'El francotirador paciente' (noticias sobre la novela)

Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

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Ada
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Mensaje por Ada » Mié Ene 22, 2014 12:57 pm

Si es legal, no es grafiti

En "El francotirador paciente", la última novela de Arturo Pérez Reverte, la ciudad se convierte en un campo de batalla en el cual los protagonistas ajustan sus cuentas, con el arte urbano como telón de fondo.

por DANIEL SALMAN Buenos Aires

En marzo de 1972 en el diario La Opinión, el escritor y periodista Francisco "Paco" Urondo teorizaba sobre “los grafiti y su camino entre las paredes y la poesía popular”. Por entonces ya analizaba al creciente fenómeno urbano como una clara expresión del “pensamiento de las clases populares” y advertía sobre el aprovechamiento por parte de las editoriales para hacer “excelentes negocios”’, trasladando lo que dicen las paredes a lujosos libros de arte.

Mucho más acá en el tiempo, el español Arturo Pérez Reverte en “El francotirador paciente” (Alfaguara) plasma en forma de thriller una historia que tiene al mundo del grafiti como protagonista. Sin alejarse demasiado de lo que en los 70‘ inquietaba a Urondo, Pérez Reverte ficcionaliza en el arte puesto en muros de ciudades, la codicia de galeristas de arte del Primer Mundo o la subvención estatal para el grafiteo callejero.

En la novela, el autor de Territorio Comanche, pone en escena a Alejandra Varela, una periodista especializada en arte urbano, que a través de un encargo editorial deberá encontrar a Spiner, un destacado artista callejero cuyo rostro cubierto a lo sub comandante Marcos (incluso el gráfico de la tapa del libro parecería estar inspirado en el revolucionario zapatista ) nadie conoce.

“Tu pieza se inserta en el paisaje urbano. Que es un lienzo más grande, en un marco: casas, coches semáforos. La ciudad es tu complemento” dice Spiner, que es el mejor y a quien que todos admiran. Y “si es legal, no es grafiti” postula también de forma radical y promueve acciones callejeras al límite de la legalidad, muchas de ellas con víctimas fatales como resultado final.

Tras la pista de Spiner, “Lex” Varela recorrerá con extrema valentía las calles de Madrid, Lisboa, Verona y Nápoles. Movilizada por pasión vocacional, aunque también por cuestiones personales que mantendrán la tensión del relato hasta el final de la novela, la joven periodista recorrerá las calles de una Europa atravesada por la crisis económica mundial. Metrópolis tomadas por las clases marginales. Jóvenes desempleados que estampan su rabia en paredes y monumentos atestados de turistas.

La ficción de Pérez Reverte, ex cronista de guerra y actual miembro de la Real Académia Española, también es una invitación a conocer a los escritores de paredes, los grafiteros, un submundo que como decía Urondo en su columna del diario La Opinión, “data de tiempos remotos”. Pero que con el paso del tiempo persiste, varía en su estética, se globaliza gracias a internet pero no altera su esencia callejera. Como bien lo define Spiner: “En un museo compites con Picasso, que está muerto, mientras que en la calle compites con los cubos de basura y con el policía que te persigue”.
http://www.cronista.com/cartelera/-Si-e ... -0127.html
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Vie Ene 31, 2014 11:07 pm

El contador de historias
Entrevista con Silvana Boschi - revistaenie.clarin.com - 31/01/2014

Contar historias en las que pasan cosas. Haber sido durante 21 años reportero de guerra. Escribir ocho horas por día. Meterse entre los personajes reales que después van a ser los personajes de sus novelas. Salir a navegar. Leer. Buscar nuevas historias. Esas son las cosas que dice que ha hecho Arturo Pérez-Reverte para convertirse en quien es: un escritor español que lleva escritas unas 30 obras, nueve de las cuales fueron llevadas al cine, y que ha sido traducido a 41 idiomas.

Nacido en Cartagena (España) en 1951, Pérez-Reverte comenzó a escribir libros a los 38 años, y su nueva profesión convivió con la de periodista algún tiempo, hasta que el éxito de 'La tabla de Flandes' y cierta decepción con su carrera lo llevaron a volcarse totalmente a la escritura. Miembro de la Real Academia Española, es autor –entre otras– de 'Las aventuras del capitán Alatriste', 'El maestro de esgrima', 'La piel del tambor', 'La carta esférica', 'La Reina del Sur' (sobre la que se hizo una telenovela), 'El pintor de batallas', 'El tango de la Guardia Vieja' y 'El francotirador paciente', editada recientemente por Alfaguara.

Esta última novela es una historia ágil y callejera, que revela el submundo de los pintores de grafitis, esos “lobos nocturnos, cazadores clandestinos de muros y superficies”, obsesionados por dejar su nombre o una frase estampada en una pared de Madrid, Lisboa, Verona o Nápoles. Sobre esta última obra y sobre otros temas, como los héroes cansados y escépticos o la potencia de las series de TV como estructuras narrativas, Pérez-Reverte dialogó telefónicamente con 'Ñ' desde Madrid.

–Usted dijo que 'El francotirador paciente' se inspiró en razones personales. ¿Puede contar cuáles fueron?
–Bueno, estaba en Verona viendo el balcón de Julieta y se me ocurrió una parte de la trama que luego, viajando en tren a Roma, desarrollé viendo grafitis en las estaciones. Pero en realidad una novela siempre es un punto de estallido de un mundo que uno lleva consigo. Uno va acumulando cosas, recuerdos, lecturas, ideas, vivencias, y un día hay algo, una frase, una palabra, una música, una persona, una sensación, que dispara y aglutina ese mundo que uno lleva consigo. Y eso ocurrió esta vez.

–Cuando se habla de los grafiteros y de la obsesión por dejar su firma, también se podría pensar en los periodistas o escritores. ¿El grafitero es alguien que quiere ser leído de prepo?
–Ellos se llaman a sí mismos escritores, lo cual no es nada casual. Hay muchos tipos de grafitis, y es muy complejo ese mundo. Va desde lo que es la mera firma, el "tag", como lo llaman ellos, hasta la obra pictórica más compleja, que se mete en el terreno del arte urbano. Pero el grafitero puro y duro es aquel que se limita a poner su nombre, su firma, desarrollada de una forma más o menos compleja pero su firma. Es una forma de afirmarse. Yo he hablado con muchos de ellos, y la mayor parte me dice que no pretende ser artista ni mucho menos: “Yo sólo quiero firmar, poner mi nombre, afirmarme”. Uno de ellos, que no lee libros, me dijo “escribo y existo”, es una visión casi filosófica de la vida intuitiva: escriben para ser. Gente a menudo sin fama, sin nombre, sin trabajo, sin otras perspectivas, poniendo su nombre, ganándose el respeto de los que como ellos escriben en paredes, multiplicando su firma en trenes, en metros. En ese sentido, hay una conexión con lo que es el escritor, que también pretende afirmar en cierta forma su personalidad. O esa firma en primera página que todos perseguimos cuando éramos jóvenes, y que el día que la conseguíamos era un gran éxito, claro.

–¿Vincula de alguna forma la actividad de estos jóvenes grafiteros con la imposibilidad de llegar a ser alguien por medio del esfuerzo? ¿Tiene que ver con una percepción pesimista de la sociedad o no tiene nada que ver?
–Insisto en que el grafiti es muy complejo y en el curso del trabajo de investigación para esta novela he encontrado muchos tipos de grafiteros diferentes. Desde el vándalo que va a hacer daño, por el placer de destruir o de marcar, hasta el tipo tímido que poniendo su nombre realiza sueños de proyección, o el que quiere ser artista y empieza por ahí. Hay un montón de motivaciones diferentes, es imposible manejar un modelo común. Pero el que más me interesa es aquel que a través de su actividad grafitera grita de alguna manera, afirma de alguna manera y combate de alguna manera. He encontrado un tipo de grafitero que hace una especie de guerrilla urbana, hecha de adrenalina, de transgresión, de provocación, de lealtad entre compañeros, un grupo marginal con códigos y reglas internas. Y ahí es donde me he movido, es lo que más me ha interesado. Porque eso entra en el tema que trato en mi novela, esa ética, esa estética asumida como épica. Eso es justamente lo que me fascinó del grafiti, y he movido mi novela por ese sector específico.

–Usted habla de guerrilla urbana, pero parecería que toda esa organización de los grafiteros, -salir de noche, correr si llega la policía, vestirse de negro-, es una puesta en escena bastante clandestina para un hecho que, de ser descubierto, provocaría sólo una multa.
–Por eso seduce mucho a los jóvenes, entre otras cosas. El grafitero suele empezar muy joven y lo deja pronto, entre los 15 y los 20 años, que es el momento de más actividad, y es por eso precisamente. Yo cuando he estado con ellos, -en España, en Portugal y en Italia, intentando reunir material para contar ese mundo-, he descubierto con asombro cosas casi militares. Me ha recordado, -en inocuo, en no tan peligroso, por supuesto, pero sí en cuanto a las maneras-, escenas de mi vida como reportero, cuando uno estaba en territorio enemigo, "territorio comanche", como yo digo. Toda esa parafernalia que es casi militar, adrenalina, tensión, peligro, crea un mundo que a los jóvenes, que no tienen otras cosas ni otras emociones ni otras adrenalinas, los seduce bastante.

–Una actividad algo más emocionante que subir un mensaje a Twitter.
–Sí, uno de ellos me dijo: “Hay imbéciles que se tiran de un barranco o con una cuerda, o se tiran con unas alas por un desfiladero. Pues yo hago esto: yo pinto trenes de noche y me juego mi libertad y mi dinero, o el dinero que no tengo”. Es es una motivación tan buena como cualquiera.

–En 'La tabla de Flandes' y 'El pintor de batallas' aparece la discusión sobre qué es arte. ¿Retomó ahora ese tema?
–A mí el asunto del arte me interesa desde hace mucho tiempo. De hecho, mi segunda novela, 'La tabla de Flandes', hablaba de esto, así como 'El pintor de batallas' y algunos otros trabajos míos. El tema del arte moderno y antiguo me interesa bastante. Y siempre he sentido mucha curiosidad, como espectador, mirando tanto el arte clásico como el arte urbano, como el arte callejero, como aquel punto en el cual el grafiti linda con el arte callejero. Bueno, pues ahí hay varias preguntas que esta novela me permitía plantear. Quiero dejar en claro que yo no apruebo el grafiti, me parece vandalismo, y no estoy de acuerdo con él. Lo que pasa es que me fascina el mundo que hay abajo y ahí es donde he movido mis personajes. Dicho lo cual, debo decirle que hay algunas cosas que comprendo que no están desprovistas de sentido, cuando uno de ellos me decía: “Un político puede llenar las calles con carteles con su cara, una marca comercial puede llenar las calles con carteles de coches o de sujetadores de mujeres, y yo no puedo poner mi nombre. ¿Por qué un político es legal y yo soy ilegal?”. Bueno, no es una guerra que pretenda ganar, no es un combate por una victoria social, es una manera de desahogar, de volcar, de gritar, sin ningún objetivo concreto, porque el grafitero no quiere cambiar el mundo, quiere gritar “yo soy, yo estoy, yo existo”. Entonces, eso ofrece posibilidades muy interesantes para analizar lo que es el arte moderno, tan capturado, tan domesticado, tan secuestrado por marchantes sin escrúpulos, por galeristas esnobs y por artistas mediocres amparados por el sistema. Encontrarse con ellos, entonces, con la actividad dura, violenta del grafitero en la calle, crea unos contrastes muy interesantes que quería explotar con esta novela.

-'El francotirador paciente' le llevó menos tiempo que otras obras. ¿Es porque ya conocía los escenarios?
-Sí, hay novelas más complejas. Por ejemplo, 'La Reina del Sur', una novela sobre narcotráfico. Pasé dos años con narcotraficantes en México, en la frontera, en el sur, en el estrecho de Gibraltar, en Marruecos. Requería un trabajo de documentación previa muy complejo. Pero esta novela urbana, actual, corta, casi policíaca, tenía unas características que me permitieron resolverla con más rapidez. Me puse con ella y fue saliendo, fue saliendo… Y vi que la terminaba antes de lo previsto.

–Usted dijo que todas las obras de arte cuentan historias. ¿Un cuadro hiperabstracto también o hay obras cargadas de significado y otras que no?
–Bueno, hay un arte moderno absolutamente ficticio. En el arte moderno hay cosas muy buenas, evidentemente, pero el sistema tiene sacralizadas una serie de mediocridades a las que hace multimillonarias. Y le pongo un ejemplo concreto, el caso de Damien Hirst. Incluso entre los grafiteros, a artistas como Banksy lo consideran estafadores de categoría, desprecian profundamente a ese tipo de artista. Entonces, frente a todo eso, digamos que la actividad del grafitero que no persigue éxitos, ni exponer, ni galerías, que se conforma con salir a la calle, hacer su tapia y volver a su casa con los amigos a tomar unas cervezas, tiene unos aspectos casi románticos, digamos, dentro del vandalismo general, que lo hacen singularmente atractivo. Entonces, claro, uno debe aprobar la vaca muerta de Damien Hirst pero debe criticar a un chico que hace una pared maravillosamente bien hecha en la cual está volcando un montón de cosas que si uno mira las ve; no sé qué decirle. Por eso, para esta novela me planteaba una serie de preguntas que no intento responder sino plantear, porque al fin y al cabo yo sólo soy un novelista, cuento historias, no soy un artista, ni un sociólogo, mando una serie de preguntas e interrogantes.

–¿Cómo fue su decisión de abandonar la carrera de periodista?
–Fue después de la guerra de los Balcanes. Justo ahora han hecho 20 años que dejé de ser reportero. Fui reportero durante 21 años, trabajé en países en guerra, habitualmente, incluida la guerra de las Malvinas. Después de los Balcanes, mis novelas ya funcionaban bien, me daban libertad, me hacían económicamente independiente, y podía navegar con mi propio barco, que es lo que realmente me gusta. Así que decidí hace 20 años dejar el periodismo y dedicarme nada más que a escribir.

–¿Cómo funcionaba su creatividad cuando era escritor y periodista? ¿Hubo efectivamente un salto de calidad o productividad cuando se dedicó sólo a escribir, o la doble tarea funcionaba como un motor interesante?
–Bueno, yo era reportero de guerra, yo no estaba en una redacción habitualmente. Yo me iba a una guerra, estaba meses, volvía, estaba meses en Madrid, y volvía a otra guerra. Es decir, que entre guerra y guerra escribía. No tenía el contacto directo, diario, con la redacción, lo cual me permitía esa especie de esquizofrenia de dos vidas diferentes que fui compaginando sin ningún problema hasta que, bueno, un día decidí que ya no iba a hacerlo más. De todas formas, yo soy un escritor tardío -empecé a escribir con 38 años-, así que digamos que mi vida como escritor y periodista al mismo tiempo no fue demasiado larga. De todas formas, en mis novelas lo que hago es contar bajo el punto de vista, contar con la mirada –al fin y al cabo un escritor no es más que una mirada– con la mirada que me dejó mi vida como reportero. Mi sello, mis personajes, mis conflictos en todas mis novelas se nutren de la vida que durante esos 21 años llevé como reportero, lo que viví, lo que tengo en la memoria, mi álbum de fotos personales. Esta novela, 'El francotirador paciente', es en cierta forma una novela de guerra.

–Usted habló también de su decepción por la demanda de los medios, en la última guerra que cubrió, de difundir fotografías sensacionalistas, como si se tratara de un espectáculo.
–Sí, de hecho, hay dos libros que marcan eso. Uno es 'Territorio comanche', que es autobiográfico, es el libro con el cual me despido en el año 93 del periodismo, y 'El pintor de batallas', escrito diez años después, en el cual hago una especie de recorrido por la guerra a través del arte, o del arte a través de la guerra. Quizá sea mi libro más complejo, más amargo y más triste. Y ahí están también los motivos por los que dejé el periodismo. Yo era un reportero, un cazador de imágenes, un mercenario altamente cualificado, vivía bien, pero todo eso, por una parte, me iba causando una serie de estragos personales y, por otra parte, me iba causando una serie de decepciones sociales. Y a raíz de la guerra del Golfo, me refiero a la primera guerra del Golfo, y a la manipulación a la cual asistí, viví, sufrí y protagonicé en primera persona, como todos mis compañeros, y después a raíz de la guerra de Yugoslavia, fueron tres años en los cuales murieron 52 compañeros, algunos de los cuales eran amigos míos, y eso no valía absolutamente para nada. Occidente seguía mirando la televisión, el fútbol, y haciendo zapping entre el fútbol y los programas del corazón y del sexo, y los Balcanes eran un tema secundario. A raíz de todo eso comprendí que el oficio que había hecho no valía para nada, que ya tenía edad para hacer cosas mías, y navegar, y ser independiente, y que ningún espectador merecía que a mí me mataran en Sarajevo, y decidí que no me interesaba la profesión, que había perdido para mí toda razón de ser, que la aventura ya la había vivido y que la misión humanitaria o ética de un periodista no tenia ningún sentido en el mundo absurdo y puerco en el cual vivía. Así que, dije: "Dejo todo eso y me dedico a navegar y a escribir".

–¿Hubo algún detonante, alguna situación especial que aceleró la decisión?
–Yo desde el año 73 hasta el 94 viví todas las guerras, prácticamente todas las que hubo en ese período. Digamos que fue la acumulación, la transformación de esos años de vida, hasta que decidí que ya no era el chico que salía al mundo con una mochila, sino que era un veterano con cicatrices y mirada cansada, y que ya no creía en lo que estaba haciendo, y que contando novelas a lo mejor podía rentabilizar de alguna forma personal lo que esa vida me había dejado. Pero yo soy un escritor accidental, yo nunca quise ser novelista. Yo era lector, nací en una casa con una biblioteca grande, viajé a mi primera guerra con la mochila llena de libros, cuando vi Beirut o vi Sarajevo había leído bastante para reconocer ahí Troya, o sea que los libros que leí me sirvieron para interpretar el mundo en el que vivía. Era un reportero de guerra ilustrado, por decirlo de alguna forma. Y eso me dio un hilo, me dio un sustrato, un territorio hacia el cual me pude replegar después.

–Usted habla de héroes cansados, escépticos y marginales. ¿Es ése el tipo de héroe que cree que existe ahora?
–No sé si es el que existe o es el que a mí me interesa. Quizá por la vida que he llevado, porque yo también me siento cansado, no mucho más feliz que Héctor o Aquiles. El héroe de corazón puro, el clásico héroe inocente y bondadoso y bueno, y en el lado del bien luminoso de las historias clásicas, ya no funciona, ni en la realidad ni en la ficción. El hombre actual ha perdido su inocencia, su corazón es oscuro, es Ulises a la vuelta de Troya, con sangre en las uñas, en fin. Es un hombre que vaga buscando una Itaca que es muy difícil de encontrar, donde la mujer envejece, es decir, hay un montón de factores… Solamente lo reconoce su perro, y ese es el héroe que me interesa, quizá porque yo me siento más cerca de este héroe que del otro. Yo creo que el único héroe creíble es ese héroe cansado, Y dentro de ese héroe cansado precisamente está la mujer. En mis novelas, sobre todo en las últimas, gana importancia cada vez más el personaje femenino como protagonista, como voz conductora, porque quizás el hombre está muy agotado como guía narrativa, hay lugares a donde el hombre ya no puede llegar como protagonista, como punto de vista narrativo. Pero la mujer, que está haciendo frente a un mundo nuevo, que está enfrentada a desafíos nuevos, que ahora tiene una mirada nueva y fresca porque ha cambiado su viejo rol social y ahora hace otro, y se enfrenta a conflictos terribles, crudísimos y dificilísimos de resolver, la mujer proporciona una mirada, un recorrido narrativo, para llegar allí donde con el hombre no se puede llegar.

–¿Qué opinión tiene del auge de las series, de la relación entre las series actuales y los textos narrativos?
–Bueno, yo no veo televisión ni veo informativos, uso la televisión para ver películas y series, soy realmente un adicto a las series de TV. Mi tiempo libre, cuando no estoy navegando o escribiendo, estoy leyendo y viendo series o cine. En ese sentido, debo decir que yo creo que el talento creativo en este momento se está refugiando más que en la literatura en las series de TV. Yo creo que las series son, en este momento, el artefacto narrativo más interesante que existe en la cultura de la sociedad occidental. Series como 'House of Cards', 'Homeland', 'Los Soprano', 'Mad Men' o todas éstas, tienen tal cantidad de talento, de creatividad, de eficacia narrativa que de alguna forma desplazan el interés. Si es cierto que la literatura escrita en forma de novela está en cierta forma sentenciada por el mundo en que vivimos, yo creo que habrá grandes transformaciones en ese sentido y no para bien. Lo resumiría diciendo que si yo fuera un joven escritor con ambiciones me dedicaría a escribir historias para series de televisión más que novelas para ser publicadas en papel.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Sab Feb 01, 2014 10:45 am

Paredes pintadas en la otra Europa
Mauro Libertella - revistaenie.clarin.com - 31/01/2014

La nueva novela de Pérez-Reverte está narrada por una mujer. Ella trabaja como “scouter” [sic] para distintas editoriales europeas; su trabajo consiste, básicamente, en rastrear autores y libros prometedores, “alguien que frecuenta ferias internacionales de libros, hojea los suplementos literarios, toma el pulso a las listas de más vendidos, viaja en busca de novedades interesantes y cosas así”. Un detective, digamos.

Ese es el perfil de nuestra narradora, al que le encargan una tarea titánica: encontrar a Sniper, un grafitero famoso pero jamás visto por nadie y al que además lo buscan para matarlo personas de mucho dinero. Nuestra narradora hizo su tesis sobre el mundo del grafiti urbano, entonces parece ser la persona indicada para rastrear las motivaciones psicológicas que pueden llevar a Sniper a hacer una intervención urbana en algún punto específico de Europa en cualquier momento. Manos a la obra, entonces. La novela, suerte de thriller psicológico y de acción con ciertas reflexiones sobre el mundo del arte, discurrirá en geografías bien definidas: Lisboa, Nápoles, Madrid..., ciudades de la baja Europa, más asociadas a lo latino y vagamente marginales. En ese sentido, Pérez-Reverte estaría proponiendo una analogía evidente: el grafiti es un arte ilícito y clandestino, así que no vamos a encontrar al cerebro del grafiti en París o Londres sino en el submundo de Europa, en las ciudades de la decadencia o de lo popular.

Pensando quizá para un mercado globalizado (sabemos que Pérez-Reverte es uno de los escritores españoles más vendidos del mundo, si no el más), 'El francotirador paciente' ofrece pinceladas de lo que podríamos llamar un paisajismo turístico. Por ejemplo: “Los sábados por la noche el viejo Nápoles es un espectáculo fascinante. En el barrio español, treinta siglos de historia acumulada, pobreza endémica y ansias de vida desbordan una cuadrícula de vías angostas, callejones, ruinosas iglesias, imágenes de santos, ropa tendida y muros minados por la lepra del tiempo”. Otra zona central de la novela son las ideas del mundo del arte que despliega. ¿Es el arte callejero una práctica artística en el sentido institucional y académico del término? Esa es una de las preguntas dominantes del relato. Justamente, la narradora quiere encontrar a Sniper porque le tiene que hacer una propuesta: sacarlo de la clandestinidad y hacer que sus pinturas entren a jugar en el mercado grande del arte contemporáneo: el MOMA, la Tate Modern, Sotheby's, etc. Una pregunta implícita de la trama, entonces, será si Sniper, que es la cifra de la contracultura, la anarquía visual, los bajos fondos y la otra Europa, se vendrá al "mainstream".

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Siana
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Mensaje por Siana » Dom Feb 02, 2014 12:08 am

No es una noticia sobre la novela, pero es interesante:
http://elartedelahistoria.wordpress.com ... s-romanos/

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Mensaje por Ada » Lun Feb 03, 2014 10:47 am

2 de febrero de 2014
El Francotirador paciente: Arturo Pérez-Reverte

Debo confesar que Arturo Pérez Reverte es un autor que siempre abordo con aprehensión. Algunos de sus libros me han entusiasmado, otros por el contrario me han dejado indiferente y llego a pensar que están escritos con el único propósito de cubrir el expediente o sus compromisos editoriales.

Al leer la contraportada de su última novela “l francotirador paciente” he visto la palabra “grafiti” y al verla he decidido que debía leer el libro sin más demora. En efecto, hace un par de años, con ocasión de un viaje a Berlín descubrí junto a mi amiga Marisol, un universo de expresión artística en lo que hasta entonces, para mí, como para la mayoría de los sesudos ciudadanos no es más que vandalismo, suciedad, y quebraderos de cabeza y enormes gastos de limpieza para las arcas municipales.

Entre los múltiples “tours” que la ciudad ofrece hay uno particularmente chocante al que nos apuntamos: “Desarrollo del grafiti urbano en la ciudad de Berlín” Caminamos durante varias horas por la ciudad y fuimos descubriendo las particularidades de los ”tags” o simples firmas , los “stencils” o plantillas, los “collages” y loa diversidad de autores, algunos consagrados que pueblan ese mundo marginal que se expresa, provoca y se revela contra el orden establecido desafiando a la autoridad y desafiándose a sí mismos buscando los lugares más inaccesibles, o peligrosos para dejar sus rúbricas y sus “banners” multicolores.


Precisamente de todo eso trata el libro de Reverte y claro está, me ha entusiasmado. Yo diría casi que me encontraba en terreno conocido. Sin embargo no es una gran historia y el argumento es bastante lineal. Una especialista en arte urbano recibe el encargo de entrevistarse con uno de los grafiteros mas conocidos y más escurridizos” Alguien más y por diferente motivo trata también de dar con el artista callejero. Y la historia nos lleva en un periplo por Madrid, Lisboa y diversas ciudades de Italia como Verona, Roma y Nápoles. ( Sobre ésta última Pérez Reverte tiene algunas frases particularmente acertadas.) Pero ya estamos en la página 300 y hay que poner fin a la historia. Entonces, el autor, sin a penas previo aviso, saca el más desconcertante de los finales posibles. A nosotros de aceptarlo y de tratar de descubrir la lógica detrás de ese final o seguir rumiando la decepción.

De cualquier manera, y al margen de la intriga, hay suficientes alusiones, comentarios y reflexiones sobre el arte urbano, los grafitis, y el significado de las pintadas que afean nuestras ciudades como para que la novela merezca la pena.

El grafiti es el único arte vivo – sentenció -. Hoy con internet, unos pocos trazos de aerosol pueden convertirse en icono mundial a las tres horas de ser fotografiado en una suburbio de los ángeles o Nairobi. El grafiti e la obra de arte más honradas, porque quien la hace no la disfruta. No tiene la perversión del mercado. Es un disparo asocial que golpea en la médula. Y aunque más tarde el artista se acabe vendiendo, la obra hecha en la calle sigue allí y no se vende nunca. Se destruye tal vez, pero no se vende.
http://fedequiza.blogspot.com.es/2014/0 ... perez.html
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Mensaje por Rogorn » Mar Feb 04, 2014 12:16 am

Debo confesar que Arturo Pérez Reverte es un autor que siempre abordo con aprehensión

¿Es decir, que cuando lee a Reverte siempre coge (o agarra) algo o a alguien? :lol:

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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Feb 04, 2014 5:19 pm

El francotirador paciente
Sergio Sancor - librosyliteratura.es - 04/02/2014

Dice Keri Smith autora de libros sobre creatividad y arte, que el arte, su tipo de arte, sirve como creación para llegar a la destrucción. Quizá el arte consista en eso -o no, no soy experto en la materia-, pero lo que sí está claro es que el arte, de cualquier tipo, el que se ve a simple vista y el que sólo se intuye, sirve para desestructurar y para remover los cimientos sobre los que se había sustentado la civilización. ¿Somos, pues, hijos del arte propiamente dicho? Si uno camina por las calles que le abrigan durante gran parte del año podrá descubrir a su alrededor numerosas vistas que permanecen ocultas para una mente no demasiado despierta, u obtusa, si se prefiere llamarlo así. 'El francotirador paciente' es una historia de búsqueda, de investigación, pero también es una novela sobre el arte que por las calles se junta y difunde su mensaje, que va mucho más allá de la pura rebeldía y el estupor que produce en algunos ciudadanos que tienen poco de ciudadano y mucho de político sin escrúpulo. Dije al principio que para Keri Smith el arte es una forma de destrucción, y en el fondo creo que es cierto, porque como en esta novela, crear el arte, ese arte basado en aerosoles y productos varios, es una forma de expresión, de mensaje, que de otra forma permanecería silenciado.

Que Arturo Pérez-Reverte es uno de los escritores más polémicos de nuestro panorama literario es una obviedad como un templo. Sus declaraciones han quedado registradas en numerosos medios de comunicación y se repiten en tertulias y conversaciones con un café de por medio en numerosas ocasiones. Pero hablo de todo esto porque yo, aquí donde escribo, debo decir que no he leído nada del autor hasta la fecha. Un conocido me dijo que lo mejor de Reverte está en sus primeras novelas, que después bajó el pistón y se acomodó, y yo no puedo opinar porque no lo conozco. En cualquier caso, nos encontramos ante 'El francotirador paciente' con una historia que sobresale, sobre todo, por el análisis que los personajes, en realidad el escritor mismo, hacen del arte, de su implicación en nuestra sociedad, de lo que significa para algunos que se venden y otros que se muestran fuera de la ley, de una ley que, no hay que olvidar, no es igual para todos, menos todavía si eres pobre. El arte, como medio de expresión, es la gran baza que envuelve esta historia de vidas perdidas, de secretos que se acarrean como una mochila que pesara quintales, y de venganzas personales por la desesperación y la necesidad de encontrar culpables. Uno no puede opinar de una novela basándose en todas las anteriores, puesto que cada una es única, tiene su alma propia, y yo me encuentro ante un autor que no había visitado nunca y que me ha proporcionado las ganas suficientes para verme inmerso en otros títulos suyos. ¿Expectativas cumplidas? Ya lo creo que sí.

Ser escritor, al fin y al cabo una forma de transformar el arte en palabras, tiene que ser duro. El foco de la atención se centra sobre tu persona y cada imperfección sale amplificada por mil, tus errores serán más criticados y tus palabras, esas que conforman una historia como 'El francotirador paciente', que puede no ser redonda en sus continente pero sí en su contenido, serán miradas con la lupa de la crítica más abyecta de todas las que pueden encontrarse. Es curioso cómo, tras dar una vuelta por el mundo virtual, uno se encuentra con lecturas bastante superficiales de una novela como esta en la que Arturo Pérez-Reverte ha convertido el arte en el gran protagonista, creando una historia de ficción, cierto, pero que tiene mucho de realidad y mucha lectura entre líneas, que es la mejor que puede haber cuando se nos presenta una reflexión sobre por qué estamos aquí, para qué servimos, a quién servimos, y si estamos dispuesto a permitirlo. El mundo del grafiti es algo que desconocía, que se me presentaba de lejos, quizá tras una mirada furtiva a alguna pared o fachada transformada en otra cosa, no sé muy bien qué todavía, por la mano de una persona que quería plasmar algo en ella. Y descubrir, gracias a la mano de un escritor, que hay un mundo subterráneo mucho más interesante de lo que nos creíamos, sólo por eso, uno se siente satisfecho de llegar a la última página y de haber compartido, con el autor, un instante de su vida.

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Mensaje por Ada » Mié Feb 12, 2014 4:53 pm

La vida artística de los grafiteros según Arturo Pérez-Reverte

miércoles 12 de febrero de 2014 12:00 AM

Normalmente, el transeúnte mira con una mezcla de desdén, curiosidad y -quién sabe- admiración los grafitis, sin saber que detrás de ellos hay una historia urbana que puede llegar a ser compleja y que, mejor todavía, suscita las reflexiones estéticas más audaces y polémicas.

El escritor español Arturo Pérez-Reverte devela esa historia en El francotirador paciente (Alfaguara, 2013), su reciente novela, en la que Alejandra Varela, Lex, es comisionada para escribir sobre el polémico artista callejero Sniper, suerte de Banksy pero sin ser revelado y sin el halo museográfico y curatorial que rodea la fama artística.

Y he aquí las reflexiones de Pérez-Reverte en torno al arte: sus personajes dialogan y concluyen que el arte en el siglo XXI es un producto comercial más, ceñido a la voluntad y criterio de los galeristas y marchantes de arte, incapaces de tomar en cuenta las apreciaciones del genio creador. Por eso Sniper es escurridizo, no quiere ser expuesto en salones de arte, ni que lo vinculen con tendencias artísticas.

Así, para que las acciones de Sniper tengan resonancia, recluta a varios jóvenes grafiteros, a quienes convierte en suerte de soldados que hasta podrían perder la vida en esos menesteres, ya que cualquier acto artístico de un grafitero se considera vandálico en Europa.

Precisamente en la pérdida de vidas gira el thriller que caracteriza la novela: un chico muere y Sniper es responsabilizado por ello, así el grafitero es visto no solo como creador de arte, sino como cegador de vidas. ¿Podrá Lex finalmente dar con él?

http://www.eluniversal.com/arte-y-entre ... ez-reverte
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Ada
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Mensaje por Ada » Vie Feb 14, 2014 1:44 pm

El Sol Latino

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Dom Feb 16, 2014 10:01 am

En busca de la venganza del amor robado
Jaime Correas - diariouno.net.ar - 15/02/2014

Mi abuela Angéle recomendaba la lectura de muchas novelas para vivir varias vidas a la vez. Arturo Pérez-Reverte en cada nuevo libro hace posible que se cumpla el sortilegio. Suele llevarnos al Siglo de Oro español o a otros momentos lejanos en el tiempo, pero es raro que se pasee por los tiempos cercanos o por situaciones que tengan que ver con la actualidad.

'El francotirador paciente' (Alfaguara, 2013) es una excepción. Aunque el perfecto mecanismo novelesco está orientado a navegar las aguas de un viejo tema (la venganza o la justicia, como se lo quiera ver), el escenario es reciente: Europa asaltada por los grafiteros, esos enchastradores masivos entre cuya multitud se esconde una dinastía de ácratas artistas en busca de comunicar sus imposibles convicciones. Sniper es el artista robador de paredes blancas que está en la mira de otra francotiradora, Alejandra Varela, la especialista en arte urbano que con métodos de detective y periodista sale a la caza de su presa para hacerlo parte de un libro al cual él se niega.

La vertiginosa trama convoca toda la maestría narrativa del autor, puesta –como en un cuento policial perfecto– al servicio de ir mostrando el camino por el que una pieza difícil de atrapar marcha rumbo a su perdición o a su liberación definitiva. Y hay aquí un final inesperado. La novela es la historia de una fuga vital y a la vez la construcción de una pesquisa que permite vengar un amor arrancado. Mezcla de profunda reflexión sobre el arte actual y sus imposturas y de nueva puesta a punto del tema de la venganza –ya tratado con enorme acierto en 'El pintor de batallas'– 'El francotirador paciente' pone otra vez a un personaje femenino en primer plano. Alejandra Varela, la investigadora, se roba la acción en la búsqueda de los rastros evanescentes de Sniper. Por supuesto que también aparecen otras obsesiones de Pérez-Reverte y ahí están esos malos a más no poder, que reciben memorables palizas, y esos poderosos que quieren llevarse el mundo por delante con su riqueza a costa de los más débiles.

Vuelve a las librerías el mejor Pérez-Reverte, ese de la raza de los que hicieron recomendar a mi abuela leer novelas para vivir.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Feb 20, 2014 12:35 pm

Detenidos cuatro grafiteros por realizar pintadas en trenes de Cercanías
EFE - 20/02/2014

Fotografía capturada del vídeo facilitado por la Policía Nacional, en el que aparece el grafitero David S.E., detenido en 2013 por haber ocasionado daños de hasta 31.000 euros en las instalaciones de Metro de Madrid. Fue uno de los pioneros en utilizar el "palancazo" para realizar los grafitis en los vagones.

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La Policía ha detenido a cuatro jóvenes, entre ellos dos menores, que presuntamente realizaron durante un año y medio numerosos grafitis en vagones de diferentes líneas de cercanías de Madrid, con daños que podrían ascender a más de 62.000 euros. Según informa la Jefatura Superior de Policía, los detenidos empleaban el método del "palancazo", consistente en accionar el freno de emergencia de forma sorpresiva y violenta para, una vez detenido el tren, saltar a las vías para pintar el grafiti en todo el vagón. La investigación comenzó a finales de año de 2012, cuando los agentes tuvieron conocimiento de un aumento de pintadas en toda la red de cercanías de Madrid.

El modus operandi consistía en acceder a una estación prefijada donde subían al tren y en un punto previamente determinado del recorrido, de forma sorpresiva y violenta, accionaban el freno de emergencia del convoy sin importarles el posible daño que pudieran ocasionar a los usuarios que viajasen en ese momento. Una vez detenido, abrían y bloqueaban las puertas para saltar a las vías donde comenzaban a realizar los graffiti a lo largo de todo el vagón. Los arrestados gozaban de información detallada sobre las instalaciones, teniendo incluso planos y archivos en dispositivos digitales. Además, conocían a la perfección la red de cámaras de videovigilancia, por lo que procuraban actuar fuera de su alcance tapándose el rostro con gorros o bufandas para no ser reconocidos. En ocasiones mostraban una actitud violenta portando bates de beisbol o palos para amenazar a cualquier persona que les recriminase su acción, ya fuera usuaria del transporte público o los propios empleados.

La investigación ha sido llevada a cabo por agentes de la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana, perteneciente a la Jefatura Superior de Policía de Madrid.

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bowman
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Mensaje por bowman » Jue Feb 20, 2014 7:25 pm

Muuuuchas gracias ADita y Ro
Jodó sois la caña
<div>El último que apague la luz.</div>

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Ada
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Mensaje por Ada » Lun Feb 24, 2014 10:54 am

El Francotirador Paciente, el grafiti visto por Pérez-Reverte
Salimos de obras de misterio y terror para entrar en algo más "moderado" aprovechando uno de los últimos lanzamientos fuertes que ha habido en el mercado español de uno de los grandes autores en lengua castellana más leídos en la actualidad y que tuve el gusto de saludar personalmente en una de sus visitas promocionales a la ciudad (espero que no sea la última :) ).
Procede de la web de Alfaguara
Arturo Pérez-Reverte, escritor consagrado donde los haya, nació en Cartagena en 1951. Licenciado en periodismo, fue corresponsal de guerra entre 1973-1994. También trabajó en el diario Pueblo y en TVE, de la que se despidió tras quedar decepcionado por la politización de los medios y en la que presentó programas como Código Uno. Tras todos estos avatares y sobrevivir a tantos años cubriendo guerras, algo que marcó indudablemente su vida, se dedicó en exclusiva a la literatura... y todos ganamos a un gran escritor, quien tras 22 novelas no puede decirse que no haya sabido llegar a todo tipo de lectores. Algunas de estas obras incluso han sido trasladadas al cine, como "La Novena Puerta", adaptación de "El Club Dumas" o "Alatriste". Como colofón a los reconocimientos a su buen hacer, se ha convertido en parte de la Real Academia de la Lengua en junio de 2003 ocupando el sillón T. Sería imposible hacer una selección de las obras más conocidas de este afamado escritor, pues todas lo son. Desde "El Húsar" (1986) pasando por "El Maestro de Esgrima", "La Tabla de Flandes", "El Club Dumas", "La Sombra del Águila", "Territorio Comanche", "Un Asunto de Honor", "La Piel del Tambor", "La Carta Esférica", "La Reina del Sur", "Cabo Trafalgar", "El Pintor de Batallas", "Un Día de Cólera", "Ojos Azules", "El Asedio" o "El Tango de la Guardia Vieja" sin olvidar toda la serie de novelas del Capitán Alatriste, se puede apreciar dos grandes temáticas del autor: compromiso social y suspense y aventuras ambientados en diferentes momentos históricos.

En esta primera reseña dedicada a Pérez-Reverte, se habla de su última obra: El Francotirador Paciente. Esta novela está publicada por Alfaguara y cuenta con un total de 312 páginas numeradas. La portada refleja el título de la obra, o al menos en parte, sin dar ninguna pista sobre el contenido temático que no puede distar más de lo que en un inicio se puede pensar tan sólo leyendo el título.

En este caso Reverte no se marcha atrás en el tiempo, sino que aborda el mundo del grafiti actual tras varios años de documentación para escribir la novela. Todo gira en torno a la misteriosa figura de un grafitero que se hace llamar Sniper (francotirador en inglés), alguien radical dentro de un mundillo ya de por sí muy radical. Nadie sabe quién es, al menos no fuera de un selecto grupo de grafiteros que en alguna ocasión ha trabajado con él y que, de alguna forma, han decidido mantener el secreto por la lealtad y el respeto que les inspira. Esta actitud de Sniper le ha granjeado enemigos pues constantemente ha llamado a otros a secundar "acciones" cada vez más arriesgadas en las que ha habido bajas entre aquellos que se animaron a aceptar el reto. Una de esas ocasiones la víctima era el hijo de un conocido hombre de negocios, que puso precio a la cabeza de Sniper, por lo que el grafitero hubo de ser más cauto e incluso salir del país para evitar ser atrapado. Es en esta vorágine que Lex, una treintañera descubridora de talentos artísticos es contratada por un editor que quiere escribir un libro o incluso varios, centrados en la figura de este genial y controvertido artista, por lo que necesita que Lex le encuentre y le convenza para participar. Y así es como Lex se embarca en seguir las pistas que le lleven hasta Sniper viajando a través de varios países hasta culminar su viaje en Nápoles.

La historia es lineal, sencilla y fácil de leer, interesante como todas las que suele escribir Reverte y que contiene además esa faceta suya de denuncia social que siempre incluye en sus novelas y que tanto gusta. En este caso aborda el mundo del arte, el sometimiento al mercado frente a la lucha por mantenerse "puro", sin intromisiones y sin barreras que debe ser el arte: el poder de la creatividad frente al poder del dinero. A la par revela a la vista de todos los lectores un mundo completamente desconocido: el del grafiti, lo que se esconde detrás de las pintadas que aparecen constantemente en muros, puentes, etc. aparentemente sin un sentido claro para el que lo ve y es ajeno a todo aquello. A estos elementos de trama, se añade un final inesperado, que da un vuelco al resto de la historia y añade una recompensa más a leer el libro. El punto más flojo quizá sean los personajes, donde apenas tienen cabida los protagonistas y los demás quedan, en algunos casos, bastante desdibujados y anecdóticos, pero cumplen perfectamente en la historia. Por lo demás, se aprecia en las descripciones cierto lirismo, poesía, que caracteriza el estilo de Reverte. El libro es difícil de encasillar, dado que el suspense es muy escaso, salvo en ciertos momentos, por lo que me resulta complicado adjudicarle un género literario.

En resumen, es un libro interesante de leer, que puede que no sea el mejor que ha escrito (a mí me gusta más los del estilo "Tabla de Flandes"), pero que se deja leer y permite acercarse a aspectos sociales que no por más actuales son más conocidos, como los grafiti.
http://entrescyllaycharybdis.blogspot.c ... afiti.html
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Mensaje por Ada » Lun Mar 03, 2014 4:06 pm

http://www.bibliofiloenmascarado.com/20 ... z-reverte/


RESEÑA: El francotirador paciente, de Arturo Pérez-Reverte
28th Feb, 2014 por Jesús



Ficha técnica

Alejandra Varela, mas conocida entre su gente como Lex, es una experta en arte moderno que trabaja principalmente para editoriales como buscadora de autores y de libros interesantes, lo que en la jerga editorial se denomina “scout”. A sus treinta y cuatro años de edad y diez de profesión, ha conseguido hacerse con un nombre y una fama dentro de este mundillo.

Un día Lex recibirá una oferta muy sustanciosa de un renombrado empresario del mundo editorial. Consiste en localizar a “Sniper”, un experto graffitero, una leyenda dentro del arte urbano reverenciado por sus numerosos seguidores repartidos por todo el mundo, pero del que no se conoce ni su verdadera identidad ni su paradero. La idea es hacer dinero con él convirtiéndole en un artista comercial, algo que Sniper rechaza sistemáticamente y que va en contra de todos sus principios. Por tanto, Lex tiene una doble misión: primero localizarle y después convencerle, algo que ha priori parece imposible. Todo un reto para ella, o al menos eso es lo que parece.

Además, Sniper tiene puesto ”precio a su cabeza”. Un seguidor de su arte y filosofía ha muerto al intentar llevar a cabo uno de los difíciles retos que propone periódicamente este artista. El padre del fallecido, un acaudalado empresario, busca dar con su paradero para saldar las cuentas pendientes. Ambas búsquedas, como es de esperar, terminarán cruzándose entre sí.

En sus indagaciones, Alejandra Varela nos hará viajar por Madrid, Lisboa, Verona y Nápoles, e iremos conociendo más personajes, sobre todo del mundo del graffiti, con los que iremos aprendiendo qué hay detrás de esas “pintadas” y rúbricas sin aparente sentido para aquellos que, como yo, somos desconocedores de llamado arte urbano.

La novela nos sumerge de lleno en el mundo del graffiti y sus artistas. Para mi, ha sido todo un descubrimiento de este movimiento que se mueve entre la ilegalidad y la marginalidad. Está descrito con un profundo realismo que no dejará indiferente al lector profano en la materia. Todo un análisis sobre los motivos, razones y consecuencias del graffiti que invita al lector a la reflexión.

Aquellos que vivierais en Madrid a mediados o finales de los 80, en especial los que frecuentarais las zonas de Campamento y Aluche, recordaréis, incluso con cierta nostalgia, aquellas “pintadas” con la palabra “Muelle” que empezaron a proliferar por la zona y que poco a poco se fueron extendiendo por otros barrios de la capital. ¡Lo que dieron que hablar en aquel momento y lo populares que se hicieron!. En esta novela, Arturo Pérez-Reverte hace mención a Juan Carlos Argüello, el graffitero madrileño conocido por su firma “Muelle” que fue el pionero en España de este tipo de graffitis basados en una firma o rúbrica y que, posteriormente, dio lugar a un estilo denominado graffiti autóctono madrileño. Hoy en día, aún se puede ver una de esas pintadas, rúbricas, firmas, o como prefiráis llamarlas, en el centro de Madrid, en una pared medianera de la calle Montera.

Pero volvamos a la novela que es lo que ahora nos importa. Un buen argumento, interesante, aparentemente bien investigado, pero con un desarrollo algo simple para lo que nos tiene acostumbrados este autor. Escaso de intensidad, deja algún fleco suelto sin rematar, con algunos pasajes de credibilidad algo dudosa, y con unos personajes, aunque bien construidos, algo estereotipados. No se puede decir, ni mucho menos, que sea una de las mejores novelas de Pérez-Reverte, pero también es cierto que se ha puesto el listón muy alto.

No obstante, la novela entretiene, es de lectura rápida y fácil, lejos de esa prosa algo arcaica y quizás algo pedante de sus últimos libros, y termina con un golpe de efecto, un giro final concebido para sorprender que deja atónito al lector, un recurso muy vistoso que suele dejar un buen sabor de boca, y que, como en este caso, suele dar buenos resultados.
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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Mar 04, 2014 1:15 pm

EL FRANCOTIRADOR PACIENTE Arturo Pérez-Reverte
by Bernardo Muñoz • marzo 3, 2014 • 0 Comments

El Francotirador Paciente“Así que era eso, concluí. Treinta segundos sobre Tokio. La excitación intelectual, la tensión física, el desafío de tu propia seguridad, el miedo dominado por la voluntad, el control de sensaciones y emociones, la inmensa euforia de moverse en la noche, en el peligro, transgrediendo cuanto de ordenado el mundo establecía, o pretendía establecer” Arturo Pérez-Reverte El francotirador paciente.

El submundo del graffiti, sus derivaciones como contracultura y su difícil acomodo dentro del arte tradicional, podría dar material suficiente para elaborar un ensayo especializado o, en el mejor de los casos, un buen reportaje ilustrado que pasaría sin pena ni gloria en cualquier magazine dominical. Pero si a esta temática se le aplica el tamiz de Arturo Pérez-Reverte, el resultado lógico será El Francotirador Paciente, una historia con héroes solitarios, códigos de honor, matones tristes, vengadores temerarios, chulos ambiciosos y personas que entienden la vida según leyes propias sólo aplicables a sí mismos.

Lo cierto es que tras varias novelas de temática histórica -bastante desiguales a mi gusto- y un libro como El Tango de la Guardia Vieja, excelente pero bastante alejado del estilo habitual de Don Arturo, echaba de menos una obra como ésta: actual, directa, visceral y con un buen trasfondo. Salvando las distancias -Teresa Mendoza es mucha mujer- El Francotirador Paciente se sitúa por su concepción más cerda de La Reina del Sur que de El Pintor de Batallas.

Un aspecto remarcable de este libro es su concisión. Arturo Pérez-Reverte ha desvestido a la historia de todo adorno superfluo para centrarse en los personajes, en la trama y, sobre todo, en descubrirnos de forma muy didáctica algunas claves mínimas para entender la filosofía, el arte y la subversión que se esconden tras lo que se ha dado en llamar la cultura del grafitti.

Cual si de un exquisito plato de restaurante caro se tratrara, El Francotirador Paciente es una obra que se consume con auténtico placer; pero resulta tan breve que, antes incluso de digerirla, ya se ha acabado. Ello deja un buen sabor de boca y ganas de repetir. Sensaciones placenteras que se acaban imponiendo a otras menos gratas, como un final demasiado previsible para un autor especializado en rematar bien sus novelas.

http://elclubdelalectura.net/2014/03/03 ... z-reverte/
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Mar 04, 2014 8:26 pm

Comentario de Élmer Mendoza (no lo deja copiar)
http://www.eluniversalmas.com.mx/editor ... /69033.php

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aik
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Mensaje por aik » Mar Mar 04, 2014 8:50 pm

Rogorn escribió:Comentario de Élmer Mendoza (no lo deja copiar.

A mi sí. :P

Arturo Pérez-Reverte
Élmer Mendoza - eluniversalmas.com.mx - 04/03/2014

“El único arte posible tiene que ver con la estupidez humana”, afirma Sniper, el misterioso grafitero buscado por Lex Varela, una crítica de arte que se convierte en sagaz investigadora en 'El francotirador paciente', la novela de Arturo Pérez-Reverte, publicada por Alfaguara en octubre de 2013, que aborda el sorprendente universo del grafiti, esa poderosa manifestación de arte callejero presente en todas las ciudades y pueblos del mundo.

El grafiti es cultura, y las personas que lo practican son como sombras que dejan su huella sin aspirar a demasiado. No me extrañará que en cualquier año por venir, y sólo por joder, me cuenten o vea un placazo con el nombre de Arturo, que ha escrito una novela de respeto, apelando a toda su maestría, en que funcionan al menos dos canales que impresionan: el universo del grafiti con sus claras razones y su relación con el arte formal y los espacios tradicionales de exhibición: galerías, museos, programas de grafiti municipal, y el sentido de novela negra con que Varela sigue la pista de un personaje que se escabulle constantemente después de dejar su marca. Todo lo que un aerosol tiene de paraíso esta aquí. Arturo Pérez-Reverte, que nació en Cartagena, Murcia, España, en 1951, nos comparte un universo asombroso, no sólo por la aplicación invasiva de varias capas de pintura en lugares inesperados, sino por el sustento estético de un arte agresivo, con sentido político y social y sobre todo, como una forma de tomar los puntos prohibidos de una ciudad para manifestarse. Lex Varela, contratada por una editorial de arte, experta en arte callejero, recorre varias estaciones en búsqueda de Sniper, un artista de más de cuarenta años, a quién sigue una legión de jóvenes que se arriesgan no sólo a caer presos, sino a perder la vida por el sitio elegido para su intervención en algún muro, azotea, tren, metro o estatua emblemática de cualquier ciudad. Las calaveras de Posada están presentes como elemento de transgresión.

En su recorrido por España, Portugal e Italia, Lex Varela no va sola. Biscarrués, un poderoso hombre de negocios, busca también a Sniper, lo culpa de la muerte de su hijo que se desplomó de un alto edificio donde ponía su marca y quiere venganza. Dos personas la siguen. Varela las enfrenta, incluso acepta una invitación del millonario a cenar pero no está de acuerdo con denunciar al artista. Ella quiere fotografiar su obra para publicarla en un gran libro de arte y que Sniper lo apruebe y acepte exponer en famosas ciudades. Todos los grafiteros que conoce en el trayecto le advierten que es una locura, que el grafitero mayor no se rendirá ante la idea de comercializar sus creaciones, pero Lex es terca, y si eso es así quiere que se lo diga el mismo Sniper, que piensa que “El arte sólo sirve cuando tiene que ver con la vida”; y además afirma: “Si soy un artista y estoy en la calle, cualquier cosa que haga o incite a hacer será arte. El arte no es un producto, sino una actividad. Un paseo por la calle es más excitante que cualquier obra maestra”. Como se nota, hay una rebeldía desbocada pero tiene sentido. Los grafiteros también se llaman escritores y sus mensajes tienen el candor de la vida junto al sentido estético de una intervención que enriquece una pared o un costado del metro. La voz de los aerosoles es fuerte: “Somos pocos pero somos locos”, escriben los cholos mexicanos; “El que pecho abarca, loco aprieta”, los paraguayos.

Lex Varela es lesbiana. Su relación con el mundo del grafiti se enriqueció cuando investigaba para hacer su tesis de grado y conoció a una dulce chica que le gustaba la adrenalina de pintar la cortina de una tienda con la policía pisándole los talones. Una noche no alcanzó a escapar. En este recorrido la recuerda de vez en cuando y entiende que: “La excitación intelectual, la tensión física, el desafío a tu propia seguridad, el miedo dominado por la voluntad, el control de sensaciones y emociones, la inmensa euforia de moverse en la noche, en el peligro, transgrediendo cuanto de ordenado el mundo establecía, o pretendía establecer.” Es la esencia de este arte transgresivo y de las personas que lo crean; queda claro que: “Si es legal, no es grafiti.
Arturo es un escritor fascinado por el placer de narrar, sabe lo que significan horas y horas de trabajo y conoce el sabor de la incertidumbre; por eso trata todos los temas. Es un autor que sólo se compromete consigo mismo y con sus lectores, entre los que están aquellos que les gusta que les cuenten historias. Y si la historia implica investigación policiaca, el buen rato está garantizado, como en 'El francotirador paciente'.
"Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)

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Mensaje por Ada » Mié Mar 05, 2014 10:32 am

“El francotirador paciente”, de Arturo Pérez-Reverte [Literatura]

La más reciente novela de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, España, 25 de noviembre de 1951, El francotirador paciente (Editorial Alfaguara) es un thriller apasionante de continua persecución y asecho psicológico entre víctima y verdugo.

La historia trata sobre un encargo editorial que pone a Alejandra Varela, especialista en arte urbano, tras la pista de sniper, un reconocido artista del grafiti, promotor de acciones callejeras al límite de la legalidad –algunas de ellas con resultados fatales– del que casi nadie ha visto jamás el rostro no conoce el paradero (cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia). La búsqueda conducirá a la protagonista de Madrid a lisboa, y de ahí a Verona y Nápoles en su intento por descifrar cuál es el objetivo al que apunta la mira mortal del cazador solitario.

Como lo indican sus editores, El francotirador paciente es un formidable de inteligencias, un juego al límite cuando quedan cuentas pendientes.

Con gran acierto, Arturo Pérez-Reverte recrea una atmósfera policiaca desde la primera página, y que con maestría y humor, sostiene a lo largo de toda su obra, queriendo el lector conocer el enigma al tiempo que conoce datos detallados sobre el arte urbano.

La escritura de Arturo Pérez-Reverte es una escritura lúcida en la que sus personajes viven sumergidos en submundos, ya sea de estupefacientes, narcotráfico, asesinos, rivalidad, o bien enfrentamientos entre ellos para alcanzar cuotas de poder, el control de zonas y barrios.

Este mundo clavado en la realidad de muchos pueblos de Hispanoamérica es el combustible que este escritor español utiliza para expulsar los demonios que han invadido su territorio y que se empeñan en clausurar el paraíso de su tierra novelesca.

Un escritor único que se prepara para ser depositario de una de las antorchas más brillantes de las letras ibéricas.

El francotirador paciente, una obra inteligente, en la que podemos leer una de las mejores obras que Pérez-Reverte y el boom de las historias policiacas en Hispanoamérica han llegado a las librerías en los últimos años.

Jorge Iván Garduño / EfektoNoticias

@plumavertical / @EfektoNoticias
http://efektonoticias.com/cultura/el-fr ... literatura
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Mensaje por Ada » Mar Mar 11, 2014 9:08 am

El francotirador paciente

El francotirador paciente, Arturo Pérez-Reverte, Alfaguara, 2013
La nueva novela de Pérez-Reverte llegó a las librerías para Navidad, como el turrón. Es caballo ganador, lo sabe él, la editorial y quienes le leemos, pero eso no significa que acierte siempre.
La trama se centra en Sniper, un grafitero escurridizo y misterioso que a lo largo de varios años dedicándose a marcar las paredes de medio Madrid se ha granjeado fama y leyenda a partes iguales. Siempre alerta, alejado de la legalidad, sin intención de dar la cara, ni “oficializarse” y dejar de ser un “pintaparedes” para convertirse en artista, Sniper es el objetivo perfecto para los buscadores de pelotazos culturales.
Será Lex, Alejandra Varela, una experta en arte urbano, la encargada de tratar de encontrarle y ponerle en los morros una suculenta oferta de una editorial que le ofrece dinero, reconocimiento y protección sin miramientos. (Si se me permite ella es la verdadera protagonista del libro, sobre la que recae el peso y la que dirige la trama).
Y ahora es cuando dejáis de tenerle ganas porque el tema no os interesa nada. Ni a mí, ya lo sé, pero os prometo que engancha y consigue atraparte no con ansia pero al menos con curiosidad.
No voy a venir yo a descubrir el buen hacer del autor; su impecable uso del lenguaje; la sucesión de entrevistas del prota con personajes secundarios con la que construye el argumento; el trabajo de documentación... bla bla bla
Hasta aquí la pomada.
Porque si hay sacar un libro en una fecha se saca, si te comprometes con la editorial te comprometes, pero al menos remata la historia, ¿no? No dejes personajes colgados, no des un giro final que lo resuelve todo así como con prisa (aunque sea explosivo) y no tendrás que leer que tu última obra flojea y que supone un tropiezo en tu trayectoria. Vamos, digo yo. Porque eso es lo que me parece, que la historia no queda redonda, y mira que íbamos bien.
¿No será que la crítica directa al sector cultural, el manotazo a una sociedad vacía de ideales y vendida al dinero nos suena de cerca don Arturo? Ya nos lo decían en el cole... no es que esté mal, pero yo sé que tú lo puedes hacer mejor, así que te pongo un aprobado raspadillo para que a la próxima te esfuerces más, aunque tardes.
Leedlo y comentamos, que 300 páginas se las ventila uno en una tarde tonta.

Virginia
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Mensaje por Ada » Jue Mar 13, 2014 11:23 pm

Jueves, 13 de marzo de 2014

Grafiteros

Consuelo Polo

Hace unos meses, en un conocido diario leí una entrevista que el escritor y periodista Arturo Pérez Reverte hacía a un grupo de grafiteros. Me indignó el trato que les daba, considerándolos casi héroes que se jugaban la vida cada vez que trataban de pintar vagones del tren o metro en plena marcha. También hablaban de que sus pintadas son consideradas “arte urbano”.

[Img #8326]Me parece bien que quienes quieran demostrar tan horrendo “arte” lo hagan en salas para ese cometido o en su defecto en su casa, lo que es intolerable es que utilicen la propiedad privada o municipal para dar rienda suelta a ese vandalismo que tanto afea las ciudades. No respetan nada, pintan todo tipo de paredes, puertas de garajes, fachadas de tiendas, etc., sin tener en cuenta el gasto que supone tener que reparar sus desmanes.

Uno de esos días en que estábamos padeciendo la llamada “ciclogénesis explosiva”, llovía a cántaros con un viento que era más bien vendaval, pero yo tenía que sacar a mi perra a su paseo, era la hora, abro la puerta y me encuentro a cuatro individuos encapuchados pintarrajeando la valla de mi jardín y la del vecino. Salieron corriendo
tirando los botes de pintura, por lo que se ve aprovechaban el mal tiempo pensando que nadie asomaría por allí, como la valla de mi casa estaba cubierta de yedra, la podaron para poder pintar debajo. Hay que tener ganas o pasión por la faena para tomarse tanto trabajo en manchar las casas ajenas.

Paso por delante de una vivienda cercana a la mía reformada hace poco por una familia que se acaba de instalar, pensé ¡qué bonita la han dejado, qué color tan acertado!, pues ya casi no se le ve el color a la fachada, ya la han “decorado” los grafiteros. Los ayuntamientos ponen buenas multas si les pillan, pero nunca se les pilla porque lo hacen con nocturnidad y alevosía y es imposible controlar esto y cada día aparecen nuevas pintadas.
Es mucho dinero el que cuesta a los municipios limpiar estas pintadas sobre todo las de los vagones del metro y trenes y las del mobiliario urbano y qué decir de las fachadas de establecimientos que a veces son de mármol o piedra y necesitan de tratamiento específico que es muy caro.

A estos individuos irrespetuosos, gamberros, vándalos y con tan mal gusto no se les debería hacer entrevistas pues es animarles a seguir fastidiando al prójimo, se les debería considerar delincuentes ya que como tales obran. Cuando se enseña en los colegios deberían también dar clases de urbanidad y respeto por el medio ambiente, por la ciudad que habitamos y por la propiedad ajena para que las futuras generaciones no adquieran
esa nefasta afición.
http://cambio16.es/not/4836/grafiteros/
Consuela saber que nadie a quien amas se quema en lo que arde. http://adacaramelada.blogspot.com.es

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