'El francotirador paciente' (noticias sobre la novela)

Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Mar 13, 2014 11:49 pm

Otra que no se ha enterado de nada. Con toda esta basca, no me extraña que pase ya de Twitter. Y de no ser porque es parte del oficio, algún día incluso hasta de entrevistas y todo.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Vie Mar 21, 2014 9:07 am

Uruguay: Matar los muros
Brecha Digital - 21/03/2014

En su última novela, 'El francotirador paciente', el escritor español Arturo Pérez-Reverte construye una trama de suspenso cuyo centro es ocupado por un asunto poco usual en las tramas de suspenso. Una especialista en arte urbano, Alejandra Varela, es contratada para hallar a Sniper, un ubicuo cultor de ese tipo de arte que se ha convertido en toda una leyenda, tanto para los cientos de jóvenes que siguen su mismo camino expresivo como para astutos galeristas y dueños de editoriales que ven en su poder de convocatoria una oportunidad de inversión, en caso de poder domesticarlo. Como las novelas para adultos no tienen, como los libros para niños, ilustraciones sobre las historias en ellos sustentadas, no podemos hacernos una idea de qué es lo que hace tan grandioso, tan especial, tan único y magnético al arte de Sniper. Hay que creerle a Pérez-Reverte, y punto. El libro hace disquisiciones en torno al arte urbano, poniendo en el foco de discusión si es posible domarlo y hacerlo formar parte de aquello que esencialmente combate, esto es, el sistema de legitimación que lleva a las galerías, las publicaciones, los museos, la academia.

La novela transcurre por Madrid, Lisboa, Nápoles, Verona. En Montevideo, una invisible tropa de Snipers nativos ataca muros, zaguanes, vallas, cortinas metálicas, dibujando, escribiendo, dejando firmas, leyendas con intenciones poéticas o los usuales insultos de cuadro grande, como en una especie de concertado horror a la superficie despojada. Da para sospechar que cuando entraron por primera vez a la escuela, la vista del pizarrón aún vacío de letra de tiza, o el recién estrenado cuaderno completamente en blanco, les produjo un horror y un trauma inenarrables, que procuran hoy conjurar sobre soportes más sólidos -y ajenos-. No hay ni aparentemente habrá ninguna Alejandra Varela que los busque para aprovecharlos comercialmente, y tampoco medida municipal o policial que los desanime (si es que las hay). Observadores sagaces -incluso en Brecha- han podido descubrir en muchas de esas intervenciones rasgos verdaderamente interesantes, pero por uno de esos, digamos, murales, de manifiesta voluntad y habilidad estética y expresiva, son decenas y quizá cientos las superficies simplemente enchastradas. Un recorrido, a modo de ejemplo, por la calle Rodó, o por buena parte de los tramos de Rivera entre Soca y el cementerio del Buceo, es un paseo por la grafomanía más pesadillesca, instalada sobre resistentes revoques antiguos o recientes pinturas. La mugre de las calles, que siempre se acrecienta en otoño, parece así no conformarse con los suelos y trepa a la vertical. Quienes así caen bajo la piqueta fatal del spray no son sólo anodinas construcciones, comercios de medio pelo, casitas esforzadas -inútilmente- en guardar su dignidad. También esas obras de la arquitectura que deberíamos (res)guardar por su aporte de belleza y serenidad a ese escenario que llamamos ciudad son víctimas de ese agregado arbitrario y destructor. Pasar por la casa de Cravotto, en Sarmiento y al costado del puente sobre bulevar Artigas, da dolor de ojos. Nadie ha limpiado de sus nobles muros la pintarrajeada agresión. Para qué. Si mañana, seguro vendrá otra.

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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Mar 27, 2014 9:17 am

http://ytuqlees.blogspot.com.es/2014/03 ... perez.html

El francotirador paciente. Arturo Pérez Reverte

Tengo la sensación de que Arturo Pérez Reverte está en esa fase en que la que escribe sobre temas que le gustan, o sobre algo de lo que tiene muchas ganas de escribir y necesita plasmarlo sin importarle mucho los criterios editoriales y las críticas. Y creo que El francotirador paciente es una buena muestra de ello.

Arturo Pérez Reverte se sumerge en el mundo grafitero de la mano de Alejandra Varela, más conocida como Lex, una especialista en arte urbano, a la que un encargo editorial le pone tras la pista de Sniper, uno de los grafiteros más famosos del mundo pero del que se sabe muy poco, no se conoce su rostro ni dónde vive.
Madrid, Lisboa, Verona o Nápoles son lugares por donde Lex tendrá que moverse para poder dar con el paradero de Sniper. Lugares donde su firma con la mirilla de francotirador está en sus grafitis, pero del que nadie sabe nada o no lo quieren decir.

Reverte se mete en el mundo del grafiti de lleno, se nota que se ha documentado, que ha convivido con ellos, conoce su jerga, sus códigos. En definitiva se nota que ha disfrutado escribiendo esta novela. El mundo que nos presenta Reverte en esta novela no debe distar mucho de la realidad en los que se mueven los grafiteros, está repleto de héroes, de chivatos, de camaradería, de malos. ingredientes que no suelen faltar en las novelas de Reverte y con los que siempre se encuentra cómodo.

Nos encontramos con una novela en la que tal vez los personajes no sean muy profundos, pero donde Reverte aprovecha para hacer una crítica de la sociedad en la que vivimos, sin valores, donde los jóvenes sin esperanzas, sin estímulos, encuentran que rompiendo las normas establecidas es la única manera de sentirse realizados.
También encontramos una reflexión sobre lo que es arte y lo que no es. Por qué nos molesta un grafiti y sin embargo vemos normal que las paredes estén repletas de publicidad. Por qué para unos es arte callejero y para otros un acto de gamberrismo. En definitiva muchos aspectos en los que pensar.


Una novela con mucho ritmo, no deja de ser una persecución, una búsqueda en la que no habrá descanso, con un final inesperado para algunos, aunque algo se va intuyendo según avanzas la novela. A mí me ha gustado y mira que la empecé con cierto recelo. Yo que soy más del Reverte "histórico" puedo decir que es una lectura recomendable.
Al terminar sólo me queda la dua de quién es el francotirador paciente, Lex o Sniper.
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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Mar 27, 2014 12:14 pm

Un mal asunto de firmas
Josep Vicent Miralles - diarioinformacion.com - 27/03/2014

'El francotirador paciente' es una novela de Arturo Pérez-Reverte que parece escrita por un (mal) fan de Arturo Pérez-Reverte. Es decir, en ella están todos los elementos que han distinguido a un buen novelista durante muchos años. Están los personajes límite, están los viejos códigos de honor que obligan a vivir y a morir de una determinada manera, están los giros académicamente espaciados, está el cosmopolitismo, están los prolijos trabajos de investigación y documentación, la ciudad puesta en función literaria, las enfermedades de una sociedad, la verosimilitud de ciertos giros del habla... y sin embargo nada funciona. El conjunto final está muerto. Frío. Bajo cero. Es como si, en un juego de grafiteros, alguien le hubiese copiado la técnica con solvencia pero hubiese olvidado que la tramoya no es nada sin un hilo vital que la sostenga, sin una emoción que haga avanzar la trama y posibilite que al lector le importe lo más mínimo lo que le sucede al tal Sniper, a Alejandra Varela o a cualquiera de los personajes-maniquí que jalonan el relato.

Volvamos al principio. Si en Pérez-Reverte todo es trama, entonces vayamos a la trama: el mundo del grafiti está dominado por Sniper. Un misterioso autor crítico con el sistema político y con el mundo del arte como negocio, que actúa por diversas ciudades de Europa y cuenta con un nutrido grupo de seguidores que, como si se tratase de una hermandad secreta, ejecutan sus llamamientos desde la sombra ubicua de la red. Son actuaciones a caballo entre la performance artística y la guerrilla urbana. En una de esas acciones, sin embargo, muere Daniel Biscarrués, un joven cuyo padre, el temible empresario Lorenzo Biscarrués, pone precio a la cabeza de Sniper. Por otro lado, Alejandra Varela trabaja como scout literaria. Es decir, localiza a los autores más prometedores y los recluta para el mejor postor editorial. Alejandra Varela, Lex, recibe el encargo de encontrar a Sniper y conseguir que el escurridizo antisistema acepte una propuesta que lo traerá a los circuitos convencionales del arte a cambio de hacerle rico.

Y ya está. A partir de aquí empieza un juego del gato y el ratón que cuenta con sus esbirros embozados, sus confidentes, sus de oca a oca por diferentes ciudades, sus ¡oh, maldición! y que deja al lector una incómoda sensación de estar siendo manejado a desgana por un circuito que ya ha recorrido muchas veces antes. Todo parece forzado. Incluso las presuntas sorpresas. Los personajes no tienen vida propia, sino que se mueven al dictado de las necesidades de la trama. Valga como ejemplo la propia Alejandra Varela. Es, por decirlo pronto, Diego Alatriste. La sombra de la sombra de la sombra de Diego Alatriste. Es un apunte en word que no ha merecido mejor suerte.

Para los fans de Arturo Pérez-Reverte siempre quedarán otras novelas, otras buenas novelas, estas sí, escritas con intensidad, en que los personajes respiran, sudan y sangran sangre de verdad, en las que el peligro es real y el lector avanza con el estómago encogido por ciudades bombardeadas o por la cubierta de su barco favorito.

http://www.diarioinformacion.com/arte-l ... 84174.html
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Ada
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Mensaje por Ada » Vie Mar 28, 2014 1:32 pm

Si es legal, no es grafiti

Hace unos días salió en algunos medios de información la noticia de que alguien había intentado robar un Banksy de un muro de Nueva Orleans. Así es, alguien intentó robarse un muro porque en él había una obra de este reconocido artista del grafiti. Quizá suene increíble, pero no es la primera vez que sucede.

De hecho, varias de sus obras han sido subastadas en mercados de arte en Estados Unidos por miles de dólares, lo cual ha suscitado una serie de discusiones al rededor de lo que significa el arte, y si el grafiti, por ser una expresión ilegal sobre espacios públicos, debería o no ser considerado dentro de éste. Banksy, como otros grafiteros, se han convertido en leyendas del arte urbano, son ejemplo para jóvenes que se inician en el grafiti, pero también son targets (objetivos) de las galerías y subastadores de arte.

La más reciente novela de Arturo Pérez-Reverte, “El francotirador paciente”, trata sobre este mundo y sus diversas perspectivas e ideologías en torno al arte urbano. Su protagonista, Alejandra Varela, mejor conocida como Lex, es contratada por un fuerte grupo editorial para conseguir contacto con un grafitero que ha destacado tanto por sus obras como por los espacios en los que las realiza, algo que parece una serie de protestas que forman parte de un proyecto más grande; por lo que la editorial quiere realizar un catálogo con su obra, así como exposiciones. Este grafitero, de origen madrileño, responde al tag (firma) Sniper (francotirador) y como parte de su firma el punto de la “i” representa el visor de la mira telescópica de un arma.

Lex emprende entonces la tarea de investigar el paradero del tal Sniper, lo que la lleva a entrevistar a otros grafiteros, e incluso a policías, enemigos por naturaleza del arte urbano. Sin embargo, no todo es como pareciera y en un mundo regido por el dinero, más que por los ideales, los enemigos de los que hay que cuidarse tal vez no sean los vigilantes del orden, sino aquellos que están en los museos gestionando las obras de arte.

De este modo, Pérez-Reverte ilustra al lector sobre un mundo urbano y suburbano en el que viven los grafiteros, cómo comienzan algunos chicos en esto, hasta dónde son capaces de llegar y los motivos que los impulsan a expresarse a través de tags, en la mayoría de los casos, hasta expresiones más complejas y críticas de la sociedad. La novela describe este mundo que el lector casi huele, como lo hacen los grafiteros “hueles la pintura fresca que ha dejado otro escritor en la misma pared como si olieras su rastro, y te sientes parte de algo”. Son, finalmente, como el propio Pérez-Reverte, escritores que cuentan historias sobre los muros de las ciudades.

En esta pesquisa, Lex tiene que viajar por Europa, llegando a Italia, donde le han dicho que se encuentra Sniper. Lex sigue el rastro de Sniper por varias ciudades a través de sus contactos, pero también de sus obras, lo que genera en el lector suspenso, quien seguramente se preguntará si ¿encontrará a Sniper?, y si cuando lo encuentre ¿será capaz éste de “venderse” al arte? Él, la leyenda del grafiti.

“El francotirador paciente”, considerada un thriller, da perfectamente para ser llevada al cine. Pérez-Reverte sabe manejar el suspenso, y esto lo demuestra en algunos capítulos, no siendo así toda la novela. La leyenda de Sniper como alguien que se enfrenta a lo establecido –“Yo hago guerrilla urbana”, dice– , lo vuelve uno de esos personajes que están en la frontera entre ser un héroe y convertirse en una marca registrada, el Che de los grafiteros, pensando en el mercado.

Por último, cabe mencionar otro detalle no menos importante, no es la primera vez que México aparece en las novelas de Pérez-Reverte, baste recordar “La Reina del Sur”, una historia sobre narcotráfico que inicia en Culiacán y que, por cierto, se llevó a la televisión. En “El francotirador paciente”, el lector también encontrará algunas referencias de México, principalmente el homenaje que hace Sniper al grabador mexicano Guadalupe Posada añadiendo a sus grafitis, en vez de rostros humanos, calaveras.

Por Perla Holguín
http://www.mascultura.com.mx/recomendac ... orpaciente
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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Abr 01, 2014 11:00 am

lunes, 31 de marzo de 2014

ARTURO PÉREZ-REVERTE. GRAFITEROS.

El francotirador paciente
Arturo Pérez-Reverte
Alfaguara, Madrid, 2013

La novela El francotirador paciente dibuja épica en ese gesto juvenil, de supuesta disidencia y rebeldía, de sembrar las ciudades de grafitis, una expresión pictórica que conlleva, al mismo tiempo, vandalismo gamberro y tarea artística en un equilibrio imposible, generador de sentimientos contradictorios y continua sangría de recursos económicos municipales, por más que algunas inteligencias comprensivas vean en la escritura de grafitis una posición moral de acción y compromiso.
Pleno asentimiento: Arturo Pérez-Reverte es el principal referente de la novela histórica en nuestro país, tras crear el personaje del capitán Alatriste, ya convertido en arquetipo; además es miembro de la Real Academia de la Lengua y autor consagrado de más de una veintena de ficciones que goza de la mirada valorativa del mercado y que tiene una envidiable difusión en lejanos ámbitos lingüísticos.
En El francotirador paciente la acción se sitúa en la última década del siglo XX. Una historia plenamente contemporánea que define maneras periféricas de vida en una sociedad individualista y marginal, que busca en el uso de los aerosoles adrenalina y clandestinidad. Entre los que llenan la noche de pintadas en muros, cierres y vagones, el autor dibuja a su identidad central, un misterioso francotirador capaz de convertir la pintura fresca del spray en una propuesta artística sobre una tapia semiderruida. Ese grafitero se llama Sniper. Sobre él y su trabajo Alejandra Varela, experta en arte que dedicó la tesis doctoral al vuelo imaginativo y el vigor comunicativo del grafiti, recibe el encargo de elaborar un amplio catálogo que saque a la luz la obra dispersa de Sniper. Son pinturas inencontrables, sobre la superficie de muros azarosos, que pueden alcanzar, tras la realización de un catálogo y la consiguiente campaña publicitaria, una alta cotización entre aristocráticos galeristas, capaces de montar una retrospectiva en los mejores museos contemporáneos. La investigación de Alejandra Varela nos guía por un submundo que camina entre el delito y una filosofía vital hecha de encuentros con una realidad a trasmano de la brega diaria. Los practicantes parecen una secta que sigue las consignas de un líder y valora su innata rebeldía frente al sistema y su negación de poner un precio a sus trabajos, siempre en la diana complaciente de los mercados. Son impulsores de un arte ilegal que se mueve en itinerarios ajenos a los valores establecidos por el sedentarismo burgués. Como es habitual en el novelista y académico, Arturo Pérez Reverte profundiza al máximo en el contexto narrativo para alzar una trama convincente que, en muchos momentos, respira el aire de una novela negra, de ese sombrío discurrir del callejón. En él, un grafitero deja su tag junto a un cajero automático, o dibuja las chapas coloristas de un tren de cercanías. En el andén, lleno de esos ceños fruncidos que regresan a lo laborable, un rumor formula la eterna cuestión: “vándalos o artistas al margen ”. Vándalos, claro.
http://puentesdepapel56.blogspot.com.es ... teros.html
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Mensaje por Ada » Mié Abr 02, 2014 9:55 am

şi “Tangoul Vechii Gărzi”, al romancierului spaniol Arturo Perez-Reverte, ale cărui cărţi au fost traduse în peste patruzeci de ţări, tirajele însumate ale acestora ajungând la câteva milioane de exemplare – acestea sunt cele mai recente titluri apărute în colecţia „Biblioteca Polirom”, lansate în aceste zile.

„Pagini de un erotism surprinzător şi cu o doză serioasă de aventură”, nota “El País”.

În romanul lui Arturo Perez-Reverte, Max Costa are şaizeci şi patru de ani şi este şoferul unui doctor elveţian înstărit, ce trăieşte pe coasta Mediteranei, în Sorrento, în liniştiţii ani '60. Într-o zi, Max vede pe stradă o doamnă elegantă, mai în vârstă, care i se pare cunoscută.

Din acest moment, trecutul năvăleşte peste bătrânul şofer care, în perioada interbelică, fusese un rafinat şi viclean dansator monden în saloanele de lux ale înaltei societăţi. Femeia întâlnită seamănă cu o fostă iubită din tinereţea sa, Mecha, cu care, demult, în anii '20, fostul dansator colindase mahalalele din Buenos Aires în căutarea tangoului autentic, originar. Acum, după atâta timp de la ultima lor întâlnire, Max Costa decide să revină pentru ultima oară la vechile sale îndeletniciri, fără să ştie că riscă să reînvie o poveste de iubire dramatică şi că se va trezi implicat, la fel ca în trecut, într-o încâlcită poveste de spionaj şi interese politice, declanşata de o banală partidă de şah.

„«Tangoul Vechii Gărzi» e o demonstraţie magistrală a faptului că nu trebuie neapărat să ne identificăm cu eroii unui roman ca să ne prindem în jocul lui. Descoperim in acest mare roman fenomenala măiestrie a unuia dintre cei mai buni povestitori din literatura europeană, un as al întorsăturilor de situaţie, al enigmelor poliţiste, al meandrelor derutante create de poveştile sale de ură şi iubire.(“La Croix”)

„Erotism, viaţă autentică, dorinţe şi aventuri, toate povestite de Arturo Perez-Reverte într-o formă dintre cele mai atractive” (“La Vanguardia”).

„Un roman de maturitate, o carte rotundă, în care sunt vizibile toate marile calităţi ale autorului, cu o poveste ce curge fără momente de lâncezeală, mereu sub tensiune, şi un stil narativ de o concentrare maximă, plin de rigoare şi eleganţă.(“El Cultural”)

Romanul a apărut recent la Editura “Polirom”, în traducerea din spaniolă, semnată de Dan Munteanu Colan.

http://www.cotidianul.ro/lansari-de-car ... le-233361/
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Mensaje por aik » Mié Abr 02, 2014 10:16 am

Y yo aún diría más...pero no sé como... 8O
"Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)

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Ada
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Mensaje por Ada » Jue Abr 03, 2014 12:29 pm

La novela en ABC México, 4 de marzo de 2014

Imagen

La página la hace Elmer Mendoza, entre otros. Desconozco si el artículo es suyo. Ninguno viene firmado
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Mensaje por Ada » Jue Abr 10, 2014 10:21 am

"El francotirador paciente", de Arturo Pérez-Reverte

La cabra tira al monte, no hay duda. Y si la hay, pregúntenle a Arturo Pérez-Reverte, que, tras muchos años alejado de los conflictos bélicos que en otro tiempo cubrió como corresponsal de guerra, ha vuelto a sentir el batir de la sangre en sus sienes y ese gusto por la segregación masiva de adrenalina que sienten las personas de acción, involucrándose personalmente en otro conflicto con el fin de reunir documentación para su última novela, El francotirador paciente: el que mantienen los escritores de grafiti con las autoridades y con el mundo del arte, y que se parece mucho a una guerrilla urbana. No sé si puedo defender, como lo hace el académico en los medios de comunicación, ese argumento de que los grafiteros tienen derecho a llamarse escritores -supongo que sí, viendo que personas de menos talento escriben y publican a menudo desde la comodidad de sus blogs y otros espacios, sin jugarse la cabellera, y no dudan en considerarse como tales; pueden incluirme entre ellos, si les place-, y tampoco voy a entrar en el eterno debate que existe entre admiradores y detractores del escritor murciano, entre los que disfrutan de las lecturas sin prejuicios y los que condenan cualquier obra que huela a éxito de ventas; mi posición a ese respecto ha quedado bien clara muchas veces, tanto en esta malograda bitácora como en grupos de redes sociales dedicadas a linchar de manera cobarde y bajuna al autor de El capitán Alatriste, y sólo me limitaré a añadir, una vez más, que a mí las lecturas de Pérez-Reverte, por norma general, siempre me han reportado muchas y enormes satisfacciones. Eso sin mencionar que siempre aprendo alguna cosa leyéndolo y que, guste o no guste, nadie debería poder reprocharle que no se involucra en su trabajo hasta las últimas consecuencias, colocándose en primera línea de fuego para escribir los libros que a él le apetece escribir, mientras otros languidecen frente al teclado tratando de vendernos legajos infumables que nadie entiende, pero de los que todo el mundo se hace el entendido y el experto diciendo de ellos que son obras que hablan del sentido de la vida (con dos cojones), entre otras chorradas por el estilo.


Dicho esto, me resulta muy divertido imaginar a Pérez-Reverte, a sus años -con todos mis respetos y también mi envidia, porque estoy seguro de que goza de mejor forma física que la mía, siendo yo casi treinta años más joven-, pululando clandestinamente por las calles de Madrid, con nocturnidad y alevosía y spray de pintura en mano, junto a un grupo de grafiteros encapuchados, amén de que se hace extraño leer entre sus páginas nombres de bandas de música rap o alternativa como Beastie Boys o Cypress Hill; pero lo cierto es que esa ha sido la manera que el miembro de la RAE ha tenido de solventar sus dudas frente a este mundo fuera de la legalidad y poder plasmarlo con veracidad en su novela. Y no es de extrañar viniendo de un hombre que siempre ha sentido simpatía por los códigos de honor y el arrojo con que algunos delincuentes o personas fuera de la ley dan ejemplo a supuestos hombres de provecho, encorbatados, banqueros, políticos y un sinfín de hipócritas y atracadores extra oficiales. El resultado, a ese respecto, ha sido óptimo: el autor nos describe con todo lujo de detalles el mundo interno de los escritores de paredes, sus reglas, sus códigos, incluso las consecuencias que acarrea el jugársela para bombardear en unos minutos un vagón de tren o metro, o acceder a las zonas más peligrosas de un edificio o un puente para plasmar allí un tag, un dibujo o una denuncia social que no escape a la vista de nadie. También me ha resultado muy positivo el planteamiento general de la novela: una crítica bien construida acerca de los mercachifles y los caraduras que gobiernan las galerías de arte, mafias de galeristas incluidas, y de la que ya nos ofreciera algún rasgo en esa otra novela suya, magistral, El pintor de batallas.

Todo el mundo busca a Sniper, reputado artista que se ha ganado un nombre con letras de oro en el mundo del grafiti y promotor de acciones callejeras fuera de los límites de la legalidad, algunas con resultados fatales, organizadas desde las redes sociales y exhibidas después de cometidas en Youtube: lo buscan los medios de comunicación, que nunca han conseguido verle la cara; lo busca la policía, por los daños cometidos al patrimonio nacional; lo busca Biscarrúes, adinerado empresario y padre de un compañero suyo que murió al precipitarse desde lo alto de un famoso edificio madrileño mientras hacían una pintada, para vengarse por la muerte de su hijo; lo buscan las galerías de arte de más renombre de todo el mundo, para seducirle a exponer mediante ingentes cantidades de dinero; y, sobre todo, lo busca Alejandra Varela, protagonista de esta historia y especialista en arte urbano que es mandada tras su pista mediante un importante (y cuantioso) encargo editorial. Pero Sniper no se vende; esa convicción es la que lo diferencia de los mercachifles que se hacen llamar artistas, y para expresarla tiene una máxima: "Si es legal, no es grafiti." La búsqueda conducirá al lector desde Madrid a Lisboa, y desde allí a Verona y Nápoles, en una persecución que nos dará la perspectiva exacta desde la que apunta la mira telescópica -su feroz crítica a los cánones de cultura actuales- del francotirador paciente.


Hace ya algún tiempo -desde su novela histórica El asedio- que creo que a Pérez-Reverte se le están acabando los cartuchos con los que disparar, y aunque sus temáticas siempre resultan atractivas, y la lucidez y el conocimiento con que las aborda son intachables, da la impresión de que últimamente se repite un poco. Sin embargo, esta última novela suya me ha parecido mejor que la anterior, El tango de la guardia vieja -también reseñada en este blog-, y además debemos contar con que los mayores y mejores escritores de la historia, desde Stevenson a Steinbeck y saltándome un sinfín de nombres, siempre han tenido sus obsesiones, sus temas recurrentes, viniendo a demostrar eso que alguien dijo sobre que un escritor siempre anda escribiendo el mismo libro, una y otra vez, cosa con la que no puedo estar más de acuerdo. El resultado es un libro ameno, suficiente, que puede gustar a quien no se haya asomado antes a la bibliografía del autor murciano, pero que a los que llevamos muchos años siguiendo su trayectoria puede no parecernos tan satisfactorio. Se le perdona, revisitando las páginas de obras suyas como El club Dumas, La carta esférica, La Reina del Sur, El pintor de batallas o la serie magistral de novelas de nuestro espadachín más famoso, El capitán Alatriste.


Título: El francotirador paciente

Autor: Arturo Pérez-Reverte

Editorial: Alfaguara

ISBN: 978-84-204-1649-6

Nº de páginas: 301

http://adeshorasraulviso.blogspot.com.e ... rturo.html
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Mensaje por Ada » Vie Abr 18, 2014 3:12 pm

Banksy, el maestro del grafiti mundial, inspira novela
El Francotirador Anónimo es la más reciente novela de Arturo Pérez-Reverte. ¿Su tema? El mundo del arte callejero, del grafiti, y de personajes mundialmente famosos como Banksy.

En 2013 el popular escritor español Arturo Pérez-Reverte lanzó una novela que, como suele suceder con su obra, tiene mucho de reportaje. No en vano fue reportero y corresponsal de guerra durante 21 años, antes de dedicarse plenamente a la literatura. Ahora su novela “El francotirador paciente” se dedica a contar los usos -y los abusos- de los artistas callejeros. De esos jóvenes que enfundados en sus polerones con capucha y armados con tarros de pintura en aerosol pintan paredes con consignas y dibujos por lo general antisistema. De los grafiteros, que iluminan callejones y edificios desangelados con sus obras anónimas y fugaces. Y a veces, como sucede con el personaje misterioso del libro de Pérez-Reverte, atacan monumentos y edificios públicos, rebelándose contra el establishment, en acciones coordinadas equiparables a las de la guerrilla.

El escenario es Europa, las ciudades de Madrid, Lisboa, Verona y Nápoles; la protagonista es Lex, una experta historiadora del arte, especialista en arte urbano o callejero, lesbiana, para meterle más pelos a la sopa, y la trama se centra en su búsqueda de Sniper (o sea, francotirador, como se traduce esa palabra inglesa), un talentoso y anónimo grafitero, del que le han encargado hacer un libro y conseguir que exponga su obra huidiza y provocadora. A esto se agrega que el hijo adolescente de un magnate español ha caído desde un techo, mientras se sumaba a una convocatoria de Sniper y rayaba con su spray un monumento madrileño. El padre culpa a Sniper y ha jurado vengarse y para eso persigue a Alex, quien sabe cómo encontrarlo.

Muy entretenido todo e inspirado probablemente en Banksy, el Picasso del arte callejero mundial. Un inglés del que se tienen escasos datos: se supone que tiene 39 años, que nació cerca de Bristol, que podría llamarse Robin Banks o “robbing Banks” (“robando bancos” en inglés). Su trabajo, que se inició en los años 90, se funda en la técnica del stencil y es característico. Caminando por el Puente de Sidney nos asalta una niña que se desliza por la baranda de una escalera; es Banksy. En Bristol hay mucho de su huella y en las fotos de esta galería se puede apreciar qué es lo que hace este inglés del que se sabe tan poco y que hace unos días fue capturado por las cámaras de seguridad de un club nocturno en Bristol. Las cámaras lo registraron dando un último toque a una de sus últimas creaciones: “Mobile Lovers” (los amantes del celular), y las noches siguientes la gente atochó el lugar para apreciar la obra.

La prensa enloqueció al ver a Banksy con mameluco de obrero en plena acción, aunque, como siempre, su cara no pudo apreciarse en detalle. Tal como sucede con “El francotirador paciente”, la recomendable última novela de Arturo Pérez Reverte, publicada por Alfaguara.

Quienes quieran participar del sorteo de un ejemplar dejen aquí su comentario en la cuenta de Twitter @xitorrescautivo
http://vidayestilo.terra.com.ar/bansky- ... 0RCRD.html
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Sab Abr 26, 2014 9:16 am

“Los personajes de todas mis novelas son héroes marginales”
Entrevista con Silvina Friera - pagina12.com.ar - 26/04/2014

El cuchillo corta mejor cuanto más afilado está por el filo de la tragedia y la venganza. Arturo Pérez-Reverte –tan elegante y amable cuando saluda con un cálido apretón de manos– no parece un destripador serial del mundo del arte. Pero está tan entrenado y curtido en la esgrima verbal como en el campo de varias batallas que no cuesta mucho imaginarlo agazapado en una galería subterránea de la estación de metro y ferrocarril de Mergellina (Nápoles) –acaso sudando y maldiciendo ante la inminencia de que atrapen al “académico” con las manos en la masa– para zambullirse en la adrenalina del mundo clandestino de los grafiteros, donde hay que conquistar una reputación esculpida por el riesgo de poner literalmente el cuerpo. 'El francotirador paciente' (Alfaguara), novela que presentará hoy a las 16.30 en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, no es ajena al universo de héroes marginales revertianos. Sniper, el grafitero más famoso del arte urbano, a mitad de camino entre Banksy y Salman Rushdie, leyenda viva adorado por su credo –“si es legal, no es graffiti”– es buscado por Alejandra Varela, alias Lex, una historiadora de arte con intenciones que van más allá del intento de comprender el enigma y desenmascar al hombre que lanza sobre la ciudad “dudas como si fueran bombas”.

El escritor y académico español traza un modesto balance sobre un “empate técnico”. Obtuvo una victoria importante, pulseando en la Real Academia Española para lograr que se incorpore la palabra "grafiti" al diccionario. “El grafitero escribe su nombre, por lo tanto está firmando su existencia. Uno de los grafiteros me dijo: ‘Escribo, luego soy’. Que es como decir: ‘Pienso, luego existo’. ¡Coño, este tío no ha leído nada, pero está escribiendo su vida! ‘Me llamo Manolo y esta es la única forma que tengo de que sepáis que me llamo Manolo’. Eso tiene mucha más literatura que muchos de los escritores argentinos y españoles que conozco”, dice Pérez-Reverte a 'Página/12'. Pero perdió otra batalla: lograr que "grafitero" sea sinónimo de "escritor". “Yo creo que son escritores y que hay muchas cosas detrás de un nombre en una pared. Desde que escribí esta novela no veo igual las paredes. Es un problema del escritor, porque los temas que tocas luego no los ves de la misma manera.

–¿Por qué lo piensa como un problema?
–Si hablo del amor, no es lo mismo que si escribo sobre el amor. Esto me lleva a un análisis de piezas que luego ensamblas o no ensamblas. El problema es que una vez que desarmas un reloj lo que ves son las piezas, ya no ves la hora. Un relojero cuando ve un reloj, no ve la hora, ve el mecanismo. Cada novela que hago es un tema que dejo de mirar con inocencia. Y eso por una parte es bueno, pero por otra parte es triste.

–“Escribe rápido y vete” es la norma básica de seguridad de los grafiteros. Aunque quisiera, un novelista no puede escribir rápido. ¿Hay una sana envidia por el modo en que interviene el grafitero sobre las paredes?
–Sí, realmente es envidiable que uno pueda hacer su trabajo y marcharse en unos segundos. Ojalá pudiera hacer yo eso. Lo que más me gusta de una novela es imaginarla, es una fase en la cual estás documentándola, viajándola, soñándola, preparándola... Después, cuando ya te pones a escribir es terrible, ¿no? Si un día inventan un escáner de esos que se enchufan en la oreja y ya sale la novela escrita al ordenador, ese día dejaré de escribir. El acto mecánico de escribir cada vez me gusta menos.

–La novela tiene la intensidad de la leyenda que se construye en torno de Sniper. ¿Esta intensidad está dada por la clandestinidad y la ilegalidad?
–Yo quería trabajar con el concepto de grafiti, arte y calle, que no son lo mismo. Arte callejero no es grafiti. El grafiti es una variedad de la actuación callejera, pero no todo grafitero se considera artista. De hecho, muy pocos grafiteros reales, duros, se consideran artistas. El artista callejero es otra cosa. A Banksy lo desprecian mucho, dicen que es un artista domesticado por el sistema. La cuestión es que el mundo del arte actual es una mentira terrible desde hace mucho tiempo. Si no estás en el circuito de los marchantes, de los galeristas y de los periodistas de arte, no existes, por bueno que seas. Si eres un mediocre pero estás dentro, tienes a Damien Hirst, un gilipollas estafador. En la novela quería moverme por ese territorio ambiguo: dónde empieza el arte, dónde termina. Por qué un político que llena la calle con su cara el día de las elecciones es legal y por qué un tipo que dice “me llamo Manolo” no es legal. Yo no estoy a favor del grafiti, me parece vandalismo y debe ser perseguido y castigado legalmente. Pero es un mundo que tiene una épica y códigos muy interesantes.

–Esta novela conecta con zonas de su propia narrativa por el tipo de héroe que es el grafitero, ¿no?
–Sí, mis personajes en todas mis novelas son héroes marginales. Ya sea un maestro de esgrima, un cura que no cree en Dios, un narcotraficante o un bailarín de tango que se roba las mujeres guapas. Esta novela entra dentro de ese territorio, pero está escrita de otra manera, porque cada novela te pide una forma de contarla. Esta es una novela callejera, rápida, brutal, como el grafiti.

–No es menor la tensión que plantea la cuestión del arte “domesticado”. La lucha de todo artista parece deslizarse entre pertenecer o no pertenecer y quizás es aquí donde aparece el componente antisistema.
–Vamos a ver: el artista no tiene por qué ser antisistema. El arte oficial, consagrado, no es malo. Hay cosas muy buenas dentro de ese arte. El problema es que es un mundo cerrado, controlado por unos pocos. Si no hay mecenas, si no hay gente que compre y gaste dinero, no hay artistas, el artista no puede vivir. Como no hay novelistas si no hay lectores que compren libros. Si todo es pirata, pues no habrá novelistas. La cuestión es que, como todo en el mundo actual, el arte ha llegado a un punto en el cual media docena de personas en todo el mundo decide lo que es y no es arte. Entonces, lo que no entra en ese esquema domesticado no existe. Y el que se sale, desaparece. Esta especie de mafia del arte, esa apropiación indebida del arte por parte del dinero y el mercado, lo ha pervertido todo. Esa es la gran tragedia del arte moderno, y eso es lo que en cierta forma, de una manera lateral, planteo en la novela.

–La sensación al leer la novela es que hay un trabajo de campo. ¿Usted hizo el mismo recorrido por España, Portugal y Nápoles, se metió en los túneles y los lugares de 'El francotirador paciente'?
–Sí, lo suelo hacer en mis novelas. Los míos fueron viajes más complejos porque fui a más sitios y hablé con más gente. Es la parte más divertida: llegar a los sitios, documentarte, conocer cosas que no conocías, recuperar viejas costumbres... El grafitero vive en un mundo marginal, no es fácil entrar y ganarte su confianza. Pero si me he ganado la confianza de un guerrillero palestino, de un mafioso italiano o de un narcotraficante mexicano, ¿cómo no utilizar las mismas técnicas de infiltración?... Me acerco, tomo copas... Ese trabajo ha sido como cuando era reportero. Uso mis viejas técnicas de infiltración; en ese sentido me he sentido joven otra vez. He estado mucho con ellos, he salido con ellos de noche, no he pintado pero los he visto pintar, me he metido por cocheras de tren, de metro, he hecho amigos y nos vemos con frecuencia. Hay una cosa muy peligrosa de un novelista, que es escribir de lo que no sabe. Creo que hay demasiados novelistas escribiendo de lo que no saben. Creen que en Internet ya está todo. Hay demasiadas novelas escritas con Internet. Si hubiera un titular, sería ése. "Internet es aparentemente tan fácil que uno cree que lo tiene todo". Y nos olvidamos de que lo importante es la respiración, el calor, el sudor, el sentir al tipo que está a tu lado, tirado en el suelo escondido, esperando que pase el guardia. Tú estás a su lado, pensando: “Como pillen al académico con los grafiteros...”. Al mismo tiempo, estás pensando que es igual que con el soldado que estuviste en tal o cual guerra. Es igual, la misma situación, clandestino.

–Cuando estaba con el soldado, no tenía la trayectoria y reputación que tiene ahora.
–Pero me podían matar. Era peor. Prefiero la vida a la reputación (risas). Estar al lado de uno de ellos y que uno te diga “huele a trenes”, eso nunca te lo va a decir Internet. El olor de la grasa es como el olor de la felicidad. El estar con ellos me ha dado esa respiración.

–¿Sintió el peligro en algún momento?
–¿De que nos pillaran?... Claro. He sentido el peligro muchas veces en mi vida. Peligro es estar en Sarajevo, en Beirut, en El Salvador. Este peligro era "soft".

La espalda de Pérez-Reverte se encorva como si buscara expresar el pequeño gran teatro del mundo que implica estar cuerpo a tierra y reptar en la oscuridad de una vía de tren. El umbral de ese peligro evocado necesita del acompañamiento gestual. Una historia se narra también con el cuerpo.

–Sniper no se hace responsable por las muertes que ocurren a partir de las convocatorias que hace. ¿El grafiti es quizás un arte extremadamente individualista?
–¿Qué responsabilidad siente el tipo que pone una bomba en un centro comercial y mata a 50 personas? Nada. Eso es justamente lo que hace al personaje interesante. Cuando quise escribir la novela, Sniper era un héroe. Lo era en mi cabeza. Es una novela que ha sido escrita muy al compás de mi avance por ella. He escrito novelas que las tenía todas planificadas, pero esta vez ha sido una novela de progresión. De pronto me di cuenta de que el héroe que había concebido era un hijo de puta terrorista. Me di cuenta a mitad de la novela. Sniper es un terrorista y eso anula la responsabilidad y el remordimiento. Yo iba por la novela despacio, con cautela, con los miedos normales de un territorio que estaba conociendo. Cuando supe que era un terrorista, fue más fácil porque he conocido a terroristas. Sé cuáles son sus sentimientos, me los han contado. Estaba escribiendo una novela sobre otro de los tantos héroes revertianos, una novela que habla de venganza y de remordimiento.

–Sniper plantea que sólo la tragedia dignifica al arte. La cuestión que se puede leer entre líneas es si no se está postulando en 'El francotirador paciente', en un sentido más profundo, volver a la tragedia como género. ¿Coincide?
–Absolutamente. Es una consideración muy interesante. El ser humano ha olvidado la tragedia. Ahora o hacemos comedia o una grotesca parodia de tragedia de buen rollo, de tragedia pasada por ONG. La tragedia te enfrenta al ser humano como hijo de puta de verdad. ¿Qué te dice la ONG?... A este pobre niño soldado le han puesto un machete en la mano. Que el atracador atraca porque tiene hambre y la sociedad lo ha maltratado. Que los tiburones hay que mantenerlos vivos. El tiburón es un hijo de puta y el ser humano es tan hijo de puta como el tiburón; pero hemos olvidado eso que en Shakespeare está tan claro, que en la gran literatura del siglo XIX está tan claro. Vivimos en un mundo de color de rosa en el cual hemos decidido que la maldad no existe. Existen perturbaciones sociales, pero la hijoputez del ser humano no existe. Hemos sacado la palabra "tragedia" de nuestras vidas. Yo reivindico la tragedia como vínculo de lucidez con la realidad. El hombre que olvida que la tragedia existe se queda indefenso. Se queda a merced de los idiotas y de los malos. Es una novela que reivindica la tragedia. Después de 'El pintor de batallas' y 'Territorio comanche' ya no hago más que repetirme (risas).

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Ada
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Mensaje por Ada » Lun Abr 28, 2014 12:16 pm

OLOR A GLORIA URBANA

Oscilando entre el megabestseller y las novelas en las que funde documento periodístico y narrativa de calidad, Arturo Pérez-Reverte siempre se las ingenia para ser interesante, política y literariamente. En El francotirador paciente se sumerge en el mundo de los graffiteros de la calle, otra vez entre el testimonio y el gran arte, entre lo bajo y lo alto de la alta cultura con la consigna de que “si es legal, no es graffiti”.

Por Juan Pablo Bertazza

Una forma de insinuar la figura en el tapiz del último libro de Arturo Pérez-Reverte sería la siguiente: una novela sobre el graffiti, escrita en el interior del universo de una de las expresiones artísticas más anárquicas que quedan por parte de un miembro de la Real Academia Española, que ocupa el sillón T de la venerable institución desde el año 2003. Sin embargo, esto también sería insuficiente. Ya en la década del ‘90, Arturo Pérez-Reverte tenía un programa nocturno de radio llamado La ley de la calle, donde daba voz a marginales de toda índole y diversos ámbitos, un programa de culto que terminó cerrando sin muchas explicaciones el director de la radio nacional española, Jordi García Candau, a quien Pérez-Reverte terminaría deseando, literalmente, que “os den morcilla”.

Por todo eso, la última novela de Pérez-Reverte no implica una novedad sino más bien un gran transformador que cataliza y actualiza parte de su obra narrativa y trae a cuento gran parte de su pasado: su experiencia como corresponsal de guerra en conflictos como la guerra del Golfo, el Líbano y hasta la guerra de Malvinas (plasmada luego en su libro Territorio comanche), y la escritura, por ejemplo, de La reina del sur acerca de la narcotraficante Teresa Mendoza, para lo cual el escritor español vivió una temporada en el infierno del cartel de Sinaloa.

En todo caso, lo más interesante de El francotirador paciente, la novela en cuestión, es su imperturbable ambigüedad, su falta de definición ante la legitimidad o no (a esta altura obsoleta, por supuesto) del arte del graffiti, un arte callejero, urgente y salvaje, que opone su autenticidad a la estéril arbitrariedad de las galerías de arte: “...olía a pintura fresca, a escritura en condiciones. Para ellos, el mejor olor del mundo. Olor a gloria urbana, a libertad ilegal, a fama dentro del anonimato”.

Más que una apología del graffiti, El francotirador paciente constituye, con su oxímoron del título y todo, una violenta paliza contra el arte convencional, una propuesta muy semejante a la de la última novela de Michel Houellebecq, El mapa y el territorio, que lo hizo merecedor del Premio Goncourt, y donde Jed Martin, un mediocre pintor y fotógrafo, se convertía en un aclamado artista gracias a su obsesión por los mapas Michelin y un imprevisible golpe de suerte.

“El arte sólo existe para despertarnos los sentidos y la inteligencia, el arte no es un producto sino una actividad, un paseo por la calle es más excitante que cualquier obra maestra”, dice Sniper, protagonista de esta novela a quien Pérez-Reverte ubica entre Banksy y Salman Rushdie, un graffitero madrileño tan célebre como mítico que a manera de hormonas sintéticas, alimenta artificialmente su obra con una multitud de enigmas: los pocos que pudieron verle la cara mantienen con él una lealtad absoluta, aunque alguno sospeche un poco de las verdaderas intenciones artísticas de este artista, terrorista según algunos que, cuanto más parece incrementarse el interés y, por supuesto el valor de sus obras, más se repliega sobre sí mismo.

El francotirador paciente. Arturo Pérez-Reverte Alfaguara 302 páginas
Claro que, a lo largo de su combativo itinerario artístico, Sniper no sólo va acumulando aerosol, códigos urbanos, aplausos manchados de pintura y lugares imposibles para estampar su inconfundible firma –pozos, terrazas, vagones de tren y de subte– sino también algunos incidentes por lo menos sospechosos que incluyen la ¿muerte? del hijo de un millonario dispuesto a todo con tal de atraparlo y arrancarle la máscara de su célebre anonimato.

Al igual que sucedía en La reina del sur (cuya versión de novela, pese a no gozar de buen rating en Canal 9, fue el puntapié inicial para el auge de la temática narconovelística en nuestro país), alguien se propone trascender todos los obstáculos para encontrar, como sea, a un personaje que se confunde con su propia leyenda.

En La reina del sur era el propio Pérez-Reverte quien accedía luego de mucho esfuerzo a Teresa Mendoza para encararla y plantearle que le quedaban dudas acerca de un episodio fundamental de su vida. En El francotirador paciente será Alejandra Varela, una especialista en arte urbano con algunos aires de Lisbeth Salander, quien aborde la misión imposible de dar con el paradero de Sniper, en primer lugar, y luego convencerlo de participar en un muy jugoso proyecto editorial, algo que entra en franca colisión con su inclaudicable bandera artística, que reza “Si es legal, no es graffiti”.

En cuanto a su calidad literaria, El francotirador paciente podría ubicarse entre el tono comercial de El capitán Alatriste, megabestseller con versión cinematográfica protagonizada por Viggo Mortensen que consagró a su autor y lo convirtió en el escritor español más leído del mundo, y la notable La reina del sur, cuyo importante valor documental queda incluso relegado por la calidad literaria del libro.

Con algunos problemas menores (da la impresión de que la novela terminó de escribirse en forma abrupta y la conducta de Sniper se vuelve, por momentos, bastante inverosímil), lo más sólido de El francotirador paciente es, paradójicamente, la sensación de incertidumbre que deja el libro, no ya sólo en aspectos relacionados con el mercado del arte y el arte del graffiti sino directamente acerca de lo que significa el ser humano: lo que implica conocer a una persona o, mejor dicho, el hecho de nunca terminar de conocerla. Algo que explicó el propio Pérez-Reverte en una de sus columnas periodísticas acerca de la guerra de Malvinas, en referencia al trato cordial que le dispensaban mucho de los militares que, se enteraría luego, escondían tras esa amabilidad su condición de crueles torturadores: “... en la vida el malo no lleva la M de malo puesta en la frente”

http://www.pagina12.com.ar/diario/suple ... 04-28.html
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Ada
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Mensaje por Ada » Lun Abr 28, 2014 1:15 pm

En Tiempo Argentino

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Mensaje por Ada » Mar Abr 29, 2014 8:49 am

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Dom May 04, 2014 10:53 am

“El momento intelectualmente potente de Occidente ha terminado”
Entrevista con Dolores Caviglia - lagaceta.com.ar - 04/05/2014

El escritor español más leído del mundo participa de la Feria del Libro. Aquí habla sobre su nueva novela, cuenta cómo se inmiscuyó en el mundo clandestino de los grafiteros y de qué modo usó lo que aprendió como cronista de guerra para conseguir una buena historia. También se expresa, con escepticismo, sobre el presente y el futuro: “Soy un novelista que cuenta el crepúsculo de un mundo”.

Hacía tiempo que Arturo Pérez-Reverte no se sentía así. Desde sus años como corresponsal de guerra en Malvinas, El Salvador, Nicaragua, Libia y Sudán, su corazón no latía tan rápido, sus manos no le sudaban, sus venas no transportaban tanta adrenalina. Y es que para escribir su última novela, se metió en el mundo de los grafiteros, trasnochó para escuchar los aerosoles en movimiento, para oler pintura fresca en las paredes, para correr cuando algún guardia se asomaba y lo ponía todo en peligro. 'El francotirador paciente' es un thriller que narra los contratiempos que debe atravesar una especialista en arte urbano para cumplir con un encargo editorial: un libro que reflexiona y profundiza en las razones de los “guerrilleros urbanos” para desafiar al sistema.

-¿Por qué elegiste escribir sobre el grafiti?
-Bueno, yo no simpatizo con los grafiteros; de hecho, pienso que es un acto vandálico que debe ser perseguido legalmente y castigado. Creo que afea las ciudades y que es, a menudo, un atentado contra un montón de cosas que se deben respetar. El arte callejero, si se hace en lugares abandonados, me parece perfecto. Pero yo soy novelista, entonces mi novela no intenta juzgar ni sacar conclusiones morales; yo planteo un conflicto y lo muevo. Las conclusiones éticas las pueden sacar los lectores, no yo. Tras un año viviendo con grafiteros en Italia, Portugal, España, se han creado lazos; soy amigo de algunos. Insisto, aunque no comparto su actividad, sí puedo comprender los motivos que los llevan a hacerlo. Sin embargo, es interesante entender que quien escribe su nombre en la pared no hace sólo un hecho vandálico: está diciendo “me llamo Manuel o Luisa, y existo, soy”. Es un acto de escritura tan legítimo como el que hago yo. Esta novela la escribí para comprender qué hay detrás de cada firma.

-¿Cuánto sumaron tus experiencias en guerra para escribir 'El francotirador paciente'?
-He cubierto todas las guerras de los años 70 y los 80, y conocí francotiradores en muchas de ellas. El concepto era interesante porque los que conocí tiraban indiscriminadamente, tenían una frialdad técnica impresionante. Entonces, decidí que esa idea de frialdad, del hombre que dispara contra algo -en esta novela, contra la sociedad y el arte- era la que quería que prime. Un buen francotirador no puede ser pasional. Justamente su distancia respecto de la víctima es lo que lo hace bueno. Con esa idea que viene de las guerras construí la esencia técnica del protagonista.

-¿De qué trata la novela? ¿Qué es lo que relata?
-Yo siempre cuento la misma historia. Creo que todo novelista coherente lo hace. Voy cambiando los mecanismos narrativos y los momentos, y entonces cada novela es distinta en lo formal, si no el lector se aburriría. Siempre cuento la historia de un mundo que se apaga, de este Occidente que se va al diablo desde hace muchísimo tiempo. Y de la melancólica mirada lúcida de quien es consciente de eso. Mis héroes son siempre héroes fatigados en un mundo que se apaga. Y hay dos formas de asistir a este mundo: o resignarse civilizadamente o vengarse. A veces mis héroes se resignan, como en 'El maestro de esgrima' o en 'El tango de la Guardia Vieja'; y a veces, como en este caso, matan, se vengan, son terroristas sociales. Mis novelas en su mayoría son la epopeya íntima, pequeña, modesta, personal del peón del tablero de ajedrez que sabe que la partida no se va a ganar. Y, además, yo hablo sobre el presente. Todas mis novelas transcurren en diferentes lugares y tiempos pero hablan del ahora, del final de este mundo que estamos asistiendo. Lo que pasa es que contar la tragedia del héroe moderno con teléfonos móviles o con políticos como los de España o Argentina, con la vulgaridad y la incultura, no es interesante. El presente es demasiado vulgar narrativamente. Yo juego el truco de hablar del presente desde el pasado. Porque esto se ha acabado: Argentina nunca va a volver a ser tan buena como hace años atrás, tampoco España. El momento moralmente brillante, intelectualmente potente de Occidente ha terminado: ya no hay Dantes, Virgilios, De Gaulles, García Márquez ni Dostoievskis. Se acabó, estamos viendo el final y mis novelas cuentan ese final; yo soy un novelista que cuenta el crepúsculo de un mundo.

-¿Cómo fue que te acercaste a los grafiteros para la investigación de la novela?
-Yo tengo una ventaja grande: soy novelista, pero no he olvidado lo que fui, al reportero que se ganó la vida con una mochila en medio de la guerra durante 20 años. Conservo las técnicas de infiltración que me permitieron convencer a un palestino de que no me matara y me dejara trabajar con él. Eso me permite convencer a la gente. Lo hice con los narcos en Sinaloa. Bueno, con grafiteros fue menos difícil. Entré, pagué muchas cervezas, escuché música que no me interesa y nunca intenté parecer colega. Les expliqué que quería hacer una novela y hacerla bien, comprendiendo. Fui con ellos, me vestí de negro, cortamos alambrados, nos metimos en estaciones, pasaron guardias... Fue como volver otra vez a la Guerra, pero sin pistolas, de manera simpática. Verlos fue fascinante, cómo preparaban las operaciones como si fuesen militares, con mapas. Eso me permitió entender que hay un factor importante: la adrenalina. “Esto es un deporte de riesgo”, me dijo una vez uno.

-¿Qué dice el movimiento del grafiti sobre la sociedad actual?
-Grafitis hubo siempre. Como forma de protesta existió siempre, desde la era medieval. Pero en la sociedad moderna, el grafiti se ha convertido en un elemento que va más allá de la simple constancia de paso. Voy a intentar resumirlo con una frase que me dijo uno de los grafiteros con los que estuve: “una sociedad en la cual llenan las paredes con sujetadores de mujer, con caras de políticos corruptos sonrientes a los que votar y donde no se puede afirmar en la pared un nombre es siniestra, estúpida”. Y realmente pensé: "Tiene razón". Entonces el grafiti se vuelve un arma no para mejorar, no para cambiar, sino para vengarse, para desahogar esa rabia, esa soledad, ese anonimato, esa marginación que la sociedad actual impone a algunos. El grafiti se da en todas las clases sociales, pero mucho más en las deprimidas. Vale la pena hacer una aclaración: hay grafiti, arte callejero y hay arte. El arte es el que está en manos del mercado. El arte callejero es el mestizo, el que está en medio del camino entre los dos. Es el arte más interesante y real en la actualidad. Y está el grafiti puro y duro. El grafitero de verdad no quiere ser artista, se enfada si lo catalogan así. No pretende exponer en galerías ni que lo vean. Quiere hacer piezas con su nombre, decir “estoy aquí, existo”. Este existo es lo que caracteriza al grafitero de verdad, que no tiene ambición. Es un fin en sí mismo.

-¿Cómo ves la literatura de hoy?
-En la actualidad hay dos tipos de escritor: el social, al que nadie lee pero aparece en los medios continuamente hablando de cómo hacer novelas; el que frecuenta congresos, sale en fotos, el que la sociedad aplaude como tal. Y después está el escritor que tiene su proyección social pero también un respaldo de lectores, una obra que justifica que aparezca donde sea. En nuestro mundo cultural, se da más importancia al escritor mediático que al de verdad, lo que es un magnífico ejemplo del mundo en que vivimos. Todo lo que no pasa por el teléfono móvil o por la tablet no existe. Es todo tan mezquino, imitado, tan de diseño que no se puede ser optimista.

-En la novela la palabra "Destino" aparece escrita en mayúscula. ¿Crees que la vida está escrita?
-Es algo que debe matizarse. Yo no creo que el destino sea una irrevocable decisión previa. Cuando hablo de destino está más vinculado al azar. Es una paradoja, pero es verdad: hay una fatalidad. Para mí el destino no está determinado, pero hay unas reglas en la naturaleza que no se pueden cambiar: crueldad, dolor, felicidad, muerte, ese tipo de cosas. Entonces, el hombre nunca podrá escapar de estas reglas impuestas. A esto llamo destino. No tanto al rumbo individual de una vida, sino a que toda vida pasa forzosamente por las etapas que la terrible e implacable naturaleza le pone en el camino.

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Siana
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Mensaje por Siana » Dom May 04, 2014 11:00 am


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Mensaje por Rogorn » Dom May 04, 2014 11:06 am


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Mensaje por Siana » Dom May 04, 2014 11:21 am

Gracias Ro. Me ha llamado la atención lo que ha dicho ahí.

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Mensaje por Ada » Lun May 05, 2014 10:51 am

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