'Los perros duros no bailan' (2018)

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Ada
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Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Ada » Lun May 21, 2018 4:06 pm


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Rogorn
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Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mar May 22, 2018 8:44 am

'Los perros duros no bailan' (Arturo Pérez-Reverte)
elbuhoentrelibros.com - 22/05/2018

«Cuando cachorro tuve uno de esos nombres tiernos y ridículos que se les ponen a los perrillos recién nacidos, pero desde aquello pasó demasiado tiempo. Lo he olvidado. Hace mucho que todos me llaman Negro».

Esta es la historia de Negro, cruce de mastín español y fila brasileño. Por el Abrevadero de Margot hace ya un tiempo que nadie ha visto a Teo ni a Boris el Guapo. Nada bueno puede haber pasado y Negro, amigo de sus amigos, emprenderá su búsqueda. Una búsqueda que amenaza con llevarle a su pasado, aquel en el que asesinaba para sobrevivir en las peleas clandestinas entre perros. Nos trae Arturo Perez-Reverte una novela totalmente diferente a lo que hasta ahora nos había presentado: una novela protagonizada y narrada por perros. Una novela diferente en la forma, pero no tanto en el fondo, porque vuelve a hablar de los temas que siempre nos ha traído: la lealtad y la amistad:

«No soy de los que desertan. Mi raza tiene sus reglas y sus lealtades. Un amo es un amo. Bueno, malo o regular, el mío me sacó de la perrera con once meses, cuando me abandonaron, Y se lo debo. Pero la lealtad de los humanos no es la misma que la nuestra». (Página 22)

No es tan diferente este Negro del Capitán Alatriste. Al margen de que te toque un amo bueno o malo, hay algo por encima de eso. Basta una palmadita en el lomo, o que te llegue la soldada (que a fin de cuentas viene a ser lo mismo), para que esté dispuesto a luchar hasta la muerte por una causa que no es la suya.

«Un perro no es más que una lealtad en busca de una causa. Dale una idea a uno como yo, un amo o un objetivo en la vida, y se aferrará a ello con los colmillos apretados. Tenaz hasta el sacrificio y la muerte. Con un par». (Página 129)

Porque la lealtad es una virtud muy rara y difícil de encontrar en los tiempos que corren.

«Me gustan quienes son leales, y en estos tiempos ya ni los perros lo somos». (Página 61)

Los perros duros no bailan nos mostrará el modo de ser de los humanos narrado (¿o sería mejor decir ladrado?) desde el punto de vista de los perros. Unos perros con características y comportamientos en cierto modo muy “humanos”. Eso que se denomina antropomorfismo y que Disney lleva tantos años practicando en sus películas.

«No soy un buen actor. Lo de fingir no me va mucho, y carezco de la astucia de esos perros zalameros que saben buscarse la vida con propios y extraños, un ladridito aquí, un jueguecito allá, un ridículo bailecito con meneo de cola alrededor del amo, unos ojos suplicantes y conmovedores para que te den la chuche o, jueguen contigo a la pelota o caiga algo de la mesa. Esas mariconadas no son mi estilo, como pueden imaginar. Los perros duros no bailan». (Página 72)

Una historia narrada en tono de novela negra, un descenso hasta los infiernos de un pasado de un perro noble obligado a convertirse en un asesino para poder sobrevivir. Una narración con una referencia cinematográfica muy clara: Espartaco, aunque el final una dos universos cinematográficos tan diferentes como el de 'Espartaco' y el de 'Blade Runner'. Quizás porque en el fondo humanos, robots y perros no seamos tan diferentes:

-«Ha visto atacar naves en llamas más allá de Orión –dijo.-Con dos cojones». (Página 160)

No es 'Los perros duros no bailan' una novela que vaya a pasar a la historia de la literatura. Pero aunque muchas veces nos olvidemos de ello, los escritores viven de vender libros y esa parece ser la finalidad de esta novela: vender. Lo cierto es que no defraudará a aquellos que busquen una historia entretenida, con ese humor negro que caracteriza a Arturo Pérez-Reverte, en este caso además mucho más agudo porque permite diseccionar la estupidez humana al mostrarla desde el punto de vista de unos perros que, por otra parte, la repiten en sus comportamientos. Una novela por otra parte que muy bien podríamos incluir en esa categoría de libros para leer en un día (bueno, en realidad ni eso, más bien en una tarde) porque su trama, la manera de estar contado y que son 160 páginas de letra grande, harán que nos leamos el libro de una sentada. Yo lo he disfrutado y creo que os he dejado pistas suficientes como para que sepáis si va a ser vuestro caso si os animáis a leer esta novela. VALORACIÓN: 8/10.

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Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mié Jun 06, 2018 1:09 pm

Los perros duros no bailan
Élmer Mendoza - eluniversal.com.mx - 05/06/2018

Si usted es apostador en las peleas de perros, si le agrada esta forma de crueldad extrema, mejor no lea esta novela porque Arturo Pérez-Reverte le va a patear las pelotas o lo que tenga en la entrepierna. Ese es el tema de 'Los perros duros no bailan', publicada por Alfaguara, del grupo Penguin Random House, en abril de 2018 en Madrid, España. El perronaje principal es Negro, un mestizo cruce de mastín español y fila brasileña, campeón en el lugar de peleas de perros conocido como el Desolladero, retirado de milagro en un barrio tranquilo, pero que la desaparición de dos de sus amigos más apreciados, Teo y Boris el Guapo, lo inducen a buscarlos y los encuentra en el territorio que menos deseaba: la Cañada Negra, el campo de entrenamiento de los luchadores.

Con un ritmo de vértigo, un lenguaje adecuado y agradable, humorístico a veces, el cartagenero Arturo Pérez-Reverte nos conduce por esta historia llena de perronajes de diversas razas. Agilulfo, el filósofo, es podenco; Teo, un sabueso rodesiano, Margot, boyera de Flandes, Dido, una setter irlandesa, Boris el Guapo es borzoi; están presentes Dóberman, pastor belga, galgo español, bóxer, sholoitzcuintle, yorkshire, beagle, husky siberiano, teckel, labrador, dogo, galgo español, bodeguero, pastora setland, afgano, moloso, y otras más. La historia inicia en el abrevadero de Margot, una perra porteña que administra un espacio donde se puede beber agua anisada. Los perros conversan con ladridos, gruñidos y lametones mientras dan lengüetazos en un canalillo. Teo y Negro conocen un día a Dido, una perra “que derretía el asfalto con solo mover el rabo”, que lo meneaba como una diosa, de la que ambos se enamoran pero ella, después de probar a ambos, se inclina por Teo. Negro, que es prudente y que sabe que hay veces que se pierde y otras en que se deja de ganar, se retira y la lleva tranquila. Cuando se entera de la desaparición de Teo la busca, ella le pide que lo encuentre, asunto que él ya había decidido. Mórtimer lo guía hasta la Cañada Negra, sitio donde están prisioneros los perros que sirven de sparrings a los luchadores y que están destinados a morir. Para algunos, con ciertas facultades, existe la posibilidad de sobrevivir y llegar al Desolladero, el lugar donde los humanos beben, gritan y apuestan, si a su vez son capaces de pasar pruebas en que deben matar a sus adversarios. Negro, cuerpo lleno de cicatrices, que fue campeón allí y no recuerda a cuántos perros despedazó, lo sabe.

Una vez en la Barranca se deja atrapar. Percibe que sus amigos se hallan en algún sitio de ese campo y va con la idea de encontrarlos. “La paciencia es una virtud”, le dice el dogo guardián, a quien perdonó la vida y le está echando una pata. Negro es autocrítico, tiene muy claro que no es inteligente, que tiene problemas para pensar, que lo suyo es la fuerza y una habilidad congénita para el combate, así que lo toma con calma. Teo es fuerte, intuye en lo que podría estar metido, ¿pero el pobre de Boris el Guapo, acostumbrado a la buena vida, que ganó el concurso del Perro del Año, qué sería de él? Radio Perro, ese medio canino a base de ladridos, que tan bien utilizan en 101 dálmatas, nada dice de sus amigos. Con calma, y con un sentido de la amistad solidaria, Negro vence una serie de obstáculos en que no siempre las tiene todas consigo, pero no se desubica y piensa “en aquellos compañeros de infortunio sentenciados a un final infame, perros que... un día fueron cachorrillos mimados, felices, arrancados de su sueño confortable por la estupidez y la crueldad humanas”, y no se da por vencido.

'Los perros duros no bailan' es una novela negra, cuyo tratamiento principal es el drama de estar siempre entre la vida y la muerte: “Vivir nunca está de sobra,” expresa el dogo, que ha tenido sus experiencias y que demuestra, en una decisión, que “más sabe un perro por viejo que por perro”. Ya saben, evitar esos puntos de la vida en que no conviene “pasar de la sartén a las brasas.” Tequila los hará sonreír, esa xoloitzcuintle temeraria que en realidad se llama Lupe, a quien Los Chuchos del Norte ya le hicieron su corrido. Además le encanta el solomillo. Aparte de los mencionados, los nombres son numerosos: Fido, Helmut, Degrelle, Heinrich, Moro, Cuco, Tomás, Rufus, Snifa, Chufa, Susa y demás. En alguna página, el autor comparte una opinión que nos concierne: “Desde que nuestro mundo, el de los carnívoros, existe, siempre se trata del mismo combate, de la misma enloquecida y eterna desesperación. Dentelladas y sangre.” Como verán, se trata de una novela que está viva, que compromete. Ya me contarán.

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Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Mié Jun 06, 2018 1:11 pm

http://elblogdejcgc.blogspot.com/2018/06/los-perros-duros-no-bailan-perez.html

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Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Sab Jul 21, 2018 3:29 pm

¿Y qué si bailaran?
Manuel Mañero - thelastjourno.com - 20/07/2018

Ahora que su rugosidad tuitera lo ha presentado a los jóvenes que no conocen sus libros, ahora que se ha echado al mar para resarcirse de una temporada en que ha sido cabecilla contra el lenguaje inclusivo, Arturo Pérez-Reverte también puede decir que ha escrito un libro sobre el mejor amigo del hombre -y la mujer-: 'Los perros duros no bailan' (Alfaguara, 2018). Una apresurada fábula de un Samaniego revirado, con sangre de tahúr, firmada a caballo y con una moraleja tan compleja como se pretenda. Es demasiado obvio (el propio Reverte lo reconoció) que 'Los perros duros no bailan' es una novela en la que los perros son el atajo para desinhibirse, pues dicen que los animales juegan con otras reglas. Lo cual es una verdad a medias. O una posverdad. «Estamos cortando la lengua a gente muy necesaria a través de las redes. Vivimos un momento terrible que nos está tapando la boca». Esa naturaleza descarnada con la que los perros se dirigen y son libres, libres de verdad, para relacionarse con otros perros -con un clasismo impostado y por necesidad-, no está tan clara hoy día en la que se presupone una sociedad moderna y avanzada en lo intelectual. No al menos si las maneras no están alineadas con una agenda determinada, como de colores y burlada por la indefinición; agenda, término por cierto en desuso durante los últimos años que los aplastantes acontecimientos impulsores del populismo y ciertos nacionalismos ha recobrado para el debate. Volviendo a los perros de Reverte: fueron su refugio y en ellos volvió a ser él.

La novela -corta, se lee en dos tardes sin fútbol o dos mañanas sin Ikea- de Reverte es, claro, el manifiesto improvisado de alguien realmente dolido por las afrentas de la censura contemporánea. La autocensura, dice él. En la medida en que pone voz a los protagonistas de la obra, queda patente la espontaneidad soporte de ese ademán distópico en que cada cual vive una vida no prejuiciosa por la que ha luchado particularmente en solitario. Reverte ya era reportero de guerra con 22 años: hoy son muchos los periodistas de guerra de los que que aún no sabemos en qué estado han vuelto de sus horrores. Será algo que define a largo plazo. Por eso hay que ser más selectivo, según se avanza, con las guerras a librar. En Los perros duros no bailan hay combate y hay un pasado no oscuro, negro, sin fondo y sin recuerdo. El presente, por cierto, de muchos perros en España. Porque esta novela es una cana al aire, claro: pero también el desvelo que Reverte procura formalmente al mundo de este animal, que es honesto y tiene siempre más para dar de lo que su naturaleza le permitiría en un primer momento. La configuración estoica y noble del perro, patriota sin otra patria que la lealtad, sirve de notoria y transparente inspiración para inferir, de las patologías del hombre -y la mujer- de hoy, esa costumbre tan poco humana de la entereza. El nuevo zeitgeist de los pueblos acomodados por el progreso. Lobbies alevosos sincronizados para desvelar algunas de las inquietudes sin remordimientos que empobrecen la comunicación y asolan la remota libertad de ideas. Lo iremos viendo.

El protagonista de 'Los perros duros no bailan' es un perro duro, claro. Pero es el perro duro que podría ser cualquiera. Un renegado de las peleas clandestinas no tan erradicadas del día a día en las cañadas y los polígonos como el suave e inofensivo animalismo mediático puede hacer creer por omisión. Los pocos perros de peleas que llegan y aguantan en las perreras puede dar una pista sobre cuál es, la mayor parte de las veces, su fin. De ahí que el protagonista, a tumba abierta y un perro libre -liberado a sí mismo- proponga más una batalla contra sí mismo que contra cualquiera cuando ha de reincorporarse a su pasado para recuperar a dos amigos robados para un fin similar. La primera mitad de la novela es del Reverte columnista: ácido, de segundas lecturas. Se disfruta porque es cristalino, si se busca, todo el peso de los verdaderos males y peligros que en opinión de Reverte ponen ahora en duda la integridad de la comunicación entre iguales. Es una mitad sin prejuicios, eufemismos ni piruetas. Es el reverte de finales del siglo XX, el de Patente de corso, que escribe como para pocos con la intención de ser entendido por todos. En la segunda mitad, Reverte corre: es el novelista. La novela se ensombrece, se abre la solemnidad del drama y la tensión señala la última denuncia social del autor, de corte animalista grueso. Ya no es una sobre los complejos del hombre, sino sobre sus actos acomplejados. Si los perros duros bailaran, alguno querría arrancarle la etiqueta. Este no baila, pero si lo hiciera, no habría quien se atreviera a afeárselo. Y ese respeto se lo habría ganado. Aunque luego tuviera que echarse al mar.

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Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Jue Sep 06, 2018 11:43 am

Una fábula perrona
Édgar Adrián Mora - vozed.org - 04/09/2018

Las obras literarias que incluyen un contrato de verosimilitud en donde los animales se convierten en personajes tienen, fatalmente, dos posibilidades: que el contrato dé como resultado una lectura gozosa en donde no hay cuestionamientos acerca de lo que ocurre en la trama, o que se fracase monumentalmente.

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) traza, en 'Los perros duros no bailan' (Alfaguara, 2018), una historia protagonizada por perros que, a semejanza del 'Flush' de Virginia Woolf, asumen una existencia que ocurre en un mundo compartido con los seres humanos. La obra de Woolf se decanta por la mirada y los sentidos de un perro que cuenta la biografía de sus dueños humanos; lo que hace Pérez-Reverte, en cambio, es crear un mundo autónomo en donde los perros se comportan como seres humanos a partir de asumir las convenciones de un abordaje particular: la literatura negra.

La historia narra la vida de Negro, un callejero que ha vivido varias vidas y se ha sobrepuesto a un destino terrible. De alguna forma logró evadir la muerte infinidad de veces mientras divertía a los humanos en un sitio de peleas clandestinas donde sus congéneres tenían sólo dos opciones: morir en la arena o convertirse en leyendas sobrevivientes de ese bajo mundo. Negro alude a sus ancestros romanos, los canes que acompañaban a las huestes romanas a las conquistas de nuevos territorios. Hacia el desenlace aparece también, de manera nada gratuita, la imagen de Espartaco, el esclavo rebelde, como una cristalización de la resistencia contra la opresión.

Conocedor de los mecanismos de la épica y diestro en el arte de mantener el suspenso, Pérez-Reverte teje una historia por igual emocionante que llena de reflexiones acerca de la relación que tenemos con los animales de compañía. La suerte de Negro, como perro callejero, es compartida por una gran cantidad de colegas suyos que se la tienen que apañar como pueden en las calles inclementes que la humanidad ha construido. Tal es el caso de Tequila, metáfora del dominio del crimen organizado transnacional,acá convertida en una xoloitzcuintle mexicana que domina los bajos mundos de los callejones y la información clandestina.

Recorriendo la ciudad, desde un émulo de bar de mala muerte que en esta alegoría no es sino el escurridero de una fábrica de anís hasta las instalaciones clandestinas de los coliseos de peleas de perros, Negro acude en auxilio de Teo (su mejor amigo, un perro domesticado y con dueño, de quien se distancia por la disputa causada por una pelirroja hermosísima) y de Boris, El Guapo (galgo de concurso que deberá enfrentar las consecuencias de ser un ejemplar digno de reproducción). Los dos compañeros de vida han desaparecido y, después de ciertas pesquisas, Negro decide que no puede dejarlos echados a su suerte.

La trama se teje respetando la mecánica de la novela negra, en donde por igual aparecen policías corruptos y prostitutas. Seguimos las acciones guiados por la voz protagonista de Negro que, entre memorias, escaramuzas y diversas estampas, muestra la diversidad del mundo perruno (que no es sino el espejo transparente de la diversidad humana): perros neonazis, perros inmigrantes, guardias sobornables y agradecidos, buscapleitos imprudentes, cantineras feministas, cobardes cuyos talentos no alcanzan ni para bien morir.

'Los perros duros no bailan' es un divertimento de folletín, es cierto, pero también es una serie de guiños acerca de temas que hoy se convierten en materia de debate: la corrección política, la normalización del fascismo, la persecución a los marginales, la suerte diversa del azar de cuna y, sobre todo, los límites atroces a que puede llegar la crueldad humana. Y, como guía de todo esto, la mirada de un perro valiente y atrevido que, a pesar de que podría ser adoptado por múltiples bienintencionados, nunca podría aceptar otra vez una sumisión de ese tipo. El Negro pertenece a la calle, ahí habita, ahí morirá. Y, aunque parezca extraño y después de conocerlo, esto no es ninguna tragedia.

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Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Lun Sep 17, 2018 6:59 pm

'Los perros duros no bailan', de Arturo Pérez-Reverte
José Ignacio Wert Moreno - cuatroojosmagacin - 17/09/2018

Cuando el próximo 3 de octubre Arturo Pérez-Reverte lance al mercado 'Sabotaje' (Alfaguara), la tercera de las aventuras de Falcó, habrá puesto en circulación cinco novelas en tres años y medio. No es Marcial Lafuente, pero no está mal para el mercado editorial actual. 'Los perros duros no bailan' (Alfaguara, 2018) ha aparecido en el momento intermedio entre el segundo y el tercer Falcó. Si esa condición de paréntesis era deliberada o no, es algo que solo puede saber su responsable. Nosotros nos limitaremos a constatar que se trata de una obra quizá vocacionalmente menor, pero que se lee con una sonrisa dibujada en el rostro durante sus escasísimas 160 páginas.

Es probable que al escritor y periodista de Cartagena le resulte chocante, siendo benévolos, que se le compare con Walt Disney. Pero este lector ha tenido el paralelismo en la cabeza durante toda la lectura. No fue el primero ni el último, pero en lo que a «humanizar» animales se refiere, ese cineasta creó una cierta escuela. Que nadie se confunda: el cruce de mastín español y fila brasileña que responde por Negro y que protagoniza esta historia es un antihéroe típicamente perezrevertiano. Los cánidos llevarán a cabo actos sexuales y peleas violentísimas que aparecen descritas en toda su crudeza. Pero la caracterización de los personajes, sus rasgos más o menos humanos o las relaciones con sus amos no están muy lejos de las que vimos en 'La dama y el vagabundo' (que aparece explícitamente mencionada) o '101 dálmatas'.

El tono va del homenaje al noir —limítrofe con la parodia— al relato de acción y aventuras. Negro es un perro que vivió días de gloria en los combates. Ahora, sin embargo, pasa los días cuidando una propiedad. El abrevadero de Margot es su principal foco de socialización. Allí entabla amistad con Teo, que se impone a él a la hora de conseguir el amor de Dido, una setter irlandesa de gran atractivo en su comunidad. Un día, Teo desaparece junto a Boris el Guapo, un lebrel ruso que reporta pingües beneficios a sus propietarios en distinta exhibiciones. Aunque recalque cada pocas frases que su ya de por sí exigua inteligencia quedó seriamente mermada tras una carrera de golpes, Negro empieza a investigar aquí y allá para dar con su paradero. Esto, unido a toda la presentación anterior del abrevadero, constituye sin duda lo mejor del relato. Da pie a una sucesión de personajes que encierra hallazgos casi a cada línea. El autor encuentra el equilibrio entre la descripción de la lógica animal y su traducción, más o menos fiel, a la humana. La sucesión de combates que viene a continuación es quizá demasiado larga y provoca una ligera pérdida de ritmo.

La novela no solo entretiene, sino que incluso en algún pasaje llega a emocionar a aquellos que menos amigos somos de los animales. La idea de la lealtad al amo es una de las mejor desarrolladas. Los chuchos que aparecen golpeados por la vida siempre arrastran alguna traición humana en la mochila.

Pérez-Reverte mantiene intacta su prosa precisa, directa, sin adornos que quieran gritarnos: «¡Eh! ¡Aquí un literato!». Sin duda habrá en el interior de la novela guiños culturales que habremos pasado por alto. El título, sin ir más lejos, lo hace con Normal Mailer. Pero además de a Disney, 'Los perros duros no bailan' recuerda en algunos de sus chistes a Los Picapiedra, de los Hannah-Barbera. Lo entenderán mejor si les decimos que, en un momento dado, se hace referencia a un latin lover llamado Rodolfo Perrostino.

Lo importante, en cualquier caso, es el magnífico momento de forma en que se encuentra su autor, capaz de alimentar una saga de lo más entretenida con una entrega anual al tiempo que se permite estos divertimentos. Sus lectores lo agradecen.

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Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Lun Oct 22, 2018 11:45 am

Una novela negra narrada por medio de ladridos
Diego Marín - larioja.com - 19/10/2018

Cuando George Orwell publicó 'Rebelión en la granja' (1945) no era su verdadera intención ensalzar la inteligencia e impulso animal, ejemplificado en unos cerdos y gallinas, sino que realizó una alegoría sobre el totalitarismo y la necesidad de resistirse ante ellos. Unos años antes Virginia Woolf ya había publicado 'Flush' (1933), una biografía canina de un perro doméstico. En los últimos años la presencia del perro en la literatura, sobre todo en la española, se ha incrementado de forma notable, ya no es algo esporádico o circunstancial sino habitual.

El ejemplo más sobresaliente es la novela 'Los perros duros no bailan' de Arturo Pérez-Reverte, un 'thriller' canino, una auténtica novela negra narrada y protagonizada por un perro, un cruce de mastín español y fila brasileño, un moloso de 50 kilos con un pasado turbulento en las peleas y al que todos llaman Negro. El propio autor ha reconocido que la idea para escribir esta obra le sobrevino no leyendo a Hammett sino 'El coloquio de los perros' de Cervantes.

El personaje animado efectúa el papel de detective privado que actúa por conciencia propia en una especie de expiación personal, no totalmente arrepentido de su atormentado pasado pero tampoco demasiado satisfecho del mismo. La historia plantea la desaparición de dos perros, lo que conduce a Negro a investigar una trama de robo y secuestro de canes para usar como 'sparrings' en el entrenamiento de perros de peleas.

La novela de Arturo Pérez-Reverte no sólo es entretenida, aunque seguramente haga disfrutar mucho más a los simpatizantes de los perros que a los lectores en general, también ofrece una denuncia bárbara sobre los clanes que trafican con perros y promueven peleas, ya no sólo por el maltrato animal que suponen, también por el dinero que se mueve al margen de la ley. No obstante, el propio Pérez-Reverte, que ha dedicado varios artículos a hablar de los perros, y ensalzarlos, ha aclarado que: «No es un libro denuncia, ni un libro militante de la causa animalista. En realidad, mi propósito sólo era contar bien una buena historia». Por tanto, obviamente, como libro hay que juzgarlo.

Aunque no sea la obra maestra que conduzca al autor al Premio Nobel, hay que agradecer la intención de originalidad, de frescura y de cambio en la voz narrativa que ha ejercido Pérez-Reverte en 'Los perros duros no bailan' y que tan difícil es que es un autor consagrado se atreva a cometer y más aún que culmine con acierto.

En esta novela se establece un nuevo punto de vista, con nuevos códigos, los que imagina el autor en los animales, algo más visceral, sin orgullo, instintivo, básico y, de alguna manera, mucho más sincero y honorable que el de los humanos. Pero la historia que se narra no deja de ser fantasía, una personificación como la romántica historia de 'Merlín y Vivina. La gata egoísta y el perro atontado' que escribió María de la O Lejárraga y recuerda a 'La dama y el vagabundo' de Disney. Los perros, en realidad, son personas y que sienten eso que a los humanos nos distingue de los animales (irracionales), la empatía.

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Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Jue Nov 01, 2018 9:44 am

Donde ladran los valientes
Xavier Velasco - zendalibros.com - 01/11/2018

Siempre que tiene uno la suerte de leer una buena novela que ha sido escrita por un buen amigo, lee en realidad dos cosas: el libro y al amigo, aun si la buena mano del autor le hace olvidar la sombra tras la tinta. En el caso de Los perros duros no bailan, brinca además una debilidad común por las narices frías, que en lo que mí respecta ha hecho de esta lectura un viaje en cuatro patas al mejor de los universos concebibles: allí donde no cabe traición ni inconsecuencia y cada personaje es fiel a su palabra —vamos, a sus ladridos— hasta la misma muerte (que no siempre es lo peor que le puede pasar, en un mundo podrido por bípedos hipócritas).

No es raro que los héroes de Arturo Pérez-Reverte tengan más de perrunos que de humanos, por cuanto son fulanos de una pieza y no suelen andarse por las ramas. Son, de hecho, lo que son; saben más de la vida por sus cicatrices que por los pocos rabos que otros puedan menearles en busca de dudosas empatías. Se les ve así curtidos a mordidas, huérfanos de candor y de repente adeptos a algún par de lealtades esenciales por las que son capaces de jugarse la vida a cara o cruz. Héroes de pocas pulgas que se sacuden o se tuercen de risa si alguien osa llamarles de ese modo sólo porque la muerte se ha perdido el gustazo de reclutarles.

El héroe de esta historia no recuerda su nombre, y ni falta que le hace porque es un gladiador de pura cepa —cruza de mastín español con fila brasileño— y todos lo conocen como Negro. Nada de lo que tenga que sentirse orgulloso: hace lo que le toca y vive al día, sobrelleva sus años y recuerdos como el superviviente de sí mismo que poco encuentra ya del todo sorpresivo. Por eso no le extraña enterarse de que su buen amigo, el duro Teo, ha desaparecido junto a Boris el guapo, perro de fina cuna seguramente menos habituado a la ruindad impávida de los peores villanos conocidos, que como es natural resultan todos miembros de la especie humana.

Negro no es ningún ángel vengador y los años le pasan la factura, pero tampoco va a cruzarse de patas ante una situación que lo requiere, por dura de roer que se aparezca. Sabe que en su camino se interpone no sólo gentuza de lo peor, sino otros canes criados, forzados o entrenados por esa misma escoria inconmovible, pero entre sus olvidos también se cuenta el miedo a una muerte que siempre ha estado ahí.

Es éste un libro serio, y acaso así se expliquen las recurrentes salvas de carcajadas que van acompañando su lectura, demasiado perruna para ser humana, y viceversa. Soy, me explico, canófilo de siempre, pero temo que nunca fui tan perro como desde que entré en el pellejo del Negro y me agarré a mordidas con el mundo. No sin antes probar un par de tragos y la memoria fresca de más de una cuadrúpeda de zancas epicúreas, por cuya sola causa vivir parece a veces buen negocio.

No es posible seguir la peripecia de un canito valiente sin que te crezca un poco la misantropía. Ya lo ha dicho el autor, en otra parte: Los perros todos, los humanos de uno en uno. Con esa providencia, he recorrido las páginas de Los perros duros no bailan en la rotatoria compañía de mis cinco perrotes —dos padres y tres hijos, los dueños de esta casa—, cada uno dichoso nada más de tenderse a saborear la siesta sobre mí, seguramente al tanto de cuánto los requiero en estas circunstancias, así sea por no seguir sumando tirria contra mi especie inmunda.

No hay moraleja, claro. Sólo eso nos faltaba, tratándose de seres superiores que no van a la iglesia ni esperan contrición. Hay por ahí regadas, como huesos carnosos en la vereda, cápsulas de profunda sabiduría, varias de ellas provistas por el sabio Agilulfo: un chucho más leído que peleado que domina el latín y controla su instinto natural —más confiable, sin duda— en aras asimismo de la supervivencia: ese triste trabajo de tiempo completo que los héroes como Teo y el Negro acometen con dignidad guerrera.

He dicho que el autor es gran amigo mío, de lo cual ya se infiere que recorrimos juntos algunos callejones —territorio comanche, que él les llama— y mojamos varias docenas de árboles, sin hacer mucha bulla a este respecto porque tampoco es que sepamos bailar. Lo veo gruñir, de pronto, y nunca falta un señorito crítico que se asuste y pretenda envenenarlo. No es que mi amigo muerda, pero yo en el lugar del cobardón haría mejor en cambiarme de acera.

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Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Dom Nov 04, 2018 9:00 am

Los perros duros no bailan
Esteban Carlos Mejía - elespectador.com (Colombia) - 03/11/2018

“Si fuéramos perros, ¿yo de qué raza sería?”, le pregunto a quemarropa a mi amiga Isabel Barragán. Me estudia con malicia. “¿A qué estás jugando, Mejía?”, pregunta, sin quitarme de encima su mirada verde botella. “¿De qué raza sería yo?”, insisto. “Pinscher”, suelta, entonces, de repente. “Me humillas”, digo, abochornado de veras. “¿Y tú qué serías?”. “Perra”, y se ríe a las carcajadas.

Estamos tomando el algo (¡las onces!) en la terraza de un centro comercial al occidente de Medellín. Ella está como quiere estar, según se dice. A pesar de los aguaceros sin fin de octubre, se ve bronceada, elástica, nada mohosa. Demasiada mujer para mí, pienso no sin desilusión: “Las nieves del tiempo platearon mi sien”, canta o cantaba Gardel. Parece leerme el pensamiento, sonríe picarona y me sigue el juego. “Sería pastor alemán”, dice. “Tú para mí eres, o sea, serías una setter irlandesa”, digo. “Confunda, pero no ofenda: yo soy pastor alemán desde chiquita”.

Paso por alto el desengaño. “Te traje un regalo”, digo. 'Los perros duros no bailan', de Arturo Pérez-Reverte. Es una obra breve, 160 páginas, en Alfaguara. Isabel agradece con una sonrisa de reina de belleza y dice: “Ya lo tengo, ya lo leí”. Suspiro, suspiro, suspiro. “¿Y te gustó?”, pregunto para tratar de recuperar el ánimo. “Qué vaina contigo, Mejillón: a mí me gusta todo lo que escribe Pérez-Reverte”. “A mí también”, digo. “Sí”, dice, “por ahí vi que en alguna parte escribiste que los cuatro bates de la literatura en España hoy en día son Javier Marías, Eduardo Mendoza, Arturo Pérez-Reverte y Almudena Grandes”. “Así es: jonroneros puros”.

“'Los perros duros no bailan' se llama así por 'Los hombres duros no bailan', una excitante novela policíaca de Norman Mailer, publicada en 1984”, explica Isabel. “La de Mailer es una tromba de sexo cochino, como te gusta a ti. La de Pérez-Reverte es una historia de amor y lealtad. Hay un triángulo típico: dos machos y una hembra”. “Negro, Teo y Dido”, digo. “Negro es mestizo, cruce de mastín español y fila brasileño”, dice Isabel. “Pesa 50 kilos, mide 74 centímetros de talla y fue campeón en peleas de perros, un asesino en uso de buen retiro. Teo es un sabueso rodesiano, pelo trigueño rojizo, de patas musculosas, seguro y juguetón”. “Y Dido”, digo yo, “es una setter irlandesa tirando a rubia, demasiada perra”. “Estaba tan buena”, se ríe Isabel, “que derretía el asfalto con sólo mover el rabo. Al principio, Dido está con los dos, pero después se queda con Teo”. “Es una novela deliciosa, tierna, encantadora. El tono es fluido y el estilo es el clásico de un gran inventor de historias”, digo. “Con Pérez-Reverte tú serías un labrador”, apuntilla Isabel y me da un pico en cada mejilla, alabado sea Eros.

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Rogorn
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Re: 'Los perros duros no bailan' (2018)

Mensaje por Rogorn » Vie Nov 23, 2018 11:58 am

‘Los perros duros no bailan’, de Arturo Pérez-Reverte
Cesidio Niño - culturamas.es - 14/11/2018

“Mi amo creía que peleaba por él, pero se equivocaba. Siempre peleé por mí……soy un luchador nato. Nací mestizo, cruce de mastín español y fila brasileño. Cuando cachorro tuve uno de esos nombres tiernos y ridículos que se les ponen a los perrillos recién nacidos, pero desde aquello pasó demasiado tiempo. Lo he olvidado. Hace mucho que todos me llaman Negro”.

Cuando un lector se adentra a nadar en el mar de Pérez-Reverte, y yo he nadado mucho por sus múltiples novelas y artículos, puede suceder dos cosas: te adentras o bien, sales del agua. Yo me he adentrado hasta no tocar pie, ya que la obra me ha fascinado en toda la amplitud de la palabra.

Este libro pasa a engrosar la lista de obras protagonizadas por animales como 'Soy un gato', 'Flusch', 'Memorias de una vaca', 'Fue él' o 'Rebelión en la granja', y su lectura te atrapa desde la primera frase sin querer, ni poder dejar de leer las aventuras, desgracias y tristezas no solo de Negro, sino también de la humanidad “animal” que tenemos globalmente y que curiosamente el mago de Reverte fabula de forma soberbia para darnos cuenta de lo que hay hoy día en en nuestro entorno.

No hay diálogos en esta novela entre personas de carne y hueso, los actores que piensan y hablan son perros, de diferentes razas, tamaños, estratos sociales. colores. Y toda la historia da inicio cuando en un abrevadero al que caen residuos de una fábrica de anís van a beber los perros de la zona como lugar de ocio. Lugar de encuentro, conversación. Allí se comenta que hace días no se ha visto a dos perros que por lo común van allí y que casualmente uno de ellos es amigo de Negro. Todos los canes creen que hay algo detrás de esto y será el perro protagonista quien inicie esta especie de investigación con todo el drama que se avecina, porque es un drama en negrita, subrayado y en mayúsculas.

El instinto, la experiencia, la amistad, el honor, lealtad, el ansia de libertad y no sometimiento, llevará a Negro a seguir una tarea que los lectores viviremos con el alma al cuello. Podría enmarcarse esta novela dentro de las llamadas novelas negras con algún toque para que sea también divertida, que contenga pinceladas de ternura sin caer en el empalago, novela que mantiene un género de denuncia en muchos aspectos , tiene la tensión necesaria en todos los capítulos sin decaer, es sobrecogedora desde el inicio hasta el final. Arturo Pérez-Reverte en definitiva narra una historia en la que la clemencia para los inocentes parece que existe, pero lo que sí existe es que Negro con el resto de los perros en la novela ejecutaràn justicia para los culpables. Así debe ser. Y culpables en nuestra sociedad hay muchos y de muchas formas diferentes. Una magnífica y buena novela que se lee en un suspiro y te da pena acabar. Y te hace pensar. Muy, pero que muy recomendable.

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