'Hombres buenos' (2015) (noticias)

Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

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Ada
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Mensaje por Ada » Mié Mar 18, 2015 5:56 pm

El canto a la Ilustración de Pérez-Reverte
J Romero - libertaddigital.com - 18/03/2015

Dos hombres buenos, académicos de la Española, son elegidos por sus compañeros para hacerse con una primera edición de la 'Encyclopédie' en 28 volúmenes de D'Alambert y Diderot con permiso de la Inquisición y con el visto bueno del rey Carlos III. Es finales del siglo de las luces y la víspera de una revolución que lo cambiará todo.

La última novela del periodista, escritor y académico Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) se adentra en el París prerrevolucionario, en sus ideas y contrastes, de la mano de dos académicos españoles muy distintos que a base de conversaciones y lucidez acaban siendo grandes amigos. Esos 'Hombres buenos' a los que alude el título son el bibliotecario de la Academia y latinista don Hermógenes Molina, y el brigadier de la Armada don Pedro Zárate que viven multitud de aventuras para hacerse con uno de los libros prohibidos en España en aquella época.

Pérez-Reverte se basa en una historia real para contar una historia de aventuras y amistad y un canto a la razón y la ilustración y a esa España que no pudo ser. Porque la novela es un diálogo constante entre fe y razón con los grandes pensadores que han forjado el ideal de la libertad y del hombre por encima de los púlpitos, obispos y reyes.

El autor pasea a sus personajes por los cafés y las tertulias y presenta a algunos personajes relevantes como Benjamin Franklin, el Conde de Aranda o Marat, presentado en un cómico episodio por sus labores de médico. Pérez-Reverte refleja la virtud de un pueblo culto que sea dueño de su destino, que no esté doblegado por la tiranía y la opresión de los poderes eclesiales y reales. Hombres buenos es un homenaje a aquellos que intentaron cambiar una realidad con educación y cultura y que pusieron su grano de arena a favor de la libertad del individuo.

En las páginas de 'Hombres buenos' también hay hombres malos, el clásico de las novelas del escritor cartagenero, el mercenario amoral Pascual Raposo, y dos académicos opuestos ideológicamente que se unen para hundir la empresa, el periodista Higueruela y el filósofo López Terrón. Es la suya la relación que más inquieta en toda la novela y los personajes que encarnan esas dos Españas, mezquinas e intransigentes, que desde su trinchera quieren eliminar al contrario.

Pérez-Reverte también forma parte de 'Hombres buenos'. El autor se sumerge en su nueva novela, sin nombrarse y cambiando los títulos de sus novelas anteriores, y cuenta cómo construye el edificio desde los cimientos. Este truco nos permite elipsis temporales en la historia y conocer mejor la labor de la Academia.

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La cultura como forma de progreso
elvigia.net - 18/03/2015

En el fondo de su nueva novela, ambientada en el siglo XVIII europeo, el escritor español Arturo Pérez-Reverte opone una cruenta lucha entre razón y fundamentalismo; ciencia y religión; humanismo y oscurantismo. En esa época, dice el escritor y académico de la lengua en entrevista, el futuro se concentraba en la lucha que enfrentó a la Iglesia y las fuerzas más obscuras y reaccionarias con el deseo de algunos hombres buenos que deseaban propagar las nuevas doctrinas de la razón que la Ilustración y las Luces traían consigo en aquel mundo, oponiéndose al dogma y la ignorancia, algo que afectó no solo a España, sino a toda la América hispana.

Es en ese contexto donde el narrador sustenta el relato de 'Hombres buenos', título de esta nueva obra, la cual narra las aventuras que viven dos académicos españoles, quienes reciben el encargo de adquirir en París los 28 volúmenes de la primera edición de la 'Enciclopedia' de D’Alembert y Diderot, encargo que se verá amenazado por quienes tratan de evitar que esa obra llegue a España y de ahí pueda propagarse al mundo hispánico.

En ese sentido, Pérez-Reverte indica que esta novela "apunta a la cultura como solución; la cultura como única manera de que el ser humano progrese, se entienda y no se destroce el uno al otro”. El escritor aguza la mirada y ataca las ideas con voz segura, certera en sus afirmaciones: "Para que un pueblo cambie en momentos históricos importantes, solo hay dos vías: la razón y la cultura, o la guillotina y la revolución. No hay más”, afirma.
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Ada
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Mensaje por Ada » Vie Mar 20, 2015 11:02 am

Marta Robles
La Gaceta de Salamanca - 19/03/2015

Empecé a leer 'Hombres buenos', de Pérez-Reverte, sin demasiado interés. No encontraba el entusiasmo suficiente para apuntarme al viaje de dos académicos apolillados al París prerrevolucionario del siglo XVIII, en busca de la 'Encyclopédie' de Diderot y D’Alembert. Pero, claro, tampoco podía imaginar, ni por asomo, que en ese viaje pudieran caber tantas peripecias y que la historia se convertiría en una aventura incomparable, regada, además, de reflexión, honestidad y, sobre todo, de amistad. Es verdad que lo raro hubiera sido pensar que don Arturo iba a dejar a unos académicos, como él, sin la gloria de un recuerdo extraordinario; pero me costaba creer que existiera una manera de convertir ese periplo, a priori sin demasiados alicientes, en tal disfrute para el lector. Olvidaba que la varita mágica de Pérez-Reverte se extiende no solo a la construcción habilísima de los personajes de ficción, que caminan por la narración con la misma credibilidad que los reales, sino también a la gloriosa capacidad para exponer ideas sobre los asuntos más trascendentes de forma sencilla y comprensible. Por si todo esto no fuera suficiente, el propio escritor, convertido en parte de su novela, ofrece los pormenores de su técnica narrativa desde una de las voces del relato, en la que distintas personalidades actuales realizan diferentes cameos, a la par que las del XVIII se mueven con soltura por los salones intelectuales del París bullente de prostitutas, miseria y corrupción. Y encima, los académicos viajeros y buenos, frente a los malos que pretenden desbaratarles los planes, se vuelven tan atractivos según se avanza en la historia, que uno de ellos, acaba convertido en un seductor, cuyo lance romántico tendrá mucho que ver con esa primera escena de un duelo. Entre la exquisita documentación, dos villanos decisivos: Raposo, un malo porque el mundo lo ha hecho así, tan perezrevertiano que huele a Alatriste, y otro más, el abate Bringas, inspirado en el real y revolucionario abate Marchena, que deja constancia de que algunos malos tienen principios. ¿Algo que añadir a este coctel agitado pero no revuelto, que diría el mismísimo James Bond? Pues sí, una mirada, entre el optimismo y la ternura, que arranca una sonrisa al llegar a la última página. Si escribir una mala novela es muy difícil y una buena un milagro, a Pérez-Reverte, mira tú por donde, acabarán canonizándolo.
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Mensaje por Ada » Vie Mar 20, 2015 1:00 pm

"Es ficción hasta cuando cuento cosas reales"
EFE - 20/03/2015

En las novelas de Arturo Pérez-Reverte "todo es novela", todo es ficción, incluso cuando escribe sobre "cosas reales", algo que ha vuelto a ocurrir en su último libro, 'Hombres buenos', recién llegado a las librerías, una historia, dice, de "libros y amistad". Sobre esta intriga ambientada en el siglo XVIII, el escritor y académico ha conversado en Efe Radio con Marta Robles, presentadora y directora de 'Entre comillas', programa en el que Pérez-Reverte ha desgranado los pormenores de su último relato, en el que ha trabajado durante dos años.

Una novela que permite al lector sumergirse en un París fascinante y prerrevolucionario, adonde acuden, por encargo de la Real Academia Española, el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante Pedro Zárate para traer a Madrid la 'Encyclopédie' de Diderot y D'Alembert. El primero es un hombre ilustrado que "creía conciliables fe y razón" y el segundo un "científico, frío, racional", un personaje al que su creador reconoce que le ha prestado parte de su forma de ver el mundo.

"Es -según el escritor y académico- una aventura de amistad ambientada en el siglo XVIII. Es una trama llena de guiños. Mi lector ya sabe cómo me gusta jugar, mezclar libros falsos con libros verdaderos, hacer trampas, guiños, cosas así; adivinanzas y secretos en la misma escritura". El "territorio básico" en el que se mueve el nuevo relato de Arturo Pérez-Reverte es "que los libros son cultura, un territorio noble. Y cuando la gente se mueve en ese territorio crea lazos de amistad". Y "una amistad cimentada -continúa- en torno a la aventura y a los libros es la amistad más sólida y hermosa del mundo".

'Hombres buenos' (Alfaguara) es la "única vez" en su vida como escritor que ha querido que el lector, concluida su lectura, "acabe con una sonrisa en los labios". "Hay demasiada amargura y desesperanza en el mundo, y en mis novelas también, pero es cierto que hay cosas que se pueden salvar de todo esto. Esta novela la he hecho reuniendo en ella todos los restos del naufragio que todavía flotan, todas las esperanzas que aún quedan, las cosas que no están rotas, las inocencias que no están perdidas, las admiraciones que aún me quedan, los afectos que puedo sentir." Esa "parte agradable, amable, esa sonrisa final que he procurado que le quede al lector al concluir la lectura, también -reconoce- me ha quedado a mí" tras escribirla. "En este sentido, es una historia buena, noble en el sentido que pretende que el lector se sienta mejor". Que entienda, insiste, "que pese a toda la basura en la que vivimos, de cuanto vemos y nos rodea, siempre hay hombres buenos y territorios en los cuales poder ser buenos, y donde hay esperanza".

A propósito de estas reflexiones, Arturo Pérez-Reverte confiesa que ha habido amigos que, medio en broma medio en serio, le han dicho que se está "ablandando". "Pero no, estoy seguro que no", asegura. "Tenía la necesidad de abrir una ventana y de que entrara la luz. Escribo con lo que tengo en la cabeza, y el mundo en el que he vivido y en el que vivo tampoco me gusta demasiado. Tenía la necesidad de salvarme a mí mismo, de alguna forma. Esta novela me ha ayudado a querer más a la gente, a la gente que merece la pena que la quieran", puntualiza.
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Sab Mar 21, 2015 9:53 am

Entrevista en 'Libros de arena', de RNE (audio, 17 minutos):
http://www.rtve.es/alacarta/audios/libr ... 0/3055643/

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Dom Mar 22, 2015 8:24 pm

A la luz de Reverte
Entrevista de Gema Veiga - Elle - 04/2015

Quedamos con el gran escritor en París, la ciudad donde le gusta refugiarse y el escenario de 'Hombres buenos', su primer libro optimista: un recorrido por el Siglo de las Luces que despierta nuestro lado más humano.

El cielo pinta azul sobre la terraza roja del café Le Bonaparte. Estamos en el corazón de Saint-Germain-des-Prés, epicentro intelectual y cultural de París, el barrio de la edición, las galerías de arte, el trasiego y los encuentros. Al otro lado de la mesa, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951), con sus manos curtidas en más de 15 millones de libros vendidos en todo el mundo, con su torso erguido por la silla T de la Academia de la Lengua, con su mirada afilada en el periodismo de guerra. Lleva cerca de 30 años viniendo a este distrito a ver la vida. El mismo donde ahora celebra 25 de oficio inspirando su pluma en el Siglo de la Luces que todavía brillan en los viejos adoquines de estas calles que ilustran su nueva entrega literaria. La ha titulado 'Hombres buenos' (Alfaguara): una apasionante intriga libresca por la que transitan las tertulias de los bares cercanos, como Le Procope; la algarabía de los cabarés de los alrededores de Les Halles, el optimismo de uno de los períodos más fructíferos de la historia. "Acabo de pedir paté y queso para comer. ¿Qué prefieres, vino o cerveza, como yo?". "Cerveza", respondo. "Deux bières", le pide al camarero en un francés impecable.

-García Márquez afirmaba que el origen de toda historia era una imagen. ¿Qué activó 'Hombres buenos'?
-Fue un día en la Real Academia, en Madrid, al ver la primera edición de la 'Enciclopedia' francesa. De repente, me digo: "¿Cómo ha llegado esto aquí?". Me pongo a investigar, a hacer preguntas, y pienso: "Esto es una novela".

-De hecho, los dos protagonistas, un bibliotecario y un almirante, son miembros de la Real Academia Española que reciben el encargo de viajar a París para conseguir clandestinamente los 28 volúmenes de la 'Encyclopédie', prohibida en España. ¿La historia es real?
-Está basada en hechos y personajes reales, muy documentada, pero hay cosas que no ocurrieron nunca. Es una aventura intelectual: esta vez, el tesoro es un libro. Uno de los protagonistas cree sólo en la razón y otro considera que ésta es conciliable con la fe. La búsqueda común de algo honorable les permite encontrarse a pesar de que tienen ideologías diferentes. Es una historia de amistad. Y la amistad que se teje en ese recorrido es una buena fórmula para ver cómo el hombre moderno puede salvarse.

-El París del Siglo de las Luces como metáfora de la batalla más antigua del mundo: luz frente a oscuridad.
-Los protagonistas de mi novela son personas buenas que se sientan a hablar, pero los malos intentan reventarles el viaje. Esa tensión entre grandes propósitos y fuerzas negativas define con precisión el mundo actual. El fanatismo no quiere que haya diálogo. Nunca. Tanto el de allá como el de acá. A las fuerzas malas no le interesa que la gente se una porque la unión crea futuro. Por eso al adversario no se le quiere convencido, sino vencido, y a poder ser, exterminado. Eso lo han hecho igual las derechas que las izquierdas: ambas han fusilado al otro. Poca gente después de ganar ha intentado hermanarse. Francia sí. Esa falta de respeto por el rival es lo que hizo que nuestras guerras civiles fueran tan crueles.

-Con la inteligencia también se construyen guerras. ¿Es necesario que exista una dimensión ética sobre la razón para llegar al encuentro?
-Es que fíjate, a veces creemos que la sinrazón es simplemente de la extrema derecha, pero también es de la extrema izquierda. Son los extremos los que son irracionales, precisamente porque son extremos. Ellos son los que nos llevan a la ruina. Esta novela intenta decir que, aunque pienses de manera distinta al otro, si os une una causa noble, surgirán el cariño, el diálogo y la proximidad. Cuando dos personas buenas con ideas diferentes caminan juntas se puede lograr todo. El resultado es espléndido en lo político, en lo social, en lo laboral, en lo afectivo, y eso pasa porque te enriqueces. Apelando a la parte buena del ser humano es exactamente como se halla la solución.

-Me cuentan que justo cuando acabas esta novela ambientada en el París prerrevolucionario sucede el atentado contra 'Charlie Hebdo'. Otra vez la oscuridad. ¿El arte es premonitorio?
Totalmente. Por eso esta novela vale para cualquier clase de fanatismo: sirve tanto para la España oscura del siglo XVII como para la Europa del "je suis Charlie", porque se trata del fanatismo frente a la razón. Los libros tienen siempre un carácter terapéutico, son como una aspirina.

-Explícame eso, por favor.
-Un libro es analgésico, la mejor compañía frente al fracaso, el dolor, la muerte, la tristeza y la adversidad, porque te consuela. No te quita la causa del daño, pero te ayuda a soprtarlo. También es preventivo, en la medida en que te ayuda a comprender las cosas que van a ocurrir. ¿Sabes por qué?... Porque en realidad todo ha ocurrido ya.

-Escribes: "Hay un ejercicio fascinante, a medio camino entre la literatura y la vida: visitar lugares leídos en libros y proyectar en ellos, enriqueciéndolos con esa memoria lectora, las historias reales o imaginarias que en otro tiempo los poblaron". ¿Los libros sirven para reconstruir las ciudades a las que viajamos?
-Los libros son, por encima de todo, interpretativos. Tú llegas aquí, ves la torre Eiffel y los puentes sobre el Sena, te haces tus selfies y dices: "¡Qué bien, París!" Pero si vienes leyendo 'Hombres buenos', por ejemplo, amueblas el París que observas con el que traes en la cabeza, lo activas para que te nutra.

-¿Tu novela es un elogio a los libros, a su poder para cambiar el mundo?
-Lo es. Pero un hombre que ha leído un único libro es peligroso, ya sea la Biblia, el Talmud o el Corán. Un solo libro te hace fanático, muchos te hacen sociable. A más libros, menos males.

-Entonces, el lanzamiento en España, América Latina y Estados Unidos de 'Hombres buenos' supone un mal menos.
-En este libro tienes al Coyote, al Correcaminos y la búsqueda del tesoro, algo que, en realidad, está en toda mi obra. Pero hay algo más: es una novela importante porque ayuda a pensar, hace sentir bien. Ojo, no porque yo sea muy bueno, sino porque he reflejado las ideas de los buenos. En resumen: el 75% de lo que se dice en el libro no es mío.

-¿Ah, no?
-Qué va. Son Moratín, Voltaire, Rousseau, Jovellanos... En este sentido, no se trata de una obra que haya salido de mí: la parte buena es la que han puesto los sabios de antes. Yo me he limitado a preparar la mezcla y a poner mi estilo. Sólo estoy en la figura del narrador. Y ni siquiera, porque una vez que haces literatura ya no eres tú. Anda, come un poco de foie, que está muy bueno.

-Por cierto, ¿cómo te relacionas hoy por hoy con Twitter?
-He bajado la maquinaria. Entraba los domingos por la tarde y mantenía un diálogo intenso, pero me di cuenta de que por mucho que expliques las cosas hay gente que no quiere entender.

-¿Y qué me dices de la Academia de la Lengua, a la que acudes cada jueves?
-Cuando llegué pensaba que era un club de abuelos apolillados, y de ahí que yo no quisiera ser académico. Sin embargo, este libro también es un homenaje a ella. A la de antes y a todas las de ahora, que ya son 22. Y vamos a abrir otra en Guinea Ecuatorial. Pero sí, a mí me costó mucho ser académico.

-¿De verdad?
-De verdad. No me dejaba. Me convenció Dolores Salvador, a quien por cierto dedico el libro. Sin embargo, una vez dentro me di cuenta de que había gente digna, y por eso ahora le tengo tanto respeto a la Academia. Son personas sin ambiciones más allá de ser útiles o hacer diccionarios, un trabajo intelectualmente patriótico. En un momento en el que la palabra "nación" es muy sospechosa, la única patria que no es sospechosa es la lengua española. Ahí se puede hablar sin problema, nadie te llama facha ni rojo. Somos quinientos millones de hispanohablantes. Y 'El Quijote' es la bandera. Servir a esa patria a través de la Academia, ayudar a que sea más limpia, más noble, es hermosísimo. Pero hermosísimo. Sí, esta novela también es mi reconocimiento a esa patria sin contaminar.

-Antes las revoluciones empezaban cuando la gente se amotinaba en una plaza y pedía cambios. ¿Ahora pasan por convertirse uno mismo en el cambio, son revoluciones interiores?
-Sin cultura no hay revolución. Una democracia de personas analfabetas no es democracia. A menudo se confunde la palabra "democracia" con la palabra "libertad". Si no hay cultura educativa de por medio -y esto es muy importante que lo matices tal cual te lo estoy diciendo-, la democracia es imposible, porque no se sabe distinguir al lobo del cordero, al demagogo del honrado.

-¿Cómo se ve España desde París?
-Lo triste de nuestra historia es que no hemos seguido al hombre bueno, sino al que más grita. Pensar que alguien es mejor porque grita más alto ha sido nuestra gran tragedia histórica. El hombre bueno siempre ha estado ahí, pero lo hemos ninguneado y todavía continuamos haciéndolo. Y hay muchas formas de gritar. (se hace un silencio) Porque claro, también 'Sálvame' es una forma de gritar. Es el flautista de Hamelín, el que toca la flauta y se lleva a todo el mundo detrás. Y la gente dice: "Mira, ahí está Belén Esteban, bonita, un autógrafo". "Pantoja, te queremos, qué buena eres, Pantoja". No, hombre, no. El hombre bueno es otra cosa. Pasa lo mismo en política con el que grita más fuerte: "¡Compañeros y compañeras, amigos y amigas, padres y madres, vamos a darles esto a nuestros hijos e hijas! Vaya, qué bien suena esto, que igualitario". Y mientras tanto, el ser humano bueno, que es el ser humano sereno, se sienta, habla bajito, y no se le presta atención. Pues lo que pretendo con esta novela es precisamente amplificar la voz de todas esas personas que hablan bajito.

-¿Seguís charlando en voz baja Javier Marías y tú, moviendo el mundo mientras jugáis al ajedrez?
-(Risas) Seguimos charlando, pero, eso sí, sin tablero de por medio. Él no es ajedrecista como yo.

-Pues hablando de esos soldaditos de plomo que coleccionáis...
(Vuelve a reír) Sí, eso sí.

-...cuando estaba leyendo tu novela llegué a sospechar que los protagonistas erais vosotros dos dialogando.
-Javier es un gran amigo mío. De hecho, lo cito un par de veces en el libro. Pero no, no somos nosotros.

-Es curioso que el trabajo más reciente de Marías se titule 'Así empieza lo malo' y el tuyo 'Hombres buenos'.
-Sí. Mi libro es optimista, un manual para el optimismo moderno. Es más, creo que es la primera vez que soy optimista en una novela. Buscaba escribir un libro que cuando el lector lo acabe diga: "Además de habérmelo pasado muy bien, me siento solidario, me siento feliz". Sí, mi intención era firmar una de esas novelas que hacen mejor persona a quien la lee. Que al terminarla quieras querer más a la gente. Comprendes, ¿no?

-Sí, sí, un libro que nos anime a cambiar el mundo.
-Con esa intención lo he escrito. Porque los únicos que cambian el mundo son los hombres buenos y las mujeres buenas. Te están gustando el queso y el paté, ¿eh?... Pues si hubiésemos pedido un buen vino en lugar de cerveza esto ya sería la leche.

Fotos: http://www.icorso.com/foro/mensaje.php?a=41184&b=24&c=1

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Lun Mar 23, 2015 10:41 am

Reseña de 'Hombres buenos', de Arturo Pérez-Reverte
criticadelibros.es - 23/03/2015

Casi siempre consagrado al género de la novela histórica, Arturo Pérez-Reverte se tomó una pequeña pausa con su obra anterior, 'El francotirador paciente', en torno al mundo del grafiti. Ahora, el ex corresponsal regresa al género con 'Hombres buenos', que transcurre en el último tercio del XVIII, una época que el escritor nacido en Cartagena ya había tratado en otros de sus escritos. Esta vez parte de sucesos reales, mezclándolos con otros inventados.

Reivindica la cultura para las masas, en una época en la que ésta se valora cada vez menos, y los políticos parecen fomentar la ignorancia, pues como es tradicional se benefician de ella con creces. El autor advierte que a pesar de los avances propiciados por la Ilustración podría tener lugar un retroceso global. 'Hombres buenos' incluye numerosos elementos de los libros de aventuras, tal y como cabe esperar en una obra del responsable de 'El capitán Alatriste', con la huella reconocible de autores como Alejandro Dumas y Walter Scott. Sus personajes son lo suficientemente sólidos, pero cobran especial importancia los diálogos, sobre todo los que los dos protagonistas mantienen a lo largo de su periplo.

En algún momento parece que va a caer en la crítica brutal hacia sus compañeros al estilo de 'Territorio comanche', e incluso parece que el autor bromea con esta idea en algunos fragmentos. Sin embargo, acaba siendo un libro amable que sirve como homenaje a la Academia de la Lengua, a la que pertenece Pérez-Reverte. De hecho, los fragmentos en los que interactúa con otros destacados personajes de la institución son los mejores, así como la parte metaliteraria en la que ilustra sobre cómo va creando la novela.

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Mensaje por Ada » Lun Mar 23, 2015 5:26 pm

ENTRETENIMIENTO 23 de Marzo EFE

Arturo Pérez-Reverte: el mundo se cambia con razón y cultura, o con la revolución
El escritor entona un canto a los libros y a la amistad en su nueva novela, 'Hombres buenos', una intriga ambientada en el siglo XVIII.

En su novela, el autor deja muy claro que "sólo hay dos formas de cambiar el mundo: con la razón y la cultura o con la revolución y la guillotina".

Basada en un hecho real, 'Hombres buenos' funde con maestría la intriga y las peripecias habituales en los libros de este escritor con el torbellino de ideas y reflexiones propias del XVIII, ese siglo en el que los ilustrados intentaron "barrer fanatismos y se dieron cuenta de que la educación de los pueblos era la mejor forma de vivir en paz".
Y es una novela llena de claves que permiten comprender bien el presente, y que contiene "una reflexión moral y social sobre la España del siglo XVIII y la de ahora, sobre lo que pudimos ser y no fuimos, y el porqué somos como somos", indicó el escritor en una entrevista con Efe con motivo del lanzamiento de su nueva novela en todos los países hispanohablantes, editada por Alfaguara.
En su nuevo libro, sumerge al lector en el París de los años previos a la Revolución francesa, y despliega ante él el mundo cultural, político e ilustrado de la época.

La novela se le ocurrió a Pérez-Reverte, académico de la Lengua desde 2003, al ver en la Biblioteca de la Real Academia Española los 28 tomos de la primera edición de la Enciclopedia francesa, que la RAE compró en París en el último tercio del XVIII, a pesar de que estaba prohibida en España.

Para adquirirla, mandaron a dos "hombres buenos" a Francia, como consta en las actas de la RAE, una institución a la que Pérez-Reverte rinde homenaje en su novela.
He querido homenajear a los académicos del XVIII por su grandeza, su tesón, su bondad, su patriotismo, y porque intuyeron que definiendo con rigor la lengua, haciéndola más racional y científica, también estaban cambiando España", subraya el novelista, que se siente "en deuda con aquellos hombres".


De traer a España l'Encyclopédie de Diderot y D'Alembert se encargan, en la ficción, el bibliotecario don Hermógenes Molina, un hombre ilustrado que "creía conciliables fe y razón", y el almirante don Pedro Zárate, "científico, frío, racional" y un personaje al que Pérez-Reverte le prestó parte de su forma de ver el mundo.

Estos "hombres buenos" tendrán que sortear mil dificultades en su viaje y durante su estancia en París, donde les hará de guía el abate español Bringas, "un ser exaltado, revolucionario, ultramontano".

Desde España, intentan boicotear la compra de la Enciclopedia dos académicos "malos", opuestos ideológicamente entre sí.

'Hombres buenos' se desarrolla en el siglo XVIII y en el XXI, y el narrador es un académico actual de la RAE y, aunque Pérez-Reverte insiste en que no es él, lo cierto es que se le parece mucho.
Sólo el autor de 'El Club Dumas' podría bromear ante sus compañeros de la RAE con escribir una novela que titularía 'Limpia, mata y da esplendor' y en la que los académicos irían siendo asesinados uno tras otro.

Pérez-Reverte está convencido de que "la incultura y el fanatismo llevan a la barbarie". Para comprobarlo, basta con ver en la actualidad la forma de actuar del grupo yihadista Estado Islámico.

Este novelista que ha dado "demasiados tumbos por la vida" como para poder ser "un hombre bueno", valora por encima de todo la amistad, y tiene amigos "en muchos países y ambientes distintos, desde los más bajos a los más respetables".

http://www.pulzo.com/entretenimiento/30 ... a-o-con-la
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Mensaje por Rogorn » Mar Mar 24, 2015 6:30 pm

Entrevista de Marta Robles (audio, 55 minutos)
http://www.martarobles.es/2015/03/entre ... z-reverte/

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Mensaje por Rogorn » Mié Mar 25, 2015 10:47 pm

'Hombres buenos' de Arturo Pérez-Reverte (Ed. Alfaguara)
Antonio Martínez Asensio - antena3.com - 25/03/2015

'Hombres buenos' no solo me ha divertido y me ha gustado mucho sino que me ha reconciliado con Pérez-Reverte. He encontrado casi todo lo que me gusta de su escritura y no he encontrado casi nada de lo que no me gusta. Cuenta una historia magnífica, muy interesante, y la cuenta muy bien.

La historia que cuenta Arturo Pérez-reverte en 'Hombres buenos' es interesantísima y está basada en un hecho real apasionante: la decisión de la Real Academia Española, a finales del siglo XVIII, de enviar a dos de sus miembros a París para comprar la Enciclopedia, la edición original. Un viaje que se realizó gracias a un permiso real, y tal vez, tal y como se cuenta en la novela, gracias a su silencio frente a las peticiones de prohibir el viaje para evitar que la Enciclopedia llegara a nuestro país y las ideas que defendía lo pusieran patas arriba.

Por un lado encontramos la descripción de la España de entonces, cuando la Enciclopedia estaba prohibida por la Inquisición: las luchas con la Iglesia, la vida cultural, los intereses, el cuidado que había que tener, los defensores de los planteamientos más reaccionarios y los que defendían cierta apertura: el miedo a saber, a la cultura, y la defensa del sistema de poder tal y como estaba establecido.

De la misma forma, es apasionante la descripción que hace del París pre-revolucionario, un lugar donde las mujeres opinan en la mesa y leen novelas eróticas, y donde se palpa el descontento, que parece ir llenándolo todo. La ciudad de la luz, a pesar de todo, llena de librerías y de cultura.

Y todo ello de la mano de personajes reales, como los dos académicos que realizaron el viaje, y la persona, tan peculiar, que les guió por París, o el entonces embajador de España en París, o la dama que organiza las reuniones en su casa. O el resto de los académicos españoles. Personajes que además de servir a la trama sirven para llevar a cabo otra de las cosas más interesantes de esta novela, las discusiones que nos muestran cómo era la forma de pensar de entonces, la influencia de la filosofía y de la religión en la sociedad, aquí y allí.

Y es interesantísimo también lo que nos cuenta sobre la edición original de la Enciclopedia y las ediciones sucesivas, realizadas la mayoría de ellas fuera de Francia, ya que también allí estaba en la lista de libros prohibidos, y los cambios que sufrió en sus contenidos en cada nueva reimpresión. Como es interesante la investigación que el narrador hace de la historia real, la investigación que lleva a cabo sobre la llegada de la Enciclopedia a nuestro país, contada desde la actualidad.

Y a estos planos se suma la propia aventura de los dos académicos, lo novelesco, las aventuras que sufren en el viaje. Desde el propio viaje en sí, atacados por bandoleros, con las incomodidades de las postas y de los caminos, hasta los ataques de un personaje siniestro que es contratado por dos académicos españoles para que el libro nunca llegue a España, personaje que intenta por todos los medios hacer su trabajo y convierte así el viaje en una aventura donde ocurre casi de todo, en un registro que Pérez-reverte controla muy bien y que convierte la obra en una novela de aventuras divertida y emocionante hasta el final.

A mí me ha parecido un libro entretenido, divertido y muy interesante, que me ha reconciliado, además, con su autor: he encontrado casi todo lo que me gusta de su escritura y no he encontrado casi nada de lo que no me gusta. Lo he disfrutado de cabo a rabo. Muy recomendable.

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aik
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Mensaje por aik » Jue Mar 26, 2015 12:55 pm

está basada en un hecho real apasionante: la decisión de la Real Academia Española, a finales del siglo XVIII, de enviar a dos de sus miembros a París para comprar la Enciclopedia

Ya, y a buscar lis papeles del alferez Balboa...
"Son Españoles los que no pueden ser otra cosa". (Cánovas)

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Jue Mar 26, 2015 5:43 pm

"Somos un país con mucha memoria de la infamia pero con poca cultura para diluirla"
Marta Caballero - elmundo.es - 26/03/2015

Se le ve contento a Pérez-Reverte. Ha logrado un hito en su biografía literaria, terminar una novela con una sonrisa. Él, que es un escritor amargo, que conserva en la memoria una vasta galería de imágenes desagradables, se siente incapaz de escribir novelas felices. Pero en el caso de 'Hombres buenos' (Alfaguara), centrándose, como se ha centrado, en personajes que, contra viento y marea, salen a buscar el bien -entendido aquí como la cultura- el regusto ha sido algo más dulce y hasta tierno. Se lo vino a decir anoche su amigo Antonio Lucas, aun a riesgo de que el lobo feroz pudiera soltarle una leche por asociarlo a semejantes cualidades. El poeta y periodista de 'El Mundo' presentó el libro en FNAC Callao, con una entrevista enmarcada en una velada con ínfulas de estreno cinematográfico y en la que se vieron demostraciones de esgrima, teatralizaciones de los personajes de sus libros y, como siempre, una legión de seguidores que, una vez más, hizo cola para llevarse su ejemplar firmado.

Y aunque 'Hombre buenos' tiene mucho de ajuste de cuentas con el pasado y con el presente, la historia requería ese halo de optimismo, siquiera por haberle confirmado que la bonhomía y el gusto por el conocimiento existían en el siglo de las luces, que en España fue más bien de sombras. Y que existen hoy, donde la negrura campa a sus anchas. "La historia requería este final. Yo no soy un artista, sino un novelista profesional: cuento historias, y si además resulta que las leen, pues estupendo. Pero en esta ocasión me he dejado pillar, me he enamorado de los hombres con los que he trabajado". Se refería el novelista a los personajes con los que ha ido topándose en la vida real y, en particular, a sus días en la Real Academia Española, gente que, como Mingote o Francisco Rico -que ha inspirado uno de los personajes del libro-, peleó o pelea por el patriotismo cultural, acaso el concepto clave de la obra y un binomio que al autor le encanta. "Estaban cerca de mi corazón y no he podido evitar que eso se trasladara a la historia", dejó dicho.

Como destacó Lucas, esta nueva aventura del narrador mira de frente a "la España que pudo ser y no fue y a la que quiere ser y no la dejan", un ejercicio de "potencia de ideas y autenticidad que contiene todo el galope de la escritura de Pérez-Reverte". El argumento nos habla de dos hombres que reciben el encargo de la Real Academia de importar a tierras españolas un libro prohibido, la 'Enciclopedia' de Diderot, una obra que, definió el periodista, "intentó hacer al hombre mejor y que, en algunos casos, incluso lo consiguió". Para Pérez-Reverte, aquella coyuntura se corresponde con un momento en el que España tuvo la mejor oportunidad para cambiar: "Estábamos casi [sic]. Teníamos un rey que leía libros, que asombrosamente era culto, con ministros que también practicaban el patriotismo cultural, que sabían que España iría mejor si la cultura se extendía a las capas más bajas".

Después, sin embargo, esa esperanza se perdió y toda la gente que trató de salir del agujero tuvo que meterse dentro nuevamente, lamentó Pérez-Reverte. Y es justo en este contexto de la esperanza perdida, de los intentos nobles que fracasan, donde el libro dialoga con el presente, como si esa condición española tan dramática del pudo ser y no fue fuera una constante, una lacra maldita que no vamos a quitarnos de encima jamás: "Intenté que la novela tuviera una lectura actual. Manejé mucho material, de manera que los personajes hablaban por Moratín, Diderot... y me daba cuenta de que todo era válido hoy, de que era un manual de supervivencia para el siglo XXI. Eran gente de una talla intelectual tan alta que todo sigue siendo válido. Sin yo quererlo, la novela se fue convirtiendo en una especie de luz que ilumina el presente para entender por qué somos como somos y qué nos impidió ser otra cosa".

Mientras la escribía, se le coló un narrador que terminó de cuadrar este paralelismo entre pasado y presente. Preguntado por este asunto, Reverte zanjó: "Soy un escritor profesional. Cuento historias y aquí lo estaba haciendo de forma lineal. Vi entonces que había muchos tiempos muertos que requerían una explicación por parte del narrador, una figura que me permitía hacer elipsis, justificar y jugar con libros antiguos, modernos... Es una herramienta narrativa, una necesidad de la propia historia. Ninguno de los episodios ocurrió de verdad". Sí, salvo aquello de que "todos quieran matar a Paco Rico", bromeó Lucas, que seguidamente le preguntó por el París que en 'Hombres buenos' adquiere una categoría de protagonista. "Era muy seductor imaginar a dos abueletes académicos, el bibliotecario y el almirante, en ese París que bebía de inteligencia, cultura y agitación. El de los salones libertinos, los cafés con tertulias... Hay una cosa que me hizo muy feliz con esta historia y es que cuando uno va, por ejemplo, a México buscando a Rulfo o a Venecia con la película de Visconti, se da cuenta de que el autor ya no está ahí. Pero la realidad se borra y eres tú quien coloniza el lugar con la imaginación. París es hoy tan vulgar como cualquier otro sitio lleno de turistas, yo entre ellos, pero llevas los libros que has leído, las notas que has tomado, y puedes borrar el presente, jugar con tu imaginación. Iba allí y me sentaba con Voltaire, supongo que en la novela se tiene que notar".

En esos días parisinos, la cultura, el concepto del que bebe la novela, era la salvación, la clave para soportar el presente: "A menudo no me gusta el mundo en el que vivo. Tenemos una larga historia de infamia, de violencia, de vileza. Supongo que eso surge de ocho siglos de moros y cristianos, de rojos y fachas... Muchos pueblos tienen eso, pero algunos de esos pueblos además tienen cultura. Hablo de la cultura de verdad, no de la de diseño. Hablo de conocimiento, educación, espíritu crítico, de la biblioteca como lugar para vivir. El único antídoto frente a la vileza o la envidia es la cultura. Con libros nos entendemos. La cultura como solución y como consuelo. No puedo cambiar el mundo pero sí tengo una biblioteca en la que refugiarme", enumeró. Finalmente, la cultura aparece aquí como un analgésico que, si bien no elimina la causa del dolor, sí ayuda a soportarlo: "El gran problema que tenemos es que somos un país con mucha memoria de la infamia pero con poca cultura para diluirla y soportarla en la bondad y la convivencia".

Como le recordó Lucas, hay una frase en la novela que parece estar escrita hoy o incluso mañana, el hecho de que los españoles sigamos siendo nuestros peores enemigos. Y, al escucharla, Pérez-Reverte volvió a hacer gala de su enfado: "Antes teníamos excusa. Cuando un campesino analfabeto en el 32 le pegaba fuego a la finca del señorito con el señorito dentro o cuando un falangista le daba el paseo al juez que le había condenado, cuando la barbarie despuntaba en todo su esplendor hasta hace cuatro días, había una excusa histórica, y es que aquellos hombres no habían podido elegir, les habían hecho así siglos de reyes imbéciles, curas fanáticos, ministros incapaces... Pero ahora hay educación obligatoria, periódicos, internet... El que ahora ve 'Sálvame' en vez de 'Salvados' es porque quiere. El problema del que he intentado curarme con esta novela es que cada vez sientes menos compasión. Puedo sentirla todavía por los perros, los niños, los ancianos...".

¿En ese orden? Volvió a afilar Lucas. "Un varón de entre los 35 y los 40 años es lo que tengo en el peor lugar", guaseó el autor antes de volver a arrebatarse: "El hombre cae siempre en los mismos errores y eso tiene el peligro de hacerte perder la compasión. Es algo que te aísla, que te quita humanidad pero no lo puedo evitar. En cambio, gracias a esta novela me he animado a buscar aquello que todavía hace compasivo al hombre. Es como reunir los restos del naufragio para ver que todavía puedes seguir a flote. Me ha devuelto parte de los afectos".

Esa búsqueda de la bondad y de la compasión en quienes todavía se rigen por férreos códigos morales la encontró incluso en sus personajes más pérfidos, los que son marca de la casa: "Son los que más me gustan, he conocido a Raposos y a Alatristes en muchos sitios. Gente muy mala. Torturadores, delincuentes, francotiradores... A veces trabajaba con ellos y era interesante. ¿Qué periodista profesional no se acerca a un torturador para ver cómo lo hace? Te metes en los rincones más turbios y oscuros del ser humano y es útil lo que descubres, sean buenas o malas las cosas que aprendas. Con estos Raposos yo escribo novelas. He conocido a voluntarios supuestamente de corazón puro dispuestos a sacrificarse -y he dicho "dispuestos", no que se sacrificaran-, que en el momento de la verdad habían ido a por tabaco. Sin embargo, toda esa otra gentuza tenía una especie de consecuencia operativa muy interesante. Esa profesionalidad del hijo de puta, esas reglas eficaces, son interesantísimas. Por eso el Raposo funciona como funciona, porque se basa en un Raposo real con el que yo tengo fotos".

Por entender, entiende Reverte hasta al abate Bringas, un ser exaltado y dispuesto a cortar cuellos, como resumió Lucas, pero al que acabamos aceptando a lo largo del libro: "Es un personaje español que apuntaba en 'El maestro de Esgrima'. Un fanático, un sanguinario, pero que es honesto. Porque otra cosa que he encontrado en la vida es hijos de puta honestos, con un fanatismo letal y un afán descabezador espeluznante pero honrados en sus mecanismos personales, creyendo que el baño de sangre iba a cambiar para bien el mundo en el que vivían. Quería introducir ese personaje, el fanático culto, inteligente, racional, no el payaso, actor, demagogo, populista, facilón, sino el de verdad peligroso".

Más allá del territorio de los mezquinos, ¿Quiénes son las referencias de Pérez-Reverte? Los hombres ("vivos, a ser posible", pidió el presentador), cuya moral inspira al autor. "El día que enterraron a mi padre alguien dijo detrás de mí que era un hombre honrado y un caballero. De esos hay, los he conocido, alguno en la Academia todavía, pues esta institución también es parte del mundo en el que vivimos. En los peores momentos en los que uno mira y no ve a nadie habrá siempre dos o tres que actuarán como hombres honrados o caballeros. Sabes que están ahí".

Al final de la charla, le requirió Lucas que explicara qué era eso de ser un escritor profesional o si tal vez esa definición era una forma de fastidiar a los que dicen no serlo, a los que escriben elevados a la categoría de creadores. "Profesional es el que no se plantea la novela como una obra de arte sino como un ejercicio complejo, como un producto de alta calidad al que le pone sentimientos, imaginación... No tiene nada de negativo, como no lo tiene un mercenario. Los periodistas lo somos, ponemos límites, pero cobramos un estipendio, hacemos nuestro trabajo puntual y rigurosamente". Precisamente, en 'Hombres buenos' el plumilla es el personaje más siniestro: "Es que hubo un tipo de periodista en los siglos XVIII, XIX, XX... y XXI que mandó a mucha gente al cadalso, real o figurado. La prensa también ha sido un elemento de represión, no sólo de libertad", lamentó.

Así las cosas, ¿sigue Reverte creyendo en su antiguo oficio? "La prensa continúa siendo necesaria, sin ella estamos perdidos. Pero en los últimos tiempos los medios han obligado a los periodistas a tomar partido. En 'Pueblo' había comunistas, fascistas... El editorialista era el que se mojaba con el medio, pero los demás éramos libres. Hoy, en cambio, hasta el becario está obligado a dar la puntadita para agradar a sus jefes. Ya no se puede ser honrado siendo un mercenario del periodismo. Había más dignidad en los medios informativos de la primera etapa del franquismo que en los de ahora".

Lucas tuvo la deferencia de cederle la última pregunta a una lectora: ¿Qué buscarían esos hombres buenos en la España actual? Respuesta sentenciosa: "Lo mismo, libros. Es que no hay otra vía. No se dan cuenta los ministros de Educación, Cultura o como se llame eso". Igual es que lo hacen a posta, sugirió el periodista. Y el cierre no pudo ser más revertiano: "No, no lo hacen con maldad, eso sería suponerles inteligencia, es pura estupidez. El día que el libro deje de leerse seremos pasto de los bárbaros. Es la única aventura intelectual que merece la pena. Lo demás son milongas de diseño y de pasarela Cibeles".

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Mensaje por Rogorn » Jue Mar 26, 2015 5:57 pm

Dos hombres buenos en busca de la sabiduría
elbuhoentrelibros.blogspot - 26/03/2015

No puede menos que llamarme la atención la biografía que de Arturo Pérez-Reverte nos presenta la editorial en la solapa interior. Frente a biografías de otros autores en las que como te descuides te cuentan hasta los premios que ganó en el colegio, no puede menos que resultar chocante las breves pinceladas con la que despachan el amplísimo curriculum de Arturo Pérez-Reverte, porque solo se mencionan algunas de sus novelas y no se nombra ningún premio. Seguramente no haga falta. Si no conoces a Arturo Pérez-Reverte, tienen página y páginas en Google para informarte.

-¿Son esos libros tan valiosos como para morir por ellos? -pregunta.
El otro lo piensa un instante, o parece hacerlo.
-No es por ellos, sino por lo que tienen dentro -responde, al cabo.
-Vaya... ¿Y de qué se trata?
-De la Razón. Lo que hará que un día no existan hombres como usted. (Página 565)

A pesar de los muchos libros que he leído de Arturo Pérez-Reverte (creo que a excepción de 'Trafalgar' [sic] los he leído todos), he de reconocer que 'Hombres buenos' ha supuesto una sorpresa por el fondo y por la forma, que no tanto por el tema tratado. 'Hombres buenos' es todo un tratado de literatura (metaliteratura en estado puro) pues por sus páginas van a desfilar decenas de libros y autores de la época al margen de la mencionada Encylopédie ("la obra que compendiaba la mayor aventura intelectual del siglo XVIII: el triunfo de la razón y el progreso sobre las fuerzas oscuras del mundo entonces conocido. Una exposición sistemática en 72.000 artículos, 16.500 páginas y 17 millones de palabras que contenía las ideas más revolucionarias de su tiempo, que llegó a ser condenada por la iglesia católica y cuyos autores y editores se vieron amenazados con la prisión y la muerte" -página 16-), eje principal de la trama. Pero eso no es una gran novedad, porque sin ir más lejos, las famosas novelas de Alatriste también son un compendio de autores de la época que nos narra, con numerosas citas de los poetas y escritores de aquella época. En este caso va un paso más allá y nos muestra la Real Academia Española, tanto en la época actual, con menciones expresas a algunos de sus miembros, como a la de finales del siglo XVIII. Todo un alegato en defensa de esta institución por lo que supuso y supone para la defensa de la lengua castellana.

La forma en que Arturo Pérez-Reverte lleva la narración es muy singular, porque junto al texto de la misma, va intercalado eso que en las películas llaman el “making of”, que no deja de ser otra cosa en este caso que el “cómo la escribí”. Por eso no sólo nos contará cómo surgió la idea, sino cómo se documentó sobre el tema, con quién habló, qué libros y mapas consultó, como buscó algunas localizaciones... Porque por más sorprendente que pueda parecernos en algunos momentos, los hechos que nos narra el autor son reales, y él se ha limitado a darles una forma novelada y rellenar con diálogos y escenas -que en todo momento resultan no solo verosímiles sino que se puedan aproximar mucho a lo que realmente ocurrió-, aquello que los documentos no detallan totalmente. Consigue además introducir este elemento descriptivo de información al lector, sin que la novela pierda ritmo.

Hay aspectos diferentes a los de otras novelas, porque por lo menos el primer terco de 'Hombres buenos' tiene las características de una road-movie, en que dos personajes que no se conocen y con personalidades aparentemente muy dispares como son el almirante y el bibliotecario, han de compartir las penalidades de un viaje en el que se irán conociendo profundamente, lo cual dará lugar a una amistad leal y sincera. Junto con estos aspectos novedosos en la novela, Arturo Pérez-Reverte conserva aquellos otros que sirven de seña de identidad para su obra, como son la crítica del presente a partir de hechos del pasado. Porque la historia de la España actual no es tan diferente de la del Siglo de Oro que nos narraba en 'Alatriste', o la de este final del siglo XVIII:
"Sólo un Estado organizado y fuerte, protector de artistas, pensadores y científicos, es capaz de proveer el progreso material y moral de una nación... Y ese no es nuestro caso". (Página 107). Ni lo era, ni lo es. Críticas que además en algún momento tienen nombre y apellidos, como cuando menciona expresamente a Mariano Rajoy: "¿Alguna vez lo has visto en un acto cultural?... ¿En un estreno teatral? ¿En la ópera¿ ¿Viendo una película?" (Página 19)

También es verdad que en algún caso, es la propia actualidad la que sin querer se hace presente en la novela, como al hablar de los restos de Cervantes, hoy supuestamente encontrados: "Miguel de Cervantes, el hombre que más gloria dio a las letras hispanas y universales, yace ahí mismo, en una fosa común. Sus huesos, vueltos al polvo, se perdieron con el tiempo. Murió pobre, abandonado de casi todos, arrojado al olvido por sus contemporáneos tras una vida desdichada, sin apenas gozar del éxito de su libro inmortal". (Página 71)

También conserva otra de sus señas de identidad, como el perfeccionismo con el que dota de vida a sus personajes. No se trata solo de su descripción física, sino a la descripción de su alma. Por eso sus personajes están cargados de claroscuros, capaces de lo peor y lo mejor. Y si espectaculares son los dos académicos que viajan a París a conseguir la enciclopedia, no se le queda atrás el “malo”, aquel que ha recibido la misión de sabotear el éxito de la misión: "Los hombres suelen dividirse en dos grandes grupos: los que cometen actos viles por bajeza natural, supervivencia o cobardía, y los que, como él mismo, para ejecutar esas vilezas exigen que se les pague al contado". (Página 87)

'Hombres buenos' es una defensa cerrada de la libertad del hombre. Una libertad a la que puede llegarse solamente a través del conocimiento, del saber. De ahí que la oposición a la adquisición de la enciclopedia viniera desde distintos enfoques: "En esto, aunque desde lugares opuestos, coinciden nuestros puntos de vista. Para mí, patriota y católico, es obra de los llamados filósofos franceses es corrosiva y nefasta. Para usted, pensador profundo, perito en la minoría de edad de este ingenuo pueblo español, su lectura aquí y ahora resulta excesiva". (Página 39)

También es el choque entre la razón y la fe. ¿Incompatibles? Ese es el dilema del bueno del bibliotecario Hermógenes Molina, un hombre de fe, que no se opone en ningún momento al saber, por más que en algunos momentos esto suponga un dilema para sus creencias. Un debate hoy aparentemente aparcado, con una sociedad cada vez más apartada de la religión, pero sin que eso haya supuesto que el saber y la cultura hayan alcanzado un puesto de privilegio en nuestra sociedad. "Sería de justicia recordar que, en tiempos de oscuridad, siempre hubo hombres buenos que lucharon por traer a sus compatriotas las luces y el progreso... Y que no faltaron quienes procuraban impedirlo". (Página 37)

Sin duda esta es la obra más personal de Arturo Pérez-Reverte, en la que aparca buena parte de su pesimismo para presentarnos su novela más amable, porque por una vez y sin que sirva de precedente, triunfa el bien. No está de más tomar nota de las palabras que el propio autor vuelca en la novela hablando del por qué de esta obra: "A esta edad hay más historias por escribir que tiempo para ocuparse de ellas. Elegir una idea implica dejar morir otras. Por eso es necesario escoger con cuidado. Equivocarse lo justo". (Página 19).

'Hombres buenos' es una novela que me ha sorprendido, por su peculiar estilo narrativo en el que el autor nos cuenta cómo fue escribiendo la novela al mismo tiempo que esta se desarrolla. Con un ritmo ágil a pesar de que no hay mucha acción, si bien es verdad que a mi parecer en algún momento se le va la mano aportando nombres y datos de autores y libros (con acelerar la vista sobre esos párrafos asunto resuelto). Los momentos de acción son mínimos pero espectaculares, fiel a la habilidad que el autor tiene para describir escenas. Algunas como el duelo o la carga solitaria de un teniente, dignas de figurar entre sus mejores escritos.

Muy atinada la crítica que hace de la sociedad actual, tan parecida a la de aquel siglo XVIII, que no hemos cambiado tanto. Si acaso en algunas cosas, para peor, como cuando recuerda que los libros de ahora no son ya como los de antes: "Hojeé algunas páginas al azar. El papel, inmaculadamente blanco pese a su edad, sonaba como si estuviera recién impreso. Buen y noble papel de hilo, pensé, tan distinto a la ácida celulosa del papel moderno, que en pocos años amarillea las páginas y las hace quebradizas y caducas". (Página 17)

Sumadle a todo lo anterior ese debate filosófico entre la razón, la fe, la cultura, el poder, para saber que estamos ante una gran novela. Por cierto ¿qué queda hoy de la filosofía? En suma, una gran novela para aquellos que busquen algo más que aventuras en su lectura. Gracias a mi amiga María Ángeles, que me regaló este libro, con la firma del autor incluida.

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Mensaje por Rogorn » Jue Mar 26, 2015 11:15 pm

Fotos de la presentación de HB en la FNAC:
https://www.facebook.com/permalink.php? ... 8070554585

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Mensaje por Rogorn » Vie Mar 27, 2015 8:25 pm

“La cultura es el único antídoto frente a la vileza”
cafebabel.es - 27/03/2015

Contar historias y contarlas bien, la esencia de la literatura y del periodismo. La materia con que trabajan los mercenarios de la palabra para, en un caso, hacernos soñar con un mundo mejor y para, en el otro, explicarnos cómo funciona en el que vivimos. Dos oficios antiguos, envilecidos por algunos, que Reverte ha practicado con “honradez”, como esos personajes de novela que tanto le gustan. El pasado miércoles, 25 de marzo, la Fnac de Callao (Madrid) le dedicó toda una noche para él solito. Una noche mágica y muy especial para todos aquellos que nos refugiamos en sus palabras cuando arrecia la tempestad. “Nadie dijo que fuera fácil”, nos decía Arturo Pérez-Reverte en un artículo de 2007 que hemos leído cientos de veces cuando nos faltaban las fuerzas: “Sabes ya que puedes ser feliz a tu manera y no a la de otros, con tus libros, con tus películas, con tu familia, con esos amigos que no sabes cuánto tiempo van a durar y por eso aprecias tanto, con la mirada serena que ahora posas a tu alrededor, en la calle, en el trabajo, en la vida. En la muerte”. Eso nos recordaba, como bálsamo para los momentos atribulados, en ese artículo que guardaba como un tesoro la chica que iba delante de mí en la cola de la firma de libros. Me hubiera gustado saber qué sintió Reverte al verla sacar de su mochila el recorte de la revista guardado en una de esas funditas de plástico y darselo para que lo firmara. Pero eso fue rozando las doce y media de la noche y la magia había comenzado mucho antes.

La cita era a las 9. “La noche de Arturo Pérez­-Reverte”, habían llamado al evento. Los carteles anunciándolo inundaban la tienda. El rojo de la portada de 'Hombres buenos', su último libro, el que había venido a presentar, estaba por todas partes. Eran las 7 de la tarde y la cola ya era bastante considerable. “No puede ser para ver a Reverte”, pensé; pero sí lo era. “Lo siento, pero el aforo es limitado y ya no vais a poder entrar, podéis verlo en streaming en el hall o hacer la cola para la firma”, explicaba pacientemente una chica menuda con aspecto de tímida a eso de las 8. Era asombroso y reconfortante a la vez que toda aquella gente estuviera allí por un escritor y por un libro que habla de “patriotismo cultural”, de esa creencia en que sólo la cultura puede ayudar a los pueblos a prosperar. La música, casi celestial, del libanés afincado en Madrid Ara Malikian sirvió para amansar a las fieras impacientes de tanta espera o frustradas por no caber en el Forum de la FNAC. Su violín y su sonrisa hipnotizaban de tal manera que uno se olvidaba de lo que había ido a hacer allí y sólo existían la paz y la serenidad que salían de sus acordes.

'Hombres buenos' es una “novela extraordinaria”, afirmó en su presentación el también escritor y periodista Antonio Lucas, sobre la España que pudo ser y la que quiere ser y no dejan que sea, un “quinqué para alumbrarnos esos lados oscuros que ni sabíamos que existían”. “¿Fue el XVIII la mejor época fracasada de España?”, le pregunta en un diálogo entre amigos que destila admiración y un profundo respeto mutuo. Y Reverte le dice que estuvimos “a punto”, que teníamos un rey que leía, con unos consejeros que creían en la educación del pueblo como motor de progreso; pero que “tropezamos con el altar y la esperanza se perdió”. Una esperanza que nos sigue hablando hoy. “La novela se fue convirtiendo poco a poco en una luz para iluminar el presente”, asegura Pérez­Reverte, aunque no la empezó con esa intención. Pero lo que propugnaban los enciclopedistas sigue siendo válido en el presente, y por eso 'Hombres buenos' es un “manual de supervivencia en el siglo XXI”.

El bibliotecario Don Hermógenes Molina y el almirante Pedro Zárate son los dos hombres buenos elegidos por la Real Academia Española en el siglo XVIII para traer las luces de la 'Encyclopédie' de Diderot del otro lado de los Pirineos. Esta empresa no será nada fácil. Ésa es la historia que late en esta novela, en la que París es un personaje más y en la que Peréz­-Reverte juega como nunca con la realidad y la ficción en un relato metaliterario muy interesante.

Dice Pérez­-Reverte que la novela es la primera que acaba con una sonrisa. Y estoy segura de ello porque una fría tarde de principios de febrero me senté junto a él en el Café Gijón y allí estaba, con un café solo y una botella de agua, corrigiendo meticulosamente 'Hombres buenos'. Dice que esta novela ha sido muy terapeútica y que le ha devuelto parte de la compasión y de los afectos. “Buenas tardes, Don Arturo, ¿escribiendo otra novela?”, le preguntaron aquella tarde del Café Gijón dos señoras. “Corrigiéndola”, respondió él con una amplia sonrisa cargada de ternura. “¿Y cuándo sale?”, insistieron. “En marzo”, y devolvió la sonrisa. “Pues que tenga tanta suerte como con las anteriores”. En ese momento, supe que como lectora había vivido un momento único y que cuando leyera 'Hombres buenos' (aunque en aquel momento no tenía ni idea del título del libro) habría también una parte de mí en él.

“El día que enterraron a mi padre”, responde Reverte a una pregunta de Lucas sobre su “desafección por el género masculino” (“y de parte del femenino”, matiza el escritor), “alguien dijo que era un hombre honrado y un caballero”. “Y de esos hay”, añade, “sabes que están ahí”, y eso ayuda a seguir. Aquí no puedo evitar emocionarme porque yo misma acabo de enterrar a mi padre hace algo más de un mes y, sin duda, estaba en esa lista.

“¿Reverte se ha dado una tregua?”, le pregunta Lucas. “La historia lo requería”, afirma circunspecto. “No soy un artista, soy un escritor profesional y esta vez me he dejado llevar”, explica. “Antes teníamos una excusa histórica: no podías elegir, nos habían hecho así. Ahora no. Ahora el que es analfabeto es porque quiere. Y cada vez sientes menos compasión y eso es peligroso; así que he querido curarme”. Por eso, los libros son los protagonistas de esta historia. Porque la cultura es “el único antídoto frente a la vileza”. La cultura es la solución para Pérez­Reverte y, si no puede serlo, al menos ha de ser “un refugio, un consuelo”.

Uno de los hombres malos de la novela es el periodista Manuel Higueruela. “En periodismo hay mucha gente repugnante y la prensa también ha sido un instrumento de represión”, afirma el periodista que pasó 21 años de trinchera en trinchera. “¿Cómo ves el periodismo hoy?”, le pregunta Lucas. “Sin prensa estamos perdidos, sigue siendo necesaria”, comienza su reflexión. “El papel sigue haciendo falta como sedimiento. El problema es que los medios han obligado a los periodistas a tomar partido. Ahora hasta el becario está obligado a dar la puntadita en su crónica. Ya no hay mercenarios honrados”, asegura. “Había más libertad incluso durante el franquismo. Ahora hay ideología hasta para narrar un suceso”, continúa. Y concluye: “Hay poca esperanza, pero es necesario. Estos tíos sólo le tienen miedo a eso”.

Con la cola para la firma llegando desde la cuarta planta a la planta baja, el vestíbulo de la Fnac deja de ser un espacio frío de gran superficie para llenarse de la gallardía de la esgrima. Jesús Esperanza, director de la escuela de esgrima Ateneo de Madrid, y el actor Kike Inchausti recrean el duelo que Pérez­-Reverte cuenta en sus 'Hombres buenos'. Ya sólo quedaba esperar unas cuantas horas para poder charlar unos minutos con el escritor que mueve masas con la cultura como estandarte. Quizás, después de todo, aún hay esperanza.

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Mensaje por Rogorn » Lun Mar 30, 2015 2:39 pm

Hombres buenos
Nadal Suau - elcultural.es - 27/03/2015

Empecemos con la cita de una autoridad: al interpretar su legendaria parodia de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951), Joaquín Reyes se imaginó al escritor liberando a un montón de libros al grito de “¡haced feliz a la gente!”. La broma estaba bien vista, porque Pérez-Reverte tiene la vocación y el talento de hacer confluir libros y gente sin que eso implique sólo cálculo comercial: ese cálculo está ahí, sin duda, pero no en mayor proporción que un sentido clásico de la responsabilidad respecto de las historias que cuenta y los valores que se desprenden de ellas, o un discurso (algo agarrotado) en torno a la belleza e importancia moral de la lectura. Todo esto implica para el reseñista un campo de discusión mucho más variado e interesante de lo que algunos creen.

“¡Ilustrad a la gente!” es lo que parece exigir a los libros el protagonista de 'Hombres buenos' don Pedro Zárate, almirante y académico de la lengua, madurito interesante. Bajo el reinado de Carlos III, Zárate y su compañero don Hermógenes Molina reciben de la RAE el encargo de viajar a París para adquirir una edición completa de la 'Encyclopédie' de D'Alembert y Diderot. Es una obra prohibida por los inquisidores, pero una mayoría de académicos considera imprescindible incorporarla a la biblioteca de la institución. Dos intrigantes intentarán boicotear esa misión desde el principio: el reaccionario Higueruela, que no quiere saber nada de Luces ni Ilustraciones, y el supuestamente progresista Sánchez Terrón, más interesado en manejar las nuevas ideas como herramienta de prestigio y poder propios que en contribuir a la modernización del país.

A partir de aquí, Pérez-Reverte imagina un viaje en el que se suceden las conversaciones políticas, el galanteo, los cameos de personajes históricos, las revelaciones masónicas o la reconstrucción de un París prerrevolucionario y lluvioso. El contrapunto lo proporcionan unos pasajes contemporáneos en los que el autor desgrana su investigación para escribir la novela: conversaciones con expertos como Carmen Iglesias o el ya casi tan ficticio como real Francisco Rico, consultas de libros y archivos, viajes... Y el suspense, en fin, viene de la mano de un mercenario contratado por Higueruela para desbaratar el viaje.

Pero la verdad es que ese suspense es poco y apenas efectista. Volviendo a Joaquín Reyes, en su sketch el cómico se imaginaba a Pérez-Reverte burlándose de los autores que escriben “sobre su mundo interior: ¡ahí no pasa nada, no hay espadachines, no hay muertes!”. Pues bien, tampoco en 'Hombres buenos' abundan los lances, aunque al principio se anuncie un duelo al amanecer. Las intenciones del escritor son, en primer lugar, de orden didáctico: hay muchos pasajes dedicados a poner en orden las ideas que definen el siglo XVIII y las consecuencias de la cerrazón española ante la modernidad. Todo está impecablemente documentado, y cada lector deberá decidir si le es útil o no esa síntesis divulgativa, o si le parece excesivamente profesoral que un personaje llegue a anunciar que no se puede ser sabio “sin haber leído por lo menos una hora al día”.

En segundo lugar, y aquí crece el interés, toda la novela apela explícitamente al presente: del bipartidismo a las precarias posibilidades de éxito del reformismo, del lamento por un insuficiente sentido de la solidaridad entre españoles a la demanda de un espíritu aperturista y conciliador, el discurso del autor se sitúa en el territorio del consenso popular actual sobre el estado de la nación y de sus dirigentes. Esa síntesis histórica entre el XVIII y el ahora lleva a la novela a sobreactualizar alguna vez el pasado o a esquematizar otras el presente, pero también confirma que la literatura que practica Pérez-Reverte trata de mantener más de un equilibrio nada ingenuo ni falto de interés.

Equilibrios entre el espíritu de raíz artesanal o folletinesca y la hechura industrial; entre la interpretación del presente y el ejercicio de recreación histórica; entre un discurso cívico-reformista y una forma narrativa comercial-conservadora; entre el autor que anuncia su voluntad de “desaparecer discretamente” para dejar al lector a solas con el texto y el narrador que subraya reiteradamente las líneas maestras de ese mismo texto con algo muy parecido al paternalismo... son equilibrios atractivos que se acaban cobrando algún peaje. Sobre todo en el estilo, que a veces tiene gracia pero que está salpicado de pinceladas kitsch (esa “carcajada tétrica”, ese “tintineo argentino”, esas acotaciones al diálogo...); también en la construcción de personajes, epidérmicos y ya casi autorreferenciales en la trayectoria de Pérez-Reverte. A 'Hombres buenos', que no es ninguna tontería, le faltan o radicalidad y densidad por arriba o peripecia carismática por abajo. Si es que hay arriba y abajo, claro.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Mar 31, 2015 1:27 pm

'Hombres buenos', Arturo Pérez-Reverte
José Luis Benavente - 30dediferencia.com - 31/03/2015

Arturo Pérez-Reverte es un tipo que no deja indiferente, amado y odiado a partes iguales, y yo, no me importa decirlo, soy de los que están de su parte. Creo que el primer libro suyo que leí fue un regalo de mi madre, 'El maestro de esgrima', y desde entonces he ido leyendo todo lo que ha ido escribiendo. Me gustan mucho sus historias del capitán Alatriste, disfruté con 'La piel del tambor' o 'El club Dumas', algo menos me gustó su último libro, 'El francotirador paciente'. Ha habido de todo, pero en general es uno de esos autores por los que uno siente un especial aprecio.

Opinión personal: 'Hombres buenos' es un metalibro, si es que existe la palabra: un libro sobre libros, porque además de los dos hombres buenos que envía la Academia a París a por la Enciclopedia, los otros grandes protagonistas de la historia son los libros por una parte y la Real Academia Española, tanto la de hoy como la de la finales del siglo XVIII, por otra.

Las referencias a los libros y a escritores no son algo nuevo en las obras de Pérez-Reverte, así en 'Alatriste' son habituales citas de autores de la época y el mismo Quevedo es un buen amigo del capitán o en 'El Club Dumas', por poner otro ejemplo, las referencias a obras como 'Los tres mosqueteros', 'El conde de Montecristo' o la 'Divina Comedia' de Dante son constantes.

Pero en esta ocasión hay algo bastante más novedoso, y es que en el libro nos encontramos un auténtico making-of (así se hizo) de la obra. A lo largo de la novela el escritor cartagenero va intercalando la historia en sí misma con pequeños retazos y apuntes que nos ayudan a conocer los pasos que seguía el autor para documentarse, entrevistas y encuentros con otros académicos, viajes, visitas a librerías, la bibliografía utilizada, desconozco si todos ciertos y veraces aunque supongo que en todo ello hay mezcla de ficción y realidad, porque Pérez-Reverte juega con el lector a engañarle, y así se refiere a obras propias que al menos yo no tengo noticia de que hayan sido publicadas, como 'El enigma del 'Dei Gloria'' o 'El bailarín mundano'. Y ciertamente no desentona para nada con la novela en sí misma. Acierto de Pérez-Reverte.

'Hombres buenos' nos trae una historia en la que la acción, tan habitual en otras obras de Pérez-Reverte, pasa a un segundo plano: aquí abunda más la descripción y la información para el lector, pero esto no va a ser óbice para que la novela mantenga un buen ritmo narrativo. Casi un ensayo en el que el autor homenajea a la Ilustración y la razón. Los personajes, unos reales, como el propio autor, y otros ficticios, consiguen dar verosimilitud a la historia, y como suele ser habitual en los libros de Pérez-Reverte el malo no es tan malo como nos podemos suponer: de hecho tiene su justificación, y es que siempre habrá otros malos peores.

En cualquier caso y siendo, como ya he comentado, una historia muy diferente a las que nos tiene acostumbrados el escritor cartagenero aparecen muchos de sus habituales guiños, como sus críticas a la situación actual a partir de hechos pasados, y es que en esta ocasión la novela me ha parecido tremendamente actual. La situación política y social de hoy en día se ve reflejada en muchos aspectos de la novela y es que seguramente las cosas no son tan diferentes como podríamos suponer doscientos cincuenta años después. Pérez-Reverte es en muchas ocasiones ácido en sus artículos semanales, casi pareciera en algún caso que su pluma más que tinta suelta bilis y así, ese hachazo que suelta al presidente Mariano Rajoy casi al comienzo de la historia, me ha parecido brutal:

“Ese no ha leído un libro en su vida, ¿alguna vez lo has visto en un acto cultural? ¿En un estreno teatral? ¿En la ópera?”

Una historia distinta pero que me ha gustado mucho, indispensable para los fieles a Pérez-Reverte pero también una buena oportunidad para los que aún no lo han descubierto.

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mié Abr 01, 2015 5:04 pm

A raiz del don de la oportunidad de Arturo Pérez-Reverte
Emilio Durán - diarioya.es - 01/04/2015

Nadie discute, porque es indiscutible, el don de la oportunidad de Arturo Pérez-Reverte. Precisamente ahora ha decidido sacar a la luz una novela sobre el viaje a París de dos académicos de la lengua para comprar la primera edición de 'L'Encyclopedie' de D'Alembert y Diderot. Un viaje de dos hombres buenos para traer la luz a un país en blanco y negro. De hecho, la novela se llama así: 'Hombres buenos'. Precisamente ahora que la incultura campa a sus anchas, de nuevo, por las calles de una España infestada de incultos, malvados y parásitos. Siendo los malvados todas esas élites que dirigen la cultura del país, para fabricar sistemáticamente un pueblo inculto que los mantenga en el poder. Gracias a los servicios prestados por supuestos intelectuales, que son los parásitos de esta sociedad, que les hacen el juego convirtiéndose en sus propagandistas a cambio de prebendas y subvenciones.

La revolución de las luces de la que habla el libro es, por lo tanto, tan necesaria hoy como antaño. Porque, si bien es cierto que ahora la "cultura" así entrecomillada, es accesible a todos, no lo es menos que tal como nos llega para digerirla está manipulada, ordenada y dirigida por aquellos parásitos. Por eso entrecomillamos la palabra cultura porque, para satisfacer las bastardas necesidades de malvados petimetres apoltronados con el objeto de continuar en el trono de su parcela de poder, la sirven adulterada para adoctrinar al pueblo. En España no olvidemos que hay diecisiete parcelas de poder desde donde se dirigen los ataques a la cultura de manera ordenada. Pues se dieron cuenta de que, cuánto más culto más libre será el pueblo. Eso no interesa.

La élite absolutista a combatir sigue existiendo aunque ha cambiado tronos absolutistas por presidencias autonómicas e Inquisición por periodistas e intelectualoides comprados. De este modo se consigue embrutecer al pueblo para que no se pregunte por su destino. Si, paradójicamente tenemos la mayor población universitaria de nuestra historia, en nuestras universidades lamentablemente se les adoctrina en lugar de enseñarlos a pensar en libertad. Interesa un pueblo estúpido, uniformado y autómata mucho más que uno libre y contestatario. De modo que utilizan la cultura porque saben que, al ser incapaz de pensar, el pueblo no podrá comprender el marasmo de necedad y oprobio en que reboza su triste existencia.

Del mismo modo que han descubierto que, si se le corta las alas del intelecto, el pueblo será incapaz de diagnosticar los males de su tiempo. Igual le dará vivir en democracia o, como ahora, en una elitocracia cruel y sádica. Cuánto más inculto sea el ciudadano, más fácil será polarizar la ideología del país. Lo más sencillo de todo es hablar de malos y buenos sin entrar en matices. Para poder matizar hay que pensar y pensar no está a la altura de estultos. De modo que, al no pensar no seremos capaces de acabar con esa polaridad, lo que hará que continúe existiendo el bipartidismo corrupto que nos gobierna. Un bipartidismo que, por sí sólo, no tiene por qué ser malo. Ahí tenemos el ejemplo de Estados Unidos. Lo que sí es malo, empero, es que lo utilizan, para cubrir las bastardas necesidades, no sólo económicas, sino de poder de ambos polos de la sociedad. Estos polos no son sólo partidos políticos, pues también son dos grupos empresariales enormes conformado por todo tipo de empresas, que se necesitan y retroalimentan intercambiándose así el gobierno en una espiral infinita de subvenciones, pagos a terceros y corruptela. En pago de los votos emitidos por un pueblo pobre e inculto, se le dará un chusco de pan y así, de este modo tan barato, se le mantendrá contento y el gobierno garantizado. Chuscos a cambio de que no formulen preguntas incómodas. Chuscos a cambio de una defensa a ultranza de sus fines y de los de sus líderes. Garantizándose una parcela de poder para sí y sus protegidos a cambio de la estulticia popular y la destrucción (o, al menos, el resquebrajamiento) del país. Pues no les interesa que tengamos unas bases sólidas intelectuales, culturales que devendrán en mejoras sociales.

Se hace más necesario que nunca que haya una verdadera lucha intelectual y, por lo tanto, contestataria, al poder establecido. Con la mirada puesta en el bien común. Una lucha intelectual y patriótica. Ha llegado el momento de discutir de manera sosegada y razonable el diseño patrio. Es imprescindible que el ariete que abra el muro opaco de la ignorancia sea derribado por unos intelectuales que fomenten el librepensamiento e iluminen la sociedad. Tenemos, por lo tanto, que encender las luces de un país inabarcable culturalmente, para acabar con este oscuro papanatismo impuesto. Tenemos un país que es artísticamente inmenso y que, por un complejo provinciano e inculto, nos obstinamos en destruir. Un complejo fomentado por esas supuestas élites para mantenerse así en cada una de sus diecisiete poltronas. Encendámosle, pues, las luces a España de una santa vez. Cansa ver que, trescientos años después seguimos siendo un siniestro país en blanco y negro manejado por oscuros intereses. Porque que nadie dude que el problema de España es que siempre a las élites les ha interesado que seamos un país atrasado, hortera y provinciano. La misión pues de nuestros intelectuales debe ser encender las luces de nuestra patria destruyendo el oscuro lodo de la ignorancia en que esas malditas élites, obstinadamente, nos quieren mantener sumergidos.

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Mensaje por Rogorn » Mié Abr 01, 2015 10:04 pm

Reseña de 'Hombres buenos' de Arturo Pérez-Reverte
Victoria Iglesias - victoriaiglesiasfoto.blogspot - 01/04/2015

Una verdad, una fe, una generación de hombres pasa, se la olvida, ya no cuenta. Excepto para aquellos pocos, tal vez, que creyeron esa verdad, profesaron esa fe o amaron a esos hombres.
-Joseph Conrad. 'Juventud'.

No es raro que Arturo Pérez-Reverte comience su novela con estas frases de Conrad, pues ya es conocida, por todos, su admiración por este escritor y marino; y además que pertenezca a 'Juventud', donde se dan cita el viaje, el barco 'Judea', y la aventura que seguro caló en los ojos y en la vida de un joven Marlow protagonista del relato.

Porque desde la primera página 'Hombres buenos' es desde luego un incierto viaje, una andanza y además esa aventura que encara a la vez el mismo autor; no sólo desde que germina en él la idea primigenia de esta suculenta obra, sino desde esas primeras anotaciones, desde esos primeros perfiles que empiezan a destilar con entusiasmo: los nuevos personajes“revertianos”, a los que dará vida y que desde el momento que los vislumbra le harán salivar, perfilando, él mismo, sus colmillos ante lo que ya sabe, de antemano, como espléndido manjar; y desde esos momentos en los que masculla en soledad, con los ojos absortos en los mapas para decidir dónde los coloca, ya en Madrid, en París… o en cualquier punto de cualquier camino, de su vida y su memoria.

Es además la misma aventura, que hace vivir a sus protagonistas, que envuelve y mece, y que en momentos hace trepidar por una atmósfera, de luces y sombras, de adjetivos precisos y de imágenes poderosas, a estos dos hombres buenos: el almirante Pedro Zárate y el bibliotecario don Hermógenes Molina, y también a los malos, entre ellos el mercenario Pascual Raposo, y con los que nos lleva a emprender la búsqueda, la de la ansiada 'Encyclopédie' de D'Alembert y Diderot, que el mismo Pérez-Reverte hojeó, no hacía mucho, con entusiasmo en la biblioteca de la RAE, y que rescata no sólo como elemento a perseguir por sus personajes sino para los lectores, enfrentando realidad y ficción, pasado y presente, y que parecen coincidir aún con la distancia de los años y de los momentos históricos:

“Creía haber puesto en boca de uno y otro personaje hasta el momento lo suficiente como para que el lector menos informado pudiera hacerse idea de la España poco feliz a que se referían mis viajeros, y de cuáles eran, en aquellos años decisivos, las perspectivas reales de cambio”
(pag. 179)

Cuando emprendemos un viaje sabemos con las ilusiones con las que partimos, pero ciertamente desconocemos cómo regresaremos. De las huellas que nos dejará el viaje somos ignorantes, incluso de los deshielos a los que llegarán nuestros propios pensamientos y certezas (palabra muy revertiana), que tuvimos en un principio como algo fijo e inamovible. No sólo hablo de un viaje físico, como el que emprenden los académicos, sino también de un viaje a través de los demás, de los libros y del conocimiento y el pensamiento. Y es de esta manera como los veo yo, y como he visto lo que fueron dejando detrás de sí, y en lo que se transformaron tras el largo camino de ida y vuelta, el siempre correcto, digno, el ateo don Pedro Zárate y el bueno, ingenuo, el católico don Hermógenes, que quiere conjugar fe y razón, a veces escandalizado por las ideas del “descerebrado abate Bringas” en palabras del autor (basado en el español abate Marchena) revolucionario en París, admirador de Voltaire y de Rousseau.

Es desde luego un viaje que no sólo nos acerca a D’Alembert, a Franklin, o a Condorcet en el popular café Procope, o nos permite encontrarnos con un estrábico, concorvado y desdentado conde de Aranda, o asistir a una comida con el mísmísimo Carlos III. Es también, a través de estos 28 volúmenes de la 'Encyclopédie', la búsqueda de las luces, de las ideas, de la ilustración, de la razón, enfrentadas a una España que se quedaba atrás, donde pesaba más el miedo, la fe, o la iglesia muy lejos del ambiente del París en la antesala de la revolución.

“Aquí la palabra iluminar se cambió por la de ilustrar, mucho más moderada. Por eso España no figura en la Europa de las luces por derecho propio, sino como caja de resonancia” (pag.113)

Con estas palabras, se materializa también uno de los múltiples cameos, en este caso con la aparición, por ejemplo, de la académica Carmen Iglesias; pero hay muchos más, múltiples guiños, y situaciones que parecen darse, que parecen ser pero que tal vez no sean, o nunca fueron. Éso, me temo, obliga al lector, a acudir con desazón, como en un juego a la búsqueda, esta vez en el navegador del móvil o del ordenador, en una especie de desafío para comprobar, quién es quién, aparenta, o representa ser.

Así se ejecutan simultáneamente dos novelas, meticulosamente documentadas: la del propio escritor que crea y recrea, explica y plantea el desarrollo de la otra, la principal, dando el pie meticuloso para que hablen o salgan a escena los personajes, haciendo un aparte, donde parece que éstos se congelen por unos instantes, dejando, más que nunca, ver los hilos de estas fascinantes marionetas que son ellos mismos y su historia, y como uno más, la propia ciudad de París, que conoce a la perfección, y que recorre, rastrea y olfatea el novelista, como un exquisito gourmet.

Es curioso cómo en uno de los capítulos, donde se enfrenta a una excelente e inquietante descripción de un duelo, una mala lectura, por mi parte, me llevó a pensar que el duelo en París le había tomado por sorpresa, pero en el sentido de que eran sus propios personajes los que se revelaban díscolos, incluso en contra de la voluntad del propio autor. Pero, ahora, después de rumiar la novela, no me hubiera extrañado. ¿Acaso sabe el propio Pérez-Reverte si el encuentro de don Pedro Zárate con Madame Dancenis se produjo? ¿Y si así fuera, acaso fue conocedor de los pequeños detalles?

Sirva como anécdota: en una conversación de WhatsApp que tuve con Jesús Esperanza, al que conocí con motivo de un reportaje:

-¿Sabes que apareces en el último libro de Reverte? :)))
-No, no lo sabía, tengo el libro pero todavía no lo empecé. ¿Dónde?
-Déjame que busque... En la pag. 399. ¿Por curiosidad, estuvo Arturo en tu escuela?
-Pues no :(((
-Pues sabe perfectamente dónde está Jajajaja!!!!

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Mensaje por Rogorn » Vie Abr 03, 2015 11:04 am

Una luz nueva
Pedro Javier Castañeda García - laopinion.es - 03/04/2015

Aunque pase el tiempo de aquella tragedia, no se olvida su frase: "¿Dónde estaba Dios?". La escribió Voltaire tras el terremoto y maremoto posterior que destruyó Lisboa en 1755, y que supuso en Europa un despertar social, filosófico y moral.

Aquellos protagonistas del Siglo de las Luces y la Religión vuelven a estar de actualidad. En primer lugar, por la reedición en Francia del 'Tratado de la tolerancia' de Voltaire, coincidiendo con el terrorismo yihadista presente; y en segundo lugar, por la nueva novela histórica de Arturo Pérez-Reverte Gutiérrez que nos regala un viaje inolvidable por ese siglo XVIII, junto a dos españoles que fueron a París a traer un tesoro de papel prohibido por la Inquisición: la 'Encyclopédie'.

El condenar y matar en nombre de Dios y la Religión es uno de los argumentos que Voltaire denuncia en su ensayo 'Tratado de la tolerancia' (1763), que ya lleva varias ediciones nuevas en Francia. En España tenemos la edición de bolsillo de la barcelonesa Crítica, del año 2009. En el capítulo XV, de solo dos páginas y media, titulado 'Testimonios contra la intolerancia', recoge un fragmento de las Cartas del cardenal de Ossat, que dice: "Ocurre con la religión lo que con el amor: el mandato nada puede, la imposición menos todavía. Nada hay más independiente que amar y creer". En otro capítulo, el XXXVI, titulado 'Remedios contra la rabia de las almas', escribe: "Valdría cien veces más entregarse a la naturaleza que a una religión tiránica y perseguidora".

Siempre se ha dicho que un libro puede iluminarnos y cambiarnos la vida; pues bien, esa aventura de traer las mejores luces a nuestro país es lo que cuenta 'Hombres buenos' (2015, Alfaguara) de Arturo Pérez-Reverte Gutiérrez, y que está basada en hechos reales. Dos miembros de nuestra Real Academia Española viajaron al París pre-revolucionario para traer la 'Enciclopedia' de Diderot y D'Alembert. Aquel viaje, en manos de este buen alumno de Cervantes, es todo un tratado ameno de temas actuales como la convivencia y la intolerancia; las desigualdades sociales y los prejuicios; la lealtad y el compromiso cultural y político. Aquella centuria, llena de ganas de cambio y optimismo, llamada el Siglo de las Luces, volvió a fijarse en las personas sabias y preparadas que hicieron avanzar nuestra sociedad occidental en derechos y libertades; aunque todavía persistiría una larga lucha entre una concepción de la teodicea (Dios) vieja y el nuevo antropocentrismo (las personas) sobre una sociedad fracturada por las más crueles injusticias de todo tipo.

Ahora que abundan más y más los titulares optimistas en macroeconomía, volvemos a fijarnos en la política y sus grandes posibilidades de mejorar y enmendar las terribles consecuencias personales y familiares que está dejando esta larga crisis internacional. La luz nueva, que trae tanto esta primavera como las generaciones de jóvenes que se presentan en los viejos y nuevos partidos políticos, vuelve a reactivar la esperanza de los objetivos irrenunciables: la justicia y el bienestar social entre todos y para todos.

Nuestro sistema social funciona igual que nuestro cerebro anatómico: como un todo interconectado. El hemisferio derecho necesita al izquierdo, y al contrario. La cultura de la enseñanza de la convivencia debería ser asignatura troncal durante toda la vida pública y privada, y no seamos ingenuos o cándidos como el protagonista de la novelita edificante de Voltaire 'Cándido' (1759), que sufrió todo un calvario propio sin necesidad, por creer que "todo sucede para bien", y que se vive en "el mejor de los mundos posibles".

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Mensaje por Rogorn » Vie Abr 03, 2015 11:16 am

Vídeo de dos minutos y medio sobre la presentación en la FNAC de 'Hombres buenos':
http://www.nciwebtv.tv/H5/video-14727-a ... buenos.htm

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