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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Vie Ago 17, 2012 1:38 pm

Un problema de estructura

17/08/2012

Un problema de estructura. O uno entre muchos. La acción de la novela no es lineal, sino que intercala situaciones de tres épocas diferentes: 1928, 1937 y 1966. Eso obliga a pasar continuamente de unas situaciones a otras, pues además algunas están relacionadas entre sí de modo directo. Pero esas transiciones son peligrosas, pues podrían desconcertar al lector, despistarlo en ciertos pasajes, confundirlo entre un momento y otro de la narración. Te arriesgas a que por unos instantes, hasta que vuelva a situarse en lo que lee, se interrumpa la naturalidad lectora y se altere esa delicada suspensión de incredulidad que todo autor debe buscar en el lector para que lo que le cuentas funcione y sea —parezca, al menos— creíble. Al principio intentaste que cada momento tuviese un capítulo distinto, para evitar problemas; pero no te encontrabas a gusto con esa fórmula. Salían capítulos demasiado cortos, de cinco o seis folios. O menos. Y tú escribes capítulos de unos 25 a 35 folios (excepto en las novelas históricas de Alatriste, que suelen ser de 15 folios). Así que al final decidiste incorporar esas escenas y las transiciones en el marco general de cada capítulo, separadas unas de otras por los habituales espacios en blanco. Para suavizar el paso de un momento a otro, de 1966 a 1928, por ejemplo, y regresar luego a 1966 o a 1937, te ves obligado a cuidar mucho las primeras líneas de cada bloque de texto. Como si fueran campos de minas. No puedes decir “Ahora estamos en tal fecha, ahora en aquélla”. Ni usar siempre los mismos mecanismos. Ni darle con el codo cada vez al lector, pues acabará siendo consciente de lo que pretendes. Así que eso exige un trabajo minucioso. Entre otras cosas, ir sembrando pequeños detalles apenas visibles, que hagan que sea el lector quien sitúe temporalmente cada escena, bajo su propia responsabilidad. Como si tú no tuvieras nada que ver. Esos toques son de muchas clases. Un buen truco, o útil al menos —en literatura, todo truco que funciona es bueno, y muchos se aprenden en los autores clásicos— es la mención ligera, al paso, nunca sistemática, excesiva ni demasiado explícita, de objetos, músicas, paisajes o situaciones características de cada época. Si alguien fuma un cigarrillo sacado de una pitillera en vez de abrir un paquete de tabaco, suena de fondo un twist, un diario titula con los guardias rojos de Mao o los astronautas del Gemini XI, pasa un Fiat 850 o un Hispano Suiza, ella se pone un sombrero cloche, alguien saca el reloj del bolsillo de un chaleco o en el restaurante está cenando una actriz de Cinecittá, incluso si alguien dice cinematógrafo en lugar de cine, combinado en vez de cóctel, o el interior de un coche huele a cuero en vez de a plástico, el efecto puede conseguirse con cierta eficacia sin que sea preciso dar más explicaciones. Una de las cosas que aprendiste escribiendo y publicando novelas es lo peligroso que resulta un lector al que se le interrumpe cuando está leyendo a gusto, sumido en la historia que le cuentas, y tu torpeza narrativa, tu incompetencia técnica, le obliga a pensar demasiado sobre la manera en que la historia está dispuesta. Si lo enfrías cuando está caliente. Si permites que se asome al artificio.

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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Ago 30, 2012 9:52 am

Un vermut en Montecarlo

30/08/2012

Sentado ante un vaso de vermut en la terraza del Café de Paris, de Montecarlo, intento situar la conversación entre Max y los dos agentes italianos. Ya he estado un rato largo en el bar del Hotel de Paris con la misma intención —era y es buen lugar para ponerle delante a mi personaje una botella de Chateau d’Yquem—, pero el sitio no resulta adecuado para una conversación de ese tipo. El bar ofrece poco espacio a la discreción, y el barman o un camarero —he comprobado que en 1937 el barman se llamaba Emilio, pero ignoro si era español o italiano— estarían demasiado cerca. Lugar poco adecuado para confidencias delicadas o peligrosas, por tanto. Así que lo que hará Max es salir del hotel, cruzar la plaza y sentarse en el café, que está enfrente. Como en el momento de la novela, el día es luminoso, y el viento del norte mantiene el mar azul y el cielo despejado de nubes. Sentado junto a mi mesa, bajo una sombrilla de la terraza, bebo vermut y miro. La ventaja habitual de mirar con libros leídos en la cabeza es que éstos te presentan los lugares de forma eficaz para tu propósito. Permiten verlos con ojos diferentes a como los ve el paseante común que no tiene la suerte o la precaución de acudir antes a esa documentación previa. A ese útil contexto. Dicho de otra forma, te permiten ver sólo lo que necesitas ver. En esta ocasión, sobre Montecarlo, me acompañan las lecturas y relecturas de varias novelas policíacas de E. Philips Oppenheim, algunos relatos locales de Blasco Ibáñez, novelas de Somerset Maugham y las Memorias de César González Ruano, entre otras cosas. Gracias a todo eso puedo estar sentado en la terraza del café de París, olvidarme de dos rusos groseros y ruidosos que vociferan en la mesa de al lado —hablando con Putin por sus teléfonos móviles, supongo, para decirle que acaban de ingresarle otro millón de dólares en su cuenta local—, y concentrarme en mi personaje y sus problemas. Ver, como él ve, la imponente fachada del Casino a la izquierda, el hotel de Paris con la ventana de su habitación enfrente, al otro lado de la plaza, y el hoy desaparecido Sporting Club —de cuyo cercle privé Max lleva una tarjeta en el bolsillo— a la derecha. E imaginar la fila de Rolls, Daimlers y Packards de cromados relucientes estacionados donde ahora veo Audis y Mercedes. Sólo me cuesta situar la tienda del judío Gomper, personaje real, que compraba por la noche a los jugadores las joyas que les había vendido por la mañana, y que tres o cuatro años después sería asesinado por los ocupantes nazis. Cruzando lecturas, no consigo establecer si su tienda estaría a mi derecha, siguiendo la fachada del café en dirección al Metropol —hoy ya no es hotel sino lujoso centro comercial, con una librería estupenda y un buen restaurante japonés—, o enfrente, en el chaflán del hotel. Así que ese detalle lo dejaré algo impreciso en el texto. Ahora ya no me queda más que imaginar y anotar. Recostarme en la silla y cruzar las piernas como haría Max —procurando él no estropearse la raya del pantalón—, abrir la pitillera, elegir con cuidado un cigarrillo Abdul Pashá, golpear suavemente un extremo en la tapa y llevármelo a la boca mientras escucho, tan preocupado como mi personaje, la insólita propuesta de los dos espías italianos.
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nexus6
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Mensaje por nexus6 » Jue Ago 30, 2012 2:47 pm

Gracias, Camarada. :wink:
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Sep 04, 2012 9:42 am

La melodía que no pudo ser

04/09/2012

Nunca, hasta el final, sabes dónde puedes meter la pata. Ni siquiera después del final estarás seguro. Y si te equivocas, ten la certeza, aunque sólo cuentes con tres o cuatro lectores, de que uno de ellos sabrá del asunto mucho más que tú. Lo suficiente para poner el dedo en la llaga y señalar implacable el resbalón. El patinazo. La lección la aprendiste en tu primera novela: cuando mencionaste los eucaliptos en una escena de El húsar, al describir brevemente el paisaje de Aranjuez; y una vez publicado el libro recibiste carta de un lector, informándote de que la escena transcurría en 1808 y los eucaliptos no llegaron a España de Australia y Tasmania hasta 1865. La experiencia hace que esas cosas procures ahora amarrarlas todo lo posible, aunque siempre puede deslizarse algo por una grieta, sumándose errores y descuidos. Golpes de mala suerte. Esta vez, al menos, uno de ellos se ha evitado in extremis. Voy por la última corrección —que siempre es la penúltima— cuando un muy querido amigo, que está leyendo el manuscrito, me da un toque de alerta. Ese amigo —profesor de literatura, motero contumaz, deliciosa pinta de rockero a ratos, persona formidable— lo sabe todo de música del siglo XX, y un poco más. “En 1966 —me advierte— todavía no había sido compuesta Europa, de Santana. Así que es imposible que una orquesta la estuviera tocando en la terraza de un hotel de Sorrento”. No puedes menos que darle la razón, maldiciéndote por tu torpeza. Y lo más fastidioso, compruebas al releer ese párrafo, es que era evidente. Cuando pasas revista a las causas del error, compruebas que si hubieras prestado más atención habrías caído tú mismo en la cuenta. Simplemente mezclaste en la primera escritura dos recuerdos diferentes de juventud, atribuyéndole a uno la música del otro; a partir de ahí lo diste todo por bueno, dejaste de pensar en ello, y el anacronismo sobrevivió a tus sucesivas correcciones del texto. Monumental despiste, en cualquier caso. Y una lástima, porque esa melodía, Europa, es bellísima, y en tu cabeza la asociabas muy directamente con la situación que quisiste describir. No sólo ayudaba a crear ambiente, sino que en su tono melancólico, hasta en el título, había conexiones específicas, directas, con lo que pretendes contar. Pero no se puede ganar siempre, concluyes. Adiós a Santana por esta vez. Así que, agradeciéndole a tu amigo que te haya ahorrado pisar esa mina —”Te debo una cerveza, compadre”— le preguntas qué música instrumental podría estar sonando en ese momento en un baile público de terraza bajo farolillos, al atardecer, finales de verano, mientras los mayores conversan sentados a una mesa y las parejas jóvenes bailan con el fondo de la bahía de Nápoles. “Mete Crying in the chapel —aconseja tu amigo— y no te compliques la vida”.

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grognard
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Mensaje por grognard » Mar Sep 04, 2012 9:46 am

Rogorn escribió:. “Mete Crying in the chapel —aconseja tu amigo— y no te compliques la vida”.


¿La de The Platters o la de Elvis?

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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Sep 04, 2012 9:59 am

Gracias Ro!
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Mensaje por aik » Mar Sep 04, 2012 3:48 pm

Gracias Ro.
Pues ignorando el contexto en el que va la melodía, anda que no hay otras cosas en 1966 como para andar poniendo eso (es mi opinión, ojo).

Si tiene que ser de por aquí, los Beatles estaban en lo más, y si de por allí, Simon & Garfunkel, por ejemplo, dan donde elegir.

Y si no la wiki. :D
http://en.wikipedia.org/wiki/1966_in_mu ... it_singles
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Mensaje por Adeletheresa61 » Mar Sep 04, 2012 9:39 pm

Gracias Ro.


La melodía que no pudo ser


Cuanto me gusta esto.

Nunca, hasta el final, sabes dónde puedes meter la pata. Ni siquiera después del final estarás seguro


Lecciones de la vida. Melodías que suenan por allí, meteduras de pata cuando menos te esperas.

Simplemente mezclaste en la primera escritura dos recuerdos diferentes de juventud


O son recuerdos que sobresaltan y no respetan las reglas del espacio o tiempo.
Hablando de terrazas de Sorrento, tengo entre mis recuerdos unas de Sorrento, un viaje, un hotel mágico y algo cansado y decadente. Vistas de la Costa Amalfitana. Una cena en un restaurante, un jardín perfumado, un camino estrecho cuesta abajo y muy inclinado hasta el mar......
Tengo ganas de volver ya. Han pasado muchos años.

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Mensaje por Rogorn » Mié Sep 05, 2012 11:17 am

Dice Salva en iCorso:

"Europa" de Santana aparece en "La Piel del Tambor" en el Capítulo IX: El mundo es un pañuelo

En el hilo musical del bar sonaba Europa, de Santana. Una escena feliz, apacible, casi doméstica. Y Peregil se dijo que todo parecía ir sobre ruedas.

Y el 05.12.02 en un chat que hicieron en El Mural.com uno de los participantes le preguntó:

tiroloca: HABRÍA UNA CANCIÓN QUE FUERA EL SOUNDTRAK DE TU VIDA?
Invitado Arturo Pérez Reverte: Hay una melodía. ""Europa"", de Santana. Pero esa es una historia demasiado personal como para comentarla en un pinche chat.

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Ada
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Mensaje por Ada » Mié Sep 05, 2012 11:39 am

Cada día me asombrais más...

Si al final va a resultar que la novela sí que era "autobiográfica" aunque lo negase :)
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Mensaje por Rogorn » Mié Sep 05, 2012 12:01 pm

En parte y en detalles, como siempre.


-¿Y qué te devuelven a cambio las novelas?
-Orden. Es un billete de ida y vuelta que me permite mirar mi biografia y mis recuerdos, contrastarlos con la realidad y ordenarlos. Escribir me da lucidez. Mis novelas nunca son autobiográficas, pero nadie puede poner lo que no tiene. Yo no puedo poner amores que jamás pueda imaginar y no puedo imaginar nada que no haya vivido. Por eso, el mal novelista es aquel que tiene la osadía inaudita de escribir sobre lo que desconoce.

--

-Sobre la relación entre los personajes y su autor: en algunas ocasiones ha comentado usted que la visión que Alatriste tiene de España es la suya propia. Sin embargo, en sus novelas el capitán apenas habla de España, sino que debemos leer entre líneas al analizar sus actos. Más bien es a través de Íñigo que conocemos esa visión de su sociedad y de su tiempo, mezcla de orgullo y desprecio.
-He dicho alguna vez que nadie pone lo que no tiene: ni en el amor, ni en la amistad, ni en una borrachera. Lo mismo ocurre en una novela. Por mucho que inventes, pones lo que tienes. Y en Alatriste he puesto una mirada que sin duda es mía. Cuando me preguntan si soy yo Alatriste siempre digo que no, en absoluto; pero que él mira el mundo como lo miro yo. Él en su época y su contexto y yo en el mío. Y es cierto que a medida que se hace mayor, Iñigo va compartiendo esa mirada del capitán, que es en cierta forma la mía. Hay ciertas miradas que cierta forma de vida hace, tarde o temprano, inevitables. Ello incluye una mirada objetiva, lúcida, sobre España y lo español. Sin complejos, sin leyendas negras, pero aceptando lo bueno y lo malo.

--

-¿Por qué casi todos sus protagonistas masculinos (Alatriste, Lucas Corso, Jaime Astarloa, Coy…) suelen ser hombres desencantados, maltratados por la vida, «de vuelta de todo», enamoradizos en extremo y con un sentido del honor «trasnochado» para la época en que se desarrolla la novela? Es decir, ¿hasta cuándo mantendrá a ese personaje tan arquetípico? ¿Es reflejo de su propia personalidad?
-No creo que todos participen de esas características que usted apunta, ni que sea tan simple resumirlos. Si yo hubiera pasado veinte años contando la misma historia con el mismo personaje, hace tiempo que los lectores me habrían mandado a hacer puñetas. Corso nada tiene que ver con los demás (su ausencia de sentido del honor es absoluta), y la ingenuidad de Astarloa y de Coy son diferentes a la amarga lucidez criminal de Alatriste. Por no hablar de Faulques. Como ve, no estoy de acuerdo en el planeamiento general de su pregunta. Otra cosa es que todos ellos se muevan en un territorio que narrativamente es el mío, y hagan frente a los problemas que a mí me importa que enfrenten, a menudo problemas comunes. Pero es que eso no es sino coherencia narrativa. Cualquier escritor coherente, desde el más genial al más mediocre, tiene un territorio en el que sus lectores lo reconocen, que pueden abandonar o desertar cuando gusten, leyendo o no sus libros. Los míos me siguen siendo fieles, y eso me tranquiliza. No hay que confundir eso con el arquetipo, el tópico o la repetición. Mis novelas responden a mi visión del mundo, a mis mecanismos defensivos y consolatorios ante él, y cada novela para mí es un desafío diferente a la hora de abordar el problema narrativo de la porción en la que trabajo de mi visión general del mundo. En esa visión participan también ciertos personajes femeninos como Tánger Soto, Olvido Ferrara y, sobre todo, Teresa Mendoza. En cualquier caso, recuerde que nadie pone lo que no tiene. Permítame remitirlo también, como en una pregunta anterior, a mi biografía. No para alardear de ella, sino porque en ella está la explicación del territorio en el que se mueven y la mirada que tienen los personajes de mis novelas. Y la mía, naturalmente. A mí nadie me ha contado lo que escribo. O no todo.

--

La verdad es que me divertía esa idea de que la vida es un contrasentido; tal vez porque yo también he tenido mucha suerte -aunque no como Teresa Mendoza- y he podido comprobar que en mis etapas menos confortables, cada golpe sufrido, cada desgracia o cada cosa en la que he vivido inmerso me ha llevado a una situación mejor que la anterior sin yo pretenderlo. Así que, en resumen, le he prestado a Teresa un poco de esa realidad, porque nadie pone lo que no tiene. Esto es, a cada personaje le aplicas lo que posees, lo que vives.

--

-Siempre he creído que Pérez-Reverte habla como sus rudos personajes, pero que es él quien se parece a ellos, y no al revés.
-La literatura es como el alcohol: nadie pone lo que no tiene. O lo robas, o lo tienes. Y a mis personajes los he hecho yo. No he bebido en fuentes documentales solamente. Es mi propia mirada sobre el mundo la que vierto en los libros. En ellos está mi sentido de la amistad, de la vida, de la muerte, de la lealtad. Creo que soy un escritor coherente.

--

-Estoy pensando que ellos a lo mejor no leerán 'Los tres mosqueteros', pero leerán 'Alatriste', que es una forma de leer 'Los tres mosqueteros'. Siendo prácticamente de la misma generación, a través de libros tuyos me he reencontrado con otros, como 'Moby Dick' en 'La carta esférica', con Stevenson, en 'El húsar' con toda la narrativa de guerra, con 'Los duelistas'...
-Hombre, yo escribo... Nadie pone lo que no tiene. Ni siquiera una borrachera. Tú vacías una botella de alcohol y al final no hay nada. Todo lo tenías tú, todo lo pusiste tú. La botella es un cristal vacío. Entonces, yo escribo con lo que tengo: con los libros que leí y con la vida que llevé, que me dieron una forma de mirar el mundo y de enjuiciar a los seres humanos, a mí mismo, la vida, la muerte, las cosas... Y con eso escribo novelas. Ahí vuelco el residuo, el poso, el sedimento de toda esa vida de lecturas, de viajes, de gentes, de amores, de odios y de sucesos. Es una forma de mantenerlos vivos. Pero realmente es que yo no soy sabio. Tengo 59 años, tengo mis canas en la barba, arrugas en la cara, unos libros escritos, he vivido, en fin, he tenido una vida movida, agitada, pero realmente no tengo ninguna conclusión especial que dar. Solamente sé que los hombres nacen, viven en un lugar peligroso y mueren. No os fiéis de vuestros semejantes hasta que no os demuestren que os podéis fiar de ellos. Vivid siempre en un lugar inestable, como si fuérais marinos. Conrad hablaba siempre de una saludable incertidumbre del marino. Y esa es mi única experiencia: el mundo es un lugar peligroso y únicamente la cultura, la cultura de verdad, los libros que dan la lucidez y el conocimiento, la certeza de que el mundo es lo que es, te ayuda a sobrevivir.

--

-¿Qué hay de personal de Pérez-Reverte en Corso y en esa manera de relacionarse con el mundo?
-Cuando mi madre leyó 'El Club Dumas' dijo: "Es que eres tú con gabardina". Antes he dicho una cosa, que es que nadie escribe lo que no tiene, ni en la borrachera, ni en el amor ni en nada. Yo escribo novelas con lo que tengo, y lo que tengo es lo que ha vivido y lo que he leído, no tengo otra cosa. A mí no me han contado la vida. Es decir, yo no soy un escritor teórico. Yo no he aprendido lo que cuento en barras de bar ni en otros libros. Lo he vivido y lo he leído, y tengo mi mirada propia sobre eso. Buena o mala, pero es la mía. Se me puede decir: "Sus novelas no me gustan, pero es su mirada. Es usted". Eso es lo que quería decir. Así que en ese sentido, sí. Pero nunca es puro. Alatriste sería imposible sin mi biografía: esa manera amarga de ver el mundo, esa mirada del mercenario que ha sido, que ha tenido fes -en su caso en la bandera, la patria, el rey, etcétera, que ahora sabe que es una mierda y es mentira- esa lucidez amarga del héroe cansado es evidente que se la presto yo. Quien me oye hablar sabe perfectamente de qué estamos hablando. Pero insisto, no soy yo, porque es literatura. Sería un error pensar que un escritor se desnuda en un personaje. Es literatura. Utilizo material personal, pero eso después lo convierto. Por ejemplo, Alatriste tortura, y también el comisario Tizón de mi última novela, 'El asedio', pero yo no torturaría. Bueno, no lo sé. En principio no torturaría, salvo que hubiese una razón poderosa, porque otra cosa que he descubierto en la vida es que siempre hay una razón, que el ser humano puede tener los principios éticos más sólidos y las ideologías más claras, pero hay un momento en que la vida te hace la faena y te mete la cuña y un día haces cosas que jamás harías en tu vida. Entonces, bueno, digamos que mis personajes salen de mí, les presto mi mirada, esa mirada de la que he estado hablando, pero ninguno es mi yo puro, porque son literatura. Ni siquiera el personaje que escribe en 'El Semanal' cada domingo en veintiséis periódicos y ahora en internet 'Patente de Corso'. Es un Pérez-Reverte gruñón, que insulta a los políticos, y hay domingos muy agresivos, pero yo no soy así. Es un personaje que se llama Pérez-Reverte y que los domingos escribe y se desahoga en esa 'Patente de Corso', y hay gente que cree que soy así, pero yo no soy así en la vida real. Lo bueno que tiene la literatura es que te permite justamente eso: interpone entre tú y el mundo un velo donde ya dejas de ser tú, y así puedes sacar recuerdos e intimidades que nunca habrías sacado en una conversación con un amigo. Puedes sacarlas disfrazadas de literatura y hacer que circulen y que se muevan: mujeres, amores, amigos, enemigos, lealtades, odios, amarguras e historias.

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Mensaje por Ada » Mié Sep 05, 2012 12:18 pm

Ro, tú sí que eres raza superior!. Chapeau!
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Mensaje por aik » Mié Sep 05, 2012 12:21 pm

Doble chapeau!
Creí que era imposible, pero te superas a ti mesmo. :lol:
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Mensaje por nexus6 » Mié Sep 05, 2012 3:22 pm

Gracias, Boss.
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.Es hora de morir

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Mensaje por vetinari » Mié Sep 05, 2012 7:30 pm

Gracias, Boss
"...Efialtes aparecerá finalmente,
y pasarán los persas" Cavafis
"No hay quien pueda comprar el ser marino cuando estás en el mar." APR
"Freedom is just another word for nothing left to loose" Janis Joplin

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Mensaje por Adeletheresa61 » Mié Sep 05, 2012 8:31 pm

Muchas gracias.

Mis novelas nunca son autobiográficas, pero nadie puede poner lo que no tiene. Yo no puedo poner amores que jamás pueda imaginar y no puedo imaginar nada que no haya vivido.

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Mensaje por Ada » Jue Sep 06, 2012 12:40 pm

[Madrid-Tres Cantos//Lunes 3 de septiembre de 2012// 10 horas y 47 minutos//Despacho de Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara//Grabación incluida en la cinta 237-DK//Archivada en la sección “Chorradas”- 3ª planta - Almacén 2 - Armario 54 - 2ª balda-Caja 678.]

-Perdóname, Pilar, pero tienes que recibir a este chico aunque sea un ratito.

-Ya te he dicho que te ocupes tú, estoy muy liada.

-Me ha pedido que te comente que tiene un plan para ganar varios millones de euros y que solo te lo contará a ti. Además me ha amenazado con que si no hablas con él, se lo contará a su abuelo.

-¿Su abuelo?

-Sí, jefa. Te lo conté ayer. Este becario es nieto de “Big Man 3”. Pilar, mira, yo llevo veinte años en la casa y tú, te lo digo con todo el respeto, acabas de llegar. Yo que tú no me arriesgaría a enfrentarme con uno de ellos. Hazte a la idea de que esta empresa es como la Colombia de hace 20 años.

-Bueno, vale. Dile que pase.

(…)

-Buenos días, Pilar.

-Hola. Tienes exactamente diez minutos. A las once tengo una reunión.

-Toma, Pilar, te he traído el plan de comunicación que sustenta mi proyecto.

-¿504 páginas?

-Sí, se divide en plan A, plan B y plan C. El primero nos sale gratis.

-Resúmeme, entonces, ese plan A.

-Mi objetivo es vender más de un millón de ejemplares de la próxima novela de Arturo Pérez-Reverte, El tango de la guardia vieja que publicamos el 21 de noviembre. Tengo un método infalible.

-Te escucho.




sigue en:
http://patrulladesalvacion.com/2012/09/ ... jemplares/
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Mensaje por Ada » Lun Sep 24, 2012 8:40 am

La papelera por Juan Palomo

Vendavales de cambio

14/09/2012

A Mondadori le pareció excesivo el precio que los popes de Prisa ponían a Santillana (con todas sus editoriales), y la operación de compraventa se relajó. Pero vive Dios -me aseguran- que la cosa está en marcha. Sí, Santillana está en venta y Mondadori quiere comprarla. La concentración se concentra, que diría Jorge Herralde. El hasta ahora director general de Santillana, Fernando Estévez, ya se ha marchado a México y dentro de la casa hay, no rumores, vendavales de cambio. Y mucha pena.

Penúltima hora de la novela de Pérez-Reverte: al final, El tango de la Guardia Vieja (Alfaguara) aparece el 21 de noviembre, pero como el autor nos tiene informados en novelaenconstrucción.com casi al minuto, sabemos que hace 10 días estaba revisando ya las pruebas y que un amigo le había ayudado a corregir un error: ‘En 1966 todavía no había sido compuesta Europa, de Santana. Así que es imposible que una orquesta la estuviera tocando en la terraza de un hotel de Sorrento'. No puedes menos que darle la razón, maldiciéndote por tu torpeza”. Y reconoce otros deslices, como el cometido en El húsar al describir el paisaje de Aranjuez y mencionar eucaliptos: “Una vez publicado el libro -confiesa en el blog- recibiste carta de un lector, informándote de que la escena transcurría en 1808 y los eucaliptos no llegaron a España de Australia y Tasmania hasta 1865”.

Ya apadrinó sus películas La niña santa y La mujer rubia. La fascinación de Almodóvar por el cine de la argentina Lucrecia Martel, después de su frustrado intento de adaptar El eternauta, se materializará en otro largometraje producido por El Deseo. Con el título Zama, será la adaptación de la novela homónima de Antonio di Benedetto, que se rodará en julio de 2013.

Ya se sabe que la situación crítica que vive el país es una excusa perfecta para eliminar todo aquello que se considere “prescindible” según qué criterios. Y lo digo porque Mortier pretende desposeer a los Amigos de la Opera de la sala Gayarre, donde llevan 14 años impartiendo conferencias. Es un golpe para esta asociación filantrópica, que organiza y sufraga los gastos de este programa.

http://www.elcultural.es/blogs_comentar ... _de_cambio
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Mensaje por Ada » Mar Sep 25, 2012 12:14 pm

Conchita Montenegro cenó en Niza

25/09/2012


Una novela también supone pequeñas satisfacciones personales. Guiños particulares del autor. Tengo una deuda pendiente con una actriz española, ya desaparecida, de la que hace mucho tiempo soy devoto: Conchita Montenegro. Brilló con rotunda luz propia en el cine, y en los años 30 hizo películas en Hollywood con Ramón Novarro, Leslie Howard y Robert Montgomery. Fue casi nuestra Greta Garbo. O sin casi. Era guapísima, elegante y tenía todas las virtudes para convertirse en una gran estrella. Pero no quiso. Se casó con un diplomático, renunció al cine y desapareció de la vida pública, aunque antes protagonizó una de mis películas favoritas, Rojo y negro: extraordinaria, moderna, curiosa e inquietante historia sobre el Madrid de la Guerra Civil, rodada en 1942 por el falangista Carlos Arévalo, que fue prohibida al resultar incómoda para el régimen franquista. Como una parte de El tango de la Guardia Vieja transcurre en la Costa Azul en 1937, decidí que era una buena ocasión para hacer un guiño-homenaje a mi querida señora Montenegro. No sé si en esas fechas concretas, otoño de aquel año, ella estaba en Francia; pero nada impide pensar que pudiera encontrarse allí de paso. Nada lo desmiente. Así que, en una cena en una villa de Niza, en casa de la hermana de un conocido financiero —lo llamo Tomás Ferriol, y está inspirado en cierto modo en la figura del banquero Juan March—, incluyo entre algunos de los invitados que conversan, reunidos en un lugar del salón, a una bella actriz española a la que Max, el protagonista, cree identificar como Conchita Montenegro. Sólo aparece en un par de líneas, naturalmente. Ni siquiera la oímos hablar; pero está ahí, y yo lo sé. Me gusta la idea de hacerla revivir de ese modo, respetuosamente, incluyéndola en mi mundo imaginado. Y nadie puede probar que no fuera posible: por un momento, las vidas de Max Costa y de Conchita Montenegro se cruzaron una noche de otoño, en Niza. Y punto. Es lo estupendo de imaginar cosas para escribirlas después, y que luego otros las lean para verlas con tus ojos. Con tu mirada. Nadie puede poner límites a eso.

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Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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aik
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Mensaje por aik » Mar Sep 25, 2012 12:37 pm

Es lo estupendo de imaginar cosas para escribirlas después, y que luego otros las lean para verlas con tus ojos. Con tu mirada. Nadie puede poner límites a eso.


Esto (entre otras cosas) me encanta.
Es magia.

Muchas gracias Ada, por el texto y la foto. :wink:
"Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)

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