'Perros e hijos de perra' (2014)

Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

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Ada
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Mensaje por Ada » Mié Dic 03, 2014 10:27 am

ENTREVISTA EN RADIO MITRE, por el lanzamiento
http://secciones.cienradios.com.ar/radi ... z-reverte/
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Dic 03, 2014 7:46 pm

(Es Jorge Fernández Díaz leyendo varios artículos de PEHDP nada más)

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endeavour
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Mensaje por endeavour » Sab Dic 06, 2014 8:50 pm

Lo tengo en mi estantería pero no he leído nada. Será la última lectura de este año o la primera del siguiente.

¿Hay algún artículo o escrito nuevo o que no hayamos leído antes?

un saludo.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Dic 23, 2014 8:17 pm

No, ese libro no tiene artículos nuevos.

--

Juguetes perrunos
Javier Tomé - diariodeleon.es - 21/12/2014

Pese a encontrarnos en una época plácida y bucólica que pone al país entero en pie de rumba, voy a dejarme de atildadas frases para proclamar que ya es hora de acabar con el maltrato animal y ese fangal de bajeza que consiste en abandonar a un perro o a un gato a su triste suerte, condenándolo a las circunstancias más crueles. En esta vida hay más diablos que agua bendita, así que día sí y día también sabemos de nuevos casos de perversa brutalización social perpetrada contra los que en teoría son nuestros mejores amigos. Lo explica bien clarito Pérez-Reverte en su último libro, escrito a caballo entre la ira y la ternura y titulado 'Perros e hijos de perra', donde afirma que “ningún ser humano vale lo que un buen perro”. Estoy totalmente de acuerdo, pues desde mi perspectiva de gatófilo ni por todo el té de la China dejaría a mi Guille, mi Guzmán, mi Greta o mi Desi, todos ellos almas libres y muñecos absolutos con unos ojos que son estanques de belleza. Víctor Hugo dijo que Dios hizo al gato para ofrecer al hombre el placer de acariciar a un tigre, sacrosanta verdad de la que disfruto a diario.

Siempre en guerra contra las aguas pútridas de la resignación y el conformismo, la Asociación Protectora de León viene a ser la encargada de llevar cubos de agua cuando el rancho se quema, situación que con respecto al infame abandono ha empeorado debido al rechinar de dientes de la crisis. ¿Cómo podemos ayudar a esos pobres perros y gatos que tienen un futuro más incierto que Rajoy ejerciendo de stripper? Pues colaborando con mantas, juguetes y cualquier otro artículo necesario en la campaña navideña puesta en marcha por la Protectora, con la intención de apoyar a esos animalitos que nacieron para ser gotas de felicidad ajena. Yo ya entregado un saco lleno de cositas en mi veterinario habitual. ¿A qué esperan ustedes?

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Ada
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Mensaje por Ada » Lun Feb 23, 2015 1:36 pm

"Perros e hijos de perra", de Arturo Pérez-Reverte
Perros e hijos de perra Arturo Pérez-Reverte
FICHA TÉCNICA:
Género: Relatos
Editorial: Alfaguara

SINOPSIS:
«He tenido cinco perros. No hay compañía más silenciosa y grata. No hay lealtad tan conmovedora como la de sus ojos atentos, sus lengüetazos y su trufa próxima y húmeda. Nada tan asombroso como la extrema perspicacia de un perro inteligente. No existe mejor alivio para la melancolía y la soledad que su compañía fiel, la seguridad de que moriría por ti, sacrificándose por una caricia o una palabra.»

Perros de presa adiestrados por gente sin escrúpulos, un chucho mejicano tuerto y digno, el fila brasileño que no era un asesino, Jemmy y Boxer, que cruzaron el Valle de la Muerte con la Brigada Ligera, el perro flaco y bastardo de la batalla de Rocroi, o Sherlock, el teckel de pelo fuerte y sólidos silencios, son algunos de los protagonistas en los artículos escritos por Arturo Pérez-Reverte entre 1993 y 2014 que se recogen en esta antología, ilustrada por el pintor Augusto Ferrer-Dalmau.

OPINIÓN:
“Perros e hijos de perra” es una selección de algunos de los artículos que Arturo Pérez-Reverte ha dedicado a los perros en los últimos años. Aquéllos que sigan a Pérez-Reverte en su faceta de articulista sabrán lo habituales que son los cánidos en sus escritos y el enorme cariño con el que escribe sobre ellos. El tono de estos artículos varía mucho: de las palabras afectuosas con las que habla de sus propios perros a la rabia cuando trata casos de maltrato animal. Coincido plenamente con él cuando afirma que cuando un buen perro muere, el mundo se torna un lugar más oscuro.
El premio Nobel Anatole France afirmó lo siguiente: “Hasta que no hayas amado a un animal, una parte de tu alma permanecerá dormida”. Para mí, esta cita tiene una especial significación, y resulta muy propicia para recomendar este libro. “Perros e hijos de perra” es una lectura para todos los que hayan sentido despertar una parte de su alma gracias a un perro noble y bueno.

http://literaturamasuno.blogspot.com.es ... verte.html
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Mar 17, 2015 5:03 pm

Arturo Pérez-Reverte y los perros
Élmer Mendoza - eluniversalmas.com.mx - 17/03/2015

No tengo idea si en el mundo sean más los perros o los hijos de perra, o que a cada perro corresponda un hijo de perra. De lo que estoy seguro es de la postura de Arturo Pérez-Reverte contra los hijos de perra y desde luego, en relación con los perros, porque la expresa claramente en su libro 'Perros e hijos de perra', publicado por Alfaguara en octubre de 2014, en Barcelona, en una bella edición de pasta dura, enriquecida por enternecedoras ilustraciones de canes, realizadas por el pintor de batallas, Augusto Ferrer-Dalmau.

Dice José María Pérez-Reverte que su hermano Arturo es amigo de sus amigos, algo que igualmente sostengo con lo que haga falta; no es alguien que se acerque solamente en las tardes soleadas y de buena ventura, te acompaña en el buen tiempo y en la tormenta más huracanada y caribeña que se imaginen, lo mismo en Culiacán que en Londres, en Madrid o Bogotá. Entre estas amistades están los perros, según consta en estos textos que primero se conocieron como artículos dominicales publicados entre 1993 y 2014. He visto los ojos húmedos de amigos que han perdido sus perros, como Lupita Aguilar y Xavier Velasco, o la profunda tristeza de Leonor el día que nos dejó La Maya, la juguetona pastor belga que nos hizo renovar nuestro jardín, o el afecto glamoroso de Anamari Gomís por sus cachorros y la perfección con que Pablo Boullosa convive con sus perros. ¿Cómo olvidar a Jorge Moch que posee esa tropa de filas que te escudriñan decididamente la entrepierna antes de llegar a su portal? Arturo dice que ha tenido cinco. Y también están Argos, Buck, Rin tin tin, los ciento un Dálmatas, Beethoven, Scooby doo, Pepe, el Rex y la Garfi. Escribe el autor que “ningún ser humano vale lo que un buen perro”, y que el mundo sería terrible sin los perros, y estoy de acuerdo. Imaginen nuestro desamparo ante tanto hijo de perra.

Una vez, en un hotel para mascotas, tomamos un elevador donde bajaban varios perros con sus dueños, y nos llamó la atención un afgano de belleza inexplicable, ¡qué señorío! Incluso más que la propietaria, una chica con una minifalda provocativa y lindas piernas que pasaron a segundo término. Arturo habla poco de estos ejemplares, se ocupa de los perros abandonados y de los hijos de perra que tienen corazón para dejarlos en el monte o en una carretera, a su suerte, como también se hace con los abuelos que van a los asilos para que sus descendientes vayan de vacaciones sin problemas. Exalta la fidelidad de los perros que buscan a sus dueños hasta el final, cuenta el caso de Penélope, que vive en una gasolinera y que lleva años olisqueando los autos que cargan gasolina esperando reconocer al de sus dueños que la abandonaron hace años. Cuenta su indignación ante la conducta de los organizadores de peleas de perros y la crueldad con los animales heridos que son asesinados. Deja claro que “el ser humano tiene un don maravilloso: la oportunidad de empezar, de intentarlo de nuevo.” Algo que pocas veces se permite a los animales que no tienen derecho a fallar; sin embargo, como decía Jack London y sostiene este aguerrido español de Cartagena, los perros son parecidos a sus dueños; y por supuesto, si hay un perro agresivo como en la película de los Dóberman, no es culpa del animal, es el resultado de que, “el hombre, como única especie racional, es responsable de su propio exterminio”, y de las especies que lo acompañan.

Es un libro muy claro, contado desde la ternura. Su pretensión es un llamado a considerar a los animales; los ejemplos de que la especie no las tiene todas consigo son espeluznantes; a pesar de que están con sus amos a quienes convierten, según Pérez-Reverte, en mejores personas, o que llegado el momento son los únicos que dan la cara por ellos, como aconteció a “una mujer que fue violada por los serbios ante la pasividad de sus vecinos, me contaba que el único defensor que tuvo al escuchar sus gritos fue su perro”, hasta que los agresores lo acribillaron. Les gustarán Jemmy y Boxer, mascotas de dos regimientos ingleses, que el 25 de octubre de 1854 entraron en combate con sus dueños contra la artillería rusa donde demostraron que tenían bien puestos los redaños. Apuesto a que comprenderán a Sherlock, el circunspecto teckel que aparece en la portada, y también al autor, que no ha reparado en removernos costras en un muy serio llamado de atención para que respetemos y cuidemos a esos seres que están allí para compartir una forma de amor, en que todos nos sacamos la rifa.

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Ada
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Mensaje por Ada » Mié Abr 15, 2015 8:18 am

Hijos de perra
Arturo Checa - lasprovincias.es - 14/04/2015

Así reza parte del título de una joya de don Arturo Pérez-Reverte, un escritor que si no existiera habría que inventarlo. Un Alatriste de la pluma. Un tipo que adora a los perros. Y, por lo tanto, un buen tipo, aunque su fachada sea la de alguien bronco, malhablado y engreído. No tengo el gusto de conocerlo personalmente, pero alguien que en toda su vida ha tenido cinco perros y que los ama tanto sólo puede ser buena persona.

Aún voy por la mitad de ‘Perros e hijos de perra’, una delicia de poco más de 100 páginas que me regaló mi buen amigo y compañero Juan Antonio Marrahí, pero un puñado de páginas ya han bastado para que me lance a recomendar su lectura. Es una delicia para cualquier amante de los canes, una oportunidad para que los que aún no lo han hecho se enamoren un poco de ellos y una imperdonable opción de que aquellos necios que los odien o critiquen se reconcilien con el mejor amigo del hombre.

‘De perros e hijos de perra’ [sic] trata justamente de eso; de los adorables peludos y de los malnacidos que demasiado a menudo les rodean. El libro es una recopilación de historias, de escenas, de personajes caninos deliciosos, como parte de algunos de los relatos publicados semanalmente por el maestro Pérez-Reverte (entre 1993 y 2014) en el 'XL Semanal'. Y algunas de estas "fábulas", todas estremecedoramente reales, son imprescindibles.

Por encima de todas la de Tanis Semielfo, “Tanthalas en el lenguaje de los elfos Qualinesti”, un poderoso fila brasileño de más de 50 kilos de peso y “con 72 centímetros a la cruz”, como relata el Maestro. Una máquina de matar, y sin embargo protagonista de ‘El asesino que salvó una vida’. Apenas cinco páginas, pero la manera definitiva y magistral de echar por tierra uno de los tópicos que más daño hacen a los perros: para dejar claro que un perro no es como nace, sino como se le hace, y que el más mortífero de los canes de presa puede tornarse en un ser pacífico al lado un amo, de un buen amo, que sepa educarlo y controlarlo. Y si tiene al lado a un hijo de perra, pues acabará convertido en un asesino. Pero no fue el caso de Tanis Semielfo, “Tanthalas en el lenguaje de los elfos Qualinesti’. Ahí os va el enlace del artículo para el que quiera conocer toda su historia. Real, por supuesto. Y no puedo resistirme a reproducir aquí (con su permiso, Maestro) algunos de los memorables párrafos de esa historia en la que el perro asesino acaba convertido en el salvador de un niño…

“Tanis era un perro hecho para el combate, un guerrero antiguo con una estirpe gladiadora tan vieja como la Historia: el moloso persa, griego, asirio, el onzeiro, el cabezudo, el boiadeiro brasileño. Hace dos mil años, sus antepasados destripaban leones en el Coliseo de Roma, acompañaban a las legiones de César, cuidaban su ganado y despedazaban bárbaros con idéntica eficacia (…). Por eso los cachorros fila tienen ojos de viejo, y alma llena de costurones, y mirada resignada (…). El hombre los hizo asesinos, y lo saben“.

¿O acaso se puede explicar mejor por qué atacan los perros de presa?

“Eso era Tanis: un sicario. Una pistola cargada y amartillada en manos de los hombres. Uno de esos perros que, cuando el amo baja la guardia, salen en los periódicos y en el telediario, convertidos en criminales por la estupidez o crueldad del dueño, porque la naturaleza tiene extrañas oscuridades, o simplemente porque, en un mundo lleno de gente desquiciada, es lógico que se desquicien los animales“.

Pero Tanis Semielfo, el asesino, el matahombres, el sicario, acabó salvando una vida. Es sólo una de las historias maravillosas que contiene ‘De perros e hijos de perra’. No desgranaré mucho más del libro. ¡Cómprenlo! Merece la pena disfrutar de los perros de la Brigada Ligera, del chucho anónimo de la batalla de Rocroi, del mestizo mejicano andrajoso, atropellado y medio muerto, adoptado por toda una barriada. Merece la pena conocer a Sombra, el labrador negro del Maestro que una y otra vez se reencarna en los adorados perros de mi tocayo. E incluso merece la pena disfrutar con’Los perros del PP’. por qué no… No me iré sin incluir algunas de las frases mágicas del libro. Permítame esa última licencia, Maestro. Si luego le caen algunos "mortadelos" más, como usted los llama, porque alguien que compra su libro después de leer estas humildes líneas, bienvenidos sean…

Pero que calle el mundo, que habla el Maestro…

“He tenido cinco perros. No hay compañía más silenciosa y grata. No hay lealtad tan conmovedora como la de sus ojos atentos, sus lengüetazos y su trufa próxima y húmeda. Nada tan asombroso como la extrema perspicacia de un perro inteligente. No existe mejor alivio para la melancolía y la soledad que su compañía fiel, la seguridad de que moriría por ti, sacrificándose por una caricia o una palabra”.

Como no, un buen libro, merece un buen comienzo. Preciosa frase…

“Durante la mitad de mi vida conviví con perros, y de ellos he aprendido mucho de cuanto sé, o creo saber, sobre las palabras amor, desinterés y lealtad. Éstas no son frecuentes entre los humanos, al menos las dos últimas; y desde luego, tampoco la primera, amor, en el sentido en que podemos aplicarla a esos nobles animales”.

Y unas palabras, las definitivas, imposible mejorarlas, sobre los infames que participan en peleas de perros o crían canes con el único objetivo de que se destroce peleando con un congénere….

"Malditos sean quienes hacen posible que todo eso ocurra, y malditos sean también los alcaldes, los policías municipales y los guardias civiles y todos los demás que lo saben y lo consienten. Y es que hay chusma infame, gentuza sin conciencia, salvajes miserables a quienes sería insultar llamar hijos de perra".
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Mensaje por Rogorn » Sab Oct 10, 2015 11:45 am

El amor perruno de Pérez-Reverte
Mario Saavedra - siempre.com.mx - 09/10/2015

No soy precisamente lector del murciano Arturo Pérez-Reverte, pero su elocuente y conmovedor libro de estampas 'Perros e hijos de perra', en una estupenda edición de Alfaguara (con hermosos dibujos ex profeso del extraordinario pintor catalán Augusto Ferrer-Dalmau, que por sí mismos son una belleza), me conmovió sobremanera, más allá del reclamo de plagio que el autor tuvo por uno de los pequeños relatos allí contenidos que le había contado una persona en la ciudad de México. Sin meterme en intríngulis legales con respecto a un caso que tampoco sé en qué haya parado, Pérez-Reverte es además un muy buen periodista en activo, y como nos suele suceder a quienes oficiamos esta siempre sorprendente profesión, buena parte del material con el que trabaja proviene de fuentes vivas, tanto de experiencias personales como de testimonios de otras personas directa o indirectamente relacionadas con los hechos referidos… Y cuando ese material se traslada al terreno de la literatura, corroborando de este modo el estrecho vínculo entre estos dos campos hermanos, como bien lo refiere de igual modo mi querido René Avilés Fabila en su misceláneo 'La incómoda frontera entre el periodismo y la literatura', se trasforma o da cauce a materia de ficción.

Y traigo a colación esta suma categórica de vívidas estampas por una noticia que en días pasados escuché en el noticiero radiofónico matutino de Leonardo Curzio, quien como buen periodista y hombre sensible daba cuenta cabal de la información con respecto al recrudecimiento de muertes de perros por envenenamiento en los parques México y España, en la colonia Condesa. Y por supuesto que comparto su profunda indignación ante un hecho tan aberrante, pues dueños irresponsables sueltan libremente a sus mascotas sin ningún control y las abandonan a la buena de Dios, para que otros sátrapas asesinos maten a esos pobres indefensos, porque “les molesta que hagan sus necesidades en vía pública y alteren su entorno”.

Claro que es reprobable el descuido de sus dueños, su falta de civismo, pero de ahí a transferirles a los pobres canes el malestar de los “ofendidos”, su odio intestino hacia todo lo que les molesta, su instinto depredador, todas sus frustraciones, eso es otra cosa, por supuesto mucho más censurable que la de sus vecinos inconscientes. Siempre me ha parecido que alguna clase de limitación tienen, acaso una especie de tara moral, quienes no son capaces de ver, en el mejor de los casos, más allá de las necesidades de nuestra bastante limitada e imperfecta condición humana, como expresión suprema de un extremo homocentrismo que no nos permite convivir ni mucho menos comprender a seres distintos a nosotros. Pero de frente a una humanidad cada vez más insensible y monetizada, más ciega y sorda, como manifestación paradójica de una civilización en franco retroceso y que se perfila sin freno al despeñadero, existen por fortuna asociaciones y otra clase de agrupaciones en defensa de lo que la mayoría depredamos, porque en la compleja naturaleza humana puede darse a la vez lo sublime y lo grotesco, la creación y el exterminio, un indicio de luz esperanzadora y el vislumbre de una opacidad letal.

En días pasados se conmemoró el día mundial de los animales, y por supuesto no sólo de los domésticos o amigables, sino de todas las especies —en especial aquellas en peligro de extinción— que en mayor o menor medida son víctimas de la cerrazón y el maltrato humanos, de su maldad y su ambición desmedida, en aras de un desarrollo y un progreso que consuetudinariamente se ponen en tela de juicio, porque conforme alteramos el ecosistema, también ponemos en riesgo nuestra propia existencia. El arte ha estado las más de las veces vinculado a ese espacio de luz, a ese espacio de creación, poniendo el dedo en la llaga y mostrándonos de lo que somos capaces para bien o para mal, a favor de la vida, de la generosidad, de aquellos valores ciertos y trascendentales que nos dignifican como condición, como contracara de la barbarie y el genocidio, de la malevolencia como prueba fidedigna de que, como decía Hitchcock, “el ser humano es el único animal que mata por el simple placer de matar”.

De la estirpe de los Voltaire, de los Bernard Shaw, de los Tolstoi, de los Thomas Mann, de los Coetzee, de los Fernando Vallejo, entre otros famosos escritores que han manifestado su profundo amor por la vida distinta a la nuestra, por nuestros hermanos con rostro diferente, como decía Francisco de Asís, Pérez-Reverte ha sido un manifiesto y airado defensor de los animales, en especial de los perros, porque son nuestros mejores amigos —más allá de sonar a eslogan y lugar común—, nuestros hermanos: “No hay compañía más silenciosa y grata. No hay lealtad tan conmovedora como la de sus ojos atentos, sus lengüetazos y su trufa próxima y húmeda. Nada tan asombroso como la extrema perspicacia de un perro inteligente. No existe mejor alivio para la melancolía y la soledad que su compañía fiel, la seguridad de que moriría por ti, sacrificándose por una caricia o una palabra… Cuando desaparece un perro noble y valiente, el mundo se torna más oscuro, más triste y más sucio”.

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Mensaje por Rogorn » Sab Oct 10, 2015 11:52 am

Arturo Pérez-Reverte participará en el próximo Nintendogs
Aitor Barquín - gamestribune.com - 10/10/2015

El carismático y a menudo polémico periodista y escritor Arturo Pérez-Reverte es bien conocido tanto por sus novelas como por sus intervenciones en la prensa escrita. También por su, en ocasiones, volátil temperamento. No obstante, quienes siguen su andadura en las redes sociales es probable que sepan de su pasión por los perros. Es muy habitual verle retwittear mensajes sobre mascotas perdidas, o asociaciones en pro de los derechos de los animales que piden ayuda para adoptar algún can. Si sabes que en Sabadell se ha perdido un cocker spaniel llamado Sugus a pesar de ser de Pontevedra, seguramente es porque le sigues en Twitter.

El académico ha querido ir más allá, anunciando de manera sorpresiva que planea colaborar con Nintendo en el desarrollo de un nuevo Nintendogs. Desconocedores de la afición de Pérez-Reverte por los videojuegos, el autor nos lo explica: «A mi los videojuegos me importan un pito», y continúa: «A veces voy en el metro y veo a niños de 5 o 6 años jugar con esas maquinas del demonio. Entonces me entran muchas ganas de mandarles la consola a Trafalgar de una buena hostía. Quiero zarandearles y gritarles muy fuerte que en mayo de 1808 la gente no jugaba a videojuegos. Que en mayo de 1808 la gente moría con afiladas bayonetas rasgándoles los intestinos, retorciéndose de dolor en charcos de sangre y caca, con los ojos anegados en lágrimas por las ansias de libertad». Cuando le hacemos notar que eso no tiene nada que ver con su participación en Nintendogs, concreta «Quiero salvar a todos los perros, a los de Twitter y a los de Nintendo. Y a los Pokemon también. A todos. Igual hasta a alguno le doy un sillón en la academia, qué cojones. El de Ansón, por ejemplo, que el muy cabrón no hace nada, se pone a roncar en las reuniones con la cara llena de baba. Si ponemos a Bullbasur en su lugar la gente no se va dar cuenta».

No están claros los términos de esta colaboración, ni si la participación de Reverte será en calidad de guionista, asesor, productor o bien realizando alguna otra tarea. Al preguntarle acerca de qué hará exactamente, se muestra enigamático aunque rotundamente ambiguo: «Haré lo que me salga de los huevos». Desde Nintendo, sin embargo, declaran que no saben absolutamente nada de un nuevo Nintendogs. En un caso que recuerda al reciente desencuentro entre Hideo Kojima y Konami, la compañía nipona parece mostrar ciertas desavenencias con el escritor: «Le hemos dicho que si vuelve a llamarnos avisaremos a la policía».

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Mensaje por Rogorn » Dom Ene 03, 2016 10:51 am

Un perro bajo la lluvia
Rafael Narbona - elimparcial.es - 02/01/2016

Immanuel Kant se mostraba optimista sobre el porvenir de la humanidad. A pesar de las guerras y las calamidades, apreciaba una tendencia hacia el progreso moral y social. Yo no soy tan optimista, pero creo que a veces se producen cambios esperanzadores. La reciente reforma del Código Penal ha convertido en delito el maltrato animal y los jueces comienzan a dictar sentencias contra los desalmados que ahorcan a sus perros, matan a palos a un gato o dejan morir de hambre a un caballo. Después del Quijote, el libro más representativo de la literatura española es Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez. Ambas obras tratan con humor y ternura a los animales. Rocinante y el rucio de Sancho son figuras homólogas al idealismo del caballero andante y su escudero. Platero es la encarnación de la sencillez y la inocencia. La sombra del erasmismo planea sobre los dos clásicos, que exaltan implícitamente el cristianismo primitivo, cuando Jesús era representado como un Buen Pastor, con aspecto de adolescente, cautivando a los animales con su dulzura. En el Evangelio de San Juan leemos: “Yo soy el buen pastor. El pastor da la vida por sus ovejas” (10: 11). Cristo se hizo carne por amor a la humanidad, pero su amor no es puramente antropocéntrico, sino que se extiende a nuestra casa común, la naturaleza: “Contemplad cómo crecen los lirios del campo: no se fatigan ni hilan, y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos” (Mt 6: 28-29). Con su encíclica Laudato si’, el Papa Francisco ha reavivado el espíritu de San Francisco de Asís, cuya vida es una ejemplar y meticulosa imitación de Cristo, donde resplandece un profundo amor hacia la totalidad de lo creado. En su Laudes Creaturarum o Cántico de las criaturas, San Francisco celebra la vida, apuntando que todos los seres deberían tratarse como “hermanos” y “hermanas”, pues todos son obra de Dios: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, / la cual nos sostiene y gobierna / y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas”.

San Juan Pablo II dijo que “los animales tienen un soplo vital o aliento recibido de Dios”. No está de más rescatar esta reflexión en estas fechas, cuando muchos se plantean comprar un perro o un gato como regalo de Reyes, sin pensar demasiado en las consecuencias de convivir con un ser vivo, capaz de experimentar alegría, miedo, bienestar y desamparo. En España, se abandona a 400 perros al día. Al parecer, es la cifra más alta de la Unión Europea. De los gatos ni se habla, pese a que establecen vínculos afectivos con los seres humanos tan estrechos como los perros. La Guardia Civil mantiene una espléndida página en Twitter, recordando una y otra vez que los perros no son juguetes ni caprichos, sino un miembro más de la familia acreedor de cuidado y afecto. De vez en cuando, la Benemérita cita una preciosa frase del dramaturgo francés Jean Anouilh: “En algún lugar bajo la lluvia, siempre habrá un perro abandonado que me impedirá ser feliz”. Creo que todo el mundo debería releer en estos días Perros e hijos de perra, la recopilación de artículos de Arturo Pérez-Reverte que apareció el año pasado, pero que conservará durante mucho tiempo su condición de grito airado a favor de los perros. El libro –beligerante, apasionado- comienza con una cita de El coloquio de los perros, donde Cervantes menciona que algunos canes son “tan agradecidos que se han arrojado con los cuerpos difuntos de sus amos en la misma sepultura, […] sin apartarse de ellas, sin comer, hasta que se les acababa la vida”. Aficionado a decir las cosas sin morderse la lengua, Pérez-Reverte evoca la pérdida de uno de sus perros, con unas palabras emotivas, no exentas de rabia: “Cada vez que desaparece un animal silencioso, bueno y leal como era el perro del que les hablo –se llamaba Sombra-, este mundo de mierda resulta menos generoso, menos habitable y menos noble”. Agraviamos injustamente a los perros, cuando llamamos “hijos de perra” a los canallas de distinta índole que pululan por nuestro planeta. Los perros son leales y valientes. Pérez-Reverte cita la gesta de Jemmy y Boxer, dos perros de la caballería inglesa que participaron en la heroica carga contra una batería rusa durante la guerra de Crimea. “Todo será más noble y luminoso mientras junto a un perro que lucha haya un buen perro valiente”, asegura el escritor, que a veces se muestra tan vehemente como Schopenhauer. El filósofo alemán, gran defensor de los derechos de los animales, afirmaba que “prefería la compañía de su perro a la de los humanos”. Pérez-Reverte no se anda por las ramas: “Con chuchos de por medio, lo cívico me importa una puñetera mierda. Ningún ser humano vale lo que valen los sentimientos de un buen perro”.

Durante estos días, más de uno se dejará seducir por la mirada de un perro y, meses más tarde, mirará hacia otro lado, esquivando su expresión de desamparo, mientras se aleja a toda prisa, abandonándolo a su suerte en una carretera. Ante semejante infamia, no caben tibiezas. Por eso, suscribo las palabras que Pérez-Reverte dedicó en el verano de 1995 a ese anónimo canalla: “Ojalá se le indigeste esa paella […], o se le pinche el flotador del pato y se ahogue, cacho cabrón. Porque ya quisiéramos los humanos tener un ápice de la lealtad y el coraje de esos chuchos de limpio corazón”.

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Mensaje por Rogorn » Dom Feb 28, 2016 9:42 am

Perros e hijos de perra
Nora Blok - bariloche2000.com - 27/02/2016

“Cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro”, citaba Arturo Pérez Reverte antes de escribir esta obra literaria que evidencia el profundo cariño que el autor mantiene con la raza perruna. Una serie de artículos conmovedores que describe a sus compañeros e invita a los lectores a contagiarse de ese amor al que es imposible renunciar.

“Cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro”, voz popular que resulta la columna vertebral de esta nueva entrega de Arturo Pérez-Reverte. Llama la atención esta declaración en su solapa: ”Ningún ser humano vale lo que un buen perro. Cuando desaparece un perro noble y valiente, el mundo se torna más oscuro. Más triste y más sucio”. Su gusto y defensa por ellos, escritos en forma de artículos entre 1993 y 2014, reunidos en este libro, nos internan en distintas aventuras y situaciones, que tienen como protagonistas a la raza perruna o asumen el papel de actores secundarios con el impertérrito valor agregado.

Las ilustraciones de su amigo pintor Augusto Ferrer Dalmau y en la tapa el retrato de su perro Sherlock hacen atractivos los relatos que pueden sonar a excéntricos; pero como él mismo señala: “hay muchas historias propias y ajenas“, en la vida. Solo se trata de rescatarlas para honrar a quienes cuentan con cualidades óptimas. Es novedoso si se lo compara con las predilecciones de otros autores que demuestran, en algunos de sus textos, su inclinación por los gatos (“enemigo” habitual del perro) como Chandler, Poe, Cortázar o Soriano. Aunque Cervantes -también- defiende a este mundo perruno con algunas referencias que de ellos realiza.

Relatos, en suma, con finales felices y otros no tanto. Todos colaboran en sacudir la indiferencia de muchos seres humanos o la negligencia de otros o a apreciar mucho más a quienes nos enseñan, en su real dimensión, qué es “el amor, el desinterés y la lealtad”. Mordaz, sarcástico, no le faltan palabras para acusar a quienes maltratan o abandonan o tratan como peluche a los perros o “chuchos”. Y sin “pelos en la lengua” asevera: "que cada vez que desaparece un animal silencioso, bueno y leal como era ”Sombra”, por ejemplo, “este mundo resulta menos generoso, menos habitable y menos noble”. Son veintidós artículos. Y cada lector, por alguna razón personal, se conmueve (sin dudas) por la historia de algunos de esos animales, que son parte de la familia o revive alguna situación, en la que fue mero observador o sin absoluta conciencia o con ella a flor de piel se envuelve en ella.

Así, desfilan -entre otros- 'Dos profesionales', que lacera el alma frente a determinado comportamiento humano. Corren los tiempos y pocas cosas cambian. 'Un chucho mejicano', “un esmirriado chucho blanco con manchas negras” que logra despertar en la gente solidaridad frente a los infortunios en los que se ve o”se mete” en su existencia perruna. 'Verano de perros y abuelos', una actual revisión de casi vidas paralelas que invitan a reflexionar. 'El asesino que salvó una vida', Tanis Semielfo. Una característica perruna singular y un episodio cargado de ternura que, en todo caso, asevera lo que se dice: "No hay perro que no se parezca al dueño". 'Los perros de la Brigada ligera', Jemmy y Boxer, mascotas del 11° y 8° regimientos de húsares, una historia del Valle de la Muerte que merece conocerse. 'El perro de Rocroi', un pedazo de historia española y la incorporación de un perro en una narrativa pictórica. 'Colmillos en la memoria', Sherlock, descripción envidiable que realiza su amo y los supuestos que afloran de una imaginación incalificable. “Una superviviente”, Rumba, quien hará decir: ”Costó mucho tiempo, mucha paciencia y mucho amor darle cierta seguridad y que nos aceptase tranquila”. 'El chucho antisistema', un perro de una Atenas “indignada, furiosa”, probablemente su amo sea un manifestante. “La estampa de ese perro decidido, fiel, enfrentado a la policía sin abandonar a su amo en plena refriega”, es un ejemplo más de lo que pueden ellos hacer por los humanos. Y, obviamente está, la historia que da lugar al título: 'Sobre perros e hijos de perra', con sus porqué: "Así que hoy quería decirles a ustedes que malditos sean quienes hacen posible que todo eso ocurra, y malditos sean también los alcaldes, los policías municipales y los guardias civiles y todos los demás que saben y los consienten. Y es que hay chusma infame, gentuza sin conciencia, salvajes miserables a quienes sería insultar a los perros llamar hijos de perra".

Son ciento cincuenta páginas que registran hechos, historias y situaciones que dan cuenta de lo que por algunas páginas señala: “He tenido cinco perros. No hay compañía más silenciosa y grata. No hay lealtad tan conmovedora como la de sus ojos atentos, sus lengüetazos y su trufa próxima y húmeda. Nada tan asombroso como la perspicacia de un perro inteligente. No existe mejor alivio para la melancolía y la soledad que su compañía fiel, la seguridad de que moriría por ti, sacrificándose por una caricia o una palabra”. Cerrar el libro es abrir y solidificar certezas. Su autor, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) reportero de guerra durante veinte años, sigue aún los asombrosos actos humanos como en aquellos campos de batalla con muchas convicciones y nos las explicita. Hoy la literatura, la navegación y ser miembro de la Real Academia Española amplían esa antigua y siempre presente mirada.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Jul 06, 2016 5:17 pm

'Perros e hijos de perra', de Arturo Pérez-Reverte. O la admiración hacia la lealtad a cuatro patas
Letraherido - posadadellector.blogspot - 05/07/2016

Era yo estudiante de bachiller cuando descubrí a Arturo Pérez-Reverte. Y anonadado me quedé, oigan. Al leer aquellos artículos de opinión, Reverte me pareció más punk que las propias bandas de punk. Aquella forma brusca de decir las cosas, aquel lenguaje soez y aquella contundencia me encantaban. Y además por parte de una académico de la Real Academia. Y con amplia cultura, tal y como me demostró con el primer libro de la saga Alatriste, que también leí por aquellas fechas. Así que recopilatorio de artículos que veía de Pérez-Reverte, recopilatorio que me compraba. Y poco a poco fui leyéndome también novelas suyas —y que debería releer para abrir esta Posada y hablarles de ellas—.

Así que ya ven, yo era muy revertiano. Pero fueron pasando los años, y con el paso de los años se suele cambiar. Aunque sólo sea un poco, pero se suele cambiar. Uno lee otras cosas, descubre otros puntos de vista y adquiere una visión más amplia. Muchas verdades de Pérez-Reverte ya no me parecían tan verdades. Sus opiniones empezaron a parecerme demasiado subjetivas. Y digo demasiado porque, obviamente, subjetivos somos todos, pero hay gente que intenta que su verdad, su opinión, esté lo más alejada posible de su gusto o manía personal. En otras ocasiones, me empezaba a parecer que Pérez-Reverte no iba tampoco a la raíz de algunos problemas, quedándose en generalidades. O que sus cabreos con determinadas cosas no estaban del todo justificados, sonando ya a abuelo cebolleta que se queja porque “las cosas ya no son como en mis tiempos”. Así que a medida que pasaban los años mis discrepancias con el señor Reverte aumentaban, hasta el punto de que les mentiría si les dijera que Pérez-Reverte sigue siendo un referente para mí. Pero no se crean que he abierto la Posada del lector con la intención despotricar del señor Reverte. Y es que el señor Pérez-Reverte me cae bien. O dicho de otro modo —y aún a riesgo de sonar redundante de forma parecida a Rajoy, que se ha convertido en el maestro de las redundancias—: no hay manera de que este hombre me caiga mal. Pese a mis discrepancias con él, pese a que a veces no me lo puedo tomar en serio, hay algo en Pérez-Reverte que me genera simpatía. De la misma manera que he conocido a gente con la que tenía mucha afinidad en cuanto a opiniones o ideas políticas… y que no la tragaba. Cosas raras de la vida, en la que dos más dos no siempre suman cuatro. Así que, paseando por la biblioteca, al encontrarme el libro 'Perros e hijos de perra', decidí cogerlo. Hacía tiempo que no leía ya un libro de artículos de Pérez-Reverte —el último fue 'No me cogeréis vivo', ha llovido desde entonces—, y como me encantan los perros, ¿cómo no lo iba a coger? Además, así tendría una excusa más para abrir la Posada del lector.

'Perros e hijos de perra' se titula este recopilatorio de artículos —veintidós en total—, un título que ya dice mucho de quién es el autor, a la vez que revela un tono de cabreo que en ocasiones aparecerá en la obra. Además de los veintidós artículos, la obra se inicia con una introducción en la que Pérez- Reverte nos habla de lo que encontraremos en este libro: "Durante la mitad de mi vida conviví con perros, y de ellos he aprendido mucho de cuanto sé, o creo saber, sobre las palabras amor, desinterés y lealtad. Éstas no son frecuentes entre los humanos, al menos las dos últimas; y desde luego, tampoco la primera, amor, en el sentido en que podemos aplicarla a esos nobles animales. Podría resumirlo afirmando que nunca conocí entre los seres humanos, como en los cinco perros que hasta hoy pasaron por mi vida, un amor tan desinteresado y tan leal. Tan conmovedoramente fiel. Este libro recoge, ordenados más o menos cronológicamente, algunos de los artículos que, según puedo recordar, escribí sobre perros entre 1993 y 2014. No son demasiados, aunque reflejan bien lo que significan para mí. Varios de los textos están dedicados a episodios perrunos concretos, donde ellos son protagonistas. En otros, orientados a diversos asuntos, figuran, sólo como personajes secundarios. Sin embargo, todos estos artículos se encuentran unidos por un sólido vínculo común: la mirada que los perros que amo y amé dejaron en mí, referida a su mundo y el mío. Anécdotas de fidelidad, de coraje, de soledad, de tragedia, de alegría. Historias que quien conoce a los perros sabrá sin duda apreciar en lo que valen, y cuanto significan."

Porque, efectivamente, tal y como comenta Pérez-Reverte en la introducción, todos estos artículos que encontramos en 'Perros e hijos de perra' ya fueron publicados en prensa —y algunos los recordaba haber leído en los libros recopilatorios genéricos que se publicaron—. Y efectivamente también para Reverte los perros tienen un algo especial. Parece que todas esas reglas en las que cree y muestra en sus novelas —lealtad, honor, amistad— las ve reflejadas en los perros. Más reflejadas en los perros que en las personas. En varias ocasiones leerán en este libro la declaración de que cuando muere un ser humano el mundo no pierde gran cosa, la humanidad está embrutecida y ninguna vida la considera sagrada, pero en cambio cuando muere un perro el mundo es un lugar más triste. Y en esa línea irán muchos artículos, en los que exaltará la humanidad y las virtudes de nuestros amigos los perros, virtudes como su coraje y la lucha que le echan a la vida. Es el caso del artículo de anécdota histórica 'Los perros de la brigada ligera'. O el artículo 'El chucho antisistema', que habla de aquel perro que apareció en las noticias, allá por los años 2010-2012, cuando las protestas en Grecia, y del que Pérez-Reverte no citó el nombre pero se llamaba Lukánikos, y del que nos dirá que: "A su manera, sin saberlo, puede que ese chucho también libre su propia guerra antisistema. Batiéndose no sólo por su amo, sino por sí mismo. Por sus colegas: cachorrillos regalos de Navidad que meses más tarde acabarán abandonados en una cuneta; por los perros maltratados, apaleados hasta morir por canallas sin conciencia; por los que acaban ahorcados en el monte cuando son viejos, arrojados vivos a un pozo o liquidados de un escopetazo; por los que enloquecen amarrados con dos metros de cadena o mueren de hambre y sed; por los que son sacrificados sin necesidad pudiendo salvarse; por los que nadie reclama y acaban deslizando su sombra por el corredor de la muerte; por los que infames sin escrúpulos utilizan en peleas clandestinas donde se juegan enormes cantidades de dinero; por esos perrillos drogados que, ante la pasividad de las autoridades, algunos mendigos utilizan para mover a piedad y luego se desembarazan oscuramente de ellos... Y sí. Miro la foto del perro antisistema que se enfrenta a la policía en una calle de Atenas y concluyo que tal vez también él tenga cuentas propias que ajustar. Y que todo será más noble y luminoso mientras junto a un hombre que lucha haya un buen perro valiente."

Como ven, Pérez-Reverte aprovecha el caso de Lukánikos para hacer una crítica social sobre el trato que sufren los canes. Algo que también hará en el artículo 'Bandoleros a cuatro patas'. Y es aquí donde me encuentro al Pérez-Reverte que más me gusta, el que se indigna ante tal injusticia, el que por respeto y empatía hacia los perros lo escupe todo, indignado. Porque puede que a veces la mala leche y los insultos de Pérez-Reverte sean excesivos en algunos temas, pero no en éste. Creo fervientemente que la mala hostia está justificada ante casos de crueldad extrema como perros ahorcados o peleas clandestinas. Por eso uno de mis artículos favoritos es 'La perra color canela', que me resulta conmovedor. En él se cuenta el abandono de una perra en una gasolinera, y aunque allí los trabajadores la adopten y la mimen, la perra nunca dejará de sentirse curiosa ante todos los coches que se paran, por ver si regresa su dueño. O 'Era sólo una perra', en la que nos cuenta un suceso acaecido en el metro de Madrid: una galga abandonada cayó en la vía, y correteaba perdida esquivando metros durante días. La empresa municipal pasó del rescate, y no sería por falta de soluciones que se les propuso con tal de rescatarla. Pero no las aceptaron, y al final pasó lo que tenía que pasar: la perra murió atropellada. Y ante tales casos, ya les digo: Pérez-Reverte no ahorra bilis. Y bien que hace.

Y no es que Pérez-Reverte defienda a los perros desde la distancia, para ganarse el aplauso. Podríamos pensar que lo de Pérez-Reverte es la típica idealización fácil hacia el mundo animal, ya saben: como si los animales fueran tan humanizados que parecieran sacados de una película de Walt Disney, ignorando sus leyes salvajes y su instinto de supervivencia para convertirlos en animales de peluche. Es algo en lo que mucha gente incurre, aunque tal vez sea políticamente incorrecto señalarlo. Pero no es el caso de Pérez-Reverte. Y además hablamos de un animal concreto: el perro, que lleva miles de años domesticado, y conviviendo a nuestro lado. Yo he tenido y tengo perros, y en verdad les digo que, sin idealizaciones, sí creo que nuestros amigos de cuatro patas poseen las cualidades humanas que Pérez-Reverte les proyecta. Aunque sea por simple apego a sus dueños, pero las poseen. Y Pérez-Reverte sabe de lo que habla porque ha tenido cinco perros, de los cuales hay testimonios en algunos de los artículos de este libro. Así sabremos de Sombra, Mordaunt —guiño a los 'Tres mosqueteros' de Dumas— y Sherlock —sobra comentar aquí el guiño ¿verdad?—.

Quizás por eso, por haber tenido cinco perros, el libro se abre con una dedicatoria a su hija Carlota, la cual no creo que haya sido ajena a la convivencia con estos fieles animales. Además también precede a la obra dos citas literarias, la primera de Cervantes —extraída de 'El coloquio de los perros'— y la segunda de Jack London —de 'La llamada de lo salvaje'—. Y para rematar el libro que nos ocupa, se cuenta con la colaboración del pintor Augusto Ferrer-Dalmau, que ilustra algunos relatos con retratos de perros. Además, en uno de los artículos del libro Ferrer-Dalmau tiene protagonismo, se trata de 'El perro de Rocroi', que habla sobre uno de los cuadros de batallas históricas en las que Ferrer-Dalmau está especializado. El cuadro en cuestión es 'Rocroi. El último tercio', y en él aparece un perro precisamente a petición expresa de Arturo.

En definitiva, es una buena lectura para los amantes de los perros, amena y ligera. Sólo le encuentro un defectillo, algo que, al menos a mí, no me acaba de convencer. Y es que, como bien dice el propio Arturo Pérez-Reverte en el fragmento del prólogo copiado anteriormente, en algunos artículos los perros figuran “sólo como personajes secundarios”. Excesivamente secundarios para mi gusto, cuando se supone que el libro gira en torno a ellos. Son artículos donde el tema central es otro, pero en los que aparece un perro de forma testimonial. Tan testimonial que me rompe un poco la idea original que vertebra el libro. Es el caso de 'Cuento de navidad', 'Un brindis por ellos dos' o 'En la orilla oscura'. Y hay algo que tampoco me acaba de convencer: algunas opiniones cuñadas de Pérez-Reverte sobre algunos temas —a bote pronto, el artículo 'Verano de perros y abuelos' me pareció un símil desacertado—. Pero de eso ya he hablado al principio de esta entrada. El libro merece la pena. Nunca está de más homenajear a nuestros mejores amigos.

Valoración: Bien

Te gustará si te gusta Arturo Pérez-Reverte, los perros.

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