'Un día de cólera' (2007)

Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

Moderadores: Targul, Mithrand, Moderadores

Reglas del Foro
Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

'Un día de cólera' (2007)

Mensaje por Rogorn » Vie Abr 12, 2013 10:57 am

Imagen

"¡Maldito día!"
Entrevista con Jacinto Antón - El País - Madrid - 01/12/2007

Arturo Pérez-Reverte revive de manera impresionante en 'Un día de cólera', su nuevo libro, la feroz jornada del Dos de Mayo de 1808 en Madrid, devolviéndola a la calle con toda su sangre y salvajismo y con tono documental. Cañones, cañones, cañones. "Colocaron las piezas ahí, dos de a ocho libras y dos de a cuatro, para cubrir la transversal de San José en las dos direcciones, hacia San Bernardo por la derecha y hacia Fuencarral por la izquierda, y enfilando también la calle de San Pedro, al frente. Desde aquí les tiraban a los franceses, vinieran por donde vinieran". Arturo Pérez-Reverte hace una mueca lobuna y señala con la mano como si orientara a los artilleros del parque de Monteleón y estuviéramos metidos de lleno en aquel fregado de humo, pólvora y espanto, el Dos de Mayo de 1808, nada menos. Hasta parece prudente agacharse.

Nos encontramos en uno de los escenarios principales (la madrileña plaza del Dos de Mayo) de aquella histórica, violenta y controvertida jornada de la que pronto se cumplirán 200 años y a la que el escritor ha dedicado su nuevo libro, 'Un día de cólera' (Alfaguara), una reconstrucción apasionante y minuciosa hasta la obsesión de los sucesos que tuvieron lugar en la fecha. "Por ahí entró la columna Lagrange-Lefranc", está diciendo el autor, "dos mil hombres, encabezados por un destacamento de gastadores y granaderos de la Guardia Imperial; imagina los chacós negros, las relucientes bayonetas, los toques de corneta, el crepitar de la fusilería". El lugar está tranquilo como una balsa de aceite en esta tarde radiante. Un grupo de jóvenes con monopatines, varios paseantes con perros y un tipo que, sentado, da cuenta de un gran bocadillo, miran de reojo, con cierta aprensión, a Pérez-Reverte, que luce un radical corte de pelo a lo paracaidista de la 82ª Airborne en Sainte-Mère-Eglise, y sigue indicando con rasgo feroz ángulos de tiro, líneas de ataque, movimientos de tropas.

"Éste fue nuestro Álamo", afirma contundente. Y agrega, con tono compungido, señalando al suelo, junto a la puerta monumental conservada en medio de la plaza, que es lo único que queda del viejo edificio del parque de artillería: "Exactamente aquí cayó Daoíz, y allá Velarde". Las ajadas estatuas de los dos héroes "les faltan las espadas originales y el pedestal está atravesado de grafitos" parecen inclinarse para observar por encima del hombro del novelista.

Pasear por los escenarios del Dos de Mayo con Arturo Pérez-Reverte de scout es igual que leer su libro, como ver resucitar la historia bajo tus ojos. Tras callejear tropezando con grupos de paisanos armados, esquivando balazos, cuerpos tirados de cualquier manera y charcos de sangre -"mira, la calle del Barquillo, aquí murió el hijo del general Legrand, oficial de caballería, de un macetazo"-, llegamos por la calle Mayor hasta cerca de la Puerta del Sol, donde vemos pasar a la caballería francesa del Chef d'escadron Daumesil, dragones, cazadores y granaderos montados, con los mamelucos en vanguardia, preparada para cargar. El escritor se detiene y aprovecha para evocar el ataque de los coraceros de Rigaud en la Puerta de Toledo. El suelo parece temblar con la evocación de la masa compacta de esa caballería pesada. Esa vibración de la tierra que notan los personajes del libro antes de ver llegar a los 926 coraceros... "Es real. Pude sentirla durante el rodaje de Alatriste, durante el ataque contra el cuadro español, con todos aquellos caballos", explica Pérez-Reverte. La escena de 'Un día de cólera' recuerda la de 'Salvar al soldado Ryan' en la que llegan los pánzer y los precede una trepidación de los cristales, las paredes, la tierra -no en balde, al cabo, los regimientos de coraceros se convirtieron en unidades de blindados-. "Yo eso lo viví en Vukovar", añade el novelista, "con Márquez, el cámara; la sensación de desasosiego cuando se acercan los carros de combate...".

El largo paseo por "la batalla de Madrid" del Dos de Mayo es el postre de la conversación con Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) en el café Gijón, donde el novelista recibe con un humor excelente y sorprendentemente sosegado, incluso con un punto de dulzura tan discordante en él como crema sobre una guindilla. Es posible que 'Un día de cólera', paradójicamente, le haya calmado. Ante la primera pregunta, no obstante, se revuelve como si lo hubieran azotado con un knut.

-'Un día de cólera' tiene un aire periodístico.
-Para nada. No es periodismo.

-Bueno, no es ficción, ni libro de historia, dice usted, se parece a aquellos libros de Dominique Lapierre y Larry Collins, como '¿Arde París?' Aquí es un poco '¿Arde Madrid?' El amplísimo reparto, esos personajes -todos reales, subraya usted- a los que seguimos de un lado a otro, las vidas y perspectivas que se entrecruzan, la minuciosidad en situar a cada uno en el momento exacto y en el lugar preciso en que se encontraba? Marbot se corta afeitándose, Moratín se quema con el chocolate, una manola le canta una copla a Daoíz, Murat imparte órdenes de tirar sin compasión en su cuartel general en el palacio Grimaldi...
-Eso sí, es un libro documento, basado en los datos, los informes militares, las memorias de los que vivieron aquellos hechos, los documentos oficiales, las listas de muertos y heridos. Pienso más que en Lapierre y Collins en Cornelius Ryan.

-El autor de 'El día más largo', 'Un puente lejano'...
-Y 'La caída de Berlín', sí.

-Ese afán de objetividad, ese puntillismo, los nombres, dónde mata y muere cada uno...
-El Dos de Mayo es algo muy contaminado y manipulado por todo el mundo durante 200 años. He querido despojarlo de todo eso, mostrarlo como fue, con información de primera mano -he consultado una cantidad ingente de documentación-, y hacer que el lector lo viva, por primera vez, en la calle. Que entienda cómo fue, y que se sienta un participante, que pase miedo, que corra, que sude. 'Un día de cólera' es un libro basado en los testimonios, absolutamente riguroso. Es novela sólo en la medida en que he llenado los agujeros que deja la documentación usando técnicas de narrador, poniendo la argamasa que une los datos. Pero empleo un lenguaje directo, objetivo, frío, sin adjetivos. Un tono documental. Aquí no hay héroes, ni heroísmo, ni épica. No he ido a juzgar el aspecto ético. Es un libro descriptivo, distante. Me separo del sujeto para dejarle el sitio al lector, es él el que se mete en la acción, se codea con los personajes.

-Dice que el Dos de Mayo ha sido muy manipulado.
-Desde el día siguiente. Por los patriotas, por el absolutismo de Fernando VII, los liberales, la I República, la monarquía, la II República -que puso el énfasis en el protagonismo del pueblo en aquella jornada-, el franquismo -para Franco los héroes eran Daoíz y Velarde, claro, los militares a la cabeza del pueblo-... De nada como del Dos de Mayo se han hecho tantas lecturas.

-Entonces, su propuesta...
-La historia ya ha sido contada, no voy a reescribir a Galdós -como hacen otros-, sería ridículo. Ni voy a dar una interpretación. Que sea el propio lector el que interprete. Quien quiera ver en esto un arrebato patriotero va de culo.

-Eso de frío, distante, objetivo... se lo salta a veces con algunos trucos.
-Claro, es una narración, y uso la libertad que me da ser novelista. El historiador, en cambio, no puede narrar ciertas situaciones, no está autorizado a rellenar los huecos, las lagunas de la historia.

-Aquello, como lo muestra, fue una ordalía de sangre y violencia.
-Una lucha sucia, callejera. Cada uno hizo su guerra. Mucho combate individual. La reina fue la navaja. Los franceses hablan de ella con acojone. No navajitas de las de ahora, sino trastos de dos palmos.

-De hecho, la única onomatopeya que se permite en ‘Un día de cólera’ es la de la multitud enfurecida en Puerta del Sol abriendo al unísono sus navajas: clac-clac-clac.
-Centenares de cachicuernas albaceteñas de siete muelles. He imaginado ese ruido.

-Aquel día los madrileños inventan un arma nueva letal: la maceta.
-Sí, una auténtica innovación bélica española. Matan a varios franceses lanzándoselas desde balcones. Les tiran de todo, tejas, ladrillos, botellas, muebles, agua y aceite hirviendo. Unos tipos saquean la armería real y combaten con armas antiguas, cascos, escudos, viejas espadas, alabardas de tiempos de Carlos V... El cerrajero Molina mata a un imperial a garrotazos. Otros usan hachas, hoces, agujas, lo que sea.

-Su descripción de la célebre carga de los mamelucos, al frente de la caballería de la Guardia Imperial, es estremecedora.
-Un choque brutal. A los mamelucos que caen los degüellan como a gorrinos, "moros", les llaman. Claro que, para un madrileño de entonces, un mameluco egipcio, con el atavío oriental, turbante, cahouk, sarouai, bombachos escarlata, le parecería el no va más de lo musulmán.

-Pero en realidad había mucho mameluco francés, ¿no?, eran un poco como los zuavos, una indumentaria exótica.
-Eso, la incorporación de franceses, fue más tarde. Los mamelucos que cargaron en Madrid eran originales, egipcios, como el pobre Mustafá del que hablo y al que, sujetándole entre tres, le rebanan el cuello.

-En todo caso, cargarse a un mameluco -a los que Napoleón concedió un águila por su valor en Austerlitz- o a un coracero, ya que estamos, requería valor.
-Sí, recuerda que eran soldados de élite. Para ser coracero, les gros frères, les hommes de fer, debías medir un mínimo de 1,73, que era una buena altura entonces. -Daoíz y Velarde, por ejemplo, son muy bajitos-. Eran tropas que impresionaban, con enormes caballos.

-Sí, cantaban aquello tan simpático: C'est la charge, c'est la foudre,/ c'est l'assaut dans la sang et dans la poudre. ¿Cómo caen ante simples civiles?
-Imagínate que eres un coracero, digamos que te llamas Dupont, muy marcial, muy bravo, muy duelista, que te has paseado por todos los campos de batalla de Europa, por Eylau, con Hautpoul, por Friedland. Y llegas a la Puerta de Toledo y en vez de los enemigos acostumbrados, todo orden y banderas, se te tiran encima cuatrocientos tíos con navajas, puñales, macetas, lo que sea. Una manola le mete un espetón de asar a tu montura por los belfos, otra se deja atropellar para detenerte; un cura te pega un escopetazo. Te acojonas. Te dices: “¡Mon Dieu, yo no soy un gendarme, yo soy un soldado!” Goya muestra muy bien lo que fue aquello: la gente estaba enloquecida, rabiosa, no se precavían físicamente, se tiraban a los pies de los caballos para hacerlos caer. Eso tú y yo no lo hacemos.

-Yo, desde luego que no.
-El que hace eso es el mismo español que despotrica de Zapatero, de Rajoy, de Bono, aunque más primitivo, más fanatizado, trabajado a fondo por la Iglesia. Coge y suelta a ese tío bien cabreado ante los franceses y tienes el Dos de Mayo. Primero es cólera pura; luego, cuando las cosas comienzan a ir mal, siguen peleando por vergüenza, vergüenza torera, y venganza.

-Hubo muchas mujeres en la lucha.
-Sí. Es muy sorprendente que, por ejemplo, entre los que se enfrentan a la caballería francesa hay una gran cantidad de mujeres. También las hay en Monteleón, con los artilleros, arrastrando cañones si es necesario, como Ramona García Sánchez. Casi la mitad de las bajas que recoge la documentación son mujeres.

-Se las cargan los franceses sin miramientos.
-Hombre, tú mismo, si se te tira encima una pescadera con tijeras herrumbrosas de limpiar pescado en la mano buscándote la yugular, no sé, yo no dejo que se me acerque.

-¿Sumergirse como lo ha hecho en el Dos de Mayo le ha llevado a alguna conclusión sobre el significado de esa fecha?
-Mi conclusión es que maldito día. El Dos de Mayo es una losa que aún nos pesa. Es el día en que el instinto, el coraje, el fanatismo, el valor, el patriotismo, el ansia de rapiña, el deseo de venganza, lo noble y lo innoble produjeron un proceso que trajo consecuencias terribles para España. Los madrileños luchan en el bando equivocado ese día. Para restituir el viejo orden, casposo, ruin. Esa épica callejera nos metió en una pesadilla que arrastramos hasta hoy, ahí nacen las dos Españas. Insisto: ¡maldito sea el día! El drama del Dos de Mayo no es sólo el de los 400 muertos españoles censados. Es el de la inteligencia, el drama de los lúcidos. De la gente que sabe que la razón, el progreso, está del lado de los franceses, que el futuro es ése. Y que combatir a los franceses es defender a unos reyes incapaces y a unos curas fanáticos. La familia real española, esos Borbones, eran lo más abyecto, despreciable y vil de Europa. Por eso mucha gente se quedó en sus casas, por eso luchó quien luchó y no luchó quien no luchó. Moratín, Goya, Blanco White... Qué día más terrible cuando el bando del honor se contrapone abiertamente a todo lo que quieres y en lo que crees.

-Usted parece identificarse con los afrancesados, por la cabeza, y también por el corazón, con la gente del pueblo llano que se echa a la calle, la gente a la que finalmente dejan en la estacada, el "pueblo huérfano", como ese valiente chispero, Juan Gómez, escéptico y descreído, que es un trasunto suyo.
-¡No, no te equivoques! Aquí no hay trasuntos míos, no me invento nada ni a nadie. Todos los personajes son reales, construidos a partir de testimonios. Mi libertad ha sido, sabiendo que cinco mueren en la misma esquina, hacer que se conozcan, que hablen entre ellos, lo cual no es muy osado suponer.

-¿Cuántos personajes maneja en total?
-Unos trescientos.

-¿Quién lucha ese día?
-El mito de siempre es que ese día lucha el pueblo todo, la nación. Eso es mentira. La mayoría de la gente está en sus casas. Es la chusma, el pueblo bajo, ignorante, el que sale a la calle. Las putas de Lavapiés, los matarifes del Rastro, los chisperos (herreros) de Barquillo, los delincuentes, los mendigos. Muchos salen por barullo, por chulería, por robarle al francés los dineros de la bolsa y arrancarle los dientes de oro. Por venganza: esos franchutes le han tocado las tetas a mi novia, son unos cabrones, chuloputas, no pagan el vino.

-¿Y el patriotismo?
-A veces lo confundimos con el cabreo, que es lo que hay en abundancia el Dos de Mayo. Por eso mi libro se titula 'Un día de cólera' y no 'Un día de gloria'. Lo del patriotismo en el Dos de Mayo es en buena parte manipulación. Al acabar la jornada la gente cree que todo ha terminado ahí, un motín y nada más. Ni independencia ni leches. No sabían lo que estaban haciendo, lo que vendría después. Yo he visto mucha insurrección, he estado en Rumanía cuando la caída de Ceaucescu. A la calle siempre salen los mismos. Aquel día, combatiendo en Madrid, había algunos patriotas, sí, y militares, incluso un aristócrata. Pero hay que comprender que la algarada es popular y viene del cabreo. Era cólera, no patria. El del Dos de Mayo es el mismo español que pega al ministro, que se cabrea en Barajas. Sale a cargarse franceses como sale a cargarse curas durante la República. Ese español tan peligroso. "¡Con razón o sin ella!", ese terrible motivo del español para pelear. En el Dos de Mayo no hay propósito definido, no hay plan, no hay cabeza rectora. Por eso resulta tan difícil a los franceses pararlo. Lo de la nación y la patria viene después. La guinda de la macedonia. Luego todo el mundo se apropia de aquello. Volverán a hacerlo el próximo 2 de mayo de 2008. Yo quiero devolver el 2 de mayo a la calle, insisto. Que el lector corra ante los caballos, escuche las balas golpeando a su lado, se agobie, participe en el combate callejero, se encuentre con gente que no volverá a ver, se meta en el caos, el humo, los gritos, la sangre...

-Ahí su experiencia de corresponsal de guerra es un punto.
-Cuando hablo de saltar tapias delante de tipos armados que te persiguen no me lo explican, lo he vivido, y eso se nota. Puedo reconstruirlo con soltura. Yo he estado allí, sé lo que se siente. Eso lo hace muy real.

-Hay cosas que hacen pensar en 'El pintor de batallas'. Lo cual es lógico, porque en ambos aparecen Goya y sus cuadros.
-'Un día de cólera' se me ocurrió cuando escribía 'El pintor de batallas'. Aquí también estoy explicando un cuadro. Nos hemos nutrido mucho de un imaginario gráfico con el 2 de mayo. También en eso he tratado de despojar a los cuadros de las adherencias, dar una lectura limpia, sin interposición, sin intermediarios.

-El parque de artillería de Monteleón es uno de los centros de 'Un día de cólera'.
-La que llamo “la batalla de Madrid” tiene sus escenarios ahí, en Monteleón, y en el eje Palacio Real - Puerta del Sol - Buen Retiro y en la Puerta de Toledo, más los lugares de los fusilamientos. El parque de Monteleón es nuestro Álamo. De hecho, en ese lugar mueren más que en la misión tejana. ¡Mira que hemos comido con patatas leyenda del Álamo! Tanto Travis, Bowie y Crockett.

-Remember the Alamo, Remember Monteleón. Es verdad, los franceses incluso tocan a degüello, como los lanceros de Santa Ana. Aquí también son tres los líderes de la resistencia: Daoíz, Velarde y Ruiz, Jacinto Ruiz, teniente.
-Si te acercas, ves que eran unos matados. Dos oficiales, simples capitanes, uno por exaltación -Velarde, el típico militar de "¡viva España!", el que asalta la trinchera en Rusia a pecho descubierto-, el otro por decencia -Daoíz, callado y frío, pero que se suma al asunto por vergüenza torera y asume su destino trágico-. El tercero, un tenientillo asmático. Y les hacen bajas, y muchas, al mejor ejército del mundo. ¿Por qué he de admirar a los del Álamo, que ni me va ni me viene? Monteleón marca más mi vida, esos valientes. Montan un chocho de la hostia.

-Daoíz cae bajo las bayonetas francesas, a lo David Crockett, atravesando con su espada antes al general Lagrange, ¡vaya escena!
-Así fue, hay testimonios.

-Parece que admira usted ese valor.
-Pero todo eso fue para mal. No lo olvidemos. ¿Qué se puede esperar de un pueblo que se echa a la calle porque está cabreado? Eso no puede llevar a nada bueno. Pero, claro, es una jornada fascinante.

-Los militares de Monteleón, confiando en que con su gesto van a arrastrar al ejército entero, tienen un no sé qué del 23-F.
-Algo de eso hay. Todas las fuerzas políticas y militares se inhiben, unos por sinceridad -les horroriza mezclarse con la chusma revoltosa, turbulenta: en el fondo, mejor que se los carguen los franceses-, otros por no liarse. Pero el 23-F es algo tan sucio que cualquier comparación mancha. No me gusta esa comparación.

-'Un día de cólera' se puede leer como un parte de bajas. Esa obsesiva y recurrente enumeración de las víctimas, todos esos nombres de los participantes, párrafos enteros. ¿No teme que puedan hacer engorrosa la lectura?
-Era fundamental lo de los nombres. Estoy hablando de personas, del albañil, la pescadera, el picador, gente concreta, gente de verdad, seres humanos. Eso no puede hacerse de forma anónima. El lector tiene que reconocerlos. Además, es un recurso clásico, a la manera homérica. ‘La Ilíada’, salvando las distancias, está llena de nombres y genealogías. No escatimo esa reiteración. Los personajes del Dos de Mayo no son abstracciones patrióticas. Tengo las listas y las uso.

-Y si al lector le corta...
-Que se fastidie. El libro lo requería. Creo que ese uso de los nombres aporta más de lo que pueda entorpecer. Tras la lectura, no te queda un concepto abstracto como “el pueblo de Madrid”, sino nombres, personas. De todas formas, ojo, eso de los nombres es algo que dosifico y sitúo estratégicamente en la narración.

-Hace constar las profesiones de los que cita, y las edades, que sirven para ver que en la calle había hasta niños y ancianos.
-Sin esos datos no se entiende el Dos de Mayo. Sin ellos nos manipulan, te llevan al huerto los políticos y los hijos de la gran puta. Ponlo así, por favor.

-También aparecen dos maestros de esgrima. A uno le hace morir dándose de sablazos con los dragones franceses.
-Yo no le hago, yo no hago nada. Bueno, casi nada.

-Parecía un guiño a 'El maestro de esgrima'.
-No, no. Son personajes reales. No hay ningún guiño en esta novela, ni siquiera a 'El húsar', que me hubiera resultado fácil, por la cercanía temporal.

-Da la impresión de que se lo ha pasado muy bien escribiendo.
-Ha sido un trabajo enorme. ¡Pero lo que he disfrutado! Con las lecturas y mapas, y paseando por Madrid, por los escenarios, imaginando la carga de caballería en la Puerta de Toledo, entendiendo por qué caen tantos madrileños en un lugar: ¡porque huían de los coraceros cuesta arriba!

-Una topografía del terror.
-Vas encontrando fantasmas, y los ves luchar y morir, y entiendes por qué mueren así y ahí. Es algo muy conmovedor. De nuevo, por supuesto, está mi experiencia personal en combates callejeros, que me permite leer la batalla sobre el terreno. Enfiladas, ángulos de tiro, descubiertas. Lo que en los documentos eran simples listas de bajas cobra sentido.

-Me da la sensación de que, pese a la objetividad y tal, a lo largo de la narración usted se va calentando.
-No yo, es la historia la que se calienta en esas horas, ese día.

-Pero se percibe que la odisea de esas partidas y esos individuos, esa gente desesperada, le conmueve.
-Me conmueve su terrible orfandad, que nadie los apoye. Nadie los orienta, nadie se moja, nadie media por ellos al final, cuando van al matadero.

-Los fusilamientos son estremecedores. De un realismo que espanta. Los de la Montaña del Príncipe Pío. Parece que descongelara el cuadro de Goya y le diera animación.
-Así han sido siempre, con fusiles de avancarga o armas automáticas, no son escenas imaginadas, las he visto en Angola, Nicaragua, Sarajevo. Ésa es mi ventaja. Pones experiencia, historia y Goya y sale lo que hay en el libro.

-La forma en que los franceses van casa por casa, vacían las cárceles, seleccionan a los presos, los ejecutan. Esa matanza sistemática hace pensar en las Fosas Ardeatinas o en los Einsatzkommandos.
-Fue un comportamiento similar al de los nazis. Los franceses están furiosos por sus bajas. Odian y desprecian a esa gente baja, sucia, fanática, esa hidra que les ataca y desaparece para volver a juntarse. Hay un componente de racismo, sin duda. Aunque más racista era nuestro aliado, el inglés.

-Hay disparos en la nuca, y a los que van a fusilar les hacen quitarse la ropa.
-Es lo habitual.

-Nada de elegancia napoleónica.
-No me hagas reír, mírate los grabados de Goya.

-El punto de vista, la simultaneidad, de los acontecimientos, le habrá dado problemas.
-Tenía las paredes de casa llenas de anotaciones, de personajes. Sabía dónde estaba cada cual en cada momento. Manejar todo eso, respetando los horarios, fue todo un desafío. Hay una parte en él muy técnica.

-Una dramaturgia.
-Una coreografía.

-También utiliza el punto de vista de los franceses.
-No hay buenos ni malos en el Dos de Mayo. Hay que entender a los franceses: ven delante a una chusma.

-Y tienen muchas bajas: 2.500, según algunas fuentes.
-Yo creo que hubo menos, pero es cierto que al inicio del Dos de Mayo tuvo lugar una auténtica caza del francés, y les pillaron en pelotas, aislados, desprevenidos, solos por ahí... Goya pinta muchos franceses muriendo luego en la famosa carga -aunque es cierto que no la vio personalmente, estaba en otra zona-. Murat le escribe a Napoleón que han tenido cantidad de muertos, y que lo diga alguien como él, una bestia parda acostumbrada a las batallas más sangrientas, significa que de verdad los hubo. Por otro lado, no fusilas tanto si no ha habido mucho mal rollo. Estaban muy cabreados los franceses.

-Les hace hablar alguna vez con acento -Marbot dice “cobagdes”, Murat a un sacerdote: "Te vamos a fusilag, cuga"-, pero estamos lejos de Trafalgar y no digamos de la hilaridad de ‘La sombra del águila’.
-Los franceses hablan como lo hacen. Toques de humor hay pocos, sólo los que da la propia historia, la vida, la desmesura de la jornada.

-¿Y Arturo Pérez-Reverte qué hubiera hecho ese colérico 2-M?
-Yo no sé qué hubiera hecho. De joven, como todos, pensaba que hubiera salido a luchar. Ahora, con la lucidez de los años, no soy capaz de decirlo. Depende de cómo hubiera ido todo, de las circunstancias que me hubiera tocado vivir. En principio, salir a la calle ¿para qué?... ¿Para defender a esos curas, a esa nobleza inculta, a esos Borbones corruptos? Que salga su puta madre. ¿Pero si veo a ese francés matando a mis vecinos, fusilando, ejecutando, o si una bala perdida alcanza a un familiar en casa?... Mucha gente sale por venganza, por rabia, por rencor o por el qué dirán. Qué tragedia, insisto, ese día para los lúcidos, para la razón, para Moratín, para Goya, para la gente culta.

La conversación se alargará para entrar en terrenos tan concretos como la forma de doblar el codo los coraceros al cargar con sus espadas o el tipo de unidad francesa (¡marinos de la Guardia!) que Goya representó en sus fusilamientos del 3 de mayo. Pérez-Reverte referirá cosas tan espeluznantes como las consecuencias de una herida de metralla o bayoneta en el vientre, y en las que el paquete intestinal se desparrama sin remedio. El novelista explicará que presenció una herida así en Bosnia, para espanto de una joven que escucha disimuladamente la conversación en la mesa de al lado. La chica empalidece cuando el escritor detalla cómo las vísceras del desgraciado, rajado por una esquirla, se desparraman con un ruido líquido "-son azules y huelen"- y suspira aliviada cuando nos marchamos hacia las calles, que no saben lo que se les viene encima, para seguir reviviendo el Dos de Mayo. Cañones, cañones, cañones.

--

Un héroe coral
Justo Navarro - El País - 01/12/2007

‘Un día de cólera’ - Arturo Pérez-Reverte - Alfaguara. Madrid, 2007, 404 páginas. 19,50 euros.

Ha novelado Arturo Pérez-Reverte en 'Un día de cólera' acontecimientos legendarios que realmente sucedieron en Madrid el Dos de Mayo de 1808 y pronto cumplirán doscientos años. No es una estampa de época, sino una crónica de gente viva, en el instante, en tensión y movimiento. "Este relato no es ficción ni libro de Historia", dice Pérez-Reverte. Yo diría que el protagonista es el pueblo insurrecto, verdadero y admirable personaje múltiple, caracterizado desde el principio por una cita de Napoleón: "Los españoles en masa se condujeron como un hombre de honor". No importa que el mismo caudillo los hubiera juzgado antes "una chusma de aldeanos embrutecidos e ignorantes, gobernada por curas". El levantamiento del Dos de Mayo en Madrid contra las tropas imperiales fue un acto de heroísmo colectivo, coral, memorable, que a su capacidad de leyenda suma el hecho de que conserve, como las grandes obras literarias, un fondo enigmático nunca resuelto del todo. Pudo ser una conspiración calcada sobre el motín que en Aranjuez derribó a Godoy y forzó la abdicación de Carlos IV. Galdós unió las dos jornadas en 'El 19 de marzo y el 2 de mayo', uno de sus episodios nacionales. En Aranjuez se vio al conde de Montijo dirigiendo a la masa con disfraz de palurdo, "montera, garrote, chaqueta de paño pardo", como cuenta Galdós, y lo que parecía un amotinamiento popular fue más bien una revolución palaciega. Sea lo que fuere, el Dos de Mayo acabó en el levantamiento y aplastamiento del pueblo invadido por el francés.

Puede que mediara la provocación imperial, según el plan napoleónico de quitarles con cualquier pretexto la corona de España a los Borbones para dársela a algún Bonaparte. El primer muerto del Dos de Mayo fue un soldado francés, derribado a garrotazos y sableado. Entonces empezó la matanza contra el gentío despavorido, y se desató la venganza, la caza del invasor sanguinario. El relato de Arturo Pérez-Reverte es panorámico. El narrador se acerca a su multitud de personajes como una cámara que, al ritmo sostenido que la acción exige, recorriera el tiempo y el espacio de los acontecimientos para ofrecer una visión total del día, del principio al fin. Pero el talento del novelista se demuestra en su capacidad para el primer plano, para revelar lo particular, lo individual, en el gran panorama histórico. Pérez-Reverte identifica a sus criaturas, las llama por su nombre, las vivifica, y el gesto de héroes y heroínas resalta épicamente en la hazaña colectiva como un signo del valor de su pueblo. Y, al mismo tiempo, el narrador asume alguna vez una distancia de ironía suave que acaba siendo proximidad, simpatía, identificación con los que participan en el combate callejero. Hay en el fondo, como en las guerras que contaba Stendhal, una celebración de los esfuerzos inútiles y la grandeza de las batallas perdidas de antemano, que ya habíamos conocido en otras historias napoleónicas de Pérez-Reverte, 'El húsar' y 'La sombra del águila'.

Un sistema de antagonismos activa la tensión: españoles contra franceses, pueblo frente a clases altas e instituciones sumisas o entregadas a Napoleón, la frialdad profesional de las tropas imperiales frente al arrebato pasional de los madrileños, la enormidad de la potencia militar dirigida contra individuos prácticamente indefensos. El rechazo a la invasión es una cuestión de sentimientos en un Madrid que "zumba como una colmena peligrosa". La desconsideración francesa, propia de quien ocupa un lugar conquistado sin disparar un solo tiro, es arrogancia de taberna. El capitán de artillería Daoíz se avergüenza de haberse contenido ante bebedores imperiales que en un café se burlaban del pueblo desgraciado. Es imposible lamer las botas al francés, y el rencor contra el invasor de la patria depende de pequeñas y cotidianas heridas en el amor propio. El levantamiento se parece al fulminante ataque de cólera que sigue a la pérdida de una paciencia excesiva. No se mide la desproporción de fuerzas. Veteranos de Austerlitz y Jena aplastarán a una turba irredenta armada con tijeras, hachas, cuchillería de cocina y escopetas. El heroísmo colectivo es el valor de cada valiente, hombres y mujeres, y el narrador cuenta el momento en el que se crea un personaje histórico, el nacimiento de la idea de pueblo o nación española como protagonista de la Historia, una multitud de seres con emociones en común, nadie excluido, desde el honrado trabajador a, como decía Galdós, granujas y holgazanes "convertidos en guerreros al calor del fuego patriótico que inflamaba el país".

"Ustedes no pueden figurarse cómo eran aquellos combates... Una confusión, una mezcolanza horrible y sangrienta que no se puede pintar", escribió Galdós. Pérez-Reverte representa sensorialmente aquel furor, lo más inmediato, el clac, clac, clac de las navajas de muelles al abrirse, el pensamiento que se va a los hijos un segundo antes del choque definitivo, el olor de la culata pegada a la cara, la pregunta fundamental: ¿qué hago aquí? ¿Por qué tiembla el suelo? Son las herraduras de los caballos que se acercan. Cargan los mamelucos a brida suelta. Relinchan las bestias desventradas, acuchilladas, entre coces, derribadas con su jinete. Es el degüello, la ferocidad de quien nada tiene que perder, "el odio insensato de quien sólo quiere venganza". Agua y aceite hirviendo llueven de las ventanas. Seguimos la lista funeral de los caídos, el registro de los libros parroquiales de difuntos. Nos admira el esplendor heráldico de los uniformes, con su nostalgia de un mundo ido, casacas de colores vivos, botas hannoverianas, el colbac de piel de oso, el azul turquí de los artilleros españoles, el dolmán verde con pelliza roja de los imperiales Cazadores a Caballo, el amarillo de los dragones de Lusitania y el azul de los Guardias Walonas, la cruz blanca en la escarapela roja de los regimientos suizos al servicio de España, pero también la dignidad de capas y capotes, monteras y sombreros de ala caída y redecilla en el pelo, la chaquetilla de alamares, la faja y la navaja. No hay esperanza, lo sabe el capitán Daoíz: "¿De qué sirve batirnos? Por el honor, por el ejemplo".

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Sab Abr 13, 2013 11:51 am

La derrota del 2 de mayo
José Manuel Pozuelo Yvancos - ABC - 01/12/2007

Ignoro si Pérez-Reverte, al poner título a esta novela, ha recordado que la primera palabra de ‘La Ilíada’ es “cólera”. Nada tendría de extraño en alguien de su generación, que traducía en el preuniversitario a Homero, auxiliado, eso sí, por don Luis Segalá y Estalella y por esa especie extinguida casi, heroica (a la que este país nunca pagará lo debido), de los catedráticos de griego que, como don Julio Cruz, nos enseñaron a amar al vate ciego. Emilio Crespo ha tenido el acierto de hacer figurar el sustantivo "cólera" como primera palabra de su traducción moderna. ¿Epopeya entonces, aunque no de Troya, sino del Madrid del 2 de mayo de 1808? Nada de eso. Ni la cólera es la de Aquiles, ni hay en la novela de Pérez-Reverte, salvo el homenaje debido a Luis Daoíz y a Pedro Velarde, un mundo de héroes conocidos, ni se ha escrito esta novela-crónica desde lo que vino después, esto es, desde Móstoles, Gerona, Bailén o Zaragoza y todo aquello que Galdós convertiría en grandes ‘Episodios nacionales’ como cimiento, entre otros, de la mitología patria que ha convertido el 2 de Mayo en el emblema de la España eterna y luchadora.

Si acaso únicamente convendría a la novela de Pérez-Reverte que nos fijáramos en el rostro desencajado y en el grito del personaje anónimo que en ‘Los fusilamientos del 3 de mayo’ de Goya abre los brazos, ofreciendo a las ráfagas del escuadrón de fusilamiento cuanto habían ofrecido el día anterior centenares de madrileños de los que nadie se acuerda y cuya vida, durante aquellas horas de su rebelión espontánea, es reconstruida en esta novela con la precisión de un entomólogo. Como deja dicho en la página de inicio, está a caballo entre la Historia y la crónica, pero resulta pertinazmente resistente a toda ficción. Reconstruye cuanto se puede saber (en una bibliografía amplia que figura al final del libro) de aquellas horas, recorridas en el libro paso a paso, nombre a nombre, según figuran en los listados de documentos oficiales.

Arturo Pérez-Reverte ha acertado a mi juicio sobre todo en algo que destaca en la construcción narrativa de la novela: su tono casi neutro, exento de todo comentario externo o de alharacas patrioteras. Antes bien, si acaso asoma la tristeza de una mirada que arroja la fidelidad del reportero o el talante del notario, aunque a veces se traduzca, y no puede ser de otro modo (pero ya digo que está reprimida y apenas asoma), la emoción del novelista, que va viendo caer, uno a uno, a todos los héroes anónimos que en esta novela han recobrado su nombre. Para que funcione con fiabilidad, que creo que es la marca distintiva de toda la obra, resulta portentosa la cantidad de detalles ofrecidos, ajustados a la precisión de los nombres de sus gentes, del oficio, del número concreto de la calle donde vivían, de dónde estaba situada cada casa y cada palacio de la época. Se evitan los discursos y los antecedentes. La novela se pliega a esas pocas veinte horas, justo las previas a las que pintaría luego Goya. Desde la siete de la mañana del 2 de Mayo, hasta que la luz entra por la ventana de la casa de Rafael de Arango, en la mañana siguiente.

Y esto lo hace Pérez-Reverte antes de que tengan tiempo de venir los centenarios y nos desgañitemos los españoles recordándonos otra vez la mentira necesaria de los mitos sobre los que se ha edificado nuestra magnitud oficial: que aquello fue cosa de todos, un Fuenteovejuna heroico colectivo. En la novela de Pérez-Reverte se ve que no fue así; fue de unos pocos, no muchos, que podrían haber sido, eso sí, muchos más, como luego lo fueron; pero se da también la crónica de cómo los mandos militares de mayor graduación y los políticos porfiaron para que quedaran las tropas españolas acuarteladas, sin munición, a merced de las órdenes de Murat.

En esta novela hay por tanto otros españoles que asintieron o colaboraron en el fracaso de la revuelta, condenándola a una especie de El Álamo en que se convirtió el Acuartelamiento del Parque de Monteleón, donde ya a la altura del mediodía del 2 de Mayo ha quedado todo reducido. Hay un caso emblemático, el del cerrajero Blas Molina Soriano, al que la novela ha seguido a lo largo de todo su heroísmo, y que fue de los pocos que lograron librarse. Había luchado por Fernando VII, pero no recibe respuesta alguna cuando años después le pide un modesto empleo en la Corte. No puede el lector sino pensar en ese otro héroe de Lepanto, anónimo en lo militar, que no obtuvo ni siquiera humilde escribanía en las Indias.

No se evita por tanto en las últimas cien páginas el rosario de la derrota, y también noticias que ponen los pelos de punta, como la nota del Consejo de la Inquisición o la del obispo de Guadix hablando del ciego y necio vulgo (p. 385). A retazos asoman problemas anexos como la difícil situación de ilustrados, algunos noblemente retratados, como Blanco White; otros con menor estatura, como el caso de Moratín.

Nada de la habilidad narrativa que ya es proverbial en su autor falta aquí, en los lances y en los quiebros de cada suerte personal. Y, si acaso, he visto una condición mejorada, por lo contenida que está: la opción por poner tal habilidad al servicio de una crónica que se quiere sobre cualquier otra cosa leal, verídica, y que leemos asombrados, tanto por lo que dice como por aquello que va revelando de esas varias formas de ruindad, o mediocridad, que los mitos han encubierto. Al final, queda erigida, y es ya una constante ética de su autor, una mirada enaltecedora hacia quienes fueron protagonistas heroicos de una epopeya sin saber que lo era, y que aquella fecha aciaga del 2 de Mayo dejó resuelta únicamente en tragedia, esta sí, de tristes y no merecidos destinos.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Vie Ago 08, 2014 10:41 am

Reverte le pone letra a Goya
César Casal – La Voz de Galicia – 08/12/2007

El creador de Alatriste firma un documento sobre el levantamiento del 2 de mayo con un rigor que recuerda las pinturas del pintor maño.

Si Pérez-Reverte había hecho aguas en su ‘Cabo Trafalgar’, ahora acierta en la diana con su narración de un día de cólera, el dos de mayo de 1808, en Madrid. La jornada que terminó en el famoso cuadro de los fusilamientos de Goya, está descrita por uno de los mejores escritores en castellano como un documento histórico, al que no le falta de nada. Para Pérez-Reverte, ese día se decidieron muchas cosas en este país. En esas veinticuatro horas de furia el pueblo llano demostró que tenía coraje, pero eligió emplearlo al revés, contra el enemigo francés, que nos hubiese librado de la dictadura
de unos Borbones corruptos y del poder absoluto de la Iglesia en España. Que nos hubiesen limpiado al fin de siglos de caspa, lazarillos e inciensos.

Hay que repetir que el libro se trata de un documento histórico. El escritor reproduce memorias de la época y reconstruye casi minuto a minuto la lucha por las calles de Madrid. Recupera hasta los listados que existen de muertos y heridos, y su condición social. No habla solo de los oficiales Daoíz y Velarde. Hay mil puntos de vista, el de todos los implicados, franceses incluidos. Hasta sale el afrancesado Leandro Fernández de Moratín y quienes le envidian el éxito y las polainas al autor de ‘El sí de las niñas’.

El texto está redactado en presente, lo que le permite a Reverte acelerar los hechos a su gusto. Sabe transmitir, casi inocular en el lector la sensación de agobio. El sentimiento de cómo todo se va agrandando, una bola de sangre, hasta terminar en la matanza que pasó a la historia. Desde el cuartel del Prado Nuevo hasta el parque de Monteleón. De la plaza de Palacio, donde se producen las primeras muertes, al Hospital General, donde están a punto de pasar a cuchillo a los soldados franceses enfermos.

No recurre esta vez a una colección de insultos y de onomatopeyas como había hecho en ‘Cabo Trafalgar’. Sólo las usa Reverte cuando son necesarias. Por ejemplo, cuando los españoles se preparan ante la llegada de los franceses y se oye el clac-clac de miles de navajas que se abren a la vez. Un experto en historia podrá analizar con lupa la documentación, pero la impresión que produce el relato es que el autor se la ha trabajado a fondo. Pérez-Reverte es un gran conocedor de esa época en España. Y el libro se cierra con una amplia bibliografía para los que quieran profundizar en el arrebato de cólera que se llevó, según fuentes, más de dos mil franceses por delante, y medio millar de españoles. Un arrebato en el que hubo de todo. Hasta un macetazo que termina con la vida de un oficial francés. Pelearon hombres y mujeres. Y el francés al mando, Murat, mandó disparar contra todos los sublevados sin mirar su condición de sexo ni edad. Y, finalizado el grueso de la tragedia, prosiguió con el castigo al pueblo, con fusilamientos y represalias casi casa por casa, hechos que también recoge Pérez-Reverte en su obra.

El autor de Cartagena vuelve a la narración larga e histórica, después de su libro más íntimo, ‘El pintor de batallas’, con un rigor que impresiona y con ese nervio que tiene al contar y que solo puede recibir el nombre de talento. Reverte no es solo un autor de libros que se venden como pan caliente. Es también un escritor que sabe dónde se pone el acento y cómo se agarra el corazón del lector.

Arturo Pérez-Reverte no deja indiferente a nadie. No hay media tintas con este hombre que lo fue todo como corresponsal de guerra y que lo es todo como novelista. No hay en su escritura un género definido ni un estilo concreto. Cada libro para él es un reto y debe ser afrontado con distintas alforjas. No es amigo de los escritores de cámara que no abandonan su cámara ni su camada de aduladores. Famosa fue su polémica de artículos cruzados con Francisco Umbral, que está en el extremo opuesto de Reverte como estilo. Umbral es justo lo que odia Reverte. La denominada “prosa sonajero”, los efectos especiales de las metáforas sin más fin que arder un segundo en el aire después de leerlas y que no comunican vida de verdad.

Reverte es de los que creen que las historias están siempre en las calles. Que lo que hay que hacer es poner el oído, documentarse y currar. Tres principios muy periodísticos para quien fue antes redactor que escritor. No quiere decir que sea el cartaginés [sic] un escritor plano. Tiene sus buenos párrafos, esos textos que se escapan de los dedos a toda velocidad, que salen de dentro. Como el propio Reverte dijo para alabar a su amigo Montero González, párrafos que “parece que los ha hecho con la mano de Dios sobre su hombro”. Como lector amante de lo extraño y lo cercano creo que se puede disfrutar con Reverte y con Umbral, con el rigor y con el encanto. Cada hora tiene su afán.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Sab Ago 09, 2014 2:57 pm

“El admirable 2 de Mayo frenó la modernidad”
Entrevista con Miguel Ángel Trenas - La Vanguardia - Madrid - 11/12/2007

El cabreo del populacho fue el único detonante de la algarada del 2 de mayo de 1808 en Madrid, germen replicado luego en miles de pueblos de lo que sería la guerra de la Independencia. Así lo cuenta Arturo Pérez-Reverte en 'Un día de cólera', publicada por Alfaguara, una novela que reconstruye los sucesos de aquel día a partir de sus verdaderos protagonistas. “He querido –dice el autor– contar la novela como un cuadro de Goya. Poner nombres, gestos, caras y circunstancias a los personajes de sus cuadros”.

-¿Un anticipo de bicentenario?
-Era un tema de los muchos que me interesan. He querido sentar unas bases mínimas de la historia antes de que se acerque la fecha, de que empiecen todas las movidas de mistificaciones y manipulaciones.

-¿Ha cambiado la idea que tenía sobre lo ocurrido?
-Mi generación fue educada en un 2 de mayo más épico, el de un pueblo que luchaba por la libertad y la independencia. La realidad fue que la gente de orden se quedó en sus casas y los militares más representativos fueron dos capitanes. Quien salió a la calle fueron cuatro gatos marginales, aunque, sin esta revuelta, no hubiera sido posible el resto. Recorrer ese día con la limpieza que te dan las fuentes originales es muy ilustrativo, casi higiénico.

-¿Qué le diría a quien ve la conmemoración como algo políticamente incorrecto?
-Que se trata de una fecha importantísima. Es nuestro Álamo. Un combate de gente desarmada, humilde, que se enfrenta al ejército más poderoso del mundo, que dará lugar a un movimiento que tiene consecuencias imprevisibles y gravísimas para Europa y para Napoleón. Un ejercicio de heroísmo y coraje donde se adivina por vez primera el germen sutil de esas dos Españas: la oscura y reaccionaria y la que mira a la modernidad. El drama terrible de la inteligencia, del lúcido, desde Moratín a Goya, que se pregunta dónde están los suyos; que se debate entre la modernidad que quiere para su país y el sentimiento que le une a los que luchan en la calle. Es una jornada importantísima, completamente asumible por la derecha y por la izquierda, una salsa en la que han mojado todas las ideologías. No se trata de celebrarla sino de conocerla y estudiarla.

-¿Qué perdimos aquel día?
-Se perdió una posibilidad. Había cabezas lúcidas que querían salir del atraso, de la incultura, del fanatismo cerril de unos curas y reyes incapaces y corruptos. Ese día y esa guerra hicieron que eso estuviese en el bando del enemigo, cerró una puerta al progreso y a la libertad. Paradójicamente, una jornada admirable en sí nos dejó inútiles para una modernidad, la frenó; luego tardó muchísimo en llegar.

-¿La novela recupera al corresponsal de guerra?
-No, cada novela tiene una forma y ésta reclamaba un tratamiento más distante y frío, más documental. Cuenta los hechos de manera reporteril, lo que no deja de ser una técnica más del género. Será el lector quien decida si lo que lee es terrible o no.

-¿Qué materiales ha manejado?
-Se trata de un periodo muy documentado. Desde Galdós hasta los testimonios de las propias víctimas y sus familiares, necesarios para acceder a unas compensaciones anunciadas por Fernando VII que no se dieron en todos los casos. El material estaba ahí, pero no se había juntado en un libro.

-¿Qué ha sido lo más difícil?
-La trastienda, manejar más de trescientos personajes evitando vacíos o cruces equivocados. Hay sólo un 25 por ciento de ficción, que me ha servido como amalgama para unir las diferentes historias.

-¿Personajes todos cabreados?
-El cabreo, un cabreo muy español, fue el origen de todo. Ese día la
gente no se echó a la calle para luchar por la patria, por la independencia, sino porque estaba cabreada con unos extranjeros que actuaban con chulería, que no pagaban en las tabernas, que molestaban a sus mujeres. Los franceses fueron los primeros sorprendidos por esa capacidad para el motín y la sublevación. No hubiera sido igual en París, Londres o Berlín. Esa individualización tan española de la violencia, esa locura, esa rabia, se manifestó el 2 de mayo. Tras Madrid, siete mil pueblos cabreados se echaron a la calle en un día en el que los españoles fuimos plenamente solidarios, actuando cada uno con su propio cabreo, pero al unísono.

-Una mirada de la historia muy distinta de la tradicional.
-La novela propone una lectura desde la fuente original. Invita al lector a ir a la calle, correr y sentir lo que sintieron cuatro mataos, más allá del patrioterismo franquista o el “no pasarán” republicano.

-¿Quiénes son los malos?
-No hay malos en la novela. Los franceses también tienen sus motivos cuando se enfrentan a esa chusma despreciable que los mata. El único malo fue Fernando VII, el rey que está en Bayona adulando a Napoleón, y que al volver lo primero que hace es enterrar las libertades que se empezaban a tener. Fue una rata de cloaca, no se merecía a esos súbditos.

-¿Y los afrancesados?
-Yo prefiero llamarlos lúcidos. Fueron las verdaderas víctimas. Los inteligentes, los cultos, vivieron en sus carnes la verdadera tragedia de no saber con quién estar, con los que representaban la modernidad o con el vecino que caía bajo las bayonetas francesas.

Foto:
http://hemeroteca.lavanguardia.es/previ ... 1/pdf.html

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Lun Ago 11, 2014 9:34 am

Pérez-Reverte afirma que «es un error juzgar el pasado con los ojos del presente»
Miguel Lorenci – larioja.com – 11/12/2007

«Contar sin juzgar». Más que nunca, esta ha sido la pretensión de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) que vuelve a fajarse con la historia en su último libro. En ‘Un día de cólera’ (Alfaguara), el narrador y académico recupera al reportero que fue para echarse a la calle en el convulso Madrid del 2 dos de mayo de 1808. «Es como si hubiera tenido una cámara de vídeo y hubiera salido a la calle a grabar un reportaje con lo que estaba pasando», dice un Pérez-Reverte aséptico que sabe que «es un error juzgar el pasado con ojos del presente» y que aquella histórica jornada «fue manipulada hasta la saciedad por la historia oficial».

Ha conjugado reportaje, novela e historia en una narración trepidante en la que da cuenta de los hechos a través de 350 personajes reales, «con nombre y apellido» y en tiempo real: de las ocho de la mañana a las cuatro de la madrugada «de una jornada admirable y terrible que cambió la historia sin proponérselo» y que nos cuenta en 400 vertiginosas páginas.

«Es un falso reportaje», advierte el creador de Alatriste, que pasó dos años manejando libros, legajos y memoriales con información de primera mano y muy precisa. «Quizá un 75% es historia y un 25% ficción en un libro complejo, con algo de diario colectivo y documental al estilo de ‘El año de la peste’, de Daniel Defoe», explica el internacional escritor. «Necesitaba el tratamiento frío y distante para un texto que no es didáctico pero sí tiene intención didáctica», dice. Y es que Pérez-Reverte quiere reinterpretar un episodio crucial de nuestra historia «que no ha dejado de manipularse desde el mismo día de los hechos. Lo manipuló Fernando VII, el absolutismo, los carlistas, la restauración, la segunda república, pero sobre todo el franquismo, que le confirió un tono épico, imperial, mítico y patriotero que no tuvo».

Especialmente patético fue el tratamiento del Dos de Mayo del cine franquista. «Era para retrasados mentales: maniqueo, estúpido y elemental. Estaría bien revertirlo y tratar con objetividad episodios dignos, nobles y heroicos como el de Agustina de Aragón o el parque de Monteleón, que de haberse dado en Estados Unidos o Gran Bretaña, sería como nuestro Álamo». Ese tratamiento «genera un rechazo histórico». «El franquismo contaminó esos hechos a través de la historia y el cine oficiales, haciéndolos inasumibles para gente lúcida, normal o de izquierdas, cuando es una fecha asumible sin problemas para la izquierda y la derecha», propone el escritor. «Como en tantos casos, estamos pagando la contaminación franquista de la historia. Los progresistas, en vez de limpiar y descontaminar esa parte de nuestra historia, la han arrinconado sin acertar a despojarla de elementos patrioteros, dejándola como patrimonio de la derecha», lamenta.

«No fue la sublevación patriótica y heroica que nos vendieron. Fueron cuatro “mataos” los que se echan a la calle. Los chulos, putas, rufianes, tenderos, albañiles, criados, mozos de cuadra, o taberneros. La gente baja, la chusma sin ninguna vinculación con las elites, fue la que se enfrentó al ejército más poderoso del mundo con navajas, palos, hachas, martillos y hoces», advierte Pérez-Reverte. «Sólo se alzó un aristócrata y dos capitanes, Daoíz y Velarde. Los alzados, y eso es admirable, fueron los marginales de un pueblo cabreado por los abusos, violaciones, robos, expolios y humillaciones a que les sometían los franceses», enumera. «No hubo nada de patria o nación. Son explicaciones que vinieron después. Fue un enorme cabreo, la ira popular la que se alzó; la misma ira a veces irracional por la que algunos abuchean hoy a Zapatero o apalean a un ministro», reitera.

«Las clases cultivadas se vieron ante una grave disyuntiva: Francia era la modernidad, el progreso y el desarrollo del saber y las ideas», explica Reverte. «La tragedia de la inteligencia se genera entonces. Tomar partido por Francia era hacerlo por un rey infame y un sistema corrupto, podrido e involutivo apoyado por una iglesia miserable. Hacerlo por el pueblo en armas era sumarse a la chusma». Cree el escritor que ahí está el germen «de la división y de un drama intelectual y político que, con el pasar del tiempo, conoceremos como el de las dos Españas».

Avatar de Usuario
agustinadearagon
Mensajes: 2636
Registrado: Vie Sep 05, 2008 11:00 pm
Ubicación: Madrid

Mensaje por agustinadearagon » Lun Ago 11, 2014 11:22 am

Gracias Ro.
"Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro quizá esté muy oscuro para leer". G.M.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Jue Ago 14, 2014 9:33 am

«El Dos de Mayo es la tragedia de la inteligencia, el enfrentamiento entre la víscera y la razón»
Tulio Demicheli – abc.es – 11/12/2007

Arturo Pérez-Reverte ha construido esta novela como un gran friso documental, recuperando, quizá, aquella tradición literaria de los cronistas de Indias y de las cartas de relación, pero también otros textos más modernos, como ‘El año de la peste’, de Daniel Defoe, que era una ficción presentada como documento, o los libros que John Reed escribió de las revoluciones mexicana y soviética. «Cada novela tiene un planteamiento narrativo a resolver, y a ésta decidí darle forma de novela documental, además, porque todo el material es auténtico. Y eso me permitía mantener la distancia, yo quería alejarme».

-Alejarse... ¿de qué?
-Unos y otros se han ido apropiando de esa fecha desde el día siguiente. Para Fernando VII y los absolutistas, los madrileños se levantaron por el Rey y por España. Para los liberales, se quitaron las cadenas. Los carlistas acuñarán su «¡Por Dios, por la Patria y por el Rey!». Para la I República lo importante fueron las Juntas y el pueblo. Para la Restauración, los héroes y la defensa de la Patria. Para la II República, el «¡No pasarán!», como en Monteleón... Realmente nos une a todos pero, como siempre, los españoles la hemos utilizado para desunirnos. Y ahora, con el Bicentenario, ya verá cómo los unos van a ir a una cosa, y los otros, a otra. Pero lo que yo quería contar era la historia de la gente y no la de la gesta.

-Y sacarla del anonimato.
-Claro. Como Fernando VII prometió dar compensaciones a las víctimas, para reclamarlas había que presentar dos testigos. Por tales documentos no sólo sabemos cómo ocurrieron los hechos, sino que conocemos a los 409 muertos y a los 160 heridos. He querido devolverles su nombre, apellido, edad y profesión.

-Pero no se arruga ante los tópicos. Ni fueron tantos, ni sus ideales muy elevados.
-A combatir de verdad en la calle, con armas, bien pocos, no más de tres o cuatro mil. La gente salió porque los franceses le estaban tocando los cojones, algo que no se podía hacer entonces, ni ahora: este país es muy peligroso. Ése fue el gran error de Napoleón. Lo asombroso es que esa gente carente de orientación y disciplina, sin preparación alguna, se echa a la calle y monta la que monta. Cuando miras los grabados de Goya, te das cuenta de que allí no se ven buenos ni malos. Sus cuadros y grabados no fueron aceptados hasta mucho después, porque era un pintor políticamente incorrecto. Fue desplazado por ese tratamiento antiheroico, porque esa visión de una turba acuchillando franceses no coincidía con las patrióticas tesis oficiales.

-Entre ese gentío, destacaron las mujeres y los niños.
-En la Puerta de Toledo salieron a parar caballos de dos metros con navajas, chuzos y sartenes. Y contienen la primera oleada de caballería pesada. Es la segunda la que los rebasa. Eran mujeres y niños, pero ¡qué mujeres! Venían de los barrios más duros de Madrid: la puta más chula, la pescadera, la carnicera, gente muy brava.

-Usted apenas repara en Manolita Malasaña, que a fuerza de legendaria es tan desconocida que ni siquiera su nombre es seguro.
-Hay dos versiones de la muerte y las dos son plausibles. Una, de una tía suya; y otra, de un capitán que estaba en Monteleón. Se sabe que murió cerca de allí, pero no si fue fusilada en la calle o si murió combatiendo con su padre en el parque.

-Otra mujer de su novela parece de ficción, María Beano.
-Es rigurosamente histórica. María Beano, viuda de militar a la que Pedro Velarde visitaba todos los días, se pone la mantilla y la matan en la calle camino de Monteleón, donde él luchaba. Eso va a misa.

-Una historia de «amor loco». ¿Y Ramona García Sánchez?
-Existió, aunque su flirteo con Luis Daoíz durante el combate, con esa chulería castiza, eso sí me lo he inventado yo.

-Usted muestra a un pueblo abandonado por todos.
-Ni siquiera había Rey. Se fue a Bayona. El Ejército está ausente, los políticos de la Junta de Gobierno miran a otro lado... El pueblo estaba huérfano. Hay que ver el espectáculo de las abdicaciones en Aranjuez y en Bayona para darse cuenta de que aquélla era la familia real más vil de toda Europa. La Iglesia, por su parte, también tuvo un comportamiento infame -sí, póngalo así- como se comprueba en las cartas del Consejo de la Inquisición y del obispo de Guadix, donde se decía que cualquier tumulto ofende a Dios, pues sólo Él pone y quita reyes. Bien es verdad que lucharon cuatro curas en Madrid y que a uno lo fusilaron.

-También el Ejército se inhibió y dejó solos a Daoíz y Velarde, sus compañeros alzados.
-Daoíz y Velarde son admirables, aunque Velarde es el típico militar cuartelero español que igual te hace el 23-F que conquista Tenochtitlán. Si está en el sitio bueno, te hace lo bueno, y si en el malo, pues lo malo. Luego está Luis Daoíz, el capitán reflexivo, que no pelea por exaltación, sino porque no tiene más remedio. Son dos actitudes distintas. Yo prefiero al segundo, pero fueron dos oficiales a los que dejan tirados.

-Tampoco intelectuales como Moratín o Blanco White salen muy bien parados en la novela.
-Una de las grandes lecciones del Dos de Mayo es la tragedia de la inteligencia. La gente culta se pregunta “¿quiénes son los míos?”. Ese día era muy difícil saber quiénes eran los tuyos. Bueno, cuando eres pequeño lo tienes claro: los míos son los españoles. Pero ahora, con el tiempo, ¿dónde hubiera estado yo? Era el enfrentamiento entre la víscera y la razón. Pero la razón eran los malos, la modernidad. La verdad es que el pueblo no se echó a la calle a defender la libertad, sino la más oscura tradición. Allí se inoculó el virus de las dos Españas. Como hay que elegir en ese momento crítico, el que elige modernidad queda proscrito, y el que elige la reacción detiene ese proceso reformista que había comenzado en el siglo XVIII. Lo terrible de ese día es que los héroes son unos bárbaros ignorantes que luchan por una visión reaccionaria del mundo. De libertad nada. Lo único libre fue la visceralidad, la cólera de la gente que se echa a la calle por odio, para matar franceses. Pero no les puedes quitar su condición de héroes.

-Eso ya está en el ‘Cantar de Mio Cid’.
-«Que buen vasallo si oviesse buen señor». ¿Qué hubiera sido de todos esos brutos con navajas y trabucos si hubieran sido educados y si hubieran estado bien gobernados?... Con esos arrestos y esa generosidad este pueblo llano, ¡lo que hubiera sido capaz de hacer!

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Sab Ago 16, 2014 12:34 pm

“El 2 de Mayo perfila ya las dos Españas”
Mercedes Jansa – El Periódico – 11/12/2007

-¿El 2 de Mayo se ha hecho carne en estos personajes anónimos?
-He querido irme a Goya, que no gustó durante muchos años, a buscar entre la gente de sus cuadros: el tendero, el panadero, la costurera, el herrero... En su cuadro de los fusilamientos, el fusilado tiene la misma cara de malo que el que dispara. Probablemente es la fecha más manipulada de la historia de España. Y todos se olvidan de la realidad.

-¿Y cuál fue?
-Que en la calle hubo cuatro gatos, cuatro mataos, cabreados, furiosos con todo. Fue como una “kale borroka” espontánea, mal organizada, y el mayor rango militar fue el de capitán, con Daoíz y Velarde. La gente de orden se quedó en casa. De hecho, fue un movimiento reaccionario, el de esa España populachera que le pega hostias a un ministro en una manifestación. Ese día, combatiendo en la calle no hubo más de 3.000 personas.

-¿Y los ilustrados?
-El hijo del Alcalá Galiano, que murió en la batalla de Trafalgar, salió a la calle a combatir a los franceses, y se preguntó "¿qué hago yo con esa gente?". A la gente acomodada le parecía una algarada callejera de gente baja, analfabeta, visceral, que defendía la monarquía más vil y corrupta de Europa. Los franceses eran la modernidad y las ideas nuevas. El verdadero drama fue para los liberales y la gente culta, que tenía un terrible dilema: “¿quiénes son los míos?”

-Es una pregunta muy moderna.
-Por eso no he querido implicarme. Ahí están los hechos, muy documentados. Es la gente la que habla. Que el lector se sitúe, viva el momento y saque sus conclusiones. Otra cosa sería entrar en lo de todos, eso de la patria, la bandera y el heroísmo. Prefiero contarlo con la acidez de una novela y el rigor de un documento.

-¿Se pregunta qué hubiera pasado si se quedan los franceses?
-En el siglo XVIII surge en España un movimiento cultural ilustrado muy importante que mira al futuro, y la modernidad hubiera llegado de una forma u otra. El problema es que esta jornada, y lo que vino después, corta eso y obliga a elegir. Se trunca una generación de esperanza, y se perfila ya en esos testimonios, sutilmente, las dos Españas, el elegir conmigo o contra mí.

-¿Es verdad que Daoíz usaba pendientes?
-Sí, era muy común entonces entre los marinos. Sus aretes de oro se conservan en el Museo del Ejército.

-¿Hubo épica en la derrota?
-Sí, mucha. Hay que ver a esos animales matando a mordiscos a los franceses. Se podían haber quedado en casa. No había nada que ganar, no había botín. Salen a la calle porque están cabreados. No podemos negarles la gloria, aunque censuremos el origen de la algarada.

-¿Aprendemos de la historia?
-No aprendemos ni de las derrotas, no ya de la de Trafalgar, sino del informe PISA. En este país nadie es culpable de nada. Es la eterna actitud de falta de responsabilidad. La tragedia de España es que tras cada conmoción histórica nunca ha habido un debate constructivo, nadie quiere saber nada. Siempre se sale o con fanfarrias patrioteras o avergonzado.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Dom Ago 17, 2014 10:20 am

20 horas de cólera que cambiaron la Historia
César Coca – elcorreo.com – 11/12/2007

Fueron veinte horas de cólera que cambiaron la historia de España. Las transcurridas entre las ocho de la mañana del 2 de mayo de 1808, cuando unos centenares de personas -artesanos, chisperos, albañiles, rateros, manolas, prostitutas, carniceras- intentaron linchar al edecán del general Murat, que estaba al mando de las tropas francesas, y las cuatro de la madrugada del día siguiente, momento de los fusilamientos en la montaña de Príncipe Pío, elevados a icono universal por Goya. Veinte horas de insurrección de unos miles de hombres y mujeres sin apenas armas ni formación, que se enfrentaron al mejor ejército del mundo y sufrieron después una terrible represión. Veinte horas «más de cabreo que de defensa de la patria», como las define Arturo Pérez-Reverte, autor de 'Un día de cólera' (Ed. Alfaguara), un libro con el que ha pretendido que los lectores recorran las calles de Madrid y asistan a las refriegas de ese día.

El episodio es conocido: las tropas francesas han entrado en España y el rey Fernando VII, que ha ocupado el trono de su padre, está en Bayona con la casi totalidad de la familia real. El domingo 1 de mayo la multitud abuchea a Murat y se producen algunos incidentes. Y a la mañana siguiente, el rumor de que también los dos pequeños infantes van a ser trasladados a Francia desata los enfrentamientos entre unos pocos miles de personas, en su mayoría civiles, y el Ejército imperial.

«Yo crecí creyendo que el Dos de Mayo fue un movimiento patriótico en el que los militares guiaron al pueblo. Pero no fue así», ha asegurado en declaraciones a este periódico Pérez-Reverte, que ha revisado centenares de libros y documentos para escribir su novela. «Ni siquiera fue el pueblo español quien se levantó. Fue una insurrección local, de las clases populares. Y luego hay algunos militares, mandos intermedios, que se ven arrastrados por esa insurrección».

Lo que empieza como un motín callejero, en la actual plaza de Oriente, crece a medida que Murat ordena que sus batallones avancen hacia el centro de Madrid desde las avenidas que llevan a la puerta del Sol. «De siempre, el español ha tenido facilidad para sumarse al motín», explica el autor de la serie 'Alatriste'. Y eso fue exactamente lo que sucedió: a medida que se corre la voz de las refriegas se van formando pequeños grupos sin orden ni disciplina, algo insólito en la historia. «Quizá sólo en Zaragoza, algo después, pase algo parecido». Niños, jóvenes, gente madura y octogenarios, sin más armas que tijeras, martillos, hachas, hoces, espadas de la época de Carlos I, escopetas de caza y navajas, muchas navajas, se lanzan contra miles de soldados bien equipados que venían de aplastar al enemigo en los campos de batalla de toda Europa.

Así hacen frente a la carga de los Mamelucos, en la Puerta del Sol. Hasta diez mil personas se han concentrado en la plaza cuando las primeras líneas de la imponente caballería hacen su entrada por San Jerónimo. Muchos de quienes salen con vida de aquel baño de sangre se encaminan hacia el parque de Monteleón (actual plaza del Dos de Mayo), donde un pequeño grupo de soldados desoye las órdenes de los jefes militares que reiteran que no deben inmiscuirse en los enfrentamientos y decide resistir. Al mando, un teniente asmático llamado Jacinto Ruiz, y dos capitanes: Luis Daoíz y Pedro Velarde. «Daoíz es la cabeza fría, quien finalmente y tras muchas dudas, se suma a la insurrección porque no tiene otra opción viendo cómo están matando a sus convecinos; Velarde, en cambio, es una mala bestia, alguien que lo mismo habría estado defendiendo el castillo del Morro que en el 23-F. Podía ser muy bueno o muy malo, dependiendo de dónde lo pusieras».

Contra toda lógica, los rebeldes de Monteleón, abandonados por sus jefes, sin apenas munición y rodeados por un ejército que les multiplica en efectivos, resisten hasta tres acometidas y rechazan la posibilidad de pactar los términos de una rendición. «Pelean por vergüenza torera, porque realmente salvo Velarde al principio, nadie cree en la victoria. Los más lúcidos, como Daoíz -explica Pérez-Reverte-, saben que se están suicidando».

Tras la caída de Monteleón, llega la venganza de Murat. Arrestos indiscriminados, juicios sumarísimos sin la presencia de los acusados y fusilamientos en masa. Los de la montaña de Príncipe Pío ponen final a ese día de cólera.

Por el libro de Pérez-Reverte desfilan, en segundo término, Blanco White, Goya, Fernández de Moratín y hasta Mesonero Romanos -que sólo tiene 4 años-, testigos espantados y aturdidos. Y aunque ellos no sufren heridas ni se manchan las manos de sangre, el libro refleja quizá por encima de todo su drama: «El punto crucial de ese día es la tragedia de la inteligencia. La gente ilustrada debe elegir entre un pueblo cerril y fanático que lucha por una familia real vil y corrupta, los curas y el oscurantismo, o por los franceses, que serán los enemigos, pero representan la renovación. Por eso, muchos no se sienten de ningún bando. Ese día comienza el divorcio que llevaría luego a las dos Españas».

Cuando anochece, entre el ruido lejano de los fusilamientos, el heroísmo de unos y el extraño sentido del honor de otros (medio centenar de presos que habían pedido armas para luchar en la calle contra los franceses vuelven a la cárcel) muchos madrileños ignoran que se ha encendido una mecha: «Ese día empezó una guerra en la que, por primera vez, distintos pueblos de España actúan como si fueran una nación, y eso es un hecho indiscutible. Son una nación que empieza a tener conciencia de serlo». Esa es la lectura positiva del Dos de Mayo que hace Pérez-Reverte. La negativa es que ese pueblo «no sale a luchar por su independencia, sino por la monarquía y la religión, que eran los aspectos más oscuros de aquella sociedad».

-“El Dos de Mayo es el episodio más manipulado de la historia de España”, ha dicho usted. ¿Teme que vuelva a serlo con motivo del segundo centenario?
-No lo temo. Esto es España. Estoy seguro de que sucederá. Habrá lecturas de todo tipo, intentos de manipulación desde todos los ángulos, y cada uno hablará de su guerra. Frente a eso, el único dique es el de la formación, y lo sería también que hubiera unos actos informativos serios, que permitieran al público acercarse a lo que pasó y cómo fue. Pero en esta España desmemoriada y analfabeta habrá pocas instituciones con conocimientos y decisión para hacerlo. Desde luego, cuando uno mira a la cara a Zapatero y Rajoy, a Blanco y Acebes, duda mucho de que sepan de qué estamos hablando.

-El lenguaje aquí no está lleno de bromas y anacronismos, como en ‘Cabo Trafalgar’.
-Tenía que ser más serio precisamente por lo manipulado que ha estado este hecho. He pretendido que el lector tuviese la impresión de que una cámara de televisión había ido recorriendo calles y plazas y grabando todo. La ventaja es que hay muchos testimonios de aquel día.

-Hay influencias de libros como ‘Diario del año de la peste’ o ‘Diez días que estremecieron al mundo’.
-Cuando me puse a escribir me planteé cómo hacerlo, y claro, las influencias de Defoe y Reed están ahí. Y también la de Cornelius Ryan.

-Trafalgar, Rocroi, Dos de Mayo. ¿Se está especializando en derrotas?
-Es que la Historia de España es una continua derrota. ¿Qué se le va a hacer?... El problema es que todo país inteligente saca provecho de ellas, aprende la lección. Nosotros no lo hacemos, y eso termina por afianzar justo aquello que nos ha conducido hasta el desastre. Yo sí quiero reflexionar sobre ello. El Dos de Mayo es una derrota que nos lleva a una victoria que terminará finalmente en derrota. Aquí hasta las victorias las convertimos en derrotas.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Lun Ago 18, 2014 9:11 am

“Las dos Españas comenzaron a perfilarse el 2 de mayo de 1808”
Efe – 11/12/2007

En su nuevo libro, 'Un día de cólera', el escritor Arturo Pérez-Reverte ha querido "devolver el protagonismo" al pueblo llano de Madrid que participó en la sublevación del 2 de mayo de 1808, un día "admirable y terrible al mismo tiempo" y a partir del cual "comenzaron a perfilarse las dos Españas".

"Ese día se dieron cita lo mejor y lo peor que tenía España. Por una parte, el impulso generoso y la solidaridad de la gente, pero también lo más reaccionario, la capacidad de motín irracional y la falta de análisis crítico", asegura el escritor en una entrevista con Efe, con motivo de la publicación de este libro por Alfaguara.

A caballo entre la historia novelada y el libro-documento, 'Un día de cólera' traslada al lector al 2 de Mayo para hacérselo vivir con sus verdaderos protagonistas: gente del pueblo armada con palos, navajas, hachas, martillos y hoces que se enfrenta al Ejército francés, el más poderoso del mundo, "no por la libertad, la independencia, la cultura o por el final de una monarquía corrupta, sino por cabreo, por irracionalismo". "No es un día de gloria ni de patria, es un día de cólera", subraya Pérez-Reverte. "La gente salió a la calle porque los franceses les habían violentado a las hijas, porque no les pagaban el vino en las tabernas o porque les habían quitado las casas para dárselas a los militares", entre otros motivos.

El escritor se decidió a hacer un libro sobre el 2 de mayo porque estaba "harto" de que esa fecha "se haya manipulado hasta la saciedad". "El franquismo lo adobó con elementos imperiales y vendió una sublevación dirigida por militares heroicos, cuando no fue así. Pero antes la manipularon Fernando VII, los carlistas, la I República, la Restauración, la II República, y ahora, dentro de unos meses, volverán otra vez a la carga", cuando se conmemore el bicentenario de aquella fecha.

"Galdós lo había contado ya muy bien, y yo no podía reescribirlo", señala el novelista, que ha intentado darle al libro "ese tono documental, poco implicado en lo emotivo, para que sea el lector el que saque sus conclusiones". Pérez-Reverte (Cartagena, Murcia, 1951) fue reportero de guerra durante veintiún años y su experiencia le ha servido, y mucho, para imaginar cómo debió ser aquella jornada en la que pelearon "el pescadero, el albañil, el mozo de taberna, la puta del barrio de Lavapiés, el chispero de Barquillo" y muchas mujeres. Todos ellos, hasta unos 350 personajes, salen con sus nombres y apellidos en el libro.

No lucharon los militares, salvo unos pocos que como los capitanes Daoíz y Velarde, o el teniente Ruiz, se pusieron del lado del pueblo; y tampoco lucharon "los de clase media y alta, que se quedaron en casa porque aquello era un motín callejero". "Lo terrible de aquel día", asegura, "fue la tragedia de los lúcidos, que se preguntaban quiénes eran los suyos, si el pueblo que se echó a la calle para matar, o los franceses que representaban la modernidad y habían quitado a la monarquía más infame y corrupta que había en Europa, sostenida además por una Iglesia miserable y reaccionaria". "Ese era el problema de Moratín, de Goya y de Blanco White", que son algunos de los nombres ilustres que desfilan por el libro. Moratín, el famoso autor de ‘El sí de las niñas’, no sale bien parado. Apoyará a los franceses para "no quedar al margen de la Historia, del Arte y del Progreso", de la misma forma que antes había adulado a Carlos IV y a Godoy. "Si cambió de parecer es porque nunca lo tuvo", dirá uno de sus biógrafos.

El 2 de Mayo "fue una derrota" en toda regla, pero ese día "arrastra detrás una cadena de acontecimientos que llega hasta hoy mismo. Las dos Españas se van perfilando a partir de ahí", asegura Pérez-Reverte. El problema de los españoles, opina el autor de ‘La Reina del Sur’, es que "no tienen capacidad crítica tras las derrotas, como se ha visto estos días con el informe PISA", que ha puesto de relieve la falta de comprensión lectora de los escolares españoles. "Lo terrible no es el informe en sí, sino que nadie asuma responsabilidades, ni la ministra de Educación, ni el presidente del Gobierno ni los consejeros autonómicos", subraya.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Mié Ago 20, 2014 10:02 am

Pérez Reverte indaga en la historia de España
Clarín – 11/12/2007

“No es un día de gloria ni de patria, es un día de cólera”. De ese modo se refirió Arturo Pérez-Reverte a la subversión del 2 de mayo de 1808, en que el pueblo madrileño se levantó contra la ocupación francesa de la ciudad. Episodio histórico que recrea en su nuevo libro ‘Un día de cólera’.

Reverte comentó que a partir de ese momento fue que comenzaron a perfilarse las "dos Españas". En una entrevista con la agencia EFE el escritor sentenció: "Ese día se dieron cita lo mejor y lo peor que tenía España. Por una parte, el impulso generoso y la solidaridad de la gente, pero también lo más reaccionario, la capacidad de motín irracional y la falta de análisis crítico".

Según la interpretación del autor de ‘La Reina del Sur’ el pueblo madrileño se enfrentó al poderoso Ejército francés "no por la libertad, la independencia, la cultura o por el final de la monarquía corrupta, sino por cabreo, por irracionalismo". Reverte, que en ‘Un día de cólera’ combina la novela histórica con el documental, según dijo, "para que sea el lector el que saque sus conclusiones", expresó sin tapujos sus opiniones sobre el levantamiento del 2 de Mayo: "Fue la tragedia de los lúcidos, que se preguntaban quiénes eran los suyos, si el pueblo que se echó a la calle para matar, o los franceses que representaban la modernidad y habían quitado a la monarquía más infame y corrupta que había en Europa".

Asimismo admitió que se decidió a escribir sobre estos sucesos porque estaba "harto" de que la fecha fuera "manipulada hasta la saciedad". Recordó el uso del franquismo que "lo adobó con elementos imperiales y vendió una sublevación dirigida por militares heroicos, cuando no fue así", pero no dejó pasar que el episodio ya había sido manipulado por Fernando VII, los carlistas, la I República, la restauración y la II República. "Dentro de unos meses, volverán otra vez a la carga", dijo al recordar que el próximo 2 de mayo se conmemora el bicentenario de la revuelta.

Así de oportuno es el nuevo libro de Pérez-Reverte, en el que todos quienes participaron de la revuelta aparecen en el libro con nombres y apellidos. El autor subrayó que fue una jornada en la que pelearon "el pescadero, el albañil, el mozo de la taberna, la puta del barrio de Lavapiés, el chispero de la calle Barquillo". Quienes no estuvieron allí fueron "los de la clase media y alta, que se quedaron en casa porque aquello era un motín callejero". En ‘Un día de cólera’ sin embargo aparecen personajes ilustres como Goya o De Moratín, autor de ‘El sí de las niñas’, que termina apoyando a los franceses para "no quedar al margen de la historia, el arte y el progreso".

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Vie Ago 22, 2014 2:16 pm

La Guerra de la Independencia centra el nuevo libro de Pérez-Reverte
AFP – 11/12/2007

El escritor español Arturo Pérez-Reverte presentó este martes 'Un día de cólera', un "libro-documento" que narra el levantamiento del 2 de mayo de 1808, detonante de la Guerra de la Independencia española contra Francia cuyo bicentenario se prepara actualmente en España. 'Un día de cólera' (Alfaguara) narra "una bronca que montan las gentes humildes y marginales de Madrid, que salen a la calle a pelear", "es el disparo que alumbra" la posterior Guerra de la Independencia, explicó Pérez-Reverte en un encuentro con varios periodistas.

El escritor de 'Alatriste' y 'La Reina del Sur' se ha servido de la numerosa documentación existente para crear "un libro frío, documental, que no tenga más emociones que las que el lector ponga", describe. Pérez-Reverte ha querido así adelantarse a las conmemoraciones que se preparan en España del bicentenario de la Guerra de la Independencia (1808-1814), que enfrentó al país con las tropas francesas de Napoleón, que habían entrado en la Península con un primer objetivo de invadir Portugal. El 2 de mayo de 1808, un levantamiento popular en Madrid fue el detonante de la guerra, que comenzó días más tarde.

El novelista, miembro de la Real Academia Española de la Lengua desde 2003, subraya que esta fecha "ha sido muy manipulada, porque todo el mundo ha querido apropiarse" de la victoria contra los franceses, tanto las ideologías de izquierda como de derecha. "Cada uno ha hecho su lectura", pero "todos coinciden en que es una fecha muy importante" y "esa apropiación es buena", elogia.

Incide el escritor en la ambigüedad del suceso histórico, ya que los franceses representaban tanto la modernidad como el enemigo para los españoles. Parte de la España burguesa "que estaba ideológicamente de parte de los franceses, tuvo que salir a pelear contra ellos" por culpa de la "torpeza" de Napoleón, relee. Con todo, la Guerra de la Independencia "no dejó extremos rencores" hacia el país vecino, ya que Francia fue después asilo de muchos españoles y siguió siendo referente cultural de España, entre otras cosas.

El 2 de mayo será además el "pistoletazo de salida" de la independencia de las colonias españolas en América, recuerda. Pérez-Reverte, que será el comisario de una exposición sobre su libro, colabora con su nueva obra con las conmemoraciones de este bicentenario, para lo cual el Gobierno español creó en septiembre una comisión nacional que organizará los actos previstos para esa fecha.

Por su parte, la región de Madrid ha encargado al director de cine José Luis Garci la realización de una serie de televisión que se está rodando actualmente y además se prepara el musical 'Mayo', dirigido por Nacho Cano, ex integrante del grupo Mecano, que se estrenará el 1 de mayo.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Dom Ago 24, 2014 12:53 pm

Revive en la literatura ‘Un día de cólera’
Ana Anabitarte - El Universal - 12/12/2007

Después de escribir 10 novelas y crear la saga del capitán Alatriste, el escritor Arturo Pérez-Reverte ha estado los dos últimos años registrando archivos, visitando bibliotecas, leyendo informes militares, memorias y documentos, y hasta repasando listas de muertos y heridos, para escribir ‘Un día de cólera’ (Alfaguara). Una minuciosa reconstrucción del levantamiento del 2 de mayo de 1808, en el que unos 4 mil hombres y mujeres españoles procedentes de las clases bajas, se sublevaron en Madrid contra las tropas de Napoleón, hartos de ver cómo los franceses que habían invadido el país violaban a las mujeres, se bebían el vino de las tabernas sin pagarlo y hasta cómo les quitaban las casas para dárselas a los militares. Un libro-documento en el que pone nombres y apellidos a aquellos ciudadanos responsables, sin quererlo, de que comenzara la Guerra de la Independencia, un conflicto que acabó con Napoleón Bonaparte, el hombre más poderoso de Europa.

“Aquel día los españoles salieron a las calles de manera espontánea, armados con palos, navajas y hachas, para luchar contra el ejército francés, que era el más poderoso del mundo”, contó en un encuentro que sostuvo con corresponsales de medios latinoamericanos. “Y lo hicieron porque estaban cabreados. No lucharon por la libertad ni por la independencia ni por el final de una monarquía corrupta, sino por irracionalismo. Y el 2 de Mayo no fue un día de gloria, como se ha dicho, sino de cólera”, añadió. “No fue un día de patria ni de libertad, sino de furia”.

El novelista explicó que decidió escribir el libro porque el 2 de Mayo de 1808 es una fecha que ha sido muy manipulada, y que a lo largo de la historia la derecha y la izquierda han querido apropiarse de ella. “El rey que había, Fernando VII, dijo que los españoles habían luchado por la monarquía y la religión, luego los liberales dijeron que los españoles habían luchado por la independencia y por la libertad, la I República dijo que por una España independiente, la Restauración dijo que por el ejército, y Franco dijo que los militares habían luchado por el pueblo, pero nada de eso fue cierto”, subrayó. “El 2 de Mayo fue un movimiento local que montaron las clases marginadas, la gente del Tepito de Madrid, que generó una guerra a partir de una bronca callejera”, comentó.

En su opinión, en la España de ahora sería imposible que se repitiera una sublevación como aquella. “España era un país de armas tomar. El español de 1808 era duro e inculto, con menos cosas que perder y muchas que ganar, y eso hizo posible la jornada que se dio”, explicó. “El español de ahora ya no sale a la calle a dar puñaladas, y no es tan inculto como el de entonces. Por eso sería imposible un proceso como aquel”, aseguró. “México todavía es un país de armas tomar, para lo bueno y para lo malo”, añadió.

El escritor reconoció que lo ocurrido el 2 de Mayo es la tragedia de la inteligencia. “Ese día era muy difícil saber quiénes eran los tuyos, porque fue un enfrentamiento entre la víscera y la razón. Por una parte la modernidad eran los franceses, los que querían acabar con los curas y con la monarquía corrupta. Por otra parte, estaba la gente supersticiosa e inculta, que se lanzó a la calle a pelear de manera brutal, como lo muestran los cuadros de Goya, y no puedes evitar admirarlos, como admiras a los revolucionarios mexicanos, a Pancho Villa, que fue un bruto, pero un valiente”, aseguró. Pérez-Reverte subrayó que “la torpeza de Napoleón hizo que gente que estaba ideológicamente de parte de los franceses saliera a luchar contra ellos”. “Mi reproche a los franceses no fue porque nos invadieron, sino porque nos obligaron a pelear contra la modernidad, y nos trajeron al rey más nefasto e infame que ha habido en la historia de España”, comentó.

En el libro todo lo que se publica es cierto. “No juzgo, no valoro los hechos, no explico, no contextualizo, solo cuento lo que pasó. Quiero que el lector se sienta en la calle corriendo con todos ellos”, añadió. “Nunca se había contado todo lo que ocurrió el 2 de Mayo. Quiénes fueron los que lucharon ese día, sus nombres y apellidos, sus profesiones, por qué pelearon, cómo murieron, yo quería conocer a todos los que salen en los cuadros de Goya”.

Para Arturo Pérez-Reverte, Napoleón hizo que los movimientos progresistas de España e Italia y de otros países quedasen triturados porque la gente, al reaccionar contra Napoleón, también reaccionó contra la modernidad.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Lun Ago 25, 2014 11:55 am

El episodio pasional del Dos de Mayo
Julio Antonio Vaquero Iglesias - La Nueva España - 13/12/2007

En Aranjuez, donde la Familia Real pernocta en su viaje hacia Andalucía para preparar su marcha hacia las colonias americanas, previendo la ocupación de España por Napoleón, se produce en la noche del 17 al 18 de marzo un motín organizado por la nobleza, que derriba a Godoy y fuerza a Carlos IV el día 19 a abdicar en favor de su hijo. Murat, duque de Berg, lugarteniente y cuñado de Napoleón, ocupa Madrid con 10.000 soldados que se acuartelan en el casco urbano y 20.000 que vivaquean en los alrededores de la capital. Fernando VII y su padre depuesto viajan a Bayona para someter el pleito dinástico al arbitraje del corso. Éste tiene ya decidido sustituirlos, colocando en el trono español a alguien de su confianza para convertir España en otra pieza de su sistema imperial.

Desde la ocupación francesa de Madrid los altercados entre los invasores y los madrileños son cada vez más frecuentes. El rey Fernando ha dejado una Junta de Gobierno presidida por su tío, el infante don Antonio, y en el Palacio Real sólo quedan dos miembros de la Familia Real: la princesa de Etruria y el infante niño Francisco de Paula. En la mañana del 2 de mayo, cuando los franceses intentan trasladarlos también a Bayona para impedir cualquier intento de los españoles de apoyarse en ellos para frustrar los designios de Napoleón, una parte del pueblo madrileño se amotina, produciéndose duros enfrentamientos con las tropas francesas en las calles de la ciudad. Esa lucha callejera se concentra en un foco de resistencia militar en el parque de artillería de Monteleón, donde los madrileños acuden pidiendo armas. Los franceses sólo logran reducir este foco de resistencia con gran número de bajas bien avanzada la tarde. La jornada se prolonga toda la noche y madrugada del siguiente día, en una sangrienta y sistemática represión por parte de los franceses.

Ésos son los principales personajes y acontecimientos que nos relata Pérez-Reverte en su última novela, ‘Un día de cólera’ (Alfaguara, 2007), que más que novela histórica podría catalogarse como relato novelado. Reverte no pretende analizar o valorar estos acontecimientos ni juzgar a sus protagonistas, sino presentarlos al lector de manera aséptica, identificándolos y describiendo sus actuaciones de ese día con todo lujo de detalles, de la misma manera que lo haría hoy un reportero de guerra. Para ello no sólo se ha documentado concienzudamente con las fuentes de la época, sino que ha leído también lo más notable de la bibliografía existente sobre el episodio. Y para construir su relato ha acudido, además, a su propia experiencia de corresponsal de guerra.

Desde las siete de la mañana, casi hora a hora, hasta el sobrecogedor relato de los fusilamientos en Príncipe Pío en la mañana del día siguiente, Reverte hace desfilar ante nuestros ojos con un ritmo vertiginoso, con su habitual capacidad narrativa y un realismo minucioso, los acontecimientos y enfrentamientos en los principales focos del conflicto: plaza Mayor, Sol, plaza de Oriente, puerta de Toledo y, sobre todo, la heroica resistencia en el Parque de Artillería de Monteleón. El novelista saca del anonimato a los actores concretos y reales de aquella jornada. Los identifica por sus nombres y sus oficios, relata su trágica peripecia ateniéndose fidedignamente a los hechos históricos (sólo he detectado un dato inexacto, cuando sitúa el motín de Aranjuez entre los días 18 y 19 de marzo) y describe sus relaciones ese día utilizando como cemento argumental la ficción, cuyo tratamiento responde adecuadamente a la condición básica de la novela histórica, que es la verosimilitud. Son unos trescientos personajes reales que componen algo así como un personaje coral que el novelista disecciona identificando individualmente a sus miembros, entre los que distingue y presta más atención a unos diez personajes más significativos, sobre cuya trayectoria de aquel día tiene un mayor conocimiento, que cumplen además la función de dar continuidad a su relato. Son éstos, además de los tres protagonistas de Monteleón (Velarde, Daoíz y Ruiz), Blanco White, Moratín, Goya, Antonio Alcalá-Galiano, Blas Molina Soriano, entre otros.

Esos amotinados son mayoritariamente gente del pueblo llano, menestrales, aprendices, tenderos, majos, criados, mendigos, hombres pero también niños, y muchas mujeres que participan activamente en la lucha. No hay apenas representantes de la nobleza, y el autor sólo hace intervenir a dos miembros del clero participando en los tumultos. El Dos de Mayo es para Reverte un estallido popular provocado no por elevados motivos patrióticos, como después se ha mitificado por unos y otros, sino por causas más pedestres, como el descontento de los madrileños con las actitudes prepotentes de los soldados franceses. Porque -como ha comentado el novelista en alguna entrevista- no pagan sus consumiciones en los mesones y las botillerías, insultan y menosprecian a los madrileños o «tocan las tetas» a sus novias (don Arturo debe de ser, por cierto, el académico de la Lengua más «mal hablado» -o al menos tanto como Camilo José Cela- que ha tenido sillón en la docta institución desde que se fundó en el siglo XVIII para «limpiar, fijar y dar esplendor» a la lengua española).

Poco o nada que ver, pues, con el correspondiente “episodio nacional” de Benito Pérez Galdós. El relato de Reverte es más un episodio pasional que un episodio nacional. De ahí la cólera de su título. No son los insurrectos madrileños los representantes de la nación española que simbolizan a la nación indomable que lucha por su independencia, como los caracterizó don Benito en ‘El 19 de marzo y el 2 de mayo’, en el que nos propone una interpretación de estos acontecimientos en clave de episodio seminal de esa historia nacional que se está construyendo en esos momentos para consumo de la emergente clase media española, y apenas los documenta, sino con la información que le proporciona Mesonero Romanos. Aunque la versión de Reverte no deje de estar también contaminada de esa interpretación y presente algunos elementos de ambigüedad. «¡Viva España y viva el Rey!», gritan sus insurrectos, y José de Arango, uno de los supervivientes de Monteleón, dice al final de la novela que «por un momento parecíamos una nación. Una nación orgullosa e indomable».

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Mar Ago 26, 2014 10:02 am

Pérez-Reverte razona la cólera rebelde del Dos de Mayo
Jesús Ruiz Mantilla - El País - 13/12/2007

No le quieran buscar al Dos de Mayo lo que no fue. Aquel funesto día de 1808, que dejó en la cuneta a más de 400 muertos e inició la Guerra de la Independencia, no fue una conspiración, ni estalló como consecuencia de un liderazgo rebelde. Nadie se puede colgar la medalla de aquel baño de sangre, y al tiempo todos jugaron sus cartas para bien o para mal. Por eso, Arturo Pérez-Reverte, antes de que empiece a conmemorarse la cosa y cada uno arrime el ascua a su sardina, quiere dejar bastantes cosas claras con 'Un día de cólera' (Alfaguara), la novela, la crónica de esa jornada en que al pueblo de Madrid se le agotó la paciencia y salió a la calle a degollar franceses a navajazos. "Aquello fue una auténtica Intifada", afirmó.

El escritor presentó ayer su libro en una conversación con el periodista Óscar López. Fue en el Conde Duque, "el lugar de donde partieron los marinos de la guardia, los que fusilaban en el famoso cuadro de Goya", relató el autor, que también tuvo que aguantar su pequeña turba: unos funcionarios del Ayuntamiento que protestaron con pancartas e impidieron que el alcalde le acompañara. Pérez-Reverte se ha adelantado seis meses a la fiesta. "Quería ser el primero en centrar el debate, establecer unos mínimos", aseguró ayer. Y para eso hay que aclarar interpretaciones que durante siglos han emborronado varias verdades. Por ejemplo: "Nosotros crecimos pensando que fue el pueblo guiado por el ejército el que salió a la calle y no fue así. El ejército estaba acuartelado y sin munición", aseguró el escritor.

Sobre la Iglesia también es recomendable detenerse: "Aquel día tuvo una actitud vergonzosa, infame. Desconfiaban del pueblo. Napoleón para ellos representaba en esa época el orden, luego se pasó al otro bando, aunque hay que decir que algunos curas salieron a la calle".

Fue una enorme bronca protagonizada por una gente que estaba harta de la chulería y el desprecio de los franceses. Aunque lo ha escrito sin ocultar la dualidad que siente. "No hay que olvidar que los franceses eran la modernidad, y los que salieron a la calle unos tíos que defendían la monarquía y la religión. No sabían que nos traían a Fernando VII, el mayor hijo de puta de nuestra historia reciente, pero no puedo evitar sentir una enorme ternura por quienes murieron en las calles".

La gente de orden se quedó en casa. Fuera, acababan con los invasores los chulos de Lavapiés, la jarcia [sic] de los barrios, unas mujeres furiosas que los mataban a macetazos y que él ha recreado en un gran fresco de 430 personajes. "Lucharon de 3.000 a 4.000 personas, mujeres, niños, hombres “cuajaos”, gente dura, ruda, los que nada tenían que perder". Gentes a las que merece la pena entronizar en la gran intrahistoria de la literatura, como hizo Galdós en uno de sus 'Episodios nacionales' y ahora pretende repetir Pérez-Reverte. "Salieron a la calle cabreados. Todo fue espontáneo, una Intifada. No pensaban en la patria. Eso vino el 3 de mayo".

--

Ada – capitan-alatriste.com – 13/12/2007

Hubo un poco de retraso al principio, puesto que había manifestantes a la puerta del Conde Duque que no dejaron pasar a Gallardón (el caso es que Gallardón no llego a entrar, lo q disgustó a APR). Una cuarentona pibón hizo presentación de parte de Alfaguara (suponemos q sería Ana). No le funcionaba el micrófono, y APR, que es UN CABALLERO, se acercó a ella y prácticamente abrazados de pie, le cedió generosamente su micrófono.

Empezó la charla con Óscar, el presentador de ‘Página 2’ (no, no llevaba la camisa que siempre lleva en el programa). Fue entrevista, pero como “de andar por casa”, es decir, charla de dos amigos en el sofá de casa. Fue divertida, amena, clara y todo muy bien contado. APR estuvo genial (creo que ya lo he dicho). MUY ELEGANTE (más de lo que yo esperaba, la verdad). Creo que ha engordado un poco (yo en las últimas fotos le veía muy delgado y ahora está bien bien).

Hablaron de muchos aspectos del libro:

-Cómo conmemora actualmente Madrid el acto: y puso ejemplos que divirtieron mucho a la gente, como las batallas campales de la gente que hace botellón con la policía. APR incluso se elevaba todo excitado de su asiento haciendo gestos, voces, viviendo la situación como si estuviese allí.
-El drama de los intelectuales: Goya, Moratín, etc.
-El papel de la iglesia: tuvo palabras duras, pero también palabras de reconocimiento a los sacerdotes/curas que tomaron parte y lucharon (4 curas).
-Mencionó sus fuentes, y dijo que allí (en el centro Conde Duque) estaban presentes muchos historiadores que le habían proporcionado información (dijo un par de veces "que me corrijan si me equivoco”).
-Tanto él como Óscar recalcaron bastantes veces que UDDC es una novela (por si alguien puede pensar lo contrario).
-Habló de las mujeres del 2 de Mayo y dijo que "luchan con fiereza" (AMO A ESTE HOMBRE).
-Óscar le preguntó por la posición que había tomado APR al escribir el libro, como de lejanía con respecto a los personajes: ninguno es prota, sabemos de sus sentimientos en la batalla porque APR se los ha inventado, pero ambos recalcaron que la novela era dura, fría, seca... Es lo que pretendió APR al escribirla: escribir desde la distancia, distanciarse de los personajes, para que fuera el lector el que hiciese ese recorrido de acercamiento. Óscar aprovechó para relacionarlo con ‘Cabo Trafalgar’ y sobre todo ‘El húsar’. APR dijo que estas novelas eran frías, secas, muy al contrario que ‘La Reina del Sur’, en la que sí que se acercó mucho más al personaje. Dijo que era una novela "cálida, caliente".
-Dijo que se lo pasaba muy bien escribiendo, que si no no escribiría. Que escribir le servía para aprender cosas sobre sí mismo y sobre los demás y el entorno. Que le había gustado pasear por las calles de Madrid con el mapa en mano documentándose “in person”.
-También dijo que para los 409 personajes del libro (bueno, no sé si todos) había tomado rasgos de personas que conocía, y que se había dado cuenta que llegado un momento confundía él mismo la realidad con la ficción.
-Primero lo dijo APR y después Oscar: "el puntazo" de añadir el mapa.
-Dijo una frase sobre qué esperaban los gabachos ese día, pero no la recuerdo bien, espero que EmiWan pueda ayudarnos, algo así como que no sabían lo que era España, o que qué esperaban que iban a encontrar.
-El patriotismo, la lucha por la monarquía, la religión, etc, es algo que vino después. Ese día se lucha porque había mucha mala hostia contra el gabacho que piropea a la mujer del vecino, te roba...
-Óscar le preguntó sobre las descripciones tan detalladas de los sentimientos de los personajes, si se había ayudado de su experiencia como reportero. APR respondió y añadió una frase magnífica, que es que el “había sentido muchas veces el caballo corriendo detrás”.
-Estuvo un rato describiendo por qué le interesaba tanto la descripción precisa del CLAC CLAC CLAC de las meganavajas: quería que el lector lo oyera en su mente al leerlo, que sienta esa sensación de miedo que se vivió ese día.
-No hubo buenos ni malos ese día.
-Por supuesto, su intención era adelantarse a todos los homenajes, debates del 2 de Mayo que están por venir, y por eso no sacó UDDC un mes antes del 2 de mayo de 2008 (que es lo que le sugirió Óscar).
-Mencionó dos o tres veces a Javier Marías.

Creo que la conversación superó la hora y media. Acto seguido dijeron: “APR firmará el libro a toda la gente que quiera acercarse”. Nos pusimos a hacer cola. Media hora de cola. Nos temblaban las piernas. Nos sudaban las manos. Nos sobraba la ropa. Taquicárdica perdida. Me va a dar un infarto. Estoy histérica (a lo que me responde una mujer: “Yo estoy igual”). Queda menos gente delante, menos gente. Tengo miles de preguntas para hacerle. Solo quedan dos personas delante. Enciendo la cámara para hacerle foto a una mujer que me lo había pedido. Se me olvidan las miles de preguntas. Me toca. Me tiemblan las piernas. Me pregunta:
-¿A quién o para quién?
-Raquel.
-Hay muchas Raqueles en mi vida.
Yo pienso: Ahora una más.
Antes de que me firme, le pregunto si había recibido las dos ediciones de ‘Los tres mosqueteros’ que le había regalado (una de 1860 y otra de 1924). Si le habían gustado. APR pone cara de sorpresa, yo me elevo diez centímetros sobre el suelo de la emoción y APR dice: "¿Fuiste tú?". Me dijo que las había recibido, que le habían gustado... pero yo ya no oí más. Estaba flotando muy lejos de ahí. Me firmó el libro. Foto con APR. Y ya le llevé también una patente titulada ‘2 de mayo en Irak’ para que me la firmara.... y se la di.
-¿Para quién?
-Para Raquel otra vez.
APR piensa: "Esta tía es una friki".
Yo añado: “Es para enmarcarla”.
APR piensa: “Por favor, seguridad, saquen a esta friki”.
Yo pienso: “Soy una de esas 20 personas que matarían por usted”.
La asistente se escojona con mucho estilo al oír la frase: “Es para enmarcarla”.
-¿Qué te pongo?
Yo (todavía en una nube): Lo que usted quiera (y pienso “aunque ponga “para una chocholoca”, todo lo que salga de su mano y de su boca es un halago”. Lo pienso, pero no lo digo).

Me firma la patente. Le pregunto también que cuándo va a sacar un libro de patentes, que ya toca. Me dice que suelen ser cada X tiempo. Le dije que ya tenía material con las patentes del 2007 para hacerlo. No le dije que sacase en 2008 libro de patentes y en 2009 Alatriste, pero lo cierto es que pienso que debería ser así. Dos besos (AMO A ESTE HOMBRE). Acto seguido pasó Emi, que fue el representante oficial de este foro. Salimos de allí flotando. Y cuando vengan mis jefas y me digan que dónde está el cable de la cámara digital (qué maja mi jefa, que me dejó la cámara de la ofi, es que piensa que soy una friki, y con razón), pues pasaré las fotos (no son muchas) a la cuenta de hotmail y a quien me las pida.

A las cuatro de la mañana aun no podía dormir y daba vueltas por la casa.

EmiWan – capitan-alatriste.com – 13/12/2007

Madrid, frente al Centro Cultural Conde Duque, 19:30h, frío luterano. Nuestro aterido héroe pasea frente a las puertas del antiguo cuartel, esperando que aparezca su acompañante. De pronto, mira al soslayo y ve... ¡cajas de libros de 'Un día de cólera'! Nuestro agarrado héroe piensa que se le acaban de solucionar los Reyes este año cuando repara en el guardián de las cajas. Calcula que tiene 2 puntos más de fuerza, y que sacando un cuatro le gana, y justo cuando iba a entrar en acción dos carretilleros aparecen y se llevan las cajas. Otra vez será, dice nuestro aguerrido héroe. Tú y yo. Con menos luz y sin testigos. ¡Piratta!

Vale, dejémonos de héroes y pirattas y vayamos al turrón, que en estas fechas además es lo suyo. Aparece Ada y entramos en el Conde Duque. Múltiples personalidades del mundo del culturismo (Alfredo Landa), los toros (Imanol Uribe) y el fútbol (Javier Marías Prats) aparecen allí, entremezclándose con la gran multitud de seguidores revertianos acudidos. También iba a entrar Gallardón, pero un grupo de manifestantes cabreados porque les van a privatizar y un tal "Ratardón" (Corsi, no será tu rata?) se lo impiden. Al fin, con algo de retraso y los asientos repletos, comienza la charla sobre el libro.

Como Ada ya lo ha dicho todo, yo diré que estuvo muy gracioso, sobre todo simulando las reacciones de la gente aquel día (aunque a Ada esto no le gustó mucho), o la muerte de un militar francés joven, guapo, con prometedora carrera, etc, etc... de un macetazo en la calle del Barquillo. Sobre la frase, dijo algo así como que los franceses esperaban que esto sería un país como el resto, que asumiría su conquista como hizo el resto sin dar problemas. Vamos, que esperaban que esto sería un país normal (ayyy, almas cándidas). Por lo demás, se comentó algo muy del estilo del resto de entrevistas que hemos leído. Al final pudimos acercarnos a que nos echase unos garabatos. Yo le dije que venía del foro de capitan-alatriste.com, y que había gustado bastante por aquí la patente sobre la música heavy, dado el buen número de góticos y heavies que hay en el foro, ante lo cual dijo que no era su intención, pero que se alegraba. Al hacernos la foto, me dijo que odia las cámaras digitales y los móviles con cámara (de ahí mi risa en la foto, yo no quería, oiga), y nos dimos las gracias, él a mí por leer y yo a él por escribir. Y siguió firmando a la numerosa cola de gente que aún le aguardaba.

Así, cumplida la misión, abandonamos el lugar, yo algo nervioso (a mi edad y todavía con estas vainas) y Ada flotando y recordando cosas. Aseguro que si se nos llegan a cruzar George Clooney y Beckham por delante ni se hubiese dado cuenta.
Última edición por Rogorn el Sab Sep 13, 2014 9:38 am, editado 1 vez en total.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Mié Ago 27, 2014 10:48 am

"El 2 de Mayo fue una kale borroka"
Entrevista de Ana Lobo – diariometro.es – 13/12/2007

Dos años han sido suficientes para que Arturo Pérez-Reverte recabase los nombres, edades y profesiones de los madrileños que el 2 de Mayo de 1808 se levantaron contra los franceses. Dos años y unos cuantos paseos por Madrid. Un trabajo de documentación y de campo que ha dado como resultado ‘Un día de cólera’, una novela en la que el periodista y escritor despoja la fecha “de toda la fanfarria patriotera y de toda la propaganda de uno y otro signo” y coloca al lector al lado de quienes lucharon ese día, “los verdaderos protagonistas de la historia”.

-¿Por qué un libro sobre el 2 de Mayo de 1808?
-Sobre el 2 de Mayo de 1808 se ha escrito mucho y se ha manipulado mucho. Todo el mundo ha hecho su lectura patriótica, patriotera, pero poca gente se había ocupado de las personas, de las víctimas, de los combatientes. Que en realidad no fue ni una nación, ni un pueblo ni una ciudad siquiera. Todo el mundo se quedó en casa: hubo muy poca gente que salió ese día. El pescadero, el carpintero, el albañil... Y yo lo que quería era devolverles el protagonismo a ellos y hacer que el lector corriese por las calles con esa gente humilde, que no sale en las relaciones oficiales, y que es la gente de los cuadros de Goya. Y para Goya todos son malos: le tiene tanto miedo al francés como al español. Goya nos muestra, con crudeza, tanto la barbarie francesa como la barbarie española.

-¿Nació ese día el concepto de “español”?
-Ese día hace posible que, después, el concepto de “españolidad” se fragüe en la Guerra de la Independencia. Pero ese día fue una “kale borroka”. No habría más de 3.000 personas combatiendo en la calle, que no es mucho para una ciudad de unos 200.000 habitantes. La gente mayor se queda en la casa y sale la gente de los barrios bajos. Es una pequeña parte y combaten, no por patriotismo, sino por cabreo.

-¿Empezamos a perder ese día el ritmo de la Historia?
-Ese día empieza a gestarse el divorcio entre una progresía liberal de ventana abierta y una reacción oscura eclesiástico-monárquico-reaccionaria conservadora. Pero quien lucha en la calle es la brutalidad, la ignorancia y la superstición. Lo que pasa es que lo hizo de una forma admirable y heroica. Ésa es la paradoja: que esa gente lucha por un rey rata de cloaca y miserable, por unos curas incompetentes y por volver a una España oscura, que Francia justamente va a cambiar.

-¿Queda algo de aquella España?
-Muchas cosas. Sobre todo, la capacidad del español para el motín, para en un momento liarla en la calle. Esa capacidad del español de insubordinarse, volverse y tirar de navaja o de lo que sea es constante y se da ahora.

-¿Ser lo más español posible ayuda a recolectar votos?
-O a perderlos. Depende de dónde estés. Como la izquierda ha sido tan torpe que ha dejado la palabra “España” en manos de la derecha, pues en unos sitios da votos y en otros los quita.

-¿Se está rompiendo España?
-No. España no se rompe así como así. Hay mucha crispación y mucho hijo de puta en todos los lados.

-¿Qué es para usted España?
-Un lugar común, una plaza pública. Un lugar por el que han pasado muchísimos pueblos, lenguas, religiones y razas. Un lugar complejo, lleno de memoria, que es de todos. Un sitio.

-Si hubiese vivido ese día, ¿en qué bando habría luchado?
-De joven me hubiese puesto con los españoles, con los míos. Pero ahora, con una edad, no estoy seguro. Claro que sé lo que vino después: un hijo de puta que se cargó las libertades... Entonces, ya no sé muy bien cuál sería mi bando. Si matan a mi vecino Manolo, saldría, pero saldría “cabreao” a vengarlo, no a luchar por el rey, por la religión ni por la patria. Pero en plan lúcido, sereno y razonable, no sé si hubiese salido.

-¿Es la violencia inherente al ser humano?
-El ser humano es violento. El mundo no es Occidente. No somos tú y yo en un sofá charlando. En el mundo, la gente mata para vivir, para comer. El estado natural es aquél, no es éste.

-¿En qué hemos ganado desde entonces hasta hoy?
-Libertad, cultura, inteligencia... No es que seamos la pera, pero bueno. Lo mejor es que no tenemos a ese rey hijo de puta ni a esos curas fanáticos. Todavía están ahí, dando por el saco, pero ya no estamos sometidos a esa dictadura de las sotanas.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Jue Ago 28, 2014 7:32 am

Tremenda novela reportaje
Luis María Anson – ABC – 13/12/2007

Arturo Pérez-Reverte ha disparado su nueva novela desde un abrumador arsenal de cifras y datos rigurosos. Seguramente habrá algo de ficción en su relato del 2 de mayo de 1808. Pero no lo parece. Todo es creíble, todo auténtico, todo histórico. Pérez-Reverte ha escrito la crónica de la más desesperada revuelta popular que ha conocido la Historia de España. Con casi todos los aristócratas emboscados, casi todos los militares acobardados, el pueblo llano, puro y duro, se sublevó contra el mejor Ejército del mundo: el que Napoleón instaló en la capital de España, al mando de Murat, el gabacho de botas hannoverianas, dolmán de húsar, alamares bordados, el ceño fruncido, la crueldad a flor de piel, siempre dispuesto a desenganchar las cureñas de los cañones y ametrallar a la muchedumbre. Frente a soldados curtidos en cien batallas, disciplinados y profesionales, los artesanos madrileños, los cereros, los cerrajeros y lacayos, los sastres, los aposentadores, impresores, chocolateros y cocineros, los jardineros, aguadores, esparteros y mancebos, los presbíteros y venteros, los adolescentes de 10 o 12 años, los majos, las manolas, los criados, vertebrados todos por dos capitanes heroicos, ajenos a la cobardía moral de sus compañeros, el entusiasta Velarde, el reticente Daoíz, y el teniente enfermo Ruiz mantuvieron en jaque la gloria militar de Napoleón en la audacia descabellada de Monteleón. Mientras los tiros zurreaban sobre sus cabezas, los desharrapados madrileños se enfrentaban en otro lugar a la carga atroz de los mamelucos y Antonio Méndez, con su navaja cachicuerna de siete muelles, rebanaba el cuello del héroe de Austerlitz, el legendario Mustafá.

La minuciosidad de los datos seleccionados por Pérez-Reverte recrea el clima de aquel día imborrable, en el mejor estilo de la gran novela. Las apariciones brumosas de Francisco de Goya, en su casa de la calle Valverde, 15; del niño Mesonero Romanos, de Moratín, de Alcalá Galiano, de Blanco White, se nublan por el empuje del pueblo altivo, alzado en defensa de su dignidad personal, también de su patria y de su Rey. Arturo Pérez-Reverte, en plena madurez creadora ya, ha escrito su más granada novela. También el mejor reportaje de su vida. Y todo ello friendo en la sartén ese lenguaje preciso, riguroso, labrado, bellísimo a veces, que le ha llevado a la Real Academia. El novelista se derrumba tras la palabra acechante, hace sangre en la carnicería de las metáforas y adjetiva siempre con la naturalidad de la piel pegada al músculo, como el arado uncido a la mancera.

El periodismo, además de ser una ciencia de la información, es un género literario. Tom Wolfe lo explicó hace cuarenta años de forma certera: “El nuevo periodismo -escribió- no puede ser ignorado por más tiempo en su sentido artístico, porque ha arrebatado el centro de la Literatura a la agonizante novela y se ha convertido en el género literario más vivo de nuestra época”. Si la poesía fue el género predominante en el siglo XVI, el teatro en el XVII, el ensayo en el XVIII y la novela en el XIX, el periodismo se ha alzado con el siglo XX. La literatura es la expresión de la belleza por medio de la palabra que produce un placer puro, inmediato y desinteresado. Ese placer lo ha sentido intensamente el lector en el siglo XX al leer los artículos publicados en los periódicos, las crónicas, los reportajes, los comentarios, las necrologías, los titulares incluso.

Pérez-Reverte, envuelto en la misma estela que destacados escritores norteamericanos y europeos, ha sabido adunar el género literario novela con el género literario periodismo para producir una obra maestra. Lo de menos es su capacidad para conectar con el lector mayoritario, lo de menos es el éxito popular. Lo de más es el rigor y la calidad con que escribe sus novelas. Y sólo está a la mitad de la montaña que va a ascender y coronar, pese a quien pese. El novelista tiene una notable capacidad para seleccionar entre aluviones de datos los que interesan al lector. Es la zaranda que separa los escobajos de la casca. Claro que hay alguna espina entre las rosas. Con ese desprecio tan habitual en el novelista por el rigor de la poesía, en ‘Un día de cólera’ reproduce un poema ripioso y menor, transparenta que no conoce bien a su autor y además cita mal el verso.

Pérez-Reverte, en fin, ha arrancado una página clave de nuestra Historia y la revive para el lector de forma tan apasionante que es imposible levantar los ojos de ‘Un día de cólera’, hasta que, en las líneas finales, Rafael Arango, mientras contempla la luz del 3 de mayo que enciende la ventana, susurra: “Nunca se sabe. En realidad, nunca se sabe”. Todavía no había llegado, sin embargo, el tiempo de la desmemoria.

--

Entrevista de Julia Otero en ‘Julia en la onda’ – Onda Cero – 17/12/2007
Transcripción de Ada para capitan-alatriste.com

-A las cinco y nueve, una hora menos en Canarias, no es nada fácil entrevistar al señor que tengo sentado... iba a decir “en un ángulo de 90 grados”, pero como esto es redondo… ¿De ciencia sabe usted mucho?
-Ciento setenta grados aproximadamente

-Será, por ahí. Bueno, yo se lo compro, porque soy muy de letras. Creo que como usted, por otra parte, ¿no?
-Soy de letras, pero como navego, si me olvido me obliga a hacer cálculos de vez en cuando.

-Ah, usted es un hombre así, renacentista, que maneja...
-Bah, solo navego.

-Solo navega. Bueno, pues digo que es muy complicado entrevistar a este hombre que tengo aquí sentado porque piensa muy rápido, con mucha agudeza, y además habla a la misma velocidad.
-Ahora hablo algo más despacio.

-De modo que hay escucharle muy bien, porque él va lanzando anzuelos que para un entrevistador dejar sueltos es una vergüenza, y hay que pensar casi a su misma velocidad. Bueno, Arturo Pérez-Reverte, buenas tardes.
-Buenas tardes.

-Gracias por venir aquí a dejarse entrevistar.
-Gracias por entrevistarme.

-Lo que le cuesta decir que sí. Y vamos a hablar de ‘Un día de cólera’, que es la última novela que ha escrito, ahora que estamos a la puerta del bicentenario del 2 de Mayo de 1808. Ya hablamos un poco de esto el otro dia, ya avancé a los oyentes la semana pasada que de ser el bicentenerario iban a ocurrir en españa muchísimas cosas, en Madrid en particular: hablamos de este libro, hablamos de una pelicula de José Luis Garci… ¿Tiene noticia de ella?
-Sí, sé que están haciendo una película con Garci sobre el 2 de Mayo, pero no sé nada más de ella.

-¿Nada más?
-No.

-Y bueno, aquel día nos sentamos unos cuantos a debatir con los oyentes como siempre en la última hora de programa, y fruto quizá de la lectura del libro, que yo tenía en aquel momento hace muy pocos días muy caliente, muy reciente, la gran pregunta que surgió es qué hubiéramos hecho los aquí presentes ahora si el 2 de Mayo de 1808 hubiéramos estado vivos, ¿no? Imagino que ha respondido Pérez-Reverte a esa cuestión, ¿o aún no sabes qué hubieras hecho?
-Justamente esa pregunta es la que me hice durante todo el tiempo que trabajé en el libro, que fueron casi dos años, y la conclusión es que en aquel momento yo supongo que habría salido a la calle. Supongo, no sé, pues como todos como los vecinos. Pero ahora, con la distancia que te da el tiempo, la lucidez, el haber leído, el saber lo que vino después, el saber lo que eso hizo posible, para bien y para mal... Hizo posible una nación consciente de sí misma y también hizo posible un rey miserable, infame, que sumió otra vez a España en las cadenas de... Así que ahora no lo sé, no lo sé. Realmente, ahora, o sea, es muy difícil saber cuáles eran los tuyos, ¿no?

-Y en todo caso, uno entiende muy bien una cosa que aparece en la novela en forma de reflexión: el desgarro de toda una generación de intelectuales, los más lúcidos, los más brillantes, los más afrancesados, que era el peor pecado que uno podía tener en aquella época, ¿no? Porque se debatían entre el pueblo al que pertenecían, que era un pueblo inculto, populacho ignorante, y en el fondo, claro, unos tipos que han venido aquí y nos han invadido.
-Sucede lo peor: la tragedia de la inteligencia. La gente lúcida, la gente culta que sabía que la modernidad estaba del lado de Francia, pero sabía que el impulso vecinal, el impulso social, el patriotismo, el honor, estaba de parte de sus vecinos. Entonces, ese desgarro terrible causó muchos problemas. Por eso es tan importante irme, como yo me he ido en el libro, hay que irse a Goya. Goya, si uno se fija, fue un pintor que ya fue políticamente incorrecto, los cuales eran los que la verdad oficial temía tener. Goya fue marginal en aquel momento, porque su pintura no era la que coincidía con las tesis oficiales. Y para Goya no hay buenos, todos son malos: tan cruel es el español como el francés, y esa es la mirada que he querido más o menos deslizar en el libro.

-Pues esa mirada se ve muy claramente en todo el libro, un salvajismo que empezó de buena mañana el día 2 de mayo de hace, pronto hará, 200 años, y que continuaba al amanecer del día siguiente con los fusilamientos que también ha dejado reflejados Goya. Si una novela debe inspirar y provocar muchas cosas, esta la provoca porque los que la leen dicen que acuden a los libros de historia, para refrescar la memoria del 2 de Mayo.
-Es que en ella todo es riguroso. El desafío es que el 2 de Mayo es una fecha muy conocida. Es lo que pasó, porque después de aquello Fernando VII, para indemnizar a las víctimas, pidió que cada familia aportase testimonio de lo que había pasado, con dos testigos. Entonces, hay 409 muertos y 160 heridos perfectamente documentados. Era muy difícil. Además, como digo, ya lo hizo Galdós, y lo hizo muy bien, mejor que nadie. Entonces, bueno, yo quería contar ese libro, un libro en el cual devolviera la vida a la gente, o sea, los oficios, los albañiles, los... ¿Quién luchó ese día en la calle?... Fueron los albañiles, mendigos, mozos de mesón, criados, gente humilde, gente baja. La gente bien se quedó en sus casas. La gente, digamos, potente, se quedó en sus casas. Luchó la chusma, la pobre gente.

-El trabajo de APR habrá sido exhaustivo, porque por más documentado que esté la muerte de esas personas con los testigos que en ese momento se aportaron para ser indemnizados… Yo no sé dónde lo has encontrado, pero seguro que han sido meses de estar encerrado en bibliotecas rastreándolo todo, ¿no?
-Bueno han sido dos años de trabajo duro, pero bueno, toda novela es un trabajo duro, sea el que sea, ‘La Reina del Sur’…

-¿Pero previos a la novela, o ya haciendo la novela?
-Bueno, toda la vida es un tema que me interesó. Es un tema que por razones personales, y familiares, y de muchos tipos, pues conozco y he leído. Tengo una buena biblioteca sobre Napoleón. Pero este tema cuando me empieza a interesar en concreto pues empecé a documentarlo, a buscar documentos, libros. He leído todo lo que se puede leer, documentos, libros sobre el asunto, y bueno cuando ya lo tenía conocido pues dije “ya puedo hacerlo”. Pero lo que quiero dejar muy muy claro es que a pesar de todo esto que hemos dicho de que, bueno, que era un pueblo inculto, salvaje, de que era gente analfabeta, que luchaba además por causas reaccionarias, no por, digamos, por el rey, por la religión, por mantener un statu quo, a pesar de todo eso lo que no se puede negar es la gesta. La gente salió a la calle a pelear con un coraje y un sacrificio tremendos. Lucharon y murieron, y es admirable, y en ese sentido también la parte épica del asunto, la parte de epopeya del asunto es lo que habría que destacar.

-Supongo que te empezó a interesar el 2 de Mayo cuando empezaste a descubrir que nos habían engañado, ¿no? En cómo nos lo habían contado.
-Claro. Más que engaño yo diría manipulación. Es una cosa muy manipulada por Fernando VII, para quien la gente salió a la calle a luchar por el rey y por la patria antigua. Por los liberales, para los que salieron a la calle a luchar por la España futura y la libertad. Por los carlistas, por la Restauración, por la Primera República, por la Segunda, por el franquismo... Cada uno hizo su lectura, por otra parte legítima, lo que significa además que es una fecha asumible por todos. Esa es la parte positiva del 2 de Mayo: todos leen algo bueno del 2 de Mayo. Pero sobre todo el franquismo lo manipulo mucho. Para el franquismo eran los militares guiando al pueblo.

-Cuando no fue exactamente así, sino todo lo contrario.
-Fue un estallido popular. Realmente no hubo una preparación, no hubo una conspiración, no hubo una dirección. La gente fue un pueblo huérfano echado a la calle, sin reyes, sin gobernantes, buscando a quien los dirigiera. Buscaban lo que busca siempre la gente humilde en esos casos: buscaban curas, aristócratas o militares que los dirigieran, y nadie los dirigía. Los dejaron solos en la calle, peleando. Murieron muchos, y murieron de esa manera. Y bueno, por eso es una gesta que al mismo tiempo horroriza y conmueve. A veces te sientes enternecido por esa pobre gente, esa ingenuidad brutal de esa gente sin cultura, creyendo que estaban luchando por algo noble. Y luchaban por algo noble en realidad, pero trajeron lo que trajeron después: una Guerra de la Independencia en la cual una nación fue por primera vez consciente de sí misma. Y realmente trajeron después un rey miserable, el mayor hijo de puta de la historia de España.

-Al que saludaron con “vivan las cadenas”, ¿no?
-Pues la incultura. Por eso digo que ellos no sabían lo que estaban haciendo. En vez de luchar por algo noble estaban luchando por algo infame.

-Aquello del 2 de Mayo dice Pérez-Reverte que “fue una especie de kale borroka”. Eso no lo dice en el libro, lo cuenta en alguna entrevista que ha concedido. Una especie de kale borroka, ¿no? De gran intifada.
-Yo usaría la palabra “intifada”. Es más noble la palabra “intifada” que la palabra “kale borroka”.

-En la novela Pérez-Reverte habla por ejemplo de lo que creía Napoleón, de la idea que tenía Napoleón de los españoles, “una chusma de aldeanos embrutecidos e ignorantes, gobernada por curas”. Por tanto Napoleón despreciaba a los españoles…
-¡Con motivo, los despreciaba con motivo!

-…por el infame comportamiento de sus reyes, por la incompetencia de sus ministros y consejos, por la incultura y el desinterés del pueblo por los asuntos públicos... ¿No te deprimes un poco al comprobar que 200 años después hay vestigios, por ser optimistas, de aquella España?
-En realidad, cualquier ejercicio histórico en España es deprimente. Es decir, cuando uno mira hacia atrás se da cuenta de que en muchas cosas no hemos cambiado. Estamos repitiendo los mismos errores y las mismas visceralidades, y eso es muy deprimente. También de las cosas que han cambiado, cosas que son mejores ahora que antes. No hay que ser tan negativo, hay cosas realmente, bueno, que nos hacen vivir mejor. Pero es cierto que los grandes vicios nacionales, las grandes, sobre todo las grandes (como dije antes) visceralidades de España... España es un país que actúa con el estómago y no con la cabeza. Embestimos con el estómago y no con la cabeza, y nos matamos unos a otros. Así ha sido siempre, y me temo que eso no ha dejado de ser todavía.

-Quizá el error de Napoleón fue pensar, como reflejas en el libro, que España, harta de inquisición, de curas y de mal gobierno, pues se rendirían a sus pies o como mínimo vendría una estirpe diferente, ¿no?
-No sabemos.

-Una dinastía diferente, ¿no? Eso querría el pobre de Napoleón.
-Es que no sabía dónde se metía. Pensaba que esto era como los alemanes, que llega allí y toda la policía se pone al servicio del que ha ganado. “Mire usted”... “Mande usted”... Aquí no, cada uno iba por su cuenta. Y no sabía, cómo iba a saberlo, no sabía la mala leche, el odio africano entre comillas, casi sin comillas, y sobre todo la capacidad terrible de salvajismo y de violencia inaudita de los españoles.

-Y solamente la ignorancia explica, Arturo, que los españoles fueran incapaces, después de ser críticos con su monarquía, en aquel momento, con un rey nefasto como fue Fernando VII.
-Hay una cosa que le decían los españoles a Fernando VII cuando él vuelve después de toda esta guerra donde la gente ha estado sufriendo, luchando y muriendo durante tantos años. Él vuelve de Francia, lo primero que hace es abolir la constitución, y entonces el pueblo, en vez de ponerse de parte de los constituyentes, de los liberales, de las cabezas pensantes, rectoras, lúcidas, se pone de parte del rey oscuro, de los curas y de la inquisición de nuevo, ¿no? Y gritan “¡Vivan las cadenas!”. Eso demuestra que nos sirvió, digamos, la Guerra de la Independencia para muchas cosas: para hacer una nación, para un montón de cosas, interesantes y buenas, y además notables y heroicas y épicas. Sin embargo, ideológicamente no sirvió para nada. Volvimos otra vez a la sacristía, al incienso y al rincón oscuro de la Historia.

-Y ese fue el drama, porque lo verían así ya en su momento gentes como Fernández de Moratín, como Blanco White, como otros intelectuales ¿no? Que verían... Bueno, que serían de entrada tachados de afrancesados, y por tanto de gentes peligrosas.
-Lo que es estremecedor es ver eso, ver gente como Blanco White, como Moratín, como el propio Goya, ¿no?, que son conscientes de todo esto de lo que estamos hablando y que saben que no puede evitarse. Por eso yo creo que lo que mejor explica la guerra -o el 2 de Mayo, la guerra vino después-, y lo que ocurrió después de la guerra, después del 2 de Mayo ,es Goya. Esos grabados de Goya donde los españoles eran tan brutales, tan crueles, tan salvajes como el francés. Para Goya no había buenos ni malos, como he dicho antes, todos eran malos, ¿no? Goya estaba asustado de los españoles, le daban miedo. Le dábamos miedo a Goya porque ese viejo sordo, gruñón, aragonés, sabía asomarse al alma de lo que es este país, que digo que es estupendo para muchísimas cosas, ¿no?, pero cuando saca la parte atávica, oscura, irracional, que es lo que suele movernos -porque todavía hoy nos mueve lo irracional como la pasta de un periódico-, entonces damos miedo. Haciendo esto a mí también me ha dado miedo. Esos héroes, digamos, del 2 de Mayo, dan miedo, ver a esta gente puesta en una causa. ¿Qué no habrían hecho? Y puesta en malas causas qué cosas tan terribles hacen cuando las hacen.

-Es que es la perfección que tienes en la novela: da miedo ver cómo España, hace 300 años, lo que fue capaz de hacer, cómo después fue aplastada por los franceses. Das cuenta de eso en el libro. Y no hay ninguna duda del salvajismo de la respuesta del francés, pero en fin, la verdad es que tienes tentaciones constantemente leyendo de volver al presente y de analizar la España de hoy.
-Así es.

-Y hay tantos tics que se encuentran ya hace doscientos años, que damos miedo, vistos así colectivamente.
-Es que yo creo que hay dos tipos de novela histórica, la novela digamos “pastiche” como muy ignorante, no digo que sea criticable, la novela que se limita a recrear el pasado, y la novela que intenta con el pasado explicar el presente, que es lo que intento hacer con Alatriste, con esto. Ahí enlaza esto. Por eso sufría mientras escribía, ¿no?... Porque eres consciente de en qué mundo te estás moviendo. Cuando estás analizando los personajes, claro, es que entiendes que somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos. Y eso no cambia.

-Te han llamado, por cierto, algunos descendientes de gente de la que hablas en el libro, con nombres y apellidos, con sus edades, de qué forma y en qué condiciones fueron asesinados por los franceses.
-Bueno, murieron luchando. Unos fueron fusilados, pero otros murieron luchando dignamente, ¿no? Hubo de los dos.

-Pero hay algunos episodios tremendos en el libro, del niño al que protege su padre y de pronto a culatazos le matan al padre y a él.
-Pero Julia, recuerda una cosa: no podemos tampoco juzgar el pasado con ojos del presente. Entonces no había oenegés, el militar estaba para matar enemigos, no había derechos humanos como ahora. Era diferente, y el mundo era más cruel y más duro. Entonces, lo que no podemos es aplicar nuestros criterios morales a Hernán Cortés, ni a los almogávares, ¿comprendes?, porque era otro mundo. Entonces, ahora todo sería horrible, ahora serían todos monstruos ¿comprendes?... Hay que juzgarlos en su momento. Era un mundo más duro.

-Claro, pero ¿no has temido repercusiones? Es decir, de gente pendientes de aquello.
-No, ha habido lectores que me han dicho: “Oiga, ese Pérez, Sánchez, Martín, era tal, era de tal y a lo mejor era pariente mío”. Pero eso es imposible de saber.

-Los propios oficiales, o uno de los dos oficiales que protagonizan la novela, Daoíz y Velarde...
-Bueno, perdón, la protagonizan todos.

-Sí, es coral porque aquello fue coral. Si no, sería una traición al propio espíritu del 2 de Mayo.
-Hay 430 personajes, esos dos destacan un poco.

-Es curioso, porque uno de ellos, uno de los dos oficiales, el que digamos está tocado por menos ardor guerrero aquella jornada del 2 de Mayo, dice viendo lo que hacen otros compatriotas: “O están como cabras o son patriotas hasta las cachas”, y acaba por decir que “todo aquello va a ser una locura, una barbaridad que nos costara cara a todos”. Supongo que se refería, en este caso Daoíz, a lo que estamos hablando ahora usted y yo aquí.
-Sí.

-Yo no sé si te hablo de usted o te tuteo.
-Después de tantos años, desde luego puedes tutearme.

-Pero aquello, en fin, de aquello hace muchos años.
-Pero bueno…

-¿Pero cómo te acuerdas del ‘Blue Moon’, Arturo?
-¿Cómo te voy a olvidar cantando ‘Blue Moon’, Julia?

-Bueno, tú estabas en aquella época en televisión aún, ¿no?
-Claro.

-Eras el reportero de guerra por excelencia. Y estarías aquella navidad en Madrid, en casa. [APR ríe] ¿No? Supongo.
-Estaba, estaba en casa.

-Estabas en casa y viste ‘Blue Moon’.
-Te vi cantar ‘Blue Moon’.

-Fíjate que yo que no sabía que te estaba cantando ‘Blue Moon’.
-Pues estabas cantando para mí, para que veas.

-Fíjate, me acabo de enterar, dieci… Hostia.
-Diecimuchos.

-Dieciocho años después.
-Es igual, diecimuchos.

-Bueno, sí, pero seguimos.
-¿De qué estábamos hablando?

-Estábamos hablando de Daoíz, cuando dice que va a ser la barbaridad que pagaremos todos.
-Sí, es que tienes dos tipos de militar: Velarde, que es el militar exaltado, el hombre al que le arde la sangre con la patria, con todo ese tipo de cosas, ¿no?, con toda la parafernalia patriótica -que está bien, o sea, no lo digo como crítica, pero es un hombre exaltado- y Daoíz, que es el hombre reflexivo, el hombre tranquilo, el hombre militar, que se mete en eso por honor. Dice “no tengo más remedio, pues lucharemos. Ya que están matando a la gente, lucharemos, aunque nos vayan a liquidar”. Por eso es nuestro Álamo. Siempre he dicho lo del Parque de Monteleón, que siempre nos hablan y todos conocemos El Álamo, con Davy Crockett, ¿te acuerdas, la película, John Wayne y tal?, y muy poca gente sabe que tuvimos nuestro Álamo: la gente de Monteleón que luchó durante tres horas contra el ejército más poderoso del mundo, y lo mantuvieron a raya. Hicieron prisioneros y fue una defensa épica hasta que los anegaron y los mataron a casi todos.

-Si los americanos hubieran tenido su episodio de Monteleón, evidentemente hubiera el mundo entero visto docenas de películas al respecto ¿y aquí se ha hecho alguna decente o no?
-No. El franquismo hizo varias películas sobre el 2 de Mayo, absolutamente infames, de esas que dan vergüenza ajena, y además que lo contaminaban, lo dejaron ya contaminado para todos, ¿no?... Si los americanos hubieran tenido la historia que ha tenido Cataluña, que ha tenido España en general o Andalucía, los almogávares o el 2 de Mayo, o lo que fuera, habrían hecho películas maravillosas. Lo que pasa es que bueno, lo hemos tenido aquí y aquí no las hemos rodado.

-Otras cosas que tampoco han cambiado mucho: “La iglesia de entonces”, explica Pérez-Reverte, “combinaba el recelo al contagio de las ideas revolucionarias con su tradicional habilidad para estar con el poder constituido”.
-Como ahora. Depende de los sitios, solo que en ese momento fue... Cuando uno mira, el comportamiento de la iglesia fue infame. Hubo cuatro curas que lucharon en las calles y murieron. Uno murió fusilado y otros fueron heridos, ¿no?... Pero eran curas de base, eran curas de infantería, digamos.

-Igual que las monjas del convento, que también se arremangaron y ayudaron, ¿no?
-Exacto, esas, esas. Pero lo que es la jerarquía, los príncipes de la iglesia, su comportamiento fue infame. Estaban con el orden establecido, por supuesto, estaban con el poder, estaban con los franceses. Y las cartas que escribe la Inquisición, y después algún obispo y las pastorales en los días siguientes al 2 de mayo son vomitivas. Es decir, diciéndole al pueblo, al necio ignorante vulgo que acate la autoridad de los franceses, porque solamente Dios puede decidir quién gobierna y quién no. Solo después ya, cuando empieza la guerra a decantarse por el lado de los patriotas, digamos de la nación española, comienzan los obispos a pasarse al bando “de la libertad”, digamos. Pero hasta ese momento estaban con los franceses.

-“El mejor ejército del mundo es un español cabreado y con un fusil”, dice uno de los personajes.
-Sí.

-Qué suicidas.
-Eso lo dice... Fue así, realmente fue así.

-Leyéndolo, tengo la impresión de que no tenían miedo a morir en aquella época. Ahora somos mucho mas “cobardes”, entre comillas, o mucho menos temerarios. Porque aquí cuenta la historia Pérez-Reverte de familias enteras -el padre, la madre, los niños de once o doce años, cadetes en aquella época de doce o trece años-, y mujeres peleando con tijeras, con cuchillos de cocina, con instrumentos ridículos para el mejor ejército, que era el francés en aquel momento. ¿Pero qué eran, locos, o eran suicidas, o qué eran?
-Mira, la calle Clara del Rey todo el mundo sabe que es una calle, pero antes que eso fue una señora que estuvo luchando en el parque de Monteleón con su marido y sus tres hijos, de 15 a 16 años, y murió luchando allí. Es que la vida era diferente. Es que nos hemos vuelto muy comodones en España. Ahora nadie arriesgamos nada, no nos jugamos nada, no creemos. Y esa gente todavía pues tenía el vivir o morir asumido con más facilidad que ahora. La palabra “muerte” no era tan horrible como ahora, y bueno, la gente además, como te he dicho antes, el fanatismo, la incultura, el impulso, patriótico en su caso también, llevaba a la gente a despreciar la propia vida y a rozar peligros, como dicen. Eso es lo admirable precisamente, toda esa pobre gente corriendo por las calles buscando alguien que los dirija para luchar por un rey que está traicionándolos, está vendiéndolos a los franceses. Esa es la gran tragedia de España.

-Y el rey, que cuando vuelve los aplasta.
-Infame. Rey vil, infame. ¡Y murió en la cama! Además, ese cabrón murió en la cama.

-Bueno, en España ya tenemos tradición. Quizá quedó inaugurada con Fernando VII.
-El otro día discutía en la Academia con varios compañeros sobre quién era más infame, si había sido peor Franco o Fernando VII.

-Qué bonita discusión.
-No llegamos a un acuerdo. Yo decía que Fernando VII, había gente que decía que Franco… Y realmente, bueno, Castilla del Pino decía que Franco, yo decía que Fernando VII, y al final dudamos unos y otros, y todo quedó en nada, pero fue una discusión larga e interesante.

-Como corresponde a la buena dialéctica y a la conversación, ¿no? No quedar en nada, pero haber hablado de muchas cosas importantes.
-Allí además son frecuentes ese tipo de tertulias, digamos.

-El papel de las mujeres fue muy importante durante el 2 de Mayo, ¿no? Lo digo porque claro, no solamente la historia del 2 de Mayo la han escrito ideológicamente con la manipulación que ha interesado a todos -ya hemos hecho antes el censo todos los interesados en hablar del 2 de Mayo barriendo para casa-, pero digamos que el mínimo común denominador es que todos son tíos, todos son hombres, nadie nunca escribe el nombre de las mujeres. Y en esta novela se agradece que Pérez-Reverte como mínimo haga guiños en diferentes momentos al papel importante y activo de las tías, las mujeres.
-Pero no son guiños, es que están ahí.

-Pero en la Historia nunca aparecen.
-De cada diez muertos cinco eran mujeres. Eso no podía escamotearlo. Además, hay una cosa que me ha sorprendido, porque hace un momento además la comentaba antes de entrar con la chica que me acompaña de Alfaguara, la encargada de prensa, y estábamos hablando en la puerta: yo pensaba que era una novela muy masculina esta, fíjate, y no, me decía ella que no, que a las mujeres les ha gustado mucho. Y realmente es verdad, y me decía que seguramente es porque aparecen las mujeres igual que los hombres, peleando como los hombres, y está llena de mujeres, pero es que no es un guiño mío: ese día lucharon muchísimo en la calle las mujeres, salieron mucho. Dirigieron Clara del Rey, Manolita Malasaña, Ramona García Sánchez, muchas. Pescaderas, todo además gente humilde, no hubo ninguna aristócrata luchando ese día en la calle, ni siquiera ninguna burguesa, todas eran gente humilde.

-Como decías antes, es un error juzgar el pasado con los ojos del presente, de modo que visto ahora con la distancia que dan estos doscientos años, y pensando que tenemos un bicentenario aquí a la vuelta de la esquina, ¿qué temes que pueda celebrarse dentro de... bueno, el 2 de Mayo d 2008?
-Bueno no “temo”. En realidad he escrito este libro ahora porque quería salir antes que el ruido. El ruido empezará pues con unos diciendo que salieron a luchar por la Constitución de 1812, otros que salieron a luchar por la nación... O sea, cada uno va a hacer su lectura, como siempre. Y me temo que van a ser cada uno... Bueno, entonces yo lo que quería era fijar algo objetivo, bueno: gente, lugares, hechos, distancias. Es un libro hecho con un estilo muy documental, muy frío. Es el lector quien juzga, o quien se horroriza, o no se horroriza. Antes de que llegue la manipulación, que la habrá, quería pues dar una base, digamos. “Mire usted, antes de que le coman a usted el tarro, sepa cómo empezó todo, ¿no? Que sepa que fue así, de esta manera, objetiva, con datos”. Y después ya cada uno, que después le ponga la información complementaria sobre un terreno ya conocido.

-No sé si te lo han dicho, pero en este caso me parece de las más cinematográficas de tus novelas. ¿Te lo han dicho, o me lo parece a mí solamente?
-Me lo han dicho, pero es que el 2 de Mayo fue cinematográfico, es que pasaron muchas cosas interesantes ese día en la calle.

-¿Aún no te ha llamado nadie para pagarte los derechos de la peli?
-No, lo que han hecho ha sido que me han alquilado los derechos para hacer una exposición. Van a hacer una exposición sobre el 2 de Mayo en Madrid, de la que me han querido hacer comisario, y han alquilado los derechos de esta novela. Quieren que el libro sea la base de esa exposición sobre el 2 de Mayo en el Canal de Isabel II en Madrid, para el mes de marzo.

-O sea, que todo está ya...
-Sí.

-Haber sido corresponsal de guerra, o como queramos llamarle, eso te habrá ayudado para imaginar el escenario, ¿no?
-Me ha ayudado la experiencia, el saber cómo se siente uno saltando tapias con los malos detrás, y ese tipo de cosas. En vez de tanques, pues son caballos con coraceros franceses, pero en realidad la sensación es la misma. El otro día estaba con Márquez, cámara legendario que estuvo en todas las guerras con nosotros, y comentábamos eso, que la experiencia personal influye en eso, y bueno, pues quieras que no, pues ya el realismo que tienen las escenas de calle empiezan por ese préstamo de mi memoria, claro.

-Te he despistado un poco por la cara que he puesto, porque de pronto he mirado el reloj: me pongo a hablar aquí con este Pérez-Reverte y se me ha ido la olla. Son las 5 y 33 minutos, llevamos aquí casi media hora, hablando de ‘Un día de cólera’. Bueno y ya para acabar, te pillo tan poco que cuando te pillo te saco provecho.
-Te lo agradezco.

-Gracias, muy amable. Pues que vino aquí el otro día Javier Marías, y hablamos de lo vuestro con las mujeres, con las señoras, las de antes y las de ahora, y no sé qué, y quería decirte que yo, que soy muy feminista, que lo sepas, no me ofende nada lo que has escrito sobre las mujeres.
-¿Pero por qué te va a ofender?

-Bueno, algunas se pusieron contigo... En este país que tampoco quedan hombres como los de antes.
-Lo sé, lo sé, pero algunos intentamos parecernos lo más posible.

-También otras.
-Sí hay mujeres como las de antes, afortunadamente.

-Aún quedan algunas, y algunos. También fue un placer, señor Reverte.
-Fue un placer, señora Otero.

(De fondo comienza a sonar Blue Moon, Julia Otero se muere de la vergüenza, APR le pide que le mire a los ojos. “Mírame a los ojos, Julia”, APR le recuerda el decorado, ella le pregunta cómo se acuerda de todo eso, APR dice “inolvidable”. Ella le pregunta intrigada. APR ríe)
Última edición por Rogorn el Sab Sep 13, 2014 9:41 am, editado 1 vez en total.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Dom Ago 31, 2014 9:12 am

Pérez-Reverte presenta hoy en Cádiz su última novela, 'Un día de colera'
La Voz de Cádiz – 19/12/2007

El escritor y periodista Arturo Pérez-Reverte presentará hoy en Cádiz su última novela, ‘Un día de cólera’, editada por Alfaguara. El acto se celebrará a las ocho de la tarde en el Palacio de Congresos de la capital gaditana y contará con la participación del también periodista Óscar Lobato, que introducirá al autor y dialogará con él sobre la obra.

‘Un día de cólera’ retrata las veinte horas de tensión y odio que cambiaron la Historia de España. Las transcurridas entre las ocho de la mañana del 2 de mayo de 1808, cuando unos centenares de personas -artesanos, chisperos, albañiles, rateros, manolas, prostitutas, carniceras- intentaron linchar al edecán del general Murat, que estaba al mando de las tropas francesas, y las cuatro de la madrugada del día siguiente, momento de los fusilamientos en la montaña de Príncipe Pío, elevados a icono universal por Goya.

El autor de la serie de ‘El capitán Alatriste’ recupera en esta última novela las veinte horas de insurrección de unos miles de hombres y mujeres sin apenas armas ni formación, que se enfrentaron al mejor ejército del mundo y sufrieron después una terrible represión. Veinte horas «más de cabreo que de defensa de la patria», como las define Arturo Pérez-Reverte.

Según ha declarado el escritor, con este libro ha pretendido que los lectores recorran las calles de Madrid y asistan a las refriegas de ese día. «Yo crecí creyendo que el Dos de Mayo fue un movimiento patriótico en el que los militares guiaron al pueblo. Pero no fue así», ha asegurado Pérez-Reverte, que ha revisado centenares de libros y documentos para escribir su novela. «Ni siquiera fue el pueblo español quien se levantó. Fue una insurrección local, de las clases populares. Y luego hay algunos militares, mandos intermedios, que se ven arrastrados por esa insurrección».

Lo que empieza como un motín callejero, en la actual plaza de Oriente, crece a medida que Murat ordena que sus batallones avancen hacia el centro de Madrid desde las avenidas que llevan a la puerta del Sol. «De siempre, el español ha tenido facilidad para sumarse al motín», explica el autor. Niños, jóvenes, gente madura y octogenarios, sin más armas que tijeras, martillos, o hachas y navajas se lanzan contra miles de soldados que venían de aplastar al enemigo en los campos de batalla de toda Europa.

--

Pérez-Reverte presenta 'Un día de cólera' en el Palacio de Congresos
Diario de Cádiz – 19/12/2007

"Maldito y querido loco de atar -dicen los pensamientos del capitán Daoíz, hechos letra por Pérez-Reverte-. Hasta aquí nos han traído tu patriotismo y el mío, dignos de una España mejor que esta otra, triste, infeliz, capaz de hacernos envidiar a los propios franceses que nos esclavizan y nos matan".

La sangre del Dos de Mayo fue precursora de la sangre y el odio latentes en los siguientes doscientos años. Y de la trágica división de las dos Españas. Esa es, al menos, la conclusión del académico tras más de dos años de investigación dedicados a una obra "que tiene menos de novela que de libro de historia".

‘Un día de cólera’ -el libro sobre el que Arturo Pérez-Reverte y Óscar Lobato hablarán esta tarde en el Palacio de Congresos- recorre los sangrientos acontecimientos en una vuelta de reloj que va de las ocho de la mañana a las dos de la madrugada del dos de mayo de 1808. No hay protagonistas, ya que al cabo, la hidra protagonista era policéfala: Pérez-Reverte reúne a una miríada de nombres auténticos, sacados de listas de muertos y heridos. "La invención en este libro puede ser un 25 por ciento -afirma-. Lo imaginado es la argamasa que une todas las piezas". Un proceso de elaboración exhaustivo del que el autor asegura haber aprendido mucho "sobre todo, sobre el carácter de la gente. Yo ahora entiendo. Cuando a alguien le tocan mucho tiempo las narices, al final se cabrea", comenta Pérez-Reverte.

Para el escritor, a pesar de los aires de gesta en los que se envolvieron los sucesos de Madrid, el Dos de Mayo distó mucho de ser un movimiento patriótico: "Fue un día de cabreo -zanja el autor-. España no salió a la calle. Y la que salió a la calle fue gente de navaja fácil, gente de bronca". "El franquismo anuló ese concepto y lo manipuló: vendió una sublevación dirigida por militares heroicos, de un pueblo contra el francés. Quienes cambiaron nuestra historia -prosigue- fueron cuatro albañiles, dos carniceros, un carpintero, dos cocheros y dos mozos de mesón".

El escritor reconoce que muchas veces, mientras escribía, se ha preguntado dónde hubiera estado él mismo: si con los sublevados, si mirando -como lo estuvo la mayoría- o si hubiera sido un afrancesado: "Lo que pasa -explica- es que ya soy incapaz de tomar esa decisión, porque estoy contaminado por lo que sé. Lo evidente es que aún estamos pagando el precio de aquella guerra".

--

El maestro Arturo Pérez-Reverte
Daniel Heredia - Diario de Cádiz – 19/12/2007

La publicación de una nueva novela de Arturo Pérez-Reverte es un motivo de alegría para sus fieles y numerosos lectores, porque ‘Un día de cólera’ -además de una reconstrucción apasionante y rigurosa hasta la obsesión de los sucesos que tuvieron lugar en Madrid el Dos de Mayo de 1808- es una afirmación más del interés del escritor por contar historias, como una forma de revivir lo vivido y lo leído, de vivir lo imaginado, de mirar el mundo.

Periodista y reportero de guerra durante veintiún años, es el autor, sin duda, más importante de la narrativa española actual y cada una de sus obras es recibida con mayor expectación que la anterior. Incluso antes de salir al mercado, sus libros ya se convierten en acontecimientos literarios, quizá porque conecta como nadie más sabe hacerlo con las inquietudes del público.

Sus novelas acreditan un nivel y un rigor literario verdaderamente excepcionales, capaces de articular extensas tramas que multiplican en numerosos resortes y enriquecen la materia narrativa con evidente interés. Su prosa es exquisita, amena, con un sentido del humor desgarrado, cínico, amargo, marca de la casa, y con una carga de ideas que para sí quisieran muchos de los escritores que no aprecian una literatura tan comunicativa. Todo ello, aderezado con unas sugerentes dosis de ese escepticismo pragmático del que lo ha visto casi todo en la vida.

No sólo es un narrador de calidad, sino que además tiene el coraje de lanzarse a escribir -con el acierto del pescador acostumbrado a echar su red en mares revueltos- sobre temas que no parecen los más aptos. Algunas de sus últimas novelas, ‘El pintor de batallas’, ‘La Reina del Sur’ o ‘Un día de cólera’, indagan no en las apariencias sino en las esencias del ser humano. Estas obras son tres contundentes placeres enemigos de lo vacío. Y qué decir de la saga del capitán Alatriste, con la que ha estimulado más a los jóvenes hacia los libros que cientos de campañas de fomento a la lectura. Este hombre lúcido, tanto en el manejo del pensamiento como del lenguaje, ha acercado la literatura a más personas de las que nadie pueda imaginarse.

Sin embargo, el verdadero complemento de esta obra espléndida es Arturo Pérez-Reverte como persona. Y confieso que a esa persona la admiro tanto -o más incluso- como a su trabajo. Tuve la suerte de conocerlo en enero de 1998, y desde entonces me ha demostrado una amistad absoluta en todos los sentidos. Es un ser humano íntegro del que uno se puede fiar. Y mucho. Habla muy deprisa, casi a la misma velocidad que piensa, y gesticula constantemente con las manos mientras mantiene unos profundos ojos oscuros, siempre, en el interlocutor. Porque Arturo es de las personas que miran a los ojos cuando hablan. Y lo hace de frente, sin matices, desprendiendo una vitalidad contagiosa ante la literatura o ante la vida, o ante ambas cosas al mismo tiempo. La lucidez es su faro, la dignidad su alimento y las palabras su guarida. Son las características de los héroes que Pérez-Reverte describe en su particular lucha, pero también es la parte de su vida que se transparenta en sus novelas. El autor de Cartagena ha depurado su propia ética y la fidelidad a esos valores que son sus señas de identidad.

Esta recurrente apelación a la fidelidad es la que, a la postre, nos da la medida de su autenticidad y, consecuentemente, de su grandeza. Ojalá le queden muchas novelas y muchos años para seguir ofreciéndonos sus más bellas páginas. Gracias, Maestro.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Mié Sep 10, 2014 1:04 pm

El 2 de mayo: el valor de la gente humilde
D López Valle - ADN - 19/12/2007

Arturo Pérez-Reverte está de buen humor. Parece un lobo alimentado con azúcar. Sonríe, comenta algo sobre el hilo musical (un espantoso “grandes éxitos” de villancicos horteras), bromea en la sesión de fotos, toca la grabadora, se la acerca. Son los reflejos de una profesión que ya no ejerce. "Es que fui puta antes que monja. Muy puta. 21 años dan para mucho".

Tanto tiempo de guerra en guerra ha hecho que en ‘Un día de cólera’ (Alfaguara) pueda escribir sobre los combates del 2 de mayo habiendo estado allí, tanto da Vukovar o la Puerta de Toledo. La pasión con la que habla del tema deja algo muy claro: Pérez-Reverte no escribe novelas, las vive: "Quería contar la historia coral del 2 de mayo, la de la gente que sale en los cuadros de Goya, la que no se había contado. La documentación sobre aquel día es muy detallada, así que el reto era ser capaz de unir todo eso y hacer una novela en la que yo no me inventara nada, que fuese un libro-documento".

Esta manera de narrar permite a Pérez-Reverte mostrar los hechos desnudos, libres de la manipulación que, desde el día siguiente, manchó el 2 de mayo: "A mi generación le inculcaron que los militares guiaban al pueblo y que una nación entera se levantó contra los franceses. Eso es mentira, vino después. Ese día solamente había cuatro gatos en la calle, en una especie de intifada de la gente humilde. La gente de bien se quedó en sus casas y la mayoría de los militares no salió de los cuarteles. Así que quería devolverle a la jornada el carácter que tuvo realmente".

Pese a que la mirada distante y documental que el novelista ha querido aplicar a la historia ("algo que no se puede conseguir del todo", matiza), la fascinación que el 2 de mayo ejerce en él se nota en sus ojos, que chispean al hablar del combate en el parque de artillería de Monteleón, donde un puñado de gente al mando de dos simples capitanes -Daoíz y Velarde- plantan cara hasta morir ante el mejor ejército del mundo: "Éste es un factor de orgullo personal. Estoy harto de oír hablar desde pequeño de El Álamo. Pues bien: Monteleón es nuestro Álamo. 200 paisanos y 50 militares causan infinidad de bajas y toman 100 prisioneros a los franceses. Con esto, los americanos habrían hecho cientos de películas". Y es que, para Pérez-Reverte, hay un hecho que no se puede negar: "Uno puede criticar la visceralidad y la falta de cultura del pueblo, pero hay una gesta épica indiscutible. Lo que quería era recuperar la parte, digamos, admirable del 2 de mayo y despojarla de toda la parafernalia y de la manipulación franquista, descontaminarlo. Y ahora, ahí está el libro. Que sea el lector quien juzgue".

La voz pasional de Pérez-Reverte se vuelve tierna y rencorosa a la vez cuando se refiere a la mayor tragedia del 2 de mayo, la de la gente humilde que muere en las calles por un tirano y la de una herida que, aún hoy, supura: "Todas esas personas, que pelean con dos cojones para que después venga un rey hijo de puta como Fernando VII y unos curas fanáticos... Qué pena la falta de cultura, de buen gobierno y de decencia de España. Podría haber sido una guerra de liberación, constitucional, y sin embargo trajo el absolutismo y el olor rancio de la sacristía cerrada. Todavía lo estamos pagando, todavía lo estamos pagando".

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14359
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Mensaje por Rogorn » Vie Sep 12, 2014 1:44 pm

Regreso a la tierra invencible
La Voz de Cádiz – 20/12/2007

Hace algo más de un año Arturo Pérez-Reverte caminaba por las calles de Madrid. Con cierto aire extranjero no quitaba ojo a dos cartografías que le acompañaban en un singular trayecto: un mapa actual de la ciudad y un callejero de 1808. Cuando enfilaba la cuesta de la calle Toledo los recuerdos que había desempolvado sobre las históricas refriegas del Dos de Mayo para su próxima novela le conmovían, confiesa. Ríos de sangre bajaban hasta sus tobillos y gritos desgarrados anunciaban la muerte del vecino. «Iban conmigo, los estaba viendo. Casi los llevaba en brazos». Pero ayer en Cádiz todo era diferente. El suelo que pisaba en el Palacio de Congresos no olía a tierra de batalla quemada, ni había rastro de cuchillos calientes en el suelo, ni tan siquiera algún resto de cera de bota «gabacha». Pérez-Reverte estaba en Cádiz. En el único rincón de España que no sucumbió al poderío de las tropas de Napoleón. «Aquí se te llena la boca cuando hablas de libertad», adelantó por la mañana cuando presentó su último libro, ‘Un día de cólera’, a los medios.

Ya por la tarde, en la plaza de Sevilla unas ochocientas personas vencían al molesto levante, e incluso hacían cola, para escuchar al autor del libro que en 20 días tiene ya la tercera edición en la calle. «Empecé a leerle por sus artículos. Ahora tengo todos sus libros». Manu acudía con «muchas ganas» al diálogo que minutos después Pérez-Reverte mantendría con el periodista y escritor gaditano Óscar Lobato sobre la nueva novela del cartagenero. «Sorprende que haya este aforo», afirmaba mirando hacia atrás a un auditorio casi lleno. «Si fuera el discurso de siempre, no sería Arturo Pérez-Reverte», defendían todos el tono sarcástico y, a veces, borde, del autor.

«Esto es el privilegio de jugar con la Historia: el hacer al lector partícipe de la contienda», describió Óscar Lobato el logro de la último «libro-documento» del escritor de Alatriste. «Cuenta la dignidad del coraje de los que no tenían nada que ganar ni nada que perder». Veinte horas de cólera que cambiaron la Historia de España. Las que transcurrieron entre las ocho de la mañana del 2 de mayo de 1808, cuando unos centenares de personas -artesanos, chisperos, albañiles, rateros, manolas, prostitutas, carniceras- intentaron linchar al edecán del general Murat, que estaba al mando de las tropas francesas, y las cuatro de la madrugada del día siguiente, momento de los fusilamientos en la montaña de Príncipe Pío, elevados a icono universal por Goya. «El error de Napoleón fue que no creyó que esa chusma le pudiera hacer daño. No se imaginaba que en España hubiera tanta mala leche», intervino en el diálogo abierto el escritor. «Había ambiente, sí», recalcó. «Fue una especie de intifada. La gente a la que todos despreciaban salió a la calle armada con cuchillos, navajas, macetas, o lo que pillaran», detalló el autor. «¿Una gesta o una aventura de barrio popular?», cuestionó Lobato. «Lo segundo, aunque se haya vendido de otra forma», apuntó Pérez-Reverte. «No ha existido una fecha tan manipulada en España como el Dos de Mayo».

Entonces, el escritor desveló algunos detalles de la investigación que durante dos años le ha ocupado ‘Un día de cólera’. «Contaba con una ventaja fundamental: lo que ya había narrado Galdós no se podía igualar. Tenía que hacer otra cosa». Y por eso buscó y encontró 400 expedientes de españoles que murieron en el combate y otro centenar de heridos. «Tenía sus nombres, sus direcciones, oficios. Lo importante era que el lector corriera y sintiera con ellos. Vivir dos años con esta gentuza ha sido conmovedor. Mi objetivo era sacarlos de una vez por todas de los cuadros», explicó el escritor al referirse a los protagonistas de su novela. Y entre esa «chusma», tuvo un papel fundamental la mujer. «Algunas se agarraban a las patas de los caballos con tijeras con una ferocidad inaudita».

«¿Y los intelectuales, Goya, Moratín?». Fueron casos muy distintos. El zaragozano «políticamente incorrecto, no era el español canónico, ni el que grita y se remueve. Su mirada lúcida le hizo tan nocivo como los franceses», detalló el escritor. «Moratín fue timorato, afrancesado. Tuvo la desgracia de tener que elegir, y ahí es cuando se empezó a perfilar la decadencia del intelectual, que siguió muchos años más y que sigue ocurriendo».

No fueron más de tres mil las personas que lucharon. Que recorrieron con armas de andar por casa lugares teñidos de sangre como Monteleón, la Puerta de Toledo, la Puerta del Sol... En frente, unos 30.000 franceses a caballo. «El mejor ejército de Napoleón». «Por muy escéptico y acostumbrado a ver el dolor, no pude evitar sentirme conmovido al saber sus historias, sus nombres. Decidí contar algo que, a mi juicio, no se había contado»: una lucha de «cuatro gatos» que sacaron toda la garra y valentía por defender lo que creían suyo. «El imbécil de Bush no ha conocido esta historia ni ha visto sus cuadros. Si no, no se le hubiera ocurrido meter tanques hasta las puertas de las casas iraquíes». Entonces, Lobato ahondó en el lugar que ocupa el sentimiento patriótico en la obra, a lo que Pérez-Reverte respondió: «Yo a España le tengo un asco singular, porque la quiero mucho y sé lo que podría llegar a ser», confesó. «Mi desgracia con este libro ha sido terminar queriendo a esos hijos de puta».

En cuanto a la Iglesia, el autor de ‘Un día de cólera’ fue fulminante: «Los príncipes de la Iglesia actuaron de forma infame. Las pastorales se volvieron en contra del pueblo y la alta jerarquía hizo una dejación de autoridad». Tras hora y media de conversación distendida, Lobato y Pérez-Reverte daban por concluida su participación en el ciclo de la Asociación de la Prensa ‘La prensa en la calle’. Un fuerte aplauso confirmaba que el escritor había conquistado de nuevo Cádiz.

--

Cádiz se sumó a la cólera del Dos de Mayo y defendió la libertad
Daniel Pérez – 20/12/2007

Arturo Pérez-Reverte anda de promoción. Asume con disciplinada profesionalidad el incordio mediático, la larga hilera de micros dispuesta sobre la mesa, el tableteo continuo del obturador. Pero no puede evitar, entre pregunta y pregunta, una mueca leve de hastío, el conato de una réplica airada que finalmente disfraza de austera cordialidad. La cara pública del asunto, lo que tiene la ocupación literaria de faena afectada y efectista, de labor mercantil, debe de resultar cargante cuando el ritual se repite, con escasas variaciones, ciudad tras ciudad, rueda tras rueda, tele tras tele, hasta que el discurso sobre el libro ensombrece el discurso del libro, y el autor siente, en cierta forma, que está violentando la esencia -la integridad- de su propio trabajo.

«Les advierto de que llevo tanto tiempo hablando de esta novela y he repetido tantas veces las mismas cosas que no me queda mucho por decir a propósito», reconoció ayer, de entrada, el escritor, académico y ex corresponsal de guerra en su primera intervención de la jornada, como aviso para navegantes. «Casi todo lo teórico, lo formal, está en el dossier de prensa, así que se lo llevan si quieren a casa y lo fusilan después en el trabajo. No se preocupen: lo han hecho para eso», remató. «Además, esta tarde, con Óscar Lobato, podremos extendernos lo que sea oportuno».

«Yo había pensado -continuó Pérez-Reverte-, que charláramos un poco de Cádiz, de su papel fundamental en la Guerra de la Independencia, de cómo se sumó a la cólera del Dos de Mayo, le paró los pies a los franceses, defendió España y la libertad, y le sacó provecho a la situación con un texto constitucional que fue una luz de esperanza, aunque luego un hijo de puta llamado Fernando VII acabara con el sueño de un plumazo». Y así, tras algunas cuestiones genéricas sobre el sentido, la estructura narrativa o la oportunidad de ‘Un día de cólera’, el escritor diseccionó con esa singular maestría que deriva del estudio minucioso de los acontecimientos, «la influencia directa que tuvieron los sucesos del Dos de Mayo en el futuro inmediato de España: sin esa algarada callejera protagonizada por rufianes, tenderos, gente de baja estofa y desheredados, no hubiera sido posible la Constitución de 1812, sin la cual, a su vez, no hubiera sido posible la del 78, gracias a la cual ustedes y yo estamos aquí, hablando con total libertad».

En ese sentido, apuntó que «Cádiz hizo lo que no hizo nadie, y por eso fue la ciudad más importante de la guerra, si tenemos en cuenta que intentó apuntalar un régimen distinto al que defendían la Monarquía más reaccionaria y la Iglesia, formada por patanes y corruptos». De ahí que se mostrara abiertamente orgulloso «de decir “Cádiz”, porque Cádiz significa libertad», y apostara por un bicentenario que «sirva para el debate y no para la apropiación y que ponga de manifiesto que la Historia nos hermana».

Aunque descartó escribir una novela sobre el 12, «porque Ramón Solís ya hizo un trabajo extraordinario y no veo el ángulo por el que abordar la historia de una forma distinta, que es lo que he intentado con el Dos de Mayo para no contar lo mismo que Galdós», sí estaría encantado de «participar, con artículos o conferencias», en los fastos del bicentenario. «La Constitución fue la mejor continuación posible para ese día de la vergüenza torera que fue el Dos de Mayo», sentenció.

--

“El Dos de Mayo desembocó en cosas como la Constitución del 12”
Pilar Vera - Diario de Cádiz - 20/12/2007

A falta de grandes hombres, a la Historia le gustan los grandes nombres. Términos como “honor”, “patria”, “valentía” o “gesta” salpican numerosas crónicas. Sin embargo, al final, todo se reduce a un concepto mucho más pedestre: a una mera cuestión de dignidad. Ese es el mensaje que recorre las palabras de Arturo Pérez-Reverte, presente tanto en su discurso como en sus artículos y novelas.

"Vistos a esta distancia -comenta el escritor, recién llegado a Cádiz para presentar ‘Un día de cólera’- lo que producen los hechos del Dos de Mayo es una profunda pena. Ves a un montón de gente huérfana de todo buscando a alguien que los dirija. Y sientes un orgullo y una ternura inevitables por la tragedia de aquella gente buena y humilde que peleó por algo mejor. Una lucha que, al final, no sirvió de nada porque luego llegó un hijo de puta como Fernando VII y lo borró todo".

"Los milagros, en Lourdes", responde, ante la pregunta de si los españoles han tenido alguna vez gobernantes a su altura. "Con cosas como el Dos de Mayo -prosigue Pérez-Reverte- uno se cuestiona qué hubiera hecho esa gente con buenos gobernantes, qué no habría hecho ese pueblo en manos de gente decente y no de gentuza, sometidos por reyes infames, ministros corruptos y curas fanáticos. Te das cuenta de lo que habríamos podido llegar a ser y de lo que somos".

‘Un día de cólera’, el segundo de los ‘Episodios nacionales’ retomado por el académico, narra los acontecimientos ocurridos en Madrid durante la jornada del 2 de mayo de 1808: "Me he pasado dos semanas hablando del libro, así que imagino que lo sabéis todo -apunta-. Sabéis que se rebeló el pueblo, pero no todo el pueblo, que fueron cuatro gatos, cuatro mataos de clase baja los que le dieron la vuelta a la historia. En total, no más de tres mil personas salieron a la calle. Fue al día siguiente, el tres de mayo, cuando se tomó realmente conciencia de lo que había pasado y comenzó la guerra. El Dos de Mayo, por sí mismo, fue un episodio menor, una Intifada madrileña que desembocó, sin embargo, en cosas más complejas, como la propia Constitución de 1812".

Para Pérez-Reverte, el Dos de Mayo alberga también otro drama implícito: la tragedia de los lúcidos, "de los que estaban de parte de las ideas nuevas, aunque las llevara otro imperio -se lamenta-. No querían tener nada que ver con todos esos meapilas fanáticos y claro, se preguntaban “¿quiénes son los míos?” Ninguno es el mío. Bajaban a la calle y descubrían que no tenían nada que ver con esa chusma. Ejemplo de esta desorientación fue Blanco White, que se fue a su casa porque no sabía qué hacer".

Reconoce que la información y experiencias atesoradas como reportero le han sido especialmente útiles a la hora de realizar este libro: "Además, por supuesto, de la memoria de los testigos, del ya citado Blanco White, de Alcalá Galiano -explica-. Yo sí he estado en cosas así, me es más fácil imaginar cómo se siente uno en un combate callejero. Además, frente a lo narrado por Galdós, que es inmejorable, ahora podemos tener acceso a los últimos documentos históricos en torno a la época, cosa que él no pudo tener".

‘Un día de cólera’ pretende abrir el debate en torno a lo que significa ser español: "El Dos de Mayo -comenta Pérez-Reverte- no fue una fecha gloriosa, sino de coraje cívico y social, de vergüenza torera. Fue la primera vez en la Historia en la que España actuó como nación al mismo tiempo, sin coordinación ni ninguna dirección. Y son días como éste, o como la proclamación de la Constitución de 1812 en Cádiz o la del 78, los que nos hacen hermanos a todos".

--

Pérez-Reverte y Óscar Lobato recrean el Dos de Mayo en el Palacio de Congresos
Pilar Vera – 20/12/2007

"Como sería una tontería intentar presentar a Arturo Pérez-Reverte -comienza diciendo el presentador habitual del escritor, el periodista Óscar Lobato-, yo voy a dibujar lo que era Madrid en 1808". Y resulta que el Madrid de entonces apenas llegaba a los 100 kilómetros, entre huertas y terrenos. Era una de las seis ciudades que superaban los cien mil habitantes. Y tenía forma de rueda. Los franceses lo sabían muy bien, y por eso cuando comenzaron los disturbios narrados en ‘Un día de cólera’ "trataron de llegar al centro cortando dos radios y, de allí, ir completando los demás", explica Pérez-Reverte.

"Al principio -continúa- tuvo lugar un degüello masivo de franceses. Y ya ahí, hubo muchos que tenían a gabachos alojados en sus casas que los escondían diciendo “usted es francés, pero no me lo matan”. Igual que se indignaban porque habían cogido a Manolo, el vecino de abajo". La primera oleada del ejército francés la paró la gente de la calle a navajazos, con las mujeres clavando las tijeras del pescado en las tripas de los caballos: "Casi podríamos decir que la maceta fue el arma de ese día", comenta el académico. "Y conforme vas investigando -prosigue-, descubres cosas. Ves, por ejemplo, que en la calle Toledo cayeron un montón porque es cuesta arriba y los franceses iban a caballo. O historias como la de los presos de la Cárcel Real, que salieron a luchar y los últimos que llegaron fueron los muertos... Por eso he insistido tanto en nombres y apellidos. Eran para mí viejos conocidos. He querido sacarlos de los grabados y darles aliento ".

Pérez-Reverte reconoce que estos episodios le han supuesto una "reconciliación emocional con España". "Todo el mundo sabe que yo le tengo asco al lado bruto e inculto de este país, y lo demuestro todos los días -confiesa ante el público-. Pero es cierto que no puedes evitar sentir ternura cuando ves cómo luchaba esa gente. Como diría aquél, son mis hijos de puta. Podríamos decir que Manolo me ha conmovido. No es que ahora de repente haya aceptado España tal como es, porque eso es imposible. Pero sí que ha habido una reconciliación emocional. Quiero a esta gente".

"En Monteléon, nuestro Álamo -indica-, cuatro de cada diez muertos eran mujeres, de trece a sesenta años. Te tienes que conmover aun conociendo lo que defendían: esa religión reaccionaria y esa monarquía nefasta... y ves que Goya tenía razón. ¿Cómo no iba yo a escribir sobre esto?".

Responder