'El Club Dumas' (1993)

Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

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DonDebe
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Mensaje por DonDebe » Dom Abr 08, 2012 9:46 am

Deseando de leer este foro sobre El Club Dumas, porque estoy completamente enganchado a su lectura actualmente, pero aguardaré a terminar el libro para no anticiparme a él.

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Victoria
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Mensaje por Victoria » Mar May 01, 2012 6:40 pm

Adeletheresa61 escribió:Desde luego, El Club Dumas es una novela con un antes y después. Mil veces mejor que la pelicula, vaya sorpresa! Me encanta el personaje de Irene Adler..os dejo con esto..

Soy libre - suspiró con melancolía, como si ya hubiera pagado por su derecho a decir aquello -. Y puedo escoger. Cualquiera puede hacerlo.


¿Y a quién no? Ese hermoso diablo. La Mujer. Elemental. :D :D :D
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

Adeletheresa61
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Mensaje por Adeletheresa61 » Sab May 12, 2012 11:33 pm

A menudo, cuando pienso en el Club Dumas, viene a la mente Sintra, La Quinta da Soledade y el enigmatico Victor Fargas.

Este lugar insolito, en ruina, el hombre "alto y flaco como un gentilhombre del Greco".
La verdad, no me cuesta nada imaginarle...

Y afuera, sobre la verja oxidada, los dos rostros de mujer, abiertos en la noche los ojos de uno, cubierto el otro por la máscara de hiedra, escuchaban inmóviles, con la quietud del tiempo detenido en el lvacío, la música que Victor Fargas arrancaba al violín para conjurar los espectros de sus libros perdidos.


Increible!!

Imagen

Quinta da Regaleira (Sintra – Portugal) Siglo XVII
Última edición por Adeletheresa61 el Sab May 12, 2012 11:41 pm, editado 1 vez en total.

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Victoria
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Mensaje por Victoria » Sab May 12, 2012 11:39 pm

Ay Adele, esa toma es perfecta para el ambiente que describe el libro en esa entrada de Sintra. Gracias por colgarla.
Mejor no sigo mirando este hilo, estoy con otros dos libros y como siga aquí voy a plantarlos (a ellos y a otros en espera) y a volver a leerme por octava o novena vez El club Dumas.
La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna.

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Birdy_Edwards
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Reseña de "El club Dumas"

Mensaje por Birdy_Edwards » Mar Jul 10, 2012 3:41 pm

Lo más serio del mundo
Jean Pierre Naugrette - La Revue de Deux Mondes - 09/1994

Es muy significativo que, cuarenta años después de la invención del Nouveau Roman, la novela que arrasa hoy en día, tanto en librerías como en las pantallas de cine, sea la de capa y espada. Que en nuestros días Robbe-Grillet sea un don nadie comparado con Dumas, que se redescubra 'La reina Margot' gracias al film de Patrice Chéreau, que se recuperen 'Los tres mosqueteros' con renovado placer, que comuniquemos de nuevo, en resumen, con placeres de nuestra juventud que creíamos definitivamente perdidos, y que el novelista goce de ese placer, que definía Pavese a propósito de Stevenson, de «contar a rienda suelta», he aquí algo que no carece en absoluto de atractivo y que podría bastar, quizás, para resumir la evolución de nuestra época.

¿Cómo?, se preguntarán algunos. ¿Que a los silencios calculados de Marguerite Duras, llevados a la pantalla por la voz sublime de Delphine Seyring, pueda preferirse hoy en día el ruido y furor de botas, el tintineo de las espadas, el fragor de las batallas o incluso Sophie Marceau? Pues a menudo la respuesta es sí. Digamos, a modo de paradoja, que la semiología de los años setenta-ochenta (buen chico, ese Umberto Eco) ha ayudado mucho aboliendo definitivamente todo tipo de jerarquías en lo que se refiere a valores literarios, rehabilitando novelas policíacas (Eco dedicó ya en 1966 un estudio a James Bond), novelas de capa y espada y novelas de aventuras como material literario muy digno de consideración. Sherlock Holmes se convirtió de ese modo en tan interesante como David Copperfield, Agatha Christie tan sutil como Virginia Woolf, PD James tan Profundo como Katherine Mansfield. Y un paso adelante más se dio cuando un teórico como Umberto Eco se convirtió a su vez en novelista con 'El nombre de la rosa' y 'El péndulo de Foucault'.Y lo que ni Lévi-Strauss, ni Barthes ni el propio Foucault se hubieran atrevido nunca a hacer, Eco lo consiguió de un modo perfectamente lógico, integrando en cada ocasión, en su trama narrativa, las dos grandes máquinas productoras de la literatura que son la biblioteca y el ordenador. Estamos muy lejos aquí de la novela universitaria de David Lodge, cuyos planteamientos se reducen casi siempre al siguiente esquema: un universitario cambia su puesto, su mujer y sus alumnos con otro universitario, y eso le da un pretexto para plantearse graves cuestiones metafísicas sobre el porvenir de la universidad y de la literatura. Esto no ocurre con las novelas de Eco, que son novelas de un universitario, pero verdaderas novelas. Y en esa evolución quedaba un paso por dar, un peldaño a franquear: que el propio Umberto Eco se convirtiera, a su vez, en personaje de novela. Lo que ya es cosa hecha, hoy en día, con Arturo Pérez-Reverte. Y aún mucho más.

Después de 'Le Tableau du maítre flamand' ('La tabla de Flandes'), 'Club Dumas ou l'ombre de Richelieu' ('El club Dumas') forma parte de esas obras escasas que uno desea leer a escondidas, saborear en silencio; pero también, sin que eso implique contradicción, hacer conocer a los demás, contársela a todo el mundo, devorarla públicamente. Es un libro que se presta a toda una serie de prácticas de lectura, lo que no es nada frecuente. Uno se dice que su vecino debería leerlo, pero siente celos cuando el vecino lo lee. Un libro que quisiéramos prestar, pero que lamentamos inmediatamente haber dejado salir de nuestra biblioteca. Algo de lo que se desea hablar, pero uno no se atreve, por si acaso. Algo que le quisiéramos contar a todo el mundo, pero que no desearíamos, bajo ningún pretexto, vernos obligados a contar.

¿Definirlo? Es posible, al menos en lo formal. Se trata de una novela que incluye una trama policial que se desarrolla en torno al mundo cerrado de los bibliófilos, de Toledo a París, pasando por Meung-sur-Loire. Una novela que comienza: «El fogonazo de luz proyectó la silueta del ahorcado en la pared. Colgaba inmóvil de una lámpara en el centro del salón» no puede ser más que una novela policíaca, se dirán muchos. Pero clasificarla en esta categoría no tiene sentido, si no añadimos acto seguido que se trata de una novela inclasificable, que hace estallar el género por todas partes, o más bien todo tipo de géneros. Digamos que se trata de una investigación (en el sentido en que lo entendía Borges) realizada por un tal Lucas Corso, un “mercenario de la bibliofilia” alrededor de un manuscrito (pero, precisamente, ¿se trata de un manuscrito?) de Dumas titulado 'El vino de Anjou', es decir, el capitulo cuarenta y dos de 'Los tres mosqueteros'. Para autentificar dicho capitulo, Lucas Corso visita a Boris Balkan en el primer capitulo de la novela. Eso, al menos, es lo que nos cuenta Balkan, que relata el primer capítulo según su propio punto de vista narrativo, antes de atenerse «a los hechos vistos desde la óptica de Lucas Corso» y desaparecer bajo la relación de los hechos que le hace Corso, durante buena parte de la historia. Sólo una buena parte.

Esta trama es demasiado simple para Pérez-Reverte, novelista barroco fascinado por las simetrías equívocas, los espejos y los surtidores de agua demasiado cristalinos como para no esconder alguna sombra oscura: un cadáver en el fondo de un estanque, por ejemplo. Así, la autentificación del manuscrito de Dumas sobrepasa aquí ampliamente el ámbito de la bibliofilia considerada como una obsesión peligrosa o una perversión. La sombra de Richelieu no planea solamente sobre la intriga sino sobre el relato, los personajes, el mundo. Corso se encuentra enfrentado a una situación donde todo, los hechos, los gestos, los personajes, parece extraído de Alejandro Dumas, de 'Los tres mosqueteros'. Sí avanza un paso, es para encontrarse dentro de un capítulo de Dumas. Si se dirige a Meung, es porque ha comprendido que lo rodean personas que se comportan como personajes de novela, cual Rochefort o Milady. Y, por supuesto, Richelieu, que mueve todos los hilos de la trama y aguarda agazapado en alguna parte, en un rincón oculto de esta novela que esconde, sin duda, algún subterráneo, una habitación oculta, un calabozo olvidado, un secreto. «Tenía que haber un punto de vista desde el que las cosas encajaran unas con otras», se dice Corso, completamente desorientado. ¿O el desorientado es Balkan, por cuya boca habla?... El lector, por supuesto, se pierde con él. Lo que resulta inevitable, porque el autor superpone a esta primera investigación (que además es doble, ya que lo del manuscrito Dumas termina desembocando en un club Dumas o sociedad secreta) otra pesquisa llevada paralelamente por Lucas Corso a partir de un libro de magia negra, un infolio veneciano de 1666, 'De Umbrarum Regni Novem Portas', del que no quedan más que tres ejemplares en el mundo: uno en Toledo, otro en Sintra y otro en París. Una obra que costó a su impresor, Aristide Torchia, ser quemado en Roma, en febrero de 1667, en el Campo dei Fiori, en el mismo lugar donde Giordano Bruno había corrido siete años antes la misma suerte. Como buen «detective de libros» que es, Lucas Corso va a recorrer Europa en busca de esos tres ejemplares, de los que cada uno tiene nueve ilustraciones que poseen, a su vez, ligeras variantes que podrían dar la clave de un enigma aún más negro, más sombrío que todas las pérfidas maquinaciones del cardenal….
 
En este punto, el lector, cada vez más desorientado en este laberinto literario, duda entre diversos tipos contradictorios de actuación. Si asume el juego identificándose con Corso, ocurre que termina intentando él mismo, a medida que progrese en la lectura, la resolución del enigma de los tres libros al estilo de 'El secreto del Unicornio' de Hergé,
donde también hay que reunir tres documentos para descifrar el misterio de 'El tesoro de Rackham el Rojo'. Un placer de algún modo infantil, sobre el que Pérez-Reverte construye buena parte de esta segunda investigación. Pero, a la inversa, el lector corre el riesgo de preguntarse cómo las dos investigaciones van a unirse por fin, y cómo Pérez-Reverte va a anudar los dos hilos conductores que tejen la doble trama de la novela. Y este lector puede verse un poco decepcionado si pierde de vista el hecho de que tiene entre manos una novela concebida como una trampa, como una broma o una ficción monumental, que se encarga de agotar toda una serie de tramas narrativas posibles, importándole un bledo, en última instancia, la mayor o menor verosimilitud
del conjunto.
 
Porque 'El club Dumas' se trata, en realidad, de una novela lúdica, no tiene otro objeto que la literatura en sí misma. El lector puede, por supuesto, negarse a jugar el juego, y no abrir ninguna de las numerosas puertas ofrecidas perversamente por el autor (ojo, porque esas, a veces dan a una pared), pero eso no quiere decir que el juego no sea tremendamente serio. Porque nada más serio que el juego de Pérez-Reverte, del mismo modo que lo era su partida de ajedrez en 'La tabla de Flandes'. Este juego se llama literatura, que desde Shakespeare y Cervantes, pasando por los grandes novelistas ingleses del XVIII, nunca produce una obra maestra más que cuando ella es consciente de sí misma y se hace literaria, y por tanto se hace juego. «Le felicito», le
dice un personaje a otro. «Usted ha sido capaz de jugar el juego hasta el final.» Y esa misma observación es válida para el lector. Una vez admitido el principio de que nada en el mundo tiene interés si no está bajo el signo de lo literario (aunque sea al precio de una infinidad de vértigos), la literatura puede plantearse como meta jugar con el mundo entero; es decir, con toda la literatura.
 
A semejanza de su detective, Pérez-Reverte es un formidable «cazador de libros», de los que logra atrapar el encanto material y sensual perceptible en el roce de una piel, el tacto, el sonido del papel que corre entre los dedos, el comercio (en todos los sentidos de la palabra) que se puede tener con objetos tan particulares. El libro, en toda su metafísica y su materia, es el auténtico héroe de esta novela donde el protagonista tiene la impresión alucinante de estarse siempre equivocando de historia, equivocándose de libro. El formato, el gramaje o textura del papel (Barthès hablaba del gramaje o textura de la voz), la tipografía, los márgenes, los signos, todo cuenta aquí donde el infolio es sinónimo de vértigo. Hay además mucha ironía, distanciamiento, habilidad en el modo en que el autor de 'El club Dumas' ordena la distribución aleatoria de las cartas de su juego; pero también una gran sensualidad en ese comercio, ese tocar, ese contacto con los libros por los que se ama y por los que se mata. Y de paso, Pérez-Reverte gratifica al lector con algunas escenas de antología o de bravura, tales como el asalto amoroso
fugaz, estilo húsar, que recuerda como un rayo una escena de 'Los tres mosqueteros'. Y más allá de la detección abstracta, de los juegos de agua y sombra donde el lector se encuentra, incluso a su pesar, irresistiblemente implicado, queda un sentido de lo concreto y lo real. Un estremecimiento del cuerpo, un escalofrío que Pérez-Reverte obtuvo, sin duda de las novelas de misterio y de capa y espada: «En el estanque, .bajo el hilo de agua que salía por la boca del angelote mutilado de ojos vacíos, la silueta imprecisa de un cuerpo humano flotaba boca abajo entre las plantas acuáticas y las hojas muertas.»
Duermo entre libros, sueño despierto

Adeletheresa61
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Mensaje por Adeletheresa61 » Mar Jul 10, 2012 9:17 pm

Muchas gracias Birdy...estoy muy agradecida.

Después de 'Le Tableau du maítre flamand' ('La tabla de Flandes'), 'Club Dumas ou l'ombre de Richelieu' ('El club Dumas') forma parte de esas obras escasas que uno desea leer a escondidas, ; pero también, sin que eso implique contradicción, hacer conocer a los demás, contársela a todo el mundo, devorarla públicamente. Es un libro que se presta a toda una serie de prácticas de lectura, lo que no es nada frecuente


Y más allá de la detección abstracta, de los juegos de agua y sombra donde el lector se encuentra, incluso a su pesar, irresistiblemente implicado, queda un sentido de lo concreto y lo real. Un estremecimiento del cuerpo, un escalofrío que Pérez-Reverte obtuvo, sin duda de las novelas de misterio y de capa y espada: «En el estanque, .bajo el hilo de agua que salía por la boca del angelote mutilado de ojos vacíos, la silueta imprecisa de un cuerpo humano flotaba boca abajo entre las plantas acuáticas y las hojas muertas.»




Es un libro que a mi me ha gustado 'saborear en silencio' aunque menos que 'El pintor de batallas'.

Como os he comentado en este foro, cuanto me gusta Irene Adler y su 'risa franca' y el increíble personaje de Victor Fargas y su casa en Sintra. Nada más que pensar en ello, le escucho tocando su violín por las salas en semi ruina de la casa...

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Siana
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Mensaje por Siana » Mar Jul 10, 2012 10:09 pm

Muchas gracias Birdy_Edwards.

Después de 'Le Tableau du maítre flamand' ('La tabla de Flandes'), 'Club Dumas ou l'ombre de Richelieu' ('El club Dumas') forma parte de esas obras escasas que uno desea leer a escondidas, saborear en silencio

Sin duda...

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Dom Ago 19, 2012 9:15 am

Pérez-Reverte presentó ‘El Club Dumas’, una novela rica en aventura y misterios
Julián Pérez Olmos - La Verdad - Madrid - 20/05/1993

El reportero y escritor cartagenero Arturo Pérez-Reverte presentó ayer en el Hotel Palas [sic] de Madrid y ante afamados escritos [sic], críticos y editores su última novela, ‘El Club Dumas’, que define como un juego con todos los ingredientes de aventura y de misterio. En breve realizará una presentación en Murcia. Pérez-Reverte, a pesar de su éxito como novelista, descarta por el momento dejar su profesión de reportero, aunque señala que “este libro es un cimiento más para mi futura jubilación”.

Confiesa el escritor que “le costó mucho ser aceptado aquí como novelista, porque al principio los críticos decían que era otro de televisión que escribe novelas”. De tal forma que “han sido las ventas, sin insistencia, las que me han llevado hacia arriba, cuando nadie daba un duro por mí”. Este cartagenero, al igual que en sus anteriores obras, nos vuelve a sorprender con un voluminoso ejemplar de casi 400 páginas. “Soy un devorador de libros”, dice, y “a una novela no se le saca provecho hasta la página cien; es entonces cuando en otras obras se termina la historia”. Además, añade, “no sabes lo que te ayudan estas obras a despejarte. Te olvidas de la mierda que encuentras alrededor y de los cañonazos que silvan [sic] cerca de ti”.

‘El Club Dumas’, según Pérez-Reverte, es un libro más personal “donde chupo de aquel mundo literario en el que me nutrí, de la concepción de la vida y de la literatura que tengo más arraigadas”. Sus amigos aplican el término de “Revertelandia” a sus novelas, porque en ellas siempre hay enigmas, tesoros y aventuras. “Por eso he querido atrapar todo eso en esta narración llamada ‘El Club Dumas’”. Siente la literatura como una prolongación de la vida, y su pasión es tal que es capaz de ponerse un sábado en vacaciones a las seis de la mañana a escribir. “Procuro hacer compatible mi vida profesional con la escritura, algo que es demasiado frecuente. Ya sabes que a los enviados especiales nos llaman los hombres de las tres des: desequilibrados, dipsómanos y divorciados, lo que no es mi caso”.

Aunque no descarta volver al frente para continuar con sus labores de reportero de guerra, en estos momentos prefiere dedicarle todo el tiempo al programa de sucesos ‘Código 1’, que se emite los lunes por Televisión Española, además de su espacio radiofónico de los viernes, ‘La ley de la calle’, en Radio Nacional también, sobre el mundo de la delincuencia y la prostitución. Reverte se muestra sorprendido por la audiencia de casi cinco millones y medio de telespectadores de ‘Código 1’, porque “no sé cómo a la gente le interesan este tipo de programas. Yo sólo lo hago porque me lo pagan”. Pero a través de ‘Código 1’, Pérez-Reverte ha pasado de un segundo plano, donde lo que le interesaba eran sus historias, a un primer plano, donde lo que interesa es su propio personaje.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Lun Ago 20, 2012 8:45 am

‘El Club Dumas’, una gran novela
José Belmonte - La Verdad - 26/06/1993

La aparición en el mercado editorial español de la por el momento última novela del escritor cartagenero Arturo Pérez-Reverte viene a confirmar su vertiginosa y ascendente trayectoria dentro del nutrido contexto de la narrativa española actual desde la publicación en 1986 de ‘El húsar’, un relato de gran frescura y profundidad psicológica, sin apenas concesiones a lo lúdico y a lo misterioso, que pronto será reeditado.

‘El Club Dumas’ es por diversas razones la mejor obra de Arturo Pérez-Reverte. Sin renunciar a los más felices hallazgos de sus anteriores trabajos narrativos, este autor cartagenero se muestra mucho más ambicioso y con unos marcados deseos de querer conseguir el sueño de todo novelista que así se precie: la novela total. Son muchas las claves que podemos reseñar para comprender aún mejor si cabe este trepidante ‘El Club Dumas’.

El personaje principal de estas páginas, Lucas Corso, está a la altura de aquel Jaime Astarloa, inolvidable protagonista de ‘El maestro de esgrima’, que Omero Antonutti interpretará en el cine. Con Lucas Corso al lector le dará la impresión de estar ante un ser conocido y cotidiano. Un hombre en apariencia duro, arrogante y sin escrúpulos, pero que por más que lo intente no puede evitar, como buena parte de nosotros, los mortales, ser el producto de lo que ha leído y de lo que ha contemplado a través del cine y de la televisión.

El autobiografismo vertido en este amplio y denso relato es otro de los factores que más llaman la atención. Pérez-Reverte sigue muy de cerca aquella vieja consigna heredada de los grandes contadores de historias del siglo XIX francés los Flaubert, Stendhal, Zola y compañía y que Vargas Llosa puso de moda hace algunos años. En ella se decía que escribir novelas es, se mire por el lado que quiera, un modo de hacer “striptease”.

En ‘El Club Dumas’ encontramos puesto en boca de los más importantes personajes aquellas ideas que Pérez-Reverte, con esa insistencia y convicción que le caracteriza, siempre ha manifestado públicamente o en privado. Se observa en estas páginas su amor y pasión por la Literatura (cabría preguntar qué es la Literatura para Pérez-Reverte: una esposa, una amante o una prostituta, como prefiere denominarla el viejo y sabio Onetti) no sólo por su continuo y sincero homenaje a los libros de Alejandro Dumas, sino además por sus reiteradas alusiones a sus obras y autores más queridos: ‘El paraíso perdido’, ‘La divina comedia’, ‘Fausto’, ‘Los hermanos Karamazov’, ‘Moby Dick’…

“Los libros -llega a decir uno de los personajes de ‘El Club Dumas’- son como espejos: imagen y semejanza de quienes los escriben”. De ahí que se pueda entender aún mejor si cabe el empeño del escritor cartagenero en dejar bien patentes sus predicciones y consignas. Quienes hayan seguido de cerca la trayectoria narrativa de Arturo Pérez-Reverte saben que en sus dos últimas novelas, ‘El maestro de esgrima’ y sobre todo ‘La tabla de Flandes’, el juego es fundamental para el desarrollo de estas páginas. Arturo no propone simples acertijos. Su empeño y su acierto consiste en hacer partícipe al lector en la construcción de la novela (¿lectura interactiva?): “El juego -leemos en ‘El Club Dumas’- es la única cosa realmente seria”.

Las ilustraciones, las citas que van al frente de cada uno de estos capítulos, las continuas alusiones al cine y esa prosa fluida y pulcra componen el resto de este amplio mosaico que en manos de Pérez-Reverte cobra vida y el valor de una Literatura propia de los grandes maestros. Y eso que Arturo, modesto él, se las da siempre que puede de simple aprendiz dentro de ese mundo literario que, aunque ancho, a él no le es ajeno.

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Mensaje por Adeletheresa61 » Sab Ago 25, 2012 1:21 am

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.e ... 5/094.html

ABC Madrid, 15 de Septiembre de 1998

Roman Polanski: "El satanismo sólo me interesa desde de punto de vista cinematográfico"
El cineasto polaco y Johnny Dep ruedan 'El Club Dumas' en Toledo.



próxima película de Román Polanski, La novena puerta basada en la novela El Club Dumas de Arturo Pérez Reverte, congregó a más de cien periodistas tras saberse que junto al responsable de la Semilla del Diablo...

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Mensaje por Adeletheresa61 » Mié Ago 29, 2012 8:35 pm

Corso blasfemó en voz baja y a conciencia, igual que si estuviese murmurando una oración. Después miró a su aldredor los libros en las paredes, sus lomos oscuros y usados, y le pareció que un extraño, lejano rumor, llegaba hasta él desde el interior de éstos. Cada uno de aquellos volúmenes cerrados era una puerta tras la que se agitaban sombras, voces, sonidos, abriéndose paso hasta él desde un lugar profundo y oscuro.



Siempre marco una página, parágrafo al leer algo que me llega ó me grita en voz alta. Así fue con lo de arriba.

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Siana
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Mensaje por Siana » Jue Ago 30, 2012 9:15 pm

Y éste de los buenos, sin duda :wink:

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Mensaje por Ginebrino » Vie Ago 31, 2012 7:00 am

Habeis visto la cantidad de reseñas que hay en internet sobre esta novela y Lucas Corso?

Creo que incluso hay un grupo musical llamado "la bolsa de Lucas Corso" o similar.
-Mi Tcol, esto es un desastre! Falta de todo: Morteros, chopos, ballonetas, acémilas...
-Si se fija bien, verá que también faltan soldados.

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Mensaje por koora_linax » Sab Jun 08, 2013 10:40 pm

Ahora mismo están emitiendo en la Sexta 3 -La Novena Puerta- :wink:
"Al final lo que está en juego es como vivir con el desorden". Arturo P-R

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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Oct 08, 2013 4:04 pm

Es que Lucas Corso es un gran personaje, Ginebrino

Crítica en la revista El Pensador (de este verano):
http://2.bp.blogspot.com/-8x_O3vd3DU0/U ... gina_1.jpg

http://3.bp.blogspot.com/-LZKS2jILuGQ/U ... gina_2.jpg
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Oct 22, 2013 11:45 am

Para los más vaguetes: el audiolibro:
http://www.audiolibrogratis.com/2013/10 ... verte.html
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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Mensaje por aik » Mar Oct 22, 2013 12:48 pm

Gracias, Ada. le voy a echar un "oidazo". :wink:
"Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Lun Sep 22, 2014 12:36 pm

'El Club Dumas', deshojando a 'Los tres mosqueteros'
Ana Espinosa - revista.abretelibro.com - 22/09/2014

Arturo Pérez-Reverte utilizó para la elaboración de escenas y estructuras en 'El club Dumas' el esquema del folletín de aventuras más famoso: 'Los tres mosqueteros'. Muchos lectores y críticos han advertido que diversos pasajes y personajes de la novela de Alejandro Dumas han sido “revividos” en 'El club Dumas'.

La novela comienza cuando Lucas Corso, un cazador de libros que cumple su labor como un mercenario de la bibliofilia, recibe el encargo de certificar la originalidad de un manuscrito de Alejandro Dumas. Este pedido lo llevará a París, donde le pedirá al grafólogo Replinger, estudioso de la obra del novelista francés, que certifique el manuscrito de Dumas. Esta escena nos anuncia que el viaje, mejor dicho viajes, que constituirá uno de los componentes que hacen de 'El club Dumas' una novela de aventuras. Los principales peligros que encierran los viajes de Corso son los rivales, que intentan, incluso antes de iniciar sus incursiones a Sintra y París, arrebatarle el manuscrito Dumas o, como Lucas sospecha, 'Las nueve puertas'.

Por tanto, nos preguntamos quiénes son los rivales de Lucas Corso. La respuesta desvela el primer homenaje que Pérez-Reverte hace a 'Los tres mosqueteros'. El protagonista se enfrentará a los “mismos” enemigos de D'Artagnan y sus amigos: Richelieu, Rochefort y Milady, esto es, los espías-agentes del conde de Rochefort (Laszlo Nicolavic) y Milady (Liana Taillefer).

Empezaremos con los espías del cardenal francés. El primero en aparecer es Rochefort. En realidad, es un actor que se llama Laszlo Nicolavic. El hecho de que Corso lo identifique con Rochefort (primer rival y después amigo de D'Artagnan) refuerza el suspense en la novela. La relación que se establece entre este personaje y Rochefort parte de la experiencia que vive Corso: ha visitado a Boris Balkan para consultarle sobre 'El vino de Anjou'; después de ese primer encuentro con el narrador de la novela, se dirige a una taberna en que se encuentra con sus amigos, con quienes discute sobre libros, especialmente sobre 'Moby Dick' y 'Los tres mosqueteros'. Al divisar a Laszlo Nicolavic (sin conocer su identidad) la mente de Corso empezará a mezclar la ficción con la realidad. Asistimos a un primer momento en que la intertextualidad borrará fronteras para sembrar en la intriga de la obra el misterio y el suspenso.

“La relevaba ante las palancas y los botones un individuo alto y moreno: tenía un bigote, poblado, y una cicatriz en la cara. Su aspecto avivó en Corso un recuerdo familiar, fugaz, esfumado sin concentrarse.

El segundo encuentro de Lucas Corso con el hombre alto y moreno de bigote negro y una cicatriz se realiza después de la visita que le hace a la viuda Taillefer para discutir el manuscrito de Alejandro Dumas 'El vino de Anjou'. Este segundo encuentro, en el que no existe una comunicación explícita, va a crear más incertidumbre y un deseo por identificar a este personaje.

“Fue sólo un segundo en que las miradas se cruzaron, y luego el chófer volvió a su lectura. Era moreno, con bigote, y una cicatriz pálida le surcaba una mejilla de arriba abajo. Su aspecto produjo en Corso una sensación familiar. Se parecía a alguien. Tal vez recordó al hombre alto que jugaba con las tragaperras en el bar de Makarova. Te conozco, se dijo. Estoy seguro. Cierta vez, hace mucho tiempo tropecé con un fulano como tú. Y sé que estás ahí. En alguna parte. En el lado oscuro de mi memoria.

En el tercer encuentro, Lucas Corso sufre el primer ataque por parte de este personaje. Caminando por Toledo, después de recibir el encargo del librero Varo Borja de descifrar el enigma del tratado de demonología 'Las nueve puertas', Corso será víctima de un intencionado atropello automovilístico.

“Habían sido tres segundos de versión fugaz, aunque suficiente; esta vez no llevaba un Jaguar, sino un Mercedes negro, pero quien estuvo a punto de atropellarlo era un individuo moreno, con bigote y una cicatriz en la cara. El tipo del bar de Makarova. El mismo al que habría visto, con un uniforme de chofer, leyendo el periódico ante la casa de Liana Taillefer .

Más tarde, Lucas Corso, delante de su ordenador, empezará a atribuir roles a este personaje misterioso y a la viuda Liana Taillefer como la perversa Milady. Desde ese momento, todas las ocasiones en que aparezca Rochefort será para intentar robarle a Corso el manuscrito Dumas. Estos enfrentamientos se repetirán a lo largo de los viajes de Corso a Portugal y Francia. Como ya hemos indicado, estos viajes constituyen uno de los aspectos consagrados a la novela de aventuras, ya que crean la tensión en la que el héroe se va a enfrentar a acontecimientos desconocidos para él. En el caso de 'El club Dumas', aunque los viajes del cazador de libros tienen destino fijo, el desequilibrio se produce por las muertes ocurridas y la omnipresente presencia de Rochefort.

El enfrentamiento entre Lucas Corso y Rochefort llega a un punto álgido en París. En los muelles del Sena, el detective de libros, después de ser derrotado por Rochefort en una pelea, y viendo peligrar su vida (la intertextualidad no abandona a Corso ni siquiera en esos momentos), será auxiliado por su bella y enigmática acompañante, la joven Irene Adler. Aquí apreciamos que 'El club Dumas' ha rescatado los mejores temas de la novela de aventuras: sospechas, viajes, enfrentamientos, confusiones, trampas, etc. Tras esta escena, la trama se complica más, pues Corso ha perdido su inseparable bolsa, que contenía el manuscrito de Dumas y 'Las nueve puertas'. El protagonista, mientras busca a Rochefort para recuperar los libros, empezará a sospechar que su amigo Flavio Laponte está implicado en los intentos de matarlo, ya que lo vio acompañado en París de la otra cómplice y rival de D'Artagnan y de Corso: Milady.

Cuando el cazador de libros empezó a darle un significado al hombre de la cicatriz, también se lo dio a Liana Taillefer. Ella encarnaría de la mejor manera a la espía del cardenal Richelieu. No sólo su actitud, sino también su aspecto físico, contribuye a identificarla con Milady. Como rival de Corso, va a permitir utilizar escenas de 'Los tres mosqueteros' como arquetipos para escenas de 'El club Dumas'. El homenaje no se queda sólo en los personajes, sino que muchas escenas que ocurren en la novela de Pérez-Reverte son adaptaciones de escenas de 'Los tres mosqueteros'. Una de las más explícitas es la de Corso con Milady-Liana Taillefer. Prácticamente se reproduce en el capítulo V, titulado 'Remember', lo sucedido en el capítulo XXXVII de 'Los tres mosqueteros' 'El secreto de Milady': el encuentro íntimo entre D’Artgnan y Milady y el posterior ataque de la espía, al igual que ocurre con Lucas Corso y Liana Taillefer. Utilizando sus artes de seducción, Liana se entrega a Corso para tratar de arrebatarle el manuscrito 'El vino de Anjou'. Tras la escena de cama y al no conseguir de Corso el capítulo de 'Los tres mosqueteros', intenta atacarlo con una botella de vino, siendo rápidamente desarmada por Corso. Al protagonista tampoco se le escapa que el suceso es semejante a lo ocurrido en la novela de Alejandro Dumas.

“Se sirvió un largo vaso de ginebra. No podía apartar de su cabeza la expresión de Liana Taillefer cuando se supo engañada. Ojos mortales como una daga, rictus de furia vengativa. Y no bromeaba; había querido matarlo de verdad. Una vez más, los recuerdos despertaron despacio, invadiéndolo poco a poco, aunque esta vez no fue preciso para revivirlos ningún esfuerzo de la memoria. Era una imagen nítida como el lugar exacto del que procedía. Sobre la mesa de trabajo estaba la edición facsímil de 'Los tres mosqueteros'. La abrió en busca de la escena: página 129. Allí entre muebles en desorden, saltando del lecho de puñal en mano como un diablo vengador, Milady se abalanza sobre D’Artagnan, que retrocede aterrado, en camisa, manteniéndola a raya con la punta de su espada.

La rivalidad que nace tras este encuentro aumentará cuando Liana Taillefer persiga a Corso en París. En esa ciudad, y acompañado del actor Laszlo Nicolavic, se apoderarán momentáneamente de 'El vino de Anjou'. Finalmente, atrapado Corso por sus “rivales”, escuchará de labios de Liana su admiración y mimetismo con la enemiga de D’Artagnan, a quien admira y tributa fervor, pues se ha tatuado una flor de lis semejante a la que tiene Milady.

Existe otro personaje a quien se debe considerar como parte de los “rivales” del protagonista: Boris Balkan. No atribuirles del todo el protagonismo de oponentes se debe a que no se enfrentan directamente a Corso y, además, no desean dañarle. Boris Balkan sería el trasunto del cardenal Richelieu, como él mismo reconoce de alguna manera en el penúltimo capítulo, 'Corso y Richelieu', donde le confiesa al cazador de libros que encargó a Liana Taillefer y a Laszlo Nicolavic que le arrebaten 'El vino de Anjou'. De cada uno de ellos explica su relación y le cuenta que en el caso de Liana le dio la oportunidad de encarnar en una situación real a Milady. Ella siempre había soñado con una aventura de acción que la acercase a su heroína; algo con muchas trampas, amoríos y persecuciones. Y este episodio, hecho con la materia de sus sueños, le brindaba la gran oportunidad. Así que se puso en marcha, siguiéndole el rastro con entusiasmo.

“Te traeré el manuscrito encuadernado en la piel de ese Corso”, prometió… Le respondí que tampoco debía exagerar, aunque reconozco que el error fue mío: alenté su fantasía, dando suelta a la Milady que anidaba en ella desde que leyó 'Los tres mosqueteros'."

Esta explicación de la participación de Liana en la aventura del cazador de libros nos hace conscientes de los elementos de Richelieu que aparecen en Boris Balkan. Con frecuencia, los rivales en las novelas de aventuras están a la par o incluso pueden poseer mayor fuerza, tamaño e incluso estar protegidos por ciertos poderes sobrenaturales. Obviamente, el rival del héroe debe poseer cualidades que no estén por debajo de los méritos del protagonista para no desmerecer el final feliz del protagonista.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Dic 31, 2014 4:55 pm

"El libro que no te lleva a otro es estéril, fallido"
Entrevista con Guillermo Altares – El País – 06/12/2008

Cuando se publicó ‘El club Dumas’ hace 15 años, la crítica local lo ignoró, pero miles de lectores se sintieron atrapados y se contagiaron unos a otros. Ahora, esta novela, con la que Pérez-Reverte abrió un nuevo camino en la literatura española, se reedita en un volumen especial. "Escribo porque me divierte: si fuese infeliz escribiendo, no lo haría", afirma el autor.

“Mi imaginación enfrentada a la realidad se parece a un hombre que, visitando las ruinas de un monumento destruido, tiene que pasar por los escombros, seguir los pasadizos, agacharse en las poternas, para reconstruir más o menos el aspecto original del edificio en la época que estaba lleno de vida, cuando la alegría lo llenaba de cantos y risas o cuando el dolor era un eco para los sollozos". Esta cita de Alejandro Dumas puede servir para resumir la voluntad creadora de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) y no es una casualidad que aparezca en su novela más significativa, ‘El club Dumas’, publicada hace 15 años y de la que Alfaguara acaba de sacar una nueva edición. Es tal vez el libro más emblemático de Pérez-Reverte, académico de la Lengua y uno de los autores españoles más leídos en todo el mundo, porque le convirtió en un escritor profesional y cimentó su ambición literaria, porque encontró a millones de lectores (y no sólo en España, sino también en Francia, Reino Unido, Italia o EE UU). Pero, también, porque abrió un nuevo camino en la literatura española. Visto tres lustros después, es imposible concebir el cambio de registro de muchos narradores en España sin tener ‘El club Dumas’ en el horizonte.

-¿Cree que, en gran medida, ‘El club Dumas’ supuso una revolución en la novela española porque en ese momento nadie trabajaba este género?
-Yo escribo este libro cuando este tipo de literatura, la novela cultural europea, no estaba todavía en el mercado, sólo existía ‘El nombre de la rosa’. Cuando escribo ‘La tabla de Flandes’, después de ‘El húsar’ y ‘El maestro de esgrima’, me enfrento a mi primera novela con ambición de escritor, lo otro habían sido divertimentos. Es ignorada por la crítica del momento, pero fuera, en el extranjero, funcionó muy bien, y descubro que lo que gusta es eso. Y en la primera guerra del Golfo leo ‘El nombre de la rosa’, de Umberto Eco, y me doy cuenta de que si un ensayista como él va por ahí es que no puedo estar tan desencaminado, que este tipo de literatura es tan válida como cualquier otra. Eco me reconforta. La vieja Europa tiene un caudal cultural, el libro, la biblioteca, que es un material estupendo para trabajar con él. Se puede hacer un libro que alcance un éxito de ventas sin tener que imitar a los americanos de entonces, a Ken Follett o a Irving Wallace. Europa tiene su propio caudal, y me propongo hacer una novela que tenga que ver con la vieja Europa, con los libros, con nosotros, una novela con vocación de lectores, de best seller en el sentido noble del término, pero que al mismo tiempo maneje los ingredientes del mundo que me gusta y en el que estoy a gusto. No tengo que irme a Nueva York para hacer una novela que se lea: quería escribirla aquí. Pero no se hacía, no existía ese tipo de literatura. La respuesta es extraordinaria y la crítica estadounidense sí me adopta. ‘El club Dumas’ es la novela que me hace cruzar la barrera de las grandes ventas y que me sitúa como novelista internacional. Eso abre una puerta a un montón de cosas que antes no se hacían. Tengo la satisfacción de haber tenido razón en un momento en el que toda la crítica te decía que tenías que escribir lo contrario, novela intimista, sin acción, sin personajes, novela del yo... Cuando miras las revistas de la época, te das cuenta de que las novelas recomendadas por la crítica son pasajeras, planas y han muerto con el tiempo. Los lectores, que estaban huérfanos porque querían historias pero no las tenían, de pronto encuentran un tipo de novela que encaja.

-¿De dónde vienen los prejuicios hacia la literatura llamada popular cuando sin la novela popular del siglo XIX no se puede entender la literatura contemporánea?
-A la gente que tiene en esos momentos el control académico de la literatura no le importa la literatura clásica, no la ha leído. Los nombres son Cortázar, Faulkner, Benet, Ferlosio... Me encuentro con enormes lagunas. Estamos hablando de finales de los setenta y ochenta. Es una crítica que desprecia la gran novela con la que se hace la novela, la del XIX. Fomentan la consolidación de unos novelistas que no necesitan leer a Balzac, a Tolstói, para escribir. Respaldan a una generación de narradores a los que les falta un elemento esencial de la novela. Cualquier novelista occidental necesita clásicos griegos y latinos, si es español, el Siglo de Oro, como herramienta y, en cuanto a visión del mundo, la gran novela del XIX y principios del siglo XX. Sin eso no se puede ser novelista. Y la literatura española acaba en una especie de callejón estrecho, aburrido, del que el lector deserta. Cuando los lectores encuentran a un novelista que está contando las historias de siempre pero adaptadas a un mundo actual, se vuelcan.

-¿Qué es un best seller?
-John Le Carré es un best seller, y alguien se atreve a decir que ‘El honorable colegial’ o ‘El topo’ son novelas de entretenimiento. Por eso es una palabra tan peligrosa. Pero se ha convertido en una etiqueta peyorativa. A mí nunca me molestó que me digan best seller, pero si me dicen: usted es un best seller como Follett, entonces sí me cabreo.

-Pero el primero de sus libros que comienza a venderse mucho no es ‘El club Dumas’ sino ‘La tabla de Flandes’. ¿Es cierto que estaba usted en la guerra del Golfo y le llamó su editora desde Madrid para decirle que se había convertido en un éxito?
-Eso tuvo gracia. En aquella época vivía en una especie de esquizofrenia, aunque tuvo una ventaja: yo tenía mi vida profesional hecha, era un reportero, mis ambiciones de popularidad estaban cubiertas. Yo no voy a la literatura para hacerme un nombre, ni para ganar dinero, hago la literatura que me apetece, la que hace sentirme bien, la que, entre viaje y viaje, me hace oxigenarme, leer, pensar en otras cosas. Siempre he estado fuera del núcleo del mundo literario, pero eso me perjudica porque, para los que en ese momento viven en ese mundo, soy un intruso. La parte positiva es que al no estar contaminado, al no depender de los suplementos literarios, al tener lectores pese a las críticas negativas o inexistentes, comprendo que puedo ser un novelista profesional al margen del mundo literario.

-Pese a que tenía un medio de vida ajeno a los libros cuando comenzó a escribir, sus obras están marcadas por esa literatura mercenaria del XIX.
-Eso es útil, es digno y es divertido. Si yo a quien admiro es a los grandes novelistas del XIX, a esos galeotes del tintero y de la pluma, desde Dumas hasta Dostoievski, y esos autores tenían un modo de vida honorable, con un punto mercenario, pero he conocido a muchos mercenarios honorables a lo largo de mi vida, también mi literatura es un homenaje a esos libros y mis novelas están llenas de referencias a ese tipo de novelistas que me han hecho inmensamente feliz y me lo siguen haciendo. Yo también hago bandera pública de ese concepto de la literatura profesional, práctica, de lectores, de crear mundos y ponerlos en circulación, y cuanta más gente participe de ellos, mejor, esa literatura sin complejos, hecha para lectores. Y me funciona. Para mi sorpresa, esta novela sale después de ‘La tabla de Flandes’ y me doy cuenta de que funciona, y la compran en todo el mundo.

-¿Cree usted que esta novela abrió la puerta al tipo de novela española que en los últimos años ha alcanzado un gran éxito?
-Tampoco podemos olvidar que en esa época hay novelistas que no han tragado con el concepto que imperaba entre la crítica. No soy un pionero, me limito a seguir la huella, abriéndole a lo mejor puertas laterales, de gente como Mendoza, como Marsé, como Vázquez Montalbán, que no han renegado en absoluto de ese tipo de literatura. Sigo a mis mayores y procuro ensanchar ese territorio, que es lo que tiene que tratar de hacer cualquier escritor.

-¿Podemos decir que es también su primera gran novela de investigación?
-No, es la primera vez que hago una investigación extraordinariamente compleja, pero cuando escribo ‘El húsar’ investigo todo lo que son tácticas de caballería, uniformes; cuando escribo ‘El maestro de esgrima’ me empollo el Madrid galdosiano, y cuando escribo ‘La tabla de Flandes’ me meto en el arte flamenco. Lo que sí es cierto es que este libro es mi primera novela ambiciosa, compleja, con voces narrativas que van cambiando, llena de trampas, de trucos. En esta novela decido meter todo cuanto sé, todo cuanto he aprendido de trucos nobles del oficio, desde Dumas hasta Eco. En ese sentido sí es ambiciosa. Para escribirla, hablé con restauradores, con falsificadores, con bibliófilos, como hago todavía ahora. Una novela es un trabajo muy duro, que se prolonga durante años. Y ese trabajo debe ser divertido, porque si no es una agonía. Yo escribo porque me divierte: si fuese infeliz escribiendo, no lo haría. ‘El club Dumas’ es una fuente de diversión: estuve dos años feliz, entre bibliófilos y libros antiguos, viajando a París, a Florencia, a Roma, hablando con los expertos, aprendiendo cosas que no sabía, dándole vueltas a cosas que ya sabía. La palabra diversión es fundamental. Hubo un momento en que se decía que la literatura que divierte no es literatura, que un libro ameno no puede ser bueno; yo creo que un libro puede ser complejo, culto, con personajes densos y al mismo tiempo muy divertido.

-¿Éste es el libro que le convierte en un escritor profesional, no de cara al público, sino de cara a sí mismo?
-Es la primera vez que me siento escritor profesional. Hasta entonces era un reportero, un periodista, que en mis ratos libres escribía. Y me iba bien. Yo no pensaba terminar como novelista, pero ésta es la primera vez que me di cuenta de que la literatura puede ser una alternativa digna, seria, honorable y económicamente rentable a una vida dura, azarosa y de incierta jubilación.

-¿Al igual que la gran novela del XIX no puede entenderse sin la revolución industrial, cree que los cambios tecnológicos que estamos viviendo tendrán su repercusión en la literatura?
-Todo puede ser interesante, siempre y cuando no sea huérfano. Lo malo es la orfandad, no la modernidad. Tú no puedes contarle historias como Henry James a un lector de ahora, pero tampoco puedes renegar de James, Dickens, Balzac o Cervantes, ni de Homero. Lo que hay que hacer es mantener el vínculo que une a esos autores con el lector del siglo XXI, ahí está el talento narrativo de cada cual. Una modernidad huérfana, sin vínculo con la gran literatura, está condenada a extinguirse. El talento de los escritores del futuro será ser capaces de traerles a Eurípides, a Dante, a Stendhal, a Dickens, a Agatha Christie y que funcionen para el lector moderno, eso es la gran literatura y es lo que he tratado de hacer para mi generación. Un día me quedaré atrás: nadie evoluciona permanentemente. Y no pasa nada: yo habré hecho mi modesta parte del camino.

-Usted dijo en una lejana entrevista: "Mi punto de referencia, mi patria, lo que me recuerda a la infancia, es, sin lugar a dudas, ‘Los tres mosqueteros’". ¿Sigue siendo su libro?
-Sin duda. Para mí, el libro que me hace es ‘Los tres mosqueteros’. Azares de familia: en mi casa era un libro que por tradición se leía, teníamos una especie de trivial: ¿cómo se llamaba el espadachín que pelea con Athos detrás de las Carmelitas? ¿Cómo se llamaba el hijo de Milady? Es el libro que más veces he leído. Después leo otros, pero el territorio que esa novela me allana es muy amplio, muy generoso: ‘Los tres mosqueteros’ me lleva a ‘El Conde de Montecristo’, que me lleva a la venganza, la cárcel, la prisión, que me lleva a Fabrizio del Dongo en ‘La Cartuja de Parma’, que me lleva a ‘Rojo y negro’ y luego a ‘Madame Bovary’. El libro que no te lleva a otro libro es un libro estéril, fallido para el lector. La influencia de Dumas es que es un libro de libros, una llave de puertas. Todavía hoy estoy viviendo de las rentas lectoras de los libros a los que he llegado.

‘El club Dumas’. Arturo Pérez-Reverte. Alfaguara. Madrid, 2008. 528 páginas. 22 euros.

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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Jun 09, 2015 10:34 am

08/06/2015 Región de Murcia
El club Dumas de Arturo Pérez Reverte
hay un libro que marcó un antes y un después en la trayectoria literaria de Arturo Pérez Reverte se trata sin duda de El club Dumas. Publicada en 1993 en 51 países y con más de 2 millones de ejemplares vendidos, el éxito alcanzado por la cuarta novela del autor murciano fue el punto de inflexión que le permitió dedicarse de lleno a la literatura.

En El club Dumas Reverte utiliza una su condición de bibliófilo para tejer una novela de aventuras y misterio en la que la su protagonista es Lucas Corso, una especie detective de libros a sueldo. Corso recibe el encargo de un librero amigo de autentificar El vino de Anjou, un capítulo manuscrito de Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas y cuyo anterior propietario apareció muerto en extrañas circunstancias.

Por otro lado Varo Borja, un excéntrico coleccionista de libros y poseedor de un libro medieval de tema ocultista llamado Las nueve puertas y cuyo impresor fue quemado en la hoguera, reclama los servicios de Corso para que encuentre los otros dos ejemplares existentes y determine cuál de ellos es el autentico.

A medida que Corso se introduce en ambas investigaciones comienzan a suceder funestos accidentes a todos aquellos que algo saben sobre ambos textos y llegará a poner no pocas veces la vida de Corso en peligro. Para resolver el enigma seguirá la pista de los textos por Francia, España y Portugal, desde las polvorientas librerías de viejo a las más selectas bibliotecas de los coleccionistas internacionales.

El club Dumas nos ofrece una trama excitante, minuciosa y compleja, donde se dan cita los ingredientes de la novela clásica por entregas, los relatos policiacos y de misterio, los juegos de adivinación y las técnicas del folletín de aventuras.

La novela fue adaptada al cine en 1999 con el título de La novena puerta bajo la dirección de Roman Polanski y con Jonny Deep como protagonista.

Arturo Pérez-Reverte nació en Cartagena (Murcia) en noviembre de 1951. Licenciado en Ciencias Políticas y Periodismo, trabajó doce años como reportero en el diario Pueblo y nueve en los servicios informativos de Televisión Española (TVE) como especialista en conflictos armados. Ha cubierto, entre otros conflictos, la guerra de Chipre, diversas fases de la guerra del Líbano, la guerra de Eritrea, la campaña de 1975 en el Sahara, la guerra del Sahara, la guerra delas Malvinas, la guerra de El Salvador, la guerra de Nicaragua, la guerra del Chad, la crisis de Libia, las guerrillas del Sudán, la guerra de Mozambique, la guerra de Angola, el golpe de estado de Túnez, la revolución de Rumania (1989-90), la guerra de Mozambique (1990), la crisis y guerra del Golfo (1990-91), la guerra de Croacia (1991) y la guerra de Bosnia (1992-94). Desde 1994 comparte su vida entre la literatura, el mar y la navegación. Es miembro de la Real Academia Española. Entre otras novelas, de El húsar, El maestro de esgrima, La tabla de Flandes, El club Dumas, Territorio Comanche, La piel del tambor, La carta esférica, La Reina del Sur, El pintor de batallas, Un día de cólera, El asedio y El tango de la Guardia Vieja; y de la ya legendaria serie histórica Las aventuras del capitán Alatriste. Arturo Pérez-Reverte ingresó en la Real Academia Española el 12 de junio de 2003.

“El club Dumas”

Punto de lectura
464 páginas
ISBN: 9788466326568
PVP: 12,95

Librería Marianela

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Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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