'El asedio' (comentarios de los foreros)

Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

Moderadores: Targul, Mithrand, Moderadores

Reglas del Foro
Responder
Avatar de Usuario
remolina
Mensajes: 5017
Registrado: Jue May 03, 2007 11:00 pm
Ubicación: León

Mensaje por remolina » Mié Abr 21, 2010 10:54 am

bowman escribió:Estimo también que cada una de las dos historias, en consecuencia (Tizón por un lado, Palma y Lobo, por otro) reclama estructuras , maneras, códigos y exigencias formales distintas y peculiares. Durante el desarrollo, vale, ambas se cruzan ‘sin problemas’ (gracias, más bien, al talento, intenciones y ‘connaissance’ del autor). Pero voi teniendo la sensación -y aquí habría mucho que hablar (entre otras cosas, no tengo los conocimientos necesarios para desarrollar esta idea como se debe)- de que, llegando al final, las exigencias de cada familia literaria chocan mientras crujen y chirrían las maquinarias todas sin que el puto embrague logre imponer su gobierno y domeñar y armonizar en debida forma el natural impulso de sacudirse codazos unas a otras con la meta a la vista. Esta sería la razón (siempre a mi paleto entender: doctores tiene la Santa Madre Iglesia) del impresionante descarrilamiento que ni Reverte -agarrado al freno y dando como loco al embrague tratando de encontrar la marcha que le exige el raro artefacto que ha montado- puede evitar (y ni dios pudiera, si para ello bajara del cielo, afirmo: Reverte ha llegado a un sitio en el que ya sólo él puede dictar ley).

Y ya acabo.
Aprecio lo indecible el trabajo de ingeniería literaria de Nuestro Señor Natural, el gran Duque de Corso (que Dios Guarde en Salud, Prosperidad y Lucidez literaria muchos años), así como sus audacia y atrevimiento (sin olvidar su formidable, enciclopédico, saber técnico) pero me temo que la recalada de esta magnífica, inapelable, perfecta travesía a través de los meandros de la Literatura, es, digamos, algo accidentada. Lo cual no m desanima. El que la sigue la consigue y Reverte sabe lo q busca. El día que lo arme -el día que llegue- la Literatura y el Arte de la Narración llegarán con él un poco más lejos y los soputas del mundo lo tendrán un poco más crudo.


Pues que no había yo leído este post suyo Maese. Y tal cual, vaya. Completamente de acuerdo. :wink:
"Aprecio a esos cabrones" APR

Avatar de Usuario
MacVamp
Mensajes: 383
Registrado: Vie Ago 31, 2007 11:00 pm
Ubicación: Casi diez años en Valencia, a partir de 2011, México D.F.
Contactar:

Mensaje por MacVamp » Mié Abr 21, 2010 1:16 pm

Me cuesta un poco hacer un comentario a la altura de ustedes, estimados foreros, pero intentaré explicarme: el martes pasado al fin terminé de leer El Asedio y si bien no dejé de leer los comentarios con spoilers y demás que muchos fueron vertiendo aquí, yo traté de seguir mi ritmo e inclusive en la última hoja, anoté mis tres posibles asesinos :P Sobra decir que no acerté con ninguno. Me costó, como ya muchos comentamos en su momento, seguir la lectura, sobre todo porque en mi caso, no tuve ni un momento para enfrascarme y dejarme absorber por la lectura. Poco a poco fui avanzando y tratando de desenmarañar la madeja. A veces me costaba los términos marineros, pero también me gustó ese reto e imaginar todas y cada una de las escenas protagonizadas por la Culebra.

Soy también de la idea de que al final algo le falta, de que parece no estar muy bien cuadrado del todo. Y ya no es la sensación de ir hilando todo con prisas, sino que a mí, al menos, me hace falta una verdadera motivación creíble por parte del asesino. No quiero un estudio concienzudo ni un parte psiquiátrico. Es que parece que una historia con tanta miga, un thriller que podría haber tenido mucho más protagonismo (fuera de la obsesión de Tizón), se diluye en otras obsesiones, por así llamarlas. A mí no me cuadra que los motivos del asesino radiquen en haber perdido a su hija. ¿Qué te puedes volver majara por una pérdida de tal magnitud? Ni duda cabe. Pero no creo que eso te orille a convertirte en un asesino despiadado y más listo que el hambre, porque jamás sabemos, ni hay pistas qué descubrir, de cómo se lo montaba para raptar a las chiquillas, retenerlas en la cueva y por supuesto, torturarlas hasta la muerte. No es que quiera detalles gore, ni es que sea sádica, pero es que sin este tipo de detalles, da la sensación de que la historia del asesino no está bien fundamentada o bien expuesta, en pro de tratar de hacer ver que ni todos somos buenos buenísimos ni malos malísimos, de que alguien que supuestamente pertenece al bando de los buenos que hacen justicia, como es el caso de Tizón, pueden llegar a contaminarse con la maldad que ellos mismos combaten, como bien queda demostrado en aquel momento donde Tizón está con la prostituta o de aquella inmersión que siente que hasta enrarece el propio aire y te da la sensación de entrar en una burbuja. Algo que en cierta medida me recuerda a la serie de tv Millenium donde un detective del FBI casi se transmutaba en los asesinos que perseguía para poder atraparlos. Lo que al cabo de un tiempo casi lo vuleve majara y a perder en cierta medida la dimensión de la bondad y la maldad.

En cuanto a la historia de folletín, romantica y apasionada, de ninguna manera creo que Lolita Palma sea más mala que la tiña. Si bien es una mujer que debido a las circunstancias de la vida ha tenido que estar un poco más avanzada que las mujeres de su época (por mucho que las mujeres de Cádiz estuvieran a años luz de las del resto de España) también ha debido someterse a los dictados de la sociedad y del deber sobre todo. Me gusta el aire fatalista que destila de principio a fin su historia con Pepe Lobo, me gusta esa contención porque a pesar de todo demuestra una pasión muy grande que habita en ambos. No una pasión sexual, que haberla hayla, sino una pasión de sentir y vivir. Pepe Lobo no es ningún cobarde pero sabe que la vida tiene sólo una forma de ser. Vamos, que el clima fatalista se mantiene en todos y cada uno de los actos que ambos cometen. Lo suyo no puede ser pero lo poco que sí puede ser (desde los encuentros "casuales" hasta esa noche perfecta de Carnaval) se viven hasta sus últimas consecuencias.

Yo no me imaginé un happy end y creo que tampoco me lo hubiera creido. Las cosas transcurrieron como debían transcurrir. Destino y sólo eso. En El Asedio se maneja mucho las posibilidades del azar, pero creo que también hay certezas de que hay un destino que hagamos lo que hagamos se debe cumplir. Y me temo que entre Lolita Palma y Pepe Lobo no podía haber nada más allá de lo que don Arturo nos muestra en su bien contada historia. Sí, cierto, se despiden (de nuevo fatalistamente) antes de lo de Rota, pero porque saben que no hay nada más qué hacer y tampco es que Lolita no se haya tentado el corazón y hubiese enviado a Pepe Lobo al matadero. Es que las cosas sólo podían ser así. El deber y nada más. Lolita había crecido con la consigna de tener que renunciar a muchas cosas y es una mujer fuerte y es una mujer con un buen par de ovarios, pero a pesar de todo, aquellos eran otros tiempos y a pesar de todo, ella queda bien retratada como una mujer de esos tiempos.

Me gusta la historia del salinero y me gusta ese remate donde Tizón le da la oportunidad de hacer justicia por propia mano. Quizá los que somos padres, entenderemos mucho mejor. También ese "detalle" me remite a la peli Sympathy por Lady Vengance donde un grupo de padres se turnan para torturar al infeliz que raptó, violó y mató a sus hijos.

La historia del soldado francés, mmmhhh, no sé. A pesar de todo, no es un personaje con el que puedas identificarte. Aunque bien refleja una de esas obsesiones que mencioné líneas arriba. O quizá sea el que más las refleja, por encima del propio Tizón. Una vida dura y escasas satisfacciones, quizá la misma que se repite siglo tras siglo entre los soldados de ambos bandos.

No sé sí alguno de ustedes piense igual, pero como personaje, me encanta Ricardo Maraña apurando hasta el útimo aliento de vida que le deja la tuberculosis.


Trini escribió:

Y a mí. Es más, repito: me parece una gran novela, sobre todo por los enigmas que plantea. Pero no es el novelón de Reverte.


Estoy de acuerdo.
"Ama a los mortales, pues, y sigue viviendo como lo has hecho, temerariamente, con apetencia por todo y amor por todo, pero llegará el momento en que sólo podrá salvarte el amor de los que son de tu estirpe". A. R.

Trinidad

Mensaje por Trinidad » Mié Abr 21, 2010 3:18 pm

bowman escribió:Perdón, pero era Cádiz.

Creo.

No DisneyLand Resort París.


Estoy de acuerdo contigo Caballerow, pero soy una romántica emperdenida y me hubiese encantado que Lolita diera de comer a las marujas aristocráticas.Una, que es ingenua :) Y claro que no podía ser, aunque se lo debiera como dice la Siané, porque que esa decisión -tenerlo en su casa para que se restableciera, en la medida de lo posible, o lo imposible, porque quedó desahuciado- hubiera traído consecuencias que Lolita no hubiese estado dispuesta a soportar. En fin, mero instinto de supervivencia.

Avatar de Usuario
bowman
Mensajes: 5203
Registrado: Lun Ago 07, 2006 11:00 pm
Contactar:

Mensaje por bowman » Jue Abr 22, 2010 12:12 am

El asedio de Míster Fabuloso, Arturo Pérez-Reverte, a la literatura de géneros (o viva la metaliteratura porque la realidad soy yo y a ti te encontré en la calle). Historia de un largo viaje en la amena compañía del correo del Zar, Miguel Strogoff, hasta el corazón herido y anonadado de Tuan Jim, yeeepa yaaa.

Capítulo Primero.
Formentera Lady


Hace muchos años yo era joven.

Esta obviedad viene a cuento porque el faro de Sa Mola, en el extremo más oriental de la pequeña isla mediterránea de Formentera, no era (ni significaba) lo mismo que hoy. Tampoco la Formentera de entonces tenía nada que ver con la de hoy, lo cual explica que para llegar a Sa Mola tuviese uno que cubrir andando los doce o catorce kms que separan aquel abrupto (y entonces apartado) peñascal del puerto de La Sabina (severa peregrinación en los meses de verano).

Han pasado tantos años y era todo tan distinto que este cura llegó a La Sabina galopando con bravura a través de ‘els freus’ (es decir, sorteando las olas y corrientes del canal que separa Ibiza y Formentera) a bordo del ya entonces viejo ‘Joven Dolores’, el barquito de madera que cubrió puntualmente el servicio entre ambas islas durante décadas y que hoy añora, incluso, Arturo Pérez-Reverte. En efecto, en esta nueva novela, ‘El asedio’, incluye el nombre del viejo transbordador pitiuso en la flota de Palma e Hijos a modo de oportuno y bien traído homenaje a Lolita Palma, heredera de la firma: ‘incluso uno de ellos -Joven Dolores- lleva su nombre’ (capítulo 1, pg 36 de la primera edición).

Imagen

La ‘Joven Dolores’ real fue un buque de fina estampa clásica -honesto, marinero, único y con trapío- bien distinto de los modernos transbordadores de fibra recauchutada que se fabrican en serie en Corea y que entre Ibiza y Formentera sobrevuelan olas, vientos, corrientes y lo que haga falta en una especie de viaje virtual que hacen varias veces al día como si la realidad no existiera. En distintos momentos, la ‘Joven Dolores’ llevó a bordo a Bob Dylan, a Pink Floyd, a King Crimson y, tal vez, también al joven Pérez-Reverte.

Reverte, no creo, pero los demás -según todos los indicios- buscarían en Formentera las ‘houses iced in whitewash guard a pale shore-line cornered by the cactus and the pine’. No yo. También a mí la idealizada Formentera Lady de los hippìes -donde pinos hay más bien pocos- me traía al fresco.

Yo había llegado a Formentera en busca de un fantasma. De una leyenda.

Yo había llegado en busca de Hector Servadac. Lo que esto pueda tener que ver con 'El asedio' es lo q se razonará con peor o mejor fortuna, pero con absoluta honestidad, en las prósimas entregas.

Ta-ra-ra-ra-ra....

(cont)

Trinidad

Mensaje por Trinidad » Jue Abr 22, 2010 2:47 pm

Mac escribió:Me hace falta una verdadera motivación creíble por parte del asesino.

Eso es, Mac. Y a mí

Caballerow, seguro que lo hará con gran fortuna. No se ningunee :)

Avatar de Usuario
Siana
Mensajes: 5536
Registrado: Mié Jun 14, 2006 11:00 pm
Ubicación: Barcelona

Mensaje por Siana » Jue Abr 22, 2010 10:06 pm

Trinidad escribió:
Mac escribió:Me hace falta una verdadera motivación creíble por parte del asesino.

Eso es, Mac. Y a mí

Coincido también en eso. y con lo que dijo Rem:
remolina escribió:Pero el cómo es lo que sigue sin llenarme.
Claro yo me he concentrado mucho en esa parte de la historia, en la que más. A ver si para don Arturo no era tan fundamental ese desenlace como el devenir de toda la historia. Quizás como dice mi compañera de romanticismos en los finales, Trini, no sea la novela definitiva, o el novelón. A mí me ha parecido magnífica, aunque para mí su novelón ha llegado en diferentes entregas, en mayores o menores dosis, en todas y cada una de sus obras. En los grandes relatos que incluso en la brevedad de una patente ha sabido transmitir. El novelón está repartido. Aunque queda mucho Reverte y mucho mar por delante.

bowman escribió: Yo había llegado en busca de Hector Servadac. Lo que esto pueda tener que ver con 'El asedio' es lo q se razonará con peor o mejor fortuna, pero con absoluta honestidad, en las prósimas entregas.

Buen preludio de los 15 :) ! Caballerow, como diría la Trini, a la espera quedamos de esas nuevas entregas :wink: .

Avatar de Usuario
bowman
Mensajes: 5203
Registrado: Lun Ago 07, 2006 11:00 pm
Contactar:

Mensaje por bowman » Jue Abr 22, 2010 10:38 pm

El asedio de Míster Fabuloso, Arturo Pérez-Reverte, a la literatura de géneros (o la realidad soy yo y a ti te encontré en la calle): un largo viaje en la amena compañía del correo del Zar, Miguel Strogoff, hasta el corazón anonadado de Tuan Jim.


Capítulo Segundo.
Julio Verne


Tras pasar buena parte del día dormitando bajo las higueras maternales que pueblan la isla de Formentera (como setas gigantes bajo las que guarecerse, no de la lluvia, sino de un sol implacable) me puse a caminar en plena noche. Tras sus buenas dos horas de marcha desemboqué en lo alto de los acantilados de Sa Mola justo rayando el alba. Por el horizonte del mar, en dirección a Cerdeña y Sicilia (y también a Cartago, perdida en el tiempo) amanecía Dios para las lagartijas, las moscas y yo. Nadie más había junto al faro, solitario como un dios. Y mientras Manolo se tomaba su tiempo para acabar de despedirse de los chinitos y salir de una vez, abrí el macuto y me puse como Truman. Con la primera claridad no acerté a ver todavía lo que buscaba, un monolito que al pie mismo del faro se confundía con las jaras y con la blancura caliza de aquellas breñas. Seguí sin verlo hasta que se apagó el faro y el primer rayo de sol dio sobre él, blanco e inmaculado. Fue como una revelación.

Había llegado.

Peregrino idiota y soñador, me acerqué, puse la mano sobre la placa de bronce que individualiza el monolito y murmuré mi jaculatoria particular. ‘Je suis arrivé, Jules. Je suis arrivé’.

Imagen
El monolito del cabo SaMola, junto al faro del mismo nombre, en la isla Mediterránea de Formentera.

Imagen
La placa superior, con la cabeza de Verne, el perfil de SaMola desde el mar y el aerolito precipitándose
desde el cielo, dice. ‘Los jóvenes de espíritu a Julio Verne en el CL aniversario de su nacimiento’. La inferior
no la veo y creo que ya en su día era prácticamente ilegible. Como se ve, tiene hasta tiros (imagino q de perdigones)


Cien años antes, en mil ochocientos setenta y tantos, la imaginación desatada de Julio ‘Jules’ Verne vió llegar desde el fondo del espacio interplanetario un aerolito imponente que rozó la Tierra justo en el sitio donde yo me hallaba, arrancándole al planeta la isla de Formentera completa. Con el mar que la rodeaba, la isla pasó a convertirse en un nuevo mundo solar, Galia (o Formentera, no sé bien), un planetoide con una órbita delirante y absurda en torno al sol.

Así nacieron ‘Los extraordinarios viajes y aventuras de Hector Servadac a través de los mundos solares’. Un flipe.

Y un flipe decimonónico.

Como los vórtices de ‘El asedio’. Igual.

Un delirio fabuloso. Una desmesura. Una sorpresa. Una ilusionante posibilidad -o potencialidad- científica... de la Ciencia de hace más de un siglo, claro, con una precisa y muy real localización geográfica.

Imagen
Fantaciencia decimonónica hecha tebeo en los últimos setenta, o así.

No pude evitar acordarme de Hector Servadac y de mi peregrinación juvenil al faro de Sa Mola, en Formentera, al concluir ‘El asedio’ con su encantadora fábula de folletín decimonónico e identificar la enternecedora fidelidad de AP-R a las claves del más genuino y fabuloso folletín (y folletín francés, me malicio, aunque tampoco he leído lo suficiente como para aventurarme con seguridad por ese jardín). Así y todo, la voluntad de construir un enredo genéricamente folletinesco parece evidente (o la casualidad existe, que bien puede ser, pero no creo). El tiempo transcurrido entre aquella literatura y ‘El asedio’, más de cien años, también es evidente para cualquiera sin necesidad de echar un vistazo al calendario.

Basta con echárselo a algunas de las novelas que se han publicado a lo largo de ese tiempo.

(cont)



Imagen
SaMola, la zona oriental de la isla de Formentera, vista desde el aire: un auténtico planetoide, un gran mundo solar y, te pongas como te pongas, un verdadero vórtice espacio-temporal. El futuro, no sé si se adivina allí, pero de que el tiempo se detiene, adensa y amontona en un solo instante, doy fe. En la punta de la parte central inferir de la foto (donde se ve llegar una carreterilla) se levantan el faro y el pequeño monolito.
Última edición por bowman el Jue Abr 22, 2010 10:40 pm, editado 1 vez en total.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14478
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Jue Abr 22, 2010 10:39 pm

Siana escribió:
Trinidad escribió:
Mac escribió:Me hace falta una verdadera motivación creíble por parte del asesino.

Eso es, Mac. Y a mí

Coincido también en eso.

Yo creo que quedaría falso explicarlo demasiado, o incluir una escena estilo Nero Wolfe, donde el asesino confiesa todo con pelos y señales, más para demostrar lo bien pensado que estaba el caso que porque resulte creíble.

De todas formas, hay que recordar que tras atrapar a Frasquito, Tizón llama a Barrull para que sea él quien lo interrogue, y que éste se tira media hora con el jabonero, que luego destila como puede para intentar explicárselo a sí mismo y Tizón. Seguramente, ni el propio Frasquito puede explicarse su motivos, más allá de un origen en su dolor y un terreno propicio a la locura que había en su gran sensibilidad.


O sea, que estar, está respondido. No con todos los invitados en el salón tomando té y Scotland Yard esperando fuera, pero está. :wink:

Trinidad

Mensaje por Trinidad » Vie Abr 23, 2010 2:57 pm

Rogorn escribió:
Siana escribió:
Trinidad escribió:
Eso es, Mac. Y a mí

Coincido también en eso.

Yo creo que quedaría falso explicarlo demasiado, o incluir una escena estilo Nero Wolfe, donde el asesino confiesa todo con pelos y señales, más para demostrar lo bien pensado que estaba el caso que porque resulte creíble.

De todas formas, hay que recordar que tras atrapar a Frasquito, Tizón llama a Barrull para que sea él quien lo interrogue, y que éste se tira media hora con el jabonero, que luego destila como puede para intentar explicárselo a sí mismo y Tizón. Seguramente, ni el propio Frasquito puede explicarse su motivos, más allá de un origen en su dolor y un terreno propicio a la locura que había en su gran sensibilidad.


O sea, que estar, está respondido. No con todos los invitados en el salón tomando té y Scotland Yard esperando fuera, pero está. :wink:


Lo que equivale a decir en lenguaje vulgar, claro y diáfano: el asesino estaba 'tocao', por su propia desgracia y por esa sensibilidad extrema y exquisita, que hace que interactúe con el mundo, o con Cádiz sin ir más lejos, en otro plano diferente al nuestro. La conjunción de ambos factores lo induciría a matar. ¿No es así?

Caballerow, las posibles conexiones que ve con 'El asedio' son cuanto menos, originales. La leche... 8O

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14478
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Vie Abr 23, 2010 3:26 pm

Ya lo había dicho yo en lenguaje vulgar, claro y diáfano. :lol:

Para ser justos, en ningún momento habla Arturo de locura, e incluso Barrull reprende a Tizón diciendo que "loco" es "palabra de doble filo" y "un cajón de sastre peligroso". Pero creo que el hecho de encontrarnos ante alguien de una sensibilidad extrema (o 'sensitividad' quizá mejor) no significa que si eso le lleva a matar, se pueda justificar o perdonar. Igual no lo podemos llamar loco, pero con el daño que hace, nadie podría esperar que quedara sin respuesta por parte de los que le rodean. Hoy igual sería preso y saldría en cinco años (y en cinco canales de televisión). De aquella, ya se ve lo que le pasó.

Tizón al menos escarmentó en cabeza ajena. Sus propias circunstancias lo llevaron al borde del mismo abismo, pero supo dar un paso atrás
. Quién sabe qué hubiera hecho cualquiera de nosotros.

Avatar de Usuario
bowman
Mensajes: 5203
Registrado: Lun Ago 07, 2006 11:00 pm
Contactar:

Mensaje por bowman » Vie Abr 23, 2010 7:19 pm

Asedio de Míster Fabuloso, Arturo Pérez-Reverte, a la literatura de géneros (o la realidad la impongo yo y a ti que te den dos duros). O sea, un largo viaje en la amena compañía del correo del Zar, Miguel Strogoff, al corazón herido y anonadado de Lord Jim.


Capítulo Tercero.
Una historia del siglo XIX. Y otra del siglo XXI.


En el siglo XIX, la credibilidad no presentaba más holgura que ahora, aunque los materiales que admitía eran otros (impensables hoy). Delirios fantasiosos con huerfanitas que, una vez mayores, encontraban a sus progenitores (que resultaban ser de noble cuna o, en su defecto, ricos burgueses). Náufragos solares capitaneados por el sabio y ecuánime oficial de la armada francesa Hector Servadac, carteros del zar viviendo entre Moscú y la lejana Irkoutsk aventuras que físicamente podrían ser soportables (no por mí) pero que psicológicamente destrozarían al mismísimo Capitán Trueno. Y también Eugenio Sue o nuestro grande y olvidado Emilio Carrère. Y las joyas de la reina, ‘uno para todos y todos para uno’, Jeckyll y Hyde, Holmes, Hugo, las catacumbas de París, Dickens, la alucinante cueva de la isla de Montecristo... Eso sí: en el XIX no había, en cambio, mendrugos como James Bond o Indiana Jones. Es decir, que si las tragaderas para la inverosimilitud tenían las mismas dimensiones que las de ahora, la cualidad de esa inverosimilitud, de esa invención, era muy distinta.

Imagen
Miguel Strogoff. Berrooqueño. Macizo. De un pieza. Acero ruso. Inmutable. Invariable. Indestructible.

Conrad, evidentemente, no había escrito aún su ‘Lord Jim’ (1900), un libro que cada vez se me antoja más clave, la piedra maestra de la bóveda de la modernidad (con perdón de Moby Dick, 1851, y del complejo y calculadamente ambiguo Long John de La Isla del Tesoro, 1883), el punto de inflexión entre el XIX romántico y extrovertido y la ‘aventura interior’ del XX (que tan bien domina Reverte ¿qué es ‘Territorio Comanche’ sino un monólogo interior o, más aún, el desarrollo de una acción ‘interior’? Es decir, una aventura que, en puridad, acontece en la mente del reportero Barlés mientras fuera de él, en su entorno, se desarrolla un drama en el que él no es parte activa sino tan absolutamente pasiva que más que personaje parece atrezzo. Una pieza de atrezzo, eso sí, con una mente activa, despierta, inteligente, muy observadora y, sobre todo, cargada de recuerdos y referencias).

Hasta donde alcanzo, ‘eso’ lo trajo Joseph Conrad a la novela de aventuras. De todos los ‘conrades’ que soy capaz de recordar es en ‘Lord Jim’ (1900) donde la complejidad del alma atormentada del protagonista llega a ser más honda y vertiginosa. Y no me meteré en el tema del narrador de esta novela (quién cuenta qué). No se identifica hasta media novela, creo recordar que al celebrarse el juicio por el naufragio del ‘Patna’, y no es otro que el capitán Marlow (en cuya mente tiene lugar realmente la narración ‘El corazón de las tinieblas’, de 1902, mediocremente adaptada al cine como ‘Apocalypse Now’). Marlow, abismado en su análisis del personaje de Jim, el mejor proveedor de artículos naúticos que se puede echar un cristiano -y uno de los nuestros’ o ‘uno de nosotros’, según traductor- se pregunta por la verdadera naturaleza y carácter de este misterioso Jim que acaba... Bueno, que acaba como verá el que leyere.

Tampoco en el XIX había asomado aún el ‘deslavazado’ (?) lenguaje barojiano para abrir en España los cauces narrativos -el estilo literario, más bien- de los proximos cien años (lo menos, y siempre con permiso de Valle I.) Ni el impío don Pío había embarcado aún al bueno de Shanti Andía -1911- en busca de sí mismo alrededor del mundo siguiendo el rastro de su tío Aguirre-Ugarte, esquivo detrás de mil nombres y personalidades diferentes.

Antes de Lord Jim y de Shanti Andía (y mientras duró el siglo XIX), la sensibilidad lectora aguardaba expectante -todavía inocente y virgen- prodigiosas hazañas físicas (como el Viaje de Allan Quatermain en 1885 a Las Minas del Rey Salomón, por ejemplo), sucesos portentosos (como la venganza -titánica, olímpica, homérica- de El conde de Montecristo en 1844) o las revelaciones del más allá que nuestro Bécquer hace en sus Leyendas (recogidas en libro en 1871, ya fallecido el autor) como en Maese Pérez o en El monte de las Ánimas (un lugar concreto, por cierto, y que realmente existe aún hoy con ese nombre en las afueras de la actual ciudad de Soria, como existen la Ría de Vigo mencionada en 20.000 leguas de viaje submarino o el mismísimo islote de Montecristo esperando a los mitómanos en mitad del Mediterráneo).

Imagen
Lord Jim y el Capitán Nemo. Dos marinos -y dos mundos, también- que no dialogan. Condenados a no encontrarse.

La sensibilidad decimonónica creyó verdaderamente en la posibilidad de esas prodigiosas hazañas, de esos sucesos portentosos y de esas revelaciones del más allá que recibía por entregas diarias o semanales en periódicos, revistas y ‘feuilletons’ (género que nuestro AP-R cultivó también durante el verano de 1993, cuando alegró las vacaciones al personal publicando por entregas en pleno mes de agosto ‘La sombra del Águila’ en el diario ‘El País’: me recuerdo a mí mismo dando un escandalazo en la atestada estación de Atocha al estallar en carcajadas delante de un ejemplar de ‘El País’, diario serio donde lo haya y poco susceptible de homologación como prensa humorística. Algo así como el ‘ABC’ de los progres: el uno tiene a Forges, el otro a Mingote; el uno tiene a Cebrián, el otro a Ansón; el uno tiene a los Polanco, el otro a los Luca de Tena).

Esa decimonónica sensibilidad inocente, virgen y dispuesta a oír -boquiabierta- determinado tipo de fantasías ‘científicas’ es la que acaba de asediar el buen Duque de Corso (para nuestros regocijo y entretenimiento) sólo que en pleno siglo XXI. Y lo ha hecho en buena lid, sin la más mínima trampa, con la entrega y la vehemencia de los buenos y la fe de un entusiasta, de un friki o de un converso. Porque ha emprendido el asedio como si no hubieran pasado esos cien años que, insisto, nos separan ya de Tuan Jim y del capitán Santiago de Andía: usando recursos, ideas, técnicas y personajes del siglo XIX puesto que lo que tenía que contar era una historia del siglo XIX.

Avatar de Usuario
miembra
Mensajes: 160
Registrado: Mié Feb 17, 2010 12:00 am

Mensaje por miembra » Vie Abr 23, 2010 9:05 pm

Bien...la cosa es densa y dificil de descifrar para una profana, de momento me quedo con este párrafo: "Esa decimonónica sensibilidad inocente, virgen y dispuesta a oír -boquiabierta- determinado tipo de fantasías ‘científicas’ es la que acaba de asediar el buen Duque de Corso (para nuestros regocijo y entretenimiento) sólo que en pleno siglo XXI. " Párrafo que relaciono con esa cosa tan rara que mencionan por aqui los foreros: "vortices", aqui una que está así 8O

Avatar de Usuario
Siana
Mensajes: 5536
Registrado: Mié Jun 14, 2006 11:00 pm
Ubicación: Barcelona

Mensaje por Siana » Sab Abr 24, 2010 1:30 am

Interesante tema sacas, Maese, en este segundo capítulo. Vórtices…¿por qué no? En realidad algo de eso seguro que hay. Como dicen en EA, algún día la ciencia explicará lo que ahora es teoría y ensayo. Necesito reflexionar un poco más sobre ese recorrido por la sensibilidad y claves de la novela decimonónica a la que aludes en este tercer capítulo. Algunos de los autores que citas me remiten a grandes historias y aventuras. No se me habia ocurrido pensar en la relación con Verne, o la "fantaciencia":

Rogorn escribió:Tizón al menos escarmentó en cabeza ajena. Sus propias circunstancias lo llevaron al borde del mismo abismo, pero supo dar un paso atrás. Quién sabe qué hubiera hecho cualquiera de nosotros.

Ese es un tema del que ha hablado en otras ocasiones. Si la memoria no me falla...

Trinidad

Mensaje por Trinidad » Sab Abr 24, 2010 11:18 am

Rogorn escribió:Igual no lo podemos llamar loco, pero con el daño que hace, nadie podría esperar que quedara sin respuesta por parte de los que le rodean.

No, no lo he llamado loco. Detesto esa palabra, porque ¿qué es locura? ¿A quién se le puede considerar loco? Como dice Barrull: es un cajón de sastre peligroso. Dije que estaba 'tocao', que no es lo mismo. Después de su desgracia y de ese particular y maravilloso don que poseía, no me extraña que matara, pero ambos motivos no lo eximen de sus crímenes, por supuesto, y como tú dices no iban a quedar sin respuesta por parte de los que le rodean. O más que respuesta, emplearía la palabra 'equilibrio': el que mata es asesinado.

Avatar de Usuario
Earelen
Mensajes: 1022
Registrado: Lun Mar 14, 2005 12:00 am

Mensaje por Earelen » Sab Abr 24, 2010 7:22 pm

Yo lo llamaría cajón desastre directamente. Loco. Palabra fea donde las haya.

Respecto al asesino y sus asesinatos, si bien puedo llegar a entender el porqué (se han aportado muchas teorías posibles), no me termina de quedar claro el cómo y éste me interesa más. Siendo Cádiz lo que era, donde nunca faltaba alguien asomado a una ventana, me resulta difícil aceptar que nadie escuchara los gritos de las muchachas. ¿Las podía envenenar primero y luego rematarlas a latigazos?, ¿podría ser?. Pero claro, entonces, que pasó en el caso de aquella chica que apareció con los dientes destrozados de la fuerza con que los tuvo que apretar por el dolor... esa estaba viva. Uhmm, no.

Qué jodío.
"La suerte es como el Tour de Francia, lo esperas todo el año y luego pasa rápido. Las oportunidades hay que atraparlas deprisa, sin dudar".

Avatar de Usuario
bowman
Mensajes: 5203
Registrado: Lun Ago 07, 2006 11:00 pm
Contactar:

Mensaje por bowman » Sab Abr 24, 2010 11:11 pm

El asedio de Míster Fabuloso, Arturo Pérez-Reverte, a la literatura de géneros (o la realidad soy yo y a ti te encontré en la calle): un largo viaje en la amena compañía del correo del Zar, Miguel Strogoff, hasta el corazón anonadado de Tuan Jim.


Capítulo Cuarto.
Una estrella en la pista central del Circo Literario

Reverte, machote, eres más grande que Manolete, gran torero. Porque hay que tenerlos -un par, digo- para jugar semejante juego, verdadero triple salto mortal con tirabuzón y sin red en lo más alto de la cúpula del circo.

Del circo literario, digo.

‘¡Señoras y señores! ¡En la cúpula del Gran Circo Alfaguara, la estrella del trapecio literariooooo, Arturoooo Péreeeeeeeeez-Reverteeee, Mr Fabuloso, intentará el más difícil todavía. Dar a luz una novela del siglo XIX ¡en pleno siglo XXI! Se ruega el máximo silencio y respeto para favorecer la concentración. ¡Peligra la vida del artista! (redoble) ¡¡¡¡¡Conseguidooooo!!!! (aplausos atronadores) ¡Bravo, Arturo! ¡Bravissimo! Señoras, señores: ¡Miiisteeeeerrrrr! ¡Faaaboulossssssooooo!!!!

Ahora que me he leído las setecientas páginas de ‘El asedio’, la gente me pregunta con verdadero interés por la novela de moda. ‘¿Ya? ¿Y qué tal?’ Todo el mundo conoce a Reverte -al personaje Reverte- y todo el mundo tiene una opinión sobre él (prueba de que la paliza promocional que se ha metido el sr Duque funciona de maravilla). Buscando un discurso-resumen veraz, fácil de soltar y de comprender inmediatamente, acude a mi memoria una crítica cinematográfica que hace un buen puñado de años publicó en la Guía del Ocio don Fernando Trueba (entonces sólo ‘Fer’ -o ‘El Trueba’- un chiquito con dos simpáticas películas en su haber). Es la crítica que escribió a propósito de una cinta de ‘science-fiction’ bastante rarita, sin una sola estrella en el ‘cast’ y que firmaba el realizador de la (ya entonces) tan prestigiosa y mentada como semidesconocida ‘Los duelistas’.

La peli en cuestión era ‘Alien’.

‘El Trueba’ invitaba al pueblo a correr a ver aquella película de tan extraño título y que daban en el Real Cinema, frente al Teatro Real. Y a hacerlo con una buena bolsa de palomitas porque, como habían demostrado muchos maestros (Hitchcock, por ejemplo, entonces todavía vivo), el buen entretenimiento se hace con clase, talento y verdad: sin truco ni red.

Sin truco, red, trampa ni cartón ejerce su número de ‘El asedio’ en la cúpula de la pista central del circo literario hispano ese rey del trapecio que es el Gran Reverte (me alegro de verte), ‘Mr Fabuloso’, y al que -si algún pero he de poner- es el de ‘distraerse’ jugando al ‘más difícil todavía’ en la cúpula del circo y bajo la luz de los focos en vez de atender a la ‘sencilla’ verdad literaria de su extraordinario número: recrear la bahía de Cádiz durante la guerra de la Independencia para ofrecer un fresco del alma humana con ocasión del fin del mundo. O, simplemente, retratar la naturalidad de la desesperanza. Un mundo que remite a Conrad y al fabuloso Sulaco, en Costaguana, el país del ‘Nostromo’, un puzzle (increíble) de pasiones, esperanzas y deseos con un fabuloso tesoro, el tesoro de la mina, esperando al fondo.

En semejantes circunstancias y con semejante menú -caviar del bueno, caviar del volga al gusto de hoy- yo no me como los vórtices decimonónicos -espinacas al gratín- por muy sanas y ricas que sean y por mucho que las avale con su prestigio el profesor Sanchez Ron o el profesor Faustino Cordón, así como Xavier Domingo y hasta Julio Camba si para ello resucitaran.

Sí, los vórtices hasta se me antojan traídos por los pelos, metidos en este drama con calzador y a ostia limpia (o entras o te mato) mientras el autor se complace como un domador triunfante que mirase al tendido buscando el aplauso por su ‘tour de force’. Ya sé que no es cierto, pero es la imagen que me deja a mí ese personaje creado por el marketing y que recorre España soltando titulares a sus antiguos colegas de profesión como quien tira cacahuetes a los monos. ‘¡Reverte! ¡Reverte! ¡Un titular, Reverte!’ ‘Vale. chicos. Somos un país cruel e ignorante al que se le nota que nunca tuvo una guillotina en la Puerta del Sol’.

Numeritos y show-business (y bromitas) aparte, el espectacular ‘tour de force’ resulta apasionante y te lo comes enterito hasta.... hasta que llegan las atormentadas explicaciones de los vórtices y Tizón cruza la bahía para entrevistarse con Desfosseux, increíble encuentro en el que el jefe de la policía de los sitiados pide favores (a cambio de nada y en su propio nombre) a un oficial de los sitiadores. Y eso acontece cuando tu interés de lector para ya en otro lado ‘más moderno’ (si se me permite expresarlo así). Y ahí estaría lo grave, para mí: porque yo, fantasías, me como, en condiciones normales, las que hagan falta. Pero con la delicia de buen caviar del caspio y ostras frescas de arcade ¿quién quiere espinacas gratinadas?


Tiene uno la sensación de que Arturo Pérez-Reverte se dice que, como los consumidores de folletines del siglo XIX (y pienso ahora en ‘El collar del diablo’, por ejemplo, de don Manuel Fernández y González, novela de la que conservo un ejemplar de 1866, es decir, contemporáneo de don Jaime Astarloa) el público actual necesitaría misterio, sorpresa, una pirueta, un salto mortal con voltereta cuando la lógica de la historia -en puridad, el fin del mundo, insisto- pertenece al XXI y pide, por tanto, un recurso del XXI: la verdad sobria y reportera -marca de la casa- que embrida la fantasía, pone orden en lo que pasa y, en fin, tan bien conocemos los fanáticos: ‘aquí una guerra, aquí un muerto, aquí un soputa’ (según el reportero Barlés, protagonista de ‘Territorio Comanche’).


,

Avatar de Usuario
Siana
Mensajes: 5536
Registrado: Mié Jun 14, 2006 11:00 pm
Ubicación: Barcelona

Mensaje por Siana » Dom Abr 25, 2010 11:47 pm

Earelen escribió:Respecto al asesino y sus asesinatos, si bien puedo llegar a entender el porqué (se han aportado muchas teorías posibles), no me termina de quedar claro el cómo y éste me interesa más.

Efectivamente. La manera es espantosa, además. Pensando en lo que dice el Ro al respecto, me pregunto si no hubiera ayudado que Tizón hubiera estado presente en esa conversación...
bowman escribió:el buen entretenimiento se hace con clase, talento y verdad: sin truco ni red……. es el de ‘distraerse’ jugando al ‘más difícil todavía’

Muy de acuerdo. Ahí, en esa primera frase, está la clave, pienso. Y ya tiene mérito arriesgarse tanto. No es facil resolver.
bowman escribió:la historia -en puridad, el fin del mundo, insisto- pertenece al XXI y pide, por tanto, un recurso del XXI: la verdad sobria y reportera -marca de la casa- que embrida la fantasía, pone orden en lo que pasa y, en fin, tan bien conocemos los fanáticos: ‘aquí una guerra, aquí un muerto, aquí un soputa’ (según el reportero Barlés, protagonista de ‘Territorio Comanche’)

Elementos difíciles de conjugar, y que el maestro ha hecho con precisión, técnica y pasión. Vida y muerte en Cádiz. Y corrupción. El fin del mundo que pudo haber sido. Bravo por este análisis que estás haciendo, por cierto, Bow. Y muchas gracias.

Leyendo cosas sobre el “roman feuilleton” creo ver algunas de sus características aquí reflejadas. Al parecer en los salones literarios donde se ubicaban los centros de lectura y se reunían los autores del género se hablaban de cuestiones esotéricas, y de ocultismo. Existieron logias y sociedades secretas. En cierto modo recuerda a las escenas de las conversaciones entre Tizón y Barrull. En esa época era corriente la aparición de escenarios algo tenebrosos, como castillos en ruinas y lugares “vorticinales”, por decirlo de alguna manera, donde se libran batallas contra las fuerzas del mal. Los escenarios del crimen, ahí en Cádiz, son algo sombríos, con ruinas (también por las bombas, claro). Este estilo me recuerda más a lo que forjó con el Club Dumas. No sé en cuál de las corrientes decimonónicas se podría situar tal vez EA. Histórico-fantástica, realista-social, fantástico-social... tal vez ésta última. En caso de que se pudiera situar en alguna, claro está. Pues ya tiene su estilo propio y su sello revertiano. Y una intesidad, un saber aumentar el ritmo (impresionante su técnica). Se le reconoce el estilo: perdón por la comparación salida del terreno de la literatura, pero es como escuchar una canción de los Beatles, son todas diferentes, pero en todas se reconoce el estilo.
Presiento que esta comparación no la compartiréis muchos, pero a mí ese fresco por q el que desfilan los personajes de Arturo me ha traído a la memoria (aunque Reverte me gusta infinitamente más) la literatura de Rodoreda, que hacía retratos de sociedad e incluía siempre algún elemento inquietante (misterioso). Pero era demasiado trágica, te acababan aplastando los vórtices de sus personajes.

Avatar de Usuario
bowman
Mensajes: 5203
Registrado: Lun Ago 07, 2006 11:00 pm
Contactar:

Mensaje por bowman » Lun Abr 26, 2010 12:00 am

El asedio de Míster Fabuloso, Arturo Pérez-Reverte, a la literatura de géneros (o la realidad soy yo y a ti te encontré en la calle): un largo viaje en la amena compañía del correo del Zar, Miguel Strogoff, hasta el corazón anonadado de Tuan Jim.


Capítulo Cinco.
Los experimentos, en casa y con gaseosa

En 1976, Ediciones Sedmay publicaba ‘Libertad provisional’, guión de Juan Marsé para la película del mismo título (Roberto Bodegas, 1976). En el prólogo, el hoy Cervantes 2008 aseguraba que <<en la pared de mi cuarto de trabajo (...) tengo pegado un papel con estas palabras de Robert Louis Stevenson: ‘una historia ha de tener una sola tendencia general. En todo el libro no debe haber una sola palabra que mire hacia otro lado’. Siempre he compartido esta opinión del autor de La Isla del Tesoro>>

Y seguro que Reverte también, no en vano ha confesado muchas veces su simpatía por Marsé, al que comparaba con Delibes (y todo ello mucho antes de los inciensos del Cervantes y de las solemnes pompas fúnebres dedicadas hace unas semanas al padre del Señor Cayo y del conserje Lorenzo). A las ‘Últimas tardes con Teresa’ marsianas dedicó Reverte un prólogo clarividente en 2003 (recogido en ‘Ronda Marsé’, la selección de artículos sobre la obra del novelista del Guinardó aparecida el año pasado): ‘Últimas tardes con Teresa’ no sería más que una gigantesca y magistral novela de aventuras y Pijoaparte, un nuevo D´Artagnan (Los Tres Mosqueteros, 1844) en busca de la gloria, la fortuna y el buen nombre, un Sherlock lidiando con la impostura de los señores de Baskerville o un nuevo Scaramouche (1920) buscando justicia e intentando reivindicarse.

Imagen
Pijoaparte: un ‘xiquet’ de barriada con la cabeza a pájaros.

Lo que pasa es que esa norma que el padre del ‘Pijoaparte’ enunciaba en 1976 con tanta sencillez -‘una historia ha de tener una sola tendencia general’ (a saber como sería eso en el inglés original) es más difícil de seguir que hacer un triple mortal con tirabuzón. Y es que el lucimiento -formal- y el experimentalismo (una trama del XIX encastrada en el XXI) tiran mucho, son vistosetes y concitan el aplauso. Algo irresistible incluso para alguien que, como Reverte, presume de natural y de ir a la pata la llana (y a quien uno compararía, no sé con quien, pero jamás con el lenguaje flamígero, plateresco y preciosista de un Umbral, por ejemplo).

Afirmo (lo mismo que el Papa cuando habla ex-catedra) que en este asedio, Reverte no necesitaba mostrarse tan (encorsetadamente) fiel a los modelos de su infancia.

¿Por qué complicarse la vida (y volvernos locos a los lectores) con esa conjunción -tan enrevesada como, por otra parte, tan deliciosamente decimonónica- de las bombas, los asesinatos y, sobre todo, los vórtices? (conjunción que obliga a Rogelio Tizón a un inverosímil encuentro con Desfosseux, tan inverosímil que este cura a punto estuvo de abandonar ahí la lectura). No digo que semejante encuentro no sea posible. Digo que no me lo creo, que es otra cosa. En su día ya dejé con un palmo de narices a Ken Follet cuando vi en sus constructores de catedrales una emotividad de oficinistas de finales del siglo XX. Y a Howard Fast, cuando Espartaco al frente de sus esclavos fugados se me antojó un jefe de ‘boys scouts’: la novela histórica es género jodido.

Luego están las enrevesadas (sorry) explicaciones que rompen el ritmo, es decir, el gran argumento emocional de la narración -Lobo Vs Palma en el contexto del fin de un mundo- cuya intensidad pierde fuelle y hasta se desmorona por un tonto problema mecánico que, encima, NADA tiene que ver con ellos: un despreciable asunto de fontanería, vamos.

Arturo Pérez-Reverte sabe de sobra que el argumento, la trama, contar la historia, etc, ya es sólo una excusa para contar otras cosas. Sí, enredarse en las explicaciones mecánicas carece de interés.

Otros Maestros del relato puro y duro, como el ya citado cineasta Alfred Hitchcock y el escritor Georges Simenon, con millones de seguidores en todo el planeta, dominaron con maestría el truco de dar ‘gato por liebre’ a un público entregado que aceptaba de buen grado el ‘engaño’ mecánico a cambio de una emoción desnuda -pura poesía- y que desde hacía unos años ya no residía en la intriga, como la literatura de Conrad (y, mucho antes, ‘Moby Dick’) habían dejado sentado. Es admirable y sorprendente, a este respecto, la valentía de Melville para, en fecha tan temprana como 1851, no dar la más mínima explicación ‘científica’ sobre la misteriosa ballena blanca. Olvidándose de la verosimilitud (o dándola por supuesto), Melville se centró en la pura ‘animalidad’ de la persecución, con ese inquietante ‘Pequod’ resumen de los miedos, afanes, pasiones, incertidumbres y soledades que hacen a cualquier sociedad humana (y mira que se habla de ballenas en el libro y, sin duda, en exceso: ‘Moby Dick’ sería, como El Quijote, una ‘mala novela’, mal construida y poco hilvanada que, al revés que el Quijote, constituyó un perfecto fracaso comercial en su momento).

Hitchcock habló abiertamente con François Truffaut de los numerosos problemas y peligros que encierra la ‘mecánica argumental’ para el contador de historias. En el libro de entrevistas ‘El Cine según Hitchcock’, se quejó (y amargamente, además) de la necesidad de tener que dar explicaciones, así como de lo latosos que son los listos que las quieren prolijas, un verdadero engorro porque la prolijidad mata la emoción. A este respecto citaré el caso -ya clásico- de la película de Hitchcock ‘Con la muerte en los talones’ (‘North by Northwest, 1959), que ha dado al cine y al siglo XX uno de sus grandes iconos, el de Cary Grant corriendo perseguido por un avión, y en la que a la media hora de empezar (y dura sus buenas dos horas) no sabes quien ni porqué persigue al protagonista ni porqué James Mason es tan malo ni qué rayos quiere y, sobre todo, tres narices que te importa, que ya es chocante. No en vano Hitchcock inventó eso del ‘mcguffin’ (que tan útil ha sido a escritores vagos y perezosos, cuando no directamente malos: para prescindir de las explicaciones, la emoción ha de ser genuina. Y explicaciones da cualquiera, pero las emociones sólo las despiertan los artistas).

Imagen
. Pero ¿quién persigue a Cary Grant y por qué?

Hay otra película policíaca que fué un éxito comercial absoluto y que hoy es célebre por muchas cosas, entre otras por lo confuso e incomprensible (y demente) de su argumento. Se titula ‘El sueño eterno’ (The Big Sleep, 1946) que dirigió Howard Hawks, maestro de la aventura perteneciente a la generación de Ford, Buñuel, Walsh, Chaplin o Renoir (o sea, a la de los inventores). En esta película lo único que se entiende es que Bogart es fantástico y la Bacall está para mojar pan, y eso que el guionista fue nada menos que Faulkner, otro novelista que en su momento fue un desastre comercial y que se buscó las habichuelas, ya ves, recreando a Chandler en unos diálogos que el tiempo ha hecho proverbiales.

A lo largo de más de cuarenta años (entre 1930 y 1972, es decir, con la Segunda Guerra Mundial por medio) el escritor belga Georges Simenon creó y publicó la celebérrima serie de novelas y cuentos cortos del comisario Maigret (de la que soy fan acérrimo desde pequeñito, es decir, desde antes de que estuviera completa). Mas de cien títulos en los que las explicaciones (que se dejan inevitablemente para el final) son siempre confusas sin que tampoco importe demasiado: son lo de menos. En Maigret -como saben todos los (buenos) aficionados al ‘polard’ o ‘noir’- averiguar quien pueda ser el criminal no es la clave. Lo que importa es lo que pasa mientras se averigua: la cualidad de los personajes y el ambiente que los envuelve. En la serie Maigret se trata de un París inexistente y mágico, unas veces invernal, húmedo, desapacible y frío, y otras cálido, luminoso y acogedor, lleno de bulevares alegres y animados en los que se ocultan pasiones inconfesables y el dolor vive agazapado. Y es que las novelas son un viaje y, como en los viajes, lo que cuenta no es llegar, sino ir. ‘Y mientras vamos’, dijo uno, ‘vivimos’.

Imagen
En las novelas del comisario Maigret, lo importante no es llegar sino ir.

Supongo que eso, y no otra cosa, es la Literatura -viajar- y no el cotilleo de saber si el asesino es éste o aquél. Eso, en los informes periciales de las compañías de seguros. ¿A quién le importa el asesino cuando lo que cuenta es lo que ve en su desplazamiento la mirada bovina de Maigret? ¿A quién le importa el qué de ‘Las Meninas’, de ‘El sueño eterno’ o de ‘El lago de los cisnes’? Y, sobre todo ¿a quién le importan los dichosos vórtices, esos cruces espacio temporales en los q puede adivinarse lo q sucederá allí, cuando lo que está en juego es la lograda ambigüedad de si Lolita y Pepe se aman? Me temo que la fantaciencia decimonónica, con una capacidad de sugestión y una potencia narrativa superadas técnicamente y, lo siento, pasada de moda para el lector de hoy, funciona mal como elemento de intriga para lectores como nosotros que han perdido la inocencia. ¿Qué nos van a decir los vórtices a nosotros que tenemos la ISS sobre la cabeza, un móvil en el bolsillo y la certeza de que se puede matar a un gamberro internacional oculto en las montañas Altai con sólo apretar un botón en Washington o en Moscú? Eso sí que es un vórtice y lo demás, milonga. Encima, la épica fría de esa suerte de fantaciencia primitiva, con sus decimonónicos personajes folletinescos de una pieza, monolíticos, inamovibles y sin trastienda, ajusta mal con la agitada vida interior que muestran los personajes en el siglo XX. La fantasía científica, de hecho, nos distrae: colocada ante la compleja tragedia íntima de Pepe y la Palma, tan cercana a nuestra formación sentimental, la alambicada y frígida ingeniosidad de los vórtices tapa el no futuro de los vencidos (o sea, nuestro presente, que es lo que de verdad queremos ver): el no futuro del desmantelado e idealista Fumagal, el inútil destino del entregado celo profesional del artillero Desfosseux, la nada de los dos ‘amantes’ mismos -Lolita Palma y Pepe Lobo- condenados a no encontrarse, a no expresar siquiera su amor, así como la agonía de la firma Palma e Hijos al deteriorarse su medio ambiente. ¿A quién le importa, en fin, la ciencia del siglo XIX cuando tiene delante la pincelada magnífica exhibida por Reverte en esa gigantesca pintura que es Cádiz entero y, por delegación, toda España? ¿Donde va esa España que pudo ser y no fue? ¡Qué es de ella, Reverte, por Dios, no nos dejes así!


cont

Avatar de Usuario
bowman
Mensajes: 5203
Registrado: Lun Ago 07, 2006 11:00 pm
Contactar:

Mensaje por bowman » Lun Abr 26, 2010 10:40 pm

El asedio de Míster Fabuloso, Arturo Pérez-Reverte, a la literatura de géneros (o ¡viva la metaliteratura, coponarro! porque la realidad soy yo y a ti te encontré en la calle, cerdo) o sea, que todo se reduce a un largo viaje en la amena compañía del correo del Zar, Miguel Strogoff, hasta el corazón anonadado de Tuan Jim, yeeepa yaaa.


Capítulo Seis. (y último)
En el interior del vórtice

De todos modos voi a decir que ‘El asedio’ es tan grande que los posibles, digamos ‘desajustes’ formales expuestos hasta aquí no le restan un gramo de impactante grandeza. Un bache al final no anula setecientos kms de autopista. He disfrutado como un loco con ‘El asedio’ y lo que me altera es, precisamente, que ese inoportuno y minúsculo guisante venga de pronto, en medio de tanta perfección, a incrustarse inclemente en mis sacrosantos riñones lectores. Porque, de verdad, ‘El asedio’ te implica y, como en ‘Las Meninas’, te rapta y logra que pases a formar parte del cuadro, milagro del arte y de quien sabe ponerlo en pie.

Para mí que bien pudo haber sido Velazquez, por cierto, el primero en entender lo anecdótico de la anécdota del arte (eso que he mencionado ya en algún momento por ahí). El sevillano se me aparece como el primer artista ‘culto’ que abandonó la precisión de los acabados para centrarse en el‘conceto’ global, en el todo, en la idea misma y en como poner adecuadamente la paletada de pintura (¿eh, Vincent?). ‘Confusa la historia, clara la pena’, en palabras del inmortal don Antonio.

‘No se trata de representar, se trata de expresar’, escribió Diego Silva en el único texto suyo que se conserva, una misiva a Juan de Pareja -hoy propiedad de Tingaka Corporation- que se custodia en una cámara especial en la Universidad de Tokio-Yokohama. Velázquez, que era sabio, lo entendió, lo formuló e inventó la pintura total, la pintura tal como la entendemos, el arte actual entero y verdadero, la pintura por la pintura, la pintura liberada del trazo, de ese trazo que se recrea con primor almibarado en el virtuosismo, en la reproducción puntillosa de la figura y en la pretensión vana de atrapar fielmente la Realidad. Velázquez comprendió que era el arte el que creaba la Realidad y que para nada la reproducía porque es irreproducible (‘la’ Realidad, en realidad, no existe). De ahí, de Velázquez, no hay más que un trazo hasta Picasso (y de Baroja a Reverte, otro). Baroja fue, por cierto, un gran amante también del folletón decimonónico y, curiosamente, empleó una vida en demolerlo (sin pretenderlo, probablemente). En demoler la lógica argumental del folletín y en demoler con ella la retórica de un elaboradísimo ‘estilo rococó’, para lo cual Baroja se limitó a escribir como habla la gente normal. Y es en este sentido que a don Pío le ha salido un nietecito... apasionado del folletín (y que, por tanto, abjura del abuelete traidor de la calle Ruiz de Alarcón, justo enfrente de la RAE).

El símil con Baroja se debe a que Reverte se empeña en contar las cosas como las cuenta la gente de la calle (aquí una guerra, aquí un muerto, aquí un hijo de su santa madre). Y a que este cura sostiene que siempre que Reverte respeta escrupulosamente esa preceptiva -que no es otra que la suya propia de él- toca el cielo. Y también la de que es eso, precisamente, lo que le estarían pidiendo con sabia intuición y, tal vez, sin ser conscientes de ello, esos ‘fans’ que ‘exigen’ a voces ‘más alatristes, coño’, rogando ruidosamente al autor que se deje de ‘tonterías’, (literal: ya hay que ser osado) como ha comentado el propio autor, jocosamente, alguna vez.

Yo no sé si Reverte es, o no, el detonante del actual ‘boom’ editorial español de novela histórica (desde luego, lo parece, vaya) pero meterlo en el mismo saco que otros autores del género (que no he leído más allá de las solapas) es, probablemente, injusto. La obra de AP-R no vende tramas (por más que sus lectores lo crean y la honestidad profesional del autor -así como su fidelidad al folletín- le lleven a enredarse en ellas) sino una idea hermosa y sugestiva que es la clave de toda la narrativa de su creador y, por lo que parece, también del propio ser e, incluso, de la misma entraña humana de aquel aprendiz de Tintín, hoy envejecido y maltratado por el tiempo y los acontecimientos. Me refiero a la idea de que nadie está solo ni ha nacido de la nada por generación espontánea. A nuestro lado, aunque no los veamos, están desde siempre las sombras de los que nos preceden, así como el espanto, la soledad y el tiempo empujándonos a nosotros mismos a convertirnos en nada y a unirnos al viejo ‘ejército de las sombras’. Los tres, queramos o no (los cuatro, más exactamente) nos han hecho y nos siguen haciendo tal y como somos y no de otra forma. Como personas, como seres humanos y también como españoles. Si Tintín no fuera un personaje y hubiera envejecido, si no fuera monolítico y las cosas le hubieran hecho callo, si por encima de él hubiera pasado el tiempo, Tintín sería hoy Reverte.

Al final de ‘El asedio’ me queda la sensación -el sabor de boca- de que Reverte se pierde entre su deseo de escribir, por un lado, una novela‘moderna’ y hasta ‘conradiana’ (Lobo y la señorita Palma) desentrañando la vida interior de unos personajes a los que hacen callo las cosas (no como al berroqueño Miguel Strogoff o al lírico Tintín, personaje que hoy, con la perspectiva del tiempo, reconocemos elaborado con un resumen de sueños que haría las delicias de Freud) y por otro, su amor invencible al folletín decimonónico (Tizón, los crímenes, el asesino y, por fin, los vórtices, cuyas referencias conscientes o inconscientes -tanto me da- abarcan desde el ‘Hector Servadac’ de Verne a ‘El Mundo Perdido’ del doctor A. Conan Doyle, autor que no sólo escribió Sherlock Holmes). Es decir, que Reverte ‘naufragaría’ al final (glorioso y espectacular naufragio, por otra parte, que el propio James Cameron envidiara) en el limbo que se abre entre dos mundos incompatibles -formalmente incompatibles- como quien se mueve al sur de Hornos, entre el Atlántico y el Pacífico, y acaba engullido por la fuerza combinada de ambos oceános. Para colmo, un exceso de investigación en la mecánica de las telenovelas ‘cutres’ le machacaría ocasionalmente el estilo, como a otros el exceso de profundización en el mundo de los espirituosos nos machaca el hígado. Total, que los amores de Pepe y Lola terminan saliendo del mundo hondo, torero y ambiguo moralmente de Conrad (‘Azar’, ‘Nostromo’, ‘Freya la de las siete islas’ o ‘Salvamento’) para terminar por meter ocasionalmente una pata en el melodrama lacrimógeno (veánse las páginas 657 y 658 de la 1º edición o tirada de ‘El asedio’). Y tampoco el melodrama lacrimógeno convive mejor que la ‘aventura interior’ con la fantaciencia decimonónica de los condenados vórtices.

Vista la cantidad de referentes literarios, uno se dice que Reverte, en resumen, no necesita transitar por veredas ya trazadas ni mostrarse tan (encorsetadamente) fiel a los modelos de su infancia. Tiene sabiduría, referencias, madurez, ‘mano’ y talento de sobra para romper esos modelos, salir de la vereda y trazar los suyos: el Territorio Reverte.

Cuando Reverte olvida los carriles, los géneros y los 'codigos populares’, cuando se arriesga, sale del blocao y se la juega a pecho descubierto limitándose a ser él (como en ‘Territorio Comanche’ o en ‘La sombra del Águila’) brilla, entusiasma, ilumina y emociona. No puedo menos que evocar a Alicia Alonso, la genial bailarina cubana, revolucionaria y comunista (que ¡en los años cincuenta! tuvo las santas narices de meter a una guajira negra como el cordobán a hacer el Cisne Blanco) y que conminaba a sus chicas, cuando se sabían ya los pasos de memoria y eran capaces de bailar dormidas, a olvidarse de ellos. ‘¡Limitaos a sentir la música! ¡Bailad!’. O como le decían los samuráis al aprendiz Tom Cruise.‘¡No pienses!’ Un consejo, por cierto, que sólo puede seguir un virtuoso, alguien que, como Reverte, escribe dormido y que una vez dentro del carril es capaz de abandonarse ‘en alas de la suerte’ (el capitán Santiago de Andía dixit) y crear Alatriste, gran libro aún inacabado, obra de una vida y en el que, en fin, lo de ‘capa y espada’ se dice por decir algo.

Alatriste es otra cosa: genuino ‘Territorio Reverte’. Y que conste -para que no haya lugar a equívocos- que el ‘Territorio Reverte’ no es un sitio en el que viva una determinada clase de personajes y suceda un cierto tipo de cosas (que también). El ‘Territorio Reverte’ es, sobre todo, una determinada manera de contar, sobria, clara, reporteril y directa, deudora (mucho) de Dumas (yo, más que los tres mosqueteros, veo Montecristo) y, desde luego, de Conrad (las novelas, ya citadas). No mencionaré (o sí, qué carambas) el consabido rosario de grandes narradores románticos o, simplemente decimonónicos, desde Henri Beyle, el ‘Chico de Grenoble’, al Tusitala de los Mares del Sur pasando por los rusos caudalosos e incontenibles y, como no, nuestros Galdós, Clarín el ‘Regento’ y, para terminar, el arrojado Gustavo Adolfo.

Dicho esto (si no lo digo, reviento, y además no sería justo callarlo) en 'El asedio' abundan los momentos de verdad incuestionable, esos en los que emerge el mejor y más auténtico Reverte y que se multiplican como las flores por los parterres. Y es lógico. Estamos en primavera, llueve sobre Madrid y más ha llovido desde que Miguel Strogoff viajó hasta Irkush (sin que las cosas le hicieran callo en el alma ni en el cuerpo) y desde que Dumas se alojara en la Carrera de San Jerónimo (donde ‘Lahrdy’ sigue desafiando el tiempo, que eso si que es memoria). Y es que tiene algo ese ‘Lahrdy’, por cierto, algo de vórtice espacio temporal...

‘Efectivamente’, me digo, ‘efectivamente’. Y me abismo evocando a mi amigo Jorge, fallecido trágicamente hace unos años, y que mantenía una fidelidad absurda al ‘caldito’ del viejo y mítico establecimiento. Jorge no perdía ocasión de meterse un ‘caldito de Lahrdy’ entre pecho y espalda, fuese invierno, fuese verano, hiciese bueno, hiciese malo, asegurando que es muy sano. Semejante tontería la justificaba con la especie de que no se trata realmente de caldo, sino de una poción mágica. ‘¿Cómo que una poción mágica?’ Él, sereno, hondas maneras, buenas corbatas de seda magníficamente elegidas, estilo inglés un tanto desmañado pero genuino, levantaba la mirada beatífica y recorría con los ojos el perímetro del establecimiento subrayando la presencia en las vitrinas de las míticas vajillas en las que comieron Montpensier y los (desconocidos) asesinos del general Prim en la cercana calle del Turco, Carrera abajo, hoy Marqués de Cubas. ‘A mí me hace inmortal venir aquí’.

‘¡Inmortal! Ésa es la palabra’, exclamo. ‘¡Inmortal y clarividente Jorge!’ repito contemplando la fachada del venerable establecimiento, templo laico y monumento vivo en cuyo comedor comienza, por cierto, el reverterísimo ‘Maestro de Esgrima’. Y ante la certeza de estar cayendo sin remedio por un vórtice espacio-temporal que sólo conduce a las filas del ‘ejército de las sombras’, exhibo un inútil ramalazo de rebeldía romántica y gallarda, la del valiente -modestia aparte- del cuadro ‘El triunfo de la Muerte’, de Brueghel, sólo que sin espada. ‘¡Gracias, Reverte’, grito como un loco poseso. ‘Gracias -pejigueritas al margen- por hacerme tú también inmortal!’. La gente me mira alucinando. ‘¡Qué vergüenza! Borracho ya a estas horas....’ Y dos municipales me conminan. ‘Modérese, caballero, y circule, haga el favor’. Yo me callo y circulo, que remedio, incapaz de hacerles ver q acabo de llegar del asedio de Cádiz, en 1812, a través de un vórtice. Soy inmortal.

FIN

Avatar de Usuario
viveDios
Mensajes: 455
Registrado: Lun Ene 29, 2007 12:00 am
Ubicación: León

Mensaje por viveDios » Mar Abr 27, 2010 8:58 pm

Enhorabuena Bowman.
Esto es una crítica literaria exhaustiva y detallada en toda regla, a la altura de la novela. Magnífica.
Otra cosa es que se esté o no de acuerdo con ella. Pero eso le pasará a todos los críticos, supongo.

Solamente una cosa, una humilde recomendación. Lee el discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua de D. José Manuel Sánchez Ron (a quien está dedicada la novela).
Magistral y deliciosamente accesible a curiosos principiantes. La novela cobra mucho más sentido y con ella los dichosos vórtices ( que a mí personalmente me fascinan y me tienen ensimismada desde hace un mes), a lo mejor resultan un poco más comprensibles.

http://www.rae.es/rae/gestores/gespub00 ... enDocument
"La magia de la vida son los encuentros"
Alberto García-Alix

Responder