'Los barcos se pierden en tierra' (2011)

Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

Moderadores: Targul, Mithrand, Moderadores

Reglas del Foro
Avatar de Usuario
Ada
Mensajes: 5717
Registrado: Jue Ago 16, 2007 11:00 pm
Ubicación: Madrid
Contactar:

Mensaje por Ada » Lun Abr 30, 2012 10:13 am

Se inaugura El cementerio Marino” de Alfredo Bikondoa

Museo Marítimo Ría de Bilbao

En la singladura de la exposición que relaciona a Paul Valéry con Alfredo Bikondoa, Bilbao es la segunda escala. La primera se desarrolló en junio de 2009 en el Aquarium de Donostia- San Sebastián, en el marco de la conmemoración de su centenario y con motivo de la inauguración de los edificios que amplían el tamaño físico del segundo Aquarium más antiguo de Europa, acto presidido por SS. MM. Los Reyes de España y S.A.R la Princesa Carolina de Hannover, en representación de su hermano S.A.S el Príncipe Alberto II de Mónaco.

El Museo Marítimo de la Ría de Bilbao acoge y protagoniza esta nueva escala, con una propuesta ampliada y mejorada, de un proyecto que continuará su curso recalando en diferentes ciudades e importantes puertos de la costa atlántica francesa, como son Biarritz, Burdeos y Nantes.

Asimismo y para conmemorar la centenaria y estrecha relación que une al Aquarium donostiarra con el Instituto Oceanográfico de Mónaco, que culminará en un próximo hermanamiento de ambas fundaciones marinas, esta exposición se mostrará en un acto de carácter oficial e institucional en el propio Instituto Oceanográfico de Mónaco.

Las obras que Alfredo Bikondoa ha creado para la ocasión, multidisciplinarias en formas, técnicas y materiales, traducen plásticamente la poética esencial que él ha sabido “ver” más allá de los versos y las metáforas de la obra literaria que las ha inspirado. Sus creaciones nos remiten como espectadores, a una realidad profunda y esencial que nos devuelve una mirada nueva sobre nosotros mismos, haciendo que nos “re-conozcamos” en la percepción de sensaciones, emociones y sentimientos. Es la obra de un artista insólito que, sorprendente en su variedad de lenguajes, ha encontrado su propia y originalísima voz para dirigirse a la sensibilidad contemporánea.

En el acto inaugural se presentó el libro El cementerio marino, que recoge, junto a las imágenes de la interpretación plástica de Bikondoa, el célebre poema en cuatro idiomas: francés (Paul Valéry), euskera (versión de Miguel Ángel Unanua), castellano (versión de Joaquín Hinojosa) e inglés (versión de C. Day Lewis).


Datos de interés:
Alfredo Bikondoa
El cementerio marino. Homenaje a Paul ValeryMuseo Marítimo Ría de Bilbao (Muelle Ramón de la Sota, 1 – 48013 Bilbao – Bizkaia)
Fechas: Se puede visitar desde el 3 de abril al 10 de Junio de 2012
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

Avatar de Usuario
Violette
Mensajes: 212
Registrado: Mié Abr 27, 2011 11:00 pm
Ubicación: Aquí, allí... depende del día y de la hora...

Mensaje por Violette » Dom May 06, 2012 7:07 am

Muchísimas gracias ADa por la información. Paul Valéry me gusta mucho. Ya tengo entonces dos motivos para intentar visitar en las próximas semanas el Pais Vasco.
¿Para qué sirve un libro sin imágenes ni diálogos?

Avatar de Usuario
nexus6
Mensajes: 6532
Registrado: Mar Sep 30, 2008 11:00 pm

Mensaje por nexus6 » Lun Jul 02, 2012 8:29 pm

Página 12 1 de julio de 2012

De mares revueltos
Arturo Pérez Reverte ha escrito numerosos artículos dedicados al mar, la navegación y la literatura de aguas abiertas. Remontando una tradición que llega al Pérez Galdós de Trafalgar, Los barcos se pierden en tierra ofrece una entretenida variedad de aventuras saladas.

Juan Bautista Duizeide

Cada vez que se alude al subgénero conocido como “narrativa del mar”, suelen acudir los mismos nombres a la memoria: Melville, Stevenson, Conrad. Para los más aficionados Hodgson, Clark Russell, Marryat, Forrester, Hanley. O’Brian en los últimos años. Esa preminencia anglosajona, sin ignorar los méritos de Moby Dick, La isla del tesoro o Juventud, mucho le debe a la geopolítica. Sobre todo a la batalla de Trafalgar –donde la escuadra combinada de España y Francia sucumbió ante la flota británica al mando de Nelson–, y sus consecuencias. Sea para hacer su alabanza, como en Kipling, o para desnudar sus oscuridades, como en Conrad, detrás de la narrativa del mar escrita en inglés siempre hay un imperio. No es desdeñable el corpus de narraciones marineras en castellano, aunque jamás llegó a constituirse como género. El gran antecedente es Trafalgar, novela con la cual Benito Pérez Galdós inició sus episodios nacionales en 1873. Para la crítica perezosa, una mera novela realista, epigonal respecto de la Comedia Humana de Balzac. Pero además de ofrecer una lectura muy intensa por la forma en que se cuenta la guerra en el mar –no desde el lado de los que mandan, sino desde la carne de cañón–, y por el salero de sus personajes, resulta una novela tan protopacifista como La roja insignia del coraje de Stephen Crane. Y asume una muy moderna indagación del habla marinera.

En 2005, al cumplirse doscientos años de aquel combate en el que España perdió definitivamente los mares, Pérez Reverte publicó su propia versión: Cabo Trafalgar, plena de humor y con un homenaje a Melville al final. Si bien Pérez Reverte es más conocido por sus novelas de capa y espada –la serie del capitán Alatriste–, no era un especulador de las efemérides ni un recién venido. En 2000 había publicado La carta esférica, a la vez novela de viaje por el Mediterráneo como forma nostálgica de repaso de la infancia y de viaje hacia una madurez desencantada, novela de aventuras acuáticas plagada de referencias al jazz y al cine (particularmente La dama de Shangai de Orson Welles), novela negrísima y novela de desamor. Los textos incluidos en Los barcos se pierden en tierra –provenientes en su mayor parte de publicaciones semanales– por fuerza no pueden aspirar al largo aliento de esas novelas y en muchos casos abordan episodios de coyuntura. Sin embargo, Pérez Reverte logra eludir la obsolescencia acelerada que amenaza a la prosa periodística. Hay entrañables retratos de hombres de mar –Paco el piloto por sobre todos–, relatos breves, artículos en donde insiste con la tirria contra esa perra de los mares, Inglaterra, y la admiración por sus hombres de mar y su literatura. También celebraciones de la mejor novela de corsarios escrita hasta ahora en América –La cacería, del uruguayo Alejandro Paternain– y del capitán Haddock, compañero de aventuras de Tintin.

Algunas entregas sorprenden por su lirismo: como el relato de la primera vez que vio ballenas, por el cabo de Hornos. Pero la mayoría de los textos navega bajo el pabellón de la crítica: de costumbres, social, política. Acierta el prologuista cuando caracteriza a Pérez Reverte como un Larra del mar. El fracaso náutico de España –no debido a falta de pericia ni de valentía de sus capitanes y tripulaciones, sino a su dirección política– es parte y a la vez metáfora de un fracaso más vasto y profundo: el del país nuevo rico y vuelto a arruinar. Son destacables la incorrección política –no mero capricho sino instrumento para pensar sin anteojeras–, el humor españolísimo y el manejo del lenguaje: ¿alguien puede insultar en castellano mejor que Pérez Reverte? Esta última virtud no debería sorprender en alguien cuyo discurso de ingreso a la academia trató acerca de la germanía, ese lunfardo del Siglo de Oro.

Pérez Reverte no critica desde la facilidad del apoliticismo. Como corresponsal de guerra durante veintiún años vio correr mucha agua y mucha sangre bajo tantísimos puentes. Su escepticismo no es lucubración de escritorio, sino cicatriz de combate. Y ejerce las armas de la crítica sin olvidar el peso de las armas en los asuntos del mundo. Quizá ganen los otros: balleneros japoneses, falsos ecologistas empresarios, depredadores de mares y tierras, parásitos que son tapa de la revista Hola, conservadores de siempre y progresistas de verbena. Pero él prefiere seguir dando combate, escribir contra la corriente. Por el placer de la lengua. Y acaso –como afirmaba un poeta ciego del Hemisferio Sur que le dedicó un soneto a un pirata ciego de Stevenson– porque el coraje es mejor.
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir

Adeletheresa61
Mensajes: 1492
Registrado: Mar May 03, 2011 11:00 pm
Ubicación: Madrid

Mensaje por Adeletheresa61 » Mar Jul 03, 2012 1:05 pm

Muchas gracias Nexus.
Me alegro mucho verte por aquí otra vez! :)

Avatar de Usuario
aik
Mensajes: 2334
Registrado: Dom Feb 18, 2007 12:00 am
Ubicación: En la Hansa

Mensaje por aik » Mié Jul 04, 2012 8:19 pm

Presentación en Power Point sobre el galeón Andalucía.
Incluye fotos de la fase de construcción y mapa de la singladura así como planos y "much more".

https://dl.dropbox.com/u/80904176/Gale% ... C3%ADa.pps
"Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)

Avatar de Usuario
Ada
Mensajes: 5717
Registrado: Jue Ago 16, 2007 11:00 pm
Ubicación: Madrid
Contactar:

Mensaje por Ada » Mié Jul 04, 2012 10:13 pm

Gracias Aik :wink:
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14640
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Sab Ago 18, 2012 11:28 am

Crónicas de Arturo Pérez-Reverte
Agustín Paullier - elpais.com.uy (Uruguay) - 18/08/2012

Desde 1991 hasta la fecha, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, España, 1951) escribe todos los domingos una página de opinión en 'XLSemanal' -un suplemento que se distribuye en 25 diarios españoles- que se calcula cuenta con nada menos que 4,5 millones de lectores. El autor le ha sacado todo el jugo posible: 'Los barcos se pierden en tierra' (Alfaguara, 2011) es su quinto libro recopilatorio.

A lo largo de sus años, Pérez-Reverte ha tenido alguna que otra experiencia y varias historias que contar. Trabajó en prensa escrita, radio y televisión, como reportero de conflictos bélicos para la Televisión Española (TVE). Cubrió la guerra de las Malvinas, la del Golfo, conflictos en El Salvador y Nicaragua, Bosnia, Sudán y el Líbano, entre otros. Salió al mar con el Servicio de Vigilancia Aduanera, a bordo de barcos y helicópteros, capturando a inmigrantes y contrabandistas, y también fue capturado con ellos. Nació a orillas del engañoso Mar Mediterráneo, es capitán de marina y navega con asiduidad. "Uno navega para matar los diablos, igual que otros juegan al ajedrez o se van de putas", confiesa.

En sus más de veinte novelas editadas se filtran todo tipo de guerras, conflictos de poder, historias de mar, acción e intriga. En ellas es posible ver las vivencias del escritor, en sus temas y sus personajes. En 1996 comenzó la serie 'Las aventuras del capitán Alatriste' (con siete títulos hasta la fecha), ambientada en el Madrid del siglo XVII -época predilecta del autor, donde conviven personajes históricos como Velázquez y Quevedo- narra con maestría las peripecias de un espadachín a sueldo en una España en decadencia. El éxito de la serie no se ha limitado al gran número de ventas -que alcanzan los cuatro millones de ejemplares-, sino que se ha visto replicado en una película protagonizada por Viggo Mortensen.

'La carta esférica' (2000) y 'Territorio Comanche' (1994) también han tenido versiones cinematográficas, entre otras adaptaciones de sus novelas al cine y televisión, cómics y hasta juegos de mesa. El 12 de junio de 2003 ingresó a la Real Academia Española, y su discurso se tituló: 'El habla de un bravo del siglo XVII'.

Entre los siglos XVII y XVIII vivieron dos personajes que son la excepción a la regla en lo que respecta a historias de piratas. Un francés y un italiano se ganaron "su epíteto de piratas buenos, cuando se supone que un pirata es un perfecto hijo de puta que saquea, y viola, y mata, y cosas así". El fraile Caraccioli (Pérez-Reverte lo nombra Caracciolo; Daniel Defoe, en cambio, que tenía referencias de primera mano y no aparece como fuente del español, Caraccioli), dominico y napolitano, se vio cautivado, como tantos otros de su época, por la lectura de la 'Utopía' de Tomás Moro y por la trinidad de ideales republicanos -Liberté, Égalité, Fraternité. Una noche coincidió en una taberna en Nápoles con el capitán Misson, oficial de la marina francesa, "joven, bastante cultivado, que como muchos marinos de la época andaba provisto de cultura filosófica, lógica, retórica y otras disciplinas humanitarias que ahora a nadie le importan una mierda". Un tiempo después, ambos ya se encontraban a bordo del 'Victoire', barco dedicado al filibusterismo de una forma bastante peculiar. En vez de adoptar la típica bandera pirata (Jelly Roger), negra con su calavera y dos tibias blancas, izaron una seda blanca con la inscripción: "Por Dios y la Libertad". Mientras surcaban océanos y mares, "escribieron un código de conducta para sus hombres que habría causado depresión traumática a cualquier rudo bucanero de Jamaica o Tortuga, pues se establecía el trato humanitario a los prisioneros, la prohibición de emborracharse o de blasfemar y el respeto a las mujeres." No obstante, eso no les impedía hacerse de todo el oro que se encontrara en barcos ingleses, portugueses o árabes.

Durante años prosiguieron con su honrada tarea de acechar las aguas del mundo, hasta que decidieron establecerse en tierra firme. Un anhelo bastante común en algunos hombres de mar, a pesar de la mistificación que afirma lo contrario, según asevera Daniel Defoe en su magnífica 'Historias de piratas' (compilado de 'A General History of the Pirates'). Fue así que, encontrándose en el Océano Índico, primero echaron ancla en las islas Comores y luego se establecieron definitivamente en el norte de Madagascar, fundando Libertalia o Libertatia, según Pérez-Reverte "una de las primeras repúblicas comunistas de la Historia, con estatutos que abolían la propiedad privada y obligaban a sus ciudadanos al trabajo y la defensa común". La colonia de piratas, devenida en "República", duró veinte años y vio pasar por sus costas a todo aquél que asomara su proa por el Índico. Entre ellos se encontraba el capitán inglés Thomas Thew, quien se unió a Caraccioli y Misson al frente de Libertalia. Pero luego, lo que siempre pasa: la utopía se cansó, los piratas se hicieron viejos, tuvieron sus diferencias y los indígenas malgaches se hartaron de las aventuras de los europeos y atacaron la república de Libertalia. Caraccioli murió ahí, mientras que Misson y Thew lograron huir. Para entonces sus enemigos ya eran demasiados y, "destrozada la utopía, se hicieron sanguinarios". Más tarde a Misson se lo tragó una tormenta y Thew murió de un tiro en el estómago durante un enfrentamiento en el Mar Rojo.

El tono al que Pérez-Reverte recurre es provocador. Desde el lenguaje en extremo coloquial -que recurre a una jerga españolísima y a los insultos soeces sin ningún tipo de reparos- hasta algunos temas de actualidad en los que deja en ridículo a todo aquél que no esté de su lado. En una entrevista, el autor declaró: "El de cada domingo es un personaje casi literario que busca la eficacia por métodos contundentes. Un fulano subjetivo y camorrista, a veces malhablado y brutal, creado a propósito para esta página. Pero en mis novelas y en la vida real no soy así."

Sólo con leer los títulos de los previos libros recopilatorios de su página dominical se puede percibir el tono pendenciero y rebelde: 'Con ánimo de ofender' (2001) y 'No me cogeréis vivo' (2005), complementados por 'Cuando éramos honrados mercenarios' (2009) y 'Patente de corso' (1998), ambos recurriendo a terminología asociada al "comercio" marítimo que linda con lo ilegal y con esa representación de la libertad a costa de todo, plasmada en la figura del marino, del aventurero.

Una de las víctimas de sus dardos dominicales fue nada menos que el ahora ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, a quien tildó de "imbécil". Esta actitud le ha generado sus detractores y se le ha acusado de ser impropio de un académico hablar así de un presidente. Sin demasiados tapujos, Pérez-Reverte contesta: "Bueno. Pues si soy académico y le llamé imbécil, será que sí es propio." De la misma manera arremete contra funcionarios del gobierno, directores de museos, historiadores, los ingleses en general -a quienes tiene un odio profundo-, cualquier propietario de barco que no considere un verdadero marino y todo turista que pise las costas españolas. Uno de sus temas recurrentes es la crítica al carácter español y al olvido de su historia, en especial marítima, invocando las palabras del 'Cantar del Mío Cid' para ilustrar su desencanto: "El nuestro es el país de los buenos vasallos siempre fieles, siempre traicionados, que nunca encuentran buen señor".

El sutil sarcasmo de los primeros años se convierte en un enfrentamiento directo y agresivo en la última década. "[La] antigua ironía cede paso a un desencanto más feroz. Ya que van a ganar los malos, me digo, que por lo menos en la pequeña parte que me toca les sangre la nariz (…). Entre otras cosas, porque en España nadie se da por aludido si no le pateas directamente la entrepierna." La insistente queja llega a ser agotadora hasta perder su eficacia; en la mitad del libro se tiene la sensación de que ya se ha dicho todo, de que no eran necesarios tantos domingos. Incluso el propio Pérez-Reverte dice en su página que cada tanto alguno de sus millones de lectores le pide que vuelva a la viejas historias de mar y al ensueño que ellas provocan en los lectores, y deje de lado las preocupaciones banales de los que viven en tierra. De hecho, el autor llega a perderse en tierra. Lo recuperamos lejos de la costa.

"Del mismo modo que el mundo se divide en stendhalianos y flaubertianos, también se divide en tintinófilos y asterixófilos. (…) Al abrir un Tintín, puedo sentir ese aroma que ya siempre, a partir de entonces, asocié con la aventura y la vida." Y como el personaje de Hergé, al que Pérez-Reverte tiene devoción desde su infancia, la literatura ofrece variados personajes y héroes con los que el lector viaja y aprende.

Hay aventureros de todo tipo, explica el autor, y disfruta clasificándolos. Hay héroes involuntarios -como Robinson Crusoe, Lemuel Gulliver o John Clayton III, más conocido como Tarzán-, personas comunes y corrientes que se ven en una situación excepcional, con las que el lector se identifica rápidamente. Sin embargo, el escritor manifiesta predilección por los aventureros profesionales, los de pura cepa, "que van llegando a la novela a partir de la literatura romántica con su bagaje de libertad, fuga, revolución e individualismo, con la aventura como vocación, como refugio, como solución e incluso como medio de trabajo." Algunos de los que cumplen con estas condiciones son el capitán Tom Lingard de Conrad, quien fuera apodado por los malayos como "Raja Laut" (Rey del Mar), John BlackBourne, o el gran Jack Aubrey, marino de la Corona Británica, en la admirada 'Capitán de Mar y Guerra', de Patrick O´ Brian. "Ningún otro género literario ofrece, como éste, tan escogido manojo de amigos leales, resueltos a seguirte hasta las mismas fauces del infierno: Yáñez, Porthos, (…) los Irregulares de Baker Street, los mohicanos Chingachguk y Uncas, los nobles caballeros de Camelot" y, los más queridos, dos arponeros: Ned Land de Julio Verne y Queequeg de Herman Melville. Pero el héroe por excelencia, el "bisabuelo de todos", es Ulises de Ítaca, "héroe voluntario en la guerra de Troya [que] se convierte en héroe involuntario en el azaroso viaje de regreso a su isla natal". El que navegó por el mismo mar Mediterráneo que Pérez-Reverte cuenta en sus peripecias y percepciones de las aguas vinosas.

"Y en todas esas novelas vinculadas al mar -dice Pérez-Reverte-, caballeros, más aún que en ninguna otra, se cumple inexorable el gran ritual de la literatura, de la aventura y de la vida: el viaje peligroso mediante el que, quien se atreve a emprenderlo, progresa en el conocimiento de sí mismo y del mundo en el que vive."

En más de una ocasión a lo largo del libro, el uruguayo Alejandro Paternain (1933-2004) y su libro 'La cacería' son elogiados por Pérez-Reverte. Cuando fallece, le dedica su página (reproducida en 'El País Cultural' Nº 771), pero antes, en 1999, le rendía este homenaje. "Una advertencia: no suelo utilizar los domingos para recomendar libros más que de uvas a peras, y cuando lo hago especifíco que le estoy rindiendo a un amiguete y que me ciega la pasión, de modo que mi juicio puede ser cualquier cosa menos objetivo. Esta vez, sin embargo, voy a hablarles de una novela escrita por alguien a quien apenas conozco, y cuya publicación en España constituye para mí una excelente noticia y un acto de justicia. El título es 'La cacería'. Y su autor, un uruguayo de sesenta y seis años llamado Alejandro Paternain.

Llegó a mí por casualidad en 1996. Yo estaba en Montevideo, buscando el hotel desde donde el espía británico ve al 'Graf Spee' hacerse a la mar en 'La batalla del Río de la Plata', cuando el azar puso en mis manos 'La cacería'. La novela y el autor me eran desconocidos, pues Paternain nunca había sido publicado en España; pero el asunto me fascinó desde el principio: primer tercio del siglo XIX, corsarios, una persecución clásica en el mar. Aventura, historia, navegación, se daban feliz cita en aquellas páginas, que además estaban extraordinariamente escritas. Así que localicé al autor -supe entonces que era profesor de Literatura y que tenía otras tres novelas-, hablé con él por teléfono y le dije ole sus huevos, abuelo. Ya no se escriben novelas como ésa, y me habría gustado firmarla a mí. Luego compré cinco o seis ejemplares, se los regalé a los amigos, y me desentendí del asunto.

Uno de esos ejemplares cayó en buenas manos, y Amaya Elezcano, que es mi editora y mi amiga, se empeñó en publicarla. 'La cacería' acaba de salir, por tanto, y anda por las librerías con una goleta preciosa pintada al óleo en la tapa, navegando a todo trapo entre cañonazos, ante un cielo y mar azules. (…) Una novela singular, bellísima, insólita en la literatura actual en lengua española. Relata las peripecias y combates de una goleta artiguista entre 1819 y 1821, durante la campaña naval que abarca el período de las invasiones portuguesas. A bordo de embarcaciones ligeras y audaces como ésa marinos norteamericanos y de otras nacionalidades pelearon bajo el pabellón tricolor por la independencia de Uruguay, constituyendo la primera marina de guerra de ese país. (...) Digna de figurar junto a los mejores relatos navales (...), 'La cacería' es una epopeya ruda e inolvidable. Nos devuelve al tiempo en que una raza especial de hombres aún surcaban los mares en busca de gloria o de fortuna.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14640
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Mar Ago 21, 2012 10:02 am

La vida acuática con Arturo Pérez-Reverte
Sebastián Salvador - cronista.com (Argentina) - 20/08/2012

Es una inusual tarde con un calmado Mediterráneo, donde el sol acaricia benévolo la piel cuarteada del marinero somnoliento y la brisa acompaña el lento devenir de un velero. De pronto, la apacible siesta se quiebra en un trueno ensordecedor. "Es un tonto del culo en una ruidosa moto acuática", anota en el cuaderno-bitácora de su velero, el escritor, miembro de la Real Academia Española y navegante de tiempo completo, Arturo Pérez-Reverte.

La frase, escrita para un texto publicado en el año 1998, resume y configura algo del estilo y humor con que el cartaginés creador de 'Las aventuras del capitán Alatriste', se permite surcar las inmensidades del agua y también de la literatura en su último libro: 'Los barcos se pierden en tierra' (Alfagura), que aúna 'Textos y artículos sobre barcos, mares y marinos entre 1994 y 2011'. Todos publicados en una columna semanal llamada 'XL'.

Los escritos de esta obra comprenden desde recuerdos de viajes, como cuando se embarcó a una expedición en el Cabo de Hornos y vió por primera vez una ballena o buscó "fantasmas marítimos" en una visita al tradicional Sunderland Bar de Rosario. Asimismo contiene reflexiones sobre el 'Titanic', el 'Graf Spee', evocaciones de la lectura primigenia de Melville, Conrad y otros grandes autores de la narrativa marítima.

También agrupa sus aventuras y desventuras al navegar un domingo frente a la costa de su Cartagena natal, donde puede estar 6 horas dando caza a un velero de unos jubilados ingleses que ni enterados o pensar cómo castigaría un fiero capitán de navío a un hato de cuarentones que, con el bramido de sus motos de agua, bandera de huesos y pañuelos en la cabeza, irrumpen su placentero curso Este.

Pero el autor de 'La reina del Sur' y 'Patente de corso' suelta además sus amarras y pone proa de aventurero para timonearnos por hazañas y epopeyas marítimas. Algunas de carácter ficcional sobre bravos capitanes, tesoros perdidos, piratas muy malos y otros que, utopía mediante, son muy buenos. Otros son textos históricos, como el que cuenta sobre el sacrificio de casi toda la flota y tripulaciones españolas en Cuba, bajo un furibundo ataque estadounidense.

En medio de estas batallas, el marino de "bluyins" -gastados por el sol y no por la fábrica que los parió, valga la aclaración- nos regala sus visiones sobre política, el amor, la familia, y claro está, su devoción por el mar. Incluso conocemos sus aversiones. La más rabiosa, que es la más aguda y graciosa, es contra los ingleses, porque según él, "escriben la historia según les conviene, esconden sus derrotas y te restregan las victorias en la cara”, y agrega: “En sus narraciones a los españoles nos describen siempre como brutos, vagos. En las películas nos hacen aparecer como mexicanos. Y después está el tema de las varias invasiones, Gibraltar, etc.

Entre menciones a Malvinas, la alianza de Thatcher y Pinochet, se agita en una respuesta a un lector y cañonea vengativo hacia el marino estrella de la vieja Albión, Horatio Nelson, que perdió un brazo en un fallido asalto a Tenerife. La saga de escandaletes de la realeza británica es para Pérez-Reverte material para mofarse bruvucón como pirata: al principe Carlos le dice "El Orejas" y escribe sobre el "Tampax de Camila".

Pero el encono del embravecido marino Pérez-Reverte puede ser dirigido a cualquiera que no comparta los códigos fluviales. O los del sentido común. Las víctimas de su pluma-sable de bucanero pueden ser los políticos ineptos, algunos miembros de la fundación Greenpeace y hasta "un vecino gilipollas que escucha Bacalao a todo lo que da el volumen". A todos los haría caminar por la borda sin más, este notable capitán de mar y tierra.

Avatar de Usuario
Victoria
Mensajes: 1305
Registrado: Jue Mar 01, 2012 12:00 am
Ubicación: Por tierras de España.

Mensaje por Victoria » Mié Ago 22, 2012 8:23 pm

nexus6 escribió:Y acaso –como afirmaba un poeta ciego del Hemisferio Sur que le dedicó un soneto a un pirata ciego de Stevenson– porque el coraje es mejor.


Ya que parece que viene a cuento, imagino que el soneto al que se refiere es el que Borges (que consideraba a Stevenson un maestro de la prosa cuyo talento se había despreciado por haberle etiquetado como un autor de historias para niños) escribe a Pew, un bucanero ciego que muere atropellado por un caballo en los primeros capítulos (creo que era el 5º) de La isla del tesoro:

Lejos del mar y de la hermosa guerra,
que así el amor lo que ha perdido alaba,
el bucanero ciego fatigaba
los terrosos caminos de Inglaterra.
Ladrado por los perros de las granjas,
pifia de los muchachos del poblado,
dormía un achacoso y agrietado
sueño en el negro polvo de las zanjas.
Sabía que en remotas playas de oro
era suyo un recóndito tesoro,
y esto aliviaba su contraria suerte.
A ti también, en otras playas de oro,
te aguarda incorruptible tu tesoro:
la vasta y vaga y necesaria muerte.

La cita del periodista, "porque el coraje es mejor", es de la Milonga de Jacinto Chiclana (también escrita por Borges)

Me acuerdo. Fue en Balvanera
En una noche lejana
Que alguien dejó caer el nombre
De un tal Jacinto Chiclana.

Algo se dijo también
De una esquina y de un cuchillo;
Los años nos dejan ver
El entrevero y el brillo.

Quién sabe por qué razón
Me anda buscando ese nombre;
Me gustaría saber
Cómo habrá sido aquel hombre.

Alto lo veo y cabal,
Con el alma comedida,
Capaz de no alzar la voz
Y de jugarse la vida.

Nadie con paso más firme
Habrá pisado la tierra;
Nadie habrá habido como él
En el amor y en la guerra.

Sobre la huerta y el patio
Las torres de Balvanera
Y aquella muerte casual
En una esquina cualquiera.

No veo los rasgos. Veo,
Bajo el farol amarillo,
El choque de hombres o sombras
Y esa víbora, el cuchillo.

Acaso en aquel momento
En que le entraba la herida,
Pensó que a un varón le cuadra
No demorar la partida.

Sólo Dios puede saber
La laya fiel de aquel hombre;
Señores, yo estoy cantando
Lo que cifre en el nombre.

Entre las cosas hay una
De la que no se arrepiente
Nadie en la tierra. Esa cosa
Es haber sido valiente.

Siempre el coraje es mejor,
La esperanza nunca es vana;
Vaya pues esta milonga
Para Jacinto Chiclana.


Dejo aquí los dos, por si a alguien le pica la curiosidad.
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

Avatar de Usuario
vetinari
Mensajes: 2226
Registrado: Mié Jul 25, 2007 11:00 pm
Ubicación: Al sur

Mensaje por vetinari » Mié Ago 22, 2012 8:44 pm

Gracias, Victoria. Preciosos ambos.

"Alto lo veo y cabal,
Con el alma comedida,
Capaz de no alzar la voz
Y de jugarse la vida. "

Alastristesco/Revertiano total, ¿que no?
"...Efialtes aparecerá finalmente,
y pasarán los persas" Cavafis
"No hay quien pueda comprar el ser marino cuando estás en el mar." APR
"Freedom is just another word for nothing left to loose" Janis Joplin

Avatar de Usuario
Ada
Mensajes: 5717
Registrado: Jue Ago 16, 2007 11:00 pm
Ubicación: Madrid
Contactar:

Mensaje por Ada » Lun Sep 03, 2012 11:31 am

Gracias Victoria. Gracias Ro!, me han encantado los dos artículos que has puesto. Se nota que leen a Reverte
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14640
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Sab Jun 10, 2017 10:01 pm

Salvar los barcos en tierra
Mirtha González - lanocheenelbolsillo.blogspot - 10/06/2017

Que soy una rendida admiradora de todo cuanto escribe Pérez-Reverte no es una sorpresa para quienes me conocen bien. Creo que el hecho de haberlo descubierto gracias a 'El club Dumas' vino a sembrar un encandilamiento literario que aún me dura. No lo superan ni 'La sombra del viento' ni 'El juego del ángel', de la saga de 'El cementerio de los libros olvidados', ni las novelas de Ken Follett porque, además de que Pérez-Reverte tiene una prosa que me atrapa, su versatilidad de temas y medios para los que ha escrito le confieren una especie de don de ubicuidad que me hace tropezar con él una y otra vez. También será que el nombre es el de mi leyenda preferida, esa que me acerca a los celtas y al mago Merlín…

Primero leí una cantidad de novelas que compramos en La Habana para la biblioteca de Gente Nueva. Luego, me hicieron un regalo que completó en buena medida mi conocimiento y disfrute de su obra. Pero esa maestría al combinar en cada texto la jerga propia del ambiente (sea de espadachines como los del capitán Alatriste, cuya saga he leído toda, o la marinera en novelas del tema o en la compilación que leo ahora de sus artículos en 'XL Semanal', me fascinan y no diré que me atrapan, sino que me hechizan. Esos textos que cuando uno los lee piensa: ¿Cómo se le puede haber ocurrido?, da igual que sea una frase, un tema o una imagen. Y por eso la degusto como cita Martí la anécdota de Chichá, la niña bonita de Guatemala. “Chichá, ¿Por qué te comes tan despacio esa aceituna?" "Porque me gusta mucho”. Así que reservo para mis fines de semana leer los artículos recogidos bajo el título 'Los barcos se pierden en tierra', leyéndolos de dos en dos (seis páginas exactamente), porque es el último volumen de sus textos que me queda para leer. Cuando termine de escribir, buscare en su sitio si tiene nuevas novelas, claro, pero creo que quienes compartimos el momento histórico con un autor como Pérez-Reverte hemos sido honrados por el universo con el raro y divino privilegio de leerlo, siendo un crimen de lesa literatura ignorar el placer de disfrutarlo.

Mención quiero hacer del prologuista de esta edición, Jacinto Antón, quien habiéndose atrevido a la hazaña de introducir los textos de Pérez-Reverte ha logrado un magistral prólogo y, por tanto, reverencio su talento y generosidad intelectual. Una bellísima prosa que nos da la bienvenida, nos abre las puertas, al disfrute de los artículos de 'Los barcos…'

Por el momento, voy a disfrutar de mis páginas de hoy, que lo dejé en esa simpática reseña de la exposición parisina de Tintin, Mil rayos… Y mientras, siguen las palabras dibujando sus huellas de tinta en el papel o proyectando su sombra nítida en la pantalla virtual, desoigo los comentarios publicitarios sobre la sabiduría narrativa de Pérez-Reverte, las calificaciones de juego entre historia y ficción que le endilgan los especialistas en marketing, porque la real explicación es la que nos llega cuando conquista nuestra atención de lectores ávidos de ser colonizados por su palabra: escribe porque le nace de lo profundo, no sé si del corazón o del alma, y como es auténtico, no se queda solo en buena literatura. Sencillamente, es genial. Y, con permiso de su prologuista, sus palabras nos permiten escuchar el viento que sopla en las jarcias, no debajo, sino desde las estrellas.

Responder