'Sidi' (2019)

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Rogorn
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'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mar Jun 25, 2019 4:48 pm

Sidi, nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, se publicará el 18 de septiembre
zendalibros.com - 25/06/2019

Tras la exitosa serie 'Falcó', Arturo Pérez-Reverte se aleja de la historia contemporánea para viajar hasta el siglo XI en su nueva novela, 'Sidi', que llegará a las librerías el 18 de septiembre simultáneamente en todo el territorio de la lengua española, publicada por Alfaguara.

'Sidi' es una historia de exilio y frontera, de lucha por sobrevivir en un territorio hostil, indeciso y de fuerzas encontradas. Narra la aventura de un guerrero que, obligado al destierro, cabalga para buscarse la vida con una hueste que lo respeta y lo sigue. Su carácter y sus hechos de armas lo convertirán en una auténtica leyenda viva.

«El arte del mando era tratar con la naturaleza humana, y él había dedicado su vida a aprenderlo. Colgó la espada del arzón, palmeó el cuello cálido del animal y echó un vistazo alrededor: sonidos metálicos, resollar de monturas, conversaciones en voz baja. Aquellos hombres olían a estiércol de caballo, cuero, aceite de armas, sudor y humo de leña. Rudos en las formas, extraordinariamente complejos en instintos e intuiciones, eran guerreros y nunca habían pretendido ser otra cosa. Resignados ante el azar, fatalistas sobre la vida y la muerte, obedecían de modo natural sin que la imaginación les jugara malas pasadas. Rostros curtidos de viento, frío y sol, arrugas en torno a los ojos incluso entre los más jóvenes, manos encallecidas de empuñar armas y pelear. Jinetes que se persignaban antes de entrar en combate y vendían su vida o muerte por ganarse el pan. Profesionales de la frontera, sabían luchar con crueldad y morir con sencillez. No eran malos hombres, concluyó. Ni tampoco ajenos a la compasión. Sólo gente dura en un mundo duro.»

Como ya ocurriera con novelas anteriores como Hombres buenos o 'El club Dumas', en 'Sidi' Arturo Pérez-Reverte sumerge al lector en la Historia, uno de los temas más celebrados de su universo literario.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mié Jun 26, 2019 11:39 am

Pérez-Reverte, El Cid cabalga de nuevo
Javier Ors - larazon.es - 25/06/2019

Arturo Pérez-Reverte viene ofreciéndonos a través de sus héroes el pulso que mueve los tiempos, lo que son, en definitiva, los diferentes valores, moralidades, creencias y éticas que han movido las centurias. El Capitán Alatriste nos trae así las sombras de un imperio, que no era más que la miseria de sus soldados y sus gentes, que nunca vieron el oro y la plata de las Indias, pero que acometían con templanza sus deberes y siempre mostraron su lealtad hacia una corona y una iglesia a la que debían poco y jamás les entregó nada. Con Falcó nos trajo/desveló el cinismo del siglo XX, la cara de esos hombres escarmentados, que anteponen la fidelidad a su billetera a los principios que proporciona cualquier ideología o utopía, sea ésta azul o roja.

Arturo Pérez-Reverte ha ido forjando así una épica de personajes que funcionan como un prisma: ellos descomponen la luz de su época en ese arco iris que son las integridades, virtudes, indecencias, vicios y anhelos que dominan sus vidas. Pero el escritor aborda ahora, suponemos que con mucha consciencia, y más teniendo en cuenta los sectarismos, odios y prejuicios que empapan esta tierra, un reto de mayor hondura y calado. Sus anteriores caracteres nacen de la imaginación, pero, en el fondo, provienen de la destilación de unos conocimientos previos, de la corporeización meditada de un periodo, demostrando así el autor que cualquier ficción apea o tiene asiento en una realidad concreta y firme.

En 'Sidi', su nueva novela, que sale a la venta el 18 de septiembre, acomete sin embargo, por primera vez en su trayectoria, la novelización no de un episodio histórico ('Cabo Trafalgar', 'Un día de cólera'), sino de un personaje real. Y no de uno cualquiera, sino uno con envergadura, de los que vienen a caballo de su leyenda: El Cid Campeador. El relato es crónica de frontera o novelización libre o ajustada de Rodrigo Díaz de Vivar antes de que fuera mito y el pueblo cantara aquello de «¡Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señor!». Pérez-Reverte, ajeno a decires y «contradecires», hace ejercicio de libertad y recupera así una figura de nuestro pasado, pero no una cualquiera, sino una estigmatizada por la dictadura, que se lo apropió y convirtió en uno de sus pendones. Peaje que pagó el personaje cuando llegó el momento de homenajearle en el aniversario de su muerte. Efeméride que pasó sin pena ni gloria, que para algunos el guerrero, imagen y espejo de caballeros en la Europa de su momento y al que honraron sus enemigos, no será más que un facha y, para los otros, un incómodo recuerdo. Ahora una ficción puede impulsar la recuperación de su historia, la auténtica, con sus claroscuros, y limpiarlo de la contaminación ideológica que arrastra.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Ada » Mié Ago 28, 2019 1:44 pm

SORTEO DE EJEMPLAR:

El Fin de Semana Cidiano propone su primer concurso de fotografía

Las obras se podrán entregar desde el día siguiente a la terminación del evento, hasta el 20 de octubre

El Grupo OTR, entidad organizadora del Fin de Semana Cidiano, convoca el primer concurso de fotografía durante su undécima edición, que se celebrará los días 4, 5 y 6 de octubre.

Con este certamen, la organización quiere hacer partícipe a la ciudadanía en el evento y conocer a través de su mirada, plasmando sus vivencias, experiencia e historias en fotografías, lo que para ellos representa el Fin de Semana Cidiano.

Por este motivo, en el concurso se ofrecen cinco temáticas para desarrollar en las que se valorarán las imágenes que reflejen su esencia, la divulgación de la figura del Cid y su época.

El principal criterio de valoración será la originalidad, composición, estética y narrativa en función de la temática.

Bases del concurso

- Podrán participar cualquier persona mayor de 16 años.

- El concurso incluye cinco categorías temáticas:

ACTIVIDADES DIDÁCTICAS – CULTURALES: exposiciones, conferencias, lecturas del Cantar, talleres, juegos infantiles y visitas guiadas.

DESFILES - ANIMACIONES: desfile de la Comitiva (diurno), desfile Infantil, desfile de Antorchas (nocturno) y animaciones de calle.

TORNEOS - RECREACIONES HISTÓRICAS – ESPECTÁCULOS: torneo medieval tiro con arco, torneo medieval infantil, torneo medieval a caballo, campamento medieval, recreaciones históricas, espectáculos musicales y teatrales.

ACTOS SOLEMNES: entrega Cidiano de Honor, misa de la Catedral de Burgos, Ofrenda Floral y la Entrega de Armas en la tumba del Cid.

LOCALIZACIONES y AMBIENTACIÓN: fotografías generales del evento en el que se refleje la esencia del evento.

- Cada participante podrá presentar un mínimo de 10 y un máximo de 20 fotografías relacionadas con las temáticas del certamen.

- Las obras se podrán entregar desde el día siguiente a la terminación del evento, hasta el 20 de octubre a las 23:59 horas.

- Se concederá un primer premio de 400 euros, diploma y un ejemplar del libro 'SIDI' de Arturo Pérez Reverte, así como cinco menciones especiales a la mejor fotografía de las categorías temáticas que consisten en 100 euros, diploma y un ejemplar del libro 'SIDI' de Arturo Pérez Reverte.

https://www.burgosconecta.es/sociedad/s ... 02-nt.html

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Ada » Lun Sep 02, 2019 12:20 pm

ADELANTO DEL PRIMER CAPÍTULO (suplemento cultural de El Mundo):
https://www.elmundo.es/cultura/laesfera ... b45b6.html

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Dom Sep 15, 2019 11:49 am

Pérez-Reverte publica un 'Cantar del Mio Cid' lleno de apaches
David Gistau - elmundo.es - 15/09/2019

En 'Sidi', Pérez-Reverte comprende las semejanzas entre dos Fronteras, la americana y la española durante la Reconquista. Igual de inestables y de peligrosas. Partiendo de esa certeza, su Cid no es el matamoros hecho estatua de la hagiografía histórica, sino un personaje que casi podría confundirse con el Ethan Edwards de John Ford. El Cid de Pérez-Reverte es la reducción del personaje estatuario a la minucia de la hoguera a resguardo y la errancia. El "polvo, sudor y hierro" machadiano es explicado de tal forma que del jinete sabemos cuánto le duelen las escoceduras provocadas por el roce con la silla o cómo entumece el frío nocturno que sucede al calor atroz de la estepa castellana. Hasta añoranzas eróticas lo visitan cuando está a solas. Mastica una cecina seca de la que es fácil suponer que no hay diente que la desgarre.

El Cid del destierro es un ronin, una espada con tarifa de alquiler. La mesnada, contenida por la disciplina y por la fe ciega en quien manda -"Os estaré mirando», les dice el Cid antes de entrar en batalla, y eso basta-, parece degradarse hacia el bandidaje, como a menudo ocurre con los derrotados que permanecen juntos, aunque viene de vivir grandes hechos de los que ponen y quitan reyes. Algunos históricos, como el sitio de Zamora y el asesinato a traición de Sancho. Otros legendarios, como probablemente lo es la Jura de Santa Gadea. Estos hechos, entreverados en el recuerdo con la suciedad cotidiana y la codicia de botín de los vagabundos en armas, concede a esa partida una dimensión histórica que hace aún más dramática su caída en desgracia y de la que carecen los centauros de John Ford a los que aludió Pérez-Reverte cuando anunció que con el Cid iba a hacer un "western".

Ahí es donde surge el verdadero gran personaje de este libro: la Frontera. En concreto, la frontera del Duero, un falso "limes" poroso, inestable, donde los idiomas se mezclan y bastardean, donde el enemigo de un día es el aliado del siguiente, donde los cristianos también se matan entre sí a veces al servicio de una taifa y nada se corresponde con la visión maniquea de la Reconquista. Como en la Frontera americana, la vanguardia cristiana la conforman ínfimos castillos de roca que son como los fuertes de la caballería. Y granjeros, pioneros dispuestos a buscar una vida en un lugar peligroso, al que no llegan la autoridad ni la ley, y donde son trofeos de caza de las partidas de saqueadores, las aceifas.

Convertido en personaje de "western", el Cid palpa boñigas para comprobar a qué distancia están los perseguidos y habla de los moros como si fueran apaches. Igual de invisibles, igual de temibles cuando se abaten sobre una granja, un villorrio o un monasterio y todo lo llenan de muerte escatológica. Aunque luego surge la pista histórica, el trasfondo. Como cuando el Cid, al reconocer el uniforme y los tatuajes de un muerto, se sorprende de ver tan al norte ya a los almorávides, las tribus rigoristas, yihadistas, que pasaron de África para aprovechar la relativa flojedad andalusí después de la fragmentación en taifas.

Más allá de su particularidad argumental, ésta es otra de esas novelas en las que Pérez-Reverte filtra sus propias heridas internas de guerra. Un ballestero de Castilla es un recurso para acordarse de un francotirador de Sarajevo. La obsesión por contar los olores, los de la muerte y los de la soldadesca, es propia de quien lleva los de la guerra adheridos a la memoria. De igual forma que parece ser el mismo enjambre de moscas el que lleva acudiendo desde hace miles de años a alimentarse de unas tripas abiertas, que son siempre las mismas tripas abiertas. Mezclados en el autor el investigador y el reportero, el resultado es un trabajo de periodista empotrado en las huestes del destierro que justifican al Cid su 'Cantar'. Y donde los hechos preludian la apoteosis levantina de un representante de esa nobleza baja española que todo lo tenía aún por hacer y lo hacía con la espada. Y que, medio milenio después, saltó a América porque aquí se le habían acabado las fronteras.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Lun Sep 16, 2019 5:44 pm

Así es El Cid de Pérez-Reverte: un 'muerto de hambre' con principios y sin patria ni rey
David Barreira - elespanol.com - 16/09/2019

La vida regia se le había terminado al Campeador con un baño de sangre, la de su señor e inseparable amigo. La derrota significó el destierro, convertirse en un proscrito; el ocaso de los momentos de gloria y el abrazo de lo incierto, de exprimir el sudor generado por los mandobles a cambio de un poco más de aliento, de una hogaza de pan. Cabalga ahora como uno más de su hueste, hombres curtidos en el arte de la guerra y movidos por el honor, persiguiendo una recompensa para matar el hambre. No la gloria. Son mercenarios, son supervivientes.

Así arranca 'Sidi' (Alfaguara), la última novela de Arturo Pérez-Reverte en la que dibuja su Cid particular, figura histórica y legendaria a partes iguales, que el escritor moldea y ficciona a su antojo y sitúa pocos meses después del destierro (1081) dictado por Alfonso VI, rey de Castilla, vencedor de la lucha por el trono contra su hermano Sancho II. Rodrigo Díaz de Vivar, Ruy Díaz, deambula por una "España incierta de confines inestables", con una frontera que separa los reinos cristianos de las taifas musulmanas, con alianzas y refriegas entre todos, con socios que raudos se tornan en enemigos.

El Cid de Pérez-Reverte es un personaje orgulloso, desafiante, estoico, al que sus jinetes profesan una fe indómita debido a su inteligente coraje y justicia inflexible, pero también uno entre iguales: le llaman "sidi", señor, a pesar de dormir en el suelo, de masticar la cecina reseca, de revolverse en el polvo, de batirse en primera línea como el peón más prescindible. "Nunca dejaba a uno de los suyos solo entre enemigos, ni nunca atrás mientras estuviera vivo. Por eso sus hombres lo seguían de aquel modo, y la mayor parte lo haría hasta la boca misma del infierno".

Se revela ante el lector la figura de un caballero transformado en mercenario por los azares del destino, dispuesto a empuñar la espada por todo aquel que pague bien, salvo que vaya contra el que sigue siendo su rey, porque el juramento de la lealtad solo desaparece con la vida. Ruy Díaz solo atisba su futuro y el de sus gentes de Vivar, de Burgos, de otras regiones que acuden atraídos por su aura legendaria, a través de salir airosos de los campos de batalla, y por eso vende sus servicios al conde de Barcelona Ramón Berenguer o al rey moro de Zaragoza Mutamán.

"Conseguir botines, matar para no morir o, llegado el caso, morir matando", escribe el creador de otros personajes como el capitán Alatriste o Lorenzo Falcó. "La única salvación de los guerreros sin patria era no esperar salvación ninguna". Porque el único patrimonio que tiene Ruy Díaz es su nombre, Campidoctor; su lema, "que me odien pero que me teman"; y su mesnada, curtida y ruda, que no teme al hierro enemigo, a quien embiste al grito de "¡Santiago y Castilla!".

En 'Sidi', Reverte construye una historia directa y trepidante, encadenando escaramuzas por un puñado de monedas o lances entre ejércitos numerosos que pugnan por el control de esos dominios que se extienden por el valle del Duero; un "western", como él mismo lo ha bautizado, en el que "familias de colonos cristianos pobres que se instalaban allí para poblar aquello por su cuenta, defendiéndose de los moros y a veces hasta de los mismos cristianos, (...) y que, a su heroica, brutal y desesperada manera, empezaron la reconquista sin imaginar que estaban reconquistando nada. En esa frontera dura y peligrosa surgieron también bandas de guerreros cristianos y musulmanes que, entre salteadores y mercenarios, se ponían a sueldo del mejor postor, sin distinción de religión".

Es en ese contexto donde se desenvuelve este nuevo Cid, mucho más complejo que un simple guerrero, que revive sus inicios en la guerra a los quince años; un individuo que también experimenta la melancolía y la ausencia al pensar en su esposa Jimena y en sus dos hijas, tan lejanas, tan vivas en sus recuerdos. Un líder justo y letal, previsor y precavido, que atisba la mayor amenaza que suponen los almorávides o que palpa boñigas de caballo para averiguar el rumbo de sus presas.

Podía haber reducido el novelista su peculiar 'Cantar de Mio Cid' a los años de más lustre de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, aquellos en donde la leyenda se funde todavía más con la historia, como sus galopadas por el reino de Valencia. Pero si ha elegido esta época, la de mercenario, la de mayor sufrimiento y fatigas, es para narrar la lucha permanente de unos hombres sin patria por conservar la vida, por soportar el frío y el hambre, por acumular cicatrices en sus fornidos cuerpos sin que fuesen definitivas. Es el homenaje de Reverte a un mito español, una inmersión disfrutona en la fábula del Cid.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Lun Sep 16, 2019 5:46 pm

El regreso de Pérez-Reverte
David Bowman - zendalibros.som - 15/09/2019

Verne, Salgari, los Dumas, Sabatini, nuestro amado sir Anthony y todos los viejos rockeros se remueven felices en sus tumbas. Arturo Pérez-Reverte vuelve por sus fueros. Por los de la sobriedad estilística —“sujeto, verbo, predicado”— y por los de la tierra de nadie que para él es parábola de la vida. De paso reivindica un mito, el del Cid Campeador, y se lo trae de la mano a su terreno. Rodrigo Díaz adquiere en este nuevo reverte hechuras de persona corriente, las hechuras que ya tuvieron guerreros como el húsar perdido en la peligrosa incertidumbre del no man’s land o los guerreros a su pesar condenados a morir bajo la sombra del águila, pasando por los que, sin ser guerreros, osaron entrar en territorio comanche empujados por una concepción del deber marca de la casa que, por cierto, también se reivindica en Sidi. Pero sobre todas las cosas tiene este Cid Campeador las hechuras de Diego Alatriste y de unos “personajes” que Reverte ha reivindicado alguna vez en las Patentes de Corso que publica en el dominical de los periódicos del Grupo Vocento. Me refiero a los militares que, siguiendo órdenes “de arriba”, no tuvieron más remedio que retirarse del Sahara Español en 1975. Guerreros sin suerte ni más causa que sus lealtades, como este Sidi, fiel al monarca que lo ha repudiado, hombres de una pieza que pueden ser muchas cosas, algunas espantosas, pero jamás cobardes ni desleales, dos crímenes capitales en esta tierra que no es de nadie porque es toda de Reverte, que la descubrió y la reivindicó hasta hacerla suya de hecho y de derecho, al menos del derecho del Reino de Redonda, reino mágico que tuvo hace tiempo el acierto de concederle el expresivo título de Duque de Corso, que menudo título, aunque si te paras a pensar está muy bien porque lo dice todo.

Llama la atención que aún pueda sacarse algo original de un “topos” tan sobado como el Cid. Reverte lo hace no sólo trayendo, como hemos señalado, el carácter del personaje a su propio terreno, sino manteniendo con fidelidad obsesiva el esquema argumental de la leyenda y hasta de la mismísima Historia, aunque tampoco puede uno estar seguro, porque no es experto en las fuentes históricas del Cid. En todo caso la novela está dedicada, y no en vano, imagino, a don Alberto Montaner, editor del Cantar publicado por la RAE, así que poca broma.

Ambientada en el destierro cidiano, Sidi figura ya entre las grandes novelas personales del autor, aquellas en las que se interpela a sí mismo e interpela al Cosmos, aquellas como El húsar, El maestro de esgrima, Territorio comanche o los siete títulos de la saga Alatriste, en las que no deja uno de verle a Reverte el alma, si es que tiene, aunque el protagonista se llame Glüntz, Astarloa, Barlés, Alatriste o Balboa. Novelas bien distintas de las “de género”, como El club Dumas, La tabla de Flandes o La carta esférica, y distintas desde luego de esas monumentales construcciones “profesionales” que son El asedio y El tango de la Guardia Vieja, con sus subtramas entreveradas, cronologías paralelas y personajes saltando de aquéllas a éstas como ranas de una charca a otra charca. Sidi, en cambio, es una novelita sencilla, directa, embridada y tan contundente como una carga de la caballería pesada castellana. Sidi son cuatrocientas páginas que te comes de una sentada. Sidi viene a reverdecer viejos laureles y a otorgar un sesgo nuevo, más maduro y reposado, al viejo y querido héroe revertino. Sidi es Rodrigo Díaz transmutado en una entrañable versión del “hombre peligroso” en el oscuro siglo XI. Sidi es una galopada en vivo y en directo por la desdibujada frontera noroccidental del antiguo solar de la Hispania romana, así que, amigo lector, apague el puñetero móvil, acomódese, abra una botella de champán o de lo que sea y láncese por tierras del Alto Aragón con las huestes de Mio Cid Rodrigo Díaz de Vivar. El gusto por contar ha vuelto. Y es forzoso brindar por ello.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mar Sep 17, 2019 12:29 pm

Pérez-Reverte dice que su novela 'Sidi' es una reflexión sobre el liderazgo
EFE - 06/09/2019

'Sidi', la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, que llega a las librerías el 18 de septiembre en el mundo de habla hispana, es "sobre todo, una reflexión sobre el liderazgo", ha asegurado el escritor y académico, que viaja al siglo XI para narrar la aventura de un guerrero desterrado. "El Cid que conocemos, el más famoso, el más épico, es el Cid de Valencia cuando ya es alguien con prestigio, cuando ya es un guerrero poderoso. A mi me interesaba más otro Cid, el Cid primerizo, cuando sale desterrado de Castilla con una mesnada de cuarenta o cincuenta hombres fieles de su pueblo: primos, sobrinos, gente, amigos suyos... a buscarse el pan, a buscarse la vida en una frontera peligrosa", explica el autor en un vídeo en Youtube.

Con esta novela, editada por Alfaguara, Pérez-Reverte pretendía "que el lector viese el siglo XI con ojos del siglo XI, no del siglo XXI. Que se sintiera dentro: en la cabalgada, que sintiera hambre y frio, que sudara la cota de malla bajo el sol". "Hay muchos Cid en la tradición española y éste es el mío", explica el escritor nacido en Cartagena (Murcia) en 1951.

A pesar de narrar hechos históricos y de la presencia de personajes reales, 'Sidi' es una obra de ficción en la que Pérez-Reverte recurre a episodios de la historia española —como el destierro del Cid y las batallas de Almenar y Pinar de Tébar—, y a leyendas procedentes de la tradición literaria hispánica, para, con la libertad del narrador, jugar con ellos según las necesidades del relato, señala la editorial.

Tras 'Sabotaje' (2018), la última publicación de la serie Falcó, y 'Una historia de España' (2019), recopilación de sus columnas 'Patente de corso', esta nueva novela saldrá a la venta simultáneamente en España, Latinoamérica y en Estados Unidos para los lectores en español.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mar Sep 17, 2019 12:47 pm

"Yo soy peligroso. Me gusta la gente peligrosa"
Entrevista de Carlos Manuel Sánchez - xlsemanal.com - 08/09/2019

La figura del Cid lo acompaña desde niño. Ahora, Arturo Pérez-Reverte ha decidido crear su propia versión en ‘Sidi’, un libro apasionante que, además de un viaje por la historia de España, es todo un manual de liderazgo. Hablamos con él y por primera vez muestra el lugar donde escribe sus novelas y los artículos para ‘XLSemanal’.

«Era gente dura en un mundo duro. Guerreros que mataban y morían para ganarse el pan». Arturo Pérez-Reverte se sumerge en el turbulento siglo XI para narrar el destierro del Cid Campeador en ‘Sidi’ (Alfaguara), que se publica el 18 de septiembre. Una novela histórica ambientada en la frontera del Duero, que tiene todos los ingredientes del libro de aventuras. El escritor nos recibe en el rincón de su biblioteca donde escribe. «Me habéis jodido una mañana de trabajo», bromea. «Soy un profesional que cuenta historias de manera eficaz. Mi orgullo, cuando me sale bien, es el mismo que puede sentir un artesano. Y con este libro estoy contento porque he encontrado el tono. El carpintero que me hizo la biblioteca viene a veces a verla. Le gusta sentarse un rato a contemplar su trabajo. Yo no me diferencio de él. Esto es un oficio. Hay que documentarse, echarle horas… Y valer».

-¿Por qué eligió a un personaje que ha tenido tantas versiones a lo largo de los siglos?
-Precisamente por eso. Tengo una ventaja. Crecí en una casa con biblioteca grande, y ahí estaba La leyenda del Cid, de José Zorrilla. Fue un libro decisivo en mi vida. Lo compró mi bisabuela Adela. Lo leí de pequeño.

-Así que el Cid está vinculado a sus primeras lecturas.
-Y también a las lecturas escolares. Yo estudié en los Maristas de Cartagena, recuerdo unos versos sobre la Guerra Civil en mi libro de texto del año 58 o 59 que decían: “La hidra roja se muere / de bayonetas cercada / y el Cid con camisa azul / por el cielo azul cabalga”. Son cosas que se te quedan en la cabeza, y que sirven para hacerse una idea de hasta qué punto se ha abusado del personaje. Pero luego he tenido otros Cid en mi vida como lector. Ahora, a los 67 años, y después de trabajar en la historia de España para mi libro anterior, me apetecía saber cuál era el mío.

-¿Y es un Cid que se ajusta a la realidad?
-Es tan real y tan falso como todos. Porque en el Cid hay un 25 por ciento de historia probada y el resto es leyenda, suposición, reconstrucción…

-¿Y qué le interesaba reconstruir?
-La frontera del Duero. Era un lugar fascinante. Reinos cristianos al norte, reinos moros al sur, y en medio una franja que era tierra de nadie. Como el lejano Oeste. Era una zona sin ley. Esa frontera épica es nuestro wéstern.

-¿Una del Oeste ambientada en la Reconquista?
-Técnicamente, me planteé cómo contaría esta historia John Ford. Pero maticemos lo de la Reconquista, porque no es así. La Reconquista fue una justificación a posteriori de los intelectuales que trabajan para los reyes cristianos. En esa época nadie soñaba con echar a los moros de España. La gente sobrevivía aliándose con unos y otros. Esa frontera imprecisa y turbulenta es muy revertiana. Y me interesaba meter en esa frontera a mis personajes.

En su casa Reverte tiene la espada , la cota de malla, el casco medieval… “Necesitaba sentir el pulso de Tizona. Cómo debía ser manejar una espada así montado a caballo. El peso en las cervicales del casco. Por qué había que forrarlo de tela para que no se te cocieran los sesos. La experiencia personal sirve para contar luego esos detalles”

-Ver al Cid de mercenario del rey moro de Zaragoza, e incluso rezando a Alá, aunque solo sea por estar a bien con sus compañeros de armas musulmanes, puede romper algunos esquemas…
-De eso se trata. Pero no porque me lo invente, es que fue así. El Cid del destierro es un Cid que está empezando la aventura. Luego será leyenda viva. Pero esos primeros seis meses del exilio me interesan más, cuando sale con su pequeña tropa y empieza a buscarse la vida.

-Es un personaje que ha sido muy manipulado.
-Se nos ha vendido como martillo de moros. Y no es exacto, porque luchó contra moros y cristianos. Y luchó, estando con los moros, contra los cristianos. Ese Cid es tan ambiguo como el territorio en el que se mueve. Lo que demuestra que no había una voluntad de Reconquista ni de cruzada. Era gente que se buscaba la vida.

-Y que se iba a la aventura…
-El Cid se lleva a su gente de Vivar con él y se le van juntando aventureros. Y va creciendo su mesnada. Por su prestigio y su nombre. Pero lo que me interesaba, sobre todo, era hacer una reflexión acerca del liderazgo. Cómo gobernar a los hombres en un mundo duro, cómo mandar, cómo hacer que tus hombres mueran por ti, cómo ser lo bastante hábil y diplomático, en un mundo de gente peligrosa, para llevártelos al huerto. Cómo convencer a un moro de que le eres útil, a un catalán…

-¿Casi un manual para ejecutivos?
-Sí. Me estudié los textos de Napoleón sobre el mando, los de los samuráis, los tratados asiáticos sobre inteligencia militar. Quería que un ejecutivo de una empresa tecnológica encuentre útil el libro, porque hay muchas claves sobre cómo ejercer el liderazgo.

-¿Los políticos también podrían aprender algo sobre cómo liderar?
-Hablar de esa gentuza sería rebajar el discurso. No, lo que me interesa es entender los mecanismos por los que un tío de segunda fila, pero con dignidad, inteligencia y coraje, consigue que su nombre perdure en la historia por encima de los reyes.

Documentos y notas manuscritas de Reverte que ha usado para ‘Sidi’. “El texto está lleno de guiños; al ‘Cantar’, por ejemplo. Pero el rigor es extremo. He leído todo lo que se puede leer sobre el Cid y he utilizado lo que necesito. Sin embargo, es una novela. Me he permitido licencias”.

-Hay muchos valientes y no todos sirven para mandar.
-Es que el valor no basta. El Cid duerme donde duermen sus hombres, se expone en la batalla como ellos, come lo que ellos, sabe sus nombres… Yo me he pasado 21 años en fronteras. Y he visto a gente que ejercía el liderazgo. Yo mismo he tenido que tomar decisiones de mando. Hay una experiencia personal. Y he sacado mis lecciones. Con la edad que tengo se juntan libros, vida e imaginación.

-Dice en el libro que estos hombres saben las cosas porque las han vivido, no porque se las hayan contado…
-Yo no me he encontrado a intelectuales en el campo de batalla. La gente cuya vida o muerte depende de hechos simples, como saber si hay enemigos emboscados, es sencilla y práctica. Quiero que el lector vea cómo se mueven los hombres en un territorio peligroso, no teorizar sobre la España medieval. Yo he estado en el Sáhara con la guerrilla. Vas con un tío que, de pronto, se para. Y tú no ves nada. Ese ver cosas que tú no ves, buscar en el paisaje los elementos que te van a permitir sobrevivir… Eso es fascinante.

-Pero el Cid es un tipo complejo, que apenas duerme porque siempre está ideando un plan B por si las cosas se tuercen…
-Sí, manejaba a hombres sencillos, pero era muy listo.

-¿Hay algo que a usted le quite el sueño?
-Solo el cansancio, si estoy muy cansado. Yo vivo en paz. Y mire que tengo fantasmas.

-¿Escribir es una terapia para conjurarlos?
-De treinta novelas, solo he escrito una que puede considerarse terapéutica: 'El pintor de batallas'. Ahí vuelco mi experiencia en la guerra de Bosnia.

-Por cierto, la escena del ballestero que acecha…
-Es el francotirador de Sarajevo, ¡claro! No hay ninguna diferencia. El ser humano actual mira el móvil, pero no mira a su alrededor, porque cree que no lo necesita. Pero el que sabe que el mundo es un lugar hostil va por el mundo mirando. Estos tíos sabían mirar. No escribían los diálogos de Platón. Pero puestos a estar allí, prefiero estar con ellos que con Platón.

-Utiliza usted una expresión muy sugerente: “Siempre con la barba en el hombro”.
-Porque no se fían. Quería que el lector sintiera aquello. Mire, cuando yo me hice esto en la guerra de Bosnia (se arremanga y enseña un par de cicatrices en la muñeca izquierda) fue una noche en Mostar, en el 93. Metí la mano por una ventana rota, a oscuras, porque si encendías una luz te pegaban un tiro, y me corté las venas con los cristales. No me di cuenta al principio, pero me estaba desangrando. Un soldado me puso unas vendas y se fue. No lo vi. Era una sombra en la oscuridad. Pero recuerdo su olor: a aceite de armas, a sudor, a ropa sucia… Ese olor que hay en la guerra como a plástico quemado. Todavía recuerdo el olor de ese tío.

-Hay muchos detalles así en el libro.
-Sí, va en la experiencia. Ese plus de realidad no está en la documentación, está en la vida que has vivido. Lo tienes o no lo tienes. Lo utilizo porque me lo gané. Lo pagué caro.

-¿A qué se refiere?
-A que tienes que pagar el precio por tener ese plus. Ahora ve usted al Arturo de 67 años. Las novelas van bien y tiene la vida resuelta. Pero el Arturo de 25 era un chico con una mochila y un par de libros dentro de ella que iba por el mundo buscándose la vida, al que le pegaban tiros, que enfermaba de disentería y malaria, al que metían en un calabozo… Pero es verdad que esa vida que llevé, y lo digo desde la comodidad actual, puede dar realismo a lo que escribo. Cuando yo cuento esas cosas no me las estoy inventando.

-Es la segunda vez que menciona su edad. ¿Piensa usted en su legado?
-No. Yo voy a durar lo que dure mi vida activa como novelista. Cuando me muera, se leerán mis libros dos o tres años más y después desaparecerán. ¿Quién se acuerda ahora de Cela, de Torrente Ballester o de Terenci Moix? Esto es como los yogures. Esto caduca. Lo del legado ni se me pasa por la cabeza.

-No me refería solo al legado literario… ¿Le preocupa cómo le recordarán?
-¿Quién?

-La gente, en general; sus lectores, en particular…
-Mi única satisfacción como autor es que les pase a algunos lectores como me pasó a mí con algunos autores. Que no eres el mismo al terminar el libro que cuando lo empezaste. Y hay gente que me lo ha dicho. Hay algo en su cabeza que se modifica. Digamos que influyes en el lector. Pero eso no es asunto mío. Yo no escribo para eso. Aunque eso es una consecuencia de mi trabajo. No pretendo cambiarle a nadie su percepción del mundo. Solo quiero contar la mía. Porque es mi empeño personal. Mis libros, dentro de unos años, estarán como todos, relegados a un rincón polvoriento. Ya no se reeditarán y habrá otros autores. Eso, si se lee… Que para entonces no creo que se lea mucho libro en papel.

-¿De verdad que no piensa en la posteridad?
-Nada. He visto demoler demasiadas cosas como para pensar que uno pueda sobrevivir… Ni siquiera mi biblioteca. En esta casa hay 30.000 libros y 130 sables de caballería. Cuando muera, mi hija se quedará con los libros que le apetezca, y los que no, pues los venderá o los regalará.

-Habrá alguna biblioteca Pérez-Reverte en alguna parte.
-No. ¿Para qué? Cedo mi biblioteca al Ayuntamiento de Cartagena o al que sea. ¿Sabe lo que pasaría? Cajones de libros que se pudren en un sótano comidos por los ratones. Ha ocurrido ya. Hay muchos legados de bibliotecas que acaban revendidos en la Cuesta de Moyano.

-¿Queda, al menos, el ejemplo que se da; la manera en que uno ha vivido su vida?
-Por lo menos tienes que ser coherente. Yo intento vivir y comportarme de acuerdo con lo que creo que debo hacer.

-El rey de Zaragoza le dice al Cid que su coherencia lo hace peligroso.
-Yo soy peligroso. Pero también conozco a mucha gente peligrosa. No es que yo sea especial, tengo muchos amigos que son peligrosos. Me gusta la gente peligrosa.

-¿Por qué?
-Porque se aprende mucho de ellos. Pero es un tema delicado para una entrevista…

-Inténtelo.
-El que es consecuente con lo que dice, con lo que hace, con lo que cree, aunque esté equivocadísimo, es peligroso porque no se guía por los patrones de supervivencia convencionales. Todos queremos sobrevivir en lo intelectual, en lo físico, en lo económico, en el amor, en el sexo… Pero la supervivencia siempre implica una transacción. Están tus principios y la realidad. A la gente fiel a sí misma le es más difícil negociar. Lo hace, porque todos lo hacemos…

-El Cid lo hace todo el rato…
-Sí, pero hay cosas innegociables. Y eso es lo que me interesa. Cuando el ser humano tiene esa parcelita donde es difícil meterse. La gente a la que nos cuesta interpretar suele ser interesante.

-¿Usted es así?
-No lo sé. Lo que pasa es que de pequeño me hice una idea de mí mismo, y toda mi vida he procurado ser como me imaginé con quince años. Toda mi vida intenté ser ese Arturo. Y a fuerza de intentarlo, de repetir los gestos y los comportamientos y los actos que yo creía que eran propios de ese personaje, al final lo fui. Soy consecuente con ese Arturo que me inventé. Y que ahora soy yo. No sé si me explico…

-Supongo que sí.
-Javier Marías y yo somos muy amigos. Los dos leímos los mismos libros de niños, los mismos tebeos, vimos las mismas películas. Tenemos una cultura infantil idéntica título por título. Pero Javier quería escribir esas historias, yo quería vivirlas. Y tomamos dos caminos diferentes. Javier se hizo escritor y yo viajero.

-Al final, los caminos convergen.
-Sí. Mire, los seres humanos han sido cazadores y recolectores. Están los sedentarios, los que se sienten cómodos en una parcela cuyos límites conocen y que dejan en herencia a sus hijos. Y están los que se van porque les atrae lo que hay detrás de esa colina… Y a lo mejor no vuelven. O vuelven mutilados. Yo soy de los cazadores. Teniendo el mar, el puerto, mis lecturas, todo me empujaba a irme. Lo raro es que me hubiera quedado. Los que acompañan al Cid se podían haber quedado en su casa, pero se van… Unos por lealtad, otros por ganarse el pan. Se van juntando. Y les sale bien o les sale mal. Pueden conseguir botín o puede que los degüellen. La vida es eso.

-Es un mundo de hombres solos, aunque vayan juntos…
-Es que la guerra es un mundo de hombres solos. Y también he conocido a muchas mujeres que son cazadoras. Y que son tan buenas como los hombres. El mundo actual ha hecho que las cazadoras tengan su oportunidad. Por supuesto, hay que pagar el precio. Allí no te van a regalar nada. Y si te trincan, vas a pagar seas hombre o mujer.

-Esta novela es de hombres.
-Porque el siglo XI era de hombres, no porque yo haya querido excluir a las mujeres.

-Excepto Rushida, una musulmana que se ha ganado a pulso hacer y decir lo que quiere.
-Es un tipo de mujer muy revertiano. Libre. Casi todos mis personajes femeninos son así. Los que me llaman machista no me han leído. Otra cosa es que yo me meta con el lenguaje inclusivo, que me parece una gilipollez. Pero todas mis mujeres son personajes de una potencia, de una libertad y de una afirmación femenina extraordinarias.

-También dice en el libro que “hombres cobardes con hombres no son buenos con las hembras”.
-Sí. Eso sigue vigente entonces y ahora.

-¿Qué es lo que usted admira más?
-El valor. Hablo del valor sereno, no del zumbado que hace balconing y se mata. El valor digno. Cuando viene el lado oscuro de la vida. La enfermedad, el dolor… El precio que pagas por estar vivo. Hay gente que lo asume con entereza; que no se deja abatir; que, en momentos de presión, se mantiene digna e incluso elegante. El valor es la elegancia bajo presión.

-No hace falta irse a una guerra…
-Por supuesto. Un abuelo en un hospital o en el asilo puede demostrar ese valor. Es mi debilidad. Yo puedo perdonarle a los seres humanos muchas cosas, porque he visto hacer a la misma persona cosas buenas y malas y tengo un concepto muy poco maniqueo del ser humano. He conocido a torturadores, delincuentes, traficantes, proxenetas… Por la vida que llevé me los iba encontrando, no es que fuera a buscarlos. Pero no puedo perdonar la falta de dignidad. No es una cuestión moral. Es instintivo.

-Hay una lealtad muy especial entre soldados. Pero se cortan unos cuantos cuellos…
-Quiero dejarme de tonterías y contar cómo era. Yo he visto matar prisioneros en el año 77 en Eritrea. Los mataban porque no podían llevarlos con ellos. Imagínese en el siglo XI. Se cogía como esclavos a las mujeres y a los niños y se mataba a los hombres. Era así. Lo que no soporto es que me cuenten milongas. Ni el Cid era una oenegé ambulante ni había mujeres asaltando murallas. Todo este tipo de chorradas políticamente correctas del presente están fuera de lugar en la historia. Si una ciudad no se rendía, se tomaba por asalto… Violaban a las mujeres y mataban a los hombres. No es que lo apruebe. Cuento cómo era. Algún idiota dirá que me parece bien.

-Por cierto, cuando lucha contra los moros, el Cid solo ejecuta a los fanáticos…
-Los almorávides vienen a España porque los andalusíes, los autóctonos, están flojeando. Eso tampoco me lo he inventado. Necesitan gente dura. Y traen a las tribus fanáticas del desierto. Yihadistas. El andalusí, generalmente, era más relajado a la hora de entender el islam. Llevaban muchos años aquí, conocían al enemigo. No es lo mismo degollar a un vecino al que conoces que a alguien que no conoces. En la Guerra Civil española las matanzas en los pueblos, que hacían tanto republicanos como derechistas, las solían cometer gente que no era del lugar. A veces sí, había rencores… Pero normalmente llegaba gente de fuera.

-La Ispaniya del siglo XI era un lugar complejo. ¿La España del siglo XXI sigue siéndolo?
-Sí, yo creo que esa fragmentación en reinos que nos impuso la invasión musulmana, ese ‘juego de tronos’, nos dejó como impronta una insolidaridad histórica, una tendencia disgregadora. Pero los romanos ya decían que los españoles eran así. Que no se unen nunca, que se matan entre ellos… Es un país cuya orografía difícil, sin grandes ríos que nos comuniquen como en Francia, favorece la dispersión, que la torpeza política acentúa.

-Me quedo con una frase del libro: «Huir solo sirve para morir cansado».
-[Ríe]. Esa frase es de mi hija. Me la dijo con siete u ocho años. Me encantó.

Arturo Pérez-Reverte enseña por primera vez el rincón de su casa donde escribe. Ocupa un espacio de su biblioteca y recuerda a un blocao de infantería, solo que no está fortificado con sacos terreros, sino con libros. Hay 30.000. «Aquí no entra nadie cuando trabajo, excepto mis perros, Sherlock y Rumba, que a veces bajan a saludarme».

1. FAMILIA Y DICCIONARIOS
Una foto de sus padres en la misma balda que ocupan diccionarios y obras de referencia. Y cuando el escritor necesita echar mano del saber enciclopédico: la Espasa, la Summa Artis, la Britannica… Nunca la Wikipedia. «Aquí no tengo conexión a Internet, ni teléfono. No quiero distracciones».

2. LA TAZA ‘TINTINESCA’
Hay pocas concesiones personales en el entorno de trabajo. Un casco y un Kaláshnikov de la guerra de Bosnia y la taza con la efigie del Capitán Haddock. «Si hubiera un incendio y tuviera que salvar algo, salvaría los tebeos de Tintín, comprados en la librería Escarabajal, que ya no existe…».

3. LA SILLA, INCÓMODA
«Yo trabajo por la mañana, desde las ocho hasta mediodía sin parar. En una buena mañana escribo tres folios. No me canso. Es mi trabajo, me gusta. Lo que sí fatiga es la corrección de las galeradas». Utiliza una espartana silla de oficina que le obliga a mantenerse erguido. «Si estoy demasiado cómodo, no trabajo bien».

4. DEL ORDENADOR AL PAPEL Y VICEVERSA
El teclado del ordenador imita el de una máquina de escribir. Las teclas suenan igual. «Pero siempre hago copia en papel, por seguridad. Si el ordenador se rompe no me quedo sin novela. Escribo, imprimo, corrijo sobre el papel y lo vuelvo a pasar al ordenador. Voy dándole pasadas».

5. ESCRIBIR ES NAVEGAR
Reproducción de los azulejos que, en Cartagena, conmemoran los versos de Cervantes que empiezan: «Con esto, poco a poco, llegué al puerto…». También evocan su método de escritura. «Tengo un plan de trabajo y sé a dónde quiero llegar, cómo termina la novela. Escribir es como navegar, me fijo un punto y voy avanzando hacia él día a día».

Fotos: https://www.xlsemanal.com/personajes/20 ... ritor.html

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Rogorn
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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mié Sep 18, 2019 12:04 pm

Pérez-Reverte cree que en España se procura "destruir" la inteligencia
Carmen Naranjo - Efe - 18/09/2019

El escritor y académico Arturo Pérez-Reverte considera que en España hay un odio a la inteligencia y sostiene que cuando surge una personalidad brillante, política, cultural o histórica, se la procura "destruir y machacar" porque se desconfía de ella. Pérez-Reverte ha presentado este miércoles su nueva novela, 'Sidi', una "novela de frontera" publicada por Alfaguara sobre Rodrigo Díaz de Vivar en la que recrea la precuela del héroe, los meses en los que el futuro Cid Campeador empezó a forjar su leyenda. Una novela que es también "un manual sobre el liderazgo", ha explicado el escritor en un encuentro con periodistas en el que ha señalado cómo ha querido reflejar el modo en el que el infanzón Rodrigo Díaz pasó a convertirse en un líder y en leyenda. En un país como España, ha señalado, es difícil encontrar héroes comunes a todos porque "cada pueblo tiene el suyo".

"Cuando escribo una novela histórica tengo en cuenta con tristeza que en España carecemos de patriotismo cultural", mientras que en Italia "cualquier analfabeto está orgulloso de ser italiano, de haber sido romano. No hablo de patria sino de formar parte de un territorio cultural", ha indicado el escritor. Según Pérez-Reverte, en España el liderazgo y la brillantez intelectual quedan ya sancionados desde el colegio "y la política es un filtro en el que los últimos rastros de brillantez quedan anulados por el sistema y solo pasa ese filtro el que ha tragado, el mediocre". "La política es un filtro de mediocridad. Empieza en el colegio porque el sistema educativo está destinado a machacar la inteligencia", algo que aunque ocurre en muchos países europeos, en España se hace de forma "casi dictatorial", lo que hace que el inteligente se acompleje. Pero el escritor no ha querido hablar de la situación política de la actualidad en su encuentro: "No me envilezcas al personaje", ha dicho en respuesta a las preguntas sobre el asunto.

El Díaz de Vivar que protagoniza la novela 'Sidi', palabra que significa "Señor", es "el Cid de Pérez-Reverte", a quien no le interesaba hablar del Cid más famoso y épico, ese que en Valencia es ya un guerrero poderoso, sino ese que sale desterrado de Castilla con una mesnada de cuarenta o cincuenta hombres fieles de su pueblo. A lo largo de su carrera periodística, ha recordado el académico, conoció a "mucho mercenario y mucho marginal" y Rodrigo Díaz y su hueste lo son: "Prefiero a un mercenario bien pagado y profesional que a un voluntario entusiasta", ha asegurado Pérez-Reverte.

Este Cid es un líder hecho de silencios, autoridad y valentía, que luchaba con sus hombres en la frontera en la España del siglo XI, una amalgama de reinos cristianos y musulmanes de alianzas cambiantes. Gente con una fortaleza física y moral que los hacía "gigantes a nuestro lado", sostiene el autor, que se compró una cota de malla cuando escribía la novela para sentir el peso que soportaban estos hombres. Porque con esta novela Pérez-Reverte ha pretendido que el lector vea el siglo XI con ojos del siglo XI, no del siglo XXI. Que se sintiera dentro de la historia en la cabalgada, que sintiera hambre y frío, que sudara la cota de malla bajo el sol.

Recuerda cómo surgió la idea de 'Sidi': fue viendo una película del Oeste, de John Ford, cuando se dio cuenta de que los españoles tenían ese relato de fronteras también en su historia y se preguntó cómo contaría ese cineasta este episodio histórico, ya que la frontera del Duero "es nuestro lejano Oeste". Y sostiene que es una pena que, a diferencia de lo ocurrido en Estados Unidos, esa frontera no haya tenido en absoluto plasmación en literatura o cine épico con árabes y cristianos en lugar de apaches. Por eso, está de acuerdo en que 'Sidi' puede ser un "western medieval muy español".

La nueva novela de Pérez Reverte, que llega tras 'Sabotaje' (2018), la última publicación de la serie Falcó, y 'Una historia de España' (2019), recopilación de sus columnas periodísticas, ha salido este miércoles a la venta simultáneamente en España, Latinoamérica y en Estados Unidos para los lectores en español.

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«La política es un filtro de la mediocridad que empieza en el colegio»
Europa Press - 18/09/2019

El escritor Arturo Pérez-Reverte lleva al terreno de la ficción la figura del Cid en su nueva novela, ‘Sidi’ (Alfaguara), que llega este miércoles a las librerías españolas, un año después de la publicación de la novela breve ‘Los perros duros no bailan’ y ‘Sabotaje’, la tercera entrega de su serie ‘Falcó’.

«La política es un filtro de la mediocridad que empieza en el colegio», ha manifestado Pérez-Reverte este miércoles durante una entrevista concedida a Europa Press con motivo de la publicación de este libro, que el autor presenta como «un manual sobre el liderazgo». La novela se publica pocas horas después de conocer la nueva convocatoria a elecciones tras el fracaso de las negociaciones para formar gobierno. Sin embargo, Pérez-Reverte ha preferido no hacer declaraciones para no «envilecer» al personaje de su nueva novela, que huye del «Cid clásico muy trabajado».

Al abordar una novela histórica, Pérez-Reverte constata «con tristeza» que en España existe tanto una ausencia de «patriotismo cultural» como un «odio a la inteligencia» y una «desconfianza en las élites». Según ha lamentado, el sistema educativo español está hecho para «machacar la inteligencia e igualarla por abajo», de manera que «los últimos rastros de brillantez» desaparecen y «queda el mediocre». «España es un país que penaliza la inteligencia y eso se manifiesta en la política y en la cultura», ha dicho. «No es un tiempo para héroes», ha señalado Pérez-Reverte, quien en esta nueva novela se interesa por responder cómo un «infanzón burgalés de segunda fila que ha caído en desgracia consigue convertirse en una leyenda» y, en definitiva, cómo se puede mover la «conciencia» y la «voluntad» de los hombres.

«He visto a gente levantarse bajo el fuego y correr cuando alguien lo decía y seguirlo cuando les iban a matar», ha señalado Pérez-Reverte en referencia a sus recuerdos como reportero de guerra y a los «mecanismos» que llevan a la lealtad, más cercanos a las «actitudes» que a las «ideas». Tal y como ha señalado el propio autor, en esta novela no hay patriotismos, sino «gente que se gana el pan». En este sentido, y en referencia a la figura previa a la leyenda que representa 'Sidi', ha señalado que «el mercenario» hoy tiene «mucha mala prensa» pero considera que «es una persona muy respetable». «He estado en escenarios muy críticos y he visto a mercenarios comportarse con una dignidad absoluta y a voluntarios entusiastas salir corriendo. Desconfío más de un voluntario entusiasta que de un mercenario bien pagado», ha resaltado.

Pérez-Reverte quería contar su propia versión de el Cid y en ella la «frontera» es «fundamental». «Es nuestro lejano oeste», ha señalado el escritor, quien lamenta la ausencia de esta figura en el cine y la literatura, a pesar de las conexiones con una época en la que «se luchaba con sobrevivir». De hecho, el escritor pensó en ella tras ver la trilogía de la caballería de John Ford y lo describe como un «western medieval».

Preguntado por esa laguna histórica en las manifestaciones culturales, el autor de ‘Sidi’ niega que se deba a una herencia de la educación en el franquismo. «Al franquismo se lo colocamos todo y España ya era así antes de Franco. Franco es un producto de una España que era así antes de él, es un resultado como lo es Sánchez, Iglesias, Casado o Abascal, o como lo fue Canovas del Castillo o Fernando VII», ha dicho. En este sentido, ha lamentado que «España nunca ha tenido la ausencia de complejos suficiente para abordar su historia con lucidez» ni para «asumir el horror y alabar lo épico». Por este motivo, cree que todo ha ido «al cajón de los complejos» y, junto al Cid, hace referencias a personajes como Blas de Lezo o Daoiz y Velarde.

A su juicio, en España «es raro encontrar héroes comunes a todos» y «cada pueblo» tiene el suyo. «España es país muy quebrado topográficamente, hay un desconocimiento entre unos y otros, y eso ha creado una insolidaridad, hay una falta de concepto común de un territorio», agrega.

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“En España la inteligencia es un pecado, no actuar en rebaño es un pecado”
Juan Carlos Galindo - elpais.com - 18/09/2019

El día de 1883 en el que Adèle Replinger Gal compró un ejemplar de 'La leyenda del Cid' de José Zorrilla no podía imaginar que ese libro, una vez que cayera en manos de su bisnieto Arturo 76 años después, sería el germen de una pasión por la figura de Rodrigo Díaz de Vivar que llevaría a Pérez-Reverte a construir su propia leyenda en 'Sidi', novela que acaba de publicar Alfaguara. “He utilizado cosas que son mentira, que son leyenda. Me las he apropiado igual que las cosas reales, porque esto es una novela. No quería hacer un libro de historia ni un libro exhaustivo del Cid. Quería contar el aprendizaje, cómo un infanzón de Burgos con una mesnada de 40 tíos en un año se hace una leyenda. Por qué mecanismos psicológicos de lealtad, de valor, consigue eso”, explica Pérez-Reverte a 'El País' en un céntrico hotel de Madrid.

Hable de Trafalgar, del 2 de mayo o del Cid, Pérez-Reverte (Cartagena, 67 años) busca en la historia elementos para interpretar el presente. Así, al situar a su protagonista en la difusa frontera del Duero a finales del siglo XI, desterrado y sin fortuna, mercenario al servicio de reyes católicos y moros, el autor persigue un efecto concreto: resaltar sus virtudes, su liderazgo. “El Cid es un personaje típico de frontera, sería impensable en otro tipo de España. Nace exactamente en el momento perfecto”, explica para añadir un poco después: “En la sociedad occidental, el héroe tiene mala prensa. Toda diferencia es perseguida. En España especialmente, la inteligencia es un pecado, no actuar en rebaño es un pecado. Del mundo tienen que tirar las élites, las masas no tiran del mundo, y esas élites las están exterminando en el colegio porque las están acomplejando y haciéndoles sentirse culpables. Esa inteligencia aplastada es molesta, incomoda, en la política, en la cultura, en todo. El Cid es molesto por lo que representa como ser humano”.

La novela tiene reminiscencias del wéstern, de la trilogía de la caballería de John Ford, con un Cid que bien podría ser un trasunto medieval del juez Holden de 'Meridiano de sangre' de Cormac McCarthy, pero algo menos cruel, una figura en todo momento desmitificadora. “Esta novela no tiene nada que ver con la Reconquista, la patria ni nada. Son mercenarios ganándose el pan. En el siglo XI la gente luchaba por sobrevivir, no por la cruzada. Es un concepto fabricado después para quien quiere justificar. He visto luchar y morir a mucha gente en la vida y nunca he visto a nadie morir por los discursos y los pretextos de los de la retaguardia. La gente batalla por cosas prosaicas”, reflexiona el creador de Alatriste.

Hay un momento de 'Sidi' en el que el Cid conversa con Mutamán, rey moro al que alquila su espada, y este le dice, antes de que los dos terminen rezando juntos, que ellos cumplen con los mandatos del islam “aunque de un modo civilizado”. ¿Imagen de una España que no pudo ser? “No, no, no. Ningún país del mundo es así. La convivencia entre tres culturas, su integración en plano de igualdad, es imposible. Otra cosa es la coexistencia, eso sí. Quien habla de una España tolerante no tiene ni puta idea de lo que fue la Edad Media española”, contesta tajante.

La historia que encierra el libro reproduce un universo de personajes complejos, difíciles de encasillar, peligrosos. “Me gusta la gente peligrosa, me interesa. Se aprende más de ellos. De la maldad, de la violencia, de la dureza se aprende más que de la bondad”, asegura. “La bondad”, continúa tras el único silencio de la conversación, “la bondad es más aburrida como novelista. De un bueno aprendes bondad, pero si no eres bueno no te sirve de nada. De un malo aprendes manipulación, mentira, supervivencia. Pero hay que estar intelectualmente preparado para que sea útil”, explica con ese gusto característico por no eludir ningún charco.

Asegura Pérez-Reverte que podría dejar de escribir, pero no de leer ni de navegar; que a pesar del ritmo de publicación tiene tiempo libre; que Twitter le sirve para ajustar cuentas pero también para crear un vínculo con los lectores, difundir historias, no quedarse encasillado en su propio mundo. También, que, al contrario que con sus personajes Falcó o Alatriste, no va a seguir con el Cid; su historia con él ha terminado, pues su interés se limitaba a antes de que fuera poderoso, a la leyenda.

El método de Arturo Pérez-Reverte es sencillo. Cuando escoge una historia vive con ella hasta que la termina. Lee todo sobre el asunto, se empapa. En el caso de 'Sidi' recurrió a otras ficciones sobre su personaje, a las fuentes originales y a su propia experiencia. “Tengo unas referencias personales, un conocimiento de la violencia, la tortura, la muerte, la sangre, el dolor. No me lo ha contado nadie en la barra de un bar, lo he aprendido en la vida y he pagado mi precio. Aporto de mi biografía el mundo de polvo, frío e incertidumbre en el que vive El Cid”, explica.

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“El espectáculo de esta gentuza en el Parlamento es un ejemplo de nuestros vicios y enfermedades”
Rafael Ordóñez - elindependiente.com - 18/09/2019

"En España están poniendo muy difícil tener líderes. Y sale lo que sale". Arturo Pérez-Reverte regresa con una novela sobre el Cid Campeador, 'Sidi', como llaman al personaje los moros. Una novela que recrea el territorio sin ley que era la península ibérica, en la que las fronteras porosas de los vastos territorios de los reinos cristianos y árabes dejaban un espacio que usaban colonos que huían del hambre para asentarse en tierra de nadie, pero en los que se exponían a los asaltos y el pillaje de moros y cristianos.

¿Y cómo termina Pérez-Reverte hablando del liderazgo en nuestro país en un encuentro con periodistas para hablar de su libro? En ese mundo fronterizo de su novela, que traslada al lector a un wéstern americano pero en nuestro siglo XI, el Cid es un líder que debe “lidiar con animales de verdad, gente del siglo XI, con bestias de la guerra y conseguir que esa gente sea leal, que muera por ti, que pelee y le siga en la derrota y en la victoria”. El de Vivar se busca la vida con sus fieles seguidores trabajando tanto para moros como para cristianos en ese territorio sin ley que es la península.

El carácter de Rodrigo Díaz de Vivar y “su capacidad para crear esos lazos de lealtad que son fundamentales para que un grupo sobreviva en un medio hostil” han definido la exploración e investigación del escritor sobre el personaje histórico, su épica y su leyenda. “Figuras como las del Cid son imposibles ahora, por muchas razones”, asegura el escritor.

“Durante muchos años hemos dicho, y yo me incluyo entre ellos, que España era un país de buenos vasallos y malos señores. Y yo lo he creído durante muchos años, pero ahora lo dudo. De hecho creo que los señores salen de los vasallos, los generamos nosotros: la clase política, los reyes de nuestra historia, los políticos, los dictadores, los militares, los asesinos, los fanáticos, los inquisidores, han salido de nosotros”. Reniega así el autor de la frase del Cantar del Mío Cid Dios, "qué buen vasallo si hubiese buen señor".

Y se muestra pesimista, en este sentido: “Mi concepto del español ha empeorado en los últimos años, hay muchísimas cosas buenas en España, me gusta mucho España y me encanta este país, pero es cierto que en cuanto a vicios y enfermedades, somos culpables de nuestras enfermedades. El espectáculo que ha dado esta gentuza en el Parlamento en los últimos meses es un ejemplo clarísimo de eso, pero ojo, somos nosotros, son nuestros hermanos, nuestros primos, nuestros parientes, los que les hemos puesto ahí”.

Para Pérez-Reverte la educación no está ayudándonos a crear buenos líderes. «En España la inteligencia está penalizada. El sistema está hecho para machacar a cualquier niño que destaca o para igualarlo en la mediocridad. Es que el niño levanta mucho la mano, pregunta demasiado, es que el niño no trabaja en equipo y va por libre... Toda individualidad es machacada por el sistema. En España la educación está hecha para machacar a los jóvenes y a los niños brillantes”, asegura el escritor. La culpa de este problema la tiene el franquismo, que “contaminó la historia de una manera atroz. En España don Pelayo y el Cid para el franquismo son prolegómenos de Franco, son anuncios de la cruzada nacional. Y eso es mentira, por supuesto, pero además es perverso, porque al contaminar todos los símbolos, toda la épica de los Tercios de Flandes, la Conquista de América, etc. Al llenarlo de patrioterismo barato, de estupidez y de retórica imperial le pusieron una etiqueta. Cuando yo fui al colegio el Cid iba con camisa azul, decía mi libro de texto”.

Al diagnóstico de Pérez-Reverte de la educación y liderazgo tenemos que añadir nuestra deficiente relación con la Historia. “Hay un problema ideológico que causa que en España estén muy mal vistos los héroes. La épica está muy mal vista a diferencia de otros países como Francia o Italia que hay una especie de patriotismo cultural importante que en España carecemos”, asegura el escritor que no ha tenido estos complejos para acercarse a la figura del Cid.

Pero la llegada de la democracia no supo limpiar nuestra Historia del poso franquista, según Reverte. “En vez de limpiar los símbolos -porque la épica sigue valiendo- y decir, que es un personaje interesante, cómo está contaminado el personaje se iba a la basura”. La consecuencia política para el escritor es que la derecha se se ha adueñado de esos símbolos. “Le han regalado por la cara, a la derecha, los símbolos. Por ejemplo, Abascal ahora es el que presume del Cid, cuando no tenía por qué, no es su patrimonio”.

Tampoco el escritor quiere patrimonializar el Cid, él asegura haber hecho un Cid, «hay muchos». Tampoco quiere que la gente crea que ha escrito este libro para desmitificar nada de la reconquista ni quiere que aprendamos a ver con nuestros ojos del siglo XXI la figura del Rodrígo Díaz de Vivar. «Yo cuento historias», se limita a decir. Pero es mentira, la de 'Sidi' es un historión.

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Pérez-Reverte se las mide con el Cid Campeador
Elena Hevia - elperiodico.com - 18/09/2019

No es ningún secreto que a Arturo Pérez-Reverte le chiflan las películas del Oeste y en particular la épica sosegada e intensa de John Ford. Así que en medio de uno de los tropecientos visionados de la 'Trilogía de la Caballería' firmada por el director -ese medirse con la violencia como una forma de sobrevivir, la fraternidad masculina a prueba de bomba y unos valores añejos pero que en fondo, queramos o no, nos interpelan a todos y a todas- se le encendió la bombilla. Si Ford había sido capaz de construir una épica con las historias de frontera, él no iba a ser menos, rescatando a un personaje que la adoctrinadora escuela franquista hizo que todavía hoy miremos con suspicacia y resentimiento. El Cid Campeador. Pionero con Don Pelayo de la supuesta "cruzada nacional", sin comerlo ni beberlo. De hecho, la terrible estepa castellana como territorio de frontera y Rodrigo Díaz de Vivar parecen desde un principio la localización y el personaje perfectos para el escritor, tan amante de las pendencias dialécticas como de las históricas. El resultado es 'Sidi' (Alfaguara), su nueva novela, en la que recupera las andanzas más oscuras del personaje, las del destierro tras la jura de Santa Gadea, donde la leyenda quiere que el guerrero obligara al rey de León a jurar que no había asesinado a su hermano. Y es que las suspicacias frente a la monarquía vienen de lejos.

Asegura el escritor que hay muchos cides, el histórico, el de la leyenda, el manipulado y que él ha construido el suyo, el que le interesa. “Del Cid histórico, el de verdad, conocemos un 20% como mucho, el resto es leyenda. Eso me permitía a mí, siendo fiel a esas tradiciones, crear mi propia leyenda, con documentación, claro, imaginación y mi propia experiencia en conflictos de frontera”, asegura en referencia a sus antiguas andanzas como corresponsal de guerra que suele sacar a colación en casi todas las entrevistas. “He visto a hombres en fronteras difíciles levantarse en combate y echar a correr mientras le seguían 40 tíos. Eso no se improvisa, ese hombre ha hecho un trabajo previo”. De ahí que el tema de fondo de su novela sea para él el del liderazgo, concebido a la vieja manera, tan masculina ella –“pero es que estoy hablando de la guerra en el siglo XI y no he quitado a ninguna mujer de ese retrato, sencillamente no estaba en el campo de batalla y si lo estaba se convertía o en botín o en presa para los depredadores. Tampoco he puesto a un amigo del Cid que sea negro”, dice reivindicativo intentando no aplicar, dice, los criterios morales del siglo XXI donde no toca.

Con mayor efusión –y mira que se las gasta- defiende a su héroe de las tergiversaciones, en estos tiempos en los que Vox tiende a adoptar a Díaz de Vivar como santo patrono. “No me envilezcas al Cid -dice con voz tonante- vinculándolo a esa gente. Yo nací en 1951 y me eduqué en los maristas, allí al Cid le ponían camisa azul. Luego con la democracia, la izquierda española en vez de limpiar esa épica de la basura franquista y la retórica casposa miró acomplejada hacia otro lado, rechazándola. Así el Cid acabó convirtiéndose en patrimonio de la derecha porque se la regalaron”. De hecho, lejos de ser un campeón de la cristiandad, el héroe luchó tanto para el reino de León como para los musulmanes de Zaragoza.

No hay en la novela dobles lecturas, dice, ni guiños ocultos a la actualidad. Y niega en redondo que la figura más antipática de la novela, la del conde de Barcelona Berenguer Ramón II (al que llamaban el fratricida por razones evidentes), pueda tener un cierto eco con la situación catalana. “Es que entonces no había catalanes. Ellos eran francos, gente superior, europeos que consideraban a los árabes y a los cristianos de la península poco menos que salvajes. Pero en fin, yo no quiero cambiar el mundo, yo sencillamente cuento historias”.

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''El Cid pasaría por el Congreso, escupiría y seguiría adelante"
Pepa Blanes - cadenaser.com - 18/09/2019

Arturo Pérez-Reverte no es nuevo en esto de mirar a la historia. Sus novelas de Alatriste, ambientadas en el Siglo de Oro, momento de auge y caída del Imperio español. llegaron incluso al cine. También en 'Oro' revisó la historia de España, hablando de una conquista de América basada en el dinero y en salir adelante.

En su nueva novela, 'Sidi: Una historia de frontera', revisita uno de los mitos fundacionales de nuestra historia. El Cid campeador, caballero de la Reconquista, que salió de Burgos hasta Valencia en el siglo XII y cuyas gestas forman parte del 'Cantar del Mio Cid', primera obra poética de la literatura española. "El Cid era un mercenario, un tipo de frontera, un hombre caído en desgracia que se buscaba la vida en la frontera, que era un lugar peligroso. No podemos juzgar con los criterios morales del siglo XXI. Lo que quería es que el lector viajara conmigo al siglo XI, empotrar al lector en las huestes del Cid y que viviera como este personaje", cuenta en una entrevista en la Cadena SER.

Reverte firma una novela de aventuras, centrada en su primera salida como mercenario. Rodrigo Díaz de Vivar había sido desterrado por el rey de Castilla y buscaba otros reyes, cristianos o musulmanes, que le diesen trabajo. "Es una novela sobre el liderazgo. Una especie de manual de autoayuda de liderazgo para cualquiera", insiste el autor. Liderazgo en tiempos en los que los líderes políticos son incapaces de llegar a un acuerdo. "El Cid despreciaría a estos personajes. Me imagino al Cid paseando por delante de las cortes, todos parando para escupir y seguir cabalgando hacia el horizonte".

Antes de escritor, Reverte fue reportero de guerra. Plasmó muchas de sus vivencias en 'Territorio comanche'. Dice que de ese libro ha bebido para este. "Este libro tiene tres grandes pilares, la documentación que es exhaustiva porque he leído mucho sobre el cid, la imaginación del novelista y la biografía. Yo he visto esas cosas. Yo no he aprendido la violencia en la barra de un bar, ni teorizando, la he vivido. Y a veces la he practicado. Por eso el Cid es un personaje real".

Un personaje que, además, se aleja de ese mito del Cid como emblema de la reconquista, que ahora Vox defiende y utiliza como motivo de márquetin. "Si alguien piensa que el Cid era un personaje religioso que luchaba por Dios y por la patria, no tiene ni idea. Si alguien piensa que luchaba por la reconquista, no sabe nada, si alguien piensa que el Cid, heredero de don Pelayo, era precursor de Franco, no sabe lo que es el Cid. Es un personaje que se busca la vida en un terreno peligroso, un guerrero que luchaba para comer".

"El concepto Reconquista que se ha vendido es falso. No hubo reconquista, eso vino después. En esa época convivían, luchaban, sobrevivían unos con otros, querían dinero, poder, botín, lo que quiere el ser humano. Ese concepto de librar España de musulmanes, de El Cid como martillo de musulmanes, ese es un concepto falso. El franquismo contaminó al Cid, le puso camisa azul, lo llenó de patrioterismo barato, con lo de cruzada y esas cosas. Cuando llegó la izquierda, en lugar de limpiar el personaje, lo que hicieron fue apartarlo de nuestra memoria", añadía el autor.

Si el Cid no es un patriota, ni un matamoros, ni el emblema de lo español, ¿Qué es el Cid? ¿Es el Cid un buen tipo, un líder decente, un mito al que asirnos? "Un tipo que sobrevive en un territorio hostil, nunca puede ser un buen tío. No sobrevives en la frontera del siglo XI si eres buen tipo. El Cid era un tipo muy peligroso. Tenemos una peligrosa y absurda tendencia a aplicar criterios morales del siglo XXI al pasado. Tú no puedes juzgar al Cid, ni a Hernán Cortés, ni a los cartagineses, ni a Haníbal con los criterios de hoy. Entonces buscar el concepto de buen tío en un personaje del siglo XI es imposible", respondía.

He visto pelear a mucha gente, morir, pelear y no he visto a nadie luchar por una patria, por una bandera. La gente lucha por odio, hambre, ambición, por ayudar al compañero a la familia, que es por lo que se mueve el ser humano. El Cid se movía por esos elementos. Por eso intento contar un Cid diferente.

"En España, cada valle, cada pueblo, cada lugar tiene su comida, su música, su memoria típica, su alcalde típico. Es muy difícil tener héroes compartidos. El Cid podría ser uno de ellos, pero hay que despojarlo de la contaminación", se lamentaba Pérez-Reverte.

La novela es además un relato de frontera, la frontera entre los reinos musulmanes y cristianos, que el autor retrata como si fuera el oeste. "Si hubiéramos sido americanos tendríamos muchas películas. Yo pensaba todo el tiempo en cómo contaría John Ford la historia del Cid", rememoraba.

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“Si el Cid pasara a caballo por delante de las Cortes, pararía a escupir"
Marisol Teso - niusdiario.es - 18/09/2019

La figura del Cid acompaña a Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, Murcia, 1951) desde hace dos años, cuando comenzó un trabajo de investigación donde ha leído las diferentes versiones que los historiadores han hecho del héroe, incluso aquellas en las que se afirma que sólo fue una invención literaria. "Que existió, hoy nadie lo pone en duda". Pero 'Sidi' (Alfaguara) no es un libro de historia, ni tampoco de ficción. Es otro relato revertiano.

La novela, estructurada en cuatro partes, tiene un estilo cercano al western americano donde cuenta, con un estilo cinematográfico, la fiereza de un puñado de hombres en un mundo de conjuras y sangre. No es el Cid que ha sobrevivido hasta nuestros días, el Cid de Valencia, el más famoso, alguien con prestigio, poderoso y respetado. En 'Sidi', Pérez-Reverte nos habla de otro Cid, del infanzón desterrado, que con una mesnada de 40 hombres, en un mundo duro y en un paraje hostil, consigue hacerse una leyenda en poco tiempo. "Me interesaba hacer una reflexión sobre el liderazgo. Cómo un hombre duro, en un mundo duro, consigue que un grupo de guerreros le sea leal y luche y muera por él. Por qué mecanismos de astucia, de talento, de inteligencia y de nobleza un ser humano consigue que otros lo secunden. Este era mi desafío".

Pérez-Reverte sitúa el relato en un momento, el siglo XI, donde la palabra España no existía. No era más que una amalgama de reinos cristianos y musulmanes, que guerreaban unos contra otros, y donde las lealtades y las traiciones iban a la par. Díaz de Vivar define perfectamente este momento con una frase: "Si flaqueo, muero, si retrocedo muero, si no venzo muero". Pero el autor dice que éste no es un libro de historia. "Hay muchos Cid en la tradición literaria española. Y esta es la mía. Es un relato de frontera, aquello era nuestro lejano oeste".

Y como un western se lee. La persecución del Cid con su hueste de mercenarios persiguiendo a una aceifa de moros que arrasa cuanto encuentra entre el río Guadamiel y la Sierra del Judío tiene tantos paralelismos con la película 'Centauros del desierto' que casi se vislumbra entre las páginas a un John Wayne con calzas y cota de malla. "Me planteé la novela así. Me dije: "¿Cómo contaría John Ford la historia del Cid?". Y su fotografía estuvo presente en mi cabeza mientras trabajaba. Quería darle esa mirada cinematográfica. La caballería, las incursiones de los apaches que aquí son los moros…. Todo ese ambiente de frontera. Ese paisaje seco, de luz, de calor, de polvo, de horizonte ha pesado mucho en la gestación".

Paz, lealtad y coherencia son tres palabras que vertebran la novela. El rey de Zaragoza le dice al Cid: "Tu coherencia te hace peligroso". Un concepto que parece estar hoy en desuso. "Los hombres honestos son peligrosos siempre, en todas las épocas, antes y ahora. La sociedad desconfía de ellos porque son menos comprables, menos manipulables, menos sobornables. Y a mí me fascinan por eso. El peligroso es aquel que no juega según las reglas del grupo, y eso lo hace fascinante narrativa y literariamente".

Lo que no es comprensible es cómo un personaje cuya vida se mueve entre el mito y la realidad, dependiendo del historiador, haya sido tan poco visitado en la literatura, en el cine. "Porque el franquismo le puso la camisa azul y contaminó su época y su historia. Todos los personajes se los apropió como precursores. Don Pelayo, el Cid… Luego llegó la izquierda al poder y en vez de limpiar esos símbolos, en vez de depurarlos y de quitarles esa carga bastarda, sólo supo arrinconarlos. Y salieron del imaginario colectivo, de la educación. Hemos perdido tanto por estupidez, ignorancia o por maldad...".

Como cualquier novela de Arturo Pérez-Reverte, 'Sidi' tiene una lectura actual, aunque, según el autor, el Cid hoy no entendería nada de lo que pasa actualmente. "No comprendería este mundo para nada. El Cid es un guerrero que se busca la vida, que se gana el pan cada día en la frontera con su espada, con su sudor, con su sufrimiento. Nada que ver con esto. Supongo que si el Cid pasara a caballo por delante de las Cortes, pararía a escupir y seguiría cabalgando hacia el horizonte".

Es la única concesión que a esta entrevistadora le da sobre la actualidad política. No quiere hablar. No puede. Bastante activo es en la redes sociales, que dice que usa para no sentirse un abuelo aislado y egoísta. "Tengo más de dos millones de seguidores. Hay estúpidos que me siguen, gente inteligente que me sigue, amigos y enemigos. Es un experimento interesante. Me acerca mucho a la condición humana. Las redes sociales son buenas para no amar al hombre ni para despreciarlo del todo. Es una herramienta interesante que me permite ajustar cuentas". Pérez-Reverte sigue diciendo alto y claro que el mundo al que pertenece no le gusta. Se relaciona poco con el entorno, no hace vida social, ni política ni literaria. Su único antídoto, su biblioteca. "Tengo 30.000 libros con los que vivo y trabajo. Cuando estoy muy agobiado, voy, saco un libro de Homero, de Montaigne, de historia y es como si me tomase una aspirina que atenúa el dolor. Los libros para mí son el único analgésico en este mundo".

Olvidó añadir: y el mar.

Vídeo: https://www.niusdiario.es/cultura/libro ... 95344.html

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Rogorn
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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Mié Sep 18, 2019 11:24 pm

«España condena, odia y destruye la inteligencia», asegura Pérez-Reverte
Miguel Lorenci - Vocento - 18/09/2019

A Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) se le reveló el Cid como personaje de ficción viendo una peli de John Ford. Está más que satisfecho de 'Sidi' (Alfaguara), su novela histórica y de aventuras ambientada la frontera del Duero en el turbulento siglo XI. «Es un western medieval», avanza. Una fábula en la que corren ríos de sangre, en la que se viola, degüella, mutila, esclaviza y se saquea, con olor a muerte, sangre, sudor, estiércol, cuero y humo. Sidi quiere decir 'señor', que así llamaban los andalusíes a Ruy Díaz de Vivar. Es también el 'Campidoctor', el dueño del campo, protagonista de un libro legible como «un manual de liderazgo» que constata que en España, hoy como hace un mileno, quien saca la cabeza se arriesga a que se la corten.

En el inicio de la cuenta atrás para las cuartas elecciones en cuatro años, elude Pérez-Reverte glosar la ineficacia de nuestros políticos. «Ni palabra; no quiero que me envilezcan al personaje», dice sarcástico. Pero enseguida se explaya sobre la mediocridad congénita de un país «que condena, odia y destruye la inteligencia» y «penaliza el saber y la cultura». «Desconfiamos de las élites. Cuando una personalidad de esas tan necesarias para construir las referencias y los mitos de los pueblos brilla en lo político, lo cultural o histórico, aquí nos encargamos de machacarla», lamenta.

Ofrece con 'Sidi' «un manual de liderazgo» más que necesario en un país que solo encumbra a mediocres. «Al liderazgo político llegan solo quienes pasan los filtros de la mediocridad que empiezan en el colegio, con un sistema educativo concebido para machacar la brillantez y la inteligencia», insiste. «Es especialmente virulento y hace que el inteligente se acompleje, no demuestre su capacidad y sepa que si levanta la mano se la cortan; que opte por callar y pasar inadvertido».

De Napoleón a Clausewitz, Reverte ha leído «todo» sobre liderazgo para perfilar a «su» Campeador. Para narrar «cómo un infanzón burgalés de segunda fila caído en desgracia se convierte en una leyenda a su pesar», explica. Por eso novela su primer año de vida en el exilio, «cuando sale con sus huestes a buscarse la vida». «Es una reflexión sobre cómo mover la conciencia y la voluntad de los hombres válida para una mesnada de mercenarios del siglo XI y para los ejecutivos de una empresa de telefonía móvil el XXI», resume.

Su líder es un soldado de fortuna, un proscrito que «lucha contra moros y cristianos y está al servicio de ambos. Un Cid que reza con unos y con otros, pero que hoy no tendría causa, porque no es tiempo para héroes». «Me encantan los mercenarios», dice el creador de Diego Alatriste y Lorenzo Falcó. «Tienen mala prensa, pero todos somos mercenarios de quien nos paga», los defiende el escritor celebrando «la suerte que supone ser hoy mercenario de mí mismo, aunque lo siga pagando». «Prefiero un mercenario profesional y bien pagado y a un voluntario entusiasta. El mercenario es muy respetable: vende su trabajo, no su vida, y no veo la menor connotación negativa del vocablo».

La lealtad es otro eje de un relato épico sobre la forja de una leyenda que su protagonista no quiso alimentar. «Conozco los mecanismos que hacen leales a los seres humanos. Los he vivido en la guerra, no en libros ni películas», se ufana el curtido corresponsal bélico. «La lealtad se gana con actitudes, no con ideas, y por eso es una novela de hechos, no de ideas. No hay patriotismo, ni ideal de Reconquista ni sueños de gloria», destaca. «Habla gente que se busca el pan en situaciones extremas». De un Sidi «que está a la altura de lo que se le exige y lo demuestra con hechos: cabalga, duerme, come, pena, batalla y mata con los suyos», enumera su creador. «Necesita la cobertura de dignidad que le da la lealtad a un rey, sí, aunque este sea un hijo de la gran puta como Alfonso VI, que es más un símbolo que una lealtad práctica», concede.

'Orderint dum metuam', que me odien pero que me teman, es el lema del emperador Tiberio que Pérez-Reverte rescata para su Cid y que el escritor asume como propio. «Me parecía práctico viniendo del emperador romano y me quedé con él», aduce. Coleccionista de sables, Reverte se hizo con una Tizona, con cotas de malla, lorigas, yelmos, cueros y todos los pertrechos bélicos de le época. Vistió estos atavíos «para saber que sentía aquellos guerreros lastrados por un peso descomunal. Pero no lanzó ni lanza ahora mandobles de Tizona que servirían de muy poco. «Vivimos tiempos de napalm, no de tizonas», dice provocador.

¿La posteridad se la refanfinfla? «No quiero faltarle al respeto a la posteridad, pero he visto muchas bibliotecas ilustres en librerías de lance. ¿Quién se acuerda hoy de Cela, de Torrente Ballester, de Terenci Moix o de José Luis Sampedro? Un autor muere y sus libros duran dos o tres años en las librerías. Luego desaparece, se extingue. No escribo para la posteridad. Lo hago para divertirme y ganar algo de pasta. Quien escriba para la posteridad se equivoca».

Hay muchos Cid en la historia y sabe Pérez-Reverte que su figura ha sido mitificada y mistificada sin descanso. «De niño conocí al Cid presentado en mi libro de texto, 'con camisa azul que por el cielo cabalga', conectado con Don Pelayo, con el Cid Campeador y Franco en una cadena que entronca con la Cruzada y que nos llevaba a la salvación de España por la gloria de Dios», enuncia irónico. Pero Reverte huye de ese Cid patriotero, adalid de la cristiandad, martillo de herejes, asesino de moros y precursor de la Reconquista, «que es un concepto intelectual que viene después». «Es completamente falso y no me interesó. Quería saber cómo era ese Cid al que sus huestes llaman Señor», reitera. Un tipo que se buscaba la vida en una frontera que tiene mucho que ver con el lejano oeste. «Es una pena que mientras los americanos han hecho miles de películas e historia sobre sus fronteras, nuestra frontera del Duero no tenga plasmación cinematográfica, ni literaria ni épica, cuando allí había pioneros, colonos e incursiones de guerreros árabes que actuaban como los apaches».

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"El orgullo es útil en momentos de crisis porque te mantiene erguido"
Manuel Llorente - elmundo.es - 18/09/2019

Arturo Pérez-Reverte recrea en su nuevo libro, 'Sidi: Un relato de frontera' (Alfaguara), cómo imagina a un héroe como el Cid, lejos de la visión franquista y del sambenito de matamoros. Se ha centrado en su primer año de destierro de Castilla por orden del rey Alfonso VI tras haberle hecho jurar que no tuvo que ver en la muerte de su hermano, Sancho II: la jura de Santa Gadea. Con un puñado de fieles, el infanzón se vuelve un mercenario y tanto ofrece sus huestes al conde de Barcelona, Berenguer Remont II, como al rey árabe de Zaragoza, Mutamán Benhud. El libro, con una tirada inicial de 145.000 ejemplares, aborda la lealtad, el honor, el saber morir en batalla y frases como «contra los abrazos del destino, ningún talismán tiene poder» o «a menudo la derrota llega cuando uno se siente inclinado a hacer sólo lo que puede». Batallas, duelos, orgullo, un affaire del guerrero de Vivar (Burgos) y detalladas descripciones de armaduras y costumbres condimentan una novela de intriga y apasionada.

-¿Cómo se le ocurrió el libro?
-Viendo la Trilogía de la Caballería de John Ford me pregunté cómo contaría él nuestra frontera. La historia del Cid está muy contada, así que decidí contar su primer año de destierro, cuando aún no es el Cid. He intentado explicar sus rasgos morales, físicos, de valor, de habilidad política... Cómo un infanzón de Castilla desterrado se convierte en un año en una leyenda.

-¿Cuánto tiempo invirtió?
-En escribirla, toda una vida; físicamente, año y medio ocho horas al día.

-¿Qué tiene su Cid de particular?
-Este libro es un manual de liderazgo, un libro de autoayuda. Cómo manejar a los hombres, cómo convencerlos, cómo crear una imagen, una marca. Me he empollado no sólo los textos del Cid, también todas las máximas de Napoleón sobre el mando, 'El arte de la guerra' de Sun Tzu, 'De la guerra' de Karl von Clausewitz, libros sobre teoría de mando... Y la guerra sé cómo es, tengo mi propia memoria, sé cómo huele la sangre.

-«Si vos, señor, me desterráis por un año, yo me destierro por dos».
-Esa es la chulería. En el 'Poema de Mio Cid' se dice por cuatro, pero me pareció excesivo y lo reduje a dos. El orgullo. El orgullo tiene mala prensa, se confunde con la soberbia. El orgullo, cuando vienen momentos de crisis, de caos, es útil porque te mantiene erguido. Es primo hermano de la dignidad. La soberbia no, la soberbia te ciega. El Cid es orgulloso. Su chulería calculada le hizo especial.

-¿Tiene usted algo de Cid? No rehúye las batallas.
-Olvídelo. Sólo he hecho una novela sobre él. Lo que haya mío allí, cada cual...

-Hay que tirar del diccionario para leer el libro.
-No, no. Como en todas mis novelas.

-Almófar, cíngulo, arzón, bélmez, aceifa, gonela...
-La gonela es la tela que llevan encima de la cota de malla para que el sol no la haga arder. No quiero abrumar al lector. Claro, si haces todo con el lenguaje de la época queda anacrónico y no funciona. Hay que buscar un lenguaje moderno pero con un aroma para que el lector crea que está oyendo hablar en clásico, y eso es complicado. De hecho, cuando acabé el libro lo pasé a dos amigos: a Alberto Montaner, especialista en el Cid, a ver si la había pringado en algo; y a Federico Corriente, el académico y arabista. En las novelas de la frontera el mundo y hasta el habla es mestizo, por eso aquí hay palabras castellanas, catalanas, andalusíes...

-¿Quién podría ser hoy el Cid?
-No son tiempos para héroes. Éste es un buen titular. En el mundo occidental no hay héroes.

-También aparecen frases del Corán.
-Lo he leído varias veces. Ahora lo he releído para construir personajes.

-La convivencia en aquella frontera.
-La palabra "convivencia" es muy peligrosa porque se abusa mucho de ella. No hubo una convivencia real sino una coexistencia, que es muy distinto. No había una armonía cultural entre los cristianos, judíos y musulmanes. Había un contagio positivo, un espacio común. No hubo esa Arcadia feliz de la que hablan los tontos.

Se calla el académico. «Quiero dejar claro lo siguiente: soy de la generación de los que estudió todavía con libros franquistas. Estaba Don Pelayo, el Cid y Franco, una cadena histórica ineludible. La Cruzada, la Reconquista. El Cid que yo mamo de pequeño es un Cid con camisa azul. Yo quería hacer un Cid no contaminado, desligado del matamoros, un Cid diferente».

-Es difícil entender la lealtad del Cid al rey que le destierra, y al que envía parte del botín de los lances.
-No es difícil. Todo marginal, todo proscrito, necesita algo a lo que acogerse para no sentirse demasiado a la intemperie. Lo he visto. «Yo soy un miserable pero tengo una mujer que me ama», «tengo un rey al que soy fiel».

-¿Una necesidad?
-Exactamente. Necesitan algo que les devuelva la respetabilidad. ¿Por qué no habla un chorizo? Porque tienen unos códigos de supervivencia y si no los respetas estás fuera. Esos códigos son más rigurosos que los de la gente absolutamente respetable. Alfonso VI era un hijo de la gran puta y el Cid le odiaba porque le había puteado toda la vida. Pero el Cid necesitaba un símbolo para no sentirse solo en el mundo de la frontera. Me vendo pero, ojo, no me vendo todo. Vendo mi espada y mi vida pero no mi lealtad. Ese esfuerzo por mantenerse leal por encima de la suciedad de ser mercenario es casi conmovedor.

-Otros héroes que admira.
-Yo admirar admiro muy poco. El héroe marginal me interesa mucho. Personajes míos como el corsario Alatriste, Falcó... aunque viven en un sistema no pertenecen al grupo al que la mayoría parece pertenecer. Quizá porque es mi manera de entender la vida. Quizá yo también me sienta así por la forma de vida que llevé.

-Cite algunos personajes.
-Napoleón, Julio César, Erasmo de Rotterdam, Montaigne, Voltaire, como escritor Joseph Conrad, el Empecinado,...

-El Cid tuvo que ser un buen estratega.
-Sin duda. Al menos un buen táctico. De hecho no perdió ninguna batalla. Tenía una gran visión estratégica. Sabía prever, utilizar sus recursos. En la novela es muy importante la mirada. La gente miraba la luz, el bosque, el viento, la emboscada. La gente adiestrada ve cosas que los demás no vemos.

-Derrota al conde de Barcelona, al que antes ha pedido trabajo.
-Eso es histórico. Lo derrotó dos veces, aunque en la novela lo fundo en una.

-¿Paralelismo con Cataluña?
-No, no. Que quede muy claro que aquí no hay catalanes. Aquí hay una frontera de los condados francos que llega hasta el Ebro y que está en las crónicas del Cid. Aquí está cómo ve un castellano el Ebro para arriba; lo ve como extranjero. No hay una intencionalidad. Podría no haber metido al conde de Barcelona, Berenguer Remont, en la historia...

-¿Le hubiera gustado vivir en la Edad Media?
-No, en absoluto. No había penicilina, ni luz eléctrica, ni máquinas de escribir.

-¿Asume el lema del Cid: «Oderint dum metuant», «Que me odien, pero que me teman».
-No, pero me gustó mucho.

-«Matar para no morir o morir matando», se lee.
-En la novela se remarca algo que quizá choque para el lector de hoy, morir con naturalidad. En Occidente rechazamos que la muerte forma parte de las reglas de juego.

-¿No sabemos morir?
-El hombre occidental, no. Lo ha olvidado. Nuestros abuelos sí. Vivimos un mundo algodonado.

-En la novela se cuenta el tiempo en credos. Cinco credos, por ejemplo. Y la distancia en flechas.
-Cuando era pequeño, la chica que estaba en casa ponía a hervir un huevo y rezaba un credo porque era el tiempo que tardaba en cocerse. La gente, hasta los analfabetos, como sabían rezar, medía el tiempo así.

-¿Qué libro está leyendo?
-Estoy releyendo por quinta o sexta vez 'La montaña mágica'.

-¿Qué está escribiendo?
-Una novela. No la voy a contar. No transcurre en España. Transcurre a mitad del siglo XX. Pero igual en un mes se cruza otra y...

-¿Cataluña?
-No sé de qué me estás hablando. Escribo cada día ocho horas, tengo 30.000 libros. ¿Crees que voy a perder el tiempo? No me interesa.

-¿Va a votar?
-Eso es cosa mía.

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Rogorn
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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Jue Sep 19, 2019 10:05 am

«España tiene una larga historia de insolidaridad, falta de unidad, vileza y cainismo»
Entrevista de Elene Cue - abc.es - 19/09/2019

Se acaba de publicar 'Sidi' (Alfaguara), la última novela del escritor y miembro de la Real Academia Española (RAE) Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). Sidi es Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador, donde empieza su leyenda: su liderazgo, el sentido del honor, del valor, de la lealtad y de la dignidad, pero también del orgullo, la rapiña, la sangre y la espada. Un viaje a través del tiempo a esa España de hombres duros, con otros ideales; hombres de coraje y estrategia en la batalla, en las esperas, en las incertidumbres... Cuando el eco de la batalla de Pinar de Tébar aún resuena en mi cabeza, hablamos.

-Siglo XI, plena Edad Media, España de moros y cristianos. Sidi se gana la vida en el destierro. ¿De qué habla esta novela?
-Hay dos planos fundamentales: el primero es cómo era la frontera en el siglo XI, que era nuestro lejano Oeste. Se trataba de una frontera muy peligrosa e inestable, llena de gente igualmente peligrosa. El otro plano es una reflexión sobre el liderazgo: cómo una persona es capaz de hacerse con el control, con el respeto y con el mando de una mesnada de gente dura y peligrosa en un lugar no menos peligroso. Es decir, cómo alguien es capaz de hacer que lo sigan, incluso que mueran por él. Es un doble plano: el personaje y la época.

-Dice que hay muchos Cid en la historia de España, unos mejores que otros.
-Pero este es el mío. Y yo quería contar un Cid que todavía no se hubiera contado, sobre todo en el momento en el que él se forja. A ese Cid he llegado con toda la documentación, pero también con toda mi biografía personal. He volcado cuanto sé del ser humano en ese tipo de cosas, y mi mundo está muy presente en esa novela. El Cid mira el mundo como yo lo miro: le he dado mi mirada. Por eso hay una carga personal, una parte biográfica. Cuando hablo de violencia, de muerte, de sangre, hasta cierto punto las he vivido.

-Como fotoperiodista bélico ha cubierto diversos conflictos, como los sucedidos en Líbano, Sudán, Bosnia... Y como escritor las batallas están presentes en muchas de sus novelas. ¿Por qué esa fascinación por la guerra?
-No es fascinación. Yo salí de casa muy joven, con una mochila y unos libros, y fui a una guerra. Y me di cuenta de que era un lugar muy especial. Porque en la guerra aprendía cosas en un día que igual hubiese tardado diez años en aprender. Yo tenía veinte años y tenía una visión de la cultura que me permitía interpretar la guerra como algo más que un mero espectáculo de barbarie. Era nutritiva en el sentido intelectual. Aprendí sobre los seres humanos, sobre sus comportamientos, sobre el valor de las cosas. La guerra es horrorosa. Me fascinó más bien el sentirme cercano a las verdades de lo que es el ser humano.

-Debajo de la leyenda o lo romántico del personaje subyace la más terrible de las violencias. En 'El pintor de batallas' hace una profunda reflexión sobre la crueldad como un impulso irresistible. ¿Es la crueldad inherente al hombre?
-El ser humano es un animal muy peligroso, y sí, cruel. La cuestión es que nosotros queremos que el mundo sea de una manera: que haya reglas, normas de comportamiento, además de principios morales, de una Ilustración que nos hizo cambiar la forma de mirar el mundo, o de un Renacimiento. Hay eso: de Homero y Platón hasta ahora. Pero es que el mundo no es así. Esto es una pequeñísima parte del mundo. En cuanto sales fuera, en cuanto te vas a la India o África además le añades la guerra. Ese es el mundo real. Creemos que todo es estable, y cuando has estado por Beirut o Sarajevo te das cuenta de que basta una crisis política, económica o social, para que toda se vaya al carajo.

-¿Qué da la guerra?
-La guerra te da la conciencia, la lucidez de un marinero, que ha de estar siempre atento al mar. Y esa certeza del desastre como algo posible, que el occidental ha perdido, nuestros abuelos la tenían todavía. Había entonces una mayor proximidad con la realidad de las cosas. Yo he visto la violencia: he visto matar, he visto torturar, y he sido amigo, además, de gente que hacía esas cosas. Y esa misma gente que ha hecho cosas horribles ha hecho, el mismo día, cosas estupendas. Eso te da una medida de las cosas muy distinta. Con eso hago novelas.

-Y esta novela transcurre en un tiempo violento, de una terrible inseguridad y donde sobrevivir era difícil. ¿Cuál cree que es el precio que ha pagado el ser humano por la seguridad que disfrutamos hoy en día?
-Somos más vulnerables. En esta novela hay una cosa que he intentado que se remarcara mucho. Es el hecho de que todo el mundo se pasa mucho rato mirando. Mi intención era decir que, en el siglo XI, en esas fronteras y sitios peligrosos la gente miraba porque mirar significa vivir o morir. Por eso en la novela son tan importantes los momentos en los que los guerreros miran, observan, se paran, etc. Ahora, lo único que miran los seres humanos es el móvil o la televisión. La realidad no la miramos. El mundo es un lugar hostil poblado a menudo por hijos de puta: esa es una definición muy justa de lo que es el mundo. Si estás atento, si estás mirando, puedes sobrevivir mejor. Esa falsa seguridad que nos da el no mirar la realidad la pagamos muy cara.

-Ahora que no hace fotos cuando se ocupa de batallas, ¿a dónde mira?
-Miro para atrás, tengo una mochila llena de recuerdos. Esos recuerdos me sirven para vivir de una manera mucho más suspicaz, mucho más lúcida, en el sentido de que sabes lo que es un lugar peligroso, de que incluso aquí estamos en un lugar peligroso. De ahí que no te relajes nunca, de que no vivas engañado. En cambio, el ser humano occidental vive muy engañado.

-Ha sido un hombre de acción. ¿Qué comparación haría entre el poder de la experiencia y el viaje mental desde el escritorio?
-Hay tres formas de nutrir una novela: con lo que has leído, con lo que has vivido y con lo que imaginas. La mayor parte de los escritores que conozco –como Javier Marías, que es muy amigo mío– son escritores que imaginan, que han leído y que aportan una parte de su vida también en sus novelas. Pero cuando has tenido una vida compleja como la mía; cuando has tenido dosis intensas de situaciones extremas, eso te vale también para las novelas. Por ejemplo, si yo estoy torturando en «Falcó», que es una trilogía de novelas sobre un espía franquista –guapo y elegante, que es un hijo de puta–, cuando Falcó tortura estoy recurriendo a mis recuerdos en Angola, a mi propia experiencia. Mi conocimiento sobre estos temas me es utilísimo como elemento documental.

-Cambiar la guerra por el escritorio, ¿fue un cambio radical?
-No fue radical. Yo dejé el periodismo en el 94, pero tuve un periodo de adaptación. Hubo unos años que fueron difíciles, más o menos hasta 'El pintor de batallas', con el que cerré ese periodo. Yo navego. Y mi sustitutivo de la guerra es el mar. Y en el mar de verdad, en un velero en invierno en el Golfo de León, te aseguro que hay mucha acción. He cambiado, claro. Hay cosas que ya no puedo hacer. Yo no puedo caminar 40 kilómetros cada día, con un sol sin más sombra que la de mi sombrero. Tengo 68 años y mi cuerpo no lo aceptaría.

-¿Por qué cerró ese periodo?
-Una vez conocí a un tipo en Asia, en Bangkok, que era un viejo corresponsal de un periódico español, típico de entonces, de los años setenta: alcoholizado, putero, etc. Me contaba su vida y yo pensaba: un día seré como este tipo. Seré un viejo borracho alcohólico en un bar de putas, contándole mi vida a un joven reportero. Y me dije que no quería terminar así. Ya desde el principio intenté crear una parcela lateral a la que replegarme cuando llegase el momento. Supe siempre que me iría, que un día terminaría todo eso. Porque también hay muy malos ratos en ese oficio. Hay de todo. También hay ratos buenísimos. Normalmente nos dicen que el ser humano es bueno y que el mundo lo hace malo. Yo creo que es al revés. El ser humano nace con unos instintos no malos, sino muy elementales: calentarse, comer, procrear, abrigarse, protegerse… Por eso sacrifica todo lo demás. Es la sociedad la que, creando una serie de normas, lo civiliza. Pero puesto en lugares extremos, el ser humano es muy peligroso.

-Sidi es un guerrero carismático que consigue que las mesnadas le sigan ciegamente en la batalla y produce cohesión y entendimiento entre gentes muy diversas: por ejemplo, moros y cristianos iban juntos entre sus seguidores. ¿Qué cualidades cree que debería tener un líder?
-En cierta forma, este libro es también una especie de manual de autoayuda sobre el liderazgo. Mi idea era: ¿por qué un infanzón burgalés que ha caído en desgracia, que no es nadie a efectos históricos, consigue ser una leyenda que oscurece los nombres de los reyes de su época? ¿Cómo consigue un hombre, en aquel momento, hacer que otros lo sigan y mueran por él? ¿Cómo consigue la lealtad, siendo la lealtad lo más difícil de conseguir en la vida? ¿Cómo consigue sobrevivir y moverse en un territorio como ese? ¿Cómo ha compartido con ellos el peligro, la comida, el suelo? ¿Por qué mecanismos, por qué astucias, evidentemente, pero también por qué noblezas consigue el ser humano que otros lo secunden de esa manera? Y no me interesaba El Cid ya hecho, me interesaba El Cid cuando empezaba a hacerse: los años de formación, de exilio, en fin, cuando empieza la leyenda.

-Un detalle del personaje...
-Por ejemplo, él no va con mujeres. Y no porque no le apetezca, sino por decoro, o porque su gente piensa que es una debilidad. Son ese tipo de comportamientos los que crean el respeto. Entonces, me dediqué a estudiar, primero, cómo es posible que se forje esa personalidad. Y de ahí sale la novela.

-¿En nuestra época hay líderes?
-Sí, es posible. Siempre los ha habido. Pero el problema, en mi opinión, es que nuestra época no merece a esos hombres. Están, pero esta época no los mira, no se fija en ellos. Cuando hablamos de virtud en el sentido romano, es decir, de nobleza de espíritu y de actitud elegante ante la vida, de dignidad y de coraje personales, te das cuenta de que al mundo de ahora no le interesa eso; no lo quiere e incluso lo rechaza. Es más, cuando el mundo de hoy se coloca delante de la virtud, el mundo se burla de ella. Frente a la gente noble a la que no pueden igualarse la ridiculizan. El mediocre detesta al que no es mediocre e intenta rebajarlo. Y como no puede rebajarlo lo intenta a través de la burla. Cualquier mediocre puede hacerlo a través de internet, en 140 caracteres, en la televisión, etc. Por ejemplo, en esos programas de televisión que hacen resúmenes con retales de otros programas te das cuenta de que las cosas dignas son ridiculizadas: se burlan de ellas porque necesitan rebajarlas.

-La risa es un arma muy poderosa...
-Los Cid, las personalidades están ahí. El ser humano produce constantemente genios, artistas y creadores, héroes y bomberos, gente maravillosa dispuesta a morir por muchas razones: por salvar a un niño o a un perro, por defender lo que sea. Equivocados o no. Da igual. La causa es lo de menos. Es gente dispuesta a sacrificarse por aquello en lo que cree, crea en lo que crea. Eso molesta.

-¿Cree que ahora queda alguien dispuesto a morir por la patria o por un ideal?
-Fíjese, creo que El Cid no muere por un ideal. Son hechos. Es decir, lo que me interesaba remarcar del Cid es que no se trata de una persona que salga a pelear por un ideal. Lo hacía para comer. Él no está peleando porque quiera primero la Reconquista (que en España todavía no existía), sino que son reinos en los que se está peleando entre moros y cristianos. Después, él no tiene ninguna misión providencial. Todo eso viene después. Él no tenía un código de ideales, de ideas, sino un código de lealtades y dignidades, eso que hemos hablado antes. No tenía ideas religiosas ni patrióticas, es decir, no luchaba ni por Dios ni por la patria.

-Pero, a pesar de su destierro, seguía brindando lealtad y respeto al rey Alfonso VI.
-¿Sabe por qué? Porqué cuando no tienes nada, cuando eres un marginal y la sociedad te expulsa de su seno –seas un delincuente o seas un mercenario– y los códigos generales en los que se ampara la sociedad dejan de funcionar, tú mismo necesitas tener algo a lo que respetar: necesitas un código de lealtad entre tu gente y algo más. Por ejemplo: «Yo soy un mercenario, pero tengo a mi rey, al que le soy fiel»; o: «Yo soy un asesino, pero a mis compañeros no los delato». Incluso la gente marginal, incluso la gente que es medianamente decente busca algún tipo de justificación para no sentirse abyecto.

-En su 'Historia de España' escribe su versión de ella. Es un tópico para mucha gente decir que España es diferente. ¿A usted se lo parece?
-Sí, claro, España es un país muy abrupto, muy parcelado, donde un valle topa con el valle adyacente y crea recelos entre ellos. Hemos sido siempre esa especie de disgregación geográfica. A eso hay que añadirle la invasión musulmana, las religiones, los malos gobiernos, etc. De manera que España tiene una larga historia de insolidaridad, de falta de unidad, de vileza y de cainismo. Siempre he dicho que Caín tenía DNI español. Eso nos ha lastrado toda nuestra historia. Y al analizarla, la historia de España nos muestra, en esa insolidaridad, que es muy difícil que hagamos cosas en común. En cuanto cede la presión, se disgrega todo. Hemos tenido muy mala suerte. Por eso, para un niño español lo mejor es hacerlo viajar, porque si lo dejas en el valle, en el pueblo, no saldrá de ahí. Es una cuestión educativa.

-¿Qué opinion tiene de ella?
-En España se ha perdido el control de la educación. Es un caos. Hay lagunas enormes, culturales, artísticas, etc. Hay diecisiete sistemas diferentes… O sacas a tu hijo de aquí, te lo llevas fuera, lo formas y te lo traes de vuelta formado de otro modo, o lo dejas aquí y crece contaminado. Si lo dejas sometido a todas las barbaridades de este país, lo vuelves loco. Eso quita esperanza en cuanto a las generaciones futuras.

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"La izquierda tiene complejo con los símbolos; suele ser ignorante por voluntad"
Lorena G Maldonado - elespanol.com - 19/09/2019

Arturo Pérez-Reverte dice que no quiere cambiar el mundo, ni engrandecer la imagen del Cid, ni siquiera mejorar España: su única intención es parir historias y seguir cobrando por ellas. Bastante bien, por cierto. Escribe con las tripas en el sentido profundo de la palabra, es decir, con la verdad vivida, con la experiencia en la noche al raso, en el elemento hostil, en la incertidumbre, en el olor de los cadáveres, en el cuerpo que se hincha al sol: “Yo he estado en muchas fronteras y sé de lo que estoy hablando. Que no venga ningún niñato a decirme ‘mire usted’. Bah, pues tírate en paracaídas en un campamento serbio y me cuentas”, guiña.

Es un hombre sin complejos. Ni históricos ni personales. Ama los símbolos expoliados por el “patriotismo rancio” y el espíritu épico de un tiempo que ya no existe. No se esconde: es esta su idiosincrasia, es este su bodegón. Algunas palabras -lealtad, honor, memoria-, algunos viejos héroes, algunas certezas -“la vida es un lugar lleno de hijos de puta”-. La cabeza alta y el gesto de águila del que viene de vuelta, como en permanente sospecha, pero cansado de las memeces de unos y de otros. Echa una aspirina al vaso de agua y se reclina en su sofá en una suite del Palace.

Cuenta que ha conocido “más Alatristes que Einsteins, más Falcós que Simones de Beauvoir”: “Esta es mi vida, estoy especializado en ella. Mi sector no siempre es el más simpático, pero sí es muy apasionante”. Su nueva novela, 'Sidi' (Alfaguara), la última de treinta y seis -“luego dicen que tengo negros”, ríe-, ficciona el primer destierro del Cid y cuenta cómo tuvo que ganarse la vida con alianzas, sangre y una mesnada de hombres fieles. Aquí el paladín lleva su marca, su corte habitual: un muerto de hambre con principios, sin patria ni rey. Un mercenario que no es sino un superviviente.

El libro funciona como un “manual sobre el liderazgo”. “Es hasta autoayuda. Podría servirle a un ejecutivo de Toshiba o de Iberdrola. Le puede ser útil”. A Reverte le interesa el arte de mandar. Las relaciones de poder, los lazos, las devociones. Todo eso se canjea en mecanismos de lealtad. “¿Cómo consigue que tantos hombres le sigan, que tantos estén dispuestos a morir por él? Eso no sale solo, eso se prepara. Duermes con ellos, haces lo que ellos, te tienta una mujer (porque eres un ser humano en la guerra) pero no cedes por decoro a ellos… así tu gente te respeta más. Ven que te puedes contener. Yo no he ido con una puta nunca, en África, en Angola… y no lo he hecho porque tenía que dar ejemplo a mi equipo. En la guerra del Golfo había once personas bajo mi mando. El decoro es fundamental para que los tuyos te tengan en cuenta. Para que te obedezcan. Esa es mi forma de entender la vida”.

Sostiene que España no es un país para héroes. “Carecemos de patriotismo cultural”, señala, y cree que es “porque el franquismo contaminó la historia de una manera atroz”. “Don Pelayo, El Cid… ¡son para el franquismo, prolegómenos de Franco! Es decir, son anuncios de la cruzada nacional, son paladines de una España concreta. Eso es mentira, por supuesto, pero además es perverso porque al contaminar todos los símbolos y toda la época (los tercios, la conquista de América, etc), al llenarlo todo de patriotismo barato, de estupidez y de retórica imperial… le pusieron una etiqueta”.

Hace memoria. “En mi colegio me enseñaban unos versos que decían ‘el Cid con camisa azul por el cielo azul cabalga’. Esto era el año 58-59, y aparecía en mi libro de texto. Cuando llega la izquierda, cuando llega la democracia, no se limita a limpiar los símbolos y a decir ‘oiga, la épica sigue valiendo, pero fuera la basura; el Cid sí es un personaje interesante, un tío de frontera, mundo árabe, ambigüedad musulmana, etc’. No. Se avergüenza. Y la derecha se adueña de eso. Le han regalado a la derecha, por la cara, los símbolos. Abascal presume del Cid y se pone el morrión cuando no tiene por qué, porque no es su patrimonio. Era de todos. Pero esos símbolos, contaminados por el franquismo, han sido apartados”.

¿Es esa ya una guerra perdida? Él dice que no vivirá para verlo. “A mí me quedan dos días. España sabrá: aquí tenemos épica para dar y regalar. John Ford aquí se habría vuelto loco haciendo películas. Pero lo hemos ensuciado todo tanto… Ves los últimos de Filipinas, ¡una de las historias más bonitas y heroicas, unos chavalillos ahí defendiendo…! Y ves la peli y dices...”. Chasquea y se arrepiente. No, no quiere ir por ahí. “Lo que digo es que el franquismo ha contaminado nuestra memoria y que existe un complejo de una izquierda a menudo ignorante por propia voluntad hacia los símbolos, y eso ha hecho imposibles ciertas cosas”.

Por ejemplo, la ausencia de líderes españoles. Su diagnóstico es que aquí se paraliza a los genios. “¡Desde el colegio! En España la inteligencia está penalizada. El sistema está diseñado para machacar a los niños, para igualarlos en la mediocridad. El niño que levanta la mano, que pregunta mucho, que no juega al fútbol con los otros, que va por libre y no hace trabajo de equipo… penalizado. La individualidad es machacada por el sistema. España machaca a los niños brillantes”. Ahí siente que “todo lo bueno es exterminado”: “Figuras como la del Cid ahora son imposibles. Pero, ¿tú has visto…? Mira para allá y verás la incompetencia”, apunta, empujando el aire con la cabeza hacia el Congreso de los Diputados.

Pero algún líder habrá en España, hombre. “¿Tú me lees a mí de vez en cuando? Ya sabrás entonces lo que pienso. Mis líderes están en mi biblioteca. Una vez me preguntaron cuál era mi ideología y respondí que no tengo ideología, tengo biblioteca”. La elección de esos libros de alguna manera definirá la ideología, ¿no? “Son 30.000. Vete a mi biblioteca y busca ahí mi ideología”, guiña. Reconoce que su concepto del español ha empeorado últimamente. “Ya ves el espectáculo que está dando esta gentuza en el Parlamento… es un gran ejemplo de nuestros vicios y enfermedades”.

¿Qué le dice la frase de “qué buen vasallo si tuviera un buen señor”? “Durante mucho tiempo, y yo soy responsable de eso y asumo mi pecado, yo pensaba que el problema de España es que era un país de buenos vasallos y malos señores”, resopla. “Lo he creído muchos años y he escrito sobre eso. Pero ahora tengo ya una edad, leo, miro la vida, y tal, y lo dudo. Dudo que este sea un país de buenos vasallos. Los señores salen de los vasallos: los criamos nosotros. La clase política, los reyes de nuestra historia, los dictadores, los militares, los asesinos, los fanáticos, los inquisidores… han salido de nosotros, no son marcianos que han venido en un platillo volante. Nosotros somos culpables. Incluso con buenos señores, no seríamos buenos vasallos”.

A sus ojos, “España es un país enfermo histórica y culturalmente, y eso no se puede atribuir a los señores siempre”: “Te pongo un ejemplo. En los tiempos de nuestros abuelos, uno podía justificar que alguien fuese una mala bestia. Un radical, un analfabeto. Lo puedo entender, no han tenido educación, formación, han tenido una vida terriblemente injusta, el mundo les vuelve loco, les come el tarro… vale. Antes la ignorancia estaba justificada, ahora no. Ahora la educación es gratuita, hay televisión, hay internet. Ahora los niños prefieren matar marcianos antes que leer a tal o cual autor”.

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«El franquismo contaminó los símbolos y la izquierda los tiró a la basura»
Fernando Díaz de Quijano - elcultural.com - 19/09/2019

En los últimos días el Congreso de los Diputados ha sido escenario de la incapacidad de los políticos españoles para cumplir su misión: liderar el país. A cincuenta metros de allí, en el Hotel Palace, conversamos con Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) sobre 'Sidi' (Alfaguara), su última novela, que define precisamente como “un manual sobre liderazgo”. Su protagonista no es otro que Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador —"cid" viene del árabe "sidi": señor—, con su parte histórica y su parte legendaria, siempre inseparables.

“Cides hay muchos: el de Santiago Abascal, el de Menéndez Pidal, el de Alberto Muntaner [uno de los mayores expertos del mundo en su figura y amigo cercano del autor], el de Charlton Heston…”, explica Pérez-Reverte. El escritor y académico de la RAE llevaba años con el personaje en la cabeza, pero necesitaba encontrar un enfoque aún inédito. “Hasta que un día, viendo por enésima vez la ‘trilogía de la caballería’ de John Ford en casa, pensé: ¿Cómo contaría John Ford la historia del Cid?”. El resultado, que toma prestados elementos clásicos del wéstern, es una novela de frontera, esa gran franja de tierra entre los reinos cristianos del norte y las taifas de Al-Ándalus que en el siglo XI permanecía prácticamente desierta, solo habitada por algunos colonos sometidos a constantes saqueos y asesinatos por parte tanto de musulmanes como de cristianos.

La novela está construida, explica Pérez-Reverte, con tres ingredientes: imaginación, mucha documentación y su larga experiencia como corresponsal de guerra. “Yo no he aprendido sobre violencia y crueldad en los bares, leyendo libros o viendo películas, sino que he vivido en ese territorio durante 21 años. He recurrido a aquellos recuerdos: las noches al raso, la incertidumbre, esa gente que mira el paisaje buscando ver siempre elementos hostiles, el calor, el sudor, el frío, el miedo, el zumzum de las moscas, el olor de los cadáveres… Lo mío no es teoría narrativa sino experiencia práctica”.

El argumento de la novela nos presenta a un Cid que se encontraba ya desterrado de Castilla, por haber obligado al nuevo rey, Alfonso, que nada había tenido que ver con la muerte de su hermano y anterior monarca, Sancho II. Lo acompañaba su mesnada, un puñado de hombres leales que lo siguieron a un destino incierto empujados por la reputación que ya se había labrado Ruy Díaz. Iban en busca de un modo de ganarse el pan, y en su oficio eso significaba guerrear a las órdenes de quien pagase su soldada. Tras perseguir a una aceifa (una incursión de guerreros moros para saquear en tierra de colonos) por encargo de los burgueses de una localidad cercana, el Cid ofrece sus servicios a Berenguer Remont II, conde de Barcelona, que lo rechaza —y al que luego derrota, arrebatándole la legendaria espada Tizona—, y acaba contratado por Mutamán, rey musulmán de Zaragoza, cuyo territorio se veía amenazado por su hermano Mundir, rey de Lérida, Tortosa y Denia, por los condados catalanes y por el aún diminuto reino de Aragón. “Me interesaba contar cómo se forja un líder, una leyenda. Cómo alguien consigue que otros lo sigan, peleen por él, mueran por él, hasta conseguir esos lazos de lealtad fundamentales para que un grupo sobreviva en territorio hostil. Por eso elegí el periodo de juventud del personaje, el Cid triunfador ya no me interesa. Me interesa cuando está empezando a convertirse en lo que luego fue”.

Abordar un personaje histórico y legendario como el Cid tiene una gran desventaja: ha sido muy manoseado. “Hay un problema ideológico que hace que en España los héroes y la épica estén tan mal vistos, a diferencia de otros países como Italia, Francia, Inglaterra o incluso Portugal, donde hay una especie de patriotismo cultural”, señala el autor. “El franquismo contaminó la historia de una manera atroz, retrató a Don Pelayo y al Cid como prolegómenos de Franco. En un libro de texto de 1959 había unos versos que decían: “El Cid, con camisa azul, por el cielo cabalga”. Contaminaron todos los símbolos, toda la épica, llenándolos de patrioterismo barato, estupidez y retórica imperial. Cuando llega la izquierda y la democracia, en vez de limpiar esos símbolos, como estaban contaminados los tiraron a la basura”. El resultado de todo ello es que hoy “España no es un país para héroes ni para la épica, y tenemos épica para dar y regalar”.

En línea con lo que dijo en la presentación de su anterior libro, la colección de artículos 'Una historia de España', Pérez-Reverte opina que “la derecha se ha adueñado de los símbolos porque la izquierda se los ha regalado”. “Abascal es el que ahora presume del Cid y se pone el morrión, y no tendría por qué, ya que no es su patrimonio”.

Sidi también pone de relieve algo que a estas alturas solo dudan quienes ignoran la historia: el término Reconquista no es contemporáneo de la época que designa. Los reinos cristianos de entonces no se arrogaron la misión ‘sagrada’ de recuperar toda la península para la cristiandad, sino que el concepto surgió una vez terminado el proceso, como relato fundacional de la nación española. La novela recoge lo que era habitual entonces: alianzas que se forjaban indistintamente entre reyes cristianos y musulmanes por pura conveniencia y ansias expansionistas, empleando para ello a mercenarios como el Cid, por mucho que este tuviera un férreo —así lo pinta la novela— sentido del honor (“Mi nombre es el único patrimonio que tengo”, afirma el Cid de Pérez-Reverte) que le hizo mantener su lealtad a Alfonso VI a pesar del destierro.

Hay en el Cid de Pérez-Reverte trazas evidentes de su capitán Alatriste: un hombre hecho a sí mismo, implacable y cruel pero también leal, justo y con un código de honor propio e inquebrantable. “Me interesa un tipo de héroes porque soy heredero de mi propia vida, y he conocido más Alatristes que Einsteins, más Cides y más Falcós que Simones de Beauvoir y papas Juan XXIII”. El Cid de Sidi y Diego Alatriste tienen otra cosa en común: se someten a gobernantes indignos de su lealtad. “¡Dios, qué buen vasallo, si tuviera buen señor!”, dice uno de los versos más conocidos del Cantar de mio Cid. ¿Podría aplicarse eso a la sociedad española y sus gobernantes? “Durante mucho tiempo hemos dicho que España era un país de buenos vasallos y malos señores. Yo lo he creído durante muchos años y he escrito incluso novelas sobre eso, pero ya lo dudo. Los señores salen de los vasallos, los generamos nosotros. Los reyes, los políticos, los dictadores, los militares, los asesinos, los fanáticos, los inquisidores… Todos han salido de nosotros, no son marcianos que han venido en un platillo volante. Yo creo que somos culpables también nosotros. A medida que me hago mayor y veo las redes sociales, los periódicos, las tertulias, oigo hablar a los políticos, pienso que incluso con buenos señores quizá no seríamos buenos vasallos. En tiempos del Cid o de mis abuelos uno podía justificar que alguien fuese una mala bestia, un radical o un analfabeto por no haber tenido una educación, la ignorancia estaba justificada. Pero ahora ya no, la educación es gratuita, existe internet, el que es ignorante lo es porque quiere”.

“Mi concepto del español ha empeorado mucho con los años, pero eso no me hace pesimista”, continúa el autor de 'Falcó'. “Me gusta mucho España y los españoles, pero es cierto que en cuanto a vicios y enfermedades somos culpables nosotros mismos. Mira el espectáculo que ha dado esta gentuza del parlamento estos últimos meses, es un ejemplo clarísimo. Pero, ojo, somos nosotros, no son alienígenas. Son nuestros primos, hermanos, tíos, parientes votados por nosotros. Nosotros los hemos puesto ahí”.

No obstante, Pérez-Reverte asegura que Sidi no es un intento de cambiar la imagen del Cid, ni mejorar España, ni dar lecciones de historia al lector. “Yo cuento historias y cobro por ellas. Solo quiero narrar de una forma eficaz y para ello tengo que creerme lo que cuento. Una historia del siglo XI no tengo que contarla trayéndola al siglo XXI, sino llevándome al lector de aquí allí”. En ese sentido, lamenta una vez más la tendencia a juzgar la historia con los criterios morales de hoy.

Pérez-Reverte se define a día de hoy como “un marino lector que accidentalmente escribe novelas”. Dice que “escribir una novela es un pretexto para leer”, que “el novelista que deja de leer está muerto” y que de esos “tenemos un montón, no voy a decir nombres pero todos tenemos casos en la cabeza”. Dice que podría vivir sin escribir, pero no sin leer. Emplea las palabras “oficio” y “artesanía” —nunca “arte”— cuando habla de su trabajo, al que dedica ocho horas diarias y que le permitió “salirse a tiempo” de su oficio anterior, el de corresponsal de guerra, que le hizo ver todo tipo de horrores, vivir situaciones extremas —a punta de pistola y de machete— y pensar que no llegaría vivo a los 40 años, pero que también le forjó el carácter y le regaló todo un archivo mental de imágenes y sensaciones utilísimas para un novelista.

“Yo soy emocionalmente muy estable. Por eso pude llevar aquella vida y por eso estoy aquí. No sé qué es la depresión”, reconoce el escritor. “Todas mis novelas han estado en la lista de más vendidos. Todas. Se publican en cuarenta y tantos países. Tengo un velero que es mi vida y una biblioteca de 30.000 volúmenes donde me refugio cuando el mundo exterior no me gusta. Sería un desagradecido hijo de puta si renegase de la suerte que he tenido. Pero no me han regalado nada, he pagado mis precios, que son muy altos y son cosa mía”.

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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Jue Sep 19, 2019 3:47 pm

“Mi novela del Cid es un manual de cómo convertirse en líder”
Entrevista de Fernando García - lavanguardia.com - 19/09/2019

Después de los libros del capitán Alatriste y el espía Falcó, Arturo Pérez-Reverte recurre a un personaje histórico tan evocador y simbólico como el Cid para recrear libremente su historia en clave de western. Es 'Sidi', título tomado del apelativo árabe (mi señor) del que se deriva el nombre dado a Rodrigo Díaz de Vivar.

-¿Está superada la imagen del Cid como paradigma de esencias patrias que patrimonializaron el franquismo y la derecha?
-No lo sé. Yo tengo mi Cid. Es verdad que en el franquismo se dibujó una línea que iba de Don Pelayo y el Cid hasta Franco, como si los dos primeros fueran precursores de la cruzada de liberación nacional . Ese fue el primer Cid que conocí, el de camisa azul. El personaje, como todos los de nuestra historia, fue así contaminado. Pero es que luego la izquierda acomplejada y la izquierda analfabeta de este país, en vez de incidir en la necesidad de conocer bien esa figura y de limpiarla de toda esa basura, optó por apartarla. Así que el Cid y otros muchos personajes se quedaron con la etiqueta de prefranquistas. Y toda la épica asociada a ellos, sobre la que en cualquier otro lugar se habrían hecho películas y novelas, aquí se desechó porque sonaba a rancio. En resumen, la apropiación indebida del franquismo más la estupidez y los complejos de la izquierda nos han privado de figuras que en otros países habrían dado grandes frutos.

-¿Cuáles son los perfiles de su Cid?
-Nacen de lo que acabo de decir. Yo tenía en la cabeza hacer algo sobre él. Y una de las muchas veces que vi la trilogía de la caballería de John Ford me vino la idea de cómo afrontarlo. Nosotros también tuvimos pioneros, granjas e incursiones apaches que en nuestro caso eran moros y cristianos. Y nuestro territorio de frontera del Lejano Oeste estaba en la franja del Duero. Me pregunté cómo habría contado Ford la historia de ese territorio y del Cid. Porque eso no se había relatado. Y a partir de ahí me planteé cómo se forjó el personaje; cómo un infanzón de Castilla que había sido desterrado, sin fortuna y con una mesnada de cuarenta tíos, conseguiría en sólo un año llegar a ser tan respetado y temido. Cómo se convertiría en leyenda; a través de qué mecanismos de manipulación, talento y astucia.

-Lo que hoy llamamos capacidad de liderazgo; quizá es lo que más destaca en Sidi
-Es que este libro es un manual de liderazgo. Justamente yo quería que le fuera útil a un empresario de Toshiba. O de Rank Xerox o 'La Vanguardia'. Como digo, se trata de explicar cómo manejas a los hombres. Cómo consigues que tu empresa, en el sentido amplio e histórico, tenga buena imagen en el exterior. Cómo haces para que te teman y te odien pero a la vez te respeten y te amen y te sean leales, de forma que tengas peso en la vida. Para eso recurro a la imaginación del novelista, a la documentación y a la experiencia personal..

-Habla de liderazgo en la empresa y soslaya el gran tema de los problemas que nuestros políticos acusan al respecto.
-No vamos a envilecer esta entrevista hablando de esa gentuza. Yo soy un novelista.

-No daría el tema para una novela?
-Sería muy mediocre. No. Ni siquiera daría para una novela cómica.

-Pero su libro habla de historia; de personajes que son nuestros antecedentes.
-Pero no tiene nada que ver. El único hilo que enlaza el presente con aquello es el de la dignidad, la lealtad, el coraje, la decencia. Pero cuando miro al Congreso de los Diputados no veo nada de eso. Y yo no voy buscando paralelismos con la actualidad. Podría haber hecho una novela llena de guiños a lo actual, pero no era mi intención. Quería hablar de lo que he dicho. Y de un mercenario. Esa palabra suena mal, pero yo he conocido mercenarios más dignos, honrados y profesionales que voluntarios presuntamente entusiastas que a la hora de la verdad se quitan de en medio.

-Su Cid existió, pero en algunos aspectos recuerda a Falcó y Alatriste.
-Es que siempre escribo la misma novela. Mejor dicho, siempre escribo en el mismo territorio. Me interesan un tipo de personaje y una parte del mundo. No quiero hacer mejor el mundo o que el lector se haga más culto; quiero contar historias de mi mundo. Me hace feliz y me pagan por ello. El Cid está emparentado con otros personajes míos porque responde a los mismos móviles de todas mis novelas.

-Hay mucha leyenda en el Cid. Supongo que ésa era una ventaja, por la posibilidad de elegir entre lo histórico y lo inventado.
-Claro. El Cid real y probado es un 25%. El resto es inventado. De modo que también podía moverme a mi aire en ese 75% y tenía derecho a poner de mi cosecha. Por ejemplo, él se enfrentó al Conde de Barcelona en dos batallas, las de Pinar del Tébar y Almenara. Yo las unifico en una sola porque me va mejor. Como novelista, soy un depredador y voy echando al zurrón aquello que me es útil para el relato que quiero contar.

-Para escándalo de los historiadores.
-El novelista llega donde el historiador no puede. Y sí, hay historiadores que no perdonan. Dicen: ‘Este cabrón cuenta lo que le da la gana y encima vende más’. Pero la buena novela histórica empuja al lector hacia el conocimiento de la historia real. Siempre. Por eso cuando el historiador desprecia al novelista se equivoca, pues éste le lleva la clientela que él es a veces incapaz de reclutar por sí solo.

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"Mi yo joven estaría sorprendido de verme vivo"
Esther L. Calderón - uppers.es - 19/09/2019

Pérez-Reverte tiene un territorio. Y un campo semántico. Y lo revisita con cada nuevo protagonista, se llame Alatriste o Falcó: lo suyo, viene diciendo, es el hombre, épico, incomprendido, arrojado, que solo cuenta consigo mismo, algún amor enquistado y la lealtad de los suyos para sobrevivir en terreno hostil. Porque el mundo es cruel. Brutal. Y no parece que vaya a mejor. "La vida está llena de hijos de puta”, resumirá más tarde, tras echar una aspirina efervescente en un vaso de agua en el Palace madrileño. Veintiún años como reportero de guerra y 36 novelas después, ahora es el turno del Cid, pero no del que hablan el franquismo o Abascal o aquel del Cantar que le regaló su abuela Adela cuando era un niño y que hemos leído varias generaciones de españoles, sino del suyo, su 'Sidi': el muchacho desterrado a la frontera antes de convertirse en leyenda.

"Me interesaba cómo se forma un líder, por qué mecanismos te metes en la cabeza de alguien para que te siga y dé la vida por ti. Y no eran moñas cualquiera, sino tíos muertos de hambre, crueles, durísimos… Mi novela es un manual de liderazgo. A lo mejor a un ejecutivo de Toshiba o Iberdrola le puede ser útil. Un hombre que hace eso y sobrevive y oscurece a los reyes de la época es un tipo especial (…). Que Abascal lo reivindique no le quita valor. Presume del Cid, pero no es su patrimonio", explica. Este "marino lector que escribe", por ese orden, dice que no se casa con nadie, ni izquierdas ni derechas, ni dios ni rey (por seguir con el campo semántico), aunque a veces parece que todos saben con quién va. "Un día me preguntó un periodista, ¿cuál es su ideología? Y yo le dije: No tengo ideología, tengo una biblioteca de 30.000 libros". Y películas. Eso también. De hecho, todo surgió de una tarde en el 'far west': "Estoy viendo por enésima vez la trilogía de John Ford en mi casa, John Wayne, ya sabes, 'Fort Apache', 'Río Grande' y 'La legión invencible', y pienso: '¡si nosotros tuvimos nuestro lejano oeste con esa frontera del siglo XI, hasta había incursiones apaches con los musulmanes y los cristianos!'. Esa épica. Y me pregunto, ¿cómo habría contado Ford al Cid? Y me pongo a hacer un western con el Cid. No quería repetir lo ya hecho. ¿Qué novelista profesional no se pone con esa idea? Caballería, polvo, sudor, noches al raso, miedo, emboscadas…", explica.

Lo dicho. Tiene muy claro el tipo de historias quiere contar. "Cada uno tiene una parcela del mundo que le interesa. Soy heredero de mi propia vida. He conocido más Alatristes que Einsteins, y más Cides que Simones de Beauvoir. Y claro, me he especializado en ese sector, que no siempre el más simpático, pero sí muy emocionante. Hay un hilo de parentesco entre mis personajes, ya sean hombres o mujeres: Tánger Soto, Irene Adler, Eva de Falcó… son mujeres muy potentes, independientes, que luchan, que no necesitan a los hombres para nada y a veces son sus adversarias, tías que tiran por la ventana cuando atacan los indios. Son mis amigas, mis colegas periodistas… Mis mujeres", añade, sabiendo de lo que se le achaca y negando la mayor. "Y en esta no las hay porque en las mesnadas no las había, no se puede mirar el siglo XI con ojos del XXI".

Parece que la fórmula es eficaz. Todas sus novelas se han colocado en la lista de las más vendidas y la mayoría han sido traducidas a cuarenta y pico idiomas. ¿Qué le dirías desde los 68 años al Arturo joven, que se fue a la frontera de la guerra para hacer periodismo?, le preguntamos. "Ese chico lo hizo bien. Y pagó sus precios. Salió al mundo como un 'pringao', con una mochila llena de libros, una camisa de algodón y una navaja multiusos a ver qué pasaba. Cuando no existía el sida y no había móviles. Ese chico vivió 20 años en territorio comanche. Fue muy feliz y también muy desgraciado. Y aprendió todo lo que sabe. Lo bueno y lo malo. Acertó, lo hizo bien no porque fuera muy inteligente, sino porque había sido educado. Y esto es importante. Me hicieron leer desde niño, teníamos biblioteca en casa, estudié latín y griego y traduje a Homero, Jenofonte y Cicerón y cuando salgo entonces al mundo y veo el dolor, la vileza, la infamia, tengo una formación que me permite digerirlo. Si no me habría vuelto loco, habría terminado en una casa de putas de Bangkok. O pisando una mina. O tirándome por una ventana. Pero la educación me permitió que hasta el horror fuera nutritivo", explica.

Por eso le preocupa que a los chavales se les esté privando de una buena educación, no mediatizada, porque les quitan los elementos de análisis necesarios para entender la vida: "Les están dejando indefensos y maniatados". Para él, "la inteligencia está penalizada en España" y somos "un país enfermo" que nos merecemos nuestros síndromes: "Todo el sistema está hecho para machacar a cualquier niño que destaque, para igualarlo en la mediocridad. Es que no juega al fútbol con los otros, pregunta demasiado… Toda individualidad es machacada por el sistema. Están poniendo muy difícil tener líderes y sale lo que sale. Ahí los tienes en el Parlamento, todo lo que es brillantez está siendo sistemáticamente exterminado desde el colegio. Un Cid es imposible ahora mismo".

La pregunta al revés le deja sin embargo unos segundos descolocado. ¿Qué crees que te diría ese Arturo joven viéndote aquí sentado, hablando de tus libros? "Nunca me lo he planteado. Muchas veces pensé que no sobreviviría. Estás en un calabozo cagando sangre porque tienes disentería, te dan una paliza unos negros y cuando te van a dar un machetazo no sabes por qué no lo hacen, deja al blanquito ese, dicen, en Nicaragua me pusieron contra una pared con una pistola en la cabeza… Nunca creí que llegaría a ser adulto, mayor. Tuve suerte. Mi yo joven estaría sorprendido de verme vivo, manifestaría su sorpresa", explica.

Pero hubo un momento de inflexión. Un día que cambió el resto y en el que comenzó a trazar el plan B. La salida. La vuelta a casa. "Lo cuento porque es una buena historia para un periodista", dice. "No quería seguir durmiendo con un ojo abierto", insiste. Y lanza la escena: "En el año 76 estaba en Bangkok con un viejo periodista, que no diré cómo se llamaba, y me llevó a un burdel a fumar opio, y estuve tomando copas con él, que yo nunca he ido con ninguna en mi vida, pero un periodista frecuenta esos ambientes, y entonces lo miré y me dije: 'yo no quiero acabar así, con 70 años, en un garito de mala muerte… No'. Me pude ir a tiempo, la literatura me salvó. Ahora escribo mis historias, sin amo ni jefe", explica satisfecho.
Y el plan no pasa por dejarlo. Sobre todo ahora, que se siente reconocido, está impecable de salud y se lo pasa en grande leyendo un año entero sobre un mismo tema, para luego filtrarlo en una peripecia de ficción. Cuando ese momento llegue, el de bajar el ritmo, será porque le imaginación se le haya acabado o sus novelas dejen de venderse. Entonces cogerá su velero y se irá a leer en alta mar, otro de sus placeres. "¿Bajón? Bajón es ser el médico de Sarajevo y que te maten a treinta y tantos a tu alrededor. Soy emocionalmente muy estable, por eso llevé la vida que llevé. Sería un desagradecido hijo de puta si renegase de la suerte que he tenido. Ojo, no me la han regalado, he pagado mis precios, que son muy altos". Y un par de palabras que vuelven a repetirse. 'Pagar precios'. El reverso tenebroso de toda historia de éxito. Aunque siempre lo deja botando, sin concretar.

-¿Qué precios son esos? -insistimos.
-Precios muy altos –dice con una sonrisa y una pausa-, pero son para mí.

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Rogorn
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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Vie Sep 20, 2019 9:31 am

"Hemos olvidado que morir es muy fácil, hemos olvidado morir con naturalidad"
cadenaser.com - 19/09/2019

Uno de los momentos más fascinantes para un escritor tiene que ser aquel en el que encuentra la historia que van a contar. Ese instante en el que tienen la certeza de que aquel, y no otro, será el hilo del que van a tirar durante los próximos meses, quizá años, de su vida. Arturo Pérez-Reverte supo hace poco más de año y medio que su próxima novela estaría protagonizada por El Cid. No por cualquier Cid, por el suyo, por uno que lleva imaginando desde que era un niño. Ayer salió a la venta el resultado. Se titula 'Sidi' y lo publica Alfaguara.

Pérez-Reverte ha estado esta tarde en La Ventana donde ha contado cómo ha disfrutado escribiendo esta historia; que lo ha pasado bien y que está satisfecho de cómo le ha quedado, de haber encontrado el tono. La historia del Cid empezó a interesarle siendo un niño. Hace 60 años casi exactos y gracias a la biblioteca de su familia donde leyó una edición de ‘La leyenda del Cid’ de José de Zorrilla que adquirió su bisabuela Adéle Replinger Gal, en 1883: "A los ocho años lo leí. Tenía unas ilustraciones bellísimas pero muy crueles. Allí ya empezó mi Cid. Después fue el colegio con ese Cid franquista patriótico y de camisa azul". Y es que Pérez-Reverte señala que el franquismo cambió radicalmente la figura de El Cid, que "la contaminó" y que después, ya en democracia "no tuvimos la inteligencia y tuvimos demasiados complejos" para cambiar esa imagen; cuenta que "en vez de limpiar esas figuras las dejamos en el cajón de la basura". El escritor cuenta que El Cid luchó contra moros y contra cristianos, que lo que le movió nunca fue un Dios o la patria.

En un momento en que hay quienes apelan al espíritu del Cid con exaltación patriótica. Ante esto Pérez-Reverte incide en el problema de los fanatismos, de todos: "Lo que es peligroso es el fanático. Quien mata por comer lo puedo comprender, no digo que lo justifique. Lo que nunca puedo compartir es el que mata por fanatismo". Cuando hace año y medio tuvo claro que quería escribir esta novela, acababa de ver la trilogía de la caballería de John Ford y de repente vio la historia. Está convencido de que John Ford se habría vuelto loco a hacer películas en nuestro país.

El territorio en el que transcurre 'Sidi' es la frontera del Duero y sus aledaños, en torno al siglo XI. El mundo de la frontera era un lugar hostil, peligroso. Sidi, el Cid, se define en la novela como un hombre de frontera. Un territorio de habla fronteriza, en el que no hay más futuro que el siguiente minuto. Pero también es un lugar en el que el enemigo era mucho más que enemigo: "La frontera era un lugar mestizo donde el enemigo te contagiaba modas, costumbres, formas de hablar, comida...".

¿Es más complicado saber mandar o saber obedecer? En la novela hay varias conversaciones sobre este tema. En un momento determinado, cuando Sidi tiene que sacrificar a uno de sus hombres por no haberle obedecido, él le dice: "No es fácil mandar". Y su hombre, sabiendo que va a morir, le dice: "No siempre es fácil obedecer, señor". Pérez-Reverte explica que el Cid apela a la lealtad del hombre, "hemos olvidado que morir es muy fácil, hemos olvidado morir con naturalidad. Sabían que la muerte forma parte de las reglas del juego y eso lo hemos perdido"; por eso ha querido reflejar en la novela el cambio de la visión y de la forma de ser de la sociedad de entonces.

Una de las frases que aparecen en la novela dice: "huir solo sirve para morir cansado"; y lo curioso es que la frase no es algo que se le ocurriera al escritor ni que leyera en ningún otro libro. La frase es de su hija Carlota de tan solo cuatro años: "Dije, pero ¡qué buena es la frase!".

En estos momentos Pérez-Reverte -en plena presentación de la novela- está atendiendo a multitud de periodistas quiere dejar claro que no va a permitir que "contaminen una novela que intento que sea digna"; que no se la contaminen "con paralelismos hacia la triste, penosa y miserable realidad política de nuestros días".

El escritor ha confirmado también que ‘Sidi’ no tendrá segunda parte, a pesar de contar tan solo el principio de la vida del Cid; y que ya se encuentra trabajando en otra novela; pero no cree que sea algo que deba sorprender: "Yo soy un escritor profesional, trabajo ocho horas diarias. No me vienen las musas a darme un beso en la boca".

Vídeo: https://cadenaser.com/programa/2019/09/ ... 19908.html

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Rogorn
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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Vie Sep 20, 2019 10:11 am

"Quienes llegan al poder son mediocres salidos del sistema"
Entrevista de Marta Medina - elconfidencial.com - 20/04/2019

Desde la puerta del Palace, centro de operaciones de Arturo Pérez-Reverte en época de promoción, se ve la entrada al Congreso. Dos días después del anuncio de unas nuevas elecciones generales, grupos de curiosos se apostan a la entrada del edificio, a la espera de que haya algo de movimiento en un lugar cuyo exterior no representa el pandemonio de la realidad política actual. Un hemiciclo atomizado atravesado por pactos ocultos y traiciones manifiestas, lejanamente parecido al mapa político con el que en el siglo XI lidió el Cid, protagonista de 'Sidi', la última novela del escritor cartagenero, "un relato de frontera" en el que los reyes se traicionan, los desterrados se alían para sobrevivir y en el que el pueblo se resigna a que la mesnada de turno le vacíe la despensa.

Reverte recrea —entremezclando imaginación, historia y leyenda— el periplo de Rodrigo Díaz de Vivar antes de convertirse en el Cid y sus primeros pasos después de que el rey Alfonso VI lo expulsase de León y de su corte y lo obligase a buscarse la vida como mercenario al servicio, pago mediante, tanto de nobles cristianos como de reyes moros. Cuenta su alianza con el rey moro de Zaragoza Yusuf Benhud al-Mutamán, y su enemistad con Berenguer Remont II, conde de Barcelona, en cuya boca pone un vaticinio difícilmente más errado: "Acabarás pudriéndote al sol en cualquier oscuro combate, ahorcado y pasto de los cuervos, cargado de cadenas en los sótanos de algún castillo... Se borrará del mundo lo que eres y lo que fuiste. [...] ¿Oyes lo que te digo, Ruy Díaz? Desntro de unos años nadie recordará tu triste nombre".

-Sin embargo hoy es uno de los personajes más icónicos de la historia de lo que se entiende por España. ¿Qué le hizo convertirse en un símbolo?
-El Cid es, quizás, el personaje más icónico. Es fascinante y destaca en la historia de España por muchas cosas. Otro factor es que el Cid le ha sido útil a mucha gente, tanto para bien como para mal. España es un país que convierte la historia en arma arrojadiza y política muy a menudo. Para unos ha sido bueno porque era martillo para los musulmanes, espada de la cristiandad, épica patriótica e imperial, y para otros representa esa España oscura, casposa y xenófoba que destrozó la cultura musulmana. Todos lo han metido en sus diferentes combinaciones políticas. Pero si le despojas de ese tipo de interpretaciones partidistas o políticas es un tipo, un infanzón desterrado que cae en desgracia y que en un año, con una mesnada de 40 tíos —en esa época no había tías en las mesnadas, ahora sí las habría— consigue sobrevivir al servicio de unos y otros, ganar todas las batallas —no perdió ninguna—, hacerse rico y poderoso, con botines y con tierras, y pasarle por delante en la historia a muchos reyes. La mayor parte de la gente no sabe los nombres de los reyes, pero sí recuerdan quién era el Cid. Eso tiene mucho mérito.

-Hay una idea equivicada que resume la geopolítica de la época del Cid en moros contra cristianos. Pero en 'Sidi' recuerda que en relidad no fue así.
-El Cid luchó con moros contra cristianos y con cristianos contra moros. Capturó a un conde cristiano trabajando para los moros. Por eso la novela se llama ‘Sidi’, que no es un nombre cristiano. Yo quería destacar esa ambigüedad de ser cristiano pero que te llamen con un nombre moro. Además, el concepto frontera es fundamental en esta novela, porque es un territorio mestizo y ambiguo. Yo he vivido en fronteras toda mi vida, por mi trabajo. Y tú no puedes trazar una línea y decir "aquí están los buenos y aquí están los malos". En la frontera te impregnas del enemigo, incluso de su sangre cuando lo estás matando, y eso cambia tu forma de ver el mundo.

-Como en su relato de 'Oro', el Cid y su mesnada lucha por la supervivencia. Y por la promesa de riqueza. ¿De dónde sale aquello de que luchaban por la patria?
-Yo, como reportero, he visto luchar a mucha gente durante veintiún años. Te aseguro que no he visto en la guerra a nadie decir “¡Viva la patria!” o “¡Viva España!” o “¡Viva Eritrea!” o “¡Viva Angola!”. Jamás. siempre he visto luchar por razones más inmediatas como son el hambre, el miedo, defender la casa, a la mujer y a los hijos, por odio, por rencor, por vengarse… Por razones absolutamente humanas. Pero, ¿por ideales? Eso, normalmente, lo diseña el que no va nunca allí. Diseñan banderas bonitas, discursos y monumentos patrióticos, pero a la guerra van los desgraciados.

-¿Cree que ese relato va a levantar ampollas, sobretodo con un personaje tan politizado?
-Yo publico en cuarenta y tres países, así que, como comprenderás, lo que opine un político de Vox o del partido que sea me importa un bledo. Tengo la libertad de elegir mis temas. Cantidad de gente va a opinar de la novela sin leerla. Y eso que puede parecer anecdótico es el problema de lo que ocurre ahora.

-¿Está acostumbrado a las críticas?
-Yo soy muy activo en Twitter, donde tengo más de dos millones de seguidores, y eso lo vivo todos los días. Me llegan cosas que he dicho yo que jamás he dicho. Entonces soy un hijo de puta fascista. O al revés, un rojo de mierda. A mí me da igual, porque yo soy ya mayor. Opinan de algo que alguien ha dicho que he dicho. Y, en ese sentido, soy muy pesimista. Nos estamos yendo muy lejos del Cid, así que volvamos.

-En la novela reflexiona sobre las dotes de liderazgo de Rodrigo Díaz de Vivar hasta convertirse en Cid. ¿Qué valores se presuponía a los líderes de aquella época y qué valores se les presupone a los líderes de ahora?
-El siglo XI no era un siglo para gente blanda. Un moñas ahí no hubiera sobrevivido ni diez minutos. Yo quería contar cómo era posible sobrevivir. La cuestión no es que fuese buena o mala persona, eso me da igual. Lo que me interesa es la cuestión práctica. Tú puedes ser el mayor hijo de puta del mundo o la persona más bondadosa, la cuestión es crear lazos de unión con la gente. Y eso se llama astucia, camaradería, lealtad, sacrificio, dar ejemplo, conocer sus nombres, para cuando llegue el momento te sigan.

-¿Y ahora?
-El problema que tiene ahora no sólo España, sino Europa, Occidente, es que el liderazgo está cayendo en manos de mediocres, porque todo el sistema educativo busca aplastar la inteligencia. El que levanta mucho la mano, el que no se integra en el grupo, el que no juega al fútbol en el equipo es mal visto. No sólo por los compañeros, sino por el sistema. Todo el sistema educativo está hecho para que cuando haya alguien que destaca, con criterio e independiente, destrozarlo. Para que no humille intelectualmente a los mediocres. Y en lugar de intentar que los mediocres se parezcan a los brillantes, a los brillantes se les aniquila para igualarlos al mediocre. Se está creando un exterminio —no sólo en España, pero en España más, porque somos más gilipollas que otros—, pero está creando un desmantelamiento de la inteligencia en nuestra sociedad. Quienes llegan al poder hoy son mediocres salidos del sistema, porque el que es independiente lo extermina el propio sistema. A la gente brillante los propios compañeros se lo cargan. Las masas nunca han guiado a los pueblos. son las élites quienes, moviendo las masas, han guiado a los pueblos. Nos hemos quedado sin élites. A las élites se las considera fascistas. Y sin las élites eliminamos la posibilidad de movernos. ¿Dónde están Adenauer, Churchill, Kennedy? Hasta los tiranos… ¿dónde están Stalin o Hitler? No hay personalidades, ni buenas ni malas. Y esto, por favor, matízalo. No estoy echando en falta a Stalin o a Hitler. Pero, ¿dónde están las personalidades que, para bien o para mal, movían al mundo?

-En 'Sidi' retrata una época en la que la guerra era parte de la cotidianidad. Hoy vivimos en un continente que no ha vivido una guerra en las últimas décadas. ¿Cómo ha influido en nuestro carácter?
-Vivimos en una época de crisis, pero la gente no quiere verlo. Ha habido una crisis económica en España y en Europa y no ha servido para nada. Siempre esperamos que las crisis pasen para volver a lo mismo. No aprendemos nada. El europeo actual cree que las crisis son algo pasajero y que todo volverá a ser como antes. No se da cuenta de que el mundo es cambiante y que esta aparente normalidad en la que los teléfonos y los enchufes funcionan, esta aparente normalidad en la que la gente sale del paso y las mujeres son respetadas es un espejismo en un mundo mucho más áspero, violento y terrible. Porque en cualquier momento esta normalidad, este oasis de confort en el que creemos vivir puede irse al diablo. Basta una gota fría. Un tsunami. Una carne mechada.

-Afirma que ha volcado parte de sus experiencias como corresponsal de guerra en la novela. ¿Cómo cree que ha cambiado la profesión desde que usted la vivió frente a ahora?
-Ahora es otro mundo. No hay relación. En el periodismo que yo hacía no había teléfonos móviles ni se confiaba en el teletipo, la cámaras eran de rollo que había que revelar y mandarlo al periódico. El reportero tenía una independencia que ya no tiene, incluso frente a sus jefes. Los periódicos tenían medios económicos, porque cubrir una guerra es carísimo. No existía Twitter; ahora por qué vas a ir si te lo va a contar antes un tipo por Twitter, aunque sea mal. No digo que sea mejor o peor, pero sí diferente. A mi primera guerra fui con 21 años, en el año 72 ó 73, y de eso ha pasado medio siglo. Entonces no existía ni el sida, la gente veía la televisión de una manera mucho más inocente, llegabas a un sitio y no pensaban en secuestrarte… Yo ahora no sería reportero. Dudo que hubiera sobrevivido. Me hubieran secuestrado o me hubieran matado. No sería reportero.

-Otra industria que no vive su mejor momento es la del libro. El último barómetro de hábitos de lectura indica que casi un 40% de españoles no lee nunca o casi nunca.
-No leer un libro en todo el año no es malo. No es obligatorio leer. Si no quieren, que no lean. La cuestión es que no leen ni miran ni nada. Cuando ponen la tele ven a Belén Esteban en ‘Sálvame’. Hay muchas formas de educarse que no son la lectura. El libro no es un objeto sagrado que solucione el mundo. Una persona que no lee libros puede ser perfectamente lúcida y culta si ve la televisión como debe ser o se pone a buscar en internet algo que no sea tíos o tías en pelotas o hace algo más que matar marcianos. El hombre actual… el ser humano actual, quiero decir, mira la vida a través de la pantalla de un móvil o del ordenador. Es difícil que mire al mundo directamente, siempre a través de un intermediario que puede ser parcial y manipulable, lo cual es gravísimo. Nuestros abuelos sabían que el mundo era un lugar en el que había que mirar, porque si no morías. Había que mirar la luz, el árbol, el granizo, la nube que viene, el color del mar, el paisaje, los enemigos, bandoleros... Yo he salido por ahí con guerrilleros y los tíos se paran. Tú no ves, pero ellos sí. Esa capacidad de protegerse con la mirada, el ser humano actual la ha perdido. Ahora el semáforo se pone en verde, cruzamos, y no te preocupas de que puede pasar un coche y matarte. Y el mundo es un lugar hostil y peligroso, lleno de hijos de puta.

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Rogorn
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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Vie Sep 20, 2019 10:28 am

'Sidi', de Arturo Pérez Reverte
Mónica Maristain - monicamaristain.com - 20/09/2019

La Península Ibérica del siglo XI se vertebraba en reinos que guerreaban unos con otros; a veces los cristianos se enfrentaban a los musulmanes o moros, pero otras las luchas eran entre cristianos. Era éste un mundo turbulento en el que la palabra España no existía y Reconquista era un término por forjar en el mismo crisol donde se fundían el acero de espadas y alfanjes. Las alianzas cambiantes iban tejiendo un ta­piz donde se anudaban las vidas de personajes malditos y héroes de leyenda. Había hombres, sin embargo, que encarnaban ambas cosas, depen­diendo del lugar desde donde se contara la histo­ria. Uno de ellos fue Rodrigo Díaz de Vivar, un gue­rrero duro y hábil conocido como el Cid Campea­dor. Ganar ese sobrenombre temido y respetado a ambos lados de la frontera le costó odios, traicio­nes, muertes y renuncias. Y lo hizo inmortal.

Arturo Pérez Reverte ha recreado en 'Sidi' la precuela del héroe: los primeros meses de exilio, cuando aquel infanzón orgulloso y seguro de sí, diplomático, valiente y desconocido forjó su pro­pia leyenda. «Yo nací de mí», diría seis siglos después Lope de Vega. Una frase que podría aplicarse a 'Sidi'; en realidad, a todos los héroes creados por el genio inconfundible de este escritor.

"Un relato de frontera" es la frase que completa el título de esta novela. Uno y otra avisan al lector de lo que va a encontrar al franquear la magnífi­ca portada de Augusto Ferrer-Dalmau: una visión nueva y personal dentro de la iconografía cidiana. 'Sidi', el título elegido por el autor, no es casual: subraya el mestizaje del personaje como encar­nación de esa España donde él y su mesnada (hombres duros en un territorio duro) luchaban por sus vidas. En cuanto a la manera de contar un hecho his­tórico, lo definió el propio autor hace doce años en 'Un día de cólera': “Este relato no es ficción ni libro de Historia”. Esta definición está vigente en 'Sidi', novela que constituye un doble concepto fron­terizo: cercana al género del western americano, de estilo picado, directo y sensorial, también se mueve en la línea difusa entre realidad y ficción que vertebra todo relato histórico revertiano. 'Sidi' es una argamasa narrativa contundente que une con eficacia las piezas históricas documentadas con el rigor y la minuciosidad que caracterizan a su autor.

“La cabalgada”, “La ciudad”, “La batalla” y “La espada” constituyen las cuatro partes en las que se divide esta novela compacta, donde la fie­reza de un puñado de hombres, contada con un lenguaje mesurado en su anacronismo y escogi­do por su eficacia, consigue que el lector se man­tenga suspendido en el relato, magnetizado por los hechos, hasta el final del mismo. “La cabalgada” se centra en la presentación de Rodrigo Díaz y su hueste: mercenarios dirigi­dos por un infanzón, contratados todos por los burgueses de Agorbe para perseguir a una aceifa de moros que arrasa el campo entre el rio Gua­damiel y la sierra del Judío. Esta extensa tierra de nadie entre la Castilla cristiana y los reinos musul­manes es el paisaje que funciona como un perso­naje más del relato. El lector asiste en esta parte a la espera; la in­certidumbre; la camaradería forjada más en los silencios que en las palabras; la tensión de un enemigo que no se materializa pero que se per­cibe; la soledad como compañera inevitable de un líder conocedor de las traiciones y los afectos, que añora el calor de su familia, planea tácticas, asume posibles fracasos y se mantiene impasible ante la victoria. Y la frontera como glacis inabarcable por el que se mueven unos personajes apenas descri­tos pero reconocibles por sus gestos, actitudes, y miradas con una elocuencia que arrastra inevita­blemente al lector hacia la nube desordenada de polvo bajo el infierno de sudor y metal de la cota de malla; lo ciega con el brillo de las armaduras; lo ensordece con el relincho aterrado de los caba­llos, y lo dispone a seguir leyendo a pesar de sentir el latido de la sangre brotar del tajo de carne abierta por una hoja certera.

En “La ciudad”, el autor modula la acción e invita al lector a recorrer la vida urbana de una urbe medieval española, las intrigas palaciegas y el complejo entramado de filamentos cortantes que el héroe ha de tejer para poder conservar el título de Campidoctor fuera del campo de bata­lla, logrando el respeto del aliado sin traicionar las propias reglas. O al menos sin traicionarlas del todo al mantener el equilibrio dificilísimo y casi homérico entre osadía tramposa, orgullo y valen­tía, lo que en esta parte de la novela también se hace extensible al sexo. Al otro lado de los reinos cristianos, la vida re­finada y culta de Zaragoza, taifa musulmana, y la relación singular y respetuosa entre su poderoso rey Mutamán Benhud y Sidi, contrasta con la ac­titud del conde Berenguer Remont y su corte de caballeros francos. Piezas todos ellos sobre los escaques grises de un juego lúcido de ajedrez.

“La batalla” es el corazón de la novela: un rebato nocturno, la batalla de Monzón y la pre­sión del rey moro para el enfrentamiento con su hermano Mundir, rey de Lérida, dejan sin aliento al lector. Todo ello está contado con un torrente léxico contenido y perfecto, puesto al servicio de la acción total. Cristianos y moros combatiendo juntos bajo un mismo juramento de lealtad al rey de Zaragoza; hombres procedentes de dos mun­dos separados por fronteras, lenguas y religiones que la batalla convierte, por un tiempo, en una hermandad de sangre. “La espada” cierra el relato con una vengan­za y una merecida y mítica recompensa. El lec­tor, al terminar esta historia sobre un puñado de hombres valientes, comprende por qué el Cid es una leyenda.

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Arturo Pérez-Reverte dice que le duele "la guerra civil cultural en la Argentina"
Silvia Pisani - lanacion.com.ar - 20/09/2019

"Pero, ¿es que sois gilipollas?" No se cansa Arturo Pérez-Reverte de decir lo mucho que le gusta Buenos Aires y los buenos amigos que allí tiene. Habla con afecto de una ciudad, de un país, en el que termina sintiéndose como en casa. Por eso le duele, dice, "la guerra civil cultural" que separa amigos y que hace que dejen de hablarse "por culpa de unos políticos que están haciendo su negocio". De ese modo define a la famosa grieta, y afirma que es "cada vez peor". Que lo nota con sus visitas anuales, cuando llega el otoño, para la Feria del Libro. Que la cosa no desciende y que "lo descompone, lo desconcierta" porque no le entra en la cabeza que gente que se quiere, que se aprecia, que es inteligente y que está bien formada como para darse cuenta, deje de hablarse por una politiquería. "¿Pero es que sois gilipollas?", dice que les repite. No siempre con éxito, por lo que se ve.

Dos sillones, mesa de por medio, Pérez Reverte recibe a 'La Nación' en el Hotel Palace, uno de los más señoriales de esta ciudad. La excusa es su nuevo libro. "¿Cuántos llevo, Gerardo?", le pregunta a su asistente de prensa ante la consulta. "No sé. ¿unos treinta?", estima el escritor. El asunto queda en el aire. "Y sí, más o menos", dice el otro.En este caso la novela se llama 'Sidi' y es un descriptivo relato sobre el hombre detrás de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid del que nos hablaron en la escuela, pero no ése. Sino el de carne y hueso que, sin embargo, es capaz de convertirse en leyenda. En líder.

Lo de la escuela es recurrente en Pérez-Reverte porque le preocupa la educación. Y más que la educación, le preocupa la mediocridad. "Para mí -dispara- la urna no sirve de nada si el que pone el voto es un analfabeto". Y sabe lo que esa frase significa en el mundo de las redes sociales y Twitter. Pero igual lo dice porque quiere explicar que, en su opinión, el asunto es grave. "Lo que pido es que lo que digo se ponga en contexto. Yo digo que de nada sirve la urna si el que pone el voto es un analfabeto. Pero no por desprecio al analfabeto, que no es eso. Es una crítica al sistema educativo que atormenta y aplasta a los brillantes". Algo que en su opinión se acentúa con el impacto de las redes sociales. "Porque antes, nuestros abuelos, si no tenían formación escolar, tenían una formación de vida, de visión del mundo y de las cosas. Pero ahora, con la cabeza en la pantalla, quien no tenga una formación adecuada es fácilmente manejable por las demagogias y los populismos. La manipulación de la incultura crea un publico vulnerable" para esas deformaciones políticas. Y no, no es muy optimista al respecto. "Estamos condenados a un futuro de líderes mediocres, que es lo que estamos viendo ya".

Pelo rapado y la vestimenta que es casi su uniforme: pantalón color caqui y camisa celeste, el asunto viene a cuento cuando habla de la nueva novela. La cuestión fue que el Cid que le presentaron en el colegio no fue el mismo que descubrió a los ocho años, leyendo un libro en la biblioteca de su abuela. "Uno con ilustraciones tan bonitas como terribles". Entre el manipulado y "patriotero" del colegio, y el real que cabalgó por el siglo XI español, quiso indagar en todo lo que vivió ese hombre histórico antes de llegar a convertirse en leyenda. Un sujeto desterrado y de frontera. Un infanzón caído en desgracia que vivía de su capacidad como soldado y de la confianza que generaba en su tropa. Unos 40 hombres que "eran unos auténticos animales". Es, sin duda, un libro sobre liderazgo. "Casi de autoayuda", se ríe. Pero no es eso. Porque en su caso cuenta con la ventaja de "haber estado en lugares donde el liderazgo bien ejercido era cuestión de vida o de muerte. De que se destruyera una aldea o de que unas familias lo perdieran todo. No era una cuestión de voto, de elección de un político, o de un empleo".

Habla y tiene en algún recodo sus tiempos de corresponsal de guerra. Y le ocurre lo impensable: se emociona, al hilo de la charla, y se conmueve al recordar a un pelotón de soldados croatas y su joven oficial que los supo mover entre una lluvia de balas. Le corre un escalofrío cuando lo cuenta y se sujeta el brazo. "Era ese un líder de verdad. Porque no le pedía a ellos nada que él no hiciera". Es el relato de un escritor que se considera eso. "Ni un artista ni un artesano. Un profesional de la escritura que trabaja ocho horas diarias". Para contar historias. Una tras otra.

Confiesa, de hecho, que habla de 'Sidi' como quien ya se ha despedido de una mujer a la que amó mucho, pero que ya hizo su vida fuera de él. "No puedo cargar con las novelas encima. Las escribo y las dejo partir. Termino una y empiezo otra". Ahora mismo lleva ya cuatro meses trabajando en la próxima. No preguntamos sobre qué: no lo contestaría. Pura curiosidad, sí le preguntamos si alguna vez escribirá una novela sobre el peronismo. El que siempre vuelve. "No. Cada uno debe escribir sobre lo que sabe. Y ese no es mi territorio", contesta.

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"Eso de que El Cid era un patriota español es mentira"
Javier Flores - nationalgeographic.com.es - 20/09/2019

Centro de Madrid. Hotel Palace. Primer piso. Habitación 136. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) espera de pie en el centro de la estancia. Ya lleva unas cuantas entrevistas a sus espaldas y me disculpo por ser una más entre tantos medios que se han interesado por su último libro. “Es mi trabajo”, recalca. 'Sidi' es el título de la novela y se trata de la visión personal del autor de uno de los personajes históricos más famosos de la historia de España, el Cid Campeador. Nos sentamos, cruzamos un par de frases banales para romper el hielo y me preocupo por que las grabadoras (una clásica y el teléfono móvil) estén colocadas correctamente para registrar todo lo que me diga. También él se preocupa porque la grabación sea correcta. Es consciente de que en muchas ocasiones se malinterpretan y descontextualizan sus declaraciones, por lo que prefiere guardarse las espaldas y que el periodista no tergiverse sus pensamientos. Con todas las armas de periodista dispuestas, comienza la charla. Sus grandes ojos clavados en los míos, esperando que dispare primero. Empieza la historia.

-Más de 200 folios en letra Rockwell tamaño 11 que se traducen en más de 350 páginas de su último libro, de 'Sidi'. ¿Cuánto ha tardado en escribirlo?
-En escribirlo físicamente año y medio. En gestarlo, toda una vida. Novelas como esta son el resultado de una vida. El primer contacto con ella ocurrió cuando tenía ocho años, en la biblioteca de mi abuelo, que era muy grande y tenía muchos libros ilustrados. Me gustaban mucho, los miraba. Y este libro tenía unas ilustraciones magníficas de Pellicer y unos versos que a veces recitábamos allí en casa. Después ya en el colegio descubrí al Cid escolar, que era un poco diferente. Era un Cid contaminado por el franquismo, imperial, espada de la cristiandad, martillo de musulmanes, precursor de las Cruzadas habidas y por haber. Pero claro, como yo era un niño razonablemente culto (no por mí, sino por la familia) pues ese Cid fue contrarrestado por la información doméstica y las conversaciones familiares. Después conocí muchos Cid. El mayor especialista en el mundo sobre el Cid, que es Alberto Montaner (buen amigo mío)… Y ahí estaba gestándose, porque yo nunca pretendí escribir sobre el Cid. Y hace cosa de año y medio estaba viendo la tele viendo la trilogía de John Ford y dije: "Bueno, nosotros también teníamos nuestra frontera, nuestro lejano oeste, con pioneros, con apaches". Todo eso lo tuvimos nosotros.

-Claro, porque usted compara un poco el lejano oeste de hace unos 200 años con nuestra época medieval en España. ¿Qué similitudes hay entre ambas zonas y momentos históricos?
-Una frontera. Una zona vacía alrededor del Duero. Una zona fronteriza que, como tal, estaba sometida a incursiones de unos y otros. Una zona muy despoblada, pues la gente tenía miedo de vivir allí. Y allí iban a parar los desgraciados, los que no tenían nada. Llegaban allí, cogían un trozo de tierra, los frailes montaban su pequeño monasterio.. Y también había aventureros que se buscaban la vida, que robaban, que saqueaban, que asaltaban a la gente. Y evidentemente también había incursiones tanto moras como cristianas… En definitiva, una zona fronteriza amplia, peligrosa, apasionante, llena de gente peligrosa. Y en ese sentido sí se parece un poco al Lejano Oeste. Y decidí abordarlo [en la novela] de esa manera.

-Se percibe en sus palabras un cierto aire de respeto, de fascinación por el Cid. Sin embargo ha tardado más de veinte libros en llegar a hablar de este personaje.
-Siento fascinación por muchos personajes, no solamente por el Cid. Siento fascinación por el Empecinado, por Hernán Cortés, por Pizarro, por los españoles que dieron la primera vuelta al mundo… Pero no todo se convierte en novela. Es un mundo de fascinaciones, de intereses, de aficiones, de lecturas, de conocimientos, de experiencia… Y un día, por azares, toma forma de novela. Pero el Cid no es mi única fascinación, tengo muchas. Como te decía, de niño crecí con una biblioteca, tuve ese privilegio. Después estudié latín y griego. La historia de Roma, la historia de Grecia… Además soy de Cartagena, una ciudad mediterránea, navego desde niño. Cada vez que buceaba sacaba un ánfora romana para regalársela a mis amigos. Mi hija es arqueóloga subacuática… Quiero decir, toda mi vida está vinculada a eso. Y claro, el Cid es uno de los muchos elementos que esa memoria cultural occidental mediterránea y europea me ha influido. Pero no es la única ni mucho menos.

-De hecho, usted ha escrito sobre personajes y momentos históricos completamente distintos. ¿Cómo es el trabajo de documentación para sus novelas?
-Antes de nada, tutéame, así estoy más cómodo. Verás, se trata de la parte más feliz de escribir una novela. Lo bueno de una novela es que te obliga a leer. Imagina que mañana hiciera una novela sobre la guerra zulú: pues me pasaría un año leyendo sobre la guerra zulú, el rey zulú, Zululandia… Tanto libros de documentación directa como libros que te ayudan a crear tu historia. Te dan un tono, te crean un estado de ánimo favorable para escribir sobre ello. Durante un año eres un especialista en eso. Ahora mismo soy un especialista en el Cid, que pasados unos meses se me habrá olvidado, pero en este momento soy un especialista. Y ser un especialista en algo durante un periodo de tu vida es maravilloso, es muy divertido. Pero además hay otro factor complementario, y es que yo soy un lector que accidentalmente escribe. Yo soy un novelista accidental. Soy un marino que por casualidad fue reportero, un lector que accidentalmente escribe novelas. Podría perfectamente no escribir más, pero lo que no puedo es no leer más. Necesito leer. Me gusta mucho leer. Viajo con libros, voy a todos lados con libros… Cuando era reportero era igual: iba a la guerra y llevaba la mochila llena de libros. Yo conservo la inocencia del lector, la fascinación ante un libro que me gusta. El día que deje de ser lector estaré muerto como novelista. Creo que el novelista que deja de ser lector y es simplemente novelista, aquel que pierde la inocencia lectora y se dedica a repetir mecanismos profesionales y no queda nada de pasión en él, se muere; y además se le nota. Existen muchos novelistas que están muertos. Yo mientras siga siendo lector creo que seguiré vivo. Son digamos dos de los elementos que hacen que escribir una novela sea un acto de felicidad.

-Sin embargo en el caso del Cid la documentación es un poco más complicada. ¿Qué parte es verdad y cuál es leyenda? La historia no está tan clara como en otros personajes...
-En el Cid hay un 20-25% de verdad y un 75-80% que es leyenda. Yo personalmente he manejado las fuentes tanto cristianas como musulmanas. Es muy divertido, porque lees el relato del enemigo y hablan de El Cid como "ese infame Ludriq, ese saqueador infame de dios, perro o hijo de puta, hijo de un perro". Leer las dos versiones es muy interesante. No quise hacer un libro de historia en absoluto. De hecho, falseo la realidad cuando me conviene, como novelista que soy. Pero lo que sí he tomado han sido elementos tanto de la leyenda como de la historia real, y los he fundido.

-Claro, usted ha comentado en alguna otra entrevista que hay muchos Cid en la tradición española y este es el mío. ¿Qué quiere decir exactamente? ¿Cómo interpretas al Cid o cómo te gustaría que hubiera sido?
-No tengo ningún interés en que sea de una u otra forma, aunque tengo tanto derecho como cualquiera a inventarse El Cid. Porque El Cid es medio inventado por todos, hasta Menéndez Pidal se inventó un Cid. Hay muchos Cid escritos ya, y yo no tenía ningún interés en escribir ese Cid, porque ya estaba escrito. Pero pronto vi una manera distinta de contarlo: no contar la leyenda, sino contar cómo alguien llega a eso. Cómo ese infanzón desterrado, caído en desgracia, expulsado de su tierra, seguido por 40 animales guerreros de su época, consigue en un año primero sobrevivir y luego llegar a convertirse en leyenda. Qué mecanismo de liderazgo genera ese personaje. Pensé: "Voy a escribir un libro de autoayuda, un libro sobre liderazgo".

-Una especie de "coaching" de la Edad Media.
-Un libro que le valga a un ejecutivo, pues tiene elementos que, como me han dicho otras veces: "Eso le vale a un ejecutivo de Iberdrola". Y es verdad. Trata de cómo manejar los mecanismos de los hombres. Y yo tengo, digamos, una triple ventaja, pues una novela se hace con documentación, imaginación (talento narrativo) y con experiencia propia. Y mi biografía tiene una parte que me es muy útil para esto: pasé mucho tiempo en fronteras. No he conocido al Cid pero sí a Cides, a mercenarios, asesinos, torturadores… Lo he visto hacer, y eso me da un plus de conocimiento de la realidad: sé cómo huele la guerra, la sangre, cómo zumban las moscas, cómo son las tripas de un destripado, cómo se hincha al sol un cadáver… Sé lo que es el sudor, el miedo, el polvo en la noche al raso, la incertidumbre ante el amanecer. Y todo eso, que es mi capital personal, me lo llevo a la novela. A la hora de crear ese personaje le aporto algo de lo que carecen otros novelistas o historiadores.

-¿Pero tiene algo que ver una batalla medieval con lo que has vivido en las batallas actuales?
-Técnicamente nada, humanamente todo. La batalla medieval es clanc clanc, clanc clanc, clanc, clanc. En Eritrea he estado en combates con bayoneta. Se disparaba, sí, pero al final se mataba con bayoneta. Y al final el ser humano es el mismo allí o aquí. Si le cambiase al Cid el casco y la espada por un kalashnikov o al revés, el mecanismo es el mismo. ¿Por qué mata la gente? Realmente se nos vende que por razones de tradición histórica, que el ser humano mata por ideas, por banderas, por la patria… ¡y eso es mentira! He visto matar y morir a mucha gente y te aseguro que no he visto nunca matar a nadie, ni morir a nadie por la patria o por la bandera. He visto morir por cosas muy concretas: por hambre, por necesidad, por odio, por defender a la familia, porque el compañero va y no querer dejarlo solo, por solidaridad…

-Pero es verdad que se puede alentar ese odio. En ocasiones, cuando en la revista hablamos de que El Cid era un mercenario convertido en leyenda, aparecen hordas de gente que nos comentan que estamos insultando a un patriota español.
-Allá ellos. Eso de que El Cid era un patriota español es mentira. Primero, porque España no existía como tal. Era otra España, era un lugar...

-Entonces geográficamente sí que existía, pero históricamente…
-Históricamente también. Ya los romanos decían "Hispania", y la Hispania árabe y la cartaginesa… Pero es que ese concepto de patria española no existía. Ni con los Visigodos existió ese concepto, ni con la provincia de Roma. El Cid era un tipo que, en un territorio turbulento, sangriento e incierto se buscaba la vida. Primero con su rey, como debe ser, pero luego se va al catalán [Berenguer II] y éste lo rechaza (de lo que se arrepentirá, porque luego lo derrotó y capturó dos veces). Y como no lo quiere, pues se va con el moro [Mutamán] que si lo quiere. ¡Era un mercenario! Yo he conocido mercenarios. De hecho, muchos de ellos son todavía amigos míos. Tú eres un mercenario. Yo lo soy, y lo he sido en la televisión. Otra cosa es que compartas o no el ideal de tu jefe. Eso sí, hay mercenarios infames y mercenarios muy honorables. Y te digo una cosa: en una mala situación, en momentos críticos, y eso lo digo por experiencia, prefiero tener al lado un mercenario bien pagado eficaz, profesional y consecuente con su trabajo y consigo mismo que un voluntario entusiasta. ¿Por qué? Porque al voluntario le mueve el ideal; y el ideal, a veces muy a menudo, la realidad lo destruye. Pero el mercenario dice: "No, yo estoy aquí porque me pagan. Intentaré estar vivo cuando termine mi trabajo, largarme y cobrar".

-Es una visión muy capitalista, muy poco romántica, ¿no?
-Es que la realidad es muy poco romántica. El romanticismo de la guerra y de las ideas lo crea gente que nunca ha estado allí. Lo hacen los que diseñan banderas, monumentos e himnos nacionales. Los que arengan a las masas pero nunca van, ni mandan a sus hijos.

-Porque, evidentemente, no existía en El Cid la idea de Reconquista…
-¿Cómo va a existir? Es un concepto muy posterior. Cuando por la dinámica de la guerra de la época y de la conquista (que no la Reconquista), cuando los reinos cristianos empiezan a ensancharse y a establecerse, necesitan entonces un apoyo intelectual. Pero al principio están intentado sobrevivir. Hay un verso de Manuel Fernández y González que dice: “Por necesidad batallo, y una vez puesto en la silla, se va ensanchando Castilla delante de mi caballo”. Y eso es exactamente lo que fue.

-Pero sin embargo, en la actualidad, sí nos han vendido la historia de la Reconquista. ¿Hemos sido engañados? Incluso el franquismo y la derecha en España parece que se han adueñado de ciertos personajes históricos.
-Cuando el franquismo necesita una ideología de la que carece. Porque el franquismo no es un fascismo, es un oportunismo que es muy distinto. Utiliza el fascismo como herramienta, pero el franquismo no es fascista; es franquista, es personalista. Es una dictadura militar infame sin ideología. Y necesita ideología. Se apropia de la de la Falange, del Carlismo... juega con todo eso. En ese juego digamos de legitimación ideológica de algo que no la tiene, recurre a todo. Entonces una cosa que les interesa mucho es el concepto cruzada: Reconquista y liberación. “España es roja, hemos liberado a España de los rojos”. ¿Qué ocurre?, que miran atrás buscando símbolos: Don Pelayo y el Cid. Entonces lo que hacen es que a Don Pelayo, que es un bandolero asturiano y al Cid que es un mercenario, los convierte en precursores de Franco. Ellos ya anuncian la cruzada que un día liberará España. Son hermanos de cruzada de los libertadores del movimiento nacional. Entonces el franquismo lo que hace es apropiarse de todo. Toda la historia durante el franquismo se contamina de patriotismo barato para justificarse en una ideología de la que carece. Cuando el franquismo cae, llega la democracia, y la izquierda (y me refiero a aquellos que no son franquistas, todo el espectro democrático), en vez de limpiar esos símbolos contaminados, en vez de decir "vamos a quitarle la mierda al Cid, a Don Pelayo, vamos a recuperar la historia que es tan buena o tan mala como la de cualquier otro país", lo que hacen es que, por complejos, la arrinconan. "No vamos a hablar de esto". Les molesta. La pereza histórica de los estúpidos españoles modernos hace que la caspa y la basura que el franquismo ha echado sobre los símbolos épicos, sobre la historia española (que todos los países la tienen la suya, Juana de Arco en Francia, los ingleses…), en España se tira a la basura en vez de limpiarla. Entonces se vuelve incómoda, molesta. Entonces la derecha se aprovecha. No es que la derecha se haya apropiado de los símbolos. No es que Abascal o Aznar se queden con ellos, es que la izquierda se los ha regalado por la cara, ¡gratis! Es un daño muy grave porque claro, ahora cualquier referencia a eso suena a "esto es facha, esto es facha". Pero el daño fue, insisto, del franquismo y de los idiotas que, por complejos, no han sido capaces de cambiarlo.

-En cualquier caso a nivel social actualmente tenemos acceso ilimitado a la información, ya no hace falta tener una biblioteca cerca para documentarte, informarte.
-Sé por donde vas… ¡Para! Eso es utopía. ¡Pareces Bambi! Nunca hemos tenido tanta capacidad de información como ahora y nunca hemos sido tan analfabetos como ahora. Que un campesino analfabeto del año 36 le pegue fuego a la iglesia con el cura dentro es horrible pero es comprensible. Porque ese tío no tiene una formación cultural, una educación que le permita… (insisto, ¡no estoy justificando!) porque lo han estado manipulando. Es horroroso pero es comprensible, porque era una época de incultura, de ignorancia, de falta de educación en los colegios… Pero que en este momento haya un analfabeto fanático que trague es intolerable. Porque ahora sí hay mecanismos: una educación obligatoria, acceso a internet, hay televisión, hay periódicos… El que ahora es analfabeto no es porque no pueda ser otra cosa.

-Sin embargo, el programa más visto es 'Sálvame'…
-Por eso te digo. No porque reyes, ministros corruptos, curas fanáticos… lo hayan hecho analfabeto. Es que él quiere ser analfabeto.

-Entonces ¡la sociedad española quiere ser analfabeta!
-¡Quiere serlo! Ahora no existe ninguna justificación para no serlo. Ya no hay excusas, como la podían tener nuestros abuelos. En este teléfono está todo. El mundo está aquí. 3.000 años de conocimiento, de memoria, están aquí [cogiendo el teléfono entre las manos]. Haces así y tienes acceso a todo: a Platón, a Sócrates a Velázquez, a las Cruzadas, el viaje a la Luna, la tecnología… ¡todo! Entonces que uses eso para mandar Whatsapps con emojis o para ver 'Sálvame' cuando estás sentado. ¡Pues que te den por el culo, que te den por el culo!

-¿Estamos autodestruyéndonos?
-¡Ahórrate dramatismos! Te estoy definiendo una situación. Lo que va a ocurrir no me importa, no voy a estar aquí para verlo. No voy a darte ningún tipo de juicio moral. Estoy describiendo una realidad tal y como es. Atribuirle los pecados a Franco es… Mira, cuando era joven, y he escrito sobre eso, pensaba "que buen vasallo si hubiese buen señor". Creía que España era un país noble en manos de curas fanáticos, de ministros corruptos y de reyes imbéciles. Lo he creído honradamente y lo he defendido. Pero con el tiempo me dado cuenta de que somos tan viles como ellos. Porque cuando ahora ves el espectáculo que hemos tenido en las Cortes… ¡esa gente somos nosotros! No son marcianos que han venido aquí en una nave espacial. Los hemos votado. Somos nosotros mismos, somos culpables. Entonces, eso de que el español es un buen vasallo que nunca tuvo un buen señor es mentira. A lo mejor es que el español nunca ha merecido tener buenos señores. ¡Ojo! me encanta España. ¡Es un país estupendo! Se vive bien, la gente es estupenda… y me encanta. Yo podría vivir fuera, donde quisiera. Pero eso no me impide ver la realidad.

-Quizás la literatura también tiene un punto culturizante. Y que precisamente escribas un libro sobre un personaje como el Cid… ¿Es un objetivo de tus libros culturizar a la sociedad?
-Yo cuento historias y cobro por ello. Yo vivo de esto y mi trabajo es contar historias. Yo no tengo ningún objetivo moral. Podría contar historias de violadores igual, sin ningún remordimiento y sin ningún complejo. No hay un principio moral en mis novelas. Cuento cosas que me apetece contar, pero no pretendo que el mundo sea mejor después de leer un libro mío.

-Muchas veces se le ha tachado de machista, misógino…
-¿Has leído alguna novela mía?

-Por supuesto. Toda la serie de Falcó, Alatriste, 'La tabla de Flandes', 'La carta esférica'…
-¿Y has visto mis personajes femeninos?

-Claro, y muchos de sus personajes femeninos son muy potentes… ¿Qué personajes femeninos vamos a encontrar en 'Sidi'?
-Es una época, un mundo de hombres. Sería ridículo que apareciese una mujer saltando murallas o al frente de la mesnada. Eso es una estupidez. La mujer entonces estaba en el palacio, en la retaguardia. En 'Sidi' aparece una mujer muy revertiana, Raxida, la hermana del rey de Zaragoza con la que hay un episodio interesante a mitad del libro. Pero lo que dices de machismo es porque no me han leído. Confunden dos cosas.Todo viene por el lenguaje. Yo soy un escritor profesional y necesito que mi herramienta que es el lenguaje sea diáfana, clara, limpia y perfecta. Yo no puedo escribir sometido a las reglas ortográficas y gramaticales que quieren imponer unas analfabetas que no saben de qué están hablando y que quieren politizar la lengua. Y como no me pliego a ello, en defensa propia, las mandó a hacer puñetas. No al feminismo, no a la mujer, sino a los que quieren perturbar la lengua castellana con la que me gano la vida. Es mera defensa propia. Entonces claro, si Reverte ataca el "todes" y "todas" es un machista; y todo lo que hace es machista: es una reducción estúpida. Y cualquiera que me lee sabe perfectamente dónde está la mujer en mi trabajo y en mi vida.

-¿A los amantes de la historia les gustará 'Sidi'? ¿A los historiadores y especialistas les gustará la visión del Cid?
-Quizá. No lo sé. Pero sí hay algo que me parece interesante para responder a la pregunta. Hay lugares donde el historiador no puede llegar, precisamente por que la historia tiene un rigor científico y el historiador no puede permitirse ciertos lujos. Para eso están los novelistas. Una buena novela histórica, 'Sinuhé el egipcio', de Mika Waltari, las novelas de Galdós, Walter Scott... Las novelas lo que hacen es llegar al alma. El historiador cuenta el hecho y el novelista llega al alma. El novelista al ser más popular y penetrar más en las conciencias de los lectores abre puertas que permiten que después el lector se vuelva hacia el historiador para completar lo que ha descubierto en la novela. Yo descubrí la historia de Francia porque me leí 'Los tres mosqueteros' y ahora soy un experto doméstico porque empecé leyendo una novela.

-La novela planta la semilla del interés.
-Eso es. Pero a los historiadores eso no les gusta. Piensan que eso es intrusismo. No todos, pero sí los acomplejados que piensan: "Este tío me está comiendo el terreno y además, vende más que yo". Y eso les molesta muchísimo. Pero en realidad deberían estar agradecidos porque los novelistas históricos les están dando a los historiadores una clientela que ellos, a menudo, son incapaces de reclutar por sus propios medios.

-¿Cómo definirías al Cid? En la sociedad actual, ¿existen Cides?
-Sí existen, pero no es tiempo para Cides. La vida occidental moderna no necesita de este tipo de personajes. Sobre el Cid diría que es un superviviente de frontera. Así lo he abordado yo. No sé si el Cid en realidad era así, pero así lo he imaginado yo. Es cruel, eficaz, es guerrero, es valiente, sabe manejar a la gente, tiene inteligencia, es astuto, es un hombre que tiene todos los elementos necesarios para sobrevivir y triunfar.

-Por último, ¿alguna nueva novela en mente?
-Siempre hay una novela…

-¿Histórica también?
-No.

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Rogorn
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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Vie Sep 20, 2019 8:37 pm

"Sería un hijo de puta si renegase de la suerte que he tenido"
Jorge Raya Pons - theobjective.com - 20/09/2019

Somos cinco periodistas, seis contando a Arturo Pérez-Reverte, y la suite del Palace luce impecable, señorial, limpia. Desde la ventana, la fachada del Congreso. Sin movimiento, sin Gobierno. Pérez-Reverte cumple 68 años en un mes y tiene la mirada cansada –en un sentido más etéreo que físico–, la piel bronceada como los colonos franceses, asoman las arrugas cuando entorna los ojos, que es casi todo el tiempo. Estamos los cinco entrevistadores en formación semicircular y desde el primer momento advierte Pérez-Reverte cuál es el motivo de su presencia: “Vengo a hablar de mi libro”. Una novela, 'Sidi', sobre el Cid que todavía no conoce Valencia, sobre el Ruy Díaz desterrado que se gana el pan en el siglo XI acompañado de 42 hombres a caballo. Una novela ambientada en los tiempos donde ganarse el pan era distinto: implicaba saquear, torturar, violar, matar, vender esclavos: “Eso, que efectivamente es un horror en nuestro Occidente –porque en el resto del mundo lo siguen haciendo–, en el siglo XI era lo usual”.

Pérez-Reverte sabe qué escribe y para quién escribe y sobre todo sabe por qué lo hace: “Yo escribo porque vivo de esto. Con esto gano para vivir y me da independencia y me da libertad y me permite vivir como quiero vivir. Yo no quiero mejorar España ni mejorar al lector. Pero si como consecuencia hay gente que mejora su idea, me parece estupendo y me alegro mucho”. Su meta, siempre, es narrar de manera “eficaz”. Lo consigue en un libro bien armado, ágil, escueto en las descripciones y guiado por los diálogos. La historia del joven Ruy Díaz relatada entre variaciones históricas y recuerdos de sus tiempos como reportero. Porque cuando habla de violencia, de matar prisioneros, de torturar... no lo dice desde las lecturas: “He vivido 21 años en ese territorio”. Ese chico que vivió en territorio comanche está siempre con él y de él habla en tercera persona. “Tuvo mucha suerte, sé que la tuvo”, dice. “Salió al mundo con una mochila de libros y una camisa de algodón y unos vaqueros y una navaja multiusos en el bolsillo”. Nunca creyó que sobreviviría, que llegaría a adulto. ¿Envejecer? No lo pensó cuando apoyaron un fusil sobre su cabeza en Nicaragua, tampoco en los lugares donde la única sombra era el sombrero. Tú no veías los peligros, los peligros te veían a ti.

La literatura le abrió un nuevo camino: “Me pude ir a tiempo”. La literatura le salvó la vida. Y aquí está esta tarde –tantas publicaciones después– en una suite del Palace, a 50 metros del Congreso, bebiendo agua con cinco periodistas y repitiendo la razón por la que se encuentra en este lugar y no en otro: “Vengo a hablar de mi libro”.

¿Es 'Sidi' un western? Hay polvo y sangre y batallas salvajes. Los ojos se achican con el sol poniéndose en el horizonte. Existe en la novela el mismo aroma que se respira en los westerns. Nunca tuvimos un John Ford en este país, se dijo Pérez-Reverte. “John Ford aquí se habría vuelto loco haciendo películas”. La trilogía de la caballería del maestro del cine inspiró la aventura casi iniciática de este joven Ruy Díaz.

Es curioso que en España, le planteo, no se hicieran westerns con historias españolas. España no fue sólo escenario de estas películas –Almería, Madrid, Huesca…–, sino cuna de autores como Rafael Romero Marchent. ¿Por qué no hicimos nuestras propios westerns? “Porque durante el franquismo estaba tan impregnado todo de tanta retórica patriotera”, responde Pérez-Reverte, “que todo lo que se hacía debía tener ese tono imperial. Ese relato hizo imposible los otros. España no tenía la capacidad intelectual ni la libertad intelectual para hablar de la épica de una manera puramente épica”. Y continúa: “Si eras héroe, eras héroe por ser patriota. Si morías, morías por la patria. No, coño, en el Oeste la gente moría por honor, por amigos, por dinero, por gángster, por atracar un banco, por una mujer, por orgullo. Esa era la realidad y en España estaba vetada. Aquí todo necesitaba una justificación política. Eso hizo imposible el género. Y los intentos como Agustina de Aragón son imposibles de ver porque son absolutamente casposas, todas están contaminadas de esa bazofia” Dicho todo esto, ¿es 'Sidi' un western medieval? El autor sonríe: “La novela nace del western, pero no es un western…”.

Pasean por el recuerdo de Pérez-Reverte algunas escenas de su pasado. “Croacia, 1992. Una colina en la que estamos mi cámara y yo, nos están dando muy fuerte y un tipo, el oficial, dice: ‘¡Arriba! Venga, ¡arriba!’. Y lo siguen. 40 ó 50 tíos lo siguen monte arriba aunque les estén disparando. Eso no se improvisa. Ese tipo de cosas que en mi vida he ido archivando me sirven para esto”. La historia de este libro, con otros personajes y en otro tiempo, trata de responder a esa pregunta, ¿qué conduce a unos hombres a poner sus vidas en juego por la de otro? “Ese es justamente el motivo de la novela, ¿cómo un ser humano consigue que otros seres humanos mueran por él? ¿Por qué mecanismos psicológicos de astucia, de talento, haces que se levanten y corran contigo ladera arriba? ¿Cómo ejerces ese liderazgo? Y, ¡ojo!, no con los moñas de ahora, sino con tíos del siglo XI, duros de la hostia, tíos muertos de hambre, crueles, feroces. Hay que valer. Un tío que hace eso y su nombre sobrevive a los reyes de la época es especial. Ese tío era especial, lo reivindique Abascal o Iglesias. Creo que es la personalidad bélico-semipolítica más importante de la historia de España”.

“Cuando 40 tíos te siguen y pueden morir y lo hacen”, continúa, “te dices: esto lleva tiempo preparándolo. ¿Cómo? Con lealtad. Duermes con ellos, haces lo que ellos hacen, te tienta una mujer y no lo haces… por decoro. Porque así la gente te respeta más, ven que te puedes contener”. Todo se sostiene sobre la lealtad y el ejemplo: “Yo no me he ido de putas nunca. Cuando has estado con equipos de televisión en Angola o donde sea, después de estar comiéndote el marrón, llegas a Luanda y quieres un bar, una chica, emborracharte. Lo normal. Igual que una chica querría. Pero yo tenía que dar ejemplo a mi gente. A veces tenía a 11 personas a mi mando en la guerra del Golfo. Tenía que mantener un decoro para que mi gente me respetara y me obedeciera y me fuera leal. Todo ese tipo de cosas crea los vínculos de lealtad que unen a los seres humanos. Al Cid le he volcado todas esas historias”.

Aquel liderazgo del Cid lo hizo especial y Pérez-Reverte levanta la vista y no encuentra a tipos así entre nosotros. “En España están poniendo muy difícil tener un líder… y sale lo que sale”. Pérez-Reverte apunta al Congreso. “Ahí los tienes. Ya ves el espectáculo que está dando esta gentuza”. El tono del autor es ahogado, más por resignación que por agotamiento. “En España la inteligencia está castigada. Toda individualidad es machacada por sistema. La educación está hecha para machacar a los niños brillantes, para igualarlos en la mediocridad”. Y lo peor de todo no es el castigo de la inteligencia, considera Pérez-Reverte. Peor que asumir la ignorancia es hundirse en la apatía. “En tiempos del Cid o nuestros abuelos, uno podría justificar que fuera una mala bestia”, lamenta. “Un radical, analfabeto. Lo puedo entender. No han tenido educación, toda la vida ha sido trabajar. La ignorancia estaba justificada. Pero ahora ya no. Ahora la educación es gratuita. Hay colegios, televisión, internet. Ahora el que es ignorante es porque quiere. Quien tiene un chisme y lo utiliza para matar marcianos en vez de leer a tal o cuál autor es porque quiere. Mi concepto del español ha empeorado”.

Pérez-Reverte pisa charcos, pero no siempre. Escribió el novelista de 'El club Dumas' que los versos de Zorrilla sobre el Cid son ahora políticamente incorrectos. No dice mucho de nuestro tiempo. Ahora bien, ¿qué ha ocurrido para que surjan tantos agraviados? ¿Qué ha provocado que esa sensibilidad haya terminado por influir en editores y productores, quienes deciden qué se publica y qué se desecha? Y, yendo un paso un paso más lejos, ¿acaba esto afectando en lo que se escribe y lo que no? “No voy a hablar más que de mi libro”, esquiva Pérez-Reverte. “Así que volviendo a mi libro diré que no se puede juzgar el siglo XI con los ojos del siglo XXI. Podrías preguntarme por qué no hay mujeres en el libro. Pues porque en el siglo XI las mujeres no estaban asaltando murallas. Luego añade: “Yo, por suerte, no tengo esos complejos. No tengo que congraciarme con nadie después de 30 años de novelas, todo el mundo que me lee sabe lo que lee. No he tenido que dulcificar, ni edulcorar, ni camuflar, ni complejizar algo que era así y que cuento como era”.

El cansancio de la escritura, según parece, no va con él. Juan Rulfo publicó dos libros y dijo basta. Enrique Vila-Matas lleva toda una vida tanteando el retiro. Philip Roth se jubiló después del Príncipe de Asturias en 2012. Pérez-Reverte, en cambio, publica sin descanso desde comienzos de los noventa. “Hay quien dice que tengo negros”, bromea.

–Llevándolo al símil pugilístico –pregunto–, ¿ha pensado alguna vez en tirar la toalla? ¿Ha tenido momentos de bajón o duda?
–¿Bajón? –responde con enfado–. Bajón es estar en Sarajevo y que te maten a treinta y tantos civiles a tu alrededor.

–Sí, pero es distinto cuando no hay que dormir con un ojo abierto. El bajón viene de otra parte.
–¿Por qué iba a tener un bajón yo? –replica.

–Como podría tenerlo cualquiera.
–Mi ventaja es que soy muy estable emocionalmente –responde–. Por eso hice la vida que llevé, por eso estoy aquí. La depresión no sé lo que es. Pero tu pregunta venía por algo en concreto.

–Viene de que lleva muchos años.
–Mis novelas se venden desde hace años, están en la lista de más vendidos. Todas. Unas, tres semanas; otras, diez. Se venden en cuarenta y tantos países. Tengo buena salud. Tengo un velero que es mi vida y donde navego. Tengo una biblioteca en la que puedo refugiarme cuando el mundo exterior no me gusta. Sería un desagradecido y un hijo de puta si renegase de la suerte que he tenido. Y, ojo, que no me lo han regalado. He pagado mis precios. Y son muy altos y eso es cosa mía.

–¿Cuál sería su gran razón para dejar de escribir? –desliza una compañera.
–Que me diese cuenta de que estoy acabado como novelista –responde–. Que me repito, que decae la calidad de mi trabajo, que dejo de creer en la eficacia de lo que hago. Yo podría vivir perfectamente sin escribir, pero no podría vivir sin leer. Cuando se me acabe la imaginación, las ideas o la energía dejaré de escribir y me dedicaré a navegar y a leer. Pero he pagado precios muy altos para eso. Y los sigo pagando. Nadie regala nada.

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Rogorn
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Re: 'Sidi' (2019)

Mensaje por Rogorn » Sab Sep 21, 2019 5:32 pm

“Si el Cid pasara delante de las Cortes, escupiría y seguiría cabalgando”
Entrevista de Karina Sainz Borgo - vozpopuli.com - 21/09/2019

Sin patria, pero leal, incluso al rey que lo desterró. Mercenario, pero no un bandido. Alguien que no lucha por un Dios ni por una patria. Lucha para comer. Y lo hará a la orden del que mejor pague. Cristianos y musulmanes lo llaman Sidi, señor en árabe. Se trata de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, que protagoniza la más reciente novela de Arturo Pérez-Reverte, publicada esta semana por Alfaguara. Después de tres entregas de la serie protagonizada por Lorenzo Falcó, el escritor, periodista y académico de la lengua recurre a un episodio de la historia de España para crear un mundo de ficción y un personaje de frontera. Ambientada en el siglo XI, la trama de Sidi se desarrolla en el territorio que se extiende hasta el valle del Duero.

Díaz de Vivar no es aún leyenda, porque está a punto de convertirse en una. Son tiempos revueltos, sin paz ni piedad. Bandas de guerreros cristianos y musulmanes arrasan y multiplican los salteadores y mesnaderos. Díaz de Vivar encabeza una hueste de mercenarios que lo acompaña tras el destierro decretado por Alfonso VI, y a la que unos burgueses de Algorbe ha contratado para perseguir una partida mora que azota la zona. El Cid de Pérez-Reverte sólo tiene su nombre. Sabe pelear, mandar y hacer justicia, pero necesita vivir. Tras ser rechazado por Verguer [sic] Remont II, el conde de Barcelona, a quien ofreció sus servicios, Díaz de Vivar acaba a las órdenes de Al-Mutamán, el rey de la taifa de Zaragoza. Tiene una misión: asegurar la frontera oriental de su territorio. Y así lo hará, junto al rais Yaqub al-Jatib y sus hombres.

A la manera del western clásico, Arturo Pérez-Reverte levanta una frontera dura y peligrosa -conviven moros y cristianos cual apaches y pioneros- y en la que un grupo de hombres desesperados inicia, sin ellos saberlo, la reconquista. El escritor vuelve a los entresijos de la historia de España y lo hace con un personaje revertiano hasta el tuétano, un Cid que comparte con el Capitán Alatriste ese aire escéptico, contradictorio, a la par que complejo. Sobre esto habla el novelista, periodista y académico en esta entrevista concedida a Vozpópuli.

-Sin patria, pero fiel al señor que lo desterró; mercenario, pero no un bandido. El Cid de Pérez-Reverte es problemático, ¿pero de qué forma?
-Es un hombre de frontera. Yo quería contar cómo un simple infanzón burgalés caído en desgracia empieza a convertirse en leyenda. Es un manual sobre liderazgo, un libro de autoayuda. Un ejecutivo de una empresa de electrodomésticos puede conseguir aquí las claves de cómo manejarse, porque se trata de eso: de cómo moverse en un territorio hostil y cómo conseguir triunfar en el mundo. El Cid es un hombre mestizo en un mundo mestizo, pero se nos ha vendido siempre otra historia.

-¿Cuántos Cid se han manoseado a lo largo de la historia y cuál de esos cree que la gente identifica?
-El español está confuso. Hay muchos Cid, por eso yo he hecho el mío. Durante el franquismo, cuando yo era pequeño, en el año 1959, iba al colegio de los Maristas. Ahí leí un Cid que era el paradigma de la cristiandad, martillo de los musulmanes. Que empieza con él y don Pelayo la Reconquista. Se suponía que el Cid abre el camino para lo que volverían a hacer Franco y la Falange. Así lo contaron. Después vino la reacción: que el Cid es un matamoros, un mercenario, un hijo de puta, cruel… Según el momento histórico de España cambiaba la versión del Cid.

-De ahí la necesidad de hacer su propio Cid.
-No quería el estereotipo, sino ir a la realidad. Creo que nadie hasta ahora había tocado al Cid persona, que no es ni una cosa ni otra. Ese Cid que quiere comer, ganar un poco de dinero, el que vende a un moro y mañana lo degüella. Ese Cid no se toca porque es demasiado prosaico.

-Visto desde el siglo XXI, resulta natural ser escépticos con personajes así.
-Cuando se usan las ideas como argumento sí habría que ser escéptico. Pero ningún Cid usa las ideas como argumento. No se plantan ante la gente para decir: "Vamos a conseguir que España sea libre, hagamos esto por la patria...". Eso es mentira. Se mueven por otros códigos. Mi Cid no se mueve por ideologías. Ni siquiera la lealtad a su rey importa, aunque para no sentirse completamente abyecto, la necesita. Si tienes algo que te sublime ya no eres un puto mercenario ni un paria. Salvando ese pequeño detalle, mi Cid es un personaje de hechos.

-Y de mando. “Quien no tiene consideración con las necesidades de sus hombres no merece mandarlos”, escribe usted.
-Estos hombres siguen al Cid porque él es capaz de ser uno ellos. Yo he visto gente mandar en combate. He estado en una colina, en Croacia, en medio de un fuego intenso, y en el que de pronto un tío se levanta y dice: "Andando". Y ocurrió: el resto se levantó y lo siguió. No iban a dejarlo ir solo, porque había creado un vínculo con ellos. Por la vida que llevé, he aprendido que aquel que dirige tiene que participar de todo lo que le está pasando a su gente, sea bueno o malo.

-Hablando de líderes, ¿qué pasaría si soltamos al Cid hoy en la carera de San Jerónimo?
-O bien entra y los echa a todos a mandobles, o acepta y se corrompe como ellos. Pero ese no es el mundo del Cid.

-Tampoco podemos decir que el Congreso de los Diputados sea un mundo de ideas.
-Es otra cosa. Meter al Cid en las Cortes sería envilecerlo. El Cid pasaría a caballo delante de Las Cortes, escupiría, y seguiría cabalgando, pero a esos no les gusta el Cid. A esos hijos de puta que están allá dentro los Cid les molestan, porque les hacen sentir inseguros. Cuando el infame está frente a la virtud se burla, porque la honradez, la decencia y la dignidad molestan a la gente mediocre. Se burlan porque ningún mediocre tiene armas para atacar la virtud. Su burla es la señal inequívoca de bajeza.

-Aquí hay western. ¿Qué relación hay entre la caballería de John Ford y este regusto por la batalla? En ocasiones, la novela parece un manual de batalla.
-Lo es. No puedes contar la historia de un guerrero como si fuese una historia social y de jardín. Las historias siempre están contigo, dentro de tu cabeza, y de pronto parte de ese mundo se hace novela. Después de ver por enésima vez la trilogía de John Ford me di cuenta de que nuestro lejano Oeste era el de ese tiempo. Nunca se ha hecho en España nuestro western y mira que hay que material. Hacer otra vez el Cid no me apetecía, ese Cid hecho de forma muy mediocre y muy tópica. Yo quise hacer nuestro western: con sus pioneros, con la frontera, con los apaches, con la cabalgada.

-Como en Ford, sus novelas tienen secundarios memorables. Por ejemplo, Diego Ordóñez. ¿Puede un animal de guerra ser un hombre bueno?
-Depende. Si están de tu lado son estupendos, pero si no es así... Los códigos morales que hemos generado en Occidente no valen para explicar el mundo. Valdrán aquí, pero no en el Norte de África, Eritrea o Burkina Faso. Quiero que el hombre vea el mundo de nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos: un territorio duro y hostil en el que no sobrevives con ideas. Estamos acostumbrados desde el Renacimiento y la Ilustración a pensar que las ideas tienen más peso que los hechos, y lo tienen como motor de la historia, pero en el día a día no se vive de ellas. Por eso en esta novela intento demostrar la superioridad de los hechos sobre las ideas, en aquel momento.

-La mirada es importante en esta novela. El Cid no para de mirar el paisaje, el bosque, el río. Estudia lo que le rodea, todo el rato.
-Hoy, la gente que vive en la sociedad occidental se la pasa mirando la televisión y la pantalla del móvil. Ya no miramos alrededor. Hemos perdido la capacidad de protegernos del entorno con la mirada, pero el mundo sigue siendo peligroso. Yo quería devolverle al lector la idea de que en otro tiempo se sobrevivía con la mirada, que es tan importante como la espada, la cota de malla o el casco.

-¿A cual rama de los héroes revertianos pertenece el Cid?
-Es un personaje muy mío y está enlazado con todos los demás. Cuando un autor lleva 30 años escribiendo novelas, eso tiene que pasar. El Cid se inserta dentro de mi territorio. ¡Pero si hasta Raxida es una de mis mujeres! ¡Es muy revertiana! Por eso cuando me dicen que soy un machista, pienso: "No tienen ni puta idea, no se han leído un libro mío". Ojalá las mujeres fueran todas como las mujeres de mis novelas.

-Raxida puede permitirse semejante mando, porque era de la realeza.
-Una pobre lavandera no habría podido hacer eso. Era el poder lo que permitía a algunas mujeres ser más libres. Pasa lo mismo con esa idea de que en el Islam todos era tolerantes. Tampoco fue así. Unos lo eran, otros no. El rey Al-Mutamán lo es, porque es un hombre civilizado y europeizado.

-¿Cuál fue su criterio para decidir cuándo mantener lo histórico y cuándo asumir las licencias narrativas?
-La documentación es rigurosísima. He leído todo lo que se ha escrito sobre el Cid, incluidos los textos de musulmanes, que lo ponen a parir. Así que he decidido actuar como novelista dentro del rigor de la historia. Por ejemplo, el Cid derrotó al conde de Barcelona en dos batallas y yo lo hago todo en una. Ajusto la historia a la necesidad del ritmo narrativo. Es rigurosa historia, contada por un novelista. Un historiador, por su propia disciplina, no puede. Yo sí puedo inventarme un Ordóñez, que hubo alguno así con él. El historiador, si es bueno, te narra los hechos; el novelista te narra el alma. Quiero que, al terminar, el lector diga: "Ahora sé por qué el Cid se ha leído tanto".

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Pérez-Reverte arruina el relato del gran héroe español: "Mercenario, no patriota"
Jokin Buesa - elnacional.cat - 21/09/2019

Arturo Pérez-Reverte generando polémica. La frase forma ya parte de la cotidianeidad. ¿Qué hace diferente este episodio? Que tiene como protagonista al gran héroe del españolismo: El Cid Campeador. El escritor y excorresponsal de guerra dedica su última novela ('Sidi', Alfaguara) al personaje favorito de la leyenda patria, al icono pop de los nostálgicos de la Reconquista. Pero no para alabarlo y punto, como se hubieran esperado sus fieles. No, lo que hace es desmontar y arruinar el relato establecido, enfureciendo al ya de por sí irascible colectivo. "En el Cid hay un 20-25% de verdad y un 75-80% que es leyenda". Y de la realidad que ha utilizado para escribir este libro extrae conclusiones demoledoras: no era un voluntario cargado de ideales, sino un mercenario movido por el dinero. Valiente y guerrero, sí, pero de pago.

Lo explica el escritor en una entrevista con National Geographic, que demuestra la capacidad del autor para hacer ruido y provocar con temas espinosos: "Prefiero tener al lado a un mercenario profesional y bien pagado antes que a un voluntario entusiasta. Porque al voluntario lo mueve el ideal; y el ideal, a veces muy a menudo, la realidad lo destruye". Un varapalo que suena a ultraje, tal y como "eso de que El Cid era un patriota español es mentira. Primero porque España no existía como tal". No, era un territorio "turbulento, sangriento e incierto," donde el Cid se vendió al mejor postor. Arturo añade que, de hecho, todos somos mercenarios. Todos tenemos un precio, él el primero. Sin embargo, ¿cómo es que el españolismo le tiene como héroe intocable, y la Reconquista como el gran hito patriota? Por herencia del franquismo, que los utilizó como símbolos: "Patriotismo barato para justificarse en una ideología de la que carece". Las críticas no se han hecho esperar.

Después de hacer una nueva montaña "de amigos", y asegurarse unos cuantos millares de ejemplares vendidos extra, el mismo autor explica el truco: "Cuento historias y cobro por ello. Yo vivo de esto y mi trabajo es contar historias. Yo no tengo ningún objetivo moral. Podría contar historias de violadores igual, sin ningún remordimiento y sin ningún complejo". Pero a pesar de ser todo fruto de la ficción literaria, hay quien se estira del pelo por "el abuso", por el supuesto fuego amigo. El trabajo bien hecho de un mercenario. De las letras, claro está.

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El Cid, más recordado que una nación entera
Carlos Rubio Rosell - milenio.com - 21/09/2019

Lleva 30 años escribiendo novelas y en todo ese tiempo Arturo Pérez-Reverte ha logrado crear un territorio literario que no sólo refleja una serie de valores e inclinaciones personales, un puñado de personajes característicos de sus historias y una forma de ver el mundo, sino que se ha ido dibujando y revelando. “Nadie puede mentir durante 30 años escribiendo novelas y, al final, sin querer, no se puede evitar definirte en lo que escribes, en tus personajes, en tus preocupaciones, en tus acciones, en tus fantasías, en la parte de ti mismo que llevas a tus novelas, en la memoria que has tenido y que echas en la novela”, afirma Arturo Pérez-Reverte. “Así que al final, un lector que lee con atención a un novelista, termina conociéndolo, porque no puedes mentir, y aunque mientas, porque el novelista es un gran mentiroso, no puedes hacerlo durante tanto tiempo a un lector lúcido, porque una obra larga define no al novelista, sino al autor, al personaje que está tras el novelista. Y eso es muy interesante, porque a veces coincide y a veces no. Y ahí está la gracia del asunto”.

En entrevista, Pérez-Reverte, colaborador de 'Milenio', habla de su más reciente novela, 'Sidi', “un relato de frontera”, en el que narra la historia de cómo se forjó la leyenda de uno de los personajes más emblemáticos del mundo medieval hispano: Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. Aunque ocupó un año de trabajo, tenía la novela desarrollada y pensada desde hace mucho tiempo. “Las novelas no surgen de una ocurrencia, sino que uno las lleva consigo toda la vida y se van acumulando y un día salen. Todo novelista profesional lleva varias historias que un día aparecen y se desarrollan. Y ésta apareció mientras veía una película de John Ford y me planteé el hecho de que el lejano oeste español era la frontera del siglo XI. Y me pregunté cómo lo habría contado John Ford”. 'Sidi' cuenta una historia épica en tono de western, donde aparecen pioneros, colonos, curas, monasterios y fuertes, y en lugar de apaches y soldados yanquis hay incursiones de moros y cristianos en una zona incierta, ambigua y peligrosa como lo era la España de los reinos de Castilla, Aragón, Zaragoza y Andalucía. “Yo quise buscar los puntos en común y de ahí salió la historia”.

En cuanto al carácter de los personajes que aparecen en 'Sidi', Pérez-Reverte aclara que si hoy existen las ONG, los derechos humanos o lo políticamente correcto, en la época en que sitúa su historia, el siglo XI, eso no existía. “Esa época fue muy dura. Fue un siglo de muerte, donde se violaba, se mataba, se saqueaba, se vendía a la gente como esclava, y yo quería situar a los personajes en su contexto real. Quería que el lector lo viese con ojos de entonces, que el lector viese natural matar prisioneros o vender esclavos porque entonces se hacía. Ese era mi objetivo: conseguir que el lector sudara, pasara calor, oliera y se enfrentase a la mirada moral de entonces, que no era la nuestra. Es como la historia de México: uno no puede juzgar a Hernán Cortés con ojos del siglo XXI”.

-Escribes que “las leyendas solo sobreviven vistas de lejos”. ¿Necesita la mirada histórica una distancia para cobrar un peso y una dimensión auténtica?
-El historiador está más encorsetado, tiene más condicionantes y es menos libre. Pero el novelista debe tener una base rigurosa que le permita no trampear, no falsificar la realidad, sino modificarla un poco narrativamente hablando, lo que le ofrece un recorrido de ida y vuelta en el cual tiene, primero, la misión de rescatar la leyenda, de utilizarla para seducir al lector; pero después tiene la obligación de acercar al lector a la leyenda. El novelista es el alma de la historia, aunque hay novelistas malos que perjudican la historia, que la manipulan, la tergiversan y la envilecen. Pero un novelista honrado, competente, eficaz, que conoce su oficio, le da alma a la historia; hace vivir los cuadros y relatos muertos. Una buena novela histórica permite que el lector se sienta dentro de ese mundo. Y eso es fundamental. Novelas como 'Memorias de Adriano', 'El nombre de la rosa' o 'Noticias del Imperio' permiten que el lector tenga una visión mucho más humana, menos fría y más cálida, más cercana y comprensiva de la realidad. Por eso, la materia prima del novelista es el entramado de sentimientos y emociones. Ahí está el talento del novelista para que su manipulación no pervierta la historia. Eso lo aprendí de Alejandro Dumas, que me enseñó que mirar el marco es mirar la historia, pero cuando uno se acerca y mira despacio encuentra otras cosas. Es lo que hice en Alatriste. Aunque el cuadro, la historia, es el mismo, cambié los detalles para que el lector se sintiera dentro del cuadro. Meter al lector dentro del cuadro: eso puede conseguirlo únicamente la novela.

-Aunque a primera vista parece una novela de acción, hay muchas reflexiones que van intercalándose, en especial la que tiene que ver con ese mundo fronterizo, ese cruce de culturas musulmanas y cristianas.
-Es una novela de acción, pero que tiene una honda dosis de mirada y reflexión. Y eso que has comentado vale para México, porque la historia se nos plantea a menudo de una forma equivocada, lo mismo para América y el mundo árabe. Entre otras cosas, todo cazador queda marcado por el tipo de caza que persigue. Uno mata a alguien y al hacerlo ya se está apropiando de parte de su alma y de su esencia. Pero tanto la conquista de América como la guerra contra los musulmanes en España crearon una ósmosis. Los que combatían se impregnaban de los otros, adquirían costumbres de los otros. Los tlaxcaltecas les dan sus costumbres a los españoles. Los musulmanes se alían con los españoles. No se trata de moros contra cristianos, como tampoco fue indios contra españoles. Fueron tlaxcaltecas y españoles contra aztecas, y en España fue igual. Así que las fronteras son siempre ambiguas. Por eso es peligroso que los estúpidos, los simples o los canallas quieran manipular la historia en su beneficio. Toda frontera es permeable; impregna a unos y a otros. Y todo mundo adquiere un lenguaje común. Los enemigos terminan siendo muy cercanos en las fronteras, porque son gente a la que el continuo roce termina marcando.

-El Cid Campeador debe mucho al mundo árabe.
-Cuando yo era pequeño, el franquismo planteaba el Cid como un paladín cristiano frente al musulmán. Y eso es mentira; nunca ocurrió. El Cid luchó contra musulmanes y contra cristianos y se alió con musulmanes. Esa ambigüedad del personaje es lo que he querido marcar. Pero hay otro elemento sobre el que también he querido reflexionar: el liderazgo. Cómo un modesto infanzón burgalés, desterrado de su patria, sin otra fuerza que 40 hombres fieles, consigue ser una leyenda, pasar a la historia y ser recordado más que los reyes de la época. En ese sentido, es un libro de autoayuda, porque quería que un ejecutivo de empresa aprendiera en este libro cómo manejar a los seres humanos, cómo seducir, manipular, convencer, disuadir, pelear, combatir, protegerse. Es un manual. Y no lo digo de broma, porque para escribirlo he estudiado los textos de Napoléon, de Sun Tzu, de Clausewitz, de maestros asiáticos y europeos que escribieron sobre el mando y cómo se ejerce. Así que es una reflexión sobre cómo conseguir que hombres duros, crueles, violentos, criminales, pero hombres al fin y al cabo, te sigan y sean leales.

-En otro momento, dejas caer la reflexión de que un líder promete menos de lo que puede, y este comentario cobra una absoluta vigencia en nuestro tiempo, cuando los políticos prometen mucho más de lo que pueden.
-Hay muchos comentarios que servirían a los políticos. Como cuando se dice que una batalla que se cree perdida es una batalla perdida. Yo quiero que el lector, al terminar de leer esta novela, entienda por qué el Cid se convirtió en leyenda, por qué no fue solo una cuestión de valor, sino también de inteligencia, de talento.

-También hay una serie de valores que son ya clásicos en tus novelas: la lealtad, el honor, el valor, la amistad.
-En ese sentido, es muy revertiana. Cualquier lector reconoce los grandes temas que están en mis novelas. En Raxida, la hermana del rey de Zaragoza, encontramos un personaje femenino muy característico de mis novelas.

-En otro punto escribes: “Los hombres no son ideas”.
-Eso es algo que me interesaba marcar. En este mundo actual, de redes sociales, de medios de comunicación, las ideas parecen ser lo que importa. Y al final casi nadie pide a nadie que ejecute la idea. Sueltan la idea y ya se aplaude, se debate, se sigue y desaparece sin que nadie la haya practicado nunca. Pero en aquel tiempo las ideas no valían nada si no se actuaba. Quería devolver su legitimidad a los hechos por encima de las ideas. Evidentemente, las ideas son importantes; pero los hechos lo son mucho más. Cuando uno necesita comer, las ideas son secundarias. Quería devolverles a los hechos su nobleza, su importancia, peso y protagonismo. Porque cuando todo se va al carajo, las ideas son mucho menos importantes que los hechos.

-Se sabe que hay muchas versiones de la leyenda del Cid y tú has querido hacer tu propia versión. ¿Cómo trabajaste ese aspecto?
-Del Cid, lo real y probado es un veinte por ciento de la leyenda. El resto es eso: leyenda que han inventado uno y otros. Yo tenía tanto derecho como ellos a inventar. He leído todo lo que hay sobre el Cid, tras lo cual he sacado mis propias conclusiones. Y he hecho uso de mi derecho a poner ese ochenta por ciento tanto como lo han hechos otros.

-En ese uso has debido tomar decisiones en muchos sentidos, especialmente en el lenguaje y en la forma de exponer o que es un personaje como el Cid en una serie de escenas, desde que sale al destierro hasta que lucha al lado del rey de Zaragoza, Mutamán.
-Decidí contar cómo se forja el líder, cómo nace la leyenda, el primer año del destierro. Después ya es el Cid, pero yo quería contar cómo era el Cid antes. En cuanto al lenguaje, busqué la eficacia para reflejar esa frontera en la que se habla castellano, árabe andalusí, árabe norteafricano, catalán. Quería darle ese tono mestizo. Y el lenguaje era fundamental. Otra cosa importante era la mirada. En la actualidad, miramos el celular, la pantalla de televisión, el semáforo; pero no miramos el mundo. Miramos el mundo a través de los medios electrónicos. Pero en algunos lugares del mundo, hoy y en aquel tiempo, mirar el mundo es fundamental, incluso para sobrevivir. Estos personajes están mirando todo el tiempo. Cabalgan y miran el paisaje, la luz, dónde puede estar el peligro. Eso se ha perdido y por ello me era importante recuperarlo.

-Al final, esta novela da una vuelta de tuerca a la idea de quiénes serán los personajes más recordados por la historia: si aquellos que creen merecerlo por su rango y alcurnia o aquellos que demuestran una humanidad superior.
-Eso se resume en la cita de Elizabeth Smart con que empieza el libro: “Hay hombres que son más recordados que naciones enteras”.

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