'La tabla de Flandes' (1990)

Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

Moderadores: Targul, Mithrand, Moderadores

Reglas del Foro
Avatar de Usuario
koora_linax
Mensajes: 3032
Registrado: Sab Sep 02, 2006 11:00 pm
Ubicación: Córdoba

'La tabla de Flandes' (1990)

Mensaje por koora_linax » Mié Sep 03, 2008 8:41 pm

Con motivo de la actual exposición sobre El Retrato del Renacimiento que estará en el Museo del Prado hasta el 7 de septiembre. Y que merece ser visitada tanto a los que hayan leído La Tabla de Flandes como a los que no. Es una brillante excusa para empezar a leerlo.

«Dios mueve al jugador, y éste la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?»
J. L. BORGES

LAS REGLAS DEL JUEGO

Es frecuente que un libro nazca de una imagen. 'La tabla de Flandes' nació en un coche-cama, a la luz de una pequeña lámpara de cabecera, entre las páginas de un libro de problemas de ajedrez. De pronto, lo vi. Una partida que se juega hacia atrás, una joven bella y silenciosa. Y un misterio. Un cuadro. Un cuadro flamenco, del siglo XV, en el que dos personajes juegan una partida. La partida de ajedrez. Un enigma desvelado quinientos anos mas tarde. Quis necavit equitem. Quién mató al caballero. El mundo de la pintura, el arte como enigma, la vida como juego. Una mujer atrapada por un cuadro. Y un jugador oculto, misterioso, omnipotente. Había música allí, además de pintura. Notas que se repetían, empezando de nuevo una y otra vez. Como un dibujo de Escher. Y un tablero con las casillas cambiadas, llenas de trampas que desorientan al jugador. El foso en lugar del puente, la cárcel en vez de la posada, la muerte escondida en el jardín... Ya no pude conciliar el sueño aquella noche, entre el traqueteo de las vías, en la estrecha litera del coche-cama. Pasaron dos años antes de que lograse conciliarlo de nuevo.

'La tabla de Flandes' es, ante todo, un minucioso juego en el que casi nada es como parece ser. Al principio, cuando trabajaba en el esquema de la novela y todo era aún lo bastante nuevo como para divertirme, reía a solas poniendo espejos en lugar de ocas, sembrando trampas, trucos e inversiones. Alicia, Poe, Holmes, Aquiles y la tortuga, Bach, Scaramouche y el capitán Garfio, entre otros, tuvieron a bien echarme una mano. Van Eyck y Campin, por su parte, son responsables de que 'La partida de ajedrez', y su autor, Pieter van Huys -busquen en las enciclopedias: Brujas, 1415 - Gante, 1481-, pertenezcan a la escuela flamenca del siglo XV. Ellos, mejor que nadie, me convencieron de que cualquier escena inofensiva y doméstica puede encerrar simbolismos ocultos, misteriosos, sentidos que escapan al observador, como la misma vida, como un enigma a resolver. Igual que la música, la literatura, el ajedrez, los problemas de lógica o los números enteros.

En 'La tabla de Flandes', como en mis otras novelas, la Historia está presente. Incluso toda la trama argumental, en cierto modo, se apoya en ella, en cimientos de cinco siglos. Pero no he escrito una novela histórica. Corno tampoco lo era, desde mi punto de vista, la lucidez que proporciona la guerra, la línea de sombra franqueada por un joven soldado en 'El húsar', o la estética asumida como ética, las virtudes clásicas como refugio moral de un hombre que es el último de su especie y lo sabe, en 'El maestro de esgrima'. Lo que ocurre es que para mí la literatura siempre vino de la mano de la Historia, porque aprendí a leer con Walter Scott, Dumas, Stevenson y Galdós. También influyen elementos de educación y carácter. Yo vengo de un mundo donde tradiciones familiares, un cuadro en la pared, unos galones de capitán en una urna de cristal, un manuscrito amarillento, tenían un sentido, significaban algo. Tal vez por eso me gustan los libros en cuyo interior encuentro otros viejos libros con letras doradas sobre lomos de piel, música suave, a tono con grabados en las paredes, gente educada incluso cuando es perversa, palabras cuyo sonido escuchaba en boca de mi abuelo o de mi padre y que ya no oigo en parte alguna. Quizá por eso en mis novelas siempre despuntan de una u otra forma, corno telón de tondo, esos mundos, esos ambientes. Por el instinto de conservarlos en el tiempo y la memoria.

El periodismo viajero ha colmado una parte de mi vida: la necesidad de acción, el movimiento, la guerra. La literatura, la novela, siempre fueron mis grandes cazaderos, las praderas verdes y mansas en que me refugié cuando estaba cansado, cuando quería olvidar la tormenta que rugía alrededor. También es -o al menos eso espero- mi futura vejez con dignidad; el único refugio posible cuando se ha sobrevivido. Pero peregrinar, al Finis Terrae o a donde sea, sólo vale, creo, si se hace paso a paso, cumpliendo las reglas, sin ahorrarse ninguna de las casillas; con los riesgos, incertidumbres y satisfacciones que eso implica. Y es importante eso de las reglas: obligan a mantener cierta compostura, lo que nunca está de más. Además, las reglas, sean en una carga de caballería, un combate de esgrima, una partida de ajedrez o en la construcción agotadora de una novela, ayudan a ordenar ideas, a estructurar elementos. Incluso cuando se rompen: cuando se miente, cuando se falsea, cuando se hacen trampas, todo es más fácil si se hace según ciertas reglas. Y mucho más divertido.

El Sol, 1990

Imagen
«La partida de ajedrez»:
Óleo sobre tabla. Escuela flamenca. Fechado
en 1471.
Autor: Pieter Van Huys (1415-1481).
Soporte: Tres paneles fijos de roble, ensamblados
por falsas lengüetas.
Dimensiones: 60 ✕ 87 cm. (Tres paneles idénticos
de (20 ✕ 87). Espesor de la tabla: 4 cm.

Primeras páginas de La Tabla de Flandes
http://www.capitanalatriste.com/pdfs/pr ... landes.pdf
"Al final lo que está en juego es como vivir con el desorden". Arturo P-R

Avatar de Usuario
Celadus
Mensajes: 1837
Registrado: Sab Sep 16, 2006 11:00 pm
Ubicación: Cádiz, la de los ahorcados.
Contactar:

Re: La Tabla de Flandes

Mensaje por Celadus » Mié Sep 03, 2008 10:02 pm

koora_linax escribió: Es una brillante excusa para empezar a leerlo.


O a releerlo :wink: . Gracias, koora.
"Morir, ¡que cosa tan estúpida! Yo ya estuve muerto antes de nacer, ahora respiro."

Trinidad

Mensaje por Trinidad » Jue Sep 04, 2008 8:27 am

Fue el primer libro que leí de don Arturo, pero antes que este, me releería otros de él.

Gracias koora por la información.

Avatar de Usuario
Lenka
Mensajes: 17824
Registrado: Mar Sep 20, 2005 11:00 pm
Ubicación: Reino Astur
Contactar:

Mensaje por Lenka » Jue Sep 04, 2008 10:01 am

Recuerdo cómo me enganchó cuando lo leí. Me lo pasé en grande. Gracias, Koora.
Me alegro de no haberte matado todavía...

Avatar de Usuario
remolina
Mensajes: 5017
Registrado: Jue May 03, 2007 11:00 pm
Ubicación: León

Mensaje por remolina » Jue Sep 04, 2008 10:10 am

A mí también me enganchó muchísimo La Tabla de Flandes. Disfruté un montón leyendo este libro y, creo recordar, que fue el primer libro de D. Arturo que leí también. :wink:
"Aprecio a esos cabrones" APR

Avatar de Usuario
Siana
Mensajes: 5536
Registrado: Mié Jun 14, 2006 11:00 pm
Ubicación: Barcelona

Mensaje por Siana » Jue Sep 04, 2008 9:39 pm

Gracias Koora! Apetece releerlo ahora con otra perspectiva. Y gracias por la recomendación. Habrá que volver a Madrid para verla :) .

Me encanta esta forma de desgranar y analizar los detalles de un cuadro. Para eso las muestras de pintura Escuela Flamenca son sensacionales, por la cantidad de detalles y simbolismo que hay, por ejemplo en . . . Jan van Eyck o Brueghel el viejo.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14711
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Jue Dic 29, 2011 6:44 pm

La tabla de Flandes
Ángel Basanta – ABC – 12/01/1991

Alfaguara, Madrid, 1990, 417 páginas, 2000 pesetas.

Las tres novelas publicadas hasta la fecha por Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) arrancan de la Historia, aunque ninguna es una novela histórica. En ‘La tabla de Flandes’ consigue integrar recursos de varios subgéneros novelísticos, desde planteamientos de novela histórica en la reconstrucción de un episodio del pasado hasta procedimientos de la policíaca en la investigación de varios crímenes, pasando por lances folletinescos, enigmas cifrados en una misteriosa partida de ajedrez, interpretaciones psicoanalíticas de la personalidad de jugadores y asesinos y una actitud de juego con la Historia en términos difundidos, entre otros, por Torrente Ballester y Umberto Eco. Tales ingredientes se aúnan en un texto que admite más de una lectura y ninguno de sus lectores quedará defraudado.

La historia narrada reúne múltiples elementos de interés. A finales del siglo XV, un viejo maestro flamenco introdujo en ‘La partida de ajedrez’ las claves de un suceso ocurrido en el ducado de Ostenburgo. Los personajes del cuadro son tres: el duque y otro caballero con quien juega al ajedrez y una mujer vestida de negro, esposa del primero y amante del segundo. Y oculto en las capas del cuadro, el pintor dejó un enigmático interrogante referido al asesinato del caballero. Éste es el marco histórico de la novela, concretado en un pequeño país cuyo dominio se disputaban Borgoña y Francia en el ocaso de la turbulenta Edad Media. También es éste el aspecto menos aprovechado de la novela. Un desarrollo más amplio la hubiera enriquecido notablemente. Pero no parece justificado conceder mayor realce a este reproche, pues el autor no ha planeado una novela histórica ni siquiera un “romance” en el que llevar a cabo el relato fabuloso de un episodio de la Historia. Sólo ha escogido un lugar y un período del pasado para situar allí el punto de arranque de la fábula, jugar con la Historia y aprovechar así las connotaciones de suspensión e intriga que el enigma de hace varios siglos contiene en sí mismo.

Quinientos años después, ya en nuestro tiempo, una restauradora descubre el enigma oculto en el cuadro. Entre las presiones de galeristas, subastadores y demás interesados en la dimensión venal del arte, de un lado, y las investigaciones de un anticuario homosexual y un gran ajedrecista escondido en la persona de un hombre vulgar, de otro lado, la partida representada en el óleo se va completando primero hacia atrás y después hacia adelante. Este es el punto de inflexión de las dos intrigas engastadas una en otra y con extraños crímenes en ambas. Cada una predomina en una parte de la novela. En la primera mitad, la reconstrucción de las jugadas anteriores a la situación de las fichas en el cuadro permite desvelar el enigma de la muerte del caballero, en el siglo XV. Pero en la segunda mitad, a partir del capítulo octavo, un misterioso jugador propone seguir la partida en el presente. A la muerte ya ocurrida de un profesor de arte, antiguo amante de la restauradora, siguen otros crímenes y amenazas que mantienen en jaque a los personajes implicados, hasta la insospechada revelación final del asesino. Aunque su identidad sale a la luz con notoria sorpresa, el lector recordará, desde el final, ciertos signos que en el texto se han ido esparciendo. Entonces podrían pasar inadvertidos, pero ahora recuperan toda su relevancia.

En muchos aspectos ‘La tabla de Flandes’ es obra con ambición de totalidad. Funde elementos de tradiciones diversas. Proyecta las más profundas inquietudes humanas -la vida, el amor, la muerte- en la simbología cifrada en un tablero de ajedrez. Los omnímodos poderes de su narrador omnisciente facilitan el concurso de múltiples saberes en muestras de erudición verdadera y falsa, gráficos y reproducciones de jugadas ajedrecísticas, así como también las transiciones temporales entre dos momentos separados por cinco siglos. Tanto aquí como en el esclarecimiento de los crímenes, el narrador sabe adoptar la visión de los personajes en el momento oportuno. Se le ven los trucos, pero son válidos por su pertinencia en una novela de intriga bien construida, con un lenguaje eficaz en sus diversos registros estilísticos. Destaca el uso apropiado de tecnicismos del campo de la pintura y su restauración. Y también las referencias y alusiones literarias, pictóricas, musicales y cinematográficas. Unas veces en serio, como en la cita de unos versos de Borges (página 240), otras de forma humorística, como en la parodia del comienzo de la ‘Ilíada’ (página 222). Para ser novela bien acabada hay que corregir, en cambio, algunas deficiencias estilísticas, superar ciertos tópicos en las comparaciones y despojar unos cuantos párrafos de sus grandilocuentes efectismos.

Adeletheresa61
Mensajes: 1492
Registrado: Mar May 03, 2011 11:00 pm
Ubicación: Madrid

Mensaje por Adeletheresa61 » Vie Ene 20, 2012 10:13 pm

Estoy releyendo La Tabla de Flandes. Lo tengo un mi mesa en la oficina. Curiosamente, al raíz del libro se han acercado 3 personas quien nunca hubiera pensado habrían leído el libro, y cuyo relación conmigo era bastante ni fu ni fa. Han querido contarme lo que opinan del libro, cuanto lo han gustado, y otras cosas que han leído de Pérez-Reverte. Me ha sorprendido.

Llevar un libro de Arturo es como sacar el perro. La gente te acerca y empieza hablar contigo.

He encontrado esperanza en lo que pensaba era un desierto. Me refiero a trabajar en un multinacional, donde los temas de conversación suelen ser, números, futbol y todo menos la cultura 8O

Avatar de Usuario
vetinari
Mensajes: 2226
Registrado: Mié Jul 25, 2007 11:00 pm
Ubicación: Al sur

Mensaje por vetinari » Sab Ene 21, 2012 4:40 pm

Adeletheresa61 escribió:Llevar un libro de Arturo es como sacar el perro. La gente te acerca y empieza hablar contigo.


:D :D :D :D :D :D :wink:
"...Efialtes aparecerá finalmente,
y pasarán los persas" Cavafis
"No hay quien pueda comprar el ser marino cuando estás en el mar." APR
"Freedom is just another word for nothing left to loose" Janis Joplin

Adeletheresa61
Mensajes: 1492
Registrado: Mar May 03, 2011 11:00 pm
Ubicación: Madrid

Mensaje por Adeletheresa61 » Mar Ene 24, 2012 9:51 pm

Estoy tan metida en el libro que ya veo mi trabajo y la gente allí como la tabla de ajedrez en dicha novela. Estoy segura que soy peón, y orgullosa de serlo. A mi alrededor tengo otras piezas, blancas y negras, y anda por allí suelto una dama negra y su rey.....Poco a poco voy poniendo en mi imaginación nombres a cada pieza de la tabla y lo malo es que no se como va a terminar el partido....

... :|

Avatar de Usuario
Ginebrino
Mensajes: 2257
Registrado: Sab Nov 26, 2011 12:00 am
Ubicación: Entre Pinto y Valdemoro

Mensaje por Ginebrino » Mié Feb 15, 2012 9:28 am

No queria postear, pero es que este libro es crucial en mi vida.

Era yo rapaz joven (13 o 14 años, tampoco es que ahora sea viejuno, pero mis primaveras tengo) Cuando vi la pelicula en la telelvision. Recuerdo que me gusto mucho la historia. Me puse a investigar y donde esta mi sorpresa que era un libro de Reverte. Mi padre que llevaba años insistiendo que me sacara el carnet de la biblioteca sin exito no pudo competir con la curiosidad y me fui directo a la biblioteca, me saque el carnet y el libro. No me lo lei, me lo bebi, ansioso de mas cayo el Club Dumas, que puede ser mi libro favorito...

Luego con los años vinieron las novelas historicas, Alatriste, Lovecraft y sus mitos de Cthulhu (admirador profundo soy. Chiste para el que lo haya leido :wink: ) y Algunas joyas como Metro 2033, pero me es inevitable de vez en cuando el venazo de leerme estos libracos. Me alegro mucho que mi inicio literario fuera con Reverte

Avatar de Usuario
vetinari
Mensajes: 2226
Registrado: Mié Jul 25, 2007 11:00 pm
Ubicación: Al sur

Mensaje por vetinari » Mié Feb 15, 2012 1:53 pm

Ginebrino escribió:Me alegro mucho que mi inicio literario fuera con Reverte


Seguro que a el le hace muy feliz.
"...Efialtes aparecerá finalmente,
y pasarán los persas" Cavafis
"No hay quien pueda comprar el ser marino cuando estás en el mar." APR
"Freedom is just another word for nothing left to loose" Janis Joplin

Avatar de Usuario
Ginebrino
Mensajes: 2257
Registrado: Sab Nov 26, 2011 12:00 am
Ubicación: Entre Pinto y Valdemoro

Mensaje por Ginebrino » Mié Feb 15, 2012 2:11 pm

vetinari escribió:
Ginebrino escribió:Me alegro mucho que mi inicio literario fuera con Reverte


Seguro que a el le hace muy feliz.


Si, la verdad es que para mi es el Unamuno de nuestra epoca, sobretodo en la forma de pensar. Y tengo que decir que Unamuno es otro de esos que me gustan muchisimo de la literatura hispana.

Pero ahora, y me averguenzo de ello, tengo algunas carencias. No lei ciertos libros que no mandaron en el colegio y claro esta. Es ahora cuando me estoy leyendo los tres mosqueteros. Por ejemplo. Y sin embargo con 14 años me habia leido ya el Principe o la mitad de la obra de Cornelius Ryan (otro excelente reportero de guerra)

Podria culpar al sistema educativo, pero yo tuve interes y de jovencito ya me lei otros libros de por mi cuenta, sjupongo que no me llamaban las tematicas en aquellos entonces, pero sin ese fondo los libros de Reverte no son lo mismo..

Avatar de Usuario
remolina
Mensajes: 5017
Registrado: Jue May 03, 2007 11:00 pm
Ubicación: León

Mensaje por remolina » Mié Feb 15, 2012 2:39 pm

Ginebrino escribió:Podria culpar al sistema educativo, pero yo tuve interes y de jovencito ya me lei otros libros de por mi cuenta, sjupongo que no me llamaban las tematicas en aquellos entonces, pero sin ese fondo los libros de Reverte no son lo mismo..


No, no son lo mismo, pero se pueden leer ahora, que es lo que estamos haciendo muchos que no tuvimos la suerte de descubrir todos esos libros en su día. El sistema educativo de nuestra época (vamos, por lo menos de la mía, allá por los 70 y pico y 80's) bastante hacía si lo comparas con el de hoy en materia de lecturas obligatorias. :wink:
"Aprecio a esos cabrones" APR

Avatar de Usuario
viveDios
Mensajes: 455
Registrado: Lun Ene 29, 2007 12:00 am
Ubicación: León

Mensaje por viveDios » Mié Feb 15, 2012 10:40 pm

Ginebrino escribió: No me lo lei, me lo bebi, ansioso de mas cayo el Club Dumas, que puede ser mi libro favorito...


Te entiendo perfectamente :wink:

Se aprende demasiado tarde y se muere demasiado pronto dijo Reverte así más o menos ¿no?
pues hay que aprovechar ese tiempo Ginebrino, yo también me avergüenzo de no haber leído lo que debiera ¡pero! es inútil lamentarse.

Ahora estoy con La Reina del Sur y es curioso hoy dieron una noticia sobre narcotráfico y me quedé escuchando....¡como si entendiera del tema!, bueno, unas cosas llevan a otras. :lol: :lol:
"La magia de la vida son los encuentros"
Alberto García-Alix

Adeletheresa61
Mensajes: 1492
Registrado: Mar May 03, 2011 11:00 pm
Ubicación: Madrid

Mensaje por Adeletheresa61 » Mié Feb 15, 2012 11:36 pm

viveDios escribió:

Se aprende demasiado tarde y se muere demasiado pronto dijo Reverte así más o menos ¿no?
pues hay que aprovechar ese tiempo Ginebrino, yo también me avergüenzo de no haber leído lo que debiera ¡pero! es inútil lamentarse


Supongo que todos tenemos cosas que nos lamentamos de no haber hecho ó nos hubiéramos gustado hacer de otra manera. Necesitare dos folios para contaros los míos....

Lo importante es que sea como sea, aquí estamos en este lugar. Disfrutando de los libros de Arturo y otros temas. De habernos encontrado!! :)
A mi de los libros de Arturo que más me ha impactado y hasta que ha logrado a cambiar de cierta manera mi vida, porque hay un antes y un después, es 'El Pintor de Batallas'. Aunque es difícil escoger y ni hablo de las patentes ni otros libros que tanto me han dado. Quizás será idea para un hilo nuevo...?? 'Lecturas que me han cambiado la vida’ ó algo así???? :roll:

Avatar de Usuario
Ginebrino
Mensajes: 2257
Registrado: Sab Nov 26, 2011 12:00 am
Ubicación: Entre Pinto y Valdemoro

Mensaje por Ginebrino » Jue Feb 16, 2012 9:54 am

Pues si remolina, yo soy un poco mas muchachada que tu, que a mi me afecto el leviatan de la ignorancia, la ESO y el sistema educativo de los 90... todos sabemos, vivimos su estragos.

Cierto es que ahora uno trata de enmendar el arbol torcido, pero hay tantas cosas por leer! Ahora he descubierto la literatura rusa moderna, toda una pasada! (recomiendo Metro 2033) y ya uno tiene que compensar lo clasico y que no leyo de joven con lo moderno y lo que esta por venir.

Pero hacemos lo que podemos ^^

Avatar de Usuario
Ada
Mensajes: 5717
Registrado: Jue Ago 16, 2007 11:00 pm
Ubicación: Madrid
Contactar:

Mensaje por Ada » Lun Abr 16, 2012 10:45 am

Adeletheresa61 escribió:Estoy tan metida en el libro que ya veo mi trabajo y la gente allí como la tabla de ajedrez en dicha novela. Estoy segura que soy peón, y orgullosa de serlo. A mi alrededor tengo otras piezas, blancas y negras, y anda por allí suelto una dama negra y su rey.....Poco a poco voy poniendo en mi imaginación nombres a cada pieza de la tabla y lo malo es que no se como va a terminar el partido....

... :|


Guardo con mucho orgullo una dedicatoria de Arturo en el ejemplar de "El Asedio", que le pedí. algo así como "De peón a peón".

Os dejo link a un artículo:

http://www.ucm.es/info/especulo/numero36/aperever.html

La tabla de Flandes y La piel del tambor de Arturo Pérez-Reverte: Hacia una nueva poética de la novela criminal
Agustín Martínez-Samos
Assistant Professor of Spanish
amartinezsamos@stx.rr.com
Texas A&M International University

Resumen: Este artículo intenta mostrar como en 'La tabla de Flandes' y 'La piel del tambor' se produce una metamorfosis estética capaz de reinventar la poética de la novela criminal. Mediante una reorganización de sus elementos ontológicos, rasgos estructurales y argumentativos de la “novela enigma” y la “novela negra”, subgéneros de la novela criminal, aparecen alternativa e indistintamente distribuidos en las dos obras de Pérez-Reverte. Nuestro autor no se limita a explorar el género mediante el uso de los parámetros fijos que lo caracterizan, sino que desarrolla una ficción más flexible, dinámica y realista que transciende las fronteras de lo establecido. De esta manera, ambas novelas poseen un papel integrador dentro de la literatura española contemporánea gracias al examen de los dispositivos socio-culturales de la cambiante España de finales de siglo veinte.

Palabras clave: novela criminal, Pérez Reverte

La mejor receta para la novela policíaca: el detective no debe saber nunca más que el lector. -Agatha Christie

Tanto 'La tabla de Flandes' (1990) como 'La piel del tambor' (1995) suponen para Arturo Pérez-Reverte la culminación de una aproximación válida y fehaciente a la novela criminal [1]. Esta propuesta narrativa coincide con la reinante popularidad del género en la España de fin de siglo; popularidad que se establece gracias a la facultad que tiene de proponer un relato capaz de satisfacer el interés del lector asiduo a este género novelesco, el del público general y el de la crítica especializada. Desde el ocaso de los años setenta, la novela criminal ha tenido la virtud de doblegar las barreras que separaban las culturas de “banda ancha” de la alta cultura [2]. Autores como Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza, Juan Madrid y Antonio Muñoz Molina, además de Andréu Martí, Carlos Pérez Merinero o Francisco González Ledesma han contribuido a la expansión de este género literario gracias a su dimensión crítica, a su gran poder de convocatoria y a la calidad artística de sus textos [3].

Este artículo intenta mostrar como en 'La tabla de Flandes' y 'La piel del tambor' se produce una metamorfosis estética capaz de reinventar la poética de la novela criminal. Mediante una reorganización de sus elementos ontológicos, rasgos estructurales y argumentativos de la “novela enigma” y la “novela negra”, subgéneros de la novela criminal, aparecen alternativa e indistintamente distribuidos en las dos obras de Pérez-Reverte. Nuestro autor no se limita a explorar el género mediante el uso de los parámetros fijos que lo caracterizan, si no que desarrolla una ficción más flexible, dinámica y realista que transciende las fronteras de lo establecido. De esta manera, ambas novelas poseen un papel integrador dentro de la literatura española contemporánea gracias al examen de los dispositivos socio-culturales de la cambiante España de finales de siglo veinte.

Nacida en las sociedades capitalistas occidentales de la segunda mitad del siglo diez y nueve, la novela criminal aparece como consecuencia de las vicisitudes derivadas de la industrialización y el mercantilismo. Retrata una sociedad en la que se opone la ubicua presencia del poder policial al incremento de la criminalidad. Este género literario se concentra en el acto criminal como la fuerza narrativa, diferenciando la novela criminal de cualquier novela en la que aparece un acto delictivo. Valles Calatrava confirma su origen como resultado del conflicto derivado de la oposición binaria Bien/Mal, “unas practicas textuales que sitúan al crimen como tema básico y lo desarrollan planteando un enfrentamiento entre éste y la justicia” (19). Como reflejo del sistema operativo judicial de la sociedad, este tipo de novela muestra una investigación, por parte de las fuerzas representantes del orden, de un crimen y de una conducta criminal sospechosa. El punto concluyente de dicha investigación es el desvelar el inexplicable e incomprensible misterio [4].

Dos son las tendencias estéticas independientes que coexisten dentro de la novela criminal, la “novela enigma” y la “novela negra”. Por lo general, la “novela enigma” o “de detectives” es una narración rápida, rígida y metódica. El detective, privado o aficionado, es un ser sistemáticamente deductivo, de carácter lógico-científico. Con una moral intachable, su modus operandi le lleva a utilizar la razón como herramienta investigadora para resolver el enigma planteado ya que éste “es el elemento antagónico de la razón y que, por tanto, solo se puede aclarar racionalmente. De ahí que la categoría de enigma solo se debe reservar para la modalidad del relato de investigador” (Valles Calatrava, 42). A través del desarrollo de la ficción, se llega a observar a los posibles sospechosos como inocentes. Se comprueba que con la solución del crimen se restaura el orden social rebasado y que el verdadero culpable es el personaje más inesperado. Las cualidades racionales y positivistas de “la novela enigma” tienden a asociarse con una clara dicotomía moral que se confirma como el eje central de su dimensión artística [5].

La segunda tendencia, “la novela negra”, la "hard boiled novel" americana que pusieron de moda Dashiel Hammett y Raymond Chandler en las décadas de los años 30 y 40, es una narración más incisiva y controversial en donde el deambular del detective por el entramado urbano muestra el verdadero rostro de la sociedad. Esta abrupta atmósfera emerge con “unas características propias entre las que destacan el realismo, la crítica social, el escenario urbano, el culto a la violencia y un planteamiento distinto del binomio crimen/justicia” (Paredes Nuñez, 11). Dejando de lado la oposición entre la Justicia y el Crimen y posibilitando que el acto delictivo se quede sin resolver, la importancia del hilo narrativo de la “novela negra” radica en las acciones y los juicios morales provenientes de unos personajes que rechazan el mundo que les rodea por corrupto y alienante. De ahí el carácter de testimonio crítico de las sociedades capitalistas occidentales que esta narrativa posee, ya que, como observa Martínez Reverte, “la novela negra entra en el juego de lo social. Es más comprometida en lo social y en lo político” (40-41).

Una lectura inicial de 'La tabla de Flandes' nos permite observar que el intento de solucionar un misterio inicial es el catalizador de la dinámica de la novela. Julia tiene la tarea de restaurar un cuadro de la escuela flamenca del siglo quince llamado 'La partida de ajedrez', en donde los personajes Roger de Arras y Fernando de Ostenburgo, contemplados por la esposa de este último, Beatriz de Borgoña, juegan al ajedrez. El cuadro contiene en clave secreta un enigma en latín, "Quis necavit equitem"-quien mató al caballero-, cuyo desenlace pasa por el hallazgo del verdadero culpable del asesinato de Roger de Arras. Al mismo tiempo, dos misterios consecuentes se llevan a cabo en el plano de acción de los personajes: el robo de 'La partida de ajedrez' y los asesinatos de Álvaro Ortega y Menchu Roch, amigos de Julia y relacionados con el mundo del arte. Son crímenes que se entrelazan y se solucionan conforme se desvela el secreto que envuelve al cuadro. Por esta razón, Julia, junto a Muñoz, un excéntrico jugador de ajedrez que se revela como un extraordinario detective lógico-científico, y César Ortiz, un anticuario homosexual e íntimo de Julia, se disponen a resolver dichos crímenes. Mediante los movimientos del juego de ajedrez, la investigación en el plano de los protagonistas y en el plano de la pintura flamenca se transforma en un viaje a través de la mente y del alma de aquellos personajes que representan el ancestral conflicto entre el Bien y el Mal, entre el Crimen y la Justicia.

De acuerdo con los principios estéticos del subgénero de “novela enigma”, 'La tabla de Flandes' presenta como fuerza motriz de la narración el descubrimiento de los culpables de los crímenes cometidos contra el orden social. En primera instancia, la interrupción de lo establecido se compensa con el desvelamiento del autor de la muerte de Roger de Arras para posteriormente descubrir al causante del asesinato de Álvaro y Menchu y del robo del cuadro flamenco. Mediante inducciones y deducciones lógico-científicas, privativas del detective de la “novela enigma”, el maestro de ajedrez Muñoz inicia la solución del Quis necavit equitem-quién mató al caballero, al jugar hacia atrás la iniciada y nunca acabada partida presente en el cuadro. Es de esta manera como Muñoz descubre la identidad del que planeó la muerte del noble flamenco. Desvela que el crimen fue cometido por orden del único personaje femenino que aparece en el lienzo, Beatriz de Borgoña. Con este método analítico, el maestro de ajedrez repara y neutraliza, en el plano pictórico, el primer acto desequilibrante:

"El caballo blanco movió B4 a C2, y ese movimiento descubrió y puso en peligro a la dama negra. Y fue allí en C2, donde la dama negra, para protegerse de la amenaza de la torre y para ganar una pieza se comió al caballo (…).-Muñoz se encogió de hombros-. Fue la dama negra la que mató al caballero, signifique lo que signifique (…) Significa que fue Beatriz de Borgoña la que hizo matar al caballero. ('La tabla' 184-185)

La labor del Muñoz-detective continúa con la revelación de la identidad del ladrón de “la partida de ajedrez” y la del asesino de Álvaro Ortega y Menchu Roch. El resultado de esta investigación coincide con el segundo elemento constructivo más característico de la “novela enigma”, el hallazgo del sospechoso más inesperado. Al final de la investigación se procura que el personaje más insospechado, el que aparenta ser el más el íntegro, emerja como el verdadero delincuente. Por esta razón se emplean “falsos inculpados” que permiten mantener e incrementar la intensidad narrativa y ayudar al lector a transformarse en detective para que, desde la distancia, intente resolver el enigma. Siguiendo con la fórmula racional de investigación basada en las reglas del ajedrez, Muñoz finaliza la partida contra un jugador desconocido que se mantiene en el anonimato. La conclusión de dicha partida le permite descubrir la auténtica identidad de dicho jugador y relacionarle con las actividades delictivas cometidas en el plano comunicativo de los personajes: el desconocido es el ladrón de la pintura flamenca y el esquivo homicida. Al mostrar a César Ortiz como el criminal de turno, el maestro de ajedrez aparentemente desnivela, a favor del orden social, la balanza que simboliza la oposición binaria entre el Bien y el Mal. El anticuario homosexual y protector de Julia aflora ante los ojos del lector como el culpable más insospechado:

"Julia observó que César no la miraba, aunque continuamente, mientras le hablaba a Muñoz, parecía dirigirse a ella.
-¿Cómo supo que era él?-le pregunta al ajedrecista y entonces el anticuario parecía sobresaltado por primera vez. Algo en su actitud cambió; como si Julia, al compartir en voz alta la acusación de Muñoz, acabara de romper un pacto de silencio.
-Sí -le dijo al jugador de ajedrez, y esa fue su primera claudicación formal-. Cuéntele como supo que era yo." ('La tabla' 364)

Aunque el marco teórico general de 'La tabla de Flandes' coincide con los preceptos estéticos de la “novela enigma”, la utilización del espacio físico taxativo de la “novela negra” manifiesta en esta obra la primera subversión y alteración de las convenciones literarias de estos subgéneros de la novela criminal. En general, el espacio del relato “es la localización física donde se sitúan los personajes y objetos, correspondientes a un criterio ontológico ya establecido desde Aristóteles” (Valles Calatrava 62). Frente al característico e inamovible escenario de la “novela enigma” en donde ocurre el crimen y se desarrolla la investigación, el tratamiento espacial de la “novela negra” se caracteriza por mostrar áreas urbanas públicas determinadas por una correspondencia entre los personajes y el entorno donde se desenvuelven. Deja de ser el espacio de la narrativa un lugar único que restringe y que ahoga, cuya mera función es hacer emerger al sospechoso de turno de una manera más rápida y eficaz. Ahora es un área cotidiana con connotaciones propias que, gracias a la investigación itinerante de los crímenes cometidos, le permite al lector distinguir e identificar las señas de identidad de la vida urbana.

Pérez-Reverte nos ofrece aquí la versión propia del espacio físico de la “novela negra”: una visión de la capital de España fraccionada, que no es estática ni exclusiva. El contacto a lo largo de la geografía madrileña de Julia, Muñoz y César Ortiz con Álvaro Ortega, Menchu Roch, Don Manuel, antiguo propietario de 'La partida de ajedrez', o con el mismo Comisario Feijoo trasciende, por obsoleto, el tradicional “drawing-room”, el típico sistema inquisitivo de la “novela enigma”. Comienza este deambular en el piso de Julia y finaliza en la tienda de antigüedades de César Ortiz, en el castizo centro matritense. Entremedias se encuentran enclaves urbanísticos estratégicos para el devenir de la indagación criminal: la Comisaría de Policía del Paseo del Prado, la cafetería Palace, el club de ajedrez donde juega Muñoz, el piso de Don Manuel, el restaurante en donde cenan Julia y Francisco Montegrifo, el gerente general de la casa inglesa de subastas Claymore, la Plaza Mayor y los comercios del Rastro. Con las descripciones de la tienda de antigüedades de César Ortiz, las del club de ajedrez al que pertenece Muñoz o las del piso-estudio de Julia, el autor intensifica la condición realista de la novela al mostrar las situaciones diarias de los personajes. En el caso de Julia se observa este proceso a partir de la simbiosis que establece con los objetos que forman su medio ambiente, capaces de estimular su conducta, “Julia, que había realizado pruebas con varios disolventes en un ángulo de la tabla, preparo una mezcla de acetona, alcohol, agua y amoniaco, dedicándose a la tarea de ablandar el barniz con tampones de algodón que manejaba mediante pinzas”. (La tabla 88)

La representación del concepto de Justicia y sus funciones, como aparecen representados en la “novela negra”, es el segundo aspecto con el que se consuma en 'La tabla de Flandes' la transformación de los códigos estéticos de la novela criminal. Generalmente, la recuperación del orden social interrumpido por el delincuente ejemplifica el concepto de Justicia de la “novela enigma” [6]. Mediante el proceso racional de investigación, se resuelve el enigma y se descubre al culpable, que acaba siendo condenado por la sociedad. Frente a esta invulnerabilidad e integridad que caracteriza al sistema judicial de la “novela enigma”, la “novela negra” ofrece uno más acorde con la realidad histórica social. Existe la posibilidad de que el criminal nunca llegue a ser capturado ni ajusticiado, ni que el orden inicial llegue a ser restaurado. De esta manera, Pérez-Reverte usa aquí los parámetros originales de la representación de la Justicia de la “novela negra”, que le permiten diluir la noción ideológica y moral del binomio Crimen/Justicia. Aunque, como ya se ha indicado, César Ortiz aparece en esta novela como la mente maestra criminal cuyas acciones colapsan el orden establecido, el procedimiento que permite el triunfo de la Justicia y del equilibrio social no termina de concretarse. Tras reconocer ante Julia y Muñoz que sustrajo el cuadro y que acabó con la vida de Menchu y Álvaro, el anticuario les ofrece una suculenta oferta que les cuesta rechazar: una cuenta secreta en Suiza para Julia que le asegurará un futuro lleno de bonanza económica y una recompensa contundente para Muñoz por los servicios prestados. Es un momento trascendental donde se pone a prueba la rectitud moral de estos personajes. Ante esta eventualidad, que profundiza y evalúa las relaciones entre la trama detectivesca y los que en ella están implicados, los detectives aficionados y el criminal se convierten en cómplices inesperados ya que Muñoz y Julia, siguiendo un impúdico código ético, acaban aceptando el plan de César:

"-¿Qué piensa hacer ahora?
-Depende de usted.
Entonces, por primera vez, Julia oyó reír a Muñoz.
-Su amigo César tiene razón -dijo Muñoz-. Necesito unas camisas limpias." (La tabla 411)

Desde el punto de vista estructural, el Bien y el Mal aparecen en la novela de Pérez-Reverte separados por un hilo de ínfimo calibre debido a que “ya no son valores absolutos que se puedan aislar y asignar a unos personajes concretos” (Colmeiro 62). César, que sufre una enfermedad incurable, acaba suicidándose con la aprobación de Muñoz y Julia, impidiendo así que se produzca el reestablecimiento del orden interrumpido. De hecho, el suicidio del anticuario confirma la subversión de los preceptos éticos y artísticos de la “novela enigma” ya que la Justicia nunca se hace acto, al no poderle castigar, ni el orden social queda restablecido.

Íntimamente ligada a la representación del concepto de Justicia, encontramos en los agentes de la fuerza del orden público el tercer elemento transformador de los paradigmas tradicionales que caracterizan a la “novela enigma”. Tradicionalmente, el cuerpo de policía se ha distinguido por ser vulgar, mediocre, rutinario y no muy dotado intelectualmente, mas siempre honesto y de confianza. En la “novela negra”, sigue mostrando esta vulgaridad y mediocridad, aunque hay que añadirle, como elementos intrínsecos de su carácter, la corrupción y la brutalidad en sus acciones. La razón de dicho perfil en este subgénero de la novela criminal la encontramos en el talante crítico que ostenta hacia las sociedades modernas. Existe un recelo total hacia sus instituciones al poseer sus elementos constituyentes peculiaridades inmorales. El fraude ético es más tangible al relacionarlo con la corrupción de los agentes del orden, que se dejan comprar al mejor postor, “lo cual trae un debilitamiento en la confianza en la ley y en la justicia” (Colmeiro 62).

Este uso del concepto del cuerpo de policía lo encarna Casimiro Feijoo, el comisario jefe de la delegación de policía del Paseo del Prado. Personaje de dudosa reputación, Feijoo es sobornable si se le ofrece el pago correcto. Aunque dentro de la obra no es una variable que influya en el resultado final de la investigación del crimen-enigma, Pérez-Reverte utiliza su presencia para mostrarnos una sociedad en donde no existen valores absolutos. El comisario Feijoo ha “trabajado” con cierta regularidad con César Ortiz; trabajos que le han proporcionado ganancias sustanciales. Cuando Julia se reúne con Feijoo en la comisaría de policía para discutir las circunstancias que rodearon la muerte de Álvaro, hay un momento de la conversación en donde irrumpe el nombre del anticuario. Tras el estupor inicial de Feijoo al escuchar el nombre de Ortiz, el narrador nos revela la peculiaridad de las “virtudes” morales del comisario:

"El inspector jefe Casimiro Feijoo está lejos de ser un funcionario modelo. Su relación profesional con el mundillo del arte y las antigüedades le permitía cada fin de mes redondear con ingresos extraordinarios la nómina policial. De vez en cuando, al recuperar una partida de piezas robadas, algunas de ellas desaparecían por la puerta falsa. Ciertos intermediarios participaban en estas operaciones dándole un porcentaje de los beneficios." (La tabla 120)

El carácter del impúdico comisario es un reflejo de la sociedad española de fines de siglo veinte. Para Pérez-Reverte, si se retrata un mundo considerado corrupto, desnaturalizado e injusto con la existencia de seres a su medida, el cuerpo de policía se presta a reunir sus mismas características.

Al realizar una lectura detallada de 'La piel del tambor', el estudio de sus fórmulas narrativas nos permite identificarla como una “novela negra”. Es una muestra crítica de la vida urbana actual, puesto que examina la naturaleza espuria de la sociedad española contemporánea. La narrativa gira aquí alrededor de dos acciones criminales yuxtapuestas: una iglesia sevillana del siglo diez y siete, Nuestra Señora de las Lágrimas, que “mata para defenderse” (La piel 26) y un hacker, llamado Vísperas, que se infiltra en los sistemas informáticos del Vaticano para pedir ayuda en nombre de la iglesia. Para averiguar la identidad del pirata informático y solucionar estos supuestos homicidios, el padre Lorenzo Quart, agente especial del Instituto de Obras Exteriores del Vaticano, viaja a Sevilla. Sus investigaciones en la capital del Guadalquivir se relacionan con un asunto de especulación, chantaje y extorsión que afecta al padre Ferro, el párroco titular de Nuestra Señora de las Lágrimas, a la monja americana Gris Marsala, restauradora de arte que ejerce su labor en dicha iglesia, y al padre Lobato. Por otro lado, las fuerzas extorsionadoras que encabeza Pencho Gavira, conocido banquero y personaje destacado de la alta sociedad sevillana, junto a Celestino Perejil y a los secuaces de alquiler Don Ibrahim, la Niña Puñales y el potro del Mantelete buscan hacerse con el control de la iglesia con la intención de venderla al grupo inversor saudí Sun Qafer Alley. En medio de estas dos facciones opuestas se hallan dos personajes que poseen conexiones personales con la iglesia sevillana, Macarena Bruner y su madre Cruz, que aparecerá como la inesperada pirata informática. Así, el enfrentamiento entre el padre Quart y los distintos miembros de la urbe hispalense permite a Pérez-Reverte hacer ostensible la cara destructora de la modernidad. La corrupción de los principios ético-morales de la sociedad española percute la validez de las relaciones humanas, refuta la honestidad de los política y económicamente omnipotentes y conduce a los que sirven a la Iglesia Católica a un conflicto espiritual.

En conexión con la inferencia del acto criminal, la “novela negra” se caracteriza por la potencial incapacidad que tiene el detective, el único capaz de reprobar la invalidez moral y la corruptibilidad de la sociedad, de que el crimen se resuelva. Junto a esta insuficiencia resolutiva, existe la posibilidad de que el criminal nunca llegue a ser capturado ni ajusticiado, ni que el orden inicial pueda ser restaurado debido a “la complicidad moral de los políticos, los magnates y los agentes del orden” (Colmeiro 63). En 'La piel del tambor', los crímenes cometidos contra el orden social, crímenes relacionados directamente con lo que acontece en Nuestra Señora de las Lágrimas, nunca llegan a ser neutralizados. La muerte del perito municipal Peñuelas y del padre Urbizu y, más tarde, la muerte del periodista de la prensa amarilla Bonafé carecen de solución. En el caso de los dos primeros, sus muertes se declaran como accidentes que sucedieron en el recinto de la iglesia. En relación a la muerte del periodista Bonafé, el padre Ferro se atribuye la autoría de dicho acto delictivo. Aún así, no existen pruebas fehacientes para poder imputarle el crimen al anciano párroco. No se le arresta ni se le somete a un proceso judicial y, por consiguiente, nunca se subsana el acto criminal. Paradójicamente, durante gran parte de la narrativa, el verdadero culpable de la muerte del periodista Bonafé permanece en paradero desconocido. Este misterio no queda aclarado hasta que, en los momentos finales de la novela, el narrador desenmascara a Gris Marsala como la causante de la muerte de Bonafé:

"La mujer llevaba pantalón tejano, tenía el pelo gris recogido en una corta trenza y apoyaba las manos en los hombros de sus alumnos mirando a la cámara con ojos claros y fríos, desafiantes. Unos ojos idénticos a los que Honorato Bonafé había visto por última vez antes de caer fulminado por la ira de Dios." (La piel 589)

El deambular metropolitano de la investigación criminal muestra en la “novela negra” un mundo injusto donde se manifiesta el verdadero rostro de la realidad de los personajes. El carácter itinerante del detective marca la naturaleza de la información obtenida durante el transcurso de las pesquisas. En 'La piel del tambor', el padre Quart pretende desarrollar su labor investigadora mediante el establecimiento de vínculos comunicativos con todos los seres del cosmos narrativo. Este continuo traqueteo urbano le posibilita escrutar cada estrato de la sociedad andaluza y adquirir el conocimiento indispensable para intentar discernir la identidad de Vísperas y la de los asesinos de Peñuelas, Urbizu y Bonafé. Así, la primera visita a Nuestra Señora de las Lágrimas en donde dialoga inicialmente con Gris Marsala (64-75, 85-93), la entrevista con el arzobispo Monseñor Corvo y con el padre Ferro en el Palacio Arzobispal (112-145), la entrevista con Macarena Bruner en la recepción del hotel donde se hospeda durante su estancia en la capital hispalense (155-165), el encuentro en la Jefatura Superior de Sevilla con el subcomisario Navajo (175-180) o la segunda visita a la iglesia sevillana (181-198) revelan rasgos distintivos y cualidades afectivas que encierra cada estamento social. Culmina este proceso investigador ambulante con el circunstancial descubrimiento de la identidad del pirata informático. Gracias a Macarena Bruner, Quart va a vérselas cara a cara con el hacker: Cruz Bruner de Lebrija, duquesa del Nuevo Extremo y madre de Macarena, es Vísperas.

Este examen crítico del espacio urbano cuestiona el funcionamiento correcto de las estructuras sociales que lo sustentan. En un mundo donde la línea divisoria entre el Bien y el Mal se ha desvanecido y por el precio apropiado se abren las puertas del Paraíso, la sociedad arbitraria y deshonesta por donde deambula el detective humilla y consume al más débil. 'La piel del tambor' denuncia el envilecimiento del mundo contemporáneo en donde las capas sociales que lo componen, perjudicadas por actividades de dudosa reputación, muestran peculiaridades corruptas. Pérez-Reverte revela la esencia de esta sociedad explotadora y violenta mediante el comportamiento de los denominados “pilares de la sociedad”, tanto los que corresponden al ámbito socio-económico como al espiritual. En el primer caso, se observa el comportamiento reprensible que despliega Pencho Gavira, el joven vicepresidente del Banco Cartujano y ex-marido de Macarena Bruner. Mediante el chantaje y la intimidación, Gavira manipula maquiavélicamente todos los hilos de la política local para satisfacer su codicia. De una conversación sobre la compra de Nuestra Señora de las Lágrimas que mantiene con Don Octavio Machuca, su inmediato superior en la jerarquía bancaria, se desprende el dominio que ejerce sobre aquellos cuya influencia le pueden proporcionar grandes beneficios:

"-Ya tenemos al alcalde (…)
-Tú y el alcalde.
-Sí -confirmó voluntarioso, alerta, atento a cualquier matiz: exactamente el tipo de actitud que le había ayudado a ser lo que era-. Accede a recalificar el terreno y a vendérnoslo acto seguido.
-Habrá un escándalo -objetó el viejo banquero.
-Le da igual. Dentro de un mes expira su mandato, y sabe que no será reelegido.
-¿Y la prensa?
-La prensa se compra, Don Octavio -Gavira remedó el gesto de pasar páginas con las manos-. O se le dan mejores huesos a roer." (La piel 99-100)

En esta conversación que sostienen los dos banqueros sevillanos, se nos dan detalles de otro de los integrantes más “destacados” de la sociedad hispalense; el ilustrísimo arzobispo de Sevilla, Don Aquilino Corvo. Víctima de su propia avaricia e ignorando cualquier ápice de caridad cristiana, Don Aquilino es partícipe activo en el juego corrupto al que le ha invitado Don Octavio y que ha consentido Gavira:

"-El arzobispo quiere su parte -habló Machuca, por fin-. A Dios lo que es de Dios, ya sabes.
Asintió Gavira con mucho cuidado:
-Naturalmente.
Ahora el viejo se había vuelto a mirarlo.
-Pues dáselo, y santas pascuas.
No era tan fácil, y ambos lo sabían. El viejo cabrón.
-Estamos de acuerdo, don Octavio -puntualizó Gavira." (La piel 101)

Se confirma la debilidad que el arzobispo tiene por el control y las posesiones materiales en una discusión que mantiene con el Padre Quart. Las palabras de Don Aquilino muestran la facilidad que posee de alejarse de lo espiritual para acercarse a lo terrenal; situación que, gracias a la aclaración que nos hace el narrador, ilustra la ignominia de aquellos que supuestamente decidieron entregar su vida por el bienestar espiritual de los ciudadanos de a pie:

"-Pues todo en el aire. El Banco Cartujano tiene a punto una operación para utilizar el solar, de la que mi diócesis -monseñor Corvo pareció reflexionar sobre aquel posesivo y rectificó suavemente-: esta diócesis, saldría beneficiada. Aunque no tengamos otro derecho sobre ese terreno que el moral, fruto de tres siglos de culto, el Cartujano nos cede una generosa compensación." (La piel 123)

Sin embargo, la reconstrucción de los parámetros estéticos del género de novela criminal se encuentra también presente en las páginas de 'La piel del tambor'. Aún siendo catalogada como “novela negra”, en esta narrativa localizamos la presencia de paradigmas originales de la “novela enigma”. En primera instancia, el descubrimiento del sospechoso más inesperado. La “novela negra” muestra un universo de criminales establecidos y organizados, capaces de crearse una vida alrededor del crimen. Por el contrario, en la “novela enigma”, la solución final del conflicto pasa por sacar a la luz al culpable más moderado, el menos siniestro y el más discreto de todos. Así, Pérez-Reverte, siguiendo los preceptos de la “novela enigma”, se inclina por el culpable más insospechado para dotar de identidad a Vísperas. La futura revelación de la caracterización del hacker se reta constantemente y se reinventa en el transcurso de la obra, ya que mantenerla en el anonimato intensifica el valor dramático de la intriga literaria. Transformaciones físicas y de estado de ánimo que sufre el padre Quart, cambios en la expresión facial y en el lenguaje corporal, se introducen al saber que Cruz Bruner es el trasgresor Vísperas. El proceso comienza con la primera reacción de Quart al encontrarse dentro del espacio íntimo de la pirata informática: “Miró a Macarena y luego movió la cabeza esperando que todo fuese una gran broma que pretendían gastarle entre ella y su madre” (La piel 576); luego, tras intentar digerir la información recién adquirida, siente que “aquello era una pesadilla” (La piel 577) y cuando, finalmente, Cruz Bruner le explica con todo lujo de detalles cómo irrumpe en el sistema informático del Vaticano, no le queda otra alternativa que asumir la realidad del asunto, “desde luego era ella. Vísperas en persona” (La piel 581).

Junto al uso del personaje más inesperado como el autor de los actos delictivos, la intertextualidad permite a Pérez-Reverte manipular un espacio significativo único para la fusión estética de la “novela enigma” con la “novela negra”. La intertextualidad se formaliza mediante un proceso comunicativo por el que un texto se convierte en “la absorción y transformación de otro texto anterior” (citado en Moi 37) [7]. En el caso de nuestro autor, existen dos enlaces intertextuales provenientes de 'La tabla de Flandes' en 'La piel del tambor'. El primero de ellos lo representa la presencia del ya conocido cuadro 'La partida de ajedrez', obra pictórica que Julia restaura y que sirve como fuerza narrativa en 'La tabla'. El segundo de estos enlaces intertextuales surge con la inclusión de dos personajes de dudosa reputación: Francisco Montegrifo, el gerente de la casa de subastas Claymore, y el Comisario Inspector Feijoo, personaje que además ya había aparecido en una novela anterior de Pérez-Reverte, 'El club Dumas' (1993) [8]. A partir de la intención del autor de mantener una atmósfera enigmática y llena de incertidumbre en 'La piel del tambor', la presencia de estas referencias textuales incita al lector a revaluar la validez de la distinción estética que separa la “novela negra” de la “novela enigma”.

Aparece el cuadro “la partida de ajedrez” como primer referente intertextual durante el encuentro que mantienen el Padre Quart y Gris Marsala en la casa de la monja. Con la presencia de la obra pictórica, se establece un nexo que contribuye a observar la producción de los dos textos de Pérez-Reverte como un corpus literario interconectado. Cuando el narrador ofrece una vista general del modesto habitáculo de Marsala, éste se detiene en un particular duplicado que cuelga en una de las paredes: “En la pared, protegida por un cristal, había una lámina con la reproducción de un cuadro. Le echó un vistazo al pie impreso: "'La partida de ajedrez', de Pieter Van Huys” (La piel 412). En 'La tabla de Flandes', la pintura de Van Huys contiene el enigma Qui necavit equitem-quién mató al caballero, que tiene que resolverse mediante un sistema de investigación racional y analítico. El contacto que tiene el padre Quart con la reproducción del cuadro en casa de Gris Marsala sirve como recordatorio del enigma que el propio eclesiástico tiene que solucionar y que le ha estado eludiendo a lo largo de toda la narrativa: identificar al pirata informático Vísperas. Gracias a las posibilidades ilustrativas derivadas del uso de la pintura flamenca como vínculo entre textos, tanto el misterio por descifrar como el proceso investigador de Lorenzo Quart quedan asegurados. Por lo tanto, la resolución del enigma que exhibe el cuadro presente en 'La tabla' transciende su espacio textual original para establecerse en 'La piel', garantizado así el proceso de intertextualidad entre las dos obras narrativas de Pérez-Reverte.

Igualmente, la aplicación de la intertextualidad le permite al autor mostrar una corrupción de los principios ético-morales que se produce en las entrañas de la vida cotidiana de la sociedad española. La presencia del Comisario Feijoo y de Francisco Montegrifo en las páginas de 'La piel del tambor' explica el desplazamiento de significados dentro de la narrativa, motivado por el interés de instaurar relaciones sincrónicas a través de y entre los textos. En la conversación que mantiene el padre Quart con el subcomisario Simón Navajo en el despacho del policía sevillano, surge como foco de atención la posible participación del padre Ferro en la muerte del periodista Bonafé. Durante este diálogo emergen los nombres de Feijoo y Montegrifo; personajes que ratifican una nueva poética de la narrativa criminal basada en la presencia de constantes diálogos entre los textos del universo Reverte:

"Navajo dejó leer al confuso Quart los informes y faxes correspondientes. Su amigo el inspector jefe Feijoo había trabajado hasta última hora en Madrid para seguir la pista de las perlas. Aún no estaba determinado con exactitud, pero los indicios apuntaban una vez más a Francisco Montegrifo, el marchante madrileño que ya fue contacto del padre Ferro en la venta irregular del retablo de Cillas, diez años antes. Y Montegrifo había puesto en circulación las perlas del capitán Xaloc. La descripción, al menos, coincidía con una partida detectada en manos de cierto perista, un joyero catalán confidente de la policía, experto en blanquear material adquirido de modo ilegal. Por supuesto, nada podía probársele a Montegrifo sobre su presunta mediación; pero los indicios eran más que razonables." (La piel 552)

Frente a la pesquisa de la “novela negra”, basada en recabar información en un mundo donde no existe distinción moral entre los portavoces del Crimen y la Justicia [9], el modus operandi que Pérez-Reverte le otorga al Padre Quart contiene el manejo lógico-científico de la investigación propio de la “novela enigma”. Detective de mente alerta cuya ética de trabajo es sumamente respetada y valorada por las autoridades eclesiásticas, el representante del servicio secreto del Vaticano hace uso constantemente de un sagaz y metódico procedimiento deductivo que le ha permitido resolver, durante su dilatada carrera profesional, los crímenes a los que se ha ido enfrentando:

"La caridad o la compasión, por ejemplo, no eran su fuerte. Tampoco la humildad, a pesar de su naturaleza disciplinada. Adolecía de todo eso, pero no de minuciosidad, o rigor, y ello lo hacía valioso para sus superiores. Como sabían quienes aguardaban tras aquella puerta, el padre Quart era preciso y fiable como una navaja suiza." (La piel 21)

Con estas particularidades propias del infalible detective de la “novela enigma”, su conducta, su discreción y su saber hacer se afilian para alcanzar los objetivos programados en la investigación. Su línea de comportamiento y su mecánica operativa quedan confirmadas por la descripción que Monseñor Spada ofrece de Quart: “Es cierto. Lealtad y prudencia, ¿Verdad?… ¿O debo emplear la palabra profesionalidad? -había un jocoso malhumor en la voz del prelado-. Siempre esa maldita disciplina que lleva puesta como cota de malla…” (La piel 44). Este carácter cuidadoso y prudente junto a la escrupulosidad y perseverancia con que lleva a cabo sus pesquisas se corrobora en dos claras ocasiones. La primera muestra al padre Quart interrogando “amigablemente” a la monja Marsala. Intenta sonsacarle información sobre la verdadera situación en la que se encuentra Nuestra Señora de las Lágrimas y sobre los “accidentes” allí ocurridos. De las palabras del narrador se desprende una gran sagacidad profesional que caracteriza cada movimiento del clérigo:

"Sangre de Dios. Quart guardó silencio un instante, observando primero la punta de los zapatos y luego los ojos de la mujer. Después se dijo que era un cabo de ovillo tan bueno como cualquier otro para empezar a tirar. Así que se aproximó un poco hasta casi rozarla con el hombro, antes de mirar a su alrededor con aire exageradamente suspicaz. La mujer lo observaba con malicia jovial. Dispuesto a aceptar sólo a medias la complicidad que ella ofrecía, alzó las cejas con la inocencia de un jesuita veterano. De hecho, el gesto lo había aprendido en el seminario. De un jesuita." (La piel 66-67)

La segunda ocasión presenta al Padre Quart desplegando su procedimiento inquisitivo para averiguar si tras la fachada inocente del padre Óscar se puede esconder la verdadera identidad del elusivo Vísperas. Tras introducirse en la habitación del joven ayudante del padre Ferro, nuestro detective se concentra en la mesa de trabajo del párroco como foco de sus indagaciones. Después de escudriñar minuciosamente la superficie del escritorio, Quart decide franquear los cajones. Es allí donde la presencia de cierto número de disquetes de ordenador despierta su curiosidad. Ante esta circunstancia, el detective evalúa las ventajas y desventajas de sustraerlos, ya que pueden contener información comprometedora que confirmen a Oscar como Vísperas. Aunque es una situación capaz de retener sus movimientos y el proceso detectivesco en el que está involucrado, Quart opera con cautela hasta tomar la decisión correcta y, a partir de ahí, actuar en consecuencia:

"Podía ser Vísperas y podía no ser. De un modo u otro era poco de una parte y mucho de la otra. Escaso como prueba y excesivo como material a comprobar sobre el terreno, concluyó Quart como fastidio mientras examinaba el contenido de las cajas. Revisarlo todo requería tiempo y oportunidad, y él no andaba sobrado de ninguna de las dos cosas. Tendría que ingeniárselas para volver otra vez y copiar cada uno de aquellos disquetes en el disco duro de su portátil, a fin de revisarlo mas tarde en busca de indicios. Obtener copias podía llevarle una larga hora, más la dificultad de alejar de nuevo a los dos sacerdotes durante el tiempo necesario." (La piel 198)

Es evidente que el carácter de detective sistemático propio de la “novela enigma” que caracteriza a Quart conlleva el entendimiento de su complicada y vital figura. Gracias a la estrategia narrativa de Pérez-Reverte, las acciones desarrolladas por nuestro detective eclesiástico propician una línea de ruptura que diluye los límites establecidos entre los dos subgéneros de la novela criminal, la “novela enigma” y la “novela negra”.

Una (re)visión del género

Al examinar la estética narrativa usada por Pérez-Reverte en las novelas 'La tabla de Flandes' y 'La piel del tambor', se observa la presencia de una nueva poética de la novela criminal derivada de la subversión de los elementos convencionales que separan a la “novela enigma” de la “novela negra”. Las posibilidades creativas surgidas de estas dos narrativas ofrecen al lector una fusión, y una compatibilidad subsiguiente, del significado artístico que ambos tipos de novela criminal exhiben. Nuestro autor establece aquí un área creativa específica en donde implanta elementos propios de la estética de la “novela negra”, el retrato realista del espacio urbano, la representación de la justicia y el perfil de las fuerzas del orden, dentro de 'La tabla de Flandes'. Igualmente, introduce fundamentos propios de la “novela enigma”, la identidad del sospechoso criminal, el carácter infalible del detective y el método de la investigación criminal, dentro de 'La piel del tambor'. Sería contraproducente decir que las intenciones del autor no son la revitalización del género criminal al transformarlo en uno más fluido y dinámico, capaz de superar barreras técnicas y de estilo y seguir evolucionando. Juntamente, sería insuficiente cualquier esfuerzo que negara la intención del autor de separar sus obras de la tradicional visión de la crítica en dividir las obras de literatura en arte popular y arte culto. Pero no cabe duda que las novelas de Pérez-Reverte rompen estas barreras gracias a la trasgresión genérica, a la complejidad literaria y al interés popular que causan. Así que, consciente o inconscientemente, la producción narrativa de Pérez-Reverte coincide con lo planteado por Juan Madrid en relación al status particular que le asigna este último a la novela criminal: “Para mí, ésta es la literatura que quiero. Y yo solamente escribo novelas que me gustarían leer. A mí me gustaría transmitir esto a mis lectores, causarles placer. Y a la recíproca, que me lo causen a mí” (20).

Notas

[1] Pérez-Reverte ya había hecho una pequeña incursión en el género criminal con 'El maestro de esgrima' (1988). Aquí la resolución del crimen, restablecer el status quo alterado por el acontecimiento transgresivo, se convierte en un elemento de apoyo logístico para la esencia de la obra.

[2] En la introducción a 'La novela policíaca española: teoría e historia policíaca' (1994) de José F. Colmerio, Manuel Vázquez Montalbán confirma la evolución de la novela policíaca y de la crítica que la estudia, siendo ambas capaces de establecer un espacio de respetabilidad estética dentro del panorama literario nacional, “es una prueba de que la mirada displicente de la alta cultura ante el intrusismo de una parte cualificada de la novela policíaca contemporánea empieza a quedarse entre la obsolescencia y la miopía”. (10)

[3] El tradicional rechazo padecido por la novela criminal, por razones achacadas a su alejamiento del canon literario, comienza a diluirse debido a la adaptación de variantes estéticas y temáticas al momento socio-histórico de su producción y propagación. Desde el atalaya crítico proveniente del rasgo socio-realista, la novela criminal saca a luz las dudas e infortunios que se perciben en el entorno social al mostrar en sus páginas los efectos de la corrupción, la decepción por las consecuencias que acarrea la incompleta recuperación de la memoria histórica, la falta de un funcionamiento fluido de la democracia, etc. Entre las obras más destacadas, sobresalen 'Tatuaje' (1974), 'Los mares del sur' (1979), 'Asesinato en el comité central' (1981) de la serie dedicada al detective Pepe Carvalho, 'La verdad sobre el caso Savolta' (1975), 'El misterio de la cripta embrujada' (1978) y 'El laberinto de las aceitunas' (1982), siendo las dos últimas novelas de Eduardo Mendoza parodia y homenaje al género, 'Las apariencias no engañan' (1982) y 'Nada que hacer' (1984) de Juan Madrid y 'Beltenebros' (1989) y 'Plenilunio' (1997) de Antonio Muñoz Molina.

[4] Sobre la estructura de la novela criminal, véase Madrid, Juan. 'Sociedad urbana y novela policíaca'. Paredes Nuñez, Juan. Ed. 'La novela policíaca española'. Granada, Servicios de publicaciones de la Universidad de Granada, 1989. 14-16.

[5] Sobre las construcciones antagónicas del investigador y del criminal como símbolos del Bien y del Mal, véase Colmeiro, José F. 'La novela policíaca española: teoría e historia crítica'. Barcelona, Anthropos, 1994. 57-59.

[6] La relación existente entre el reposición del equilibrio inaugural subvertido por el acto criminal y el consecuente ajusticiamiento del criminal se observa en Colmeiro, José F. 'La novela policíaca española: teoría e historia crítica'. Barcelona, Anthropos, 1994. 60-61

[7] Nuestra traducción al planteamiento de Kristeva recogido en 'The Kristeva Reader' de Toril Moi: “any text is constructed as a mosaic of quotations; any text is the absorption and transformation of another”. (37)

[8] La configuración por parte de Pérez-Reverte de un cosmos literario en donde los personajes y sus objetos personales deambulan por todos y cada uno de los planetas narrativos se advierte en José Belmonte Serrano, 'Un paseo por Revertelandia: La obra narrativa de Arturo Pérez-Reverte', Murgetana 101 (1999): 128.

[9] La inclinación moral del detective, personaje central de la novela negra, que se desarrolla a partir de la pérdida de absolutos se discute en Madrid, Juan 'Sociedad urbana y novela policíaca'. Paredes Nuñez, Juan. Ed. 'La novela policíaca española'. Granada, Servicios de publicaciones de la Universidad de Granada, 1989. 20.

Bibliografía

Belmonte Serrano, José. “Un paseo por Revertelandia: La obra narrativa de Arturo Pérez-Reverte”. Murgetana 101 (1999): 115-129.

Colmeiro, José F. La novela policíaca española: teoría e historia crítica. Barcelona: Anthropos, 1994.

Coma, Javier. La novela negra. Barcelona: Ediciones 2001, 1980.

García Gallardo, M. Teoría de los géneros literarios. Madrid: Arcos Libros, 1988.

Madrid, Juan. “Sociedad urbana y novela policíaca”. Paredes Nuñez, Juan. Ed. La novela policíaca española. Granada: Servicios de publicaciones de la Universidad de Granada, 1989.

Martínez Reverte, Jorge. “La novela policíaca como novela”. Paredes Nuñez, Juan. Ed. La novela policíaca española. Granada: Servicios de publicaciones de la Universidad de Granada, 1989.

Moi, Tori. Ed. The Kristeva Reader. New York: Columbia University Press, 1986.

Navajas, Gonzalo. Teoría y práctica de la novela española posmoderna. Barcelona: Ediciones del Mall, 1987.

Paredes Nuñez, Juan. La novela policíaca española. Granada: Servicios de publicaciones de la Universidad de Granada, 1989.

Pérez-Reverte, Arturo. La tabla de Flandes. Madrid: Alfaguara, 1990.

__________________. La piel del tambor. Madrid: Alfaguara, 1995.

Valles Calatrava, José R. La novela criminal española. Granada: Servicios de publicaciones de la Universidad de Granada, 1991.

Vázquez de Parga, Salvador. Los mitos de la novela criminal. Barcelona: Editorial Planeta, 1981.

© Agustín Martínez-Samos 2007

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

Adeletheresa61
Mensajes: 1492
Registrado: Mar May 03, 2011 11:00 pm
Ubicación: Madrid

Mensaje por Adeletheresa61 » Lun Abr 16, 2012 11:01 am

Será interesante saber con su juego de ajedrez nuevo de Waterloo, si escoge el lado francés ó inglés....no creo que sería difícil averiguar cuál de los dos...

Avatar de Usuario
Ada
Mensajes: 5717
Registrado: Jue Ago 16, 2007 11:00 pm
Ubicación: Madrid
Contactar:

Mensaje por Ada » Lun Abr 23, 2012 11:58 am

Imagen

“La tavola fiamminga” di Pérez-Reverte Arturo

La tavola fiamminga è un thriller appassionante ed avvincente la cui storia che è stata creata sul quadro di Van Huys.
Arturo Pérez-Reverte ha una penna talentuosa: talora si sofferma troppo a lungo su dettagli forse non necessari, ma ha la capacità di non far mai cedere la trama né calare l’interesse del lettore. La storia si delinea con lo scorrere delle pagine in maniera lineare, con una giusta dose di tensione. Gran parte del finale può essere intuito già durante lo svolgersi della vicenda ma, tuttavia, resta interessante arrivare a capire perché. Perché una partita in corso da più di cinquecento anni venga portata avanti. E da chi.
Per certi versi la storia e lo stile di La tavola fiamminga ricordano quelli di La camera d’ambra di Matilde Asensi, anch’essa spagnola come Pérez-Reverte.
A voi leggere entrambi i libri e fare un confronto. Chissà che abbiate la mia stessa sensazione!

Trama.

Una scritta misteriosa si nasconde in un quadro fiammingo del Quattrocento: “Chi ha ucciso il cavaliere?”. A riportarla alla luce è Julia, una giovane restauratrice madrileña che vuole scoprire se il messaggio sia legato alla partita a scacchi rappresentata sulla tela oppure a un crimine rimasto irrisolto per secoli.
Con l’aiuto di Alvaro, professore di storia dell’arte e suo ex amante, quello dell’esperto di scacchi Munoz e dell’antiquario César, Julia cerca la risposta a un enigma che si rivela ben più complesso del previsto.
Intanto il suo mondo è sconvolto da una serie di delitti e da un assassino che sembra continuare la partita iniziata dal pittore cinquecento anni prima.

Francesca Numerati
Lecconotizie.com

TRADUCCION

La tabla de Flandes es un thriller apasionante y absorbente con una historia creada sobre un cuadro Van Huys.
Arturo Pérez-Reverte tiene talento al escribir: a veces se centra mucho en los detalles, quizá de un modo innecesario, pero tiene la capacidad de no dejar caer la emoción de la trama o disminuir el interés del lector. La historia transcurre de un modo lineal con la cantidad justa de tensión al transcurrir las páginas. Se puede intuir gran parte del final según avanza la historia pero sigue siendo interesante terminar la lectura para entender el por qué. Por qué una partida de ajedrez iniciada hace 500 años sigue en curso. Y quién mueve las piezas.
En algunos aspectos la historia y el estilo de la obra recuerdan a El salón de ambar de Matilde Asensi, que como Pérez-Reverte es española.

Trama

Un escrito misterioso se esconde en una pintura flamenca del siglo XV: "¿Quién mató al caballero?". Julia, una joven restauradora madrileña, quiere descubrir si el mensaje está vinculado a la partida de ajedrez representada en un lienzo o un crimen que ha permanecido sin resolver durante siglos. Con la ayuda de Álvaro, un profesor de historia del arte y ex amante suyo, el experto en ajedrez y anticuario César Muñoz, Julia busca la respuesta a un enigma que pronto se revela mucho más complejo de lo esperado. Mientras tanto, su mundo se ve golpeado por una serie de crímenes y un asesino que parece seguir el juego iniciado por el pintor hace quinientos años.
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

Responder