'Hombres buenos' (2015) (noticias)

Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Sab Abr 04, 2015 9:53 am

'Hombres buenos': Arturo Pérez-Reverte
E López Manrique - gestionteca.es - 04/04/2015

Tengo la impresión que don Arturo escribe nuestro presente basándose en hechos históricos pasados. No creo que nos dé lecciones o moralinas. Simplemente coge una buena historia y entre col y col nos va desgranando nuestra Historia, el pasado, de dónde venimos, dónde estamos y dónde podemos llegar si no nos espabilamos. Nuevamente Trento, perdidos; la Revolución francesa, casi la cogemos, pero fallamos; y la Revolución industrial: llegamos tarde, somos poco amantes de inventar.

Su afán por la Cultura, la Educación, los Libros, la Libertad. Los personajes y los hechos van desfilando página tras página. Las tramas, las intrigas; esos viajes que nos llevan a conocer tanto los parajes, las vestimentas, las viandas, los caminos, los paisanos, Su afán por la investigación, tenerlo todo bajo control; que no se escape nada, todo bajo control como buen marino: los planos, las librerías de viejo. Nos va dando sus pistas habituales del buen Reverte con sus obras camufladas. Cada situación se resuelve de forma tranquila, solucionando los secretos. Hay guiños masones esta vez, ¿con quién y dónde?… Pues sacando del atolladero en situaciones que parece imposibles de resolver. Sale el amor verdadero en el apuesto don Pedro, con una resolución, como no podía ser de otra manera, elegante.

Para mí más que buenos: honrados, fieles, decentes, cumplidores, sabedores de sus limitaciones llevándolas hasta el fin por saber lo que representan y a quién representan. Como en el lance del duelo. Además de la razón, la ciencia, el raciocinio... “Hay que hacerlo porque hay que hacerlo… además yo estuve allí”.

Los intelectuales: cómo verá don Arturo ahora a esos personajes que tan bien describe en Paris o en el Madrid de la época (la nuestra, la actual). Esas dos ciudades dentro de una. La primera con sus buenos cines, restaurantes, espectáculos, las personas bien vestidas, los bonitos. La otra con olor a sudor, a fritanga de bar, alguna chabola; gente que se desangra para llegar a la hora de la otra parte y que no paren en su buena vida. Dónde o quién será ahora la peluquera, el modisto, el amante de turno de la señora. ¿Cambiarán aristócratas por grandes empresarios, nuevos hombres del espectáculo televisivo? ¿Saldrán nuevos Bringas disfrazados de luchadores contra la pobreza, la desigualdad, los marginados? Don Arturo dice y lo dice bien. Todos queremos en el fondo la ciudad bonita, sus lujos, sus buenas casas,… Pero eso sí, dando por saco día sí y otro también, señalando las posibles guillotinas y guillotinados. Ligados a la hipocresía, la mentira, la demagogia.

¿Perderemos la nueva revolución, esa que están llamando digital, tecnológica, multimedia, medios de comunicación? ¿Creeremos de verdad esa mentira que nos dicen los progres de la sociedad del bienestar, el reparto de la riqueza? ¿Volveremos a caer con la nueva aristocracia e iglesia, disfrazados de nuevos ricos y partidos que miran por nuestro bien: nos hacen salir a las calles, por la dignidad, contra los desahucios, las preferentes? Pero yo no veo más que a los de siempre a las seis de la mañana o a las doce, limpiando la mierda que se genera. No los veo en los hospitales, ni en las urgencias; ni en las bibliotecas, ni en los laboratorios a las tantas… Solo los veo en las marchas, en las teles. Tampoco los he visto con aquellos que hacen cuentas a primeros de mes: gano 100 y tengo que gastar 90, y 10 por si acaso. Antes teníamos enemigos y al diablo. Ahora señalan a la Merkel, los mercados...

¿Y el esfuerzo, el ahorro, el trabajo bien hecho, las leyes justas, las defensas y condenas de los malhechores, el respeto por la libertad individual y la propiedad privada; nos creen menores de edad que no sabemos valernos por nosotros mismos y nos lo quieren dar todo vía papá estado que no es más que ese disfraz de lo público para los pobres porque suena a la mentira que lo hacen para acercarnos a los ricos, como antes el Paraíso y el Cielo por sufrir en este valle de lágrimas?

En fin, menos mal que como bien dice don Arturo, nos quedan los libros, las bibliotecas; y por si fuera poco nuestra imaginación en LIBERTAD, que por más que quieran no nos la arrebatarán. ¡¡Ah, y HOMBRES BUENOS!!

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Ada
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Mensaje por Ada » Sab Abr 04, 2015 12:56 pm

Me ha sorprendido mucho la reseña que le ha dedicado El Cultural. MUCHO...que le dedican más líneas a Muchachada Nui que a HB
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Dom Abr 05, 2015 1:25 pm

«La palabra sigue teniendo futuro y más cuando las imágenes engañan tanto»
Jesús Álvarez - abc.es - 05/04/2015

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) es autor de veinticinco novelas, de las que ha vendido 15 millones de ejemplares en todo el mundo. Su última narración es 'Dos hombres buenos', una historia de libros y prejuicios ambientada en el París prerrevolucionario. El autor la presenta este martes, a las 20 horas, en el Aula de Cultura de 'ABC', que patrocina la Real Maestranza de Caballería y Renault, y que tendrá lugar en el Hotel Alfonso XIII.

En una entrevista a 'ABC', que puede leerse hoy en la edición de papel, Pérez-Reverte defiende que la palabra «sigue teniendo futuro. Y más cuando las imágenes son a menudo tan manipuladas y engañan tanto. El photoshop hace que no me fíe de las imágenes. Pienso que dentro de sus limitaciones, la palabra me parece que es más creíble que la imagen y el arma con más posibilidades».

El autor recuerda también su relación con Sevilla, ciudad en la que pasó una temporada en los años noventa escribiendo 'La piel del tambor'. «Esa estancia para escribir esa novela me ató a Sevilla de por vida. Mi iglesia favorita es la capilla de San José. En ella me inspiré para ese libro. A mí me encanta pasear por Sevilla y conozco casi todas sus iglesias. También sus librerías, las pocas que van quedando».

Sobre su pertenencia a la Real Academia de la Lengua Española, afirma que en la institución «hay hombres buenos y hombres malos. Hay de todo. Me encuentro entre amigos y compañeros, haciendo un trabajo que es apasionante y divertido, pero tanto como de familia, no. Tengo muy buenos amigos como Sánchez Ron, Javier Marías o Gregorio Salvador».

También se refiere Pérez-Reverte a la crítica literaria, para recordar que «cuando empecé me eran indiferentes y ahora no me hacen falta. Ninguna crítica literaria, buena o mala, me hace daño ya. Ni la buena te hace vender más libros ni la mala te perjudica. Ni al principio de mi carrera pretendía aparecer en los suplementos culturales, sino contar historias que la gente leyera».

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Ada
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Mensaje por Ada » Lun Abr 06, 2015 8:27 am

LIBROS

Saberes prohibidos
Arturo Pérez-Reverte presenta Hombres buenos, la historia de cómo llegó a la RAE el libro más revolucionario del siglo XVIII.

dom abr 5 2015
La historia comienza casi como un juego. El autor, un hombre ducho en eso de recrear climas, épocas históricas y hombres que ya han perdido la fe, pide al lector imaginarse un duelo al amanecer en el París de principios del siglo XVIII. Prado cubierto por la escarcha matinal, luz tenue, neblina, media docena de testigos, tres carros con caballos y dos duelistas ataviados con calzón ceñido y en mangas de camisa. A una voz, ambos levantan sus floretes y se ponen en guardia. La duda queda instalada: ¿qué fue lo que los llevó a esa instancia?


En el siguiente capítulo, el autor, Arturo Pérez-Reverte, se narra en primera persona. Experiodista, excorresponsal de guerra, autor de best sellers y escritor prolífico, cuenta su sorpresa al encontrar los 28 tomos de la primera edición de la Encyclopédie, ou dictionnaire raisonné, en la biblioteca de la Real Academia Española (RAE), de la cual él es miembro.

Esta obra, cuyos volúmenes fueron publicados entre 1751 y 1772, "compendiaba la mayor aventura intelectual del siglo XVIII: el triunfo de la razón y el progreso sobre las fuerzas oscuras del mundo entonces conocido". Se trataba, por supuesto, de una enciclopedia prohibida por la Iglesia Católica y peligrosa para los osados que la escribieran o leyeran. Y, según cuenta que le dijo el director honorario de la RAE Víctor García de la Concha, se encontraba ahí desde fines de aquella centuria, donde colisionaban el iluminismo y el dogmatismo.

Claro, eran unos libros prohibidos en España y traerlos a la institución real era un acto de gran osadía.

Así, arrancando con el pasado en el que luego buceará, y siguiendo con el presente donde plasma su inquietud, comienza Hombres Buenos (Alfaguara, 584 páginas, $ 690), la última novela de Pérez-Reverte. La crítica elogiosa que le hizo el diario ABC de España, que la califica como el trabajo más cervantino del autor, dice algo especialmente significativo: "Podría decirse que el protagonista verdadero de esta novela tiene un sustantivo que lo representa bien: el librepensamiento. La Encyclopédie supuso la cima de un pensamiento libre y la aspiración de una cultura de las Luces que fue pórtico de la Revolución Francesa". Y todo eso, narrado como sabe hacerlo este escritor.

http://www.elpais.com.uy/domingo/sabere ... bidos.html
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Lun Abr 06, 2015 10:36 am

'Hombres buenos', de Arturo Pérez-Reverte
Diego Palacios Marxuach - librosyliteratura.es - 06/04/2015

Ya he dicho en alguna ocasión que Pérez-Reverte es santo de mi devoción. A pesar de algunos encontronazos (no pude llegar a la mitad de 'El tango de la Guardia Vieja', y eso que le di dos oportunidades y que lo tenía dedicado) siempre espero con ilusión un nuevo libro del académico, pues son muchos los momentos de placer literario que me ha brindado.

Y eso es lo que he tenido en 'Hombres buenos'. Deleite mientras leía, o más bien devoraba, las 592 páginas de las que se compone este nuevo libro de aventuras. Y sí, digo bien, de aventuras, porque a pesar de que los protagonistas sean dos miembros de la Real Academia Española, don Hermógenes Molina y don Pedro Zárate (a quién por cierto, no podía poner otra cara que no fuera la de Alonso Entrerríos, de la serie 'El ministerio del tiempo'), con la misión de traerse a nuestro país un ejemplar de la prohibida (tanto en Francia como en España) 'Enciclopedia' de D’Alembert y Diderot, el viaje de Madrid a París en aquellos tiempos de carruajes, caminos no asfaltados, bandoleros y posadas, era ya de por sí toda una odisea que podía durar semanas o meses. Si a esto añadimos una conspiración para que la misión de los dos protagonistas fracase la aventura es completa.

Emplea Pérez-Reverte en la narración una técnica poco vista, o al menos yo no la había visto hasta ahora. Si lo normal es que el lector se meta en la piel de los personajes y viva lo que ellos viven y al finalizar la trama, en anexos o en el prólogo mismo, se nos cuente cómo se le ocurrió al autor la idea de la novela, cómo se documentó para ella, qué problemas encontró y cómo los solventó,.. en esta ocasión cada vez que el escritor lo considera oportuno (y esto es ya desde la primera línea) nos presenta su modus operandi: buscando en libros, preguntando a expertos, consultando cartografía de época y recorriendo mapa en mano la ruta más probable que siguieron los dos académicos –aún no he mencionado que 'Hombres buenos' se basa en hechos y personajes reales– para después seguir con la historia.

Por otra parte, tiene el libro un tono que en la parte de París me recordaba a 'Los tres mosqueteros'. No sé identificar exactamente el qué, puede que las tabernas, los callejones, la aventura…seguramente es cosa mía, pero es otro punto a favor del libro, como lo es la recreación del habla y expresiones de la época, algo que, después de siete entregas ya de Alatriste, se da por supuesto, pero también se agradece.

Y tampoco podía faltar, dada la época y, sobre todo, la misión de los protagonistas, la crítica a la España del culto religioso y boato (aún se padecía a la Inquisición), de oscuridad y sumisión al clero y a todo lo divino en contraposición al cambio que estaba dándose en el resto de Europa, en aquel llamado Siglo de las Luces, y cuyo máximo exponente llegó a ser la Enciclopedia. Tiempos en los que la ciencia y la razón, la geometría, la astronomía y tantos otros conocimientos se abrían camino con dificultad derrocando, o intentándolo, la tiranía y oscurantismo impuestos por la religión. Baste decir, como ejemplo que se cita en el libro, que mientras en otros países veían normal el uso de la máquina aventadora de Riselius, aquí la Iglesia la había prohibido por “no depender de que la Divina Providencia enviara una brisa favorable”.

Por desgracia, no puede dejar de leerse el libro sin formar una mueca, pues 'Hombres buenos' es un constante recordatorio de la sociedad actual. Creemos haber progresado mucho, y es verdad, pero en ocasiones –en demasiadas ocasiones– constatamos que el avance ha sido nulo. La Iglesia sigue con sus prebendas y los políticos conceden medallas de mérito al trabajo a la Virgen María del Amor, los obispos pregonan la pobreza pero viven en lujosos áticos, y corruptos hubo y sigue habiendo… y ya tal, que diría aquel. En cuanto al único pero que podría señalar sería la repetitiva e incluso machacante insistencia en los argumentos del abate Bringas en sus diálogos en todo lo referente a una futura “revolución” y las respuestas de sus interlocutores.

Pero en cualquier caso, al margen de lo anterior, 'Hombres buenos' es un canto a los libros, a la cultura y a la razón, un homenaje a la Academia de la Lengua y una gozosa lectura que hará las delicias tanto de los fans del de Cartagena como de la aventura. Se lee con facilidad e interés, entretiene mucho e incluso instruye. ¿Qué más se puede pedir? Es como un kinder.

Pérez-Reverte ha vuelto a escribir un gran libro y a fe mía que bien pudiera ser el comienzo de otra saga de aventuras con miembros de la Academia. Seguro que sucesos dignos de ser novelados ha dado la RAE en sus algo más de 200 años de historia. Ahí lanzo el guante, señor académico.

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Ada
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Mensaje por Ada » Lun Abr 06, 2015 2:50 pm

"Trabajar la parte buena del ser humano me ha devuelto algunas esperanzas que creía perdidas"
Europa Press - 06/04/2015

Arturo Pérez-Reverte ha presentado este lunes en Sevilla su último libro 'Hombres buenos' (Alfaguara), un intriga histórica en el París prerrevolucionario, que narra la heroica aventura de quienes se atrevieron a cambiar el mundo con libros. "Esta novela me ha obligado a trabajar la parte buena del ser humano y me ha devuelto algunas emociones y esperanzas que creía perdidas", asegura el autor sobre esta novela "de libros y amistad".

A finales del siglo XVIII, cuando dos miembros de la Real Academia Española, el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante don Pedro Zárate recibieron el encargo de viajar a París para conseguir de forma clandestina los 28 volúmenes de la 'Encyclopédie' de D'Alembert y Diderot, que estaba prohibida en España, nadie podía sospechar que los dos académicos iban a enfrentarse a una peligrosa sucesión de intrigas, a un viaje de incertidumbres y sobresaltos que los llevaría desde el Madrid ilustrado de Carlos III al París de las agitaciones políticas en vísperas de la Revolución francesa.

Durante la presentación, Pérez-Reverte, para quien Sevilla es parada obligada de sus novelas desde 'La piel del tambor', ha señalado que el XVIII, siglo en el que España "estuvo a punto de hacer un montón de cosas", la Academia "tuvo un papel importantísimo". Además, "es muy desconocida, porque la gente cree que hace un diccionario para España, y lo hace para 500 millones de hispanohablantes", por lo que la institución "es una especie de organismo diplomático que mantiene la unidad del español en 22 países, y ese trabajo de puente y diplomacia es muy complejo y muy delicado".

"En el siglo XVIII la Academia era un organismo necesario e importante en un Estado que intentaba ser moderno, de modo que cuando me enteré de esta historia de la 'Encyclopédie' pensé que era una buena forma de dar a conocer la Academia y de hacer una reflexión sobre la España que tenemos y la que pudo ser", manifiesta el escritor y periodista, quien reconoce que quería que el libro tuviera también una lectura presente. "Quería que además de explicar cómo era España en el XVIII, valiera para entender el presente, que proyectado en el Occidente actual sirviera para comprender como los fanatismos, los inmovilismos, las fuerzas oscuras han lastrado siempre el progreso y el entendimiento de los hombres", añade.

Pero, "sobre todo, es una historia de amistad y de libros como mecanismo de salvación; dos hombres buenos que haciendo un viaje peligroso se hacen amigos, y en esa amistad y esos diálogos surge el respeto mutuo. Dos personas que además son muy diferentes -un ilustrado radical y un ultraconservador-, de modo que quería demostrar que fe, religión, razón y progreso son compatibles si hay buena voluntad", asegura. "Esta novela es una especie de modesta guía de entendimiento, con la cultura y la amistad como mecanismo de progreso", insiste el autor, que destaca que en el proceso de creación "hay un proceso de enriquecimiento personal muy interesante". "Yo no soy el mismo cuando termino una novela que cuando la he empezado, y espero que el lector tampoco lo sea", subraya, toda vez que afirma que "cuando un tío tiene 63 años y mucha vida vivida saber que todavía hay cosas que sorprenden, de las que aprendes, con las que vas a enriquecer tu vida, es una experiencia maravillosa".

Asimismo, Pérez-Reverte asegura que cuanto mayor se hace más se da cuenta de que "sin libros estamos perdidos", y que "mientras no se es culto no se es libre", de ahí siempre su "continuo reproche" a los ministros de Educación sucesivos, que "durante muchos años han estado desmantelando los mecanismos culturales del pueblo español, que los deja indefensos frente a los intereses particulares de quienes intentan utilizar a la gente como carne de cañón", asegura.

En este sentido, destaca que hoy "no es el Estado quien cuida de que las luces brillen en España, sino al contrario, el Estado es el que hace a menudo dejación de sus obligaciones y deja indefensos las luces y a los ciudadanos a los que éstas deberían iluminar". "En España las luces están en manos de gente particular, héroes solitarios, a veces sin ningún apoyo, maestros de escuela que en sus pequeñas parcelas de educación intentan explicarle a los niños, héroes pequeños, modestos, que luchan en batallas que saben que nunca van a ser grandes triunfos", pero "sumando pequeñas batallitas, esos pequeños héroes particulares son los que mantienen la luz", porque "hay gente realmente buena que intenta cambiar las cosas". En este sentido, Pérez-Reverte manifiesta que el escribir esta novela le ha hecho "respetar más a la gente buena, mirarla más", y en este sentido "espero que me haya hecho mejor y haga mejor a quien la lea", concluye.
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Mensaje por Rogorn » Lun Abr 06, 2015 7:13 pm

Entrevista a Arturo de Jesús Vigorra en 'El público' de Canal Sur (a partir del minuto 65 del programa)
http://alacarta.canalsur.es/radio/progr ... publico/60

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Mensaje por Rogorn » Mar Abr 07, 2015 8:11 am

Pérez-Reverte recobra la esperanza
Braulio Ortiz - eldiadecordoba.es - 07/04/2015

A pesar de esa vieja imagen de institución exquisita aislada del ruido del mundo, "un club masculino de eruditos abuelos apolillados", un "cliché rancio" que aún persigue a la institución, la Real Academia Española de la Lengua fue a menudo capaz de sublevarse a los dictados de los gobernantes. Se cuenta en un pasaje de 'Hombres buenos', la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte: la RAE "siempre mantuvo una independencia real con respecto al poder, y eso que le tocó vivir varios tiempos difíciles. Acuérdate de Fernando VII, o de los intentos del dictador Primo de Rivera por controlarla... O de cuando, tras la Guerra Civil, Franco ordenó cubrir las plazas de académicos republicanos que estaban en el exilio, la Academia se negó a ello, y los sillones se mantuvieron sin ocupar hasta que los propietarios exiliados murieron o regresaron a España".

Éste es sólo uno de los muchos apuntes a favor de la Academia que contiene 'Hombres buenos', una novela -publicada en Alfaguara, como es costumbre en la carrera de Pérez-Reverte- que recrea un episodio asombroso en la historia de la entidad: cuando, en el siglo XVIII, se encargó la adquisición de la 'Encyclopédie, ou dictionnaire raisonné', una obra que "compendiaba la mayor aventura intelectual" de aquel tiempo y que por aquel entonces aún estaba prohibida en España. Al autor de 'La piel del tambor' o 'El tango de la Guardia Vieja' le fascinó ese episodio, en un siglo en el que "España estuvo a punto de hacer un montón de cosas, y la Academia tuvo ahí un papel importantísimo", como premisa para una ficción que reivindica a la RAE, que Pérez-Reverte considera "muy desconocida" por el público.

"La gente piensa que hace un diccionario para España, y lo hace para 500 millones de hispanohablantes", precisaba ayer el escritor, en un encuentro con periodistas en Sevilla. "Hay quien se queja de que se metan palabras como "amigovio" y otras que parecen raras, pero que se usan en América". La RAE, prosigue Pérez-Reverte, "es una especie de organismo diplomático que mantiene la unidad del español en 22 países, y tiene que hacer concesiones a estos, no sólo a España. Es un trabajo de puente, de diplomacia, muy complejo, muy delicado, que hace muy bien y del que estoy orgulloso -confiesa-. Y en el XVIII era una de esas instituciones necesarias e importantes en un Estado que intentaba ser moderno. Cuando me enteré de esta historia de la 'Encyclopédie' pensé que era un buen modo de dar a conocer la Academia, y de hacer una reflexión sobre la España que tenemos y la España que pudo ser", explica sobre una narración que concibió también con "una lectura presente, que además de hablar de cómo era la España del XVIII, de nuestros males, de nuestras carencias, de las esperanzas que había de que cambiara, asomara la España, la Europa de hoy, y se viera cómo los fanatismos, los inmovilismos, las fuerzas oscuras que siempre han estado ahí han lastrado el progreso y el entendimiento de los hombres".

Más allá de esa conexión entre el ayer y el hoy, Pérez-Reverte plantea 'Hombres buenos' como una "guía de entendimiento. Es sobre todo una historia de amistad y de libros, los libros como mecanismo de salvación, como analgésico, como solución". Frente a ese país cainita en el que la crispación parece ser la única forma de convivencia, el relato recoge dos visiones distintas del mundo que se toleran y complementan: el viaje que emprenden el almirante don Pedro Zárate y el bibliotecario don Hermógenes Molina, el primero "un marino científico, cartesiano, ateo", y el segundo un individuo "entrañable y religioso", les lleva pese a las diferencias al respeto mutuo. "Quería demostrar que fe, progreso, razón, son conceptos compatibles si hay buena voluntad", dice sobre unos personajes en cuyos diálogos sobrevuelan las palabras y el pensamiento de Cervantes, "también de Moratín, de Jovellanos, de Cadalso, de los españoles ilustrados". En las páginas de 'Hombres buenos' se insiste en una idea: la España ilustrada fue "más bien prudente" y aquí faltó la revolución que sí se dio en Francia. "En España el XVIII fue un siglo de esperanzas, pero tuvimos muy mala suerte. Había aquí fuerzas que tiraban hacia atrás y tenían la puerta cerrada: el trono y el altar, el altar sobre todo. Cuando la cosa empezó a cambiar, llegó la invasión francesa, la guerra napoleónica, después el reinado de Fernando VII, el monarca más infame que hemos tenido nunca, después ese siglo XIX tan agitado entre liberales y conservadores que nos dejó destrozados... Fue mala suerte, pero una mala suerte muy alentada por las fuerzas reaccionarias, que motivó que esa España que podía haber sido no fuera hasta hace muy poco".

'Hombres buenos' está narrado entre ese siglo XVIII y el presente, con la voz del narrador que cuenta su proceso de documentación y sus charlas con compañeros como Víctor García de la Concha, Carmen Iglesias o Francisco Rico. "Con ninguno de ellos hablé en realidad. Es una invención disfrazada de verdad: el lector avisado reconoce esos juegos míos y los disfruta", opina Pérez-Reverte sobre los fragmentos del presente. "Lo que pasó es que la novela iba a ser lineal, con los personajes del XVIII nada más, pero había partes tediosas. Un viaje en ese tiempo era un viaje muy largo, había muchos tiempos muertos... y decidí recurrir a un narrador que está contando la historia, de esa forma podía saltarme los fragmentos más aburridos, hablar de los libros que utilizaba, de la documentación...".

Un proceso, el de documentarse, que Pérez-Reverte percibe como una de las mayores fortunas de su oficio. "Cuando estás trabajando en una novela aprendes un montón, es año y medio descubriendo textos, releyendo, desarrollando ideas y conceptos... Cuando un hombre tiene 63 años como yo, y canas en la barba y mucha vida vivida, ves que aún hay cosas que te sorprenden. Y eso es maravilloso".

No es el Estado, asegura Pérez-Reverte, "el que hace que las luces brillen en España; al contrario, hace a menudo dejación de sus funciones y deja indefensos a quienes quieren iluminarnos". En España, las luces hoy están en manos -sostiene el autor- de "héroes modestos, a menudo solitarios y sin ningún apoyo, especialmente los maestros que se desviven para que algunos chavales se salven. Cuanto mayor me hago, más pienso en que sin libros, sin lo que significan, estamos perdidos". Pero Pérez-Reverte no quiere aferrarse al desencanto como conclusión: 'Hombres buenos' es, posiblemente, la obra más esperanzada de su creador: "Esta novela me ha reconciliado con el mundo. Me ha obligado a buscar la parte buena del ser humano, y me ha devuelto algunas emociones que creía perdidas. Me ha hecho respetar más, mirar más, a la gente buena, y espero que al lector le ocurra lo mismo".

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Mensaje por Rogorn » Mar Abr 07, 2015 12:46 pm

«Esta novela me ha hecho mejor persona»
Alejandro Luque - elcorreoweb.es - 07/04/2015

Miembro de la Real Academia de la Lengua desde hace más de diez años, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) ha querido romper una lanza por la Docta Casa en su última novela, 'Hombres buenos', que acaba de ver la luz en Alfaguara, y de cuyo resultado no oculta el autor su satisfacción. Hoy (20.00 horas) la presentará en el hotel Alfonso XIII.

«La Academia es una especie de órgano diplomático que mantiene la unidad del idioma en 22 países», explica. «Un trabajo complejo, delicado, realizado desde una institución que en el siglo XVIII quiso modernizarse. Por eso me he apoyado en ella para explicar aquel momento y proponer una reflexión sobre España, lo que somos y lo que podríamos haber sido», agrega.

Los protagonistas de 'Hombres buenos' son precisamente dos académicos, el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante don Pedro Zárate, que viajan a París con la intención de hacerse con los 28 volúmenes de la 'Encyclopédie' de D’Alembert y Diderot, que estaba prohibida en España.

«Es una novela sobre los libros y la amistad como analgésico, vademécum o guía de entendimiento», subraya Pérez-Reverte. «Es la historia de dos hombres que en un viaje azaroso y molesto se hacen amigos. El marino cartesiano, ateo, y el bibliotecario religioso demuestran ser compatibles en una serie de diálogos cervantinos, bajo la sombra de los escritores de la época: Feijoo, Moratinos, Jovellanos». Claro que en 'Hombres buenos' también hay malvados: el ultraconservador Manuel Higueruela, o el ilustrado radical Justo Sánchez Terrón, empeñados en poner todo tipo de obstáculos para que la misión fracase, así como el sicario Pascual Raposo, a sueldo de éstos. «Ahí tenemos al reaccionario coriáceo y al demagogo hipócrita, dos figuras que siguen existiendo, dos extremos en medio de los cuales está la gente buena. El mercenario Raposo es más noble que ellos, porque se mete en el asunto por dinero, no por maldad», apunta el escritor.

La peripecia de estos personajes sirve al autor de 'El club Dumas', 'El maestro de esgrima', 'La piel del tambor' y la saga del capitán Alatriste para describir cómo era la vida en el Madrid ilustrado de Carlos III y en el París prerrevolucionario, libertino y políticamente convulso, lleno de cafés y burdeles. Por otro lado, Pérez-Reverte ha querido enriquecer su relato introduciendo una narración paralela en la que cuenta el proceso de elaboración de la propia novela, incluyendo conversaciones con académicos como Víctor García de la Concha, Carmen Iglesias, Javier Marías o Francisco Rico, aunque admite que «con ninguno hablé de verdad». Y lo mismo dice de las pesquisas en bibliotecas y librerías de viejo. «Me gusta este tipo de juegos, viejos trucos que el lector avisado reconoce y aprecia, o no. Este iba a ser un relato lineal, pero me di cuenta de que había partes muy tediosas, tiempos muertos que tenía que cortar. Este recurso, además, me permitía hablar de libros dentro del libro, del proceso de documentación».

«Lo bueno de estos proyectos es que aprendes un montón. Es un año y medio el que te pegas viviendo en ese mundo, y el que termina la novela no es el mismo que el que la empezó. Espero que el lector tampoco lo sea», asevera Pérez-Reverte. «Es maravilloso que un tío como yo, que tiene 63 años y canas en la barba, descubra que aún hay cosas que van a enriquecer tu vida».

Y no solo desde un punto de vista intelectual: según asegura el cartagenero, 'Hombres buenos' le ha reconciliado con el ser humano. «No me hago muchas ilusiones, soy bastante pesimista, pero la novela me ha obligado a buscar la parte buena y noble del español. Me ha devuelto el respeto y la compasión, me ha hecho mejor persona», agrega. Cuando se le pregunta dónde cree que están hoy las Luces en España, duda un instante. «Desde luego, no es el Estado el que cuida hoy de las Luces, de hecho hace dejación de sus obligaciones y las deja bastante indefensas», denuncia. «Las Luces están, como siempre, en manos de gente particular, de héroes solitarios, maestros de escuela que intentan salvar a dos o tres alumnos de los 15 o 20 que tienen, historiadores, modestos cronistas de pueblo... Nunca van a ser héroes en grandes batallas, pero nos recuerdan que hay justos en Sodoma», dice. «Por otra parte, la mirada al pasado nos recuerda la mala suerte que hemos tenido, cómo la gente buena, cada vez que ha intentado levantar la cabeza, han tenido que volver a meterla en el agujero».

Y concluye con un deseo respecto a 'Hombres buenos': «Que el lector acabe la novela con una sonrisa. Y con ganas de salir a la calle a buscar a la gente buena».

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Mensaje por Rogorn » Mié Abr 08, 2015 11:21 am

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Pérez-Reverte abarrota el Aula de Cultura de 'ABC', donde defiende el orgullo y la esperanza
Jesús Álvarez - abc.es - 08/04/2015

Arturo Pérez Reverte presentó 'Hombres buenos' en el Aula de Cultura de 'ABC', que patrocinan la Real Maestranza y Renault, ante un auditorio de más de trescientas personas. Fue preciso habilitar una sala adicional que presenció la presentación por una pantalla de televisión. El autor cartagenero, al que Francisco Robles definió como «uno de los grandes novelistas europeos del siglo XX», conversó durante una hora con el periodista Jesús Vigorra.

Respecto a esta obra, reconoció que es su única novela optimista y esperanzadora hasta ahora, «pero no es que me haya vuelto blandito con la edad, sino que he perdido la esperanza del todo en el hombre, y yo quería que el lector cerrara el libro sonriendo, que es como yo he escrito este libro».

El autor cartagenero añadió que «hay hombres buenos, no muchos, pero si no se les apaga, como ha pasado siempre en España, el mundo tiene una esperanza. La voz del maestro bueno y lúcido no se debe sofocar. Desde los 5 a los 10 ó 14 años se pueden sacar de cualquier clase dos o tres personas buenas que ayuden a nuestro país a progresar».

Preguntado por Vigorra sobre por qué o por quién se batiría en duelo, dijo: «Yo me batiría en duelo por una mujer, un amigo o por un perro, aunque no necesariamente por ese orden. En realidad uno se bate por orgullo El orgullo tiene mala prensa porque se ha confundido con la soberbia o con la vanidad. El orgullo es lo que te permite mantenerte erguido frente al pelotón de fusilamiento. El orgullo debidamente administrado es una virtud»

De la cultura dijo que «es lo que no te hace no gritar cuando sabes que el avión en el que vas se va a caer o alguien lo va a estrellar. La cultura es un ejercicio de buena voluntad. El momento histórico de España para avanzar fue la Guerra de la Independencia, pero no pudo ser. Había mucha gente inculta».

Aseguró también que «los fanatismos son los peores enemigos del hombre». Y añadió que «la vida es imposible sin reglas. La vida te va dando una lucidez que vas quitando mayúsculas a las palabras honor, patria, bandera. Si todo eso desaparece, si no tienes una regla, una norma o un reglamento que te permita soportar el horror y la crueldad de la vida, el hombre se convierte en un juguete a merced de las olas. La vida es un sucesivo naufragio. Las reglas son consecuencia de los naufragios», dijo.

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Mensaje por Rogorn » Mié Abr 08, 2015 9:47 pm

Presentación en Bilbao el lunes 13 de abril:
http://agenda.elcorreo.com/evento/hombr ... 69545.html

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Mensaje por Rogorn » Jue Abr 09, 2015 7:51 pm

Vídeo de la presentación en la FNAC, 25.03.2015 (50 minutos)
https://www.youtube.com/watch?v=IWpDy9EfY5U

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Mensaje por Rogorn » Jue Abr 09, 2015 10:52 pm


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Mensaje por Rogorn » Sab Abr 11, 2015 9:46 pm

Un viaje hacia el progreso
José Luis Martín Nogales - jlmartinnogales.com - 02/04/2015

En la biblioteca de la Real Academia de la Lengua hay una primera edición de la Enciclopedia francesa. El libro estaba prohibido en España, por lo que su existencia en esas estanterías no deja de ser sorprendente. La pregunta que surge es de qué manera llegaron allí esos volúmenes, cómo pudieron entrar en España en un momento en el que les estaba cortado el paso de los Pirineos.

Ésta es la trama que plantea 'Hombres buenos', de Arturo Pérez-Reverte. La novela está construida como un ejercicio de investigación desde el presente, para reconstruir unos hechos que ocurrieron en el pasado siglo XVIII. El hilo conductor es el dato que se dice figura en las actas de la institución: la Academia envió a París a dos de sus miembros en busca de los veintiocho tomos de la 'Encyclopédie' de D’Alambert y Diderot. Viajaron en berlina por caminos de polvo y deteniéndose en posadas incómodas. Cumplían una misión: traer a España las novedades del pensamiento ilustrado. Eran “dos hombres buenos”, como se les califica en esos papeles: el bibliotecario Hermógenes Molina y el almirante retirado Pedro Zárate. Son dos personas contrapuestas: el primero, un erudito, católico, lector de los clásicos; el segundo, un exmarino culto, ilustrado y anticlerical. Representan dos Españas distintas; y su viaje es una metáfora en busca del progreso. Acabarán entablando unos lazos entre ellos, inesperados desde la frialdad que les enfrenta al principio. La novela se convierte así en un canto a la amistad.

La 'Enciclopedia', “la mayor aventura intelectual del siglo XVIII”, con sus 16.500 páginas, 17 millones de palabras y 72.000 artículos, representa el futuro, la modernidad y la llegada de nuevas ideas que no todos comparten. Otros dos académicos, que se oponen a su incorporación a la biblioteca, contratan los servicios de un antiguo soldado, Pascual Raposo, el malo de la historia, encargado de seguirlos, de entorpecer las gestiones y de evitar a cualquier precio que la Enciclopedia llegue a la frontera.

Como es habitual en las obras de Pérez-Reverte, 'Hombres buenos' plantea una intriga novelesca en la que no faltan desafíos, sablazos y personajes descerebrados. Pero esa historia sirve para tratar los temas que componen el mapa de su literatura: la historia, el enfrentamiento de las dos Españas, el empecinamiento en los errores, la ignorancia, el cainismo, las oportunidades perdidas. “La de España no es una historia feliz”, comenta un académico; y el almirante añade: “apatía y resignación son las palabras nacionales” (pág. 96).

La novela está escrita como una investigación en el pasado llevada a cabo desde el presente. Sus protagonistas son, evidentemente, personajes de ficción; y la referencia a algunos personajes reales cumple la función de darles verosimilitud. La historia tiene una lectura en clave de actualidad: plantea temas como el reformismo, la solidaridad nacional, la conciliación de posturas enfrentadas, la apuesta por el progreso.

'Hombres buenos' aporta una novedad importante respecto a otras obras del autor. Pérez-Reverte cuenta cómo escribe la novela mientras lo hace. El ensayo de “una novela en construcción” que el autor abrió en las redes mientras escribía uno de sus libros anteriores se incorpora aquí a la propia trama. “Recrear el viaje de Madrid a París me planteaba algunas dificultades técnicas”, escribe en una página. Y entonces revela cómo se documenta en su biblioteca para saber cuáles eran los caminos y cómo rebusca en las tiendas de libros antiguos hasta encontrar dónde estaba cada una de las posadas. 'Hombres buenos' se convierte así en una de las novelas claves en la obra de Arturo Pérez-Reverte: revela cuál es su método como escritor y se centra en uno de los momentos de la historia en los que se produjo la brecha con la modernidad, que es uno de los temas principales de su literatura.

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Ada
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Mensaje por Ada » Lun Abr 13, 2015 8:13 am

"En España los hombres malos siempre han gritado más"
Gerardo Elorriaga - elcorreo.com - 13/04/2015

El bibliotecario Hermógenes Molina y el brigadier de Marina retirado don Pedro Zárate tienen una misión excepcional. Han sido comisionados por la Real Academia de la Lengua para adquirir los veintiocho volúmenes de la 'Enciclopedia' de D’Alembert, Voltaire y Diderot, y deben viajar a París para adquirir la obra prohibida. Los hechos suceden a finales del siglo XVIII, en los albores de nuestra Edad Contemporánea. Éste es el punto de partida de ‘Hombres buenos’, la última novela de Arturo Pérez-Reverte, una historia que habla de un tiempo en el que, en nuestro país, aún pugnaban las tinieblas absolutistas con las luces de la Ilustración. «España nunca ha sido un buen país, los malos siempre han gritado más y desde hace muchos años, y no dejan hablar a los otros», lamenta el autor. «El malo tiene menos escrúpulos, acalla voces, pero la culpa está compartida por los que vociferan y la gente que no escucha». El autor protagonizará esta tarde un nuevo encuentro de El Aula de 'El Correo', que tendrá lugar en la Sociedad Filarmónica de Bilbao a partir de las 20.00 horas. El acto es fruto de la colaboración de la Fundación Vocento y la editorial Alfaguara.

Los académicos de la novela desean hacerse con la publicación que reúne los últimos conocimientos de filosofía, ciencia y arte, a pesar de una fuerte oposición interna que no se mantiene de brazos cruzados. La actitud de quienes conspiran para que no se hagan con ese tesoro del saber y los peligros de la época articulan la trama, retrato de una época turbulenta. «Ese siglo supuso para nuestro país la gran oportunidad para entrar en la modernidad con el pie derecho, pero la evolución interna y las circunstancias exteriores frustraron la ocasión», explica el autor, académico que ocupa el sillón T de la RAE. «Quedamos descolgados, en un callejón sin salida que nos condujo a las convulsiones del XIX y la guerra civil de la pasada centuria».

La novela combina escenas presentes de la institución con otras que recrean su vida en los años previos a la invasión napoleónica. A su juicio, las diferencias entre un periodo y otro son radicales. «El contexto histórico es muy diferente», apunta. «En la Academia actual la política se aparca fuera y la convivencia resulta extraordinaria». Según añade, existen disparidades lingüísticas, pero no ideológicas. «La derecha o la izquierda no tienen nada que ver en su resolución, tan sólo priman cuestiones técnicas».

La relevancia de la Marina como bastión del progreso queda homenajeada en la figura de uno de los protagonistas. «Hablamos de toda una punta de lanza, porque contaba con cosmógrafos, astrónomos y otros científicos», indica. «El almirante resume al personaje ilustrado». También existe una conexión entre esta obra y ‘El asedio’, ambientada en el sitio que sufrió Cádiz entre 1811 y 1812, mientras los diputados redactaban una Constitución que recogía los planteamientos políticos más avanzados de su tiempo. «Aquel proyecto me dejó mentalizado. Allí se aludía a una serie de ideas que ahora he desarrollado con más profundidad. En realidad, hablo de los mismos hombres defendiendo la misma conducta ética».

Pero la esperanza de cambio, de acceder a la razón y conocimiento guardados en sus páginas y, acaso, transformar el país, nos remite necesariamente al otro lado de los Pirineos. «En aquel momento era tal la cerrazón, el bloqueo impuesto por los reaccionarios, el clero, especialmente la Iglesia oficial, vinculada al poder, que era imposible que se produjeran movimientos naturales de progreso, sólo la influencia extranjera podía cambiar la situación», indica. «En España no se podía publicar libros o desarrollar el pensamiento, de ahí la importancia de contactar con Francia».

¿Nos hemos puesto al día? «No en el ámbito de la educación, en el sentido noble de la palabra. Aún no somos un pueblo formado, responsable, con sentido crítico. Padecemos graves deficiencias agravadas por políticos irresponsables», alega y no cree que la crisis económica sea la causante de su última postración. «No hacen falta excusas, es simple estupidez, no creo que haya un plan destinado a desmantelarla, es tan sólo un reflejo de la incultura de la clase política».

La crítica ha alegado que ‘Hombres buenos’ es la única de las narraciones de Pérez-Reverte con un desenlace feliz. «No es exactamente así», puntualiza el autor. «Pero sí es cierto que me he sentido obligado a buscar una España llena de esperanza, que la lectura finalice con una sonrisa. Me he obligado a buscar la parte buena de la Historia».
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Mensaje por grognard » Mar Abr 14, 2015 8:12 am

desenlace feliz.

'Final feliz'.
Al menos para don Pedro.

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Ada
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Mensaje por Ada » Mar Abr 14, 2015 2:48 pm

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"El conflicto de Euskadi es un problema de incultura"
Beatriz Rucabado - elmundo.es - 14/04/2015

Un país donde entran con timidez algunas ideas ilustradas. Dos hombres, miembros de la Real Academia Española, que viajan a París para traer a Madrid la 'Encyclopédie' de D'Alembert y Diderot. Son el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante don Pedro Zárate, 'Hombres buenos' (Alfaguara) en la España de finales del siglo XVIII, que dan título a la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). El escritor y académico presentó ayer en Bilbao un libro de aventuras sazonado de intrigas y reflexiones sobre el país que pudo haber sido.

-El narrador de su novela dice que ideas para escribir no le faltan, pero que hay que saber seleccionarlas. ¿Por qué ésta merecía ser contada?
-Porque me hago mayor y hay cosas que no quiero dejar a mi espalda sin resolver. Esta novela, aunque es el territorio revertiano de siempre, aborda ángulos que antes no había tocado. Sobre todo el de la esperanza. Se refiere a la gente buena, a la que me deja buen sabor de boca. Es una especie de reconocimiento de que, a pesar de que el mundo es un lugar peligroso y hostil, lleno de gente mala, también hay gente buena que merece la pena. Y les debía este homenaje.

-El narrador cuenta su proceso de documentación. ¿Por qué?
-Era una novela compleja de contar de una forma lineal. Acudí al juego del narrador para poder hacer cortes, elipsis... y agilizarla. Por otra parte me servía para recordar, y eso sí es un objetivo de la novela, que todo lo que cuento vale para el presente. No hablo de un momento muerto en el tiempo. Trato de argumentos vivos, válidos para el hombre de ahora.

-¿Qué enseña el XVIII?
-Podemos aprender de todos los siglos. El grave problema de España, y eso incluye a Euskadi, es que no prestamos atención a la Historia como maestro. Al privarnos de su estudio en los colegios y en las instituciones, nos están privando de los mecanismos de comprensión. Por eso es tan importante la Historia en mis novelas, incluso en las que hablan del presente. Sin memoria no somos nada y podemos ser manipulados por cualquiera.

-Entre los problemas del XVIII, un personaje se pregunta si es bueno recordar continuamente si alguien es extremeño, vizcaíno o guipuzcoano...
-Eso es algo muy español. Cuando lees la historia de otros países, evidentemente hay quien es bretón, corso, bávaro, del Báltico, galés o escocés. Pero siempre están en un contexto general, siempre usan el plural. En España no: siempre usamos el singular. El almirante lo constata no porque yo crea que es así, sino porque autores como Feijoo, Jovellanos y Moratinos, los ilustrados del XVIII, se quejaban precisamente de que esa fragmentación, esa incapacidad de hablar en plural de los españoles, nos perjudicaba mucho. Y todavía nos sigue perjudicando. El español es incapaz de usar el plural. Pero insisto en que no es una idea mía, sino que está en todos los textos ilustrados.

-Los dos académicos llegan al París de los filósofos, mitificado en España, pero que no se diferencia tanto del país. ¿Por qué triunfó allí el espíritu de cambio y aquí no?
-Porque allí las ideas podían circular. Teniendo unas condiciones sociales muy parecidas en muchas cosas, hay una diferencia fundamental: allí la Iglesia no tenía el peso suficiente para frenar las ideas. Se publicaban libros. Aunque oficialmente había censura, la Iglesia no tenía el poder absoluto de cortar aquello, mientras que en España sí. Aquí la Inquisición prohibía la circulación de las ideas. Y las ideas no circularon.

-Entre los lugares por los que las ideas circulan en la novela está el salón de la rue Saint-Honoré, liderado por madame de Dancenis, nacida en San Sebastián. ¿Por qué ese origen?
-Primero, porque Teresa Cabarrús, una de las mujeres que tuvieron salón en París, era española, hija de un banquero español, y a madame Dancenis la inspiro un poco en ella; y me apetecía que fuera española. Pero por otra parte, porque también es de justicia decir que esto no es sólo un fenómeno francés, alemán, prusiano o ruso. Cuando un español tenía medios, también desarrollaba las ideas.

-El narrador advierte de que ya entonces se ven diferencias entre los españoles que serían terribles para nuestra historia. ¿Fue la Guerra Civil consecuencia del XVIII?
-Sin duda. La Guerra Civil, el conflicto de Euskadi de los últimos cuarenta años y los problemas del presente. Seguimos siendo herederos de esa aberración histórica, de esa pérdida del tren de la modernidad. La incultura y la insolidaridad de los españoles tienen su origen en las mismas causas. Perdimos la posibilidad de modernidad en el siglo XVIII y XIX y lo estamos pagando todavía. Hasta el conflicto de Euskadi es un problema de incultura, como lo fueron las guerras carlistas, la Guerra Civil...

-Uno de los personajes habla de la necesidad de un Estado fuerte que proteja a los artistas, a los científicos...
-Son ideas de la época, palabras del XVIII, y no creo que eso ahora deba ser así. Pero sí es verdad que sigue haciendo falta un Estado que respete, que permita desarrollarse y que apoye y respalde la cultura, cosa que no está ocurriendo. España es uno de los países donde la cultura ha sido más maltratada por el Estado. Siempre. No por los gobiernos, sino por el Estado.

-En la novela tiene gran presencia la Real Academia Española. ¿Por qué?
-He querido que la gente conozca un poco más lo que la Academia hizo y significa. Es mi homenaje a sus hombres buenos. Reconozco que en ella, antes y ahora, también hay hombres malos. Pero como institución es muy respetable y merece ser honrada.

-Entonces se prohibían libros. ¿Cuál es ahora el problema?
-Ahora la represión viene por otros lados. De todas formas, más que el que prohíbe, el culpable es también el que se deja prohibir. Hay una complicidad de la víctima con el verdugo, a veces. El País Vasco es un ejemplo muy claro. A menudo es el silencio de los cobardes, de los que se quieren congraciar con los verdugos, lo más pernicioso, lo que más ayuda a los malos.
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Rogorn
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Mensaje por Rogorn » Mar Abr 14, 2015 5:12 pm

Mis críticas: 'Hombres buenos'
Javier - lalibreriadejavier.com - 06/04/2015

Quizás el más conocido escritor español sea Arturo Pérez-Reverte. Y no sólo en España ya que sus obras han sido traducidas a muchas lenguas. Veintitres novelas y varios libros de artículos encumbran a un escritor fuera de lo normal. Hace unas semanas nos ha sacado una nueva novela, 'Hombres buenos', que le ha procurado ser de nuevo noticia en todos los medios periodísticos. Y regocijo en las librerías de toda España ya que sus obras se venden solas. Pero esta nueva obra sorprende como pocas. Su argumento, original y bien tramado, su estructura a medio camino entre obra de aventuras, reflexión y autobiografía en un viaje en el tiempo, y si además contamos con su impresionantemente bello final, ello provoca la sensación de estar ante la obra cumbre de este gran escritor. Al menos ante la novela más importante de este año.

—¿Lee usted, joven?
—Algo. Pero no tanto como debiera.
—Ojalá no lo descuide. A su edad leer representa el futuro.
—No estoy segura de que tanto libro sea bueno —opina la madre.
—Pues deseche esos temores, estimada señora —responde don Hermógenes—. La abundancia actual de lecturas, que algunos aún en España consideran un vicio, ofrece incluso a las mujeres y al pueblo bajo las luces que antes sólo se distribuían, y con escasez, entre las personas cultas —se vuelve hacia don Pedro, en demanda de aprobación—. ¿No le parece, almirante?
—Esa es la esperanza —asiente éste tras corta reflexión—. Una juventud lúcida y audaz como aquí, el teniente. Con lecturas apropiadas. Gente que rasgue el velo del Templo. (p. 127)

Sobre 1780, dos miembros de la Real Academia de la Lengua Española emprenden un complicado viaje a París para hacerse con la famosa 'Encyclopédie' de D’Alembert y Diderot. Ante la inminencia de una nueva edición del diccionario de la Academia creen conveniente atesorar todas las corrientes de pensamiento imperantes en el momento, a pesar de ser unos libros prohibidos en España y en Francia. Con un salvoconducto del rey y con un cierto dinero parten a tal empeño, pero los problemas que surgirán no serán pocos.

'Hombres buenos', la nueva obra de Arturo Pérez-Reverte, no es una novela más en la bibliografía del autor. Tiene tantos impresionantes condimentos que debería ser de lectura obligatoria para todo lector que se precie. Por un lado nos informa de una época algo oscura dentro la historia universal y que casi no se estudia en nuestro país, La Ilustración. Partiendo de unas bases de pensamiento casi inexistentes en España en aquellos tiempos, los protagonistas, el bibliotecario don Hermógenes Molina, sensato, algo obeso y conservador, junto al almirante Pedro Zárate, liberal, sesentón en forma y marino de profesión, parten a un mundo nuevo, el París de años previos a la Revolución, en cuya ciudad se encontrarán con un personaje muy singular, el abate Bringas, que les ayudará -en cierto modo- a cumplir su cometido.

Respecto a los personajes reseñar que la reciente adaptación de 'El Quijote' por parte de Arturo Pérez-Reverte le ha calado muy hondo. La concepción de 'Hombres buenos', en la caracterización de los dos protagonistas denota figuras muy semejantes a nuestros don Quijote y Sancho Panza, así como el desarrollo de las escenas de acción con un diálogo intenso entre episodios sobre el pensamiento, el hombre y la libertad. Al igual que la encomienda a ellos pedida en relación a esos libros que darán cultura y libertad, más el aderezo de una Dulcinea muy particular, Margot Dancenis, dueña de un salón de tertulias literarias. Las voces de los dos personajes, el almirante Pedro Zárate, alter ego de Arturo Pérez-Reverte en sus pensamientos y exposiciones, frente al mesurado y correcto Hermógenes crean un clímax perfecto de la época exponiéndonos todas las preocupaciones e ideas de ese fin de siglo.

A ello hay que añadir la bella inclusión de elipsis que aligeran los viajes interminables de la época y algo muy peculiar, la inclusión de la voz del escritor, otro alter ego de Arturo Pérez-Reverte, que nos ameniza con la documentación de cada nuevo capítulo que comienza. Los nacionalismos, las obras licenciosas, la Ilustración, la filosofía, la religión, la incultura, los toros, la medicina, los libros… Sobre todo los libros, Arturo Pérez-Reverte nos habla de libros, desde 'El Quijote' hasta las novelitas eróticas de la época, la gran 'Encyclopédie' y tratados de todo tipo, pero sobre todo nos habla de la redención del hombre a través de los libros, esas obras que nos dan sabiduría y nos liberan, la necesidad imperante de ellas para poder sobrevivir. Por lo que le estoy muy agradecido. Como lector compulsivo. Y como librero vocacional.

He de reseñar, además, los abundantes y deliciosos cameos (¡qué gusto que esta palabra ya haya sido aceptada por la RAE en su último diccionario!) dentro de la novela, en especial el de Francisco Rico, divertido, ocurrente y socarrón, después del cual no sé si le seguirá hablando al autor. Es mucho lo que se puede escribir sobre esta gran novela de Pérez-Reverte, pero sólo añadiré un pequeño detalle que me ha hecho emocionar: el imprevisto (para los lectores) aunque pensado desde el comienzo de la obra (para el autor) final de la novela, quizás el más delicado y bello, rotundo y concluyente de todos los escritos por él. Porque la literatura nos redime de todos los males y penurias, pero también el amor, y sin él seríamos fuertes, libres, cultos… sí, pero desdichados. Y eso lo sabe expresar como ningún otro el escritor en las últimas líneas de esta epopeya. 'Hombres buenos' es una novela de Arturo Pérez-Reverte para todos los lectores, seguidores o no de la obra de este sin par escritor. 'Hombres buenos' es una de las mejores novelas de Arturo Pérez-Reverte. Y de la literatura española de los últimos tiempos. Dejar de leerla es pecado mortal. De necedad.

P.D. Para los versados en los académicos y escritores queda un divertimento más: acertar quienes se encuentran bajo cada uno de los personajes que transitan por la novela. El maestro de esgrima es claramente el propio escritor, Pero, ¿qué dos escritores son Higueruela y Sánchez Terrón? A este último me lo imagino con unas grandes “gafotas”. Esta novela da para mucho.

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Ada
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Mensaje por Ada » Mié Abr 15, 2015 8:20 am

Viaje, debate, duelo y erudición en París
Antón Castro - heraldo.es - 14/04/2015

"¿Cuándo consiguió la Academia la ‘Encylopédie’?", le pregunta Pérez-Reverte a Víctor García de la Concha, ambos académicos de la RAE. Y a partir de ahí, inquiriendo allí y allá, se zambulle en una curiosa historia: la de dos académicos que partirán a París con el encargo de adquirir para la institución esa obra, que consta de 28 volúmenes, cuya publicación se inició en 1751 y se concluyó en 1772. Arturo Pérez-Reverte se imagina las deliberaciones y da algunos indicios de lo que va a ser su ficción: una novela de debate, de diálogos, de tesis, dentro de un armazón ligero de novela de aventuras, de viaje y de intriga.

Tras ser elegidos los dos "hombres buenos" –el bibliotecario y bibliófilo Hermógenes Molina y el marino y brigadier Pedro Zárate–, descubrimos que se pone en marcha la maquinaria de la reacción, una alianza de conjurados contra las ideas del progreso. Los cómplices son el periodista Manuel Higueruela y el erudito Justo Sánchez Terrón; en el fondo, están de acuerdo en que esa colección de libros no debe entrar en España. Los motivos de ambos son divergentes, por no decir antagónicos. Contratan a un inquietante sicario, Pablo [sic] Raposo, para que los mensajeros no puedan cumplir su cometido. O, como dice el escritor, "para reventar esa aventura absurda".

Este sería el resumen básico de una ambiciosa narración que es una síntesis de las ideas que Pérez-Reverte ha ido dejando en sus libros, en sus artículos de domingo, en sus entrevistas, centrada, eso sí, en el fascinante siglo XVIII. El Siglo de las Luces. El lector, de su boca o de las de sus personajes -y lo son, entre otros, compañeros de la RAE: Gregorio Salvador, Darío Villanueva, Carmen Iglesias, el citado De la Concha o Francisco Rico, que parece un sujeto entre temido, brillante y perverso, al que muchos querrían matar; al menos, eso sugiere Pérez-Reverte en una de las bromas privadas de la novela, que tiene bastantes, en algunas incluso inventa novelas que no ha escrito- accede a numerosas reflexiones, algunas de ellas muy contemporáneas.

El propio Pérez-Reverte habla del presidente de Gobierno Mariano Rajoy y se pregunta: "Ése no ha leído un libro en su vida (…) ¿Alguna vez lo has visto en un acto cultural?... ¿En un estreno teatral? ¿En la ópera? ¿Viendo una película?". García de la Concha, escandalizado y evasivo, responde: "Por Dios". Iniciado el viaje, el marino dialoga con su compañero -la alusión implícita a Don Quijote y Sancho es inequívoca- y le dice: "Qué triste. Los españoles seguimos siendo los primeros enemigos de nosotros mismos. Empeñados en apagar las luces allí donde las vemos brillar". Hermógenes le dice que "este viaje es la prueba de lo contrario", y Zárate concluye: "Este viaje, y discúlpeme, es una gota insignificante en un mar de resignación nacional". Ellos discutirán, a la vez que estrechan lazos de amistad, de casi todo: del poder de la cultura, de la libertad, de la monarquía, del orgullo y del valor de los libros, que son elogiados directamente e indirectamente; en ese sentido, esta novela es la que más próxima está a ‘El club Dumas’. Se dice, por ejemplo: "Hay un ejercicio fascinante, a medio camino entre la literatura y la vida: visitar lugares leídos en libros y proyectar en ellos, enriqueciéndolos con esa memoria lectora, las historias reales o imaginadas, los personajes auténticos o de ficción que en otro tiempo los poblaron". El pesimismo hispánico, y quizá el del propio novelista, se opone a los resplandores de Francia, aunque pronto veremos que tampoco en el país vecino todo el monte es orégano. También allí, como en España, la ‘Encyclopédie’ también está prohibida.

Pérez-Reverte cuenta muchas cosas: hace un retrato del París ilustrado, de las librerías de viejo, del mundo de los duelos –uno de sus personajes se verá involucrado en uno de ellos– y a la vez asomará al universo galante de los salones literarios, especialmente el de una mujer fascinante: Margot Dancenis, española, casada con un bibliófilo algo mayor que ella que posee 5.000 libros, dispuesta a vivir aventuras de amor. En una de ellas, en uno de los lances románticos del libro, le dice a su tímido seductor, con agudeza e intención: "Hay hombres que pasan por la vida sin dejar rastro, y otros que permanecen y no se olvidan jamás". Por sus salones, entre otros, desfilan desde el naturalista Buffon hasta el Choderlos de Laclos, el autor de ‘Las amistades peligrosas’. En París, marcado por la presencia de prostitutas, los mensajeros, por avanzar algo más, tendrán un protector, casi accidental pero determinante, como el aragonés Pedro Abarca de Bolea, embajador en la ciudad, y el abate Salas Bringas Ponzano, poeta, libelista consumado y fugitivo de la Inquisición, pero también pícaro hambriento y superviviente que está a punto de vivir uno de los mejores períodos de la historia. Uno de los grandes sujetos del libro.

‘Hombres buenos’ es también una metanovela: Pérez-Reverte explica cómo escribe su ficción, cómo se documenta, cómo hace entrevistas (las mejores son las de Carmen Iglesias y Paco Rico, que bromea sobre sí mismo y "el cabrón" de Javier Marías), explica sus dudas, inventa volúmenes, novelas en marcha y se divierte con el lector en un constante juego de espejos que contiene bromas y burlas, bibliotecas asombrosas, ediciones reales y soñadas y algunos peligros verdaderos. Al fin y al cabo, como dice uno de los personajes, el autor de ‘El húsar’ –tan seguro de sí mismo con la palabra y con la espada–, pertenece a ese gremio "de los que procuran amueblarse el mundo con libros" en medio de la paradoja y los asuntos de Estado.
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Mensaje por Rogorn » Jue Abr 16, 2015 4:09 pm

(Encontrado por Ada)

El viejo maestro de la RAE
Francisco Apaolaza - lasprovincias.es - 16/04/2015

Hay novelas como muñecas rusas en las que unas historias se guardan dentro de otras. La última de Arturo Pérez-Reverte, ‘Hombres buenos’, lleva prendida en el arranque la de un personaje casi oculto y fenomenal. El escritor recrea la aventura de los dos académicos que viajaron a Francia a hacerse con ‘L’Encyclopédie’ de Rousseau, D’Alemebert, Voltaire y Diderot, la obra más avanzada del XVIII, prohibida en Francia y España, y mecha ideológica de la Revolución Francesa. Casi nada. Cuenta también cómo un recién estrenado académico Pérez-Reverte descubre en la Biblioteca de la Real Academia Española (RAE) los 28 tomos de la primera edición de la enciclopedia -un tesoro- y el director le indica que pregunte por ellos a Gregorio Salvador, que es el que sabe del asunto. A él le dedica el libro, junto a Mingote, Antonio Colino y el almirante Álvarez Arenas. "Se lo agradezco. Soy el único que está vivo", replica Salvador. El detalle esconde la amistad entre dos hombres distintos que se respetan y una vida asombrosa que da lugar a uno de los personajes fundamentales de la lengua española. Comienza con un chaval leyendo a Galdós y Pío Baroja mientras pastorea vacas en Galicia. La muñeca rusa está abierta.

Gregorio Salvador (Cúllar, Granada, 1927) asiste a la caída de la tarde y a su propia vejez casi sorprendido, sentado en una casa moderna de hormigón con vistas a Malasaña. Tiene 88 años en un búnker de libros en el que no se ve la pared. En ese mismo salón setentero lo describe Pérez-Reverte, entre muros preñados de millones de palabras. Salvador, académico de la lengua desde 1987, y un lingüista de enorme envergadura, mira la imagen de su vida y entorna hacia arriba los ojos estrábicos de todo lo que se le ha estrechado y ensanchado el mundo. Habla y levanta las manos con las palmas hacia la cara y los dedos en movimiento, como si le toqueteara las tuercas al mecanismo de su existencia, larga, fecunda y algo extraña.

-¿Qué palabra elegiría de todas?
-A mí no me gustan mucho estas cosas de elegir. Cuando uno ha vivido tanto, las palabras tienen resonancias complejas. Me ha ocurrido mucho azarosamente. El azar me ha favorecido.

-Entonces quizás esa palabra sea "azar".
-Sí, puede ser "azar", por lo que ha tenido de inesperado y sorprendente. Por todos los lugares y situaciones a los que acudes de mala gana y al final te favorecen.

Quizás sea tarea del hombre el convertir el azar en buena suerte. A Gregorio Salvador le ha ocurrido casi de todo y mucho de ello es andanza. Esa imagen del académico en activo más longevo de la RAE y de señor catedrático es esquiva, pues ha vivido mucha aventura y bien administrada. La primera fue nacer. Ese hecho extraordinario sucede en 1927, hijo de un granadino colono en Argentina (fundó la ciudad de General Alvear, hoy de 29.000 habitantes en el estado de Mendoza) al que las cosas se le torcieron durante la Gran Guerra y que terminó sin blanca en Uruguay. Ya de vuelta en España a su pueblo natal, fue secretario del Ayuntamiento de Cúllar hasta que los falangistas se lo llevaron preso una noche de julio de 1936. Con el padre en la cárcel y huérfano de madre (había muerto unos años antes), Gregorio se marcha a vivir con su hermano mayor a Pontevedra, hasta que éste es apresado por los nacionales y sentenciado a muerte. El pequeño Gregorio se queda a vivir con su cuñada, en Lalín (Pontevedra). Hay entonces un niño de Granada que lee los ‘Episodios nacionales’ de Galdós o los cuentos de ‘Vidas sombrías’ de Pío Baroja mientras cuida el ganado. Tenía nueve años. "Como las vacas son pacíficas y solo hay que estar pendiente de si se meten en el otro prado, tuve mucho tiempo para leer. La biblioteca de la casa era amplia y necesitaba ese vivir otras vidas, ampliar mi horizonte". Ese gusto se convirtió en necesidad.

Y del norte al sur. Salvador se hizo catedrático de instituto en Algeciras y ahí conoció a uno de sus personajes clave. Participó en el 'Atlas Etnográfico y Lingüístico de Andalucía' de Manuel Alvar, del que fue su mejor discípulo, y partió por los pueblos de Andalucía como dialectólogo de campo, como un Stephen Maturin en busca de especies nuevas, palabras desconocidas que enjaular como extraños y ocultos insectos palo.

En Facinas, una pedanía de Tarifa, se encontró con un hombre. «Le llamaban Curro el Pilaro, tendría 60 años y me hizo ser quien soy». Lo entrevistó durante tres días enteros y le regaló una palabra: "verija", por "ingle". Pero le aportó algo más relacionado con Ferdinand de Saussure, padre de la lingüística moderna. "Mirando mis papeles, lo que había escrito en el cuestionario, me dijo esto: ‘No se desinquiete, maestro, que todas esas cosas que tiene "apuntás" las tengo yo en mi cabeza y cada una jalará de la que tenga que jalar’. Me estaba descubriendo el principio saussureano de la lingüística, la red de relaciones que sostiene lo que llamamos idioma". El Pilaro lo hizo lingüista, y no uno cualquiera. De Algeciras, el obispo Añoveros lo largó a Astorga -"Y si no, aténgase a las consecuencias"- como un castigo por su carácter díscolo, pero le estaba haciendo un favor, pues allí le dieron la excedencia para ir a dar clase dos semestres a la Universidad de Maryland, en Estados Unidos. Con su primer viaje pagó las deudas de estudios, con el segundo se compró un piso y se preparó la oposición a catedrático en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Cuando llegó, era imparable. Primero impartió en La Laguna, después en la Complutense y en 1987 vino la Academia, de la que fue vicedirector. Sigue acudiendo a los plenos.

-¿Un consejo?
-Que lean. A mí me fue bien.

-¿Me dice alguna palabra del diccionario que le suene bien?
-Hay palabras eufónicas, que están maravillosamente hechas y que me gustan, que tienen significados asquerosos. "Mierda" está muy bien hecha.

-¿"Populismo" es una palabra vapuleada?
-Sí. Se habla de todo con demasiada rotundidad, demasiado extremismo. Ni todo lo malo ha sido absolutamente malo; ni todo lo bueno, absolutamente bueno. Las cosas son complejas.

-¿Qué le sugiere el asunto de los huesos de Cervantes?
-Mejor sería que leyeran ‘El Quijote’.

-¿Y Podemos?
-Las cuestiones políticas ya no me preocupan, porque con la vida que me queda ya no me van a afectar. En todo caso, este tipo de apariciones me puede dar sensación de poca seriedad.

Es el primer y único ‘q’ minúscula de los asientos de la RAE. Él firmó la candidatura de Pérez-Reverte, trabaron amistad. "Me acogió como un padre, me guió, me enseñó cuanto sé de la Academia. Si todavía hay un hombre bueno allí, ese es Gregorio Salvador -dice el autor de ‘Alatriste’-. Si respeto la Academia es en parte por gente como él". En un descanso de un pleno de los jueves de hace cuatro años, le costó levantarse y pensó en alto si necesitaría un bastón. Arturo salió a comprarle uno a la Plaza Mayor, con la madera oscura y puño de plata floreada, que aparece en la novela y que solo usa desde hace un par de meses. "He tomado una consciencia muy reciente de mi edad". Por la ventana, el cielo de Madrid se deshace en grises apagados y los tejados pierden los colores como una metáfora del ocaso. "Habrá que encender una luz". Con la puerta del ascensor abierta, responde una última pregunta.

-¿Se ve como su paisano Ayala de académico con cien años?
-Ahora he entrado en una etapa en la que me doy cuenta de que esto va a peor, de que las cosas se descomponen. Me dan miedo ya los 90 que están a las puertas, no sé si quiero llegar a los cien. No creo que llegue.

-Nunca se sabe, don Gregorio.
-Nunca.

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