así históricamente, pero también él se ha hecho así, tampoco él ha intentado, casi nunca, hablo en términos generales, salir de esa inercia. Antes había pretextos, justificaciones: era un pueblo analfabeto. El pueblo español no tuvo nunca educación, cultura, la libertad de poder razonar, elegir, saber, conocer. Pero, ¿ahora? Nadie tiene excusa: hay televisión, educación gratis, periódicos, internet. El que ahora es bruto, inculto, vil, miserable, ruin o cainita es porque quiere. Ya no hay inocentes, ya no hay irresponsables: ahora todos somos responsables de lo que somos, tanto en lo bueno como en lo malo. Yo puedo comprender, e incluso enternecerme, con el español y su barbarie del siglo XVII, XVIII, XIX o incluso del XX; lo que no puedo jamás es enternecerme con la barbarie del español del siglo XXI. No tiene derecho a ser bárbaro, inculto o vil. No lo tiene. En ese sentido, me siento muy incómodo cuando miro alrededor y veo las cosas que a veces veo.

-Pese al odio encarnizado y al juego sucio, en la novela hay momentos de hermandad, de respeto y dignidad.
-Incluso en la peor barbarie, en la mayor carnicería, el ser humano puede mostrar lo mejor de sí mismo. El español está muy mal criado ideológicamente, en el sentido de que lo que no es nuestro, es contra nosotros. El español necesita que el enemigo sea enemigo total para poderlo exterminar. Necesita que el enemigo desaparezca. Ninguno de un bando aceptará que otro sea digno o valiente. Si tú eres de izquierdas, dirás: “¿Cómo? ¿Qué hubo falangistas valientes? ¿Que hubo División Azul?”. Si eres de derechas: “¿Cómo? Si los rojos eran unos cobardes, unos asesinos”. Nadie concede nunca al otro bando ninguna virtud. Pero eso no es verdad: a menudo, la gente está en los bandos más por azar que por propia ideología. Aunque no fuera así, aunque fuese gente con ideología, hay valores como coraje o lealtad, que no tienen ideología. Y son los que valen. Tú puedes fingir la ideología: puedes ser un patriota de barricada mintiendo como un bellaco. Pero cuando llegan momentos especiales, la dignidad, el valor, la lealtad o el coraje no se pueden fingir, no se puede mentir con eso. La gente de bien, que no hablo de gente buena, porque hay malos que pueden respetar eso, pero la gente entera, cuando reconoce en el otro bando o en el adversario virtudes que él comparte, las respeta. “Mira, te voy a matar, pero no voy a violar a tu viuda, ni a rapar a tu hijo”. Ese código de lealtad, incluso entre enemigos, lo he visto, no me lo han contado. He visto a hijos de la gran puta y he visto a gente que, en su hijoputez, mantenían ciertos códigos. Está en todas mis novelas. Eso sí lo respeto. Insisto: si hay que liquidar al enemigo, se le liquida. Yo acepto que si caigo prisionero de un bando en una guerra civil, que el contrario me fusile. Son las reglas. Pero dame un cigarrillo antes, mátame de una forma limpia, no me tortures antes, no profanes mi cadáver, y después no busques a mi mujer y a mi hijo para humillarlos.

-Falcó sigue siendo un “actor perfecto, un truhán redomado y un criminal peligroso”, pero ofrece algunos signos de piedad, más que en la anterior novela.
-Falcó ya era así antes, no es que le dé más rasgos de piedad, es que lo vamos conociendo más. Nos hemos adentrado más en él, como pasó con Alatriste. Sabemos que además de ser un hijo de puta como es, desde niño, un sinvergüenza, un torturador y un asesino, como todo el mundo, tiene sus rincones tiernos. A medida que nos acercamos a él, vamos viendo más detalles. Nadie es un hijo de puta perfecto. He conocido a muchísimos hijos de puta, a muchísimos: de todos los colores, naciones…, pero rara vez encontré a alguno de ellos que fuera absolutamente redondo. Ni el francotirador de Sarajevo, ni el torturador de Angola, ni el que mataba prisioneros y violaba mujeres en Eritrea, ni el oficial de los Rangers que mató a varias mujeres y niños en el Paso de la Yegua, en Nicaragua. Tenían todos rasgos, momentos, gestos, situaciones que los hacían diferentes. No he conocido a nadie que digas: “Es un hijo de puta absoluto”. Y eso dice mucho del ser humano. (Piensa) Es un elemento poliédrico muy complejo al que no puedes liquidar con un tuit. El problema que tenemos en el mundo actual es que todo lo tenemos que meter en 140 caracteres. Y el ser humano no cabe en un tuit, eso es imposible.

-También leemos que Falcó no era un hombre cruel, sino que, en su caso, la crueldad “se trataba sólo de un instrumento operativo”.
-A él no le produce placer la crueldad, eso es cierto. Falcó es un hijo de puta, en efecto, pero no hace mal por gusto. Él no disfruta con eso, no es un psicópata. Para él, la crueldad es un elemento objetivo, una herramienta de trabajo. Hay profesiones para la que lo es. Para el policía antidisturbios, su herramienta de trabajo es la porra; para Falcó, matar, torturar, interrogar y espiar. Hace aquello que necesita hacer, pero, cuando termina, deja de hacerlo. No por códigos, le importa un carajo el código: es que no es cruel por naturaleza, sino frío y profesional.

-Frío y profesional, pero cuando Falcó piensa en Eva, el pulso “le batía acompasado” e, incluso, en un diálogo, confiesa que “no todo fue cálculo”.
-Cierto. Como te he dicho, todos tenemos nuestros ángulos, y el ángulo de Falcó es Eva. ¿Por qué? Porque reconoce a un igual, a un camarada, a un compañero no de ideología, pero sí de territorio. Eva es un guerrero. Que sea mujer es lo de menos: es un guerrero. Y él lo reconoce. El trato es diferente, y por ser mujer, la admira doblemente. Hay factores como amor, sexo… que vuelven la situación más compleja. Es más complejo que echar un polvo. Entran los sentimientos. En ese sentido, Eva es uno de los suyos y la reconoce. Y eso es importante.

-Sin duda, Eva es el personaje más implacable de la novela.
-Porque tiene fe. Eva es mucho más implacable que Falcó porque tiene fe. Ella cree, es una soldado de una causa. Es una comunista en el año 37, cuando eso estaba en todo lo suyo. Tiene fe en el futuro de la Humanidad, en que su propio sacrificio ayude a la causa: es consciente de que, al amanecer del nuevo día, estará muerta. Sabe que la lucha contamina, que no valdrá para ese amanecer y está dispuesta a sacrificarse. Es una historia heroica. Falcó no es un héroe; ella sí es heroica. Por eso, ella es mucho más implacable y más cruel. Primero, porque es mujer: cuando la mujer decide pelear, es mucho más implacable que un hombre. La mujer tiene una lucidez, una penetración, una crueldad genética, técnica, por muchos siglos de Historia, que, cuando pelea, le permite hacerlo de esa manera. La crueldad intrínseca de Eva es muy superior a la crueldad profesional de Falcó. Eva es heroica, Eva es un (piensa)…

-¿Como un yihadista actual?
-Claro. Tiene una fe. Aunque no es fanatismo lo que tiene. Ella ha llegado a una conclusión intelectual. No es un proceso emocional, no es “blablá, el comunismo, el pueblo, la revolución…”. No. Es un proceso frío, puramente intelectual: ha llegado a su heroísmo no por pasión patriótica o humanitaria, sino por un frío ejercicio intelectual, y eso la hace mucho más implacable, mucho más peligrosa.

-Me gusta mucho cuando se refiere a los “códigos forjados en siglos de amarguras domésticas y tristes silencios”. Algo parecido dijo en la presentación de 'Mujer', el libro de Jeosm.
-En realidad, siempre digo lo mismo. Estoy contando aspectos de una realidad, y yo tengo una forma de verlo. Muchas veces, los argumentos se cruzan. Cuando alguna dice que Pérez-Reverte es un machista, digo: “No tienes ni idea”.

-Volverá a dejar sin argumentos contra usted a más de una feminista tuitera.
-Lo hago en todas mis novelas. ¿Tú has leído 'La Reina del Sur'? O cualquier otra mía. En el año 88, escribí 'El maestro de esgrima': Adela de Otero, ahí está; la Julia de 'La tabla de Flandes'; la Irene Adler de 'El club Dumas'; la Olvido Ferrara de 'El pintor de batallas'; la Mecha Inzunza de 'El tango de la Guardia Vieja'; la Lolita Palma de 'El asedio'… Lo que pasa es que hay tontas del chichi que no me han leído nada y creen que el mundo son dos tuits. Por eso me río: “Mira, chica, lee mis novelas y luego hablamos”. Ninguna mujer que haya leído mis novelas me ha acusado jamás de machista.

-Vamos terminando, señor Pérez-Reverte. ¿Saber que la vida “es una broma de mal gusto, llena de azares, enemigos y payasos que saltan con su resorte al abrir la caja, es lo único que proporciona temple suficiente para burlarse de todo”?
-Absolutamente. Cuando descubres el mecanismo final del mundo… Decía don Enrique Heine, así lo encontraba en la biblioteca de mis abuelos, casi literalmente, fíjate: “El mundo es el sueño de un dios borracho que se va a dormir a una estrella, ignorando que crea cuanto sueña”. La leí con trece o catorce años y marcó mi vida. Pensé: "El mundo es una broma". El ser humano intenta construir, hacer monumentos, ir a la Luna, tener hijos, y un día llega la bota, pisa el hormiguero, y ahí termina todo. Eso lo intuí al leer a Heine de jovencito y lo comprobé yendo a la guerra y como navegante. El mar mata a los valientes y a los cobardes, no tiene sentimientos, a los tontos y a los listos. Es cierto que mueren antes los tontos. La guerra es igual: arrastra con la guadaña a ricos y pobres, nobles e innobles… Los he visto: tíos que antes eran poderosos, suplicando de rodillas que no los maten. Cuando lo has leído y luego la vida te lo confirma, te deja una mirada sobre el mundo muy interesante. No puedes considerar el mundo como algo serio. (Piensa) Mejor dicho, no puedes considerar los afanes de los seres humanos como serios. Luego, viene la naturaleza con su volcán, su tsunami o su patinazo en la bañera, y todo se va a tomar por saco. Eso te invierte los valores por completo y, al final, llegas al proceso al que yo he llegado. Al final, lo que más acabas despreciando es la estupidez, el que no se da cuenta. Imagínate: “Ha habido una tormenta de agua, y se me ha inundado la casa, y se me han ido el perro, la gallina y el televisor a tomar por culo… –¿Usted dónde vive? –Vivo en La Vaguada”. ¿Qué esperas, gilipollas? “Estaba viviendo en una playa paradisíaca, y ha venido un tsunami…”. ¿Por qué era paradisíaca, imbécil? Porque había tsunamis. La estupidez te indigna y, al mismo tiempo, te causa hilaridad. El problema que tiene eso es que, con la edad, te quita compasión. Te lleva a lugares muy peligrosos. Hago un esfuerzo por mantener la compasión intacta. La estupidez es lo que hace más difícil la compasión.

-A mí me desquician más los necios, aquellos que, sabiendo que obran mal o teniendo los medios para obrar bien, no lo hacen.
-Ese es el testarudo. No sabría decirte. Cuando tú asumes las reglas… Yo me he tirado en paracaídas cuando era joven, sabiendo que me la jugaba: a veces, el paracaídas no se abre. Yo estaba dispuesto a pagar el precio. El problema es que la gente no quiere pagar el precio. La gente se tira en paracaídas, pero a mí que no me dé, que yo no me mate. Lo que produce falta de compasión es ver que la gente se mete en eso sin querer pagar el precio. Ahora, un tío que asuma… Por ejemplo: voy a nadar entre tiburones porque me gusta. Estupendo. Ahora: hay un cartel advirtiendo de que hay tiburones, y un idiota se mete porque cree que no le va a pasar nada, y sale con una pierna menos…, pues jódete.

-Divertido guiño zendiano, por cierto, a través del “archipámpano de Ruritania”.
-Sí, es un guiño a los amigos, sí.

Fotos: https://www.zendalibros.com/entrevista- ... lve-falco/
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Re: 'Falcó' (2016)

Postby Rogorn on Sat Oct 14, 2017 9:44 pm

En el templo de Arturo Pérez-Reverte, donde crea novelas como 'Eva', la secuela de 'Falcó'
Jesús García Calero - abc.es - 15/10/2017

El oficio de escritor es todo un tema literario. Pero no basta con un retrato de soledades y palabras, palabras, palabras, para hacer girar el mundo escrito en una resma de papel. Ese modelo no se aplica, desde luego, al caso de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951), el reportero de guerra que después de dar tumbos por medio mundo apretó la tecla precisa en la abotonadura de 'El húsar', título de su primera novela de 1986, que conectó con el público y le impulsó a vivir de la literatura. Treinta y un años después (tantos como libros publicados), su historia va de pasiones, lealtades, mucha personalidad, y un inacabable afán de divertirse y divertir a los lectores. Pérez-Reverte mantiene el gusto periodístico por documentarlo todo. Eso explica, en parte, el éxito que acompaña a este académico, que publica 'Eva' (Alfaguara), la segunda entrega de las aventuras del espía Lorenzo Falcó.

Para entrar en la «cocina» de uno de los escritores más afamados e influyentes de las letras hispánicas, en el lugar secreto en el que construye y documenta meticulosamente sus novelas, hay que atravesar su enorme biblioteca de «un cazador de libros» -así se considera- y hasta pasar por delante de un maniquí vestido de húsar, en perfecto estado de revista, que le recuerda el día en que este relato comenzó. Llegamos a su escritorio, junto a un discreto lucernario, en el centro de la biblioteca, entre murallas de libros primorosamente ordenados. Y también objetos, recuerdos de amistad (ya es célebre el catalejo de un ballenero que le regaló Javier Marías) y de una vida alrededor de la literatura. En una pequeña vitrina brillan los objetos de Falcó: la pitillera de carey, las cafiaspirinas, los cigarros Players, la letal cuchilla Gillette, la pluma Sheaffer, el encendedor Parker Beacon... El tiempo parece detenerse. Da la impresión de que volverá a por ellos de un momento a otro por una puerta disimulada, como si la biblioteca fuera una terminal más del célebre Ministerio del Tiempo, esa serie que debería hacer un homenaje semanal al autor de Alatriste.

Falcó no ha aprendido nada de Bond, James Bond, ni tampoco de George Smiley. A Arturo Pérez Reverte, por supuesto, le gustan las novelas de Fleming y Le Carré, pero para Lorenzo Falcó necesitaba otros maestros. Cita a varios: Eric Ambler, Somerset Maugham, Jean Bommart o RE Childers. Y también la novela folletín de los años veinte y treinta y las películas de Hitchcock de esa época. ¿Por qué? «Las creaciones de Fleming y Le Carré son de un mundo posterior donde manda la tecnología y cualquiera puede ser espía. El mundo de los espías modernos es un universo de tecnología, por encima del hombre. Como ahora con el dron. En la época de Falcó el hombre era lo fundamental. Era el que se arriesgaba, en aquellos tiempos de factor humano. Arriesgaba, penetraba en lugares adecuados, obtenía información y la transmitía. Eran actores, asesinos, jugadores de ajedrez, con sangre fría; que necesitaban habilidades sociales muy concretas. Ahora cualquiera puede ser espía».

La mesa de Pérez-Reverte es funcional, ni demasiado cómoda ni inhóspita. Se trata de un parapeto bastante despejado en el que pasa muchas horas, donde ya «cocina» estos días la tercera entrega de Falcó. De hecho, nos muestra la carpeta en la que guarda los primeros capítulos en borrador y luego la deja junto al ordenador donde hay algunos papeles, claro, sobre los que pisa con bastante convicción una pistola Browning FN 1910 (inutilizada), el hierro que es el menos peligroso de los talentos de su espía. ¿Interesante? Lo interesante, literariamente hablando, asoma en la pared de enfrente, en una estantería en la que decenas y decenas de libros cambian de guardia como soldados a medida que son llamados a estas filas en las que se apoya en hechos reales todo lo que narra. Con nombres, marcas o palabras exactas, con recuerdos propios y memorias prestadas que pueblan sus obras. Y así empieza a relatar:

«Aquí están los libros que uso ahora, para la tercera novela de Falcó. Como empieza en el casino de Biarritz, me lo he empollado a fondo. Tengo libros sobre el casino, fotografías de época del País Vasco... Lo hago siempre así, me documento, tomo notas, voy a sitios -afirma-. Si digo que Falcó está en el hall y la luz entra por la derecha es que era sí. Puede que solo lo sepamos cuatro, o solo yo, pero es la base de la credibilidad». Recorre los lomos de los libros que utiliza en estos momentos. «También me estoy empollando a Malraux, porque en la nueva novela aparecerá un personaje basado en él. No es Malraux porque necesito cosas que nunca hizo, pero en el fondo lo es. Me empapo y tomo notas. Lo que no interesa, lo tiro».

Esta estantería es el motor de una máquina del tiempo. Rotando sus libros se pone en marcha el engranaje que nos lleva directamente a los años treinta, a la época de Falcó. También es una sala de trofeos, porque el autor nos confiesa: «Yo soy un cazador de libros desde que era pequeño, así que me muevo muy bien en el mundo de los libros antiguos. Porque un mapa actual no me vale. Necesito uno del 1937 o anterior, como mucho de 1930, antes de que pusieran los nombres del Generalísimo a las calles». Pocas actividades le hacen disfrutar más que ir en busca de libros raros. «Tengo que buscar libros, los adecuados, algunos menos evidentes de lo que pueda parecer», advierte.

Contemplando estos anaqueles de trabajo es fácil imaginar cuando era el turno de Alatriste y se llenaban de libros de germanías, literatura del Siglo de Oro, uniformes, esgrima, espadas, grabados y libros de la Historia de España y novelas de capa y espada. «Al principio fue bastante difícil, pero al quinto o sexto Alatriste ya lo tenía dominado. Lo difícil fue el primero. También lo fue documentar 'El tango de la Guardia Vieja'. Y lo mismo 'Falcó', aunque es más fácil cada vez, porque ya lo conozco más, después de dos libros. Ya no tengo que leer sobre marcas de cigarrillos, de coches, sobre corbatas, porque todo eso ya me lo sé...»

«La Historia forma el 75 por 100 de mi biblioteca -asevera-. La Historia es la madre de todo», remacha cuando le interrogamos sobre este viaje que no ha hecho más que empezar. Un viaje por los libros en busca de la exactitud. Saca un volumen insólito, en buen estado: la 'Guía Michelín de España (1936-1938)', que costaba 15 pesetas en plena guerra. ¿Quién la usaría? «Ahí están los hoteles, los precios, si tienen teléfono, agua corriente, lo que se come en tal restaurante, cuánto valía el arroz con pimientos en el restaurante de la Tía Felisa...», bromea. Y sigue dejando ejemplares sobre nuestras manos: El 'Anuario de 1934 de Madrid', con direcciones de comercios, oficios, las 'Páginas Amarillas' de la época. Y el 'Manual de la telefonista', para saber bien cómo intervenir las comunicaciones de las viejas centralitas entre marañas de clavijas. Si Falcó come y paga, el plato y el precio se ajustan al mes en que sucede la acción. La ropa, la botica, los cigarrillos... son los que eran. Aparecen ahora dos tomos enormes, con los números encuadernados de 'Blanco y Negro' de los años treinta y otro con el 'ABC' de la «zona nacional», el que se editaba en Sevilla. «Los heredé de una tía mía -nos dice- y son valiosísimos. Me llevan a ese momento, a las noticias del día, a la publicidad de fijapelo, coches, whisky, tabaco, sombreros...» Sigue un libro de motores de coche en la Guerra Civil. El manual de uso de la pistola Browning FN1910...

¿Pero cómo empezó? ¿Sabía que Falcó viviría más de una novela? «Cuando tenía la estructura hecha y empecé a escribir, todo se fue complicando, y me di cuenta de que me lo estaba pasando muy bien -subraya tanto el "muy" que la cabeza afirma-. Llevaba ya meses leyendo revistas, moviéndome por anticuarios, comprando objetos, y era tal el placer que me dije: quiero que esto dure, un año es muy poco». No se lo pensó mucho más. Nos cuenta cómo decidió partir la historia y desarrollarla en dos o tres entregas. «Y eso es lo que hice, un plan de tres novelas para empezar. Escribí la primera y al terminarla todo eso se confirmó, me lo seguía pasando bien y tuvo muy buena acogida, tanto en España como en América. Ahora 'Falcó' acaba de salir en Portugal». Y en España 'Eva' llega este martes a las librerías. ¿Continuará? «Después de la tercera ya veré lo que hago, si sigo o si me paro».

En 'Falcó' la misión era rescatar a José Antonio Primo de Rivera de la cárcel de Alicante. En 'Eva' hay un barco cargado con parte del «oro de Moscú». Los hechos forman un friso histórico sobre el que la trama avanza. ¿Cómo de difícil resulta el desafío de colarse en la historia real y abrir caminos ficticios? «Esto lo aprendí directamente de Alejandro Dumas. Se trata de tomar la historia, utilizar el marco y falsificar el cuadro», confiesa con media sonrisa traviesa. «Que a simple vista veas 'La rendición de Breda', pero luego te acercas y hay un juego de detalles, ves un personaje algo cambiado y es Alatriste». El escritor admite que hay que tener algo muy claro y es que «esto tiene límites. Cuanto más has leído más sabes dónde están. Falsificar la Historia, aparte de que es divertido, funciona muy bien». Sin duda es divertido, no hay más que ver a Pérez-Reverte contando las anédotas, pero hay que conocer algunas reglas... «Tú no puedes poner una mujer asaltando una muralla sarracena en las Cruzadas -traza una línea ascendente con las manos-. El límite es la credibilidad. Pero cuanto más has leído más sabes y dentro de esos límites puedes mover a tus personajes, falsificando la historia».

Otro ejemplo: si quieres falsificar un billete de mil pesetas «tienes que conocer perfectamente el billete original o no lo harás bien. Así que lo haces perfecto y entonces añades que la imagen de Isabel La Católica te guiñe el ojo. ¿Es un billete bueno? Fíjate bien, acércate... ¡coño, qué bueno, si me guiña el ojo Isabel la Católica!» Ese es el tipo de cosas que traslada a sus páginas, gracias a la inmersión en ese periodo que le otorgan las lecturas, meses o años de lecturas. «Es muy divertido, es lúdico, y si un libro divierte además de al lector al propio autor cuando lo está haciendo, es fantástico». ¿Y no comete errores? «Por supuesto, siempre hay un error» -se remueve en el sillón, tal vez porque el recuerdo le incomoda-. «Siempre hay un tío que sabe más que tú de algo. Un ejemplo concreto, que me ha pasado: me escribe un señor, mire usted, el tren en 1938 no pasaba por Almuñécar, sino por otra localidad cercana. Es un experto en trenes. Pues tiene usted razón. Yo me basaba en una guía de ferrocarriles -gopea con un dedo la palma de la mano como si fuera la tapa de uno de sus libros-. Aquella ruta estaba programada y figuraba en la guía, pero por lo visto no se hizo. ¡El tren pasó por otro sitio, ahí no había apeadero! -exclama-. Como lo cuento, me ha pasado».

Así llegamos al episodio del oro de Moscú que aparece en la segunda entrega, 'Eva', parte del tesoro de la República que llega por error en un barco al puerto de Tánger: «Pudo haber ocurrido perfectamente. Porque todo en él, el tipo de barco, el capitán, la tripulación, las labores diplomáticas en torno a él, todo eso ocurrió y está documentado». ¡Y tanto! Entre los libros que siguen saliendo de la pared al invocarlos en la conversación figura uno de 'Paquebotes trasatlánticos' de la época. Y otro «muy bueno» con la historia completa del sombrero Panamá, que es el que Falcó usa en Tánger. Y un volumen sobre burdeles de los años treinta titulado 'Chicas malas' lleno de sugerentes fotos. Y libros de moda, sastres ingleses, y viejos ejemplares de las revistas 'Marie Claire' y 'Estampa' con sabor de belleza clásica.

Años treinta, sí. Espía franquista, también. Lo difícil, lo que era un desafío, era la complicidad con el lector. Y gracias a todos estos detalles se logra. Porque no es un libro sobre la Guerra Civil. Esto hay que aclararlo: «Es una novela que tiene esa confrontación de fondo. Jamás pretendí explicarla ni lo voy a pretender. La uso como fondo, y el que quiera saber que lea. No voy a explicar qué era la Falange, ni quiénes los requetés, mi interés es otro. El que quiera que lea y el que no allá él».

Para terminar la documentación dos cosas son necesarias. La primera es leer libros de autores de la época o sobre la época, que puede que no aporten ni un solo dato, que no asomen siquiera por una línea de la narración, pero conforman una mirada creíble y ayudan a evitar los anacronismos. La lista es interminable en un lector tan conspicuo. «Si hablas de tomar algo caliente en esa época lo normal es que pienses en un chocolate con churros y no en un café de Starbucks. Esto parece una tontería pero no lo es -Pérez-Reverte enarca las cejas y pulsa una tecla en el aire repetidamente-. Sin darnos mucha cuenta se nos cuela al escribir esa mirada de hoy. Pero si vives inmerso en la época y además lees las novelas de Julio Camba, de Fernández Flórez, de Jardiel Poncela, eso te crea la familiaridad con las costumbres». Si falta esa «inmersión en la época», que es un trabajo sutil y lleno de posibilidades, se nota. «Todos vemos en alguna serie española de época que da la impresión de que todos están disfrazados y nadie se comporta de verdad de una forma creíble, a diferencia de las series inglesas que sí lo hacen o lo hacen más. Ellos estudian, ven, leen, lo tienen entrenado… Aquí, habitualmente te ponen un ropaje y ¡hala!, ya eres un personaje del siglo XVII, o del año treinta», se lamenta. Pero inmediatamente rebusca en su memoria de lector: «La gente se quitaba el sombrero delante de una señora de una determinada manera, se descubría para entrar en los sitios, hay unas reglas de comportamiento que condicionaban mucho todo. Y todo eso se ignora hoy. A mí también me pasa. Por eso yo me sumerjo, hojeo revistas de moda de la época, revistas de caballos, periódicos, y cuando pasan seis meses, por muy tonto que sea termino adquiriendo no los hábitos, porque sería muy falso, pero sí la capacidad de moverme, sentarme, usar el sombrero como lo haría Falcó. Llego a describir a la gente que está frente a él como él la vería. Por eso es tan importante la documentación, no tanto para coger un dato, sino para tener la actitud narrativa frente a eso».

La segunda cuestión necesaria es un turismo un tanto especial. Ir a las ciudades del pasado. ¿Cómo? Para 'Eva' viajó durante semanas por Lisboa, Sevilla y Tánger, con guías y mapas de la época y una mochila con libros: «Es mi ventaja. Un lector empedernido irá a París y será capaz de "photoshopear" -digamos- la ciudad, borrar los coches y quedarse con Hemingway en La Closerie des Lilas, con Voltaire en el café Procope, o ver a Chateaubriand paseando por la calle Rivoli. Es nuestro privilegio de lectores, podemos amueblar el mundo con nuestra memoria lectora borrando lo que hay actualmente». Y suma también su experiencia en países de Oriente Próximo, en los cafés del Beirut antes de la guerra, o de un Damasco casi otomano, con gordos de fez rojo y narguilé. De modo que esa dimensión que no está ya presente sino a través de la cultura termina de encender el relato.

Llegado el momento de escribir, de plasmar todo eso con las palabras justas, Pérez-Reverte no duda: «Necesito la complicidad del lector. Hoy no puedes escribir como Balzac o como Walter Scott, no puedo describir todo, porque el lector se aburre». Recurre a lo que todos hemos visto en cine, televisión, muchos hemos leído. «Tengo que hacer que suene ¡tiiin! en la cabeza del lector» ¿Un ejemplo? «Si hablo de espías en el norte de África, la mera palabra "Tánger" ya me está ahorrando a mí medio libro de descripciones. Automáticamente el lector entra en el juego. Sabe, por 'Casablanca', cómo era el bar. Solo tengo que buscar los elementos que desencadenan el proceso. Digo: “Entró en el bar. Miró hacia arriba. Vio girando el ventilador en el techo”. ¡Ya está! El lector se imagina el humo, el calor, al gordo abanicándose… Te ahorras 10 páginas de descripción. Eso se aprende con oficio. Reducir eso a tres líneas es lo ideal, es lo que intento. Ya me diréis si lo he logrado».

Habla del método, el plan que traza y del que raramente sale. Es permeable pero fiel al esquema. «Cada escena tiene dos o tres folios. Cada novela tiene su recorrido y su dimensión. Hablamos aquí de novelas canónicas, de espías, de suspense, de acción, de aventuras. Aquí no puedo andarme con complejidades. Tiene que ser todo muy escueto, muy seco, muy limpio, muy dialogado, muy cortante, muy picado. Eso no es fácil, es incluso más difícil. Una descripción de dos líneas es más difícil que una descripción de dos páginas». En su memoria está todo lo que le ha hecho escritor. Maneras y sonidos desde su infancia: «El modo en que mi padre se quitaba el sombrero, mi abuelo miraba el reloj de bolsillo, la oscuridad alrededor del quinqué cuando se apagaba la luz eléctrica después de cenar porque era cara, el sonido de las presillas de las ligas que usaba mi madre...».

Y no podemos desdeñar el valor que tiene la memoria del reportero de guerra: «La violencia que narro la he vivido -explica-. ¿Cómo grita un hombre cuando le pegan? ¿Cómo suda un hombre que ha sido torturado? ¿Qué temperatura tiene la piel de un hombre que ha sufrido tortura? -se pregunta, bajando imperceptiblemente la voz-. Ese tipo de cosas las conozco de primera mano, pero hay otro tipo de cosas más curiosas, y menos dramáticas, pero muy interesantes. Por ejemplo, al haber vivido en países en guerra o en países raros -encoge levemente la nariz-, tengo percepciones de vivir sin luz eléctrica, iluminarte con luz débil, moverte bajo la luz de la luna». Piensa que el hombre actual en nuestra sociedad no tiene ya esa experiencia del sigilo, pero en el tiempo de Falcó la gente sí vivía así y es una sensación que encontramos desde el feo encuentro del capítulo primero de 'Eva'.

Y están sus mujeres, que son fuertes, iguales a Falcó, como la Eva Neretva de la novela. No es un anacronismo. «Si hubiera puesto una "flapper" de Fitzgerald no se creería. Pero una tía de padre ruso... En el área comunista había, desde pijas como Constancia de la Mora hasta la Pasionaria. Ahora no te juegas nada en Occidente. Entonces se jugaban la vida, a veces fueron ejecutadas por sus propios compañeros en las limpias comunistas. Hubo muchos personajes femeninos de acción bastante notables en los años treinta. La guerra mundial exterminó a no pocas de ellas», constata con voz fría. «Y también las hubo falangistas -insiste en el tema-, te recuerdo que en el golpe de Mola y de Franco la que lleva el mensaje es una mujer. En la película 'Dragon Rapide' sale. En 'Rojo y negro', el filme de Arévalo, que es una película maldita para el régimen franquista en la que se cuenta la resistencia falangista en Madrid, con Conchita Montenegro e Ismael Merlo, también se aprecia. Había mujeres en todos lados, tampoco eso lo he tenido que forzar nada la historia», concluye.

Entre los libros que nos muestra mientras hablamos junto a su escritorio, los que ahora mismo tiene a mano para documentar la tercera parte de las aventuras de Falcó, destacan 'El caso Orlov', memorias del jefe de los servicios soviéticos de información durante la Guerra Civil, y las del almirante Canaris. Memorias de otros tipos de la época, espías. 'Memorias de un espía checo', 'Historia de la Gestapo', 'Historia mundial de los servicios secretos', de Rémi Kauffer; 'Tangos, jazz bands y cupletistas', de Julio Camba; 'Sorge: el espía del siglo', de Hans Hellmut Kirst; 'Berlín 1936', de Oliver Hilnes; 'Vida y muerte de un espía', de Otto Katz; 'La Guerra Civil española a través de las crónicas de los corresponsales soviéticos', de Enrique Piquero Cuadros; 'Crónicas de viajes' y 'Playas, ciudades y montañas', de Julio Camba; libros de espías ingleses, de Joan Pujol, libros sobre fascismo, de Chaves Nogales y otros cronistas de la época. 'Viajes de entreguerras', de John Dos Passos; 'Estoril, los años dorados', de Ricardo Mateos Sáinz de Medrano; 'Homenaje a Cataluña', de George Orwell; 'El viaje', de Paul Morand; 'Héroes de los dos bandos', de Fernando Berlín; 'Los grandes cementerios bajo la luna', de G. Bernanos; 'Hotel Florida', de Amanda Vaill; 'Orwell y España', de Fernando Galván; 'El mundo entre dos guerras', de Raymond Cartier; varios libros sobre la Salamanca de la época del fascismo...

Y también libros y catálogos de monedas y billetes, y de sellos. Guías de ferrocarriles y las guías Michelín de España y Francia de la época, más los mapas y guías de los años treinta de Lisboa, Sevilla y Tánger. Las revistas 'Blanco y Negro' de los años 30 y 'Marie Claire', 'Estampa', etc. Revistas de moda masculina y femenina. El 'ABC de Sevilla' de los años treinta. 'Paquebotes trasatlánticos' de la época, libros de aviación y líneas aéreas. 'Manual de la telefonista', y también 'Los grandes de la copla', de Manuel Román, porque la canción española era muy importante entonces. O 'Chicas malas', un volumen sobre los burdeles de entreguerras. 'La ropa de un caballero inglés'; 'Historia del sombrero Panamá', que es el que usa Falcó en Tánger.

Fotos: http://www.abc.es/cultura/cultural/abci ... ticia.html
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