'Falcó' (2016-18)

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Vie Oct 19, 2018 9:46 pm

El 'Guernica'
José Manuel Pedrós García - eleconomico.es - 19/10/2018

Durante la presentación de su última novela, Arturo Pérez-Reverte declaró que Picasso no pintó el 'Guernica' por patriotismo sino por dinero, por muchísimo dinero, y ya sabemos que muchas de las declaraciones de Pérez-Reverte son tomadas por ciertos círculos como la palabra de alguien ajeno a la derecha pero que es crítico con la izquierda.

En efecto, Picasso cobró por el cuadro 200.000 francos, mucho dinero para la época; pero ese no fue el único motivo que llevó al genial pintor a aceptar la oferta que le hizo el Gobierno republicano español, para presentar el cuadro en la Exposición Internacional de París de 1937, que quería con ello buscar adhesiones a la lucha contra la sublevación militar encabezada por Franco.

Picasso admitió el encargo y acabó cobrando la cantidad indicada, pero se resistió a recibir algún tipo de subvención y aceptó el cheque inicial para cubrir gastos. La historiadora del arte Josefina Álix, una de las personas que más ha estudiado este episodio, dijo que a Picasso le salió del alma pintar el cuadro, y que en ningún caso lo hizo por dinero. Todos sabemos que el pintor quiso con él expresar las consecuencias de una guerra fratricida; pero parece que a Pérez-Reverte, como novelista, no le interesa la historia del arte, sino la ficción, y hablar así de uno de los cuadros más importantes de la pintura española, y de uno de los pintores más sobresalientes de nuestro país, le sirve de polémica, para que su novela se venda más y, de paso, todos los que están en contra de la ideología de Picasso y de la II República Española, tengan de qué hablar, haciendo carne de cañón de algo que no es, ni de lejos, como algunos quieren ver, distorsionando la historia y retorciendo ciertos aspectos de la misma para «llevarse el ascua a su sardina» y desprestigiar todo aquello que aborrecen.

Ese pago hecho por el Gobierno de la República fue, precisamente, importante a la hora de recuperar en 1981 el cuadro, que llevaba varias décadas en EE UU, y que finalmente descansara en España, cuando el país ya era democrático, como deseaba su autor. La crítica a algo siempre es importante, venga de la derecha o de la izquierda, del ateísmo o de la religiosidad, pero ante todo, hemos de actuar siempre con la verdad por delante, y no desprestigiar a alguien argumentando falacias, que lo único que nos llevan es a que se piense de nosotros que no actuamos con ecuanimidad ni con ética, algo que, por encima de todo, deberíamos siempre potenciar.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Dom Oct 28, 2018 10:59 am

"El lenguaje está anclado en un ámbito masculino y tiene que transformarse"
Marcela Ayora - lanacion.com.ar - 27/10/2018

Arturo Pérez-Reverte es un escritor de palabra. El año pasado, cuando presentaba en la Argentina 'Eva' -el segundo libro de la serie que inició con 'Falcó'-, prometió que iba a cerrar la trilogía con un nuevo título en 2018. Y así lo hizo: 'Sabotaje' (Alfaguara) es la historia con la que el mundo del espía "amoral", como lo llama su creador, vuelve a las librerías la próxima semana. Esta vez, la misión del protagonista es impedir que Pablo Picasso termine el 'Guernica' para ser exhibido en la Exposición Universal.

Anclada en París, 1937, desde que el espía enciende el primer cigarrillo de la novela hasta la última línea, no faltan la aventura y el glam en su mundo: "Falcó se puso el sombrero ligeramente ladeado, como solía". Tampoco los viajes en tren por Europa, perseguir un objetivo, los hoteles caros, el sexo. Peréz-Reverte, que nació en Cartagena (España, 1951), no es un hombre quieto, viajó incluso más que sus personajes en 21 años de corresponsal de guerra. Con más de treinta libros publicados -la serie Alatriste, entre ellos-, premios y varios de sus títulos llevados al cine, este miembro de la Real Academia Española (RAE), pone en discusión por estos días el tema del lenguaje inclusivo: "Es necesario que el lenguaje en las academias, en la vida normal, en la calle, se adapte y sea inclusivo". Pero, dice y resalta el adversativo: "La exageración es pretender que sea una norma impuesta en todas partes".

-¿Qué tiene este Lorenzo Falcó de distinto, respecto de los dos libros anteriores?
-Como toda la serie, se profundiza más en el personaje, en su personalidad; en el lector y también en el autor, porque a medida que escribía, iba aprendiendo. Escribir una novela también significa aprender sobre ella y el personaje que la protagoniza. Es otra faceta en Falcó. Vemos sus motivos. Nos concentramos más en su mundo de conspiraciones, miedos, peligros. Sigue necesitando la adrenalina. En este caso va un poco más allá en lo que ha ido en las otras novelas.

-¿En qué cosas va más allá?
-De los pocos cambios que se registran en el personaje, es coherente consigo mismo gracias a Eva, esa mujer que conoció en el primer volumen. Ahora Falcó, para quien las mujeres eran cuerpos hermosos a depredar, ha descubierto un respeto distinto. Eso es gracias a las mujeres que ha conocido. La mujer es muy interesante como héroe a la hora de plantear las situaciones extremas: es un héroe que nunca se había tratado. Durante 3000 años de cultura occidental, el hombre ha sido el protagonista. Ahora está a caballo en una extraña y apasionante esquizofrenia, y eso hace que sea un instrumento interesante narrativamente. En las mujeres de Falcó se intensifica más ese hecho, eso que el autor, yo, soy cada vez más consciente. Falcó lo es, como lo soy yo, de que la mujer es el único héroe nuevo que aún va a dar sorpresas en el siglo XXI.

-¿Cómo llegaste a que el Guernica fuera el cuadro para centrar Sabojate ?
-Me iba bien cronológicamente. El París de ese momento era muy interesante. Como novelista vi los ingredientes de la novela de una manera clara: había refugiados con la Guerra Mundial a punto de estallar, la Guerra Civil Española y Picasso. Me seducía mucho que Falcó entrara en el mundo de Picasso y del Guernica con intención de destruir el Guernica. Las buenas historias te eligen ellas a ti, no las elige uno a ellas. Es una novela que había que escribirla forzosamente. No me habría perdonado no hacerlo.

-¿Por qué a los lectores les gusta tanto leer novelas de espionaje?
-Sabes que no lo sé. Es una pregunta que me he formulado muchas veces y nunca la he podido responder. Debe tener que ver, imagino, con el juego. En literatura nada ofrece tanta posibilidad de aventura, de sorpresa, como la de ver qué hay allí detrás, si encontramos el tesoro. La novela de espionaje le permite al adulto seguir jugando con ese misterio a resolver. Como autor soy consciente de eso. Hay un doble plano: primero yo la paso bien y hago un desarrollo táctico para que el lector juegue conmigo. Quería hacer una novela canónica con los elementos del género, en un ambiente del 37, escrita con técnicas de narrativas actuales. Una novela de espionaje es el juego descarado, de ahí el enorme placer que me produce.

-Por estos días, circularon declaraciones tuyas respecto del debate sobre el lenguaje inclusivo, ¿cuál es tu mirada sobre esto?
-Es evidente que el lenguaje ha estado anclado en un ámbito masculino y tiene que transformarse. Ha sido injusto en el pasado y lo sería ahora en no adaptarlo. Ya no hay ninguna excusa para que el lenguaje no incluya a las mujeres y las haga visibles. Eso es indiscutible. Es necesario que el lenguaje en las academias, en la vida normal, en la calle, se adapte y sea inclusivo, pero, y esto es fundamental, hay un límite y es el sentido común. Lo razonable. Las leyes básicas de la comunicación, de la lengua, de la semántica, de todo. La exageración es pretender que sea una norma impuesta en todas partes. Produce un efecto negativo, es peor.

-¿Habrá un nuevo Falcó?
-Prometí que Falcó se retiraría de viejo en la Argentina, viviría en el hotel Alvear, desayunaría en La Biela y se cruzaría con su amigo Remil. Es mi promesa. Yo cumplo 67 años el mes que viene. No sé cuánto tiempo me queda, no lo sé, tres meses, cinco años, diez. Hay novelas que quiero escribir que no son Falcó ni Alatriste, novelas que tengo en la cabeza y que no quiero morir con ellas. Escribiré Falcó, haré una pausa, escribiré otras que quiero hacer, una pausa, así. Falcó está vivo en mi cabeza, volverá sin duda si vivo lo suficiente para ello.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Dom Oct 28, 2018 11:05 am

Reseña: 'Sabotaje', de Arturo Pérez Reverte
Soraya - cronicasliterarias.com - 27/10/2018

Es difícil ponerte a reseñar una novela cuando todavía te duele hasta el alma de lo que te has reído en algunas partes, sobre todo en los diálogos. Dicen que lo más difícil en esta vida es hacer reír a alguien con una historia, pues, puñetas, estuve a nada de que me diera algo serio, jajajaja, qué trabajo hizo Arturo Pérez Reverte, qué trabajo. Pero mejor será empezar con la sinopsis del libro:

Mayo de 1937. La Guerra Civil sigue su sangriento curso en España. Una doble misión llevará al guaperas y seductor agente del servicio de espionaje franquista Lorenzo Falcó a París. Allí bajo el alias Ignacio Gazán, simpatizante de la República y coleccionista de arte, deberá cumplir una doble misión: una con el intelectual comunista Leo Bayard, y la otra sabotear el cuadro que en esos momentos está pintando Pablo Picasso para la Exposición Universal en la que la República pretende conseguir apoyo internacional. Empieza ya de forma brutal con los diálogos con el Almirante, por que si algo hay que destacar de la novela, serán los diálogos. Falcó en estado puro:

—Por supuesto, comunista y torero… Todos en mi país los somos, cuando no tenemos una guerra en la que ocuparnos -suele responder.

No es una historia de la Guerra Civil española, es una novela negra que se desenvuelve en el ambiente del conflicto bélico que se vivió. Falcó no es ningún asesino, trabaja para quien le paga y le hubiera dado igual que fuera un bando u otro, él tenía muy claro que ganara quien ganara, el desastre estaba asegurado. Se moverá por París, conocida como la ciudad de la luz, paseando por las tranquilas orillas del Sena nos dejará esa rara sensación de que sus habitantes estaban seguros que nos les alcanzaría lo que en esos momentos sucedía en Alemania. Por lo general, llegan a creer que no va a suceder nada mientras se está armando un desastre a su alrededor. Falcó conocerá a intelectuales que hablan mucho y hacen poco o nada, lo que se suele llamar revolucionarios de salón, intelectuales haciendo ver como que dirigen el conflicto cuando no es así, al fin y al cabo, como bien me dijo un amigo mío una vez, a la guerra van los tontos y los obligados. Y estos ni una cosa ni la otra. En la novela aparecen personajes de entonces, algunos tan importantes como Marlene Dietrich, Picasso y alguien con el nombre falso de Gatewood, aunque no sé para qué le puso ese nombre ya que cuando se refiere a él como escritor americano que huele alcohol ya me lo vi venir, jejeje, un creído chulo que iba de matón y no tenía ni media hostia, y a mí sus novelas ni fu ni fa. Será épica la escena en el baño con Falcó, sí, olé y olé.

Al principio, comenté que lo mejor son los diálogos, la conversación que tiene con Pablo Picasso a solas con el cuadro, madre mía, me reí tanto, pero tanto, que pensaba que se me paraba el corazón. Hacía años que no me reía así. Y es que… jajaj, es verdad, que se pongan todos como quieran, pero más allá de que fue un encargo y de que lo han idealizado, a mí me hubiera pasado como al Falcó, lo hubiera mirado más espantada que otra cosa. Esa charla con Picasso es maravillosa, impagable, solo por ese pasaje ya amo a Reverte para los restos.

Una novela negra de espionaje, dos misiones que llevar a cabo con una guerra de fondo donde todo es negocio: armas y cambios de favores. Un autor valiente que sin contar mucho, lo dice todo. Sabiendo que aquello que tiene que ver con la Guerra Civil esta magnificado, escondido bajo un manto de manipulación y propaganda, y tal vez sea por eso que es un tema tan difícil de tratar. Con Sabotaje pone fin a la trilogía a lo grande. Con el que para mí es su mejor libro. Lo he disfrutado tanto que lo voy a volver a leer, aunque terminé de nuevo en el suelo por la risa.

Dejó una gran historia de espías, si tú quieres buscar ahí antiguos fantasmas es tú problema, el autor simplemente escribió una de las mejores novelas negras que he leído nunca. Escrita de forma soberbia, no falta ningún elemento: espionaje, mensajes cifrados, el improvisar y saber captar esos pequeños detalles que son la diferencia entre seguir vivo o morir. Lorenzo Falcó aplastará un cigarrillo bajo la suela de su zapato y nos dejará por ahora mientras camina con una cartera bajo el brazo guardando un secreto. Solo puedo aplaudir la novela, solo puedo reverenciar la gran pluma de Reverte y el maravilloso personaje que creó para deleite de nosotros los lectores.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Vie Nov 02, 2018 9:25 pm

Arturo Pérez-Reverte y otra novela de Falcó, su personaje amoral, mujeriego y depredador
Entrevista de Patricia Suárez - clarin.com - 02/11/2018

Arturo Pérez-Reverte lanzó su nuevo libro, 'Sabotaje'. Es mayo de 1937 y su conocido personaje Lorenzo Falcó, cada vez más seductor y más villano, debe encarar una nueva misión. Esta vez, le encargan hacer pasar a Leo Bayard –un comunista inspirado en André Malraux– por un espía anticomunista. Y otra misión, la más difícil de todas: sabotear el Guernica que está pintando Pablo Picasso para exhibir en la Exposición Universal de París y que será el símbolo de la lucha de los republicanos por salvar España. 'Sabotaje' es una novela ágil, que se lee de un tirón, con un Falcó moralmente deleznable y tal vez, por eso mismo, fascinante.

–¿Escribir sobre las guerras y dictaduras es una forma de liberarnos de los traumas que provocan?
–Ese no es mi caso, yo sólo soy un autor que cuenta historias. 'Sabotaje' es una novela y no pretendo diseccionar la dictadura, ni la política, ni siquiera la historia. Utilizo el marco de los años 30, la Guerra Civil y la Europa de la época como fondo, para contar mi historia. Pero no pretendo en absoluto crear conciencia histórica ni social. El novelista, al menos el novelista que yo soy, no tiene otra misión que contar una buena historia, si puede. Si mis novelas, como decía Somerset Maugham, hacen mejores o peores a los hombres, ya no es asunto mío.

–Lorenzo Falcó y sus múltiples alias, tienen el encanto y el donjuanismo del agente 007. ¿Hay algo de 007 en Falcó?
–En Falcó hay algo de los espías anteriores a 007. Mi personaje está inspirado en autores clásicos como Eric Ambler o Somerset Maugham y en las primeras novelas de Graham Greene. También en el cine de espionaje de los años 30.

–Los espías y los detectives se pueden dividir, tal vez, entre los que están castamente casados, como el Maigret de Simenon o el Montalbano de Camilleri, o son donjuanes, como Falcó. Tanto le gustan las mujeres a Falcó que por momentos la novela semeja un tratado erótico sobre la mujer. ¿Por qué le gustan tanto las mujeres a Falcó?
–Es un personaje y decidí, a la hora de inventarlo, en hacerlo un héroe amoral. No inmoral, sino amoral, que esté afuera de la moralidad. Hay personajes míos que son resultado de una vida, a los que la vida los ha despojado de inocencia, de ingenuidades e incluso de ciertos sentimientos o virtudes. En el caso de Falcó, él no era un sinvergüenza desde niño pequeñito, lo fue después. Es un tipo amoral a quien le gusta la acción, la adrenalina, la aventura y las mujeres. Entonces lo hice así, deprededador de seres humanos. Y de mujeres, ya que es aficionado a ellas. El desafío para mí como escritor era, precisamente, conseguir que un héroe amoral, mujeriego, asesino, torturador, sin ideología definida, sea atractivo para el lector. Y para eso es que le puse otras cualidades: simpatía, elegancia, es guapo y encantador, es descarado. Ahí, entonces, ya queda en manos del lector decidir si lo acepta o no. Hace tiempo que hay antihéroes es en literatura, no soy yo quien lo viene a descubrir. Sin embargo, cada autor escribe según su propia biografía, según su propia mirada. En este sentido, la vida que yo llevé, en la cual fui durante muchos años reportero, y desde muy joven empecé a viajar y tuve que pasar por muchos lugares sórdidos. Eso me dejó una forma de mirar el mundo. Eso me imposibilitó escribir sobre determinados personajes: por ejemplo, no puedo escribir sobre personajes incapaces de manipular su destino, sobre personajes que se resignan ni que son víctimas. Cada escritor elige su territorio y hay escritores que eligen víctimas de protagonistas y que son muy eficaces, y además los leo con mucho placer. Pero yo prefiero escribir sobre lobos. Me gusta escribir sobre cazadores y cazadoras, gente que no se limita a afrontar los embates de la vida, sino que forman parte a menudo de esos embates. Cazadores y cazadoras peligrosos, en un territorio hostil: ese es el conflicto que está en todas mis novelas y va evolucionando conmigo a medida que envejezco.

–Pablo Picasso es un personaje de su novela y un personaje controvertido. En su momento, Picasso declaró: “Los artistas que viven y trabajan con valores espirituales no pueden ni deben permanecer indiferentes ante un conflicto en el que se ven comprometidos los valores supremos de la humanidad y la civilización”. Sin embargo, usted deja traslucir que pintó el Guernica por dinero. ¿Cuánto hay de cierto en esta afirmación? ¿Cómo conciliaba Picasso su codicia con su patriotismo?
–Cobró doscientos mil francos para pintarlo. Podría llevar horas responder esto, pero voy a tratar de resumirlo de la siguiente manera: cada artista, sea escritor o pintor, tiene legítimo derecho a comprometerse o no comprometerse con las causas exteriores o interiores. Ningún artista tiene una obligación moral. Exigir siempre un compromiso moral al artista en su obra, me parece un error. Hay que exigírselo como ciudadano, como figura pública o como referencia. Hasta al futbolista a quien siguen los niños hay que exigirle una actitud moral. Pero a un creador de ficción, no. Uno no puede exigirle a Nabókov que su personaje de Humbert Humbert en 'Lolita' sea un ejemplo de moralidad, porque Lolita es una novela. Ahora, en Picasso en concreto, hay que decir que era un artista inmenso, tal como aparece en mi novela. Para 'Sabotaje' he trabajado con cuanto libro se ha escrito sobre Picasso, mucho más que para mi novela anterior 'El pintor de batallas', y he encontrado biografías a favor y en contra. He leídos los testimonios de sus mujeres, sus hijos, sus críticos y los historiadores. El balance de todos ellos indica que Picasso como artista era genial, pero como persona no tenía tanta pulcritud moral que como artista. Era misógino, era machista, fue cruel con las mujeres que lo amaron, trató mal a mucha gente, le gustaba el dinero y era tacaño. Picasso, que tenía una causa republicana admirable y por la que trabajó, y siendo el genio que era, en su vida personal no era irreprochable. Con esto quiero decir que la vida no es roja ni azul, sino que, como el 'Guernica', la vida consiste en una gama de grises.

–Como integrante de la Real Academia Española de la Lengua, frente a las reflexiones y cambios propuestos en materia de género y lengua, ¿cree que el lenguaje inclusivo que se quiere promover y que empecemos a hablar tiene futuro?
–El lenguaje inclusivo es necesario. Hay territorios en el lenguaje en el cual es fundamental la inclusión, y la visibilidad de la mujer en el lenguaje. Lo que pasa es que la exageración ha producido el efecto contrario. El abuso y el exceso de pretender que todo sea inclusivo, niños y niñas, hombres y mujeres, suegros y suegras, abuelos y abuelas, con esa saturación excesiva –comprensiva, porque hay prisa por saberse incluido– generó la reacción contraria. El mayor enemigo de la inclusión de la mujer, son aquellos y aquellas que, exagerando, quieren llevarlo a extremos que violentan la razón y el sentido común. El problema fundamental es que el lenguaje inclusivo es imposible aplicarlo a todo. Quien se empeña en hacerlo se equivoca y flaco favor le hace a la verdadera necesidad que hay de él. El lenguaje inclusivo es un hecho imparable y sin duda tiene que darse.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Dom Nov 04, 2018 11:00 am

'Sabotaje'
Miguel Ángel Oeste - elcultural.com - 19/10/2018

París no se acaba nunca. Ni el Guernica. Ni Picasso. Y esperemos que tampoco las aventuras de Lorenzo Falcó, que llega a su tercera entrega con una historia trepidante desde la primera acción en Biarritz. No era fácil el desafío de situar a Falcó -espía descreído, chulo, canalla, cruel, amoral, pero con trasfondo humano, que fue un antiguo agente de la República y ahora trabaja para los franquistas- en un París que es (o casi) una representación de lugares, peripecias y personajes míticos.

El París de los años treinta, repleto de artistas e intelectuales que se implicaban a su manera en la vida político-social, es el escenario por el que se desenvuelve Falcó. Un París en efervescencia, sacudido, convulso, previo a la Segunda Guerra Mundial, que el autor de 'La tabla de Flandes' retrata con minuciosidad, lo que aporta detalles que contribuyen a recrear esa atmósfera de fiestas e hipocresías en la que mentir era un arte y la desconfianza un principio existencial.

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) no solo es un espléndido narrador, también maneja con pericia diferentes géneros. Y en 'Sabotaje' lo hace de un modo orgánico entre paisaje y paisanaje. La doble misión de Falcó en la ciudad del Sena será infiltrarse en el círculo íntimo de Leo Bayard -nítido trasunto de André Malraux- y destruir el Guernica, el gran cuadro que Picasso pintaba para el pabellón español en la Exposición Universal de 1937. “Un monumento a la desilusión, a la desesperación, a la destrucción. Un aldabonazo en la conciencia de la humanidad”.

'Sabotaje' cuestiona la moral de la época con un relato ágil, personajes bien definidos y notable nervio narrativo El eterno dolor de cabeza de Falcó, que combate con cafiaspirinas, representa el dolor de la España rota entre rojos y falangistas. Porque la ficción, al igual que el cuerpo, tiene memoria. De ahí que Pérez-Reverte mida el sustrato histórico modificado en beneficio de la aventura, pero analizando quizá el pasado con parámetros del presente. “¿Se puede matar demasiado?”, pregunta Malena a Falcó. “Se puede”, responde éste. “¿Y deja recuerdos incómodos?”, insiste la mujer. “A veces”, zanja el espía. O “No hay ignorancia que no quede a salvo tras un talonario de cheques”.

'Sabotaje' cuestiona la moral de la época y despliega comentarios políticos y sociales mediante una narración ágil, un suspense medido, personajes bien definidos y diálogos que suenan con el ritmo y el tono de la poética del Saint Louis Blues. Más allá de la certeza de que cualquier objeto al que alude el autor -desde la pistola Browning FN de 9 mm. a los cigarrillos Player's- esté documentado, lo reseñable de esta novela de aventuras es el nervio narrativo y la relación que se establece entre los personajes. Si Lorenzo Falcó es fiel a su propio interés, un héroe misterioso y solitario, con un fondo sentimental, que no se levanta cuando el Caudillo habla por la radio, el trato con su jefe, el Almirante, está plagado de momentos inspirados. Al igual que los encuentros del héroe con las mujeres. O los juegos que el autor se permite al representar a Ernest Hemingway como Gatewood, un escritor y periodista aficionado al coñac y a dar lecciones de patriotismo. Estas citas, guiños, homenajes y resonancias a la literatura y al cine que se dispersan implícita o explícitamente por la novela funcionan como memoria sentimental e ideológica.

El mundo por el que se mueve Falcó es un mundo hostil, resbaladizo, de “ambientes turbios, citas clandestinas y sombras peligrosas”. Una representación con ecos de película del Hollywood clásico, que absorbe desde la maestría quijotesca a la tradición de novelas de espionaje de Somerset Maugham, John Le Carré, Graham Greene, Eric Ambler o Joseph Conrad. Porque si bien Falcó es único, tiene inmejorables modelos en los que empaparse con el arrebato de un adolescente subyugado por la lectura.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Dom Nov 04, 2018 11:03 am

'Sabotaje', de Arturo Pérez-Reverte
Ángel Luis Pastor - revistacalibre38.com - 17/10/2018

Con puntualidad británica -las dos anteriores se editaron también en octubre de 2017 y 2016, respectivamente- llega la tercera entrega de la exitosa serie de Falcó, del no menos exitoso Arturo Pérez-Reverte. Una nueva peripecia del antiguo traficante de armas, intermediario y comisionista en toda clase de negocios turbios; señorito golfo y displicente que, siempre impecablemente vestido y siempre con una irresistible (y casi nunca inocente) sonrisa en los labios, sigue dispuesto a saltar sobre la siguiente víctima de sus encantos viriles o de sus arriesgadas misiones, según el caso.

Junto a alguna otra menor, las dos principales tramas de este nuevo título son los planes de la Inteligencia franquista para neutralizar a un intelectual francés, exvoluntario antifascista en la Guerra Civil y activo propagandista de la causa republicana, y para impedir la exhibición del 'Guernica' en la Exposición de París de 1937 como llamada a la conciencia internacional en favor de la España republicana. Archifamoso cuadro, por cierto, que como bien nos recuerda el autor no nació del supuesto horror patriótico de Picasso (que vivía desde hacía décadas en Francia) ante las noticias del salvaje bombardeo, como han querido difundir algunos, sino del encargo -y previo pago de su astronómico importe- por el gobierno de la II República.

Pero regresemos a lo nuestro. En 'Sabotaje', Falcó despliega una vez más sus mejores encantos -y sus peores artes- para conseguir sus dos últimos objetivos, en una apasionante aventura que no defrauda. Con el mismo ritmo narrativo trepidante de siempre y con el mismo impresionante detallismo en la descripción de ambientes, vestuarios y attrezzo que en 'Falcó' y 'Eva', las dos novelas anteriores. Dos características, acción “cinematográfica” (tórridas escenas de sexo, violentas escenas de acción y sorprendente final incluidos) y minuciosa ambientación, que nos hacen casi, casi “ver” literalmente la historia [¿apostamos para cuándo una versión en la gran pantalla?]. Por otra parte, el extraordinario manejo de la lengua, con una escritura brillante, rica y precisa como pocas, sitúa en mi opinión este volumen a una altura aun mayor que los anteriores.

En cuanto a los personajes, nuestro flamante agente del ultrasecreto Grupo Lucero del SNIO (Servicio Nacional de Información y Operaciones) sigue desempeñando sus servicios especiales en favor del bando franquista con el mismo desapego ideológico que en anteriores misiones, con la misma actitud asépticamente profesional y espléndidamente retribuida: mitad aventura, mitad interés. Pero en este relato vemos un Falcó no tan absolutamente cínico como en los anteriores. Aunque sigue en pie el mercenario descreído [“¿tú crees en algo, chico?”, le pregunta su jefe] para quien la guerra no es más que otra oportunidad de negocio, en muchos de los diálogos se muestra mucho más crítico, cáustico incluso, con algunos de los personajes de su teórico bando, especialmente con los nazis, aliados del régimen para el que, a pesar de todo, sigue trabajando. No en vano, el propio autor abre el volumen con una dedicatoria (“A Lorenzo Pérez-Reverte, soldado de la República…”) que muestra, al margen de su crítica implacable a las miserias de la guerra y a sus siniestros personajes (empezando por su propia criatura), cierta inclinación sentimental hacia uno de los bandos. Pero, pequeñas debilidades aparte, la guerra para Falcó sigue siendo -como la vida misma- una eterna escaramuza entre víctimas y verdugos de cualquier trinchera, como tan bien se explica en el encabezado y las reflexiones del capítulo 3, 'Sobre corderos y lobos'.

Junto al protagonista, magníficos secundarios como los habituales Paquito Araña o el Almirante y otros nuevos como el agente Sánchez, María Onitsha, o Hupsi Küssen. Y un amplio despliegue de personajes históricos, de Malraux y Lee Miller a Alexander Orlov, de Marlene Dietrich y Hemingway al propio Picasso: unos con sus nombres reales y otros con nombres de ficción, aunque perfectamente reconocibles. Conviviendo todos en el bullicioso y cosmopolita París de la preguerra mundial, con sus elegantes hoteles y sus legendarios cafés; con sus revolucionarios de salón, tan alejados de las miserias y la muerte de la guerra real; con sus noctámbulos huidos de los cabarés del otrora abierto Berlín; y con un Falcó siempre bajo la sombra ausente de Eva Neretva…

Para terminar, si al reseñar el primer volumen de la serie escribíamos “¿Continuará? Sospechamos que sí…”, ahora no terminamos de creernos la sobrecubierta del libro según la cual Pérez-Reverte “(…) completa con esta novela la trilogía protagonizada por Falcó”.

¡A ver si entre sus sorprendentes habilidades, Lorenzo Falcó va a tener también la de ‘resucitar’! Que Dios reparta suerte.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Lun Nov 05, 2018 5:43 pm

Valores consolidados
Justo Navarro - elpais.com - 05/11/2018

Primavera de 1937, París. Lorenzo Falcó, el agente secreto de Arturo Pérez-Reverte, tiene por delante dos encargos: quitarle la vida y el honor a Leo Bayard, escritor de éxito convertido en héroe de la República española, para la que ha financiado y dirigido una escuadrilla de aviones de combate, y destruir el cuadro que Picasso está pintando para el pabellón de la República en la Exposición Internacional parisiense: el 'Guernica'. Al aviador Bayard (un duplicado de André Malraux en clave de novela de espías) deberá construirle una falsa personalidad de agente fascista: que lo maten sus propios camaradas. La amante de Bayard, copia británica y casi perfecta de la modelo y fotógrafa americana Lee Miller, adivina a Falcó, que se hace pasar en ese momento por un encantador millonario hispano-cubano, “atractivo, burlón y cruel”. Más invitados famosos asisten a este 'Sabotaje': Marlene Dietrich le regalará un beso a Falcó, que acaba de partirle la cara a una caricatura de Hemingway, si confundimos a Hemingway con el personaje llamado Gatewood.

¿Es cruel Falcó? Siguió en Berlín un curso de técnicas policiales con la Gestapo. Practica un oficio en el que los afectos pueden ser una enfermedad mortal, o eso dice. Tiene humor. Se divierte siendo un experto en acciones clandestinas: le parece formidable seguir jugando al escondite, como cuando era niño. Mata. No tiene otro bando que su propio interés, pero es fiel a quien le paga como un perro de pelea a su amo, y le paga el bando de Franco. Si al condottiero Gattamelata lo esculpió en bronce Donatello, a Falcó lo retratará a lápiz Picasso. En la novela de aventuras tradicional triunfaba el bien. Aquí triunfan otros valores: la astucia, la valentía, la osadía inteligente, el instinto de ganar, la eficacia, la buena estampa y el bello descaro equipado con ropa y complementos de las mejores marcas, el egocentrismo. Un videojugador puede manipular a un héroe del crimen o a un paladín de la ley, da igual: los dos personajes hacen las mismas cosas, lo que importa es ganar en el juego. Y el público-lector tiene el gusto de identificarse con el héroe Falcó: lo reconoce su semejante, su contemporáneo.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Jue Nov 08, 2018 6:26 pm

El irritante culto de Pérez-Reverte al tip(ej)o duro
Nicolás Fabelo - picandovoy.blogspot - 07/11/2018

De entrada quiero decir que Arturo Pérez-Reverte me cae bien (lo cierto es que me resulta igual de simpático su odiado -el sentimiento es recíproco- Iñaki Anasagasti). Coincido con él en que los perros son generalmente mejores que los humanos, en que reyes y curas han tenido mucho que ver con el retraso de España y en que aquí hay bastante cabrón (aunque ni más menos que en cualquier otro lado), mucho ignorante y demasiado mamoneo. También suscribo su indignación por la corrección política llevada a extremos estúpidos, un trastorno que aqueja a cierta izquierda. Ya de paso, me gustó mucho su novela 'El pintor de batallas'.

Pero no comulgo con el escritor cartagenero en su visión hidalgo-rancia de la vida, en esa preocupación a mi juicio ridícula por la "clase", el buen vestir y las apariencias (tuve hace unos años un choque con él en Twitter a cuenta de un artículo suyo sobre ir en chanclas al Parlamento). Y lo que más me irrita de su pensamiento es la declarada admiración por los hijos de puta listillos a la par que valientes, descarados y encantadores del tipo de Falcó, el protagonista de su última serie de novelas, un chulo de manual que va precisamente como un pincel y se conduce con la soltura y elegancia de todo un "señor" por la convulsa España y Europa de los años 30.

Falcó es un personaje literario, pero Pérez-Reverte reconoce que le atrae ese tipo humano. Los asesinos a sueldo, los buscavidas sin escrúpulos, los desaprensivos de toda condición, sobran en este mundo (mejor dicho, sobran más allá de las cuatro paredes de una cárcel). Por mucha simpatía y humor que exhiban, por mucho encanto y dotes de seducción que desplieguen ante hombres y mujeres, por muy bien que cuiden la raya del pelo y la del pantalón. Falcó no es un sádico, ya que no disfruta matando, pero sí un psicópata o al menos un tipejo con la empatía en suspenso: mata sin escrúpulos sencillamente porque ese es su trabajo. Dice Pérez-Reverte en una entrevista con Pepa Fernández que esta gente no tiene problemas para justificarse. En eso consiste ser un psicópata: en no sentir compasión alguna por tus víctimas y dormir de un tirón sin cargo de conciencia, como un niño pequeño.

A Falcó le importa un huevo la política, carece de ideología, le da igual unos que otros: lo que quiere saber es a quién hay que matar para seguir cobrando. Podría trabajar igual al servicio de la República que para Franco, a sueldo de Hitler o de Stalin, de chetnik o de ustacha, matando blancos en Zimbabue o negros en la Sudáfrica del apartheid. Por mucho glamour de malote que posea, este personaje no tiene maldita gracia más allá de las páginas de una novela (ahí sí puede ser muy divertido, no lo niego). Desde luego, yo no seré quien ría las ocurrencias en el mundo real a los Falcós. Porque tipos "duros" como ese, así como los que los utilizan y quienes los admiran, los justifican o callan ante sus excesos, son responsables o corresponsables de buena parte del dolor de la humanidad desde que empezamos a ser algo más que monos (aunque lleva razón Arturo al afirmar que quienes suelen sacar las castañas del fuego en situaciones extremas son también esos individuos, no los epistemólogos, medievalistas o profesores de griego antiguo). Muchos nos quedamos con las buenas personas (intuyo que Pérez-Reverte lo es). Aunque estas sean menos glamurosas, lleven los pantalones caídos o vayan en chanclas a un parlamento.

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Rogorn
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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Vie Nov 09, 2018 7:34 pm

Los buenos y los malos
Fernando Mires - polisfmires.blogspot - 09/11/2018

'Sabotaje', la tercera con Falcó, mantiene la línea que ha trazado a su alrededor Arturo Pérez-Reverte. En todos sus niveles: acción, suspenso, potencia narrativa, erótica elevada al cubo y sobre todo, representación descarnada de la maldad que anidaba en la España de la tantas veces mitificada Guerra Civil. Pero no me voy a sumar esta vez al larguísimo listado de elogios, que a Pérez-Reverte le sobran. Baste decir que es imposible leer sus libros y respirar con tranquilidad al mismo tiempo. Esta vez solo me limitaré a rondar alguna de sus tesis. Sí, estimado lector; usted leyó bien: tesis. No es que crea haber leído un libro científico (Dios me libre). Cuando digo tesis me refiero al hecho de que alrededor de la trama, no solo en este libro -pero en este de modo explícito- andan circulando cuatro tesis que rozan puntos cruciales de la filosofía política moderna. Y a riesgo de que Pérez-Reverte se espante si tiene la mala fortuna de leer estas líneas, formularé mis tesis en el más estricto sentido académico:

1. La novela 'Sabotaje' nos demuestra que los conceptos acerca de lo bueno y de lo malo son relativos y no absolutos. En sus páginas no hay buenos ni malos porque en ellas tampoco hay causas buenas ni malas. 2. Existe una diferencia radical entre la realidad de los intelectuales y la realidad real. La intelectualización de la Guerra Civil española ha prestado un pésimo servicio a su historiografía. Ha llegado la hora de desmitificar los hechos. Aunque “solo” sea con una novela. 3. Sin embargo, y a pesar de todo, hay seres buenos y seres malos. 4. El mal es banal cuando requiere de una justificación. Y ahora, como dijo Drácula, vamos por partes.

La relatividad de lo bueno y de lo malo comienza con un epígrafe: La Rochefoucauld: “Hay héroes tanto en el mal como en el bien”. Eso significa que para ser un héroe no se necesita ser bueno. La bondad -si tomamos en cuenta que la mayoría de los héroes han sido grandes carniceros- puede convertirse incluso en un obstáculo para la heroicidad. En otras palabras, no hay ningún motivo para suponer que los fascistas eran mejores o peores que los comunistas. No hay ningún argumento para creer que un muerto fascista es mejor que un muerto comunista y viceversa. No hay ningún indicio para pensar que si los comunistas hubiesen ganado la guerra habrían sido más condescendientes con el enemigo (en cierto modo Franco salvó a Carrillo de convertirse en el Ceausescu español). No hay ninguna razón para imaginar que Falcó era mejor o peor que Eva, su nunca olvidada mujer-espía-soviética. De ahí que ese capítulo de sincerización entre los dos agentes secretos, Falcó, al servicio de los franquistas, y el ruso Pavel (Pablo) encargado policial de Stalin en España, sea uno de los mejor logrados en la literatura política moderna. Cinismo pero también franqueza. Crueldad pero también objetividad. Y, sobre todo, profesionalidad en el arte de matar sin gusto ni amor, solo por necesidad. Definitivamente la novela de Pérez-Reverte no fue escrita para “macarras de la moral” (Serrat) Tampoco para intelectuales de la guerra. Esa guerra -lo repite Falcó hasta el cansancio- “no es mi guerra”.

Y con esto pasamos a la segunda tesis. Se la tenía guardada Pérez-Reverte. Su inquina en contra de esa multitud de intelectuales que desde todos los cafés de Europa, rodeados de los mejores licores y aún mejores hembras, revivirían la teoría de la guerra justa, la del comunismo en contra del fascismo, es más que evidente. Y justificada. Al final nadie logró ocultar la terrible verdad formulada por el comunista Pablo: “Si los republicanos dedicaran las mismas energías que destinaron a destruirse entre sí, los fascistas habrían sido aniquilados hace tiempo”. Esa era la realidad bruta. El deseo de matar precedía a la guerra. Así lo dice Pérez-Reverte: “El comunismo y el anarquismo penetran en un pueblo que lleva siglos queriendo ajustar cuentas consigo mismo y que en su mayor parte apenas sabe leer”. Ya, por cierto, Simone de Beauvoir en su ya casi olvidada novela 'Los Mandarines' había expuesto la encrucijada en la que se encontraban los intelectuales de izquierda a mediados del siglo XX. O ser fiel a la verdad y revelar los innumerables crímenes de Stalin, o callar, como hizo Sartre, con el pretexto de “no hacer el juego al enemigo”. Dilema vuelto a presentar por Pérez-Reverte en la figura trágica de Leo Bayard, premio Goncourt, seguidor de la causa republicana y admirador incondicional de Stalin, de quien fue otra de sus víctimas, después de un macabro tramado tejido por Falcó. Parece ser cierto lo del humano que tropieza con la misma piedra.

Similar mistificación de los procesos revolucionarios la viví yo mismo desde una perspectiva latinoamericana en los días que siguieron a la revolución cubana. Era difícil declararse intelectual en esos tiempos sin profesar pleitesía a Fidel Castro. Si Cortazar, García Márquez, Vargas Llosa lo hacían ¿qué quedaba para nosotros, jóvenes y diletantes marginales? Tuvieron que pasar muchas cosas para que ocurriera el deslinde, y aun así, algunos no fueron capaces de dar el paso. La Habana fue durante los sesenta una olla cultural: congresos de escritores, amores rojos, la casa de las Américas cobijando hasta a los poetas más despelotados, como tan fieramente los ridiculizara Roberto Bolaño en 'Los detectives salvajes'. ¿De dónde viene esa libido intelectual por las revoluciones? Pienso que Pérez-Reverte dio en el clavo cuando hizo declarar al desdichado Bayard: “Así como la Inquisición no mermaba la dignidad clásica del cristianismo, esos procesos (de Moscú) no mermarían las del comunismo”. No pudo ser mejor dicho: la ideología era para Bayard un sustituto de la religión. Así se prueba una vez más que el largo proceso de secularización fue más institucional que espiritual. En gran medida la separación entre iglesia y estado dejó en muchos intelectuales una suerte de “vacío de Dios”, vacío que solo podía ser llenado con algo que se pareciera un poco a la religión que denostaban. Los comunistas llenaron ese vacío con el consumo de un marxismo teleológico desvinculado de Marx y convertido en “el opio de los intelectuales” (Aron). Pocos, aún en nuestro tiempo, tienen la prestancia de Pérez-Reverte para ajustar cuentas no solo con los mitos sino también con los mitómanos. Y en ese punto el gran escritor fue implacable con los frívolos bienvivientes de las artes y de las letras, comprometidos desde fuera con una república cuya realidad ignoraban. Por eso Pérez-Reverte dejó a Hemingway, literalmente, en el suelo.

No así a Picasso. Tal vez porque descubrió en Picasso algunas particularidades similares en Falcó. El mismo apasionado deseo por las mujeres bellas; un mal disimulado gusto por el dinero y, no por último, un cierto impulso destructivo que llevó al inculto Falcó a entender la pintura de Picasso mejor que muchos de sus contemporáneos. Algo que advirtió Picasso cuando dijo: “un cuadro es la suma de sus destrucciones”. Y luego dibujó a Falcó sin cobrarle un franco. ¿Falcó la cara criminal de Picasso y Picasso la cara artística de Falcó? Puede ser.

¿Significa todo esto que Pérez-Reverte postula una suerte de nihilismo semi-nietzscheano según el cual “¡todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor” (Santos Discépolo)? ¿Que recomienda un relativismo moral donde todo es malo y bueno y ninguna de las dos cosas a la vez? ¿Un eclecticismo ético donde todo está permitido si los deseos elementales así lo solicitan? Si alguien piensa esto, no voy a defender a Pérez-Reverte, entre otras razones porque la mejor defensa ya la escribió el mismo. Lo hizo en un libro. Uno de sus mejores. Su título es precisamente 'Hombres buenos'. ¿Qué es un hombre bueno para Pérez-Reverte? Para responder a esta pregunta, hay que pasar a la tercera tesis: hay hombres buenos.

Según Pérez-Reverte, “en España, en tiempos de oscuridad, hubo hombres buenos que orientados por la Razón, lucharon por traer a sus compatriotas las luces y el progreso. Y no faltaron quienes estaban en su contra”. Dos hombres, el bibliotecario Hermógenes Molina, más conservador que liberal, y el almirante Pedro Zárate, más liberal que conservador, viajan a París, arriesgando sus vidas entre bandoleros y agentes de la reacción hispana para adquirir con fondos de la Real Academia los 28 volúmenes de la 'Encyclopédie' de D'Alembert y Diderot, prohibidos en España. Dos hombres amantes de la cultura y del pensamiento cuyo único objetivo, según Pérez-Reverte, era traer luces a la oscuridad, orientados por la razón. Aunque quizás usted no lo crea, Pérez-Reverte es platónico. Un hombre bueno es -según el escritor- el que busca la luz en medio de la oscuridad a través del pensamiento. Pero va más adelante: para alcanzar la luz, un hombre bueno es capaz de arriesgarlo todo. Y bien: eso es justamente lo que no hicieron los intelectuales adictos al comunismo. Sabiendo que existía la luz (la verdad) prefirieron no verla mirando para otro lado. ¿Y Falcó? ¿Era un hombre bueno? En ningún caso.

Hora entonces de pasar a la cuarta y última tesis. Falcó era un asesino, pero –y esto es importante- no era un asesino banal. Naturalmente, me estoy refiriendo a la tesis siempre mal entendida acerca de la banalidad del mal, según Hannah Arendt. De acuerdo a la filósofa política, el mal -de acuerdo a Kant- es siempre radical, es decir, tiene su origen en las profundidades más insondables del ser. Pero -y esta es la mayor monstruosidad- el mal puede ser banalizado. Y por lo común, el mal, cuando se ejecuta es, por sus ejecutores, banalizado. La banalidad del mal es simplemente la justificación del mal por razones superiores. En los seres mediocres el mal se justifica por el cumplimiento de órdenes. En los más elevados, por razones ideológicas. Falcó, apuesto e inculto, lo comete por ordenes superiores a las cuales algunas veces transgrede. Pero jamás por razones ideológicas. Al lado de los fascistas que mataban en nombre de una tradición que nunca había existido y de los comunistas que mataban por un futuro que nunca existirá, Falcó luce incluso honesto. Mataba simplemente porque le pagaban. Nunca sintió deseos de matar, aunque, no podía ocultarlo, arriesgaba siempre la posibilidad de morir. Nunca intentó justificar asesinatos con ninguna razón, ni superior ni inferior. Era un hombre malo porque sencillamente vivía un momento malo de la historia, uno donde todos se mataban entre sí, sin misericordia ni perdón. Falcó, creo que una vez lo dije, era un héroe de su tiempo. Nada más ni nada menos que eso. A diferencias de los Hombres Buenos, quienes llegaron a ser entre sí amigos, Falcó nunca tuvo amigos, cuando más, leves circunstancias amistosas. Amores tuvo solo uno, aunque evadía su evidencia. En 'Sabotaje', Eva no aparece físicamente pero está más presente que nunca. Su presencia es su ausencia. Falcó la amaba. En la profunda oscuridad de su alma ella era su única luz. Falcó era malo, pero malo con clase.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Mar Nov 13, 2018 7:12 pm

El lobo caza en París
Fernando Baudet - laopiniondemalaga.es - 13/11/2018

'Sabotaje' es, de momento, la entrega que cierra la saga protagonizada por el espía Lorenzo Falcó, iniciada por la homónima 'Falcó', seguida de 'Eva'. Lo es de momento porque su propio creador ya ha afirmado que Falcó queda aparcado, en espera de nuevas misiones que, por ahora, no están previstas. Arturo Pérez-Reverte ya ha anunciado que se encuentra trabajando en su próxima novela, que nada tiene que ver con el mundo en el que se desenvuelve el protagonista de sus últimos trabajos.

En esta ocasión Arturo Pérez-Reverte ubica al espía en el París de los años 30, con una doble misión: desprestigiar a un activista de izquierdas y reventar la obra en la que trabaja un pintor cuyo nombre les sonará, Pablo Ruiz Picasso

Elegantes terrazas, selectos clubs de noche, trajes caros, vestidos de noche... es el París de los años 30. Del año 1937 para ser exactos, y mientras abajo, en España, se recrudece la guerra entre republicanos y nacionales, la capital francesa alberga a intelectuales, a bohemios, a activistas que hacen su Guerra Civil a kilómetros de distancia entre una población parisina (y europea) que aún no ve lo que se le vendría encima unos años después. Es aquí, en este ambiente del París del 37, donde se mueve Ignacio Gazán, un elegante marchante de arte español, procedente de La Habana, interesado en adquirir fotografías y cuadros para su colección personal. Este Ignacio Gazán es, en realidad, Lorenzo Falcó, espía del bando nacional. Enviado por El Almirante (a quién ya conocemos de las anteriores entregas de la saga), la misión del espía jerezano es doble: desprestigiar a un activista de izquierdas, héroe de guerra con el bando republicano, y arruinar de cualquier manera el cuadro que un pintor español de gran fama, simpatizante de los rojos, prepara para la Exposición Internacional de París. El autor es, claro, Pablo Ruiz Picasso y la obra en cuestión es el 'Guernica'.

'Sabotaje' (Alfaguara, 2018) es la tercera novela de la, por el momento, trilogía protagonizada por Lorenzo Falcó, un personaje definido por su propio creador Arturo Pérez-Reverte como un «perfecto hijo de puta», y realmente lo es. Asesino a sueldo, torturador, espía metódico que utiliza todos los medios disponibles para alcanzar sus objetivos pero, al mismo tiempo, simpático, encantador, guapo, seductor... un lobo entre corderos en 'Sabotaje', una novela en la que incluso más que las predecesoras 'Falcó' y 'Eva', se aprecia el profundo estudio histórico previo de Pérez-Reverte, quien asegura haberse empapado de libros, documentos, registros y películas de la época para componer un marco histórico en el que el novelista murciano desarrolla su ficción. Una ficción en la que aparecen personajes reales, unas veces con su nombre auténtico, como el caso del antes mencionado Picasso o de la actriz alemana Marlene Dietrich; otros bajo otros nombres, como Ernest Hemingway o André Malraux, este último uno de los objetivos de la misión de Falcó. Es divertido comprobar la precisión, fruto de ese estudio previo antes mencionado, con la que Pérez-Reverte plasma el taller donde Picasso está creando el 'Guernica', además de la relación de ambos personajes en sus dos encuentros en la novela, sabiendo como sabemos, y como sabe Falcó, que éste pretende destruir la obra de aquel.

Entre intelectuales de izquierdas, contactos nacionales, la amenaza de ser reconocido por la gendarmería francesa y los grupos simpatizantes con la causa republicana en París, se mueve el espía que en la primera novela de la saga participaba en el intento de rescate de José Antonio Primo de Rivera de la cárcel de Alicante y que en la siguiente entrega tendría que recuperar (o hundir) un cargamento de oro de las bodegas de un barco republicano refugiado en el puerto de Tánger. Ya ha desvelado Pérez-Reverte, que ya trabaja en su próxima novela, que Falcó se retirará a los 80 años en Buenos Aires. Lo que desconocemos es si sabremos de más misiones, de más aventuras de este hombre sin patria, pero con honor, con escasas pero profundas lealtades, un denominador común en la mayoría de los héroes a los que da vida el autor de 'La reina del sur', 'El tango de la guardia vieja' o de la saga de uno de sus personajes más populares y conocidos: el Capitán Alatriste.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Dom Dic 09, 2018 9:06 am

¿Culmina la saga?
Mariela Sagel – laestrella.com.pa – 02/12/2018

Muchos saben que yo tengo absoluta devoción por los libros (y los artículos y tuits) de Arturo Pérez-Reverte, el escritor español que creó ese personaje mítico llamado El Capitán Alatriste. También que formo parte de una selecta cofradía de hinchas del autor que se llama el Círculo Alatriste, que algún día, tarde que temprano, lograremos que el ex reportero de guerra venga a Panamá, donde no recala desde que cubría en Centroamérica los conflictos armados, especialmente en El Salvador.

Hace dos años don Arturo, que además de navegante y defensor de los perros es académico de la Real Academia Española de la Lengua, inició una serie con un personaje un tanto diferente a Diego Alatriste. Su nombre: Lorenzo Falcó, y contrario del primero, no tenía escrúpulos, era un vil canalla. Pero era guapísimo, todas las mujeres querrían irse a la cama con él y los hombres tomarse una copa. La primera novela de la serie, titulada ‘Falcó’, se ubicaba en Salamanca y regiones aledañas de la geografía de España, en medio de la guerra civil y espiando para uno y otro bando, pero no era sobre ese conflicto por el que atravesó ese país. Le siguió ‘Eva’, que se escenifica en Tánger, puerto estratégico de Marruecos, donde convergen el Oceano Atlántico con el Mar Mediterráneo, en medio de una disputa entre unos barcos que contenían materiales invaluables para uno y otro bando: los franquistas y los soviéticos. Aquí Falcó da una muestra de debilidad al perdonarle la vida a una rusa (que ya venía desde la primera novela) porque respeta su absoluta convicción en lo que está haciendo y también porque le ha generado una especie de amor demoledor.

Ahora continúa (no me atrevo a decir que concluye) la saga con ‘Sabotaje’, que se lo lleva a París, en los finales de los años treinta, cuando Picasso estaba pintando el cuadro ‘Guernica’ para la exposición internacional de esta ciudad y esa obra era el motivo principal de protesta por parte de los republicanos españoles, que se lo habían comisionado. Acababa de ocurrir el bombardeo del pueblo vasco Guernica (1937) y de allí la inspiración sobre el tema. Falcó logra hacerse amigo de Picasso al punto de que éste le regala un dibujo y en forma subrepticia atenta contra el cuadro.

Esto definitivamente que ha causado un revuelo en el mundo literario, porque como a Pérez-Reverte no le pica la lengua en decir lo que piensa, ha asegurado que Picasso no era el artista comprometido que todos pensamos que era, sino un pesetero que cobraba caro por su arte. Mujeriego y maltratador, la concepcion del ‘Guernica’ lo pilló en un momento crucial de su vida: acababa de tener un hijo con su mujer y tenía a su amante embarazada. Muchas tormentas ocurrían en su vida al mismo tiempo. Eso se explicó hasta la saciedad en su retrospectiva del año pasado, de 70 años del ‘Guernica’ en el Museo Reina Sofía, que después ha viajado a otros sitios.

Pérez-Reverte también se saca el clavo poniendo a algunos personajes a los que le tiene tirria en medio de ese mundo de glamour y apariencia como era París, incorporando a Marlene Dietrich, Andre Malraux y Ernest Hemingway (aunque a estos últimos nos los llame por su nombre) y vengándose, en cierta forma, de ciertos aspectos que no le gustaban del francés y del gringo, a quien le dan una paliza. También reencarna a Peggy Guggenheim en una atractiva viajera con la que Falcó se engarza en apasionados mènage-á-trois. No faltan las escenas de buen sexo con antiguos amores que va encontrando en el camino.

Uno de los aspectos más interesantes del libro son las descripciones. Pérez-Reverte no escatima en detalles de los pliegues en el pantalón, el sombrero Panamá bien colocado o el pitillo para el cigarrillo, mucho menos en la gomina del pelo o su rectísima raya a la izquierda o derecha, como la use el personaje en su cabellera. Yo pensaba que esos detalles eran ‘flecos', como él los llamaba, de otros libros en los que no había podido desplegarlos, pero que en este contexto ayudan a que uno recree el ambiente donde se desarrolla la historia, la huela, la sienta.

En la presentación que hizo el autor en la Feria Internacional de Guadalajara, la presentadora que seleccionaron no estuvo a la altura, y se pasaron el poco tiempo hablando del amor que definitivamente Pérez-Reverte siente por los perros (de hecho, publicó este año otro maravilloso libro titulado ‘Los perros duros no bailan’, en el cual el protagonista, que habla en primera persona, es un perro) y la felicidad que le produce su oficio: escribir. No hay un día, según él, que no disfrute la elaboración de sus historias y se acueste pensando en qué va a escribir al día siguiente.

Yo me quedé con la interrogante de si Falcó va a continuar y cual es el próximo proyecto del prolífico escritor. Seguramente el personaje da para un par de historias más, en el contexto que le tocó vivir (y apuesto a que el autor tiene otro montón de flecos guardados que utilizar). Mencionó que van a hacer una segunda serie de ‘La reina del sur’, libro que fue llevado a la televisión y que se convirtió en un fenómeno en su momento. O quizás nos sorprenderá con un tema nuevo, producto de sus muchas vivencias como reportero de guerra y como navegante.

De igual forma me quedé con la pregunta del infundado anti feminismo que profesa, que no es tal sino todo lo contrario: las mujeres en los libros de Perez-Reverte son fuertes, decisivas y con ello nos rinde un homenaje a todas las mujeres que tomamos nuestras propias decisiones.

‘Sabotaje’, de Arturo Pérez-Reverte es definitivamente una de las novelas de la serie ‘Falcó' pero espero que no sea la última. Para un hombre que es feliz escribiendo y cuya única ideología es su biblioteca, el seguir encantándonos con sus historias es imprescindible y urgente. A nosotros nos hace feliz leerlo.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Lun Dic 17, 2018 1:04 pm

'Falcó' de Arturo Pérez-Reverte
Carmelo Beltrán - escueladeformaciondeescritores.es - 17/12/2018

Parece que el tiempo no pasa por nosotros, pero cuando echamos la mirada atrás y unimos los puntos de nuestro pasado, descubrimos que esa salida que parecía tan cercana, hoy pertenece al mundo de lo onírico y solo sobrevive en forma de un recuerdo que no sabemos si es real o que hemos configurado en nuestra mente a nuestra medida. Fuera como fuere, el Carmelo Beltrán adolescente que leyó por primera vez una novela de Arturo Pérez-Reverte ya no existe. Ha mutado en otro. Mejor o peor, no lo sé, pero sí que distinto. De veinticuatro años —casi ya una cifra más—, que mantiene las ganas de seguir paseando por la obra de un escritor que le regaló unas aventuras en el siglo XVII que, en parte, desembocaron en ese amor que hoy en día siente por la literatura. De esta manera, es el día de agradecérselo con una reseña sobre el comienzo de la última trilogía en la que se ha aventurado: bienvenido a la historia de Falcó.

'Falcó' no es una novela que contenga una trama terriblemente compleja. Creo que justo ahí, en desmadejar un hilo que surge a partir de pequeños detalles de grandes personajes se encuentra el encanto que encierra. Es una historia que se concibió como autoconclusiva, pero que ahora sabemos que continúa en el tiempo. Desde luego, la realidad es que invita a ello, por sí misma y por las terribles ganas con las que el lector llega hasta el punto y final. No voy a poder tardar demasiado en adquirir 'Eva', que es la siguiente en la lista.

Tratando de que la ejecución de este artículo sobre 'Falcó' no se vaya demasiado lejos —como sí que le ocurrió a la guerra civil española—, toca volver a centrarse en sus páginas. Arturo Pérez-Reverte nos plantea una historia que, a primera vista, parece lineal, con personajes que no encierran demasiados secretos y con pocas velas iluminando un territorio que es, a todas luces, oscuro. Te estremece conocer cada fragmento de su narrativa. Al fin y al cabo, es nuestro pasado. Nuestras raíces. Lo que hoy somos deriva directamente de este punto de la historia.

El protagonista de la historia es el propio Falcó. Un hombre sin bandera. Un guerrero que no entiende el sabor de la patria. Bandido que se vende al mejor postor y sin valores morales que le impidan trabajar para cualquiera en una España cuya brecha ha sido tan grande que en pleno 2018 sigue existiendo su fractura. La acción comenzará cuando su actual jefe —que, en este momento, se encuentra en el bando nacionalista—, le ordene infiltrarse como agente secreto en el bando republicano, para así tener información fidedigna imprescindible ante la difícil misión que están a punto de comenzar: la liberación de José Antonio Primo de Rivera de la cárcel de Alicante.

La trama de Falcó se desarrolla bajo la atenta mirada de una España que llora por la división de sus retoños. Republicanos y nacionalistas se enfrentan por sus ideales, por el mundo que conciben a corto plazo, aunque Arturo Pérez-Reverte tiene claro un mensaje. Una idea que fuera de su ficción también ha dejado patente en las más diversas entrevistas que ha concedido a los medios de comunicación.

Arturo Pérez-Reverte, periodista de guerra durante mucho tiempo, ha sentido en su propia piel las calamidades de los conflictos bélicos. El aroma de su muerte fue su fragancia corporal durante más de dos décadas, pero, ante toda la desazón que rodeó su rutina, también fue capaz de atisbar la belleza que se escondía en ese lugar, en el instante en el que la verdadera naturaleza humana salía a colación.

Él siempre ha tenido clara su visión del mundo. En guerras como la que hoy nos ocupa se enfrentan familias. Hermanos, vecinos, amigos y compañeros —familias, todos ellos— que un día comparten una cerveza en cualquier tugurio nocturno y al día siguiente, las lindeces de la vida acaban por colocarlos en extremos contrarios que les llevará a enfrentarse hasta la muerte. Arturo Pérez-Reverte sostiene que entre quienes ostentan el poder las ideologías tienen sentido, pero que por dentro, los idealistas que quieren cambiar el mundo son semejantes, independientemente del bando que escojan. Me encanta la humanización e igualación de ambas partes en el conflicto. Es parte de la magia de esta novela.

Es importante señalar un dato que se indica al principio de la novela por el propio escritor. Pese a ser ficción histórica, hay ciertos detalles que han sido modificados a placer con objetivos novelescos y literarios.

Se puede observar en toda obra relacionada con este conflicto bélico, pero la verdad es que nunca me he cansado de apreciarlo. Comprenderlo, entenderlo, situarlo en su contexto, es fundamental para el correcto funcionamiento de nuestras expectativas y sensaciones respecto del mismo.

No es difícil saber quién se coronaría en esta batalla. Tras el levantamiento militar, la República puso toda la carne en el asador por mantenerse fuerte, aguantar sus filas y resistir la contienda, pero desde la perspectiva que da el tiempo, nos damos cuenta de que no tenían nada que hacer.

Existía un elemento que marcaba la diferencia entre ambos bandos y que distaba en demasía de ser únicamente el apoyo de una Alemania e Italia fascistas que necesitaban rodearse de cuantos más apoyos europeos, mejor, en pos de una Segunda Guerra Mundial que toda persona inteligente vislumbraba en el horizonte cercano.

El bando nacional estaba compuesto por un ejército profesional. La disciplina, el trabajo y la preparación era su seña de bandera. Al fin y al cabo, un pasado y presente de preparación les dejaba en la mejor posición posible para esta tarea que enfrentaban. Estaban acostumbrados. Por su parte, los republicanos luchaban con el corazón, se defendían por los valores que enarbolaban. En una guerra eso no te asegura ninguna victoria.

Arturo Pérez-Reverte nunca descansa lejos de la polémica. Cada vez que aparece por Twitter sube el pan y ya son muchos los que argumentan que es mucho mejor su faceta de redes sociales que la escritora. Yo, por mi parte, pienso que lo que predomina en todo momento es la visión de su pasado periodista, los valores que aprendió en la guerra y una capacidad para observar el mundo, analizarlo y encontrar los puntos débiles y fuertes, que no está al alcance de todos. Todo ello se mezcla en el baile de sus letras y dota a sus novelas de un aroma y sello personal inconfundible.

Dejando a un lado su faceta más personal, hay que recordar la polémica que llenó las redes sociales cuando 'Falcó' fue publicada. Aunque bueno, tampoco es nada del otro mundo si recordamos que, novela tras novela, son muchos los que tratan de encontrarle las cosquillas a los esquemas narrativos de Arturo Pérez-Reverte. Desde un primer momento se tachó a la figura del escritor de machista y misógino, a la par que se empleaban estas características para tildar a su autor con los mismos factores, algo que, a todas luces, siempre me ha parecido peligroso. Tú no eres el personaje que construyes. Solo es alguien que surge de ti, de tu mente e imaginación, que no tiene por qué compartir ningún valor personal. Y, pese a que es algo que todos tenemos claro, la jauría de personas sedientas de minutos de fama se empeñaba en decir que un escritor machista, construía historias machistas.

Falcó es un personaje machista. Un profesional que hará lo posible para sobrevivir. Es prepotente y mira a todo el mundo por encima del hombro.
Sí, es cierto. Falcó es un personaje machista. Un profesional que hará lo posible para sobrevivir. Es prepotente y mira a todo el mundo por encima del hombro. Es más, cada vez que se encuentre a una mujer que le atraiga utilizará todas las armas que tenga a su alcance para llevársela a la cama. Creo que nadie que haya leído la novela puede dudar acerca de esto. Pero, claro, contemplar este panorama desde la visión moral del siglo XX es tremendamente peligroso si nos encontrábamos ante una novela que quiere representar la realidad española durante la década de los treinta. En aquel entonces el mundo era —y lo sigue siendo— tremendamente machista y Arturo Pérez Reverte ha comentado en incontables ocasiones que quería reflejar esta realidad a través de un personaje acorde al contexto.

Más allá de todo ello, han pasado pocos días desde que tuve la oportunidad de disfrutar de una entrevista que ofreció a un medio argentino en el que trataba de explicar el reto que le había supuesto una novela como 'Falcó' y su personaje protagonista. Él quería construir un personaje que pudiera ser odiado por todos los lectores del siglo XXI, pero, a la par, quería conseguir que, de alguna manera, el lector también pudiera sentirse identificado con ciertos valores de la persona. Por ello se esforzó en la composición de un escenario de colores grises donde nadie fuera tan malo y las pesquisas de nuestra mente pudieran derivar en otras conclusiones.

Arturo Pérez-Reverte logra este resultado a partir de dos factores. El primero es el de la lealtad. Falcó puede representar muchas realidades, pero hay una verdad clara: nunca deja a nadie detrás. Será un profesional del conflicto, un mercenario, pero entiende lo que supone ser fiel a uno mismo y a las personas que le rodean. Es consciente de que en un escenario de guerra es fundamental para no perder el norte. El otro, la admiración. Surge a partir de esta faceta machista comentada, que cae por su propio peso en cuanto aparece una mujer a la que considera digna de idolatrar. Sucederá con Eva. A partir de ese punto nada de lo pensado hasta el momento permanecerá. La convertirá en una guía, en una persona a la que seguir. Ella es, sin lugar a dudas, mi personaje favorito de toda la historia. Guarda muchos más secretos de los que puedas imaginar.

Falcó, novela y personaje, es en sí mismo una crítica a todo lo que contaba durante la guerra civil española. Los años treinta estaban liderados por idealistas, por quienes creían en causas y estaban dispuestos a morir por ellas. Época en la que había una razón para matar y nadie se preguntaba si era o no la correcta. Simple y llanamente, lo era.

De esta manera, Arturo Pérez-Reverte nos presenta un protagonista que es totalmente contrario a esta idea. Falcó carece de toda ideología y de lealtad a una causa. Solo entiende de personas y no cree en símbolos, ni siquiera hablemos sobre banderas. Su única misión es vivir un día más, obedecer las órdenes que llegan desde arriba y mantenerse útil para quien le paga las facturas en unos tiempos tan oscuros. No se pregunta por bandos, tampoco teme por quién ganará la guerra. Es consciente de que, pase lo que pase, todo irá a peor, que una brecha así no se cura de la noche a la mañana y no seremos nosotros quienes le contradigamos. Después de todo, en pleno 2018 sigue la marca de su peso en la calle.

Su visión aséptica es la que nos va a permitir disfrutar más de la historia. Se trata de una novela que no está manchada de tintes ideológicos porque el propio escritor entiende que no había tantas diferencias entre unos y otros. Que lo importante no era qué bandera se ondeaba, sino tener la capacidad de llegar vivo a la mañana siguiente. Hubo un momento en el que ya no se trataba de ganar, sino de no perder.

Por ello Falcó no cree en ninguna causa, y esto le genera más de una discusión, se mofa del patriotismo porque ha servido a tantos países como han requerido sus servicios y lo único que le importa del simbolismo es mantener en su bolsillo el dinero que opere una vez termine la Guerra.

Desde hace muchos años soy un apasionado de la literatura histórica. Me enamoré del género en su día con un gran Ildefonso Falcones (viajé a Barcelona solo para hacer el recorrido de 'La catedral del mar') y continué por una serie de ilustres autores que fueron ganándome poco a poco.

De esta manera, puedo afirmar que una de las cosas que más me gusta de leer literatura histórica es aprender. No sé cuántos conocéis esta faceta personal, pero siempre tengo un hambre feroz de aprender nuevas ideas. Por un lado está mi profesión, marketing digital, donde prácticamente cada día necesito formarme de alguna manera, y, después, todo lo que también me apasiona: literatura, historia, cine, mitología…

Pues la literatura histórica consigue darme ese punto. Cuando la leo siempre acabo consultando en internet las referencias que aportan, los datos que nos regala y cómo la ficción se integra con una realidad, algo que a todas luces parece complicado. Con 'Falcó' también ha pasado, sobre todo a raíz de la advertencia de que ciertos elementos habían sido adaptados a los intereses de la narrativa. Pero, por ejemplo, no tenía ni idea de cuál había sido el destino de José Antonio Primo de Rivera. Ya me acosté sabiendo algo nuevo.

'Falcó' es una trilogía de Arturo Pérez-Reverte y me he quedado con muchas ganas de continuar con la saga. El escritor cartagenero me ha ganado en esta historia y tengo claro que necesito saber de 'Eva' y 'Sabotaje'. Así que me veréis por el canal, si os gusta, contándose también. Algo me dice que van a estar muy lejos de ser una decepción.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Lun Dic 17, 2018 6:31 pm

Y si el «Guernica» de Picasso no es el que es?
Pablo Delgado - abc.es - 17/12/2018

El 26 de abril de 1937, en plena guerra civil española, la ciudad vasca de Guernica fue bombardeada por los ejércitos alemán e italiano, en apoyo al bando sublevado contra el gobierno de la Segunda República. Este hecho inspiró al pintor malagueño Pablo Picasso a pintar uno de los cuadros más famosos de la Historia del Arte, el 'Guernica' (Museo Reina Sofía de Madrid).

A comienzos de ese mismo año, Picasso recibió el encargo del gobierno de la República para realizar un gran lienzo que se exhibiese en el pabellón español de la Exposición Internacional de París prevista para el verano y que se llevó a cabo bajo el tema de «Artes y técnicas de la vida moderna». Cuenta la historia oficial que en abril, a escasos dos meses de la exposición, inmerso en una crisis personal y creativa, el artista no había conseguido resolver el encargo y las noticias del ataque a Guernica actuaron como catalizador y empezó a trabajar febrilmente en el lienzo.

Se dice del cuadro que es una protesta contra la guerra que Picasso comenzó a pintar cuatro días después del bombardeo en una habitación que le facilitó la Delegación de la República en París en la rue des Grands Agustins, muy cerca de los muelles del Sena. No obstante Picasso nunca se comprometió sobre el significado de su obra y prefirió dejarla en el misterio. Después de la clausura de la Gran Exposición de París el Picasso se trasladó a varios países para recaudar fondos para el socorro de la República.

Esa tela para el óleo de 3,49 metros de alto por 7,76 metros de ancho, sirve como chivo expiatorio para encauzar una de las nuevas y trepidantes misiones del agente creado por Arturo Pérez-Reverte, Lorenzo Falcó. Con 'Sabotaje' (Alfaguara) llegamos a la tercera entrega –y de momento la última- de los entresijos de un agente caracterizado al más puro estilo «noir», con un pasado como traficante de armas, y una actualidad como espía al servicio del bando Nacional a las ordenes del Almirante. Un sujeto que podríamos considerar peligroso, que solo es leal consigo mismo y con aquellas mujeres a las que se acerca. Un personaje al que sólo lo mueven las ganas de movimiento, de aventuras en la que suba la adrenalina.

-Por eso, en su opinión, usted se aparta de los afectos como de una enfermedad, sustituyéndolos por la lealtad, que es fía y más fácil de gestionar.
-Vaya… ¿Todo eso les contó el Almirante?
-Más o menos. Y también dijo: «Hay hombres nacidos para mandar y hombres nacidos para obedecer, pero él no el lo uno ni lo otro».

Mujeriego y canalla con una elegancia en el vestir que realza su belleza ante cualquier mujer, se mueve por la ciudad de la luz como un lugareño, entre sus cafés y las galerías más exclusivas, pensando en un firme propósito: hacer tambalear la propaganda intelectual del bando republicano, al precio que sea, y por ello, tiene la misión de infiltrarse entre un grupo de intelectuales que están a favor de la República española y también, ya de paso, «tocar las narices» con el sabotaje del cuadro que está pintando Pablo Picasso. Estos dos factores hacen de esta historia en un texto apasionante y muy entretenido, una soberbia y pautada medición narrativa que no deja un momento a la relajación, por la tensión descriptiva que hay en cada página, además de transcurrir en un momento puntual de la Historia de Europa como telón de fondo, tanto social, militar, como pictórico. Pérez-Reverte aprovecha también para realizar un retrato de un Picasso alejado de su gran don de la pintura y el escritor pone más el foco en ese pintor interesado en firmar recibos.

Con una gran prosa representativa, Pérez-Reverte abre una ruta por el París de entreguerras, de las vanguardias, de la intelectualidad, del ocio y la noche, en la que se mezclan escritores, intelectuales y artistas comprometidos con la causa (o eso dicen) en la que el lector es llevado de la mano por una trama de espionaje con agentes de la Alemania Nazi, el MI6 británico o los servicios soviéticos de la Rusia de Stalin, con esa doble misión que lleva a Falcó hasta la capital francesa con el objetivo de intentar, de cualquier forma posible, que el 'Guernica' que está pintando Picasso no llegue nunca a la Exposición Universal donde la República pretende conseguir apoyo internacional.

Aunque ya se adivinan en Europa los vientos de la nueva guerra que asolará el continente, la música alegre sigue sonando, y el arte, los negocios, la vida frívola ocupan todavía a intelectuales, refugiados y activistas, el escritor muestra una sociedad parisina que no es crítica y no piensa más allá. Pero Falcó como figura acostumbrada al peligro y a las situaciones límite, se enfrenta esta vez a un mundo en el que la lucha de ideas pretende imponerse sobre la acción. Un mundo que a él le es ajeno -como lo es el arte-, y al que aplicará sus propios métodos.

Una tercera entrega en la que Pérez-Reverte retrata un París bohemio, despreocupado y ajeno a lo que se le venía encima. «Lo más importante de esta novela era recuperar el París de los años treinta. Retratar esa Francia cobarde que se encamina hacia la Segunda Guerra Mundial. Aquí están Hemingway, Peggy Guggenheim o André Malraux, sólo que aparecen de otra forma», dice el escritor. Un París falconiano que lo hace exclusivo y personal, por la riqueza en los detalles en los que se desarrolla cada acción en la que toma parte el agente, generando un ambiente histórico y literario en el que se fusionan ficción y realidad para cerrar una trilogia excepcional e histórica en todos los sentidos.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Jue Dic 27, 2018 6:06 pm

Un doloroso rodillazo en las partes a Hemingway
Jacinto Antón - elpais.com - 26/12/2018

Malraux me puede. No en balde ha escrito algunas de las páginas más hermosas sobre la aventura y los aventureros, de Mayrena, autoproclamado rey de los sedangs (su inspiración para el Perken de 'La Voie Royale'), a T. E. Lawrence, al que dedicó el arrebatado ensayo 'Le démon de l'absolu'. Sin olvidar, claro, su admiración por 'Lord Jim' (que le llevó a parafrasear sin saberlo a Sandokán en las 'Antimémoires': “Il n’y a plus de Lord Jim parce que tout le monde a des fusils”). Es verdad sin embargo que el también aventurero, escritor, explorador de los viejos dominios de la reina de Saba, combatiente, compañero de viaje, paladín aéreo de la República española, resistente y ministro gaullista André Malraux, cuya prosa inflamada de tanto tocar las estrellas a veces resulta cargante, tenía una vena fantasma de aquí te espero. En una visita a Oxford solo quiso ver la placa en la puerta de la habitación en que residió, precisamente, Lawrence, y en otra protocolaria al Museo Egipcio de El Cairo pidió una silla y se pasó el tío todo el tiempo contemplando ensimismado uno de los retratos de El Fayum mientras las perplejas autoridades no sabían cómo sacarlo de allí. Por eso me ha encantado observar cómo se las tiene con Malraux (“vanidoso cantamañanas”, lo describe uno de sus personajes) Arturo Pérez-Reverte en su última novela, 'Sabotaje' (Alfaguara), con la que me lo he pasado en grande.

Fan incondicional de las historias del padre de Alatriste y Falcó, que espero siempre como agua de mayo, esta tercera entrega de las estupendas aventuras del amoral espía de la Browning y la cafiaspirina, que transcurren en un París con ecos de 'Casablanca' y entre escritores, artistas e intelectuales, la he disfrutado especialmente porque Pérez-Reverte le ha hecho hacer cosas a su criatura que me da que le apetecía hacerlas él. Y no me refiero, claro, a matar a dos anarquistas italianos (en una operación en Barcelona parecida, moto incluida, a las que hacía mi tío abuelo infiltrado en el SIM), conversar con Canaris o montar un trío con dos voluntariosas estadounidenses, sino a bajarle los humos a Malraux, tan pagado de sí mismo, pegarle una patada en los bajos a Hemingway, plantarle cara a Picasso (y proporcionarle alguna idea), flirtear con Lee Miller (Eddie Mayo), que le gusta tanto (espero que haya podido ir a ver la exposición que le dedican en la Fundación Miró), o besar a Marlene Dietrich. Privilegios de la literatura.

Pérez-Reverte recalca siempre que él no es sus personajes. Que no es Falcó como no era Alatriste. Pero en 'Sabotaje' yo diría que Falcó le ha dado la oportunidad de cumplir unos cuantos deseos, un poco como Woody Allen en 'Medianoche en París', aunque a su manera. Resulta divertidísimo el encuentro con Malraux, que aparece en la novela apenas disimulado con el nombre de Leo Bayard, al igual que Hemingway es Gatewood. Falcó le toma el pelo al condescendiente y presuntuoso Malraux como, juraría, le hubiese gustado hacerlo a Pérez-Reverte, y le deja que se retrate él mismo con su despliegue de autoestima y ridículo afán de grandeur y de gloria. “Que lo contradijeran no era su costumbre”, anota. La mirada profesional, amoral y descreída de Falcó, insensible a los chantajes culturales e intelectuales, es el antídoto perfecto contra la mitomanía del otro y su petulante evangelio de la acción. A ver, no es que no sea verdad que Malraux combatió con su propia escuadrilla en España (aunque él no tenía ni pajolera idea de pilotar e iba de ametrallador) ni que sus aviadores, mercenarios e idealistas, según las fechas, se dejaron la vida arrojadamente en sus viejos Potez y Bréguet. Pero no es menos cierto que toda la retórica aventurera personalista y el autobombo prepotente del coronel Malraux resultan a veces enervantes y han de irritar a alguien como Pérez-Reverte y su Falcó, que se mueve en el silencio y la discreción del agente eficaz. Cuando Bayard/ Malraux explica que prepara una película sobre la guerra de España y que se basará “en mi experiencia personal, por supuesto”, casi te parece oír rechinar los dientes lobunos de Falcó/ Pérez-Reverte y escucharle mascullar: “Será gilipollas”.

En última instancia, sin embargo, el novelista muestra cierta simpatía por el personaje, con el que comparte, entre otras cosas, la valoración por encima de todo de la lealtad. “La lealtad es uno de los pocos sentimientos que no me parecen podridos”, reflexiona en 'La Voie Royale' el alter ego de Malraux, Claude Vannec; mientras que de Falcó se nos dice en 'Sabotaje' que sustituye los afectos por la lealtad, “que es fría y más fácil de gestionar”.

No hay simpatía alguna en cambio en el inmisericorde retrato de Hemingway como un bruto borracho y un despreciable chulo machista, un megalómano henchido de orgullo ridículo y lugares comunes. Provoca a Falcó no sabiendo con quién se mete (un verdadero experto de la violencia) y acaba recibiendo una somanta de hostias de aquí te espero y un rodillazo en los huevos que para mí se lo propina el propio Pérez-Reverte, ¡toma campanas Ernest! Se lo comenté la otra noche al novelista saliendo de una cena en Barcelona y se me quedó mirando en silencio envuelto en su gabardina, con una reconocible sonrisa de tiburón bajo el ala del sombrero, que quizá oculte una hoja de afeitar afilada, just in case, aunque en la calle de Enrique Granados difícilmente te vas a encontrar a asesinos de la NKVD o de La Cagoule, por suerte para ellos...

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Mar Ene 08, 2019 11:48 pm

'Sabotaje' de Pérez-Reverte
Élmer Mendoza - eluniversal.com.mx - 08/01/2019

“En algunos momentos de la Historia, la pasividad es un crimen,” sentencia Arturo Pérez-Reverte en su novela 'Sabotaje', publicada por Alfaguara, Penguin Random House, en octubre de 2018 en Madrid, España. Es una aventura de Lorenzo Falcó, en su tercera entrega, donde aparecen personajes emblemáticos como Picasso, Man Ray y otros, como Hemingway, que no consiguen camuflarse en los nombres con que aparecen. Esta vez Falcó trabaja en París en una doble operación. Una carambola de doble banda donde su frialdad, encanto e inteligencia lo pondrán en la ruta adecuada para llevar a cabo su misión con relativo éxito. Pérez-Reverte se las ingenia para punzar donde la intriga es más intensa, y en el caso de la primera frase, siento que dice mucho a los mexicanos que ahora vivimos momentos en que nuestro país está sufriendo tantas sacudidas que puede quedar invertido.

Falcó es llamado por su jefe para una reunión con ciertos personajes que están en la cumbre del poder. Todos tienen historias negras de las que consiguieron salir relativamente ilesos. Le cuentan que hay un intelectual francés, Leo Bayard, piloto y millonario, que financió y dirigió una brigada aérea que combatió contra los falangistas de Francisco Franco, que se acaba de retirar a su cómoda vida de París, pero al que hay que bajar del tren. Es un maldito héroe que podría ser un ejemplo para muchos ingenuos. Su pareja es Eddy Mayo, una ex modelo y fotógrafa profesional que fue amante de Man Ray. El agente viaja a París y se desenvuelve como Ignacio Gazán, millonario cubano propietario de plantaciones de tabaco, cuya familia es la creadora, nada menos que de los puros Montecristo, uno de los mejores aromas que uno puede disfrutar. Desde luego, los encuentros se dan en los mejores lugares. Gazán pasa por coleccionista de arte, eso lo lleva a una galería donde Mayo expone y compra una fotografía, y luego al estudio de Picasso, que en ese momento pinta uno de sus cuadros más famosos.

Bajo este ambiente de buen gusto, donde se puede comer y beber correctamente, y escuchar buena música, se mueve un submundo de intrigas del que Falcó debe sacar ventaja y los elementos que le faltan para llevar a cabo sus dos misiones. Mientras pasan los días, por supuesto que tiene muy poco tiempo, consigue crear la telaraña que lo aproxima a lograr sus objetivos. Advierte que esa misión no es ajena a los nazis, a los comunistas rusos, al Servicio Secreto francés, al MI6 de Inglaterra, y desde luego a los espías republicanos españoles. Lorenzo topará con cada uno de ellos y los utilizará en su beneficio, menos uno, que ya verán ustedes de quién se trata y cómo hasta el mismo agente se lleva una sorpresa. Sólo por si se han olvidado, les recuerdo que Arturo Pérez-Reverte es un maestro, y lo deja notar en cada novela. Su literatura es el juego de la vida. Escribe de lo que importa, de lo que explica por qué el mundo permanece en un estado de incertidumbre que nos empuja a una catástrofe que no terminamos de entender. ¿Al parecer cada vez dependemos más de personas como Falcó? Frías, calculadoras, sin ideología o escrúpulos y con un auténtico gusto por la buena vida. Algo parecido a James Bond. ¿Usted qué opina?

'Sabotaje' es un perfecto mecanismo estético que no tiene desperdicio. Es absolutamente emocionante. Quizá usted pueda controlarse un poco en las atmósferas amorosas o en las conversaciones de sobremesa, pero no será demasiado. Es una novela concebida para mantenernos en “el filo del cuchillo”, como le gusta a Falcó, ya que esa sensación le produce “una lúcida felicidad.” Hay tres expresiones que el autor atribuye a Picasso, que era un artista capaz de expresar ideas perturbadoras. A reserva de que las ubiquen en la novela, me refiero a: “Un cuadro es una mentira de alta calidad”, como las que se dicen los amantes. “Un cuadro es la suma de sus destrucciones”, palabras de un crítico postmodernista. “Antes de morir, las obras procrean.” Opinión de un novelista que ha descubierto un equilibrio entre leer y escribir. Tropecé con algunos enunciados que merecen al menos un escalofrío: “Donde hay un hombre puede haber delito”. “Quien pierde a una mujer que le acaricia la espalda no sabe lo que gana”. “La cólera de los idiotas llena el mundo”. En fin, los que aman los buenos libros estarán encantados con esta novela y, queridas lectoras, ya saben que Arturo es un experto en crear universos para ustedes. Ya me contarán, y que en el 2019, la salud, el dinero, el amor y los buenos libros estén siempre con nosotros.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Dom Ene 27, 2019 11:34 am

"En España estamos empeñados en destruir la convivencia con el aplauso de los incultos"
Entrevista de María Elena Vallés - diariodemallorca.es - 27/01/2019

El escritor, periodista y académico de la lengua desvelará este martes 29 en el club de opinión de este diario los secretos de su última novela, 'Sabotaje', la tercera parte de la trilogía protagonizada por el espía Lorenzo Falcó. La historia está ambientada en el campo de batalla real -el París de finales de los años 30- de los dos bandos político-militares que se estaban enfrentando ya en la Guerra civil española, el de Hitler y el de Stalin. Es un evento gratuito con inscripción previa en www.clubdiariodemallorca.es. Presentará el acto el también escritor y articulista de este periódico José Carlos Llop.

-De todos los malos y granujas de la novela, Falcó a veces parece el menos malo. ¿Está de acuerdo?
-Falcó es malo, un verdadero depredador, sin escrúpulos, amoral, que tortura, mata y miente. Lo que pasa es que a él le estamos viendo el interior, lo vemos desde dentro. Cuando te acercas a la maldad, a la gente que llamamos "malos", resulta que al final tienen motivos para hacer lo que hacen. La aproximación al mal no hace que lo justifiquemos, pero al menos sí comprenderlo y conocer sus causas. Al conocer esas causas, los malos se vuelven humanos. Cuando te acercas al monstruo que veías de lejos, pues resulta que no es tan monstruo: ama a su madre, le gustan las flores, quiere a los perros, tiene momentos de ternura y debilidad... La maldad vista desde dentro, si no se justifica, al menos se comprende.

-Es un poco esa necesidad humana de comprender lo que a priori es incomprensible.
-Yo pasé mucho tiempo con ello [cuando era corresponsal de guerra] y vi el mal de verdad. [Se detiene y repite: el mal, el mal...] Como tuve el privilegio técnico de estar cerca de él, siempre tuve la curiosidad de mirar lo que desde lejos no se veía. Y vi cosas que me sorprendieron. Contrastes. Seres humanos capaces de hacer lo mejor y lo peor en el mismo día. Y esto te da una especie de ecuanimidad y de serenidad a la hora de analizar los comportamientos humanos.

-Falcó es un personaje que no está dispuesto a morir por la causa. ¿Son más peligrosas las personas que sí están dispuestas a hacerlo?
-Falcó es su propio territorio, él es su propia patria, por eso no se pone en pie cuando sale Franco por la radio. No es que esté en contra o a favor de él. Falcó no tiene ideología. Sobre tu pregunta, pues hay matices. El fanático siempre es en principio el más peligroso. Si además de fanático, es inculto, un animal, es peligrosísimo, es una bomba a punto de estallar. Lo que pasa es que hay una clase de peligro que a mí me interesa más como novelista. Hay un peligro que es mucho más sutil: es el de la persona que puede ser peligrosa no por fanatismo, sino porque la peligrosidad y la violencia son en sí mismas una herramienta de trabajo. Gente capaz de ejercer la violencia no por odio, rencor o ideología, sino porque matando y torturando consigue que su trabajo sea más eficaz. Los he visto. Éstos son mucho más peligrosos porque el fanático se agota en el impulso. El técnico ejerce esa actitud con la misma frialdad durante toda su vida.

-En el ambiente moral que describe en 'Sabotaje', con purgas en ambos bandos, en ese clima de sospecha constante donde imperaba el principio estalinista de "donde hay un hombre, hay un delito", ¿era posible mantener la ética?
-La ética no existe. Hay quien la mantiene: los héroes morales, por ejemplo, que la mantienen hasta el final. Pero es cierto que la ética queda bastante sometida a los avatares de las situaciones extremas. Hay éticas que no sobreviven a una tragedia, a un horror, a una desgracia, al hambre. Cualquier situación extrema pone la ética a revisión. Luego hay gente, y eso está mucho en mis novelas, que cuando sabe que la ética es un aspecto cuestionable, volátil o poco estable, recurre a la estética como regla moral, como ética. Es decir, gente que no cree en el ser humano, pero se mantiene fiel a unos códigos porque necesita tener códigos decentes para mantener una dignidad personal. A mí me interesa mucho esto. Una ética basada en la religión siempre es más fácil de mantener que una ética o moral hecha desde la soledad del héroe, una ética que te mantiene erguido. Ésta es la que me interesa para mis libros.

-París, 1937. Retrata una Ciudad de la Luz en plena ebullición cultural e intelectual, pero también plagada de espías, activistas y refugiados. ¿Tenemos mitificada la intelectualidad de esa época?
-Sin duda. Precisamente, en 'Sabotaje' aparecen desmitificados. Aparecen desde ese otro lado Picasso, Hemingway, André Malraux o Lee Miller, sólo Marlene Dietrich mantiene esa actitud de diosa lejana. A ella no me atreví a tocarla. Pero es verdad que todos estos personajes míticos los someto a revisión en el libro. Cuando te acercas mucho, y eso a los periodistas nos pasa, a los personajes míticos o que serán míticos un día, y les ves un poco las costuras del traje y el maquillaje, es raro que sobrevivan con su mitología. Al ser periodista y encima novelista, he buscado el lado no mítico de los personajes. Además hay algo de travesura en ello, de disfrute.

-'Sabotaje' dinamita todos los maniqueísmos sobre la Guerra Civil: los buenos y los malos, nosotros y vosotros...
-Me das pie a una reflexión ahora mismo. Justamente las novelas de Falcó surgen de mi consideración de que en este momento, en el cual todo es tan populistamente hipócrita, todo es tan farisaicamente bueno o malo, todo está tan claro para la gente [tú eres rojo, tú azul], tan estúpidamente maniqueado, se me hace necesario decir "no, cuidado, los que hemos estado allí, los que hemos estado en los lugares de los que ustedes hablan, sabemos muy bien que el blanco y el negro es mentira, que el mundo está hecho de gamas de grises, y a veces grises muy peligrosos". Ese afán de desmontar el tú y el yo, el nosotros y ellos, está también en el origen de Falcó. Falcó son unas novelas que hice porque me divierte mucho escribirlas y porque me apetece mucho hacer novelas divertidas y sencillas. Pero es cierto que uno no puede sustraerse a su tiempo ni a su cabeza. Es cierto que hay un fondo, no moral, pero sí un deseo de decir: "Cuidado, que el mundo no es tan simple como algunos idiotas nos quieren hacer creer".

-También hace un relato desmitificador de la República.
Mi intención no era desmitificar la República. Para eso hay que leerse un libro serio como los de Julián Marías, Chaves Nogales o Juan Pablo Fusi... Pero la República como algo idílico, como un pueblo noble, maravilloso, armónico y feliz, azotado por cuatro generales, cuatro obispos y cuatro nazis, lo siento, pero no fue así. Pero repito, mi intención no era esa, yo no soy didáctico. Lo que sí es cierto es que he ido moviéndome en la novela en ese terreno y es inevitable que surjan estas cuestiones. Más que un objetivo ha sido una consecuencia.

-La maquinaria de la guerra es otro de los aspectos descritos en la novela: los sobornos, los tráficos, los intereses económicos.
-Sí, y no me lo invento. Ese París no es inventado por mí. Es un París muy documentado. Detrás de esta novela de espías hay muchísima documentación seria. Y ese París de oportunistas, de vividores y de trincar pasta es real.

-¿Por qué este tipo de cuestiones se olvidan y se explican tan poco?
-Cuando uno habla de la Guerra Civil, bueno, cuando uno habla de cualquier guerra, por ejemplo, la del Líbano, que la cubrí durante 15 años, ves que detrás de ellas hay tráfico de armas, intereses políticos, señores de la guerra que querían tener su territorio, familias que querían tener privilegios, etc... Lo que realmente atiza una guerra no es tanto el dispararse en la trinchera como toda esa retaguardia no visible pero sí absolutamente letal.

-¿Qué queda de esa Europa que describe?
-Esa Europa de Falcó murió. Y murió como merecía morir, no es un lamento lo que hago. Esa Europa que murió en la II Guerra Mundial es la Europa que ya desde la I Guerra estaba sentenciada, era una Europa que estaba agonizante y condenada a muerte. Después de eso, surgió una Europa mucho mejor. ¿Sabes lo que pasa? Que para mí los momentos crepusculares son más interesantes que los momentos de auge. Cuando se termina un mundo, es cuando narrativamente éste es más rentable. Y después hay otra cosa muy bonita, que es la estética física. La forma en que la gente en los años 30 y 40 se vestía, se comportaba, viajaba en trenes, no había teléfonos móviles, ni internet... Ahora la estética es Tom Cruise. Moverte en una época en que la ropa era importante, una corbata era fundamental para entrar en un sitio... Este tipo de cosas tiene un encanto especial del que ahora una historia de espías carece. Ahora los espías son vulgares. Sí son igual de crueles, depredadores y viles. Pon la película 'Secret Agent', con John Gielgud, de los años 30, y pon una de Tom Cruise ahora. Verás la diferencia en todo. O pon 'La máscara de Dimitrios', una obra maestra del cine negro y de espionaje, de Negulesco, basada en la novela de Eric Ambler, y ponte una de Jason Bourne. La elegancia, el interés estético, el valor añadido de un mundo como aquél le da un recorrido, un encanto y un glamour a la historia del que carece ahora. No puedes comparar a Marlene Dietrich en 'El expreso de Shanghai' con Angelina Jolie. Ni a Ava Gardner con Scarlett Johansson. O a Gary Cooper con Ryan Gosling. Ese encanto crepuscular y antiguo es muy agradable. A mí me ha obligado a leer novelas de la época, ver películas de entonces, viajar a los lugares, mirar catálogos de moda antigua y de armas o de las agencias de viajes de entonces. Ha sido un gustazo enorme. Una novela también es un goce para el que la escribe.

-En la novela dice que Picasso hizo el 'Guernica' por dinero. Algunos se han removido de sus sillas.
-Eso no lo digo yo, lo dicen los historiadores del arte. Quien dice que Picasso no cobró miente.

-No dicen que no cobró, sino que aceptó el dinero como algo simbólico.
-Ésa es una interpretación tan legítima como la que hacen otros. Picasso cobró mucho por ese cuadro. Cobró diez veces más de lo que él solía cobrar en aquel momento. Cobró caro. Los historiadores del arte señalan que Picasso debía ser un hombre muy pesetero. ¿Que era republicano? Sin duda que lo era. ¿Que lo hizo con mucho gusto por la República? Sin duda también. Pero negar que lo cobró es absurdo. Te voy a decir una cosa: Picasso era republicano, pero no pisó España en toda la guerra. Se quedó en París. Y cuando entraron los nazis en París se quedó en la ciudad. Los nazis no se metieron con él. Picasso no es San Picasso. Aparte, si te lees todas las memorias, se ve que era un magnífico artista pero como persona tenía sus rinconcitos oscuros. Yo he leído los mismos libros que leen los que dicen que hizo el 'Guernica' por otras razones. Tengo tanto derecho como ellos a tener mi opinión. Y mi opinión es ésa. Era muy republicano, pero el cuadro lo pintó por dinero. Y eso de que fue algo simbólico, nada. Digan lo que digan, cobró una cantidad muy alta.

-¿Hay mucha diferencia entre los intelectuales de entonces y los de ahora?
-Aquel era un mundo en el que estaban en plena eclosión los -ismos: comunismo, socialismo, nazismo, anarquismo... Eran palabras aún no chequeadas del todo. En cuanto al nazismo, aún no se sabía que había campos de concentración o se empezaba a saber. El fascismo de Mussolini no había llegado a los niveles de estupidez a los que llegó. Había gente inteligente que honradamente creía en estos -ismos. Ahora la inocencia de los años 30 ya no la tenemos. La hemos perdido. Orwell estuvo luchando en España y fue herido en combate. En Barcelona lo querían matar. Como era de los troskos, querían matarlo los otros, y él mismo se quedó asombrado de que se lo quisieran cargar sus propios compañeros republicanos. Él se cayó del nido también, se espabiló y se dio cuenta de que esto era un disparate. En aquella época había gente como Orwell que tenía esa inocencia noble. Ahora dudo mucho que un intelectual se creyera de verdad una causa política como la creían entonces. La intelectualidad ha perdido esa inocencia, ese altruismo, esa bondad intelectual... Gente como Orwell o Dos Passos ahora sería mucho más difícil de encontrar. Yo he estado en guerras donde he visto a intelectuales, y han ido a hacerse fotografías. Han ido con periodistas alrededor buscando la imagen. Han ido de turisteo dos días y ya está. Es difícil ver ahora intelectuales jugándose un prestigio por una causa. El intelectual ahora es más escéptico, más prudente, más cobarde y más huidizo que en los años 30, en los cuales se ponían en primera línea y se llevaban las bofetadas muy a menudo. Hablo de hombres y mujeres.

-En el libro usted reconoce la labor de las mujeres.
-¿Cómo no la voy a reconocer? Justamente, en esa época, el papel de las mujeres fue fundamental, tanto de derechas como de izquierdas. Las mujeres estaban muy activas porque acababan de descubrir que podían luchar en el campo de batalla, y lo hicieron con glorioso valor. Cuando una mujer se mete en harina es mucho más valiente, consecuente, tenaz y peligrosa que un hombre. Hubo mujeres notables que hicieron trabajos formidables. Y que pagaron con la vida, la cárcel, la tortura, el exilio. En la novela salen dos: una, que es una requeté carlista, Malena, y Lee Miller, que en el libro la llamo Eddie Mayo.

-¿Las feministas que le atacan no leen sus libros?
-Tú has leído alguno. Llevo escribiendo artículos 30 años y escribiendo libros desde los 30. Y cualquiera que me haya leído sabe perfectamente que no voy contra las mujeres. Lo que pasa es que, ante la estupidez, ante la exageración y ante el esperpento, me burlo. Nadie puede negar que hay un sector autollamado feminista, que en realidad creo que no es feminismo porque perjudica mucho al feminismo, que lo que hace es frivolizar de una manera absolutamente analfabeta y estúpida la verdadera causa feminista. Entonces, claro, yo me burlo de esos extremos estúpidos. Que me lean antes de atacarme. Pero no me voy a preocupar por eso. Lo que es evidente es que quien dice que soy machista no ha leído una línea mía en su vida.

-España fue el tubo de ensayo de la posterior guerra totalitarista de Europa. ¿Somos los más idiotas del continente?
-No. Hay un momento determinado en esta novela o en otra de Falcó que éste le explica a otro personaje : "Pues, mire usted, imagínese que los virus del fascismo y del comunismo se dan en un pueblo analfabeto, con muchas cuentas por ajustar". España es un país sometido a muchas tensiones y estragos históricos, un país muy poco culto, de grandes injusticias políticas y sociales. Claro, las palabras "fascismo", "anarquismo", "socialismo" o "comunismo" caen ahí en tierra abonada. Entonces, la gente, al no tener cultura suficiente para entender bien los conceptos, lo que sucede es que se monta un caos enorme en el cual la gente se proclama anarquista, fascista€, y no tiene ni idea de lo que se está proclamando y se pone el brazalete correspondiente. En un pueblo como éste, con tanta injusticia, desigualdad y cuentas pendientes por ajustar, es evidente que todo esto no podía terminar bien.

-¿Cuentas que todavía están pendientes?
-Sí. A pesar del tiempo que ha pasado y de los años que llevamos en un cauce absolutamente natural, todavía estamos empeñados -algunos, evidentemente-, siempre con el aplauso de los incultos y de los simples y elementales, en destruir la convivencia y volver otra vez a los viejos enfrentamientos.

-Entonces hay cosas que no estaban superadas.
-Esto estaba superado. Pero hubo unos políticos sin escrúpulos que por necesidades electorales resucitaron el fantasma del "nosotros y ellos" que estaba olvidado por la mayor parte de la gente y lo sigue estando. Y para conseguir rentabilidad electoral enfrentaron de nuevo a la gente y sacaron los viejos fantasmas olvidados a relucir. Éstos son los verdaderos responsables de lo que está ocurriendo ahora. El primero de esos irresponsables fue Zapatero. Fue el primero que sacó el tema de la guerra, "que yo soy rojo, mi abuela es roja...". A ver, todo el mundo tiene abuelos. Tras ese primer tonto, se sumaron al negocio tontos y sinvergüenzas de todo el espectro político.

-El final del libro cierra con una metáfora del totalitarismo: la "simetría siniestra" de dos pabellones de la Exposición Universal de París de 1937.
-Sí, hablamos de los nazis y de Stalin, que mató también a millones de personas. Y fue un canalla... Mussolini era un payaso, pero Stalin y Hitler eran dos gánsters llegados al poder. Y aplicaron métodos de gánster.

-¿Habrá más Falcó?
-Yo pensaba dejarlo ahí, pero la gente me pide un bis. Ahora no, pero quizá haya más Falcó más adelante. He disfrutado mucho escribiendo estos libros.

-¿La lucha de ideas es mala en sí misma?
-Si no rebasa los límites de lo civilizado, lo humano y lo razonable, no lo es. Si se hace con una escopeta en la mano, sí. Sin lucha de ideas, el mundo sería un lugar aburridísimo. Yo tengo un grupo de amigos que cenamos muy a menudo. Somos Manuel Jabois, Antonio Lucas, David Gistau, Raúl del Pozo, Edu Galán... Ahí está, imagínate, Edu Galán, un animal de ultraizquierda, y estamos todos en la mesa, hablamos y jamás ha habido la menor discusión política. Se comenta todo y después nos tomamos el vino, el solomillo o el pescado. Así debería ser siempre. Cuando la gente lleva eso al extremo de la confrontación, al tú y yo y nosotros, a los abuelos, y empiezas a sacar fantasmas, acaba mal.

-¿Más Camus y menos Sartre?
-Mira, hay una pieza literaria que todo español debería leer en el colegio: es el prólogo de 'A sangre y fuego', de Manuel Chaves Nogales. Chaves Nogales era un hombre de izquierdas, republicano, que se exilió de España harto de la barbarie de unos y otros, y ese prólogo es una pieza maestra de la literatura, de la política y de las ideas. Hay que ser muy estúpido y muy fanático para que tu fanatismo y tu estupidez sobrevivan a la lectura del prólogo de 'A sangre y fuego' de Chaves Nogales.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Mar Ene 29, 2019 11:09 pm

"Me acuesto con la ilusión de escribir el mejor párrafo de mi vida"
Jaume Bauzà - diariodemallorca.es - 29/01/2019

Arturo Pérez-Reverte ha hablado de la vida y de la literatura en un abarrotado Club Diario de Mallorca. "He recuperado la ilusión, me acuesto pensando en escribir el mejor párrafo de mi vida", ha afirmado sobre Falcó, la trilogía con la que ha estrenado otra manera de escribir y que acaba de completar con la publicación de 'Sabotaje'. En cambio, se ha declarado firmemente "pesimista" en lo que respecta a la vida. "No me gusta lo que viene, el futuro al que nuestros hijos y nietos van a tener que hacer frente", ha manifestado.

Pérez-Reverte ha mantenido una animada charla con el también escritor y articulista de este diario, José Carlos Llop, que le recordó las numerosas controversias que protagoniza en Twitter. "Yo no soy polémico", rechazó el autor de 'El Club Dumas'. "No, los polémicos son los otros", ironizó Llop.

El académico ha hablado de un cambio en su manera de escribir que ha estrenado con 'Falcó'. "Me apetecía contar así, de otra manera. Aplicar los trucos del oficio a una narración más escueta. Vendrán novelas más cortas. No sé qué me queda, pero me he metido en un terreno muy interesante. Cuando uno ha escrito muchas cosas puede perder la inocencia, pero este desafío me la ha devuelto. Me acuesto pensando en qué escribiré por la mañana y con la ilusión de escribir el mejor párrafo de mi vida al día siguiente. He recobrado la ilusión con esta manera diferente de contar", ha subrayado. En todo caso, ha matizado que "el acto de escribir me parece de una vulgaridad tremenda, lo odio; escribo por necesidad".

Pérez Reverte no hizo ninguna concesión cuando se refirió al futuro. "Soy muy pesimista. Leo mucha historia y he viajado, así que ves repetirse los viejos esquemas, la vieja estupidez. Todo ha ocurrido ya, pero es como si lo hubiéramos olvidado y es desolador. España es un lugar enfermo de vileza, siglos de mal gobierno, de Inquisición, de luchas contra el moro, siglos de injusticias y hambre€ Todo eso nos ha hecho como somos", ha indicado. "La inteligencia está proscrita. Seguro que hay niños inteligentes, pero todo está hecho para machacarles", ha añadido.

El académico también ha ajustado cuentas con "las feministas floklóricas" con las que se enfrenta en Twitter. "Me dicen que soy un machista sin haberse leído una novela mía en su vida", indicó Pérez Reverte, al tiempo que repasó algunas de las protagonistas femeninas de sus novelas.

Vídeo: https://www.diariodemallorca.es/cultura ... 87074.html

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Mié Ene 30, 2019 11:36 pm

"Soy muy pesimista, veo repetirse los viejos esquemas y la misma estupidez"
Gabi Rodas - diariodemallorca.es - 30/01/2019

"Ahora, en este mundo de demolición, ya no hay palabras que den esperanza como las había en los años 30, cuando había gente honrada. Hoy no podemos sacrificarnos por una causa noble, solo queda refugiarse en la literatura, en los libros", afirmó ayer en un abarrotado Club Diario de Mallorca Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951).

El escritor y periodista, miembro de la Real Academia Española, una institución que "recuperará el prestigio" tras años de "dirección débil", se entregó en compañía de su amigo y colega José Carlos Llop a una charla sobre literatura y existencia que satisfizo a sus lectores y que se detuvo en Twitter, donde Pérez-Reverte suele protagonizar alguna que otra polémica. "Yo no soy polémico, opino", matizó el autor de 'El francotirador paciente'. "No, los polémicos son los otros", ironizó Llop.

El que fuera durante veintiún años reportero de guerra inició su intervención hablando precisamente de los conflictos armados, porque como recordó Llop, "la guerra está siempre ligada a la literatura" y "está en todos tus libros", desde El húsar (1996) a Sabotaje (2018), pasando por La sombra del águila (1993), Cabo Trafalgar (2004), Un día de cólera (2007) o El asedio (2010). "Tengo estirpe napoleónica, el abuelo de mi bisabuelo fue movilizado con 16 años para Waterloo", apuntó Pérez-Reverte, quien siendo adulto proyectaría en las guerras que conoció y cubrió todas las lecturas a las que se entregó en la biblioteca que habitó de joven. "Viendo arder Beirut, vi Troya. La mirada que me dejaron esos libros –los clásicos griegos– han moldeado la mayor parte de mis novelas", subrayó.

Sobre Lorenzo Falcó, el personaje protagonista de Sabotaje, novela con la que cierra una trilogía de la que también forman parte Falcó y la posterior Eva y que podría continuar con una cuarta entrega con Falcó al frente, apuntó que éste "no tiene ideología" y negó que sea un perdedor, tal y como le sugirió Llop. "Falcó es un profesional de la violencia. Para él, la violencia no es más que una herramienta técnica. Esa violencia me interesa mucho y la he conocido, la he visto. Falcó me cae bien porque no necesita adornar su violencia con argumentos ideológicos. La ejerce de manera descarada. Es honrado en su hijoputez".

"No sé si volverá o no Falcó, pero a mí me gustaría. Pero no sé cuándo", reconoció ante el asombro de algunos de sus lectores. Con Sabotaje, ambientada en la España de la Guerra Civil, en una Europa en la que se adivinan los vientos de la nueva guerra que asolará el continente, Pérez-Reverte ha cultivado una nueva manera de escribir. "Me apetecía contar así, de otra manera; aplicar los trucos del oficio a una narración más escueta. Vendrán novelas más cortas. No sé qué me queda, porque me he metido en un terreno muy interesante. Cuando uno ha escrito muchas cosas puede perder la inocencia, pero este desafío me la ha devuelto. Me acuesto pensando en qué escribiré por la mañana con la ilusión de escribir el mejor párrafo de mi vida al día siguiente", insistió.

Como ha ocurrido con El capitán Alatriste, La novena puerta o La reina del sur, entre muchas otras de sus obras, el autor murciano, con más de veinte millones de lectores en todo el mundo, señaló que ha recibido ofertas para llevar a Falcó a la pequeña pantalla y que han salido algunos nombres de actores. "No tengo nada contra Mario Casas pero no le veo del todo para el papel", bromeó.

Respecto a los otros protagonistas de Sabotaje, a los que ha sometido a un ejercicio de "revisión", porque a los personajes míticos, "cuando te acercas mucho y les ves un poco las costuras del traje y el maquillaje, es raro que sobrevivan con su mitología", tuvo palabras para Leo Bayard y Eddie Mayo, el primero inspirado en el escritor, político y aventurero André Malraux, y ella, en Lee Miller, musa del surrealismo, fotógrafa y testigo de excepción de la cultura del París de los años treinta. "A Lee Miller la descubrí en una fotografía de guerra. Era bellísima, elegante en la barbarie. Su pasado como modelo, su vida profesional, su madurez, todo en ella me parece interesante. Me habría gustado encontrármela", suspiró con una sonrisa.

Otra mujer que le ha fascinado en esta aventura literaria ha sido Eva Neretva, "una loba valiente, decidida y cruel que caza en territorio hostil", ha dicho de ella la crítica. "Hay dos tipos de mujeres: la que ante el peligro se agarra al vaquero y la que empuña el rifle. Eva es el tipo de mujer que me gusta, la que coje el rifle. Tiene coraje, fanatismo, certeza criminal y seguridad en la causa. Falcó no cree en ninguna causa, no es heroico, al contrario que Eva. Si hay un cuarto Falcó, ella estará seguro", adelantó.

Opinó Llop que una novela como Territorio comanche (1994) "se debería leer en bachiller", y preguntado por si "los libros testimoniales sirven de algo", Pérez-Reverte asintió, "sí, como herramienta. Hay textos que, debidamente iluminados por profesores inteligentes, ecuánimes, con amor por su profesión, son útiles como material de trabajo", como el prólogo de A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales, apuntó.

Volviendo a Sabotaje, el periodista se cuestionó en voz alta si "había diferencias entre un falangista y un comunista de 15 años en la España del 36" y recordó que todo puede depender de "dónde has caído. Mi padre y mi tío lucharon por la República, y mi suegro, que era socialista, lo hizo con los nacionales. El mundo no es tan simple como los tontos nos quieren hacer creer".

Uno de los momentos que dio lugar a más comentarios entre los presentes al encuentro literario sucedió tras afirmar Llop que no entiende "a los que no leen pero tampoco a quienes no escriben nada". El acto de escribir, dijo Pérez-Reverte, "me parece de una vulgaridad tremenda, detesto escribir, lo odio. Escribo por necesidad", aclaró, para acto seguido, dedicar un elogio a su colega: "Somos amigos desde hace veinte años y admiro su elegancia al escribir". Y también a la periodista de este diario que la entrevistó hace unos días, M. Elena Vallés.

De los elogios a los dardos, que los hubo. Uno de ellos fue para "las feministas folclóricas", con las que se enfrenta en Twitter. "Me dicen que soy un machista sin haberse leído una novela mía en su vida", espetó Pérez-Reverte al tiempo que repasó algunas de las protagonistas femeninas de sus novelas, como Adela de Otero, de El maestro de esgrima u Olvido Ferrara, de El pintor de batallas. "Siempre está el mismo tipo de mujer en mis novelas. Hay una mujer que me interesa, en la vida real y en la literatura. Son las fuertes, duras y más inteligentes que los hombres".

A sus 67 años y de vuelta de casi todo, Arturo Pérez-Reverte se declara firmemente "pesimista" en lo que respecta a la vida. "No me gusta lo que viene, el futuro al que nuestros hijos y nietos van a tener que hacer frente".

"Soy muy pesimista –añadió–. Leo mucha historia y he viajado, así que ves repetirse los viejos esquemas, la vieja estupidez. Todo ha ocurrido ya, pero es como si lo hubiéramos olvidado y es desolador. España es un lugar enfermo de vileza, siglos de mal gobierno, de Inquisición, de luchas contra el moro, siglos de injusticias y hambre... Todo eso nos ha hecho como somos".

"La inteligencia está proscrita. Seguro que hay niños inteligentes, pero todo está hecho para machacarles", agregó. Así, recordó que en los años treinta "había esperanza, gente honrada, y aún había ideas por chequear. En aquel tiempo lo vimos todo: el fascismo, comunismo, anarquismo... Ahora no, en este mundo de demolición ya no hay palabras que den esperanza. Yo no hay -ismos. No podemos sacrificarnos por una causa noble. Solo queda refugiarse en la literatura, en los libros". Y ante una pregunta de Llop, contestó: "Sí, tengo un kaláshnikov, pero inutilizado".

En su discurso, recordó que "sin cultura no hay futuro posible" y se lamentó de que estemos "en manos de políticos analfabetos". "¿Dónde están las elites, los que van a tirar, con potencia intelectual suficiente para arrastrar?", preguntó sin obtener respuesta.

Las últimas palabras de su intervención las dedicó a la Real Academia Española, de la que es miembro desde 2003. Así, reconoció que en los últimos tiempos "ha habido una dirección débil" pero defendió a esta institución argumentando que "la Academia es el cemento que une a los millones de hispanohablantes". "Ha habido años de bandazos y desprestigio pero ahora hemos cambiado de orientación", prosiguió. "La Academia es algo fundamental. Estamos en un proceso de demolición en España: de la justicia, la sociedad, el sistema de gobierno... Y el español es un elemento fundamental de cohesión. Estoy orgulloso de ser académico", subrayó para, inmediatamente, entregarse durante casi dos horas a atender a sus lectores, la mayoría libros en mano.

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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Ada » Jue Abr 11, 2019 2:43 pm


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Re: 'Falcó' (2016-18)

Mensaje por Rogorn » Dom May 05, 2019 2:44 pm

Eva y Falcó
Fernando Mires - talcualdigital.com - 08/08/2018

Para los utópatas Lorenzo Falcó es y será un miserable. Un asesino a sueldo. Un ser prostituido en lo más profundo de su alma. “Un hombre capaz de vender la silla de su madre paralítica” como dijo de él, medio en broma medio en serio, el Almirante encargado de comisionarlo en múltiples servicios sucios a favor de los falangistas y en contra de los republicanos españoles. Incluso, para quien escribe estas líneas, formado como tantos de los que llegamos a ser izquierdistas –allá, a comienzo de los sesenta– con los restos de la romántica de la revolución española, los primeros rasgos descriptivos de Falcó no podían, bajo ningún motivo, generar empatía. Hasta que avanzando en las páginas comencé si no a simpatizar con el sicario, a entenderlo, a la par que entendía el ambiente en donde se movía como un pez en el agua. Un ambiente de asesinos y asesinados, de conspiraciones y traiciones, de maldad sin fin, de locuras increíbles, de actos heroicos pero vanos, de personalidades trastornadas, de una carnicería fratricida donde no hay buenos ni malos porque todos eran malos, en fin de todo eso que fue la Guerra Civil española. Un ambiente de cual solo puede dar cuenta un novelista avezado como Pérez-Reverte y raramente un historiador cuya función es dar a conocer las relaciones entre hechos objetivos y no la de escudriñar en los tormentos de la vida de los actores históricos.

No volveré a repetir –lo he hecho otras veces– lo imprescindible que es la ficción para entender la historia, entre otras cosas porque no solo los personajes de las novelas, también nosotros mismos, vivimos de ficciones. Como cuando siendo jóvenes comunistas escuchábamos magnetizados los relatos de los refugiados españoles en Chile. O cuando íbamos todos juntos a ver 'Morir en Madrid', el laureado documental de Fréderic Rossif, y salíamos del cine, puño en alto y cantando “dime dónde vas morena”, “los cuatro generales”, “el ejército del Ebro” y tantas otras canciones cuyas letras aún no he olvidado y, sin darme cuenta, todavía canto bajo la ducha. Todo quedó atrás, “la guerra ha terminado”, como tituló Alain Resnais a la película en la cual los héroes de “esa revolución que nunca fue” aparecen cansados, sin esperanzas, fantasmas de quienes una vez eran ardientes revolucionarios. No por casualidad el libreto del filme fue escrito por Jorge Semprún (el papelazo central: Ives Montand)

Fueron precisamente los relatos de Semprún, más la historiografía de Fernando Claudin y no por último la autobiografía de Santiago Carrillo, quien con la derrota de la república se salvó de convertirse en un Ceaucescu español (para eso iba), los que llevaron, a mí y a otros, a despedirnos de esa utopía enterrada bajo los escombros de la guerra. Atrás quedaron los poemas de Neruda, Eluard, Machado, Alberti. Algunos conservan, como damas ancianas, las huellas de su hermosura. Cierto es que Picasso sigue aterrándonos con "Güérnica", pues sin saberlo, al pintar los ojos aterrados del caballo, reflejó algo que está más allá de toda ideología: el miedo espantoso del ser frente a la muerte. Ese mismo miedo que casi nunca sentía Falcó, quien toreaba a la muerte en un redondel donde esa muerte era reina y señora.

Poco a poco uno se va dando cuenta que Falcó no mataba por matar, tampoco por los suculentos pagos que ofrecía el siniestro Grupo Lucero. No era sádico, no amaba a la muerte, pero sí –y esto es diferente– deseaba su cercanía, quizás para sentirse vivo, siguiendo de modo instintivo ese principio heideggeriano que nos dice: “Solo pensando desde la muerte podemos entender a la vida”. Así nos describe Pérez-Reverte a Falcó: “Las subidas de adrenalina en la sangre, la sequedad de la boca antes de cada nuevo desafío, la certidumbre de moverse por lugares donde las reglas del juego eran ritual de vida o muerte le inspiraban una claridad de juicio extraordinaria; una sensación de bienestar semejante a la de los analgésicos, cuando diluyendo el dolor y acompañando los latidos en las sienes le permitían mirar el mundo con serena distancia”.

O en frase más breve: Falcó buscaba a la muerte para sentir el deseo por la vida y en su caso, materializado en el elemental deseo del hombre por las mujeres. Las mujeres eran, por decirlo así, su deporte favorito. Sobre todo si se trataba de encajar los cuernos en un militar nacionalista o en un político falangista. Sin peligros, las mujeres no interesaban a Falcó. Tal vez ese vivir “más allá del bien y del mal” era la razón por la cual las mujeres lo buscaban y abrían sus piernas frente a él con una pasión que como pocos Pérez-Reverte después de Tirso de Molina ha sabido describir mejor.

No obstante, Falcó no era un Don Juan. Pues una vez cayó en la trampa y comenzó a sentir algo que nunca había sentido por una mujer, la espía soviética Eva Neretva, alias Eva Rengel. Ya volveremos a ella. Lo cierto es que Pérez-Reverte conoce en detalle la erótica de las mujeres, algo que probablemente no lo hace muy querido dentro del árido orbe feminista. Conocimiento que hace pensar a Falcó, segundos antes de entrar en Chesca, una superhembra esposa de un alto oficial franquista: “Y él sintió una pena inmensa y sincera, solidaria, por los millones de hombres que nunca habían estado ni estarían cerca de una mujer como aquella”. Frase que emerge como poesía en medio de la dura trama.

Y una vez, maldita sea entre todas las mujeres, apareció Eva: precisamente el nombre de la primera mujer del mundo. Una mujer bella, más no tanto como otras bellas que había conocido Falcó. Poseía un cuerpo atlético, sus uñas las mantenía mal cortadas, espaldas de nadadora y, además, era más fría que el propio Falcó cuando se trataba de matar pues, a diferencias del sicario, Eva mataba por convicción. Sin embargo, ella “poseía la suerte de contar entre las piernas con algo que ofrecer: el recurso eterno de la mujer en todas las miserias y en todas las guerras, desde que el mundo tenía memoria”. Es decir, desde Eva. Pero no solo era su coño. Era algo más que Falcó nunca supo precisar exactamente pues así lo decidió Pérez Reverte. Algo que lo llevó a arriesgar su vida para rescatarla de las salas de tortura de los franquistas y matar de paso a tres guardias. Por primera vez en su vida, como esas putas que de pronto hacen el amor por amor, Falcó mató por Eva sin recibir paga alguna. No así Eva, quien deseando a Falcó con todo, era capaz de matar a Falcó. La razón la descubrió Falcó muy pronto. Eva estaba poseída por una ideología. Esa ideología era el “falso yo” que cubría a su “verdadero yo” lo que por cierto aumentaba más el deseo de ella por aniquilar, aún amando, a Falcó.

La moral revolucionaria-soviética de Eva era a toda prueba. Sabía de los crímenes de Stalin, pero los consideraba justos debido a la misión histórica que cumplía el Partido frente a la humanidad. En un momento los papeles llegan a invertirse. Falcó, precisamente Falcó, intenta convencerla de lo absurdo que era matar y dejarse matar como ella lo hacía. Eva repitiendo a Stalin contestó: “La democracia es una forma camuflada de capitalismo, y el fascismo su forma declarada”. Falcó responde mencionando el hecho objetivo de que los comunistas habían asesinado más trotsquistas que falangistas. Eva contraatacó: “Tu nunca serías un buen comunista”. La respuesta de Falcó no pudo ser más de Falcó: “Ni siquiera uno malo”

Todo, absolutamente todo, separaba a Eva de Falcó. Ambos estaban destinados a no encontrarse jamás y, sin embargo, de un modo u otro, ambos buscaban ese encuentro. O dicho con Pérez- Reverte: “Continuaba existiendo entre ambos un vínculo extraño combinado de recuerdos, sexo, peligro y ternura”

Falcó y Eva son lo que tal vez no querría aceptar Arturo Pérez-Reverte: dos novelas de amor.

Por último, debo una explicación: ¿Por qué escribo ahora sobre Eva y Falcó? No son las dos últimas novelas de Pérez-Reverte. Después de 'Falcó' y 'Eva' escribió una novela histórica aún más lograda, 'Hombres buenos', de la cual alguna vez me ocuparé, y recientemente, una novela de perros que no he leído todavía.

La verdad es que hace tiempo yo quería escribir estas notas. Los avatares de la política diaria y otras urgencias lo habían impedido. Hoy, no obstante, he vuelto a Eva y Falcó y debo explicar la razón. La razón es una pregunta que hace tiempo me persigue: ¿Es posible escribir sobre los hechos que hoy ocurren de un modo absolutamente objetivo? Evidentemente, no. Los libros Falcó y Eva tampoco habrían podido ser escritos en los años siguientes a la carnicería civil que vivió España.

Hoy, sin embargo, y seguramente venciendo algunas resistencias, Pérez-Reverte ha logrado algo que pocos autores españoles pueden lograr. Mirar los hechos de la gran tragedia de su patria desde una distancia que nos hace percibir cuan absurdos son muchos de los que ocurren en nuestro tiempo, cuando hay tantos seres que todavía andan buscando, como Eva, razones para morir y no para vivir.

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