Libros sobre Arturo

Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

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Rogorn
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Libros sobre Arturo

Mensaje por Rogorn » Vie Jun 29, 2012 10:38 am

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Los héroes cansados
RC - ABC - 02/06/1995

Espasa Calpe, Madrid, 1995. 302 páginas.

No, no se trata de una nueva novela de Pérez-Reverte, el último gran triunfador de la narrativa española actual, que apenas alcanzada la cuarentena, con seis libros en su haber en menos de diez años, ha sido abundantemente traducido y ha vendido más de un millón de ejemplares de sus obras. En este caso se trata de una antología que ha extraído sus ejemplos del conjunto de su obra, incluyendo textos dispersos en artículos, cuentos y declaraciones, todo ello concienzudamente preparado por Belmonte Serramo y con un prólogo de Sanz Villanueva. La antología se divide en cuatro partes -el mundo, el demonio, la carne y el corazón del héroe- más un curioso apéndice, 'Revertelandia', que recoge aforismos y declaraciones de principios del escritor esparcidos en otros textos. Es ésta una buena introducción a la lectura de sus libros y también un retrato del propio escritor, un aventurero en la realidad y en la imaginación, un profesional de la narración radical, enamorado de la historia, de los viejos folletines de capa y espada, que reivindica una novela popular y culta a la vez, porque piensa que escribir es vivir más, esto es, multiplicar la vida.

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El hombre cínico
Juan Palomo - ABC - 07/07/1995

(...) En Barcelona las carcajadas llegan al mar Mediterráneo, mientras el hombre cínico cabalga de nuevo y Pérez-Reverte ha cumplido su palabra: ha llevado al juzgado a Espasa Calpe y a Javier de Juan por jugar, dice, con fuego. Hombre, Arturito, eso de presentar un libro como "nuevo" no es nada nuevo, lo hacen casi todas las editoriales, así está efectivamente la cosa de engañosa. Pérez-Reverte acusa a la editorial de no avisar de los textos de 'Los héroes cansados' no son nuevos y de que el que "hizo el libro" editorialmente no es Pérez-Reverte sino Santos Sanz Villanueva. Y les ha puesto pleito.

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Vidas prestadas
Santos Sanz Villanueva - Prólogo a 'Los héroes cansados: El demonio, el mundo, la carne', editado por José Belmonte Serrano - 05/1995

A su regreso del exilio en 1977, Rafael Alberti se vio asediado por los periodistas, que le preguntaron por todo lo divino y lo humano y, cómo no, por sus preferencias literarias y por su parecer acerca de las letras españolas del momento. El ya anciano poeta contestaba a duras penas a los reporteros e iba saliendo airoso del interrogatorio gracias a la sabiduría que proporciona la edad y al tono entrañable que ese aire suyo de persona bohemia y afable daba a sus palabras. Pero una joven tenaz le agobiaba con exigencias de precisión y le forzó a una respuesta que contiene una excelente lección de historia literaria en la que resulta imposible ser más exacto en menos palabras. Quería saber la periodista qué novelas españolas recientes le habían interesado y el poeta le contestó, apenas velado un impulso de malhumor, que no leía a los nuevos novelistas de nuestro país, que lo había intentado repetidas veces y que había desistido porque en sus libros siempre sucedía lo mismo: un personaje tardaba veinte páginas en subir una escalera.

Que el gran poeta gaditano no estaba al tanto de lo ultimo era claro, pues para entonces ya había logrado cierta notoriedad, por ejemplo, 'La verdad sobre el caso Savolta', la entretenida 'opera prima' de Eduardo Mendoza, pero tampoco andaba muy descaminado. Esa narrativa morosa y que despreciaba un relato tradicional cargado de anécdotas y de personajes aludida por Alberti, había sido casi una moda desde finales de los sesenta y había llevado a nuestra ficción a una difícil encrucijada, o mas bien a un callejón de imposible salida. Por suerte, otras obras que tenían planteamientos parecidos a la de Mendoza se fueron escalonando. Unas pertenecían a autores de las promociones precedentes, como Miguel Delibes, Juan Marsé o Isaac Montero, por citar unos nombres cuyos nuevos títulos no compartían la inclinación a la inanidad anecdótica. Otras las firmaban unos escritores casi noveles que a mediados de los setenta se afirmaban reivindicando el encanto de la tradición oral: Luis Mateo Díez o José María Merino, por ejemplo. Aquel conjunto de obras vinieron a evidenciar que era posible una novela que contara sucesos, que recreara peripecias, que hablara de conflictos personales o de problemas colectivos y que tuviera categoría artística. Esa clase de ficciones que hacia 1980 ya eran moneda de uso mostraron que el viejo arte de contar no había prescrito. Así retornó briosa una novelística que, para entendernos sin dar más vueltas al asunto, podemos calificar de cervantina y que poco tiempo después consiguió lo que un decenio antes parecía una quimera, la reconciliación del lector español con sus autores, ahora situados en la cabecera de esas dudosas pero significativas listas de más vendidos.

Cuando en 1986 publica Arturo Pérez-Reverte su primer libro, 'El húsar', no se daba ningún exclusivismo artístico, sino que, al contrario, convivía la mayor pluralidad imaginable de tendencias. Este nuevo narrador, por entonces periodista de acción ya famoso, se situaba sin ambigüedades en una de las dos grandes corrientes del momento, y no solamente en la que gozaba de mayor prestigio literario. Hace un par de lustros andaba pujante un tipo contrario de narración, todavía hoy muy cultivada, que indaga con discreción y buenas maneras en interiores humanos llenos de perplejidad y de irresolución y que se decanta por una intrascendencia anecdótica muy marcada. En las obras de este sector de la novelística española reciente no sucede casi nada. Frente a ellas ha habido voces criticas que las han descalificado con epítetos muy negativos: «ensimismadas» las ha llamado Manuel Vázquez Montalbán; «catatónicas» las ha apellidado Juan Madrid. A uno y a otro les molesta la poca o ninguna atención que esos relatos prestan a los conflictos históricos y su enclaustramiento en un intimismo sin trascendencia colectiva. Les falta, podríamos decir, comunicación con la amplia y tornadiza marea de la vida. Tanto Vázquez Montalbán como Madrid prefieren un testimonio vital que ellos engarzan en crónicas corales de un tiempo al hilo de investigadores privados que descubren entresijos del crimen y la estafa. Esta rica veta de novela criminal o negra ha sido uno de los estímulos que ha tenido esa generalizada recuperación del gusto por contar, el cual se ha convertido en una de las corrientes dominantes de nuestra narrativa finisecular. En este frente que proclama el gusto por la literatura de acción se coloca Pérez-Reverte desde 'El húsar' y asume sin complejos ya en esta primera novela un tipo de ficción por la que andarán el resto de las suyas. Es verdad que un ambiente literario que no hace remilgos a la narratividad ha propiciado la amplia difusión de sus fabulaciones, pero también resulta cierto que éstas no han ido al compás de la moda sino que surgen de profundas e indeclinables convicciones del autor. En cierta medida, como enseguida diré, Pérez-Reverte llega a utilizar alguna obra suya para reivindicar la legitimidad de su arte, haciendo de ello casi motivo de ostentación provocadora.

Cuál sea este arte resulta la cosa mas sencilla de definir: Arturo Pérez-Reverte es un contador de historias, un fabulador nato. Hereda en la era de las autopistas de la información la magia de la palabra inventora de mundos que suponemos en los juglares antiguos y que pervive en los narradores del zoco árabe como vestigio de un tiempo preindustrial. Si el término no tuviera connotaciones peyorativas, diríamos que es un cuentista. En ello radica la raíz última de su literatura, tanto de las formas como de los contenidos de sus relatos, y me atrevería a afirmar que ahí se encuentra la causa remota de su decisión de ponerse a escribir novelas. Sospecho que un gusto personal por oír historias, o quizás más una inclinación íntima a leer sucesos acaecidos a otras gentes, y que una insoslayable afición a vivir vidas prestadas constituyen la razón fundamental por la que un día él mismo decide contar historias a otros. Nada más desde una vivencia intensísima de lo imaginario puede alguien volcarse en la irrefrenable narración de sucesos con que ha ido nutriendo las páginas de su obra.

Esa virtud o cualidad es la básica y primordial de nuestro autor, pero expresada así exige ya mismo algunas consideraciones. Para mí tengo que está tocado por la gracia natural de saber contar historias y que posee un don innato que no proporcionan ni los talleres de escritura, ni el estudio atento, ni el trabajo meticuloso. A contar no se aprende -aunque algo se pueda mejorar-, sólo se sabe o no se sabe. Pocos de nuestros novelistas de la hora presente están dotados de esa innegable facultad de convertir una anécdota en sugestiva materia novelesca y quizás nada más Eduardo Mendoza y Pérez-Reverte, de entre los recientes, la poseen en un grado máximo. Entiéndaseme que, aunque tengo a este tipo de relato en mucha estima, no suponen mis palabras regatear méritos ni derechos a otras actitudes, pues pocas manías hay más funestas que la de desnudar a un santo para vestir a otro.

La insistencia en esa cualidad innata de fabulador de Pérez-Reverte entraña un riesgo que ha de ser desmentido de inmediato, el de suponer en él un adanismo que cualquiera que haya leído alguno de sus libros sabe del todo alejado de la verdad. Una cosa es poseer el don del contador de historias y otra escribir con oficio. Esto último supone narrar con un diseño calculado y claro: cómo han de ser los protagonistas, qué pasos contados ha de seguir la peripecia, en qué manera se anudan los cabos que casi todo relato va dejando dispersos en el transcurso de los acontecimientos. En pocas palabras: meter en una estructura bien articulada la suma de acciones, sentimientos y voliciones que se entrelazan en cualquier conflicto humano cuando se lleva desde la imaginación creadora hasta el papel impreso. Ese orden y control son casi imprescindibles en la literatura porque ésta suele tener una causalidad de la que la vida carece con frecuencia. Las novelas de Pérez-Reverte son el resultado de un puntilloso oficio que no anula su aliento poético porque aquél está puesto al servicio de éste. Varios elementos integran el taller del escritor desde esta perspectiva: documentación, modelos literarios y planificación.

Cada maestrillo, como dice el refrán, tiene su librillo y debe de haber casi tantas maneras de abordar la confección de una novela como novelistas. Hay quienes escriben a partir de una documentación muy elemental y quienes la buscan minuciosamente. Pérez-Reverte milita entre estos últimos y se percibe en las detalladas y precisas noticias que encierran sus libros. Aunque no seamos ajenos al ambiente recreado, pronto nos sorprenden la exactitud y abundancia de datos que maneja, muy llamativos y curiosos en sí mismos si además se tiene en cuenta que con frecuencia se refieren a ocupaciones, aficiones u oficios ya extintos o nada comunes. En sus novelas hay desde menudos detalles de los hábitos de los húsares imperiales o inquietantes enigmas asociados al juego del ajedrez hasta peculiaridades de los bibliófilos que rozan la enajenación febril. Por no recordar, claro, el sorprendente caudal de precisiones relativas al arte de la esgrima, que hoy tenemos por algo casi exótico. Esas informaciones, aunque estén hábilmente manipuladas, responden a un conocimiento real del que dejó constancia en la fe bibliográfica que incluyó en la citada primera novela, 'El húsar'.

No ha repetido esa gentileza en las siguientes, pero no puede cabernos la menor duda de que ha manejado copiosos e ilustres tratados de florete para la redacción de 'El maestro de esgrima'. Incluso podemos intuir que él mismo ha ensayado este señorial deporte. Y la sospecha se convierte casi en inevitable certidumbre respecto de su afición personal a los libros de viejo, cuyos ritos conoce tan a la perfección que transforma en anécdota amena las obsesiones de una auténtica secta. El mérito del escritor no está en las abundantes averiguaciones aportadas desde sus inicios -aunque ello diga mucho a favor de una profesionalidad poco habitual en narradores noveles-, sino en el acierto con que se utilizan. Nunca hace ostentación de los datos ni quiere atraer la atención sobre ellos mismos. Se mantienen fieles a su condición de instrumento y jamás se convierten en materia inerte. Al contrario, funcionan como un material, interesante y aun novelesco, sobre el que descansa la verosimilitud histórica, en su caso, y que contribuye a dotar de plasticidad a un espacio argumental o a crear un ambiente de época vivenciado y real.

Esta veracidad noticiosa no es del todo independiente de un soporte distinto y complementario, uno que bebe en otras fuentes, en las de la propia ficción. Pérez-Reverte tiene devoción por la literatura de folletín y sus libros guardan una doble deuda con ella. Por una parte -y de ello no poseo más prueba que una razonable sospecha-, la contraída por la fascinación que tal género debe de producir no tanto en el escritor como en la persona llamada Arturo Pérez-Reverte. Han de ser gustos y experiencias que arrancan de la edad juvenil los que provocan en él efectos proyectivos e identificadores semejantes a los que luego busca con sus mismos libros, quizás sin proponérselo voluntariamente. Por otra parte, me parece que Pérez-Reverte es tan experto conocedor de los mecanismos y reglas de este género como un crítico profesional. Los recursos analizados por el supuesto estudioso los aplica, en términos generales, a sus ficciones con fidelidad y con maestría constructiva, la que viene de haberlos interiorizado muy bien y de estar capacitado para reproducirlos sin forzados mecanicismos, de modo que resultan fieles a su fuente sin producir un efecto de pastiche. Sobre los recursos del folletín, a los que los grandes novelistas del siglo pasado no hicieron ascos, se construye la llamada literatura popular, con la que las novelas de Pérez-Reverte mantienen algún grado de parentesco. No por casualidad, sino por esa mentada admiración sentimental del escritor. A causa de esta adhesión asume el peligro de practicar unos modelos literarios tan lícitos como cualquier otro, pero carentes de un prestigio incondicional. Así, le vemos en una peculiar situación, la de quien tiene que llevar a cabo una encendida defensa de su propio arte porque conserva algún rinconcito de mala conciencia o de alerta suspicaz que le avisa que sus libros pueden ser tenidos por obras de amena y vaga literatura, como antes se decía. Por eso 'El club Dumas' se convierte en buena medida en un alegato a favor de una causa, la de esa literatura popular, que no necesita defensa alguna. Notamos el recelo del autor de que su libro (y la observación vale también para los otros suyos) no se tenga en toda la estima que merece por prejuicios culturalistas y por cultivar una forma de poca reputación y no muy apreciada en los ámbitos que dictan la azarosa y relativa legitimidad del arte. No es extraño que enarbole esa bandera, porque sabe las reticencias que despiertan unas narraciones como las suyas en este fin de siglo en el que influyentes teóricos dan por descontado que una novela no debe ser el relato de una aventura sino la aventura de un relato.

El tercer elemento del arte narrativo de Pérez-Reverte se basa en la minuciosa organización de la historia, que se convierte en un complejo mecanismo cuyas piezas encajan con la misma exactitud que las de una maquinaria complicada. Al modo, si valiera la comparación, de un reloj, todas las partes y ruedecillas cumplen a la perfección su cometido, sin que nos apetezca saber gran cosa de ellas, porque sólo deseamos que marquen la hora con puntualidad. Justo lo contrario de lo que prefieren otros narradores que hacen ostentación postmoderna de su habilidad en la confección de intrincados artilugios formales. Las tripas de las novelas de Pérez-Reverte son maquinarias bien ajustadas y engrasadas, pero que no tienen otra voluntad que la de servir de medio para alcanzar la armonía final del conjunto del relato. El lector sabe, aun el menos experimentado, que el autor le hace trampa y que desarticula la secuencia natural de los hechos hasta los límites de lo laberíntico, en algún caso, para conducirle al desenlace. Pero nos dejamos atrapar porque los resortes de la trampa, aunque podríamos descubrirlos, forman parte del hechizo que lleva a suspender el enjuiciamiento para consentir que nos arrastre el vértigo de lo que le pasa a la gente. Ese hechizo es el resultado del encanto de contar -el mismo que permitía a Sherezade salvar la cabeza noche tras noche-, y también de otro engaño o anzuelo que Pérez-Reverte coloca con taimada intención y eficaz resultado al inicio de varios de sus libros: una intriga que atrae de entrada al lector y le mantiene atento por la curiosidad de saber cómo se resuelve y porque también él puede echar su cuarto a espadas en su desentrañamiento, aunque el autor se reserva la última y sorpresiva palabra.

Estos recursos de artista consciente y responsable, alejado de la invención espontánea del narrador de olfato, no pueden separarse de otros elementos constructivos. Salvando las distancias que se quieran, así como Cervantes reconstruyó en 'Don Quijote' buena parte de la ficción anterior y coetánea, de manera semejante Pérez-Reverte recrea en sus obras variedad de esquemas narrativos. Ya está dicho que asume gustoso el relato de aventuras. Añádase que se apropia de la narración de intriga y que en algún caso no anda alejado de la novela de investigación policiaca o criminal. Además, también cultiva el relato histórico en el que el pasado se convierte en 'magister vitae' y se proyecta hacia situaciones vivenciales presentes. En fin y quizás no agoto el repertorio-, practica asimismo la ficción culturalista que nos lleva a un terreno aureolado de crédito, el de la literatura y la bibliofilia. Obsérvese que varios de estos géneros ya establecidos y con tradición propia conviven en una misma obra. Pongamos por caso 'El maestro de esgrima', que es sin duda una novela histórica pero puede tenerse por un relato policiaco y en la que no falta un discreto pero patente culturalismo. O pongamos 'El club Dumas', en la que no está ausente ninguno de esos componentes aunque cambie su intensidad: un relato metaliterario se trenza con una investigación criminal que habla igualmente de usos de otro tiempo. E intriga, cultura e historia se asocian también en 'La tabla de Flandes'. Esta bien ligada argamasa de modelos produce un curioso resultado. Cada uno de ellos por separado tiene una extraordinaria vigencia en la actualidad, al punto de haberse convertido en subgéneros de moda, y a ello se debe el tinte de modernidad que logran unas novelas que curiosa y deliberadamente poseen un cierto sabor antiguo. En esta mezcla de lo tradicional y lo moderno debe de radicar no la única, pero sí otra de las razones de la amplísima acogida que la sociedad lectora está dispensando a Pérez-Reverte. Añadiremos, sin embargo, en honor de la exactitud, que no siempre emplea este procedimiento acumulativo y de bastante complejidad, y que 'La sombra del águila', de configuración muy sencilla, resulta no menos atractiva.

Si el gusto por contar y el consiguiente disfrute del lector con los sucesos referidos resultan básicos en el ideario novelesco de Pérez-Reverte, no acaba en ellos la meta en que cifra su ambición. No cuenta sólo para entretener, no busca una literatura de evasión que se consuma en sí misma, en las sutiles trazas de la peripecia o en la gala del artificio. Ese componente de amenidad, distracción y sorpresa, fundamental, por otra parte, en alguien que no oculta su deseo de alcanzar cifras elevadas de lectores, no está reñido con otras dimensiones más hondas y más nobles de la literatura. De hecho, los grandes temas de siempre de las bellas letras están en todas y cada una de sus ficciones: el amor, la vida, la muerte, la piedad, el honor, el idealismo, la rectitud, las apariencias, la honestidad... Bajo el ir y venir de los personajes o entre enigmas, incidentes y discreteos laten a cada paso esas pulsiones humanas sustanciales. No siempre están en la superficie del texto porque éste, aunque la apariencia de una narrativa de acción lo disimule, posee un espesor que encubre un sentido y lo dota de valores universales. Los personajes, marcados por impulsos privados, bien perfilados con rasgos individualizadores, son como pequeños planetas de la constelación general de la humanidad. Tienen algo de ejemplares representativos de lo mejor y peor de cada ser humano, de cada uno de nosotros, los lectores. Las novelas de Pérez-Reverte encierran, así, una interpretación de la vida que no aflora en una primera instancia porque el sucederse de acontecimientos absorbentes nos arrastra.

Ahí radicaba la dificultad mayor del empeño antologal de José Belmonte: dejar al descubierto el entramado de asuntos y obsesiones del escritor sin que al parcelar sus libros se perdiera su fuerza motriz principal, el repetido gusto por contar. Ha superado Belmonte el reto con conocimiento, pericia e inteligencia. Ha conseguido fraccionar al escritor sin descoyuntarlo. Ha logrado aislar y presentar los núcleos sustanciales de las inquietudes del autor de modo orgánico y bien estructurado. Y ha proporcionado sentido y coherencia a lo que podrían parecer estímulos más o menos aislados de una obra narrativa todavía en marcha, pero que a la luz de este libro, 'Los héroes cansados', que es mucho más que una convincente selección de textos, muestra poseer una sustantiva unidad. Todo ello se expone, además, con muy ajustadas razones en una puntillosa introducción.

La labor del antólogo describe una imagen global y coherente del escritor, y es acerca de ésta, del sentido general del mundo que el conjunto de la obra de Pérez-Reverte arroja hasta ahora, sobre lo que quiero agregar unas reflexiones finales. No sabemos por dónde discurrirá el autor en el futuro, pues por su edad puede tomar todavía rumbos insospechados, pero me parece que hasta el momento su obra surge de una confrontación emocional entre el escritor y la vida. Habremos de anotar un dato muy llamativo: quien es conocido periodista del frente, cronista de guerras y otras calamidades, no escribe prácticamente nunca a partir de esa lacerante realidad actual, y nada más 'Territorio comanche', libro no novelesco de homenaje a su profesión, ha roto esa regla. Los enfrentamientos armados, los enredos por el poder, los instintos homicidas, sí aparecen en sus novelas, pero colocados en un distanciamiento temporal o vistos en una perspectiva que los universaliza en cuanto elementos de la condición humana. Esta se convierte, creo, en el motivo que late bajo todos los escritos de nuestro autor, el cual la toma por los cuernos, la describe en sus miserias y maldades y la contempla sin paños calientes. Pero eso sí, con una actitud autorial que entraña una buena dosis de comprensión. Esta actitud viene de una manera global de ver el universo que no conduce a la incriminación ni a la expresión de una postura de superioridad, aunque el juicio vertido sobre el mundo sea muy severo. Al contrario, los libros de Pérez-Reverte llevan al dominio del sentimiento elegiaco que he mencionado antes de pasada. Hay en ellos, por encima de detalles menudos, una elegía de tiempos que fueron y de un pasado que contuvo mayores dosis de dignidad, caballerosidad y honor. Imagino que la experiencia de la guerra y de los infortunios planetarios que posee el periodista profesional tendrá su parte de responsabilidad en esa postura.

Esta suposición concierne a la intimidad del escritor, pero la digo porque tiene consecuencias literarias que sí nos afectan, sobre todo el tono melancólico que se desprende de unos relatos aventureros que vienen a proclamar una nostalgia del pasado. El periodista ha contado y vivido los estragos indiscriminados que producen los ingenios militares de nuestros días, pero el novelista recrea la destreza de la esgrima, que busca una muerte individual, selectiva y artística. La bomba o el misil contra el florete; la tecnología frente al arte. Basta con leer las dos o tres páginas iniciales de 'El húsar' para ver la intensidad de esta actitud, y no se olvide que es la primera obra del autor. Estamos a comienzos del siglo XIX, en plena campaña napoleónica en España. Dos militares imperiales hablan de sus armas. Frederic Glüntz pondera su sable. Su compañero Michel de Bourmont no comparte esa admiración, le parece un instrumento de carnicería y vulgar. Respecto de las armas de fuego, declara Bourmont que «matar a distancia no es honorable» y agrega luego que las tiene por símbolo de una civilización decadente.

¿Qué papel juega el individuo en este planeta declinante, belicoso, taimado y desenamorado? Pérez-Reverte resulta un escritor barojiano: sus personajes se debaten entre el vitalismo y la abulia, que toma forma de escepticismo y casi de resignación. Se prefieren los luchadores, los idealistas y los que acometen con empeño una empresa por el único motivo de mantener una ilusión o por la simple razón de que no puede hacerse en la vida otra cosa que vivirla. Los grandes ideales y los tiempos de la búsqueda y de la aventura se terminaron. De un fondo reactivo a esta situación surge el imaginario de Pérez-Reverte y por ello la literatura y la lectura tienen tanto peso en sus obras. El viejo y clásico dilema, el dilema cervantino por excelencia, vida y literatura, está en el trasfondo de sus relatos. El caballeroso Jaime Astarloa de 'El maestro de esgrima' le dice a la enigmática Adela de Otero que él no lee novelas y ella reconoce que lo mejor es vivirlas. Algo parecido se sostiene en el colofón de 'El húsar', pero ahora no referido a la ficción sino a la realidad: el autor se la dedica a su padre «porque estoy seguro de que esta novela le habría gustado vivirla a él».

En un mundo reducido a la aldea global y a la vez dislocado ya queda poco espacio para la aventura y ésta se ve constreñida cada vez más a la superficie de la ficción. No se trata de una vivencia histórica inédita, aunque tenga sus perfiles propios. La nobleza de la baja edad media vio cómo su función militar se reducía a un decorativo papel cortesano y la novela de caballerías del siglo XVI le permitió vivir en la imaginación las empresas de honor y amor que ya eran imposibles. Las gentes de hoy también desearían tener la experiencia del riesgo, participar en aventuras exóticas y en lances peligrosos, asomarse al pozo de las pasiones inefables y arrebatadas, pero están -estamos- más limitadas que nunca por su condición urbana y sedentaria. El gesto característico de estos amenes de siglo es una antiheroica pasividad ante el televisor. No es de extrañar que necesitemos cada vez más una escapatoria por la vía de lo imaginario y ello vendría a explicar el contundente éxito de las novelas de Pérez-Reverte, que poseen una extraordinaria capacidad para conectar con un subconsciente colectivo que busca lo excepcional frente a la rutina cotidiana. Salvemos de nuevo las distancias que se quieran, pero algo así hizo Lope de Vega al cristalizar en su comedia un conjunto de valores y aspiraciones generales. Pérez-Reverte nos proporciona la posibilidad, por medio de legitimas reglas del arte de la fabulación, de vivir otras vidas en esta vida.

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Ada
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Mensaje por Ada » Mié Jul 04, 2012 9:02 am

TERRITORIO REVERTE

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Territorio Reverte
Ensayos sobre la obra de Arturo Pérez-Reverte

Páginas: 504 ISBN: 978-84-7962-154-4 Editorial: Verbum Precio: 18
Incluye trabajos de R. Acín, M. A. de la Torre, F. Báez de Aguilar, José Belmonte, E. Canonica, Rubén Castillo, Juan Cruz Mendizábal, Luis Alberto de Cuenca, V. Dean-Thacker, B. J. Dendle, Pedro Guerrero, Félix Jiménez, Marco Kunz, José Manuel López, Alicia López, J. L. Martín Nogales, Alberto Montaner, A. Moreno, G. Navajas, J. Peñate, Anthony Percival, Arturo Pérez-Reverte, José Perona, Juan Manuel de Prada, A. Rodríguez, E. Rudin, Y. Sánchez, Jaime Siles, Pia Stalder, Cécile Vilas y A. López Bernasocchi.

ÍNDICE DE LA OBRA (procedente de Icorso)




Índice y presentación de Territorio Reverte

A modo de presentación

Ramón ACÍN FANLO : Cómo entrar en escena y otros problemas de fondo. (Para una lectura de Territorio Comanche)
Mariela AGOSTINHO-DE LA TORRE: Los saltos temporales en El capitán Alatriste: la función de la anticipación
Francisco BÁEZ DE AGUILAR GONZÁLEZ: Del «Honor» y «España» en los mundos del capitán Alatriste
José BELMONTE SERRANO: El eterno conflicto entre la realidad y el deseo: El húsar
Elvezio CANONICA: «La virtud no es rentable»: el combate a punta desnuda entre dos sistemas de valores en El maestro de esgrima
Rubén CASTILLO GALLEGO: La España urgente de un escritor
Juan CRUZ MENDIZÁBAL:Dos perfiles de Arturo Pérez-Reverte: articulista y novelista
Luis Alberto de CUENCA: La saga del capitán Alatriste ..
Veronica DEAN-THACKER: Imaginación e imagen en La piel del tambor
Brian J. DENDLE: Las novelas históricas de Arturo Pérez-Reverte
Pedro GUERRERO RUIZ: Grandeza literaria y miseria moral en la España de Alatriste (un análisis interdisciplinar e intertextual)
Félix JIMÉNEZ RAMÍREZ: Aspectos del español coloquial en Patente de corso
Marco KUNZ: La función narrativa del ajedrez en La tabla de Flandes
José Manuel LÓPEZ DE ABIADA: Contra el olvido. Primera lectura de El capitán Alatriste
Alicia LÓPEZ GUNTÍN: Narrador y temporalización en las tres primeras entregas del Capitán Alatriste
José Luis MARTÍN NOGALES: Bibliografía comentada de Arturo Pérez-Reverte
Alberto MONTANER FRUTOS: De libros y de enigmas: La trama bibliográfica de El club Dumas
Antonio MORENO: Arturo Pérez-Reverte: Variaciones en torno a un mismo estilo
Gonzalo NAVAJAS: Arturo Pérez-Reverte y la literatura de un tiempo ejemplar
Julio PEÑATE RIVERO: La cara oculta del cuadro. El relato breve en Arturo Pérez-Reverte
Anthony PERCIVAL: El cuerpo como un destino: representación física en La piel del tambor
Arturo PÉREZ-REVERTE: La vía europea al best-séller
José PERONA: Historias de libros en tres novelas de Arturo Pérez-Reverte
Juan Manuel de PRADA: Arturo Pérez-Reverte: «El analfabetismo de los críticos ha hecho mucho daño»
Alfredo RODRÍGUEZ LÓPEZ-VÁZQUEZ: De El maestro de esgrima a La Tabla de Flandes: el universo narrativo de Pérez-Reverte .
Ernst RUDIN: Cachitos de un asunto de lector
Yvette SÁNCHEZ: De bibliófilos culpables y lectores inocentes en El club Dumas
Jaime SILES: El sol de Breda: situaciones épicas y contenido moral de la novela histórica
Pia STALDER: Aproximación a tres de los personajes principales de El club Dumas ……
Cécile VILAS: De incunables, xilografías y encuadernaciones: la temática del libro antiguo en El club Dumas o «Nadie lee impunemente un libro en el siglo XX»
Augusta LÓPEZ BERNASOCCHI:Bibliografía sobre Arturo Pérez-Reverte .
José Manuel LÓPEZ DE ABIADA: Para un perfil de Arturo Pérez-Reverte
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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Ada
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Mensaje por Ada » Mié Jul 04, 2012 9:25 am

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Anne L. Walsh: Arturo Pérez Reverte: Narrative Tricks and Narrative Strategies

Ann L. Walsh analiza los temas repetidos en las obras de Pérez Reverte en Arturo
Pérez-Reverte: Narrative Tricks and Narrative Strategies (London: Tamesis Books, 2007), y dedica el capítulo 6 a El pintor de batallas. Entre las características comunes, Walsh destaca la recuperación del pasado histórico o personal a través de la memoria, combinación de hechos históricos y ficción, un personaje femenino fuerte, el aspecto lúdico y el interés por el arte.


Anne L. Walsh dedica un capítulo de su libro Arturo Pérez-Reverte: Narrative Tricks and Narrative Strategies a un estudio de las técnicas narrativas que nuestro autor emplea en La piel del tambor. Ella destaca que tanto las tres novelas que la preceden – La tabla de Flandes, El club Dumas y El maestro de esgrima – como La piel del tambor misma, aprovechan de la idéntica fórmula narrativa, y que el autor mismo tiene que emplear nuevas tácticas narrativas para entretener y mantener el interés de un público que ya ha leído varias de sus obras. Walsh indica que Pérez-Reverte adopta varios elementos que podrían mantener la atención del lector, como un énfasis en la intriga vaticana, un desarrollo profundo del rol femenino, una iglesia que “mata para defenderse” y los vínculos entre el pasado y la actualidad (100). La investigadora sigue su análisis con un examen detallado de dichos elementos y cómo ellos funcionan dentro de la narrativa del texto.
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Sab Jul 07, 2012 9:02 am

Ayuda a la promoción de noveles
Manuel Hurtado - ABC - 02/02/1996

La Editora Regional y Filmoteca de Murcia es una de las primeras que se fundó en España con el objetivo básico de promocionar y divulgar los autores murcianos, o bien que tengan una relación directa con la región. Más de 300 títulos publicados desde 1980 avalan su trabajo. Actualmente, un 75 por cien de su trabajo lo hace en coedición con empresas públicas o privadas. Como novedades, están la posible coedición con Alfaguara de las actas del congreso sobre Arturo Pérez-Reverte que se va a celebrar en Kentucky (USA).

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Birdy_Edwards
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Los heroes cansados

Mensaje por Birdy_Edwards » Lun Jul 09, 2012 1:23 pm

Aún recuerdo la salida de "Los heroes cansados".... Me gusta mucho la reseña de "El club Dumas" que contiene...Y que aún no he sido capaz de encontrar en formato digital ( esa reseña ...).
Duermo entre libros, sueño despierto

Adeletheresa61
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Re: Los heroes cansados

Mensaje por Adeletheresa61 » Lun Jul 09, 2012 11:27 pm

Birdy_Edwards escribió:Aún recuerdo la salida de "Los heroes cansados".... Me gusta mucho la reseña de "El club Dumas" que contiene...Y que aún no he sido capaz de encontrar en formato digital ( esa reseña ...).


Bueno lo de "Los héroes cansados" lo tenía en mis manos hace un mes en la cuesta de Moyano....tirado de precio. Y por alguna razón no lo compré. Luego me daba un poco de rabia por haberlo dejado allí. Lo compraré ahora seguro. No se exactamente por que, pero me siento mucho más a gusto con libros de segundamano en vez de libros nuevos. Obviamente el precio influye...pero hay otra cosa aparte del dinero. Busco casi todos mis libros en tiendas de segundamano en Madrid y en La Cuesta

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Rogorn
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Re: Los heroes cansados

Mensaje por Rogorn » Lun Jul 09, 2012 11:42 pm

Birdy_Edwards escribió:Aún recuerdo la salida de "Los heroes cansados".... Me gusta mucho la reseña de "El club Dumas" que contiene...Y que aún no he sido capaz de encontrar en formato digital ( esa reseña ...).

Eso se soluciona trancribiéndola tú mismo. :wink:

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Birdy_Edwards
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Re: Los heroes cansados

Mensaje por Birdy_Edwards » Mar Jul 10, 2012 7:54 am

Rogorn escribió:
Birdy_Edwards escribió:Aún recuerdo la salida de "Los heroes cansados".... Me gusta mucho la reseña de "El club Dumas" que contiene...Y que aún no he sido capaz de encontrar en formato digital ( esa reseña ...).

Eso se soluciona trancribiéndola tú mismo. :wink:


A ver si me pongo en ello...... :D
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Ada
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Re: Los heroes cansados

Mensaje por Ada » Mar Jul 10, 2012 8:50 am

Adeletheresa61 escribió:
Birdy_Edwards escribió:Aún recuerdo la salida de "Los heroes cansados".... Me gusta mucho la reseña de "El club Dumas" que contiene...Y que aún no he sido capaz de encontrar en formato digital ( esa reseña ...).


Bueno lo de "Los héroes cansados" lo tenía en mis manos hace un mes en la cuesta de Moyano....tirado de precio. Y por alguna razón no lo compré. Luego me daba un poco de rabia por haberlo dejado allí. Lo compraré ahora seguro. No se exactamente por que, pero me siento mucho más a gusto con libros de segundamano en vez de libros nuevos. Obviamente el precio influye...pero hay otra cosa aparte del dinero. Busco casi todos mis libros en tiendas de segundamano en Madrid y en La Cuesta


Lo compré en la Feria del Libro antiguo. No estaba muy barato pero creo que ha merecido la pena la compra
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Sep 05, 2012 9:44 am

“El éxito es la nota dominante en la obra de Pérez-Reverte”
Antonio Arco – La Verdad – 13/06/1995

“No me extrañaría que Arturo Pérez-Reverte consiga en premio Nobel de literatura. Sus novelas están siendo traducidas a varios idiomas y el éxito es la nota dominante. Es un autor joven con un futuro extraordinario, porque es un privilegiado de la novela que puede hacer lo que quiera a la hora de escribir”.

Con esta seguridad se explica José Belmonte Serrano, profesor de literatura y crítico literario de este diario, que acaba de publicar ‘Arturo Pérez-Reverte: Los héroes cansados (El demonio. El mundo. La carne)’ en la editorial Espasa-Calpe. En él, Belmonte Serrano deja al descubierto, según Santos Sanz Villanueva, “el entramado de asuntos y obsesiones del escritor”, al tiempo que “aísla y presenta los núcleos sustanciales de sus inquietudes de modo orgánico y bien estructurado”, proporcionando “significación y coherencia a lo que podrían parecer estímulos más o menos aislados de una obra narrativa todavía en marcha”. A juicio de Sanz Villanueva, “posee la gracia natural de saber contar historias, pero además sus novelas son el resultado de un puntilloso oficio que no anula un aliento poético. En ella asume gustoso el género de aventuras, se apropia de la narración de intriga, cultiva el relato histórico y practica la ficción culturalista que nos lleva al terreno de la literatura y la bibliofilia”.

Tras el prólogo ‘Vidas prestadas’ y la introducción del propio Belmonte Serrano, la obra cuenta con una selección de textos de ‘El húsar’, ‘La sombra del águila’, ‘El maestro de esgrima’, ‘La tabla de Flandes’, ‘El Club Dumas’ y ‘Territorio comanche’. “Se trata de un ensayo amplio –indica el crítico- dirigido a aquellas personas que ya se hayan introducido en la literatura de Pérez-Reverte”. El libro concluye con el capítulo titulado ‘Revertelandia’, donde “recojo cuarenta frases que Arturo Pérez-Reverte ha dicho a lo largo de toda su vida literaria”. “Escribo las historias que a mí me gustaría leer”, por ejemplo, es una frase del novelista que gusta especialmente a Belmonte Serrano, quien confía en que “dentro de unos años este libro se haya quedado muy viejo”.

Del estilo del autor de ‘La tabla de Flandes’ el crítico destaca “la agilidad con que narra, que hace que parezca que las cosas se le van ocurriendo sobre la marcha. Me recuerda al modo de narrar de Baroja. Es sorprendente su capacidad para la novela”, prosigue Belmonte, admirado de la facilidad del novelista para “de pronto cambiar de estilo y ponerse a filosofar, e incluso a poetizar, magníficamente. Estamos ante un autor que casi con toda seguridad podría hacer lo que le diera la gana en el campo de la novela”.

Resalta el autor que “Arturo Pérez-Reverte ha calado muy hondamente en todas las editoriales, y todas pujan por llevárselo a su terreno, aunque es muy difícil arrebatárselo a Alfaguara. Estamos ante el escritor que es más llamativo de cara al público en general, dentro del mundo de los jóvenes narradores españoles, de 45 años hacia abajo”. Cree Belmonte Serrano que “hay mucha gente que desearía que Pérez-Reverte fuera un mal novelista, estoy seguro de ello. Pero se han encontrado con que no sólo cae simpático, porque siempre se ha notado que no ha sido un vividor, sino que se encuentran con que escribe bien”. Pérez-Reverte “se olvida de todo y se pone a contar historias precisamente para olvidarse de su propia vida. La novela siempre le ha servido de consuelo, le ha permitido disfrutar de otras vidas distintas a la suya, a veces muy terrible por todo lo que ha tenido que ver y contar en las guerras”.

‘Los héroes cansados’ toma el título de una cita del protagonista de ‘El Club Dumas’, Lucas Corso. “Arturo habla mucho en sus novelas de héroes cansados, de héroes que viven en un tiempo que no les corresponde”. Autor hasta la fecha de seis novelas y dos cuentos, en su obra hay una serie de constantes en las que Belmonte Serrano ha centrado su trabajo: “El demonio, el mundo y la carne son sus más significativas constantes. Al hablar del mundo en realidad se habla de guerras”. En las novelas del autor cartagenero, señala el crítico, “lo erótico también tiene su importancia. Siempre hay una chica hermosa que a veces puede salvar del tedio al héroe e incluso a la propia novela”.

Con las novelas de Pérez-Reverte sucede, según Belmonte Serrano, que un best seller puede ser un gran libro, algo que casi nunca sucede, salvo en casos tan excepcionales como el de ‘El nombre de la rosa’, de Umberto Eco. Pérez-Reverte no sólo divierte al lector, también le educa”, asegura el crítico literario, rendido ante la obra del autor cartagenero.

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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Dic 04, 2012 10:34 am

http://www.academiaeditorial.com/web/ar ... z-reverte/

Los 'Episodios nacionales' en la novelística histórica de Arturo Pérez-Reverte
Del libro 'El envés de la trama: El segundo plano en la literatura de Arturo Pérez-Reverte', de Ángel Otero-Blanco
Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2012.
ISBN 978-84-15175-48-3

Introducción:

En 'El maestro de esgrima' (1988) y 'Un día de cólera' (2007) Arturo Pérez-Reverte actualiza tres 'Episodios nacionales' de Benito Pérez Galdós: 'Prim' (1906), 'La de los tristes destinos' (1907) y 'El 19 de marzo y el 2 de mayo' (1873). En las dos novelas de Pérez-Reverte la literatura de Pérez Galdós se revela como memoria alumbrante que sacude conciencias y restaura la valentía de la decencia y el sentido común. En la novelística histórica de Pérez-Reverte los 'Episodios nacionales' se visualizan como pórtico de acción emprendedora contra la apatía irresponsable y el conformismo ocioso. En concreto, 'El maestro de esgrima' y 'Un día de cólera' ponen de manifiesto la relevancia contemporánea (literaria, social, política) de Pérez Galdós mediante el proceso de recontextualización cultural que Hazel Gold percibe en los fenómenos de reescritura del canon literario español: “Canons may be modified […] through adjustment and fine-tuning of the list of canonized titles […] by writers whose place in the literary establishment remains secure” (184). 'Prim', 'La de los tristes destinos' y 'El 19 de marzo y el 2 de mayo' constituyen muestras de “canonicidad dinámica”, que “tiene lugar cuando un modelo literario funciona como principio productivo del sistema, proporciona[ndo] un conjunto de pautas y guías aceptables para la creación de nuevos textos” (Iglesias Santos 333). En este sentido, los 'Episodios' galdosianos conforman tres de los modelos literarios seguidos por Pérez-Reverte para crear dos “nuevos textos”: 'Un día de cólera' y 'El maestro de esgrima'. Consecuentemente, entre Galdós y Pérez Reverte se generan campos narrativos relacionales que, de acuerdo con la visión foucaultiana del devenir cultural, se contienen y se renuevan mutuamente. Como explica Michel Foucault: “The problem that […] presents itself […] is to determine what form of relation may be […] described between these different series; […] what interplay of correlation […] exists between them: what may be the effect of shifts, different temporalities, and various rehandlings” (Foucault 11). El “problema”, como dice Foucault, consiste en describir los efectos críticos y creativos que se derivan de las correlaciones discursivas entre ambos autores.

Específicamente, una lectura simultánea de Galdós y Pérez-Reverte permite ver que, en última instancia, 'El maestro de esgrima' ofrece una visión desencantada y escéptica del panorama socio-político de la España contemporánea y, en particular, de la transición democrática. La mirada pérez-revertiana (suspicaz y recelosa) que se proyecta sobre la España institucional y dirigente –y, en concreto, la del período de la transición– se articula a partir de una concepción galdosiana (mordaz y agridulce) de la realidad nacional. De forma similar, en 'Un día de cólera' la invasión napoleónica constituye el pretexto histórico empleado por Pérez-Reverte para focalizar el conflicto españolismo/aperturismo europeo (tradición y modernidad) desde un punto de vista desengañado y frustrado que amplía críticamente la perspectiva épica de El 19 de marzo y el 2 de mayo de Galdós.

En otras palabras, la posición que ocupan conjuntamente los tres 'Episodios nacionales' ('Prim', 'La de los tristes destinos', 'El 19 de marzo y el 2 de mayo') en la literatura de Arturo Pérez-Reverte es relacional y no esencialista. En su novelística “al estilo Galdós” se puede entrever una doble estratategia [sic] narrativa: transcontextualización epistémica ('El maestro de esgrima') y refocalización del punto de vista narrativo ('Un día de cólera'). La huella de los 'Episodios nacionales' en 'El maestro de esgrima' supone una “contigüidad con el presente y con el futuro y no [una] perpetuación simple de un pasado” (Pozuelo Yvancos 49). Es decir, en 'El maestro de esgrima' se actualiza a Galdós como resonancia soslayada del presente, lo cual, de acuerdo con Enric Sullà, “en el estudio de los procesos de formación del canon […] equivale […] al análisis de cómo se construyen las narraciones cronológicas de florecimiento, apogeo y decadencia” (33). Tomando como modelo a Galdós, 'El maestro de esgrima' “habla del pasado, pero de modo más o menos latente [Pérez-Reverte] juega con sesgadas referencias al presente [y] selecciona del pasado escenas y personajes que suscitan un impacto emotivo y ecos actuales” (García Gual 12). En cuanto a 'Un día de cólera', Pérez-Reverte no sólo sigue la estela narrativa de 'El 19 de marzo y el 2 de mayo', sino que también renueva la recreación literaria (galdosiana, en este caso) de la Guerra de la Independencia diversificando la focalización narrativa de los acontecimientos históricos. 'Un día de cólera', por tanto, despliega un agudo multiperspectivismo crítico que complementa narrativamente la visión heroico-popular de 'El 19 de marzo y el 2 de mayo' galdosiano.

Pérez-Galdós en 'El maestro de esgrima'

Dado el carácter disidente e inconformista que articula el universo novelesco de Pérez-Reverte (desafío a la Historia oficial, crítica al poder institucional, sátiras contra las clases dirigentes), no sorprende que perciba desde una actitud escéptica y desilusionada la realidad socio-política española, “una sociedad dislocada por la ordinariez, la manipulación del poder, la estupidez política, la desmemoria histórica, el cainismo, la barbarie, la falsedad de un mundo hipócrita y oportunista, la mediocridad y el ambiente cutre en que se han convertido no pocas parcelas de la vida contemporánea” (Martín Nogales 17-8). Por esta razón, a la hora de escribir novela histórica Pérez-Reverte no sólo “adopta” la visión crítica con que Pérez Galdós contempla el discurrir histórico de España sino que la “adapta” a la llamada “cultura del desencanto” (Resina 1997). De 'El maestro de esgrima' (1988), por ejemplo, se ha dicho que es una de las novelas más galdosianas de Pérez-Reverte, por su lenguaje y estilo narrativos, ambientación histórica y visión pesimista del país (Dendle, “Novelas históricas” 124; Rodríguez López-Vázquez 401; Turpin 353). El mismo escritor ha admitido en numerosas ocasiones que Pérez Galdós ha sido uno de los modelos literarios que ha seguido más de cerca a la hora de concebir la novela (Ocón-Garrido 82). Como argumenta José Belmonte Serrano (61), con 'El maestro de esgrima' “Pérez-Reverte, de modo absolutamente consciente, rinde homenaje a uno de los escritores más apreciados y queridos por él: Benito Pérez Galdós”. Más allá de señalar paralelismos de estilo y ambientación histórica, existe la posibilidad de explorar en detalle temas específicos de 'Prim' (1906) y 'La de los tristes destinos' (1907) –decepción con la situación política nacional, conflicto ilusión/realidad, alienación del pueblo, conspiraciones institucionales– que Pérez-Reverte traslada veladamente a la España en transición de los primeros años de la década de los ochenta.

Uno de los aspectos en común entre Galdós y Pérez-Reverte es el tratamiento de la clase política. Conocida es la aversión pérez-revertiana hacia gran parte de los políticos. Y conocida es también su habitual identificación con la gente de la calle. Según Castillo Gallego (95), Pérez-Reverte sitúa a los llamados “ciudadanos de a pie” en el centro narrativo de su literatura porque “[en Pérez-Reverte] el estado económico de un país […] no se mide por sus grandes fortunas […] Se mide por el bienestar de sus ‘ciudadanos medios’ […], cuyos alborozos y agobios, cuyas estrecheces y alegrías, tejiéndose entre sí, elaboran el sustrato nacional”. Al margen de una “élite falsaria” formada por políticos corruptos, banqueros oportunistas, intelectuales charlatanes y periodistas venales (Castillo Gallego 96), se alza una mayoría silenciada que en Pérez-Reverte adquiere voz y protagonismo narrativos. A esta mayoría anónima pertenece uno de sus personajes más populares, don Jaime Astarloa, humilde maestro de esgrima cuyos ingresos “no le permitían lujos excesivos”, que ahorra una pequeña suma de dinero para evitar “terminar en un asilo cuando los años le impidiesen desempeñar su oficio” (Maestro 38) y que “sólo podía permitirse lujos muy de vez en cuando”, como comprar libros (Maestro 40). Ajeno a los cambios sociales de su época (exilio de Isabel II, revolución progresista-liberal, instauración de la I República), su vida diaria se desarrolla al margen de intrigas y conspiraciones políticas. “Insensible a los nuevos usos de la agitada época en que vivía” (Maestro 34), su función narrativa consiste en plantear en la novela un conflicto “entre dos sistemas de valores, el del código del honor, encarnado por el maestro de esgrima, y el que se basa en las nociones de poder y de dinero, ejemplificado, en grados distintos, por los demás personajes” (Canonica 75). Todo en Jaime Astarloa (forma de vestir, estilo de vida, manera de expresarse y comportarse en público) es un anacronismo que contrasta con una sociedad prosaica y materialista basada en el oportunismo político y la conveniencia social. Gonzalo Navajas (“Una estética”) utiliza el concepto de “nostalgia asertiva” para referirse a la singularidad lúcida de don Jaime. En 'El maestro de esgrima' el pasado es añorado como refugio romántico de la dignidad y el coraje, pero, de acuerdo con Navajas, no se trata de mero escapismo; todo lo contrario, el impulso nostálgico de don Jaime, comenta Navajas, “se sabe provisional” (112) porque retorna al presente como espacio crítico de mejoramiento personal.

La caracterización psicológica que Pérez-Reverte hace de don Jaime tiene mucho que ver con la actitud excéntrica de Juan Santiuste, alias Confusio, en 'Prim' y 'La de los tristes destinos' de Pérez Galdós. Santiuste es un individuo alienado, totalmente desconectado del llamado mundo real. El título de la Historia lógico-natural que está escribiendo es irónico porque su “historia” sólo es “lógica” y “natural” como invención, es decir, como literatura. La locura creativa del personaje permite a Galdós elaborar el retrato de una España ideal y utópica, fruto de una reconstrucción totalmente libre y ficticia de los hechos históricos más relevantes del siglo XIX español. A diferencia de la turbulenta España de las rencillas institucionales y los intereses políticos, la España de Santiuste sólo es posible en el mundo de la imaginación y la fantasía, esto es, en el reino de la creatividad y la ilusión.

De forma similar, la sociedad ideal de don Jaime de Astarloa en 'El maestro de esgrima' pertenece a una época que ya no existe. Como le dice Luis de Ayala, el Marqués de los Alumbres: “Don Jaime, su reino no es de este mundo” (Maestro 116). En contraste con una España cada vez más obsesionada con la apariencia, el dinero y el poder, el viejo maestro de esgrima permanece fiel a códigos de conducta heredados de la España del Siglo de Oro y del Romanticismo, como el honor, la amistad y la dignidad, “ideales” de una sociedad no moderna que recuerdan también a los de don Lope en Tristana. Según el comisario Campillo, don Jaime vive “como si flotase en un limbo personal, ajeno a los imperativos de la lógica y dejándose llevar por un sentido de lo real extremadamente particular… Un sentido que […] nada tiene que ver con lo realmente real” (Maestro 225). Para la sociedad positivista, racionalista y pragmática de finales del siglo XIX, la lógica del viejo maestro de esgrima “desentona” (Maestro 277). La ética personal de don Jaime supone una opción subjetiva crítica que no es reaccionaria sino respetuosa con la voluntad libre de los demás personajes. Como ha observado Navajas, los valores de don Jaime no encarnan “una reacción tradicionalista y conservadora”, ni siquiera implican la divulgación de una posición moral programática y absoluta, sino la aserción de una conciencia autónoma basada en ideales próximos al estoicismo (equilibrio entre integridad personal y empatía social, generosidad desinteresada y templanza) (“Tiempo ejemplar” 310).

Tanto Santiuste como Astarloa cuestionan el statu quo del presente nacional recreando nostálgicamente el pasado de España: Confusio mediante la libertad creativa con la que compone su particular Historia de España y don Jaime mediante valores personales y sociales que ya no pertenecen al ámbito de lo real sino al literario, igual que el ejercicio de reescritura histórica de Santiuste. Ambos personajes suponen, más que un mero escape o una simple huida de la realidad, un acto de rebeldía o de protesta. Mediante Confusio y don Jaime, Galdós y Pérez-Reverte construyen 'Prim' y 'La de los tristes destinos', por un lado, y 'El maestro de esgrima', por otro, como alegorías literarias del lado más oscuro de la modernidad y el progreso: la corrupción social y política, la superficialidad de los nuevos tiempos y la falta de coherencia entre los ideales de la revolución liberal y sus efectos reales en la sociedad.

El habitual conflicto galdosiano entre realidad e ilusión (Correa 70-85; Elizalde 46-7) también se manifiesta en Santiago Ibero, personaje quijotesco que, como Santiuste, puede considerarse uno de los antepasados literarios de Jaime Astarloa en 'El maestro de esgrima'. A lo largo de los dos 'Episodios' de Galdós, los ideales revolucionarios de Santiago Ibero –cuyo nombre y apellido constituyen una clara referencia a España– se identifican en varias ocasiones con los ensueños y las locuras del ingenioso caballero andante. Igualmente, en la novela de Pérez-Reverte, Astarloa es comparado con el personaje de Cervantes, por su parecido físico (en Francia es conocido como “el joven Quijote”, 77) y por su deliberado distanciamiento de la realidad. En una de sus conversaciones con el marqués de los Alumbres, se hace evidente que don Jaime es un defensor solitario de principios y virtudes que chocan de frente con los cuestionables valores sociales de finales del siglo XIX:

—Usted [don Jaime] es el hidalgo que no sale a los caminos, porque los molinos de viento los lleva dentro.

—En todo caso, un hidalgo introvertido y egoísta, no lo olvide Su Excelencia. El manchego [Don Quijote] quería deshacer entuertos; yo sólo aspiro a que me dejen en paz […] En realidad sólo pretendo ser honesto, se lo aseguro. Honorable. Honrado. Cualquier cosa que tenga en su etimología la palabra honor.

—Original obsesión, maestro […] Sobre todo en los tiempos que corren. ¿Por qué esa palabra, y no cualquier otra? Se me ocurren docenas de alternativas: dinero, poder, ambición, odio, pasión… (119-20)

En este diálogo se resume el conflicto entre materialismo e idealismo. Don Jaime es un disidente social por su empeño quijotesco en no participar del conformismo y la mediocridad de los nuevos tiempos del “dinero, poder, ambición”, representados, entre otros personajes, por el marqués. Astarloa funciona como emblema de una “revolución” interior y personal que trasciende los ideales de la sublevación liberal. Está convecido de que “el placer no sólo se encuentra en el exterior […] También puede hallarse en la lealtad a determinados ritos personales, y más aún cuando todo lo establecido parece desmoronarse alrededor de uno” (Maestro 119). Por “lo establecido” se entiende, además del antiguo régimen monárquico, la misma revolución. Sus efectos materiales, como sugiere Galdós al final de 'La de los tristes destinos', acabaron desilusionando a los propios revolucionarios, como el mismo Santiago Ibero. Según Brian J. Dendle, Santiago Ibero –finalmente frustrado con la revolución– es el personaje que mejor encarna el tono decepcionado del mensaje ideológico-político de la “Cuarta serie” de los 'Episodios nacionales':

Santiago Ibero, rapidly disillusioned, recognizes […] that the revolutionary changes are no more than superficial […] In La de los tristes destinos […] the Revolution is attacked (for its failure to produce fundamental change, for the timidity of its religious policy, for the corruption and self-seeking of the revolutionaries) in far harsher terms than the earlier novel [Prim] would have suggested. (Mature Thought 139)

También en relación a las conclusiones ideológicas que se pueden extraer de 'Prim' y 'La de los tristes destinos', Dendle añade que “the revolution, Galdós insinuates, will serve only the interests of a minority” (Mature Thought 136). En los dos 'Episodios nacionales' el poder administrativo y la organización burocrática del Estado (descrita en 'Prim' como un interminable conjunto de “cavernas, zahurdas y pasadizos” 26) acaban convirtiéndose en la ambición profesional de cínicos y corruptos revolucionarios como Manuel Tarfe ('Tristes destinos' 234). De hecho, tal y como ha explicado Ricardo Gullón a propósito de 'Miau' de Galdós, uno de los temas fundamentales de la narrativa galdosiana es el de la burocracia como mundo absurdo, deshumanizado y mediocre (Galdós 321-35).

Ante la falta de coherencia entre lo que predica el pensamiento progresista-liberal y lo que verdaderamente consigue en tierras españolas, Santiago Ibero, desengañado ideológica y políticamente, decide llevar a cabo su propia revolución. Adopta un estilo de vida menos idealista, más realista y pragmático, basado en el día a día, la experiencia personal y la lucidez que le otorgan la serenidad y el sentido práctico de lo cotidiano (Dendle, 'Novela histórica' 102). De hecho, termina diciendo: “Toda ilusión de grandezas políticas y militares se me ha ido de la cabeza […] Cada cual obedece a sus propias revoluciones” ('Tristes destinos' 246). Como ya se ha apuntado, esta revolución silenciosa, privada e íntima que propone Galdós en el desenlace de la “Cuarta serie” de los 'Episodios nacionales' es la que recrea Pérez-Reverte en 'El maestro de esgrima' a través del personaje de don Jaime.

Ahora bien, ambos escritores insinúan que ni siquiera este ideal es posible en una España dirigida por una clase política compuesta por gobernantes cuyos únicos intereses son la ambición y la codicia. Por eso, la inevitable colisión narrativa entre realidad e ilusión emerge también en las novelas de Galdós y Pérez-Reverte en forma de desenlaces agridulces que subrayan su desencanto con el panorama socio-político del país. Al final de 'La de los tristes destinos' Santiago Ibero emigra a Francia con Teresa Villaescusa, y en 'El maestro de esgrima' Jaime Astarloa es víctima de una traición que es consecuencia de intrigas institucionales personificadas, fundamentalmente, en el personaje de Adela de Otero.

Para los ojos tradicionales de Astarloa, Adela es intrigante por su identidad indefinida e indeterminada. Ve en ella una mujer ambigua, portadora de una personalidad y un aspecto físico híbridos y andróginos, masculina y femenina al mismo tiempo (Maestro 56; 85; 89; 93). “Enigma”, “secreto” y “misterio” son palabras que constantemente aparecen relacionadas con una mujer que es comparada con el embrujo y encanto de las sirenas (Maestro 260). Como en el caso de la relación entre Irene Adler y Lucas Corso en El club Dumas (Pérez-Reverte, 1993), la identificación de Adela con el diablo la convierte en el principal referente de la evolución psicológica de Astarloa.[6] Adela manipula emocionalmente a don Jaime con el objetivo de consolidar una trama conspiradora que involucra a políticos, banqueros e importantes hombres de negocios. Adela es, por una parte, símbolo de acceso a la verdad y al conocimiento, y, por otra, imagen del paso (doloroso) del mundo de la inocencia al de la experiencia.[7] Instalado durante años en el orden platónico de un pasado ideal representado por el arte de la esgrima, Astarloa desciende bruscamente –después de su desengaño amoroso con Adela– al caos y a la confusión de un presente regido por la corrupción y la mediocridad moral de los nuevos tiempos. Adela representa la inevitable irrupción del mundo exterior (mezquino y conspirador) en el universo personal e ideal de un hombre que sólo aspira a ser fiel a sí mismo. Adela, en definitiva, es también instrumento de una clase empresarial y política (tanto la conservadora como la liberal) con ambiciones económicas desmedidas que pueden tener consecuencias nefastas para el llamado “ciudadano medio” (Astarloa), concepto que en Pérez-Reverte puede leerse como reelaboración o ampliación del “pueblo” retratado por Galdós en Prim.

La alienación social de don Jaime tiene aspectos en común con el aislamiento político de los carboneros con quienes se cruzan los conspiradores liberales de Prim cuando se dirigen a caballo hacia Madrid. Como Astarloa, los carboneros castellanos viven el día a día ajenos a los enfrentamientos entre conservadores y liberales: “Sus ideas políticas [las de los carboneros] eran muy vagas; su conocimiento del mundo, harto borroso. Para ellos no había más obstáculos tradicionales que la nieve y la ventisca, la miseria y el bajo precio del carbón” (Prim 89). Para los carboneros de Galdós y el maestro de esgrima de Pérez-Reverte los “obstáculos” inmediatos no son necesariamente los llamados “males tradicionales de la nación” (fanatismo católico, conformismo burocrático, ausencia de pensamiento crítico) sino el desafío que supone la lucha diaria por una vida digna y humilde. En Prim la verdadera víctima de las tensiones sociales entre conservadores y liberales es la “gente de la calle”, que conforma la “historia chica” de la literatura galdosiana. Los que perecen en Madrid en una de las revueltas militares “no eran gente díscola y bullangera, sino pacíficos señores que en nada se metían: iban a sus casas; salían del Casino o del Café Iberia, pensando en todo menos en su fin inminente (Prim 52). En un sentido amplio, el “pueblo” en Prim está constituido por trabajadores del campo, clases sociales pobres (urbanas o rurales) y profesionales independientes que viven de su trabajo diario, como el maestro de esgrima pérez-revertiano. Pero, igual que en Galdós, en Pérez-Reverte la “historia grande” y la “historia chica” son interdependientes. Lo que sucede en España en el terreno de la política termina afectando a la vida diaria de “ciudadanos de a pie” como Jaime Astarloa: “A Jaime Astarloa todo aquello le traía sin cuidado, pero resultaba imposible sustraerse a sus efectos” (Maestro 104). Ajeno a las modas, la prensa y los debates socio-políticos del presente, Astarloa no puede evitar que las convulsiones nacionales entre revolucionarios y conservadores afecten al transcurrir cotidiano de sus obligaciones y responsabilidades.

La atmósfera de conspiraciones y corrupción que Pérez-Reverte recrea “a lo Galdós” en El maestro de esgrima puede leerse como una parábola literaria de las irregularidades institucionales y económicas que empezaron a practicarse en el escenario democrático español a finales de los ochenta (Barrera 202). La España conspiradora de Prim y La de los tristes destinos es la misma que la de El maestro de esgrima, donde las intrigas institucionales del reinado de Isabel II pueden leerse como antecedentes históricos de los pactos burocráticos que caracterizan el escenario político de transición democrática en que se escribe y publica la novela. Como ha indicado Pascual García García:

[El maestro de esgrima] no está lejos del presente que vivimos […] Recordemos que salió a la luz a finales de la década de los ochenta, cuando los escándalos políticos y financieros y la crisis económica habían empezado a hacer mella en el sistema democrático […] Se trata, pues, de la visión de una etapa histórica proyectada hacia el presente, de una suerte de episodio nacional al mejor estilo de Galdós […], con una clara alusión política que remite de modo ineludible a la actualidad. (112-3)

Así pues, El maestro de esgrima constituye una reelaboración de las claves narrativas del universo galdosiano con el objetivo de aplicarlas oblicuamente al período de la transición. Al fin y al cabo, “la acción de [El maestro de esgrima] discurre en Madrid, entre los años 1866 y 1868, años que corresponden a la etapa de transición que llevará a la instauración de la Primera República, en 1873” (Canonica 80). Se trata de la misma etapa de transición republicana que Pérez Galdós dramatiza en la “Cuarta Serie” de sus Episodios nacionales, modelo literario en el que se inspira Pérez-Reverte para referirse a la “otra” transición en que se publica El maestro de esgrima: la democrática.[8]

De hecho, Pérez-Reverte entiende toda su labor creativa como reinvención continua de la tradición literaria: “Basta echarle un vistazo a la Poética de Aristotéles, a la Odisea o al teatro clásico griego para comprender que la creación literaria […] no hace sino reelaborar temas y personajes que siempre estuvieron ahí, adecuándolos al tiempo en que el autor vive” (“Inquisidores” 38). La historia de traiciones, conspiraciones y corrupciones institucionales de El maestro de esgrima constituye una “alegoría” de las invisibles intrigas burocráticas del “tiempo en que el autor vive” y publica la novela: la transición democrática. La visión crítica y escéptica con la que Pérez-Reverte retrata el escenario socio-político (conservador y liberal) de la España del periodo isabelino (y, por extensión, de la España democrática de la transición) evoca la que Galdós tenía de la sociedad española en Prim y La de los tristes destinos. Se puede decir, por tanto, que, a partir de Galdós, Pérez-Reverte se sitúa con El maestro de esgrima en la línea del desencanto con el que escritores como Eduardo Mendoza o Manuel Vázquez Montalbán perciben las turbulentas negociaciones políticas y sociales de la transición democrática. Sin embargo, Pérez-Reverte no sólo actualiza los Episodios nacionales para retratar con reservas a la España dirigente de finales del siglo XX y principios del XXI sino que también los renueva aportando nuevos puntos de vista (ausentes en los Episodios) que contribuyen a explicar la perspectiva desilusionada desde la que contempla el presente y futuro del país.

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EL “DESASTRE” DE 1808

Al final de El 19 de marzo y el 2 de mayo queda claro que lo que le interesa a Gabriel Araceli es, fundamentalmente, celebrar el heroísmo colectivo del pueblo español en contra de la invasión napoleónica (Lovett 31-5). Estamos ante un “patriotismo dinámico” que “predomina especialmente en las dos primeras series, en donde observamos que el pueblo […] era arrastrado casi instintivamente a ejecutar grandes acciones en aras de la patria” (Carranza 60). Como explica Ricardo Gullón, Galdós presta especial atención a las gestas épicas que contribuyen a reforzar la idea de que “quien de veras hace la guerra y la sostiene e impulsa con el vigor contagioso del heroísmo colectivo, […] es el pueblo español” (“Los Episodios” 380). En una línea similar, Joaquín Casalduero sugiere que “El 19 de marzo y el 2 de mayo nos presenta al pueblo como populacho, primero; como ser heroico, después” (48). H. Chonon Berkowitz ha observado que esta fuerte presencia de “heroic events” es una constante a lo largo de las primeras entregas de los Episodios (119). De forma similar, Antonio Regalado García define al pueblo en Galdós “como agente heroico de la historia en […] defensa de la nación invadida” (44).

A la hora de escribir su propia versión del Dos de Mayo, Pérez-Reverte, como él mismo ha reconocido en numerosas ocasiones, ha seguido muy de cerca el modelo galdosiano. Pero lo completa o reelabora narrativamente con una singular “vuelta de tuerca”. En Un día de cólera Pérez-Reverte amplía la visión canonizada (la de Galdós) de la sublevación madrileña haciendo referencia no sólo a lo que se ganó (identidad nacional) sino también a lo que se perdió: la oportunidad histórica de introducir en España las ideas de regeneración política y cambio social que se estaban extendiendo por Europa desde el siglo XVIII. Un día de cólera se hace eco del honor visceral de un pueblo español que se enfrentó con osadía a las tropas imperiales pero que erró en sus ideales, ya que luchó por las razones equivocadas: “una monarquía corrupta y una Iglesia todopoderosa” (Cólera 348).

Decía Carmen Martín Gaite que la literatura es siempre la historia de una pérdida, puesto que “si no se perdiera nada, la literatura no tendría razón de ser” (Cuarto de atrás 168). La pérdida que Pérez-Reverte lamenta es la de una España moderna e ilustrada que pudo ser y no fue. La “cólera” del título no se refiere solamente a la furia salvaje e inhumana con la que se batieron franceses y españoles sino también a la rabia e impotencia que siente el escritor al contemplar, con mirada crítica y lúcida, el “desastre de 1808”, uno de los errores político-militares más lamentables de la historia del país. Más que una celebración patriotera llena de fastos y banderas españolas, Un día de cólera es, en realidad, la narración trágica de una jornada de luto. La impresión que le queda al lector después de leer el libro es que, en la primavera de 1808, España enterró la modernidad.

Con el Dos de Mayo se consolidó, social e institucionalmente, el enfrentamiento ideológico entre, por un lado, la España tradicional, aristocrática y clerical, y, por otro lado, la España liberal, progresista y moderna. Se trata de un conflicto histórico que compone uno de los motores narrativos de la producción literaria de Pérez-Reverte. Artículos como “Caín y Abel” (Con ánimo de ofender 311) o “Los garrotazos de Goya” (No me cogeréis vivo 487) constituyen reflexiones amargas y desencantadas sobre el conflicto irresoluble entre “las dos Españas”. En este sentido, cabe destacar también “El sello infame” (Con ánimo de ofender 43), donde Pérez-Reverte se refiere al reinado de Fernando VII como una de las consecuencias más trágicas del Dos de Mayo:

Qué mala suerte, qué desgraciado país el nuestro, siempre a punto de conseguirlo y siempre recibiendo a última hora un sartenazo que lo pone todo patas arriba, que nos arroja de nuevo al abismo […] Cuando por fin nos encontramos ante la gran oportunidad del siglo de las luces y la revolución, y hay gente como Jovellanos y Moratín y Goya, llegan los franceses y nos funden los plomos […] Y encima […] hacen de un Borbón abyecto un héroe nacional. (Con ánimo de ofender 44)

No en vano, en Un día de cólera Leandro Fernández de Moratín y Francisco de Goya forman parte de una inmensa galería de personajes que también incluye a José María Blanco White. De esta manera, se inscribe en el texto pérez-revertiano un “principio de lectura” (o, mejor dicho, de “relectura”) del Episodio nacional canonizado con el objetivo de completar o rellenar espacios vacíos que Galdós no cubrió en su momento. Lo que hace en concreto Pérez-Reverte en relación a Galdós es, por un lado, aportar una perspectiva crítica e intelectual a su versión de los acontecimientos del Dos de Mayo y, por otro lado, ampliar narrativamente el papel que Goya y Moratín desempeñan en El 19 de marzo y el 2 de Mayo.

En el Episodio nacional de Galdós, Moratín es mencionado en tres ocasiones, dos de ellas en relación a conspiraciones literarias en contra de El sí de las niñas (19 de marzo 398; 407) y una última a propósito de su condición de afrancesado “protegido” por el gobierno de Godoy (19 de marzo 441). En Un día de cólera Moratín, además de ser un emblema de modernidad y renovación social, se convierte en personaje-“espectador” de la sublevación. De este modo, Pérez-Reverte va trazando a lo largo del libro la semblanza psicológica e ideológica del dramaturgo para ofrecer, en el desenlace, el retrato de un español ilustrado que no puede escoger entre su devoción por España y su admiración por las ideas de progreso y renovación procedentes de Francia.

Firme en su fe en el avance, el progreso y la razón libre, Moratín se siente incapaz de compartir (y justificar) el estallido de violencia del pueblo español en Madrid: “Su talante de hombre culto, viajado, cortés y prudente, se acobarda ante los excesos que recela […] del pueblo sin freno […] A Moratín lo amedentra lo que un estallido popular puede desencadenar en España, donde a la gente analfabeta, cerril, lo mueve más el corazón que la cabeza” (Cólera 28-9). Moratín “desconfía del pueblo y sus pasiones” (29) y “detesta la violencia ignorante, desaforada de las clases bajas cuando se desmandan” (386). Pero, al mismo tiempo, se define como “patriota sincero” (386), ya que se siente emocionalmente ligado a esas mismas clases populares indefensas y maltratadas por la invasión napoleónica. Se trata de un doble sentimiento “imposible de reconciliar” (387) que Pérez-Reverte define como “el drama amargo de [una] generación” a la que también pertenece José Blanco White, otro de los personajes ilustres de Un día de cólera.

Como Moratín (y Galdós), Blanco White es también anticlerical, aunque más anglófilo que afrancesado. En todo caso, “Pepe Crespo” (Cólera 97) es partidario de la entrada de nuevas ideas en una España sumida en “el cerrado ambiente de telarañas y sacristía” (97). Mientras presencia, horrorizado, la barbarie del Dos de Mayo, el autor de las Cartas de España se debate entre el miedo a las bayonetas imperiales o el terror que siente ante “el cerril fanatismo de sus compatriotras” (348), manipulados y engañados por las clases dirigentes (políticas, militares y eclesiásticas). Por eso, al igual que Moratín, Blanco White se siente atormentado por una contradicción y un conflicto interior irresolubles: identificarse con sus “compatriotas naturales” (349) o unirse a los enemigos del papa, la Inquisición y la familia real. Pérez-Reverte ilustra esta parálisis ideológica que comparten Moratín y Blanco White mediante la imagen de la mecedora en la que el dramaturgo ha pasado gran parte del Dos de Mayo, “sin moverse […], desasosegado”, víctima de una soledad y una zozobra intelectuales que lo acompañarán a lo largo de toda su vida (386-7).

En Un día de cólera, tanto Moratín como Blanco White participan en el Dos de Mayo fundamentalmente como espectadores, no como actores. En numerosas ocasiones, Pérez-Reverte los sitúa en el balcón de sus casas para destacar el papel de “observadores” ilustrados que desempeñaron a lo largo de dicha jornada. Este punto de vista moderno y liberal se amplía en Un día de cólera con el “cameo” de Goya, a quien Pérez-Reverte, a diferencia de Galdós, también convierte en personaje.

En El 19 de marzo y el 2 de mayo Goya aparece nombrado en una ocasión, con motivo del saqueo popular al que es sometida la residencia de Godoy durante el motín de Aranjuez. En Galdós, Gabriel Araceli contempla, con horror y desprecio, cómo la multitud (que él describe como “monstruo” y “terrible fiera”) destruye el palacio del ministro y cómo, entre otras atrocidades, “escupía los cuadros de Goya” (19 de marzo 402). En Un día de cólera, Pérez-Reverte desarrolla y modifica narrativamente esta referencia galdosiana a Goya para, en primer lugar, elaborar el retrato ideológico del pintor y, en segundo lugar, situarlo en el Dos de Mayo (no en el 19 de marzo, como en el Episodio nacional). De esta manera, Pérez-Reverte proyecta una doble mirada sobre el creador de Los desastres de la guerra: la del pintor crítico con los acontecimientos de la nefasta jornada y, sobre todo, la del visionario que intuye, trágicamente, la oportunidad que pierde España de compartir el espíritu de renovación y modernidad que recorre Europa:

Goya está en el balcón […] Ya en la serie de grabados Los caprichos […] el aragonés puso en solfa a curas, inquisidores, jueces injustos, corrupción, embrutecimiento del pueblo y otros vicios nacionales […] Esta mañana le resulta imposible sustraerse a los negros presagios que ensombrecen Madrid […] Este gentío tiene algo oscuro que lo inquieta más allá del motín inmediato o los distrubios previsibles […] El pintor intuye nubes oscuras y torrentes de sangre [...] A su espalda […], un dibujo a lápiz […] Al margen, Goya ha escrito unas palabras: Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer. (114-6)

En dicho dibujo se puede ver un hombre arrodillado (España) con las ropas desgarradas y los brazos en cruz, “rodeado de sombras que lo cercan como fantasmas de una pesadilla” (115-16). Esta ominosa pesadilla y estas sombras futuras no sólo hacen referencia al oscuro reinado de Fernando VII sino también a la Guerra de la Independencia y a los enfrentamientos ideológicos que caracterizan a las dos Españas desde 1808 (Balfour 17-44).

En cierto modo, Un día de cólera ya estaba escrito mucho antes de su publicación en noviembre de 2007. Como ya se ha indicado, existen numerosos artículos periodístico-literarios de Pérez-Reverte en los que se anticipan gran parte de las líneas maestras del libro. Uno de ellos es el que lleva por título “La desgracia de nacer aquí” (Con ánimo de ofender 210), retrato amargo de un Moratín exiliado que encarna a todos los intelectuales y artistas que huyeron de una España reaccionaria e inquisidora. En dicho artículo Pérez-Reverte cuenta cómo, después de leer el Epistolario del autor de El sí de las niñas, decide subrayar una de las últimas frases del dramaturgo: “Burdeos, 27 de junio. Llegó Goya, sordo, viejo, torpe y débil. Sin saber una palabra de francés” (Con ánimo de ofender 212).

Con Goya, Moratín y Blanco White como personajes de Un día de cólera, Pérez-Reverte aporta una perspectiva ausente (aunque insinuada mediante breves referencias) en la versión galdosiana del Dos de Mayo: la de los intelectuales y artistas españoles que contemplan, desilusionados y frustrados, cómo España cierra sus fronteras al futuro de la modernidad y el progreso. En este sentido, Un día de cólera supone un retorno a los inicios literarios de Pérez-Reverte, ya que en él se aprecian ecos o reflejos de la primera de sus novelas, El húsar (1986). Los dos textos (El húsar y Un día de cólera) son complementarios, puesto que entre ellos se establece una relación especular-circular que tiene que ver tanto con los contenidos como con las técnicas de enunciación narrativa. Como El húsar, en Un día de cólera Pérez-Reverte cuenta la Guerra de la Independencia (en este caso, los orígenes de dicha guerra, el Dos de Mayo) no sólo desde el punto de vista español sino también desde “el otro lado”, esto es, desde la perspectiva francesa, cuestión ésta que tampoco se contempla en El 19 de marzo y el 2 de mayo de Galdós.[9]

La Historia en Arturo Pérez-Reverte se entiende, según explica David Herzberger con respecto a la relación entre literatura e historiografía en la España post-Franco, como un proceso dinámico que requiere reescrituras “conceived as fully changeable” (153), esto es, caleidoscópicas y diversificadas. En Un día de cólera la perspectiva extranjera permite a Pérez-Reverte contar el Dos de Mayo desde un ángulo alternativo que sigue el modelo narrativo (visiones críticas de España desde un punto de vista no peninsular) de las Cartas marruecas de José Cadalso. El personaje francés que más llama la atención en este sentido es el joven oficial Jean Baptiste Antoine Marcellin Marbot, a quien Pérez-Reverte describe como un “militar ilustrado: lee libros. Eso sitúa su visión de los acontecimientos por encima de la de muchos compañeros de armas, partidarios de arreglarlo todo a sablazos” (Cólera 18). Por eso, como don Álvaro Vigal (el anciano aristócrata, español y afrancesado, de El húsar), Jean Baptiste cuestiona en privado la falta de habilidad diplomática y militar con que Napoleón entra en España, básicamente porque el proyecto imperial “desprecia” (Cólera 18) una realidad peninsular fundamentada, en parte, en el respeto por el pasado, la diversidad cultural y la conservación de costumbres ancestrales. Marbot lamenta que Francia no contemple para España la posibilidad de una vía intermedia entre tradición y modernidad, entre lo viejo y lo nuevo. A medida que los franceses van ocupando el país, “lo que Marcellin Marbot ve en los ojos de la gente no es anhelo de un futuro mejor, sino rencor y desconfianza, sobre todo desde la ocupación de Pamplona, de las fortalezas de Barcelona y del castillo de Figueras” (19).

Al situar estratégicamente estas reflexiones de Marbot en el arranque de Un día de cólera, Pérez-Reverte consigue crear un efecto suspense que anticipa uno de los hilos conductores del libro: la pérdida o imposibilidad de diálogo y equilibrio socio-cultural entre lo tradicional-español, por una parte, y la razón ilustrada, por otra. Lo que más lamenta Pérez-Reverte es que con el Dos de Mayo se desvanece la ilusión de respirar en España los nuevos aires de progreso que se extienden más allá de los Pirineos. De hecho, en Un día de cólera la primera gota de sangre de esta trágica jornada es, significativamente, francesa, no española. Nervioso por lo que pueda pasar esa mañana, Marbot se corta una mejilla mientras se afeita: “Una gota roja se desliza por el filo de la navaja […] de marfil y cae en la toalla blanca que tiene extendida sobre la mesa, ante el espejo […] Es la primera gota de sangre que se derrama el 2 de mayo de 1808” (Cólera 20). Como en El húsar, se trata, en realidad, de la sangre de la razón y la modernidad (recordemos que Marbot es un militar ilustrado), vertida en España a causa de las pasiones viscerales de los españoles y el abuso militar de los franceses.

Los paralelismos entre El húsar y Un día de cólera tienen que ver también con la evolución psicológica del joven Francisco Huertas, muy similar a la del protagonista de la primera novela de Pérez-Reverte, el húsar Frederic Glüntz. Como Frederic, Francisco idealiza románticamente la gloria, el heroísmo y la fama que, supuestamente, van asociados a la guerra. Pero, de forma similar al húsar de Pérez-Reverte, Huertas cambia de parecer cuando se enfrenta a la realidad de un levantamiento popular tan desorganizado e improvisado como el de Madrid, lleno de sangre y salvajismo: “Hora y media de combate le ha cambiado ciertos puntos de vista […] De aquello a las estampas coloreadas con heroicas gestas militares media un abismo […] Desearía que todo acabara, y regresar a casa de su tío” (Cólera 277). La desilusión y el desengaño lo llevan a modificar su concepto de “patria”: “Aquello no se parece a lo que imaginaba cuando, al oír el tumulto, salió de casa […] dispuesto a batirse por la patria. En realidad, está empezando a batirse por sí mismo. Para seguir vivo” (256). Es decir, más allá de una patria institucional o política, Un día de cólera propone un tipo de patriotismo íntimo (paralelo a la revolución interior y silenciosa del maestro de esgrima) basado en la supervivencia personal (real y metafórica) de la intrahistoria. La experiencia de Francisco Huertas en la “guerra” termina con la revelación de que la verdadera patria no es el espacio geopolítico (manipulado demagógicamente) de las clases dirigentes (Monarquía) o las instituciones (Ejército, Iglesia), sino el lugar emocional y mental en el que residen sus recuerdos, su vida cotidiana y su familia. En Un día de cólera Pérez-Reverte ofrece una reformulación anti-épica de una patria oficial que, como explica Juan Suárez (personaje de la novela), ha abandonado al pueblo: “Nadie movió un dedo [por nosotros]… ¡Maldito lo que le importamos a la patria!” (Cólera 374). Como también dice el capitán Velarde: “Esperaba decencia. Patriotismo. Coraje… No sé… España es una vergüenza… Confiaba en que nuestro ejemplo moviera a otros” (293).[10] Velarde, decepcionado, lamenta la falta de dignidad de unas clases dirigentes que abandonaron al pueblo español a su suerte. Por eso, Un día de cólera constituye un monumento literario a los (anti)héroes del Dos de Mayo, a quienes Pérez-Reverte saca del anonimato histórico; de ahí el largo inventario de nombres (de personajes) y el consiguiente multiperspectivismo (militares españoles, soldados franceses, españoles afrancesados, mujeres, intelectuales y artistas, religiosos, niños, políticos) con que presenta los trágicos acontecimientos de la primavera de 1808.

En este sentido, Un día de cólera rellena los espacios en blanco de El 19 de marzo y el 2 de mayo. Como hace Galdós, la novela de Pérez-Reverte rinde homenaje al punto de vista colectivo de un pueblo que luchó con orgullo, honor y osadía en contra de la invasión francesa. Pero, al mismo tiempo, amplía narrativamente el Episodio galdosiano mediante una pluralidad de perspectivas desde la que ofrece una versión “oficiosa”, against the grain, del levantamiento anti-francés. En realidad, Pérez-Reverte concluye con un desenlace agridulce: España ganó en unidad nacional (como celebra Gabriel Araceli en el Episodio de Galdós), pero perdió en modernidad, progreso y pensamiento ilustrado. Los españoles lucharon, además, en nombre de un Dios, una Patria, y un Rey que, en última instancia, se desentendieron de lo que estaba sucediendo en las calles de Madrid. Es decir, Un día de cólera responsabiliza a políticos y militares, a clases dirigentes e instituciones, del destino histórico de España a partir de 1808.

Las piedras y los muros de la última página del libro hacen referencia a los muros quevedescos de una “patria mía” moderna e ilustrada que se perdió a principios del siglo XIX, una patria que en Pérez-Reverte no se identifica con fronteras nacionales o políticas sino con la geografía sin límites de lo emocional, la cultura, los viajes, los libros y la memoria histórica. Frente al salvajismo y la barbarie del Dos de Mayo, Pérez-Reverte ofrece el apretón de manos entre el francés Marcellin Marbot y el español Antonio Hernández (Cólera 85-6) como símbolo del diálogo transfronterizo entre lo viejo y lo nuevo, lo español y lo francés, lo cosmopolita y lo autóctono.

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CONCLUSIÓN

El planteamiento técnico de Un día de cólera confirma la mencionada tendencia pérez-revertiana hacia el sincretismo: Un día de cólera es, simultáneamente, novela, periodismo, historia y ensayo. En realidad, toda la obra narrativa de Pérez-Reverte celebra el hibridismo literario entre lo canonizado y lo popular, ya que suele componer sus novelas como textos “ ‘in between,’ hybrids of high and low” (Sieburth 11). Como dice el mismo Pérez-Reverte, “en la biblioteca de un lector de pata negra tanto montan El asesinato de Rogelio Ackroyd como La montaña mágica” (“El extraño caso de Nicholas Wilcox” 144).[11] Por consiguiente, el canon literario español (entre otros cánones literarios) forma parte del extenso archivo cultural que compone el taller de lectura y escritura de Pérez-Reverte. Si se entiende por “canon” una “selection from the archive” (Ríos-Font 221), entonces puede sugerirse que la narrativa de Pérez-Reverte se gesta en la creatividad liminar o fronteriza entre el canon –“one category of literary text”, como dice Ríos-Font– y otras manifestaciones artístico-literarias que componen su archivo de escritor –“the sum total of the literary” (Ríos-Font, 220). Asimismo, a tenor de lo explorado en este trabajo, se puede proponer que la posición narrativa de Pérez-Reverte con respecto a Prim, La de los tristes destinos y El 19 de marzo y el 2 de mayo es igualmente liminar. En efecto, su novelística histórica se sitúa en un fecundo umbral creativo en el que conviven una lectura vocacionalmente galdosiana de la transición democrática (El maestro de esgrima) y una reinvención caleidoscópica del punto de vista narrativo de Galdós en relación al Dos de Mayo madrileño. Parafraseando a Ríos-Font, cuando leemos a Pérez-Reverte no sólo ingresamos en un “threshold between the canon and the archive” (232) sino que también, en ocasiones, tenemos acceso a un “umbral” entre una lectura recontextualizada del canon y una relectura innovadora del mismo.

Pérez-Reverte ha logrado ocupar con éxito todos los espacios influyentes del campo literario porque, en la terminología de Pierre Bourdieu, genera capital por partida triple: capital institucional (es miembro de la Real Academia), capital cultural (sus novelas enseñan historia, arte, cine y literatura) y capital económico (es un best seller). No cabe duda de que Pérez-Reverte ha creado su propio estilo, su propia voz narrativa, dentro del sistema cultural español, y lo ha hecho articulando su obra siguiendo la estela creadora de otros escritores e intelectuales, canonizados o no.[12] Como explica Itamar Even-Zohar, “text producers (writers) struggle for their texts to be recognized and accepted as such. But even for these writers themselves what really matters is that their texts be taken as a manifestation, a successful actualization, of a certain model to be followed” (20). Uno de esos modelos es Pérez Galdós, autor canonizado que Pérez-Reverte actualiza renovando creativamente su valor cultural, histórico y narrativo en la España de finales del siglo XX y principios del XXI. De este modo, Pérez-Reverte justifica y confirma su labor en la Real Academia (capital institucional) no sólo como escritor legitimado por lectores y crítica literaria sino también como agente cultural de uno de los lugares de memoria más emblemáticos, críticos y versátiles del archivo literario peninsular y europeo, la obra narrativa de Pérez Galdós.

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Rodríguez López-Vázquez, Alfredo. “De El maestro de esgrima a La tabla de Flandes: el universo narrativo de Pérez-Reverte”. Territorio Reverte. Ensayos sobre la obra de Arturo Pérez-Reverte. Eds. José Manuel López de Abiada y Augusta López Bernasocchi. Madrid: Verbum, 2000: 397-412.

Sanz Villanueva, Santos. “El revertismo y sus alrededores.” Sobre héroes y libros: la obra narrativa y periodística de Arturo Pérez-Reverte. Eds. José Belmonte Serrano y José Manuel López de Abiada. Murcia: Nausícaä, 2003: 401-23.

Sieburth, Stephanie. Inventing High and Low: Literature, Mass Culture, and Uneven Modernity in Spain. Durham: Duke UP, 1994.

Sullà, Enric. “El debate sobre el canon literario”. El canon literario. Ed. Enric Sullà. Madrid: Arco Libros, 1998: 11-34.

Turpin, Enrique. “Guía de lectura”. El maestro de esgrima. Arturo Pérez-Reverte. 1988. Madrid: Austral, 2005.

Walsh, Anne L. Arturo Pérez-Reverte. Narrative Tricks and Narrative Strategies. Woodbridge: Tamesis, 2007.

Wood, Guy H. “El maestro de esgrima y el canon hollywoodiano”. Cine-Lit II: Essays on Hispanic Film and Fiction. Ed. George Cabello Castellet, Jaume Martí Olivella y Guy H. Wood. Corvallis: Oregon State UP, 1995: 117-29.

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Ángel OTERO-BLANCO
→ El envés de la trama.
El segundo plano en la literatura de Arturo Pérez-Reverte,
Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2012.
ISBN 978-84-15175-48-3

[1] José María Pozuelo Yvancos se refiere en esta cita a Formas de atención (1988) de Frank Kermode. Para Kermode –explica Pozuelo Yvancos– la adaptación temporal de un determinado texto (por ejemplo, Prim y La de los tristes destinos) a “comentarios cambiantes y movedizos” determina su “perpetuación del horizonte de modernidad, que va desplazándose y acomodándose a las necesidades de cada época” (Pozuelo Yvancos 50-51).

[2] Particularmente, en El maestro de esgrima y Un día de cólera la literatura galdosiana funciona como precursora cultural, siguiendo a Enric Sullá, de una “narración de la decadencia” (33) del liderazgo social. Las dos novelas suponen la verificación del fracaso, advertido (y temido) por Pérez Galdós, del ideal político del honnête homme ilustrado. En ellas se pone de manifiesto una amarga desconfianza en parte de la administración pública y se evidencian demagogias políticas que impiden el progreso social y material (sensato y equilibrado) de una ciudadanía crítica, independiente y creativa.




[6] La asociación de Adela con las nociones de seducción y engaño es evidente cuando ella misma cita unas líneas de The Deformed Transformed de Lord Byron en las que se menciona explícitamente al diablo: “La voz de Adela de Otero sonó queda, como una caricia: The devil speaks truth much oftener than he’s deemed. He has an ignorant audience…” (Maestro 129).

[7] Adela de Otero representa “the skilled version of reading” (Walsh 15), lo cual equivale a la lucidez y al conocimiento que otorga la supervivencia en la experiencia dolorosa del mundo: “The female characters created by Arturo Pérez-Reverte play a dominant role: they are centres of expertise, knowledge, common sense and reason” (Walsh 35).

[8] Más allá de la transición democrática española, las condiciones políticas y económicas en que Pérez-Reverte sitúa la acción de El maestro de esgrima tienen mucho que ver con las que están teniendo lugar en nuestro actual cambio de siglo/milenio. Como sugiere Guy H.Wood, el alcance temporal de la novela es amplio e incluso transnacional: “El Madrid del maestro de esgrima [está] lleno de intrigas y escándalos, sobre todo bancarios. Nos identificamos con el protagonista porque también somos unas marionetas zarandeadas por el torbellino sociopolítico y empresarial en que nos ha tocado vivir […] El maestro resulta atractivo para el lector […] de hoy porque es […] una víctima de las mismas fuerzas vivas que nos controlan a nosotros” (122).

[9] Según Brian J. Dendle, en El húsar se pueden escuchar los ecos narrativos del séptimo capítulo de Bailén de Galdós (“Novelas históricas” 123). Cabe añadir que El húsar, publicada en 1986, puede leerse como reelaboración en clave de transición democrática de aspectos socio-políticos planteados por Galdós no sólo en el capítulo séptimo de Bailén sino a lo largo de todo el Episodio (por ejemplo, la rivalidad entre patriotas y afrancesados equivale, en términos de la transición democrática, al conflicto entre europeísmo y españolismo). La diferencia narrativa entre Galdós y Pérez-Reverte radica en que El húsar incorpora el punto de vista francés al relato de la Guerra de la Independencia.

[10] En Cabo Trafalgar (2004) Pérez-Reverte también plantea la cuestión del desencanto ciudadano ante la noción de “patria oficial”. Uno de sus modelos literarios ha sido Trafalgar de Pérez Galdós. Del primer Episodio nacional de Galdós, Pérez-Reverte ha dicho: “Lo he leído varias veces y es la obra fundamental, es la referencia. Es, a Trafalgar, como el Quijote a la novela. El que hable de Trafalgar sin haber leído a Galdós es un paria” (Revista Cambio 63). La principal innovación de Pérez-Reverte con respecto al primer Episodio nacional de Galdós consiste en modificar las coordenadas narrativas de la batalla: no la cuenta desde el centro y desde arriba (la cubierta del Santísima Trinidad en Trafalgar) sino, sobre todo, desde el margen y desde abajo (la primera batería del Antilla, un barco inicialmente periférico). Desde esta perspectiva insólita, Cabo Trafalgar actualiza y reconfigura narrativamente el Trafalgar galdosiano dando voz y protagonismo a una “gente de leva” que, en terminología cinematográfica, abandona el fondo del encuadre para pasar al primer plano de la narración.

[11] La producción literaria de Pérez-Reverte supone, según Santos Sanz Villanueva, un fértil encuentro narrativo entre la literatura “culta” y la popular: “[Pérez-Reverte] viene a decir que […] la exigencia constructiva y estilística no afecta sólo a la literatura culta; también forman parte del legado de la que no disimula una orientación popular […] Rescata la técnica del planteamiento exclusivo de la literatura culta y la reivindica para la literatura popular consciente y atenta. Da categoría a lo popular (“Revertismo” 411).

[12] Pérez-Reverte se suele referir al proceso de escritura como un ejercicio creativo de reelaboración textual. En concreto, define el oficio de escritor como “el viejo y legítimo acto novelesco de manejar el abundante material, las películas vistas, los libros leídos, los documentos consultados y su elaboración posterior” (“Inquisidores” 38). Es decir, en Pérez-Reverte la actividad literaria es, más que una escritura, una lectura creativa y reflexiva de la tradición. En su visión de la literatura, el escritor no trabaja solo, sino “en equipo”: a través de él se canaliza y reelabora, en base a sus propias coordenadas históricas y bio-bibliográficas, todo el archivo de lecturas que ha ido acumulando en su profesión de lector-escritor.

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Mensaje por Ada » Mar Dic 11, 2012 1:45 pm

La imaginación histórica. Ensayo sobre novelistas españoles contemporáneos', de Justo Serna
(Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos)

Este libro es un ensayo de historia cultural. No trata del pasado, sino de la ficción. Trata de la novela y de ciertos novelistas. En concreto reconstruye sus obras y sus correspondencias, las invenciones y las experiencias históricas en que se basan.
De todas las posibles, Justo Serna ha escogido las de Eduardo Mendoza, Luis Landero, Arturo Pérez-Reverte, Antonio Muñoz Molina y Javier Cercas.

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Mensaje por Ada » Mar Sep 10, 2013 11:31 am

Análisis de El maestro de esgrima, La tabla de Flandes, El club Dumas, La piel de tambor y La carta esférica.

'Y al séptimo día descansó: Arturo Pérez-Reverte, creador de universos postmodernos', de Jorge Muñoz Ogáyar

En Y al séptimo día descansó: Arturo Pérez-Reverte, creador de universos postmodernos se analizan detalladamente cinco de las novelas más destacadas de Arturo Pérez-Reverte: El maestro de esgrima (1988), La tabla de Flandes (1990), El club Dumas (1993), La piel de tambor (1995) y La carta esférica (2000).

En la primera parte se analizan estas obras desde el contexto crítico establecido por el postmodernismo y se presta especial atención a las relaciones genéricas que en ellas se detallan. De esta forma se llega a la conclusión de que los héroes revertianos objeto de este estudio sufren un irrevocable proceso de subversión abanderado por representantes de una sexualidad diferente.

En la segunda parte se aplican las conclusiones obtenidas en la anterior a las diferentes adaptaciones fílmicas de las novelas en cuestión y se demuestra que el ya mencionado proceso subversivo se mantiene intacto en estas adaptaciones. Es éste un libro accesible para quien se acerque por primera vez a la obra revertiana, y al mismo tiempo es lo suficientemente complejo y ofrece ideas frescas y originales que son atractivas para el estudioso de la novela revertiana más dedicado.
http://www.periodistadigital.com/ocio-y ... ayar.shtml

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Fragmento:
http://www.nausicaaedicion.com/ext/ogayar.pdf
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Mensaje por Ada » Mar Sep 10, 2013 4:33 pm

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Escribir 1812. Memoria histórica y literatura
Alberto Romero Ferrer
Precio: 19.90

Escribir 1812 analiza la huella de las Cortes de Cádiz en la literatura española, desde los testimonios contemporáneos hasta las últimas novelas dedicadas al episodio. El autor analiza los discursos en torno a la nación liberal, abordando la evolución de los discursos desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad en autores como Galdós, Menéndez Pelayo, Blasco Ibáñez, Pemán, Alberti, Buero Vallejo, Tierno Galván, Fernández Santos o Pérez Reverte
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Autor Alberto Romero Ferrer
ISBN 9788496824843
Formato 155 x 235 mm.
Páginas 352
Encuadernación Cartoné con sobrecubierta

http://www.fundacionjmlara.es/index.php ... t&Itemid=2
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