'Una Historia de España' (2019)

Comentarios y noticias sobre el resto de los libros de Pérez-Reverte

Moderadores: Targul, Mithrand, Moderadores

Reglas del Foro
Responder
Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14211
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

'Una Historia de España' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mar Ene 29, 2019 2:42 pm

Una historia de España
megustaleer.com - 29/01/2019

Por primera vez un volumen reúne la historia de España escrita por Arturo Pérez-Reverte durante más de cuatro años en su columna 'Patente de corso' del 'XL Semanal'. 'Una historia de España' llegará a las librerias el 14 de marzo de 2019.

Un relato ameno, personal, a ratos irónico, pero siempre único, de nuestra accidentada historia a través de los siglos. Una obra concebida por el autor para, en palabras suyas, «divertirme, releer y disfrutar; un pretexto para mirar atrás desde los tiempos remotos hasta el presente, reflexionar un poco sobre ello y contarlo por escrito de una manera poco ortodoxa.»

A lo largo de los 91 capítulos más el epílogo de los que consta el libro, Arturo Pérez-Reverte narra los principales acontecimientos ocurridos desde los orígenes de nuestra historia y hasta el final de la Transición con una mirada subjetiva, construida con las dosis exactas de lecturas, experiencia y sentido común. «La misma mirada con que escribo novelas y artículos -dice el autor-; no la elegí yo, sino que es resultado de todas esas cosas: la visión, ácida más a menudo que dulce, de quien, como dice un personaje de una de mis novelas, sabe que ser lúcido en España aparejó siempre mucha amargura, mucha soledad y mucha desesperanza.»

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14211
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Una Historia de España' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mié Ene 30, 2019 11:32 pm

España no está a la altura de Pérez-Reverte
Pío Moa - gaceta.es - 30/01/2019

Dice Pérez-Reverte que va a publicar una historia de España: "Es el resultado de todas esas cosas: la visión ácida más a menudo que dulce, de quien, como dice un personaje de una de mis novela, saber ser lúcido en España aparejó siempre mucha amargura, mucha soledad y mucha desesperanza". Bastan estas palabras para entender que solo puede ser una sarta de sandeces tópicas. Cierto que España nunca estará a la altura de este insigne bocazas de barra de bar amante de la guillotina y la persecución religiosa, entre otras ocurrencias. Y cierto, también que ver a tanto charlatán sentando cátedra suscita alguna desesperanza. Pero, en fin, estas cosas ocurren y no solo en España, en todos los países. Por lo demás, el propio Pérez tiene más motivos para el contento que para la amargura y la soledad, pues le sigue mucha gente: tal vez no sea tan lúcido como presume.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14211
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Una Historia de España' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mié Mar 13, 2019 11:30 am

Una Historia de España: Una interpretación subjetiva, y a mucha honra
Rogorn Moradan - zendalibros.com - 13/03/2019

Presentar hechos e información de una forma lo más objetiva posible para que luego cada lector saque sus propias conclusiones es un propósito habitual en muchos libros de Historia. Vaya por delante, pues, que este no es de ese tipo de libros. Este es un libro con las conclusiones ya sacadas, e incluso podría decirse que esa es precisamente la intención de su autor: presentar una serie de sus muy personales impresiones sobre la Historia de España, extraídas de cientos de lecturas, de décadas de trabajo periodístico como reportero y columnista, y de experiencias propias vividas tanto en España como en otros países (parafraseando a Kipling, ¿qué sabe de España quien solo conoce España?). Así pues, el mejor ánimo con el que acercarse a este libro sería el de enfrentarse a él como si su título fuera Una (interpretación de la) Historia de España. Al hablar de él, tanto el autor como la editorial inciden en calificativos como “personal, irónico, poco ortodoxo y subjetivo”, y además los noventa y un capítulos que integran el libro ya se publicaron en forma de columna dominical en el suplemento XL Semanal entre 2013 y 2017, de forma que nadie puede darse por poco avisado. Por si fuera poco, este libro de Historia confirma varias de las ideas y convicciones personales que Arturo Pérez-Reverte ha ido espolvoreando por sus novelas, desde el papel de la iglesia católica en la historia española (“en Trento nos equivocamos de Dios” es una de las frases clave) hasta el papel de los sufridos peones sobre el tablero de ajedrez, pasando por el muy cidiano “qué gran vasallo si tuviera gran señor” o el maldito cainismo que ha llevado a España a la guerra civil varias veces, mucho antes de la de 1936.

La finalidad del libro, pues, no es hacer un recorrido exhaustivo y lleno de datos por la Historia española, sino más bien la de recordar de entre su catálogo de grandes éxitos aquellos que pueden explicar de alguna manera cómo somos ahora, tanto en las cosas que han cambiado a través de los siglos como en lo que no. Está escrito en un lenguaje muy coloquial, con mucha sorna, mucho humor, e incluso directamente con una cantidad de chistes y anacronismos con los que un cómico que sepa hacer su oficio medianamente bien podría hacerse varios monólogos de carcajada continua. Eso sí, cada cierto tiempo la sonrisa se congela en los labios, de la misma forma en que ocurría en textos históricos anteriores suyos como La sombra del águila, Cabo Trafalgar o Jodía Pavía. El tono ni da cuartel ni hace prisioneros, e incide especialmente en aquellos hechos o periodos que han podido ser más excesivamente romantizados o manipulados, como la Reconquista, o la famosa convivencia de culturas medieval. Por contra, la conquista de América se acepta como el proceso brutal y sangriento que fue, pero también se admira como una hazaña impresionante, y la Transición como un milagro formidable. Tampoco faltan la amargura y el lamento por las oportunidades perdidas, entre ellas no unificar la Península Ibérica con capital en Lisboa cuando hubo ocasión de hacerlo con Felipe II, o el no engancharse a tiempo al progreso de la Ilustración, más que en casos aislados. Todo ello regado con los puntos brillantes que a menudo han producido las letras, las artes y hasta las ciencias españolas, fueran creados en castellano, catalán, árabe o cualquier otra lengua usada por su artífice.

En fin, como escribió el propio autor, “está lejos de mi intención el afán didáctico serio, y el rigor extremo no es la principal de mis preocupaciones (…). El asunto, como digo, es hacer un recorrido ameno por la historia española, de manera que a quien lo lea le quede un poso general, incluido mi punto de vista sobre lo que fuimos y somos; y quizá también la curiosidad, abordando ya otros textos serios, de profundizar en la fascinante historia de esta casa de putas a la que llamamos España”. Este último punto es muy importante, ya que una de las cosas que busca estimular este libro son las ganas de buscar más información, de contrastarla e incluso de intentar contradecir las opiniones que contiene, si se piensa de forma diferente. Debe ser un libro que lleve a muchos otros, y si ese interés hay que causarlo con un tono punzante y provocador, bienvenido sea.

Y a todo esto, pero ¿apoya o no a la Leyenda Negra? Pues leamos lo siguiente en el capítulo XVI: “España, ya entendida como nación —con sus zurcidos, sus errores y sus goteras que llegan hasta hoy, incluida la apropiación ideológica y fraudulenta de esa interesante etapa por el franquismo—, fue el primer Estado moderno que se creó en Europa, casi un siglo por delante de los otros. Una Europa a la que no tardarían los peligrosos españoles en tener bien agarrada por los huevos (permítanme la delicada perífrasis), y cuyos estados se formaron, en buena parte, para defenderse de ellos”. A ver cuántos furibundos blancolegendarios tienen un párrafo así en sus libros.

Y ya que estamos, simplemente decir que probablemente la mejor reseña que se podría hacer de este libro, tanto para quien se vea atraído por él como quien se acerque a él salivando en plan hater, que los habrá a manadas, es leerse alguno de los capítulos al azar (en Zenda mismo tenemos varios) o recopilar unas cuantas citas escogidas:

“Fueras cántabro, astur, bastetano, mastieno, ilergete o lo que se terciara, que te fueran bien las cosas era suficiente para que se juntaran unas cuantas tribus y te pasaran por la piedra, o por el bronce, o por el hierro, según la época prehistórica que tocara. Envidia y mala leche al cincuenta por ciento (…). Sobre unos 800 años antes de que el Espíritu Santo en forma de paloma visitara a la Virgen María, unos marinos y mercaderes con cara de pirata, llamados fenicios, llegaron por el Mediterráneo trayendo dos cosas que en España tendrían desigual prestigio y fortuna: el dinero —la que más— y el alfabeto —la que menos—.” (I)

“Y fue el caso, o sea, que mientras el imperio se iba a tomar por saco entre bárbaros por un lado y decadencia romana por otro, y el mundo civilizado se partía en pedazos, en la Hispania ocupada por los visigodos se discutía sobre el trascendental asunto de la Santísima Trinidad. Y es que de entonces (siglo V más o menos), datan ya nuestros primeros pifostios religiosos, que tanto iban a dar de sí en esta tierra antaño fértil en conejos y siempre fértil en fanáticos y en gilipollas.” (V)

“En Roma, el papa de turno emitió decretos censurando a los hispanos o españoles cristianos que entregaban a sus hijas en matrimonio a musulmanes. Pero claro: ponerte estrecho es fácil cuando eres papa, estás en Roma y nombras a tus hijos cardenales y cosas así; pero cuando vives en Córdoba o Toledo y tienes dirigiendo el tráfico y cobrando impuestos a un pavo con turbante y alfanje, las cosas se ven de otra manera. Sobre todo porque ese cuento chino de una Al Andalus tolerante y feliz, llena de poetas y gente culta, donde se bebía vino, había tolerancia religiosa y las señoras eran más libres que en otras partes, no se lo traga ni el idiota que lo inventó. Porque había de todo. Gente normal, claro. Y también intolerantes hijos de la gran puta. Las mujeres iban con velo y estaban casi tan fastidiadas como ahora; y los fanáticos eran, como siguen siendo, igual de fanáticos, lleven crucifijo o media luna.” (VII)

“Prueba de que aún no había conciencia moderna de España ni sentimiento patriótico general es que, ya metidos en el siglo XII, Alfonso VII repartió el reino de Castilla —unido entonces a León— entre sus dos hijos, Castilla a uno y León a otro, y que Alfonso I dejó Aragón nada menos que a las órdenes militares. Ese partir reinos en trozos, tan diferente al impulso patriótico cristiano que a los de mi quinta nos vendieron en el cole —y que tan actual sigue siendo en la triste España del siglo XXI—, no era ni es nuevo. Se dio con frecuencia, prueba de que los reyes hispanos y sus niños —añadamos una nobleza tan oportunista y desnaturalizada como nuestra actual clase política— iban a lo suyo, y lo de la patria unificada tendría que esperar un rato; hasta el punto de que todavía la seguimos esperando, o más bien ya ni se la espera.” (X)

“Las palabras “guerra” y “civil”, puestas juntas en los libros de Historia, te saltan a la cara en cada página. Todo cristo tuvo la suya: Castilla, Aragón, Navarra. Pagaron los de siempre: la carne de lanza y horca, los siervos desgraciados utilizados por unos y otros para las batallas o para pagar impuestos, mientras individuos de la puerca catadura moral, por ejemplo, del condestable Álvaro de Luna, conspiraban, manipulaban a reyes y príncipes y se hacían más ricos que el tío Gilito. El tal condestable, que era el retrato vivo del perfecto hijo de puta español con mando en plaza, acabó degollado en el cadalso —a veces uno casi lamenta que se hayan perdido ciertas higiénicas costumbres de antaño—; pero sólo era uno más, entre tantos (y ahí siguen).” (XV)

“Fue a principios del siglo XVI, con España ya unificada territorialmente y con apariencia de Estado más o menos moderno, con América descubierta y una fuerte influencia comercial y militar en Italia, el Mediterráneo y los asuntos de Europa, paradójicamente a punto de ser la potencia mundial más chuleta de Occidente, cuando, pasito a pasito, empezamos a jiñarla. Y en vez de dedicarnos a lo nuestro, a romper el espinazo de nobles —que no pagaban impuestos— y burgueses atrincherados en fueros y privilegios territoriales, y a ligarnos reinas y reyes portugueses para poner la capital en Lisboa, ser potencia marítima y mirar hacia el Atlántico y América, que eran el futuro, nos enfangamos hasta el pescuezo en futuras guerras de familia y religión europeas, donde no se nos había perdido nada y donde íbamos a perderlo todo.” (XIX)

“Pero aun así, sin pretenderlo, preñando a las indias y casándose con ellas —en lugar de exterminarlas, como en el norte harían los anglosajones—, bautizando a sus hijos y haciéndolos suyos, emparentando con guerreros valientes y fieles que, como los tlaxcaltecas, no los abandonaron en las noches tristes de matanza y derrota, toda esa panda de admirables hijos de puta crea un mundo nuevo por el que se extiende una lengua poderosa y magnífica llamada castellana, allí española, que hoy hablan 500 millones de personas y de la que el mejicano Carlos Fuentes dijo: «Se llevaron el oro, pero nos trajeron el oro».” (XX)

“Olivares, que aunque cabezota y soberbio era un tío listo y aplicado, currante como se vieron pocos, quiso levantar el negocio, reformar España y convertirla en un Estado moderno a la manera de entonces: lo que se llevaba e iba a llevar durante un par de siglos, y lo que hizo fuertes a las potencias que a continuación rigieron el mundo. O sea, una administración centralizada, poderosa y eficaz, y una implicación —de buen grado o del ronzal— de todos los súbditos en las tareas comunes, que eran unas cuantas. La pega es que, ya desde los fenicios y pasando por los reyes medievales y los moros de la morería (como hemos visto en los veintinueve anteriores capítulos de este eterno día de la marmota), España funcionaba de otra manera. Aquí el café tenía que ser para todos, lógicamente, pero también, al mismo tiempo, solo, cortado, con leche, largo, descafeinado, americano, asiático, con un chorrito de Magno y para mí una menta poleo. Café a la taifa, resumiendo. Hasta el duque de Medina Sidonia, en Andalucía, jugó a conspirar en plan independencia. Y así, claro. Ni Olivares ni Dios bendito. La cosa se puso de manifiesto a cada tecla que tocaba. Por otra parte, conseguir que una sociedad de hidalgos o que pretendía serlo, donde —en palabras de Quevedo o uno de ésos— hasta los zapateros y los sastres presumían de cristianos viejos y paseaban con espada, se pusiera a trabajar en la agricultura, en la ganadería, en el comercio, en las mismas actividades que estaban ya enriqueciendo a los estados más modernos de Europa, era pedir peras al olmo, honradez a un escribano o caridad a un inquisidor.” (XXX)

“Por suerte, entre la propia clase eclesiástica había gente docta y leída, con ideas avanzadas, novatores que compensaban el asunto. Y esto cambiaba poco a poco. El problema era que la ciencia, el nuevo Dios del siglo, le desmontaba a la religión no pocos palos del sombrajo, y teólogos e inquisidores, reacios a perder su influencia, seguían defendiéndose como gatos panza arriba. Así, mientras en otros países como Inglaterra y Francia los hombres de ciencia gozaban de atención y respeto, aquí no se atrevían a levantar la voz ni meterse en honduras, pues la Inquisición podía caerles encima si pretendían basarse en la experiencia científica antes que en los dogmas de fe. Esto acabó imponiendo a los doctos un silencio prudente, en plan mejor no complicarse la vida, colega, dándose incluso la aberración de que, por ejemplo, Jorge Juan y Ulloa, los dos marinos científicos más brillantes de su tiempo, a la vuelta de medir el grado del meridiano en América tuvieron que autocensurarse en algunas conclusiones para no contradecir a los teólogos. Y así llegó a darse la circunstancia siniestra de que en algunos libros de ciencia figurase la pintoresca advertencia: «Pese a que esto parece demostrado, no debe creerse por oponerse a la doctrina católica».” (XXXVI)

“Pónganse ustedes en los zapatos de un español con inteligencia y cultura. Imaginen a alguien que leyera libros, que mirase el mundo con espíritu crítico, convencido de que las luces, la ilustración y el progreso que recorrían Europa iban a sacar a España del pozo siniestro donde reyes incapaces, curas fanáticos y gentuza ladrona y oportunista nos habían tenido durante siglos. Y consideren que ese español de buena voluntad, mirando más allá de los Pirineos, llegase a la conclusión de que la Francia napoleónica, hija de la Revolución pero ya templada por el sentido común de sus ciudadanos y el genio de Bonaparte, era el foco de luz adecuado (…). Imaginen a ese español, con todas sus ilusiones, viendo que los ejércitos franceses, nuestros aliados, entran en España con la chulería de quienes son los amos de Europa (…), y empieza el cabreo, primero por lo bajini y luego en voz alta, cuando los militares gabachos empiezan a pavonearse y arrastrar el sable por los teatros, los toros y los cafés, y a tocarles el culo a las bailaoras de flamenco. Y entonces, por tan poco tacto, pasa lo que en este país de bronca y navaja tiene que pasar sin remedio, y es que la chusma más analfabeta, bestia y cimarrona, la que nada tiene que perder, la de siete muelles, clac, clac, clac, y navajazo en la ingle, monta una pajarraca de veinte pares de cojones en Madrid, el 2 de mayo de 1808 (…). Y ahí es cuando llega el drama para los lúcidos y cultos; para quienes saben que España se levanta contra el enemigo equivocado, porque esos invasores a los que degollamos son el futuro, mientras que las fuerzas que defienden el trono y el altar son, en su mayor parte, la incultura más bestia y el más rancio pasado. Así que calculen la tragedia de los inteligentes: saber que quien trae la modernidad se ha convertido en tu enemigo, y que tus compatriotas combaten por una causa equivocada. Ahí viene el dilema, y el desgarro: elegir entre ser patriota o ser afrancesado. Apoyar a quienes te han invadido, arriesgándote a que te degüellen tus paisanos, o salir a pelear junto a éstos, porque más vale no ir contra corriente o porque, por muy ilustrado que seas, cuando un invasor te mata al vecino y te viola a la cuñada no puedes quedarte en casa leyendo libros.” (XLI)

“Las guerras carlistas fueron tres, a lo largo del siglo XIX, y dejaron a España a punto de caramelo para una especie de cuarta guerra carlista, llevada luego más al extremo y a lo bestia, que sería la de 1936 (y también para el sucio intento de una quinta, el terrorismo de ETA del siglo XX, en el que para cierta estúpida clase de vascos y vascas, clero incluido, Santi Potros, Pakito, Josu Ternera y demás chusma asesina serían generales carlistas reencarnados).” (XLVIII)

“La Primera República española, y en eso están de acuerdo tanto los historiadores de derechas como los de izquierdas, fue una casa de putas con balcones a la calle. Duró once meses, durante los que se sucedieron cuatro presidentes de gobierno distintos, con los conservadores conspirando y los republicanos tirándose los trastos a la cabeza. En el extranjero nos tomaban tan a cachondeo que sólo reconocieron a la flamante república los Estados Unidos —que todavía casi no eran nadie— y Suiza, mientras aquí se complicaban la nueva guerra carlista y la de Cuba, y se redactaba una Constitución —que nunca entró en vigor— en la que se proclamaba una España federal de «diecisiete estados y cinco territorios»; pero que en realidad eran más, porque una treintena de provincias y ciudades se proclamaron independientes unas de otras, llegaron a enfrentarse entre sí y hasta a hacer su propia política internacional, como Granada, que abrió hostilidades contra Jaén, o Cartagena, que declaró la guerra a Madrid y a Prusia, con dos cojones.” (LV)

“Y ahora, ya de nuevo y por fin en esa gozosa guerra civil en la que tan a gusto nos sentimos los españoles, con nuestra larga historia de bandos, facciones, odios, envidias, rencores, etiquetas y nuestro constante «estás conmigo o contra mí», nuestro «al adversario no lo quiero vencido ni convencido, sino exterminado», nuestro «lo que yo te diga» y nuestro «se va a enterar ese hijo de puta», cuando disponemos de los medios y la impunidad adecuada, y sumando además la feroz incultura del año 36 y la mala simiente sembrada en unos y otros por una clase política ambiciosa, irresponsable y sin escrúpulos, vayan haciéndose ustedes idea de lo que fue la represión del adversario en ambos bandos, rebelde y republicano, nacional y rojo, cuando el pifostio se les fue a todos de las manos.” (LXXIV)

“Unos afirman que Francisco Franco fue providencial para España, y otros afirman que fue lo peor que pudo pasar. En mi opinión, Franco fue una desgracia; pero también creo que en la España emputecida, violenta e infame de 1936-39 no había ninguna posibilidad de que surgiera una democracia real; y que si hubiera ganado el otro bando —o los más fuertes y disciplinados del otro bando—, probablemente el resultado habría sido también una dictadura, pero comunista o de izquierdas y con idéntica intención de exterminar al adversario y eliminar la democracia liberal, que de hecho estaba contra las cuerdas a tales alturas del desparrame. Para eso, aparte los testimonios de primera mano —mi padre y mi tío Lorenzo lucharon por la República, este último en varias de las batallas más duras, siendo herido de bala en combate— me acojo menos a un historiador profranquista como Stanley Payne (“En la España de 1936 no había ninguna posibilidad de que surgiera una democracia utópica”), que a un testigo directo honrado, inteligente y de izquierdas como Chaves Nogales (“El futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras”). Y es que, a la hora de enjuiciar esa parte de nuestro siglo XX, conviene arrimarse a todas las fuentes posibles, libros y testimonios directos; no para ser equidistantes, pues cada uno está donde cree que debe estar, sino para ser ecuánimes a la hora de documentarse y debatir, en lugar de reducirlo todo a etiquetas baratas manejadas por golfos, populistas, simples y analfabetos.” (LXXXVII)

“Y así llegamos, señoras y caballeros, a la mayor hazaña ciudadana y patriótica llevada a cabo por los españoles en su larga, violenta y triste historia. Un acontecimiento que —alguna vez tenía que ser— suscitó la admiración de las democracias y nos puso en un lugar de dignidad y prestigio internacional nunca visto antes (dignidad y prestigio que hoy llevamos un par de décadas demoliendo con imbécil irresponsabilidad). La cosa milagrosa, que se llamó Transición, fue un auténtico encaje de bolillos, y por primera vez en la historia de Europa se hizo el cambio pacífico de una dictadura a una democracia. (…) Por primera y —lamentablemente— última vez, la memoria histórica se utilizó no para enfrentar, sino para unir sin olvidar. Precisamente esa ausencia de olvido, la útil certeza de que todos habían tenido Paracuellos o Badajoz en el currículum, aunque la ilegalidad de los vencedores hubiese matado más y durante mucho más tiempo que la legalidad de los vencidos, impuso la urgencia de no volver a repetir errores, arrogancias y vilezas. Y así, España, sus políticos y sus ciudadanos se embarcaron en un ejercicio de ingeniería democrática. De ruptura mediante reforma. Eso fue posible, naturalmente, por el sentido de Estado de las diferentes fuerzas, que supieron crear un espacio común de debate y negociación que a todos beneficiaba.” (XC)

--

"Franco fue una mera recaída en la enfermedad que es España"
Juan Losa - publico.es - 13/03/2019

El escritor Arturo Pérez-Reverte se ha mostrado desencantado este miércoles con la situación de nuestro país. Una visión agridulce que también destila en su última publicación Una historia de España (Alfaguara, 2019), una compilación de artículos publicados en su columna 'Patente de corso' del suplemento XL Semanal.

"Para la izquierda todo lo que es memoria es caspa y carcundia", ha subrayado el escritor y periodista durante la charla. Un asunto –el de la memoria y la enseñanza de la historia de nuestro país– que ha vertebrado su comparecencia en el hotel Palace de Madrid. "Destruir la memoria es perder España", ha resaltado, poco antes de incidir en lo que para él es la esencia de todos nuestros problemas: la educación.

"En España hay muchas cosas, hay luces y sombras, la óptica de ciertos historiadores de derechas es resaltar las luces y, en cambio, la historiografía de izquierdas se centra en las sombras", ha remarcado el académico, situándose en tierra de nadie frente a estas dos corrientes.

La deriva de esta situación, según Pérez Reverte, es un "Estado en demolición". Una situación a la que hemos llegado después de "cargarnos el cemento de nuestra memoria". Un cemento constituido por nuestra memoria y nuestra historia que han sido "progresivamente apartados de los planes de estudios".

--

"La historia de España es amarga, pero a veces tiene luz"
J Ors - larazon.es - 13/03/2019

Arturo Pérez-Reverte publica su historia de España, que no es la de un historiador sino la mirada de un periodista, un escritor, una persona que ha viajado, presenciado guerras y visto sociedades irse a pique. Es una historia subjetiva, pero que, paradójicamente, aspira a ser justa e imparcial. Una historia con su lado oscuro y con sus luces, que no regatea ninguno de los dos lados. "Hay cuatro maneras de acercarse a nuestro pasado: la de la derecha, que a menudo solo ve una serie de episodios épicos y está orgullosa de ellos -con su grandeza, sus tercios- pero a la que le falta la lucidez para ver el lado oscuro; la de la izquierda, que es justo la opuesta y que contempla la historia como un lugar oscuro en el que todo es negativo; la de los nacionalistas, que consideran a España una aberración de la Historia y solo estudian historias parciales; y la más ecuánime, para mí, que es la de una España que tuvo buenas y malas cosas, que tuvo sus luces y sus sombras", afirmó esta mañana durante la presentación de "Una historia de España", editado por Alfaguara.

Se trata de un tomo en el que se reúnen las 92 columnas que ha publicado en los últimos cuatro años bajo el título 'Patente de corso', en 'XL Semanal'. Pérez-Reverte, que además ha abordado nuestro pasado a lo largo de toda su trayectoria literaria, realizó hoy una declaración con tono confesional: "La historia de España es amarga, pero a veces tiene luz. Me he dado cuenta de que es amarga por los españoles". Y recordó lo que sobre nosotros ya han escrito otros autores, como Apiano, Estrabón, Alfonso X el Sabio y Amadeo de Saboya.

"No es un ejercicio feliz leer nuestro pasado, es una sucesión de oportunidades que hemos perdido. Siempre hemos dejado pasar el tren de la Historia", aseguró el autor, y añadió: "Nos ocurrió con Trento; nos pasó con la Ilustración que, justo cuando íbamos a recibir su brillo, llegaron la Guerra de Independencia y Fernando VII; se destruyó la Primera República y, por razones que todos conocemos, se perdió la Segunda. Produce una enorme melancolía mirar nuestra Historia".

--

El análisis más sombrío de Arturo Pérez-Reverte: "España es un estado en demolición"
Roberto Marbán - periodistadigital.com - 13/03/2019

El escritor Arturo Pérez-Reverte presentó este 13 de marzo de 2019 su nuevo libro 'Una historia de España' (editorial Alfaguara) en el Hotel Westin Palace de Madrid, y Periodista Digital estuvo en el acto. Reverte dejó, como se esperaba, grandes titulares:

A menudo la derecha ve nuestra historia como una serie de episodios grandiosos y la izquierda la aborda de manera opuesta. Ve nuestra historia como un lugar oscuro.

La historia de España es amarga por los propios españoles. Se repiten los mismos esquemas que ya había hace siglos.

La historia de España es una sucesión de ocasiones perdidas: Trento, La Ilustración, La República...todo produce melancolía a la hora de echar la vista atrás. Un joven sin memoria está sometido a la primera manipulación que le llega.

La derecha no ha colonizado la historia, es que la izquierda se la ha regalado. Para la izquierda todo el pasado es fascismo, carcundia...esa cesión sin combate me hace ser pesimista porque sin educación los jovenes no tendrán defensa cuando lleguen los lobos.

"España es un Estado en demolición. Lo importante es saber qué nos estamos cargando. Esos escombros sepultarán a gente brillante, noble y buena que merece otro tipo de suerte", apuntaba Pérez Reverte: "Creo que en ningún país de Europa hay impulsos tan suicidas como los que hay en España".

https://twitter.com/periodistadigit/sta ... 6138904576

--

La pesimista conclusión de Pérez-Reverte sobre España: «Estamos infectados de una enfermedad histórica»
abc.es - 13/03/2019

Cuatro años de columnas por episodios bajo el título «Patente de corso» le han proporcionado a Arturo Pérez Reverte el material para «Una historia de España», el nuevo libro que ha presentado este miércoles y en donde se pueden leer una recopilación de sus «lecturas, experiencia y sentido común» sobre la memoria del país «desde sus orígenes hasta el final de la Transición». Los publicó en sus columnas en el «XL Semanal», durante cuatro años. Y en ABC ya tenemos el epílogo en donde plasma las conclusiones de esta labor de años, de una vida en verdad.

El famoso escritor y columnista, como saben, no se anda con rodeos a la hora de ofrecer su mirada, por controvertida que sea, sobre los aspectos que suscitan su atención. Y en este caso es nuestro país el que le ocupa, del que escribe contundente en el epílogo: «Nadie que conozca nuestro pasado puede hacerse ilusiones; o, al menos, yo no me las hago. Creo que los españoles estamos infectados de una enfermedad histórica, peligrosa, quizá mortal, cuyo origen tal vez haya aflorado a lo largo de todos estos artículos: siglos de guerra, de violencia y opresión bajo reyes incapaces, ministros corruptos y obispos fanáticos, la guerra civil contra el moro, la Inquisición y su infames sistema de delación y de sospecha, la insolidaridad, la envida como indiscutible pecado nacional, la atroz falta de cultura...». Y sigue y sigue.

Después añade una solución, que considera muy complicada: «Estremece, desde luego, tanta falta de respeto por nosotros mismos. Frente a eso, los libros, la educación escolar, la cultura como acicate noble de la memoria, serían el único antídoto. La única esperanza. Pero me temo que esta batalla esté perdida desde hace tiempo».

Para Reverte, si investigaramos un poco en los libros que explican nuestro pasado, nos daríamos cuenta de que «no hay nadie que se suicide con tan estremecedora naturalidad con un español con un arma en la mano o una opinión en la lengua. Creo (y, seguramente me equivoco, pero es lo que de verdad creo) que España como nación, como país, como conjunto histórico de naciones y pueblos, o como queramos llamarlo, ha perdido el control de la educación escolar y la cultura. Y creo que esa pérdida es irreparable, pues sin ellas somos incapaces de asentar un futuro».

Y es en sus últimas líneas, previo despliegue de un cierto pesimismo devenido del estudio de nuestro pasado, cuando el novelista cierra con una llamada a la esperanza, desde la desesperanza, a «enseñar a nuestros hijos, con honradez y sin complejos, lo que los españoles fuimos, lo que somos y lo que, en este lugar apasionante y formidable pese a todo, podríamos ser si nos los propusiéramos». Y en este último llamado, quizá, aquí hay un canto a la esperanza.

--

«España está en demolición. Si no hubiera esperanza, no habría publicado este libro»
Jesús García Calero - abc.es - 13/03/2019

«La mirada que uno puede poner sobre la historia de España no es agradable siempre». Así recibe Arturo Pérez-Reverte a los periodistas en la presentación de su nuevo libro, «Una historia de España» (Alfaguara). Dicen los libros lo que somos, pero en España hay poco entusiasmo por usarlos para conocer y asumir nuestro pasado común. El académico lo sabe y por ello decidió revisar nuestra historia para una serie de artículos aparecidos en XL Semanal. Para empezar esta mañana definiendo los cuatro tipos de historia que usamos. A saber:

1) La de la derecha. «Desde la óptica de la derecha se suele ver la historia como una serie de episodios épicos de los que estar muy orgullosos y que blasonan la grandeza del imperio, de los tercios y de la Reconquista. Pero a quienes ven así nuestro pasado les falta lucidez crítica propia de quien ve el envés de la trama».

2) La de la izquierda. «La izquierda intenta siempre referirse a la historia de España como un lugar oscuro y buscar siempre lo negativo, poniendo en primer plano el genocidio de los indios en América, la brutalidad de los tercios en Europa... Las dos son muy parciales».

3)La de los nacionalismos periféricos. «Para los nacionalismos periféricos España no existió, es una aberración histórica, una acumulación de lugares casi independientes entre sí y se estudian como historias parciales. Esa tampoco reconoce los hechos».

y 4)«La que me gusta a mí y creo que es más ecuánime. España es un lugar en el que han pasado muchas cosas durante muchos siglos, cosas buenas y cosas malas, tiene luces y sombras. Ocurrió la conquista de América que es para mí lo más importante que ha ocurrido en la historia del mundo, pero reconociendo que España exportó allí vicios burocráticos y sociales que todos conocemos. Ver todo eso es la manera adecuada. Blanquear la historia es malo porque se oculta la oscuridad. Denostarla es malo porque oculta la parte luminosa, que la hubo, y fue mucha».

¿El problema de haber llegado a esa conclusión? «Que cuando entiendes así la historia y no das la razón a unos o a otros, te llueven hostias desde la izquierda y la derecha. Por eso quise escribir esta historia, amarga a veces, que puede que no le guste a nadie pero me ha gustado a mí, ha sido un ejercicio personal muy divertido porque he repasado libros y lecturas para tener una visión conjunta», añadió Pérez-Reverte.

Una de las más duras conclusiones viendo la tóxica mezcla de un grave problema de educación y de memoria. Un problema secular no solo de ahora, porque «en España todo ha sucedido ya antes, hace mucho tiempo, mucho antes que con Franco». Añade que «Franco supuso en realidad una recaída en una enfermedad que puede llamarse España» porque es parte de su historia.

Conociendo nuestra historia, asegura, «no se puede ser optimista. Pero también es cierto que buceando en ella descubres un montón de cosas formidables. No practico el orgullo, pero sí la conciencia de ser español. La gente que hizo esas cosas buenas o malas, nos enseña que si nos lo proponemos haremos cosas formidables». Por eso, «a pesar de la amargura que se desprende del libro no puedo evitar saber que es un país excelente, al que todos quieren venir a vivir». En definitiva, «no puedo evitar a mi pesar ser optimista, pero no es un optimismo ciego y patriótico, sino lúcido y documentado», resume.

Ese problema y la utilización política que unos y otros hacen, como una tergiversación nos ha traído a una zona de riesgo mayor porque le parece al académico que «España está en demolición. Quizá merezca ser demolido, pero lo mínimo es saber qué es lo que estamos demoliendo. Porque esos escombros van a aplastar a gente que no lo merece, que merece mejor suerte. Si no hubiera algún tipo de esperanza no habría escrito estos artículos, ni este libro».

Por ello mantiene que «la historia de España es una sucesión de ocasiones perdidas, de momentos en los que estuvimos a punto de tocar la normalidad, la decencia y la honradez», continúa el escritor. Y siempre, por una u otra razón, «perdimos el tren de la historia: Trento, la Ilustración... Cuando logramos llegar a América nos desangran las guerras de Europa, cuando llegamos a la República la destrozamos en la anarquía y el disparate. Y saber eso produce una melancolía y amargura enormes».

Para el académico, «un joven sin memoria, que no conoce la historia, está sometido a la manipulación del primer populismo que llega, de cualquier signo político. Se ha desterrado la historia de los planes de estudio y tenemos una generación de jóvenes muy útiles para muchas cosas a los que les falta algo fundamental: saber quiénes son, de dónde vienen».

Lo que más amargura produce al escritor es «que la izquierda ha cedido gratis a la derecha la historia y ahora dice que todo lo que sea memoria suena a fascismo, a militarismo, a carcundia y a caspa». Pero aunque «la derecha se envuelva en la bandera, esa cesión de la izquierda y esa apropiación de la derecha» son igualmente dañinas. Y como ejemplo puso el voto de Ahora Madrid por el que se negaba la realización de un monumento a los últimos de Filipinasm, obra de Salvador Amaya. porque «dicen que representa el colonialismo».

El libro se abre con citas desde la antigüedad clásica hasta tiempos recientes sobre el carácter de España (y si hay tantas de tantas épocas, algo habrá que nos defina de manera tan obstinada). Y se cierra con una frase esperanzada: «De enseñar a nuestros hijos, con honradez y sin complejos, lo que los españoles fuimos, lo que somos y lo que, en este lugar apasionante y formidable pese a todo, podríamos ser si nos lo propusiéramos».

Al respecto, Pérez-Reverte afirma: «Yo soy amargo cuando hablo de la historia de España, no lo puedo evitar». Cierto que cada vez que este escritor habla de ello en Twitter, en sus Alatristes, sus Falcós o en sus columnas, nos invita a un cóctel -de los que crean adición lectora- de sabor inconfundible: mezcla unas gotas de emoción y de amargura sobre los hechos narrados en extraña proporción. Y si durante cuatro años, Pérez-Reverte revisó de manera sistemática la historia que todos compartimos, desde el tiempo de los iberos hasta la Transición democrática, con esa mirada personal que ahora comparte con su legión de lectores, también en América, donde según su editora, Pilar Reyes, este libro es también muy esperado.

--

«Soy republicano de vocación, pero veo a nuestros políticos y me he hecho monárquico de razón»
Jesús García Calero - abc.es - 13/03/2019

Hace poco, Pérez-Reverte lo dejó muy claro en una de sus columnas de XL Semanal: «Yo soy republicano, pero de la república romana, la buena», así que en la presentación de su libro «Una historia de España» (Alfaguara) tuvo que responder, tras las críticas que hizo sobre la visión de la historia de España que tienen la izquierda y la derecha política, cómo se definía. «Yo soy republicano, de la república romana, pero si ahora, como algunos proponen, demolemos la convivencia que tenemos, demolemos España, ¿quién lo reconstruye? ¿Casado, Rivera, Echenique, Iglesias, Torra, Monedero...?». Y los puntos suspensivos no hacen justicia a la sonrisa del autor, que iba imaginando la reconstrucción en manos de nuestros políticos actuales ni mucho menos a las risas que los periodistas fueron dejando sonar por lo bajinis.

Pero Pérez-Reverte habla rápido, con un tableteo de conceptos y nombres y adjetivos sabrosos: «Díganme, ¿quién lo reconstruye? ¿Lo ponemos en manos de estos? ¡No me toques las narices!», espetó con una sacudida de brazos.

Después miró hacia otro lado de la sala y continuó: «Y luego, ahí está Felipe VI, un tío guapo, elegante, muy bien educado, que además sabe escuchar... y al que tenemos controlado», dijo, en referencia a los límites que la Constitución del 78 pone a la figura del Monarca. «Necesitamos algo que sostenga el tinglado. Así que en respuesta a su pregunta, le diré: yo soy republicano de vocación pero monárquico de razón».

Las nubes oscuras no se disiparon de su mente: «¿O nos imaginamos de presidente, como jefe de Estado, a ZP, a Sánchez, a Iglesias, a Casado o a Abascal? ¡Nos tienen acorralados!».

Para el académico es temible escuchar «a los que dicen que tienen la solución en su maleta y no han leído un libro, no saben de lo que están hablando: ¿Cómo se atreven a hablar de la Revolución y el Estado? Si les falta el ABC, les falta el Catón». Porque para Pérez-Reverte son parte del mismo problema: «España padece un grave problema de educación desde hace muchos siglos, ni eso es nuevo, por eso sin esa educación la batalla está perdida», comentó.

Para arreglarlo se echa en falta «cultura y generosidad, no buscar la aniquilación del adversario por una vez, sino actuar con solidaridad. A ver si sabemos por una vez lo estupendo que es tener a alguien al lado, un socio de aventura, en quien te puedes apoyar», aseguró.

Pérez-Reverte no duda que «la historia es el cemento, es justamente eso, lo que puede unirnos. Igual que la lengua con América, la historia para los españoles. Destruir la memoria es destruir España. Sin memoria estoy perdido, estamos perdidos. No sabemos lo que nos une, cuando somos variadísimos, divertidísimos, cuando estamos juntos, como vimos en la película "8 apellidos vascos"», aseveró.

Por eso mantiene la mirada pesimista, porque «si seguimos así, acabaremos mal, vamos a acabar metiendo todo en la máquina de picar, la lengua, la historia, la Monarquía, las instituciones que nos dan el marco de convivencia, para conseguir picadillo, que es lo que sale por ahí». Y concluyó: «Todos los espacios de convivencia, conversación y negociación están siendo eliminados de manera sistemática». La culpa es de «nuestra estupidez, somos nosotros, empezando por ese padre no exige al colegio que se estudie le historia aunque parezca facha y que sin embargo disfraza a su hijo de pavo para celebrar Acción de Gracias, que eso lo he visto yo», y ahí el escritor enarcó las cejas hasta el límite. «Habrá problemas hasta con Cervantes, porque mató turcos y se le acusa de islamófobo, o con Calderón que mató holandeses con los tercios. Pero el pavo que no falte...», dijo con desesperación.

--

"Hoy todo recuerdo al pasado es caspa y fascismo"
Elena Viñas - elimparcial.es - 13/03/2019

Para Arturo Pérez-Reverte, la manera adecuada de enfrentarse a la Historia de España es adoptar una postura "ecuánime" alejada del intento de “blanquearla” por parte de la derecha y de “oscurecerla” por parte de la izquierda: “Nos hemos hecho en lo bueno y en lo malo”. El novelista se ha pronunciado así este miércoles durante la presentación de su nuevo libro, Una historia de España, en el que reúne los artículos publicados en el suplemento XL Semanal durante los últimos cuatro años en los que ha reflejado su visión "personal, subjetiva y parcial" de nuestra historia; una mirada “no siempre agradable” por “amarga y melancólica".

Según Reverte, “no es un ejercicio feliz leer la Historia de España por la sucesión de ocasiones perdidas que han tenido los españoles”. Tal es el pesimismo del académico, que no duda en afirmar que los sucesivos ministerios de Educación y Cultura “han desmantelado la memoria” o que España “es un Estado en demolición”.

La “cesión sin combate" de la historia de la izquierda a la derecha, “a la que le pone caliente hablar de batallas”, coloca al país “en una situación delicada” en la que la falta de educación es el mayor de los problemas: “Los lobos de todos los colores están ahí aprovechándose de la incultura y la desmemoria. Hoy los jóvenes son ovejas indefensas a merced de los lobos”. Los españoles adolecemos, en su opinión, de “comodidad, apatía, desinterés y vileza”, lo que conduce al país a una progresiva “destrucción” de su memoria. Asistimos a una "asociación infame" y aclara: "Hoy todo recuerdo al pasado es caspa y fascismo. Aquí no basta con vencer al enemigo, hay que eliminarlo. No queremos convencer, queremos tumbas”.

A su juicio, el mayor de los temores reside en que España pierda el “cemento” que la mantiene unida: la “memoria común”. No ayuda que la lengua, la historia o la monarquía estén siendo pasadas "por la máquina de picar carne”, lo que nos conduce a un futuro incierto: "Todo es posible; los españoles somos muy peligrosos”. El pesimismo y amargura de Reverte trasciende el relato histórico y alcanza el presente. Si el PP “demolió la cultura”, el PSOE “está usando la historia para su beneficio”. Hoy al debate político "le falta “cultura y generosidad" y le sobran "los intentos por exterminar al otro", opina.

No le convence tampoco ninguno de los líderes políticos que hoy se sientan en el Congreso o que aspiran a hacerlo. “Me gusta la república como Dios manda, pero no hay referentes porque ¿quién ocuparía ese cargo? ¿Casado, Rivera, Sánchez, Zapatero, Monedero, Iglesias, Echenique…?”. En ese panorama, el novelista se conforma con Felipe VI: “Es guapo, sabe escuchar, es elegante, lo tengo controlado y, a día de hoy, sostiene este tinglado en demolición”.

--

Pérez-Reverte recopila Una Historia de España: "Soy republicano de corazón y monárquico de razón"
Marta Fernández Jara - europapress.es - 13/03/2019

El escritor Arturo Pérez-Reverte ha asegurado este miércoles 13 de marzo que se siente "republicano de corazón y monárquico de razón", porque no confía en que unos políticos "que no han leído un libro en su vida" sostengan a una España "en estado de demolición". Pérez-Reverte reúne en 'Una Historia de España' (Alfaguara) sus artículos escritos durante cuatro años -del 2013 al 2017- sobre los hechos históricos de un país al que no augura "un simpático convivir" para futuras generaciones.

"El español es un ser humano muy peligroso y somos parte de la enfermedad de este país. He visto lugares civilizados, que parecían oasis de paz como Líbano o los Balcanes, y que en poco tiempo se vuelven peligrosos. Por eso es importante la responsabilidad de los políticos", ha señalado en la presentación del libro. Es por ello que el autor apuesta por la figura del Rey Felipe VI -alguien "guapo, que sabe estar, elegante y educado", ha comentado con humor- para salir de una situación complicada en España. "Dado el panorama, hay que apostar por algo que al menos sostenga este tinglado en demolición", ha añadido.

"¿Quién va a reconstruir luego el Estado? ¿Políticos como Casado, Rivera, Echenique, Iglesias, Monedero, Torra o Abascal? No me toques las narices. No saben de lo que están hablando, ¿me van a crear ellos un Estado de Bienestar para el futuro?, ha cuestionado con ironía. Pérez-Reverte cree que todo ello se solucionaría con la educación, pero en España "hay un problema muy grave de memoria". "Parece que toda memoria es fascista y caspa y, si seguimos así, vamos a acabar mal", ha aseverado. "Nos estamos cargando el cemento que une a este país, la memoria común. Y nos lo estamos cargando por incompetencia: Rajoy se sentaba encima de sus aparejos sin reacciones, pero Zapatero resucitó fantasmas de hace tiempo de una manera parcial y no generosa", añadido.

Para el autor de la saga de Alatriste, existen en España varias maneras de abordar la Historia, desde una izquierda que "intenta siempre referirse a la Historia del país como un lugar oscuro", hasta una derecha que hace "lo contrario, solo hablar de episodios épicos de los que estar orgullosos". Frente a los "nacionalismos periféricos" que hablan de España como "aberración histórica", el autor prefiere que se mire la Historia del país como "un lugar en el que han pasado muchas cosas, buenas y malas". Y, entre ellas, mirar a la 'Leyenda negra' con esa objetividad. "El descubrimiento de América es una hazaña, se tome como se tome, y así hay que reconocerlo. Pero también se destruyen civilizaciones y se crean estructuras corruptas que todavía hoy repercuten en el continente", ha lamentado.

--

"La derecha se adueña de una historia que le regala la izquierda"
EFE - 13/03/2019

El escritor Arturo Pérez-Reverte considera que España es un Estado en demolición en el que la derecha se ha apropiado de una historia que la izquierda le ha regalado, porque para esta última es "todo fascismo y caspa", lo que ha colocado al país en una situación muy delicada "por ignorancia". Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) ha presentado este miércoles su libro "Una historia de España", publicado por Alfaguara, una recopilación de los artículos publicados por el escritor y periodista durante cuatro años, de 2013 a 2017, en su columna "Patente de corso" del suplemento 'XL Semanal', en los que exponía su particular historia de España.

"No soy un historiador ni quiero serlo, sino un tipo de 67 años que ha viajado y ha leído", ha aclarado Pérez-Reverte, que ha señalado que los artículos recopilados en este volumen suponen una mirada "subjetiva y parcial" sobre la historia de España, que considera amarga. Una mirada que se aleja tanto de la visión que realiza la derecha, con una serie de "episodios épicos de los que estar orgullosos", como la de la izquierda (para la que la historia "es siempre un lugar oscuro"), o la de los nacionalismos periféricos (en la que España no existe como tal, sino como "una aberración histórica"), ha explicado el escritor. Porque, ha recalcado Pérez-Reverte, es tan malo "blanquear" la historia como denostarla y por ello su visión es una "que no le gusta a nadie" y por la que le llueven "hostias" por todas partes, ha reconocido.

Para Pérez-Reverte, la historia de España es una sucesión de ocasiones perdidas, "de momentos a punto de encontrar la normalidad y la honradez en los que perdimos el tren". El escritor y académico ha insistido que en la actualidad existe en el país un problema muy grave de educación y de memoria porque se ha apartado la Historia de la educación en los colegios "y un joven sin memoria esta sometido a las manipulaciones de los populismos que llegan desde cualquier signo político". Porque España, ha indicado, "es un lugar de naciones y pueblos muy diferentes cuyo único cemento es la memoria común". "Y nos estamos cargando el cemento" porque "si destruir la lengua es perder América, destruir la memoria es perder España".

Ante este panorama, el escritor ha optado por la monarquía porque, ha asegurado, no va a poner su futuro en manos de políticos como Pablo Casado. Albert Rivera, Pablo Iglesias o Quim Torra, entre otros que ha citado. "Y ahí está Felipe VI, guapo, que sabe estar, elegante, educado, le tengo controlado, sé lo que come. Dado el panorama, algo por lo menos que sostenga el Estado en demolición", ha opinado Pérez-Reverte, que se ha definido como "republicano de corazón y monárquico de razón".

"Lo de España es un problema de ignorancia", ha insistido Pérez-Reverte, que ha considerado que "Franco fue una nueva recaída en la enfermedad que se llama España" y ha destacado la necesidad de los jóvenes de conocer quiénes fueron sus abuelos. Y ha criticado la oposición del Ayuntamiento de Madrid a la instalación de un monumento a los "últimos de Filipinas" por considerar que es "colonialista": "es una asociación infame la de que todo lo que es historia es fascismo, es carca;eso es un cáncer peligrosísimo en el que estamos metidos de lleno". Lo de España es también un problema de educación "y esa batalla está perdida", según Pérez-Reverte, que ha considerado que el español es un ser humano "muy peligroso".

En relación a la conquista de América, el escritor ha defendido la necesidad una doble mirada "lúcida" sobre el pasado y la historia "asumiendo el dolor y el horror pero también la luz".

--

"El español es un ser humano muy peligroso"
Luis Alemany - elmundo.es - 13/03/2019

Arturo Pérez-Reverte recuerda varias veces que él no es historiador, a pesar de que su nuevo libro se llame 'Una historia de España' (Alfaguara). Dice que sólo es un periodista que lleva años leyendo y que "como no debo nada a nadie y me lo puedo permitir", escribe sobre la historia de su país un relato "que es el que a mí me gustaría leer". En realidad, ya lo hizo en en una serie de artículos que aparecieron entre 2013 y 2017 en la revista 'XL Semanal' y que ahora aparecen barajados de tal manera que parecen un todo coherente. Esta mañana, el escritor presentó el libro y reivindicó un acercamiento adulto a la memoria de los españoles.

"Hay cuatro ópticas de la Historia de España", dijo Pérez-Reverte: "la de la derecha consiste en blanquear la Historia de España. La de la izquierda consiste en ennegrecerla. La de los nacionalismos consiste en negarla, en decir que España es una aberración histórica. Y la cuarta consiste en aceptar lo siniestro y lo positivo de esta historia. Es la que a mí me gusta, pero te expones a llevarte muchas hostias si la sigues".

Pérez-Reverte habla con una sucesión de grandes frases, subrayadas con socarronerías y pequeñas barbaridades. Pero todo tiene un sentido más allá del estilo: explicar que la renuncia a entender la historia de España con un poco de distancia crítica lleva a la aparición de una población indefensa ante los populismos.

Van algunos ejemplos: "La derecha se ha apropiado de la Historia porque la izquierda se la ha regalado en ese afán por decir que todo lo que sea hablar del pasado es militarismo, fascismo, carcundia y caspa".

Más: "Estamos perdiendo el futuro por la desvergüenza de tantos ministros de Educación que han desmantelado la Historia". "Sin cultura, los niños son corderos indefensos ante los lobos. Porque los lobos están ahí, los hay de todos los colores: negros, pardos, rojos... Todos dispuestos a aprovecharse de la incultura". "El PP demolió la cultura, la destruyó, la aplastó".

La teoría de Pérez-Reverte es que esta dejación de la Historia ya tiene consecuencias: "España es un estado en demolición. Quizá lo merezca". Y continúa: "El problema es que oyes a los que quieren demoler el Estado y te das cuenta de que no han leído un libro en su puta vida".

Ese hilo lleva hasta la forma de jefatura del Estado: "Yo me he educado en la República. En la República romana, la que es como Dios manda. O sea, que soy republicano. Veo que estamos demoliendo el Estado y pienso que vale, ¿pero quién lo va a reconstruir? ¿Casado, Rivera, Echenique, Monedero? ¿Quim Torra? No me toques las narices, Manolo. Así que, aunque sea republicano, me quedo con el alto. Felipe VI es guapo, es elegante, sabe estar y lo tengo controlado. Es que... ¿Se imaginan a Zapatero de presidente de la República? ¿A Casado, a Abascal?".

¿Y todo esto, por qué? Pérez-Reverte sostiene que la historia de España está marcada por la mentalidad de la Reconquista "en la que todo era nosotros o los otros". "Ningún país de Europa tiene el instinto suicida que tiene España", asegura el escritor. "En España, no basta con vencer al enemigo: hay que fusilarlo, raptar a su mujer, destruir lo que ha hecho, quitarle la placa u el nombre de la calle". ¿Y Franco? "Franco no es el problema. Franco es una expresión más de esa enfermedad que se llama España".

Más: "La gente que ve en Alatriste una exaltación de la España de los Tercios y la gloria imperial... esa gente no se ha enterado de nada". "La Historia de España es una sucesión de oportunidades perdidas, momentos en los que tocamos con los dedos la normalidad y la honradez y no la pudimos conservar". Y aún continúa: "Eso de estar orgulloso de ser español nunca lo he practicado. Sí que soy consciente de lo bueno en la historia de España, igual que de los siniestro".

Pérez-Reverte asegura que la "melancolía" de la historia de España se pasa cuando sale a la calle y se encuentra con el buen "material" del que dispone el país. "Mucha gente se va a quedar sepultada en el derrumbe del Estado".

"He visto países civilizados saltar por los aires de un día para otro", termina Pérez-Reverte. "El español es un ser humano muy peligroso".

--

"España es un país en demolición"
Olga Pereda - elperiodico.com - 13/03/2019

Ni es historiador ni lo quiere ser, pero Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, Murcia, 1951) ha viajado mucho y ha leído más, algo que le permite escribir no Historia de España sino ‘Una historia de España’, la suya. Una historia que ha sido amarga y que continúa siéndolo. “España es un estado en demolición. Ningún país de Europa tiene nuestro pulso suicida”, afirma el novelista, reportero y académico de la RAE, que acaba de publicar de la mano de Alfaguara una recopilación de artículos históricos publicados en el 'XL Semanal'. Los culpables de la demolición del estado no son otros que los propios españoles. “Nuestra envidia, insolidaridad, apatía y comodidad. Y esto es algo que afecta a la derecha y a la izquierda. En nuestro país el enemigo no lo queremos vencido, lo queremos exterminado. No queremos conversos, queremos tumbas”.

Lo primero que ha hecho Pérez-Reverte al presentar su libro -esta mañana en Madrid- ha sido reconocer su absoluto pesimismo, melancolía y amargura. En su opinión, revisar la historia de España no es un ejercicio feliz sino demoledor porque supone caer en la cuenta de la cantidad de “ocasiones perdidas” que hemos tenido para ser un “país normal”.

Más allá de la propia personalidad de los españoles, hay dos culpables de tantos sueños traicionados. Uno, el hecho de que la educación y la cultura hayan desaparecido de los mapas escolares. “La historia es algo fundamental y se la ha raptado de los colegios. Los jóvenes tienen que saber de dónde vienen. Para bien y para mal. Sin memoria, la gente es mucho más susceptible de caer en la manipulación y el populismo. Si en los colegios no te enseñan quién fue Viriato los jóvenes no tendrán escapatoria cuando vengan los lobos, sean del color que sean”. ¿Cómo arreglarlo? Ni idea, porque Pérez Reverte no quiere ser historiador pero mucho menos ministro de Educación o Cultura, una figura que no le cae nada simpática. En su opinión, todos los ministros de Educación han desmantelado la historia en las aulas.

Los otros culpables de tanta amargura histórica en pleno siglo XXI es una clase política, en su opinión, deleznable e inculta. “Zapatero resucitó fantasmas, pero no de manera generosa. Cristóbal Montoro se cargó la cultura. Estos de ahora… lo mismo. Para muchos políticos de izquierda todo lo que suena a historia es caspa y fascismo. Está mal blanquear la historia, que es lo que hace la derecha, pero también denostarla, como hace la izquierda”.

En el supuesto de que, efectivamente, la demolición asole España ¿quién podría reconstruirla? Ahí, el padre literario del Capitán Alatriste lo tiene claro, la monarquía. “¿Quién si no? ¿Pedro Sánchez, Pablo Casado, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Quim Torra? Felipe VI es guapo, sabe estar y escuchar”, afirma tras definirse como republicano de corazón y monárquico de razón. “No me queda otra. ¿Quién sería presidente de la República? ¿Abascal, Sánchez, Zapatero, Casado? Estos no se han leído un libro en su puta vida”.

El pesimismo del exreportero de guerra durante 21 años le ha hecho lanzar varias señales de alarma. “He visto lugares que eran oasis de paz, como Líbano y Balcanes, y al poco tiempo han empezado a matarse y se han vuelto sitios peligrosos. Todo es posible”.

Aunque no sea historiador ni ministro, para el escritor la única solución que existe son los libros, la cultura, la memoria y la historia. Una historia de verdad, no como hace la derecha, que solo habla de la grandeza del imperio; ni la izquierda, para quien el descubrimiento de América solo fue un genocidio; ni los nacionalismos periféricos, que consideran a España como una aberración política. La historia buena, al menos la que le gusta al académico de la RAE, es la que habla de las luces y las sombras, la que cuenta que el descubrimiento de América fue una “hazaña indiscutible donde también se esclavizó y se crearon estructuras corruptas” y donde los últimos de Filipinas no eran unos fascistas asesinos sino unos “chavales que sufrieron la incompetencia y la indecencia” de los políticos de la época.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14211
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Una Historia de España' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mié Mar 13, 2019 11:46 pm

Una historia de España que sólo Pérez-Reverte podía escribir
Karina Sainz Borgo - vozpopuli.com - 13/03/2019

Arturo Pérez-Reverte llega a las librerías esta semana con 'Una historia de España' (Alfaguara), un volumen que reúne los 91 episodios que el escritor, periodista y Académico de la Lengua publicó durante cuatro años en su columna 'Patente de Corso', en el dominical 'XL Semanal', desde 2013 hasta 2017, y que tenían por objeto ofrecer una mirada distinta del que se ha tenido -por desconocimiento o acaso por su uso interesado- sobre los hechos más importantes que configuran el pasado español.

Pérez-Reverte comenzó ese ciclo dedicado sistemáticamente al pasado -es importante saber que el escritor mantiene 'Patente de Corso' desde 1991-, en un momento en el que el algunos historiadores, pero también personajes públicos y líderes políticos, comenzaron a hacer un uso interesado de la historia -repartiéndola entre bandos: buenos contra malos o rojos contra fachas- y que apuntaba en una dirección: propiciar la confusión, cuando no el olvido o directamente la mentira, sobre aquellos hechos que definen una herencia común entre todos los ciudadanos.

De ahí que Arturo Pérez-Reverte decidiera dar un paso al frente, no para sustituir a los historiadores, como explica él mismo en el libro, sino para esclarecer y arrojar lucidez sobre un pasado cada vez más enfangado desde el presente. En este libro, Pérez-Reverte no sólo coloca en su sitio a los zafios, a los que se hacen los confundidos o intentan usar episodios de la historia de España para medrar, sino también para sembrar la curiosidad y aportar una visión compleja. No era su intención principal, pero lo consigue. «Una historia de España está escrita con la misma mirada con que escribo novelas y artículos; no la elegí yo, sino que es resultado de todas esas cosas: la visión, ácida más a menudo que dulce, de quien, como dice un personaje de una de mis novelas, sabe que ser lúcido en España aparejó siempre mucha amargura, mucha soledad y mucha desesperanza.», ha dicho él sobre un libro que se explica por sí mismo.

Cada uno de estos 91 textos busca acercar la historia a quienes la desconocen, sean los estudiantes o los más jóvenes, pero también habla a aquellos que quieran adentrarse en una visión desprejuiciada del pasado español. En estas páginas, Pérez-Reverte consigue iluminar las paradojas, así como relativizar complejos históricos que durante años se han asumido como ciertos y que alimentan el cainismo como único relato colectivo. Pérez-Reverte ofrece muchos más, bastantes más, que hunden sus raíces en el repertorio de la dignidad y lo humano.

En la obra de Arturo Pérez-Reverte los personajes lo son todo, y este libro no iba a ser la excepción. Aparecen aquí desde Sor Juana, Alarcón, Tirso de Molina, Calderón, Lope o Cervantes hasta aquel soldado de los tercios, flaco pobre y desesperado, que cruzó el Atlántico; o el Carlos V durante cuyo reinado España fue un imperio que cubría buena parte de Europa y América. Aparecen también un burocrático Felipe II en medio de luteranos, ingleses y demás pendencieros. Pérez-Reverte avanza a caballo entre los siglos XV y XVII. Lo hace sin detenerse, y en ocasiones volviendo sobre episodios incisivos, hasta llegar a la Transición, el capítulo que cierra este libro.

Este libro posee una mirada que se asienta en el dato, la lectura y el conocimiento de la historia y la literatura para combatir las medias verdades y las mentiras que han pasado de mano en mano. Los 91 episodios de esta historia de España están empujados por un espíritu ilustrado y directo, claro hasta las trancas, pero no por eso afeitado de una prosa luminosa y hasta en ocasiones bronca, que gusta justo por eso. Porque así como lo que hace especial a las historias de Arturo Pérez-Reverte son las fisuras y las contradicciones de los seres que las protagonizan, ya sean el Lucas Corso de 'El Club Dumas', el escarmentado Alatriste o el incorrecto Lorenzo Falcó, ningún lector saldrá ileso de la galería humana de este libro.

Los de Pérez-Reverte son mundos construidos con maestría, porque los conoce de primera mano. No sólo por su carrera como periodista y corresponsal de guerra, sino por una mirada compleja que se vale de la palabra condensada de quien desea hacerse entender. Quien se asome a la obra de Pérez-Reverte es capaz de entender de cuáles ideas y cuáles interesen salen los 91 episodios. 'Una historia de España' vuelve a la raíz que nos relaciona con los grandes relatos humanos del pasado, los mismos que que ya se intuían en su primera novela, El húsar (1986), y cobraron expresión en las más de veinte novelas que ha publicado, ya sea 'La tabla de Flandes' (1990), 'El pintor de batallas' (2006) u 'Hombres buenos' (2015), eso sin contar su larga serie dedicada al soldado español de los tercios de Flandes Diego Alatriste.

Si la obra de Pérez-Reverte es una mirada a la naturaleza humana desde el Siglo de Oro hasta el presente, este libro actúa con la lucidez del ensayo y la eficacia del relato. Una síntesis perfecta entre el bisturí del columnismo y la seda de la literatura. Un epílogo completa la selección de los 91 episodios que componen 'Una historia de España'. En estas páginas finales, Arturo Pérez-Reverte busca contextualizar los hechos, personajes y hechos aquí narrados, pero también ilustrar y hacer manifiesto el profundo conflicto que tiene España con su historia, y no porque se trate de un atavismo inexpugnable, sino por el desconocimiento sobre el propio pasado. No saber lastra. Empuja a la estulticia. Aúpa el negocio de la obcecación del que hoy viven unos cuantos pájaros. Basta leerlo, para darse cuenta en este capítulo número 92, que lleva por título ‘Epílogo triste, o no’.

“En ningún momento pretendí suplantar a los historiadores profesionales; ni siquiera a los historiadores a secas. Sin embargo, en algún momento de esos cuatro años, un par de ellos, gente de poca cintura y a menudo con planteamientos sectarios de rojos y azules, de blancos y negros, de buenos y malos, bobos más o menos ilustrados en busca de etiquetas, de los que confunden ecuanimidad con equidistancia, se ofendieron por mi supuesto intrusismo; pero su irritación me fue siempre indiferente. En cuanto a los lectores, si durante todo ese tiempo logré despertar la curiosidad de algunos y dirigirla hacia los libros de historia específicos y serios donde informarse de verdad, me di siempre por más que satisfecho. No era el objetivo principal , aunque me alegro. En mi caso se trataba, únicamente, de divertirme, releer y disfrutar; de un pretexto para mirar atrás desde los tiempos remotos hasta el presente, reflexionar un poco sobre todo ello y contarlo de una manera persona, amena y poco ortodoxa”.

Añade Pérez-Reverte: “Nadie que conozca el pasado puede hacerse ilusiones; o al menos yo no me las hago. Creo que los españoles estamos infectados de una enfermedad histórica peligrosa, quizá mortal, cuyo origen tal vez haya aflorado a lo largo de todos estos artículos: siglos de guerra, violencia y opresión bajo reyes incapaces, ministro corruptos y obispos fanáticos, la guerra civil contra el moro, la Inquisición y su Infame sistema de delación y sospecha, la insolidaridad, la envidia como indiscutible pecado nacional, la atroz falta de cultura que nos ha puesto siempre -y nos sigue poniendo- en manos de predicadores y charlatanes de todo signo, nos hicieron como somos ; entre otras cosas, uno de los pocos países del llamado Occidente que se avergüenzan de su gloria y se complacen en su miseria, que insultan sus gestas históricas, que maltratan y olvidan a sus grandes hombres y mujeres, que borran el testimonio de lo digno y sólo conservan, como arma arrojadiza contra el vecino, la memoria del agravio y ese cainismo suicida que salta a la cara como un escupitajo al pasar cada página de nuestro pasado (la mayor parte de nuestros jóvenes ignora, porque se lo hemos borrado de la memoria, que los españoles ya nos odiábamos antes de Franco”.

--

Vídeos en Twitter:
https://twitter.com/radio5_rne/status/1 ... 9773395968
https://twitter.com/rpanadero/status/11 ... 2993674240
https://twitter.com/epcultura/status/11 ... 7687624704

Vídeo en Telemadrid:
http://www.telemadrid.es/programas/tele ... 34235.html

“Los españoles somos peligrosos. Vamos a acabar mal”
elpais.com - 13/03/2019

--

Arturo Pérez-Reverte ha presentado este miércoles su nuevo libro, Una historia de España (Alfaguara), junto a su editora, Pilar Reyes, en el Hotel Palace de Madrid. Se trata de un volumen que reúne 92 artículos escritos en el XL Semanal (suplemento que se reparte con las cabeceras del grupo Vocento) publicados a lo largo de cuatro años. Arden ya las redes a ambos lados del Atlántico… Él se entrega a un soliloquio noventayochista con matices de esperanza, que reproducimos a continuación. Negro, pero no tanto: “Yo no soy historiador, ni quiero serlo… Leo Historia, me gusta mucho. Es lo que explica el presente, la luz que nos permite comprenderlo. Durante cuatro años he escrito estos artículos bajo una mirada personal, subjetiva, parcial. Pero no quiero suplantar a los historiadores, sino guiar a la gente para que luego vayan a buscar sus libros. Cuando tienes canas en la barba uno se da cuenta de que la mirada sobre España no es agradable siempre. Según yo lo veo, hay cuatro maneras de afrontarla. La primera, desde una óptica de derechas, que ensalza una serie de episodios épicos, los blasones de la grandeza y el imperio: los tercios, la reconquista, pero con una falta de lucidez crítica sobre su envés. Otra mirada es la de izquierdas, completamente opuesta, empeñada en buscar siempre lo negativo. Para ellos la conquista fue un genocidio y la presencia en Europa, brutalidad. Son dos visiones parciales. Una empeñada en blanquear y otra en oscurecer. Luego está la de los nacionalismos periféricos. Para ellos, España no existe, se estudia de manera parcial, no general. Y por último, queda la que más me gusta a mí. La que cuenta que este es un país donde pasaron muchas cosas durante muchos siglos y que blanquearlas es tan malo como ocultarlas pero que nos une una especie de cemento común que justifica todo. Cuando te colocas en ese punto te llueven hostias por todos lados. Por eso decidí hacer la historia que no le gustara a nadie, sólo a mí. Y es amarga. No había leído los artículos todos seguidos y al revisarlos para el libro me di cuenta de que era amargo. ¿Por qué? Por los propios españoles. No han tenido la culpa las invasiones, ni las hambrunas. Ha sido nuestra manera de hacerlo. El resultado no ofrece una experiencia feliz, sino una sucesión de ocasiones perdidas. Cuando estamos a punto de tocar el cielo, perdemos el tren. Y seguirá ocurriendo porque padecemos un problema de educación y de memoria. Por eso hoy, cualquier joven queda a expensas de la manipulación de cualquier populismo. Les falta saber quiénes son, de dónde vienen, quienes fueron y qué hicieron sus padres y sus abuelos. Por eso no puedo evitar que me invada cierta melancolía".

"La izquierda le ha cedido a la derecha la Historia y lo ha hecho gratis", continúa el escritor. "La derecha se ha envuelto en esa bandera y esa cesión y la apropiación se ha convertido en un asunto delicado. Sin educación, los jóvenes no van a saber hacer frente a los lobos, sean rojos o negros. No todo ocurrió con Franco. Aquello fue una recaída, venía de atrás. Al caer la memoria, cae el futuro. Ponemos a las ovejas a merced del lobo y así no podrán hacer frente al siglo XXI. Sin embargo, veo los síntomas y al bucear en la Historia me siento optimista también, encuentras cosas fascinantes. A pesar de la amargura, no lo puedo evitar. Sales, pones el oído y te das cuenta de que vives en un país formidable donde todos los guiris quieren venir a vivir porque piensan que tenemos un chiringuito espléndido. Por eso no puedo evitar ser también un optimista lúcido y bien documentado. Pero lo cierto es que este es un país en demolición. Y quizás merezca serlo, cuidado. Pero hay que saber por qué nos lo estamos cargando. Ningún país de Europa tiene un impulso suicida parecido al nuestro. Yo he escrito todo esto para comprender y estas son las conclusiones. Esta demolición es culpa nuestra. Se debe a nuestra vileza, a nuestra comodidad, a la apatía. Debemos tener claras algunas cosas: destruir la lengua es perder América, destruir la memoria, perder España. Sin Historia, sin memoria, estamos perdidos. Si seguimos así, acabaremos mal".

Sobre el momento actual en esta España preelectoral, Pérez-Reverte ha dicho: "Todo va pasando por la máquina de picar: la monarquía, la lengua, la historia. Picadillo. Necesitamos un marco en que conversar, dialogar, analizar para luego, si queremos, cambiar. Pero lo nuestro es la eliminación sistemática del enemigo. Por estupidez, por desidia, por ignorancia. Me preguntan si soy republicano o monárquico y a mí me gusta la república de Escipión, aquella, la auténtica, la de Roma, como Dios manda. Pero miro aquí y pienso: si demolemos el Estado, ¿cómo lo reconstruimos? ¿Con Casado, con Rivera, con Echenique, con Pablo Iglesias, con Zapatero…? Pues veo a Felipe VI, un tío guapo, que sabe estar bien y pienso: me agarro al alto. ¿Cuándo han leído un libro estos tíos? ¿Saben quién es Marat, Trotski, Bakunin? Es una batalla perdida. Echo en falta cultura y generosidad por su parte. No buscar la aniquilación del otro, el exterminio o la anulación, sino la solidaridad. La historia no nos sirve para construir un mejor futuro. Pero si asumes lo que eres, si te sientes cómodo en tu camisa puedes empezar a hacer cosas. No somos inferiores a nadie, somos incluso mejores en muchas cosas. Pero también debemos ser conscientes de que podemos convertirnos en seres muy peligrosos. Debemos buscar las condiciones para no serlo. Conocer las causas para intentar no caer. Eso requiere un esfuerzo nacional. He visto lugares aparentemente civilizados irse en poco tiempo al diablo. Todo es posible”.

--

Arturo Pérez-Reverte: "España es un Estado en demolición"
AFP 13/03/2019

Con un alegato enérgico en favor de la enseñanza de la historia y contra su uso partidista, el escritor Arturo Pérez-Reverte presentó este miércoles "Una historia de España", su personalísima visión de un país en proceso de "demolición". De la mano de la editorial Alfaguara, el prolífico autor de 67 años ha reunido en un solo volumen una larga serie de artículos publicados entre 2013 y 2017 en el dominical XL Semanal. Un libro "nacido por la demanda de los lectores", según la directora editorial de Alfaguara, la colombiana Pilar Reyes, a la venta en España este jueves y próximamente en toda Latinoamérica.

Con un lenguaje muy directo e informal, empezando por la conquista romana y terminando por la victoria de los socialistas en 1982, el ex reportero español de guerra despliega su idea nuclear: que "la historia de España es amarga, y a veces luminosa". Una constante recorre su nueva entrega: la tendencia a la disgregación entre los pueblos de España, y en consecuencia, la guerra civil. Un carácter violento, el de los españoles, forjado en tiempos de la reconquista, el vasto período comprendido entre el siglo VIII y el XV, en el que los cristianos batallaron contra los musulmanes hasta echarlos de la Península. "Los ocho siglos de la guerra contra el moro son importantes, porque marcan un nosotros y un ellos", enfatizó Pérez-Reverte en la presentación, en un hotel de Madrid." Ahí hay una clara división en dos campos", un 'leit motiv' que se repetiría en el siglo XIX, en las tres contiendas entre el Estado liberal y el carlismo -un movimiento ultracatólico y reaccionario- y luego en la guerra civil de 1936-1939.

Pero el gran problema del momento, sostuvo, es el manoseo de la historia hecho por los políticos, tanto de la derecha, tendente a una visión épica y blanqueadora, como de la izquierda, que "busca siempre lo negativo" y considera "fascista" todo lo que sea bucear en el pasado del país. La enseñanza de la memoria común entre las regiones del país, el "único cemento" que une a los españoles, está negligida, y por tanto "España es un Estado en demolición", en el que "todo va pasando por la máquina de picar carne: la memoria, la historia, la lengua, la monarquía...". El resultado de todo ello es poco halagüeño, añadió en tono dramático: "un joven sin memoria está sometido a la manipulación del primer populismo que llega, de cualquier signo político".

"No le auguro un simpático convivir a los españoles que ahora tienen diez o doce años", enfatizó Pérez-Reverte, que cargando contra los políticos españoles del momento y elogiando al rey Felipe VI dijo ser "republicano de vocación" pero "monárquico de razón".

En el epílogo, y a modo de colofón, lamenta Pérez-Reverte que España sea "uno de los pocos países del llamado Occidente que se avergüenzan de su gloria y se complacen en su miseria, que insultan sus gestas históricas, que maltratan y olvidan a sus grandes hombres y mujeres".

El académico de la RAE, autor de la serie Alatriste y más recientemente de la serie de espías Falcó, insiste también en las luces y sombras de la conquista española de las Américas, huyendo con denuedo de las simplificaciones. "América es una hazaña, se tome como se tome. Cambiar la historia de la humanidad, y eso lo hizo España, es una hazaña indiscutible", dijo. Al mismo tiempo, España "también destruye civilizaciones, esclaviza indios, explota los recursos de esos países, crea estructuras corruptas que todavía hoy están repercutiendo e influyendo en las vidas de los americanos. España hace las dos cosas, es luces y sombras".

--

"Quien no conoce la historia está a merced de los lobos"
Fernando Díaz de Quijano - elcultural.com - 13/03/2019

Con respecto al futuro de España, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) no tiene claro si es pesimista u optimista. En pocos minutos se declara primero una cosa y después la contraria, para volver finalmente al pesimismo. Ese ánimo pendular de quien no quiere dar la batalla por perdida aunque le entren ganas de hacerlo es consecuencia de su visión de la historia (y el presente) de nuestro país: “Este lugar impreciso, mezcla formidable de pueblos, lenguas, historias y sueños traicionados. Ese escenario portentoso y trágico al que llamamos España”. Esta autocita culmina una ristra de comentarios de personajes célebres de la historia, en su mayoría extranjeros, sobre las luces y las sombras de España y el carácter de los españoles, y que conforman el prólogo de Una historia de España (Alfaguara), último libro del novelista, articulista y académico de la RAE. Se trata de una compilación de los artículos que en los últimos cuatro años ha publicado sobre la historia de España en su columna dominical Patente de corso, en XL Semanal.

“Yo no soy un historiador ni pretendo serlo, solo soy un tipo que lee”, ha asegurado Pérez-Reverte este miércoles en una rueda de prensa en el Hotel Palace de Madrid. Por tanto, como dice el título, se trata de una historia de España, subjetiva, poco ortodoxa, amarga pero también divertida, que pretende despertar la curiosidad del lector para que acuda después a “historiadores serios” -entre los que ha citado a Juan Pablo Fusi y Enrique Moradiellos- “para comprender hasta qué punto Viriato, El Cid, Isabel la Católica, Colón, Magallanes, Elcano, Amadeo de Saboya, Isabel II o Fernando VII influyeron de una u otra forma en que seamos hoy como somos, para bien y para mal”.

El libro comienza describiendo cómo los celtas y los iberos se mataban entre sí antes de la llegada de los romanos, y termina con la Transición porque “quería un final feliz” y porque le daba pereza “contar por enésima vez cómo de nuevo, tras conseguir empresas dignas y abrir puertas al futuro, los españoles volvemos a demoler lo conseguido”, con “nuestro habitual entusiasmo suicida”.

Entre ambos puntos de la historia el lector podrá leer (o releer, si ya lo hizo en su día) artículos como Roma nos roba, Y nos molieron a palos, Esos geniales hijos de puta, Turcos, ingleses y demás canalla, La pérfida Albión, Vivan las caenas, A Franco le lavan la cara o Se sienten, coño. Muchos del casi centenar de artículos incluidos circularon ampliamente por las redes sociales, despertando amores y odios. “Pasé muy buenos ratos oyendo graznar a los patos”, confiesa en el epílogo del libro el autor, siempre provocador, que no rehúye nunca una buena pelea dialéctica en Twitter. La última tuvo lugar apenas unos días antes del lanzamiento de este libro, a cuenta del debate sobre el quinto centenario de la conquista de México por parte de Hernán Cortés, y en ella el académico contó con detractores y aliados en ambas orillas del Atlántico.

El escritor considera que hay cuatro maneras de abordar la memoria de España: la de gran parte de la derecha, que la ve como “una serie de episodios épicos de los que estar orgullosos” y a la que “le falta la lucidez de quien ve el lado oscuro”; la de buena parte de la izquierda, “que la aborda de la forma opuesta” y “destacando siempre lo negativo”; la de los nacionalismos periféricos, que consideran “España como una aberración histórica” formada por “lugares independientes entre sí”; y por último la suya, “la más ecuánime”, que considera nuestro país como “un lugar donde pasaron muchas cosas durante muchos siglos, buenas y malas, con luces y sombras”.

El problema de adoptar esta última visión es que “te vienen hostias de todos lados, de la izquierda y de la derecha”, opina con humor el autor. “Como tengo la vida resuelta y me puedo permitir ciertos lujos personales, decidí hacer una historia que no le gustara a nadie salvo a mí”.

Pérez-Reverte considera que “lo de España es un problema de educación y lo ha sido durante siglos” y se siente especialmente defraudado por todos los ministros de Cultura y de Educación. Denuncia que se haya “desterrado” la historia de los colegios, porque “un joven sin memoria está sometido a la manipulación de cualquier populismo de cualquier signo político”. Dice que se ha formado a “una generación de jóvenes utilísimos para muchas cosas” pero a los que les falta “algo fundamental: saber quiénes son, de dónde vienen, cómo somos”. De esta manera, quedan “a merced de los lobos, de todos los colores: rojos, negros, azules y pardos”.

“Lo que más melancolía me produce”, continúa el escritor, “es ver cómo la derecha se ha apropiado de una historia que la izquierda le ha cedido gratis. No es que la derecha haya colonizado la historia, es que la izquierda se la ha regalado”. Según Pérez-Reverte, “para la izquierda todo lo que sea izquierda es fascismo, militarismo, carcundia y caspa” y pone como ejemplo la paralización de un monumento a los últimos de Filipinas por parte del Ayuntamiento de Madrid.

“España es un Estado en demolición”, concluye el escritor. “Quizá merezca ser demolido, ahí no entro. Lo importante es saber qué estamos demoliendo, qué nos estamos cargando. Al caer esos escombros van a sepultar a gente muy decente, muy noble y muy buena que merece mejor suerte. Si no hubiera esperanza, no habría escrito estos artículos”.

--

“Los españoles somos peligrosos”
Fernando García - lavanguardia.com - 13/03/2019

“El español es peligroso”, sentenció este miércoles Arturo Pérez-Reverte en la presentación de su libro Una historia de España (Alfaguara), recopilación de artículos suyos publicados entre los años 2013 y 2017 en el suplemento XL Semanal bajo el epígrafe Patente de corso . El escritor y periodista matizó enseguida que “todos los seres humanos” tienen su capacidad de hacer daño, sólo que “a los españoles se nos han creado demasiadas ocasiones para demostrar nuestro peligro”.

Los episodios históricos reunidos en el libro, desde los celtas y los íberos hasta el 23-F, ofrecen un recorrido que el autor concibió desde el principio como un medio para entender él y explicar luego a los lectores los antecedentes que explican o ayudan a comprender lo que hoy es España: “Un Estado en demolición”, opinó. En este país no nos conformamos con vencer y convencer al adversario; queremos exterminarlo”

Entre las causas del declive del país, Pérez-Reverte subrayó el descuido o destrucción de los “cementos” culturales, lingüísticos y sociales que unen a los diversos pueblos de España; la erosión de las instituciones que habrían de encauzar la solidaridad y el diálogo para resolver los conflictos; nuestra tendencia a “exterminar al otro” porque “no nos conformamos con vencerlo y convencerlo, y no queremos conversos sino tumbas”, y, sobre todo, el desprecio a la educación exhibido por los dirigentes.

Antes de proseguir con esa demolición, y aunque España “quizá la merezca”, “deberíamos saber qué nos estamos cargando”, añadió el autor. Pues de ese modo, a través del conocimiento de la Historia, evitaríamos que los niños y jóvenes de hoy se conviertan definitivamente, por su falta de conocimientos y por tanto de herramientas intelectuales, en “ovejas indefensas” ante los “lobos de todos los colores” que siempre están al acecho, dijo.

Desde un discurso “irremediablemente pesimista” aunque sabiendo que el país cuenta con gente y elementos “formidables” para poder salir adelante, Pérez-Reverte evocó los recientes enfrentamientos civiles en el seno de países que en vísperas de sus guerras parecían “oasis de paz”. “No quiero parecer dramático” al apuntar le riesgo de una confrontación violenta en España, “pero todo es posible”, señaló. Lo estuve viendo aquí y allá durante 21 años”, record´o, y citó El Líbano y los Balcanes.

El escritor se declaró “republicano de vocación y monárquico de corazón”. Porque al menos Felipe VI “saber estar y escuchar, y lo tenemos controlado”. Y “no hay otra”. Porque si no, “¿quién va a reconstruir esto? ¿Casado, Rivera, Echenique, Pablo Iglesias, Quim Torra? ¿República en manos de quién?”, se preguntó. “Me han acorralado” hacia la Monarquía, admitió.

--

El otro Pérez-Reverte: ni "orgullo de ser español", ni "negar la Leyenda Negra"
Lorena G. Maldonado - elespanol.com - 13/03/2019

Arturo Pérez Reverte dice que no tiene vocación de historiador ni de ministro de Cultura, pero sin duda es un feroz lector, un escritor de colmillo y un valedor de la memoria -con sus miserias y portentos-. “No puedo con la desvergüenza de tantos ministros de Educación, de tantos gobiernos de todos los colores, que se han dedicado a desmantelar la memoria y a hacer que casi nos avergoncemos de ella”, lanza en la presentación de Una historia de España (Alfaguara), una recopilación de artículos históricos publicados en su Patente de Corso, en XL Semanal.

Ha elegido un tono interesante -en estos tiempos de golpearse el pecho con la rojigualda- para cercar la patria sin hincharla, sin rendirse al fervor identitario. Reverte ama a España con todo, y, muy especialmente, a pesar de todo. La entiende en sus fisuras y sus glorias, con el viejo cariño de quien la estudia desde hace mucho y la autocrítica necesaria para no perder el norte avanzando a caballo. Era fácil, en la sociedad polarizada y faltona de hoy, hacer un panfleto defenestrando al país -o enarbolándolo a lo loco-. Aquí hay un espejo comedido que si peca de algo, es precisamente de desesperanzado.

Le preocupan los jóvenes porque “se enfrentan al desafío terrible de hacer frente a los graves problemas del siglo XXI sin el aparato intelectual adecuado y el aplomo personal que te da el conocer quiénes son tus abuelos y tatarabuelos, en lo bueno y en lo malo”. Reconoce que es un hombre “muy amargo” cuando habla de España. “Nadie que conozca la historia de España puede ser optimista. Es una historia cruda, pero en ella se encuentran cosas formidables”.

¿Como para estar orgulloso? “Nunca he practicado eso, el estar orgulloso de ser español, prefiero la conciencia. Pienso en esa gente que hizo cosas buenas o malas, en esa gente encauzada, culturizada, educada, con planes de estudio, con trabajo en las escuelas, pienso en todo lo que puede hacer la educación y… aunque me gustaría decir '¡a la mierda, esto no tiene solución, me dedico a lo mío, a leer!', no lo hago”, reflexiona. “Porque al final, no es así. Pones el oído en un bar, escuchas historias, observas a la gente y ves que hay solución, que hay material, que este es un país espléndido, que todos quieren venir aquí. Tenemos un chiringuito estupendo, ¿cómo nos lo cargamos de esta manera?”.

Para disgusto de los españolistas exaltados, no se confiesa un “optimista patriótico”, sino, más bien, un “lúcido documentado”, pero arremete antes de mostrarse demasiado cándido: “España es un Estado en demolición. Por razones diversas. Quizá merezca ser demolido. Al menos será importante saber qué estamos demoliendo, qué nos estamos cargando. Me duele la gente noble y que merece mejor suerte pero que va a caer bajo esos escombros”, declara. Pérez-Reverte, a pesar de reconocer que “ningún país de Europa tiene el impulso suicida que tiene España”, no se identifica con esos inspirados modernos que vienen a negar las atrocidades ibéricas cometidas.

En alusión al 'Imperiofobia y Leyenda negra' (Siruela), de Elvira Roca Barea, apunta: “Hay un libro ahora dedicado a blanquear la leyenda negra de España: negarla es una aberración, hay que explicarla. La Inquisición estuvo, el horror estuvo, la represión estuvo, el centralismo de los Austrias estuvo. Y hay que contarlo”.

Entre los pecados nuestros de españolitos cita la envidia, la insolidaridad, la apatía y la comodidad. “Y eso afecta a la derecha y a la izquierda. El Gobierno del PP, durante ocho años, demolió la cultura, la destrozó, la aplastó, y no parece que otros gobiernos lo vayan a hacer mejor. Es un desinterés...”, resopla. “Ahí Rajoy sentándose encima de sus aparejos sin reaccionar, Montoro acabando con las inversiones culturales, estos de ahora utilizando la historia en su beneficio, Zapatero resucitando (de manera equivocada, en vez de generosa) fantasmas dormidos desde hacía tiempo...”, enumera, dando cuenta del plantel.

Le preocupa que toda memoria “parezca fascista” y que “todo recuerdo del pasado sea caspa”: “Veo a los niños en los colegios disfrazados de pavo, celebrando la Acción de Gracias, pero, eso sí, hablar de la Guerra de la Independencia es militarismo y hablar del Siglo de Oro es ser carca. ¿Calderón? ¡Qué dices, si fue militar… estuvo matando inocentes herejes! ¿Y Cervantes? Estuvo en Lepanto matando turcos. Era islamófobo”, ironiza.

No reconoce, sin embargo, que en nuestra hirviente España se recupera más a menudo a Blas de Lezo que a Quevedo, por ejemplo. Cuando se trata de reivindicar los hits patrios, se acude poco a la literatura y mucho a la conquista. “Yo no lo veo así. Es tan importante Quevedo o Cervantes como Hernán Cortés o el Gran Capitán, pero los primeros no molestan y los segundos, sí. Porque la violencia es mala, Pascuala. Todos los países del mundo se hicieron con violencia. La violencia formaba parte del sistema de relación”, relata. “Y lo de Blas de Lezo… bueno, hay una derecha a la que la pone caliente las batallitas. Pero esa derecha es una parte del espectro español, ni siquiera es toda la derecha”, dice, en alusión a Vox. “A la izquierda la pone caliente otras cosas”.

Por cierto, ¿monarquía o república? “A mí me gusta una república… como dios manda. Es que si demolemos el Estado, ¿quién lo va a reconstruir? Hagamos un barrido de caras por el panorama político español. ¿Casado, Rivera, Echenique, Pablo Iglesias, Quim Torra? Mi futuro, mi vida, que es mi vejez, ¿en manos de estos? ¿Ellos son los que van a crear un Estado de Bienestar para el futuro? No me toques las narices, Manolo”, espeta. “Y luego ahí está Felipe VI, que es un tío guapo, un tío que sabe estar, elegante, educado, que sabe escuchar, al que tengo controlado y sé lo que hace, lo que come, lo que bebe, y el cuidado que tiene con no hacer otra cosa. Dado el panorama, no me parece mal que él sostenga el tinglado”. “Soy republicano de vocación y monárquico de razón”, clausura.

--

“El español es muy peligroso, somos parte de la enfermedad de este país”
Loreto Sánchez Seoane - elindependiente.com - 13/03/2019

El pasado como soporte del presente. Como base de los porqué, los cómos, los cuándos y sobre todo, los por qué no, los cuándo no. La historia es el sustento de un país. Su memoria, indispensable para entenderlo y para entenderse a uno mismo. Saber de dónde vienes te indicará dónde estás. Bajo esta premisa, Pérez-Reverte publica Una historia de España (Ed. Alfaguara) donde critica la falta de formación, de interés, de los jóvenes sobre los acontecimientos de este país y augura un futuro áspero y peligroso a una generación que por falta de conocimiento está más predispuesta a la manipulación.

El periodista recopila los artículos que durante cuatro años publicó en el XLSemanal y que van desde los orígenes de España hasta la Transición. “Porque acabar con Zapatero no habría sido un final feliz”, asegura durante la presentación de este libro que aúna “lecturas, experiencia y sentido común” y que nos llevan a una conclusión poco alegre sobre el país.

“La historia de España es amarga por los propios españoles. Se repiten los mismos esquemas que ya había hace siglos. Es una sucesión de ocasiones perdidas: Trento, la Ilustración, la República… Todo produce melancolía a la hora de echar la vista atrás”, afirma sobre el pasado y no ve con mejores ojos el presente. “España es un Estado en demolición. Lo importante es saber qué nos estamos cargando. Esos escombros sepultarán a gente brillante, noble y buena que merece otro tipo de suerte”.

Y esa destrucción la atribuye a los propios españoles. “El español es un ser humano muy peligroso y somos parte de la enfermedad de este país. He visto lugares civilizados, que parecían oasis de paz como Líbano o los Balcanes, y que en poco tiempo se vuelven peligrosos. Por eso es importante la responsabilidad de los políticos”, ha señalado. Pero no otorga capacidad a los actuales para cambiar la tendencia. “¿Quién va a reconstruir luego el Estado? ¿Políticos como Casado, Rivera, Echenique, Iglesias, Monedero, Torra o Abascal? No me toques las narices. No saben de lo que están hablando. ¿Me van a crear ellos un Estado de Bienestar para el futuro?”.

Además, asegura que en España la historia cambia según el partido que la nombre. “La izquierda siempre se refiere a ella como un lugar oscuro y la derecha hace lo contrario, solo habla de episodios épicos de los que estar orgullosos. Por otro lado los nacionalismos periférico hablan de España como aberración histórica y se trata de un lugar en el que han ocurrido muchas cosas, buenas y malas, y hay que mirar la leyenda negra de forma objetiva”, añade.

Y pone como ejemplo el descubrimiento de América, que considera “una hazaña, se tome como se tome, y así hay que reconocerlo. Pero también se destruyen civilizaciones y se crean estructuras corruptas que todavía hoy repercuten en el continente”. Habla con la intención de darle a cada acontecimiento el punto justo de luz, de no magnificar ni lo bueno ni lo malo de todo lo ocurrido a lo largo de los siglos. De no mirar cada acto con los ojos de ahora porque pierde objetividad, de no tener que posicionarte en el blanco o en el negro.

“La leyenda negra no hay que negarla, sino explicarla: ¿por qué se daban esas cosas? Negarlo es una aberración. Ahora bien, tú puedes recordar que en Alemania quemaron a más brujas que en España, por ejemplo. El problema es que aquí te piden que te vayas para un lado o para otro, cuando uno puede estar en uno u otro dependiendo del momento”, lamenta.

La obra, que se divide en 91 capítulos y un epílogo, cuenta con un prólogo formado por citas sobre España y los españoles. La preferida de Pérez-Reverte es la de Amadeo de Saboya: “Si al menos fueran extranjeros los enemigos de España, todavía. Pero no. Todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra, agravan y perpetúan los males de la Nación son españoles”.

--

"La izquierda ha cedido gratis la historia de España a la derecha"
Jorge Raya Pons - theobjective.com - 13/03/2019

El libro arranca con una cita del capitán Alatriste a modo de epígrafe. Esto quiere decir que Arturo Pérez-Reverte abre la obra citándose a sí mismo: “Desde siempre, ser lúcido y español aparejó gran amargura y poca esperanza”. Reverte ha presentado en un suntuoso salón del Hotel Palace de Madrid su nuevo libro, 'Una historia de España', que edita Alfaguara y reúne los artículos que el autor cartaginense ha ido publicando en 'XL Semanal' sobre el pasado de nuestro país y los ordena cronológicamente.

El prólogo, por su parte, se compone de sentencias que otros dijeron y se han convertido en la biopsia del carácter nacional. Ahí queda lo que redactó Apiano, un historiador romano que vivió en el siglo II a. C.: “De siempre tuvieron los hispanos un espíritu salvaje debido a su absoluta libertad y a su falta de costumbre en recibir órdenes de nadie”. O lo que escribió Pierre de Brantôme, un aventurero francés del siglo XVI: “El español, una vez decidida la estocada que se propone dar, la ejecuta ciegamente aunque así lo hagan en pedazos”. La última de las referencias en estas cinco páginas iniciales pertenece a él mismo: “Este lugar impreciso, mezcla formidable de pueblos, lenguas, historias y sueños traicionados. Ese escenario portentoso y trágico al que llamamos España”.

Pérez-Reverte es una fórmula segura para Alfaguara, que hace apenas 11 meses publicó su última novela –'Los perros duros no bailan'–. El día anterior a salir a la venta, 'Una historia de España' se ha colocado en el número uno de ventas de la sección de Historia en Amazon. Pilar Reyes, editora del sello, ha sacado pecho por su olfato. “Es un libro que se han apropiado los lectores”, comenta. “Hemos hecho un libro casi a pedido de los lectores”.

Pese a su inclusión en la categoría de Historia, Pérez-Reverte ha calmado los ánimos y ha anticipado que no tiene el rigor que se le presume a un historiador, pero sí su mirada crítica. “Yo no soy un historiador, ni quiero serlo. Soy un hombre de 67 años que ha viajado mucho y tiene una biblioteca aceptable”. Su vocación ha sido, entonces, despertar la curiosidad de los lectores, invitarles a visitar el libro como un puente hacia otros libros, que sirva como zarandeo para que el ciudadano se preocupe por conocer los episodios que marcaron su territorio y su carácter. “Una introducción para que el lector vaya a investigar”.

“La Historia es la luz que abriga el presente y nos permite entender”, dice. Pero la historia es un asunto delicado para los españoles. Hay una instrumentalización de la izquierda y una instrumentalización de la derecha. El descubrimiento de América, la batalla de Lepanto, la Santa Inquisición. Nada esta a salvo de nosotros y no hay posición compartida. “Ningún país de Europa tiene el impulso suicida que tiene España”

Así que Pérez-Reverte pretende dar su visión al respecto, sostiene que la suya es una posición de aceptar la grandeza de nuestra historia asumiendo la brutalidad que conllevó a menudo. Una perspectiva que admite las luces y las sombras. Por eso critica que la derecha rechace con los ojos cerrados la leyenda negra, cuando tiene muchas partes de verdad, en lugar de contextualizarla y ponerla en contraste. “La Inquisición estuvo, el centralismo de los Austrias existió, pero hay que explicarlo, no blanquearlo”. Hasta en Estados Unidos quemaban brujas en el XVIII.

Por eso ataca el victimismo de los socialistas respecto al pasado colonial de España. Hubo violaciones y barbarie, sí, pero al mismo tiempo se tejió un nuevo mundo. Esta posición irremediablemente enfrentada le hace perder la esperanza; no está convencido de que estas tendencias vayan a cambiar. “La izquierda le ha cedido gratis la historia de España a la derecha. A ellos la historia les parece militarista, pero el futuro sin memoria es imposible de trazar. Esa cesión sin combate y esa apropiación sin combate me hacen ser pesimista”.

Pérez-Reverte asume que la historia de España es “amarga”, “una sucesión de ocasiones perdidas y momentos donde rozamos la normalidad”. Pone ejemplos. “Cuando descubrimos América, nos metimos en las guerras europeas. Cuando nos metimos en la II República, ya sabemos lo que pasó”. La tragedia podría serlo menos, resume, si conociéramos de dónde venimos, por qué somos como somos. “El problema de España es la ignorancia”. El escritor insiste en su voluntad de trasladar a los jóvenes la necesidad de estudiar nuestra historia para que no se conviertan en ovejas ante los lobos [los populistas]. Este libro podría emplearse como elemento introductorio, piensa, aun cuando termina en la Transición por una sencilla razón: pretendía darle un final feliz.

Durante el acto, Pérez-Reverte se ofrece a responder las dudas de los periodistas. Una de ellas plantea: ¿acaso en España estamos más preocupados en destacar, para bien o para mal, el pasado militar que el intelectual: la Escuela de Salamanca, Góngora, Quevedo…? Pérez-Reverte considera que no, que la balanza está compensada. Están tan presentes en el debate y en nuestro imaginario Suárez o Mariana como Blas de Lezo. Aunque a la derecha, bromea, “la guerra le pone más”.

La historia es el espejo en el que mirarnos para anticipar el camino. Hay un cliché que suele repetirse: el futuro se adivina comprendiendo el pasado. Aquella vieja idea de que la historia está condenada a repetirse –con nuevos actores, con modificaciones en el escenario–, pero idéntica en su esencia. Pérez-Reverte, antes de escribir novelas, era reportero de guerra. Así se dio a conocer popularmente, con sus reportajes para Televisión Española en lugares como Líbano o la extinta Yugoslavia. Recuerda de aquellos lugares que eran oasis de paz y se convirtieron en lugares peligrosos. ¿Por qué no podría ocurrirnos también a nosotros? “Si no vemos Troya arder en Beirut, estamos perdidos”.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14211
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Una Historia de España' (2019)

Mensaje por Rogorn » Vie Mar 15, 2019 9:22 pm

Pérez-Reverte y una historia de España que escape del dogma
Adrián Viéitez - zendalibros.cm - 14/03/2019

“España es un país en demolición. Quizá merezca ser demolido, no lo sé. Lo que sí sé es que convendría saber qué es lo que estamos demoliendo”. Sobre esta tesis central pivotó Arturo Pérez-Reverte durante la presentación de Una historia de España, la recopilación de sus textos semanales publicados a lo largo de los últimos 4 años en su sección de XLSemanal, publicada por la editorial Alfaguara. El acto, celebrado a lo largo de la mañana del miércoles en el vestíbulo del Hotel Palace, en las inmediaciones del Paseo del Prado madrileño, abrió un espacio de diálogo y reflexión alrededor de la recuperación de la memoria histórica como conformadora de la tesitura político-social de la actualidad.

Pilar Reyes, que además de ser la editora de Pérez-Reverte dirige, desde el pasado mes de febrero, la división editorial del grupo Penguin Random House, abrió la sesión refiriéndose al proceso genético de este volumen, gestado, según sus palabras, “a petición de los lectores” que, a lo largo de estos años, han seguido de cerca las citadas publicaciones del escritor. Al respecto del contenido del libro, Reyes ha apuntado que, contemplando en perspectiva el resultado conjunto de esta serie de artículos, se aprecia cómo Arturo Pérez-Reverte los ha acabado convirtiendo en “una personalísima mirada alrededor de la historia de España”. Quizá de esta contemplación aérea de nuestra herencia surgiese la idea, pues, de transformar esos flashes solitarios en un conjunto sólido.

El autor cartagenero ha abierto su intervención con una advertencia: “Antes de nada, me gustaría aclarar que yo no soy historiador. Tampoco pretendo serlo. Sólo soy un tipo que ha leído sobre historia y que escribe libros. Si la publicación de este volumen sirve para que algún lector, sea o no joven, se interese por la historia de España y acceda al trabajo de historiadores serios, sentiré que mi labor habrá sido útil”. A continuación, se ha propuesto capitular las distintas miradas —según corte ideológico o territorial— que se lanzan sobre la historia en el panorama político-social actual:

La mirada de la derecha. Pérez-Reverte apunta que a la derecha española le falta, en su aproximación historicista al pasado de España, una “lucidez crítica” necesaria. Cree que su voluntad de blanquear los acontecimientos del pasado de nuestro país no es una estrategia correcta para afrontarlo.

La mirada de la izquierda. Por otra parte, argumenta que la izquierda gestiona ese acercamiento desde un punto de vista opuesto, es decir, “siempre desde un lugar oscuro”. Señala Arturo Pérez-Reverte que negar las luces históricas de España y buscar un oscurecimiento permanente resulta tan perjudicial como hacerlo con sus sombras.

La mirada de los nacionalismos periféricos. Desplazando la cuestión ideológica y aproximándose a una concepción geopolítica del territorio, Pérez-Reverte sostiene que la mirada de los nacionalismos hacia la historia de España está dominada por la negación. “Este punto de vista se construye en torno a la idea de que la historia de España, como tal, no existe, sino que se conforma a través de una serie de historias paralelas”.

Una mirada que tome distancia. El autor de Una historia de España ha terminado apuntando la que, según su punto de vista, es la manera más ecuánime de aproximarse a nuestro pasado. Ha señalado: “Esto no es cuestión de glorificar o de oscurecer, sino de acerarse a la historia de España como a un espacio temporal en el que han pasado cosas buenas y cosas malas. Se trata de, simplemente, conocerlas. Es importante que, por ejemplo, se conozca la figura de Viriato. ¡No por la persona que había detrás de él, sino porque sin Viriato no nos entendemos!”

A partir de su reflexión, ha prestado particular atención a esa división inicial entre la mirada de la derecha y la de la izquierda, pensando alrededor del hecho de que “la historia de España se asocie siempre a un ideario de derechas”. Sostiene Pérez-Reverte: “No es que la derecha haya colonizado la historia, es que la izquierda se la ha regalado. Para la izquierda, hablar de historia es hacerlo sobre militarismo, fascismo, caspa. Dicen: ¡hablemos de futuro! Pero no se puede construir un futuro responsable sin conocer el pasado”. Ha reconducido su argumentación, pues, refiriéndose a la enseñanza como un pilar fundamental en la construcción de una mirada crítica que comprenda el trayecto histórico de nuestra identidad.

Abierto el turno de preguntas, se transitaron dos caminos fundamentales. El primero, en relación a una supuesta adhesión a la conflagración permanente como conformadora de la identidad española. Pérez-Reverte señaló que, de alguna manera, siglos de confrontación bélica permanente han perpetuado un espíritu histórico de división en bandos, culminado con el estallido de la Guerra Civil. “Franco fue una recaída en una enfermedad llamada España”, concluyó.

Por otra parte, se hizo referencia al pesimismo inscrito en la mirada del escritor a lo largo de las páginas de Una historia de España, que, tras una lectura global, deviene en una curiosa mezcla entre amargura y esperanza. “No puedo evitar, a mi pesar, ser optimista”, ha respondido Pérez-Reverte, sumido en la paradoja permanente en la que se mueve su aproximación histórica al pasado del país, de nuevo resultado de combinar sus luces y sus sombras. En este sentido, también tuvo oportunidad para pensar en el caso del descubrimiento y posterior colonización de América como un caso que desvela, como ejemplo, ese claroscuro que predomina en nuestro pasado. “España es luz y sombra en América. Se construyeron catedrales, se fomentó la aparición de universidades; también se cometieron asesinatos, violaciones y vejaciones. En definitiva, trasladamos a América nuestras mayores virtudes y nuestros peores vicios, que todavía hoy lastran la composición de sus sociedades”.

Para concluir, Arturo Pérez-Reverte ha remitido de nuevo a la ecuanimidad que considera oportuna y necesaria a la hora de enfrentarse a una lectura de la historia de España. “La historia, por sí misma, no es buena o mala. Es objetiva”, ha sentenciado. Su proyecto de futuro para la generación de una sociedad crítica que se enfrente con garantías a su pasado con el propósito de construir una identidad sólida se basa, pues, en dos elementos, “cultura y generosidad”. Y que el diálogo no se apague.

--

Arturo Pérez-Reverte publica Una historia de España
Nunci de León - periodistas-es.com - 14/03/2019

Lo que más envidio de Pérez-Reverte es poder arrancarse así al empezar un capítulo: “Godoy no era totalmente gilipollas” y seguir tan fresco hacia adelante, porque imagino que a mí no me lo consentirían. Estoy segura. Hay que ser Arturo Pérez-Reverte para escribir así y que te respeten, y él lo ha conseguido. Pero no son capítulos al uso, y esto lo digo en su descargo, los que componen este libro titulado 'Una Historia de España', sino artículos ya publicados semanalmente en prensa que, a lo largo de los años y en número de 91, han visto la luz en los periódicos bajo el epígrafe general 'Patente de corso'.

Con ellos repasa nuestra historia desde el siglo XV hasta el presente en un friso de situaciones dramáticas que es tan lúcido como fácil de leer y a ello contribuye poderosamente su estilo desenfadado. Llegará a los jóvenes, no me cabe la menor duda, esta Historia de España, y ello será una buena noticia porque según el autor, “se ha desprestigiado tanto la memoria (como de derechas, cutre y casposa), que hoy en día el adolescente español, fruto de una educación desmemoriada, es una oveja en manos de los lobos. Y éstos los hay de todos los colores”. Arturo Pérez-Reverte da, a lo largo de estos 91 artículos con los que va repasando nuestra historia común (pues ése es su deseo más genuino al hacerlo: hacernos ver lo que nos une o debería unirnos), una visión lúcida y pesimista del pasado. Pero también del presente porque “no hemos cambiado nada”.

Para apoyar este aserto, aporta varias citas de escritores políticos y pensadores que, desde la antigüedad hasta la modernidad (Estrabón y Amadeo de Saboya son ejemplos), hablan de este carácter cainita y suicida a la vez de los habitantes de la piel de toro. Citas que podrían traerse a la actualidad como si nada hubiera cambiado desde entonces. Tenemos un país estupendo, afirma Pérez-Reverte, te lo dicen todos los extranjeros: “¡qué chiringuito más estupendo tenéis!, ¿por qué os lo queréis cargar?”, la prueba es que nadie quiere irse de aquí, al contrario, y sin embargo estamos deseando tirárnoslo a la cara en pedazos cada vez que algo bueno, algo decente, está a punto de ver la luz.

¿Todo ocurrió con Franco?, se obliga a preguntarse el autor de Alatriste ante la falta de memoria de que adolecemos hoy, empezando por las escuelas, que no es otra cosa que falta de cultura. No. Franco es un episodio más de esa enfermedad llamada España que nos hace desear la destrucción del otro porque “no nos basta con vencerlo, ni mucho menos convencerlo, hay que hacerlo desaparecer. Queremos tumbas, no conversos. En cuanto a lo que tenemos o dejamos de tener hoy en día, “si a las instituciones -todas, sean buenas o malas-, las pasamos por la máquina de picar carne, sale picadillo”, afirma rotundamente el autor y académico de la lengua refiriéndose en concreto a nuestra forma de tratar hoy a la monarquía. Y asegura que, a pesar de su pesimismo basado únicamente en lo que ve, no quiere renegar del todo de la esperanza.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14211
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Una Historia de España' (2019)

Mensaje por Rogorn » Sab Mar 16, 2019 9:06 am

'Una historia de España', de Arturo Pérez Reverte
Juan Herranz - juanherranz.com - 15/03/2019

Hace poco escuchaba una entrevista a don Arturo Pérez-Reverte abordando el tema de las nacionalidades, del sentimiento de pertenencia, de las banderas y de los que se cubren con ellas. El sentido de ser español está hoy intoxicado por percepciones, ideologías, complejos y una alargada sombra de sospecha sobre la identidad que sirve a la causa de la polémica constante en torno a qué significa ser español. Las etiquetas y el maniqueismo lastran toda noción sobre lo español, en favor de todos aquellos que confabulan contra el mero hecho de ser, colmándolo de culpas, abordándolo desde el prisma interesado de turno que recupera oscuros pasados para sacar partido. La trabajada noción de que España es ahora lo mismo que cuando era ocupada y patrimonializada por una facción, supone un reconocimiento absoluto de que todo está perdido, de que quienes la transformaron bajo el prisma único la conservan para sí frente a quienes la querían como algo más plural y diverso. Flaco favor para una identidad patria que, como cualquier otra, tuvo y tiene sus luces y sus sombras y que a la postre, no debería ser de ninguna ideología sino de quienes habitan ese extraño y concurrido seno patrio.

Por eso nunca está de más prestar atención a un cronista fundamental de nuestros días. Un escritor que trata sin remilgos la causa de lo identitario desde lo anecdótico hasta lo esencial. Porque esta especie de recopilación de pensamientos salpican a muy distintos espacios temporales del panorama ibérico en el que medraban y medran pícaros, sinvergüenzas, mentirosos, prestidigitadores del verbo y adoctrinadores sin doctrina propia, desde uno y otro lado del abanico pseudoideológico. Y digo “pseudo” anteponiéndolo a ideología porque realmente, en muchas ocasiones se trata de eso, de desvestir la mentira, de exhibir la falsedad, de escribir con el estilete más hiriente de Pérez-Reverte para acabar marcando a cada cual con sus miserias.

El orgullo de ser español o portugués o francés reside en el brillo de la gente aún libre del estigma de ese conductismo hacia la mentira. Para enfrentar un supuesto nacionalismo, los nuevos españoles ofendidos se visten con la bandera opuesta, la que para ellos sí que viste de verdad y pureza, la que nunca cobijó a malandrines cuando no criminales. Como si los malos solo pudieran estar en un lado, como si pensar diferente a ellos fuera sumirse en esa España pretendidamente negra que si existe es precisamente por el frentismo enconado en el que unos solo miran con los ojos del ayer, y otros, como hiriente respuesta, se confían a los viejos espíritus. Porque no es lo mismo reivincidicar la justa restauración de derechos y honor de los vencidos en cualquier guerra que pretender sumergir todo lo demás en la ignominia, hasta el fin de los días y para todo lo que se mueva a su idéntico paso.

La Historia para Pérez Reverte es un espacio sobre el que disertar libremente, sin el lenguaje encorsetado por lo politicamente correcto, sin deudas con sus posibles partidarios, si compromisos adquiridos y sin intención de escribir nueva historia. La historia también es opinión, siempre que esta no sea esa falsedad interesada tan extendida. Todo es subjetivo. Y eso bien lo sabe un escritor que necesariamente hace de la empatía herramienta de oficio. Y así nos encontramos con este libro que habla de crueldad cuando la crueldad era ley y que se abre al conflicto cuando el choque de ideologías derivó en la tormenta.

España, suma de nacionalidades según quien lo vea, proyecto por simple conexión territorial, patria por la mezcolanza compartida desde Pirineos hasta Gibraltar. Todos a una en el desaguisado general, participando en por momentos gloriosas u oscuras páginas, según como se quieran leer.

Pérez-Reverte es una voz experta en eso de las identidades sobre los paños calientes que son las banderas, Un relato de lo que puede ser esta España en la que lo mejor, simplemente, es considerar a otros como iguales y disfrutar de sus cosas cuando viajamos con esa curiosa camaradería de un remoto trapo izado. Poco o nada más es España, ni tan siquiera una letra amenazante para el himno. Una Marcha Real que incluso sus orígenes se pierden en una heterogénea imputación creativa.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14211
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Una Historia de España' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mar Mar 19, 2019 6:22 pm

Pérez-Reverte: 'Una historia de España'
César Güemes - eluniversal.com.mx - 19/03/2019

Supongo que íbamos como a la altura de Nayarit —a juzgar por la velocidad de la nave y por el tiempo que nos había permitido llegar hasta el punto— cuando el avión entró en una de las naturales y esperadas turbulencias vespertinas que obligaba a todos los pasajeros a sostener el vaso de su bebida con una mano y a taparlo con la otra para no hacer de aquello un cochinero. Bueno, no a todos. A mi lado —en realidad la línea debería decir yo a su lado porque el hombre merece un respeto como periodista de primera línea de fuego y, se dice facilito, es el mejor escritor en lengua castellana de las más recientes décadas—, un varón muy delgado y de vestimenta impecable, luchaba a golpes con su laptop, en la que no había dejado de escribir desde que despegáramos. El ordenador portátil se elevaba de la mesilla retráctil unos buenos 15 centímetros a cada bote de la turbulencia. Y el prosista no cejaba en mantener quieto al artefacto y continuar escribiendo.

Entonces inició lo sabroso: entramos en una zona de tormenta que ríete de Noé y sus animalitos. Las luces del jet se apagaron como en las travesías nocturnas, desaparecieron las sobrecargos que fueron a situarse a sus asientos de emergencia, a dos metros de nosotros. El ruido era ya muy considerable y aumentaba al ritmo de los relámpagos. Una de las auxiliares de vuelo le hacía enjundiosas señas al novelista para que cerrara su máquina y la guardara de una puta vez. Y lo vi sonreír y gritar un “gracias, buena idea”, antes de sacarse el cinto del pantalón y fijar el portátil a la mesilla. Sólo que abierto. Y siguió escribiendo durante la media hora que se sacudió feliz aquella lavadora y aún escribía cuando se oyó el sonido del tren de aterrizaje para descender sobre la Ciudad de México.

—Terminé el capítulo, por fin —comentó, muy satisfecho consigo mismo—, ¿qué tal el vuelo?

Así era, así es y así será Arturo Pérez-Reverte, un reportero y escritor de cepa al que literal y literariamente nada lo detiene cuando se pone la meta de “rematar” un texto, según su propia expresión.

—Lloviznó un poco —le respondí, en broma, pero el tipo reviró en serio mientras consultaba su reloj.
—Sí, ¿verdad? Estamos a tiempo para la cena con la gente de la editorial. Qué hambre. Podría comerme media vaca. Espero que entiendan bien lo que quiere decir “término azul”.

El caso, pues, es que escribe siempre, aunque no se note, aunque no lo diga o aunque lo niegue. Ahora, por ejemplo, saca por sorpresa el volumen 'Una historia de España' —de cuya presentación ante la prensa se dio cuenta en estas páginas el miércoles de la semana pasada—, con rigor histórico y dosis equivalentes de extraordinario buen humor y redomada mala leche, del cual nadie supo que estaba en proceso pese a que semana a semana, justamente en la publicación de título 'XL Semanal' fue dejando caer dentro de su sección 'Patente de Corso' capítulo a capítulo durante largos años.

El libro, amparado por un epígrafe proveniente de su afamado Capitán Alatriste —“Desde siempre, ser lúcido y español aparejó gran amargura y poca esperanza”— se divide en siete partes que pedagógicamente llevan de la mano al lector: Tierra de conejos; Roma nos roba; Rosa, rosae. Hablando latín; Roma se va al carajo; El puñal del godo; Y nos molieron a palos; y Un niño pijo de Oriente. Se suma, pues, a la muy amplia lista de títulos que si bien leídos aquí por su servidor son ya tantos y ocupan tanto espacio en la biblioteca personal que vaya y los cuente su abuela, o mejor: la abuelita de Batman.

Desde Latinoamérica, 'Una historia de España' es clarificadora de por qué los españoles son como son pero, aquí la trascendencia de acudir a sus páginas de este lado del Atlántico: por qué los latinoamericanos no podemos negar ni un ápice de la mitad de nuestra sangre y nuestro ADN. Respecto de ellos, de los españoles primeros y de su carácter, dice, en un párrafo que se volverá célebre: “Los celtas, por su parte, eran rubios, ligeramente más bestias y a menudo más pobres, cosa que resolvían haciendo incursiones en las tierras del sur, más que nada para estrechar lazos con las iberas; que aunque menos exuberantes que las rubias de arriba, tenían su puntito meridional y su morbo cañí (véase Dama de Elche). Los iberos, claro, solían tomarlo a mal, y a menudo devolvían la visita. Así que cuando no estaban descuartizándose en su propia casa, iberos y celtas se la liaban parda unos a otros, sin complejos ni complejas. Facilitaba mucho el método una espada genuinamente aborigen llamada falcata: prodigio de herramienta forjada en hierro (véase Diodoro de Sicilia, que la califica de magnífica), que cortaba como hoja de afeitar y que, cual era de esperar en manos adecuadas, deparó a iberos, celtas y resto de la peña apasionantes terapias de grupo y bonitos experimentos colectivos de cirugía en vivo y en directo.”

Por fortuna, nunca conocí al Pérez-Reverte famoso, ni distante ni elevado a los altares. Tengo sólo un libro dedicado por él, a mansalva, porque jamás le pediría un autógrafo a un escritor. Pero lo respeto tanto como al que más si bien el tipo no sólo es de cuidado, sino que para seguir con las referencias musicales es quien es y no se parece a nadie.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14211
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Una Historia de España' (2019)

Mensaje por Rogorn » Dom Mar 24, 2019 8:57 am

«Tengo una visión amarga de España por las muchas ocasiones perdidas»
Laura Revuelta - abc.es - 24/03/2019

Con Arturo Pérez-Reverte sobran las presentaciones. Aquello tan español de «genio y figura» le calza tan bien como el sombrero de ala bien ancha que luce y se distingue a los lejos según baja por la calle. Hemos quedado en el Hotel Palace de Madrid y nos encontramos en su entrada, que no es de puertas giratorias. Nos sentamos a charlar en uno de sus rincones favoritos, cerca de una foto que le retrata en blanco y negro.

-¿Considera que la Historia de España ha sido mal contada?
-Ha estado muy bien contada por muchísimos historiadores: Menéndez Pidal… Lo que ocurre es que en este momento está siendo olvidada, los que la cuentan están siendo marginados. Ha desaparecido de los planes de educación y se sustituye por esta especie de papilla escolar de baja intensidad, muy neutra, muy poco profunda, que ni siquiera estimula a los chicos a interesarse por ella...

-Con este libro da la sensación, también, de que ha querido calmar o contestar ciertas inquietudes personales.
-Lo que quería era reflexionar. Yo tengo una visión amarga de España. Siempre digo que quien ha leído la Historia de España no puede ser complaciente. Es una historia muy triste, de ocasiones perdidas.

-¿Le duele España como a tantos otros a lo largo de los siglos?
-Yo tengo una edad suficiente, 62 años, y una vida lo bastante variada para intentar decir cómo veo a los españoles: por qué somos como somos, qué nos ha traído hasta aquí, cuál es el común denominador, sacar una especie de patrones, a ver si es que estoy equivocado en esta percepción que tengo de España o si realmente es así.

-¿Cree que no tenemos remedio?
-Remedio hay, lo que pasa es que no aplicamos el remedio. España es un país que paga precios muy altos por una historia muy compleja. Pueblos, lenguas, incluso naciones, en un lugar donde nunca llegan a encajar unas con otras del todo. Una mala suerte geográfica que nos ha puesto en el camino de un montón de invasiones que nos han trastornado también mucho: nos han enriquecido y nos han complicado. Ocho siglos de lucha contra el moro, y del moro contra el cristiano, que configura una actitud «intelectual» de nosotros y ellos, de enemigo, de «conviértete o te mataré», de confrontación. Es evidente que hay una ósmosis y que ha habido un enriquecimiento mutuo, eso es verdad, como pasa con todos los enemigos que están cerca. Eso fue antes de la Inquisición, cuando ésta llega crea es un sistema de delación y sospecha muy parecido al islam.

-En el libro carga mucho contra la Iglesia, a la que considera casi el origen de todos nuestros males.
-La Iglesia católica es una sucesión de errores históricos, pero ojo, reconociendo que la labor de los monasterios y los conventos fue importantísima en España y en Europa. Occidente se hizo con Grecia, con Roma, con el islam que nos roza, y con la Iglesia católica. Lo que pasa es que en España la Iglesia católica evoluciona hacia posiciones muy próximas al poder, además muy conservadoras, con lo cual cierra mucho el paso al progreso en un caso clarísimo que es la Ilustración. Y, además, está susurrándole al rey: «Cuidado con ese…». No puedo perdonarle a la Iglesia que todavía en mi libro escolar, en el año 58, se dijera: «Las perniciosas doctrinas liberales y los judíos, esa raza que con sus crímenes y vilezas…». Firmaba el libro el obispo de Zaragoza.

-Al final, lo que retrata en el libro es una gran mediocridad que nos ha caracterizado por los siglos de los siglos.
-No somos mediocres, no. Nos obligan a ser mediocres. Por razones geopolíticas, como los italianos, somos una raza superior. Los italianos, los portugueses, los españoles, los mediterráneos, somos superiores, sin duda. Yo sí creo en la raza, en la raza mediterránea. Platón, Aristóteles... Todo eso genera una riqueza y una potencia intelectual extraordinaria. Somos más brillantes que un anglosajón o un alemán. pero no nos permiten serlo. Tenemos una especie de gran garrote imaginario que, cuando somos brillantes, nos machaca. Entonces, esa mediocridad a la que estamos condenados es justamente lo triste. Porque si un pueblo es mediocre, tiene lo que se merece, pero es que no somos así. Y eso es lo que me atormenta.

-Como se dice, esto es el cuento de nunca acabar.
-No fue lo mismo en Roma que ahora, ni en la Edad Media, pero hay constantes históricas españolas, y es muy triste comprobarlo. Esa capacidad de demoler es lo que no nos permite levantar la cabeza.

-¿Cómo explica que al final siempre sea esa masa mediocre la que se lleva el gato al agua, la que sobrevive?
-Ortega lo decía: «La rebelión sentimental de las masas, el odio a los mejores, la escasez de estos… He ahí la razón verdadera del gran fracaso hispánico». Estoy de acuerdo con buena parte de esa afirmación.

-¿Y no hay manera de revertir esta especie de maldición?
-No tengo esperanza, no creo que haya un cambio, porque el único cambio posible en España pasa por inversión en educación y cultura, y esa batalla la hemos perdido. ¿Y cómo se revierte? ¿Cómo cambias todo un sistema clientelar del que se beneficia muchísima gente que no está dispuesta a cambiarlo? ¿Usted sabe la de gente que vive de esa fragmentación y de esas taifas culturales, políticas, económicas, sociales…? Ese tinglado, esa fragmentación clientelar, nadie va a renunciar a ella, porque todo el mundo vive de ella, o buena parte. Entonces, eso no tiene vuelta atrás. Hemos perdido en educación y cultura, y los culpables son los gobiernos. Se hizo mal en la Transición, se hizo muy mal. La Transición no garantizó en absoluto una educación común, un territorio de solidaridad común que se crea en los colegios, en las escuelas, «jugando» con la historia común.

-¿La culpa es de los políticos?
-Fíjese en cómo termina la Primera República, la Restauración, la Segunda República, la Transición mire cómo está ahora… ¿La culpa es de los políticos? No, es que los políticos salen de nosotros. Somos nosotros quienes los votamos. No son marcianos ni paracaidistas, nosotros los generamos... Sí que nos representan.

-Deme algún nombre del pasado que piense que podría gestionar nuestro presente.
-Esta realidad es ingestionable. Lo que pienso es en personajes que podrían denunciarla: Quevedo. Se pondría las botas. Perdí la esperanza. Lo siento mucho, pero no puedo obligarme a tener una fe que me han ido arrancando.

-¿No le viene a la memoria algún intelectual más cercano en el tiempo?
-Uno de los grandes pecados de los intelectuales ha sido el silencio cobarde que se ha mantenido durante tantísimo tiempo. Muy poca gente ha estado diciendo lo que iba a venir. Han estado congraciándose con el poder, con los lectores... Y hay intelectuales que están todavía callados. En Cataluña hay novelistas, intelectuales con la boca cerrada para no tener problemas con su clientela.

-¿Cuatro momentos fundamentales de nuestra historia?
-La colonización romana, la ósmosis con el islam, la conquista de América y la eclosión de lo que fue el Imperio español. Y otro momento fundamental es la Ilustración, cuando España empieza por fin a sacar la cabeza del agujero. Y después la Transición. También la Segunda República que es una ocasión perdida… La República no se la carga Franco, la destruimos entre todos los españoles.

-Le han salido más de cuatro. ¿Y cuatro personajes?
-Chaves Nogales es una figura muy interesante, porque permite explicar esa España que no comparte el extremismo de unos ni de otros, y que es víctima tanto de unos como de otros. La gente es idiota porque confunde ecuanimidad con equidistancia. Luego hay un personaje que me enternece mucho, porque su tragedia es muy española: El Empecinado, derrotado por los franceses, aplaudido por el pueblo, y cuando cae, el mismo pueblo lo insulta… Eso es muy español, que los que te aplauden ahora te insulten mañana o al revés. Luego, para mí hay dos figuras intelectuales que resumen lo español mejor que nadie. Una es el citado Quevedo, porque esa amarga y sarcástica lucidez es una especie de radiografía que desnuda lo español: envidia, mala fe, vileza, la inquina… El otro es Cervantes, que nos muestra lo mejor: la melancolía, la dignidad, el honor, el valor, la decencia, el coraje sin alharacas, la coherencia, la bondad.

-Añádale al cóctel del carácter español unas gotas de...
-De los franceses me quedaría con su orgullo republicano, con esa bandera francesa en los colegios.... De los italianos cogería su arte de "arrangiarsi", esa sabia manera que tienen, secular también, de vivir. Así están, en el caos pero funcionando mejor que nosotros. De los ingleses, su tenacidad a la hora de pelear. No me refiero a luchar en guerras. Luego, su orgullo.

-¿La bandera y otros símbolos, de verdad, son tan importantes?
-En las sociedades evolucionadas los símbolos siguen siendo importantes. I nteligentemente manejados funcionan. El problema está en que en España no han sabido generar símbolos... Que en un estadio de fútbol, después de un atentado, la gente cante la Marsellesa no es un acto patriotero, es una señal muy evidente de todavía hay mecanismos, «cementos», que funcionan.

Lo mejor de este libro (Alfaguara, 256 págs. 18,89 euros. «E-book»: 9,49), que nace de recopilar una serie de artículos publicados en el 'XL Semanal', es que se lee a la velocidad del rayo. Todos sabemos que la Historia de España (como la de otros muchos países) no ha sido ni sencilla ni corta de miras o de acontecimientos, por eso tiene mérito condensarla en 250 páginas y que en ningún momento se te abra la boca de aburrimiento, de tanto recitar reyes -los godos y los que nos son godos-, guerras y batallas por doquier. Y sin pelos en la lengua, porque Pérez-Reverte no se corta a la hora defender el tono desenfadado y contundente con el que narra. «No me quiero callar -apunta-. Puedo permitírmelo, yo no dependo de un sueldo oficial, ni del Estado, ni de un Gobierno, ni de nadie. Dependo de mis lectores, y no solo los españoles. Tengo lectores en todo el mundo, con lo cual, me lo puedo permitir. A mí el tener amigos o enemigos no me cambia la vida, porque tengo lectores, digo las cosas como creo que son, subjetivas». Lo deja bien claro: esta no es una historia objetiva, aunque se basa en hechos. «Es mi opinión personal -recalca-. Por diversas circunstancias, mi voz se oye, pero yo si estuviera en un bar con mis amigos hablaría de lo mismo. Por lo menos tengo esa honradez, tengo muchos defectos, pero en eso soy honrado, digo lo que realmente pienso. No tengo un discurso privado y otro público».

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14211
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Una Historia de España' (2019)

Mensaje por Rogorn » Dom Mar 24, 2019 9:03 am

'Una historia de España', de Arturo Pérez-Reverte
loslibrerosrecomiendan.com - 21/03/2019

Más que un patriota, nos da la sensación de que Arturo Pérez-Reverte es alguien a quien le gustaría mucho poder serlo, pero al que se lo impide buena parte de las cosas que ahora ha reunido en las noventa mini-crónicas de este libro, procedentes de sus muy populares colaboraciones en un semanario. Y el recorrido que Arturo Pérez-Reverte hace por la historia de España, desde que era una inhóspita península conocida como la “tierra de conejos” hasta 1986, es tan divertido que puede conseguir que muchos lectores del autor se vuelvan adictos a la no-ficción. Se nota mucho lo bien que Pérez-Reverte se lo ha pasado escribiendo las sucesivas entregas de este repaso (en varios sentidos) nacional, y ese jolgorio íntimo, no carente de pesadumbre, se contagia.

Obviamente, cuanta más distancia o menos información hay sobre lo que se va contando, el relato se hace más conjetural y por tanto cauteloso, y es obvio que, puestos a repasar y polemizar, la actualidad tiene más posibilidades. Queremos decir que al llegar a la página 100 (de un total de 241) ya estamos en el siglo XVIII (superados incluso esos “Siglos de Oro” tan queridos por el autor, y en los que tantas veces ha situado sus narraciones), y sólo sesenta y seis páginas después comienza el complicado siglo XX. Parece más fácil tener una opinión más formada sobre José Antonio Primo de Rivera, Santiago Carrillo, o Adolfo Suárez, que sobre Viriato, el duque de Lerma o Zumalacárregui, o poder interpretar de un modo más despejado y firme la Transición (que Pérez-Reverte aplaude convencido) que, por ejemplo, lo que un rey aragonés llevó a cabo en la llamada “campana de Huesca”.

Aquel suceso, explicado en cinco líneas y muy bien enfocado, da perfectamente el tono del libro, anuncia lo que el lector puede encontrarse: “Por esa época, en Aragón, un rey llamado Ramiro II el Monje, conocedor de la idiosincrasia hispana, sobre todo la de los nobles -los políticos de entonces-, tuvo un detalle simpático: convocó a la nobleza local, los decapitó a todos y con sus cabezas hizo una bonita exposición -hoy lo llamaríamos arte moderno-”. También parece convincente su dictamen sobre el Concilio del Trento, donde “los españoles metimos la pata hasta el corvejón. O, mejor dicho, nos equivocamos de Dios: en vez de uno con visión de futuro que bendijese la prosperidad, la cultura, el trabajo y el comercio -cosa que hicieron los países del norte, y ahí los tienen hoy-, los españoles optamos por otro Dios con olor a sacristía, fanático, oscuro y reaccionario”. A menudo es aún más claro (aunque nunca tanto como cada vez que menciona a Fernando VII, el malo malísimo de este libro, y que, sepultado entre tantos y tan extremos insultos, casi llega a producir piedad…), y, por ejemplo, “la Primera República Española, y en eso están de acuerdo tanto los historiadores de derechas como los de izquierdas, fue una verdadera casa de putas”… Excesos como ése hay por todos sitios, pero el humor neutraliza cualquier posible indignación por parte de un lector inteligente, que acepta la insolencia y la constante “incorrección política” como marcas de la casa, y decide disfrutar de anacronismos tan desternillantes y reparadores como el que afirma que los árabes construían muy bien, y que jamás hubieran encargado nada, por ejemplo, al famoso arquitecto Ahmed Calatrava…

Puesto a repartir mandobles, Pérez-Reverte guarda munición, además, para casi todo el mundo, y consigue una curiosa forma de ser conciliador y casi equidistante, a base de golpear a diestro y siniestro (a derechas e izquierdas, queremos decir…): se muestra muy anticlerical, anti-nobleza, anti-Ejército, anti-chusma… y por supuesto, después, anti-franquista o anti-comunista… Pero también salva a algunos pocos reyes, a algunos políticos, a algunos generales, algunas comunidades… que intentaron dignificar “este putiferio secular donde malvivimos”… No parecen éstas palabras propias de un nacionalista español, sino más bien las de una especie de Larra, de vocación patriota pero desesperado por las derivas de su país, que se alegra de las victorias y las conquistas de su nación pero que lamenta que no sean más duraderas, más ilustradas, más pedagógicas y profundas.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14211
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Una Historia de España' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mar Mar 26, 2019 5:31 pm

Historia: Arturo y Aristóteles
Raúl del Pozo - elmundo.es - 26/03/2019

Escribe Joaquín Hernández que Google e IBM contratan filósofos -ya tienen un batallón de matemáticos- capaces de conjugar la moral de la 'Ética de Nicomano' con los algoritmos de big data. Aristóteles -IV siglos antes de Cristo- es una estrella de los tuiteros y en la liga de los genios sigue en los puestos de cabeza cuando mi querido capitán de Flandes, Arturo Pérez-Reverte, acaba de publicar una versión demoledora y amarga de Historia de España, a la que considera un Estado en demolición. Él, que hipnotiza y fascina a millones de lectores por su capacidad de fabulación, aborda con rigor la épica y las consecuencias de los hechos verdaderos, que protagonizaron una pandilla de marineros, frailes y gañanes que conquistaron el universo; y no como los griegos que imaginaron hacerlo. Según Voltaire en España el arte de escribir historia es muy reciente e incierto, pero así nos libramos de las fábulas como las de los romanos donde Rómulo tiene por padre a un dios, a una ramera por madre y a una loba por nodriza.

A pesar de su pesimismo sobre España, Arturo reconoce que los españoles, los portugueses y los mediterráneos son superiores sin duda a otras tribus de Europa. Y cita a Aristóteles y a otros pensadores mediterráneos. De esta forma el maestro de esgrima, con pericia de mosquetero, me da la percha para ganarme el jornal hablando del discípulo de Platón tutor de Alejandro inventor de la lógica y del silogismo y maestro de Marx. El de Tréveris escribió tesis sobre Demócrito y Epicuro y era un apasionado admirador de Aristóteles, por su arte de racionalizar; de ningún otro hizo tantos elogios con la excepción Hegel. En El capital le llama el máximo pensador de la antigüedad. Lenin consideraba a Aristóteles el ideólogo de los esclavistas. Pero aciertan los buscadores de big data al fichar al que sentó las vigas de la lógica, en estos instantes de ascensión de lo irracional. No sólo era elegante en la extensión de sus conocimientos, sino suave en su elocuencia. Condenó el estilo hinchado, la demagogia y las trampas de los sofistas que cobraban dinero por enseñar a provocar la disputa con métodos capciosos.

Que invada las redes el creador del hombre como animal político, en la Europa trastornada por el populismo grosero de los nuevos sofistas. "Pensar, soñar matemáticamente -dice George Steiner- es seguir los pasos de Euclides y Arquímedes (... ). Los griegos han aportado a Europa la ley moral, la tradición de recibir con dignidad a los forasteros o apátridas; en realidad la democracia occidental es una nota a pie de página a Platón o Aristóteles".

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14211
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Una Historia de España' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mié Abr 10, 2019 11:04 am

Pérez-Reverte frente a la historia de España
José Enrique Ruiz-Domènec - lavanguardia.com - 10/04/2019

En ese escenario portentoso y trágico al que llamamos España, se reúnen a menudo los hombres y las mujeres para quejarse: no del país que, según opinión unánime, es de los más bellos de la Tierra, sino de las oportunidades perdidas que se les ha ido brindando a lo largo de la historia. El carácter de sus habitantes, del que habló el gran historiador romano Tito Livio para advertirle al emperador Augusto del problema al que se iba a enfrentar, atraviesa los siglos con su tendencia a destruir lo que construye.

Asoma así inesperada, discretamente, desde una época antigua, el rasgo privativo de un país capaz de estropear sus mejores logros debido a la torpeza, trufada de vanidad, de sus dirigentes. España, una tierra olvidada por el sentido común. Y los que duden del diagnóstico lean el libro ‘Una historia de España’, donde Arturo Pérez-Reverte sale al encuentro de su país no como un espectador detrás de la barrera, sino en la misma arena, con la convicción que se tuvo antaño, en 1898, cuando sonó para España la hora europea y que condujo a Ortega a hablar de la rebelión de las masas y a Unamuno del sentimiento trágico de la vida.

El libro, fruto de una colaboración con el suplemento ‘XL Semanal’, es una sucesión de estampas (noventa y dos, contando con el epílogo) desde el más remoto pasado hasta la más rabiosa actualidad que permiten descubrir que siempre ha sido igual en este país: una clase política corrupta y malversadora de bienes públicos, unos religiosos tajantes que queman al que les discute, un gobierno incapaz que recurre a la Guerra Civil para seguir medrando, un apego a exterminar al oponente, no a convencerlo. Aun así, a lo largo de una historia desgraciada pero fascinante, los españoles han expresado su indignación con humor, gracias a una lengua robusta, visual, como quería Juan de Valdés o el propio Nebrija, de la que este libro es una buena muestra (no en vano su autor es académico de la Española); pero también gracias a una tradición literaria enfrentada al desatino de los poderosos con ironía, incluso sarcasmo, desde Rojas o Cervantes hasta Larra o Ganivet.

La persistencia de situaciones, fácilmente reconocibles, es una constante en el libro, desde la descripción de los godos hasta el franquismo, el argumento olvidado de la actual enseñanza. Baste leer el párrafo de cómo se liquidó el imperio romano en España para darnos cuenta del estilo: “Imagínense a la clase política de entonces, más o menos como ahora la chusma dirigente española, con el imperio-estado hecho una piltrafa, la corrupción, la mangancia y la vagancia, los senadores Anasagastis y los diputados Rufianes, la peña indignada cuando todavía no se habían puesto de moda las maneras políticamente correctas y todo se arreglaba degollando”.

Las estampas se suceden sin parar, hay que leerlo de un tirón, para luego volver sobre sus fragmentos magistrales que son muchos, por cierto. Desde el consejo que Leovigildo le da a su hijo (“mira, chaval, éste es un país con un alto porcentaje de hijos de puta por metro cuadrado, y su naturaleza se llama guerra civil”) hasta la definición de lo que fue Al Ándalus (“ese cuento chino de un país tolerante y feliz, lleno de poetas y gente culta, donde se bebía vino, había tolerancia religiosa y las señoras eran más libres que en otras partes, no se lo traga ni el idiota que lo inventó”), encontraremos aquí decenas de observaciones juiciosas y de comentarios intempestivos sobre los episodios más relevantes de nuestra historia, sin la épica de Galdós pero con un fuerte realismo narrativo. Este libro es Pérez-Reverte en estado puro. La severidad de su mirada le sale natural, como si formase con él una misma sustancia, según podemos apreciar en el modo de concluir una de esas estampas diciendo “de lo que hablaremos en el capítulo siguiente de nuestra siempre apasionante, lamentable y muy hispana historia”.

El recurso del humor, elemento clave de la catarsis de una sociedad aprisionada en la ignorancia de su historia, no sólo afecta al estilo, que se salpica de hijos de puta, irse al carajo, y otras expresiones del argot coloquial con el que a menudo despachamos lo insufrible, también afecta al contenido de su información, por ejemplo al describir a Fernando VII dice: “Era cobarde, vil, cínico, hipócrita, rijoso, bajuno, abyecto, desleal, embustero, rencoroso y vengativo; resumiendo, era un hijo de puta con ático, piscina y garaje”. Del mismo modo le veo implicado, e íntegro, en el terreno de las esperanzas, cuando sospecha que España no tiene solución porque el “país ha perdido el control de la educación escolar y la cultura”.

Detengámonos aquí. Reflexionemos sobre lo que se dice en este libro entre broma y broma, entre sarcasmo y sarcasmo y veámoslo como una advertencia ante la posibilidad de volver a perder la oportunidad que se nos dio en 1978 con la creación de un Estado social y democrático de derecho, plenamente integrado en Europa, y veamos el libro como el regalo de un gran novelista a la sociedad española porque estoy convencido de que ‘Una historia de España’ de Arturo Pérez-Reverte es un moderno epílogo a ‘El Quijote’.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14211
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Una Historia de España' (2019)

Mensaje por Rogorn » Lun Abr 22, 2019 9:57 am

Pérez-Reverte, al encuentro de los españoles
Javier Redondo - elmundo.es - 22/04/2019

España es "este lugar impreciso, mezcla formidable de pueblos, lenguas, historias y sueños traicionados. Ese escenario portentoso y trágico...". Es la última cita de las muchas que incluye el prólogo de 'Una Historia de España'. Corresponde al autor, que muestra una España de ida y vuelta; tierra "fértil en fanáticos y gilipollas"; una historia a la que inyecta realismo melancólico y avinagrada mordiente. Una España que fue, en el origen, tierra de conejos y tribus dispersas; una Historia castiza, malhablada y provocadora; de taberna, recreo, aguijón y estilete.

Doscientos años necesitó Roma para conquistar cada uno de sus pueblos, cada pueblo con su jefe. Hasta que Octavio Augusto "les partió el espinazo" y forjó Hispania, que en pleno "boom del denario" se hizo cristiana. Late en seguida el Reverte más mordaz; irreverente e incorrecto, acusa a los legionarios romanos de 'amariconamiento' -luego dirá algo parecido de los moros locales- por meterse en política. Con los godos, las dos Hispanias, hasta que la conversión de Hermenegildo y tras la consecuente guerra civil, Recaredo convocó el Concilio de Toledo. Pronto apareció el jefe musulmán Yebel-Tariq. Se quedó y los españoles ni se inmutaron.

Muy crítico con los reyes de todas las épocas, Reverte elogia a Fernando III, que recuperó Sevilla y Cádiz cinco siglos después de la conquista árabe. Se recrea en la biografía del Cid y el 'escabeche' en las Navas, si bien durante la Reconquista no hubo asomo de propósito común. La gran "operación política" se ejecutó al final del periodo con el matrimonio de conveniencia entre Isabel, la reina que mordía con la boca cerrada, y Fernando, también de armas tomar. Entre los Reyes Católicos y Felipe II, escribe Reverte, "iba a cuajar lo que para bien y para mal hoy conocemos como España", tierra también, gracias al oro y la plata americana, de "fanfarrones, perezosos e improductivos". El lector maldice o asiente; sonríe, musita, gesticula o frunce el ceño pero continúa porque Reverte atrapa de nuevo. Y porque sabe que en el fondo arremete inmisericorde contra frailes, pícaros e ingleses pero reivindica la grandeza de nuestro pasado y el mal trato que sufren nuestros escritores y héroes; nuestras letras y soldados. Reverte sufre con la decadencia y "subasta" del Imperio porque lastró nuestro futuro.

Así hasta el drama del español ilustrado e inteligente a comienzos del XIX: "Quien trae la modernidad se ha convertido en tu enemigo" pues "los compatriotas combaten por una causa equivocada". O por media causa equivocada. Primero salieron a la calle "los muertos de hambre, los chulos de los barrios bajos y las manoplas de Lavapiés". Luego la cólera se extendió. Fue el gran dilema de 1808: patriota o afrancesado; fue la "escabechina de la independencia": el pueblo ganó su honra pero entregó su libertad a Fernando VII, que también murió en la cama, "tan campante".

Llegó el tiempo de espadones, oligarcas y guerras carlistas -una especie de cuarta, "a lo bestia", fue la del 36; y la quinta la quiso hacer ETA-. Tuvimos un siglo XIX muy entretenido: Reverte computa 18 formas de gobierno, entre solapadas, mixtas y combinadas. Antes de la primera caída de la monarquía, Prim inició la búsqueda "patética" de rey, porque el trono que antes se rifaban las cortes europeas, ahora no lo querían "ni regalado". Después, el disparate cantonal. La Corona no se rehizo. En 1925 se pitó al himno español por primera vez en el campo del Barça. Languidecía la monarquía, la dictablanda y la Restauración. Allí estaba España, contenta con la excitante novedad de la II República pero a "la sombra de Caín". La democracia que pudo ser sucumbió asediada a derecha e izquierda; entre demagogia, pistolerismo, irresponsabilidad, chulería y podredumbre. Mola previó un golpe rápido que no salió. Durante la Guerra, los azules se mostraron más disciplinados; el bando rojo fue un "sindiós". Reverte reivindica el prólogo de A sangre y fuego de Chaves Nogales. Los nuevos amos impusieron sus condiciones pero no trajeron la paz. Cuando se apagó la lucecita de El Pardo, al fin brotó España. Así cuenta Reverte, magistral, sobria y crudamente la Historia de España, como solicita que aceptemos "con honradez y sin complejos, lo que los españoles fuimos, lo que somos y lo que, en este lugar apasionante y formidable, pese a todo, podríamos ser si nos lo propusiéramos". Reverte sale al encuentro de los españoles.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14211
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Una Historia de España' (2019)

Mensaje por Rogorn » Lun Jun 17, 2019 9:15 am

‘Una historia de España'
Mariela Sagel - laestrella.com.pa - 16/06/2019

El último libro del escritor español Arturo Pérez-Reverte es poco menos que un prodigio. 'Una historia de España' es un relato ameno, irónico, único en su clase, que nos lleva a caballo entre los entresijos de la accidentada historia de su país, "este lugar impreciso, mezcla formidable de pueblos, lenguas, historias y sueños traicionados. Ese escenario portentoso y trágico al que llamamos España", según el mismo autor. En apenas 264 páginas Pérez-Reverte logra contarnos la intensa historia del país que llegó a ser uno de los imperios más importantes de Europa y que conquistó América, con el lenguaje mordaz y la irreverencia que lo caracterizan en sus artículos de prensa.

Son 91 capítulos más el epílogo que narran los orígenes de la historia española hasta el final de la Transición (que se da a partir de la muerte del dictador Francisco Franco y la instauración de la monarquía parlamentaria) de una manera poco ortodoxa, que te mata de la risa al tiempo que te aclara muchas de las sombras que tiene la historia de esa patria grande que algunos reclaman, pues la mayoría de nuestros ancestros proviene de ella o, como dijera el poeta Federico García Lorca, "el español que no ha estado en América no sabe qué es España".

Arturo Pérez-Reverte es un fenómeno editorial poco comparable con otros de su generación. Sus novelas, sean trilogías, series o novelas individuales, no están exentas del gran valor que le dan sus más de 20 años como reportero de guerra. 'Una historia de España' es una recopilación de sus textos semanales, publicados a lo largo de los últimos cuatro años en la sección de 'XL Semanal'. Le ha llamado a este ensayo valiosísimo un intento de recuperación de la memoria histórica como conformadora de la tesitura político-social de la actualidad. Dijo en una de las presentaciones del libro que España es un país en demolición, o que quizás merece ser demolido.

Los que nos consideramos "revertianos" hemos coleccionado durante años los artículos de don Arturo, el académico elegante, mordaz y sincero, que revienta las redes sociales casi semanalmente con algún intercambio en el que no se ahorra adjetivos para demoler a su interlocutor, si lo merece. La editorial Alfaguara ha hecho esta compilación, según la editora del autor, Pilar Reyes, "a petición de los lectores" y el resultado, el contenido del libro, arroja luces en cómo Pérez-Reverte ha acabado convirtiendo esos artículos semanales en "una personalísima mirada alrededor de la historia de España" y de ser unos flashes solitarios los ha presentado en un conjunto sólido.

El autor se cura en salud: advierte de antemano que no es historiador (eso se lo deja a su compadre Juan Eslava Galán) y que tampoco pretende serlo. Solo es un tipo que ha leído sobre historia y escribe libros. ¡Y vaya si escribe! Y con este volumen imprescindible se propone capitular las distintas miradas —según corte ideológico o territorial— que hoy día rigen el panorama político-social:

La mirada de la derecha: Pérez-Reverte apunta que a la derecha española le falta, en su aproximación historicista al pasado de España, una "lucidez crítica" necesaria. Cree que su voluntad de blanquear los acontecimientos del pasado de su país no es una estrategia correcta para afrontarlo.

La mirada de la izquierda: Argumenta que la izquierda gestiona ese acercamiento desde un punto de vista opuesto, es decir, "siempre desde un lugar oscuro". Señala Arturo Pérez-Reverte que negar las luces históricas de España y buscar un oscurecimiento permanente resulta tan perjudicial como hacerlo con sus sombras.

La mirada de los nacionalismos periféricos: Desplazando la cuestión ideológica y aproximándose a una concepción geopolítica del territorio, Pérez-Reverte sostiene que la mirada de los nacionalismos hacia la historia de España está dominada por la negación. "Este punto de vista se construye en torno a la idea de que la historia de España, como tal, no existe, sino que se conforma a través de una serie de historias paralelas".

Una mirada que tome distancia: El autor de ‘Una historia de España' ha terminado apuntando —en la presentación del libro en Madrid— la que, según su punto de vista, es la manera más ecuánime de aproximarse al pasado: "Esto no es cuestión de glorificar o de oscurecer, sino de acerarse a la historia de España como a un espacio temporal en el que han pasado cosas buenas y cosas malas. Se trata de, simplemente, conocerlas".

'Una historia de España' no puede estar exenta de su vínculo con América o los otros lugares donde este reino tuvo colonias, como Filipinas. "España es luz y sombra en América. Se construyeron catedrales, se fomentó la aparición de universidades; también se cometieron asesinatos, violaciones y vejaciones. En definitiva, trasladamos a América nuestras mayores virtudes y nuestros peores vicios, que todavía hoy lastran la composición de sus sociedades".

Para poder construir un futuro responsable sin conocer el pasado y haciendo énfasis en la enseñanza, algo del que él es un ferviente "hacedor" (aunque sea irreverente), pretende cimentar un pilar fundamental en la construcción de una mirada crítica que comprenda el devenir histórico de la identidad española.

Por la misma vertiente de la idea de hacer esta compilación, el autor aclaró que a pesar de que el texto parece una curiosa mezcla entre amargura y esperanza, él no puede evitar ser optimista. "La historia, por sí misma, no es buena o mala. Es objetiva". Y eso es lo que pretende este libro, especialmente en estos momentos en que una sociedad crítica se enfrente a su pasado con el propósito de construir una identidad sólida, basados en dos elementos fundamentales, "cultura y generosidad". Y que se siga dialogando sobre la historia.

Cautivador, capaz de mover multitudes, carismático y un interlocutor como pocos, además de amigo incondicional de los suyos, adora el mar y pasa mucho tiempo en su barco de vela, así como el cine. Dotado de una pluma prodigiosa, que se fija en los detalles hasta el cansancio, sus libros son esperados todos los años (a veces saca dos en un año, como lo hizo el pasado 2018). 'Una historia de España', que pareciera ser un libro académico de historia, es un deleite de lectura y mucho más es comentarla, apuntarla, resaltarla y citarla, sin ahorrar en las palabrotas y los dichos bien españoles que mandan a tomar por el trasero a cada rato a los hijos de la madre que los parió.

Avatar de Usuario
Rogorn
Mensajes: 14211
Registrado: Jue Feb 01, 2007 12:00 am
Contactar:

Re: 'Una Historia de España' (2019)

Mensaje por Rogorn » Dom Jul 14, 2019 7:27 pm

Arturo Pérez-Reverte: 'Una historia de España'
Adrián Sanmartín - elimparcial.es - 14/07/2019

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) es uno de los escritores más populares de nuestras actuales letras. Tras una larga trayectoria como reportero de guerra –volcada en su libro 'Territorio comanche'- decidió volcarse en la literatura y las columnas periodísticas. Al también académico de la RAE y activo y polémico tuitero, le interesa sobremanera el discurrir histórico de nuestro país, que conoce con rigor, a la vez que sabe extraer de ella sus enseñanzas, vigencia y actualidad. Esa historia sobre la que se ha ido documentando para escribir sus novelas, nos la sirve ahora en 'Una historia de España', donde en 91 capítulos y un epílogo reúne los artículos sobre el asunto aparecidos en el dominical XL Semanal bajo el membrete de su columna “Patente de corso”.

Muy clarificador sobre la intención del volumen es su epílogo, donde, entre otras apreciaciones, señala: “En ningún momento pretendí suplantar a los historiadores profesionales; ni siquiera a los historiadores a secas. Sin embargo, en algún momento de esos cuatro años, un par de ellos, gente de poca cintura y a menudo con planteamientos sectarios de rojos y azules, de blancos y negros, de buenos y malos, bobos más o menos ilustrados en busca de etiquetas, de los que confunden ecuanimidad con equidistancia, se ofendieron por mi supuesto intrusismo; pero su irritación me fue siempre indiferente. En cuanto a los lectores, si durante todo ese tiempo logré despertar la curiosidad de algunos y dirigirla hacia los libros de historia específicos y serios donde informarse de verdad, me di siempre por más que satisfecho. No era el objetivo principal, aunque me alegro. En mi caso se trataba, únicamente, de divertirme, releer y disfrutar; de un pretexto para mirar atrás desde los tiempos remotos hasta el presente, reflexionar un poco sobre todo ello y contarlo de una manera personal, amena y poco ortodoxa”.

En efecto, la mirada personal, la amenidad y el rechazo de lo políticamente correcto -algo en lo que afortunadamente Pérez-Reverte es un maestro en medio de tanta dictadura al respecto- prevalecen en esta obra, que se lee como si se tratara de una apasionante novela. Porque apasionante es la historia española, que Pérez-Reverte recorre desde sus orígenes hasta el final de la Transición. Apasionante y no escasa de aciagos momentos, como la Guerra Civil -a la que el padre de Alatriste dedicó específicamente su libro La Guerra Civil contada a los jóvenes- y ensombrecida, como bien recuerda Pérez-Reverte por “siglos de guerra, violencia y opresión bajo reyes incapaces, ministro corruptos y obispos fanáticos, la guerra civil contra el moro, la Inquisición y su Infame sistema de delación y sospecha, la insolidaridad, la envidia como indiscutible pecado nacional, la atroz falta de cultura que nos ha puesto siempre -y nos sigue poniendo- en manos de predicadores y charlatanes de todo signo, nos hicieron como somos”. Pero también llena de gestas, a pesar de que muchos se empeñen en una actitud que con acierto denuncia el académico, advirtiendo que somos “uno de los pocos países del llamado Occidente que se avergüenzan de su gloria y se complacen en su miseria, que insultan sus gestas históricas, que maltratan y olvidan a sus grandes hombres y mujeres, que borran el testimonio de lo digno y sólo conservan, como arma arrojadiza contra el vecino, la memoria del agravio y ese cainismo suicida que salta a la cara como un escupitajo al pasar cada página de nuestro pasado”.

El estilo coloquial y con nervio periodístico, con toques de humor e ironía, y los personajes históricos bajados de su pedestal (por ejemplo, Leovigildo le aclara a su hijo: “Mira, chaval, éste es un país con un alto porcentaje de hijos de puta por metro cuadrado, y su naturaleza se llama guerra civil”) hace especialmente grata la lectura de este ensayo.

Un ensayo en el que la visión de Pérez-Reverte -no podía ser de otra manera- se impregna de pesimismo y acidez: “Nadie que conozca el pasado puede hacerse ilusiones; o al menos yo no me las hago. Creo que los españoles estamos infectados de una enfermedad histórica peligrosa, quizá mortal, cuyo origen tal vez haya aflorado a lo largo de todos estos artículos”. Pero el pesimismo no es baldío. Solo conociendo muy bien la realidad, sin edulcorarla engañosamente, puede haber un atisbo de esperanza.

Responder